JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 6

Kagome empezó a hiperventilar, mientras el hombre sonrió complacido. Ella buscó su celular y con la mano temblorosa lo tomó.

¿Nos habrá escuchado?. – escribió la mujer prontamente en su teléfono y luego lo exhibió al hombre.

Si, se lo escucha muy molesto. – Escribió el hombre sonriendo socarrón al escuchar el nuevo grito proferido por Sesshomaru, seguido por la exclamación de horror de Jakotsu quien entre chillidos exagerados rogaba que se callara. – Kuso. – susurró al ver 6 llamadas perdidas, y tres mensajes. Había olvidado que su teléfono estaba en silencio.

Cariño, mi Sessh llegó, le dije que debe conseguir compañía para ingresar, estén atentos no podré atrasarlo mucho. – Abrió el mensaje y se sorprendió al leerlo. El mensaje había sido enviado hace más de veinte minutos por lo que el ojidorado buscó el próximo. – Estamos yendo. – el segundo mensaje fue más corto y enviado doce minutos antes. – Estoy excitado, mmm es delicioso escucharte gruñir…pero Sessh está molesto, apenas lo estoy conteniendo con cuatro guardias. – el último mensaje logró que Inuyasha sonriera y exhibiera el mensaje a Kagome logrando un gemido impresionado.

– Lo disfruté mucho, has sido muy complaciente. – murmuró el hombre y Kagome amplió sus ojos por la sorpresa. – Solo sigue el juego. – escribió y exhibió.

– Yo…yo…también. – tartamudeó la mujer temblando. El hombre sonrió ladinamente al verla tan asustada por lo que se incorporó sobre la cama quedando en cuclillas.

– Ven. – ofreció extendiendo un brazo.

– No quiero salir. – rogó.

– ¿Quieres volver a hacerlo ahora?. – indagó, la mujer desvió la mirada avergonzada mientras negaba. – Es hora de jugar, responde que si lo deseas. – escribió, puso la orden a la vista de la mujer y ella negó raudamente con la cabeza. – Hazlo. – ordenó él.

– Yo…yo. – Tartamudeó sin poder pronunciar aquello que el hombre quería. Simplemente no podía concentrase al escuchar el grito de su marido retumbando del parlante, nunca antes lo había escuchado gritar, eso en verdad la tenía aterrada.

– Bésame si deseas que te posea otra vez. – ordenó el hombre y sonrió al escuchar el fiero gruñido más la orden "No te atrevas Kagome". Inuyasha besó su mano haciendo un ruido exagerado y luego sonrió burlonamente al ver el rostro de horror de la mujer. Kagome soltó un gemido de susto al escuchar el estruendoso golpe contra la puerta.

– ¡Sujétenlo bien, llévenlo afuera!. – Chillo Jakotsu .– Inuyasha ya no puedo contener a Sesshy, termina con esto o tendré que abrir la puerta y terminarlo yo, ¡estas arruinando mi paraíso!. – leyó Inuyasha el nuevo mensaje y suspiró derrotado.

– Vayamos a mi apartamento, donde nadie nos moleste. – ofreció. El asintió a su propio ofrecimiento dando a entender que esa debía ser su respuesta.

– Hai. – susurró la mujer cuando él le entregó su campera. Entonces Inuyasha la tomó desprevenida y agarró el brazo femenino tirando de ella la llevó hasta la puerta, cuando fue abierta Kagome sintió su alma abandonar su cuerpo. Pero volvió a concentrarse al sentir su espalda siendo impactada bruscamente contra la pared a un costado de la puerta de "las otras habitaciones".

El pasillo estaba oscuro y eso Kagome agradeció. El hombre se acercó al rostro femenino. Kagome cerró los ojos inmediatamente, y por muy extraño que pareciera se sintió decepcionada, cuando el hombre solo se acercó a milímetros de su boca pero no las unió. Por la posición de los cuerpos y la poca iluminación quizás podría confundirse con un beso, pero Kagome sabía que no era así y eso ¿la frustraba?.

– Kagome ¿qué demonios haces?. – escuchó una ronca voz y sintió todo su cuerpo temblar.

– Sessh, baja la voz. – pidió Jakotsu desesperado. Kagome se apartó por instinto y miró preocupada a su esposo, pero todo miedo, arrepentimiento o culpa que pudo haber sentido, en ese momento fueron reemplazados por ira.

– Veo que también estás bien acompañado. – musitó la mujer al ver a la "secretaria", de su marido a un lado de éste. – Vamos Inuyasha, ya no tengo nada que hacer aquí, estoy ansiosa por saber que haremos en tu apartamento. –agregó la mujer tomando la mano del hombre. Inuyasha simplemente asintió y siguió a la mujer.

– Aun te sigue gustando mis restos. – expuso fríamente. Inuyasha detuvo su caminata a un lado de Sesshomaru.

– Esta vez "hermano", debo decir que disfrute mucho comiendo tus sobras, fue deliciosa. – manifestó remarcando con burla su parentesco mientras sonreía ladinamente.

Sesshomaru sonrió macabramente y de un ágil movimiento esquivó a los guardias e intentó golpear en el rostro al hombre, este se protegió con un brazo y rió maliciosamente.

– Si eso es lo más duro que puedes golpear, no podrás vencerme. – aseguró mientras continuaba su camino hacia la salida.

Cuando Inuyasha y la mujer abandonaron el lugar, Sesshomaru peleó con los guardias intentando alcanzar a "la pareja". Al llegar al pasillo Kagome soltó la mano del hombre mientras sentía sus rodillas flaquear.

– Debemos irnos de aquí. – susurró Inuyasha y ella asintió. Cuando salieron en el exterior finalmente la mujer pudo respirar tranquilamente. – Vamos, te llevo a casa. – ofreció.

– No es necesario. – musitó abrochando el cierre de su campera, afuera estaba nevando por lo que el frío era abrumador. Inuyasha aún tenía su teléfono en una mano por lo que Kagome miró de reojo la pantalla cuando avergonzada había bajado la mirada. La palabra "amor", escrita en mayúsculas, la hicieron volver a su realidad. – Te están llamando. – susurró. Inuyasha por inercia miró la pantalla.

– Kuso, espérame un momento, debo contestar. – manifestó. Kagome asintió. – Hola, feliz navidad preciosa, me sorprende mucho que me llames, es la primera vez que al estar enojada me llamas primero. – expuso como saludo.

– ¿Dónde estás y que estás haciendo?. – se escuchó la voz femenina. Inuyasha miró la edificación y se rascó la cara con la mano libre. No podía dar esa respuesta y tampoco quería mentir.

– ¿Por qué preguntas eso, acaso me extrañas tanto que vendrás a buscarme?. – indagó intentando desviar la atención.

– ¿Por qué no atendiste mis llamadas?. – inquirió. – nunca antes me habías ignorado, en verdad hiciste que me preocupara. – agregó.

– Lo siento, puse en silencio el teléfono durante la cena, ¿acaso me llamaste más de una vez?. – indagó sonriendo.

– Quiero verte, ¿puedes venir a casa?. – pidió. – No te preocupes ya no te pediré que hables con mis padres, solo necesito verte unos minutos. – agregó.

– Iré, llegó en un rato. – aseguró sonriendo feliz. Kagome escuchó toda la conversación y se sintió la peor cucaracha del planeta y más al ver la cálida sonrisa del hombre.

– Inuyasha te amo, ¿lo sabes verdad?. – indagó la mujer al teléfono.

– También te amo. – susurró, pero la azabache lo escuchó claramente. – Nos vemos enseguida. – agregó finalizando la llamada. Inuyasha sonrió ampliamente y luego miró a la azabache.

Inuyasha guardo su teléfono en el bolsillo de su pantalón y luego tomó la llave de su vehículo.

– Vamos antes que tu amoroso esposo salga y nos encuentre nuevamente. – musitó el hombre sarcásticamente. Kagome simuló una sonrisa y negó con la cabeza.

– Puedes ir antes, yo, iré a la casa de una amiga que vive aquí cerca. – musitó. Inuyasha la miró y sonrió.

– No me mientas, sube, te llevo a tu apartamento o donde quieras. – ofreció.

– Etto…yo, esta bien. – susurró y luego solo siguió al hombre. Cuando estuvieron juntos en el auto él arranco y pidió la dirección.

– Debes ir derecho dos cuadras. – susurró. El hombre asintió y condujo en la dirección indicada. – Es esa casa. – comentó señalando una casa de dos plantas. El hombre la miró incrédulo por unos segundos pero pronto asintió y detuvo el auto frente a la edificación.

– Hoy fue divertido, gracias. – musitó el hombre sonriendo ampliamente.

– Gracias a ti. – murmuró ella antes de bajarse.

– ¿Estarás bien verdad?. – indagó el hombre bajando la ventanilla.

– Hai, dormiré con mi amiga por hoy. – musitó la mujer.

– Entonces me voy tranquilo, cuídate. – musitó. Kagome suspiró mientras lo vio marcharse a toda velocidad.

– ¿Puedes darme tu número de teléfono?, ¿Nos volveremos a ver?. – susurró la mujer mirando el camino que había recorrido recientemente el auto del hombre. Había querido formular esas preguntas, pero luego de la llamada supo que no debía hacerlo.

Caminó despacio alejándose de ese lugar, una cuadra después se detuvo, rogaba a Kami porque un taxi pasara pronto, estaba cansada, había sido un día demasiado largo.

Los minutos pasaban lentamente y ningún taxi se detenía, todos los que pasaban estaban con pasajeros, lo que exasperaba a la mujer que sentía mucho frío. Un auto se detuvo y Kagome miró recelosa.

– Hola belleza, sube, te pagaré lo que pidas. – expuso un hombre regordete y petizo. Kagome lo ignoró. – ¿Cuanto quieres?, ¿cien dólares son suficientes?, ven cariño, solo seré yo. – agregó.

– Creo que estás equivocado, yo…solo estoy esperando un taxi. – musitó con miedo. Otro auto se detuvo y Kagome sintió pánico. Su plan inicial fue correr.

– Kagome. – escuchó la mujer, esa voz masculina la reconoció inmediatamente por lo que detuvo su huida.

– Hermano Bankotsu, ¿conoces a esta preciosura?. – indagó el hombre regordete al recién llegado.

– Si. – afirmó escuetamente. – ¿Kagome qué haces aquí en el frío?, además ¿no sabes que este lugar es peligroso?. – indagó fijando su atención en la mujer.

– Yo…solo estaba esperando un taxi, pero nunca llega, tenía mucho miedo y siento frío. – expuso llorando repentinamente sorprendiendo al pelinegro.

– Maldición Mukotsu, ¿qué le hiciste?. – regañó.

– Nada, solo pensé que era una de las muñecas que trabajan por esta zona. – aseguró. – no quise asustarte. – se disculpó.

– Vayan con Jakotsu, yo la llevaré a su casa y luego volveré. – aseguró, el hombre asintió, y el más grande de todos que era el conductor, emprendió la marcha.– Por favor, perdona a mi hermano, es un pervertido, pero no es malo. – susurró Bankotsu. – Vamos te llevaré a casa. – manifestó.

– No es necesario…yo…– susurró.

– Sube Kagome, no quiero que te pase nada malo. – musitó. Kagome lo miró sorprendida. – Aún tengo muy pocos pacientes, las consultas son costosas, no puedo perderte. – manifestó, y la mujer aún con lágrimas en los ojos sonrió levemente.

Kagome subió en el asiento del copiloto y cerró la puerta, Bakotsu inmediatamente subió del lado del conductor. Y puso el vehículo en marcha, conocía la dirección de la mujer, pues estaba anotado en su ficha, por lo que no preguntó antes de emprender la marcha.

– Ahh…por cierto feliz navidad. – comentó al recordar la fecha festiva.

– Si, Feliz navidad. – susurró sin ninguna emoción mirando por la ventanilla, su cuerpo entero se relajaba al estar con él por lo que sorprendiendo al hombre, Kagome comenzó a llorar, primero silenciosamente pero pronto este se transformó en un sonoro llanto. El hombre se encostó prontamente y detuvo el vehículo.

– ¿Qué sucede Kagome?. – indagó preocupado.

– Lo siento…yo…solo no sé que me sucede. – tartamudeó simulando una sonrisa, mientras intentaba limpiar sus lágrimas que caían copiosamente.

– Sabes que no es necesario que guardes tus sentimientos conmigo, yo estoy para escucharte. – musitó el ojiazul.

– No sucede nada, en verdad no es nada. – susurró pero inmediatamente después de eso el llanto se intensificó.

– Shhh…ven, llora todo lo que necesites. – ofreció abriendo sus brazos. Kagome finalmente fijó su mirada en el hombre quien cálidamente se ofrecía para consolarla, pero no tuvo el coraje de aceptar el abrazo.

– Bankotsu, no sé qué hacer con esto, yo…hoy hice algo muy malo. – tartamudeó entre sollozos.

– Respira profundamente e intenta tranquilizarte, ¿sí?. – aconsejó, la mujer lo cumplió y tuvo que realizar el ejercicio varias veces antes de calmarse. – ¿Estas mejor?. – indagó a lo que ella asintió. – Ahora cuéntame que sucedió. – agregó.

– Iré mañana a consulta. – susurró avergonzada. No quería hablar en ese momento y tampoco se creía con derechos de hacerlo sin pagar por la consulta.

– Esta vez será una sesión gratis, ya has colaborado bastante con mi consultorio. – musitó el hombre. – Un regalo de navidad. – agregó al ver que la mujer iba a protestar nuevamente.

– Bankotsu, no sabes todo lo que me sucedió desde la última vez que nos vimos, yo…como lo habíamos planeado fui a sorprender a mi esposo a su trabajo, llevé el pastel de cumpleaños que hice, iba emocionada, pedí al guardia que no le alertara de mi presencia pues era un regalo de cumpleaños. – comentó lo sucedido. – pero al llegar a la oficina la sorpresa fue mía, mi esposo estaba follándose a su secretaria sobre su escritorio. – agregó; el hombre por un segundo se sorprendió pero pronto recuperó su imperturbable expresión.

– ¿Qué sucedió luego?. – indagó.

– Yo…por supuesto me enoje incluso le lancé a esa mujer el pastel que había hecho; Sesshomaru me trató como si estuviera loca, aún cuando él era el que estaba desnudo y había fallado, yo me sentí la fracasada. – agregó.

– ¿Y hoy que hiciste?. – indagó el hombre recordando que el cumpleaños ya había pasado hace unos días atrás.

– Yo…hoy fui a la cena de navidad que se celebra en la casa de mis suegros, el maldito se presentó con la otra mujer, no sabía cómo reaccionar, estaba enojada y frustrada, entonces…– susurró.

– ¿Entonces?. – la alentó a proseguir.

– No sé porque lo hice, pero terminé en un motel con el hermano de mi esposo. – musitó. Los ojos del hombre se abrieron demostrando su asombro, pero pronto se recompuso.

– Entiendo, es normal actuar imprudentemente cuando estamos presionados. – musitó. – ¿ahora te arrepientes?. – indagó. Y la mujer asintió.

– Ya no hay mucho que hacer con esto Kagome, tómalo como una lección. – aconsejó.

– Gracias por escucharme. – musitó la mujer sonriendo.

– Para eso me pagas. – bromeó.

Bankotsu siguió el camino a casa de la mujer, no volvió a hablar, estaba perturbado, no quería saber los detalles, en verdad no soportaría escucharlos, por lo que prendió el radio dejando que una suave melodía cubriera el frio silencio.

Cuando el auto se detuvo frente a un complejo de apartamentos Kagome suspiró frustrada. No estaba lista aún para bajar, pero no podía decir eso por lo que se despidió de Bankotsu con una sonrisa fingida y pronto suspiró agobiada al ver la entrada del edificio. Estando frente a la puerta de su apartamento dudo si entrar o no, tenía miedo y estaba muy avergonzada. Tomó valor e ingresó sigilosamente. Para su desgracia lo primero que vio imponente figura de su esposo quien estaba sentado en el comedor, con una expresión imperturbable.

– Así que volviste. – Musitó el hombre indiferente. Kagome cerró la puerta a sus espaldas sin contestar y dio un paso rumbo a la habitación. – ¿Pasaste una buena noche?. – indagó.

Continuaa…

Hola, hoy al leer el review de monii86 me presioné para terminar de corregirlo, recién lo iba a subir el domingo pues aunque ya estaba todo escrito no había podido releerlo para intentar corregir pero agradecida por el tiempo que se tomaron el leerlo y comentar me presione un poco para poder subirlo hoy, en verdad gracias por el apoyo.

Tsuki: El blog fue algo nuevo para mí, fue confuso y había muchas cosas que me eran difíciles e investigar cómo hacerlo me sacaba mucho tiempo, tiempo que por ahora no tengo, entonces decidí eliminarlo por el momento. En un futuro pediré a alguien para que me lo cree y me enseñe a usarlo jeje…soy malísima para la tecnología.

En fin, un millón de gracias por leer lo que escribo y espero que pasen un agradable rato de lectura.

Las quiere.

Mizune Mei