JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

x.x.x: Cambio de Escena.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 7

Kagome lo miró anonadada por unos segundos; la pregunta del hombre más que herirla logró enfurecerla.

– Si, gracias por tu preocupación, fue una excelente noche. – Expuso finalmente la mujer.– Y sobre lo que me dijiste antes, lo volví a pensar, quería decirte que acepto iniciar el divorcio, cuanto más rápido termine esto mejor. – agregó. El hombre la miró fijamente, entonces ella no pudo sostener la mirada.

– ¿Ahora tienes prisas?. – indagó gélidamente.

– Si, es lo mejor, ahora iré por un baño y luego a dormir. – murmuró.

– ¿Estás tan agotada que ni siquiera puedes hablar de esto que es importante?. – gruñó.

– Sí, Inuyasha me dejó agotada. – musitó con deseos de molestarlo y lo logró pues el hombre se paró.

– No juegues conmigo. – expuso manteniendo una expresión lúgubre. – Aún eres mi esposa, lo que hiciste hoy es imperdonable. – agregó con voz tétrica.

–¿Imperdonable?. – indagó enojada. – imperdonable es haberme mentido por dos años, no fui yo quien falló primero, no fui yo quien pisoteó este matrimonio. – agregó antes de intentar seguir su camino.

–No permitiré que vuelvas a hacer lo que hiciste hoy, eres mi esposa no te comportes como una prostituta. – gruñó levantando la voz. La mujer estalló en un ataque de risas fingidas.

– Es increíble, eres un asqueroso sinvergüenza, todas las noches te esperaba semidesnuda en la cama y te rogaba porque me hicieras el amor, y tu se lo hacías a otra, ahora yo soy la única que se porto mal y quien merece ser llamada prostituta, me das lastima, maldito egocéntrico. – expuso; él no aceptaba su error, solo la llenaba de culpas a ella y eso lograba enojarla más aun.

– ¿Entonces piensas divorciarte para esperar a Inuyasha semidesnuda?. – indagó elevando la voz.

– Al menos él puede complacerme, si lo espero semidesnuda sé que podré sentirlo duro en mi interior. – expuso picando el orgullo del hombre y gimió sonoramente cuando él reaccionó y la sujetó por la cintura atrayéndola a su cuerpo.

– No lo vuelvas a decir, ¡te lo advierto!. – gruño, muy cerca de su rostro.

– Así que hasta tú tienes expresiones, si sabía que dejándome complacer por tu hermano, vería tu rostro exhibir finalmente sentimientos, lo habría hecho hace mucho. – expuso.

– ¡Kagome!. – gritó. La mujer se sentía poderosa, por primera vez, lograr que el hombre estuviera nervioso, era estimulante.

– Iré a bañarme. – anunció. – Suéltame. – Ordenó, el hombre la aprisionó con más fuerzas pero al ver el rostro serio de la mujer la soltó.

Kagome sonrió, pensaba que tendría miedo al verlo, pero no, solo sentía rabia, ella en verdad no había hecho nada malo, no tenía por qué sentirse avergonzada.

Recién bañada y vistiendo su pijama la mujer fue a la habitación con intención de dormir, pero al ver a su esposo en la cama su convicción desapareció. Sesshomaru era demasiado sensual, sus cabellos largos tocaban la cama aún cuando él estaba recostado contra la cabecera mientras leía un libro, la mirada dorada se fijó en ella y la mujer tembló.

– Etto… ¿hoy no saldrás?. – indagó casi en un murmuro; desde la noche en que lo había descubierto en la oficina, él no había vuelto a su apartamento y mucho menos habían dormido juntos, por lo que estuviera ahí era extraño y muy incómodo.

– No. – musitó escuetamente. Kagome sintió sus piernas temblar y como la cama se alejaba a kilómetros de ella.

– Entonces, duerme bien. – pronunció ácidamente dando la espalda al hombre.

– Ven. – susurró el hombre bajando el libro sobre la mesita de noche, en una clara invitación.

Kagome en ese momento pasó por una miscelánea de sentimientos, bastó un solo segundo para experimentar, excitación, temor, frustración, su cuerpo entero tembló deseoso pero su cabeza le devolvió a la realidad.

Ohhh…Kami, por favor que no tiente mi convicción. – pensó la mujer al sentir sus rodillas flaquear. Hacía tanto que soñaba con eso, deseaba que su esposo se comportara así.

X.X.X.X.X.X.X.X

Inuyasha golpeó la puerta tres veces y esperó impaciente, apenas la puerta se entre abrió y vio a la mujer saltó sobre ella besándola apasionadamente.

– Inu….espera…– gimió la mujer sorprendida cuando el beso del hombre finalizó, o más bien se trasladó a su cuello, succionando la piel de la zona con deleite. El hombre colocó sus manos en los glúteos femeninos estirando de ella hasta pegarla a su cuerpo haciéndole sentir su dureza.

– Te necesito, por favor. – rogó lamiendo la oreja femenina.

– Inuyasha, ¡detente!. – gruñó la mujer empujándolo por el pecho, mientras respiraba entrecortadamente, notoriamente afectada también por el reciente arrebato del hombre. – Amor, recuerda que pactamos esperar para hacerlo después de casarnos. – comentó.

– Yo nunca pacte eso, tú lo impusiste, pero…ya han pasado más de siete meses de eso, y tus padres aún no nos dan permiso para casarnos, no aguantaré, me volveré loco si no te puedo tener. – susurró antes de besarla nuevamente. Kikyo sintió su convicción desfallecer y más aún cuando su cuerpo fue depositado sobre el sofá.

– No puedo, por favor, comprende que para mi familia es muy importante es una…ahhh…tradición. – musitó completamente excitada.

– Lo sé, lo sé, pero lo necesito, solo una vez, solo por hoy. –rogó; en siete meses nunca había actuado tan imprudentemente y desesperado, su cuerpo actuaba solo, estaba demasiado excitado para pensar coherentemente.

– Detente Inuyasha o tendré que gritar, mis padres duermen, pero si grito vendrán en un minuto. – amenazó cuando sintió las manos del hombre acariciando sus senos raudamente sobre la ropa.

– Kuso. – maldijo el hombre. – ¡Entonces para qué demonios me llamaste!. – exclamó elevando un poco la voz.

– Solo quería verte y disculparme por no poder ir a la cena con tus padres. – susurró. – pero no creía que te comportarías así. – agregó. Inuyasha respiró agitadamente intentando controlarse, su instinto salvaje tomaba control de su cuerpo, él no era así normalmente.

– Feh, no quise gritarte. – "se disculpó", mientras se incorporaba.

– No quiero que te enojes por esto, yo, te prometo que conseguiré que papá te acepte, pronto nos casaremos, y ahí seré tuya cuando quieras. – aseguró.

– Tsk, discúlpame pero ahora debo irme, no creo poder controlarme si me quedo. – aseguró, dejando un ofrecimiento tácito que la mujer rechazó.

– Que duermas bien y sueña conmigo. – musitó la mujer antes de darle un casto beso.

– Keh. – masculló frustrado antes de caminar rumbo a la salida.

Inuyasha apoyó su cuerpo contra la puerta cerrada y respiró hondamente.

– Maldito Jakotsu. – susurró culpándolo a él y a "su paraíso" por su excitación. Su teléfono sonó y el hombre se sorprendió al ver en la pantalla el nombre mencionado.

– Hola, mi ángel, te fuiste rápido, quería invitarte unos tragos, todos mis hermanos vinieron para celebrar la navidad juntos. – se escuchó la voz excesivamente afeminada por el teléfono.

– Lo siento, pero ya estoy en casa, además estoy un poco cansado, saluda a todos por mí y discúlpame con ellos. – pronunció. No estaba de humor para una noche de "hombres"

– Hai. – musitó con voz dulce. – ahhh…Inuyasha, olvidaste en la habitación un pequeño juguete, te lo guardaré bien cariño. – agregó antes de colgar. Inuyasha suspiró frustrado antes de caminar rumbo a la salida. Subió a su vehículo mientras miraba con odio su notoria erección.

– No debiste proponer jugar ese juego. – susurró regañándose. Se sentía muy avergonzado con Kikyo por lo que había hecho, sabía que eso había sido la consecuencia de todo su mal actuar anterior.

Suspiró intentando calmarse mientras conducía rumbo al apartamento que había alquilado, para quedarse unos días; en teoría debía quedarse en casa de su padre pero estando el demonio en ese lugar no tenía ni la energía ni los deseos de cumplir la aspiración de su madre, aunque si cumplía con ir a "visitar" al viejo y pasar las fiestas con él.

Inuyasha decidió darse un baño por lo cual se sacó toda la ropa, y a regañadientes se sacó la peluca y los lentes de contacto revelando sus largos cabellos plateados y sus ojos color dorado. Odiaba la imagen que reflejaba el espejo, tan similar a su padre y a su hermano, él odiaba no parecerse más a su madre.

Cuando el agua recorrió su cuerpo suspiró complacido mientras recostaba su frente por el azulejo del baño y dejaba que el frio lo devolviera a su estabilidad.

No debo volver a hacer lo que hice hoy, fue un juego muy peligroso. – se recriminó en pensamientos, él estaba seguro de sus sentimientos, sin dudarlo su cabeza y su corazón sabían a quien amaba, pero su cuerpo era otra cosa, este no tenía raciocinio y tampoco fidelidad pues podía excitarse con cualquiera.

Con parsimonia lavó su cabello y enjabonó el resto de su cuerpo, cualquiera moriría antes de bañarse con agua helada en ese día gélido, pero él lo necesitaba por lo que no se quejó. Finalmente después de ese baño su "problema" había sido resuelto por lo que feliz finalizó el baño y dirigiéndose a su maleta tomó un pantalón deportivo negro y un pullover cuello en V color blanco, por un segundo el cuerpo de la mujer con el pullover verde esmeralda pasó por su cabeza y tan pronto como llegó él lo elimino sacudiendo su cabeza.

El sonido de su teléfono llamó su atención por lo que lo tomó en manos y extrañado miró el nombre de Jakotsu, recientemente había hablado con él.

– Hola. – musitó contestando.

– Hola Inuyasha, menos mal aún no duermes. – escuchó la voz de su "amigo"

– ¿Qué sucede?. – indagó.

– No sabía si llamarte o no, pero….– musitó dudoso.

– Habla. – ordenó sentándose pesadamente sobre el sofá mientras subía sus pies, buscando una posición más relajante.

– Es que, no sé si lo que hice está bien, estoy algo preocupado. – comentó mordiéndose los labios. – La mujer con la que viniste antes, regresó. – agregó.

– ¿Quién?. – indagó confundido.

– La esposa de Seshh, estaba llorando mucho, y me dijo que quería conocer mi paraíso, quería ir al mundo donde todos eran como querían ser. – expuso.

– ¿No me digas que la llevaste a ese lugar?. – indagó completamente atónito.

– Si, es que ella insistió mucho, pero ahora creo que lo que hice estuvo mal. – expuso.

– ¿Que sucedió?, ¿ella está bien?. – indagó algo alterado.

– No, ella creo que mi cliente vip la ha drogado, o mínimo está alcoholizada pero no está normal, no quiero que te molestes conmigo por esto. – expuso.

Inuyasha quedó en shock por unos minutos pero pronto reaccionó parándose y tomando sus llaves apenas calzó sus zapatos y tomó sus llaves corrió hasta el ascensor.

– Jakotsu, sepárala de ese hombre, mantenla a salvo, si no lo haces te odiaré y dejaré de verte. – expuso logrando un gemido de susto antes de colgar la llamada.

Condujo irrespetando los límites de velocidad por lo que en cinco minutos estuvo frente al edificio, corrió rumbo a la recepción y esquivó ésta corriendo por el pasillo hasta el ascensor.

Él ya había visitado ese lugar el día que se había inaugurado, no había hecho nada raro, es más, había cuestionado a su amigo ya que verdaderamente no comprendía ese lugar, quizás él era aburrido y conservador, pero las orgías no eran algo que él pudiera disfrutar y tampoco creía que "su cuñada" disfrutaría al día siguiente saberse participe de esa "fiesta".

Al abrirse el ascensor pudo apreciar las telas de tul rojos y blancos que separaban las camas, pero lo imperante eran los cuerpos desnudos, y las personas fornicando en una gran orgía; su mirada se fijó en el cuerpo semidesnudo de su "cuñada", y como un hombre de cabellos castaños succionaba y acariciaba los pechos femeninos, logrando sonoros gemidos con el nombre de su hermano.

–¡ Inuyasha!. – soltó en un chillido de susto Jakotsu. – aparté a Naraku de ella, pero luego vino este joven, y no sabía más que hacer, llévala. – expuso "alterado".

Inuyasha la miró enojado por unos segundos, pero ella notoriamente no estaba en su sano juicio por lo que acercándose raudamente tomó a la mujer del brazo, logrando un gemido al sentir como el caliente contacto de la boca contra su seno terminaba. El hombre suspiró frustrado mientras buscaba con la mirada la ropa de la mujer.

– ¿Qué demonios haces?. – indagó el hombre enfrentándolo.

– Apártate o te golpearé. – amenazó Inuyasha molesto.

– No peleemos amigo, podemos compartirla, total a ella le dará igual estar con uno o más. – expuso enojando a Inuyasha quien le dio un golpe directo en la mandíbula antes de levantarla.

– ¡Reacciona!. – expuso zarandeándola. – Kuso, eres una molestia. – maldijo en un susurro mientras finalmente encontraba el pullover de la mujer y la obligaba a ponerse. Kagome se resistió cuando él la estiró por el brazo y Jakotsu le entregó la cartera de la mujer que todo el tiempo había mantenido consigo.

El viaje en auto fue lo más estresante para el hombre, sentir la mano de la mujer acariciando su pierna era muy difícil y por más que la regañara ella simplemente sonreía y continuaba con su acoso, no era la misma mujer que horas antes había conocido.

– Tranquilízate, ya llegamos a tu apartamento. – manifestó. – ¿Cuál es tu piso?. – indagó. Pero no obtuvo respuesta por lo que tomó el teléfono de la mujer y discó el número de Sesshomaru.

– ¿Que quieres?. – indagó. – Sabes que estoy ocupado con Kagura, así que habla rápido. – agregó. Inuyasha terminó la llamada sin decir una sola palabra y maldijo por lo bajo mientras continuaba su camino.

Bajarla del auto había sido difícil y también hacerla caminar en dirección a su apartamento; claramente en la cámara de seguridad quedaría gravado los toqueteos por lo que intentaba escapar de las juguetonas manos pero ella estaba en todos los lugares.

Inuyasha cerró la puerta a sus espaldas y con dificultad la lanzó contra la cama suspirando agotado.

– Serénate, luego vete. – ordenó gélidamente. Ella le sonrió mientras se paraba y él dio un paso hacia atrás.

– Hazme el amor. – pidió la mujer y él tragó duro.

– Feh, deja de decir tonterías. – ordenó. – ¿qué te dieron para qué estés así?. – agregó.

– Déjame sentirte, por favor. – susurró, mientras el pullover verde era retirado de su cuerpo mostrando nuevamente sus carnosos senos. Inuyasha desvió la mirada inmediatamente fijándola en la pared. Pero se tensó al escuchar el sonido del cierre, su respiración se volvió irregular sin que pudiera detenerlo y cierta parte de su anatomía lo traicionó. – Estoy tan necesitada de ti, ¿es tan difícil hacer el amor conmigo?, si quieres también me pondré de cuatro como ella. – expresó.

– Mírame no soy… – expuso, pero no pudo terminar lo que iba a decir cuando ella acortó la distancia y pegó su cuerpo al suyo, él la empujó levemente completamente en shock y sintió su convicción abandonarlo cuando sintió la pequeña mano acariciando su miembro por sobre la tela.

– Ummm…. – susurró. Y el hombre dio un paso atrás completamente fuera de sí, eliminando el contacto. Pero ella era como una depredadora cazando una débil presa pues pronto eliminó la corta distancia. El dio un paso más y gruñó cuando cayó sobre el sofá.

Kagome se acostó sobre él y lo besó desesperadamente introduciendo su lengua con desenfreno en la húmeda boca. El gruñó empujándola por lo hombros finalizando el beso.

– Concéntrate. – gruñó y tuvo que morder sus labios al percibir su respiración tan cerca.

– Por favor Sesshomaru, solo una vez más, déjame sentirte. – rogó antes de besarlo con más lentitud.

Continua…

Hola, hola primero quiero pedir disculpas Monii86 me expresé mal, no fue mi intención que te disculpes no has hecho nada errado, tus comentarios me hacen feliz, fue mi culpa pues me expresé mal, si dije que me presioné no quise decir de mal modo, sino que lo hice pues estaba muy feliz al saber que había alguien que esperaba la continuación, es decir que estoy muy contenta de escribir y más aún al saber que quieren seguir leyendo así que eso logró que pusiera como una prioridad escribir la continuación. Creo que me enredé más aun jeje.

Un millón de gracias por leer lo que escribo, espero pasen un agradable rato de lectura.

Las Quiere

Mizune - Mei