JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 8
Inuyasha quedó en shock y luchó contra la parte de su conciencia que le ordenaba rendirse y dejar que la mujer siguiera, pero él la separo.
– Yo no soy Sesshomaru, no me confundas. – susurró. Se sentó llevándola consigo y luego la levantó como si nada pesara mientras caminaba en dirección al baño. El grito femenino le dio escalofríos, pero era necesario por lo que sujetó a la mujer bajo la gélida agua, aún cuando ella gritaba y peleaba contra su agarre.
Inuyasha la dejó ir al ver los labios de la mujer volverse morados, entonces ella lo miró fijamente mientras temblaba.
– Tú, no eres Sesshomaru. – susurró.
– Tsk. – murmuró mientras tomaba la toalla y envolvió el cuerpo femenino con esta.
– Yo, ¿Por qué estoy aquí?. – indagó aún confundida.
– Keh. – gruñó el hombre al verla desorientada.
– Me siento mal. – susurró y pronto la vio correr en dirección al inodoro y solo pudo suspirar al escucharla verter quien sabe que cosas. Él se acercó a la mujer y solo pudo sujetarle el cabello, mientras ella trataba de apartarlo golpeándolo en la pierna.
– ¿Te sientes mejor?. – indagó el hombre cuando ella se sentó sobre el suelo obligándolo a soltarle el cabello. Ella lo miró y en sus ojos dilatados aún pudo notar que no estaba del todo bien.
– Lo siento, no sé ¿Dónde estoy?. – preguntó confundida. – Hace mucho frío, ¿yo, porque siento mucho frío?. – indagó en un murmullo.
– Kuso. – maldijo el hombre por lo bajo, mientras se acercaba a ella y la cargaba estilo nupcial, la toalla yacía en el suelo por lo que ella estaba con el torso desnudo con el jeans desabrochado y húmedo.
Cuando el hombre la depositó en la cama ella no dijo nada solo se quedó sentada en el lugar, él tomó otra toalla y se acercó a la mujer nuevamente. Ella lo sorprendió abrazándose a su cintura.
– Siento mucho frío, solo por hoy abrázame por favor. – susurró antes de llorar. El hombre suspiró cansinamente.
– Vístete primero, luego te abrazaré. – susurró como si hablara a una niña pequeña, ella asintió. – muy bien. – "la felicitó" cuando se sintió liberado. Se dirigió a su maleta y tomó una sudadera color rojo y un pantalón deportivo color blanco.
La ayudó a ponerse la sudadera teniendo que moverla como una muñeca, sacarle el pantalón húmedo y la ropa interior había sido lo más difícil, no pudo evitar contemplarla ella rió.
– ¿Te parezco linda?. – indagó juguetonamente. Él entonces se avergonzó y se apresuró en terminar de vestirla. Rogaba por que el día siguiente no recordara nada. – Ahora abrázame. – pidió y él suspiró.
Ese día se había encargado de hacerle pagar todas sus faltas, pues le había castigado de todas la maneras posibles.
– Tsk. – masculló mientras me arrodillaba sobre la cama para luego caer pesadamente sobre esta, estaba agotado, ese día había sido particularmente largo. La mujer con toda la confianza se acomodó depositando su cabeza sobre el pecho masculino mientras pegaba todo su cuerpo al costado masculino y con su brazo envolvía la cintura masculina. – Esto no está bien. – pensó el hombre al sentirse perturbadoramente cómodo en esa posición.
Dos golpecitos en la puerta llamaron su atención por lo que abrió los ojos y suspiró agotado.
– Inuyasha, ¿aún estas enojado?. – la dulce voz más la interrogante lo llenaron de pánico.
– Kikyo. – pensó aterrado mientras miraba a la mujer sobre su cama, el apartamento era pequeño, solo había una cama un sofá y el baño, no había mucho que ver y tampoco mucho donde esconder. Lentamente se deshizo del abrazo y como pudo sujetó la cabeza femenina logrando un gemido de disgusto al depositarla sobre la almohada.
– ¿Qué quieres?. – indagó fingiendo enojo, era su último recurso después de todo.
– Abre por favor, hablemos. – pidió la mujer. Inuyasha se paró y caminó lo más despacio que pudo en dirección a la puerta.
– Tsk, hablemos mañana de día, si hoy entras a esta habitación podría terminar violándote, y sé lo importante que es para ti tu castidad. – expuso mordaz.
– Solo quería saber si estás bien, últimamente estás muy gruñón y para que sepas ya es de día. – musitó la mujer sorprendiendo al hombre quien miró perplejo su reloj que marcaba las 7:12 a.m, no recordaba haber dormido, aún se sentía agotado.
– Tsk, estoy bien, solo un poco cansado, iré luego a tu casa, ahora déjame dormir. – musitó en voz alta. La mujer nuevamente dio dos golpecitos. Inuyasha tomó su teléfono y disco el número de su novia. – Kuso, ¿a qué juegas?, ¿a caso quieres volverme loco?, te apareces en mi apartamento y me dejas desear lo que no puedo tener, vete de una vez. – gruñó cuando ella contestó la llamada.
– Lo siento. – susurró. – entonces me iré, nos vemos luego cuando estés mejor. – agregó apenada.
– Kuso. – maldijo el hombre terminando la llamada y se sintió el peor idiota al escuchar los pasos de la mujer alejándose, se había comportado como un estúpido. – Oe, despierta. – musitó acercándose a la cama. – ¡Despierta de una vez!. – gruñó levantando la voz y Kagome despertó abruptamente y pronto sus ojos se abrieron ampliamente demostrando su confusión.
– ¿Dónde estoy?, ¿tú, quien eres?. – indagó antes de sujetar su estómago mientras su mueca alertaron al hombre.
– Ni se te ocurra vomitar en mi cama. – gruñó tomándola del brazo y parándola para arrastrarla al bañó donde la lanzo y cerró la puerta. Escuchó las arcadas y sonidos propios del vomito. – Tsk, que bonito es despertar con una mujer. – musitó con sorna.
Kagome se lavó el rostro y enjuagó la boca, no recordaba nada después de que había llegado "al paraíso", se había asustado al ver ese lugar, y al no recordar lo que había hecho el miedo la embargaba.
– Estas demente. – susurró la mujer a su reflejo. No quería salir de ese lugar pero el insistente golpe de puños contra la puerta la obligó.
Salió cabizbaja, no sabía cómo actuar, ni siquiera conocía a ese hombre.
– ¿Estás mejor?. – esa pregunta la descolocó.
– Etto…si…yo…yo. – tartamudeó antes de comenzar a llorar. Inuyasha entró en shock al verla llorar.
– Shhh…tranquila. – la "consoló", pero el llanto solo se intensificó.
– Yo…yo no debí hacer lo que hice ayer, yo…– gimió entre sollozos.
– ¿Qué hiciste ayer?. – indagó levantando una ceja.
– No lo sé, yo no recuerdo nada, pero estoy en su apartamento y…y estoy vistiendo su ropa es obvio que hice algo. – gimoteó.
– Tsk, si hiciste mucho, me acosaste toda la noche, incluso te desnudaste. – expuso el hombre y ella lo miró aterrada. – pero no pasó nada más que eso, así que deja de llorar. – pidió entonces la mujer fijó su mirada en el hombre.
– Pero… ¿por qué no sucedió nada?, ¿acaso no le gusté?. – indagó la mujer sorprendiéndolo con la pregunta.
– ¿Querías que sucediera algo?. – indagó el hombre y ella se sonrojó antes de negar con la cabeza.
– Te aseguro que el hombre con quien te encontré no hubiera dudado de hacerte de todo. – musitó y ella lo miró confundida. – Solo vístete y vete de una vez. – pidió, estaba cansado, necesitaba dormir por tres días seguidos para recuperarse del cansancio emocional que tuvo que soportar por esa mujer. Kagome tomó su pullover y buscó su sujetador, pero no lo encontró.
– Eso ya no pude rescatar. – comentó el hombre cuando ella avergonzada le preguntó dónde estaba. Kagome corrió al baño a cambiarse.
– Tsk, como si ya no lo hubiera visto todo. – susurró sorprendiéndose a si mismo después de decir la frase. Inuyasha la miró de reojo cuando ella salió del baño.
– Me voy. – susurró antes de caminar rumbo a la puerta. Él sonrió divertido, ella no lo había mirado directamente ni una sola vez, por lo que imaginaba que no lo había reconocido.
– Desayuna primero, después de todo, Sesshomaru dijo estar muy ocupado con Kagura. – musitó el hombre, entonces la mujer completamente horrorizada finalmente lo miró fijamente.
– ¿Cómo es que sabes?. – indagó impactada mientras lo analizaba. – ¿Inuyasha?. – agregó interrogante, él estaba completamente cambiado, pero por la sonrisa socarrona y sexy que exhibía en ese momento y que era tan propia del hombre, ella lo reconoció.
– Keh, ¿recién me reconoces?. – susurró fingiendo indignación.
– Pero….¿Qué haces aquí?. – indagó perpleja.
– Estoy viviendo en este lugar, mejor deberías preguntarme, ¿Qué haces tú aquí?. – expuso molestándola.
– Pero… ¿Cómo es que…?.– indagó.
– Desayunemos y te contaré. – ofreció. Kagome asintió sintiéndose ya más tranquila y entonces el hombre llamó por teléfono a pedir algunos platillos. – ¿Tu estómago está mejor?. – indagó y ella asintió.
Ambos quedaron en silencio por un segundo hasta que finalmente el hombre hablo.
– ¿En qué pensabas al ir a ese lugar?. – le recriminó finalmente. Kagome agachó la cabeza como si estuviera siendo regañada.
– Yo, en verdad no se en que pensaba. – susurró.
– Te advertí que la mente de Jakotsu era mucho más compleja de lo que podías manejar. – musitó. – ¿en verdad pensaste que ese sería un buen lugar para visitar?. – indagó elevando una ceja.
– Se que hice mal, solo que…no sabía qué hacer y en ese momento me pareció una buena idea. – susurró la mujer explicándose.
– No vuelvas a ir, ese lugar no es bueno para ti, solo debes vengarte no auto destruirte. – musitó el hombre.
– ¿Yo, hice algo malo ayer, verdad?. – indagó.
– Pudo haberte pasado algo malo, no vuelvas a exponerte así. – gruñó. Kagome asintió, en verdad había sentido terror cuando despertó y no recordaba nada; millones de ideas habían inundado su mente, era algo horrible experimentar esa laguna mental y la incertidumbre era un sentimiento que ella no quería volver a sentir nunca.
– ¿Cómo es que llegué aquí?. – preguntó intrigada.
– Jakotsu me llamó, un hombre te dio algo de beber, estabas bastante "colaboradora" cuando llegué – musitó logrando un gemido de horror en la mujer.
– Yo, ¿te hice algo?. – indagó asustada. Inuyasha la miró y negó con la cabeza.
– Te desmayaste apenas llegamos a mi apartamento. –mintió.
– Menos mal. – susurró la mujer aliviada. Inuyasha la miró a su costado en silencio y la curiosidad pudo más que la prudencia.
– ¿Te fue muy mal ayer con Sesshomaru?. – indagó. Kagome mordió sus labios en un claro gesto de impotencia antes de suspirar.
Flash back.
Kagome se lanzó sobre el sofá, mientras su corazón aun no recuperaba su latir normal, había sido la situación más peligrosa de los últimos años, huir de esa invitación la hizo sentirse poderosa y confiada, pero ese sentimiento duró poco, ya que el frio la hizo volver a la realidad, tan solo estaba vistiendo su pijama, que si bien era un pantalón y una blusa manga larga, eso no aplacaba para nada el frío.
– Maldito Sesshomaru. – susurró recordándolo cubierto con la gruesa manta y acostado en la cómoda cama donde ella quería estar. – Traeré una frazada y una almohada. – agregó en un murmullo parándose y caminando en dirección a la puerta.
Con sumo cuidado tomó el pomo de la puerta y la giró, ingresó en la habitación que estaba en penumbras y se dirigió en dirección al ropero. Un gritito se escuchó cuando la mujer fue sorprendida por unas grandes manos puestas en su cintura.
– Volviste. – escuchó la sexy voz por lo que tembló de pies a cabeza.
– Etto…solo llevaré algunas cosas y volveré a la sala. – musitó nerviosa.
– Quédate. – ordenó el hombre y ella dirigió sus manos a las masculinas intentando separarlas de su cuerpo.
– Suéltame. – pidió. Cuando el hombre endureció su agarre mientras se removía. Sesshomaru la soltó y ella aprovechó para tomar lo que podía, aún cuando sus manos temblaban.
– Si sales por esa puerta llamaré a kagura para calentar la cama. – gruñó el hombre. Kagome caminó a pasos decididos, había dudado un segundo, pero al escucharlo decir esa frase toda duda se extinguió, por lo que con convicción abandonó la habitación.
Se acomodó en el sofá y suspiró complacida por el calor que le proporcionaba la frazada, cerró los ojos relajándose y al instante cayó dormida, estaba exhausta había sido una noche muy larga.
El insistente sonido del timbre la despertó por lo que se incorporó con intención de matar a quien estaba tras la puerta, pero al pararse, para su sorpresa su esposo fue quien se dirigió rumbo a la puerta y la abrió revelando a una esbelta mujer cubierta por un micro vestido azul.
– Hola. – susurró antes de lanzarse sobre el hombre besándolo con desesperación, lo cual fue correspondido por él, dejando con los ojos abiertos a Kagome. El hombre finalizó el beso y miró a la azabache de reojo con una sonrisa en los labios.
– Ven, vayamos a la habitación. – musitó en voz alta mientras tomaba la mano femenina y la jalaba en esa dirección. Kagome había quedado muda y estática mientras los veía; no podía creer que en verdad Sesshomaru había tenido el descaro de llevar a su amante a "su casa" para follarla en sus narices.
Pronto los gemidos inundaban la casa, Kagome cubrió sus oídos desesperada, pero aun así la tortura seguía, debía salir de ese lugar, pero estaba vistiendo su pijama. Agradeció haber sacado del baño la cesta con ropa sucia, pues tomó de este el Jean y el pullover verde que había tenido puesto horas antes y tomando su cartera decidió salir de esa casa. Alejarse de la tortura que implicaba escuchar los gemidos de esa mujer que disfrutaba de las caricias de su amor.
Las lágrimas cubrieron su rostro haciéndole sentir el agobiante frío, pero eso no le importó, en ese momento se odiaba a sí misma por no haber reaccionado y saltado por el cuello de la mujer, pero ella no era así, su corazón latía muy rápido, no sabía dónde ir, tenía su cartera y por ende dinero suficiente, pero en ese momento no quería estar sola.
– En ese lugar todos son como quieran ser. – El recuerdo de las palabras dichas por "el hombre" horas antes resonaron en su cabeza, ella necesitaba un lugar donde explotar, un lugar donde desahogarse, por lo que cuando consiguió un taxi, no dudo en dirigirse rumbo a ese lugar.
End Flash back
El amargo recuerdo logró que la expresión del rostro de la mujer se volviera oscura, por lo que Inuyasha simplemente guardo silencio y agradeció internamente cuando el timbre sonó anunciando la llegada de la comida.
Ambos comieron en silencio, perdidos en sus propias cavilaciones. Inuyasha no se animaba a indagar más allá de donde ella quería compartir, mientras Kagome pensaba que podía hacer.
– Debo mudarme de ese lugar. – susurró finalmente la mujer. – Ya he tenido suficiente. – agregó.
– ¿A qué te refieres?. – indagó Inuyasha bebiendo el último sorbo del café.
– No es nada. – susurró intentando sonreír. – gracias por ayudarme nuevamente. – agregó sin querer explicarse.
– No fue nada. – murmuró, pronto suspiró ya que ella lo miraba fijamente, casi podía palpar su curiosidad. – ¿Quieres saber por qué luzco así ahora?. – indagó algo fastidiado.
– Si. – susurró la mujer algo apenada.
– Lamentablemente esta es mi verdadera forma. – musitó en forma de broma.
– Entonces ¿por qué antes estabas diferente?. – indagó. El hombre suspiró cansinamente, y luego guardo un minuto de silencio. En verdad no quería hablar sobre el tema.
– Odio estos ojos y este ridículo color de cabello, como mi madre me dijo que me mataba si lo teñía y luego se suicidaba solo me quedó la opción de la peluca. – confesó intentando hacerlo sonar gracioso, pero la mirada triste que exhibió el hombre no ayudó para el fin.
– ¿Por qué no te gusta si se te ve muy bien?. – indagó la mujer incrédula mientras lo observaba.
– Quería haber nacido más parecido a mi madre, pero no se dio así, al final soy muy parecido a ellos. – agregó. La mujer lo miró fijamente y él se sintió cohibido.– ¿Te gusto más así verdad, pues puedes imaginar mejor que soy él?. – gruñó.
– ¿Qué?. – indagó sin entender el reproche del hombre.
– ¿Quieres que este sin la peluca y las lentillas así puedes fantasear mejor que soy Sesshomaru?. – preguntó enojado.
– No seas tonto, nunca te confundiría con Sesshomaru. – aseguró la mujer. Inuyasha sintió su enojo menguar un poco.
– Keh, ayer lo hiciste. – recriminó.
– ¿Ayer?. – indagó confundida. – Dijiste que me desmayé apenas llegamos a tu apartamento. – rebatió.
Inuyasha la miró fijamente y cuando iba a hablar el sonido del celular de la mujer sonó llamando la atención de ambos. Kagome buscó dentro de su cartera el aparato y suspiró cansinamente al ver que se trataba de su esposo.
– ¿No contestarás?. – indagó divertido y ella negó con la cabeza. – ¿Puedo contestar?. – preguntó entretenido. Kagome lo miró un segundo y sonrió al ver la expresión pícara del hombre.
– Si quieres. – concedió. Inuyasha tomó el teléfono y contestó.
– Hola. – musitó con voz "adormilada".
– ¿Quién eres y porque contestas el teléfono de mi esposa?. – indagó.
– ¿Eres Sesshomaru?, feh, porque llamas tan temprano. – musitó sin contestar las preguntas del mayor.
– ¿Estás con Kagome?. – indagó con voz monótona.
– Si, aunque ella ahora duerme, tuvimos una noche algo agitada. – musitó. Kagome lo miró con el rostro perplejo.
– Entiendo, dile que…– musitó.
– No soy tu secretario llámala más tarde para decirle lo que quieras. – musitó finalizando la llamada antes de reír a carcajada. La mujer se sintió un poco feliz y respaldada por lo que sonrió levemente.
– Gracias. – susurró.
– Feh. – masculló mientras escribía algo en el celular de la mujer. Kagome miró anonadada la pantalla cuando éste le pasó el aparato.– No vuelvas a exponerte como ayer, si quieres hacer sufrir a Sesshomaru, yo siempre podre ir donde quieras, solo llámame y estaré ahí. – aseguró sonriéndole. Kagome miró el número del teléfono y sonrío por el nombre MI JUGUETITO, simplemente guardo su teléfono en su cartera y asintió.
– Me voy. – susurró y él asintió mientras se paraba para acompañarla hasta la puerta.
– Cuídate. – susurró el hombre antes de cerrar la puerta.
Kagome no se sentía preparada aún para enfrentar por segunda vez a su esposo, la noche anterior había tomado un coraje que no sabía tener, pero su esposo se había encargado de aplastar ese sentimiento hasta volver a dejarla como la temerosa Kagome.
Bajó del taxi y suspiró cansinamente al ver su edificio, se dio ánimos internamente ya que sabía que su esposo era un viciado del trabajo por lo que era probable que hubiese ido a trabajar o eso ella rogaba ya que tomaría sus pertenencias más importantes y se mudaría como ya lo había decidido.
Abrió la puerta y suspiró aliviada al no ver a nadie en la cocina, caminó despacio rumbo a la habitación y con suma cautela abrió la puerta y sonrió aliviada al notarla vacía por lo que ingresó. Suspiró al ver la cama desarreglada, con odio juntó la manta y las sábanas los hizo una bola y los lanzó al suelo, extrañamente se sintió liberada.
Abrió la puerta del ropero tomando una valija y buscó sus documentos personales, ropa interiores camperas y todo lo que pudiera servirle momentáneamente, lo guardo descuidadamente en la maleta, cerró la maleta y colocó su cartera sobre este, miró la cama con cierto pesar y suspiró mientras recordaba los pequeños buenos momentos que había vivido con Sesshomaru.
Estaba tan ensimismada que no notó el momento en que su esposo abandonó el baño y la miró sorprendido. Solo pudo reaccionar cuando el hombre la empujó por lo que cayó sin gracias alguna sobre la cama, iba a protestar si su esposo no se hubiera subido sobre su cuerpo en una pose por demás sugerente que le sacó el habla.
– Volviste. – musitó sorprendiendo a Kagome y más al percibir el aroma alcohol en su aliento. – Pequeña y provocativa esposa, veamos qué es lo que le gusta tanto a mi hermanito, hazlo conmigo y si eres realmente buena en ello te daré un premio. – musitó colando su mano bajo el pullover.
Continua…
Hola, Hola, quiero decirles que amo sus comentarios largos, en verdad los amo, es fascinante leer lo que piensan son mi musa, por eso alargué un poco más este capítulo.
Estoy extasiada pues siento que el fic les está gustando, yo estoy disfrutando mucho escribiéndolo, gracias por su apoyo, hacen que cada día me sienta inspirada y feliz.
Las Quiere.
Mizune - Mei
