JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 9
Kagome quedó quieta por un segundo, pero al sentir la cálida mano sobre su seno desnudo gimió complaciendo al hombre.
– Buena chica. – susurró, entonces la mujer reaccionó al recordar que horas antes, en la misma cama había tomado a otra, por lo que todo su ímpetu se extinguió.
– Aléjate. – musitó tétricamente.
– Pórtate bien, solo quédate quieta, yo haré todo. – aseguró en un gemido antes de lamer los labios femeninos logrando que la mujer suspirara, aún con el sabor del alcohol presente eso se había sentido bien, más cuando lo acompañó pellizcando uno de los sensibles pezones.
– Tú, estuviste con kagura, no quiero que me toques. – gimió la mujer. Mientras cerraba los ojos, aún cuando ella quiso hacerlo sonar como un reproche, se escuchó como un susurro.
– Tú también lo hiciste con el bastardo de Inuyasha, así que no puedes reclamarme, ahora solo debes hacerlo también conmigo, eres mi esposa. – susurró. Kagome lo empujó por el pecho intentando recobrar la cordura, pero la voz del hombre y su toque era tan delicioso que la hacían flaquear.
– Sesshy ¿te gustaría que hagamos un trío o prefieres que me vaya?. – la frase dicha con voz femenina heló la sangre de Kagome quien desvió el rostro apreciando la figura femenina vistiendo una bata. Mejor dicho "su bata", lo que la hizo volver a la realidad. – No me importaría, si te excita podemos hacerlo. – ofreció sacándose la bata y acercándose a la cama completamente desnuda.
– ¡Kya!. – gritó Kagome empujando con todas sus fuerzas a su esposo. Se apartó completamente sonrojada. – Yo…yo…me iré de la casa, avísame cuando esté listo el divorcio. – tartamudeó antes de tropezar con la maleta la que tomó con torpeza al igual que su cartera para luego caminar rumbo a la puerta.
– Mientras no esté listo el divorcio no puedes volver a acostarte con Inuyasha. – musitó antes que ella saliera completamente de la habitación.
– ¡Yo haré lo que quiera, ahora mismo lo llamaré para vernos en el motel, tú no puedes detenerme ni exigirme nada, maldito arrogante!. – gritó. Antes de salir de la habitación. Sesshomaru la siguió enojado.
– No me provoques Kagome, cuando nos divorciemos puedes hacer lo que quieras con tu cuerpo pero mientras seas mi esposa, no. –musitó.
– Quiero ver cómo me detienes. – desafió antes de caminar rumbo a la salida. Corrió rumbo al ascensor al sentir la imponente figura de su esposo seguirla y agradeció cuando las puertas se cerraron. Buscó desesperada su celular en la cartera y llamó a Inuyasha.– Contesta por favor. – susurró. Cuando las puertas se abrieron corrió rumbo a la salida del edificio y luego por las calles, agradecía el hecho de que había tomado una valija con rueditas, pero de todas formas su corazón latía por la euforia.
Disco nuevamente mirando a sus espaldas rogando por que su esposo en verdad no la hubiese seguido pero como siempre su suerte no era buena, el hombre la había visto y corría en su dirección.
– Por favor, contesta. – rogó pero nuevamente el buzón desvió la llamada. Corrió dos cuadras más y al ver un taxi bajando a una pareja de ancianos se sintió aliviada y corrió en dirección a este. – por favor ayúdeme alguien me persigue. – musitó.
– Sube. – musitó el hombre.
Kagome lanzó la maleta sobre el asiento aún estando prohibido, pero el hombre no objetó nada e inició la carrera. Sesshomaru maldijo por lo bajo al ver el taxi alejarse y decidió caminar hasta el apartamento para tomar las llaves de su vehículo.
–Inuyasha, dije a Sesshomaru que iría al Motel, por favor veámonos ahí, estoy asustada. – escribió y envió el mensaje. Marcó como leído pero la contestación tardó un poco.
– Ahora estoy algo ocupado, iré en cuanto pueda. – el mensaje logró que los ojos de la mujer se llenaran de lágrimas. Por lo que cuando el taxista pidió la dirección Kagome dudó un poco pero luego dio la dirección correcta; el taxista suspiró hastiado mirando el motel y se sintió estafado por un segundo, pero al ver la propina que la mujer le dejó no volvió a renegar.
Kagome corrió rumbo a la recepción y Jakotsu la miró enojado.
– Qué, ¿tanto te gusta mi paraíso que ahora quieres quedarte hospedada?. – indagó irritado.
– Etto…no, solo quiero la misma habitación que la otra vez, solo será por algunas horas. – aseguró.
– La otra vez se lo preste a mi Inuyasha, pero a ti bruja no puedo prestártelo, además después de todo lo que pasó ayer, lo que menos quiero es ver tu cara, casi lograste que mi Inuyasha se enojara conmigo. – musitó con voz grotesca.
– Pagaré por ella. – aseguró la mujer. Jakotsu la miró rebuscar en su cartera y pronto miró la tarjeta que era ofrecida.
– Esa habitación cuesta quinientos dólares por día, ¿estás segura que quieres pagar por ella?. – indagó subiendo un poco el precio mientras miraba la tarjeta.
– Si, cóbralo por favor. – susurró. Solo quería irse de ese lugar y encerrarse en la habitación.
– ¿Entrarás sola?. – indagó.
– Alguien más vendrá luego. –musitó segura. Jakotsu tomó la tarjeta y cobró por la habitación.
– Eso. – susurró Kagome mirando en la mesada de Jakotsu el "regalo" de Inuyasha. – Es mío. – agregó en un susurro. Jakotsu la miró por un segundo.
– Lo encontré la otra vez, pensé que era de mi ángel, pero si es tuyo, ush que asco, tómalo. – musitó lanzándole sobre el mostrador, logrando que el rostro de la mujer adquiriera todos los colores posible.
– No…yo…solo…solo. – tartamudeó.
– Guárdalo de una vez. – ordenó Jakotsu antes de a regañadientes musitar un "sígueme"
Kagome tomó el objeto y lo guardó en su cartera, mientras observaba a ambos lados, como si estuviera hurtando algo y siguió al hombre cuando este la guió nuevamente hasta el lugar.
La mujer se sentó en la cama y suspiró cansinamente mientras observaba la puerta, los minutos pasaron lentamente mientras su mirada se alternaba entre la puerta y la pantalla de su celular.
– En que pensabas Kagome. – susurró releyendo el mensaje que había enviado a Inuyasha.
Se recostó sobre la cama y cerró los ojos intentando por todos los medios relajarse, pero el sonido del pomo de la puerta le alertaron por lo que abrió los ojos y se incorporó sentándose; al instante su rostro reflejó el terror que sentía al ver la expresión lúgubre en el rostro de su esposo.
– Así que aquí es tu nidito de amor. – musitó acercándose peligrosamente.
– Yo…– fue lo único que pudo decir la mujer, la imponente figura de su esposo normalmente la intimidaba y en ese momento ella estaba aterrada y ni siquiera sabía por qué.
– Sal Kagome, te dije que no podrás acostarte con Inuyasha ni con ningún otro hombre hasta que esté listo el divorcio. – sentenció.
– Yo…haré lo que quiera, eres tú el que debe marcharse. – musitó. – Inuyasha está por llegar. – agregó intentando sonar segura, pero sus labios temblaron.
– No me provoques Kagome, te conviene hacer lo que te digo. – aseguró acercándose y en un segundo ya estaba a centímetros de la mujer.
Toda la conversación retumbaba en los parlantes, pero eso parecía no importarle a "la pareja" que se miraban desafiantes.
– Vuelve con esa mujer y déjame en paz. – musitó.
– Deja de jugar y hazme caso. – ordenó tomándola con fuerza del brazo.
– ¡Suéltame!. – gritó la mujer retumbando en la habitación como un eco el grito. Kagome gimió al sentir el fiero empujón y luego el cuerpo del hombre presionarse sobre el suyo.– Aléjate. – pidió pero su cuerpo le traicionó cuando él comenzó a succionar la piel de su cuello. Cuando él la besó ella se perdió en las gratas sensaciones, pero al escuchar la puerta ser abierta nuevamente finalizó el beso inmediatamente y lo empujó con fuerza. Sesshomaru se incorporó y pronto se sentó en el borde de la cama mirando con una expresión "imperturbable"
– Siento que hayas tenido que venir, mi mujer ya no te necesita. – aseguró.
– Keh, creo que eso debería decírmelo ella. – musitó Inuyasha mirando el cuerpo de la mujer que se mantenía acostada.
– ¡Vete!. – gruñó Sesshomaru.
– Ella me llamó, así que a menos que ella me pida que me vaya, yo me quedaré a complacerla. – aseguró.
– ¿Cómo te atreviste a hacerlo con mi esposa?. – indagó intentando mantener su voz invariable.
– No lo hagas ver como un sacrificio, ella es hermosa y desnuda lo es aún más. – musitó. Kagome se sonrojó por la frase, aunque fuera mentira. Eso logró hervir la sangre de Sesshomaru quien se paró y con parsimonia caminó en dirección al hombre, este simplemente sonrió ladinamente. Un segundo después de la sonrisa los golpes y patadas fueron lo imperante en la habitación.
– No pueden hacer eso, hay no, molestarán a mis invitados. – chilló Jakotsu ingresando en la habitación. – Sepárenlos. – ordenó a cuatro hombres que ingresaron en la habitación y separaron a los dos hermanos. Quienes estaban eufóricos por lo que seguían removiéndose mientras intentaban acertar algún golpe al contrario.
– Jakotsu diles que me suelten. – gruñó Inuyasha.
– Lo siento cariño, pero te has portado mal, no me gustan los disturbios y las peleas en mi paraíso. – musitó eufórico.
– Feh, entonces saca a Sesshomaru, es él quien vino sin ser invitado. – gruñó.
– Yo estaba bien con "mi esposa", e Inuyasha ingresó, es él quien debe irse. – aseguró Sesshomaru remarcando su "posesión" sobre la mujer.
– Tsk, tu esposa, pensaste poco en eso mientras te follabas a tu secretaria. – gruñó.
– Eso es algo que no te importa, yo lo solucionaré con mi esposa, ahora vete y no vuelva a buscarla. – gruñó Sesshomaru.
Jakotsu miraba entre enojado y excitado la pelea entre los hermano, pero su lado de "anfitrión" pudo más.
– Cliente, iuju, con quien te quedarás y a quien deberemos sacar de la habitación, dijiste que alguien vendría, no se a quien esperabas. – musitó con voz extremadamente afeminada y complaciente. Kagome tragó duro su corazón latía debocado, millones de sentimientos inundaban su ser, por lo que cuando el hombre le hizo esa pregunta quedó muda por un segundo.
– A Sesshomaru. – susurró con un hilo de voz. Inuyasha la miró de reojo y suspiró resignado.
– keh, entonces me voy. – gruñó. Sesshomaru sonrió socarrón lo que lastimó el ego de Inuyasha.
– Quiero que saquen a Sesshomaru. – se explicó la mujer sorprendiendo a todos, principalmente a ambos hermanos que la miraron perplejos.
– Lo siento hermano, creo que tu mujer sabe reconocer un buen sexo. – musitó mientras el mayor era jalado por los cuatro hombre hacia afuera de la habitación.
– Que disfruten. – susurró Jakotsu antes de suspirar cansinamente y cerrar la puerta. Inuyasha se acercó a la puerta y puso la tranca recién ahí la mujer pudo respirar más tranquilamente.
– Hola ¿Me extrañaste?. – indagó levantando una ceja. Kagome asintió mientras lágrimas surcaron su rostro.
– Hazme el amor, necesito sentirte por favor. – musitó la mujer e Inuyasha amplió sus ojos impactado. Por un segundo creyó que aquello ya no era un juego.
– Desnúdate. – musitó el hombre con voz sensual. Kagome quedó quieta mientras lo observaba.
– ¿Está bien así?. – indagó sin mover ni un musculo, lo que alivió nuevamente al hombre al comprender que el juego seguía.
– Hazlo más despacio, déjame disfrutarlo. – pidió. La mujer se volvió a recostar sobre la cama, mientras cerraba los ojos e intentaba recrear la escena que sus bocas narraban. – Eres tan hermosa. – susurró logrando que el corazón de la mujer duplicara sus latidos.
– Mmm…extrañé sentir tus manos, ahhh. – gimió la mujer e Inuyasha la miró pasmado aun estando de pie al borde de la cama.
– Es solo un juego, no puedes confundirte. – se recriminó en pensamientos al sentir el primer tirón en su miembro.
– Ven aquí, déjame probarte. – pidió la mujer, él no podía reaccionar aún, ella había tomado el control y se sentía algo raro por lo que el hombre decidió actuar, se acostó sobre el cuerpo de ella arrancándole un gemido de sorpresa y que abriera sus ojos fijándolos en los del hombre.
– Hoy estás muy ansiosa. – gruñó presionando dos de sus dedos contra los carnosos labios femeninos ella sin pensarlo los succionó fingiendo como la vez pasada una felación. Inuyasha miró embelesado la forma en que la boca femenina succionaba y lamía sus dedos, era por demás erótica, por lo que su miembro dio otro tirón y el hombre gruñó. Mientras intentaba por todos los medio no rozar esa parte de su cuerpo por la mujer.
Los suspiros y gemidos de la mujer eran maravillosos por lo que sus gruñidos y jadeos no eran fingidos, estaba completamente excitado y eso era malo. – Para. – pidió el hombre jadeante y ella se detuvo permitiendo que sus húmedos dedos estuvieran libres.
Inuyasha acercó su cabeza al cuello femenino y aspiró el dulce aroma de la mujer quien se tensó.
– ¿Qué haces?. – susurró.
– Marco lo que es mío. – musitó el hombre antes de succionar la piel del cuello femenino. Un ronco gemido se escuchó en los parlantes mientras el hombre con rudeza profanaba la blanquecina piel. – Debemos dejar una prueba de nuestro encuentro apasionado. – susurro contra la oreja femenina.
– Por favor, no me tortures más. – rogó en un jadeo la mujer y él enderezó cabeza fijando su mirada en la femenina, notándola dilatada. Entonces asintió para darle a entender que iniciaba la segunda parte del juego.– Ahhh. – gimió la mujer cuando él simuló un lento vaivén. Se escuchó tan fingido que la mujer se sonrojó cuando él sonrió.
– Puedes gemir para mí. – pidió el hombre acercándose demasiado al rostro femenino Kagome suspiró y finalmente los gemidos se siguieron el ritmo y la intensidad de las "embestidas". – Ponte de cuatro. – gruñó el hombre y ella se sonrojó hasta las orejas y gimió cuando él se golpeó su propio cuello sin motivo aparente pero el sonido en el parlante la hizo sonrojar aún más cuando comprendió que simulaba ser.
– Inuyasha. – gimió la mujer sin saber por qué y eso logró que él la mirara con una nueva expresión que excitó aun más a la mujer. – Ahhh…espera…mmm…– gimió pronto los jadeos eran más profundos y roncos Kagome se sentía acalorada y muy húmeda. – Más…por favor no pares. – rogó ella. Inuyasha estuvo a punto de besarla al ver la boca entre abierta de la mujer y eso lo tenía loco. Era muy peligroso, deseaba absorber esos suspiros y jadeos por lo que se apartó de golpe quedando sentado al borde de la cama al sentir que eyacularía, no podía volver a hacer eso por lo que intentó recomponerse. Ella ya lo había besado la madrugada anterior, pero él no tendría que desear besarla, eso no estaba bien.
Aun debían continuar la historia pero estaba tan afectado que no sabía cómo seguir, sintió a la mujer subiéndose a horcadas sobre él, por lo que gruño mientras levantaba las caderas.
Ambos se sumieron en sus propias fantasías por lo que los jadeos y gemidos eran sonoros y estimulantes. Inuyasha soltó un gran gruñido al sentir su liberación y Kagome lo acompañó con un gritito ahogado.
– Kuso. – maldijo el hombre en voz baja abriendo los ojos y notando que el peso sobre sus piernas había sido solo su imaginación pues Kagome aún estaba acostada sobre la cama mientras intentaba regularizar su respiración. El hombre se paró y caminó en dirección al baño, con hastío se bañó y luego se vistió intentando borrar todo rastro. – Lo siento, pero ahora debo irme. – susurró; la mujer lo miró por un segundo y luego asintió dedicándole una suave sonrisa.
– ¿Estás bien?.– indagó y él la miró confundido.– ¿ no te lastimo?.– indagó preocupada analizándolo. Él sonrió ampliamente.
– Tsk, mi madre pega más duro.– bromeó y ella sonrió.
– Gracias por venir. – murmuró la mujer.
– Feh. – masculló rascándose el rostro en un gesto nervioso. – llámame cuando me necesites. – ofreció nuevamente.
– Gracias por el ofrecimiento, pero en verdad espero sea la última vez que te moleste. – susurró.
– Tsk ya veremos, puedo ser bastante adictivo. – musitó guiñándole el ojo la mujer sonrió y negó con la cabeza cuando el hombre abandonó la habitación. Ella aún no quería irse de ahí por lo que decidió tomar un largo y relajante baño, total había pagado por la habitación para el día completo.
Inuyasha gruñó al ver a su hermano recostado por su vehículo. Caminó más rápido hasta situarse frente a éste.
– ¿Que quieres?. – indagó bruscamente; el mayor lo miró de pies a cabeza con una expresión sombría.
– Deja de ver a mi esposa. – demandó.
– Feh, y si no lo hago ¿qué?. – musitó en tonó burlón.
– Hay cosas con las que no debes jugar, hermanito, esto que estás haciendo lo dejé pasar la primera vez; pero incluso lo hiciste una segunda, ¿crees que permitiré que haya una tercera?. – musitó con voz tétrica.
– ¿Y qué harás para evitarlo?. – indagó desafiándolo. – Yo la deseo y ella igual, creo que indudablemente habla una tercera y quizás hasta una décima vez, vendré todas las veces que "tu esposa" me llame. – agregó sonriendo socarrón.
– ¿Qué piensas que dirá nuestro padre al enterarse de esto?. – indagó. Inuyasha lo miró por un segundo serio pero pronto sonrió.
– Ahora recurrirás a papi, creo que ya estamos suficientemente grandes para solucionar nuestros asuntos solos, al menos yo que me crié sin su protección, sé que puedo ponerte la cara si te animas a golpearme nuevamente, pero si lo haces es mejor que estés preparado para recibir una respuesta. – musitó Inuyasha logrando que el mayor frunciera el ceño.
– Te lo diré una última vez, no vuelvas a buscar a mi esposa. – gruñó elevando la voz.
– Y yo te volveré a responder que la veré las veces que ella me llame. – desafió. Sesshomaru lo miró fijamente pronto limpió sus ropajes, en un gesto de indiferencia.
– Estás advertido. – musitó antes de alejarse rumbo a su vehículo.
– Keh. – masculló antes de subir a su auto.
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Inuyasha detalló su ropaje una última vez antes de bajar del auto, sonrió al ver el brazo levantado de la mujer que buscaba llamar su atención.
– Disculpen por favor por llegada tardía. – susurró antes de hacer una reverencia a sus suegros que lo miraron con una fingida sonrisa.
– No te preocupes, recién llegamos. – musitó la señora. Inuyasha se sentó a un lado de Kikyo y ella le sonrió.
– Mi hija ha estado hablando mucho de ti últimamente por lo que quisimos conocerte. – aseguró el hombre iniciando la conversación. Pero en su tono de voz Inuyasha pudo percibir claramente su desagrado. – Accedí a venir para decirte que te alejes de nuestra hija, no tenemos intenciones de aceptar su matrimonio. – expuso fríamente.
– ¡Papá!. – exclamó en un chillido Kikyo.
– Hija sabes que él no te conviene, no es un hijo legítimo. – susurró la mamá, pero fue captado sin dificultad por el hombre que suspiró profundamente.
– Por más que mi madre fue "una simple amante", eso no elimina el hecho que soy un Taisho, además me gustaría saber ¿qué hay de errado en mí, para que su hija no pueda casase conmigo?, soy joven, sano, y por sobre todo la amo. – aseguró.
– Ella merece mucho más que eso. – aseguró el hombre.
– ¿Cuánto más quiere para aceptar nuestro matrimonio?. – indagó elevando un poco la voz.
– Alguien como tú no puede darme lo que ella vale. – aseguró el hombre parándose y golpeando la mesa.
– Tengo entendido que usted maneja una empresa constructora que ha levantado con treinta años de sacrificio, pero ahora con tanta competencia no le va tan bien como antes. – expuso.– entonces que, ¿piensas utilizar a sus dos hijas para remontar su negocio, busca al mejor postor para dárselo?.– agregó con sorna.
– ¡No le permito que me hable así!. – gritó ofendido el hombre.
– Le ofrezco la construcción de mi nuevo proyecto, como la empresa constructora ganará lo suficiente, creo que hasta su afecto por mi subirá luego de ver sus ganancias. – musitó fríamente.
– Esta insinuando que para ganar la licitación y construir este lugar fantasioso, tendré que darle a mi hija. – gruñó.
– Es lo que ella desea también, solo usted se niega, entonces le estoy ofreciendo esto como la dote, un simple gesto de buena fe, y no tendría que entrar a licitación, lo aceptaría de inmediato. – aseguró sonriendo. El hombre molesto y refunfuñando se alejó del lugar.
– ¿En verdad usted construirá este lugar?. – indagó la señora interesada.
– Vivo en Kioto con mi madre, hasta ahora soy gerente general de dos de las cadenas de hoteles más importantes de esa ciudad. – musitó tomando su celular y exhibiendo las fotos. – Ahora estoy pensando construir un hermoso hogar para mi madre. – aseguró.
– ¿Pero esos hoteles son de tu padre?. – indagó.
– Ciertamente los hoteles pertenecen a la cadena de los Taisho, pero este nuevo proyecto será solo mío, costeado por los ahorros de toda mi vida. – expuso orgulloso.
– No te preocupes, hablaré con él, se ve que ustedes se aman, pero por ahora debemos irnos. – comentó la señora parándose. Kikyo también lo hizo y con una mano se despidió del hombre quien sonrió.
Horas después finalmente la azabache decidió salir de lugar, y al hacerlo inmediatamente se arrepintió al ver a Sesshomaru en la entrada, la mujer caminó unos pasos intentando irse sin que el hombre se percatara de ella pero él la miraba fijamente.
– Kagome. – llamó y la mujer no se detuvo; caminó arrastrando su valija. – Hablemos. – ordenó sujetándola del brazo.
– No tenemos nada más que hablar, vuelve al apartamento, ahí te espera tu nueva mujer. – gruñó intentando soltarse, al sentir las lágrimas que amenazaban con abandonar sus ojos.
– Hablemos, solo por unos minutos. – pidió nuevamente el hombre. Kagome se soltó bruscamente y continuó su camino. – Por favor. – lo escuchó rogar por primera vez por lo que sus ojos se abrieron exorbitantemente de la impresión.
Continúa…
Hola, hola, espero estén muy bien, estoy feliz pues pues pienso que llevo buen ritmo en las actualizaciones, espero poder seguir así y no hacerles esperar mucho.
Como siempre estoy muy agradecida por sus comentarios, amo leer lo que piensan, intentare subir el próximo capitulo este fin de semana o si me da el tiempo antes, en verdad me estoy esforzando jeje muchas gracias por alegrar mis días con sus hermosos comentarios.
Las Quiere.
Mizune- Mei.
