JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 10

Kagome jugaba nerviosa con sus manos bajo la mesa mientras observaba el rostro inexpresivo de su esposo.

– ¿Quieres comer algo?. – indagó el hombre intentando iniciar una conversación.

– Etto…lo que pidas está bien. – susurró, ya pasaba del medio día y estaba hambrienta, pero su estómago también estaba anudado por la incertidumbre.

– Entonces, ¿un café?. – ofreció y ella asintió aunque café no era exactamente algo para comer, ella suspiró complacida cuando la caliente taza fue tomada entre sus dedos.

– Etto… ¿sobre qué querías hablar?. – indagó finalmente la mujer con un tono de voz mucho más jovial de lo que hubiere planeado. Sesshomaru bebió un sorbo de su propia taza mientras la miraba fijamente.

– Eres cruel. – Susurró finalmente el hombre logrando una expresión incrédula en el rostro femenino.

– Nuevamente la víctima. – susurró la mujer ácidamente una vez que salió del asombro inicial. – Si soy cruel, ¿era todo lo que querías decir?, ¿ahora ya puedo irme?. – indagó parándose.

– Yo, me equivoque. – susurró, pero la mujer lo escuchó claramente por lo que sus ojos se ampliaron nuevamente y tuvo que sentarse al sentir sus piernas flaquear.

– ¿En qué te equivocaste?. – susurró la mujer curiosa e inquieta.

– Desde el inicio todo fue incorrecto y lo sabes. – musitó. Kagome agachó la cabeza dándole razón. – Yo, pensé que aún no era el momento, que aún no estabas lista, nunca pensé que te acostarías con otro antes que conmigo. – agregó y la mujer sintió su corazón en la garganta.

– Yo…hace mucho tiempo que busque, yo…intenté. – susurró en su defensa.

– Por eso me equivoqué, pensé que el trauma aún era demasiado para ti, no quería volver a hacerte llorar. – susurró.

– Yo…– susurró impactada.

– No sabes cómo me estabas enloqueciendo con tus toques e insinuaciones, no sabes cómo anhelaba cumplir tu fantasía, cada noche enloquecía al dormir a tu lado sin poder tocarte. – confesó y la mujer sintió todo su cuerpo temblar, pensaba que estaba alucinando, ni en sus mas locas fantasías hubiera soñado escucharlo decir eso.

– Entonces… ¿Por qué me rechazabas?. – susurró la mujer cabizbaja. Ambos se sumieron en un incómodo silencio hasta que el hombre soltó un suspiro cansado.

– El bebé. – susurró y los ojos de Kagome se llenaron de lágrimas.

– Sabía que aún me odiabas por eso. – susurró. – Yo…yo en verdad si lo quería. – gimió al tocar una herida que aún sangraba.

– No quería que volvieras a llorar, no quería lastimarte más. – confesó el hombre. Nunca antes habían hablado después del aborto espontaneo; Kagome se había sentido culpable todo ese tiempo.

– Yo…sabía que solo te casaste conmigo por el bebé. Recuerdo que dijiste que ningún hijo tuyo sería un bastardo. – susurró y Sesshomaru suspiró antes de beber un sorbo de su café.

– Vuelve a casa Kagome. – pidió finalmente el hombre, terminando con la conversación anterior de aún era una fibra sensible para ambos.

– Yo…no creo que…– susurró agachando la cabeza.

– Terminaré todo con Kagura si tu estas dispuesta a terminar también tu aventura. – ofreció y la azabache tembló ligeramente.

– Yo…yo…– gimió sin saber que más decir.

– Intentémoslo Kagome, olvidemos todo lo que ha pasado y probemos vivir bien. – susurró.

–¿ Por qué?. – indagó rogando escuchar las palabras que por dos años había soñado.

– Eres mi esposa, las esposas siempre deberían ser la prioridad. –musitó, era una retorcida manera de decirle que era más importante que su aventura, pero eso no fue suficiente para la mujer que ya estaba cansada.

– Lo pensaré. – susurró. – gracias por el café. – agregó parándose y tomando su cartera y su maleta.

– ¿Qué harás ahora, donde piensas ir?. – indagó el hombre fingiendo indiferencia.

– Aún no lo sé, pero no te preocupes, puedes estar tranquilo en el apartamento con esa mujer, no me apareceré por ahí. – aseguró antes de comenzar a caminar. Sus piernas temblaban mientras caminaba lentamente; en su mente rogaba un último intento, si la retenía y le decía las palabras que había fantaseado, podría olvidarlo todo e intentar ser feliz.

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Inuyasha se lanzó sobre el sofá sonriendo feliz; aún recordaba la reunión que había mantenido dos días atrás con sus "suegros".

Papá aún está muy molesto, creo que ya no podremos vernos, ¿por qué no fuiste más tolerable?. – El hombre miró en la pantalla del teléfono el mensaje de Kikyo y eso solo logró que su sonrisa se ampliara; apenas había hablado con el padre de Kikyo había leído la clase de persona que era, por lo que si sus instintos no le fallaban, pronto tendría una respuesta.

No contestó el mensaje y simplemente se dedicó a releer los mensajes de Kikyo sonriendo. Pronto la imagen de la azabache llegó a sus recuerdos y sin planteárselo, estaba releyendo los textos enviados dos días atrás.

"Por culpa de la mujer" había llegado tarde a su cita con sus suegros, en verdad su plan inicial había sido ir a la reunión y luego pasar por el motel, pero antes de darse cuenta había estacionado frente al local, entonces había optado por ver si la mujer estaba bien, gran error.

– ¿Estará bien?. – Se preguntó. Después de salir del Motel, ya no había contactado con la mujer y esta tampoco lo había hecho.– Oe, ¿Estas viva?. – tan pronto escribió el mensaje y lo envió se arrepintió y más cuando la respuesta no llegó.

El hombre se paró y decidió acostarse, era tarde por lo que se dirigió a la cama y se cubrió con la manta, faltaban cuatro días para año nuevo y luego él debería regresar a Kioto junto a su madre. Suspiró frustrado mientras miraba la hora, pasaban de las 11:00 p. m por lo que se sorprendió.

– Eres un estúpido, que pensará Kagome al leer tu mensaje mañana. – susurró cubriéndose el rostro con la almohada. Cuando estaba por conciliar el sueño escuchó el sonido que anunciaba la llegada de un mensaje, por lo que sin proponérselo, tomó su celular más rápido de lo que hubiera querido.

¿Inuyasha?, si estoy viva ¿Por qué?, solo estaba bañándome, hace mucho frío XD. – contestó la mujer. Inuyasha miró que había tardado más de media hora en contestar pero lo había hecho.

Solo pensé que Sesshomaru podría haberte hecho algo, ya sabes, cómo no me contactaste más. – escribió el hombre prontamente mientras se acostaba boca arriba.

Ahhh…gracias por preocuparte, estoy bien, estuve buscando un lugar para alquilar, finalmente hoy lo encontré, pero lamentablemente tengo que empezar de cero. – Inuyasha leyó el mensaje.

¿Hoy lo encontraste?, ¿entonces donde estuviste estos dos días?. – escribió.

En un hotel, pero ya no quería estar ahí, demasiado frívolo, por lo que alquilé un pequeño apartamento, es acogedor y tiene una linda vista. comentó.

Hump, ¿entonces ya no vivirás con Sesshomaru?. – indagó y tan pronto envió el mensaje se arrepintió, lo que la mujer hacía con su vida no era su incumbencia.

Sabes, Sesshomaru me dijo que terminaría su aventura si volvía con él y terminaba también con mi "aventura", jeje. – Inuyasha sintió un malestar al leer el mensaje, algo que ni él supo explicar.

¿Entonces por eso dejaste de contactarme?, ¿ya no me necesitas?. – indagó. La respuesta no llegó y el hombre al releer el mensaje se dio un golpe mental. – ¿Qué fue eso?. – susurró mientras releía la conversación. Estaba muy avergonzado por lo que guardo el teléfono bajo la almohada.

Aun te necesito, ¿podrías ayudarme con los muebles que debo comprar?. – escribió la mujer pero no lo envió, lo borró prontamente. – No quería incomodarte más. – escribió y lo dejó en la pantalla pero no lo envió simplemente se acostó sobre el suelo apoyando su cabeza sobre la "almohada improvisada" que había hecho con sus ropas y toalla. Releyó todos los mensajes y sonrió feliz, por un segundo se sintió acompañada.

Inuyasha se desperezó en la cama y tan pronto recordó su error de la noche anterior se sintió avergonzado, miró su celular y para su sorpresa había un mensaje nuevo.

Buen día, gracias por tus mensajes de ayer, hiciste que no me sintiera tan sola. – eso logró que el hombre se sentara sobre la cama y lo releyera tres veces, en la primera y segunda leída tuvo un tinte demasiado sexual y provocativo pero ya al releerlo más lúcido notó la sensibilidad en las palabras.

¿Qué haces?. – indagó sin pensarlo.

Etto…, estoy comprando algunas cosas que necesito para mi nuevo apartamento. – escribió la mujer.

¿Puedo verte?. – indagó.

¿Ahora, pasó algo?. – contestó la mujer y el hombre maldijo por lo bajo.

Solo era broma. – escribió. Kagome miró el mensaje y sonrió.

Deja de jugar, ahora estoy algo ocupada, deberé cargar mucho. – escribió como pudo la mujer y pronto guardo el celular en su cartera. Escuchó el sonido del mensaje y su curiosidad pudo más por lo que lo tomó nuevamente.

Déjame ayudarte, ¿Dónde estás?. –. Ella lo tomó como una nueva broma así que sin dudarlo compartió con el hombre su ubicación.

Kagome tembló al ver al hombre ingresar a la tienda donde estaba. Tan pronto caminó en su dirección tubo el infantil deseo de correr. Pero se abstuvo de hacerlo.

– Hola. – saludó el hombre al llegar frente a esta y ella simplemente susurró un hola en respuesta.

– Etto…en verdad viniste. – susurró sin saber que más decir.

– Keh, pensé que necesitabas ayuda. – musitó el hombre.

– Hai, ya subieron al camión todos los muebles que compré, solo me faltan las ropas de cama y las cortinas y será todo. – susurró. El hombre asintió y ella comenzó a caminar, siendo seguida de cerca por él.

– Estas se ven bien. – señaló el hombre un juego de cama color rojo con negro, la mujer sonrió y negó con la cabeza.

– Mi decoración será en tonos claros, debe ser uno de color rosa o blanco. – susurró. Inuyasha asintió.

– ¿Estas te gustan?. – indagó mostrando una color rosa vieja con diseños de muñecos de nieve color blanco.

– Es perfecto. – susurró la mujer conmovida. Inuyasha sonrió de lado, mientras tomaba el juego completo, había sido una broma, pero al ver los ojos brillantes de la mujer comprendió que habían sido del agrado femenino, y si ella era feliz pues él no tenía nada que decir, aunque le parecieran demasiado infantiles, se guardó sus opiniones.

Inuyasha desde lejos vio una cortina que hacía juego por lo que guió a la mujer en dirección a ésta. Kagome sonrió al ver las cortinas blancas con relieve de copos de nieve, feliz miró al hombre y éste le devolvió la sonrisa.

– Sesshomaru será muy feliz cuando reciba el extracto de tu tarjeta. – musitó con una expresión sádica y Kagome levantó los hombros en señal de indiferencia, mientras pagaba por todas las compras.

Apenas llegaron al apartamento Inuyasha supo que había sido una muy mala idea ofrecerse para el trabajo; Kagome había comprado demasiado: un juego de sofá, un televisor, una cama, una heladera, arrocera, cocina, cubiertos, incluso un ropero y una cómoda, sin olvidar de la mesa, que tenía innecesariamente cuatro puestos. Y pues a eso agregarle las cortinas y el juego de sábanas que ya no eran más que la cereza que decoraba la jungla de muebles que cubrían el pasillo y que "amablemente", los hombres de la tienda habían bajado hasta ese lugar.

– Creo que me excedí un poco, no creo que entre todo. – susurró la mujer nerviosa.

– Tendrá que hacerlo, iniciemos. – susurró dándose ánimos; de a poco y con mucho trabajo los muebles fueron ingresados en el lugar. Kagome miraba maravillada cada nuevo cambio y aunque estuviera exhausta ya que ella también cargaba, estaba feliz, por primera vez en años se sentía libre.

– ¿Pedimos algo para comer?, muero de hambre. – susurró la mujer acercándose por la espalda al hombre que estaba empotrando a la pared el gran televisor. Él simplemente asintió y la mujer sonrió feliz corriendo rumbo a su teléfono.

Cuando la comida llegó ambos se sentaron en la mesa que ya estaba instalada y Kagome sirvió las fuentes. La sopa aún estaba humeante y los demás aperitivos se veían deliciosos, por lo que Inuyasha agradeció por la comida y comenzó a comer.

– No sé en que estaba pensando, sin tu ayuda hubiera sido echada de este lugar por obstaculizar el pasillo. – susurró agradecida.

– Feh, seguro habrían muchos hombres que quisieran ayudarte. – musitó.

– Si, siempre hacen fila en mi puerta, pero yo solo pienso en ti. – susurró bromeando al pensar que la frase anterior había sido en burla. Inuyasha dejó de comer y la miró fijamente incomodándola.

– No hagas esto, yo…yo amo a mi novia, hoy solo quise ayudarte. – musitó tartamudeando débilmente.

– Lo sé, yo también amo a mi esposo, solo estaba jugando. – aseguró sonriendo mientras llevaba una cucharada de arroz a la boca. Inuyasha miró la expresión despreocupada y se relajó prontamente.

– Ahora que ya comí me dio pereza, y aún falta meter el ropero y la cómoda. – comentó con pesar. Kagome se paró y recogió la basura que había quedado, mientras sonreía.

– No olvides que faltan también colocar las cortinas y la ropa de cama. – anunció.

– Ese será tu trabajo, señora. – aseguró y Kagome sintió un extraño calor en su pecho al escuchar esa frase.

– Hai. – susurró débilmente.

Los arreglos continuaron hasta después de la tres de la tarde, agotados ambos se lanzaron sobre el nuevo sofá riendo al escuchar el sonidito del hule que no habían sacado aún.

– Gracias. – musitó nuevamente la mujer sonriendo al observarlo sudado en pleno frio, lo había hecho esforzarse mucho. – ¿Quieres tomar una cerveza?. – ofreció.

Inuyasha hubiera contestado si el sonido de una llamada entrante no lo hubiere asustado.

– Discúlpame, debo contestar. – susurró y ella sintió. – Hola, no, ahora no estoy por mi apartamento ¿qué sucedió?. – escuchó Kagome la conversación. – Ah…enserio, entonces iré en unos minutos, si nos vemos ahí. – musitó el hombre feliz. Kagome se encogió en su asiento.

– ¿Te vas?. – indagó cuando el hombre se paró.

– Si, debo irme, dejaré como un pendiente ese ofrecimiento, es lo mínimo que merezco por haber destrozado mi espalda. – aseguró y la mujer asintió sonriéndole agradecida.

Apenas Inuyasha salió del lugar Kagome suspiró profundamente mientras miraba su nuevo hogar, era muy bonito y ella estaba muy feliz, aún le faltaban los detalles por supuesto, por lo que decidió salir a buscar víveres, no podría pedir comida todos los días, no cuando había comprado heladera, cocina y arrocera nueva que ella moría por estrenar.

Kagome llegó a su apartamento cuando ya era de noche y sonrió feliz al ingresar en él.

– Tadaima. – susurró aunque sabía que nadie iba a responder. Acomodó los víveres en la heladera mientras pensaba que podía hacer para cenar, algo calentito ya que con el frío que hacía antojaba algo cálido. Como estaba sola optó por preparar un delicioso y exprés ramen y mientras removía los fideos escuchó el sonido de un mensaje. Con ilusión tomó el aparato esperando saber noticias de Inuyasha pero el remitente la sorprendió.

Acompáñame mañana a una cena, quiero que todos conozcan a mi esposa, dame una oportunidad. – el mensaje lo tubo que releer diez veces antes de aceptar que en verdad Sesshomaru lo había enviado.

– Ohh…kami, ¿qué le contesto, sí o no?. – susurró emocionada apagando la comida y sentándose en la mesa con la olla. – Si le digo si, pensará que he aceptado el trato y que volveré con él, pero si digo que no, querrá decir que ya no quiero pelear por nuestro matrimonio y eso no es así. – pensó mientras comía un bocado grande del fideo ya que estaba ansiosa. – Déjame pensarlo. – respondió cortante mientras nuevamente una gran cantidad de fideo ingresaba en su boca.

No te estoy pidiendo que vuelvas a casa, solo te pido una noche, compartamos una cena como un matrimonio, será en una fiesta, ni siquiera estaremos solos, no temas. – el mensaje la intrigó, ella siempre había querido acompañar a su esposo a las cenas de negocio, quería estar a su lado, cuando interminables noches desaparecía por concurrir a una de esas fiestas.

Está bien, pásame la dirección y la hora, nos veremos ahí. – aseguró la mujer.

Te lo paso en unos minutos, buenas noches. – la respuesta logró que el corazón de Kagome diera un vuelco, estaba emocionada y ansiosa.– Sin dudas será muy divertido, veremos cómo reaccionas al saber que se celebra en esta fiesta. – comentó el hombre sonriendo ampliamente mientras agitaba la invitación.

Continua…

Hola, hola, espero que estos días hayan estado muy muy bien, bueno no tengo mucho más que decir solo que estoy feliz y muy inspirada gracias a su apoyo, espero poder seguir así. XD

Michell con gusto te ayudo pero si tienes una cuenta en FF me envías un mensaje privado PM y por ahí te ayudo en lo que pueda. No ocupo facebook lo siento.

Espero como siempre pasen un rato agradable y a todos una vez más gracias, por estar ahí y leer lo que escribo.

Las quiere.

Mizune – Mei.