JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 11
Kagome estaba acostada en la cama, ya pasaba de la media noche, pero no podía dormir, estaba emocionada por la fiesta que sería el día siguiente, necesitaba contarle a alguien para poder menguar su ansiedad, pero no tenía amigas a quienes llamar.
– En verdad muchas gracias por la ayuda, espero tu espalda no sienta todo el esfuerzo y puedas dormir bien. – envió el texto. Inuyasha estaba durmiendo pero entre sueños escuchó el timbre por lo que buscó el celular y leyó el mensaje.
– Lo intentaré. – escribió mientras se sentaba y frotaba sus ojos. – ¿Tu estas bien?. – indagó.
– Si, algo adolorida, pero bien. – escribió, quiso comentarle lo de la salida con Sesshomaru, pero no lo creyó correcto al final. – Solo quería asegurarme que estás bien y decir gracias, ahora dormiré, que descanses. – agregó rápidamente.
– Keh. – musitó el hombre sonriendo. Estaba emocionado, por un segundo deseó comentar a la mujer lo que había sucedido esa tarde luego de abandonar su apartamento, pero algo le impidió hacerlo.
Flash Back.
En el mismo café de días anteriores, pero con una imagen muy diferente lo esperaban tres personas, esta vez, todos sonreían ampliamente.
– Inuyasha Hijo, siéntate. – musitó la mujer con una melosa voz. Inuyasha saludó respetuosamente y luego se sentó.
– Mi hija habló mucho estos dos días, dijo estar muy enamorada y que su mayor deseo es casarse con usted. – comentó el hombre Inuyasha entonces sonrió. – Yo, quiero que mi hija sea feliz así que consentiré esto, pueden casarse. – agregó.
– Como los noté tan emocionados ya me encargue de alquilar el salón, y hacer los preparativos; hoy mismo fueron enviadas las invitaciones ya que la fiesta de compromiso será mañana, puesto que Kikyo me comentó que después de año nuevo vuelves a Kioto, entonces es mejor hacer la fiesta de compromiso antes de irte y el matrimonio en dos meses aproximadamente. – explicó la mujer sonriendo ampliamente. – ¿O tienes alguna objeción?. – indagó mirando al hombre.
– Ninguna. – aseguró. – cuanto antes mejor. – agregó.
– Sobre lo que hablamos la otra vez, ¿sigue en pie?. – indagó el hombre.
– Claro "padre", yo siempre cumplo mi palabra. – aseguró sonriendo.
– Bien, entonces no vemos mañana. – musitó el hombre parándose y siendo seguido por las dos mujeres.
Inuyasha suspiró mientras observaba las dos invitaciones que le había entregado "su suegra" y decidió que lo mejor era entregarlo ese día, pues sería descortés entregarlo el mismo día del compromiso por lo que condujo en dirección a la casa de su padre.
Al llegar frente a la gran residencia tragó duro, odiaba entrar en ese lugar, se sentía sofocado al sentir las miradas de Irasue, y al escuchar sus hirientes comentarios se sentía enfermo, pero debía hacerlo.
– Buenas noches padre, disculpa que lo moleste a estas horas. – saludó cuando éste le abrió la puerta. Aún no tarde de hecho recién empezaba la noche, pero por la mirada de Irasue el siempre se sentía fuera de lugar.
– Hola hijo, pasa, no es molestia, siempre es bueno verte. – musitó después de abrazarlo. Inuyasha correspondió al abrazo y pronto ingresó en el averno. – Buenas noches señora. – saludó "respetuosamente". Ella correspondió del mismo modo a su saludo y los tres se dirigieron al recibidor. Inuyasha entonces acercó la invitación al hombre mayor.
– Padre, mañana será mi compromiso, y he venido a invitarlos. – comentó sonriendo feliz por primera vez desde que llegó.
– Desapareces desde navidad y luego vienes con esta noticia, si que eres mi hijo. – comentó orgulloso mientras tomaba feliz la invitación. – ¿Has invitado a tu hermano?. – indagó e Inuyasha se sobresaltó levemente.
– Aún no. – susurró. La verdad no tenía intenciones de hacerlo, es más no lo haría, no quería ver a su arrogante "hermano", pero por sobre todo no quería que Kagome se enterara aún.
– Déjame una invitación yo se lo entregaré. – pidió su padre e Inuyasha sintió su suelo temblar. – Toda la familia debe acompañarte en esta celebración. – agregó. Inuyasha sintió su corazón debocado al recordar a su madre, su familiar más importante no estaría.
– Solo tengo esa invitación padre, no se preocupe yo me encargaré de hacerle llegar el suyo. –"aseguró".
– Le daré esta, de todas formas no tiene nombre, y ya me di por enterado. – comentó. Inuyasha sonrió nervioso.
– Toma padre, esta es la invitación de mi hermano, no quería molestarlo con la entrega pero si insiste tendré que aceptarlo. – susurró. Su padre lo tomó e Inuyasha inmediatamente se despidió alegando tener muchos preparativos que hacer, la verdad era que no tenía intenciones se seguir soportando la mirada despectiva de Irasue.
Cuando Inuyasha llegó a su apartamento, suspiró, estaba feliz, no podía contener la dicha, por lo que se lanzó contra la cama haciendo un pequeño baile de la victoria. Tan pronto la euforia terminó, todo su cuerpo le hicieron recordar lo agotado que estaba, había cargado con demasiados muebles, sus hombros y brazos dolían, pero él era feliz, ese día había sido inmensamente dichoso.
Tomó su teléfono en manos y pronto se sorprendió al ver que había abierto la última conversación que había mantenido con Kagome. Se sintió un poco decepcionado al ver que ella no le había vuelto a escribir.
– Keh, ¿porque debería escribirte?. – susurró lanzando el celular contra la cama. – Deja de preocuparte por esa mujer, piensa en Kikyo. – se regañó. Se paró inmediatamente decidiendo tomar un baño, tan pronto el agua caliente tocó su piel sintió los músculos relajándose, por lo que suspiró. Cerró el grifo y cubrió su cintura con una toalla mientras pasaba sus manos por el espejo, eliminando el empañamiento dejado por el vapor.
– Debería afeitarme. – susurró feliz, recordando que el día siguiente sería un gran día. Comenzó a afeitarse mientras miraba su reflejo con rabia, odiaba ver esos cabellos y esos ojos, ese no era su imagen verdadera o eso él quería creer.
– No seas tonto, nunca te confundiría con Sesshomaru. – escuchó como un eco las palabras de Kagome, era por eso que él odiaba esos rasgos únicos, no quería parecerse a su hermano. Al terminar de afeitarse tomó una nueva toalla y con ésta secó sus cabellos, pronto salió a la habitación y de su maleta tomó un pantalón deportivo y un pullover gris y se lanzó nuevamente a la cama. Buscó su teléfono y bufó al ver que aún no había ningún mensaje de Kagome.
– Eres una mala mujer, me haces trabajar como un esclavo y luego olvidas agradecerme. – susurró. Bien sabía que la mujer si había agradecido por su ayuda, ayuda que por cierto él ofreció sin que nadie se lo pidiera, pero algo se sentía raro. – Tsk, es mejor si ya no vuelve a escribirte, podría darte problemas. – susurró intentando auto convencerse. Se estiró en la cama intentando relajar sus músculos y pronto cayó rendido de sueño ya que el día anterior no había casi dormido nada.
End Flash back
El hombre despertó adolorido y sonrió al recordar el mensaje de la mujer, en verdad no debía estar feliz por esa breve conversación a media noche pero si lo estuvo. Antes de levantarse o de lavarse el rostro siquiera ya había enviado un nuevo mensaje a la mujer.
– ¿Hola, pudiste colocar las cortinas?. – escribió y tan pronto lo envió se sorprendió, lo había hecho casi sin pensarlo, quiso borrarlo pero al ver que ella lo había leído y estaba escribiendo ya no tuvo opción.
– Si, aunque quedaron algo raras. – contestó la mujer y tan pronto llegó la foto Inuyasha sonrió al verlas torcidas.
– Podría ir a solucionarlo un rato y así cobro la cerveza que me debes. – ofreció. Kagome abrió los ojos impresionada al leer el mensaje.
– Etto…sabes que hay muchos hombres que forman fila para ayudarme, no es necesario que te molestes. – contestó rechazando la "ayuda". Inuyasha se maldijo internamente y ya no supo que contestar.
– Sobre mis cabellos y mis ojos, ¿crees que debería dejar de esconderlos?. – escribió sin saber por qué. Quería saber que ella pensaba.
– Como tú te sientas cómodo, así deberías estar. – leyó el mensaje de la mujer y sonrió de costado.
– ¿Crees que me parezco a Sesshomaru cuando estoy de esa forma?. – indagó.
– No, pero si tu lo crees así, podrías cortártelo, te verías bien con el cabello corto. – escribió.
– ¿Puedo llamarte?. –indagó. Kagome leyó el mensaje varias veces sin saber cómo contestar. No había nada urgente que necesitara una llamada, pero Inuyasha había sido muy bueno con ella, no podía negarle una simple charla.
– Claro, no necesitas preguntar. – escribió la mujer. Su corazón latió sobresaltado cuando escuchó el timbre del celular sonando, respiró profundamente antes de contestar.
– Hola. – musitó casi en un susurro.
– Hola. – musitó el hombre. Su voz sonó sexy, como si recién hubiera despertado.
– ¿Sucedió algo malo?. – indagó la mujer, intentando no pensar en nada "raro".
– Solo quería escuchar tu voz. – musitó el hombre y al instante se arrepintió. – Como estás sola, me preguntaba, como pasaste la noche. – agregó.
– Estoy bien. – aseguró. – ¿Tú, estas bien?. – indagó.
– Si, solo un poco cansado, hacía mucho tiempo que no hacía una mudanza. – musitó.
– Si estuviera cerca te ofrecería un masaje. – musitó. – aunque si eres como el tonto de tu hermano seguro también me rechazarías. – agregó antes de suspirar frustrada recordando uno de sus tantos esfuerzos fallidos. Inuyasha quedó estático al escucharla.
– Me gustan los masajes, no te rechazaría. – aseguró con voz ronca. Kagome giró medio cuerpo y se cubrió con el edredón. Repentinamente se sentía avergonzada por lo que había dicho. Por lo que ambos se sumieron en un largo silencio. – Inuyasha, yo solo lo dije por….por, solo lo haría para aliviar el dolor. – tartamudeó finalmente la mujer avergonzada.
– ¿Me lo harías en todos los lugares que duelen?. – indagó sugerente sin proponérselo.
– Si. – aseguró Kagome en un susurro y el hombre maldijo internamente cuando su cuerpo reaccionó.
– Kagome. – susurró.
– ¿Si?. – indagó la mujer en un murmullo.
– Hoy me comprometeré, ya no podremos continuar nuestro juego después de eso. – musitó en pensamientos el hombre, pero sus labios no pudieron pronunciar la frase, algo en su pecho le impedía respirar normalmente. – Asegúrate de que este siempre con tranca la puerta, es peligroso. – musitó. La mujer sintió la falta de respiración.
–Lo haré. – musitó la mujer antes de terminar la llamada. Inuyasha maldijo en voz alta, la abstinencia lo estaba enloqueciendo, hasta la "inocente" charla que había mantenido con Kagome lo había excitado.
Cerró los ojos y al instante la fantasía comenzó, sintió el cuerpo de la mujer sobre el suyo y las pequeñas manos sobre su torso. Incluso el suave y estimulante gemido de la mujer llenaron sus sentidos.
– No deberías pensar en ella mientras haces esto. – se recriminó el hombre mientras se sentaba al borde de la cama y comenzaba a acariciar su hinchado miembro.
Pero las imágenes de Kagome llenaban su cabeza, incluso podía escuchar sus fingidos gemidos, su mente era muy cruel, no le permitía cambiar a la protagonista o terminar con la imagen de Kagome, montándose sobre él.
Su mano aumentó el ritmo mientras sus ojos se cerraban nuevamente, rindiéndose ante la imagen que deseaba, tan pronto su esencia se esparció en piso se sintió un ser horrible. Caminó presurosamente rumbo al baño y limpió cada rastro en su cuerpo y luego en el suelo. Suspiró cansinamente mientras cabizbajo analizaba su actuar. Tan pronto se acostó en la cama la culpa lo abordó por lo que tomó su teléfono.
– Buen día mi amor, no pude dormir durante toda la noche por la emoción. – escribió el mensaje y al enviarlo se sintió el peor idiota y traidor.
X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X
Kagome sonrió ampliamente a su esposo al ver la mirada que éste le dedicaba; podía leer el deseo en ellos y eso la motivaba pero aún no se sentía preparada para darle lo que con esa mirada el pedía.
– Hola, ¿esperaste mucho por mi?. – indagó la mujer y el negó con la cabeza lentamente.
– Entremos. – pidió.
– Claro. – susurró la azabache mientras se prendía del brazo de su esposo. Estaba muy emocionada pues era la primera cena a la que acompañaba a Sesshomaru y el hotel donde se celebraría se veía desde afuera tan lujoso que la llenaba de expectación.
Al ingresar tuvo que sacarse la gabardina negra que traía sobres su mini vestido blanco y negro y por unos segundos se sintió demasiado vulgar, pero la brillante mirada de su esposo le alertaron que eso no le incomodaba demasiado, por lo que ella también intentó no verse afectada.
Tomó entre sus manos una copa sin tener deseos en verdad de beber su contenido, pero quería parecer una mujer de mundo como todas las demás que bebían y reían.
– Buenas noches Sesshomaru, no sabía que vendrías. – musitó un hombre mayor saludándolo. Kagome lo miró esperando que también la saludara pero éste la ignoró completamente hablando con su esposo inmediatamente sobre negocios. Kagome miró de reojo a Sesshomaru esperando que éste lo cortara o mínimo la presentara como su esposa, pero eso no sucedió por lo que la furia de la mujer fue creciendo a medida que la plática se volvía más profunda.
– Iré un momento al baño. – musitó la mujer intentando llamar la atención del ojidorado pero este simplemente le asintió y volvió a prestar atención al hombre, enardeciendo aún más a su acompañante.
Kagome prácticamente corrió en dirección al baño y al ingresar finalmente pudo hacer su rabieta sorprendiendo a las otras mujeres que se retocaban el maquillaje frente al amplio espejo.
– Tanto insististe en que viniera solo para esto, para volver a ignorarme. – susurró mientras se volvía a colocar el labial.
– Estoy tan enojada, en verdad no le creí cuando me dijo que hoy se comprometería, no quiero que mi hermana se case aún. – susurró una mujer llamando la atención de Kagome.
– Si, pero su novio es tan sexy. – comentó la otra mujer y esta suspiró resignada antes de asentir.
– Aun así no es suficiente para mi hermana, es solo el hijo de la amante. – musitó despectivamente.
Kagome guardo su labial en su pequeña bolsa y salió del baño, odiaba a la gente que ponía en categorías a los demás, ella había tenido que sufrir bastante esos comentarios ya que se había casado con "el heredero" siendo ella de origen humilde.
Suspiró ampliamente dándose ánimos para volver y lo hubiere hecho si alguien no lo hubiera sujetado del brazo.
– ¿Qué haces aquí?. – la interrogante dicha con voz lúgubre logró asustarla por unos segundos pero al ver los ojos dorados del hombre que los había pronunciado sintió su corazón latir debocado.
– Inuyasha, ¿Qué haces tú aquí, también fuiste invitado?. – indagó dedicándole una sonrisa. Gimió sorprendida cuando él jaló de su brazo con fuerza obligándola a seguirlo. Kagome guardo silencio e intentó seguirlo sin tropezar, pero sus tacones altos no la ayudaban mucho. El hombre abrió una puerta y lanzó a la mujer dentro de esta. Kagome se sorprendió al ver lo que parecía una cocina lujosa, pero su escrutinio duró poco pues la voz enardecida del hombre logró que fije su atención en él nuevamente.
– ¿Qué demonios pensabas hacer?. – indagó levantando la voz levemente.
– No sé a qué te refieres. – aseguró la mujer.
– ¿Por qué viniste?. – indagó mientras nerviosamente peinaba sus cabellos con sus dedos. – si lo hiciste está claro que harás algo, yo…yo nunca quise confundirte, yo siempre te dije que amaba a mi novia. – susurró.
– Estás raro, ¿sucede algo?. – indagó queriendo averiguar que le molestaba al hombre.
– Quiero que te vayas, ¡vete ahora!. – gritó asustándola y también enojándola levemente.
– ¿Qué demonios te sucede?, ¿eres bipolar o pasa algo más?. – indagó elevando un poco la voz. – necesito saber que hice mal para poder disculparme si fallé ¿no lo crees?. – agregó.
– Porque viniste, ¿te diste cuenta que te gusto o qué?. – indagó socarrón.
– Tsk. – masculló ella sin comprenderlo. – Deja de actuar como un demente y salgamos, Sesshomaru se preocupará si tardo más. – agregó aunque sabía que quizás su esposo ni siquiera se había percatado de su ausencia.
– Vete. – ordenó nuevamente.
– No me iré, es la primera reunión a la que acompaño a Sesshomaru, quiero quedarme. – susurró.
– Nunca te perdonaré si dices algo a Kikyo, ella no sabe todo lo que hicimos mientras jugábamos, yo solo lo hice por ayudarte, pero ella no lo entenderá, pensará que yo la traicioné. – comentó eufórico.
– ¿Kikyo, ella está aquí?. – susurró Kagome confundida.
– Claro que está aquí, hoy nos estamos comprometiendo, para eso es esta cena. – musitó y los ojos de Kagome se abrieron con incredulidad y sorpresa.
– Etto… ¿la cena de hoy es para anunciar tu compromiso con esa mujer?. – indagó anonadada.
– Feh, ¿ahora vas a fingir que no sabías?. – preguntó ácidamente, molestándola nuevamente.
– No, en verdad no lo sabía, Sesshomaru solo me dijo para acompañarlo a una cena, si sabía que era la de tu compromiso me hubiera negado. – aseguró.
– Ahora ya lo sabes, ¡vete de una vez!. – gruñó. Kagome mordió sus labios, ella no había hecho nada malo para que él la tratara así.
– ¿A que le tienes miedo?, crees que iré junto a tu querida Kikyo y le diré que fuimos dos veces a un Motel, que te tuve sobre mi gruñendo mientras yo gemía por ti. – musitó maliciosamente, ella había decido ya no ser la sumisa Kagome, y si Inuyasha la molestaba también debería afrontar a "la nueva Kagome".
– ¡Cállate!. – gruñó el hombre.
– Ahhh…Inu…más por favor, hazlo más rápido. – gimió la mujer molestándolo, él se acercó un paso y cubrió la boca femenina con su mano. Kagome lo enfrentó con la mirada.
– No juegues conmigo. – gruñó. Ella se soltó como pudo del agarre.
– Dijiste que querías jugar conmigo. – musitó la mujer sonriendo, en verdad estaba enojada en ese momento, con Sesshomaru por ignorarla, con Inuyasha por tratarla mal y con ella misma por sentirse triste por la noticia del compromiso. No sabía por qué la afectaba, pero si lo hacía.
– Ya no podremos jugar. – aseguró. – Así que vete. – agregó. Estaba estresado, por un segundo imaginó a la azabache comentándole todo a Kikyo y sintió terror.
– ¡No me iré!. – aseguró elevando la voz. – Y no me molestes o iré verdaderamente a hablar con esa mujer, le contaré como me enseñaste a gemir por ti. Ahhh, Inuyasha, me gusta, más, me gusta cuando me lo haces duro. – gimió molestándolo.
Un minuto quedaron mirándose sin moverse ni un milímetro, sus respiraciones eran irregulares, como si estuvieran soportando una situación extenuante.
– Inuya…– susurró pero antes que pudiera terminar de pronunciar su nombre, él la besó, la ruda lengua ingresó en su boca logrando arrancarle un jadeo de sorpresa y que lo empujara por el pecho con fuerza terminando el beso, mientras llevaba una mano a su boca cubriéndola.. – Yo…yo…esto…– tartamudeó sorprendida.
– Puedo ser rudo si es lo que me pides. – aseguró el hombre completamente fuera de sí. Kagome no pudo pronunciar nada más al ver la expresión del rostro masculino, esa mirada dorada brillante, la boca húmeda y esa voz tan ronca, la tentaron, por un segundo, su cuerpo tembló de expectación, por lo que su temor aumentó.
– Esto…no…no debemos, es solo un juego ¿verdad?. – tartamudeó algo jadeante.
– Juguemos. – expuso dirigiendo su mano al cierre frontal. Kagome había imaginado una escena similar pero con su esposo, por eso había comprado ese vestido, había querido despertar sus instintos más bajos, pero él no había reaccionado, al menos no como lo hacía su hermano en ese momento, y aunque ella sabía que debía detenerlo su cuerpo no reaccionaba.
El cierre descendió lentamente hasta su ombligo mientras la mujer temblaba, podía sentir la caliente respiración contra su rostro por lo que levantó la cabeza arrepintiéndose inmediatamente; nunca había visto una sonrisa más sensual que la ladina y socarrona del hombre que la observaba.
Kagome no tenía fuerzas para apartarse, esa mirada había logrado hipnotizarla. Solo pudo temblar cuando él introdujo una mano en la abertura que revelaba el cierre bajado.
– Me gusta que tiembles por mí. – susurró el hombre acercándose a la oreja femenina, logrando un gemido. – también me gusta que gimas. – agregó mientras los dedos acariciaban lentamente la cremosa piel. La mano libre tomó nuevamente el cierre y finalmente lo bajó hasta el final abriendo completamente la prenda, él se alejó un poco para mirarla y ella se sonrojó, intentando cubrirse. Inuyasha relamió sus labios al ver el conjunto de encaje negro con detalles en blanco. – ¿Lo compraste para que lo viera mi hermano?. – indagó haciéndola volver a la realidad por un segundo. Ella entonces amplió sus ojos e intentó cubrirse pero él no se lo permitió.
– Yo…es mejor, detener esto ahora, estamos rompiendo las reglas del juego. – susurró en un jadeo. – Además, tu prometida te espera. – agregó para hacerlo también desistir de todo y que ese ambiente tan cargado de deseo finalmente desapareciera, ayudándola a volver a estar normal.
Inuyasha se apartó al escucharla, la vio sonrojada y con la respiración jadeante, entonces supo que ya no podría detenerlo, había pasado demasiado tiempo en abstinencia, en ese momento en lo único que podía pensar era en someter a esa cruel mujer.
– Ese tonto no sabría como apreciar esto. – susurró y la mujer cayó en el abismo nuevamente, pero emitió un sonoro gemido cuando él la giró repentinamente dejándola de espaldas a él. – dijiste que quería que él te lo hiciera así, del mismo modo que se lo hizo a su amante ¿verdad?. – jadeó una mano se dirigió al centro de la mujer y corrió la tela de la diminuta prenda. Mientras que con un dedo recorrió el húmedo canal logrando que la mujer se removiera y gimiera.
– Esto…no…no debería…yo ahhh…– gimió la mujer al sentir el lento y agobiante recorrido de ese dedo.
Ella volvió a gemir mientras llevaba una de sus manos a la masculina intentando detener su tortura, mientras la otra mano se aferraba a la mesada. La mujer se encorvó un poco pero pronto se arrepintió cuando él comenzó a frotar su dureza contra sus glúteos.
– Para, por favor. – gimió ella en pánico. Él entonces separó su mano de ese húmedo canal y ella se sintió bastante insatisfecha cuando lo sintió alejarse cumpliendo su pedido. Escuchó con algo de miedo el sonido del cinto y luego el cierre y cerró los ojos agradeciendo no poder verlo, aquello era bastante excitante pero también era algo incorrecto.
Un gemido de sobresalto abandonó la boca femenina al sentir la caliente mano sobre uno de sus glúteos, aun cuando toda su espalda se hallaba cubierta aun por el vestido, él había colado su mano al final de éste acariciándola mientras tomaba el borde de su prenda inferior.
Kagome mordió sus labios al sentir la uña del hombre trazando el descenso de la prenda y cuando la empujó por la espalda levemente, ella se dejó hacer hasta quedar recostada contra la fría mesada, pero no le importó su cuerpo ardía por lo que ese frío contacto le proporcionaba un placentero alivio.
La mujer se sonrojó completamente avergonzada al sentir la mano masculina recorriendo sus glúteos, pero también se sintió tan deseada, algo que hacía mucho tiempo necesitaba.
La mano libre del hombre se dirigió al húmedo canal femenino nuevamente empapándose con sus jugos, pero esa vez ingresó un dedo en el interior de la mujer, logrando un gemido ronco. Cuando el segundo dedo ingresó, los miedos de la mujer desaparecieron ya que no podía concentrarse en otra cosa que no sea el rápido movimiento de esa mano que intentó imitar moviendo frenéticamente sus caderas.
Cuando él terminó la intromisión ella recostó su frente por la mesada mientras jadeaba intentando normalizar su respiración, pero al sentir la punta del caliente miembro masculino se tensó.
– No. – susurró.
– Tsk. – murmuró frotándose, la mujer soltó un ruidoso gemido al sentir la fricción contra su clítoris. – ¿Segura que no quieres?. – jadeó el hombre.
– Yo…– susurró antes de soltar un nuevo gritito. Todo su cuerpo estaba a merced del hombre en ese momento.
– Aún puedo parar, si en tres segundos me dices que no siga. – gruñó algo jadeante. La mujer mordió sus labios, el sonido de la fricción de sus sexos era "indecente", pero las sensaciones que le provocaban eran gloriosas y ella no quería terminar con eso.– Terminó tu tiempo. – jadeó antes de ingresar lentamente mientras sujetaba con fuerza las caderas femeninas. La mujer gimió sonoramente al sentirlo completamente dentro.
Kagome sintió las lágrimas agolparse en sus ojos, no por dolor sino más bien por culpa. El primer embiste lo sintió glorioso, por lo que un sonoro gemido abandonó su boca alentándolo a seguir. Ella lo apretaba inconscientemente en su interior haciendo que él gruñera mientras aumentaba el ritmo.
– Mmm, Inuyas, ahhh. – suspiraba la mujer sin poder formular frase coherente, el ritmo y la fuerza eran perfectos por lo que la mujer se unió moviéndose al ritmo de los embistes, la tela del vestido reposaba sobre la espalda de la mujer mientras que su abdomen desnudo y sus senos cubiertos aun por el sujetador, reposaban contra la fría mesada.
Inuyasha sintió su culminación próxima por lo que descendió el ritmo, aun no quería acabar, se sentía bien escucharla gemir y jadear, por lo que una de sus manos se aventuró hasta el clítoris femenino y lo acarició lentamente mientras la embestía del mismo modo. Los gemidos aumentaron varios decibeles su volumen y eso logró que el hombre sonriera.
– Me gustan más tus gemidos verdaderos, ya no volveré a pedirte que finjas gemir. – jadeó el hombre y ella arqueó la cabeza.
– De he…cho prefiero esforzarme y ser tu pene lo que sienta dentro. – gimió contestando sus insinuaciones.
– Kuso. – maldijo. – así no puedo portarme bien. – aseguró mientras aumentaba el ritmo de los embistes. Kagome sintió un raro calor en su bajo vientre por lo que mordió sus labios intentando retener lo que sea que quisiera abandonar su cuerpo pero no pudo retenerlo al sentir los mágicos dedos masculinos acariciándole esa zona tan sensible soltó un gemido ronco mientras su cuerpo entero experimentaba la más maravillosa sensación que hubiere experimentado.
El hombre gruñó al sentir el nuevo calor y la presión con la que era succionado y supo que no podría aguantar más. Por lo que de un rápido movimiento abandonó el cuerpo de la mujer quien soltó un gritito al sentirse tan vacía, en un segundo sintió algo caliente regando sus glúteos.
–Lo siento, no tenía puesto la protección. – musitó jadeante y la mujer se sintió de lo más excitada al escucharlo.
– Quiero verlo. – pensó la mujer. Quería tanto ver la expresión en el rostro del hombre y también quería ver "esa parte" del hombre por lo que olvidándose de la vergüenza ella se enderezó y giró lentamente.
Inuyasha la miró fijamente al rostro apreciando esa libidinosa expresión como una de las más sensuales que hubiera visto y cuando ella fijó su mirada en su semi erecto miembro no pudo evitar sonreír.
– ¿Quieres más?. – indagó sugestivamente y ella se sonrojó, la vergüenza volvía rápido, más con las frases del hombre.
– Parece que es otro el que quiere más. – rebatió la mujer en un susurro.
– Keh, digamos que es así. – susurró mientras la sentaba sobre la mesada, ella podía sentir la humedad en su trasero, era incómodo pero también era estimulante. Él se acercó y se introdujo entre las piernas femeninas, ella inmediatamente lo rodeó con sus piernas y los brazos femeninos se posaron en el cuello masculino. Kagome gimió al sentir nuevamente la fricción y mantuvo su vista fija en el rostro del hombre maravillándose por la expresión de excitación.
– Mételo por favor. – rogó la mujer. Inuyasha no aguantó la tentación y se introdujo en ella de un fiero embiste mientras tomaba por asaltó la boca femenina, ella respondió con igual ímpetu mientras los rápidos vaivenes la hacían jadear y gemir contra la boca masculina.
Ella finalizó el beso arqueando su cabeza y espalda hacia atrás mientras gruñía al sentir su segundo orgasmo y él al sentir como era succionado en el cálido interior por segunda vez no resistió y finalizó dentro de la mujer. Kagome se enderezó y abrió los ojos impresionada al sentir la cálida semilla inundándola. Pero al verlo con los ojos cerrados y las perlas de sudor que cubrían el rostro del hombre en pleno invierno hicieron que se sintiera poderosa y no le importara lo otro.
– Kuso. – gruñó el hombre algo jadeante mientras abandonaba el interior de la mujer. Kagome cerró las piernas al sentir como "algo" abandonaba su ser.
Inuyasha la miró arrepentido y eso hizo que la mujer también sintiera lo mismo, sus cuerpos se sentían agotados y completamente satisfechos, por lo que el lado racional tomaba dominio finalmente y en el peor momento.
– Yo…– susurró la mujer pero nada más abandonó sus labios, al ver como el retrocedía unos pasos y tomaba su pantalón y su ropa interior que por cierto fue lo único que se quitó y empezaba a vestirse, se sintió como la peor de las prostitutas por lo que lágrimas nuevamente se agolparon en sus ojos mientras la culpa la carcomía.
– Esto, no debió pasar. – susurró el hombre cuando estuvo completamente vestido mientras caminaba preocupado por la habitación. Kagome finalmente se bajó de la mesada y antes de poder decir una palabra el sonido de la perilla de la puerta la asustaron.
– Señor Inuyasha Taisho ¿está ahí dentro?. – se escuchó una voz masculina, Kagome había dado la espalda mientras intentaba prender el cierre del vestido pero sus manos temblaban.
– Si aquí estoy, ¿qué sucede?. – gritó Inuyasha por lo que la mujer sintió mayor terror temblando completamente aterrada.
– ¿Está todo bien?. – indagó en voz alta.
– Si ¿Porqué?. – indagó el ojidorado tratando sonar relajado.
– Es que todos lo estaban buscando, su novia está muy preocupada. – musitó. Logrando que Kagome se sintiera un ser horrible.
– Iré en unos minutos. – aseguró. El hombre se despidió y se alejó. Ambos se miraron por unos segundos y pronto agacharon la cabeza. – lo mejor será que te vayas. – musitó y ella asintió dándole la razón mientras finalmente lograba subir el cierre por completo. – Esto…– susurró.
– Lo sé, fue un error. – susurró. – que te vaya bien en tu compromiso, no nos volvamos a ver. – agregó parándose y caminando rumbo a la puerta. Inuyasha no agregó nada más y cuando ella abandonó la habitación suspiró frustrado.
– Kuso. – musitó mientras golpeaba la mesada y suspiró cancinamente al ver la zona pegajosa. Su mirada se concentró en la prenda negra que había dejado olvidada la mujer y la tomó y sin saber por qué lo guardó en el bolsillo de su saco antes de decidir abandonar también el lugar.
Kagome caminó presurosamente entre la multitud y sintió su corazón yendo hasta su garganta al sentir una mano aferrándose a su brazo.
– ¿Estás bien?. – la interrogante hizo que la mujer sintiera un nudo en la garganta mientras asentía reteniendo las ganas de llorar, sentía terror creía que el hombre podría adivinar lo que ella había estado haciendo. Mas al sentir aun la esencia de Inuyasha bajando por sus piernas.
– Me siento algo mal del estómago, me iré ahora, disfruta de la fiesta yo tomaré un taxi. – susurró.
– Te llevo, de todas formas ya estaba aburrido. – susurró.
– ¡No!. – exclamó. – Etto…digo…deberías quedarte más. – agregó; el hombre hubiera debatido si otro hombre no se hubiera acercado a él a saludarle tiempo que Kagome aprovechó para fugarse.
El sonido de una pequeña risa se escuchó en la habitación mientras observaba entretenido la imagen que había quedado grabada por una de las cámaras de seguridad.
– ¿Que hare con esto?. – susurró.
Continua…
Hola, Hola, disculpen si este capitulo fue más tardado, como verán es casi el doble de largo que los anteriores, por lo que llevó el doble de trabajo XD, veía sus comentarios y en verdad lo quería subir, pero nunca lo terminaba así que me disculpo por haberlos hecho esperar.
Muchísimas gracias por sus comentarios, espero pasen un buen rato leyendo, y les guste el capitulo.
Las Quiere.
Mizune - Mei
