JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 12
Inuyasha acomodó su ropa rápidamente y soltó un largo suspiro mientras cubría su rostro; estaba arrepentido, no podía negar eso, la culpa lo carcomía y no se sentía con la fuerza para enfrentar a Kikyo, no podía decirle que había sucedido aquello, no podía perderla, por lo que con ese sentimientos endureció su expresión y continuó su camino hacia donde estaban los demás. Al ver a su prometida nuevamente la culpa y el miedo quisieron abordarle.
– ¿Estás bien?. – indagó la mujer parándose y caminando en dirección al hombre en un precioso vestido color rosa, que la hacía ver tierna y delicada.
– Si, discúlpame, me sentí un poco mal del estómago, pero ya estoy mejor. – aseguró forzándose a sonreír.
– Entonces subamos. – pidió la mujer. Inuyasha simplemente asintió, con Kikyo él siempre era así, sumiso, por lo que ser el dominante con Kagome había sido extraño y excitante.
El presentador hablaba sobre algo que el ojidorado no prestaba atención, Kikyo se aferraba a su brazo, mientras sonreía y cuando todo el salón estalló en aplausos supo que todo había terminado, por lo que se sintió aliviado.
Tomó una copa y brindó con su prometida, y cuando todos se acercaron a felicitarlos fingió la mejor sonrisa que podía para demostrar su alegría, en verdad era feliz, había deseado tanto casarse con Kikyo, saber que ya tenía la aprobación y estaba solo a meses de lograrlo lo entusiasmaba, pero había una mancha que no dejaba que él pudiera disfrutar esa noche, había cometido un error imperdonable.
Cuando todos los invitados se retiraron ya pasaban de las tres de la madrugada. Inuyasha miró una vez más a la mujer a su lado, ella masajeaba sus pies mientras se quejaba de lo incómodo que habían sido sus zapatos.
– Vamos, te llevo a tu casa. – musitó el hombre y ella asintió sonriéndole enormemente.
– ¿Sucede algo malo?. – indagó la mujer y él se sorprendió por la suspicacia de la mujer. – ¿Aún te sientes mal?. – agregó.
– Si. – susurró. – pero soy muy feliz hoy. – agregó sonriéndole. La mujer correspondió la sonrisa y pronto su mirada se fijó en la del hombre. Inuyasha cerró los ojos al sentir el suave rose de labios y correspondió con igual parsimonia.
Pronto el beso se volvió más demandante y fue entonces que la mujer se apartó. Él suspiró profundamente, pero pronto le sonrió levemente, no estaba en condiciones de reclamarle nada esa noche, la culpa no le permitía reprocharle nada.
– Si no te molesta, quiero ir a descansar ahora. – susurró el hombre.
– ¿Quieres que vayamos juntos?. – indagó la mujer.
– Sí, te llevaré a tu casa. – susurró.
El camino a casa fue en silencio, aún cuando Inuyasha se forzaba por olvidarlo y aparentar estar bien, no podía, él era demasiado transparente, por lo que el impoluto silencio era incómodo.
– Gracias por traerme, que sueñes conmigo. – susurró la mujer y en ese momento el hombre se sintió el peor de los hombres al asentir viéndola marcharse.
Kagome llegó a su apartamento e inmediatamente las lágrimas que había estado retenido, surcaron por su rostro, recostó su cuerpo por la puerta al sentirse sin fuerzas, ni siquiera se había puesto nuevamente la gabardina pues había salido huyendo, tan solo estaba con ese micro vestido con el que había cometido el peor error, pero no podía sentir frío, la culpa y la vergüenza inundaban todo su ser sin poder sentir nada más.
–¿ Porque lo hiciste, tonta Kagome?. – susurró golpeándose en el brazo. Podía sentir el olor del hombre en su cuerpo y eso la trastornaba por lo que finalmente se dio ánimos para caminar; fue al baño y al instante se miró al espejo, odiando su reflejo como nunca antes. Cuando su mano bajó el cierre del vestido el recuerdo de la mano de Inuyasha bajándolo la hicieron gritar de furia y luego un sonoro llanto inundo el recinto. No podía culparlo, ella lo había deseado, como nunca antes, había deseado tener sexo con Inuyasha. Había caído en el mismo nivel que Kagura, se había acostado con un hombre que pronto se casaría con otra.
El agua aplacaba el sonido del llanto pero no lograba llevarse la culpa, todo su cuerpo convulsionaba bajo el caliente chorro. Kagome sentía sus manos arrugadas por el tiempo que había permanecido bajo el agua, pero no quería salir, aún se sentía sucia y más por haberlo disfrutado.
– Ya no lo volveré a ver, me olvidaré de todo, yo…yo…Sesshomaru hizo lo mismo, muchos juegan de esta forma, no soy la única. – susurró intentando darse ánimos y con eso en mente apagó la ducha.
Al volver a la habitación el incesante sonido del golpeteo en la puerta la asustaron, por un segundo la imagen de un Inuyasha enojado pasó por su mente.
– ¿Quien?. – indagó. Nadie sabía la dirección de su apartamento a excepción de Inuyasha por lo que estaba aterrada.
– Soy yo Kagome, abre. – la voz de su esposo se escuchó tras la puerta sorprendiéndola.
– ¿Sesshomaru?. – indagó confundida.
– Te fuiste muy pronto, olvidaste tu abrigo, te lo estoy trayendo así que abre un minuto. – pidió. No quería verlo, se sentía demasiado culpable para sostener la cabeza en alto. Pero Sesshomaru había venido hasta ahí, lo mínimo que debía hacer era recibir el abrigo, por lo que lentamente abrió la puerta y extendió sus brazos, el hombre colocó el abrigo sobre éstos. – ¿Aun te sientes mal?. – indagó al verla tan pálida y decaída, pero cuando su escrutinio descendió un poco y la notó tan solo con una bata de baño su instinto afloró y empujó la puerta abriéndolo un poco más y para el asombro de la mujer ingresó en su apartamento.
– Pero…– susurró la mujer pero no pudo decir nada más al sentir la demandante boca de su esposo sobre sus labios; al escuchar el sonido de la puerta al ser cerrada se sobresaltó y se apartó bruscamente. – ¿Qué haces?. – indagó aun impactada y él no contestó solo la volvió a besar mientras sus manos se elevaron hasta el nudo que sujetaba la bata en su lugar. Kagome sujetó la mano intentando evitar ser despojada, pero eso solo logró encenderlo más.
– Te deseo. – susurró dejándola impactada y él aprovecho ese breve momento de asombro para soltar el nudo. Kagome tembló de pies a cabeza cuando sintió el frío aire recorrer su cuerpo e inmediatamente agachó la cabeza. El hombre de un rápido movimiento la despojó de la prenda dejándola totalmente expuesta al escrutinio masculino.
– No quiero, hoy no por favor, solo han pasado horas desde que estuve con Inuyasha, no quiero que lo descubras. – pensaba la mujer mientras intentaba cubrir su desnudes con sus brazos. Ella había mentido mucho al decir que se había acostado con Inuyasha, nunca había sentido remordimiento pues eran solo mentiras, pero en ese momento, cuando en realidad lo había hecho no podía mantenerse fuerte, se sentía pequeña y sin fuerzas.
– Ya había olvidado como se ve tu cuerpo. – comentó el hombre en un murmullo mientras desabrochaba su camisa.
El hombre se acercó y tomó el mentón femenino "obligándola" a abrir la boca para luego meter raudamente su lengua iniciando un demandante beso mientras la otra mano se depositaba en la espalda baja femenina acercándola a su cuerpo.
– Sesshomaru. – pronunció la mujer en un último ruego cuando el beso finalizó y el hombre la miró fijamente. – Hoy no. – rogó en un susurro y la sonrisa del hombre le alertaron que ya no tenía esa opción.
Kagome gimió al sentir el caliente tacto contra su seno y cuando la lengua recorrió su oreja quedó estática.
– Hoy no podrás escapar. – susurró el hombre contra la oreja femenina y ella sintió su alma temblar al escuchar el estimulante ronroneo. Inmediatamente después de pronunciar la frase, Kagome sintió como era empujada en dirección a la cama.
– No, no quiero así, tú estuviste con Kagura. – musitó removiéndose. Se sintió la peor al pronunciar eso, en verdad lo deseaba, pero todo su cuerpo recordaba el error que había cometido horas atras.
– Shhh, eso ya terminó. – aseguró logrando acostarla sobre la cama. Inmediatamente después de pronunciar la frase, él de incorporó para sacarse el pantalón y la ropa interior y volvió a su posición desesperando a la mujer.
– Sesshomaru, no, por favor. – pidió nuevamente. El hombre la miró fijamente a los ojos y luego sonrió ladinamente. La mujer quedó congelada por la expresión, por un segundo pensó en Inuyasha y eso logró frustrarla más. El hombre ignoró el pedido y se posicionó rozando su entrada.– Por favor, por favor, usa protección. – rogó la mujer en el último momento. No podría soportar sentirse inundada por la semilla de Sesshomaru también, se sentía la peor prostituta.
– ¿Por qué lo haría?. – indagó molesto.
– Has estado con esa mujer, ella….ella pudo contagiarte algo, yo…yo no lo haré si no usas protección. – musitó en voz alta aun cuando ya no pudiera luchar en la posición en la que estaban.
– ¿También se lo pediste a Inuyasha?. – indagó gélidamente. Kagome abrió los ojos impresionada al escucharlo. – ¡También se lo pediste a él!. – gritó sorprendiéndola.
– Eso…– murmuró angustiada. – Yo…–.tartamudeó. No pudo contestar esa pregunta por lo que simplemente esquivó la mirada masculina.
– ¿O piensas que para él eras la única?, no viste a la muñeca que tiene por prometida, ¿crees que solo te hace cosas a ti?. – indagó con sorna.
Kagome sintió las lágrimas amenazando con salir, por lo que mordió sus labios, el hombre se paró y tomó algo de su pantalón. Kagome miró el pequeño sobre al ser abierto y luego sintió todo el poder de "su esposo" sobre ella. La mujer soltó un gritito al sentirlo entrar profundo de una sola envestida. Ella envolvió con sus brazos la cintura masculina y sus manos se depositaban en la suave espalda.
Recordaba la sensación y el calor, era extraño tenerlo así, pero no podía negar que le gustaba, su olor y los pequeños jadeos eran muy estimulantes.
Ella no se movió, solo lo recibió aguantando estoicamente las lágrimas, hubiera sido inmensamente feliz esa noche si no hubiera cometido el error anterior. Esperó tanto por ese momento, pero ella no podía ser feliz, su cuerpo respondía a las caricias y a las deliciosas sensaciones, pero su mente le recordaba una y otra vez su error.
Él emitió un ronco gemido y la mujer se aferró con más fuerza a la espalda del hombre. Había deseado por tanto tiempo tenerlo de esa forma, sentir su tibieza, pero en ese momento los besos que el hombre regaba en su cuello dolían.
– Ya obtuviste lo que buscabas, ahora por favor, vete. – pidió la mujer en un gemido y el hombre elevó la mirada notando nuevamente lo que no quería, ella lloraba silenciosamente.
– ¿Con Inuyasha también llorabas o solo lo haces conmigo?. – indagó enojado.
– Ya no más, por favor no me preguntes como es tener sexo con Inuyasha. – gimoteó. El hombre salió del interior femenino con lentitud y pronto se incorporó. Kagome se cubrió con el edredón dándole la espalda al hombre, él como si estuviera en su casa caminó en dirección al baño donde se aseó. Cuando volvió a la habitación se vistió con parsimonia y sin volver a dirigirle palabra alguna a la mujer, abandonó el apartamento.
Inuyasha llegó a su apartamento luego de dejar a Kikyo, caminó en dirección al baño y miró su reflejo en el espejo, como el día anterior odio su imagen solo que esa vez no odiaba sus cabellos o sus ojos. Los recuerdos de lo sucedido en la mañana lo abordaron.
Flash back.
Esa mañana había despertado feliz, tan solo pensar que por la noche finalmente Kikyo sería su prometida lo llenaban de ilusión, se bañó prontamente y decidió salir. Debía buscar un lugar para desayunar, luego comprar el anillo y el traje que usaría por la noche.
Primero eligió el anillo, más bien compró el que la mujer le había "aconsejado", luego compró un traje color negro entallado. La camisa y los zapatos no los compró pues optó usar lo que tenía. Pasaba de las diez de la mañana cuando el hombre decidió volver a su apartamento, pero al pasar frente a una peluquería las palabras escritas por la azabache resonaron su cabeza.
– Keh, podría intentarlo. – susurró aparcando frente al local. Apenas llegó al lugar se sacó la peluca logrando una exclamación extasiada en la mujer de cabellos cortos que acariciaba sus cabellos con admiración.
– ¿En verdad cortara sus cabellos?, ¿Qué hará con todo este hermoso cabello, podría vendérmelo?. – indagó la mujer. Inuyasha la miró horrorizado, pareciera como si la mujer fuere a tener un orgasmo por el solo hecho de estar tocando sus cabellos.
– Feh, córtalo todo, puedes hacer lo que quieras con el cabello cortado. – Aseguró.
La mujer sonrió ampliamente y con sumo cuidado comenzó a cortar. Inuyasha miró su nuevo corte y suspiró hondamente, en verdad se veía extraño. Pero ya no podía hacer nada, él quería verse diferente a Sesshomaru, ciertamente de esa forma no se parecía al mayor.
– No, no es necesario que me pague, con esto ya cubre el corte. – susurró la mujer rechazando los billetes ofrecidos, mientras frotaba los largos cabellos que eran sujetos por una goma contra su rostro. El hombre sintió escalofríos por lo que asintió y caminó lo más rápido que pudo hacia el exterior.
Al llegar a su apartamento suspiró y tomando su celular se tomó una foto.
–¿ Aún piensas que me veo bien con el cabello corto?. – escribió el mensaje e inmediatamente lo envió anexando la foto.
Kagome quien estaba preparando el almuerzo en su apartamento se sobresaltó al escuchar el timbre de mensaje. Miró su celular que estaba sobre la mesa y se acercó a este tomándolo descuidadamente. Al ver la imagen rió sonoramente. Inuyasha no se veía feliz.
– Me gustaría sacudir esos cabellos, ese peinado de niño bueno no te queda. – escribió y pronto miró nuevamente la foto enviada. – Te ves bien. – susurró a la imagen lo que no pudo escribir.
Inuyasha sonrió, él pensaba lo mismo, el cabello bien acomodado y peinado de costado lo hacía ver como un tonto, por lo que con su mano agitó sus cabellos hasta dejarlo rebelde y nuevamente se sacó una foto. Kagome miró embobada la imagen. Inuyasha de esa forma se veía sensual, parecía como si recién despertara, su corazón comenzó a latir presurosamente por lo que se asustó.
– Gracias por el consejo, se siente mejor, la peluca era incómoda. – escribió. Kagome miró la imagen detenidamente. Nunca antes había visto una imagen más sugerente, y conste que su esposo era también muy hermoso.
– Me alegra haberte ayudado. – escribió y dejó el celular nuevamente en la mesa, esperando que el hombre ya no enviara nada o tendría una hemorragia nasal.
Inuyasha sonrió por la respuesta y antes que pudiera escribir algo más, una llamada entrante lo detuvo.
– Hola. – contestó inmediatamente.
– Pensé que por la mañana me llamarías. – escuchó el reclamo por lo que sonrió.
– Lo siento hermosa, ayer dormí muy tarde y recién estoy llegando, fui a comprar el anillo. – comentó en su defensa.
– Yo…no puedo creer que finalmente hoy nos comprometeremos. – musitó. – Recuerda llevar el anillo e ir elegante, mi padre invitó a muchas personas importantes. – agregó.
– Tranquila, nos vemos de noche. – musitó antes de terminar la llamada. Kikyo quedó pasmada por unos segundos, no podía creer que el hombre hubiera cortado primero, ella aún quería decirle muchas cosas.
End Flash Back.
– No debiste dejarla acercarse tanto, no debiste escribirle y esperar sus mensajes.– se regañó observando su reflejo. – ¿ Que haré ahora?.– susurró. Pronto buscó desesperado su celular en el bolsillo de su pantalón.
Continua…
Hola, hola este capítulo fue algo difícil de publicar, pensé si hacerlo o no, pero era como continuaba la historia en mi cabeza por lo que decidí dejarlo así. Originalmente el capítulo no terminaba ahí, pero lo corte en este lugar pues si ponía un cambio de escena sería algo confuso de leer luego del flash back, así que probablemente suba hoy mismo o mañana el próximo capítulo.
Muchas gracias por sus comentarios, siempre me ponen feliz.
Mizune - Mei
