JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 14

Inuyasha miró el video que si bien no tenía audio, había captado las escenas que habían ocurrido en la cocina del hotel.

– ¿Cómo es que?. – indagó impactado.

– Lo subieron a internet, ¡todos vieron lo estúpida que soy!. – gritó.

– Yo….yo…hermosa, lo siento…fue un error, por favor, perdóname. – rogó; aunque había dicho a Kagome que entendía por qué Sesshomaru no había rogado perdón, aunque sabía que era imperdonable, no quería perderla.

–Nunca más me vuelvas a llamar, nunca más aparezca frente mío, basura. – musitó. – el compromiso queda cancelado. – agregó.

– No hagas esto por favor. – rogó. – yo…yo estaba enloqueciendo por tu rechazo. – tartamudeó.

– ¿Ahora es mi culpa?. – indagó con sorna y el hombre negó con la cabeza; en verdad sería un patán si la culpaba por su error, la culpa la había tenido él, por haberle propuesto a Kagome el juego, por escribirle seguido, por haber permitido a la azabache que pasara la coraza que él siempre ponía frente a otras mujeres . – me alegra que mi familia me haya inculcado valores, me alegra no haberme acostado con un ser sucio. – aseguró altiva.

– Kikyo. – susurró llamándola cuando ella dio la espalda y se alejó. Él no pudo retenerla, pues supo que la mujer tenía razón.

Inuyasha se sintió desesperado y más aún al recibir una llamada de su padre, sujetó su cabeza con fuerza y gruñó sin saber qué hacer. Miró la hora notando que pasaban de las ocho, por lo que decidió salir de su apartamento, pagó rápidamente lo que debía y se dirigió al aeropuerto.

El incesante sonido de la llamada lo alteraba, él debía devolver el automóvil en la casa de su padre pero no tuvo el coraje. Por lo que manejó a prisas rumbo al aeropuerto. Aún faltaban dos horas para su vuelo por lo que estaba eufórico.

Tomó su celular y busco desesperado el video, y nuevamente la imagen lo hizo gruñir, en verdad alguien había violado su derecho a la intimidad y lo había subido a internet. Su vista se fijó en el cuerpo de su acompañante cuando justo llegó la parte donde había abierto ese provocativo vestido y pronto negó con la cabeza.

– Kuso. – maldijo al recordar a la azabache, él estaba huyendo, ¿pero qué pasaría con Kagome?, con ese pensamiento corrió nuevamente por el aeropuerto hasta su vehículo y condujo a toda prisa hasta el apartamento de la mujer. – Kagome, se que estás ahí, ¡abre ahora, es urgente!. – gritó golpeando la puerta con los dos puños.

– Vete, ya no tenemos nada más que hablar. – escuchó la voz femenina, por lo que sintió su alma volver al cuerpo.

– Abre, solo un minuto. – rogó. Kagome sintió la desesperación en la voz del hombre por lo que lentamente abrió la puerta. Un gemido de susto abandonó su garganta cuando el hombre la tomó por la muñeca y jaló de ella hacia la salida.

– ¿Qué haces?, ¡suéltame!. – gritó la mujer luchando contra el agarre.

– Kagome paso algo, debemos hablar, pero no podemos quedarnos aquí. – "explicó". – Tus documentos y tu teléfono ¿Dónde están?. – gruñó. La mujer vio la expresión perturbada en el rostro masculino.

– En mi cartera. – susurró extrañada, el hombre tomo la cartera y salió del lugar. Siendo seguido por la mujer.

Inuyasha manejó desesperado hasta el aeropuerto, ya solo faltaba una hora para su vuelo por lo que estaba más tranquilo. Al llegar al lugar Kagome miró la edificación contrariada. Inuyasha tomó su celular y busco el video, era la forma más sencilla para que ella entendiera la gravedad de la situación.

– Eso…– susurró la mujer cuando el hombre expuso la pantalla. Kagome miró asombrada la discusión que estaba teniendo con el hombre en la cocina de ese hotel, pronto empezó a hiperventilar al ver el beso que habían compartido, al observar el descenso del cierre apartó la vista rápidamente. – ¿Me estás amenazando o algo?. – indagó en un hilo de voz y él maldijo por lo bajo.

– Keh, hoy Kikyo terminó el compromiso, ella me mostró el video, no sé quien fue, pero alguien lo subió a internet. – comentó antes de pasar una mano por sus cabellos en un claro gesto de frustración. Kagome sintió su cuerpo entero convulsionar.

– Discúlpame. – rogo.

– Feh, no llores. – ordenó el hombre al ver los ojos llorosos de la mujer. – Para estas horas seguro Sesshomaru también ya lo vio, no sé cómo podría reaccionar, esto lastimará su orgullo por lo que será peligroso. – aseguró. Kagome sintió pánico.

– Yo….yo Irasue me matará. – comentó; más que a Sesshomaru temía a su suegra que era el demonio mismo.

– Ven conmigo a Kioto. – ofreció sorprendiendo a la mujer. – No puedo dejarte cargar con todo esto acá sola, una vez que estemos allá tengo un conocido que se encargará de eliminar el video. – aseguró.

– Pero…yo…no tengo nada de ropas aquí, además…además no quiero molestarte más. – susurró.

– Solo necesitas tus documentos, en veinte minutos sale un vuelo, compremos el boleto y vayamos juntos. – pidió.

– Pero…– susurró.

– Debes decidirte rápido, si no quieres ir conmigo, también puedes ir a otro lugar, pero no te quedes. –musitó. – aunque me iré muy preocupado por ti, si decides quedarte. – agregó. La mujer vio el rostro serio del joven y algo en su pecho se contrajo.

– Iré. – murmuró. Inuyasha entonces asintió y le sonrió levemente.

Ambos bajaron del auto e Inuyasha bajó su maleta y la mujer su cartera mientras corrieron a la boletería, solo faltaban diez minutos, por lo que cuando llegaron, ya no encontraron ningún boleto disponible; era temporada alta de viajes, el primer día del año, por lo que fue imposible negociar.

– Ve tranquilo, por algo suceden las cosas. – susurró la mujer sonriendo levemente.

– ¿Cuando sale otro vuelo?. – indagó el hombre ignorando el pedido de la azabache.

– ¿Otro vuelo con asientos libres a Kioto?. Indagó a lo que el hombre asintió. – mañana a las tres de la tarde. – musitó la mujer luego de teclear en la computadora.

– Deme dos pasajes con asientos contiguos, para ese vuelo. – pidió. Kagome ofreció pagar por los boletos, pero Inuyasha decidió que lo mejor era no usar la tarjeta, pues su hermano sabría que se pagó al pedir el extracto.

– Entonces, nos veremos mañana. – susurró la mujer una vez que solucionaron el pago y ya ambos tenían el boleto en manos.

– ¿Dónde iras?. – indagó el hombre.

– Etto…prepararé mi valija y luego buscaré un hotel donde hospedarme. – comentó.

– No debes volver a tu apartamento, busquemos un hotel, juntos. – musitó. Kagome lo miró fijamente y él bajó la cabeza, por un micro segundo en verdad había tenido un pensamiento incorrecto, pero ella no tenía por qué saberlo.

– Keh, será más práctico, así venimos juntos mañana. – gruñó. Kagome le sonrió y asintió.

Cuando llegaron al hotel, Kagome agradecida miró las dos camas, el hombre había sido lo suficientemente precavido de pedir camas separadas y eso ella agradecía.

– Inuyasha, saldré unos minutos iré a comprar lo que necesitaré para el viaje, ¿no necesitas nada?. – indagó la mujer mirando al hombre quien estaba sentado en una de las camas.

– Te acompaño. – musitó. Kagome lo miró fijamente por varios segundos como si no comprendiera del todo la frase. – Tengo hambre. – expuso. La mujer entonces asintió al recordar que ya era medio día.

– Esta bien, vayamos. – susurró.

Inuyasha miró a la mujer mientras ella elegía ropa, ni siquiera se lo probaba, lo que era extraño, pues en menos de una hora ya había comprado, Jeans, pullover, camperas, zapatos, hasta un poco de maquillaje.

– Etto…puedes ir a comer, yo te alcanzaré en unos minutos. – susurró la mujer. Inuyasha elevó una ceja en un gesto de incredulidad pero al verla sonrojarse comprendió que le faltaba.

– Está bien, nos vemos luego, estaré en aquel restaurante. – musitó señalando un pequeño local dentro del shopping donde estaban. Ella asintió agradecida y él comenzó a caminar en esa dirección, pero tan pronto la mujer dio la espalda caminando en dirección a la tienda de lencerías, Inuyasha la siguió.

Kagome miró sin detenimiento las prendas, solo quería algo cómodo por lo que prontamente su elección fue hecha. Tomó algunos sujetadores de colores neutros y algunas bragas de algodón que los lanzó en la canastilla, pronto su mirada se fijó en un conjunto de encaje negro y blanco y a sus recuerdos llegó la prenda que había vestido esa noche con Inuyasha. Él pronto supo los pensamientos de la mujer por lo que sonrió ladinamente cuando ella rápidamente ignoró la prenda negando efusivamente con la cabeza.

Observarla era divertido, pero el incesante sonido de su celular se escuchó en el lugar por lo que fue descubierto por la azabache que inmediatamente terminó su compra, dirigiéndose a la caja completamente colorada. El hombre suspiró frustrado y tomó su celular del bolsillo de su campera y sintió terror al ver el nombre del contacto que lo llamaba.

– Hola. – contestó dándose ánimos, rogando que esa persona no hubiera visto aquel video.

– Hola hijo ¿estás bien?. – la pregunta hecha con voz angustiosa solo logró que su corazón duplicara sus latidos.

– Si, ¿Por qué estaría mal?. – indagó, intentando averiguar qué información tenía. No es como si todos vieran esas páginas.

– Tu vuelo debería haber llegado hace rato, la comida ya esta fría, pensé que te sucedió algo, ¿ya estás por llegar?. – indago.

– Lo siento madre, perdí el vuelo, recién mañana a las tres de la tarde sale un nuevo vuelo. – explicó.

– ¿Y no pudiste avisarme antes?. – indagó levemente enojada. Inuyasha vio a Kagome acercarse en su dirección con una bolsa en manos y él le sonrió.

– Lo siento. – se volvió a disculpar, su madre era maravillosa, pero cuando se enojaba solo funcionaba disculparse y darle toda la razón o era una batalla de nunca acabar.

– No sabes toda la comida que hice para recibirte. – musitó.

– Lo siento, en verdad lo siento. – musitó. Kagome quedó a un costado del hombre con el corazón en la mano.

– Yo…me siento muy sola, estaba tan emocionada pensando que llegarías hoy. – reclamó y un pequeño sollozo se escuchó.

– Por favor no llores, discúlpame me equivoque, no lo volveré a hacer. – aseguró. Odiaba que su madre llorara ya había sufrido demasiado.

– Cuídate mucho por favor hijo, sabes que eres la única persona que tengo. – susurró entre gimoteos.

– Lo sé. – susurró.

– Te amo hijo, nos vemos mañana. – musitó con un tono un poco más feliz, ella era un poco cambiante, eso también él lo había heredado de ella.

– También te amo, nos vemos. – masculló antes de terminar la llamada. Kagome quedó en silencio por unos segundos sin saber que decir. – Vayamos a comer, volví para preguntarte que ibas a comer, no creas que estaba espiándote. – comentó el hombre a la defensiva y ella le asintió.

El resto de la tarde la pasaron en la habitación en un cómodo silencio, mientras la mujer ordenaba todas sus compras en su nueva valija, el hombre estaba acostado en "su cama", jugando con su teléfono o eso creía la mujer al no ser consciente que estaba siento la modelo del hombre que captaba casi todo movimiento realizado por ella, claro que no era tonto había desactivado el flash y el sonido para no ser descubierto.

– Ya está todo listo, ahora solo debemos esperar hasta mañana. – susurró la mujer. Cerrando la valija y bajándola a un costado de la cama. Inuyasha asintió y finalmente bajó el teléfono para mirarla.

– ¿Te parece si ahora finalmente me pagas la cerveza que me debías?. – ofreció. La mujer lo miró fijamente y luego sonrió.

– Si no te molesta quisiera asearme antes, mi cuerpo ruega por agua caliente. – musitó. Inuyasha entonces la miró y se sintió una mala persona, no se había percatado antes que la mujer solo vestía un jeans y un pullover lila, la había sacado de su apartamento sin campera y la había hecho ir de compras de esa forma siendo que estaba nevando.

– Eres una tonta, acaso no tienes boca para decir siento frío, además compraste campera, ¿por qué no te la pusiste tan pronto la tuviste?. – la regañó. Kagome abrió grande los ojos y negó con la cabeza.

– Tengo mucha tolerancia al frío, ahora no lo siento, solo que acostumbro tomar un baño a estas horas. – aseguró.

– Dame tu mano. – ordenó el hombre y Kagome negó con la cabeza, sus manos estaban heladas, no quería que él la regañara más. – no me mientas, si a mi tonto hermano no podías decirle siento hambre, frío, dolor, no hagas lo mismo conmigo, yo no soy Sesshomaru. – gruñó.

– Yo…solo no quería molestar más. – susurró explicándose.

– Keh, una molestia sería que enfermes por haber sentido frío. – aseguró. Kagome asintió sintiéndose culpable.– Ve a bañarte. – gruñó el hombre y Kagome asintió nuevamente. Agradeció haber dejado afuera una toalla y la ropa que vestiría así pudo huir rápidamente en dirección al baño. Inuyasha maldijo por lo bajo al verla abandonar la habitación.

Kagome sujetó su pecho con una mano, su corazón había reaccionado a las palabras del hombre que si bien habían sonado rudas, habían sido tiernas, él se había preocupado por su salud. Ella había sido una tonta, había comprado dos camperas, pero no había querido usarlas.

Apenas el agua se escuchó Inuyasha intentó fijar su atención en otra cosa, por lo que tomó el teléfono y pidió por servicio a la habitación la cena y las cervezas, en pocos minutos su pedido había sido entregado y la mujer aún no salía por lo que Inuyasha comenzó a mirar las fotos que había tomado esa tarde en donde se veía a la azabache en diferentes poses, una de ellas, llamó la atención del hombre, la foto donde la mujer se agachaba para bajar la valija dejando a la vista del hombre los redondos y firmes glúteos femeninos.

Keh, debes dejar de pensar en cosas pervertidas. – se regañó en pensamientos. Cerró el menú de fotos y entró en el navegador buscando el pronóstico, deseaba averiguar cómo estaba el clima en Kioto; cuando ya tuvo la información ingresó a un juego online, intentaba por todos los medios no ceder ante su "curiosidad" pero antes de darse cuenta en la pantalla de su celular se reproducía nuevamente aquel video.

Él no podía apartar su vista, menos cuando el ardiente beso terminó y luego cuando su mano bajó el cierre de ese provocativo vestido sintió el primer tirón en su miembro, miraba hipnotizado la escena y cuando la giró poniéndola de espalda tuvo que morder sus labios para no jadear, casi pudo recrear el delicioso gemido que ella había emitido cuando había recorrido ese húmedo canal, en ese momento estaba demasiado excitado, mientras veía como su dedo se empapaba de ella, y cuando sus dedos se perdieron en el interior femenino todo rastro de conciencia se perdió mientras esperaba ansioso poder entrar en ella y cuando finalmente lo hizo no pudo evitar gruñir mientras contraía sus piernas, ver los embistes lo estaban enloqueciendo y cuando vio su semen regando los glúteos femeninos se sintió poderoso.

Al verla girarse mientras le dedicaba esa expresión cargada de deseo, comenzó a hiperventilar, estaba por enloquecer, pero la puerta del baño siendo abierta lo volvió a la realidad, del susto dejó caer su celular sobre su regazo.

Continua…

Hola, hola discúlpenme si tarde unos días, es que en los dos capítulos anteriores hice algunos pequeños cambios, entonces debía modificar este también para hacerlo coincidir y simplemente no lograba que me gustara por eso recién lo subo hoy.

Como siempre les agradezco un montón por su apoyo y espero el capi les guste.

Mizune - Mei