JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 15

Estaba nervioso pero rápidamente tomó el aparato y salió de la página aún con el corazón debocado.

– El baño fue maravilloso, deberías probarlo. – susurró la mujer totalmente ajena a los sentimientos del hombre. Inuyasha asintió rápidamente, lo necesitaba, más que el baño, necesitaba alejarse de ella. Por lo que prontamente se paró, tomó ropa y toalla de su valija y corrió al baño.

Kagome sonrió al verlo abandonar la habitación y luego observó la cena sobre la pequeña mesa por lo que su sonrisa se amplió un poco más. Pero al escuchar el timbre de su teléfono se estremeció. Busco dentro de su cartera y al ver el nombre de su esposo se asustó por lo que terminó la llamada y sujetó su corazón. Pero éste volvió a sonar y en el tercer intento la mujer decidió hablar con él.

– Ho…la. – tartamudeo débilmente la mujer al contestar.

– Abre la puerta, estoy frente a tu apartamento. – la voz gélida logró que sus vellos se erizaran.

– Etto…yo…no estoy…– murmuró.

– ¿Entonces dónde estás?. – indagó con voz inmutable.

– Yo…yo…– tartamudeó sin saber que decir sentía su cuerpo entumecido, por lo que no pudo responder y se asustó al sentir una mano contra la suya y luego al ser despojada; sus ojos su ampliaron de la impresión.

– Hola querido hermano. – musitó con clara burla en su tono de voz. – imaginaba que llamarías, de seguro ya viste el video. – agregó.

– Maldito bastardo, deje pasar que te acostaras con ella, pero tenías que hacerlo público, tenías que dejar que todos lo vean para que quedara como un tonto. – gruñó entre dientes.

– Te equivocas, no fui yo. – aseguró eliminando de su voz todo rastro de burla. – me aseguraré de eliminarlo mañana. – agregó.

– ¿Dónde están?. – indagó tétricamente.

– Eso no importa, olvídate de Kagome. – musitó antes de terminar la llamada, tan pronto colgó desarmó el teléfono ante la atónita mirada femenina.

– Él, ¿está muy enojado?. – indagó, aunque bien sabía la respuesta.

– Tranquila, no podrá hacerte nada. – susurró el hombre, recién entonces Kagome se dio cuenta que el hombre solo traía la toalla liada por su cadera, y que su perfecto torso aun húmedo estaba expuesto. No pudo evitar sonrojarse y agachar la cabeza. El hombre sonrió ante la reacción infantil de la mujer.

– Etto…hace mucho frío… ¿verdad?. – comentó la mujer en un susurro y él sonrió más ampliamente.

– Si, iré a vestirme. – musitó dando la espalda a la mujer e ingresando nuevamente al baño. Kagome sujetó su corazón intentando refrenar los intentos de éste por perforar su pecho. Aún minutos después cuando el hombre volvió su corazón latía irregularmente. – Siéntate Kagome, ¿no te duelen los pies?. – indagó burlón viéndola en el mismo lugar donde había estado cuando él ingresó en el baño.

– Etto…si…digo no me duelen…etto…– tartamudeó su cerebro había dejado de trabajar correctamente por lo que no podía decir frase coherente.

– Siéntate, comamos. – ofreció el hombre. Kagome suspiró aliviada y cumplió la orden. En absoluto silencio comenzó a comer mirando súper entretenida la mesa. El hombre la observaba cabizbaja y callada y no sabía cómo hacer que ella estuviera más cómoda, abrió la primera botella y le ofreció a la mujer.

– Etto…yo no bebo regularmente, además hace demasiado frío para las cervezas. – susurró.

– Es mi paga, así que debes acompañarme. – musitó el hombre y ella entonces asintió recibiendo la botella ofrecida y bebió un gran sorbo. El hombre abrió otra botella para él e hizo chocar su botella por el de la mujer asustándola.

Kagome estaba nerviosa como nunca antes, estaba sola con Inuyasha, nunca antes había estado tan nerviosa, y eso era estúpido pues habían estado en situaciones más "inquietantes" pero en ese momento la mirada del hombre la intimidaban por lo que la cerveza pronto terminó.

– Juguemos algo. – susurró el hombre y Kagome sintió su corazón subir a su garganta.

– Etto…yo…no creo…que…que…– tartamudeó completamente en shock.

– ¿Sabes jugar cartas?. – indagó el hombre parándose y caminando rumbo a la mesita a un lado de la cama y tomando un mazo nuevo de cartas. Kagome para cuando eso hiperventilaba.

Deja de pensar en cosas pervertidas. – se regañó la mujer en pensamientos. Inuyasha simplemente sonrió, ella era adorable cuando estaba nerviosa.

Los minutos se convirtieron en horas mientras ambos jugaban entretenidos y la cerveza ya faltaba, pero cuando eso la mujer ya estaba bastante feliz y relajada por lo que el hombre simplemente se relajó y continuó jugando, estaba feliz, pues Kagome había resultado ser alguien bastante competitiva y eso ponía emoción al juego.

– Ahhh… ¡nuevamente gané!. – exclamó feliz la mujer exhibiendo sus cartas. Inuyasha simplemente asintió y sonrió al escuchar su burla.

– Pierdo simplemente para hacerte feliz, como no tengo nada importante que perder prefiero dejarte ganar y hacerte feliz. – musitó arrogante.

– Admite que soy mejor, eres peeeesimo jugando. – musitó molestándolo.

– Entonces si crees que puedes ganarme, ¿Qué te parece si apostamos?. – indagó.

– Apostamos que ¿dinero?. – indagó eufórica por tantas victorias y claro también por la influencia de la bebida.

– Mmm…apostemos un deseo, el perdedor deberá cumplir un deseo al ganador. – susurró. La mujer lo miró fijamente pero pronto aceptó. La partida comenzó e inmediatamente Inuyasha se puso serio, miraba sus cartas e intentaba armar una estrategia para ganar, la mujer sonreía ampliamente.

Inuyasha miró incrédulo la jugada ganadora de la mujer y derrotado agachó la cabeza.

– ¿Aún ahora me dejaste ganar?, eres tan caballeroso. – musitó arrogante.

– Tsk, di tu deseo. – gruñó cruzándose los brazos.

– Quiero que cantes y bailes una canción de un grupo femenino. – musitó feliz, el hombre se volvió verde, no estaba en sus planes perder y menos aún cumplir un deseo tan infantil y escalofriante pero al ver la sonrisa de la mujer supo que no tenía opción.

Cuando empezó la canción y la acompañó con un pequeño baile la mujer estalló en carcajadas, Inuyasha quiso enojarse pero al verla tan feliz solo pudo continuar con su ridícula actuación.

– Muy bien, lo has hecho espectacular. – elogió la mujer aplaudiendo escandalosamente cuando "la presentación" terminó. Inuyasha estaba sonrojado hasta las orejas por lo que su mirada no pudo fijarse en la femenina.

– Sigamos. – musitó serio repartiendo las cartas. Ambos estaban concentrados y en silencio, Kagome se asustó al escuchar el fuerte grito emitido por el hombre anunciando su victoria. Pero tan pronto salió del asombro inicial sonrió.

– ¿Qué debería hacer?. – indagó resignada. Inuyasha sintió su cuerpo temblar al escuchar esa pregunta tan sugerente.

– Quiero que hagas cinco flexiones de brazo. – musitó. Kagome lo miró con odio.

– Mis brazos son débiles. – susurró.

– Ahora mi orgullo es débil, después de bailar como una florecilla. – gruñó el hombre logrando que la mujer riera sonoramente y resignada se parara. Cuando su cuerpo boca abajo estuvo sobre el suelo intentó hacer el primero pero cayó estrepitosamente.

– Eres malvado. – susurró entretenida. El hombre se acostó a un lado de ella e hizo las cinco flexiones con un solo brazo.

– Ves, es sencillo. – comentó arrogante. Una vez tras otra Kagome cayó al suelo y cuando al fin pudo hacer una se sintió feliz pero estaba agotada.

– Dame un segundo pidió quedando sentada, el hombre la vió con el cabello desarreglado mientras respiraba jadeante y no pudo evitarlo, cuando su cerebro reaccionó sus labios ya se habían unido a los femeninos y su lengua estaba entrando en esa deliciosa cavidad. La mujer respondió con igual ímpetu y su mano se dirigió al cuello masculino mientras ambas lenguas jugaban esa húmeda partida.

Kagome gimió al sentir el suelo contra su espalda y el cuerpo masculino sobre el suyo.

Lo siento. – la palabra dicha esa tarde por el hombre resonó en su cabeza haciéndola volver de su fantasía, por lo que terminó el beso y con una mano en el pecho masculino lo apartó levemente.

– ¿Qué sucede?. – indagó el hombre jadeante.

– Si te disculpaste no deberías cometer el mismo error. – susurró recordando cuantas veces había pedido perdón. – dos errores nunca serán un acierto, no deberíamos volver a hacer esto. – agregó. Inuyasha la miró atónito por un segundo, recién entonces fue consciente de lo que estaba haciendo, de lo que deseaba hacer, más bien de aquello que hubiera consumado si la mujer no lo hubiera detenido.

– Kuso. – maldijo el hombre parándose. – Discúlpame, yo…– susurró.

– Tranquilo, lo entiendo, por un segundo también olvidé mi lugar. – susurró. – Es mejor que terminemos con esto y durmamos, creo que las cervezas fueron demasiadas para una paga. – agregó sonriendo levemente mientras se levantaba también.

Inuyasha la miró acostarse en su cama y cubrirse con la manta dejando solo su cabeza fuera de esta, el hombre quedó por unos minutos parado sin saber cómo reaccionar, nuevamente se había equivocado por lo que estaba frustrado y decepcionado de sí mismo.

– Kagome, yo en verdad no planee esto, todo este juego se me salió de las manos, yo…yo amo a Kikyo, pero…– musitó rascando su cabeza nerviosamente.

– Lo sé, yo también amo a Sesshomaru. – susurró sintiendo una extraña presión en el pecho. – pero cuando me besas y me tocas, me gusta mucho. – agregó en pensamientos algo preocupada.

Inuyasha miró la figura femenina por varios segundos sin decir nada más y pronto suspiró dando finalmente por terminada la charla y se acostó pesadamente en su cama. No pudo evitar fijar su mirada en la cabeza de la mujer, quería decirle algo más, sentía que nuevamente había hecho algo mal, pero el mutismo reinó en la habitación.

Apenas el sol salió Kagome se levantó de la cama y se dirigió al baño para asearse, al volver a la habitación sonrió mientras escuchaba los leves ronquidos masculino, su mirada se fijó en el rostro durmiente del hombre y suspiró levemente, el hombre dormido se veía tierno, muy diferente a las sensaciones que provocaba al estar despierto.

La mujer tocó sus labios recordando el beso de la noche anterior, pero tan pronto la imagen llegó, ella lo borró agitando su cabeza, buscó su celular y lo volvió a armar, con la mano temblorosa lo prendió.

Dime donde están, hablemos. – el mensaje cuyo remitente era su esposo fue lo primero que leyó. Se sobresaltó levemente y más al ver que había dos mensajes más enviados por la misma persona. Kagome, vuelve ahora, estaré esperando frente a tu apartamento. – el segundo mensaje había sido enviado el día anterior por lo que se sintió ansiosa. – No olvidaré esto. – el último mensaje fue enviado pasado la media noche. Kagome miró una y otra vez las palabras y los horarios, no podía creer que su esposo había esperado por ella tantas horas.

– Buenos días. – el susurro masculino la hicieron levantar la cabeza abruptamente como si hubiera estado haciendo algo errado y había sido descubierta.

– Buenos días. – musitó algo nerviosa y su nerviosismo aumentó unos grados más al ver el rostro adormilado del hombre y la pequeña sonrisa.

– ¿Pudiste dormir bien?. – indagó el hombre mientras descubría su cuerpo y se sentaba.

– Etto…si. – murmuró la mujer sonrojándose levemente. Inuyasha la miró extrañado pero simplemente se paró tomando lo necesario ingresó al baño para asearse. Kagome suspiró hondamente.

– Tranquilízate Kagome. – susurró golpeando despacio sus cachetes con ambas manos. – Se ve tan sexy recién despierto. – pensó y pronto golpeó sus cachetes con más fuerzas intentando recobrar la compostura.

La hora pasaba demasiado rápido, cuando se dieron cuenta entre el desayuno, las platicas y el almuerzo ya faltaba poco menos de dos horas para que saliera el vuelo, por lo que ambos abandonaban el hotel algo apresurados.

Estaban cerca del aeropuerto, pero no querían que les sucediera lo mismo que la noche pasada por lo que Inuyasha suspiró aliviado al llegar al aeropuerto con más de una hora de rango de tiempo.

– Espérame un minuto aquí, miraré en aquella tienda a ver que puedo llevarle de recuerdo a mi madre. – musitó Inuyasha rascándose nerviosamente la cabeza. – lo olvidé por completo. – agregó. Kagome asintió mientras sonreía. – vuelvo enseguida. – musitó antes de dar la espalda y caminar en la dirección indicada.

Kagome vio la espalda masculina hasta que se perdió en la tienda, pronto se entretuvo mirando a las personas que iban y venían, analizando todo a su alrededor y en cuanto vio un cajero automático una idea la asaltó.

No puedo seguir dependiendo de Inuyasha, iré a su casa, debo colaborar con algo. – pensó por lo que se paró y se dirigió al cajero, extrajo una gran cantidad de dinero, lo suficiente para poder vivir al menos un mes y volvió a sentarse en su posición original. Cuando Inuyasha volvió con una pequeña caja morada en manos ella le sonrió y ambos quedaron en silencio por varios minutos hasta que finalmente la mujer habló. – Solo faltan diez minutos. – susurró. Inuyasha entonces comprendió la indirecta de la mujer y se paró tomando su equipaje.

– Vayamos. – musitó el hombre entonces ella sonrió y pronto se paró tomando su valija. Estaba muy ansiosa en ese momento millones de miedos y dudas rondaban su cabeza. Pero extrañamente también estaba emocionada, hacía mucho tiempo que no viajaba.

Kagome observó el rostro contraído de Inuyasha y lo miró extrañada pero tan pronto su cabeza se giró en la dirección que él observaba su sangre se heló, frente a la puerta principal del aeropuerto estaba parado su esposo.

Continua…

Hola, hola, en compensación por haber tardado un poco con el otro capítulo subo pronto este capitulo, en verdad un millón de gracias por leer lo que escribo y comentarlo.

Mizune - Mei