JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 16
Inuyasha pronto sonrió a Kagome que estaba en shock, ella no podía creer que su esposo estuviera ahí, y aún estando algo lejos podía ver la furia reflejada en su rostro.
– ¿Es divertido ver esa expresión?, ¿Verdad?. – susurró Inuyasha y ella negó eufóricamente con la cabeza, se sintió por un segundo descubierta ya que si le resultaba fascinante verlo así.
– ¿Qué haremos ahora?. – indagó en un susurro ocultándose atrás de Inuyasha.
– Sigamos con los planes. – apenas el hombre dijo eso Kagome asintió y sujetó la mano del joven, él la miró extrañado.
– Lo siento. – susurró la mujer soltando inmediatamente la mano al percatarse de su error, estaba temerosa y por un segundo la mano del hombre se vio muy tentadora. Inuyasha disimuladamente friccionó su mano contra su jeans, había sentido una rara corriente que duró unos segundos, el mismo tiempo que duró su estupefacción.
Él caminó a pasos decididos hacia la zona de abordaje siendo seguido por una nerviosa mujer. Apenas subieron al avión la mujer pudo respirar tranquilamente. Inuyasha sonrió al verla hiperventilar a su costado pero elevó una ceja extrañado al escuchar la pequeña risita.
– Hace mucho tiempo no sentía mi corazón latir de esta manera. – susurró.
– Eso fue ofensivo, ¿entonces dices que tu corazón no latió presurosamente ese día?. – indagó. La mujer desvió la mirada rápidamente, sabía que su propósito era avergonzarla y nuevamente lo logró.
Tan pronto el avión despegó el cuerpo de la mujer se contrajo, con la euforia anterior, había olvidado que esa era su primera vez volando, pero al sentir la pequeña sacudida su cuerpo entero se lo recordó.
Inuyasha desvió la mirada en dirección a la mujer al escuchar el leve gemido de sorpresa.
– Quedé sorprendido ayer con lo bien que juegas a las cartas. – musitó iniciando una conversación para hacerla olvidar un poco el miedo.
– Si, solía jugar mucho con papá y con Sota. – comentó. Inuyasha elevó una ceja demostrando su desconocimiento.– Mi hermano menor. – agregó. Inuyasha inmediatamente notó el cambio de humor y supo que era algo delicado así que decidió no indagar en el tema, por lo que un largo y pesado silencio siguió.
– Kagome, yo quería pedirte un favor. – musitó el hombre repentinamente después de unos minutos rompiendo el anterior mutismo. Ella desvió la mirada fijándola en el rostro de Inuyasha.
– Dime. – susurró intrigada.
– No digamos a mi madre que eres esposa de Sesshomaru. – musitó extrañando a la mujer. – No seas la esposa de ese tonto, solo sé mi amiga. – agregó la mujer lo miró fijamente pero pronto asintió, no entendía muy bien el pedido, pero la expresión en el rostro de Inuyasha le demostraba que para él era un asunto serio.
Tan pronto llegaron al aeropuerto de Kioto los ánimos de la mujer mejoraron mientras buscaban sus maletas y observaba el mar de gente. Al Salir del lugar y notar la nieve Kagome sonrió mientras Inuyasha subía las maletas al taxi e indicaba la dirección.
– El día está muy frío. – comentó Inuyasha mientras se friccionaba las manos y al ver a la mujer sonrió. – tu nariz está muy roja. – susurró poniendo una de sus manos sobre estas para calentarlas. La mujer sintió sus mejillas calentarse pero no dijo nada.
– Tu madre, ella, ¿no se molestará porque traigas extraños a su casa?. – indagó la mujer en un murmuro.
– Keh, querrá patearme, pero no te preocupes. – musitó sonriendo. Pero esa frase solo logró que la mujer se sintiera más intranquila.
A lo lejos Inuyasha vio la casa y sonrió. Kagome sintió deseos de esconderse al ver frente a la casa a una hermosa mujer de larga cabellera que agitaba eufóricamente los brazos. Cada vez estaban más cerca y cuando el auto se detuvo el corazón de la mujer ya amenazaba salirse de su cuerpo.
– Tranquila. – susurró el hombre antes de bajar. Kagome por un segundo creyó alucinarlo pero decidió creerse acompañada de ese modo bajó. La azabache se sorprendió al ver a Inuyasha correr hasta la mujer para abrazarla mientras la cargaba.
– Bájame, tonto. – pidió a gritos la mujer.
– Te extrañe mucho. – aseguró el hombre apretujándola. Kagome sonrió al ver ese nuevo lado de Inuyasha, pero su expresión feliz se esfumó cuando la mujer mayor piso suelo y fijó su atención en ella.
– Y esta mujer ¿Quién es?. – indagó con la expresión endurecida. Kagome tragó duro sin saber que decir la mirada fiera de la mujer era atemorizante.
– Ella, es una amiga, dijiste que necesitabas compañía y alguien que te ayudara en el invernadero así que la traje conmigo. – musitó. La mujer la miró escéptica y Kagome sintió su sangre helarse.
– ¿Y se puede saber donde se quedará la señorita?. – indagó elevando una ceja.
– Madre, hablaremos de eso luego, ahora estoy muriendo de hambre. – musitó, la mujer suspiró derrotada.
– Pasen, el almuerzo ya está frío. – musitó sin eliminar su expresión de desagrado ya casi eran las cinco de la tarde por lo que almuerzo propiamente dicho no era. Kagome con mucho respeto ingresó en la pequeña y acogedora casa. Inmediatamente sintió una lágrima corriendo por su mejilla. Todo en ese lugar expedía candidez desde la gran foto de Inuyasha de niño a un lado de su madre, hasta la mesa repleta de platillos.
Inuyasha ubicó las maletas a un costado y se sentó en la mesa, siendo seguido por su madre. Kagome quedó en un rincón mirando fascinada mientras disimuladamente limpiaba sus lágrimas.
– Siéntate. – ordenó la mujer y Kagome inmediatamente lo cumplió musitando un "si señora". Inuyasha recibió la sopa que era ofrecida por su madre y le sonrió, expresión que ella respondió bellamente. Kagome los miró embelesada. –por cierto hijo. – susurró.
– Hump. – mascullo el hombre dando a entender que la escuchaba.
– ¿Qué demonios le hiciste a tu cabello?. – indagó enojada. Kagome tragó duro y él rió levemente.
– Solo quise cambiar un poco, ya volverá a crecer. – aseguró.
Kagome estaba en silencio sin moverse o alzar la mirada, esa mujer la atemorizaba.
– Come. – ordenó Inuyasha y ella levantó levemente la mirada y asintió; tímidamente tomó los palillos y tan solo probó algunos bocados, todo estaba delicioso, pero ella no podía tragarlo, al sentir la penetrante mirada sobre ella.
– ¿Cuánto tiempo te quedarás?. – indagó la mujer e Inuyasha bufó.
– Madre, cumplí su deseo y fui a visitar al viejo, si sigues tratando así a mi amiga no te comentaré los detalles, tampoco te mostraré las fotos. – amenazó y la mujer bufó.
– Como si quisiera verlas. – Musitó cruzando sus brazos pero ya no volvió a molestar a la azabache.– Él, ¿está bien de salud?. – indagó finalmente.
– Keh, el viejo pregunto lo mismo cuando me vio, y la respuesta que daré es la misma, físicamente está bien. – aseguró mientras continuaba devorando todo a su paso.
– Seguro está muy feliz con Irasue. – musitó como quien no quiere la cosa e Inuyasha sonrió de lado.
– Si. – aseguró y tan pronto la expresión ensombrecida apareció en el rostro de su madre se arrepintió. – Si aun lo amas porque simplemente no le dices, ambos son muy obstinados. – aseguró bajando finalmente sus palillos y mirando a la cara a la mujer. Kagome observó todo en el más absoluto mutismo podía sentir la tensión y no quería ser ella quien avivara el fuego por lo que calló.
– Si me disculpan, saldré un momento, tengo una cosas que hacer en el invernadero, ayuda a tu invitada a dejar sus cosas en tu habitación, por hoy tu dormirás con los trabajadores. – musitó la mujer parándose.
– Madre. – rezongó Inuyasha pero ella ya había caminado en dirección a la salida.
Inuyasha suspiró cansinamente cuando su madre abandonó la casa, miró a Kagome y vio el reproche en su rostro.
– ¿Quieres decir algo?. – indagó bruscamente.
– Etto…tu madre ¿ella aún ama a Inu-no?. – indagó en un murmullo.
– Eso no es asunto tuyo, no te metas con mi madre. – gruñó hostilmente el hombre sorprendiendo a Kagome. – Esa será tu habitación, saldré un momento.– agregó en el mismo tono hostil entonces la mujer solo pudo asentir antes de verlo caminar en dirección a la salida.
Inuyasha gruñó molesto mientras con grandes pasos caminaba en dirección al lugar donde estaban los autos.
– Kuso. – maldijo al recordar que no había tomado la llave entonces retrocedió y con igual prisa volvió a la casa entonces vio a la azabache cabizbaja en la entrada. – ¿Porqué estas aquí?. – indagó y ella soltó un respingo de sorpresa.
– Etto…yo…yo…– tartamudeó nerviosa.
Inuyasha ingresó a la casa sin escuchar la respuesta de la mujer y pronto volvió.
– Sígueme. –ordenó y ella asintió. Un incómodo silencio los envolvió, ella tan solo miraba por la ventana absorta y el conducía del mismo modo. Nadie habló hasta que Inuyasha se detuvo en la zona céntrica frente a un complejo de apartamentos.
– ¿Qué hacemos acá?. – indagó intrigada la mujer.
– Recuerdas el amigo del que te hable. – indagó y ella asintió. – vinimos a verlo. – explicó.
Kagome tan solo guardo silencio luego de eso y lo siguió, no quería volver a enojarle por lo que no sabía cómo actuar. Cuando llegaron frente a un apartamento e Inuyasha tocó el timbre finalmente la mujer levantó la cabeza.
– ¿Quien?. – escuchó la voz masculina tras la puerta.
– Vengo a cobrar la renta. – musitó Inuyasha e inmediatamente el hombre sacó la tranca y abrió la puerta.
– Volviste pronto. – musitó el hombre dándole paso. Kagome bajó la cabeza al ver al hombre vistiendo tan solo unos bóxers azules. – No pensé que venías acompañado, pasen. – agregó. Inuyasha ingresó inmediatamente mientras Kagome quedó clavada en su posición.
– Entra. – musitó Inuyasha. Millones de pensamientos inundaron la cabeza de la mujer, no quería entrar en ese lugar y estar sola con dos hombres, uno de ellos con quien ya había tenido sexo y el otro semidesnudo.
– Yo, etto…te esperare aquí. – susurró.
– Entra Kagome. – Ordenó Inuyasha y ella inmediatamente lo cumplió por reflejo.– ¿Lo viste verdad?. – fue lo primero que dijo al hombre que lo miró extrañado.
– ¿Ver qué?. – preguntó agitando sus enmarañados cabellos mientras buscaba algo entra la pila de ropas esparcidas en el lugar.
– Eso que ves siempre. – indicó exasperado el ojidorado.
– Ahhh…eso, pues no, estos días he estado enfermo por lo que no he podido ver mucho. – musitó mientras se colocaba una remera azul y un pantalón deportivo blanco. – ¿acaso hay algo interesante?. – agregó cambiando su expresión a una notoriamente libidinosa.
– Si no te abrigas, con este frío tu enfermedad podría empeorar. – susurró la mujer.
– Amigo, ¿quién es esta hermosa señorita que te acompaña?. – indagó acercándose a la mujer como un depredador, fue el amplio pecho de su amigo que se interpuso como una barrera lo que impidió que llegara a ella. – No lo vi, pero si estás aquí, imagino es algo que no debe ser visto. – susurró dando media vuelta y caminando en dirección a su computadora.
Kagome miró impresionada los veloces dedos del hombre sobre el teclado y tan pronto se encontró con el video y dio reproducir la mujer se sonrojó.
– No es necesario que lo veas solo elimínalo. – gruñó Inuyasha. Miroku desvió la mirada en dirección al ojidorado y sonrió burlonamente.
– Dijiste que sería fiel a la mojigata de Kikyo. – musitó burlón e Inuyasha gruñó.
– Fue un error. – musitó la mujer antes que Inuyasha lo dijera. – bórralo por favor. – agregó.
– Guau. –musitó el hombre al ver el cierre descender, había visto videos muchísimo más explícitos, pero eso lo hizo reaccionar.
– Miroku, bórralo ya. – gruñó Inuyasha.
– Espera, ¿no quieres saber quien publicó esto?. – indagó.
– Si, pero primero bórralo. – ordenó.
– No puedo hacer eso, este video no fue tomado de un celular ni de una cámara normal, es de una cámara de seguridad. – comentó. – Debes hablar con la seguridad del lugar seguro fue alguien de ahí. – agregó.
– ¿Necesitan encontrar al que publicó?. – indagó entonces la mujer que estaba colorada. Y más al ver los ojos azules brillantes que la observaban con notoria excitación.
– No lo necesito, elimínalo de una vez. – pidió Inuyasha.
– Está bien, pero primero descargaré una copia para investigar. – musitó "profesionalmente" Miroku.
– Déjate de bromas, elimínalo por completo. – gruñó Inuyasha. – Te pagaré lo que pidas. – agregó. El hombre suspiró profundamente y luego asintió.
– Lo que digas. – musitó derrotado. – Está hecho. – aseguró poco más de una hora después e Inuyasha tomó su teléfono e intentó verlo; cuando apareció el mensaje de video eliminado sintió un profundo alivio.
– Gracias. – susurró. – ¿Cuánto quieres esta vez?. – indagó.
– Nada, saber que mi mejor amigo ya no es virgen es la mejor paga. – musitó molestándolo. Inuyasha gruñó por lo bajo, sabía que lo molestaría por mucho tiempo con eso, pero al menos se sentía aliviado.
– Vamos Kagome. – gruñó y la mujer asintió siguiendo al molesto ojidorado. Ya en el auto el hombre suspiró profundamente. – Ahora solo debemos esperar que aquellos que lo vieron lo olviden, se que Kikyo pronto lo olvidará y me perdonará. – musitó. Kagome simplemente asintió no quería molestarlo más, sabía que era imposible que algunas personas lo olvidaran, pero no podía negar que se sentía aliviada.
Inuyasha encendió el auto e inició el camino de regreso a la casa de su madre, desvió la mirada en dirección a la mujer que estaba sentada en el asiento del copiloto y la vio jugando nerviosa con sus manos, se la notaba claramente incómoda y eso hizo que se sintiera culpable.
Kagome. – musitó. – Yo…yo por lo de antes, lo siento. – susurró tartamudeando levemente.
– Yo lo siento, no debí preguntar eso. – se disculpó la mujer cabizbaja. Inuyasha suspiró profundamente.
– Aún me pongo a la defensiva al escuchar eso, dicen que los traumas de la infancia son difíciles de olvidar. – musitó mirando el camino, la mujer finalmente levantó la mirada y observó el perfil del hombre. – Yo, odio cuando ofenden a mi madre, nadie la conoce verdaderamente, nadie sabe todo lo que sufrió y lo que aún sufre por haber amado a mi padre. – agregó. Kagome estaba intrigada, quería indagar pero no sabía si podía.
– A las personas les gusta poner a otras en categorías, creo que algunos de ese modo se sienten mejor que los demás, yo lo sé mejor que nadie, por estos dos años tuve que soportar que me tildaran como la mujer que se casó por interés con el heredero de los Taisho. – comentó Kagome demostrando empatía.
– Yo siempre fui "el hijo de la amante". – musitó el hombre y luego forzó una sonrisa intentando demostrar que estaba bien.
– No sonrías, maldice, demuestra que estas enfadado por ello, al menos estando conmigo no finjas estar bien con ello. – musitó. El hombre entonces rió a carcajadas extrañando a la mujer.
– ¿Donde estuviste cuando tenían 9 años y te necesitaba?. – indagó juguetón. Kagome sonrió levemente también, entonces se dieron cuenta que habían llegado, de buen humor ambos bajaron de auto. – ¿te gustaría conocer el lugar?. – ofreció.
– Si. – musitó entusiasmada. El hombre guardo las llaves y pronto se colocó a un lado de la mujer y una vez empezó a caminar ella lo siguió. La noche ya cubría el lugar aún así la luna y las luces daban buena iluminación.
– Eso que ves allí es el invernadero, es el lugar donde mi madre está casi todo el tiempo cuidando de sus flores. – comentó. – ella dice que con mi padre iniciaron juntos ese lugar, por eso siempre está ahí, en ese lugar es donde se siente cerca de mi padre. – agregó. Kagome miró con pesar el lugar indicado pero solo siguió al hombre.
– ¿Qué es eso?. – indagó la mujer al ver una gran construcción de madera.
– Eso es el granero, antes teníamos plantaciones y almacenábamos en ese lugar las cosechas, pero ahora solo es un lugar sucio donde viven los trabajadores del invernadero. – musitó.– La verdad no hay mucho que ver, por ahora es solo una gran extensión de tierra y pasto pero pronto construiré un paraíso para mi madre. – comentó.
– Inuyasha, yo quería decirte algo. – susurró. El hombre la miró fijamente y asintió pero antes de poder hablar.
– Inuyasha, volviste. – se escuchó una voz masculina por lo que el ojidorado desvió la mirada y elevó una mano como saludo.
– Tu madre estaba más exigente y trabajadora, me alegra que hayas vuelto, mi espalda te lo agradece. – susurró otro de los hombres.
– Hola. – saludó Kagome e inmediatamente agachó la cabeza al ver la mirada del hombre.
– Hola preciosa. – musitó el hombre.
– No empieces Kouga. – gruñó Inuyasha y él simplemente sonrió de lado.
– Hoy debemos hacer una fiesta por tu regreso. – musitó Kouga.
– Me mudaré por un tiempo al granero, así que no creo que quieran celebrar mi regreso. – comentó.
– ¿Eso quiere decir que te quedarás?. – indagó emocionado mirando a la azabache. Ella simplemente asintió. – Entonces, si debemos celebrar. – susurró galante. Kagome sonrió levemente y asintió por lo que el hombre sonrió ampliamente antes de retirarse.
Inuyasha suspiró cansinamente y pronto volvió su atención en dirección a la azabache.
– ¿Sobre qué querías hablar?. – indagó el hombre y ella lo miró seriamente por varios segundos.
– Etto…lo olvidé. – susurró avergonzada y él rió levemente.
– Volvamos a la casa para que te acomodes, puedes dormir en mi habitación yo dormiré con los trabajadores. – musitó.
– No es necesario, no quiero ser una molestia, tu quédate en tu habitación yo dormiré con los trabajadores. – expresó. Inuyasha detuvo su caminata y la miró de reojo.
– Si lo piensas mejor, sabrás lo mal que ha sonado eso. – expresó y pronto volvió a caminar.
– Etto…no es en ese sentido…yo…yo solo no quiero molestarte más. – expuso la mujer levemente sonrojada.
– Entonces quédate en mi habitación. – musitó zanjando la discusión. Ella suspiró sonoramente y pronto lo siguió cuando el ingresó en la casa. Inuyasha tomó la maleta de la mujer y caminó en dirección a una puerta, lo abrió e ingreso la mujer lo siguió con su cartera y detalló el lugar, la habitación era enorme, la casa desde afuera parecía algo rustica pero ese lugar era muy hermoso.
Inuyasha caminó hasta un costado de la cama y guardó algo en el cajón de la mesita de noche y luego observó a la mujer quien para su fortuna observaba las fotos que estaban exhibidas en una pared.
– Puedes poner tus cosas de ese lado del ropero. – ofreció entonces la mujer fijó su atención en él. – Acomódate y luego duerme un poco, te despertaré para la cena. – musitó el hombre.
– Gracias. – susurró y le sonrió.
Inuyasha la dejó en la habitación y luego caminó en dirección al invernadero al ingresar y ver a su madre suspiró sonoramente, nuevamente ella estaba en el lugar más apartado mirado un lirio blanco.
– Papá está bien, come bien, se lo ve muy sano y fuerte. – musitó. – no debes preocuparte más por él. – agregó sorprendiendo a la mujer y sacándola de sus cavilaciones.
– ¿Y quién te dijo que estaba preocupada por él?. – debatió frunciendo el entrecejo.
– Feh. – masculló pero al ver la fiera mirada de su madre decidió no agregar nada más. – Vayamos a casa ya es muy tarde. – musitó. Entonces su madre asintió desganada.
En el momento que la mayor volvió del invernadero le dedicó una mirada recelosa a la azabache y ella se quedó con un nudo en la garganta. Kagome miró a las espaldas de la mujer buscando a Inuyasha pero cuando la puerta se cerró supo que estaba sola.
– Yo…yo en verdad siento causarle molestias. – musitó la azabache. La señora la miró fijamente y pronto suspiró.
– ¿Sabes cocinar?. – indagó entonces Kagome se sintió un poco más aliviada.
– Si me da la oportunidad, haré mi mejor esfuerzo. – aseguró. La señora simplemente caminó pasando a un lado de ella entonces Kagome agachó la cabeza y se sintió derrotada, pero cuando la mayor volvió y le pasó un delantal ella lo tomó y agradeció la oportunidad mientras la seguía.
Incomodo, así había sido la preparación de la cena, solo le había dejado lavar y cortar los vegetales pero en absoluto mutismo, por lo que cuando Inuyasha llegó Kagome agradeció a los cielos poder verlo.
– Huele delicioso, estoy muriendo de hambre. – musitó el hombre acercándose a la cocina. Aún cuando solo habían pasado pocas horas desde su última comida.
– Estará listo en cinco minutos. – informó la señora. – ve a asearte. – agregó.
– Después, primero quiero cenar. – musitó antes de abrazar por la espalda a la mayor. Kagome sonrió cuando Isayoi ya no dijo nada, hasta ella cedía ante los encantos de su hijo.
Cuando la cena estuvo lista los tres se sentaron en la mesa, agradecieron por la comida y comenzaron a comer en silencio.
– ¿Cuándo volverás a trabajar?. – preguntó la mayor e Inuyasha fijó su mirada en ella.
– Ya no volveré, hablé con el viejo y le comenté del nuevo proyecto. – comentó.
– ¿No se enojó porque lo dejarás?. – indagó.
– No, dijo que se alegraba, pues podría cuidarte más. – comentó Inuyasha. Kagome vio conmovida como la mayor se sonrojaba.
– No mientas. – susurró la mayor. Inuyasha sonrió ampliamente.
– ¿Tan poca cosa te hace feliz?. – musitó. La mayor negó con la cabeza
– ¿Cuándo conoceré a tu prometida?. – indagó para cambiar la conversación, entonces Kagome agachó la cabeza e Inuyasha desvió discretamente la mirada en su dirección.
– Pronto. – afirmó. Kagome inconsciente al estar incómoda empezó a mover las piernas bajo la mesa en un tic nervioso. Inuyasha entonces sonrió levemente y aprovechando estar a un lado de ella colocó una mano en su rodilla "dándole apoyo", pero lo que logró que la mujer brincara de la silla asustando a la mayor.
– Lo siento, necesito usar el baño con urgencia. – gimió antes de salir casi corriendo en dirección al lugar. Inuyasha mordió su mejilla por dentro para evitar reír a carcajadas del rostro de la espantada mujer.
Cuando Kagome volvió a la mesa la encontró ya vacía, por lo que caminó en dirección a la señora Isayoi que estaba lavando los cubiertos.
– ¿Ya se fue Inuyasha?. – indagó en un murmullo.
– Esta en su habitación recogiendo las cosas que necesitará. – explicó de mala gana.
– Déjeme ayudarla. – ofreció. Entonces la miró fijamente pero pronto le ofreció la esponja entonces Kagome sonriendo lo tomó.
En silencio limpió perfectamente los utensilios ante la atenta mirada de la mujer y recién cuando terminó pudo respirar tranquilamente. La mujer no acotó nada pero su expresión endurecida y recelosa se relajó un poco por lo que Kagome sonrió complacida.
– Ya estoy listo. – se escuchó la voz masculina por lo que Kagome miró en dirección a la sala y vio a Inuyasha con dos valijas.
– Pórtense bien, los iré a ver de vez en cuando, así que no hagan lo de la otra vez. – gruñó la mayor picando la curiosidad de Kagome.
– Keh, no vayas por allá si no quieres ver. – masculló Inuyasha divertido aumentando la curiosidad.
– Los vuelvo a descubrir y los hecho a patadas a todos. – expuso. Inuyasha rió burlón logrando una fiera mirada.
– Feh. – murmuró.
– Espérame un momento. – musitó Isayoi. Inuyasha asintió. Pero pronto bufó al verla Salir con una frazada gruesa.
– Madre, no es…– musito.
– Si no lo llevas no te dejaré salir. – gruñó. Inuyasha suspiró profundamente.
– Kagome, puedes ayudarme a llevarlo por favor. – pidió, la mujer asintió.
Tan pronto salieron afuera Kagome aferró su cálida carga contra su pecho mientras Inuyasha cargaba las dos valijas y caminaba frente a ella.
– Etto…Inuyasha, ¿puedo preguntarte algo?. – indagó la mujer.
– hummm…– masculló dándole a entender que la escuchaba.
– ¿Qué hicieron?. – indagó curiosa.
– ¿Quienes?. – indagó pícaro.
– Ya sabes, sobre lo que tu madre habló recién, ¿qué hicieron que ya no deben volver a hacer?. – preguntó nuevamente.
– Mmm…pues…cuando lleguemos lo averiguarás. – expuso antes de sonreír ampliamente.
Continuará…
Hola, hola, espero estén muy bien, intenté no tardar tanto en actualizar, pero estos días fueron algo caóticos, así que recién lo puedo subir. Muchas gracias por haber comentado el capítulo anterior sus comentarios son hermosos.
Melissa: Primero que todo gracias por leer y por tomarte el tiempo de comentarme. Mmm…no quiero que suene como excusa (pero sí lo es XD), la verdad tengo unos cuantos fics inconclusos en donde la personalidad de Kagome son diferentes, pero me son muy difíciles de seguir pues no me inspiran, ya que la personalidad que le di en mi subconsciente a Kagome es esa.
Luego de recibir tu mensaje revise nuevamente uno de los fic que me gustaba intentare seguirla y si logro escribir al menos la mitad lo compartiré con ustedes, espero me des una oportunidad y lo leas si es que lo subo.
Las quiere
Mizune - Mei
