JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 17

Al llegar frente a la gran puerta de madera la mujer se tensó aún más. Inuyasha tomó el pomo y lo abrió sin dudar ingresando en el lugar. Kagome quedó inerte por unos segundos y tan pronto ingresó soltó un suspiro de alivio.

– Viniste. – escuchó el "cálido recibimiento". Pronto se sintió observada por lo que nuevamente se tensó. – También trajiste a la pequeña presa a la guarida del lobo. – expuso mirándola como depredador.

– Tsk. – masculló Inuyasha. Pronto lo ignoró caminando en dirección a los otros dos hombres que estaban sentados bordeando una pequeña fogata que hicieron en un tacho de metal.

Tan pronto se sentó comenzó a beber y a hablar sobre el viaje. Kagome lo siguió sentándose a un lado del hombre y solo escuchó la conversación.

– Inuyasha ¿podemos hablar un momento?. – pidió Kouga repentinamente. El ojidorado desvió la mirada en dirección al hombre pero al verlo serio asintió y caminó unos pasos alejándose de la mujer y de los dos hombres.

– ¿Qué sucede?. – indagó Inuyasha.

– Quería saber si puedo jugar con ella. – musitó "pidiendo permiso".

– Será mejor que te mantengas alejado de Kagome. – gruñó el ojidorado.

– ¿Por qué, tienes algo con ella?. – indagó.

– Es solo una amiga. – aseguró.

– ¿Entonces no habrá problemas si intento seducirla?. Indagó sonriendo de lado.

– Feh, como si Kagome te fuera a mirar siquiera. – musitó.

– No te preocupes por eso, sabré llamar su atención. – aseguró. Inuyasha lo miró fijamente. – ¿Pero puedo hacerlo verdad?. – indagó nuevamente.

– Keh, haz lo que quieras. – gruñó antes de volver a caminar en dirección a los demás y sentarte a un lado de la mujer. Ella suspiró aliviada al notar que no había nada fuera de lo normal por lo que cuando le ofrecieron una copa de sake lo bebió.

– Ahora es hora de los juegos. – expuso feliz uno de los hombres mientras se paraba. Los tres hombres aplaudieron felices mientras Inuyasha bufo.

– Mi madre ha dicho que ya no lo hagamos. – expuso Inuyasha fastidiado.

– Yo respeto mucho a tu madre, pero ella no puede arruinar esta tradición de una década; en las fiestas de bienvenida se juega si o si. – expuso Kouga parándose también.

– Keh. – masculló Inuyasha antes de sonreír y pararse también. Todos vitorearon eufóricos a excepción de Kagome quien los miró confundida.

– Preciosa, tú también debes jugar o irte. – musitó Kouga sonriendo ladinamente.

– No es necesario que ella juegue, es solo una tradición de hombres. – musitó Inuyasha intentando salvarla.

– Yo no creo que eso sea así, ¿recuerdan cuando invité a las preciosas Koyuki y Hitomiko?, ellas jugaron así que todos los invitados deben jugar o irse. – musito Ginta. Kagome mordió sus labios odiaba ser curiosa, pero simplemente no podía quedarse con la duda por lo que también se paró ante la euforia de todos los hombres a excepción del ojidorado quien simplemente asintió.

– Los juegos elegidos el día de hoy serán…– musitó Kouga y Kagome sonrió al ver la improvisada ruleta que estaba empotrado a uno de los pilares.

– Dardos. – informó mientras lo volvía a girar. – Cartas, puntería con arco y flecha, soporta la carga. – agregó mientras todos miraban concentrados el giro de la ruleta que decidiría el último juego.

– ¿Pega la semilla?. – indagó la mujer completamente confundida.

– Como tenemos una nueva jugadora las reglas del juego se explicaran rápidamente. – Expuso Ginta. – Han sido seleccionados cinco juegos de las diez opciones, en cada juego elegido los invitados deberán jugar, el ganador será eximido del castigo y podrá elegir salvar a una persona, todos los demás deberán pagar el castigo es decir una prenda de ropa y ya todos sabemos que las medias y los zapatos no cuentan. – agregó.

Kagome los miró estupefacta y pronto miró a Inuyasha quien sonrió levemente.

– Como es la primera vez de Kagome dejaremos que ella elija el primer juego. – expuso Kouga y todos asintieron.

– Etto…pero…pero hace mucho frío, ¿Por qué nos sacaríamos la ropa?. – cuestionó la mujer completamente sonrojada.

– Porque es una tradición. – expuso Kouga y los demás hombres asintieron dándole fuerza a las palabras.

– Yo…yo creo que mejor…yo. – susurró sonrojada.

– Ya no puedes echarte atrás, ya has aceptado el desafío. – expuso Hakkaku serio entonces Kagome sintió un nudo en la garganta.

– ¿Entonces si yo gano no debo sacarme nada?. – indagó. Inuyasha asintió levemente.

– Entonces elijo las cartas. – expuso y todos empezaron a golpear sus piernas simulando sonidos de tambores la mujer rió levemente.

Entre Kouga e Inuyasha trajeron una pequeña superficie de madera y la colocaron en el suelo. Luego todos se sentaron en pose india alrededor de la "mesa" y comenzaron la partida. El silencio y las fieras miradas eran lo imperante. Kagome estaba nerviosa, como nunca antes mientras analizaba las cartas en su mano.

– ¡Gane!. – gritó Ginta sorprendiendo a todos. Inuyasha se rascó la cabeza y Kagome sonrió nerviosamente.

– ¿A Quien salvarás?. – indagó Kouga mirándolo suplicante.

– A mí. – musitó.

– Sí, ¿pero a quien más?. – preguntó impaciente.

– A nadie más, se puede salvar si se quiere, pero yo no deseo salvar a nadie. – expuso fríamente entonces Kagome se sintió aun más presionada.

– Tsk. – masculló Inuyasha sacándose su campera, pronto los demás hombres hicieron lo mismo, entonces Kagome también lo hizo jugando nerviosamente con las manos.

– Ginta elije el segundo Juego. – musitó Kouga y este miró a la mujer y luego sonrió.

– Soporta la carga. – musitó entonces nuevamente el sonido de "Los tambores" resonaron. Kouga trajo cuatro bolsas de arpillera de unos cinco kilos y una más pequeña entonces la mujer se sintió aliviada cuando le entregó la bolsa pequeña de unos tres kilos.

– Las bolsas deberán sostenerse con una mano con los brazos completamente extendidos, no pueden cambiar de brazo, tampoco pueden doblar los codos o serán desclasificados, gana quien aguanta más tiempo. – explicó Inuyasha a la mujer, ella asintió confiada.

A la cuenta de tres todos elevaron sus sacos, y durante los primeros cinco minutos lo sostuvieron sin problema, pasados los primeros diez minutos las primeras quejas se escucharon y fue Hakkaku quien primero lo hecho, siendo seguido por Kouga. Ginta, Inuyasha y Kagome gimoteaban de dolor, pero lo aguantaban. Quince minutos pasaron y los tres se notaban agotados y adoloridos.

– Suéltalo Kagome, ya has hecho suficiente, yo ganaré y te salvaré. – musitó Inuyasha. Al verla morder sus labios.

– No te dejaré ganar, yo, no me rendiré. – gimió. Sus brazos ardían pero su determinación era fuerte.

– Me rindo. – gimió Ginta dejando caer el saco. Inuyasha miró de reojo a la mujer y también dejó caer su saco, aún podía soportar por más tiempo, pero ella se veía agotada.

– ¡Gane!. – gritó Kagome eufórica.

– ¿A Quién salvaras?. – indagó Ginta.

– Pues, mmm…creo que lo justo es que no salve a nadie. – expuso antes de sacar la lengua a "sus competidores".

– Keh, tanto quieres vernos desnudos. – expuso Inuyasha sacándose el pullover y así lo hicieron los demás a Excepción de Ginta quien solo se sacó la campera. Kagome se sonrojó por las palabras del ojidorado por lo que fijó su mirada en el piso.

– Nuevamente debes elegir el juego, preciosa. – expuso Kouga.

– Ehhh…si, pues puntería con arco y flecha. – susurró. Entonces pasó lo mismo, el ya molestoso sonido de tambores y fue Kouga quien buscó el arco y las flechas y reveló una diana. Kagome sonrió confiada, ella solía practicar mucho con el arco cuando aún vivía en el templo por lo que estaba casi segura de su victoria.

Sonrió cuando Ginta lanzó la flecha errando notoriamente, luego Hakkaku acertó en la segunda línea, Inuyasha también acertó en la segunda línea, entonces Kagome gritó feliz al acertar a un costado del centro.

– ¡Gane!. – gritó feliz pero entonces Kouga tomó el arco y lanzó la flecha en el centro mismo. Kagome abrió los ojos incrédula y Kouga le regaló un pícaro guiño.

– Salvaré a Inuyasha. – expuso Kouga sorprendiendo a todos. Kagome tembló de impaciencia y miró a Inuyasha de manera suplicante.

Hakkaku se sacó el pantalón quedándose en bóxer mientras Ginta se sacaba el pullover, entonces todo se torno más vergonzoso pues todos fijaron su atención en ella pues era la única que aún no se lo quitaba. Cabizbaja la mujer se lo sacó quedando con un sujetador color beige nada sensual aun así todos la miraron fijamente por lo que se cubrió con sus brazos. Ni siquiera sentía frío en ese momento.

– Yo elijo los dardos. – expuso Kouga todos entonces tomaron su lugar en la fila para lanzar Kagome erró pues estaba muy afectada, además sentía sus manos entumecidas, Ginta acertó en el centro y gritó feliz, Hakkaku lloriqueó al fallar nuevamente, mientras Kouga al igual que Inuyasha dieron también en el centro, entonces entre los tres competidores debieron lanzar nuevamente.

Ginta falló mientras Inuyasha y Kouga nuevamente dieron en el centro, cuatro rondas después seguían empatados y ambos muy concentrados, fue cuando Kouga acertó en la primera línea que Inuyasha sonrió ladinamente y con un dardo en el centro ganó "el duelo".

– Salvaré a Kagome. – musitó entonces la mujer que ya estaba cabizbaja levantó la mirada sorprendida y sonrió bellamente.

– Nooo…amigo sálvame a mí. – gimió Hakaku y todos rieron a excepción de la mujer quien tapó su rostro con ambas manos al ver el descenso del bóxer del hombre.

– Ohhh Kami ahora comprendo a tu madre. – musitó Kagome completamente abochornada.

– Solo queda pega la semilla. – expuso Hakkaku eufórico. – Yo iré primero. – agregó mordiendo un pedazo de sandia que trajo Kouga y en el primer intentó pegó la semilla en su frente.

Todos los demás lo intentaron y la única que pudo lograr pegar la semilla en su cachete fue Kagome.

– Háganlo nuevamente. – musitó Inuyasha.

– Hakkaku lo volvió a pegar esta vez en la comisura de sus labios. La azabache cerca de su ojo.

– Nuevamente. – susurró Ginta. Hakaku lo pegó a su cachete.

– Por favor, déjame recuperar mi bóxer, y luego te salvaré. – pidió a la mujer intentando no echar la semilla. Kagome escupió la semilla hacia arriba y antes de poder mover su rostro para intentar pegarlo.

– Si pierdo ahora que más daré ya no tengo nada. – gimió Hakkaku entonces la mujer rio y la semilla revotó en su cachete por lo que perdió.

– ¡Gané!. – gritó feliz el hombre poniéndose su bóxer.

– ¿A quién salvaras?. – indagó Kouga.

– A nadie. – expuso entonces la mujer soltó una exclamación.

– No debes confiar tanto, es una competencia. – expuso. – además nadie me salvo a mí. – agregó.

– Yo... –susurró Kagome. – De todas formas ya terminó el juego. – Expuso.

– Si pero las reglas dicen que debemos sacarnos. – comentó Kouga sacándose el pantalón todos los demás hicieron lo mismo ella negó con la cabeza.

– Esto ya es demasiado. – susurró. Estaba impactada.

– Está bien, te salvaré. – musitó Hakkaku de mala gana. – El juego ha terminado, un aplauso para Inuyasha que ha regresado. – musitó en vos alta. Kagome sintió su corazón en su garganta pero pudo volver a respirar tranquilamente cuando todos comenzaron a vestirse por lo que ella también lo hizo.

Después de eso siguieron con una entretenida plática explicando los orígenes del juego, y sus anécdotas de pequeños. Kagome suspiró aliviada cuando Inuyasha tomó la frazada que ella había olvidado en un rincón y se acercó ella depositándolo en su regazo.

– Gracias. – susurró. Dos horas después la mujer estaba medio ebria y cansada y aun debía volver a la casa sola.– Etto, gracias por recibirme, pero ya me iré. – musitó.

– Quédate un rato más. – pidió Kouga quien pronto gimió al recibir un codazo de su amigo Ginta. Entonces Kagome los miró confundida por unos segundos pero pronto suspiró y se despidió nuevamente.

– Te acompaño. – musitó Inuyasha parándose.

– No es necesario, ya conozco el camino. – expuso parándose también.

– Yo la acompañaré, así puedes quedar tranquilo y disfrutar. – expuso Kouga con una sonrisa ladina. Inuyasha los miró de reojo.

– Keh. – masculló cruzando sus brazos sobre su pecho cuando la mujer asintió.

Apenas abandonaron el lugar la mujer se contrajo por el frío. Caminó lentamente y pronto se sobresaltó al sentir un pequeño peso extra, miró impresionada al hombre a su costado quien se había sacado su campera y la había abrigado con ella.

– Etto…no es necesario. – susurró.

– Sentía un poco de calor, ¿puedes sujetarlo por mí durante cinco minutos por favor?. – musitó el hombre. Kagome sonrió ligeramente y asintió agradecida.

– ¡Kouga, llegamos!. – se escuchó un grito y pronto una mujer llegó frente a este acompañado de dos mujeres más.

– Shhh…no grites. – musitó apretando un dedo contra sus labios. Y mirando preocupado en dirección a la casa.

– ¿Dónde está Inuyasha?. – indagó otra de las mujeres escuchándose emocionada. Kagome entonces se fijó en las tres mujeres frente a ella vestían normal pantalón jeans con gruesas camperas, pero eran hermosas, sus cabellos estaban perfectamente arreglados y su maquillaje las hacía ver delicadas y femeninas. Kouga miró a sus espaldas y señaló con un dedo.

– Vayan y pórtense bien. – susurró lascivamente. – volveré enseguida. – agregó.

– Si. – musitó la mujer frente a él y entre las tres emprendieron el corto camino hasta el granero. Kagome se quedó absorta mirando el camino recorrido por las mujeres hasta que estas se perdieron en el interior de granero.

– ¿Kagome?. – Llamó Kouga.

– ¿He?. – indagó la mujer abstraída.

– Sigamos o nos congelaremos. – musitó.

– Ahhh…si. – musitó dando un pequeño paso. – Etto…esas mujeres son ¿amigas?. – indagó curiosa.

– Algo así. – susurró el hombre dejando aún más curiosa a la mujer.

– ¿Algo así?. – repitió la respuesta volviéndola una interrogante entonces Kouga sonrió ladinamente.

– Mmm…como podría decirlo. – musitó rascándose el rostro. La mujer lo miró aún curiosa por lo que él rio nerviosamente.– Inuyasha se casará pronto, entonces, eso, es como una tradición también, una última noche, en donde, pues… bueno ellas son un regalo para Inuyasha – explicó nervioso.

– Ah. – fue todo lo que pudo pronunciar la mujer y antes de poder decir más ya estaba en la entrada de la casa.

– Llegamos. – musitó lo obvio Kouga.

– Gracias por acompañarme. – susurró Kagome mientras se sacaba la campera y se la ofrecía. El hombre tomó la prenda y sonrió galantemente.

– Entra y descansa bien. – musitó. – Por cierto, no le comentes nada de lo que viste a la señora Isayoi. – pidió y la mujer asintió antes de ingresar. Suspiró cansinamente al ingresar.

– Regresaste. – escuchó por lo que soltó un grito de espanto.

– Lo siento, no pensé que seguiría despierta. – se disculpó al ver el rostro disgustado de la mayor.

– Justo iba a acostarme, tenía trabajo que terminar. – explicó la mayor. Entonces Kagome se fijó en el ramo de flores que descansaba sobre la mesa.

– Son hermosas. – susurró admirando los tulipanes.

– Si, la señora Tsukiyomi es muy afortunada. – susurró la mujer sonriendo levemente. – desde hace quince años construyo este ramo, cada año lleva una flor más, este año son 15 tulipanes por los 15 años de matrimonio. – explicó sonriendo mientras exhibía el ramo con tulipanes rojos. Se veía precioso con las hojas verdes y el moño blanco.

– Eso es dulce, en verdad ella es afortunada. – comentó, miró a Isayoi observando con tristeza las rosas en sus manos y ella la comprendió. Por un segundo también se sintió triste y envidiosa.

– La primera vez que vino a comprar hace 15 años fue solo un tulipán, recuerdo muy bien que el padre de Inuyasha fue quien lo eligió, lo corto y lo envolvió bellamente, no pensábamos poner una florería, pero como era para un amigo lo hizo, recuerdo que había dicho que los tulipanes rojos simbolizaban el amor verdadero. – musitó mientras sonreía. – fue el último año que él estuvo con nosotros. – agregó en un susurro.

– Señora. – susurró Kagome impactada al verla con los ojos llorosos.

– Ya es tarde, iré a dormir. – musitó borrando disimuladamente una lagrima que se escapó.

– Yo…yo. – tartamudeó sin saber que decir para ofrecerle consuelo.

– También ve a dormir. – gruñó parándose y caminando rápidamente en dirección a una puerta. Kagome la vio hasta perderse tras esta.

Suspiró frustrada y decidió también ir a la habitación, se sacó la campera, entonces se acostó en la cama y gimió complacida.

– Hoy fue un día largo. – susurró para sí. Dio vueltas quedando boca arriba y suspiró profundamente; su vida había cambiado mucho en tan pocos días. – hace poco estaba en esta posición, esperando por ti, Sesshomaru. – murmuró recordando la noche de su aniversario de bodas. Buscó su celular en la cartera y notó que estaba con poca batería por lo que maldijo en voz baja. Buscó el número de su esposo y sonrió tristemente al ver los últimos mensajes. – Te extraño. – escribió pero no se animó a enviarlo. No tenía el derecho de poner eso luego de lo que había hecho. Guardo su celular y se colocó de costado.

– "Son un regalo para Inuyasha". – las palabras dichas por Kouga resonaron en su mente.

– Eso no es asunto mío, espero que lo disfrute mucho. – gruñó antes de cubrirse con la manta y cerrar sus ojos.

Continúa…

Hola, hola disculpen la demora, leía sus comentarios y tenía el deseo de continuar, pero recién hoy tuve un poco de tiempo libre para releer e intentar corregir el capi. Si tiene más errores que de costumbre es porque solo pude releerlo una vez, pues ya quería actualizar hoy.

Muchísimas gracias por estar ahí, en verdad quiero actualizar rápido pero estoy sobrecargada de trabajo y eso imposibilita aveces que entre semana pueda actualizar, espero me comprendan y aún sigan leyendo lo que escribo.

Las Quiere

Mizune - Mei