JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 18
Kagome se desperezo cuando el sol se coló por la ventana; no había podido dormir bien, se sentía agotada, pero como estaba en casa ajena no se creía con derechos de estar todo el día holgazana, por lo que se levantó.
– Buenos días. – Saludó a la mayor al ingresar a la cocina.
– Buenos días. – repitió Isayoi.
– ¿Puedo ayudarla?. – indagó la azabache y la mayor asintió. Kagome feliz tomó los platillos y los colocó sobre la mesa.
– Este es para los chicos. – comentó tomando un bento. – ¿Podrías llevárselo y llamar a Inuyasha?. – indagó. Kagome asintió mientras tomaba la caja.
La escarcha sobre el pasto crujía a cada paso, al llegar frente al granero y abrir la puerta quedó helada al ver a los tres hombres acostados donde el día anterior habían jugado, estos estaban ovillados uno contra el otro y en la mezcla de brazos y piernas también sobresalían extremidades de las mujeres que había visto el día anterior.
Buscó al ojidorado en la maraña de gente pero no lo vio, entonces analizó el resto del recinto, cuando vio el bulto cubierto con la brazada que ella había cargado el día anterior, se dirigió en dirección a este.
– Inuyasha. – susurró. – Inuyasha. – repitió sacudiéndolo levemente.
– Hump. – gruñó levemente.
– Inuyasha. – llamó nuevamente y soltó un pequeño gritito de sorpresa cuando el hombre la tomó por la muñeca y jaló de ella, logrando desequilibrarla y que cayera sobre él.
– Viniste, te estuve esperando. – ronroneó y la mujer quedó helada, pero pronto reaccionó parándose como si tuviera un resorte.
– Tu madre te espera para desayunar. – musitó. Lugo lanzó el bento sobre la improvisada mesa y corrió en dirección a la salida.
– Kuso. – maldijo. – ¿Porque le dije eso?. – pensó friccionando su cabeza con frustración, no podía negar que verdaderamente la había esperado, pero no debía habérselo dicho.
Al ingresar a la casa sonrió levemente al verla sonrojada, solo por eso, se arrepintió un poco menos por sus palabras, se sentó con parsimonia en la silla a un lado de la mujer y comenzó a comer.
– ¿Hijo pudiste dormir bien, no pasaste frío?. – indagó la mayor.
– Dormí bien, madre. – aseguró.
– Por cierto, necesito que me hagas un favor. – musitó Isayoi repentinamente.
– Dime. – susurró.
– Mañana será la boda de Midoriko, será un trabajo grande por lo que hice pedido de algunas cosas que me faltan para el arreglo, pero me dijeron que están con mucho trabajo y que no podían garantizar la entrega. – comentó agobiada.
– Iré. – musitó entendiendo el pedido de su madre.
– Gracias hijo, eres el más bueno. – susurró la mayor antes de acariciar el rostro del hombre.
– Keh. – masculló avergonzado. Kagome lo observó fijamente, pero cuando él la miró también, apartó su mirada rápidamente. Isayoi los observó y luego sonrió levemente.
– Kagome, ¿Podrías acompañarlo?. – indagó. La mujer la miró algo impactada por un segundo, pero al ver la afable sonrisa solo pudo asentir.
Después de terminar el desayuno Isayoi entregó el dinero a Inuyasha mientras explicaba "la tarea". Kagome aprovecho la oportunidad para tomar un baño y luego volvió a la sala ya preparada para salir.
– ¿Estás lista?. – indagó el hombre y ella se sonrojó mientras asentía. – Entonces vamos. – agregó caminando rumbo a la salida.
Kagome observaba entretenida por la ventana, la ciudad era diferente, mucho más tranquila y verde a lo lejos podía ver algunos templos y eso lograba que su corazón se contrajera un poco, las casas eran más tradicionales y los rostros exhibían sonrisas amables.
Inuyasha sonrió al verla detallar todo con tanto interés, por lo que decidió alargar un poco el camino y dar unas cuantas vueltas más antes de llegar a su destino.– Es tan hermoso. – susurró la mujer al apreciar la imponente entrada de uno de los templos.
– ¿Te gustaría bajar y explorar?. – ofreció. Kagome lo miró fijamente pero pronto negó con la cabeza. Inuyasha observó la expresión melancólica en el rostro de la mujer y se sintió incómodo, como si hubiera hecho algo errado. – ¿Sucede algo malo?. – indagó. La mujer guardo un largo silencio mientras él la observaba de reojo.
– Extraño a mi familia. – susurró. El ojidorado suspiró al verla limpiarse las lágrimas.
– ¿Te gustaría que vayamos a visitarlos?. – indagó sin saber que otra cosa decir.
– No puedo, mi padre dijo que no volviera a pisar su casa, dijo que ya no tenía hija. – susurró entonces el llanto inició. Inuyasha odiaba ver a las mujeres llorar, no sabía cómo actuar.
– ¿Qué hiciste para que dijera eso?. – indagó. Kagome nuevamente guardo un largo silencio, cuando el hombre creyó que no tendría una respuesta la mujer habló.
– Yo…yo…conocí a Sesshomaru cuando tenía 17 años, lo vi en un festival y me enamoré a primera vista de él. – explicó en un susurro. – Mi padre, él se molestó mucho cuando le comenté del embarazo, no lo aceptó y me echó de la casa, me dijo que no denunciaría Sesshomaru si nos casábamos y eso hicimos. – explicó.
– ¿Tienes un bebe de Sesshomaru?. – indagó Shokeado y pronto se dio cuenta que no había sido una buena idea cuando el llanto se intensificó. La mujer cubrió su rostro con ambas manos mientras lloraba.
– Mi bebe…mi bebe murió, yo…yo… estaba muy triste por todo lo que me dijo mi papá, me sentía sola mientras Sesshomaru trabajada, todos los días lloraba, pero yo no sabía que eso hacía mal a mi bebe. – susurró sollozante. – Yo lo quería, no quería que muriera. – jadeó.
– Entiendo. – susurró sin saber que más decir.
– Yo, lo siento, no sé por qué te estoy diciendo todo esto. – susurró limpiando raudamente sus lágrimas.
– ¿Quieres un abrazo?. – ofreció el hombre sorprendiéndola.
– ¿Qué?. – indagó.
– Keh, no sé porque pero quiero abrazarte. – masculló. – Pero solo si tú quieres. – agregó. La mujer lo miró fijamente entonces él se sonrojó. – Olvídalo. – pidió avergonzado.
Ella se desabrochó el cinturón entonces el hombre se tensó, y al sentir los brazos femeninos bordeando el cuello masculino su tención aumentó, pero sus brazos bordearon la cintura femenina. Al finalizar el abrazo Inuyasha rehuyó de la mirada femenina.
– ¿Te sientes mejor?. – indagó en un susurro.
– Si, gracias. – contestó la mujer mientras abrochaba nuevamente el cinturón.
Cuando llegaron en el local, Kagome decidió quedar en el auto. Inuyasha compró lo necesario y lo cargó en el auto.
El camino de regreso fue en silencio, ambos estaban ensimismados en sus propios pensamientos, por lo que el camino se hizo corto.
Llegaron a la casa y bajaron lo que habían comprado. Isayoi e Inuyasha fueron al invernadero mientras Kagome quedó en la casa. Buscó su teléfono para ver la hora y se sorprendió al ver que había recibido un mensaje de su esposo.
– Las 3 a.m, ¿qué estaría haciendo a esa hora?. – susurró mirando la hora del mensaje, pero cuando leyó el contenido se sorprendió aun más. Kagome miró la pantalla de su celular, una vez más y su corazón latió debocado, por más que lo leyó muchas veces aún no podía creer las palabras que alcanzaba a observar.
– Olvidémoslo todo y comencemos nuevamente, te amo. – ya había perdido la esperanza de oír o leer algo así por lo que todo su ser entró en shock, y no supo qué hacer.
– No creo que podamos. –escribió y lo releyó muchas veces hasta que finalmente decidió enviarlo. – Seguro no me contestará. – susurró nerviosa. Su ansiedad subió a mil al ver que estaba escribiendo. – ¡Ohhh…Kami!. – gimió emocionada, pero esa euforia duró poco pues en ese momento su celular se apagó.– No, no, no. – gimió.
Corrió en dirección al invernadero y eufórica buscó a Inuyasha
– Inuyasha, tu cargador para el celular ¿Dónde está?. – indagó impaciente. El ojidorado la miró extrañado.
– En el cajón de la mesa de noche. – musitó.
– ¿Puedes prestármelo?. – indagó.
– Úsalo. – concedió. La mujer corrió en dirección a la salida extrañando a todos.
– Kuso. – maldijo y pronto corrió con intención de alcanzara a la mujer.
Al ingresar la vio sujetando lo que él quería ocultar, el retrato que mantenía en su cabecera, aquel donde besaba a Kikyo en la comisura de los labios mientras ella reía.
La mujer al sentirse observada ocultó el portarretratos tras su espalda.
– Ehhh, yo…yo lo encontré, lo usaré y luego te lo devolveré. – musitó tartamudeando levemente.
– Kagome, esa foto. – susurró el hombre.
– Lo sé, es Kikyo, tu prometida. –comentó fingiendo una sonrisa.
– Si. – musitó el hombre.
– Es una bonita foto, no debería estar en el cajón. – comentó la mujer exhibiéndola sobre la mesita. Para luego dirigirse a la toma corrientes y conectar su teléfono. Inuyasha la vio morderse los labios impaciente mientras se encendía su celular.
– ¿Sucedió algo?. – Indagó suspicaz.
– Nada. – susurró la mujer.
– Preguntaré nuevamente ¿Sucedió algo emocionante?. – indagó elevando una ceja.
– Etto…solo que Sesshomaru me envió un mensaje y me quedé sin batería. – comentó nerviosa ante la suspicacia del hombre.
– Mmm… y ¿Por qué mentiste?. – indagó acercándose un paso.
– Yo,…yo no mentí. – tartamudeó nerviosa. Cuando finalmente se prendió el celular la mujer sonrió ampliamente, pronto gimió sorprendida cuando el hombre le arrebató el aparato de las manos.
Inuyasha abrió el mensaje mientras la mujer intentaba arrebatarle, leyó dificultosamente los textos, sorprendiéndose. Desconectó el celular del cargador.
– Pregunta si aún lo amas. – musitó. – Yo necesito mi cargador, así que no puedo prestártelo ahora. – musitó desconectándolo de la toma y entregando el aparato a la mujer antes de salir de la habitación.
Kagome observó el mensaje entre sorprendida y ansiosa, pues su celular marcaba 1% de batería y ella no sabía qué hacer, no sabía si decir que lo amaba y que deseaba intentarlo nuevamente, ese era su deseo pero sentía miedo, por lo que resultaba tentador no contestar.
Todo su ser estaba en tensión y cada segundo se sentían como minutos, mientras ella observaba una y otra vez las palabras.
– Aun te amo. – Escribió; su dedo quedó inerte luego, ya le había dado una oportunidad al ir a la fiesta y había sido ignorada, luego de que Sesshomaru vio el video no creía que él en verdad pudiera perdonarla, millones de pensamientos inundaron su cabeza por lo que no tuvo el coraje de enviar el mensaje. Comenzó a borrarlo, al borrar la tercera letra el teléfono se apagó. La mujer suspiró profundamente antes de darse ánimos para salir.
Durante el resto de la tarde y de la noche la mujer no volvió a ver a Inuyasha, ni siquiera había ido a la casa a cenar, cuando ella llevó la cena a los trabajadores fue Kouga quien lo recibió. Por lo que cuando lo vio a la mañana siguiente ingresar por la puerta se sintió aliviada.
Al terminar el desayuno la señora se paró y recogió los utensilios sucios, Kagome inmediatamente la ayudó a llevar el resto y se ofreció a limpiarlos, la mayor asintió con una leve sonrisa.– Ve a despertar a esos inútiles y diles que los espero en treinta minutos en el invernadero, que no lleguen ni un minuto tarde porque hay mucho trabajo que hacer. – agregó.
– Feh, acaso piensas que soy su sirviente, que se despierten ellos solos, para eso les pagas. – gruñó fastidiándola. Isayoi sonrió tenebrosamente mientras se acercaba a su hijo. – Solo era una broma, iré. – musitó.
– Y entrégales esto, es su desayuno. – musitó divertida entregándole un bento.
– Keh. – gruñó enojado antes de marcharse.
Isayoi se posicionó a un lado de la azabache y ambos quedaron en silencio por unos segundos.
– He terminado. – informó la azabache al limpiar el último tazón, la mayor asintió. Kagome estaba nerviosa en presencia de Isayoi y no sabía cómo actuar por lo que se quedó cabizbaja por un minuto. – Etto…iré a la habitación. – susurró.
– Está bien, pero te espero en veinte minutos en el invernadero. – musitó Isayoi. Kagome sonrió ampliamente, creía que la mujer no quería que ella este en el invernadero.
– Entonces mejor la espero afuera, aprovecharé para ejercitarme un rato. – comentó feliz. La mayor sonrió disimuladamente al verla marcharse.
– Quisiera volver a tener tu misma energía. – comentó mirando la puerta.
Al estar en el exterior sintió un poco de frío, pero ese día aunque fresco estaba soleado por lo que la escarcha ya se había derretido dejando el pasto húmedo. La mujer sonrió ampliamente comenzando a caminar lentamente en dirección a los autos, los miró entretenida por unos minutos y luego caminó en dirección al granero y siguió su camino sobre el verde pastizal.
– ¿Qué estará pensando Sesshomaru?, ¿estará molesto o ansioso por no haberle respondido?, ¿me extrañará?. – pensó la mujer. – Porque me extrañaría luego de lo que hice. – susurró antes de suspirar profundamente. Caminó un poco más intentando ya no pensar, pero su mente trabajaba todo el tiempo sin que ella pudiera detenerla.
– Tienes razón él no te extraña. – escuchó un susurró a sus espaldas y profirió un gritito de sorpresa.
– Inuyasha, me diste un susto de muerte. – regañó la mujer al verlo sonreír. – ¿Cómo me encontraste?. – indagó curiosa.
– Te vi cuando pasaste frente al granero, pensé que te podrías perder por eso te seguí. – explicó. La mujer simplemente quedó callada, pero esas palabras habían hecho que un extraño calor se depositara en su pecho.
– ¿Ya no estás enojado?. – indagó la mujer.
– Keh, ¿Cuándo estuve enojado?. – "contestó"
– Ayer. – susurró la mujer.
– Tsk no me enojé solo necesitaba mi cargador. – "explicó" Kagome lo miró fijamente y él se sonrojó al sentirse descubierto. – Es mejor volver, mi madre se pondrá furiosa si nos atrasamos. – comentó y ella asintió.
En silencio recorrieron el camino de regreso, tan pronto llegaron frente al granero se encontraron con los demás hombres.
– Buenos días. – saludo Kouga "galantemente".
– Tsk, el tufo de tu aliento podría matar las flores. – comentó Inuyasha cubriéndose con su antebrazo las fosas nasales. Kagome rió ligeramente por lo que Kouga frunció el seño.
– ¿Que hacen?. – se escuchó la interrogante de Isayoi y todos los hombres se tensaron.
– Íbamos a trabajar. – comentó Ginta.
Una vez dentro del invernadero Kagome quedó maravillada con tantos colores y por el delicioso aroma que se percibía en el lugar.
– Es hermoso. – susurró mirando las infinitas flores de diferentes colores y tamaños.
– Hoy necesitaré, que cosechemos estas cuatro hileras de crisantemos, necesito que lo hagan rápido pero no olviden colocar las mallas y no dañar la flor. – musitó Isayoi. Todos asintieron serios. – Kouga Y Ginta traigan los baldes con agua. – ordenó.
– ¿Cuantos?. – Indagó Kouga.
– Comencemos con diez, a la par que se vayan llenando deberán transportarlos a la casa.– explicó. Los dos hombres nombrados se alejaron del grupo yendo al final del invernadero.
– ¿ Cosecharemos todas las flores de esta hilera madre?. – indagó Inuyasha para estar seguro e Isayoi asintió.
– Ven Kagome, te enseñaré como hacerlo. – musitó Isayoi, la azabache asintió feliz y pronto siguió a la mayor. Inuyasha miró de reojo a las dos mujeres pero pronto concentró se atención en su labor. – Mira estas pequeñas mallas debes levantar de esta forma para proteger a la flor luego lo cortas y es todo, los juntas los lías con este papel transparente, los atas con este listón de a doce flores y es todo. – explicó. – ¿Lo has entendido?. – indagó. Kagome la miró fijamente aún así fue algo complicado.
– Podría mostrarme una vez más, por favor. – pidió. La señora suspiró cansinamente pero pronto volvió a cubrir la flor con la malla dejándola como un capullo, corto el largo tallo y sostuvo ambas flores en mano. – ¿Podrás hacerlo?. – indagó.
– Hai. – susurró poco convencida.
Kouga y Ginta aparecieron con una carretilla cargada con 5 baldes cada uno entonces todos comenzaron a cortar las flores a una velocidad envidiable para la azabache.
– Tranquila, lo estás haciendo bien, solo hazlo así, sujétalo con las dos manos, abres bien la malla lo subes, cuando haya cubierto toda la flor lo sueltas. – susurró a espaldas de la mujer bordeando con sus brazos el cuerpo femenino. Kagome tembló al sentir la caliente respiración pero intentó prestar atención.
– Gracias, así es más sencillo. – susurró al intentar "el método de Inuyasha".
– Toma, cuida tus manos. – musitó entregándole un par de guantes. La mujer los tomó y entonces sintió como el calor de Inuyasha se alejaba de ella. Se colocó los guantes y comenzó a subir las mallas y a cortar los tallos lo más cerca del suelo posible.
– Tengo doce flores. – anunció feliz en voz alta y todos la miraron. Inuyasha se acercó y depositó una mano en la cabeza femenina y la acarició "premiándola". Isayoi levantó una ceja mientras los observaba.
– Ahora agarras esto, lo lías de esta forma y lo atas con esto. – "explicó" demostrando a la mujer como hacerlo. Cuando la azabache asintió el hombre lo volvió a deshacer.
– ¿Qué haces?. – indagó desanimada.
– ¿Lo entendiste verdad?, deberías ser tu quien envuelva tus primeras doce flores. – expuso antes de alejarse. Kagome asintió mientras tomaba el papel celofán y envolvía con él las flores luego lo ató con el lazo y suspiró complacida.
– Lo hice. – anunció feliz. Pero al ver los baldes casi llenos con ramos iguales su euforia bajo.
– Bien, continúa. – alentó Isayoi, la azabache sonrió ampliamente mientras depositaba su primer ramos junto a los demás.
Los minutos se convirtieron en horas mientras todos concentrados armaban ramos tras ramos.
– Están llenos los llevo a la casa. – expuso anunciando que cinco baldes se habían llenado.
– Cinco. – susurró la azabache poniendo el nuevo ramo en el balde.
– Veinte. – susurró Inuyasha a su lado molestándola. Al ver la mirada de odio de la azabache sonrió ladinamente.
En dos horas dos hileras ya estaban vacías y la tercera a medio cortar, la mayoría se había sentado a descansar a excepción de la azabache que seguía cortando y envolviendo con notoria calma.
– Veintidós. – susurró. Mientras colocaba un nuevo ramo y fue el último que faltaba para llenar el décimo balde.
– Cortemos todas las flores de esta hilera y creo que será suficiente. – expuso Isayoi.
– ¿Serán solo tres hileras entonces?. – indagó Kagome y la mayor asintió.
– La boda será a las 4. p. m ya son más de 9 a.m aun debemos ir al salón, decorar, y prepararnos para la fiesta así que no podemos perder dos horas más. – explicó. Todos asintieron comprendiendo la situación.
– Llevo estas a la casa. – anunció Kouga. – Ginta ve a traer más baldes. – ordenó al hombre quien asintió. Una hora después toda la hilera había sido recolectada y los ramos estaban en la casa.
– Kagome acompáñame. – ordenó Isayoi y la mujer asintió. – Dejo a cargo de ustedes el tratamiento de la tierra ¿Puedo confía que lo harán esta vez solos?. – indagó a lo que los hombres asintieron. Apenas entraron en la casa vieron los baldes esparcidos por toda la sala y comedor. Isayoi se perdió tras una puerta y regresó con cajas de cartones dobladas. Buscó una almohada y se sentó en el suelo y comenzó a armar las cajas. Kagome la observó admirando maravillada la rapidez con la que los armaba.
– Agarra los ramos y ponlos en aquel balde grande. – ordenó la mayor. Kagome sin dudarlo lo hizo, tomándolos con sumos cuidado los mudó. – ¿Podrías traerme aquí el balde?. – indagó.
– Si. – aseguró la azabache tomando el balde lleno de ramos y lo bajó a un lado de la mayor quien tomó un ramo y lo depositó en la caja, seguido por otros cuatro y luego lo lacró.
– Esta caja apílala a un costado de la puerta. – pidió.
– Si. – musitó Kagome cumpliendo el pedido.
– Los ramos que están en los baldes con agua debes mudarlos a este para que no mojen la caja de cartón, llevan cinco cada caja. – explicó.
– Comprendo. – musitó Kagome entonces comenzó a llenar el balde que estaba a un costado de la mayor a la par que esta empaquetaba los ramos.
– Ve a llamar a Inuyasha, dile que necesito que venga para llevar las cajas a la camioneta. – pidió.
– Si. – susurró Kagome viendo con pesar que en más de una hora de trabajo recién habían podido empaquetar la mitad. Fue corriendo al granero, se sorprendió al ver a Inuyasha removiendo la tierra mientras esparcían algo en el suelo, lo sorprendente no era lo que hacía sino lo sensual que se veía con el pullover cuello alto color negro.
– ¿Sucede algo?. – indagó Inuyasha al verla pasmada.
– Etto…no…yo…yo…solo quería decirte que tu madre te necesita. – musitó tartamudeando levemente. El hombre se sacó los guantes y los lanzó en la carretilla, y luego se acercó lentamente a la inerte mujer.
La mujer suspiró al sentir la caliente respiración contra su oreja, no reparó en los demás trabajadores que se les quedaron viendo.
– No me mires así. – susurró para luego alejarse, tomar su campera y ponérselo para el alivio de la azabache.
La mujer siguió al ojidorado hasta la casa y tan pronto entraron, la mujer se despabiló, aún había mucho trabajo por hacer, por lo que pasó a un lado del ojidorado y continuó con su misión de transportar los ramos desde los baldes con agua hasta el balde sin agua a un costado de Isayoi.
– ¿Estas cajas puedo llevarlas hasta la camioneta?. – indagó el ojidorado.
– Si hijo, estamos muy atrasados, debí haber cortado las flores ayer. – comentó la mayor agobiada.
– Tranquila madre, todo saldrá bien. – alentó. Isayoi lo miró y sonrió levemente. – Kagome ayúdame. – Pidió. La mujer dejó su labor por unos minutos al observar que ya había suficientes ramos que empaquetar.
– Si. – susurró.
– Apila las cajas. – pidió. La mujer comprendió la orden y fue alzando las cajas sobre los brazos extendidos del ojidorado. Cuando alzó la quinta caja el hombre supo que eran suficientes. Entonces salió por la puerta. – Guíame. – ordenó y la azabache asintió indicándole el camino hasta la camioneta en dos viajes ya cargó todas las cajas y solo sobraban dos por lo que volvió a la casa y se sentó sobre el frio suelo frente a su madre.
– ¿Qué haces?. – indagó Isayoi.
– Pásame los cartones armaré las cajas. – musitó seguro. La mujer sonrió levemente y asintió pasándoselas.
Los tres estaban sincronizados, Kagome colocaba los ramos en el balde seco, Inuyasha armaba las cajas y las pasaba a la mayor, esta colocaba los ramos y lacraba la caja, luego Kagome lo apilaba frente a la puerta.
En treinta minutos otras diez cajas estaban apiladas frente a la puerta y los ramos eran cada vez más pocos.
– Ya será el horario de almuerzo y no he cocinado nada. – musitó Isayoi angustiada.
– Madre, aún queda algo de comida del desayuno, comamos eso o nos atrasaremos. – expuso Inuyasha.
– Pero…– susurró la mayor, no conforme. – Solo queda arroz y un poco de sopa de miso. – informó.
– Puedo cocinar rápidamente un poco de curry para acompañar al arroz. – ofreció Kagome. La mayor la observó fijamente.
– Lo haré yo. – expuso intentando pararse.
– Ya he terminado con todo lo que podía ayudar, usted aun tiene mucho que hacer, confíe en mí, solo esta vez. – musitó Kagome en suplica. La mayor la miró fijamente y luego asintió derrotada, ya que la azabache tenía un buen punto.
La mujer fue a la cocina y buscó los ingredientes en diez minutos ya se podía percibir el delicioso aroma.
– Hemos terminado, ve a ayudar a Inuyasha a llevar las cajas hasta el auto yo prepararé la mesa. – informó Isayoi ingresando en la cocina al tiempo que la azabache apagaba el restante de sopa de miso que había puesto a recalentar.
– Si. – susurró. Caminando en dirección a la salida de la cocina.
– Gracias por la ayuda. – musitó Isayoi en un susurro.
– No fue nada, gracias por confiar en mí y dejarme ayudarla. – musitó la azabache al tiempo que iba en dirección al ojidorado. Rápidamente cargaron todas las cajas en la camioneta, pues Inuyasha la había movido hasta quedar tan pronto cruzara la puerta y luego lo taparon con una lona gruesa y regresaron a la casa. Apenas ingresaron ya pudieron divisar la mesa preparada y recibieron la orden de sentarse.
– Iré a lavarme las manos, ven conmigo Kagome. – musitó Inuyasha. La mujer asintió y lo siguió. Apenas ingresaron al cuarto Inuyasha cerró la puerta entonces la mujer se tensó, pero cuando él abrió el grifo con agua caliente y lo reguló hasta dejarlo tibio, ella se reprendió por sus malos pensamientos.
Ambos lavaron sus manos en un completo mutismo, él cerró la llave y le pasó una toalla para secarse. La mujer lo tomó y tan pronto sus manos estuvieron secas le devolvió, entonces dio media vuelta con intención de volver al comedor. Pero la mano el hombre fue más rápido pues la sujetó firmemente por la muñeca impidiendo que "huyera".
– ¿Que le contestaste?. – indagó
– ¿Qué?. – indagó la mujer confundida.
– A Sesshomaru, ¿Qué le contestaste?. – indagó nuevamente. La mujer se tensó.
– Yo…yo, nada. – tartamudeó. Inuyasha se acercó más a su rostro.
– No necesitas mentirme, ¿le dijiste que aún lo amabas?, ¿O dudaste?. – indagó acercándose aun más hasta casi rosar sus labios.
– Yo…no dude, yo amo a…– susurró pero la declaración fue cortada por los calientes labios masculinos. La mujer lo empujó por el pecho cortando el contacto.
– ¿No dudas, ni siquiera un poco?. – indagó en un murmullo haciéndola temblar.
– Yo…– susurró en shock. La mujer miró la fiera expresión en el rostro masculino y su voz se negó a salir. Por lo que simplemente intentó huir nuevamente pero él aún la tenía sujeta firmemente.– Mírame y dime si puedes decirle a Sesshomaru que lo amas, y no dudar. – demando. La mujer quedó cabizbaja unos segundos, pero pronto levanto la mirada.
– ¿Está todo bien?. – Indagó Isayoi tras la puerta
Continua…
Hola, hola espero estén muy bien, tarde un poco pues escribí de cero este capítulo, es verdad que hace mucho tiempo ya tenía escrito el capitulo 18 pero no me convencía lo que había puesto como continuación, por eso decidí re escribirlo y cambiarlo completamente y eso me resulto algo difícil.
Muchas gracias por sus comentarios y por esperar la continuación, eso me motiva a seguir.
Las quiere
Mizune- Mei
