JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 19
Por un segundo la mujer siento miedo al creerse descubierta, pero pronto reaccionó.
– ¡Sí!, ya salimos. – musito Kagome en voz alta. – Puedes soltarme por favor. – agregó en un murmullo. Inuyasha la soltó y ella caminó en dirección a la salida, el hombre quedó en shock por unos segundos, pero pronto reaccionó y siguió a la mujer.
Comió rápidamente ya que deseaba huir de ese lugar, pero apenas sus tazones estuvieron "limpios" las demás también habían terminado.
– Ahora iremos al salón. – ordenó su madre para dejarlo peor.
– Pero…– debatió. – Kuso, ¿por qué demonios pregunté eso?, ahora no puedo mirarla fijamente. –se reprendió mentalmente, había estado luchando contra su curiosidad, pero esa lucha no duró mucho pues ya había hecho la pregunta y de la peor forma, en ese momento estaba avergonzado.
– ¿Sucede algo?. Indagó Isayoi elevando una ceja al verlo intranquilo.
– Es que, Kagome podría estar cansada. – musitó lo primero que se le pasó por la cabeza. Estaba inquieto y no podía ocultarlo bien, eso no era bueno.
– Es que necesitaré ayuda o no terminaré. – expuso la mayor angustiada.
– Vayamos. – musitó Kagome y el hombre solo pudo respirar hondamente.
El camino hasta el salón fue bastante largo a criterio del ojidorado, aunque en realidad no pasó de diez minutos, por lo que cuando vio la entrada al lugar, pudo respirar tranquilo; estacionó la camioneta justo en la entrada y se bajó rápidamente.
– ¿Te ayudo?. – indagó la mujer y él solo pudo asentir y recibir las cajas. Isayoi ingresó en el lugar y saludó a un hombre, pronto regresó y ordenó bajar las cajas sobre una mesa.
La mayor quedó adentro mientras Inuyasha y Kagome volvieron a la camioneta para transportar las cajas que aún estaban ahí.
Los músculos del ojidorado estaban todos contraídos, estaba tenso, no sabía cómo actuar, y aun faltaba mucho por trasladar.
– Ayuda a mi madre. – pidió.
– ¿Pero, como bajarás todo lo que queda?. – indagó.
– Keh, no me subestimes, he estado haciendo esto por más de 15 años y nunca te he necesitado. – gruñó. La mujer entonces asintió y caminó en dirección al salón.
– ¿Puedo ayudarla en algo?. – indagó al llegar junto a Isayoi.
– Si, debemos sacar las mallas con cuidado; las flores irán en estos floreros, cinco naranjas, cinco rojas, cinco amarillas, cinco violetas, mírame con atención primero elegimos las flores, sacamos las mallas, colocamos las cinco así y luego las cinco siguientes de esta forma, formando un espiral, le colocamos las hojas de helecho bordeando todo el ramo, así, lo atamos, cortamos los tallos y ya van al florero. – explicó a la atenta azabache.
– Comprendo. – susurró. Estaba nerviosa porque aun cuando parecía fácil la señora Isayoi lo hacía quedar tan bello y ella no quería arruinarlo. Los floreros eran como una caja color madera que hacía lucir aún más el hermoso y colorido ramo.
La azabache miró el ramo de muestra y juntó las flores requeridas, al bajar la malla aplastó un poco la primera flor por lo que gimió frustrada.
– Abre bien la malla con las dos manos y bájala. – mostró paciente la mayor. Kagome lo hizo y sonrió al ver intacta la flor. Inuyasha llegó con una nueva pila de cajas, las bajó sobre la larga mesa y sin decir nada volvió a desaparecer. La azabache terminó su primer ramo y lo miró embelesada.
– ¿Cuántos debemos hacer?. – indagó.
– Mmm… me había dicho 30 floreros para el centro de mesa, el ramo de novia y cuatro ramos más grandes, entonces nos quedan 25 igual que estos. – explicó. Kagome miró con resignación la rapidez y perfección con la que Isayoi armaba los ramos, cuando ella recién había terminado uno, la mayor ya había hecho tres más aparte del que había hecho de muestra.
Kagome tomó de la caja un ramo con doce flores envueltos en el papel celofán y suspiró, si tan solo fueran del color requerido los pondría así como estaban y solo agregaría las faltantes, pero no, algunos eran todos amarillas, otros una mezcla de dos o tres colores por lo que deshizo el nudo sacó el papel celofán y seleccionó las flores correctas y las faltantes las completo de otro ramo.
Inuyasha ingresó en el lugar por segunda cargando unas cuatro cajas y no pudo evitar fijar su mirada en la azabache que estaba concentrada separando las flores por color. Isayoi fijó su mirada en su hijo y suspiró.
– Hijo podrías llevar esos floreros en las mesas de allá, quiero ver como lucen. – pidió. Inuyasha se sobresaltó levemente por la petición ya que estaba muy concentrado analizando a la mujer, cosa que no había notado hasta escuchar la voz de su madre.
– Aún quedan unas cuantas cajas en la camioneta. – expuso inquieto al sentirse descubierto.
– Yo lo llevaré. – musitó feliz Kagome. Tomó el primer florero y caminó rápidamente hasta las mesas que estaba bastante apartadas de donde ellos estaban. Inuyasha dio media vuelta con intención de volver a donde estaba la camioneta.
– Hijo, tienes la misma mirada que tu padre cuando me observaba. – comentó. El hombre se sintió agobiado por unos segundos por lo que decidió caminar presurosamente hacia el exterior.
– Quedó hermoso; el mantel blanco hace que el arreglo sea más maravilloso. – comentó Kagome feliz. Isayoi miró la mesa a lo lejos y sonrió complacida.
– Kagome. – musitó.
– ¿Si?. – indagó mientras arreglaba las hojas para que se vieran mejor.
– ¿Tu y mi hijo, son solo amigos en verdad o tienen algo más?. – indagó logrando que la mujer se atragantara con su saliva y tosiera.
– ¡Solo amigos!. – musitó casi gritando. La mayor la miró escéptica por unos segundos pero pronto suspiró. Continuó su trabajo en completo mutismo, pero se sentía agobiada por lo que no pudo callar mucho tiempo.
– Cuando conocí al padre de Inuyasha, él estaba separado de su mujer, me había dicho que era casado pero estaban tramitando el divorcio, yo…no quise meterme en un matrimonio, entonces me alejé, pero no podía dejar de pensar en él. – musitó.
Kagome abrió los ojos impresionada, ni en sus más locas fantasías hubiera previsto que esa mujer que recién conocía le contaría algo tan íntimo.
– Eso. – susurró sin saber que decir.
– Cuando nos mudamos juntos, fui la más dichosa, aún cuando me tachaban como la amante, yo fui feliz. – musitó. Kagome no dijo nada solo guardo silencio analizando las palabras de la mayor, sin entender la extraña declaración. – ¿Sabes que mi hijo está comprometido verdad?. – indagó.
– Si. – susurró la azabache.
– No deberías confundirlo, te lo digo como alguien que sufrió esto, si te gusta y lo quieres para ti, tómalo antes de que se case, si lo haces después solo sufrirás y sufrirá él también. – musitó. La cara de Kagome se quedó colorada.
– Etto…eso…eso no es. – Tartamudeó avergonzada y su timidez aumento al ver ingresar a Inuyasha con más cajas.– Iré a llevar el resto de los floreros. – musitó tomando uno y prácticamente corriendo en dirección a las mesas.
Kagome colocó el florero en el centro de la mesa y fingió arreglar las flores hasta que Inuyasha abandonó nuevamente la sala.
En silencio la azabache armó los ramos, con total concentración y al ver a Inuyasha "ubicaba" los floreros en su lugar.
– Madre, estas son la últimas. – informó. – son 23 cajas. – agregó.
– Perfecto, son 23 cajas, con 5 ramos de 12 flores, entonces son casi 1400 flores, creo que serán suficientes. –analizó. Kagome la observó impresionada, la madre de Inuyasha era verdaderamente hermosa y talentosa. – si quieres puedes irte y venir a buscarnos en dos horas. – ofreció.
– Me quedaré a ayudar. – aseguró. Ya solo faltaban terminar ocho floreros y eran la 1 p. m eso animó a Isayoi pues iban muy bien. Kagome era bastante buena, ya había casi dominado la técnica. Inuyasha por otro lado después de quince años aún era desprolijo, aplastaba las flores por lo que fue regañado y castigado a solo transportar los floreros a las mesas y juntar los papeles celofán y las mallas en un cartón.
– Te encargo los últimos tres, yo haré el ramo para la novia. – musitó la mayor. Kagome asintió segura.
Isayoi juntó solo los crisantemos blancos que estaban olvidados en una parte de la mesa, cortó los tallos hasta dejar solo treinta centímetros de largor, le agregó algunas hojas y adornos. De su cartera tomó un listón blanco que asemejaba al encaje primero ató con un hilo normal y luego lo lió con el encaje solo cubriendo la mitad de los tallos.
Kagome observó maravillada como en cinco minutos estaba listo el hermoso ramo.
– Hijo, tráeme aquellos cuatro floreros grandes. – ordenó al ojidorado mostrando a lo lejos unos floreros de medio metro de alto. El hombre asintió y caminó en esa dirección.
– ¿Cuántas flores quedan?. – indagó a la mujer. Kagome contó los ramos enteros y luego las flores por unidad.
– Aun quedan 50 ramos y 152 flores. – aseguró.
– Mmm…son demasiados para ponerlos todos en los floreros. – expuso pensativa. – Pongamos cien en cada florero y luego veré que hacer con lo que reste. – agregó.
– Bien. – musitó. – ¿25 de cada color?. – indagó a lo que la mayor asintió. Kagome separó las flores por color e Isayoi conto la cantidad requerida y armo el ramo con las hojas. Inuyasha miró la seriedad con la que trabajaban ambas mujeres y solo pudo sonreír mientras juntaba el resto de papel celofán y las mallas que la azabache lanzaba al suelo al desarmar los ramos.
Tan pronto los enormes ramos estuvieron listos Inuyasha fue acomodándolos dos en la entrada y dos a un costado de la mesa preparada para los novios.
– ¿Qué hora son?. – Indagó Isayoi al finalizar el trabajo.
– Las 2: 45 p. m. – informó Inuyasha.
– Ohh…Kami dentro de 1 hora empezará. – informó angustiada.
– Ya está todo hecho. – informó Inuyasha.
– Si, pero han quedado muchas flores. – informó triste mirando las trescientas flores esparcidas sobre la mesa. Inuyasha sabía que su madre odiaba "desperdiciar" sus flores.
– Si haces con ellas el adorno de la mesa de los novios. – musitó e Isayoi sonrió.
– Ayúdenme a llevar las flores hasta la mesa de allá. – Pidió eufórica. Ambos asintieron y con cuidado los transportaron. Isayoi cortó los tallos y los ató uno contra otro haciendo una decoración lineal por todo lo largo de la mesa de los novios. Al terminar sonrió satisfecha. – Juntemos todo y vamos a prepararnos. – ordenó. – ¿Qué hora es?. – indagó nerviosa.
– 3: 20 p.m y terminamos. – informó Inuyasha e Isayoi sonrió ampliamente. Abrazó a Kagome sorprendiéndola.
– Gracias por la ayuda, sin ti no hubiese terminado. – agregó. – Bueno ahora vamos rápido a prepararnos. – pidió. Inuyasha ya había alzado todo lo sobrante en la camioneta mientras su madre había estado trabajando por lo que solo bastó salir y subir en la camioneta.
Tan pronto llegaron a la casa la madre de Inuyasha se vistió y maquilló, ella quería llegar al lugar donde se haría la ceremonia luego irían al salón a festejar.
– Hijo, Kagome, ¿están listos?. – indagó en un grito. La azabache caminó rumbo a la sala y sonrió al ver a Isayoi usando un vestido negro con detalles en plateado, sus largos cabellos caían lacios y sus labios rojos la hacían ver hermosa.
– Madre, esta preciosa. – musitó Inuyasha antes de besar el rostro de la mayor.
– ¿Aún ni te has bañado?. – regañó.
– No, y creo que usted tampoco. – anunció riendo.
– Si, pero al menos me limpie el sudor y la tierra, la gente no se baña regularmente en invierno. – refutó en su defensa.
– La llevaré al lugar de la ceremonia y luego volveré a buscar a los demás. – musitó. Isayoi asintió al ver que solo faltaban siete minutos. Inuyasha la guió en su vehículo y luego se marchó.
Kagome se sentó en la silla del comedor, no podía borrar la sonrisa que adornaba su rostro, después de mucho tiempo se había sentido útil y necesaria, y eso la hacía muy feliz.
La azabache desvió la cabeza hacia la puerta al escuchar dos toques, algo en su estómago se revolvió sin poder explicarlo. Lentamente caminó en dirección a la puerta. Agradeció el hecho de que la puerta tuviera la mirilla. Pues algo en su interior le decía que estaba mal. Sus ojos se abrieron exorbitantemente y su garganta se sintió seca al observar.
– Kikyo. – el nombre abandonó sus labios en forma de susurro.
Continua…
Hola, hola, se que el capítulo quedó corto, pero decidí publicarlo así para no hacerles esperar tanto, como siempre les agradezco que lean lo que escribo.
Muchísimas gracias por sus hermosos comentarios, me hacen feliz.
Las Quiere
Mizune - Mei
