JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 20

Su cuerpo entero entró en estado de alerta, y sus deseos de escapar afloraron, al escuchar los golpeteos.

– Ohhh…Kami ¿qué haré?. – susurró angustiada. Esperó unos minutos y luego con temor volvió a observar por la mirilla. Soltó una exclamación de sorpresa al ver el rostro de la mujer muy cerca de la mirilla. – ¿Me habrá escuchado?. – se preguntó en pensamientos mientras cubría su boca con las dos manos.

– Se que estás ahí, hablemos unos minutos. – demando en voz alta. Kagome tembló de pies a cabeza y los deseos de huir corriendo aumentaron. Pero antes de darse cuenta ya había abierto la puerta y se encontraba cabizbaja ante la asombrada mirada de la otra mujer.– ¿Qué haces aquí?. – la interrogante la dejó helada.

– Yo…– susurró. Se sintió confundida al escuchar la suave risa femenina.

– Esto es el colmo, me engaña el día de nuestro compromiso y luego te trae a su casa. – comentó con sorna.

– Etto…Inuyasha él. – susurró. Intentando explicarse, pero su mente estaba hecho un lio.

– ¡Cállate!. – gritó sorprendiendo a la mujer.

– Lo que pasó esa noche fue un error, fue culpa mía, yo lo busqué, yo... – comentó pero no pudo terminar la frase, al sentir la fiera cachetada. La miró impactada pero no pudo decir o hacer nada, sintió que lo había merecido.– Yo lo siento, pero en verdad fue mi culpa, Inuyasha, en verdad te ama, si lo perdonas él…– susurró y gimió al sentir el lacerante dolor de una nueva cachetada.

– ¿Perdonarlo?. – indagó enojada. – No tengo interés en casarme con un ser sucio como él. – musitó. Kagome sujetó su rostro adolorido, mientras un nuevo sentimiento la embargaba y reemplazaba la culpa.

– ¿A qué has venido entonces?. – indagó levantando la mirada. Le molestó la forma en que la mujer se había referido a Inuyasha.

– Eso no es asunto tuyo. – gruñó.

– Si piensas lastimar a Inuyasha, entonces es asunto mío. – aseguró la azabache. – Te pido que te marches. – agregó. Kikyo la observó notoriamente ofendida.

– ¿Quién demonios te crees para decirme lo que debo hacer?. – indagó e intentó golpearla nuevamente pero Kagome de un manotazo impidió el golpe.

– Vete. – ordenó la azabache.

– No me iré, debo ver a Inuyasha y a su madre. – musitó molesta.

– Vete y no vuelvas. – ordenó Kagome tétricamente. Podía leer las malas intenciones de la mujer.

– ¿Piensas que dejaré que te quedes con él?. – indagó sombríamente.

– Yo…no…– musitó. Intentando hacerle saber que su idea no era permanecer como pareja con Inuyasha.

– No te quedarás con él, no pueden ser felices después de lo que me hicieron. – susurró. Kagome raramente sintió empatía después de esa frase y eso mitigó su enojo. Por un segundo ella también había dicho eso en sus pensamientos cuando vio a su esposo con Kagura.

– Yo…– susurró.

– Haré que Inuyasha se arrepienta de lo que hizo, lo haré sufrir a él y a todos los que ama. – gritó. Kagome la miró impactada por un segundo y luego sonrió ladinamente.

– Que infantil. – musitó. Y eso desencadenó un ataque de ira en Kikyo quien se lanzó al cuello de Kagome.

– No sabes cuánto lo amaba, cuanto esperé para estar con él, cuanto soñé con nuestro matrimonio y tú lo arruinaste todo. – gritó mientras la tomaba del cabello.

– Suéltame. – gritó Kagome peleando contra su agarre y tomando un mechón de cabello también. Kikyo gimió al sentir el tirón.

– ¡Inuyasha!. – gritó desesperada, nunca antes había sentido tanto dolor, por lo que la angustia la embargo.

– Inuyasha no vendrá. – susurró Kagome. – si no te vas, ambas perderemos muchos mechones de cabellos. – aseguró tétricamente. Su mente estaba hecho un lio por momentos empalizaba con la mujer, por otros la odiaba y en otros la envidiaba.

– Me iré, suéltame. – pidió. Kagome la soltó notando largas hebras en sus manos, entonces Kikyo también la soltó. Dio media vuelta y prácticamente corrió "escapando" del lugar. Kagome cerró la puerta y agitó su cuero cabelludo.

– Dolió. – susurró mientras acomodaba sus cabellos. Pronto caminó en dirección al bañó y lavó sus manos, luego mojó su cara. – Esto no está bien Kagome. – susurró a su reflejo. – ¿Por que sentí tanto miedo al pensar que Inuyasha pudiera volver con esa mujer?. – analizó en pensamientos. – Recuerda Kagome, estás casada con Sesshomaru, no tienes nada con Inuyasha. – agregó en un susurro. Al volver a la sala se encontró con Inuyasha y no pudo mirarlo a la cara por lo que permaneció cabizbaja.

– Apenas llegamos a tiempo, mi madre estaba histérica. – comentó. La mujer se quedó en silencio, si Inuyasha hubiera llegado unos minutos antes la habría descubierto. – Oe, ¿estás bien?. – indagó y ella solo pudo asentir.

– Solo estoy un poco cansada. – mintió. No supo porque, pero no pudo comentarle sobre la "visita" de Kikyo.

– Toma un baño caliente y te sentirás mejor. – aconsejó el hombre. Kagome solo asintió. Se dirigió a la habitación y buscó su toalla, ropa interior, y una ropa abrigadora. Se tensó cuando el hombre también ingreso.

– Discúlpame pero debo elegir un traje. – explicó. La mujer asintió antes de abandonar la habitación y caminar al baño.

Apenas la azabache abandonó la habitación Inuyasha escogió un traje gris con detalles en negro y una camisa color roja, buscó sus zapatos negros.

– ¿Qué hora empezará el festejo?. – indagó la mujer sorprendiéndolo. Pues no habían pasado más de diez minutos desde que había salido.

– En dos horas aproximadamente. – comentó buscando su ropa interior y medias.

– ¿Cuánto tiempo estarán fuera?. – indagó algo desanimada.

– ¿Estarán?, ¿acaso no irás?. – preguntó elevando una ceja.

– Etto…yo, no conozco a la novia ¿Por qué iría?. – musitó.

– Pues porque te estoy invitando, además la tía no dirá nada. – aseguró. Kagome miró el traje y sonrió algo triste.

– Estoy un poco cansada, me quedaré a dormir. – musitó. Inuyasha la miró fijamente y luego solo suspiró.

– Está bien. – concedió. – Iré a ducharme al granero, así que descansa tranquila. – agregó antes de marcharse. Kagome suspiró profundamente antes de acostarse en la cama y ovillarse.

Los minutos pasaron lentamente, y ella tan solo se mantuvo inerte en la misma posición, pero al escuchar las voces masculinas a lo lejos no aguantó la curiosidad y se paró, rápidamente caminó en dirección a la ventana y ahí quedó boquiabierta viendo al ojidorado, como si él hubiese sentido la penetrante mirada fijó su mirada en la ventana descubriéndola en su escrutinio. Inuyasha levantó una mano en señal de despedida y ella hizo lo mismo.

Cuando el hombre llegó a la fiesta, en compañía de los otros tres trabajadores, se dirigió en dirección a su madre.

– ¿Dónde está Kagome?. – indagó al no verla en el grupo.

– Decidió quedarse a descansar. – musitó Inuyasha.

– Pero…– susurró.

– Amiga todo esta hermoso, es justo como lo había soñado. – comentó la novia llegando junto a ellos.

– Felicidades por la boda, señora Midoriko. – musitó Inuyasha y la mujer se tensó.

– ¿Cuántas veces te he dicho que me llames tía Midoriko?. – gruñó e Inuyasha sonrió molestándola.

– Espero que esta vez sea el "tío" correcto. – comentó logrando nuevamente un gruñido en la mayor.

– ¿Sucedió algo malo?. – indagó Midoriko al ver a Isayoi pensativa.

– Es que pensé que vendría la persona que me ayudó a decorar, ahora Inuyasha me informa que no vendrá. – comentó algo desganada.

– ¿Acaso es la prometida de Inuyasha?. – indagó feliz e Isayoi negó con la cabeza.

– Dijo que no conocía a la novia, creo que no quiso venir por vergüenza. – comentó Inuyasha.

– Quizás, o tal vez no tenía un atuendo de gala con el cual asistir. – Musitó Midoriko entonces Inuyasha bufó, no había pensado en ello. El ojidorado vio el rostro angustiado de su madre y suspiró, la mayor no podía ocultar sus emociones, aunque siempre estuviera gruñona con gente nueva y fuera recelosa, era una persona con un corazón bondadoso.

– Tal vez solo quería quedarse a dormir, fueron días muy largos. – expuso. Pero eso no relajó la expresión preocupada en el rostro de Isayoi.

– Hijo ¿me harías un favor?. – indagó.

X.X.X.X.X.X.X.X

Kagome suspiró frustrada, no podía dormir, hacía más de una hora de la partida de Inuyasha y por más que intentaba mentalizarse que debía dormir, simplemente el sueño no llegaba a ella aún era muy temprano.

Un sonido extraño se escuchó cosa que la sobresaltó, temerosa se paró y caminó en dirección a la puerta de la habitación. La abrió lentamente y fue a la sala, detalló con la mirada la cocina y el comedor, pero no vio nada extraño.

Un nuevo sonido se escuchó por lo que el corazón de la azabache, latió aun más a prisas. Con el corazón debocado siguió el ruido hasta una puerta tomó el pomo y con manos trémulas giró la perilla.

– ¡Kyaaaa!. – el grito retumbo en la habitación. "El intruso" giró la cabeza en dirección a la mujer y luego le sonrió. – ¿Inuyasha?. – indagó confusa, con el corazón bombardeando irregularmente.

– Keh, ¿Acaso te asuste?. – indagó burlón.

– Tonto, pensé que habían entrado a robar. – musitó angustiada. – ¿Que iba a pensar tu madre de mí, si justamente cuando me quedaba sola entraba un ladrón?. – indagó acongojada. – Ya me odia lo suficiente sin que haya hecho nada. – agregó en un susurro. El hombre se acercó a la mujer tendiendo una cubierta de plástico transparente en brazos

– Toma. – musitó. La mujer lo miró extrañada. – Es un encargo de mi madre. – agregó. La mujer entonces lo tomó dudosa y lentamente abrió la cubierta.

– Esto. – susurró observando extrañada la tela. Inuyasha la ayudó para sacar completamente la cubierta. – Yo no entiendo. – musitó la mujer.

– Mi madre quiere que vayas a la fiesta, estaba muy triste porque no fuiste. – musitó el ojidorado.

– Sí, claro. – musitó con notoria burla la mujer.

– Es verdad, ella me pidió que te entregara esto y con él fueras a la fiesta. – aseguró el hombre. Entonces la azabache lo miró indecisa. – Dijo que te explique que es tu paga por la ayuda de hoy, que no quiere deberte nada. – agregó. La azabache entonces detalló el hermoso vestido y sonrió.

– Yo, no quiero ir. – susurró. Pero el hombre entonces pudo leer claramente que era mentira.

– Entonces quédate, pero si un ladrón te visita, que quede constancia, todo será tu culpa. – musitó molestándola. Kagome lo miró fijamente y luego le sacó la lengua.

– Esta bien, iré, espérame treinta minutos. – musitó antes de correr en dirección a la habitación.

Tendió el vestido sobre la cama y lo miró con adoración, era un vestido largo color verde azulado oscuro con mangas largas, lo más resaltante era el profundo escote, eso también era lo que más la asustaba.

Se desvistió prontamente y tembló ligeramente de frío, pronto tomó el vestido buscó el cierre y lo bajó, se lo colocó y notó que el largo era perfecto, por lo que sonrió complacida. Intentó subir el cierre pero era imposible por lo que suspiró.

– Inuyasha. – llamó sacando solo su cabeza por la puerta.

– Hump. – masculló el ojidorado.

– ¿Puedes ayúdame por favor?. – pidió en un susurro.

– ¿Qué necesitas?. – indagó desde la silla del comedor.

– Etto, ¿podrías venir un minuto?. – indagó sin contestar la pregunta del hombre.

– Tsk. – protestó pero aún así se paró y caminó en dirección a la mujer.

– Etto, solo…solo quería saber si puedes ayudarme a subir el cierre. – susurró tartamudeando levemente. Inuyasha miró la espalda femenina y luego el sonrojo en la mejilla femenina que al estar mirando de costado era notoria. El hombre se acercó y con lentitud subió el cierre.

– Gracias. – susurró la mujer. Girando el hombre sonrió ladinamente al observarla y ella se sonrojó aun más.

– Creo que algo no está bien. – Anunció el hombre, ella lo miró extrañada.

– Este vestido debes usarlo sin sujetador. – anunció entonces la mujer dio un paso atrás y luego por instinto miró la zona que el hombre observaba notando que todo su sujetador color piel, eliminaba la elegancia del vestido.

– Oh. – gimió sin saber que más decir.

– Voltéate. – musitó el hombre. La mujer se sobresaltó pues en su cabeza se recreó la escena que días antes habían protagonizado en la cocina del hotel. Sacudió su cabeza al tiempo que se volteaba. El cierre descendió nuevamente y entonces la mujer jadeó sorprendida al sentir los fríos dedos del hombre contra su piel.

– ¿Qué haces?. – indagó en un susurro intentando apartarse.

– Te desabrocharé el sujetador. – explicó tranquilamente.

– Etto, no es necesario eso puedo hacerlo. – susurró la mujer avergonzada.

– Lo haré yo. – aseguró el ojidorado. Kagome entonces quedó inerte intentando no gemir. Cuando estuvo desabrochado el hombre acarició la espalda femenina. – Listo. – susurró logrando que una corriente eléctrica la recorriera.

– Etto, yo…yo ahora…sal un momento por favor. – tartamudeó afectada. El hombre asintió y abandonó la habitación. Kagome suspiró aliviada, entonces se sacó ambas mangas del vestido y finalmente pudo quitarse el sujetador, y luego volvió a ponerse las mangas. – Etto, podrías cerrarme el vestido nuevamente. – pidió volviendo a la sala. El hombre asintió y con parsimonia subió el cierre.

– Gira. – pidió el hombre y Kagome tembló pero aun así cumplió al "orden". – Mucho mejor. – musitó el hombre observando el pronunciado escote y la redondez de los senos que podía apreciar sin llegar a lo vulgar.

– Gracias. – susurró Kagome antes de huir rumbo a la habitación.

Buscó su peine e intentó hacerse un recogido, pero pronto desistió al ver que no quedaba bien, por lo que simplemente peinó sus cabellos y los dejó sueltos. Buscó el maquillaje que había comprado y suspiró derrotada, solo había comprado un lápiz de ojo, polvo, base, mascara para pestañas y labial color rosa. Por lo que mucho no pudo hacer pero al mirarse al espejo sonrió satisfecha. Optó por un zapato negro cerrado.

– Estoy lista. – anunció ingresando en la sala. Inuyasha la miró fijamente por un segundo, pero pronto desvió la mirada.

– Afuera está haciendo mucho frío. – comentó al verla solo con el vestido.

– No tengo nada bonito que pueda llevar. – susurró. Solo contaba con sus dos camperas, pero no pensaba arruinar la belleza del vestido. Inuyasha volvió a su habitación y eligió un saco negro y volvió junto a la mujer.

– Póntelo al menos hasta llegar al salón. – musitó colocando la prenda contra la espalda femenina, ella asintió y colocó las mangas.

Que bien huele. – pensó la mujer. Al tenerlo tan cerca su perfume la embriagaba.

– Vámonos. – susurró antes de caminar en dirección a la salida.

El camino hasta el salón lo hicieron en absoluto mutismo. Por lo que cuando llegaron, la mujer suspiró aliviada. Ya estaba iniciando la noche por lo que la temperatura empezaba a bajar más rápido.

– Entremos. – musitó Inuyasha y ella solo lo siguió. Tan pronto ingresaron Kagome se sacó el abrigo masculino y lo sostuvo en brazos mientras sorprendida analizaba a las personas, eran más de cien, quizás doscientos personas. Kagome volteó la cabeza impresionada al sentir las frías manos del ojidorado tomando las suyas.– Te guiaré hasta la mesa. – aseguró.

– Si. – susurró Kagome aparentando indiferencia, pero la verdad era que su corazón se sobresaltó cuando la mano se aferró con delicadeza a la suya. Caminaron lentamente sorteando a la maraña de gente, cuando llegaron a la mesa que les correspondía la azabache sonrió nerviosamente al ver la expresión en el rostro de Kouga.

– Guau preciosa, estás muy sensual. – musitó.

– Gracias. – susurró. Isayoi la miró de reojo y sonrió levemente.

– Siéntate aquí. – pidió Kouga señalando la silla a su lado. La mujer asintió y caminó en dirección al sitio ofrecido. Inuyasha se sentó en la silla contigua a la mujer por lo que la mujer quedó entre los dos hombres.

– ¿Quieres comer algo?. – ofreció mostrando los platillos de entrada, ella asintió y tomó uno.

Inuyasha la miró de reojo y Kouga también lo hizo, por lo que la mujer comió algo incómoda, y eso desembocó en que se atorara con la comida y tosiera. Inuyasha disimuladamente le acercó un vaso con agua poniendo sobre la mesa justo frente a la mujer.

– Bebe un poco de agua. – musitó Kouga acercando el vaso al rostro de la mujer. Ella lo hizo y luego le sonrió.

– Gracias Kouga. – susurró.

– Tsk. – masculló Inuyasha. Kagome observó el centro de mesa y se sintió orgullosa. Había requerido trabajo pero al ver lo hermoso que había quedado todo solo podía estar feliz.

– ¿Quieres beber algo preciosa?. – indagó Kouga. La azabache negó lentamente con la cabeza.

– Dámelo. – susurró Inuyasha y ella lo miró extrañada pero sonrió al sentirse despojada de la prenda que antes sostenía en sus manos. El hombre se paró y lo colocó por el espaldero de la silla de la mujer.

– ¿Sabes que estamos festejando el casamiento número cuatro de la tía Midoriko?. – indagó Kouga elevando una ceja, la azabache asintió pues ya lo había escuchado de Inuyasha. – la tradición dice que debes beber en este matrimonio o serás la próxima en casarse varias veces. – comentó mientras ofrecía la copa.

Kagome sonrió ante la ocurrencia del hombre; le resultó adorable por lo que tomó la copa y bebió el contenido de un sorbo.

– Te salvé, gracias a mi solo te casaras una vez. – comentó "galantemente". Pero eso logró que la mujer sonriera nerviosamente.

– Kouga, iremos a recorrer el salón, ¿Vienes con nosotros?. – musitó Hakkaku. Con una expresión de notoria picardía.

– Vayan ustedes, yo me quedaré a hacer compañía a Kagome. – musitó. – También puedes ir con ellos, Inuyasha. – ofreció.

– Tsk, no gracias. – gruñó volviendo a tomar asiento. Los dos hombres se alejaron caminando lentamente en dirección a un grupo de tres chicas e Isayoi suspiró.

Kagome fijó su atención en la novia y sonrió levemente, se la veía tan feliz mientras su esposo le ofrecía algo que comer en su boca. Ellos estaban en una de las primeras mesas cercanas a la mesa de los novios y ella estaba sentada justo de frente a ellos.

Kagome quedó algo cohibida cuando la novia fijó su atención en ella, había sido descubierta mientras realizaba su escrutinio, no es que tuviera algo de malo, de hecho todos los invitados se los quedaban viendo eventualmente y hablaban sobre los novios, pero lo que la avergonzó fue la sonrisa que le dedicó la novia. Quiso desaparecer cuando la mujer susurró algo en el oído del novio y se paró para luego caminar en su dirección.

– Hola. – saludó la mayor. Quedando parada justo a un lado de la azabache.

– Hola, muchas felicidades por su boda. – susurró lo primero que se cruzó por su cabeza.

– Oh, gracias, eres muy amable. – susurró. – ¿Tu nombre es?. – indagó levantando una ceja.

– Etto…me llamo Kagome Tai…– susurró pero fue cortada por Inuyasha quien bajo la mesa dio un toquecito de un segundo en la pierna femenina. – Kagome Higurashi. – agregó nerviosa al percatarse del error que iba a cometer.

– Kagome, es un bonito nombre. – susurró sonriendo ampliamente.

– Gracias. – susurró la azabache. Se tensó cuando la mayor tomó un mechón de su cabello y lo enrolló en un gesto demasiado íntimo.

– Mmm…sabes, no sé en donde, pero creo que ya te he visto antes. – musitó, entonces la azabache la miró impactada, inmediatamente una idea se le cruzó por la cabeza, aterrándola.

– No lo creo tía Midoriko, Kagome viene de Tokio. – musitó en su rescate el ojidorado.

– Mmm… sin dudas ya he visto antes este bello rostro. – aseguró tomándola de mentón y levantando su mirada. – Quizás te he visto en algún video interesante. – agregó sonriendo divertida.

Continúa…

Hola, hola, amo mucho sus comentarios largos, al leerlos y notarlas interesadas soy muy feliz, gracias por el apoyo.

Espero el capítulo sea de su agrado, nos leemos pronto XD.

Mizune - Mei