JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 21

El rostro de Kagome denotó terror por unos segundos, fue entonces que Midoriko la soltó.

– No puedo recordar donde, pero estoy segura que ya te he visto. – musitó, luego de esa frase, guiñó un ojo a Inuyasha y ahí él lo confirmó. Midoriko había visto el video.

– Si me disculpan, iré un momento al baño. – musitó la azabache, ya no podía soportar la tensión por lo que necesitaba huir.

– ¿Al baño?, ¿estás segura que no prefieres ir a la cocina?. – indagó y la azabache se puso pálida.

– ¿Por qué iría a la cocina?. – Indagó Kouga confundido. La mayoría de los presentes en la mesa observaron con curiosidad a la mujer esperando una respuesta a excepción de Kagome quien quedó cabizbaja.

– En fin, espero que se diviertan en la fiesta. – comentó evadiendo la pregunta de Kouga, dejándolos extrañados y curiosos se alejó en dirección a su mesa.

Kouga continuó su intento de seducción, pero la azabache ya no respondía, ni sonreía, por lo que se sentía algo frustrado. Kagome estaba tensa, su único deseo era huir, pero sería demasiado obvio o eso ella creía por lo que intentó aguantarlo, pero era algo muy difícil de sobrellevar, se sentía observada y juzgada.

– Inuyasha, cariño. – se escuchó el estridente llamado por lo que el ojidorado suspiró cansinamente. Pronto fue abrazado por el cuello desde la espalda. – ¡Ya estoy aquí!. – agregó

– Hola tía Isayoi. – se escuchó la masculina voz, inmediatamente los ojos de la azabache se abrieron de impresión al reconocer la voz. Giró el rostro para observar a sus espaldas y ahí lo vio.

– Hola Bankotsu, tanto tiempo hijo. – comentó Isayoi parándose para abrazar al hombre y luego del mismo modo saludó a los otros seis. Inuyasha se paró y también saludó a los hombres estrechándose las manos; la mujer estaba estática sin saber cómo reaccionar. Se sintió observada por lo que fijó su mirada en el pelinegro y este demostró sorpresa al verla.

– ¡Hijos, vinieron!. – se escuchó el grito, cosa que salvó a la azabache, pues la novia se acercó a abrazar y besar a los recién llegados.

– Tsk. – masculló Inuyasha sentándose pesadamente sobre su silla, para luego reír burlonamente de los hombres.

– Madre es suficiente, madre ya ha dejado todo su maquillaje en mi rostro. – musitó Renkotsu "educadamente" intentando librarse de "los acosos" de la mujer.

– Déjenme verlos, mis niños. – musitó feliz. Mientras analizaba a cada uno como si buscara algo.

– Estamos completos y sanos madre, así que no llore. – musitó Bankotsu. Y suspiró al ser nuevamente aplastado.

– Los extrañé, me alegra mucho que estén aquí mis bebes. – musitó.

– No pudimos llegar a la ceremonia, lo sentimos. – expuso Suikotsu y la mayor asintió.

– Lo importante es que ya están aquí y están bien. – expuso la mujer. – Esa es su mesa. – musitó cortando bruscamente la bienvenida, mientras señalaba la mesa contigua a la de Inuyasha y nuevamente se marchaba a su mesa. Kagome después de eso quedó aun más tensa por lo que comenzó a beber. Inuyasha la miró de reojos y la vio terminar el contenido de la copa de un sorbo.

– Kagome preciosa, ¿quieres ir a bailar?. – indagó Kouga. La mujer lo miró y luego miró la pista de baile del otro lado por lo que asintió, lo único que quería era alejarse de ese lugar. Kouga sonrió ampliamente entonces se paró, la mujer lo siguió.

Tan pronto llegaron donde todos bailaban felices lo mujer empezó a moverse al compas de la música, intentando olvidar. Kouga la miró y sonrió coquetamente.

La mujer fue relajándose poco a poco, era difícil pensar y evitar los toqueteos de Kouga por lo que su atención estaba en la pista en ese momento. La mujer sintió "algo extraño" clavarse contra su abdomen y se sintió nerviosa.

– Iré un momento al baño. – susurró contra la oreja masculina. Él asintió.

– Te esperaré. – aseguró por lo que la mujer sonrió nerviosa. No sabía cómo actuar con ese hombre, ya no quería volver a bailar con él.

Al llegar al baño, suspiró frustrada, lavó sus manos mientras observaba su reflejo en el espejo. Su vida había cambiado demasiado en tan pocos días, ya casi no se reconocía.

– Todo esto es un error. – susurró.

Inuyasha los había observado todo el tiempo y un nuevo sentimiento se había instalado en su pecho, algo que no podía reconocer, solo sabía que no le gustaba. Por lo que al verla abandonar el baño mirando hacia ambos lados como si buscara algo no lo aguantó más, se paró y caminó en dirección a la azabache.

– Kagome. – musitó y la mujer soltó y chillido de susto.

– Ahhh solo eras tú Inuyasha. – musitó aliviada, pero eso logró que el hombre elevara una ceja se sintió poco importante por unos segundos. Pero la actitud de la mujer lo sorprendió cuando ella lo tomó del brazo e intentó esconderse tras él.

– ¿Qué haces?. – indagó.

– Solo quédate ahí por unos segundos, por favor. – susurró mientras "se escondía".

– ¿Qué sucede?. – Indagó sin entender el comportamiento de la mujer.

– Inuyasha por favor, baila conmigo. – susurró la mujer y eso logró que el hombre sintiera un escalofríos.

– Feh, yo no bailo. – mintió sin saber por qué.

– Kagome, ahí estabas, ¿continuamos bailando?. – ofreció Kouga con una sonrisa ladina. La mujer presionó con un poco más de fuerza el brazo del ojidorado, entonces él lo entendió.

– Lo siento Kouga, pero ahora es mi turno. – se escuchó una voz masculina, antes que Inuyasha pudiera reaccionar. – ¿Verdad Kagome?. – agregó con una interrogante.

Bankotsu. – pensó la mujer y al ver sus ojos azules que siempre le daban tanta paz, solo pudo asentir mientras se soltaba lentamente de Inuyasha.

El ojidorado vio entre incrédulo y sorprendido a Kagome caminar en dirección a Bankotsu mientras Kouga los maldijo, ambos se perdieron entre el gentío.

– Gracias. – articuló, el hombre solo asintió y luego sonrió ladinamente. Kagome sonrió al verlo "bailar" y él también sonrió. Con la música fuerte por más que desearan hablar se tornaba imposible por lo que simplemente se dedicaron a bailar.

– Vayamos a beber algo. – anunció acercándose a la oreja femenina para luego señalar con la cabeza una zona donde había una mesa libre. La mujer asintió y luego siguió al hombre.

Cuando la botella de vino ya estaba en la mesa, la mujer sonrió mientras recibía su copa.

– ¿Me sorprendí mucho al verte aquí?. – confesó Bankotsu iniciando la conversación.

– Si yo también me sorprendí. – musitó la mujer.

– ¿Viniste con Inuyasha?. – indagó.

– Si. – susurró bebiendo todo el contenido de su copa.

– Mmm…me extrañó que faltaras a nuestra última consulta, me preocupé. – comentó.

– Ah es que sucedieron algunas cosas, y etto, pues, no pude ir. – musitó mientras cargaba su copa.

– ¿Qué sucedió?. – indagó.

– Pues…– susurró, en verdad había extrañado sus pláticas con Bankotsu, pero en ese lugar se sentía extraña al comentarle. – nada. – agregó.

– Sabes que todo lo que me digas lo guardaré, por el secreto profesional. – musitó el hombre alentándola.

– Pues…yo…yo arruiné todo, estos días han sido caóticos, por algo. – musitó tartamudeando, para luego beber nuevamente.

– ¿Qué hiciste?. – indagó interesado.

– Todo ha sido muy estresante desde que descubrí la traición de Sesshomaru. – comentó. – entonces yo…– agregó pero al ver pasar a un invitado cerca de su mesa quedó callada.

– ¿Tu?. – alentó el ojiazul.

– Hablemos de otra cosa. – pidió la mujer. – ¿Cómo conoces a la novia?. – preguntó iniciando un nuevo tema de conversación.

– Es mi madre. – confesó el hombre y los ojos de Kagome se abrieron de la impresión. – En verdad es alguien muy especial e importante para todos nosotros. – comentó en un susurro mientras servía nuevamente ambas copas.

– Claro, todas las madres lo son. – susurró la mujer pensando en su mamá.

– Si, pero ella en verdad es especial, puede verse algo excéntrica y hasta atemorizante a veces, pero no todos hacen lo que ella hizo. – comentó antes de beber y sonrió al observarla, con más de un año de conocerla ya podía leer cada expresión y la que veía en ese momento era de curiosidad. – Éramos siete niños "malvados", niños a quienes nadie quería adoptar, teníamos una pandilla y a los ocho años ya robábamos en la calles, ella eligió a esos niños y los educó con amor, nos dio una familia, un hogar, nos aceptó como somos, nos obligó a estudiar, gracias a ella hoy somos lo que ves. – comentó. El hombre se sorprendió al sentir unos brazos femeninos rodeando su cuello pero tan pronto giró la cabeza quedó inerte.

– Madre, no llore, hoy es un día feliz. – pidió al ver su rostro bañado en lágrimas, no había presentido la presencia de la mayor. La mujer asintió mientras limpiaba las pequeñas lágrimas que habían abandonado sus ojos.

– ¿Podríamos hablar un minuto a solas?. – indagó en un susurro Midoriko. Bankotsu la miró extrañado pero sin dudarlo asintió.

– ¿Podrías esperarme unos minutos?. – preguntó a Kagome y ella asintió.

Tan pronto Bankotsu abandonó la mesa la mujer dio su atención a la bebida, había podido ver la mirada desaprobación de la mayor, todo su ser temblaba.

Inuyasha la observaba desde un rincón, analizándola, tan pronto Bankotsu abandonó la mesa Kouga también lo notó, había podido percibir antes el pedido de auxilio de la mujer por salvarla de "las garras" de Kouga, había sido cobarde y otro la había rescatado y eso se sentía raro.

Por lo que cuando Kouga se perdió entre el gentío mientras caminaba en dirección a la mesa. Inuyasha también lo hizo.

– Bailemos. – "Ordenó" al llegar frente a la mujer, ella lo miró extrañada y algo sorprendida entonces el hombre le hizo una seña para que mire atrás.

– Si. – susurró parándose rápido, tomando el brazo del ojidorado, casi corrió en dirección a la pista. Cuando estuvieron en medio de los demás la mujer suspiró aliviada.

– ¿Hizo algo malo Kouga para que rehúyas de él?. – indagó entretenido acercándose a la oreja femenina. Ella negó con la cabeza. – Parecías muy entretenida con Bankotsu. – comentó.

– Si, es un buen amigo. – comento acercándose también.

– ¿Sobre qué hablaban?. – indagó curioso.

– Nada importante en realidad. – aseguró sin querer dar más detalles. La música era animada por lo que la mujer comenzó a moverse siguiendo el ritmo. Inuyasha sonrió al verla entonces también decidió bailar.

– Dijiste que no bailabas. – musitó la mujer acercándose.

– Tsk, y no lo hago. – comentó mientras intentaba seguir el ritmo de la mujer. Kagome observó lo sensual que se veían los "torpes" movimientos de baile, pero pronto sacudió la cabeza. Inuyasha sonrió lascivamente.

– ¿Qué sucede, estás queriendo eliminar un pensamiento indecente de esa cabecita?. – indagó entretenido y rió a carcajada al ver la cara de sorpresa de la mujer. Pronto Kagome bajó la cabeza avergonzada y solo siguió su baile. Intentó acercarse un poco más al hombre pero este dio un paso atrás, por lo que la mujer se sintió más avergonzada al sentirse rechazada.

– Etto…debo volver con Bankotsu. – medio gritó al ver al ojiazul en la mesa.

– Pero…– musitó el hombre pero ella lo cortó dejándolo solo en la pista para caminar en dirección al ojiazul, tan pronto se sentó supo que las cosas no estaban bien.

– Entonces fue eso lo que sucedió. – musitó como si analizara algo. – Pero, luego de haberte acostado con Inuyasha y haber sido gravada, ¿Qué haces aquí con él, no sabes que se casará?. – agregó la mujer sintió su corazón romperse al recibir una mirada desaprobatoria de su amigo.

– Yo…solo – susurró.

– Entiendo que estuvieras herida al descubrir la infidelidad, pero ¿por qué no me pediste ayuda a mí?, ¿por qué confiaste en Inuyasha?. – recriminó y la mujer se sintió extrañada por ese "reproche".

– Yo…– repitió impactada, no sabía si había entendido correctamente, su mente no podía pensar en nada.

– No quería decirte nada porque eres casada, pensaba guardar mis sentimientos, pero ahora me siento molesto por no haber sido yo el elegido. – comentó. La mujer quedó seria e impresionada. – ¿Si te hubiera dicho antes que me gustas me habrías elegido?. – indagó.

– Yo…yo no volveré a la consulta. – musitó parándose. – Lo siento si hice algo para que te confundieras. – agregó empezando a caminar. El hombre se paró y la sujetó por la muñeca.

– ¿Crees que algún hombre podría no desearte?, luego de escuchar cada relato, no podía dejar de fantasear verte con el baby doll, ¿Ahora te disculpas?. – comentó dolido.

– Pensé que era parte de la consulta, yo…yo no sabía. – susurró perturbada.

– Cuando acepté darte esos consejos, fue porque ya estaba enamorado, fue porque no quería dejar de verte, desde ese momento nunca te vi como paciente. – aseguró.

Inuyasha había quedado impactado en su sitio, se sintió traicionado cuando la mujer prefirió a Bankotsu, pero aún así no pudo dejar de observarlos. Al verlo sujetarla por la muñeca decidió caminar en dirección a ellos. Y al escuchar la confesión del hombre su sorpresa fue mayor.

– Lo siento, pero sabes que no puedo corresponderte, yo amo a mi esposo. – aseguró la mujer ajena a la nueva presencia.

– Lo sé, pero al menos elígeme a mí para ser tu amante. – musitó.

– ¿Qué? – indagó en shock.

– Puedo darte mucho más placer, conozco tus fantasías, las cumpliré todas. – aseguró en un murmullo.

– ¿Puedo saber por qué deberías tu ser el elegido?. – se escuchó la interrogante entonces la mujer desvió la mirada fijándose en la "nueva presencia".

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Sesshomaru ingresó a su habitación, luego de un largo baño, buscó su teléfono y nuevamente abrió la conversación que había mantenido con Kagome.

– No ha respondido aún. – susurró entre incrédulo y sorprendido, ya había transcurrido más de un día desde que había expuesto sus sentimientos, era inaudito que lo dejara sin respuesta.

El sonido del timbre de llamada lo sorprendió pero pronto recuperó su pose "imperturbable" y observó el número, percatándose que era desconocido.

Continúa…

Hola, hola como han estado, espero que súper bien, yo he atravesado por unas semanas algo agobiantes por problemas personales, espero me puedan entender y me perdonen el haber desaparecido por tanto tiempo.

Agradezco mucho sus comentarios anteriores.

Mizune - Mei