JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 22
Kagome tembló al escucharlo y se sintió descubierta por lo que el sonrojo cubrió su rostro.
– ¿Por qué debería explicarte?. – indagó Bankotsu sonriendo de lado. – No es a ti a quien debo convencer. – aseguró.
– Yo creo que Kagome está muy conforme con su pareja actual. – comentó ante la incrédula mirada de la mujer. – además ¿si no te eligió antes porque te elegiría ahora ?. – agregó altivamente exhibiendo una sonrisa ladina.
– La conozco muy bien, ella no te eligió, estoy más que seguro que fuiste tú quien se lo propuso. – musitó sonriendo al ver la expresión en el rostro del ojidorado.
– Tsk. – chasqueó molesto. – Esto es algo nuevo, no sabía que te gustaban las casadas. – musitó para enojarlo.
– No me gustan "las casadas" solo me gusta ella. – aseguró mirando a la mujer. – si mal no recuerdo habías dicho que serías siempre fiel a Kikyo, rechazaste a tantas mujeres ¿Por qué justo tuviste que acostarte con Kagome?. – indagó dolido.
– Keh, no tengo por qué responder eso. – gruñó. Él también se había hecho esa pregunta, había rechazado a más de veinte mujeres en los siete meses de relación, la única mujer que había quebrado su convicción había sido la azabache.
– Debo volver por la mañana a Tokio, piénsalo un poco y recuerda que por ti puedo hacer lo que desees. – ronroneó antes de soltarla. Kagome gimió al sentir la mano de Inuyasha en su cintura jalando levemente para acercarla a su cuerpo. –Estaré esperando tu respuesta a las 2 a.m frente a la casa de Inuyasha. – ofreció.
– Yo…yo iré a nuestra mesa, la señora Isayoi está sola. – comentó estaba en shock sin saber cómo actuar ante la "pelea" verbal de los hombres, se deshizo del agarre de Inuyasha y prácticamente corrió al sitio antes mencionado. Inuyasha enfrentó con la mirada al ojiazul y este lo desafió.
– ¿Qué demonios estás haciendo?. – gruñó Inuyasha. Bankotsu era su amigo desde la infancia, era como su hermano.
– Lo mismo pensaba preguntarte, ¿en qué demonios pensabas al acostarte con la esposa de tu medio hermano?. – indagó.
– Keh. – gruñó.
– Deja de jugar con ella, lo ha pasado suficientemente mal con tu hermano. – musitó. – Yo la cuidaré y...– agregó pero no pudo terminar la frase.
– No puedo dejarla. – aseguró antes de dar media vuelta y comenzar a caminar en dirección a la mesa, suspiró cansinamente al ver a Kouga nuevamente hostigando a la mujer. – Ginta te estaba buscando, ¿ya has hablado con él?. – mintió al sentarse a un lado de la mujer.
– Aún no, iré a ver que quiere. – musitó parándose. Cuando el hombre se alejó Kagome suspiró aliviada.
– Estoy un poco cansada, ya quiero irme a casa. – comentó Isayoi. Ya pasaba de la media noche por lo que el hombre asintió. – Llévame y luego puedes volver, sé que esto recién empieza para ustedes los jóvenes. – agregó sonriendo.
– De hecho yo también quiero ir a descansar. – musitó Kagome.
– Vayamos. – concedió Inuyasha.
– Avisemos a Kouga y a los demás. – pidió Isayoi.
– Luego les enviaré un mensaje, despidámonos de tía Midoriko. – musitó el ojidorado y la mayor asintió.
Ya en el auto Kagome suspiró aliviada, su cabeza estaba hecho un lío, aún no podía creer lo dicho por Bankotsu, era tan extraño que alguien la quisiera o la deseara, se sentía algo importante y no debería ser así.
Todo el camino se mantuvo en silencio mientras Isayoi comentaba sobre la boda a un Inuyasha que respondía con monosílabos. Al llegar a la casa la mayor se disculpó y fue a su habitación.
– ¿Necesitas mi ayuda con el vestido?. – indagó y ella asintió apenada. El hombre se acercó y bajó lentamente el cierre. – ¿Esto no te recuerda algo?. – preguntó sugestivamente y la mujer sintió un escalofríos luego de la frase.
– Etto gracias por la ayuda, iré a dormir. – musitó antes de prácticamente correr a la habitación.
– Kuso. – maldijo entre dientes el hombre. Y resignado caminó en dirección al granero. Se cambió de ropa poniéndose un pantalón deportivo color blanco y un pullover color rojo. Se lanzó pesadamente contra su cama y suspiró frustrado. Tomó su celular y buscó el contacto de Kouga.
– Mamá y Kagome estaban cansadas, ahora estamos en casa, ¿pueden volver por sus medios o voy a buscarlos ahora?. – escribió. Lo último que quería era volver a salir, pero tampoco podía olvidarse de ellos. Espero por varios minutos la respuesta, cuando finalmente el sonido se escuchó, perezoso abrió el mensaje.
– Nos quedaremos, nos vemos en la mañana. – al leer la contestación el hombre suspiró aliviado.
Kagome se cambió de ropa, se acostó en la cama y extraña mente soltó un chillido de alegría, hacía demasiado tiempo que no se sentía así. Su autoestima había regresado después de que Sesshomaru lo había casi exterminado.
– ¿Kami qué haré?. – susurró. Se sonrojó al recordar la invitación del ojiazul, lo cierto es que con él se sentía de una manera especial, se sentía segura y cómoda.
Inuyasha cerró los ojos intentando dormir, pero había algo que no le permitía conciliar el sueño, por lo que decidió "dar un paseo". Faltaban cinco minutos para las 2 a.m, pero eso no tenía nada que ver con la decisión del paseo nocturno.
– La noche está agradable. – susurró mientras observaba la entrada de la casa. Sus dientes castañearon por el frio pero él lo ignoró. – Ella no saldrá, Kagome no me haría eso. – susurró mientras se acercaba a la puerta. Tan pronto lo dijo vio incrédulo el movimiento del picaporte.
– ¡Qué frío!. – la escuchó exclamar. Y no supo cual fue la fuerza que lo "obligó a correr" pero tan pronto llegó a ella la tomó por la cintura y las piernas y la alzó estilo nupcial, ella soltó un gritito de sorpresa, pero tan pronto fijó su mirada en su rostro masculino, se tensó.
Inuyasha caminó en dirección al granero e ingresó en este, con delicadeza la bajó al cruzar la puerta. Kagome lo observó confundida.
– ¿En verdad piensas cambiarme?, ¿En verdad prefieres a Bankotsu?. – indagó dolido.
– Yo…yo…no. – tartamudeó.
– ¿Hice algo mal?. – indagó extrañándola.
– Nada. – susurró.
– ¿Piensas que él será mejor que yo?. – indagó y la mujer guardo silencio. No por dudar de la respuesta, si no por no querer revelarla. Eso hirió el orgullo del hombre. – vete con él entonces. – concedió. La mujer dio un paso en dirección a la salida pero no quiso salir.
– Hoy, cuando me rechazaste, me dolió. – confesó.
– ¿Te rechacé?. – indagó confundido.
– Mientras bailábamos, quise acercarme y te alejaste. – comentó. El hombre sonrió. – ¿Ahora te burlas?. – indagó ofendida.
– No te rechacé, solo no quise que notaras cierto problemita que habías ocasionado. – comentó avergonzado, la mujer giró la cabeza mirándolo sin entender la frase. Pero al verlo avergonzado lo entendió y muy contrario a lo que sintió con Kouga en ese momento se sintió también excitada.
– Hubiera preferido descubrir el problema, antes que sentirme rechazada. – aseguró sin analizar a fondo sus palabras. El hombre sonrió ladinamente. – Debo irme. – susurró nerviosa la mujer al percatarse de su error.
– No, no debes. – aseguró el hombre bordeando con ambos brazos la cintura femenina mientras su boca se depositaba en la nuca femenina enviándole corrientes placenteras por todo el cuerpo.
– Esto…esto… no…– tartamudeó pero no pudo terminar al sentir las frías manos recociendo la piel de su abdomen.
– En verdad quise olvidar lo que pasó, me repetí muchas veces que fue un error, que no debería volver a suceder, pero al imaginarte con Bankotsu o con Sesshomaru mi sangre hierve, quiero que solo gimas para mí. – confesó en un susurro. La mujer se sintió el peor ser del mundo cuando su corazón latió presuroso.– Es un error jugar en tu contra, una y otra vez pierdo. – agregó mientras la giraba lentamente.
– Esta vez creo que es un empate. – susurro. Inuyasha se sintió extasiado al ver la mirada brillante de la mujer.
– No me mires de esa forma. – pidió al ver nuevamente esa mirada lujuriosa, podría caer rendido ante ella con esa mirada. El hombre la tomó por el mentón y recorrió el contorno de los labios femeninos con su lengua mientras con su otra mano acarició lentamente el cuello femenino. Ella suspiró complacida ante ese toque.
Los labios masculinos se unieron lentamente a los de ella mientras la experta lengua se enredaba con la femenina, la mujer gimió entre beso al sentir como ambas manos del hombre cobraban vida.
Ella enredó la cintura masculina en un abrazo y el gruñó cuando esa acción logró pegarlos más, rozando cierta zona sensible.
El hombre la giró y caminó guiándola a la cama sin finalizar el beso. Ella soltó un gemido de sorpresa al sentir la mullida superficie a su espalda y al hombre sobre ella.
– Kagome juraste que no lo volverías a hacer, mañana él se arrepentirá de esto y te sentirás nuevamente un ser horrible. – se recriminó en pensamientos. Pero no podía decir nada, ansiaba cada toque del hombre. Su delicioso aroma había cubierto sus sentidos, y solo pudo gemir al sentir la mano del hombre colándose bajo su pullover. El ojidorado finalizó el beso y sonrió al verla respirar irregularmente.
– ¿También me deseas verdad?. – indagó arrogante, ella desvió la mirada completamente avergonzada. Él se sacó su pullover y lo lanzó al suelo.– Lo siento pero deberé hacerte pasar algo de frío. – susurró mientras levantaba el pullover femenino lentamente, como si gozara torturarla. Solo lo sacó a medias liberando sus senos hasta su nariz.
La mujer gimió sorprendida cuando él lamió el valle entre sus senos. No había vuelto a ponerse el sujetador por lo que se sintió indefensa.
El hombre sonrió ladinamente al ver los pezones erectos y se acercó a la oreja femenina. La mujer suspiró al sentir la respiración masculina contra su zona sensible.
– Inuyasha. – gimió cuando el pellizcó un pezón.
– Aún cuando no me ves, si hago esto ¿puedes saber que soy yo?. – indagó en un susurro y ella gimió al sentir una corriente. No sabía si era por la bebida que había ingerido, pero en ese momento estaba deseosa, como nunca antes lo había estado. – ¿Aun deseas ir con Bankotsu?. – indagó en un susurro y eso apagó un poco la magia.
– Quizás. – musitó algo molesta. – si no dejas de hablar sobre eso, quizás me vaya a buscarlo. – mintió.
– ¿Si?. – indagó antes de descender lentamente, con sus labios atrapó un pezón y ella se arqueó. Entonces él la volvió a soltar y con su lengua recorrió el plano vientre hasta la cinturilla del pantalón. Mordió débilmente la cintura femenina y extrañamente ella lo sintió delicioso por lo que gimió. – Me esforzaré un poco más, para que nunca más quieras abandonar mi cama. – aseguró. La mujer sintió miedo en ese momento, pues una parte suya supo que esa amenaza podría cumplirse.
Intentó recuperar el control y huir, creía aun estar a tiempo, pero su cuerpo se negó a ello y solo pudo levantar la cadera para ayudarlo a despojarla de su pantalón
Kagome soltó un gritito cuando el corrió a un lado la tela de su ropa interior y recorrió su húmedo canal mientras mordía su muslo interno de manera deliciosa.
– ¿Aún quieres ir con Bankotsu?. – indagó nuevamente, tentando su suerte. La mujer solo podía gemir al sentir el delicioso toque.
– Yo…yo solo iba a decirle que no tendría ningún amante, yo ahhh. – gimió intentando explicarse.
– ¿Nadie?. – indagó introduciendo un dedo mientras con su pulgar acariciaba su punto sensible. – ¿Entonces quien te poseerá hoy es nadie?. – indagó. La mujer no contestó por lo que él lamió el botón que antes estimulaba con la mano logrando un sonoro grito.
– Basta. – rogó en un gemido.
– Dime ¿quién te poseerá hoy?. – ordenó fuera de sí. Ella mordió sus labios sin contestar por lo que volvió a recibir un latigazo de placer que la hizo arquear y gritar el nombre masculino.– Buena chica. – susurró.
El hombre extrajo su dedo y dejo de "torturarla", mientras subía hasta quedar su rostro frente al femenino. Finalmente extrajo completamente el pullover liberando sus ojos y sonrió al verlos cerrados.
– No deberíamos estar haciendo esto. – susurró la mujer.
– Tsk. – chasqueó el hombre besando el rostro femenino repetidas veces. – Déjame disfrutarte mientras me miras. – pidió. La mujer negó con la cabeza.
El hombre suspiró frustrado pero pronto le dio un pequeño beso antes de pararse y sacarse el resto de su ropa. Y tan pronto estuvo desnudo volvió a subir sobre el cuerpo femenino.
La mujer se quedó tiesa cuando el pegó su cuerpo haciéndole sentir lo caliente de su piel. El hombre quedó inerte en esa posición disfrutando del contacto, la mujer posicionó sus manos en la espalda baja masculina entonces esperó paciente cualquier acción, pero el hombre no se movió.
Los ojos chocolates se abrieron lentamente y al fijarlo en los dorados su corazón latió emocionado, la mirada que le dedicaba el hombre con la apacible sonrisa fue la mejor expresión que había visto hasta el momento.
– No me mires así. – pidió en un murmullo. El hombre sonrió antes de frotar su nariz contra la femenina.
– Tú tampoco me mires así, porque puedo pensar que esto ya no será solo sexo. – gruñó el hombre. Dio un beso pequeño y luego descendió lentamente hasta alcanzar la última prenda femenina, la despojó de esta lentamente.
El hombre depositó un dedo en la nariz femenina y lo bajó mansamente recorriendo la boca, el mentón, bordeando cada areola, sin olvidar el ombligo mientras la mujer emitía grititos de puro placer.
El hombre lentamente elevó una pierna sobre su hombro y luego hizo lo mismo con la otra, cuando friccionó ambos sexos gruñeron olvidando todo temor, culpa o pudor.
Al ingresar en el cálido interior el hombre mordió sus labios forzándose a contenerse, ella emitió un pequeño quejido.
– ¿Duele?. – indagó algo dificultosamente.
– No, solo se siente extraño. – "explicó".
– ¿Si hago esto duele?. – indagó iniciando el primer enviste y ella simplemente gimió dándole a entender que no, por lo que lentamente inició el suave vaivén.
– Etto…me… ¿me dejarías ir arriba?. – pidió y él sonrió. La mujer gimió cuando él lentamente abandonó su interior, era extraño, para nada era igual que la última vez, pero aun así era igual o más placentero, todo su cuerpo estaba temblando. El hombre se acostó "sumiso" y ella lo miró y pronto se sonrojó.
– Ven. – pidió extendiendo una mano ella asintió y tomó la mano dada mientras gateaba hasta estar a un lado de él. – Sube. – alentó avergonzándola aún más.
– Hai. – susurró mientras se posicionaba sobre él, pero simplemente no sabía qué hacer, era su primera vez en esa postura. Sesshomaru nunca se lo había concedido. El hombre la miró fijamente mientras guiaba su miembro a la entrada femenina cosa que la mujer agradeció.
Ella gimió y él gruñó cuando lentamente volvieron a unirse. La mujer se enganchó con más fuerza a la mano masculina usándolo de apoyo mientras iniciaba un lento contoneo que enloqueció al hombre.
Por primera vez ella se sintió poderosa, tenía el control y eso era fascinante. La mano libre del hombre alcanzó el endurecido pezón y lo pellizcó logrando un contoneo exaltado que encanto a ambos. Por lo que volvió a hacerlo, logrando que la mujer moviera las caderas a un ritmo alocado.
– Mmm…– susurró extasiada la mujer mientras realizaba movimientos circulares. No era suficiente, deseaba sentí el poder del hombre y como si él lo intuyera el hombre soltó su mano y dirigió ambas manos a la cadera femenina para darse soporte, entonces inició los fieros embistes. La mujer recostó todo su cuerpo contra el torso masculino buscando desesperada la boca masculina para ahogar los gritos.
El respondió con igual desenfreno y sonrió satisfecho cuando ella terminó el beso para arquear la espalda y presionarlo deliciosamente.
De un rápido movimiento la puso bajo su cuerpo y continuó envistiéndola con más fuerzas, ella gritaba mientras profería frases incoherentes.
– Shhh…mi madre podría escucharte. – musitó con dificultad con deseos de molestarla, sonrió ladinamente al verla reaccionar.
– Mejor terminemos ya. – susurró temerosa.
– Ya conseguiste lo que querías de mí y ahora me dejaras, no sabía que eras así. – jadeó. – Lo siento cariño aun no terminó. – agregó. La mujer lo miró impactada por la frase pero al verlo sonreír supo que todo estaba bien.
Lo abrazó por el cuello y tiró de él para besarlo. El hombre respondió con parsimonia disfrutando del íntimo contacto. Entonces no tuvo deseos de arruinar ese contacto por lo que su caliente semilla la inundó.
El hombre entonces terminó el beso y la miró fijamente. Ella sostuvo la mirada disfrutando la cercanía. El rostro femenino fue un poema mientras el lentamente abandonaba su interior. El hombre se acostó a un lado de la mujer y ella se sentó y al hacerlo manchó la frazada con los fluidos.
– Lo siento. – susurró.
– Ven. – pidió mientras abría sus brazos. Ella lo miró fijamente y luego negó con la cabeza.
– Debo irme. – murmuró.
– Solo unos minutos. – pidió. La mujer suspiró derrotada y nuevamente se acostó depositando su cabeza en el pecho masculino y con sus brazos rodeó la cintura, las piernas se enredaron y ambos se sintieron muy cómodos.
– Tu piel está muy caliente. – susurró la mujer y el rió.
– La tuya también. – aseguró en un murmullo. – Me gustaría dormir así, eres una cálida manta. – agregó tapándolos con la frazada.
– No podemos. – aseguró la mujer antes de aspirar el aroma del hombre.
– No podemos. – repitió el hombre mientras lentamente recorría la espalda desnuda de la mujer bajo la frazada.
– Ya debemos dejar de hacer esto, está mal. – susurró la mujer lo que se escuchó como un gemido.
– Si, está muy mal. – susurró el hombre sonriendo mientras su mano acariciaba el glúteo femenino, ella se removió levemente. – Si no buscas ponerme duro nuevamente, solo cierra los ojos y duerme como una manta, no te dejaré ir, no te dejaré buscar a otro hombre. – gruñó. La mujer quedó tiesa, y él sonrió. – Solo un minuto, se siente tan bien, huele tan bien. – pensó el hombre apresándola más contra su cuerpo.
El sol se filtraba por la ventana, pero la mujer aun no sentía deseos de levantarse, aún así, al escuchar el continuo golpeteo contra la puerta, no le quedó de otra que levantarse. Con pereza se dirigió a la entrada con deseos de matar a Inuyasha o a cualquiera de los muchachos que interrumpían su sueño, pero al abrir la puerta se sorprendió al ver a los largos cabellos plateados.
– Inu – no. – pensó, pero cuando el hombre fijó su gélida mirada en ella supo que no se trataba de él. – ¿Sesshomaru?. – indagó en un susurro.
Continúa…
Hola, hola, muchas gracias por seguir ahí, fui muy feliz al recibir sus reviews en el capítulo anterior, espero este capítulo les guste.
Mizune - Mei
