JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 23

La mirada de desprecio que le dirigió el hombre, logró que Isayoi se sintiera pequeña ante él.

– ¿Dónde puedo encontrar a Inuyasha?. – indagó con voz sombría.

Isayoi lo miró impactada por un segundo pero luego no pudo ocultar una pequeña sonrisa de felicidad, siempre había ansiado que los hermanos se volvieran más cercanos.

– Inuyasha, mmm…de seguro aún está durmiendo, ayer…ayer dormimos algo tarde y pues…– comentó tartamudeando levemente pero la mirada del hombre la obligaron a callar. – Esta quedándose en el granero. – susurró.

Sesshomaru desvió la mirada, observando la edificación que la mayor señalaba, y sin decir más nada comenzó a caminar en dirección a éste. La señora Isayoi lo siguió a una distancia prudencial. Al llegar frente a la puerta lo empujó con fuerza e ingresó con pasos decididos.

Al llegar frente a la cama observó fijamente la escena y un nuevo sentimiento lo embargó al ver a su mujer durmiendo abrazada a su hermano. La ira que sintió logró borrar todo rastro de autocontrol, mientras lentamente se sacaba su cinto y se posicionaba a un costado de la cama.

– ¡Oh Kami!. – se escuchó la exclamación de Isayoi y eso bastó para que los ojos dorados de Inuyasha se abrieran abruptamente y se incorporara quedando sentado dejando a la vista su torso desnudo y logrando que Kagome también despertara sobresaltada.

El grito proferido por la mayor retumbo el lugar cuando Sesshomaru lanzó el primer azote. Por instinto Inuyasha cubrió a Kagome y maldijo al recibir el lacerante dolor en la espalda.

– ¿Estás bien?. – susurró a la mujer antes de jadear al recibir un segundo azote.

– Te dije que dejaras de ver a mi esposa, ¡te pedí que te alejaras de ella!. – gritó con cólera. Inuyasha de un rápido movimiento sujetó el cinto antes que el tercer azote llegara. Sesshomaru tiró de este con fuerzas pero el menor no cedió.

– ¿Por qué ustedes…?.– se escuchó la interrogante e Inuyasha desvió la mirada hacia el lugar donde provenía y asustado vio el rostro sorprendido de su madre. Sesshomaru aprovecho este momento para golpear en el rostro a Inuyasha con su mano libre.

– ¿Ya te divertiste lo suficiente?. – indagó sombríamente. – Vayamos a casa. – agregó observando a la mujer. Ella lo miró aterrada, la voz del hombre no le auguraba nada bueno.

– Tsk. – chasqueó Inuyasha. – Kagome no se irá a ninguna parte. – aseguró.

– Ella es mi esposa. – gruñó el mayor.

– Ella es mi mujer. – gruñó Inuyasha enfrentándolo.

– No, no, no por favor no. – gimió Izayoi horrorizada.

– Lo siento madre, no quería que se enterara de esta forma. – aseguró.

– Kagome, ¿Kagome es la esposa de Sesshomaru?. – indagó negándose a aceptarlo.

– Si. – susurró.

– ¿Por qué lo hiciste, porque Inuyasha? – indagó antes de llorar sonoramente.

– Lo siento madre, no llore. – pidió, nunca se imaginó en esa situación, sabía que todo lo que había estado haciendo estaba mal, y que tarde o temprano debería pagar el precio, pero no soportaba los quejidos lastimeros de su madre.

Isayoi dio media vuelta y llorando abandonó el lugar, el hombre quiso seguirla pero sintió indefenso en ese momento, tanto él como Kagome estaban desnudos bajo la frazada por lo que no podían abandonar el lugar.

– Sesshomaru, ¿podrías salir?. – indagó Kagome sorprendiendo a ambos hombres.

– No me iré. – aseguró.

– Déjame vestirme y luego hablamos. – pidió. El hombre la miró con verdadero odio pero sin volver a pronunciar otra palabra soltó el cinto, dio media vuelta y caminó altivamente en dirección a la puerta.

Kagome se paró y buscó su ropa y con tranquilidad se vistió ante la atenta mirada de Inuyasha.

– ¿No pensarás irte con él, verdad?. – indagó el hombre. La mujer se vistió completamente y le sonrió débilmente. Se acercó al hombre y se sentó a un costado de él.

– Gracias por todo. – susurró.

– No te lo perdonaré Kagome, te odiaré si me dejas y te vas con él. – gruñó.

No pongas esa expresión, no me podré ir tranquila si te veo triste, siento haberte traído tantos problemas, no sé desde cuando me empezaste a gustar tanto, pero hoy lo entendí, no es correcto lo que hemos hecho. – pensó la mujer mirándolo fijamente. – Discúlpame con la señora Isayoi. – pidió.

– No te dejaré ir. – musitó el hombre abrazándola con fuerzas.

– El juego terminó, finalmente logré vengarme. – susurró mientras luchaba para deshacerse del abrazo.

– No te vayas. – susurró.

– Suéltame. – pidió.

– No. – susurró.

– Debo irme. – musitó.

El hombre fue soltándola lentamente. La mujer gimió al sentir los labios del ojidorado sobre los suyos y sin poder evitarlo recibió gustosa la lengua masculina.

Un último beso. – pensó mientras todo su cuerpo reaccionaba a las placenteras corrientes. Cuando el beso finalizó ambos se miraron fijamente.

– Quiero que seas mía, divórciate de ese tonto y sé solo mía. – susurró muy cerca de sus labios.

Quisiera, pero tu madre no lo aceptaría, no estoy dispuesta a que también debas dejar a tu familia por culpa de una relación que está destinada al fracaso. – pensó. Se paró y el hombre le sujetó la mano. – Cuídate. – musitó soltando su agarre antes de caminar presurosamente en dirección a la puerta.

Al salir lo primero que vio fue la imponente figura de su esposo.

– Buscaré mis cosas. – susurró antes de pasar a un lado de este y caminar en dirección a la casa.

Rápidamente juntó sus pertenencias y las puso descuidadamente en su maleta, buscó su cartera y su teléfono y salió. Tan pronto estuvo afuera vio a Inuyasha caminando el dirección a ellos.

– Vayámonos. – Pidió. Sesshomaru la guió en dirección a su auto y subió sus pertenecías en la valijera.

– Kagome no debes irte, puedes vivir aquí conmigo, ¿no fuiste feliz estos días?. – musitó.

Sesshomaru se colocó en una posición de ataque nuevamente y la mujer lo supo por eso actuó primero.

– Solo te usé y tu estuviste de acuerdo, ¿Por qué ahora actúas de esta manera?. – musitó la mujer. Inuyasha la miró fijamente y la mujer no pudo retener la mirada que él le dedicó, ella se subió en el auto rogando por que Inuyasha ya no hiciera nada y luego lo hizo Sesshomaru. Tan pronto el vehículo inició su marcha Kagome comenzó a llorar sorprendiendo por un segundo al hombre.

– ¿Por qué lloras, tanto te duele alejarte de él?. – preguntó con sorna.

– Sesshomaru, firmemos ya el divorcio. – pidió mientras limpiaba sus lágrimas.

– No lo haré. – aseguró.

– Nunca me amaste, nos casamos solo por el bebe y él ya no está, no fuimos felices en este matrimonio, terminémoslo ya por favor. – pidió.

El hombre guardo silencio mientras conducía en dirección al aeropuerto, al llegar caminó en dirección a la boletería.

– Nos quedaremos en el hotel hasta la noche, ya no quedan asientos para los 3 siguientes vuelos. – informó mientras caminaba en dirección a su vehículo nuevamente.

– Sesshomaru, cada quien debería ir por su camino desde aquí. – susurró. El hombre abrió la puerta del copiloto.

– Sube. – Ordenó gélidamente.

– Ya te dije que quiero el divorcio, ¡ya no quiero que estemos juntos, me quedaré aquí!. – gritó frustrada.

– Sube Kagome. – ordenó nuevamente. Kagome gimió cuando una mano del hombre se depositó en su brazo. – No quiero obligarte, así que hazlo voluntariamente. – gruñó.

– Kagome. – la mujer sintió un enorme alivió al escuchar su nombre siendo pronunciado por esa voz que tanta seguridad le daba.

– Bankotsu. – gimió.

– ¿Quién eres?. – la pregunta sonó ruda por lo que el ojiazul observó al hombre con seriedad. Pronto se fijó en el fiero agarre.

– ¿Está todo bien, Kagome?. – indagó.

– No es asunto tuyo. – gruñó el oji dorado.

– Suéltala. – ordenó.

– Tsk, oblígame. – musitó fríamente.

– Hermano el vuelo saldrá pronto apresurémonos. – musitó Renkotsu. Entonces Sesshomaru reparó en los otros 6 hombres.

– Compré un boleto para ti, en caso que aceptaras mi propuesta. – comentó. – ¿Quieres ir conmigo?. – ofreció extendiendo una mano en dirección a la mujer. En ese momento lo único que Kagome supo era que no tenía deseos de ir al hotel con su esposo por eso extendió lentamente una mano y tomó la ofrecida.

– Mis cosas están en la valijera. – susurró.

Uno de los hombres sin dudarlo abrió la valijera y los tomó.

– Suéltala. – pidió nuevamente Bankotsu. Sesshomaru observó que la gente comenzaba a reunirse a su alrededor, por lo que la soltó.

– También esto te lo cobraré luego. – aseguró antes de subirse a su vehículo y marcharse.

– Gracias. – susurró Kagome soltándose del agarre.

– Vayamos. – ordenó.

– Etto, yo me quedaré. – susurró.

– Pero, yo pensé que…– murmuró confundido.

– Lo siento. – susurró. Pronto caminó en dirección al hombre que tenía sus pertenencias, lo tomó y agradeció al hombre. En ese momento su cabeza trabajaba a un ritmo loco, demasiados pensamientos la agobiaban y no sabía qué decisión tomar, debía pensar con calma.

– Kagome, ¿Qué está sucediendo?. – indagó Bankotsu.

– Debo irme. – susurró la mujer y pronto caminó en dirección a un taxi pero antes de poder llegar a este fue retenida. Sujetó con fuerzas el agarre de su maleta al sentir los brazos del hombre envolviendo su cintura en un posesivo abrazo.

– Kagome, si me eliges haré todo lo posible por que seas feliz, volvamos a Tokio. – susurró contra sus cabellos. La mujer quedó quieta en su lugar, pero todo su cuerpo le dio la respuesta.

– Lo siento. – susurró poniendo una mano en el brazo masculino. El hombre entonces la soltó lentamente. La mujer se despidió y pronto siguió su camino.

Tan pronto llegó al hotel suspiró angustiada, había decidido ir a uno económico, para eliminar toda posibilidad de toparse con su esposo.

– ¿Que haré ahora?. – indagó mirando la precaria habitación. Tenía demasiado en que pensar.

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Inuyasha ingresó en el invernadero y suspiró al nuevamente cuando la mujer se alejó de él.

– Madre, necesito que hablemos. – pidió por centésima vez. Durante una semana entera había sido ignorado por la mujer, quien la mayor parte de ese tiempo había estado llorando. – Lo que viste, yo…– susurró.

– No quiero saberlo. – susurró.

– ¡Necesito que me escuches!. – pidió ya algo enojado.

– ¿Me dirás que fue solo una noche, o quizás que la amas?. – indagó. – ninguna de las opciones las puedo tolerar. – agregó antes de caminar presurosamente en dirección a la salida. Inuyasha suspiró cansinamente, y decidió trabajar, su madre había descuidado un poco el lugar, por lo que él se creía con la responsabilidad de hacerlo.

Apenas terminó de hacer el tratamiento de la tierra, abandonó con pereza el invernadero y se dirigió lentamente en dirección a la casa.

Al ingresar en la casa, escuchó a su madre hablando con alguien pero en ese momento no estaba de muy buen humor para socializar con las amigas de su madre por lo que simplemente pensaba saludar "amablemente" y luego ir a su habitación pero al levantar la mirada se sorprendió.

– Ya estás aquí mi amor. – escuchó "el saludo" y eso lo descolocó aún más.

– ¿Qué haces aquí?. – indagó sorprendido.

– Te extrañé mucho por eso vine a visitarte. – susurró parándose y caminando en dirección al hombre.

– Kikyo. – susurró cuando la mujer lo abrazó. El hombre quedó tieso completamente sorprendido.

– No podre esperar más tiempo, pensé que sería fácil de soportar pero aún no han pasado dos semanas desde que nos vimos y ya te extrañaba tanto. – musitó.

– ¿Qué?. – indagó el hombre confundido, en su último encuentro ella lo había terminado, había dicho que el compromiso se cancelaba. – ¿De qué me perdí?. – pensó.

– Quiero que adelantemos la boda, casémonos la próxima semana. – musitó antes de chillar de alegría. Inuyasha la separó lentamente de su cuerpo.

– Vayamos afuera un momento, necesitamos hablar. – pidió. Ella asintió.

– Fue un placer finalmente haberla conocido señora Isayoi, usted es muy hermosa. – musitó dirigiéndose a la mayor. Inuyasha la tomó por la muñeca y tiró levemente de ella. Cuando estuvieron afuera el hombre la soltó inmediatamente y ella sonrió.

– ¿Qué planeas?. – fue lo primero que el hombre preguntó en cuanto estuvieron solos.

– Parece que no te hace feliz verme ¿no me extrañaste?. – musitó. El hombre la miró fijamente. Buscando cualquier rastro de burla o enojo.

– Keh. – murmuró. – tu terminaste la relación. – susurró.

– Estaba muy enojada, por eso dije muchas cosas que no sentía en realidad; yo…yo estuve pensando todos estos días en ti, más bien en nosotros. – musitó. – Te odio por lo que hiciste, pero también puedo entenderte un poco, se que los hombres necesitan, mmm…eso. – agregó.

– Keh. – gruñó al no saber cómo responder a eso.

– Si nos casamos ya podríamos hacerlo y entonces no me volverías a engañar. – susurró.

– Tsk. – chasqueó. Lo cierto es que por mucho tiempo había deseado tenerla, por eso cuando ella lo besó por un segundo no se movió pero pronto reaccionó finalizando el beso.

– Casémonos la próxima semana ¿sí?. – susurró la mujer. Inuyasha la miró fijamente.

Solo te usé y tu estuviste de acuerdo, ¿Por qué ahora actúas de esta manera?. – El recuerdo de las palabras dichas por Kagome retumbaron en su cabeza.

Continua…

Hola, hola, esta vez actualice lo más rápido que pude en agradecimiento por sus hermosos comentarios, gracias por estar ahí, y por leer lo que escribo.

Las quiere.

Mizune - Mei