JUGUEMOS A MENTIRNOS

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.

Bla bla bla: pensamientos.

– Bla bla bla: Diálogos.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Bla bla bla: Mensajes de texto

CAPÍTULO 25

Kagome observó con terror a Kikyo quien sonreía levemente, mientras se aferraba al brazo de un estoico Inuyasha.

– ¿Así que por ella abandonaste la casa tan a prisas?. – indagó la mujer calmadamente. – Volvamos, tu comida se enfriará. – agregó presionando levemente el brazo masculino.

– Esto, nosotros solo…– susurró Kagome, sin saber porqué, necesitó explicarse.

– No hables. – musitó con voz gélida mientras la observaba con odio.– ¿Entramos a la casa mi amor?, aquí hace frío. – agregó mirando al ojidorado quien había quedado pasmado sin saber cómo reaccionar.

– Vuelve a la casa, iré en unos minutos. – musitó el ojidorado finalmente, entonces la mujer lo miró con enojo.

– Volvamos juntos. – demandó, su voz sonó tétrica aún así el ojidorado no cedió, con delicadeza liberó su brazo del agarre femenino.– ¿No pensaras quedarte con esa mujerzuela?. – indagó intentando sonar tranquila pero destilando claramente veneno.

– Yo…yo me iré. – tartamudeó Kagome, se sentía muy incómoda e intimidada por la mirada de la mujer. – En verdad me disculpo por…por lo que viste en el video. – agregó tartamudeando débilmente.

– ¿Te disculpas por ser una mujerzuela?. – indagó mordaz, Kagome agachó la cabeza.

– ¡Basta Kikyo!, Kagome no tuvo la culpa, si ofenderás a alguien oféndeme a mí, yo fui quien la busco primero. – confesó Inuyasha.

– No es culpa tuya mi amor. – susurró dejando pasmado a Inuyasha, por un segundo sintió miedo, prefería a la Kikyo enojada que lo maldecía, a esa versión "comprensiva". – Es ella quien te buscó, yo sé que fue ella quien te sedujo. – agregó calmadamente.

– Tienes razón, todo es mi culpa, yo lo busque una y otra vez, enójate conmigo. – musitó Kagome. El lacerante dolor en su rostro logró que la azabache gimiera, mientras sujetaba su adolorido rostro la miró perpleja.

– Te advertí que no hablaras. – el murmuro tétrico asustó aún más a la azabache. – Si vuelves a acercarte a Inuyasha esto será lo mínimo que ganaras. – advirtió.

– Yo…yo solo. – tartamudeó sintiendo sus ojos humedecidos, estaba asustada y no sabía porque, simplemente la mirada de la mujer la paralizaba.

– Detente Kikyo. – advirtió Inuyasha sujetando el brazo femenino en el aire al percatarse de la nueva tentativa de la mujer por golpear a Kagome.

– No te atrevas a ponerte de su lado. – advirtió con voz lúgubre. Mientras intentaba liberar su brazo.

– Kuso, se que todo esto es culpa mía, golpéame si así te sentirás mejor. – gruñó levemente enojado, mientras finalmente la soltaba con poca delicadeza.

– Volvamos a la casa. – musitó sonriendo; Inuyasha la miró extrañado, ella cambiaba sus expresiones muy repentinamente.

– Debo hablar con Kagome, iré en unos minutos. – refutó Inuyasha, por una semana había estado impaciente, sabía que si la dejaba ir en ese momento, quizás ya no podría volver a verla.

– Si no vuelves conmigo ahora, te juro que mostraré el video a tu madre, para que vea la clase de basura que tiene por hijo. – amenazo con voz tétrica.

– ¿Ahora me amenazas?. – gruñó Inuyasha elevando una ceja. Cada vez estaba más molesto y Kagome más aterrada.

– Me iré, juro que no volveré a buscarlo, es cierto que tuvimos sexo pero…– musitó Kagome aterrada ante la idea de que la señora Isayoi los viera en esa situación. No esperó el ataque de Kikyo, quien se lanzó como poseída a su cuello.

– ¡Cállate, cállate de una vez!. – gritó sujetándola del cuello con ambas manos. Inuyasha intentó liberarla del agarre, pero inexplicablemente la mujer poseía una fuerza extraña, por lo que tardó un poco más en poder apartarla. – ¡Suéltame!. – gritó cuando Inuyasha la sujetó por la cintura ya que la mujer intentó nuevamente golpear a Kagome.

– ¡Tranquilízate!. – gritó Inuyasha sulfurado.

– ¡Todo es culpa de esa maldita prostituta, es ella quien me está restregando en la cara todo el tiempo lo que hicieron!. – gritó peleando contra el agarre. En todo el tiempo que fueron pareja Inuyasha nunca la había visto perder el control de esa manera, finalmente mostraba algo de sentimiento y eso era emocionante.

– Keh. – farfulló no supo que decir, en verdad se sentía muy extraño.

– ¡Volvamos ahora a la casa, o en verdad le mostraré a tu madre el video completo!. – amenazó nuevamente pero esta vez lo hizo gritando.

– El video ya fue eliminado. – susurró Inuyasha a la oreja femenina. El hombre elevó una de sus cejas, demostrando un gesto confundido cuando ella rió.

– Quizás fue eliminado de internet, pero aun lo tengo. – comentó sonriendo maliciosamente.

– Mentirosa. – susurró logrando que la mujer temblara al sentir el aliento masculino contra su sensible oreja.

– Solo bastó investigar quien lo subió a internet, debí pagar una buena suma por el video, pero no dudes que se lo mostraré a tu madre, así vera lo asqueroso que puedes ser. – musitó sonriendo ladinamente.

– Lo único que da asco aquí es tu amenaza. – musitó Kagome mirándola fijamente. – claramente aún no tuviste sexo con Inuyasha por eso dices que es asqueroso. – agregó sonriendo lascivamente; sin saber porqué disfrutó mucho decir esa frase, había actuado por impulso, en un segundo el miedo y el nerviosismo, habían sido reemplazados por un extraño sentimiento que no podía describir.

Inuyasha la miró sorprendido y Kikyo iracunda, pronto volvió a patalear para liberarse del agarre.

– Espérame un minuto Kagome, la llevaré a la casa y volveré. – pidió Inuyasha y la azabache asintió Kikyo pataleó mientras en hombre la alzaba estilo nupcial y empezaba a caminar. Kagome sonrió levemente.

Discúlpame Inuyasha, nuevamente fui egoísta. – pensó la mujer viendo la espalda masculina, odió a esa mujer, la odió porque ella podría estar con él, por un segundo había sido egoísta y había marcado su "disfrute" sobre el hombre.

Inuyasha la bajó al estar frente a la casa y ella dio media vuelta con deseos de entrar.

– Puedes mostrarle el video a mi madre.– musitó el hombre.

– ¿Piensas que no lo haré?. – indagó maliciosamente.

– Hazlo y nunca vuelvas por aquí. – alentó. En verdad se sentía atemorizado, no quería que su madre lo viera haciendo "eso". Pero su madre ya sabía todo, quizás por eso no estaba tan aterrado.

– ¡En verdad se lo mostraré!. – gritó cuando él le dio la espalda con deseos de volver con Kagome. El hombre quedó quieto cuando ella lo abrazó por la espalda. – Esta bien, tú ganas. – susurró contra su espalda.

– Tsk, no estamos jugando nada. – comentó el hombre sarcásticamente poniendo sus manos en los brazos que apresaban su cintura.

– Hagamos el amor ahora, no vuelvas con ella. – susurró.

Kagome sabía que no era correcto tomar una decisión en este momento, pero esa "visita" le había esclarecido las cosas. Buscó su teléfono.

Nos vemos mañana. – escribió.

X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X

Kagome suspiró mientras miraba al peliplateado quien le sonreía levemente.

– Aún no has probado tu comida, ¿no tienes apetito?. – indagó el hombre.

– Si. – susurró comiendo un bocado pequeño. – Solo que, es extraño. – explicó. Había llegado por la mañana y luego del acalorado abrazo de bienvenida y el beso que le había sido robado, solo podía sentirse incómoda.

– ¿Extraño?. – indagó manteniendo la leve sonrisa que lo hacía ver "amigable".

– Etto…si, es…es que nunca me has invitado a almorzar antes, en un lugar tan bonito. – explicó notoriamente nerviosa.

– ¿Te molesta?. – indagó mirándola fijamente.

– No, no es eso…solo…solo es…– susurró tartamudeando.

– Me alegra que hayas decidido aceptar mi propuesta. – musitó el hombre. Kagome se atragantó con la comida cuando Sesshomaru dirigió una de su mano al brazo femenino acariciándola.

– Yo…yo…debo ir al baño un momento. – susurró parándose repentinamente. Él sonrió divertido al verla correr en dirección al baño. – Tonta Kagome, debes mantenerte firme en tu decisión. – susurró mirando su reflejo en el espejo. Se sentía una tonta, casi había caído ante la seducción del hombre.

– ¿Te sientes bien?. – indagó Sesshomaru cuando la mujer volvió a la mesa.

– Si, pero me gustaría volver al apartamento. – susurró.

– Bien. – concedió. El hombre la miró fijamente cuando el celular de la mujer sonó y ella mordió sus labios, en un gesto que la delataba. – ¿Es él?. – indagó.

– No es nadie. – susurró la mujer rechazando la llamada. Entonces nuevamente volvió a sonar, nuevamente la mujer rechazó la llamada y nerviosa colocó el aparato sobre la mesa. Sesshomaru extendió los brazos e iba a tomarlo en un rápido movimiento pero la mujer también fue rápida y lo sujeto antes.

– Suéltalo. – demando borrando la sonrisa "afable" de su rostro. Kagome gimió cuando el hombre violentamente le arrebató el móvil. – Mi juguetito. – leyó tétricamente el nombre que se exhibía en la pantalla.

– Devuélvemelo. – demandó extendiendo su mano intentando sonar segura. Sesshomaru rechazó la llamada y buscó el número entre sus contactos, lo bloqueó y prontamente eliminó el número y toda la conversación que habían mantenido. – ¿Qué haces?, ¡devuélveme mi teléfono!. – gritó levantándose. Sesshomaru se lo entregó mientras sonreía macabramente.

– No te preocupes, esa persona que es "nadie" para ti ya no te volverá a llamar. – aseguró. Kagome lo miró extrañada.

– Vámonos. – demandó dejando dinero sobre la mesa antes de pararse y caminar en dirección a la salida. Kagome buscó desesperada algún cambio en su teléfono y pronto lo noto, por lo que corrió en dirección al hombre que ya abandonaba el local.

– ¡Qué demonios hiciste, deja nuevamente mi celular como estaba!. – demando elevando la voz.

– No necesitas el número de esa persona, no volverás a hablarle o verle. – musitó gélidamente.

– No tienes derecho a decidir eso. – Gruñó, se sintió profundamente triste, en unos segundos había perdido todos los mensajes que habían sido su pequeña felicidad esos días, poder leer los mensajes del hombre hacían que lo extrañara menos, por lo que se sentía en ese momento despojada de algo importante.

Sesshomaru cerró bruscamente la puerta de su vehículo, Kagome subió en el asiento del copiloto enojada, colocó el teléfono frente al hombre.

– Deja todo como estaba. – ordenó nuevamente, el hombre tomó el teléfono y lo arrojó al asiento trasero.

– ¿Así piensas reconquistarme?. – indagó la mujer enfadada. Sesshomaru la ignoró e inició la marcha rumbo al apartamento. Apenas llegaron la mujer se bajó y buscó su celular en el asiento trasero. Luego se dirigió en dirección a la entrada del edificio ignorando al hombre.

Sesshomaru golpeó el techo de su vehículo, se sentía enojado y no podía controlarse, por lo que decidió marcharse, alejarse para dar el tiempo y que ambos se tranquilizaran.

Kagome cerró la puerta de manera abrupta demostrando su enojo. Pronto se sentó en el sofá y comenzó a ver una manera para encontrar el número de Inuyasha y sus mensajes, limpio sus lágrimas con una mano mientras reía débilmente.

– No seas tonta, no debes llorar por esto, lo volverás a ver y ahí conseguirás nuevamente su número. – susurró intentando tranquilizarse. Pero simplemente las lágrimas no dejaban de caer.

Al cabo de unas horas se dio por vencida, ya estaba más tranquila por lo que cuando Sesshomaru volvió, la encontró recostada en el sofá mirando fijamente el techo.

– Cuando el día de hoy termine solo te sobraran 6 días más, recuérdalo. – musitó.

– Lo sé. – aseguró. – será suficiente. – agregó seguro.

– No lo creo, aun no ha pasado un día completo y creo que ya te odio. – susurró la mujer.

– Ya sabes lo que dicen del odio al amor… – susurró divertido.

– Pufff…que cliché. – bufó. El hombre bordeó el sofá y se paró frente a ella sonriendo lascivamente.

– Tengo mis métodos para que esa frase se cumpla. – aseguró. Kagome se asustó y se incorporó quedando sentada cuando él hundió ambas rodillas sobre el sofá, intentando subir a horcajadas sobre la mujer quien lo evitó prontamente.

– Me quedaré aquí toda la semana, pero eso no sucederá. – aseguró.

– Hump, ya veremos. – desafió acercando su rostro al de la mujer quien se sintió encajonada por lo que prontamente se paró.

– Iré a tomar un baño. – susurró nerviosamente.

– ¿Necesitas ayuda?. – indagó coquetamente, entonces Kagome lo miró extrañada por un segundo, pero pronto se recompuso.

– No, gracias. – musitó y prácticamente corrió en dirección al baño, al llegar en el lugar suspiró aliviada había trancado la puerta de la habitación y la del baño por lo que se sintió segura. – Basta, para de latir de esa manera. – susurró golpeando levemente en la zona donde sentía el fuerte palpitar.

Cuando la hora de la cena llegó la mujer salió de la habitación, no había almorzado prácticamente nada por lo que estaba hambrienta.

– ¿Te gustaría salir a cenar?. – la interrogante la asustó, por un segundo había pensado que estaba sola, la sala estaba en silencio, pero no, ahí estaba el hombre sentado sobre el sofá, en una pose relajada mientras observaba algo en su celular.

– La verdad no tengo muchos ánimos de salir. – confesó, luego caminó en dirección a la heladera y sonrió al notarla exactamente igual a como la había dejado.

– Arrojé a la basura los víveres que habían vencido y compre otros exactamente iguales a los que boté. – escuchó la voz del hombre tras ella. – En verdad te extrañé. – susurró abrazándola por la espalda, Kagome quedó tiesa, él no hacía eso, no decía eso o al menos el Sesshomaru que ella recordaba no era así, no podía negar que le gustaba esa versión, por lo que se quedó quieta aceptando el contacto.

– Prepararé un poco de enrollado de huevo y verduras, algo de sopa y arroz si se te apetece. – ofreció lo que sonó más complaciente de lo que ella hubiera planeado.

El hombre no contestó, simplemente la soltó y caminó en dirección a la mesa, se sentó en una de sus sillas para observarla.

– Etto…puedes ir a hacer otras cosas, te avisaré cuando este todo listo. – ofreció. Se sentiría bastante incómoda si él la observara todo el tiempo.

Él como respuesta buscó su celular y comenzó a prestar atención al aparato ignorando su ofrecimiento.

– Tsk. – susurró mientras sacaba de la heladera los ingredientes necesarios.

Sesshomaru sonrió levemente, en verdad se sentía cómodo estando así, había sido un tonto, por dos años había ignorado a la mujer.

Kagome colocó los platillos en la mesa y luego se sentó, cuando finalmente la comida estuvo hecha. El hombre comenzó a comer y ella también lo hizo. Era incómodo, el silencio era tal que el sonido de la sopa al ser sorbida sonaba grotesco.

– Eeehhh… ¿Por qué no fuiste hoy a trabajar?. – indagó la mujer forzando una conversación.

– Pedí mis vacaciones, así que no iré durante esta semana. – comentó el hombre continuando su cena.

– ¿Qué, Por qué?. – indagó ella confundida. En todo el tiempo que lo había conocido él nunca había pedido vacaciones, era extraño.

– Quiero quedarme en casa, con mi mujer. – comentó como si fuera algo común.

Mi mujer. – repitió en pensamientos Kagome, no pudo evitar recordar a Inuyasha luego de esa frase por lo que guardó silencio. Comió prontamente y cuando él finalizó juntó todos los cubiertos usados y se dispuso a lavarlos.

– Yo dormiré en el sofá, solo necesitaré una almohada y un edredón. – comentó mientras enjuagaba un platillo.

– ¿Si?. – indagó el hombre sonriendo levemente.

– Si, así que cuando termine aquí buscaré las cosas que te comenté en la habitación. – comentó concentrada en su labor.

– ¿Temes dormir en la cama conmigo a tu lado, temes por lo que pudieras querer hacer?. – indagó lascivo.

– Si, si, piensa lo que quieras. – susurró la mujer y pronto suspiró cuando finalmente todo estuvo limpio.

– Esta bien Kagome, te dejaré dormir donde quieras, te daré tu espacio y tu tiempo, ya que estoy seguro que pronto volverás a buscarme, nuevamente buscarás que te posea. – musitó.

Kagome se odió pues su cuerpo reaccionó levemente a sus insinuaciones, por lo que decidió finalizar la conversación y nuevamente huir.

Buscó el edredón y tomó una de las almohadas de la cama, entonces en total mutismo se dirigió al sofá se acostó y luego se tapó con el edredón.

– ¿No te lavaras los dientes antes de dormir?. – indagó el hombre a modo de burla. Kagome gruñó débilmente pero pronto se volvió a incorporar y fue a realizar la tarea dicha. Cuando finalmente se acostó nuevamente suspiró complacida.

– Buenas noches. – musitó Sesshomaru parándose. – te estaré esperando en nuestra cama. – agregó antes de caminar en dirección a la habitación.

Kagome cubrió completamente su rostro con el edredón, había pensado que pasar en ese lugar una semana no sería tan malo pues usualmente Sesshomaru se la pasaba el día entero en el trabajo, pero en ese momento verdaderamente se sintió estafada.

Destapó lentamente su rostro y suspiró profundamente mientras miraba nuevamente el techo.

De seguro estará preocupado. – pensó angustiada. – debí haber respondido a sus llamadas y mensajes, al menos para hacerle saber que estoy bien. – agregó.

Había sido muy egoísta frente a esa mujer temía que él la regañara por lo que había decidido no responder, pero en verdad en ese momento estaba inquieta, odiaba no poder leer los mensajes del hombre, odiaba no saber nada de él, y eso la asustaba mucho.

– ¿ Que haré?. – susurró, en verdad no se creía capaz de soportar una semana sin saber nada de Inuyasha, tan solo pensar en esa posibilidad la asustaba. Intentó buscar nuevamente la forma de recuperar su número, buscó en mensajes de texto incluso se planteó la posibilidad de pedírselo a Bankotsu pero al recordar su último encuentro desistió.– ¿Por qué tuvo que eliminarlo?. – gruñó frustrada. – Puedo pedírselo al señor Inu- no. – pensó pero pronto sacudió la cabeza; verdaderamente prefería no verlo, aún no sabía si él y su "querida esposa" habían visto el video. Sin darse cuenta comenzó a comerse las uñas de pura frustración, entonces la idea cruzó por su mente.– Sesshomaru debe tener su número, es su hermano después de todo. – susurró, entonces miró la hora en la pantalla del celular, entre tantas cavilaciones ya habían pasado más de 3 horas desde que el hombre había ido a dormir.

Se paró y lentamente comenzó a caminar en dirección al cuarto, abrió la puerta tomando el mayor cuidado para no ser percibida por el hombre, con sigilosos pasos se acercó a la cama y sonrió al ver el aparato sobre la mesita de noche a un costado de la cama.

Continua…

Hola…hola, primeramente quiero agradecerles por el apoyo, sus comentarios son maravillosos, me llenan de energía; he podido descansar mejor estos días, gracias a ello también estuve algo inspirada y cada día me hacía un poquito de tiempo y escribía aunque sea un poco, gracias a eso pude actualizar relativamente pronto, en verdad espero les guste este capítulo, yo disfrute mucho escribiéndolo.

Nuevamente gracias por leer lo que escribo y espero pasen un agradable momento de lectura.

Mizune - Mei