JUGUEMOS A MENTIRNOS
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro, como una simple fan, que ama a ese maravilloso Hanyo creado por la grandiosa Mangaka.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contendrá lemón, también escenas y palabras fuertes, por lo que si eres menor o no disfrutas esta clase de lectura. Abstenerse de hacerlo.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
– Bla bla bla: Mensajes de texto
CAPÍTULO 26
La habitación estaba escasamente iluminada por un velador, pero fue suficiente para la mujer. Su corazón latía a prisas y su mano temblaba mientras la acercaba a la mesita, cuando sostuvo el aparato se sintió un poco más calmada, pero todo alivio se esfumó al notar que el teléfono estaba bloqueado.
– ¿Qué haré?. – pensó acongojada; sabía que lo mejor era volver a la seguridad del sofá, pero en verdad estaba muy desesperada, ni ella sabía explicarse ¿por que estaba tan ansiosa sin poder saber de Inuyasha?.
Intentó desbloquearlo probando patrones aleatorios, pero al fallar la segunda vez se detuvo. Miró fijamente al hombre y luego observó la mano masculina que estaba depositada sobre el edredón.
Estaba nerviosa, pero extrañamente estaba muy convencida, algo le impulsaba, por lo que con sumo cuidado acercó el celular a la mano masculina, movió ligeramente el dedo del hombre hasta depositarlo en la posición correcta.
Casi gritó de alegría cuando el teléfono se desbloqueó, estaba tan eufórica por lo que no se percató que era observada. Rápidamente escribió el nombre de la persona que buscaba pero no lo encontró en la lista de contacto.
– Podrías probar buscando la palabra "bastardo". – la voz ronca logró que Kagome soltara un gemido de sorpresa, mientras intentaba esconder tras su espalda el aparto. Sesshomaru rió burlonamente mientras se sentaba y extendía una mano en dirección a la mujer.
– No te lo devolveré hasta que consiga el número. – aseguró desafiándolo.
– Entrégame mi teléfono. – ordenó eliminando todo rastro de burla. La mujer negó con la cabeza, antes de correr en dirección al baño, pero el hombre fue rápido y llegó a la puerta antes que ella pudiera cerrarla completamente. – No hagas cosas estúpidas. – gruñó el hombre empujando la puerta con fuerzas y logrando abrirla completamente.
– No tenías por que eliminar su número, no tenías derecho, yo…yo quiero el divorcio, solo estoy aquí porque quiero que todo termine rápido. – musitó al sentirse vencida. Sesshomaru se acercó y la sujetó por la muñeca que estaba a espaldas de la mujer, mientras intentaba arrebatarle el aparato que tenía en esa posición en un intento de retener el celular.
– No quiero lastimarte, entrégame mi teléfono. – ordenó.
– ¡No lo haré!, necesito comunicarme con Inuyasha, necesito saber si está bien. – musitó alzando la voz.
– Si está bien o no, es algo que no debe importarte. – gruñó el hombre finalmente arrebatando el aparato con brusquedad.
– Sesshomaru, así no me reconquistarás, ¡solo lograras que te odie!. – gritó enojada.
– ¿Entonces qué demonios quieres que haga?. – indagó notoriamente molesto. – ¿Dejar que sigas acostándote con él, de esa forma volverás a amarme?. – agregó levantando la voz.
– Yo, yo eso. – susurró sin saber que contestar a esa pregunta.
– No sé que se supone debo hacer. – musitó. – mi plan era ser amable y cariñoso, pero no puedo ser así, mientras tú solo piensas en esa bestia. – confesó notoriamente frustrado.
– Por favor, solo necesito su número, si me lo das yo…– susurró la mujer.
–Nunca te lo daré. – gruñó para luego dar la espalda a la mujer mientras volvía a la habitación. – lo eliminaré de mis contactos, así ya no volverás a hacer esto. – agregó.
– ¡No!. – gritó la mujer corriendo en dirección a él, al intentar arrebatarle el teléfono nuevamente el hombre se sulfuró por lo que con rabia impactó el teléfono contra el suelo logrando un gemido de susto de la mujer. – ¡Estás loco!. – gritó. El hombre la miró fijamente y asustándola aun más, se acercó lentamente.
– No peleemos más. – musitó el hombre. Kagome retrocedió un paso cuando él se acercó aún más.
– Es…está bien, yo…yo…me iré a la sala. – tartamudeó la mujer al sentirse pequeña, ante la imponente figura de su esposo. El hombre sonrió mientras se acercó aún más y pronto la encajonó contra una de las paredes.
– Haré que te olvides de todo. – susurró contra su oreja. La mujer tembló de miedo, era extraño, pues si tan solo un mes antes hubiera sucedido esa misma escena, ella hubiera muerto de felicidad pero en ese momento se sentía temerosa.
Los labios del hombre se depositaron con suavidad sobre los de la mujer, ella colocó ambas manos sobre el pecho masculino intentando apartarlo, entonces el beso se volvió más brusco, la mano del hombre se depositó en la nuca femenina mientras ingresaba su lengua en la húmeda cavidad.
Por primera vez ella se sintió asqueada al besarlo, se sentía ultrajada, por lo que lo empujó con más fuerzas cuando el hombre acarició uno de sus senos. Él finalizó el beso mientras sonreía levemente.
– ¡No!. – exclamó la mujer cuando él nuevamente intentó besarla. Eso logró que el hombre se sulfurara y la tomara con brusquedad por la muñeca y estirara de ella. La mujer se resistió pero la fuerza del hombre era notoriamente mayor por lo que solo pudo gemir de dolor al ser lanzada contra la cama.
Sintió el cuerpo de su esposo sobre el suyo y como sus labios nuevamente eran asaltados. Ella no respondió, enojándolo más, por lo que finalizó el beso e intentó quitarle el pullover que llevaba puesto.
– Detente. – pidió la mujer sujetando las manos masculinas. – por favor. – gimió al sentir la brusquedad con la que él hombre peleaba para arrebatarle la prenda.
– Eres mía. – susurró. – No puedes resistirte. – gruñó apartando las manos de la mujer
– ¡Aléjate!. – gritó.
– Odio que me rechaces, odio que estés pensando en él. – susurró. La mujer lo miró fijamente. El aprovechó para subir la prenda y también el sostén pudiendo masajear los suaves montículos.
– Por favor. – susurró Kagome, el hombre hizo caso omiso a su pedido y bajó una de sus manos a la cinturilla del pantalón femenino, ella sujetó con fuerzas la prenda.– Sesshomaru, detente. – rogó desesperada.
– Eres mi esposa. – susurró el hombre. – ¿Por qué debo detenerme?, tengo derecho a tenerte. – agregó.
– No quiero hacerlo, por favor, detente. – rogó la mujer al sentir la prominente erección.
– Tampoco quiero hacer las cosas así. – susurró el hombre. – No me rechaces y todo será mejor. – agregó en un murmullo. Kagome intentó pensar rápidamente.
– No es que quiera rechazarte, solo me asusté un poco. – aseguró antes de besarlo, él correspondió al beso. – ¿Puedes darme cinco minutos para tranquilizarme?. – indagó al finalizar el beso. Él la miró fijamente. – ¿Sabes por cuánto tiempo fantasee tenerte así?. – indagó antes de acariciar sobre la tela su hinchado miembro. El hombre gruñó levemente. – Por favor, solo necesito cinco minutos para tranquilizarme y luego podremos hacerlo. – volvió a pedir.
– No quise asustarte. – musitó mientras se incorporaba y dejaba libre a la mujer, dando a entender que le concedía el tiempo solicitado. – Lo siento. – se disculpó sorprendiendo a la mujer.
– Iré un segundo al baño. – musitó Kagome, él asintió, pero cuando ella caminó en dirección al lugar él la siguió.
– No cierres la puerta. – musitó y ella asintió mientras le dedicaba una sonrisa.
– Todo esto es muy extraño. – susurró acercándose al lavamanos. – hace muy poco planeaba formas para llevarte a la cama, no sé por qué hoy estoy tan nerviosa. – agregó mientras abría el grifo y se mojaba el rostro.
– Todo es culpa de esa bestia. – aseguró acercándose y abrazándola por la espalda. Kagome suspiró cuando el hombre comenzó a besar su cuello, miró en el espejo la escena y por un segundo se sintió bien.
El hombre elevó el pullover que estaba a medio poner y ella lo ayudó a despojarse de este. Con maestría desabrochó el sostén.
– No. – pensó la mujer, pero en verdad se sentía bien, ni ella lograba entenderse, pero en ese momento los toques de Sesshomaru la hacían estremecer. La mujer gimió levemente cuando las manos del hombre acariciaron ambos pezones. Una de las manos descendió hasta el centro femenino colándose dentro del pantalón, entonces ella se tensó.
– Estás húmeda. – susurró el hombre contra su cuello. – ¿También me deseas verdad?. – indagó en ese instante ella se tensó. Con esa frase la imagen de Inuyasha volvió a su mente. Por lo que una de sus manos se depositó sobre la del hombre, aun cuando ella lo hizo sobre la tela, pudo detener la acción.
– Etto… ¿podemos beber algo?, aún estoy un poco nerviosa. – susurró.
– Claro. – murmuró mientras extraía su mano de esa zona tan íntima. – buscaré si tenemos algo. – agregó.
– Si tenemos, lo había comprado para nuestro aniversario, está en el mueble de la cocina, en el tercer o cuarto cajón. – musitó.
– ¿Puedes buscarlo?. – indagó el hombre y ella asintió.
– Espérame un poco. – susurró antes de besarlo. Luego de eso caminó lentamente hacia la habitación estaba desnuda del torso para arriba, pero no podía vestirse. Abandonó la habitación yendo a la cocina. Inmediatamente en el lugar buscó con la mirada su cartera notándola sobre su maleta a un costado del sofá.
Tomó solo la cartera y la campera que estaba por el espaldero de la silla, se la colocó luego caminó en dirección a la salida, con temor sacó lentamente la tranca e intentando no hacer ruido giró la llave, con el mayor cuidado bajó el picaporte.
– ¿Qué haces?. – preguntó el hombre, la mujer tembló de miedo.
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Inuyasha había quedado inmóvil luego de la frase de la mujer, pero cuando iba a contestar la puerta de la casa se abrió y una preocupada Isayoi apareció.
– ¿Está todo bien?. – indagó. – escuché un grito. – agregó mirando a la pareja, notando que estaban abrazados, pero notoriamente incómodos.
– Si, todo bien, solo regañaba a Inuyasha por abandonar la mesa así. – mintió mientras lo soltaba.
– Tenía cosas que hacer. – musitó el hombre. – debo volver. – agregó.
– No puedes hacer eso Inuyasha. – amenazó.
– Volveré más tarde y entonces hablaremos claramente. – musitó seriamente el hombre.
– Inuyasha, sabes qué pasará si te vas. – musitó intentando sonar serena.
– Lo sé, aún así iré. – aseguró dando un paso.
– Señora Isayoi quiero mostrarle algo. – musitó sacando su teléfono. El hombre detuvo su caminar.
– Hablemos por un momento, Kikyo. – ordenó molesto.
– Esta bien mi amor. – musitó sonriendo macabramente.
– Vayamos al granero. – ordenó. Al llegar en el sitio Inuyasha "pidió" a los trabajadores que los dejaran solos.
– Pensé que habías dicho que no te importaba si lo veía o no. – musitó burlonamente.
– ¿Qué demonios buscas?. – indagó molesto.
– Ya te dije, quiero que nos casemos la próxima semana. – musitó.
– No puedo hacer eso. – aseguró. – Creo que estoy enamorado de Kagome. – confesó sin dar muchas vueltas. La mujer lo miró con cólera, pero pronto intento recomponerse.
– Lo que sientes por ella no es amor. – rebatió. – Tú me amas, esperaste siete meses por mi sin acostarnos, por eso estas confundido, porque ella te entregó fácilmente lo que yo no. – "explicó" intentando sonar sosegada.
– Sería un error casarnos, no puedo garantizarte fidelidad, todo el día pienso en ella. – confesó Inuyasha y solo sonrió cuando ella mordió sus labios intentando guardar la compostura.
– Ya entregue todas la invitaciones, en seis días será la boda, asegúrate de estar ahí, o en verdad te arrepentirás. – musitó tétricamente.
– Keh, no escuchaste lo que dije. – masculló.
– Dejé una invitación a tu madre. – informó. – Por ahora volveré a Tokio, aún debo solucionar muchos detalles. – agregó.
– Kikyo, escúchame, no nos casaremos. – musitó elevando un poco la voz.
– Nos vemos pronto mi amor. – masculló e intentó besarlo nuevamente pero el hombre volteó el rostro.
Inuyasha suspiró frustrado y apenas la mujer abandonó el lugar él lo hizo. Kikyo sonrió al verlo correr.
– Tonto Inuyasha. – susurró mientras caminaba en dirección a la casa. Dio dos golpecitos en la puerta y cuando Isayoi la abrió la mujer sonrió ampliamente.
– Pasa. – ofreció la mayor.
– Gracias señora Isayoi, pero ahora debo irme, mi vuelo sale dentro de una hora. – musitó. – La esperaré el día de la boda. – agregó.
– Si. – susurró la mayor. Se sentía extraña, todo eso no se sentía bien.
– Kuso. – maldijo Inuyasha cuando llegó al lugar y no vio a la azabache, la buscó corriendo varias cuadras más, pero no la pudo encontrar. Tomó su celular y la llamó, pero no contestó.– ¿Dónde estas Kagome? Necesitamos hablar. – escribió prontamente. Volvió a llamar repetidas veces. – Por favor, al menos dime si estas bien. – pidió y esperó por varios minutos la contestación, pero esta nunca llegó, pero algo logró aliviarlo un poco, ella había leído su mensaje, al menos supo que estaba bien.
Después de casi una hora volvió a su casa, apenas ingresó vio a su madre sentada en la mesa, preparando algunos ramos. Bajó la cabeza e iba a caminar en dirección a su habitación pero su madre se lo impidió.
– Siéntate. – pidió. El hombre la miró fijamente, por una semana había intentado hablar con su madre y ella lo evitaba, por eso cuando le dio esa oportunidad no lo desaprovechó. Se sentó frente a la mujer y ambos permanecieron en silencio. El hombre comenzó a armar también los ramos. – Déjalo, lo haré yo. – ordenó. El hombre suspiró profundamente.
– Madre, lo que hice sé que no puedes entenderlo. – musitó.
– Solo me importa que estés bien. – susurró la mujer. Inuyasha la miró fijamente y se sintió mal al verla llorar nuevamente.
– Madre, no llores más por favor. – rogó. La mujer limpio sus lágrimas disimuladamente, luego ambos quedaron en silencio nuevamente por unos segundos.
– ¿Te casarás?. – indagó finalmente la mujer.
– No. – aseguró inmediatamente el hombre.
– Entonces ¿qué piensas hacer?. – indagó.
– Keh. – masculló mientras peinaba sus cabellos con su mano en un gesto nervioso. – Aún no lo sé. – musitó.
– ¿Piensas seguir viendo a Kagome?. – indagó. El hombre bajó la mirada, bien podía mentirle, pero no sería justo con la mujer.
– Si. – Susurró.
– Pero hijo, ella es la esposa de tu hermano, eso no está bien. – lo reprendió, mirándolo afligida.
– Ella lo dejará. – aseguró.
– Pero…pero será culpa tuya, sabes lo que sucedió con tu padre y conmigo, sabes lo que dirá la gente. – comentó.
– Lo sé madre, pero no me importa, necesito estar con ella. – confesó.
– ¿Por qué justamente con la esposa de tu hermano?. – indagó levantando la voz.
– Sé que no puedes entenderme, tampoco sé que hacer. – susurró sujetando su rostro con una mano.
– ¿Kikyo lo sabe?. – indagó.
– Si. – susurró.
– ¿Aún así quiere casarse?. – indagó algo sorprendida.
– Si. – contestó nuevamente. Isayoi lo miró fijamente y pronto extendió una mano sobre la mesa. Inuyasha miró la mano y la sujetó.
– No puedo entender tus actos, pero no te dejaré solo, se que harás lo correcto, eres mi hijo después de todo. – musitó. El hombre sintió un infinito alivio. Se paró y la abrazó con fuerzas.
– Gracias. – susurró.
– Suéltame, debo seguir trabajando. – musitó. El hombre sonrió y beso la coronilla de su cabeza.
– Te amo. – musitó feliz, ella lo empujó, pero sonrió levemente.
– Por cierto, algo me pareció extraño, Kikyo dijo que si no vas el día de la boda mostraría un video y que yo debería asistir sin falta. – comentó. – Eso me pareció extraño, ¿si tu no vas por que debería ir yo?. – indagó.
Continua…
Hola, hola, hoy estoy feliz, es un día muy lluvioso por lo que finalmente he podido quedarme en casa y continuar el fic; siempre digo lo mismo por lo que seguro ya se siente demasiado repetitivo, pero en verdad de corazón agradezco sus comentarios, en días malos los releo y me dejan feliz, me motivan a continuar y siempre tengo esto como algo pendiente por lo que me siento verdaderamente fortalecida.
Espero que el capitulo les guste, yo verdaderamente disfrute escribirlo.
Mizune - Mei
