JUGUEMOS A MENTIRNOS
Todos los personajes de manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi. Yo solo escribo esta historia alternativa, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Como todo lo que escribo este fic contiene Lemon, si eres menor o no disfrutas este tipo de lectura abstenerse de hacerlo.
Referencias para la lectura:
Bla bla bla (pensamientos)
Bla bla bla (mensajes de texto, audios o llamadas)
POV- (escena narrada desde el punto de vista del personaje)
Flash Back (recuerdos)
CAPITULO 33
Inuyasha la miro fijamente y luego sonrió ladinamente mientras cerraba la puerta de su habitación.
– Solo iba a hacer un poco de ejercicio. – musitó enseñando una botella de agua. – ¿Quieres acompañarme?. – preguntó.
– No, yo solo, mmm…tengo cosas que hacer. – susurró. El hombre asintió para luego caminar en dirección a la salida del hotel.
Él normalmente amaba salir a correr, eso despejaba su mente y lo ayudaba a mantenerse tranquilo, pero ese día lo hacía más por necesidad que por gusto. Su reloj marcaba que ya había corrido cinco kilómetros pero el aún se sentía con mucha energía.
– Mejor vuelvo, Kagome podría necesitarme. – pensó y volver debería tomarle otros cinco kilómetros, quizás ahí ya se sintiera más cansado.
Kagome compró rápido algunas cosas para cenar y volvió a su apartamento con prisas, no quería volver a encontrarlo, al menos no por ese día. Se sentó pesadamente sobre la cama y se odió cuando se dio cuenta que su mente y su cuerpo la habían traicionado pues de nuevo estaba mirando la foto del hombre.
– ¿Por qué me gustas tanto?. – susurró. Mentía cuando decía que no quería verlo, en ese momento lo que más deseaba era que el hombre abriera la puerta y la besara. Lanzó su teléfono sobre la cama mientras suspiraba sonoramente. – Mejor me baño, ceno y duermo, así dejo de pensar en tonterías. – analizó en pensamientos.
La mujer buscó ropa en su valija, tomó un vestido holgado color turquesa y ropa interior blanca, lo dejó sobre la cama y fue a la habitación del baño.
– Que pereza. – susurró al ver la tina, en verdad le encantaba a veces preparar su baño, pero ese día particularmente estaba cansada, por lo que decidió solo usar la ducha.
Abrió la llave y reguló la temperatura; cuando el agua tocó su piel suspiró aliviada. Cerró los ojos y disfrutó la sensación del agua recorriendo su cuerpo.
– ¿Qué me pasa, porque no puedo dejar de pensar en él? – indagó en un susurro cuando el deseo de que el hombre estuviera ahí la abordaron nuevamente. – Olvídate de él. – masculló intentando entrar en razón. Pero extrañaba con locura la calidez de las grandes manos del hombre.
Ya bañada y vestida analizó los artículos que había traído para comer y decidió por unos bocadillos de pulpo, en verdad se veía delicioso por lo que se sentó feliz sobre la cama empezando a comer.
Dos golpecitos en la puerta impidieron que comiera su última porción.
− Voy. – musitó mientras se paraba para dejar su comida sobre una pequeña mesa. Al abrir la puerta lo primero que vio fue la radiante sonrisa del ojidorado cosa que la dejó sin respiración por unos segundos, pero pronto se fijó en el resto del cuerpo lo miró impresionada. − ¿Qué te pasó?. – indagó preocupada al ver como el hombre sangraba por varias partes de su cuerpo, Inuyasha sonrió aún más.
− Tsk, Ni quiero contarte, soy un tonto. – masculló el hombre. Kagome lo miró fijamente, analizándolo de pies a cabezas. – Quiero pedirte un favor. – susurró.
− ¿Pero cómo te hiciste esto?. – indagó notoriamente preocupada.
− Kuso. – maldijo entre dientes. −Me caí, estaba distraído pensando en alguien y no vi el cordón, tampoco es tanto. – comento ligeramente apenado. Kagome lo miró y tuvo ganas de reír pero al ver la expresión arrogante del hombre supo que estaba avergonzado.
− ¿En qué te ayudo?. – indagó la mujer. Analizando los raspones que tenía el hombre en ambas rodillas, y codos, una de las rodillas se la veía hinchada, pero lo notoriamente más afectado era la palma de la mano derecha que tenía un corte que sangraba copiosamente.
− ¿No tendrías algo para desinfectar?. – preguntó y la mujer negó lentamente con la cabeza.
− Esta bien, igual gracias. – susurró el hombre, dio un paso para alejarse pero las palabras de la joven hicieron que detuviera su caminata.
− Si quieres pasa, buscamos una farmacia con delivery. – ofreció mostrando su teléfono. El hombre asintió e ingresó al apartamento cuando la mujer se lo permitió. – Siéntate ahí. – ofreció mostrando una de las camas y el hombre sonrió por lo que ella se puso nerviosa. – Etto…, aunque yo…yo…creo que es mejor si vas y te das un baño, limpias bien la herida con agua y jabón, así, creo que será más fácil luego realizar el curativo. – explicó rápidamente notoriamente nerviosa.
− Ya no quiero caminar, duele. – susurró sentándose lentamente en el sitio antes indicado.
− Pero...en verdad creo que sería lo mejor –susurró. – si quieres voy por tu ropa y te bañas acá. – ofreció en un murmullo. – así no caminaras tanto. – agregó para que la oferta no sonara extraña.
− ¿Puedo?. – preguntó el hombre y ella simplemente asintió.
− Etto…yo…yo primero pediré lo que necesitamos. – susurró tomando su teléfono y buscando una farmacia cercana, marcó todas las opciones de los medicamentos, vendas y demás curativos y finalmente lo pagó por medio de una transferencia. – Listo. – aseguró luego de enviar la ubicación y recibir el mensaje de que su pedido había sido recibido.
− Gracias. – susurró el hombre y ella le sonrió.
− Dame la llave, voy por tus cosas. – masculló extendiendo una mano, el ojidorado dirigió su mano al cierre lateral de su short y tan pronto tuvo la llave en manos se la ofreció. – Vuelvo enseguida. – aseguró la mujer.
Kagome entró nerviosa a la habitación y buscó con la mirada alguna maleta, topándola a un lado de la cama, caminó en su dirección y la abrió, en ese momento se sintió un poco avergonzada, sentía que estaba hurgando en un lugar muy personal, pero debía hacerlo, así que dándose ánimos, buscó una remera, tomó la primera que vio que era blanca, luego buscó entre todos los pantalones un short sonrió al encontrar en el fondo uno negro y lo tomó, buscó en los bolsillos laterales, algún producto de aseo y no lo encontró, pero se sonrojó al toparse con la ropa interior, observó atenta en la mezcla de colores y selecciono uno blanco de entre todos ellos.
Cerró la maleta y fue al baño donde tomó la toalla, shampoo, jabón, desodorante, suspiró antes de salir de la habitación, todo su cuerpo se tensó al ver a la recepcionista del hotel a unos pocos pasos de ella, claramente podía ver la duda en los ojos de la mujer.
− Esto, yo…no es lo que parece…él…, él… me pidió que le llevara esto, no estoy robando ni nada, mira tengo la llave. – explicó tartamudeando sonrojada hasta las orejas, la recepcionista asintió disimulando una sonrisa pícara. Kagome prácticamente corrió en dirección a su habitación.
− ¿Todo bien?. – indagó Inuyasha al verla ingresar algo agitada y sonrojada, ella asintió efusivamente mientras le ofrecía la ropa y demás. Inuyasha se paró y tomó lo brindado mientras caminaba lentamente rumbo al baño.
− Báñate tranquilo, iré a esperar el pedido en recepción. – musitó alzando ligeramente la voz y luego abandonó la habitación; caminó despacio rumbo a la salida y agradeció el hecho de que otra persona estuviera en ese momento en la recepción.
Suspiró profundamente al sentir el aire nocturno contra su rostro, faltaba menos de un mes para que empezara la primavera por lo que el clima ya estaba más agradable, feliz recibió el pedido y volvió a la habitación en menos de diez minutos.
− Bienvenida. – saludó burlón el hombre al verla ingresar. Kagome sonrió mostrando la bolsa.
− Siéntate. – ordenó y él asintió. –Auch ese corte si se ve feo. – comentó mirando la mano del hombre, mientras se sentaba a un lado de él.
− Este ni duele. – aseguró exhibiendo el corte. – pero mi rodilla, es algo distinto. – comentó. Kagome miró la zona mencionada y vio la notoria hinchazón en una de las zonas.
− Creo que necesitaremos hielo. – susurró. – Tu mano. – pidió y el hombre se lo mostró, jadeó levemente cuando ella le roció un misterioso líquido.
− ¿Qué es esto?. – indagó al ver el extraño parche.
− Son unos nuevos parches para las heridas pequeñas que necesiten sutura, no sé si funcionen pero vi en las reseñas que era muy bueno. – comentó. Inuyasha miró entre sorprendido y curioso el parche pero toda atención se desvaneció cuando la mujer volvió a rociar el extraño líquido en su codo izquierdo.
− ¡Arde!. – masculló
− Deja de quejarte. – lo regañó poniendo otro líquido para luego cerrarlo con una gaza, el otro codo solo necesitó una curita no había sufrido tanto. El hombre tragó duró cuando ella se levantó de la cama para posteriormente arrodillarse frente a él.
Ni siquiera el ardor que sintió cuando el líquido tocó la herida hizo que su rostro sorprendido desaparezca. Kagome sopló la herida en la rodilla y él hombre sintió una ligera sensación de alivio.
− Sí que te caíste mal. – susurró. − ¿ a qué velocidad corrías para hacerte este daño?. – preguntó la mujer sin percatarse de los estragos en la mente del hombre al verla arrodillada entre sus piernas.
− No sé. – susurró. Kagome limpió la otra rodilla también.
– No sé si sería conveniente tapar también con gaza esta herida. – murmuró la mujer poniendo inocentemente una mano en la pierna derecha del hombre justo por encima de la herida. Por un segundo ambas miradas conectaron y la mujer se sorprendió al leer el deseo en esos ojos que eran como el mismo oro. Recién entonces fue consiente de la sugerente posición en la que estaba. – etto….iré a ver si puedo conseguir el hielo. – susurró parándose abruptamente. Inuyasha suspiró profundamente al verla desaparecer.
− Keh, tranquilízate. – gruñó al notar su miembro ya semi erecto. Respiró profundamente intentado calmarse antes que la mujer volviera.
Los minutos pasaban lentamente para el hombre quien miraba fijamente la puerta, se sentía algo preocupado pues no sabía si ella había abandonado el lugar, en ese momento se sentía una molestia y eso era malo.
− Frío, frío, frío. – la escuchó repetir entrando en la habitación un pedacito de hielo envuelto en una servilleta.
Inuyasha sonrió y ella bufó en berrinche. Buscó rápido en el baño una toalla limpia y envolvió el hielo en esta, para luego pasarle al hombre.
− Deberás dejarlo ahí por lo menos diez minutos. – murmuró y él sonrió. − ¿Cómo sientes el resto, te duele, arde o pica?. – indagó.
− Solo un poco. – susurró. – Gracias. – agregó.
− No te sientas especial, lo haría por cualquiera, no me gusta ver a nadie lastimado. – expresó la mujer.
− Lo sé. – susurró. – puedes darme la factura por favor, para devolverte los gastos. – pidió.
Kagome notó algo de tristeza en sus palabras y se arrepintió levemente de haberlo dicho de esa forma, era verdad que a ella le gustaba hacer curativos y lo haría por cualquiera, pero para ella poder cuidarlo así calentaba un poco su pecho.
− No es necesario. – aseguró. − ¿Quieres cenar algo?. – invitó para cambiar el tema mientras se paraba y caminaba en dirección a la pequeña mesa donde tenía la comida. – aún me quedan algunas cosas. – susurró tomando la bolsa y volviendo a sentarse a un lado del hombre. Abrió la ensalada y destapó una caja con rollitos primavera.
− Se ve muy rico. – musitó complacida invitando uno al hombre. Inuyasha lo tomó con su mano libre y comenzó a comer en silencio. Al consumir todo uno la mujer le invitó el último.
− La verdad no tengo mucha hambre, cómetelo tú, parece que te gustaron. – susurró.
− Yo ya había comido algunas bolitas de pulpo. – confesó apenada y él sonrió levemente.
− Nuestro hijo es igual de glotón que yo. – murmuró, y ella sintió un extraño pero agradable calor en el pecho. Ambos se miraron fijamente. – Kagome, ¿puedo abrazarte?. – indagó en un murmullo. La mujer sintió cada vello erizarse.
− De que hablas, claro que no. – musitó la mujer dando un gran mordisco a la comida que tenía en su mano, el hombre la miró fijamente y ella se sintió incómoda, cuando tragó el último bocado se paró, necesitaba alejarse un poco, el olor que percibía del hombre la intoxicaba.
− El hielo ya desapareció. – comentó el hombre. – es mejor que vuelva a mi habitación, nuevamente gracias por todo. – susurró notoriamente desanimado mientras se ponía de pie y caminaba lentamente rumbo a la puerta.
− Espera te doy tu llave. – susurró la mujer acercándose para darle el objeto. Inuyasha lo tomó.
− Mi ropa. – susurró recordando la ropa sucia y ensangrentada que había dejado en el baño de la joven.
− No te preocupes, lo mandaré lavar mañana con mi ropa y te lo devuelvo. – susurró la mujer.
− No quiero incomodarte más. – masculló Inuyasha. – Pero en verdad solo quiero volver a mi habitación ahora y descansar un poco, así que te tendré que molestar una vez más. – agregó abriendo la puerta.
Kagome vio con pesar como el hombre se fue y pronto se perdió ingresando en la puerta contigua.
− Tonta. – susurró, cerrando su puerta. – No puedo abrazarte Inuyasha, me gustas demasiado que hasta eso me da miedo. – murmuró antes de soltar un largo suspiro.
La mujer extrañada busco su teléfono al escuchar el sonido del mensaje.
− Por favor pásame el número de cuenta y el monto que te debo, agradezco tu ayuda, quiero devolverte lo que gastaste o me sentiré incómodo. – la mujer leyó el mensaje que había enviado "su vecino".
− No te preocupes, tómalo como el pago por tus servicios. – escribió la mujer tan pronto lo envió nuevamente lo quiso borrar pero el hombre leía a la velocidad de la luz, por lo que Kagome gruñó frustrada.
− ¿Que?. – indagó, la pregunta la aterró, por unos segundos no supo que poner.
− Me ayudaste en mi venganza, nunca te pague por eso. – escribió intentando explicarse.
− Me pagaste con intereses. – el mensaje la descolocó. – Daría lo que fuera por volver a esos días, de volver al paraíso de Jakotsu y escuchar tus falsos gemidos, me pagaste con eso, me divertí bastante.−agregó.
− Yo igual. – escribió la mujer, lo envió pero esa vez sí pudo borrarlo.
− ¿Qué borraste?. – indagó.
− Nada solo había enviado un emoji por error. – mintió. Kagome se emocionó al ver que el hombre estaba grabando un audio.
− Mentirosa, por un segundo no vi la pantalla y ya lo borras, eres malvada, te envío audio porque me es difícil escribir con la mano así, espero no te moleste. – no le molestaba para nada reprodujo el audio tres veces, amaba la voz del hombre.
− Descansa, mañana ven, te haré nuevamente el curativo y vemos como va. – escribió la mujer.
− Kagome, moría por ese abrazo, solo quería aspirar tu olor, amo como hueles, no te iba a hacer nada más, discúlpame si te incomode con el pedido. – el audio logro que la mujer se empezara a excitar y eso era contraproducente.
− Yo también amo tu olor, maldición yo también quería y quiero abrazarte. – susurró lo que deseaba escribirle, pero sabía que no debía hacerlo.
− ¿Puedo quedarme a tu lado así?, no te pediré más nada, ni abrazos, ni besos, ni sexo, me conformaré con verte. – la voz del hombre se notaba algo entrecortada pero la mujer agradecía que no quisiera escribir, guardaría esos audios y podría escucharlo cuando lo extrañara.
− Pero…, no se quizás eso cree muchos problemas. – escribió indecisa la mujer, no podía negar que le encantaba la idea.
− Puede ser un secreto, yo iba a volver a Kioto, pero inventaré algo para quedarme aquí a tu lado. – musitó con voz rasposa. Kagome se sintió culpable ya que eso la hacía feliz.
− Total, somos buenos mintiendo. – escribió la mujer.
− Ame la foto, pero también lo odie, me hizo desearte aun más. – Kagome se sorprendió al escuchar el audio. Él siempre hacia eso, decía cosas que la avergonzaban de la nada.
− Inuyasha, no hagas esto. – escribió la mujer.
− No puedo evitar desearte, Kagome, ¿me enviaste esa foto por que querías excitarme verdad? – la voz del hombre resonó y ella sintió escalofríos.
− No, solo no tenía otra foto. – escribió.
− Mentirosa. – susurró.
Kagome amó como sonó la voz del hombre, se sentía acalorada, hacía más de un mes de que no hacía nada pervertido, en ese momento la voz del hombre lograba dejarla húmeda y deseosa y eso era malo.
− Debo dejarte ahora, dormiré un rato, nos vemos mañana para el curativo. – escribió pronto la mujer.
− Esta bien, descansa. – susurró. La mujer suspiró profundamente, antes de acostarse de lado, comenzó a repasar los mensajes y sonrió al llegar a la foto.
No sentía sueño, en verdad en ese momento tenía ganas de otra cosa, odiaba no dejar de pensar en el hombre y también odiaba no poder calmar ese calor interno que sentía.
Inuyasha también se quedó observando la foto de la mujer y sus conversaciones.
− Kuso, soy un tonto. – maldijo al releer todo los mensajes y haber escuchado sus audios. Se fijó en la foto de perfil de la mujer, que era la foto de un paisaje natural, sonrió ligeramente, abrió el perfil y leyó el nombre apellido y demás datos hasta que algo llamó su atención.
Continua…
Hola, hola a todos, volví, gracias por todos sus comentarios, espero hayan pasado bien las fiestas, yo estoy más que feliz, pues me regalaron una compu nueva, estaba depre por eso y mi persona especial, me lo regaló, así que cuando este con tiempo libre escribiré, ya no tengo excusas para tardar tanto jeje.
Espero que el capítulo les guste y nos leamos en los próximos.
Las quiere.
Mizune - Mei
