EL MISTERIOSO TAXI (Love Live! All Stars)
6ª parte: Último crimen y detención
INICIOS DE OCTUBRE, DE NOCHE
Nico Yazawa está regresando a su casa, el último autobús la dejó a solo cuadras. Fue aquí cuando el auto blanco se detuvo, y su conductor aprovechándose de la soledad decidió convertirla en su próxima víctima.
El violador hizo lo propio con esta mujer sola e indefensa, los gritos lo ahuyentaron y Nico pudo llegar herida a su casa; su madre la llevó a un hospital de Tokio para sacarle muestras de semen. En tanto las policías seguían investigando sin frutos concretos y por cierto opinaban en el interior de los cuarteles la teoría que ellas se habían ido por su propia decisión, hecho que sin duda le bajaba el perfil el fenómeno criminal y justificaba las especulaciones que algunas autoridades habían tejido en torno al caso. No obstante, la ausencia de pistas se dejó entrever con particular rigor el modus operandis de un psicópata, teoría que tímidamente algunos peritos se negaron a descartar.
Desde una casa acomodada, "Yohane" viene acompañada por su madre luego que fuera sacada de su escuela y lo espera su padrastro.
Padrastro de Yoshiko: ¿Y usted qué hace tan temprano en la casa?
Sra. Tsushima: Le encontré haciendo "campanas" con unas amigas.
Yoshiko: No estaba haciendo la campana, me expulsaron porque me andaba sin uniforme, lo que sepa.
Sra. Tsushima: Ya estoy cansada de decirle que se lo ponga, pero nunca me hace caso.
Yoshiko: ¿Y cuántas veces tengo que decirle que los zapatos de la escuela están rotos?
Padrastro de Yoshiko: ¿De a ti no te da miedo andar caminando sola por ahí?
Yoshiko: Usted mismo decía cómo cuidarme y ahora estás preocupada.
Sra. Tsushima: Es tan qué cree que es broma lo que le pasó las demás niñas.
Yoshiko: Pero usted sepa, yo sé cuidarme muy bien sola. No ando por si acaso subiendo más a los autos ni conversando con extraños.
Padrastro de Yoshiko: ¿Y si te agarran a la fuerza?
Yoshiko: ¿Para violarme, dices usted? Ya, tengo que acordarme muy bien de su cara, no demostrarle miedo ni ponerme nerviosa, de acordarme el color del auto. Ah, y ojalá me acuerde también de la matrícula, ¿conforme?
Sra. Tsushima: Ya, anda a hacer las tareas sea mejor o no.
FINALES DE OCTUBRE
La confianza con la familia le entregó a Yoshiko Tsushima le dieron armas a esta adolescente de 16 años, para encarar a cualquier extraño que le hiciera propuestas poco decorosas.
Esta adolescente no alcanzó a tomar el autobús y tiene una reunión con la orientadora de la escuela, tiene que responder ante sus reiteradas ausencias y el motivo por la cual no acostumbra a usar uniforme; ella sabe que si hoy no cumple su permanencia en la escuela será seria y definitivamente cuestionada. Pero Yoshiko les ha hecho una promesa a sus padres de cambiar, por eso ahora hará todo lo posible para no llegar atrasada. Lo que ella ignora que esta vez fue elegida como la próxima víctima.
Luego se hacía suponer que el conductor del taxi pirata, ya la venía siguiendo hace algunos días y que esperaba la ocasión propicia para enfrentarla. Por eso notó problemas en llevarla por cien yenes.
Yoshiko: Oiga, oiga ¿para adónde me estás llevando? Yo voy a la escuela Beika.
Sora: Sí, es que voy a aprovechar de pasar a buscar a una sobrina que vive aquí cerca.
Yoshiko: Sí, pero usted no me dijo eso cuando lo tomé. Además, yo voy atrasada.
Sora: Por eso te cobré los 100 yenes, no más. Además, no me demoro nada.
Yoshiko: Pero si la escuela está cerca, ¿por qué no me va a dejar y después el otro?
El coche avanzaba a lo lejos...
Yoshiko: Oiga, estamos saliendo de Tokio ¿adónde me lleva?
Y en lugar de dejar a la escuela, el taxista forzó a frenar a medio camino quedando en aprietos. Sin duda, él tenía oculto un cuchillo debajo de su asiento esperando algo peor.
Yoshiko: ¿A dónde me estas llevando?
Sora: Quédate callada, si no lo quieres pasar mal.
Yoshiko: ¿Pero qué quiere hacerme?
Kaoru: ¡Cállate que te dije!
Éste la amenaza con su objeto cortopunzante obligándola a subir adelante de asiento haciendo callar firmemente y el auto avanzó sin complicaciones.
De este modo, Sora encontró que esta joven, a pesar de su nerviosismo, actuaba con particular racionalidad frente a sus caprichos. Así fue como se mal entonó para alejarla a unos veintinueve kilómetros al suroriente del Monte Fuji.
Sora: Sácate el traje y el calzón.
El taxista ordenó a desnudarla. Como no había caso, insistió duramente.
Sora: ¡Sácatelo mierda, sácatelo puta zorra!
Bajo las órdenes del psicópata, Mia se quitó el saco y su ropa interior; el hombre tomó las ropas de la desafortunada chica arrojando estas de la ventana del móvil en pleno desierto. De ahí en adelante se baja para poder subir al otro lado del automóvil, se ajustaba en dicho espacio corriendo el asiento atrás para acomodarse, se baja sus pantalones y comenzó a follarla durante una hora ininterrumpida. La joven sentía entre lágrimas la impotencia de cómo este tipo la abusaba forzosamente.
Luego de violarla, y sin tener ningún grado de compasión por esta niña ultrajada, la ordenó a vestirse, y la llevó a un destino para él, previamente establecido. A estas alturas, Mia sintió que todas las providencias que tomó, y la actitud que tuvo para que no la atacaran ni le dieran muerte, habían sido en vano. Ya que ahora no le cabía la menor duda que este hombre tenía otro destino para ella, que no era precisamente dejarla con vida. Sus minutos estaban contados, y sólo un milagro podía evitar el fatal desenlace.
Todas sus dudas se disiparon, cuando Mia vio que Sora, la guiaba hasta un evidente pozo profundo abandonado. Sora empujó a ella rodando hasta que se detiene a centímetros del pique y fortuitamente él menciona sus últimas palabras:
Sora: Para que usted sepas, yo soy el psicópata de las idols. Yo maté a todas las que han desaparecido. ¡Y vos no vas a salir con vida, me oíste!
Gritando a los cuatro vientos el hombre su dura confesión.
Sora le bastó dar por muerta a esta estudiante, y no quiso lanzarla al interior del hoyo de 200 metros de profundidad, la certeza que allí nadie podría encontrarla.
Fueron después y en estado de seminconsciencia, Yoshiko casi por un acto de reflejo y de natural instinto de sobrevivencia se levantó sin saber siquiera dónde dirigir sus pasos. Gravemente herida y soportando estoicamente el calor y el desierto inició un rumbo desconocido.
A poco andar y sin que el paisaje ofreciera un destino más claro comenzó a resignarse a desfallecer en la más absoluta soledad. Esta joven desvalida y superada por aquel medio hostil y devorador solo quería gritar al viento lo que aquel victimario le había confesado, pero una extraña y casi misteriosa fuerza permitió que esta joven, a pesar de su gravedad, se mantuviera en vida y con físico para continuar. Fue en este instante donde siguió por largos minutos una huella en el camino, que la condujo finalmente a la carretera. Lo que no podía suponer esta adolescente es que Sora volvió al pique para borrar el vestigio de su supuesto crimen, y al no encontrarla la buscó para ultimarla definitivamente, pero un vendedor de huevos de la zona paró para socorrerla sin saber que así le salvaba la vida.
El tipo describió que a aquella chica venía lastimosamente malherida, sucia y ultrajada a manos del psicópata que intentó matarla, de ahí el coche blanco lo antecedía en plena carretera. El automóvil pasó de lado ignorando detener en el camino antecedido de otros vehículos delante.
Minutos después, Yoshiko llegaba muy grave al hospital. De inmediato el policía de turno dio eco a su testimonio casi agónico que hizo en violación al victimario, quien recalcó se había auto-catalogado como el autor de los crímenes de las demás jóvenes. Desde luego hubo todo un operativo para estabilizar la salud de esta joven, como así también la fuerza de orden alertó a su unidad para ganar tiempo; la policía aprovechaba la ocasión para inquirir datos.
Si bien respetaba su estado de gravedad y shock con que llegó la estudiante, cualquier indicio por mínimo fuera en ese momento cobraba valor por lo oportuno. Esta sería la primera pista concreta para capturar al "psicópata de las idols".
Sora entendió que nada pudo hacer ante aquel fortuito encuentro entre el vendedor y esa estudiante, y por supuesto entendió que por primera vez dejaba huellas que delataban su accionar. Aun así, con la absoluta frialdad este hombre volvió a su casa y decidió cambiar de imagen para enfrentar sin problemas a que no sabe inculparlo. Por cierto, tenía certeza que afeitándose nadie ni mucho menos aquella joven podía reconocerlo, también se cortó las patillas y se tiñó el pelo. Lo que no sospechaba Sora era que Yoshiko, si bien quedó traumada con la violación tuvo a bien recordar los consejos de sus pares que le insistían en que se fijaran en todos los detalles y algún día se convertía en víctima de un acto vejatorio en su contra.
El primer jueves de noviembre, la policía ya tenía los antecedentes claros del violador de Yoshiko Tsushima. La coincidencia evidente con algunas señales que murmuraron casi como unas voces en Tokio les dieron fuerza a ellos para ahora sí actuar comprendida.
Se trataba del conductor de un Toyota (Comfort) blanco que ejercía como taxi ilegal, él era alto, corpulento, con algunas canas y patillas grandes. Otro elemento que Yoshiko divisó claramente, fue el adorno de Shin-Chan, que colgaban en el espejo retrovisor; se cercaron rápidamente todas las salidas de Tokio y de la región. Hubo un operativo incesante a todo vehículo de colores claros que se desplazaran en este sector.
El sargento de la policía no olvidó el detalle de los decorativos y ni el olor a pintura que traía el conductor, para transformarlo rápidamente en evidencias claras que ameritaban su detención. Lo que hizo dudar un poco la policía fue la conducta de Sora, quien en ningún momento dio muestras de nerviosismo actuando con toda calma y dando incluso pista de ser inocente a todas luces. No obstante a ello el sargento, de inmediato llamó a sus superiores para informar sobre el actuar sospechoso; así recordó la detención.
El oficial de policía detalló minuciosamente las descripciones del vehículo, el adorno de Crayon Shin-Chan y los perfiles acatados del individuo.
El arresto de Sora generó provocativas reacciones de parte de la comunidad, tanto así que algunos amenazaron con incendiar su vivienda; la municipalidad tuvo que desarmarla para que no provocara daños a los vecinos y le prendían fuego. Por primera vez, Yoshiko accedió a contar su testimonio que condujo a la captura del violador.
Según ella, que no cuenta ni dos veces, tuvo las agallas de parar las fechorías del acosador y sacrificarse como cebo o anzuelo de manera correcta. También dice que al enterarse las muertes de sus amigas o conocidas en la escuela ha sido la única sobreviviente de los crímenes cometidos por este tipo, y ni se siente arrepentida de todo esto; actualmente se dedicará a las "little demons" caídas como acto de homenaje.
Aquella tarde del jueves, aún su inmediata detención fue trasladado a la comisaría local. No hubo muchos preámbulos, ni tiempo que perder; de modo que los interrogatorios no se hicieron esperar. Pero Sora negó una y otra vez su participación en los hechos, su testimonio fue tan insistente y categórico que llegó a confundir a la policía. Sólo después de largas reuniones y análisis se cobró realizar una jornada de calabozo con él que consiste en dejarlo solo en este lugar vigilado, por cierto para que no atente contra él sí mismo e impedir que duerma lo suficiente.
La policía corría contra el tiempo, ya que en menos de cinco días debía obtener a lo menos el reconocimiento a la violación de Yoshiko Tsushima.
El método comenzó a dar resultados, al amanecer del viernes, vale decir al día siguiente, agobiado por el cansancio y el sueño, confesó la violación a Yoshiko, de quien aclaró supuso que estaba muerta. Bajo la misma presión psicológica dos días más tarde, Sora, ya sin salida comienza a colapsar, y declara que ha matado a tres muchachas de Tokio, y que las lanzó a un pique abandonado en un bosque. Fue así como el lunes, Sora, implorando que lo dejen dormir, promete a cambio confesar el destino de otras cuatro víctimas más. Dos días más tarde, luego de dormir una jornada completa cumple su palabra.
En las noticias de la televisión, un periodista relata el reporte:
–"Fue el propio detenido, (...) Sora, de cuarenta años, quien condujo a la policía a este lugar donde se había ocultado sus víctimas. Los trabajos, que comenzaron a las cinco de la madrugada en el sector suroeste del Monte Fuji arrojaron como primer resultado el hallazgo de cuatro cadáveres enterrados. Después, a las cuatro de la tarde, la policía halló en un pique de cien metros de profundidad en el antiguo "Pozo sin fondo", también cercana al sitio homónimo, los cuerpos de otras tres personas igualmente de sexo femenino."
Un político destacado critica ante la prensa la falta de conocimiento del poder penal:
–"Hubo una ligereza y una negligencia inexcusable. Indudablemente que el sistema policial y el sistema judicial falló, y ahí hay responsabilidades."
El momento que los familiares conocieron la identificación de los cadáveres fue dramático.
DESDE LA MORGUE
–¡MI ONEE-CHAN, NO! ¡NO! ¡AY, SUÉLTAME! Eran los gritos de Alisa Ayase alborotada tras verificar que su hermana está entre las víctimas en las afueras del servicio forense.
Todos los familiares, amigos y conocidos reaccionaron choqueados y dolidos luego del reconocimiento de cuerpos de más de diez chicas muertas. Bajo custodia policial, la Cruz Roja local se encargó de ayudar a aquellas personas en estado de pánico.
Otro reportaje noticioso reporta sobre la operación rescate de víctimas inubicables. Estas son algunas que fueron encontradas según la cobertura por TV.
–"Ya van diez minutos para las cinco de la mañana y en la estepa se sintió un frío intenso. Llegaba desde la capital el contingente policial más grande de su existencia -y de la historia-: doscientos ochentas policías y más de veinte detectives, a cargo de la operación. (...) Sora llegó poco después del amanecer, en medio de una caravana con policías, gendarmes y funcionarios de tribunal; tiene que enfrentar primero el lugar donde en abril -pasado- dejó sin vida a Mia Taylor. Comenzaría así a recordar los crímenes que él mismo confesó."
–"Un poco más allá, continuó su relato en el punto donde dejó cubierto de basura y piedras del cuerpo de Mifune Shioriko. No más de quince minutos en cada lugar, el llamado psicópata describió rápidamente a la ministra -en visita- y a los policías su modo de operar, incluso la forma de tomar y lanzar las piedras para asesinar a las chicas. La distancia no permitía ver el rostro de Sora, sólo fue posible captar sus expresiones a través del potente zoom de las cámaras. El rostro que se mostró impávido y sereno desde que comenzó la diligencia.
–Pero el terreno del páramo no permitió a los padres llegar al "pozo sin fondo"; aquí los gendarmes ataron a (...) Sora a una soga para evitar que se lance a la excavación de ciento sesenta metros de profundidad donde arrojó a Ayase Eli, Kurosawa Dia y Sonoda Umi. Con las fotos de las chicas en la mano, la ministra le pidió que explicara qué pasó con cada una."
–"Después del "pozo sin fondo", la caravana dejó el sector para dirigirse al sexto y último punto de reconstitución, la playa de Chiba, a unos kilómetros de Tokio donde en julio del año anterior donde se encontró el cuerpo de Zhong Lanzhu.
–(...) Sora confesó que en este lugar cometió su primer crimen, casi quince meses más tarde, tuvo que regresar en manos de la justicia para recordar los detalles de este brutal asesinato. Así termina esta larga diligencia que será fundamental a la hora en que la ministra decida la condena."
Efectivamente, la muerte de Lanzhu se consigna inequívocamente como el inicio de estos crímenes en serie, la conviviente de Sora -Hotaru- reconoció el medallón con el sello de "Shin-Chan" como el regalo que ella hizo para su cumpleaños.
En el último capítulo se narrará la experiencia en la cárcel y la descripción de su celda, como así el sistema penal japonés descrito "a medias"; será considerado como epílogo lo que resta la historia.
No se pierda el último episodio...
