-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia.
La superficie del planeta Naboo era un mundo en calma, rodeado de vida y criaturas diversas que habitaban las praderas y pantanos desprovistos permanentemente de civilización humana, fuera de la capital Theed, mismos pantanos y praderas que dieron una silenciosa bienvenida a las naves de desembarco de la Federación de Comercio atiborradas de androides de combate y que aterrizaron sobre el frondoso verdor. Tres de ellas se separaron de las demás y descendieron silenciosamente a través de interminables nubes suspendidas por encima de la superficie esmeralda del planeta, materializándose una detrás de la otra en las inmediaciones de un vasto pantano cenagoso y desplegando tanques y androides de combate de su interior, ahuyentando a las criaturas que allí vivían y que corrieron a toda prisa a ocultarse entre la hierba alta, los árboles, arbustos o tras rocas al ver a las enormes naves descender destrozando gruesos troncos de árboles enormes, como si fueran nada, ¿cómo no sentir miedo? En medio de esta odisea y tras descender de la nave que le había permitido llegar a la superficie, Minato avanzaba como un espectro a través del pantano, escuchando el estrépito de ramas rotas y pesados movimientos a medida que los transportes de la Federación de Comercio avanzaban a su espalda, luchando por no ser detectado a la par que intentaba esquivar a las asustadas criaturas, intentando buscar a Kakashi con la mirada; confiaba en que su joven Padawan pudiera mantenerse a salvo, pero pese a que los apegos estaban prohibidos para los Jedi, veía a ese muchacho como si fuera su hijo y no podía evitar preocuparse por él.
Comenzando a quedarse sin tierra firme que pisar en medio del fango y lodo del pantano que intentaba rodear para internarse en el bosque ante la dificultad que le resultaba al correr, algo o más bien alguien por fin apareció en el rango de visión del Maestro Jedi, no se trataba de Kakashi como habría deseado que sucediera sino que de un muchacho desconocido o al menos parecía ser un muchacho al aparentar cuando mucho catorce años, de corto cabello negro recortado de forma recta, cejas gruesas y grandes ojos oscuros, portaba una sencilla camisa blanca tenuemente manchada por el lodo del pantano, de cuello en V y mangas holgadas que se ceñían por dos muñequeras de lo que parecía ser cuero marrón oscuro a usanza de la larga chaqueta que se cerraba entorno a su cuerpo por un fajín idéntico, parecía una armadura al mismo tiempo que una vestimenta y que distorsionaba sus pantalones negros y botas a juego, parecía un guerrero pero un civil inocente al mismo tiempo, era difícil saber que era exactamente. A solo un par de metros de distancia del Maestro Jedi y alejándose de las profundidades del bosque, el joven volvió el rostro hacia las naves de la Federación de Comercio que se aproximaban velozmente para surcar el bosque, destruyendo todo lo que se encontrara en su camino, haciéndolo temblar y quedarse petrificado en su lugar, con sus grandes ojos oscuros abiertos de par en par. Tanto por deber como por voluntad propia, Minato vio la oportunidad perfecta de detener su huida y salvarle la vida al despistado muchacho que permaneció de pie y congelado en su lugar, incapaz de moverse.
-¡Cuidado, agáchate!— alerto Minato antes de cubrir con su cuerpo al despistado joven, obligándolos a ambos a tumbarse sobre el suelo.
La nave que hasta entonces había estado tras Minato se abalanzo a toda velocidad por encima de ellos, flotando a ras de suelo sobre la superficie del pantano y dejando tras de sí una estela de hierba aplastada, apenas y dándole tiempo a Minato de arrojarse sobre el aterrado muchacho, cubriendo las cabezas de ambos con sus brazos y conteniendo inconscientemente la respiración por varios segundos hasta que ambos sintieron que la nave se alejaba de ambos dejando una oleada de vibraciones que se incrustaron en el lodo, siguiendo un camino previsto de antemano, clara señal de que aparentemente no habían advertido la presencia del Jedi en el transporte al llegar a la superficie, lo cual era un alivio. Alzando por fin la cabeza del suelo, Minato respiro hondo para recobrar el aliento y dejo escapar un quedo suspiro de silente gratitud antes de erguirse lentamente, sujetando del brazo al aun aterrado muchacho que se dejó hacer en silencio, levantándose con evidente inestabilidad a causa del miedo y contemplando como la nave se alejaba más y más a cada segundo, como si jamás hubiera estado cerca de causar sus muertes, pero ciertamente lo había estado. De una forma tan mecánica que parecía como si no hubiera estado en peligro hace solo unos momentos, Minato recorrió con la mirada el bosque que se alzaba a solo un par de metros de él y hacia el cual avanzo en silencio con toda intención de encontrarse con Kakashi, dejando atrás al recuperado muchacho que tras infundirse algo de valor vio obstáculo para darle las gracias como debía hacer, más nada le impidió seguir al desconocido Jedi tan pronto como le fue posible.
-¡Oye, espera!— llamo Metal Lee apresuradamente, intentando alcanzar al desconocido que lo había salvado. —Te quiero— proclamo amable y exultante, abrazando por la espalda al hombre que sonrió algo desconcertado por su afecto.
-Casi mueres— repuso Minato, superando su confusión, —¿acaso no tienes ceso?— inquirió con inevitable sarcasmo.
-Yo sé pensar— se defendió él, con la frente en alto y sin perder su actitud amigable.
-El tener la capacidad de pensar no te hace tan inteligente— discernió el Namikaze pese a elegir creerle, —y ahora vete— no era sabio acompañarlo en ese momento, no ante el peligro que cundía.
-No, debo quedarme— negó Metal al aún desconocido hombre que arqueo una ceja al volver el rostro hacia él. —Mi nombre es Metal Lee y desde ahora soy su sirviente— se presentó antes de inclinarse en una respetuosa reverencia ante su amo y señor.
-No es necesario— desistió el rubio, no necesitaba un sirviente ni deseaba tenerlo.
-Claro que sí, es lo que quieren los dioses— asintió él repetidamente, muy seguro de lo que decía.
Contestando a las halagadoras declaraciones del muchacho con una sonrisa nerviosa, incapaz de ofenderlo o desestimar su gratitud, Minato fue mágicamente salvado por la campana cuando el estridente sonido de un androide de combate resonó en la lejanía, irrumpiendo en su conversación y haciéndolo encender su sable de luz esmeralda que tomo de su cinturón, sobresaltando al gungan que se escondió tras él a causa del miedo. Huyendo a toda velocidad y encendiendo apresuradamente su sable de luz zafiro, Kakashi recorrió el bosque mientras era perseguido por un androide de combate sobre un speeder, abriendo fuego con sus cañones láser contra él; si cometía el error de voltear y enfrentarlos podía perder la vida en el intento, sabía que no podía luchar solo. En ese momento, Kakashi suspiro de alivio al ver a su Maestro al final del claro en que se encontraba, armado con su sable de luz y esperando por él para brindarle su ayuda. Aproximándose a su Padawan para ayudarlo, Minato desvió los haces de los láser con su sable de luz antes de darle tiempo a Kakashi de voltear y cortar en el acto tanto al androide como al speeder con un solo movimiento de su sable de luz azul, desperdigando las piezas restante sobre el pantano como si se tratase de lluvia. Agotado por la frenética carrera que había realizado en un intento por salvar su vida, Kakashi se limpió el sudor de la frente con la manga de su túnica, jadeando brevemente para recuperar el aliento, por fin reparando en el muchacho que acompañaba a su Maestro y que se irguió al saberse fuera de peligro, por ahora.
-Me volviste a salvar— celebro Metal con una sonrisa, aún más agradecido con el Jedi de ser posible.
-¿Quién es?— pregunto Kakashi, comenzando a suponer que se había perdido de mucho.
-Un nativo gungan, se llama Metal Lee— contesto Minato, regresando su atención hacia el pantano, —vámonos antes de que vengan más androides— sugirió antes de indicarle a su Padawan que lo siguiera, avanzando a través del cenagal.
-¿Más?— repitió el joven gungan, aterrado antes de seguir a los dos Jedi. —Disculpen, pero creo que por ahora el lugar más seguro es Otoh Gunga— menciono mientras intentaba alcanzar a los Jedi que detuvieron su andar al escucharlo.
-¿Otoh Gunga?, ¿qué es eso?— repitió el Hatake, aun sin saber si confiar o no en el nativo.
-Es una ciudad oculta— contesto Metal tranquilamente al ver que consideraban su idea.
-¿Puedes llevarnos allá?— pregunto Minato, esperando que no fuera un problema.
-Pensándolo bien, no…— confeso él con un deje de nerviosismo. —Es vergonzoso, pero me expulsaron, me harían cosas terribles si volviera allá— confeso antes de bajar la mirada.
-Metal, ¿escuchas eso?— pregunto el Maestro Jedi únicamente, señalando el aire y cuya tranquilidad era rota por las naves cargadas de tropas que aterrizaban a lo lejos. El gungan asintió en silencio con temor ante lo que podía significar, —es el sonido de muchos enemigos que vienen hacia aquí— resumió con una mirada sincera y de preocupación.
-Si nos encuentran nos aplastaran, nos dejaran hechos pedazos y nos mandaran al olvido— vaticino Kakashi con una maliciosa sonrisa, teniendo encanto para aportar dramatismo.
-Capte la idea, síganme, por aquí— índico Metal con una diminuta sonrisa antes de caminar por delante de ellos, guiándolos. Siguiendo a Metal, ambos Jedi se internaron en lo profundo del bosque que comenzó a ser rodeado por la neblina crepuscular, atravesando masas de matorrales, juncos y hierbas hasta llegar a un inmenso lago y que parecía ser su único destino. —Debemos ir bajo el agua desde aquí— advirtió Metal, volteando a ver a los Jedi que procedieron a extraer del interior de sus túnicas unos pequeños respiradores portátiles, —debo advertirles que a los gungan no les gustan los extraños, así que no esperen una bienvenida— menciono con timidez, esperando no ofenderlos por ello.
-Descuida, hoy no hemos tenido muchas bienvenidas— tranquilizo Kakashi antes de encogerse de hombros.
Aceptando las palabras del joven Jedi como válidas, Metal asintió en silencio antes de retroceder lentamente y saltar a las profundidades del lago como si se tratase de una criatura acuática, y siguiendo sus pasos es que Maestro y Padawan se observaron en silencio, introduciendo los respiradores entre sus dientes antes de sumergirse en el agua y dejar atrás la superficie…
Guiados por Metal Lee, Kakashi y Minato avanzaron a través de las profundidades del lago que parecía extenderse bajo la tierra tanto como si fuera un mar, yendo cada vez más y más profundo mientras la claridad de la superficie se disipaba poco a poco hasta que solo las tinieblas y oscuridad rodearon a los tres individuos haciendo que Kakashi se sintiera nervioso ante lo desconocido, más pronto de entre las vastas profundidades nació la luz para revelar la enorme ciudad llamada Otoh Gunga que constaba de enormes cúpulas en forma de burbujas ancladas a enormes columnas de piedra que separaban la inmensidad del lago del sus habitantes que recorrían las calles y que eran cada vez más nítidos cuanto más se aproximaban. Metal nadó hacia una de las cúpulas de mayor dimensión seguido muy de cerca por los Jedi para proceder a atravesar la cúpula que cedió como si fuera una pared invisible, permitiéndole pisar el suelo de piedra de las calles, y a los sorprendidos Jedi detrás de él y que respiraron con naturalidad…al fin en casa, suspiro Metal con una sonrisa. Al ver a los desconocidos y a Metal Lee, los ciudadanos retrocedieron asustados, alejándose con precaución mientras de entre ellos aparecía lo que parecía ser un destacamento de soldados gungan montando sobre bestias de dos patas de pico palmípedo llamados kaadus. El hombre al frente de los soldados tenía un sorprende parecido con Metal Lee pero nadie se pronunció al respecto, vestía un traje negro decorado con hebillas de plata en el pecho, las muñecas y el cuello, usaba botas negras y una toca elevada cubriendo su cabeza, con una espada colgada de la cintura.
-¡Ustedes, alto!— detuvo el capital del destacamento, con su electrovara al frente a modo de advertencia.
-Hola, papá, volví— saludo Metal con una alegre sonrisa, como si fuera un niño bueno.
-No lo creo, Metal— repuso Rock Lee, visiblemente irritado, —tendrás que ver al Jefe Might Duy, estas en problemas— recordó ya que eso debía hacerse si él volvía, y desgraciadamente lo había hecho.
Descendiendo de sus kaadus, dos de los soldados que acompañaban al capitán Rock Lee apresaron las muñecas de Metal con inmovilizadores, sujetándole ambos brazos y obligándolo a caminar mientras el capitán les indicaba a los Jedi que los siguieran; estaban en Otoh Gunga y su destino estaba en manos del jefe Might Duy y su letal consejo de guerra. Los soldados condujeron a los Jedi por los enormes edificios de la ciudad iluminados por decenas de luces y a lo largo de varios pasadizos hasta llegar al interior de una Gran Torre que según Metal Lee les susurro era la Sala de Reuniones del Jefe Might Duy y su consejo. Todas las paredes de la estancia eran transparentes permitiendo ver a los peces nadando en el exterior como si fueran minúsculas estrellas sobre un telón de fondo. En el centro de la sala reposaba un largo estrado circular donde múltiples hombres se encontraban sentados, todos ellos de edad superior a los cuarenta años por su aspecto físico y en el centro del estrado se encontraba un trono que brillaba como el oro y donde estaba sentado el nombrado jefe gungan, un hombre alto de grandes cejas, con bigote y una pequeña barba a la altura del mentón que vestía una elegante túnica beige verdoso de mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, de cuello alto y cerrado por siete botones cobrizos hasta la altura del vientre donde un fajín cerraba la tela entorno a su cuerpo, largas botas de lo que parecía ser cuero, un largo abrigo de piel marrón oscuro y mangas holgadas que se abrían bajo los brazos, hecho de materiales que se asemejaban a la piel de un reptil, con un voluminoso turbante blanco sobre su cabeza.
-¿Qué es lo que quieren aquí, gente de afuera?— cuestiono Might Duy, estudiando analíticamente a los visitantes, si así podía llamarlos.
-Un ejército ha aterrizado en la superficie, fuimos enviados por el Canciller Supremo para negociar el cese del bloqueo a Naboo pero algo salió mal— narro Minato tan sencilla y diplomáticamente como le fue posible, —solicitamos su ayuda para llegar a la capital, Theed, y hablar con la reina Hanan— confeso por fin, intercambiando una mirada imperceptible con su Padawan.
-Pueden marcharse con libertad, no nos interesa tener prisioneros— concedió el jefe sin prestarles demasiada atención a los Jedi, —lo que les suceda a los Naboo nos tiene sin cuidado, hemos sido enemigos desde que vivimos en el mismo planeta, ellos se creen más listos que nosotros, nos consideran unos salvajes— su consejo de asesores que asintió en silencio, respaldando sus palabras.
-Cuando los androides controlen la superficie, los controlaran también a ustedes— menciono Kakashi ya que eso era más que posible, nada podría detener a la Federación de Comercio.
-Lo dudo, si los Nabo y nosotros no coexistimos, ¿cómo podrían los androides saber de nosotros?— cuestiono Might Duy con una seca carcajada, mientras menos Naboo existieran, mejor para los gungan.
-Ustedes y los Naboo forman parte del mismo mundo, lo que le ocurra a uno de ustedes también los afectara a ellos y viceversa, tiene que entender eso— protesto el Hatake sin cesar en su empeño, logrando que su Maestro volviera el rostro a causa de la impresión.
-No nos interesa lo que les suceda a los Naboo— desestimo el jefe gungan, sin ceder en su perspectiva.
Originalmente, Naboo había sido el hogar de los gungan, humanoides capaces de vivir bajo el agua y descendientes de las primeras formas de vida evolucionada del planeta cuando una especie de reptiles habían intentado el invadir su mundo por primera vez hace eones, pero los gungan los habían derrotado hasta hacerlos desaparecer. Muchos siglos después había llegado el primer asentamiento humano de Grizmallt y con el fin de evitar una nueva guerra, los gungan habían abandonado sus hogares en los bosques y se habían trasladado bajo el agua, evitando a los colonos humanos que habían adoptado el nombre Naboo como el planeta, ambas especies vivían separadas y se habían ignorado mutuamente durante siglos, ¿por qué cambiarlo? Puede que las palabras del jefe Might Duy sonaran crueles y carentes de sentimientos pero representaban la realidad tanto si estos extranjeros lo querían asumir o no, los Naboo y los gungan jamás se habían relacionado entre sí o al menos no positivamente, si podían agradecer que jamás habían librado una guerra entre si gracias a lo pacifistas que eran los Naboo, pero tampoco era como si hubieran tenido un trato cordial entre sí, jamás, no es como si los gungan desearan que los Naboo murieran pero no era errado decir que nada de lo que les sucediera a ellos afectaba a los gungan, ¿entonces por qué preocuparse? Al escuchar aquellas palabras y manteniéndose perfectamente calmado en el exterior, resignado aunque fuera a abandonar la ciudad gungan y poder llegar a Theed, Minato suspiro por lo bajo, agradecido por los intentos de su Padawan por lograr ecuanimidad, pero por lo visto solo quedaba un camino:
-Entonces déjenos ir y seguir con nuestro viaje— sugirió Minato calmadamente, alzando una mano y pasándola por delante de los ojos del líder gungan, invocando el poder de los Jedi.
-Los dejaremos ir y seguir con su viaje— asintió Might Duy, apenas y sintiendo las palabras que salían de su boca.
-Nos sería útil un transporte— añadió el Namikaze con un tono igualmente calmado y sereno.
-Les daremos un bongo— decidió el jefe gungan sin encontrar oposición alguna de sus asesores que estaban de acuerdo con él como siempre. —El camino más rápido para llegar a Theed es a través del núcleo del planeta— advirtió con una camuflada sonrisa cínica— ahora, pueden irse— libero sin culpa alguna.
-Gracias por su ayuda, iremos en paz— agradeció el Maestro Jedi, inclinando la cabeza en una reverencia igual que su Padawan.
-Maestro, ¿Qué es un bongo?— pregunto Kakashi en un susurro mientras su Maestro y él le daban la espalda al jefe gungan, para retirarse.
-Una nave, espero— contesto el Namikaze con una distraída sonrisa ante buen humor.
-Les tendieron una trampa— menciono Metal Lee en el umbral de la puerta, con sus manos aprisionadas por dos inmovilizadores. —Es peligroso atravesar el planeta, aún más si no saben bien a donde van— solo un habitante de Naboo sabía a qué se enfrentarían, y ellos no eran de Naboo.
Metal no lo decía por deseos de salvarse del castigo que sabía estaba destinado a recibir sino por un gesto de amabilidad hacia los Jedi que lo habían mantenido a salvo, les debía eso al menos. Observando largamente a Metal Lee, Minato tuvo que reconocer que el joven gungan tenía un punto y él mismo ahora sentía tener una responsabilidad tras salvarle la vida, quería involucrarse, como Jedi no podía no ayudar a alguien, lo llevaba en el corazón, ¿era acaso un pecado desear ayudar a alguien? En su caso si porque siempre lo hacía. Anticipando lo que su Maestro iba a sugerir, Kakashi sintió un aire helado soplarle en la nuca, conociendo bien a su Maestro. Como sucedía con todos los Jedi, Kakashi poco y nada recordaba de su pasado previo a ser un Jedi, había tenido tres años cuando había sido reconocido como sensible a la Fuerza y había dejado su planeta de origen, Stewjon, para ser llevado al Templo Jedi en Coruscant y entrenar junto a muchos otros niños…de su pasado solo recordaba nombre de su padre, Sakumo Hatake. Su primer Maestro había sido el gran Maestro Onoki y durante su adolescencia había sido elegido como Padawan por el Maestro Minato, el mejor de los Jedi de su generación, y si bien inicialmente se había sentido frustrado por su pasividad y actitud reflexiva, Kakashi había aprendido mucho de él, de su respeto y diplomacia, de su sabiduría, su habilidad con el sable de luz y su calma interior a tal punto que hoy lo veía como a un padre, el padre que no recordaba y al mismo tiempo Minato lo veía a él como si fuera el hijo que nunca había tenido, se lo había dicho muchas veces y lo hacía sentir profundamente honrado por ello.
-Maestro…— inicio Kakashi a modo de advertencia, previendo lo que su Maestro iba a hacer.
-Necesitamos un guía para atravesar el núcleo del planeta, y Metal Lee podría ayudarnos— decidió Minato en voz alta, viendo a su Padawan negar en silencio; nuevamente su Maestro hacia uso de su excesiva compasión y amabilidad que ya había sido criticada con el Consejo Jedi. —Jefe Might Duy, que será de Metal Lee— pregunto al voltear a ver al jefe gungan.
-Metal Lee ha roto la ley de no regresar, su castigo será muy particular— declaro el jefe gungan con una sonrisa de satisfacción.
-Le salve la vida, tiene una obligación conmigo desde hoy. Sus dioses demandan que su vida me pertenezca— declaro el Maestro Jedi, absteniéndose de sonreír ante lo que eso implicaba.
-Metal Lee, ¿le debes tu vida a este hombre?— interrogo Might Duy, deseando conocer cuando antes la respuesta. Nervioso y asustado, Metal asintió sin proferir palabra alguna. —Váyanse— consintió finalmente y con interior disgusto.
Matar a alguien de su propia especie era algo impensable para los gungan, podían entrar en guerra con múltiples criaturas, estaban dispuestos a hacerlo ya que al fin y al cabo sus ancestros lo habían hecho antes que ellos, pero matar a los suyos no era una opción a menos que fueran un peligro para otros como era el caso de Metal Lee, pero en el fondo el jefe Might Duy agradeció poder dejarlo ir aunque fuera para ayudar a los Naboo a quienes detestaba, prefería eso antes que derramar sangre gungan, especialmente si se trataba del hijo Rock Lee, el capitán de su ejército. Con una silente sonrisa de gratitud, Metal se masajeo las muñecas en tanto los guardias le quitaron los inmovilizadores, permitiéndole a él y a los Jedi seguir con su camino, abandonando la sala y alejándolo del consejo de guerra y su líder. Cruzar el nucleo del planeta iba a ser toda una odisea y Metal Lee lo sabía, pero esperaba poder sobrevivir, al menos estaba vivo y era libre, tenía y tendría mucho que agradecer a los Jedi si salían vivos para contarlo.
Ajenos a lo que sucedía en las profundidades del planeta, en el espacio exterior donde aún las naves de la Federación de Comercio mantenían el bloqueo de Naboo, más concretamente en el puente del navío insignia de la Federación, Homura Mitokado y su esposa Koharu permanecían inmóviles y terminando de escuchar lo que el holograma del intimidante Kinshiki Otsutsuki tenía que decirles. Nunca dejaba de ser algo extraño hablar con un hombre o seguir sus órdenes sin saber quién era realmente, la enigmática figura del lord Sith con su rostro cubierto por la holgada capucha de su abrigo era un misterio para el virrey y su esposa, desde que habían establecido contacto con él por primera vez nunca habían podido saber cuál era su verdadera apariencia y a decir verdad preferían no emitir protesta alguna, no tendría sentido porque nadie de quienes conocieran y supieran de la existencia de Kinshiki Otsutsuki habían visto su rostro, no había nada que envidiar. Aparentemente satisfecho, Kinshiki Otsutsuki sonrió triunfal bajo la capucha de su abrigo, después de todo esta asociación con la Federación de Comercio no había resultado ser un fracaso como él había temido, le estaban resultado muy útiles para sacar del camino a la reina Hanan y comenzar a acceder al poder que tanto anhelaba, solo esperaba que no le fallaran o su asociación tendría que terminar muy pronto. Por inercia, el virrey neimoidiano y su esposa evitaban encontrar sus miradas o tan siquiera apartar la mirada del misterioso lord Sith por temor a disgustarlo, desafiarlo, o a claudicar y permitir que él leyera sus pensamientos con sus extraños poderes.
-La invasión sigue el curso previsto, mi lord, nuestro ejército se aproxima a Theed— garantizo el virrey con una sonrisa confiada.
-Bien— contesto Kinshiki aparentemente tranquilo. —Tengo al Senado inundado en procedimientos, su única alternativa será cederles a ustedes el control del sistema— confirmo ratificando sus declaraciones de que haría que el bloqueo fuera legal.
-La reina tiene la certeza de que el Senado se aliara con ella— discernió Homura, no por ser pesimista sino para tener una victoria absoluta.
-La reina Hanan es joven e inocente— recordó el lord Sith despectivamente, —pronto descubrirán que controlarla no será muy difícil— sonrió venenosamente bajo la capucha de su abrigo, lo que resulto perceptible para el virrey y su esposa.
-Sí, mi lord— asintió el Mitokado, inclinando la cabeza en señal de respeto antes de que el holograma se desvaneciera.
-No le mencionaste la huida de los Jedi— menciono Koharu acusadoramente tan pronto como su esposo y ella estuvieron a solas.
-No será necesario, hasta que sea imprescindible— acepto Homura, prefiriendo guardar ese secreto para ambos, por ahora.
Sin otro remedio, Koharu asintió en silencio, incapaz de proferir palabra alguna que respaldara su temor y que podía parecer infundado para su esposo, deseando que él supiera lo que estaba haciendo o todos sufrirían las consecuencias si caía. Había decidido guardar silencio y no contarle al lord Sith de su fracaso en deshacerse de los Jedi enviados por el Canciller, por un lado por temor y por otro porque consideraba que no era imperativo que lo supiera, pero pronto sabrían si eso dificultaría sus planes.
En concreto el bongo era un pequeño y poco maniobrable vehículo o nave submarina que consistía básicamente en un propulsor, un sistema de guía y asientos para los pasajeros, con aletas inclinadas hacia atrás y tentáculos que giraban en la popa para impulsar la nave, dándole un aspecto muy similar a un calamar. Inclinado sobre los controles del bongo, Kakashi intentaba familiarizarse con las funciones de la nave, designado como piloto por su Maestro Minato que confiaba en su prudencia, mientras Metal Lee sentado a su lado se encargaba de dirigirlo y darle todas las instrucciones pertinentes, con su Maestro sentado detrás de ellos en el asiento trasero, observándolos con expresión pensativa al igual que hacía con el exterior de la ciudad. La superficie terrestre del planeta era un mar en calma a comparación de las profundidades donde reinaba lo desconocido y existían multitud de pasajes a tal punto que solo alguien que conociera ese mundo podía guiarlos o acabarían perdidos o desperdiciando un tiempo valioso. Atravesando una de las cúpulas de la ciudad como habían hecho a su llegada, el bongo pilotado por el aprendiz Padawan se internó en las profundidades submarinas dejando prontamente atrás la ciudad de Otoh Gunga y su iluminación, atravesando espesas nubes oscuras, solo contando con la guía de Metal Lee a su lado y lo que lo hacía dudar bastante del éxito de la misión, porque el gungan no los acompañaba por ser un navegante competente o porque hubiera dado muestras de poseer algún talento excelso, no, claro que no, Metal los acompañaba porque como siempre la bondad de su Maestro Minato era excesiva.
-Esto es una locura— se quejó Metal Lee mientras le indicaba a Kakashi cuál era el camino a seguir.
-¿Por qué te expulsaron, Metal?— pregunto el Hatake, tenían un largo viaje por delante y lo mejor era matar el tiempo, además estaba genuinamente interesado.
-Es una larga y enrevesada historia, pero en gran medida se debe a que soy…torpe— confeso él con vergüenza, bajando la mirada.
-¿Te expulsaron porque eres torpe?— repitió Kakashi, incrédulo de tan desproporcionado castigo.
-Cause unos cuantos accidentes, y a los gungan no les gusta el caos, así que me desterraron, con prohibición de volver— resumió Metal con un sonrisa nerviosa, y a decir verdad no había mucho que contar, no era una historia interesante.
Dirigiendo el vehículo submarino en un lento pero incesante avance, con las manos firmemente posadas sobre los controles, Kakashi escucho el relato de Metal Lee, incrédulo por las costumbres de los gungan pero aceptándolas como parte de este mundo sin importar que el castigo le pareciera tan desproporcionado como a su Maestro. Vastas extensiones de corales multicolores serpenteaban a través de las profundidades mientras el bongo atravesaba una zona de aguas despejadas entre dos grandes cornisas de coral. Ni los Jedi ni el gungan vieron la forma oscura que comenzó a seguir su vehículo, y solo fueron conscientes de su presencia segundos después cuando colisiono estrepitosamente con su vehículo, aferrándolo entre sus fauces. Era un enorme crustáceo dotado de múltiples patas y gigantescas mandíbulas erizadas de dientes y que estaba rodeándolos con su larga lengua, claramente los veía como un bocadillo. Kakashi empuñó las palancas, el sistema de guía y ajustó todos los controles, intentando avanzar a máxima potencia, más para su sorpresa y la de sus acompañantes la boca del crustáceo se abrió, dejándolos libres para seguir con su camino, además de permitiéndoles ver que su captor se encontraba atrapado entre las mandíbulas de una criatura tan enorme que empequeñecía incluso a la bestia que estaba devorando. Era un cazador subacuático que combinaba un largo cuerpo de anguila con aletas posteriores, patas delanteras terminadas en garras y un temible par de mandíbulas que masticaban al gran crustáceo, convirtiéndolo en pedacitos que se apresuraba a tragar ávidamente.
-Siempre hay uno más grande— celebro Minato con una sonrisa, valorando la cadena alimenticia. —Tranquilo, la Fuerza nos guiará— sosegó, situando una mano sobre el hombro del gungan que asintió en silencio, intentando calmarse. —Dinos, Metal, ¿los gungan están en guerra con los Naboo?— pregunto intentando comprender este mundo tan basto.
-No precisamente, los Naboo odian la guerra— negó él, volviendo el rostro por encima del hombro. —Los Naboo no se acercan al pantano y nosotros no nos acercamos a las llanuras, ni siquiera nos vemos— explico para clara sorpresa de ambos Jedi.
-Parecen no llevar muy bien la coexistencia— comprendió Kakashi, aunque eso era normal con muchas formas de vida. En su intento por alejarse de la bestia que les había permitido escapar del enorme crustáceo, su pequeño vehículo submarino comenzó a sumergirse en las oscuras profundidades, hundiéndose mientras parecía perder propulsión y energía, apagando las luces. —Oh, oh— se quejó en voz alta, apretando los labios en una tensa línea.
-Moriré aquí— murmuro Metal, arrepintiéndose de haber hecho este viaje para empezar.
-Aun no hay problemas, relájate— sosegó Minato, golpeándole distraídamente el hombro.
-¿Qué aún no hay problemas?— repitió el gungan, volteando a ver al pacifico Maestro Jedi. —Hay monstruos ahí afuera, el agua comenzara a entrar y nos hundiremos hasta el fondo, eso va a pasar, ¿Cuándo cree que habrá problemas?— inquirió en espera de una respuesta.
-Ya hay energía— proclamo Kakashi en un jadeo, aliviado.
Maniobrando con torpeza los cables del sistema de propulsión, Kakashi integro una celda de energía auxiliar que siempre traía consigo y que al instante hizo cobrar vida a los motores, encendiendo las luces y las aletas impulsoras que comenzaron a girar, más en cuanto las luces se encendieron una bestia aun mayor que la ya que los había apresado entre sus fauces apareció justo frente a ellos en medio de paredes rocosas, llena de espinas, escamas y dientes, con sus patas delanteras rematadas en garras alzadas en una postura defensiva. La sola visión de semejante criatura hizo temblar a Metal Lee que a nada estuvo de gritar cuando Minato situó su mano sobre su hombro, transmitiéndole tanta calma como le fue posible a través de la Fuerza, haciendo que el gungan se desmayara contra el asiento…puede que se hubiera excedido un poquito. Sin dejarse abrumar por el miedo, Kakashi dirigió el bongo en dirección opuesta para salir de la caverna en que habían caído, no teniendo necesidad de voltear para saber que aquella criatura los perseguía, intentando darles alcance con sus fauces, sin cesar de perseguirlos aun cuando por fin consiguieron salir de la cueva. Pese a saber que era una maniobra peligrosa, Kakashi viro la nave en dirección directa hacia la criatura, arremetiendo contra ella en un choque que pareció desorientarla lo suficiente como para escapar a tiempo, añadiendo más energía a las aletas impulsoras. En medio del trayecto hacia la superficie, libres de peligro, Metal Lee reacciono, intercalando su mirada de esquina a esquina de la nave en espera de encontrar un nuevo peligro, más solo recibió como respuesta las sonrisas de ambos Jedi.
Por fin dejaron atrás la oscuridad de las aguas más profundas y el agua a su alrededor comenzó a tornarse más y más clara cuanto más se aproximaban a la superficie segundos antes de que el bongo emergiera en el interior de la ciudad de Theed, aparentemente en un lago en el centro de la ciudad. Para Metal que no había conocido la civilización Naboo en toda su vida, ver todas esas hermosas construcciones de roca y materiales brillantes unidas al verdor, las flores, los animales y la luz del sol fue un cuadro impresionante, impresionante porque no sabía que podía existir tanta belleza en su planeta ni que los Naboo podían vivir sin destruir la vida que los rodeaba sino que engrandecerla. Puede que no fueran los enemigos que su gente tanto creían que eran, viendo su mundo él no podía creer que fueran egoístas y arrogantes, y tal vez acompañar a los Jedi que lo habían salvado le daría la oportunidad que ningún ser de su pueblo había tenido, conocer a los Naboo. Aun a cargo de los controles, Kakashi dirigió el pequeño vehículo submarino hacia la orilla más cercana, desconectando los motores y abriendo la escotilla para permitirles descender. El primero en abandonar la nave fue Minato, agradeciendo en silencio por el suelo firme bajo sus pies antes de tenderle la mano a Metal Lee quien acepto claramente abrumado por todo lo que veía, y luego a Kakashi.
Ya habían hecho lo más fácil, ahora tenían que encontrar a la reina y mantenerla a salvo, solo esperaban que no fuera demasiado tarde.
Abrumada por todo lo que veía, como si fuera la primera vez que caminaba por los pasillos del palacio, Sakura sintió con agrado la calidez de la luz del sol contra su rostro mientras caminaba en compañía del Capitán Rasa Sabaku que desde hoy habría de encargarse de su seguridad y que de vez en vez volteaba a verla para asegurarse de que ella lo estuviera siguiendo, esbozando una casi imperceptible sonrisa ante la dulce sonrisa que adornaba el rostro de la joven de catorce años y aspecto angelical enfundada en un sencillo e inocente vestido aguamarina claro de recatado escote en V que cubría holgadamente su figura hasta llegar al suelo, mangas holgadas y semi transparentes que llegaban a cubrirle las manos, por sobre el vestido portaba una chaqueta de gasa de igual color y prácticamente transparente, bordada en diminutos cristales que brillaban contra la luz, de escote en V y cerrada hasta la altura del vientre para exponer la falda del vestido, su largo cabello rosado plagado de rizos caía sobre sus hombros y tras su espalda, adornado por una sencilla diadema de oro que replicaba capullos de flores decoradas por cristales color jade y que sostenía un largo velo aguamarina claro, y alrededor de su cuello se encontraba una guirnalda de diamantes con un dije que replicaba el emblema de Naboo. Inocente, joven y llena de bondad, eso era la ahora joven soberana de Naboo que se apretaba nerviosamente las manos mientras caminaba, sintiendo como le temblaban las piernas bajo su sencillo y femenino atuendo, ¿Qué le esperaba ahora? Sabía todo lo que debía saber cómo reina, pero este era solo el primer día del resto de su vida, y estaba asustada.
Tras un trayecto que a Sakura se le hizo eterno, el capitán Sabaku se situó de pie junto a las imponentes puertas de acerocreto que permanecían cerradas, abriéndolas por obra de un interruptor que estaba al costado, obsequiándole una diminuta sonrisa e invitándola a pasar, más Sakura tardo un par de segundos en hacerlo, como si temiera que algo o alguien en el interior saliera a atacarla, sujetando con nerviosismo el dobladillo de su vestido al ingresar en la habitación, temiendo tropezar. Más para su sorpresa no había enemigo alguno en el interior sino que tan solo un numeroso grupo de jóvenes de su misma edad, todas ataviadas en elegantes usares de doncellas con mantos que cubrían parte de sus rostros y que las hacían parecer idénticas entre sí, pero Sakura notaba las diferencias entre todas ellas porque sabía quiénes eran, conocía sus nombres y ellas la conocían a ella, eran todas las otras jóvenes de su edad que se había postulado para ser reinas, y que al no haber sido elegidas habrían de ser sus doncellas y consejeras, sus amigas y guardianas. Con sumisión y total confianza, la joven reina dio un paso al frente y extendió sus brazos al aire para permitirles hacer su trabajo, como si ella fuera una muñeca, un juguete bajo sus atenciones. El rey Hiroshi había abdicado hace mucho tiempo, pero el pueblo de Naboo se había negado a votar por otro soberano que los dirigiera en tanto su rey aun siguiera vivo, pero ahora que su rey estaba muerto habían votado por la única persona capacitada para gobernar Naboo con criterio y esa persona era ella, ¿y si sabía que le estaba haciendo un bien a su pueblo porque sentía que había entrado en una jaula?
Ino fue la primera en dar un paso al frente y dedicarle una amable sonrisa antes de desabotonar la chaqueta transparente por sobre su vestido y ayudarla a desprenderse de ella antes de que Pakura la ayudara a quitarle la diadema y el velo, teniendo sumo cuidado en lo que hacía y como no tardaron en comenzar a hacer el resto de las doncellas en un afán protocolario que puso nerviosa a Sakura, pero no lo demostró en lo absoluto mientras veía y sentía como cada parte de su ajuar le era arrebatado hasta estar completamente desnuda en esa enorme habitación que ahora era suya, abrazándose a sí misma, avergonzada por tener que ser vista desnuda a sus catorce años, más pronto la familiaridad y amabilidad de sus doncellas la hizo olvidarse de ello, dejando que impregnaran su piel de un dulce perfume que la hizo sonreír en tanto Maki comenzaba a maquillarla y Naori la ayudaba a ceñirse la larga y tenue falda que obraría como ropa interior al igual que el corsé que por poco y le quito la respiración. En ese momento Sakura se dio cuenta de algo; estaba a solo metros de un amplio espejo de marfil y oro que le proporcionaba una vista completa de sí misma, sin embargo en ese momento y viendo a Pakura e Ino ayudarla a ataviarse con un pesado y elegante vestido rojo, Sakura no pudo reconocerse, tan elaborado ajuar y tan solemne maquillaje parecían haberla hecho envejecer cinco o tal vez diez años, incluso más, contemplando con introspección como Ino la tomaba de la mano para guiarla y tomar asiento ante el tocador mientras Temari terminaba de preparar una mezcla en un pequeño cuenco.
Con idéntico cuidado al que ya le habían demostrado en su trato, Sakura sintió como Pakura e Ino peinaba su cabello, dividiéndolo en dos partes, y no entendió el por qué hasta que a través del reflejo del espejo vio a Temari aplicando una compleja tintura en su largo cabello rosado, más ella no protesto en lo absoluto; sabía que esta transformación era solo una parte de la vida que desde ahora habría de estar forzada a llevar, no importaba si estaba a gusto o no, solo podía quedarse y observar…con idéntico sentir que el primer día en que había llegado a este palacio y a su vida como reina, Sakura apretó fuertemente las manos mientras contemplaba por los amplios ventanales de la sala del trono como un sinnúmero de naves recorrían su amada ciudad de Theed y un millar de androides abarrotaban sus calles, tomando prisioneros a quienes consideraba sus hermanos y hermanas, a su pueblo. Sentía como si el corazón se le fuera a salir del pecho, impotente de actuar, incapacitada de pelear, tan solo pudiendo observar como la libertad que tanto proclamaba le era arrebatada a los suyos como ya había pasado con ella, solo que su yugo era diferente y voluntario. En ese momento y situándose de pie tras su reina, Pakura contemplo igual de impotente el escenario, colocando una de sus manos sobre el hombro de su reina como si fueran hermanas, porque así se veían la una a la otra; la Federación de Comercio tenía su botín, habían tomado la ciudad de Theed y pronto llegarían al palacio, pero Pakura confiaba en que ambas y todas las demás doncellas tendrían el tiempo más que suficiente para prepararse para lo que estaba por venir.
-Ya no hay vuelta atrás— recordó Sakura en voz alta, dándole una última oportunidad a su amiga de arrepentirse.
-Descuide, alteza, no le fallare— sosegó Pakura con una débil sonrisa, dispuesta a sacrificar su vida por ella de ser preciso.
El capitán Sabaku había ideado este plan desde que había subido al trono, había dicho que era para casos de emergencia, y esto calificaba como emergencia, por lo que y sin otro remedio Sakura volvió el rostro a Pakura, asintiendo en silencio para dar su consentimiento antes de verla marchar a su espalda, admirando su determinación y lealtad, agradeciendo de todo corazón haber llegado hasta donde hoy estaba y obtener amigos leales y personas en quienes pudiera confiar, porque no podía imaginar que lúgubre y desgraciada seria su vida sin tener al menos un amigo en quien entregar su vida y viceversa. Manteniendo ambas manos firmemente apretadas, Sakura contemplo una última vez la devastadora imagen de su mundo siendo invadido por opresores, de su pueblo caer de rodillas y someterse a otros, perdiendo su libertad, y con esa imagen cerro los ojos y dio la espalda a los amplios ventanales, siguiendo los pasos de Pakura para dirigirse a su habitación y cambiarse de ropa cuando antes. En su primer día como reina había bajado la cabeza y aceptado lo que vendría sobre su persona, había sacrificado su libertad por su pueblo, porque amaba a la gente de su planeta con todo su corazón y creía que su felicidad era egoísta en comparación con la que podía traer a otros a través de su sacrificio, pero esta vez y por amor a su gente es que no se rendiría, no caería ni bajaría su cabeza hasta tener la certeza de que su sufrimiento ayudaría a quienes le eran más preciados, y nada ni nadie podría quebrar su palabra.
Era una reina y se comportaría como tal.
-Virrey, hemos arrestado a la reina— informo el androide con su voz mecanizada.
-Victoria— se jacto Homura en voz alta, por fin pudiendo celebrar su triunfo.
Con completa satisfacción y tras abandonar su nave que había descendido a la capital del planeta, Theed, Homura plasmo una sonrisa arrogante mientras el capitán de su ejercito de androides le daba tan maravillosa noticia y lo guiaba hacia la sala del trono donde se encontraba la reina y su consejo de asesores. Para tan magna ocasión el virrey vestía una elegante túnica de seda negra neimoidiana que formaba un cuello alto y cerrado, mangas ceñidas y larga hasta el suelo, ceñida a su cuerpo por un grueso fajín de seda dorada con detalles de cobre al igual que la larga chaqueta por sobre su atuendo, de mangas cortas hasta los codos y que permanecía abierta para exponer su ajuar, con un elegante turbante de la misma seda sobre su cabeza, manteniendo las manos cruzadas tras la espalda mientras contemplaba a través de los ventanales de los pasillos la hermosa, opulenta y próspera ciudad de Theed que ahora le pertenecía al igual que pronto sucedería con el resto del planeta, era solo cuestión de tiempo para eso, los Naboo eran pacíficos y no mostrarían resistencia, no tenían los medios para eso. Por fin la enorme sala del trono entro en su rango de visión, pero ninguna imagen pudo ser más magnifica que ver a la reina y su consejo de asesores—encabezado por el feroz Raido Namiashi—retenido por los dos docenas de androides de combate que los apuntaban con sus armas, obligándolos a permanecer sentados en sus lugares, o en el trono en el caso de la reina. Aun en contra de sus captores, el gobernador Raido Namiashi se levantó de su lugar y no para dirigir sus respetos al virrey sino que para observarlo gélidamente, como si desease matarlo en silencio.
Por fin el virrey dirigió su atención hacia la reina Hanan que permanecía sentada en su trono y rodeada por su séquito de doncellas…era tan excepcionalmente bella como todos decían e incluso más pese a lo joven que era, con figura grácil y delicada así como un rostro singularmente perfecto, de brillantes ojos esmeralda y piel alabastro, labios rojos y facciones angelicales, aun mas etérea al portar un exquisito vestido de seda negra de escote en V y mangas ceñidas ricamente bordado en oro para replicar a lo largo de toda la tela el emblema de Naboo, y por sobre el vestido una capa superior de terciopelo de escote redondo que se entallaba a su silueta, mangas abullonadas que se abrían en lienzos para exponer las mangas inferiores y una larga falda en A que exponía la falda inferior y en cuyo dobladillo se encontraba bordado el emblema de Naboo. Su cabello pintado en un elaborado degrade del naranja al castaño estaba peinado en una larga trenza que caía tras su espalda, oculta por un solemne velo negro que rodeaba su rostro, cuello y hombros para formar un tocado de plumas negras que la hacían ver aún más impoluta e inalcanzable, con un decorado de oro en el costado de sus sienes y una sencilla diadema en forma de cadena por sobre su frente, dejando caer un cristal granate por sobre su ceño. ¿Niña o mujer?, esa era la gran pregunta en la mente del virrey, en ese momento deseo conocer la edad precisa de la reina de Naboo, pero no importaba que tan profunda fuera su curiosidad, lo único importante era usar a la reina y cumplir con sus propios fines como había señalado lord Kinshiki, y eso era precisamente lo que haría.
-Reina Hanan, es un honor poder conocerla en persona finalmente— saludo el virrey con una sínica sonrisa, sosteniéndole la mirada a la joven monarca. —Si es tan sabia como todos cuentan, se rendirá pacíficamente y nos acompañara— menciono sin dejar de sostenerle la mirada en todo momento, ansiando verla quebrarse.
Más lejos de bajar la cabeza o apartar la mirada como el virrey tanto estaba esperando, la joven reina mantuvo la frente en alto con propiedad antes de levantarse de su trono solemnemente y voltear a ver a sus doncellas que se mantuvieron serenas en todo momento, especialmente una de ellas; resulto todo un reto para Pakura estar vestida como la reina y fingir ser la mujer perfecta que todos esperaban, no tenía ambiciones políticas ni era su deseo suplantar a su amiga en ese momento, pero este era el plan del capitán Sabaku, era tal el parecido entre Sakura y ella que Pakura perfectamente maquillada y ataviada en los usares de reina se veía exactamente igual…solo que su color de cabello era diferente, pero nadie se daba cuenta de eso en ese instante. Esbozando una diminuta sonrisa, Sakura entrelazo distraídamente una de sus manos con la de Pakura, ahora que ella era la doncella no abandonaría a su amiga tanto como Pakura no la había abandonado a ella, por lo que la joven de cabellos rosados se mantuvo tranquila por ambas, indicándole con la mirada a Pakura que siguiera las indicaciones del virrey, hasta que ella decretase lo contrario. Todas las doncellas de la reina parecían vestir básicamente igual, idénticas entre sí, ataviadas en femeninos vestidos de terciopelo naranja escote en V y mangas acampanadas por sobre otras ceñidas, y formando un bello degrade hasta convertirse en amarillo en cadenciosas faldas de velo, con un fajín naranja oscuro que entallaba sus figuras a juego con los velos que cubrían sus cabezas y que las hacían parecer idénticas entre sí, eran uniformes elegantes al fin y al cabo pero que cumplían su función.
De pie junto al trono, despojado de sus armas al igual que sus hombres y reducido a la impotencia, el capitán Rasa Sabaku dio un paso al frente como escolta de la reina que se sujetó de su brazo antes de pretender abandonar la habitación como no tardaron en hacer lo mismo el resto de los guardias en la habitación y que tendieron su brazo a las doncellas de la reina, con la frente en alto y su dignidad intacta para frustración del virrey que maldijo por lo bajo. Los Naboo elegían por aclamación popular a los más sabios entre los sabios para que gobernar su mundo, y Homura planeaba aprovecharse de eso al mantener cautiva a la reina para que accediera a todas sus demandas, incluso si debía torturarla para lograr lo que deseaba, pero sería mejor para todos que esta ocupación fuera pacífica y la joven reina supiera cuando hablar y cuando callar. Las escasas armas de que disponía la ciudadanía ya habían sido confiscadas, muchos de los ciudadanos habían sido internados en—momentáneamente—improvisados campos de prisioneros y su ejército de androides estaba registrando la ciudad para aplastar cualquier conato de resistencia, si la reina se resistía a su proceder simplemente se desharía de ella o seria menos amable, y no le molestaría serlo, la joven dejaría de tener valor cuando ya no le fuera útil. Sin tropezar siquiera, la joven reina fue conducida por los largos pasillos hacia las escaleras que conectaban con el exterior del palacio, indiferente y estoica al virrey neimoidiano a su diestra mientras a su izquierda se encontraban el capitán Sabaku y el gobernador Raido Namiashi que por fin se cansó de estar en silencio durante tan largo trayecto.
-¿Cómo explicara esta invasión al Senado?— cuestiono el gobernador, luchando por mantenerse tranquilo ante semejante ofensa a Naboo y la democracia.
-La reina y yo firmaremos un tratado que legalizara nuestra ocupación— contesto Homura sin demasiado interés, —se me aseguro que sería ratificado por el Senado— esperaba que lord Kinshiki cumpliera con su palabra, debía hacerlo o todo fracasaría.
-Yo no cooperaré— protesto Pakura con voz pétrea, apretando disimuladamente los puños, sabía que Sakura no aceptaría tal cosa de estar en su lugar.
-Por favor, su alteza— intervino el virrey con un tono falsamente amable. —El sufrimiento de su pueblo la ayudara a compartir nuestro punto de vista— obvio a modo de silente amenaza, deteniéndose al llegar al final de la escalera. —Comandante, acompáñelos— designo al capitán de su ejército de androides y que estaba a su diestra.
El virrey permaneció de pie al costado de la gran escalera antes de que el capitán de su ejército y los demás androides que acompañaban a los cautivos condujeran a la reina y su séquito por el resto del pasillo hacía el exterior, ni siquiera ella con todo su poder estaría libre de lo que él tenía planeado que era convertirla en una prisionera más y utilizarla hasta que el Senado Galáctico legalizara su ocupación, y entonces cuando ya no le fuera útil simplemente se desharía de ella. Todo estaba yendo exactamente según lo que lord Kinshiki había previsto, y él por fin podía respirar tranquilo, confiando en que no retrocedería sino que avanzaría más y más en su conquista, y ahora que la ciudad le pertenecía, su esposa podría unirse a su lado y disfrutar de las maravillas del palacio real. Sin que pasara como algo extraño para nadie, Pakura volvió brevemente el rostro por encima de su hombro para ver a sus compañeras doncellas que caminaban detrás de ella, más específicamente a Sakura que asintió en silencio, dándole la confianza suficiente para continuar con su camino, con la frente en alto y acompañada lealmente por el capitán Sabaku y el gobernador Raido Namiashi que la protegían. Detrás de la reina sus doncellas la siguieron lealmente, sujetándose las faldas para no tropezar, pero Sakura en especial mantuvo sus manos firmemente apretadas a cada lado de su cuerpo, sintiéndose impotente ante el sufrimiento del que estaba siendo víctima su pueblo y que ella no podía evitar ni detener, porque no podía hacer nada para ayudar a su gente en ese momento, pero lo haría a la larga, no bajaría la cabeza ante la Federación de Comercio ni aunque tuviera que entregar su vida, no iba a rendirse…
PD: Saludos queridos míos, lamento haberme tardado otra semana entera en actualizar pero con esto de la cuarentena se que muchos no tenemos muy bien animo, pero aquí me tienen dedicándoles mi tiempo como siempre :3 Este sera por ahora el ultimo capitulo de esta historia ya que no volveré a actualizar hasta dentro de una semana más, por lo que la próxima semana me verán actualizando alguna de mis otras historias para no dejarlos desatendidos, lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentas palabras y sus hermosos comentarios) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie
-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi
-Minato Namikaze como Qui-Gon Jin
-Danzo Shimura/Kinshiki Otsutsuki como Sheev Palpatine/Darth Sidious
-Homura Mitokado como Nute Gunray
-Pakura como Sabé
-Ino como Rabé
-Temari como Eirtaé
-Maki como Saché
-Naori como Yané
-Rasa Sabaku como Capitán Panaka
-Raido Namiashi como Sio Bible
-Metal Lee como Jar Jar Binks
-Rock Lee como Ross Tarpals
-Might Duy como Rugor Nass
Los Gungan: para muchos quienes vieron la trilogía original desde 1977, el estreno de "La Amenaza Fantasma" en 1999 represento una gran decepción, especialmente por la presentación de personajes como los Gungan, una civilización de criaturas acuáticas que poco y nada tuvieron que aportar a la trama y que a muchos les resulto un golpe en el estomago, no es mi caso. La idea de los Gungan nunca me pareció mala, especialmente si hablamos de unas películas que estaban centradas en presentar el universo de Star Wars tanto a niños como adultos, pero en esta versión representare a los Gungan como una sociedad humanoide capaz de sobrevivir en casi todos los entornos y que con el fin de evitar un conflicto con los Naboo se retiraron hacia las profundidades submarinas, en esencia serán una sociedad de guerreros altamente calificados y que no toleran la ineptitud, razón por la cual Metal Lee pese a ser el hijo del prodigioso capitán del ejercito Gungan, Rock Lee, fue expulsado con prohibición de volver ante su torpeza, pero el tiempo probara que Metal Lee será un aliado muy valioso tanto para los Naboo como para la joven reina, uniendo dos civilizaciones que se creían completamente dispares entre si. Para gran parte de los vestuarios y aspecto de la sociedad Gungan me inspire en vestuarios del siglo XVI y XVII, principalmente del mundo griego y musulmán, así como en detalles de la arquitectura como lo son las cúpulas de la ciudad Otoh Gunga y que en este caso esta inspirada en el Taj Mahal.
Reina y Doncella: Cuando comencé a conocer el mundo de Star Wars me fascine con un dibujo de los artistas conceptuales de las precuelas donde se ve a Padme siendo arreglada por sus doncellas en su primer día como reina y sentí que en un punto de la trama Sakura tenia recordar su subida al trono y el sacrificio que representaba para ella hacer a un lado la inocencia a los catorce años, de ahí la escena de la invasión. El vestido que lleva Pakura fingiendo ser la reina es básicamente el mismo que lleva Sabé como doble de la reina en "La Amenaza Fantasma", pero con ligueras modificaciones; el negro y bordado en dorado en lugar de dorado cubierto de encaje gris oscuro, además la tela se ve más plana y las mangas tienen inspiración europea renacentista en lugar de victoriana como fue diseñado, quise cambiarlo muchas veces pero siempre acababa haciéndolo similar porque es uno de mis vestidos favoritos en la película. Como nota, Sakura tiene el cabello rosa y los ojos verdes, mientras que Pakura tiene el cabello verde y naranja, y los ojos verdes, pero con la tintura en el cabello ambas parecen casi idénticas. En la novela de "La Amenaza Fantasma" se hace hincapié que el parecido de las doncellas de la reina Amidala con ella era una táctica del capitán Panaka para protegerla, así las doncellas podían fingir ser ella para mantenerla a salvo, y la más parecida es Sabé, incluso en el comic de Darth Vader el mismo llega al confundirla con Padme al verla durante la trilogía original. Keira Knightley y Natalie Portman se parecen mucho en la vida real, y durante el rodaje sus madres eran incapaces de distinguirlas cuando estaban vestidas y maquilladas igual.
Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
