-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Across The Stars" de John Williams para el primer encuentro entre Sasuke y Sakura.


En silencio, el capitán del ejército de androides condujo a la reina y a su séquito por una serie de escaleras que descendían a través de estatuas y baluartes hasta terminar en una gran plaza que estaba repleta de un pelotón de androides de combate y tanques de la Federación de Comercio, eliminando toda posibilidad de lucha de parte de la reina o los suyos. Las calles carecían de vida, no había un solo ciudadano de Naboo en ellas, lo que solo preocupo aún más a Sakura que apretó fuertemente las manos mientras caminaba, pero manteniéndose fuerte porque a pesar de todo la ciudad de Theed se alzaba soberbia, con sus muros de piedra y mármol, cúpulas doradas, torres rematadas por pináculos y arcos esculpidos que reflejaban la luz del sol mientras a lo lejos se escuchaba el estruendo de las cascadas. Los prisioneros fueron conducidos a través de la plaza, dejando atrás la maquinaria bélica de la Federación de Comercio; nadie hablaba y la falta de actividad en las vacías calles solo contribuía a aumentar los nervios de todos. De pronto, de los altos palcos de uno de los edificios, dos hombres aterrizaron elegantemente frente a los androides y sus prisioneros, ataviados en túnicas Jedi y desenfundando sus sables de luz esmeralda y zafiro con los que prontamente abatieron a los androides, convirtiéndolos en pedazos. Menos diestro que los Jedi, Metal lee sorprendió por la espalda a uno de los androides, quitándole el blaster de las manos y con el que disparo a los restantes androides que custodiaban a la reina y los suyos que estaban demasiado anonadados para hacer algo más que observar totalmente sobresaltados.

-No debe estar en la calle, Alteza— guió Minato al apagar su sable de luz, instándola a seguirlo para mantenerse a salvo.

-Tomen sus armas— índico el capitán Sabaku a sus hombres, recuperándose del exabrupto.

Acatando las órdenes de su capitán, los guardias se apresuraron a tomar las armas de los caídos androides, siguiendo apresuradamente a los dos Jedi y al joven que los acompañaba, buscando refugio en un callejón entre dos edificios y que a pesar de lo precario que era en ese momento, pero el único lugar seguro de que disponían. Como reina, Sakura era extremadamente estricta consigo misma y con todo lo que usaba, nada podían ser solo frivolidades y elegancia, debía serle útil en caso de librar una batalla, aunque fuera pequeña, y Pakura lo agradeció enormemente a pesar de lo asustada que estaba, porque por muy elegante que fuera el vestido que usaba y lo bien que se viera usándolo, se le hizo fácil seguirle el paso a los Jedi, sujetándose la falda con una mano mientras mantenía su brazo libre asido al gobernador Raido Namiashi a su lado, sintiéndose cómoda con los firmes tacones que usaba, y a su espalda la siguieron con presteza sus compañeras doncellas igual de eficientemente vestidas, protegidas por los guardias ahora armados. El tiempo apremiaba y no era precisamente consolador tener que esconderse, pero tanto Minato como Kakashi guiaron a la reina y los suyos a lo largo de múltiples callejones y calzadas antes de por fin detenerse al ver que nadie los seguía, volviendo la mirada hacia la reina que parecía más joven y frágil de lo que recordaban en su transmisión holográfica en el templo Jedi hace días atrás, más ambos descartaron prontamente tal pensamiento, reverenciándola como era debido, pues por muy joven que fuera la soberana de Naboo, tenía la edad suficiente para reinar.

-Alteza, soy Minato Namikaze y él es mi Padawan Kakashi Hatake, somos embajadores del Canciller Supremo— se presentó el Maestro Jedi debidamente, sabiendo lo difícil que debía estar resultando todo esto para la joven reina.

-Sus negociaciones fracasaron, según parece— obvio Raido, agradeciendo la intervención de los Jedi.

-Las negociaciones no se efectuaron— contesto el Minato para incredulidad del gobernador y la escolta de la reina. —Es urgente que contactemos a la República— añadió para que así pudieran dirigirse a Coruscant cuanto antes.

-Destruyeron nuestras comunicaciones— intervino Rasa Sabaku en nombre de su reina.

-¿Tienen transportes?— consulto el Namikaze, porque salir del planeta facilitaría las cosas debido al bloqueo de la Federación.

-Están en el hangar, por allá— asintió él, dando un paso al frente y guiarlo.

Los dos Jedi siguieron al capitán Sabaku al igual que la reina y su escolta mientras comenzaba a sonar una alarma, señal de que había problemas, más todos siguieron con su camino de todas formas, andando deprisa ya que al menos al contar con sus guardias armados y el capitán Sabaku, la reina, sus doncellas y los suyos volvían a sentirse dueños de su destino y sus vidas, confiando en sus rescatadores Jedi y su curioso acompañante. Con la presteza con que se desplazaban por las calles, no tardaron en llegar a su destino a través de una serie de enormes edificios interconectados hasta el umbral lateral del hangar y donde se detuvieron, más desde su lugar fue fácil distinguir a un pelotón de androides bien armados custodiando a los pilotos, astromecánicos y el personal que se encargaba de las naves, y que estaban imposibilitados de resistirse al carecer de armas. El Maestro Jedi inspeccionó el interior del hangar donde yacían múltiples tipos de naves, desde pequeños cazas altamente maniobrables hasta esbeltos transportes de casco reluciente y que reflejaban el cielo a través de la compuerta que daba con el exterior. De entre todas las naves resaltaba una elegante Nubian 327J que yacía estacionada al fondo del hangar, provista de potentes motores Headcon-5, con largas alas inclinadas hacia atrás, más no todo era belleza sino también peligro ya que todos los transportes estaban altamente vigilados por androides de combate repartidos estratégicamente por todo el hangar de manera tal que nadie pudiera aproximarse a las naves sin ser visto, y aunque lo hicieran, salir parecía prácticamente imposible.

-Es la nave de la reina— señalo Rasa a la imponente nave dentro del hangar. —Son demasiados— bufo al examinar el interior del hangar y el elevado número de androides.

-Eso no es problema— tranquilizo Minato antes de volver su atención hacia la reina. —Alteza, dadas las circunstancias le sugiero que nos acompañe a Coruscant— declaró con la esperanza de que ella intentara salvar su vida.

-Gracias, embajador, pero no puedo dejar a mi pueblo— negó la joven sin cambiar la serena expresión de su rostro.

-La mataran si se queda— repuso él sosteniéndole la mirada, temiendo que su joven vida se perdiera.

-No lo harían— protesto Raido, incapaz de imaginar semejante crimen.

-Necesitan que firme un tratado para que su invasión sea legal, no la mataran— respaldo el capitán Sabaku, intentando creer en ello.

-Hay algo más en todo esto, Alteza, la Federación no actúa lógicamente— insistió el Maestro Jedi, valiéndose de sus instintos, —presiento que querrán destruirla— era un Jedi y como tal los presentimientos no podían descartarse.

-Nuestra esperanza es que el Senado se alié con nosotros— menciono el gobernador Namiashi, considerando la posibilidad para salvar a su reina, —el senador Shimura necesitara su ayuda— más importante que cualquiera de ellos, era vital que su reina sobreviviera.

-Decisiones que representan un gran riesgo, para todos— Pakura volvió el rostro por sobre su hombro, con la incertidumbre bailando en sus ojos.

-Somos valientes, Alteza— tranquilizo Sakura con voz firme y decidida, marcando presencia y haciéndole saber que no estaba sola en este trance.

-Si ha de partir, Alteza, debe ser ahora— apremio Minato sin perder la calma en ningún momento.

-Le presentare el caso al Senado— acepto la joven finalmente, porque por unanimidad todo deseaban lo mismo.

-Me quedare aquí y haré lo que este en mi mano para mantener el orden, Alteza— declaro Raido, decidido a quedarse atrás.

-Tenga cuidado, gobernador— fue todo lo que Pakura pudo contestar, entrelazando distraídamente una de sus manos con la de él.

Con su rostro permanentemente sereno, Pakura ahogo un suspiro antes de volver el rostro hacia sus compañeras doncellas que le sonrieron tristemente pues no todas podían ni debían acompañarla en este viaje y por lo que quienes dieron un paso al frente fueron Sakura, Temari e Ino, cosa que ya se había decidido de antemano por la reina, porque quienes se quedaran no solo arriesgaban sus vidas al ser hechas prisioneras sino que lo hacían para intentar forjar una resistencia contra la Federación de Comercio en ausencia de su reina, y darían sus vidas por ello de ser preciso. Obviamente las doncellas estaban asustadas, todas ellas estaban dedicadas a servir y morir por su reina, pero como jóvenes de catorce años cada una de ellas temía de lo que pudiera sucederles, no a ellas, sino a sus familias, más resulto un gran consuelo que a pesar de la situación su reina se mantuviera firme y estoica junto a ellas, con la frente en alto y su dignidad intacta, ataviada en usares de doncella como ellas. Sin que nadie se diera cuenta la joven de cabellos rosados intercambio una cómplice y triste sonrisa con el gobernador Raido Namiashi y que, a excepción de sus doncellas y el capitán Sabaku, era el único que sabía de su verdadera identidad. El resto de los guardias de la reina permaneció fuera del hangar junto a las restantes doncellas y el gobernador Namiashi en tanto el Capitán Sabaku, los Jedi y el joven gungan acompañaban a la reina y sus doncellas, caminando directamente hacia la nave Nubian 327J, el Sabaku desviando inevitablemente su mirada hacia los pilotos que eran prisioneros del pelotón de androides.

-Hay que liberar a esos pilotos— señalo Rasa al numeroso grupo de prisioneros de los androides.

-Yo me encargare— contesto Kakashi que hasta entonces se había mantenido en silencio, apartándose del grupo en tanto los demás continuaban su camino hacia la nave.

-Alto— uno de los androides interceptó al Maestro Jedi y el séquito de la reina, —¿A dónde pretende llevarlos?— cuestiono con su indiferente voz mecanizada.

-Soy embajador del Canciller Supremo, llevare a estas personas a Coruscant— informo Minato planamente, situando cuidadosamente su mano sobre su cintura para tomar su sable de luz.

-No está en el registro, quedan arrestados— condeno el androide al instante.

En respuesta, Minato encendió su sable de luz y convirtió al androide delante de él en chatarra y arremetiendo contra el resto en una señal para la reina y sus doncellas que corrieron al interior de la nave de inmediato a través de la rampa, con el capitán Sabaku protegiendo sus espaldas como un escudo humano junto al nervioso gungan, ambos disparando contra los androides que comenzaron a ingresar por la puerta del hangar en un estallido de haces láser procedentes de todas direcciones. En el otro extremo del hangar, Kakashi se lanzó sobre los androides de combate que mantenían cautivos a los pilotos nubianos, abriéndose paso entre ellos con el agresivo movimiento de la hoja de su sable de luz y despedazándolos en pequeños fragmentos, alargando sus manos contra el aire y abriendo los inmovilizadores que retenían a los pilotos que cuanto antes se dividieron en dos grupos, la mitad se dirigió al interior de la nave y el resto hacia el exterior del hangar. Junto al capitán Sabaku, Shisui el capitán de los pilotos, se apresuraron en ingresar a la cabina, sentarse ante los controles, abrocharse el cinturón y encender los motores a toda prisa, ambos recuperando el aliento ante la veloz huida y esperando a que los Jedi abordaran cuanto antes. Apresuradamente, Maestro y Padawan barrieron con el resto de los androides con sus sables de luz o reflejando el impacto de sus blaster en sus hojas, observándose entre sí y abordando la nave al ver que el peligro había pasado, tan solo segundo antes de que la rampa se alzara para cerrar la nave que abandono el hangar, elevándose hacia el cielo…


El planeta de Naboo quedó atrás en cuestión de segundos mientras la nave de la reina surcaba el basto espacio exterior, avanzando en un veloz arco hacia la formación de navíos de combate de la Federación de Comercio y que conformaban el bloqueo que interrumpían las comunicaciones de todo el planeta, y ahora ese conjunto de naves no dudaron en disparar contra ellos mientras Shisui apretaba los dientes, con sus manos enguantadas tensas sobre las palancas de dirección para maniobrar la nave en un desesperado esfuerzo por alejarse del peligroso impacto de los cañones, más de todas formas y pese a los esfuerzos del piloto, un par de explosiones resonaron muy cerca de ellos haciendo que la nave se bamboleara. Por poco y un impacto no les había asestado por completo, solo unos centímetros más y la propia nave podría haber explotado en cientos de piezas, pero lo peor era que al ser Naboo un mundo pacifico, la nave no contaba con armas o cañones para responder, y lo único que Shisui pudo hacer fue evadir las siguientes explosiones lo mejor posible, zarandeando la nave de un lado a otro hasta que por fin uno de los golpes dio de lleno en uno de los flancos de la nave, haciendo que cada parte de ella se estremeciera y arrancando un zumbido quejumbroso de los motores. En respuesta al agresivo golpe, las luces del panel de control parpadearon incesantemente y una alarma comenzó a sonar, estridente y furiosa, poniendo aún más nervioso a Shisui de ser posible, teniendo a su espalda a los Jedi y al capitán Sabaku que poco y nada podían hacer para ayudarlo a remediar la situación.

-El generador fue dañado— comunico él, activando la alarma del panel de control para que los astromecánicos intentaran remediar el daño.

Mientras Shisui accionaba una serie de palancas para hacer que la nave iniciara una lenta rotación, dentro de la misma comenzó a resonar fuertemente la alarma, y de entre el numeroso contingente de pilotos y el personal del hangar que habían conseguido huir, un pequeño grupo de tres astromecánicos ataviados con sus característicos uniformes nubianos corrió apresuradamente por los pasillos de la nave hacia la escotilla que había en un extremo de la sala de reuniones, cada uno terminando de acomodarse los cascos sobre sus rostros segundos antes de entrar en el ascensor y ser aspirados hacia el exterior de la nave, lo más cerca posible del impacto. Sus cascos eran lo único que les permitía respirar y no morir en la bruma del espacio a la par que la suela de sus botas funcionaba como un imán para permanecer pegados al casco de la nave y no flotar irremediablemente. El primero de los astromecánicos, y que parecía ser el mayor del grupo, se tumbó al costado de la zona dañada, tomando las herramientas de su cinturón y comenzando a trabajar de inmediato, y pronto se le unieron otros dos, uno parecía tener veinte años y el otro cuando mucho catorce. Siendo el menor del grupo, Naruto no iba a negar que se sentía tremendamente nervioso, era astromecánico desde los doce años y este no era el mayor peligro al que se había enfrentado, pero trabajar bajo presión siempre lo hacía estremecer más no aparto por nada la mirada de su trabajo, cargando una plancha de repuesto en su espalda e intentando remediar los daños aun cuando una nueva explosión se llevó consigo a uno de sus compañeros a su diestra: se hacer esto, se repitió una y otra vez.

-Ya lo decía mi madre, ser astromecánico es peligroso— reflexiono Naruto en voz alta, sin levantar la cabeza, usando sus herramientas para conectar los cables. —Ay, mamá…— se quejó, temblando ante una nueva explosión que golpeo la nave, justo a unos metros de él.

Al saber que el impacto de sus cañones no era lo suficientemente efectivo, los navíos de la Federación de Comercio no dudaron en lanzar al espacio una escuadrilla de cazas estelares que intentaron asestar un golpe mortal a la nave de la reina, pero por ahora lo único que estaban haciendo era ralentizar la labor de los astromecánicos que fueron erradicados casi por completo del exterior de la nave, dejando solo a Naruto solo para cumplir con la enorme tarea de intentar arreglar el daño de la nave. El Uzumaki negó en silencio para sí, desestimando cualquier sentimentalismo sin importar lo difícil que le resultara, apoyando su peso contra sus piernas para que sus botas no se despegaran de la superficie de la nave, trabajando afanosamente en añadir repuestos al área dañada a la par que con la otra intentaba reconectar adecuadamente los cables, orando en silencio para sí porque todo terminara pronto. Sabía que el piloto de la nave ya de por si estaba haciendo su trabajo al alejar la nave del impacto de los cazas y él debía lograr lo propio. Desde la pantalla visora al costado de las palancas de la nave, Shisui observo al joven astromecánico trabajar frenéticamente para conectar los cables, terminando de cubrir el área daña la pancha que había mantenido atada a su espalda, mientras los haces láser destellaban a su alrededor, más sin interrumpir sus esfuerzos. Shisui a nada estuvo de darlo todo por perdido, pero de pronto algo cambió en las lecturas de la cabina, haciéndolo parpadear en shock, esbozando lentamente una sonrisa.

-Ya hay potencia— declaro el piloto, completamente anonadado. —Ese muchacho lo hizo, hizo puente en la energía central— celebró, contemplando con una sonrisa al joven astromecánico que retorno con premura al interior de la nave. Sin decir más, Shisui empujó las palancas de control y la nave salió disparada, alejándose de las naves de la Federación de Comercio en una vertiginosa trayectoria. -No hay potencia para llegar a Coruscant, tenemos fugas, señor— anuncio con expresión dubitativa, llevando a cabo un concienzudo examen para evaluar los daños que no habían conseguido repararse.

-Aterricemos para re-abastecer y reparar la nave— decidió Minato sin encontrar oposición a su plan. —¿Hay algún planeta cerca, Kakashi?— pregunto a su Padawan que estaba revisando la carta estela de la nave.

-Si, Maestro; Tatooine— contesto el Hatake, estudiando la opción más viable en la lista, —es un planeta pequeño y pobre, la Federación de Comercio no tiene influencia sobre él— era una fortuna que Naboo estuviera cerca del Borde Exterior, así el camino no sería demasiado largo.

-¿Cómo puede estar seguro?— pregunto Rasa con desconfianza, sin dejar de ver peligro.

-Lo controlan los Akatsuna— aclaro el Namikaze pese a saber que era peligroso, pero era mil veces mejor que dejarse atrapar por la Federación de Comercio.

-No puede llevar a su Alteza allá, los Akatsuna son gánsters bárbaros, si la descubren...— protesto el Sabaku, negándose a exponer a su joven reina a semejante peligro.

-Sería lo mismo si descendemos en un sistema controlado por la Federación, excepto que los Akatsuna no la están buscando, eso nos da una ventaja— interrumpió el Maestro Jedi sin perder su característica calma.

No es como si Minato tuviera respuestas para todo como parecía ser, de hecho tendía a hacer planes por sobre la marcha, pero en ese momento esa era la única opción que tenían para proteger a la reina, ciertamente los Akatsuna eran la familia real más despreciable de toda la galaxia por su corrupción, pero por ahora era mil veces mejor tratar con ellos que con la Federación de Comercio, e incluso el capitán Sabaku tuvo que reconocerlo, asintiendo y guardando silencio aunque quisiera replicar. Irían a Tatooine…


Ahora que el ejército de androides había tomado el control de la ciudad, el virrey Homura Mitokado se sentía completamente victorioso al tener a su esposa a su lado, reunidos en la sala del trono ante el holograma de lord Sith Kinshiki Otsutsuki que se proyectaba sobre el trono de la reina de Naboo y que había conseguido huir. De pie junto a su esposo, Koharu portaba un sencillo vestido celeste claro de escote cuadrado, con larga falda de velo, mangas ceñidas que se volvían acampanadas y traslucidas hasta casi cubrir las manos, por sobre el vestido lucía una elegante chaqueta sin mangas de seda marrón claro plagada de bordados celestes que representaban el emblema de su planeta, Cato Neimoidia, y que se cerraba en un profundo escote en V bajo el busto para abrirse bajo el vientre, y su encanecido cabello castaño estaba elegantemente recogido tras su nuca y adornado por una diadema de oro con cristales esmeralda y zafiro a juego con unos pendientes en forma de lagrima. No habían intentado comunicarse con el lord Sith sino que había sido él quien se había puesto en contacto con ellos para ser informado del resultado de la invasión, como si presintiera que algo no andaba bien, ¿Cómo informarle que la reina de Naboo había escapado? A la larga ella dejaría de ser importante pero que no firmara el acuerdo que legalizara el bloqueo no haría sino dificultar y entorpecer todavía más las cosas. Con su largo abrigo con capucha ocultando su rostro, el lord Sith escucho satisfactoriamente los progresos de la invasión, asintiendo mientras contemplaba al virrey y su esposa delante de él

-Controlamos todas las ciudades de los sectores norte y oeste de Naboo, y hemos comenzado a registrar las demás zonas en busca de cualquier otro centro urbano donde pueda organizarse cualquier clase de resistencia— término de informar Homura con las manos cruzadas tras la espalda.

-Lo ha hecho muy bien, virrey— celebró Kinshiki con una sonrisa bajo la capucha de su abrigo. —¿La reina Hanan ya firmó el tratado?— consulto con gran interés.

-Ella ha desaparecido, mi lord, una nave Naboo atravesó el bloqueo— contesto el Mitokado con un hilo de voz.

-Quiero firmado ese tratado— gruño de frustración el Otsutsuki como si de una bestia se tratara.

-Mi lord, es imposible localizar la nave, no está a nuestro alcance— admitió el virrey con evidente vergüenza.

-No para un Sith— comparo Kinshiki con una tenue sonrisa, —él es mi aprendiz, Pein Otsutsuki, él encontrara su nave perdida— declaro segundos antes de que un hombre apareciera a su lado.

El hombre en concreto era un lord Sith, el aprendiz de Kinshiki Otsutsuki y que a diferencia de su Maestro no tenía por qué ocultar su rostro, cruzando los brazos sobre su pecho en un gesto de seguridad y arrogancia, era alto e intimidante, de corto cabello naranja, con una intensa y extraña mirada de iris purpura grisáceo y las escleróticas plagadas de un patrón de ondas, su rostro lucia diversas perforaciones en ambos oídos, en la parte superior de la nariz y en los extremos del labio inferior, y si su aspecto ya no era intimidante de por sí, su vestuario completamente negro también contribuía a ello, todo ataviado en una chaqueta de cuero similar a una armadura de cuello alto y cerrado, pantalones negros y botas de cuero, con una larga chaqueta de una extraña tela de aspecto similar a la piel de algún animal cuyas cabezas gemelas y de atemorizantes fauces yacían sobre sus hombros como si se tratasen de marcadas hombreras, y por ultimo un sable de luz pendía del cinturón que cerraba el traje a su cuerpo. Como si la sola presencia del lord Sith y su aprendiz fuera suficiente, el holograma tembló y finalmente se desvaneció, sumiendo la sala en un silencio absoluto por varios segundos hasta que Homura y Koharu suspiraron profundamente, apenas y habiéndose dado cuenta de que habían contenido el aliento ante la presencia de los dos lores Sith, especialmente el aprendiz cuyos extraños y aterradores ojos se habían clavado en ambos, atravesando sus defensas e intentando exponer el interior de sus almas, ¿en qué diablos se habían mentido?

-Ya está fuera de control, ahora son dos…— suspiro Koharu, llevándose una mano a las sienes, —no debimos hacer este arreglo— obvio preocupada de lo que fuera a pasarles.

Homura fue incapaz de pronunciar palabra alguna en su defensa, llevándose una mano a la frente con preocupación, intentando pensar en cómo escapar de este acuerdo si todo acababa mal, y era una posibilidad a considerar, su plan para sabotear el impuesto sobre las rutas comerciales nunca habían templado la posibilidad de arriesgar su vida por su ambición, era alguien ambicioso pero quería vivir para disfrutar de sus triunfos y riquezas junto a su esposa, en ningún punto pretendía morir y perjudicarse a sí mismo y a su esposa.

Todo estaba fuera de control.


En la sala más grande de la elegante nave Nubiana se encontraba la reina solemnemente sentada sobre su trono y de pie a su espalda se encontraban sus doncellas que se mantenían en silencio en tanto ella era informada del resultado de la batalla librada durante y tras su huida de Naboo, gracias al capitán Rasa Sabaku junto a quien se encontraba el heroico astromecánico a quien debían su supervivencia, así como los acontecimientos que habían acompañado a su escape a través del bloqueo de la Federación de Comercio. Dentro de la sala, el Maestro Jedi y su Padawan se mantuvieron en silencio, igualmente agradecidos con el joven astromecánico por salvar la nave y sus vidas, y en nada desestimaban que la reina gratificara al muchacho por su heroísmo sino que todo lo contrario. El joven astromecánico era carismático por su sola presencia y amable mirada zafiro, tenía una sonrisa para todo aunque también sabia como mantenerse serio ante su reina, con su exuberante y rebelde cabello rubio haciéndolo destacar al igual que las tres marcas de bigotes en sus mejillas, lucía un elegante uniforme característico de los pilotos nubianos, hecho de cuero y una especial seda negra resistente a quemaduras, de cuello alto y cerrado por siete botones plateados hasta la altura del vientre donde un fajín negro entalla la tela a su cuerpo, y a imagen de los intrínsecos bordados que abarcaban los lados del pecho, las mangas y la larga caída de la cola, con pantalones negros y botas de cuero a juego, aunque debido a su labor durante la batalla gran parte de su uniforme estaba cubierto de polvo y residuos de las explosiones que lo habían rosado.

-Sin duda es un joven muy inteligente y eficiente, salvo la nave y nuestras vidas— concluyo el Sabaku, desviando su complacida mirada al joven a su lado.

-Hay que darle un reconocimiento, cuando todo esto pase— decidió Pakura, porque sabía que Sakura querría eso. —¿Cuál es su nombre?— pregunto ya que no lo había dicho hasta ahora.

-Naruto Uzumaki, Alteza— contesto el rubio, inclinando respetosamente la cabeza ante su reina.

-Gracias por tu ayuda, Naruto— agradeció con una sonrisa y en nombre de su joven reina. —Sakura— llamo a su reina que con presteza se situó a su diestra, en espera de órdenes. —Consiéntelo lo mejor que puedas y ponlo al frente de mi personal, merece nuestra gratitud— delego sin hacer desaparecer su sonrisa ante tan curiosa situación.

-Gracias, Alteza, es un honor— reverencio el Uzumaki, honrado por el reconocimiento.

Si alguien supiera la verdad, si alguien supiera que quien se fingía una más de sus doncellas no era sino la verdadera reina, fácilmente cuestionarían porque estaba dándole ordenes en presencia de otros como si fuera su superior, pero Pakura no estaba abusando de su temporal autoridad como "reina" sino que estaba guardando la apariencias y encomendándole a Sakura la misma misiva que ella le daría si estuviera en su lugar, como doncellas y parte del personal de la reina, todos conocían el buen corazón de su reina y sabían que le placía recompensar a aquellos que brindaban su ayuda, este joven astromecánico en nada era una excepción y con gusto es que Sakura asintió mientras intercambiaba una sonrisa con Naruto que arqueo pícaramente una ceja con fingida coquetería, haciendo que ella se esforzara por no reír. Estaba segura de que hacerle patente su agradecimiento sería muy divertido, más en ese momento y sin precisar de ordenes es que Sakura se mantuvo de pie junto al Uzumaki, esperando a que la discusión sobre su destino prosiguiera, puede que a ojos de los Jedi ella solo fuera una doncella, pero como reina de su amado planeta necesitaba estar al tanto de todo lo fuera a suceder, porque no iba a quedarse sentada y sin hacer nada. Haciendo desaparecer la sonrisa de su rostro, sabiendo como plasmar la majestuosidad que era requerida en ella, Pakura mantuvo sus manos cruzadas sobre su regazo y volvió su atención hacia el Maestro Jedi y su Padawan en quienes la reina había confiado la seguridad de todos en la nave, y precisamente no le permito a Sakura retirase para mantenerla al tanto de todo lo que fuera a suceder.

-¿Qué pasara desde ahora, Maestro Jedi?— pregunto ella con camuflada incertidumbre.

-Nos dirigimos a un remoto planeta del Borde Exterior llamado Tatooine, está en un sistema más allá del alcance de la Federación— explico Minato calmadamente y con las manos cruzadas por sobre su vientre.

-No concuerdo con la idea del Jedi— se expresó Rasa visiblemente incómodo.

-Debe confiar en mi juicio, Alteza— solicito el Namikaze únicamente, sabiendo que ya de por si le estaba pidiendo algo muy grande.

-Confió en ustedes, pero solo espero que sepa lo que hace— asintió Pakura, eligiendo creer en la palabra del Jedi.

Intercambiando una mirada con su reina, Pakura le permitió a Sakura retirarse en silencio en compañía del joven astromecánico en tanto ella permanecía sentada sobre el trono…ojala y los Jedi realmente supieran lo que estaba haciendo o de otro modo todos, partiendo por su joven y amada reina, pagarían las consecuencias.


Tras tomar una ducha, Naruto abandono el baño con una sonrisa que intento minimizar aunque por dentro estuviera a punto de estallar en carcajadas mientras cerraba los botones de la muda de ropa que Sakura le había proporcionado para reemplazar temporalmente su vieja vestimenta y que si bien era cómoda se sentía extraña ante lo acostumbrado que estaba de usar su uniforme. Su nuevo atuendo consistía en una sencilla camisa azul grisáceo de cuello alto y cerrado, de mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas, pantalones a juego y largas botas de cuero adaptadas para todo tipo de terreno y sobre la camisa una chaqueta azul oscuro de cortas mangas hasta los codos, cerrada por cuatro botones dorados hasta la mitad del vientre por un fajín azul oscuro y con larga cola hasta casi los tobillos. A su madre le encantaría verlo vestido así pero era algo formal para su gusto. Sentada ante la mesa de la sala de reuniones, Sakura se levantó al encuentro de Naruto, ayudándolo a alisarse la ropa mientras reía ante su mirada evidentemente incomoda, desearía pode hacer más para demostrarle su agradecimiento pero por ahora todo lo que podía hacer por él era brindarle la máxime comodidad posible. Relegado a una de las habitaciones junto a los pilotos nubianos que básicamente no le habían dicho nada, y al ver que el ataque de la Federación de Comercio había cesado, Metal Lee camino por los pasillos en busca de algo que hacer, más se detuvo y mantuvo oculto en el costado del umbral de la sala de reuniones al ver a una joven doncella hablando con el entusiasta astromecánico que recordaba haber visto hablando con la reina.

-¿Te sienta bien?— curioseo la Haruno con falsa coquetería.

-Divino— asintió Naruto, terminando de acomodarse las mangas. —¿Qué te parezco?— bromeo mientras la rodeaba, modelando su ropa.

-Algo desaliñado— rió ella revolviéndole juguetonamente el cabello, más sus bromas se vieron interrumpidas al sobresaltarse ante la abrupta aparición de Metal en la habitación.

-Perdón— se disculpó el joven gungan con una sonrisa nerviosa, retrocediendo al temer ser un problema.

-No pasa nada, ven— tranquilizo Sakura, casi ahogándose con su propia risa por el susto. —¿Quién eres?— pregunto ya que sabía que no era un Jedi.

-Soy Metal Lee— se presentó él, decidiendo que aquella joven era muy agradable y quería tratar de conversar con ella.

-Yo soy Sakura, sirvo a la reina Hanan, y él es Naruto— presento la pelirosa con una mirada cargada de dulzura. —Eres un gungan— afirmo sorprendida ya que jamás había visto a uno, recibiendo un dubitativo asentimiento en respuesta, —¿Cómo llegaste aquí?— inquirió con genuina curiosidad.

-Es una historia bastante complicada, pero en resumen fui salvado por los Jedi— minimizo él, ya que revelarle más información probablemente lo dejaría en vergüenza, y no era necesario llegar a eso.

-Y ahora estas en medio de una batalla— añadió ella con una triste sonrisa, porque los dioses sabían que aborrecía la guerra y lamentaba involucrar a otros en esto, aún más a inocentes.

-Si— asintió Metal en un suspiro. —No sé, creo que ni siquiera debería estar aquí— probablemente acabara por ser más un problema que una ayuda.

-Claro que sí, nos ayudaste a escapar, todo aquel que brinde ayuda es bien recibido— negó Sakura, situando amablemente una de sus manos sobre el hombro del gungan, —Gracias— sonrió intercambiando una mirada con Naruto que asintió al compartir su opinión.

Agradecido por la amabilidad de esta joven que parecía tener una sonrisa y palabras de aliento para todos, Metal por fin tuvo una razón real para sonreír, volviendo el rostro hacia Naruto que lo hizo sentir bienvenido, ni siquiera conocía a estas personas y ya lo hacían sentir como en casa, era algo realmente curioso. Todos eran útiles en el mundo, todos tenían algo que aportar y Sakura lo sabía por experiencia propia al igual que Naruto que se mostraba permanentemente entusiasta a pesar de las vicisitudes, puede por ahora todo fuera malo o pareciera serlo pero ella sostenía la firme creencia de que todo cambiaría para mejor, más para que eso sucediera ella no debía perder las esperanzas ni lo haría.

Siempre es bueno hacer nuevos amigos, reflexiono Sakura sin hacer desaparecer su sonrisa.


Siguiendo lo planeado, el capitán Shisui dirigió la nave a través de atmosfera del árido planeta llamado Tatooine y que tras salir de la velocidad luz finalmente apareció en los amplios ventanales. La nave registraba lecturas de vida y un poblado pero como había indicado el Maestro Jedi, Shisui hizo aterrizar la nave en las áridas afueras para pasar desapercibidos, en medio del extenso desierto y un torbellino de polvo, con sus soportes tocando certeramente el suelo. La ciudad de Mos Espa, uno de los dos asentamientos humanos del planeta, brillaba tenuemente en la lejanía a través del reverbero del calor del mediodía. El Maestro Jedi abandono una de las habitaciones de la nave, hace varios minutos le había encomendado a su Padawan desconectar el hiperimpulsor en tanto el capitán Sabaku se encontraba informando a la reina de su llegada al planeta, y ahora él mismo se había cambiado de ropa por algo más ligero; pantalones, túnica, camisa y un sencillo poncho para camuflarse entre la multitud, ir al espaciopuerto y encontrar los repuestos necesarios para continuar su travesía cuanto antes. En el pasillo se encontró con Metal Lee quien estaba hablando con el joven astromecánico que había salvado la nave, Naruto. No podía ir solo a la ciudad ya fuera que lo quisiera o no, y por otro lado necesitaría la asistencia del joven astromecánico para obtener los repuestos, además no podían arriesgarse a intentar contactar con Coruscant ya que la transmisión podría ser interceptada y eso revelaría su posición. Tras cumplir lo encomendado por su Maestro, Kakashi apareció en el pasillo, apoyando uno de sus brazos en el umbral de la puerta.

-Prepárate, Metal, vendrás conmigo— declaro Minato con una sonrisa mientras terminaba de acomodarse el poncho. —También tú, muchacho, necesitamos obtener repuestos para la nave— Naruto asintió, retirándose para cambiarse de ropa y llevándose al sorprendido gungan consigo. —¿Qué has descubierto?— pregunto al volver el rostro hacia su Padawan.

-El híperimpulsor está dañado, necesitaremos otro— informo Kakashi con una expresión de disgusto ya que eso solo les haría perder más tiempo, pero era preciso para continuar.

-Eso complica las cosas— suspiro él compartiendo su forma de pensar. —Ten cuidado, siento inestabilidad en la Fuerza— advirtió sin saber bien cómo explicar lo que sentía.

-También lo siento— respaldo el Hatake, jamás había sentido algo así y estaba tan confundido como él.

-No permitas que hagan transmisiones— instruyo el Namikaze al ver a Metal y Naruto aparecer en el pasillo.

-Si, Maestro— asintió él, procediendo a regresar junto a la reina y protegerla en su ausencia.

En silencio y tras seguir con la mirada a Kakashi hasta perderlo de vista, Minato volteo a ver a Naruto y Metal junto a quienes bajó por la rampa de abordaje hasta el suelo del planeta, una alfombra de arena desierta que se alejaba en todas direcciones, interrumpida únicamente por gigantescas formaciones rocosas y el lejano horizonte urbano de Mos Espa hacia donde sabían debían dirigirse. Los soles gemelos que daban vida al planeta azotaban la superficie con un resplandor tan intenso y abrasador como si estuvieran decididos a recuperar toda la vida que habían concebido, y para alguien como Metal que estaba acostumbrado al verdor y un clima templado de Naboo, este planeta le parecía el infierno en la tierra mientras se abanicaba con una mano en un intento por encontrar sosiego pese a agradecer no haber necesitado cambiarse de ropa, y Naruto a su lado no lo estaba pasando mejor, de hecho el Uzumaki estaba comenzando a sopesar que usar la sencilla y desgastada chaqueta azul claro sobre su ropa era algo excesivo debido al calor, pero al menos lo hacía pasar desapercibido que era el propósito de la misión, y toleraría el calor por ello, quien si parecía no verse afectado era el Maestro Minato que dirigió el camino hacia la lejana ciudad con su característica templanza de Jedi, aunque para sí mismo no iba a negar que la elevada temperatura si resultaba muy molesta. El calor brotaba de los finos granos de arena en temblorosas oleadas que ascendían sobre ellos y el aire era tan seco que absorbía la humedad de la garganta y las fosas nasales en segundos.

-Este calor es terrible— suspiro Metal, alzando la mirada hacia los intensos soles, arrepintiéndose en el proceso.

-Y que lo digas, estoy sudando como camarón— bufo Naruto, desabrochándose el primer botón de la chaqueta.

-¡Esperen!— llamó una voz a sus espaldas.

Confundido, Minato detuvo su andar y aparto la mirada del lejano y tembloroso horizonte que parecía un lejano espejismo de siluetas deformadas y contrahechas que amenazaban con evaporarse en un abrir y cerrar de ojos, volteando al origen de la voz al igual que Metal y Naruto a su lado. Era una suerte que no se hubieran alejado mucho de la nave o de lo contrario regresar los haría fatigarse todavía más del calor, sino que a su encuentro se presentaron dos figuras, una de ellas era el capitán Rasa Sabaku cuyo pesado uniforme debía resultar molesto ante el calor abrazador de los dos soles, y a su lado se encontraba una joven doncella de la reina a quien Minato había visto antes, pero que ahora y a diferencia de sus compañeras vestía como si fuese una vulgar campesina o una pobre granjera; una blusa celeste grisáceo de escote corazón y aspecto raído que cubría holgadamente su figura ceñida por un fajín azul oscuro adornado en el frente por un sencillo broche en forma de corazón, y mangas acampanadas que se ceñían a la altura de los codos por una cinta azul oscuro y bajo las cuales se encontraban otras mangas inferiores color azul y que se ceñían hasta la muñecas, el atuendo se completaba con amplios pantalones azul oscuro—casi negros—y cortos botines gris azulado. Parte de su largo cabello rosado estaba recogido en finas trenzas para despejar su rostro y el resto caía en una cascada de rizos tras su espalda. Al igual que sus dos acompañantes, Minato se detuvo y espero que ambos los alcanzaran, comenzando a imaginarse mil y un escenarios en su mente mientras fruncía levemente el ceño.

-Su Alteza ha dispuesto que una de sus doncellas lo acompañe— declaro Rasa al Maestro Jedi.

-Capitán, no podemos obedecer a su Alteza en esto— protesto Minato calmadamente, analizando a la joven delante de él, —este puerto es sumamente peligroso— usualmente no se dejaba guiar por las apariencias, pero esta doncella parecía demasiado frágil.

-La reina es consciente del peligro, por eso insiste— repuso el Sabaku, sin tolerar ningún tipo de discusión. —Sakura es la más capacitada de sus doncellas, una especialista en defensa personal y habla muchas lenguas, créame, la necesitara— aseguro pese a que no quisiera dejar que su joven reina corriera peligro alguno.

-No me agrada la idea— insistió el Jedi, mas no tenía otro remedio salvo obedecer. —No te alejes de mí— advirtió a la joven sencillamente.

Resignado, Minato reanudo su marcha y los demás lo siguieron, Sakura intercambiando una última mirada con el capitán Sabaku y apretando disimuladamente los labios ante las palabras del Jedi a quien siguió en silencio, no era ninguna niña indefensa, no había sido elegida reina solo porque fuera joven e inteligente sino que estaba versada en múltiples materias, desde la etiqueta y culturas de múltiples planetas hasta diferentes tipos de defensa personal; no era solo una cara bonita. Con el corazón en vilo, Rasa continúo observándolos en silencio por largos segundos, preocupado por Sakura a quien había enviado con el Jedi porque así se mantendría a salvo, nadie salvo las demás doncellas y él sabía quién era realmente y cuanta menos gente lo supiera, mejor.


El pequeño grupo encabezado por Minato llego a la ciudad de Mos Espa menos de una hora después, tras atravesar el árido e inclemente desierto, dirigiéndose hacia el centro del espaciopuerto. Mos Espa era una de las dos grandes ciudades del asentamiento urbano de Tatooine, la otra era Mos Eisley, por lo que no fue extraño ver las sencillas calles repletas de personas que iban de allá para acá en su propio y complejo rumbo, entre estructuras y construcciones de distintos estilos que se alzaban sobre la yerma arena, edificios rematados por cúpulas con gruesos muros curvados que servían como protección contra las altas temperaturas, con tiendas y puestos callejeros en cada esquina. Las anchas calles estaban llenas de seres de todas las formas y tamaños, la mayoría procedentes de otros planetas, pero no era cosa rara ver a más de un humano deambulando en cualquier parte, algunos montaban eopies del desierto, enormes banthas domesticados con grandes cuernos y que tiraban de carretas, plataformas o carros. El Jedi mantuvo los ojos bien abiertos por seguridad, en mundos tan remotos como este los propósitos siempre eran sospechosos y no se podía saber quién era amigo y quien enemigo, aunque la mayoría de los transeúntes no parecían prestarles atención y a su vez ellos intentaban pasar desapercibidos al no sostenerle la mirada a nadie por más tiempo de lo debido. Caminando junto al Maestro Jedi y flanqueada a su espalda por Naruto y Metal, Sakura se mantuvo en silencio, fijándose en todo cuanto la rodeaba, aprendiendo de este mundo tan diferente de su planeta y manteniéndose alerta todo el tiempo.

-Tatooine es la base de operaciones del clan Akatsuna, encabezado por el rey Sasori, él controla la mayor parte del tráfico de artículos legales y no legales, esclavos, mercancías robadas y todo lo que constituye la primera fuente de riqueza del planeta, el desierto está bajo el control de los jawas, también hay parcelas para extraer humedad, tribus nativas y cacharreros— explico Minato mientras caminaba, sorprendido por la actitud de la joven a su lado y que no había resultado problema alguno como él había temido. —Esta clase de puertos especiales son refugios para los que no desean ser encontrados— resumió mientras volvía el rostro hacia la joven.

-Como nosotros— comparo Sakura sin dejarse impresionar del todo, —¿por dónde empezamos?— pregunto en un suspiro al llegar al final de la calle principal del espaciopuerto y que llevaba a una pequeña plaza llena de chatarrerías.

-Con un comerciante pequeño— contesto él indicándole que entraran en una de las tiendas junto a una especie de vertedero lleno de componentes y transportes viejos.

-Bienvenidos— los recibió el encargado, un hombre de poco más de treinta años con cortó cabello naranja brillante. —¿En qué puedo ayudarlos?— consulto con los brazos abiertos a todo lo que disponía en su negocio.

-Busco piezas para una Nubian 327J— repuso Minato profesionalmente, volviendo el rostro hacia Naruto que se situó a su diestra.

-Ah, sí, una Nubian, tenemos muchas piezas— asintió Yahiko tras llevarse una mano al mentón. —¡Muchacho, ven aquí ahora!— llamo apremiando la presencia de su ayudante.

-Mi joven astromecánico sabe lo que necesitamos— delego el Namikaze al Uzumaki a su lado y que se mantuvo estoico lo mejor posible.

No es como si Naruto creyera que hubieran muchos repuestos de donde escoger en un planeta como este, pero peor era nada, por lo que él prestaría sus servicios lo mejor posible para que pudieran llegar exitosamente a Coruscant cuanto antes. Con contenido recelo, Yahiko recorrió con la mirada al grupo de personas delante de él, el hombre rubio al frente no le parecía gran cosa y su actitud era cortes, los muchachos que lo acompañaban permanecían en silencio y la joven a su diestra parecía completamente inofensiva con esa mirada inocente, haciéndolo sonreír para sí mismo, en espera de concretar una nueva venta y esperando que no lo hicieran perder su tiempo. Secándose distraídamente el sudor de la frente, Sasuke bufo mientras se dirigía al interior del negocio tras escuchar el llamado de Yahiko, agradeciendo poder alejarse del calor y que en ese punto le estaba produciendo jaqueca en otro día normal de trabajo, entrando en una cosa tras apenas salir de otra. En su camino, el joven Uchiha se limpió distraídamente el aceite de las manos con un lienzo colgado sobre uno de los pods en reparación, más nada pudo haberlo preparado para lo que encontró al entrar, y no se trataba de Yahiko sino del desconocido grupos de personas que allí se encontraban, exactamente sobre la joven de largos cabellos rosados. Yahiko frunció el ceño ante la tardía llegada de su ayudante y que le sostuvo arrogantemente la mirada al entrar en el negocio, sin bajar la vista en ningún momento, tal vez debería enseñarle algo de disciplina pero el problema era que Sasuke nunca aprendía lo que no estaba de acuerdo con él, por lo que solo perdería el tiempo.

-¿Por qué tardaste tanto?— cuestiono Yahiko, incapaz de confiarle su negocio a nadie más que ese muchacho.

-Estaba revisando los motores— se quejó Sasuke, porque tiempo libre era lo último que tenía en caso de que él lo olvidara.

-Quédate y vigila el negocio, ya regreso— ordeno el irritado pelirrojo, relegando al joven muchacho a sentarse frente al mostrador, regresando su atención a sus clientes. —Sígame a la parte de atrás, ahí tengo lo que necesita— garantizo al dirigirse hacia la puerta trasera, indicándole al extraño que lo siguiera.

-No toques nada— susurro Minato a Metal Lee al pasar junto a él, esperando que no cometiera tonterías.

No es que dudara que Metal tuviera ceso suficiente para pensar, pero lo último que necesitaban en ese momento era solucionar problemas más allá de los que ya de por si tenían, y consciente de esto es que el gungan asintió apresuradamente mientras cruzaba los brazos sobre su pecho, ocultando sus manos como si así se contuviera de actuar como un niño travieso, siguiendo con la mirada a Minato y Naruto hasta perderlos de vista antes de desviar su atención a los repuestos que había dentro de la tienda. Sasuke no podía apartar los ojos de la joven que estaba unos pasos de él, se había fijado en ella nada más entrar en la tienda, incluso sin que ella dijera nada, de hecho apenas y había escuchado las insistentes y continuas órdenes de Yahiko acerca de que vigilara la tienda mientras efectuaba la venta, porque sencillamente no podía dejar de mirarla. Tampoco había reparado en el muchacho curioso que acompañaba a la joven y que escrudiñaba todo con su mirada. Sentado ante el mostrador, el Uchiha tenía el mejor de los lugares desde donde vislumbrar la belleza la joven que ahora además le devolvió la mirada con una sonrisa afable y divertida pero aun sin pronunciar palabra. Era esbelta y medianamente alta aunque no más que él, poseía una larga melena de rizos rosados que caían libremente por su espalda, adornada por trenzas entretejidas, además de ojos verde esmeralda, piel blanca como el alabastro y facciones dulces, hermosas y angelicales que para Sasuke fueron lo más hermoso que había visto en su vida, vestía ropas sencillas pero que se amoldaban perfectamente a ella como si fuera algo irreal.

-¿Eres un ángel?— pregunto Sasuke un murmullo que había dicho más para sí para ella.

-¿Qué?— pregunto Sakura, sorprendida y confundida por sus palabras.

-Un ángel— repitió el Uchiha, infundiéndose valor, casi petrificado al oír su voz, comparable a las notas musicales más perfectas que hubiera escuchado, —he oído a los pilotos intergalácticos hablar sobre ellos, son las criaturas más hermosas del universo— la elogio sinceramente, haciendo que ella se acercara al mostrador sobre el que apoyo sus manos sin apartar su mirada de la suya, —viven en las lunas de Iego, creo— concluyó en caso de que sus elogios no fueran apropiados, tal vez había sido demasiado directo.

-Eres muy divertido— reconoció ella sin hacer desaparecer su sonrisa, halagada de que la comparase con un ángel…nunca nadie la había llamado así. —¿Cómo sabes tanto?— indago con curiosidad.

-Escucho a los comerciantes y a los pilotos que vienen aquí— contesto él, encogiendo se hombros con poco orgullo de sí mismo, —soy piloto y jinete, y algún día espero salir muy lejos de este planeta— menciono, apoyando ambos brazos sobre el mostrador, acercándose ligeramente a ella.

-Así que eres piloto y jinete— afirmo Sakura con contenido asombro.

-Toda mi vida— admitió Sasuke sin analizar demasiado desde cuando le apasionaba la velocidad, ya fuera en tierra o aire.

-¿Naciste aquí?— pregunto la Haruno, casi perdiéndose en la profundidad de su ojos negros.

-No, pero mi madre y yo hemos vivido aquí desde que tenía…creo que tres años— medito la edad exacta, aunque no recordaba mucho de aquellos días, —antes éramos de Hidan Akatsuna, pero nos vendió cuando perdió una apuesta de carreras— no se sentía orgulloso por eso, pero era su pasado después de todo.

-¿Eres esclavo?— pregunto la pelirosa horrorizada y con el ceño ligeramente fruncido.

-Soy una persona y me llamo Sasuke— protesto él con tono desafiante, detestando esa palabra como nada en el mundo.

-Lo siento— se apresuró a disculparse ella, lamentando haberlo ofendido sin querer, —hay muchas cosas que no entiendo, todo esto es muy extraño para mí— confeso bajando la mirada en una expresión melancólica y tierna que fascino al Uchiha.

No había sido su intención ofenderlo, la verdad hasta hace poco había creído que la esclavitud era una aguja en un pajar en medio de todos los sistemas de la galaxia, sabía que existía pero no a esa escala, Sasuke tenía, ¿su edad, tal vez un poco menos?, ¿Cómo es que la Republica no intervenía en Tatooine? Sakura creía en la democracia con todo su corazón, creía que era la mejor forma de gobierno pero algo que detestaba del dialogo y la tardanza que provocaba es que personas como Sasuke quedaran en medio de todo y fueran relegadas u olvidadas, como si no valieran nada, pero lo hacían y ella sufría por esa gente que era oprimida mientras ella era libre, era injusto, nadie tenía porque vivir así. No era culpa de ella sino de él que no quería afrontar la verdad, desde que tenía uso de razón y de memoria había sido un esclavo, había tenido que bajar la cabeza y hacer lo que otros le decían, incapaz de decidir por sí mismo, ¿Qué clase de vida era esa? La suya, pero anhelaba desesperadamente que llegara el día en que nadie le dijera que podía y que no podía ser, el día en que fuera él quien escribiera su propio destino. Más sereno, Sasuke estudió silenciosamente y por varios segundos a la joven delante de él, tan diferente de cualquier otra persona que hubiera conocido, porque no se parecía en nada a la chicas de su edad y que tenían la mente tan profunda como un grano de arena…era diferente, el brillo de sus ojos era único, el color y sedosidad de su cabello, la inocencia en su sonrisa e incluso la melodía de su voz, deseaba decirle mil y un cosas pero que no conseguían salir de su boca porque no dejaba de sentir que iba a derretirse delante de ella en cualquier momento.

-Sasuke Uchiha— se presentó finalmente, extendiéndole la mano y reanudando la conversación.

-Sakura Haruno— contesto ella con una sonrisa, entrelazando su mano con la de él.

Recorriendo todo lo que veía con la mirada, esforzándose por mantener sus manos quietas y no traicionar la indicación del Maestro Minato, Metal volvió la mirada hacia Sakura a quien vio sonreír incluso con más alegría de la que había visto hasta ahora, sonriéndole a este desconocido muchacho que era incapaz de apartar los ojos de ella…se veían muy bien juntos.


PD: Saludos mis amores,aquí me tienen actualizando fielmente esta historia y pronto otras más, porque como saben los quiero tanto que no puedo dejarlos desatendidos por mucho tiempo, aunque no lo parezca :3 las siguientes actualizaciones serán "Más Que Nada en el Mundo" la próxima semana y "La Bella & La Bestia" durante la siguiente, por lo que les sugiero mantenerse atentos si alguna de estas es de su interés :3 esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader

-Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi

-Minato Namikaze como Qui-Gon Jin

-Naruto Uzumaki como R2D2

-Danzo Shimura/Kinshiki Otsutsuki como Sheev Palpatine/Darth Sidious

-Pein como Darth Maul

-Homura Mitokado como Nute Gunray

-Koharu Utatane como Daultay Dofine

-Pakura como Sabé

-Ino como Rabé

-Temari como Eirtaé

-Rasa Sabaku como Capitán Panaka

-Metal Lee como Jar Jar Binks

-Raido Namiashi como Sio Bible

-Shisui Uchiha como Ric Olié

-Yahiko como Watto

-Hidan como Gardulah de Hutt

Desarrollo de una Gran Historia: Junto con Sasuke y Sakura, Anakin y Padme fue una de mis parejas favoritas de mi infancia, y he de confesar que no vi "La Amenaza Fantasma" hasta los dieciséis años, cuatro años después de ver "El Ataque de los Clones" por lo que inicialmente no supe como se habían conocido y creo que es vital hacer que su relación se desarrolle más a través de esta historia para darle sentido y para explicar porque tras años separados su resolución es casarse. Como dije anteriormente, en esta historia Sasuke tiene once años y Sakura catorce, pero él es más maduro de lo que parece por lo que a la larga será un pilar muy importante para Sakura, le permitirá luchar por aquello en lo que cree, la apoyara y por encima de todo le hará sentir que más allá de una reina también es una joven que merece pensar en si misma. George Lucas ha declarado con el paso de los años, que si "La Amenaza Fantasma" fue una gran decepción como piensan muchos, se debió a que durante la producción y dirección de la película nadie fue capaz de rebatir su criterio de que deberían hacer o aportarle material creativo que utilizar, nadie le aporto ideas ni lo ayudo en la dirección con los actores hasta que rodó "El Ataque de los Clones", y es fácil cometer errores si nadie se atreve a decirte que esta bien o mal, lo que hizo a Jar Jar Binks un personaje nefasto, por lo que en esta historia Metal Lee vendrá a representar a Jar Jar no como acabo siendo sino como yo habría deseado hacer al personaje y para que aporte algo importante a la historia.

Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3