-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Across the Stars" de John Williams para Sasuke y Sakura, "Legends Are Made" de Sam Tinnesz para Sasuke y "Pale" de Within Temptation para Sakura.


Caminando delante de sus clientes, Yahiko estudiaba la pantalla de un banco de memoria portátil, repasando su inventario, en tanto callado y a su espalda, Minato se dejaba guiar hacia la parte trasera del pequeño negocio, concretamente a una especie de vertedero repleto de piezas y repuestos mecánicos de todo tipo y de lo que poco o nada entendía a diferencia de Naruto a su lado y quien contemplaba todo analíticamente para que no intentaran burlarlos, ya habían desperdiciado tiempo valioso varados en Tatooine y no querían desperdiciar más a menos que fuera verdaderamente necesario. Como siempre, Minato estaba poseído por su propia visión del propósito de los Jedi, la naturaleza de su servicio y las causas que debía defender, pero ahora también se sentía particularmente interesado en el muchacho de once años que había visto ingresar en la tienda minutos atrás, el muchacho era sensible a la Fuerza, estaba seguro, lo había percibido tras nada más verlo, pero había algo más que lo hacía especial, era como si de alguna forma inexplicable la Fuerza se intensificara a su alrededor como algo natural, no solo fluía a través de él, estaba en él y de una manera que Minato nunca había visto en ningún Jedi, deseaba saber quién era ese muchacho, pero debía concentrarse en llegar a Coruscant y no en otras odiseas, por lo que el misterio tras este muchacho tendría que esperar. Los pensamientos del Jedi fueron interrumpidos cuando Yahiko volteo a verlos, señalando el enorme repuesto correspondiente al hiperimpulsor que necesitaban.

-Un hiperimpulsor T-14— presento el pelinaranja para satisfacción del joven astromecánico que asintió en silencio, conforme con lo que veía, —tiene suerte, soy el único de este lugar que lo tiene, pero yo compraría otra nave si fuera usted, sería más barato— aconsejo como buen negociante. —Y por cierto, ¿cómo piensa pagar todo esto?— consulto ansioso por ver ganancias.

-Tengo en mi poder 20.000 dataries— contesto Minato con su característica calma, aunque esperaba que no fuera preciso emplear todo ese dinero en reparar la nave, más lo entregaría con gusto con tal de llegar a Coruscant.

-¿Dataries?— repitió Yahiko entre incrédulo y disgustado, —la República no tiene crédito aquí, necesito algo más real—la República poco tenía que ver en el Borde Exterior como para emplear esa forma de pago.

-No tengo otra cosa, pero los dataries le servirán— refuto el Jedi, alzando una de sus manos y agitándola difusamente ante los ojos del toydariano.

-No, no sirven— replico él, sin dejarse convencer por su respuesta.

-Los dataries le servirán— insistió el Namikaze mientras repetía el mismo gesto con más énfasis esta vez.

-No, no los quiero— repitió el pelinaranja de igual modo. —¿Qué?, ¿Se cree una especie de Jedi moviendo la mano de esa forma?— cuestiono con mofa, —soy toydariano, los trucos de la mente no funcionan en mí, solo las monedas— aclaro haciendo evidente su ambición. —Si no paga, no hay partes, no hay trato, y nadie más tiene un hiperimpulsor T-14, se lo puedo asegurar— añadió en caso de que pretendiera hacerlo perder más tiempo.

Pese a estar insatisfecho y disgustado con esta respuesta, Minato se esforzó por no demostrarlo, esbozando una tenue sonrisa de cortesía a modo de despedida, dándole la espalda a Yahiko y retornando cuanto antes al interior del negocio en compañía de Naruto que se mantuvo en silencio a su lado, siempre dispuesto a seguir sus indicaciones. Receloso y decepcionado al ver que lejos de lograr una venta lo habían hecho perder el tiempo, Yahiko siguió a ambos individuos de regreso al interior de su tienda, esperando que al menos si pensaban volver esta vez lo hicieran con algo de valor que ofrecerle, aunque dudaba que tuvieran algo ya que no parecían ser más que simples granjeros, pero su problema no era como obtuvieran recursos sino lucrar. Sentada a medias sobre el mostrador y riendo melodiosamente, Sakura volteo a ver a Sasuke que, sentado tranquilamente y sin quitarle los ojos de encima, parecía fascinado con su sonrisa, y siendo honesta ella había olvidado por completo cuando había sido la última vez que había hablado con un muchacho de su edad—casi, ya que Sasuke era tres años menor—y tampoco recordaba cuando había sido la última vez en que había reído de verdad. La conversación de ambos adolescentes se vio interrumpida en cuanto Minato retorno al interior de la tienda junto a Naruto, evidentemente con las manos vacías y más problemas que soluciones para preocupación de Sakura quien hizo desaparecer su sonrisa al igual que Metal quien seguía inmóvil y de brazos cruzados.

-Nos vamos— anuncio el Jedi tras nada más ingresar, dirigiéndose hacia la salida junto con Naruto, y Metal que los siguió apresuradamente.

-Fue una alegría para mi conocerte, Sasuke— declaro Sakura a modo de despedida y con una radiante sonrisa, —espero volver a verte— deseo genuinamente ya que hace mucho tiempo no había hablado tan sinceramente con nadie.

-Y yo a ti, Sakura— correspondió Sasuke sin apartar sus ojos de ella, ambos intercambiando una última mirada antes de que se marchara con a sus acompañantes.

-Extranjeros, creen que lo saben todo— mascullo Yahiko con disgusto mientras se situaba a su lado.

-A mí me parecieron buenas personas— opino él, encogiéndose de hombros despreocupadamente.

-Solo a ti— resoplo el pelinaranja, admirando su ingenuidad. —Ya puedes irte— concedió ya que dudaba necesitarlo más por el resto del día.

-Si…— celebro el Uchiha en un murmullo antes de abandonar el negocio a toda prisa.

Con el rostro nuevamente iluminado de emoción, aunque también nervioso, expectante y sintiendo el corazón latirle desbocadamente dentro del pecho, Sasuke siguió el trayecto que había visto hacer a Sakura al verla partir, decidido a volver a verla…


Con más problemas que soluciones, Minato condujo a sus compañeros a través de la pequeña plaza de las chatarrerías en dirección a la avenida principal, aún sin saber bien cómo proceder, por lo que el pequeño grupo se deslizo a un callejón entre dos edificios que se dividían, donde estarían a solas y podrían discutir qué es lo que harían, mas Sakura en lo personal no sabía qué hacer y sabía que Naruto y Metal no pensaban diferente. Negando en silencio para sí, el Maestro Jedi extrajo su comunicador de su comunicador para ponerse en contacto con su Padawan, ya que él podría informarlo mejor sobre que había dentro de la nave para al menos intentar hacer un canje, si es que era posible. Evidentemente los dataries no era un recurso valioso en planetas como Tatooine, tan alejados del centro del universo y donde la autoridad de la República era ley, necesitaban obtener recursos o dinero si querían comprar los repuestos que necesitaban, la gran cuestión era ¿cómo? Tatooine era un planeta pequeño y pobre, hacer un canje tal vez fuera la única posibilidad con que contaban, ¿pero que tenían como para intentar hacerlo? Dentro de la nave había provisiones y alimentos además de los ajuares y vestidos de la reina y sus doncellas que si bien era muy valiosos no lo eran para esta gente que vivía no se codeaba con ese tipo de lujos. Apoyando la espalda contra uno de los edificios a sus espaldas, Sakura y Naruto se observaron en silencio entre si mientras Metal se mostraba paranoico, intercalando su mirada hacia el exterior.

-¿Estás seguro de que no queda nada abordo?— pregunto Minato, comenzando a perder la esperanza.

-Solo unas cajas de provisiones y el guardarropa de la reina, pero no les solventaría nada, esta gente no negociaría con algo tan elaborado— negó la voz de Kakashi, igual de apesadumbrado por la problemática situación.

-De acuerdo, ya encontraremos otra solución, llamare más tarde— se despidió el Namikaze antes de terminar la comunicación.

-Los tipos de este lugar están locos, podrían robarnos— se opuso Metal, temiendo por el curso de acción que el Maestro Jedi podía estar tomando.

-Por desgracia no tenemos nada de valor, ese es el problema— tranquilizo el Namikaze con una tenue sonrisa.

Era una pésima broma pero no era ninguna mentira, tal vez y si tuvieran algo de valor alguna persona se atrevería a intentar robarles, pero el problema era que no tenían nada, así daban más lástima que otra cosa, pero necesitaban pensar cómo proceder y rápido. Sin otra razón para permanecer ocultos, el grupo abandono las tinieblas del callejón que hasta entonces los había protegido y retomaron cuanto antes su camino para encontrar otra tienda donde probar suerte, mas era difícil hacer esto último como forasteros en un planeta desconocido, necesitaban de un guía, ¿pero quién? Temblando como gelatina a causa del miedo, no deseando crear problemas ni verse envuelto en ellos, Metal camino dos o tres pasos detrás de sus compañeros, demasiado asustado como para darse cuenta, quedándose atrás justo frente a lo que parecía ser un café al aire libre ante cuyas mesas estaban sentados todo tipo de individuos proveniente de todos los rincones del Borde Exterior y cuyo aspecto intimidante fue suficiente para que el gungan los evitase con la mirada, más en el proceso y sin intención choco accidentalmente con alguien. Se trataba de Tenma Izumo, un individuo de aproximadamente dieciocho años, de tez blanca, ojos negros y alborotado cabello castaño grisáceo, vestía una holgada camiseta azul apagado de cuello en V, cortas mangas por encima de los codos y que se ceñía a su cuerpo por un ligero fajín negro, pantalones y cortos botines negros, además de distintivas muñequeras azul oscuro, y a quien por cierto no le agrado de lo absoluto que el torpe gungan pasara a su lado de esa forma.

-Perdón— se disculpó Metal brevemente, pretendiendo seguir con su camino.

-Oye, ¿Quién te crees que eres?— detuvo Tenma, tomándolo del cuello de la camisa para impedirle alejarse.

-Lo lamento, yo…— intento disculparse el gungan, más de inmediato se arrepintió, —¿por qué siempre me pasa esto?— se preguntó con un susurro, preparándose para recibir un golpe como en ocasiones anteriores.

-Porque estás asustado— contesto Sasuke a su espalda, rodeándolo y colocándose delante de él como escudo. —Tranquilo, Tenma, él no es un donnadie, es amigo del rey Sasori, tendrás problema si le haces algo— advirtió al pelicastaño sin dejarse intimidar por la diferencia de edad entre ambos y haciendo que soltara a Metal.

-Quien tendrá problemas eres tú si sigues metiéndote en mi camino, mocoso— repuso él, prefiriendo no perder el tiempo, pasando junto a él y chocando su hombro a propósito.

-Mejor vuelve a ponerte el bozal— aconsejo el Uchiha, sosteniéndole la mirada y cuando paso a su lado, absteniéndose de entornar los ojos. Temblando tras Sasuke, Metal agradeció el momento en que vio aparecer a Minato, Sakura y Naruto que habían notado su ausencia. —Hola— saludo, olvidándose del disgusto tras nada más ver a Sakura.

-Hola— contestó Minato, curioso por la presencia del muchacho y el problema que tal vez le hubieran causado, —¿qué paso aquí?— pregunto esperando que no se tratara de algo malo.

-Su amigo se peleó con un malastariano, uno muy peligroso llamado Tenma— informo el azabache, de mejor humor gracias a la presencia de la hermosa pelirosa.

-Lo último que quiero son problemas— suspiro Metal a su espalda, aun temblando de miedo.

-Pero el muchacho tiene razón, ese malastariano casi te mata— reconoció el Namikaze, sabiendo que Metal no era un buscapleitos, pero quien sabe que habría ocurrido de no ser por ese muchacho. —Gracias, joven amigo— agradeció antes de recordar que el muchacho poseía conocimientos de mecánico. —Si no es problemas, ¿podrías ayudarnos?— consulto ya que sería más fácil orientarse con un guía en quien confiar.

-Claro— accedió Sasuke despreocupadamente, no teniendo nada mejor que hacer.

En el fondo, Minato aún seguía luchando consigo mismo e intentando entender quién era este muchacho y porque sentía la Fuerza a su alrededor con tanta intensidad, solo que esta vez estaba determinado a obtener una respuesta concreta, pero para lograrlo primero tenía que saber quién era realmente Sasuke Uchiha. Fingiendo no haber visto el sable de luz que el hombre llevaba, Sasuke se decidió a ayudar a estas personas sin importa que apenas los conociera, sabía que necesitaban de repuestos y creía poder ayudarlos al llevarlos a las demás tiendas que conocía a lo largo de Mos Espa, aunque dudaba que encontraran un precio más accesible para lo que estaban buscando, si Yahiko no lo tenía era muy difícil que alguien más lo tuviera, pero los ayudaría de todas formas. Disimuladamente, Sasuke desvió su mirada hacia Sakura que le sonrió al darse cuenta de esto; quería pasar el mayor tiempo posible cerca de ella, y se esforzaría por ello, además en el proceso realizaría una buena acción y no podía quejarse por ello. De pronto e interrumpiendo las reflexiones del muchacho, una fuerte ráfaga de viento azoro la calle, haciendo temblar los postes e hinchando los toldos de las tiendas, y a ello le siguió una segunda ráfaga que levanto nubes de polvo y arena que se arremolinaron en el aire, e incluso todos o gran parte de los presentes en la calle tuvieron que intentar cubrirse el rostro para evitar que la arena chocara contra ellos, mas no era solo una brisa demasiado fuerte sino una advertencia y eso Sasuke lo supo al azar brevemente la mirada al cielo en cuanto el viento se intensificó en una serie de bruscas y cortas ráfagas que llenaron el aire.

-¿Hay otro lugar hacia donde podamos conseguir repuestos?— pregunto Minato, cubriéndose parte del rostro de la ráfaga de arena.

-Por ahora no se los aconsejo— postergo Sasuke, absteniéndose de bufar ante la molesta arena que se arremolinaba alrededor de ellos.

-¿Por qué?— consulto el Jedi, porque lejos de sentir que la ráfaga menguaba, esta no hacía sino volverse más y más intensa.

-Se avecina una tormenta y en cuyo caso lo mejor es tener refugio— contesto el Uchiha por experiencia, —¿lo tienen?— inquirió en caso de que no fuera necesaria su ayuda.

-No te preocupes, joven amigo, volveremos a la nave— sosegó el Namikaze, agradecido por su preocupación y desinteresada asistencia.

-Está lejos de aquí, en las afueras— asintió Sakura, aunque algo le decía que no llegarían a la nave a tiempo, nunca había visto una tormenta de arena pero lo sentía así.

-No llegaran a tiempo, las tormentas de arena se desatan muy rápido aquí— negó el azabache, comprendiendo el error que cometerían si se exponían de esa forma. —Síganme, los llevare a mi casa— guió con un rumbo determinado esta vez.

En tanto tenderos y vendedores comenzaron a cerrar puertas y ventanas, recogiendo sus puestos ante la tormenta que se avecinaba, la primera en dar un paso de confianza fue Sakura, manteniéndose cerca de Sasuke en todo momento antes de que el Maestro Jedi los siguiera y tras él lo hicieron Naruto y Metal quien por cierto ya confiaba en el joven Uchiha desde que lo había protegido. ¿Quién es este muchacho? se preguntó Minato frunciendo pensativamente el ceño mientras caminaba tras el joven Uchiha, cruzando sus brazos bajo su poncho, cada vez más interesado por obtener información sobre su extraña conexión con la Fuerza, ¿quién es?


La tormenta de arena aullaba fuertemente a través de las calles de Mos Espa en un torbellino asfixiante, cegador y de una fuerza implacable que amenazaba con hacer caer a cualquiera, por lo que Sasuke sostuvo de la mano a Sakura quien al igual que él y los demás se cubría difusamente el rostro de la arena con uno de sus brazos, apenas y abriendo los ojos salvo para ver de vez en vez por donde iba, todos en silencio y luchando contra la fuerte ventisca para llegar al barrio de esclavos—que era donde Sasuke vivía—antes de que fuera demasiado tarde y tormenta se volviera peor. Pocas o casi ninguna persona se encontraba en las calles y quienes lo hacían intentaban resguardarse a toda prisa, con pasos vacilantes, la cabeza gacha, el rostro cubierto y el cuerpo encorvado, todos intentando protegerse de la arena. Oscurecida por la arena y las partículas de roca, la luz había adquirido una extraña tonalidad gris amarillenta y los edificios habían desaparecido tras una cortina de polvo entre la que poco podía distinguirse, hasta que por fin llegaron al barrio de los esclavos, una aglomeración de pequeñas viviendas amontonadas casi una contra la otra como si se tratara de hormigueros pero del tamaño suficiente para albergar a una familia numerosa. Soltando solo entonces la mano de Sakura y adelantándose, Sasuke abrió la puerta, apresurándose en entrar como hicieron los demás segundos antes de que la puerta se cerrará a sus espaldas, todos cobijándose bajo la seguridad de un techo y paredes que los aislaron de la tormenta que tenía lugar en el exterior en tanto ellos se sacudían torpemente la ropa en un intento por quitarse la arena de encima.

-¡Mamá, ya llegue!— anuncio Sasuke, revolviéndose distraídamente el cabello. —Vine con unos amigos— añadió al voltear a ver a Sakura que parecía temer que su presencia fuera un problema, pero no lo era ni lo seria.

La casa era pequeña y vieja como cualquiera de las otras que había en el barrio, y las gruesas paredes estaban hechas con una mezcla de barro y arena, era el típico alojamiento que se les proporcionaba a modo de limosna miserable a los esclavos en aquella parte de Mos Espa y puede que no fuera gran cosa, pero era acogedora a ojos de Sakura y sus acompañantes, lo mejor de todo es que era el mejor refugio posible ante la tormenta que aullaba en el exterior, y lo era todavía más con la compañía de Sasuke a quien le dedico una sonrisa como agradecimiento por su ayuda. Los primeros segundos dentro de la casa fueron en su mayoría para recuperarse de la tormenta que tenía lugar en el exterior y que resonaba más que cualquier tormenta que algunos de ellos hubiera escuchado nunca, así como para estudiar la sala que los recibió y cuya estancia era dominada por una larga mesa y varias sillas. Como hacia siempre y tras nada más cruzar el umbral de la cocina, Mikoto apareció en la sala, limpiándose distraídamente las manos en el mandil que usaba sobre su falda, acomodándose tras la oreja un ligero mechón rebelde que se había soltado de la larga trenza en que estaba recogido su cabello, recibiendo a su hijo con una afable sonrisa que trastabillo en cuanto vio al grupo de personas que lo acompañaba…para variar, Mikoto deseo preguntar, deseo pedirle a su hijo una explicación para traer abruptamente a casa a todas esas personas y a quienes no conocía, pero conocía a su hijo y sabía bien que tendía ser demasiado voluntarioso con mucha gente, y por lo visto esta era una de esas ocasiones.

-Soy Minato, y ellos son Sakura, Metal y Naruto— presento el Jedi para romper el tenso silencio que se había formado, interiormente divertido ante la situación, —su hijo tuvo la amabilidad de invitarnos, pero enteremos si nuestra presencia es un problema— de ser ese el caso, solo pedirían refugio hasta que pasara la tormenta y pudieran continuar con su misiva.

-En lo absoluto, si Sasuke confía en ustedes, también yo— refuto Mikoto, lamentando parecer molesta cuando lo último que quería era ser una mala anfitriona, —siéntanse como en su casa— alentó con una amable sonrisa.

-Muchas gracias— asintió el Namikaze, profundamente honrado con su recibimiento.

-Sai, ¿puedes venir un momento?— llamó la Uchiha por sobre su hombro y sin hacer desaparecer su sonrisa.

-En seguida— contesto el muchacho desde el patio, apresurándose en ingresar en la sala. —¿Si?— pregunto solicito mientras se sacudía las manos en sus pantalones.

-¿Podrías preparar las habitaciones por favor? Tenemos invitados— evidencio ella con voz dulce, —yo preparare la cena—intercambió una vaga mirada con Sasuke.

-Claro— asintió el pelinegro de inmediato, antes de retirarse en silencio.

-Si no es problema, quisiera ayudar— se ofreció Naruto, detestando quedarse sin hacer nada.

-Gracias— consintió Mikoto, agradecida por su ofrecimiento y permitiéndole al muchacho seguir los pasos de Sai. —Pónganse cómodos, por favor— invito a los presentes, retornando a la cocina solo que esta vez su hijo la siguió.

-Sabes que mi habitación es lo bastante grande para dos personas— susurro Sasuke al cruzar el umbral de la cocina, —además puedo dormir en la bodega si hace falta— era una suerte que pudiera dormir en cualquier parte.

-Sí, pero eso no es suficiente— refuto ella, acercándose a la alacena. —¿Qué voy a hacer contigo, Sasuke?— pregunto al aire y sin esperar una respuesta.

¿Tal vez venderme y cambiarme por una rata womp? pregunto Sasuke mentalmente, absteniéndose de reír ya que esa era una broma personal que tenía con su madre cada vez que la sorprendía con alguna locura, y no eran pocas las veces en que eso sucedía sino que era algo más bien recurrente, pero su madre ya no se atrevía a contrariarlo sino que solo reía como hizo ahora, negando en silencio para sí mientras se disponía a preparar la cena con su ayuda. Si había extendido su invitación a Minato, Sakura, Naruto y Metal, lo había hecho porque sabía que era correcto ayudar a quien lo necesitara, pero también porque había visto el sable de luz que el Namikaze llevaba en su cinturón y por Sakura quien le había tocado el corazón desde el primer momento en que la había visto, y no se sentía capaz de abandonarla o darle la espalda. Puede que las casas que había en aquel barrio de esclavos fueran relativamente pequeñas y sencillas pero disponían de todo lo necesario para albergar a muchas personas y del espacio suficiente para vivir cómodamente, de hecho había otro dormitorio además del de Sasuke, Mikoto y el suyo, por lo que Sai de inmediato abrió el armario de la habitación que estaba libre y extrajo del interior sabanas y mantas suficientes como para comenzar a preparar las dos camas que ahí había, también prestaría la otra cama que había en su habitación con tal de que la estadía de sus visitantes fuera lo más amena posible, mas sintiéndose observado en medio de su labor resulto toda una sorpresa para Sai voltear y encontrarse con uno de sus huéspedes de pie en el umbral, en concreto aquel entusiasta muchacho rubio que sonrió de forma amigable al ingresar.

-Oh, hola— saludo el pelinegro, no sabiendo si preguntarle o no su motivo para estar ahí.

-Hola, vine a ayudar— contesto Naruto sin ceder en su buen ánimo, aunque sintiéndose algo torpe por su propio entusiasmo.

-Gracias— agradeció Sai, evidentemente sorprendido. —Soy Sai— se presentó, tendiéndole la mano.

-Soy Naruto, un placer— correspondió el rubio estrechándole la mano al instante.

Sonriendo con nerviosismo, ambos muchachos se estrecharon amigablemente las manos, observándose largamente y por varios segundos antes de comenzar a distender las sabanas y mantas al mismo tiempo, observándose y riendo en el proceso; Sakura ya lo había dicho antes, siempre era bueno hacer nuevos amigos.


A poca distancia de Mos Espa, dentro de la cabina de la nave de la reina se encontraban Kakashi, el capitán Sabaku y el capitán Shisui aguardaban por novedades mientras el viento arreciaba más y más a cada segundo en el exterior, en tanto a través de los amplios ventanales de la cabina el horizonte desaparecía más tras una enorme cortina de arena, sin otra cosa que hacer salvo esperar y planear cuál sería su siguiente movimiento. No hay emoción; hay paz, no hay ignorancia; hay conocimiento, no hay pasión; hay serenidad, no hay caos; hay armonía, no hay muerte; hay Fuerza, se repitió Kakashi una y otra vez, citando mentalmente el código Jedi para anclarse a la realidad, negándose a quebrar su autocontrol única y enteramente por su preocupación hacia su Maestro a quien veía como un padre, porque sabía que no era correcto pensar así, eso era un apego y tenía que desligarse de ello, un Jedi no podía tener apegos ni podía dejarse llevar por el miedo, porque el miedo era el camino al lado oscuro. Tenía que confiar en que Minato regresaría y que a pesar de este pequeño traspiés, pronto todos estarían en Coruscant completando exitosamente su misión, debía ser así, pero él debería creerlo primero para que eso sucediera, por lo que dando todo su esfuerzo, Kakashi se mantuvo tan imperturbable en el exterior como le fue posible, cruzando sus brazos sobre su pecho e intentando divisar el horizonte de Mos Espa a lo lejos y que apenas parecía ser un grano de arena entre la feroz tormenta que se libraba fuera de la nave, donde todos afortunadamente estaban a salvo.

-Esta tormenta los detendrá— observo el Hatake con evidente preocupación aunque intentara ocultarlo.

-Es posible— asintió el capitán Sabaku a su lado, estoico como intentaba actuar el joven Jedi.

-Lo mejor será sellar la nave antes de que empeore— sugirió Shisui, volviendo el rostro por encima de su hombro y obteniendo un certero asentimiento tras el cual hizo que la rampa de la nave se alzara y cerrara cuanto herméticamente, protegiendo de la tormenta a todos en el interior. —Llego un mensaje— informo sorprendido ya que según reviso provenía de Naboo.

-Transmítelo a los aposentos de su Alteza— encomendó Rasa, abandonando la cabina junto al Aprendiz Jedi.

Asintiendo en silencio, Shisui hizo lo que determino el capitán Sabaku, volviendo el rostro por sobre su hombro y siguiendo con la mirada al joven Jedi y al capitán hasta perderlos de vista, suspirando sonoramente para sí y enterrando el rostro entre sus manos, sintiéndose nervioso e inquieto, temiendo como pudiera acabar esta misiva, mas negándose a caer en la desesperación hasta no haberlo dado todo. En los aposentos de la reina, Pakura se encontraba sentada solemnemente sobre el trono real, con las manos cruzados sobre su vientre y con una expresión pétrea en su rostro, sabiendo bien cómo comportarse como lo haría Sakura en todo momento, y de pie a su espalda se encontraban Ino y Temari que camuflaban perfectamente su preocupación en tanto atestiguaban la transmisión holográfica del gobernador Raido Namiashi. En ese momento, tanto el capitán Rasa Sabaku como el Padawan Kakashi Hatake ingresaron en la habitación y se sentaron en silencio en uno de los divanes dispuestos en la estancia, prestando total atención a la transmisión: Han cortado todos los suministros de comida hasta que usted regrese, la situación es catastrófica, ya son demasiadas muertes. Sé que es intolerable, Alteza, pero debemos acceder a sus deseos. Le suplico que nos diga que debemos hacer, si recibe esta transmisión, por favor, Alteza, debe contactarme. Ya fuera por interferencia u otra razón, la voz e imagen del gobernador tembló varias veces antes de finalmente desaparecer, sumergiendo la habitación en el silencio absoluto, todos permaneciendo inmóviles y sin que nadie supiera bien que hacer o decir, delegando la decisión final en Kakashi.

-Es una trampa— concluyo el Hatake de forma inmediata, —no responda ni envié ninguna clase de trasmisión— declaro al levantarse y regresar a la cabina cuanto antes.

Inmóvil sobre el trono y sin saber bien que así, Pakura simplemente inspiro aire, esforzándose por mantener la calma mientras permanecía con la frente en alto, empleando el regio actuar que su reina mostraría de estar en su lugar y por quien estaba preocupada así como por su familia en Naboo…necesitaban encontrar una solución para terminar con el bloqueo cuanto antes o miles de muertes pensarían en su conciencia. A causa de su propia indecisión y sus nervios, Kakashi se dirigió cuanto antes a la cabina, apretando fuertemente las manos a cada lado de su cuerpo mientras caminaba, y una vez allí estableció contacto con su Maestro a través de su comunicador sin molestarle la presencia del capitán Shisui, tardando varios segundos en obtener respuesta, segundos que se le hicieron eternos y en que sintió el corazón subirle por la garganta, sin pronunciar palabra. Kakashi se caracterizaba por ser alguien muy dedicado en su vida como Jedi, incluso había abandonado posibilidades como el amor verdadero y una vida tranquila con tal de dedicarse a una causa mayor, y a diario trataba de construir su autoestima en base a su propio esfuerzo y trabajo, pero muchas veces se exigía más porque deseaba superar las expectativas y los márgenes, su Maestro siempre decía que tenía más que aprender y Kakashi jamás lo cuestionaba porque sabía que tenía razón, a sus veinticinco años podía ser algo mayor para ser un Padawan aun, pero sentía que tenía más que aprender antes de ser un verdadero Jedi. Afortunadamente y yendo en su ayuda, su Maestro finalmente contesto a su llamada, escuchando pacientemente lo que tenía que él decir.

-Hiciste bien, Kakashi— aseguro Minato, transmitiéndole calma desde donde sea que estuviera.

-La reina está muy preocupada, y creo que no ayude al no saber si estaba procediendo oportunamente— confeso el Hatake, avergonzado por tener dudas…no era un adolescente para sentir inquietud, ya tenía veinticinco años después de todo.

-Estoy seguro de que esta transmisión es un anzuelo para rastrear nuestra posición— sosegó su Maestro, haciendo que regresara su concentración a la labor de proteger a la reina que era lo importante.

-¿Pero y si es cierto?, ¿y si está muriendo su gente?— pregunto Kakashi, ya se había enfrentado a una situación parecida en Mandalore hace varios años, y no quería que nadie viviera algo así otra vez.

-Sea como sea, se agota el tiempo— murmuro Minato antes de cortar la transmisión, igual de preocupado que él.

Mordiéndose la lengua para no formular otra pregunta en ese instante, Kakashi negó en silencio, regresando su comunicador al interior de su túnica y llevándose una mano al mentón en un gesto pensativo, tamborileando sus dedos nerviosamente mientras contemplaba a través de los ventanales la voraz tormenta que se desataba en el exterior y que coincidía perfectamente con sus turbulentos pensamientos...


Coruscant

La noche se extendía sobre el infinito y urbano paisaje del planeta Coruscant, el centro y sede de la República Galáctica, todo un planeta que era una ciudad entera hasta donde alcanzaba la vista y más allá, el cielo nocturno era un enorme y aterciopelado lienzo oscuro repleto de estrellas lejanas y pináculos relucientes que parecían emular la iluminación de los edificios en la superficie terrestre. Ataviado en un solemne abrigo negro con capucha que servía para ocultar su rostro y que lo hacía parecer una criatura de la noche, Kinshiki Otsutsuki contemplaba la serena y caótica vista de la civilización desde el balcón de su residencia, y a su lado se encontraba su aprendiz Pein con los brazos cruzados, expidiendo arrogancia con cada respiración que daba, cargado de valor, el aprendiz perfecto de cualquier Sith, por el momento ya que más pronto que tarde se le ocurriría reemplazarlo por alguien más, esa era la naturaleza Sith. El propio Kinshiki Otsutsuki había asesinado a su Maestro mientras dormía hace menos de un año para obtener el poder absoluto y no ser reemplazado, hoy tenía un aprendiz pero eventualmente lo reemplazaría en cuanto encontrara a un candidato mejor y más capaz, alguien más poderoso porque ese era el estilo de vida de los Sith. Los Jedi llevaban años sumidos en la arrogancia, creían haber ganado la guerra contra los Sith, mas Kinshiki solo estaba dejando que se confiaran y erraran lo suficiente mientras él manejaba todos los hilos en las sombras, trazando su ascenso a la gloria máxima, y tan solo pensar en ello hizo sonreír ladinamente al lord Sith bajo la capucha de su abrigo.

-Tatooine no es muy poblada, si el rastro es el correcto los hallare pronto, Maestro— vaticino Pein con arrogancia, convencido de que obtendría una victoria.

-Primero ocúpate de los Jedi— aconsejo Kinshiki con voz suave, como si hablara con un niño, —así no tendrás dificultades para llevar a la reina a Naboo y lograr que firme el tratado— todo dependía de que esa niña con aires de grandeza estuviera en sus manos.

-Finalmente nos rebelaremos ante los Jedi, al fin la venganza será nuestra— predijo el pelinaranja con evidente satisfacción.

-Has sido bien entrenado, joven aprendiz, serán rivales inferiores a ti— asintió el Otsutsuki, confiando en los talentos de su aprendiz, hasta que encontrar a alguien mejor.

Los Sith existían desde hace dos mil años, eran un culto entregado al lado oscuro de la Fuerza y al egoísmo, a vivir por sí mismos, no seguían el bien sino que sus propios deseos sin importar por encima de quien debieran pasar para obtener lo que querían, porque ellos sabían que el verdadero poder no residía en la luz sino en la oscuridad, eso los diferenciaba de los Jedi. A diferencia de la Orden Jedi compuesta de decenas y cientos de miembros, los Sith despreciaban los conceptos de la cooperación y el consenso, solo se guiaban por la creencia de la adquisición del poder y habían elegido vivir de solo dos miembros, un Maestro y un Aprendiz, porque su mantra impedía que compartieran el poder. Su norma era sencilla; el Maestro asesinaba al Aprendiz si este se volvía más poderoso o el Aprendiz asesinaba a su Maestro para obtener el control total, era un círculo vicioso de placer, ambición, poder y control donde uno debía caer y el otro alzarse, y ya verían quien de los dos viviría y quien moriría.


La tormenta siguió abatiendo Mos Espa sin importar el paso de las horas, haciendo caer cientos de granos de arena sobre toda la ciudad, formando pequeñas rampas sobre las puertas y las paredes, nublando el aire y ocultando los soles gemelos cuyo calor de todas formas caía implacable sobre la superficie, pero nada de eso parecía afectar a la familia Uchiha y a sus huéspedes quienes en ese momento se encontraban reunidos en torno a la mesa de la sala mientras Sasuke Sakura—que había insistido en ayudar—servían la cena que Mikoto había preparado. Minato estaba sentado en la cabecera y a su diestra estaban Metal y Naruto junto a Sai, mientras que en el otro extremo se sentaron Mikoto, Sakura y Sasuke. Puede que la tormenta siguiera aullando en las calles, pero todos estaban a salvo bajo techo, escuchando de sus anfitriones como era la vida en este inhóspito planeta poblado de todo tipo de razas, sin ley u orden y con dos soles implacables, pero particularmente relatándoles su vida como esclavos. No era intención de Mikoto despertar lastima en lo absoluto, puede que ser esclava fuera una vida degradante pero ella no se sentía desgraciada a pesar de ello, si bien desearía poder darle una vida mejor a su hijo, en lo personal no tenia de que quejarse, Yahiko no era un mal amo como si lo había sido Hidan Akatsuna y ella podía dedicarse enteramente a administrar su negocio desde casa y cuidando de todo, no, esa no era una mala vida a su entender, mas no parecía ser así para sus huéspedes que se encontraban sorprendidos con su buen ánimo, especialmente Sakura que negó en silencio para sí al oírla.

-Es común, implantan trasmisores en alguna parte del cuerpo de los esclavos, así pueden someterlos o castigarlos según su juicio si son "desobedientes" o si intentan escapar— relato la Uchiha mientras disfrutaba de la cena, como todos.

-No puedo creer que aun haya esclavitud en la galaxia, las leyes de la República contra la esclavitud…— alego Sakura, horrorizada por sus condiciones de vida.

-La República no existe aquí, por lo que sus leyes no se aplican— interrumpió Mikoto, enternecida ante los buenos sentimientos de la joven, —aquí todos debemos ver por nosotros mismos— dolía admitirlo, pero así era la vida para quienes no tenían nada.

Puede que fuera joven, pero como reina de su propio planeta—aunque nadie de los presentes sabia eso—, Sakura se sentía indignada de que personas inocentes y buenas tuvieran que ser esclavos de aquellos que poseían riqueza y poder, su planeta Naboo vivía de la democracia y lo había hecho durante siglos, ella misma había sido elegida reina no por tener sangre noble sino que por su inteligencia y buen corazón, su madre había sido médico y su padre maestro en una universidad, tenía raíces humildes de las que enorgullecerse, ¿por qué otras personas tenían que sufrir por ello? Interrumpiendo inocentemente la conversación, Metal Lee sorbió sonoramente de su plato, sin precisar de cubiertos para comer a diferencia de como hacina los demás y que lo observaron ante el sonido que provoco, los gungan eran una sociedad muy avanzada pero para ellos era signo de agradecimiento comer con gusto y hacerlo evidente, mas dándose cuenta de que esto no era signo de "buena educación" a ojos de todos, Metal se disculpó antes se volver a comer, intentando no emitir sonido alguno esta vez. Surgieron largos segundos de silencio en la mesa y que nadie se atrevió a romper por temor a decir algo apropiado, más ya fuera por el hecho de que estaba sentado a su lado o porque no podía quitarle los ojos de encima, no pasó desapercibido para Sasuke el brillo de tristeza y melancolía en los ojos esmeralda de Sakura, y sintió su corazón oprimirse por eso, no era la primera vez que veía a una chica triste pero esta vez sentía que no podía vivir con ello, no quería ver a Sakura triste sino feliz, y de inmediato se le ocurrió el nuevo tema de conversación.

-¿Han visto alguna carrera de Orbaks?— pregunto Sasuke, intentando aligerar el ambiente, más Sakura negó en silencio, intrigada.

-Hacen carreras en Malastare, peligrosas y muy veloces, solo los jinetes más experimentados participan en ellas— asintió Minato quien había visto una de ellas y sabía que eran un espectáculo muy salvaje.

-Yo lo hago desde los ocho años, siempre soy el más joven que participa— contesto el Uchiha sin intención de ser arrogante sino que solo sincero.

-Debes tener reflejos de Jedi para ello— observó el Namikaze, estudiando silenciosamente al joven. Metal nuevamente volvió a sorber sonoramente de su plato, solo que esta vez y al terminar, Minato haló firmemente de una de las mejillas del gungan a modo de reprimenda. —Ya no lo hagas— puntualizo haciendo que Metal asintiera, y solo entonces acepto soltarlo.

-Eres un Jedi, ¿cierto?— pregunto el azabache, armándose de valor para formular aquella pregunta.

-¿Por qué crees eso?— pregunto Minato calmadamente y sin contestar aun a su pregunta.

-Vi el sable de luz que llevas, solo los Jedi usan ese tipo de arma— obvio el Uchiha, revelando por fin ese detalle crucial.

-Tal vez mate a un Jedi y se la robe— sugirió él con falsa pretensión, pero sin lograr intimidar al muchacho.

-No lo creo, nadie mata a un Jedi— protesto Sasuke, porque hasta donde había oído los Jedi eran invencibles.

-Ojala fuera cierto— suspiro el Namikaze en voz alta, deseando que tal cosa fuera posible.

Ojala y aquello fuera verdad, ojala y los Jedi pudieran ser invencibles y escapar de la muerte pero en los últimos años aquello ya no era algo de lo que la Orden Jedi pudiera jactarse, tras la guerra contra los Sith hace dos milenios no solo la Orden se había visto reducida en número sino que estaban viviendo un lento declive hacia su final y el propio Minato lo sabía, muchos Maestros habían renunciado por diversos motivos debido a su discrepancia con los ideales Jedi y entre ellos se encontraba su propio Maestro el Conde Madara de Serenno a quien no había visto desde hace muchos años. Pero Minato no estaba muy lejos de su antiguo Maestro en cuanto a opiniones o creencias se refería, si no formaba parte del Consejo Jedi no era porque sus habilidades no fueran destacables o digna de admirar sino porque tenía su propia forma de hacer las cosas y eso no era del agrado de muchos, creía que la Fuerza no era solo el lado luminoso sino también el roce con el lado oscuro, Kakashi a menudo pensaba que debería ser más solicito y consecuente con el Condigo Jedi y seguir los preceptos de los miembros del Consejo, tal vez así podría tener un escaño y formaría parte en las decisiones importantes, pero Minato estaba convencido en que solo la Fuerza guiaba su destino, no los seres vivientes. Hasta entonces Sasuke había ocultado su curiosidad, pero ya no podía hacerlo más, ninguno de ellos era de Tatooine y era evidente para él, Sakura sabia demasiadas cosas, Naruto era muy diestro en astromecánica, Metal...no era como nadie que hubiera visto y Minato era un Jedi, no había Jedi en el Borde Exterior.

-A todo esto, ¿Por qué están aquí?, ¿Han venido a liberar esclavos?— el Uchiha pregunto esto último con sorna, necesitando de una explicación si iba a ayudarlos.

-Veo no se te puede engañar, Sasuke— celebro Minato, intrigado por si ingenio y habilidad de percepción. —No, me temo que no vinimos por eso, nos dirigimos a Coruscant, el Sistema Central de la República en una misión muy importante— revelo aunque sin dar mayores detalles.

-Nuestra nave se dañó y estaremos aquí hasta lograr repararla— intervino Sakura que hasta entonces había guardado silencio.

-Si quieren puedo echarle un vistazo, soy bueno reparando cosas, puedo reparar lo que sea— declaro Sasuke, deseoso por serles útil, lo que hizo sonreír a Minato y a su madre. —En cuanto a los repuestos que necesitan, no puedo ayudarlos con eso, sin dinero es imposible obtener las piezas— Yahiko se daría cuenta de inmediato si se le ocurría intentar robárselas.

-Los negociantes deben tener alguna clase de debilidad— reflexiono la Haruno en voz alta y con expresión pensativa.

-Las apuestas— contesto Mikoto al instante. —Todo gira alrededor de las apuestas de las carreras de Orbaks— se celebraba una nueva carrera cada mes y era un vicio para toda la población ganar o perder dinero en ellas.

-Carreras de Orbaks…— murmuro el Jedi para sí, —la avaricia puede ser un poderoso aliado— el problema era que no tenía a nadie que compitiera en la carrera.

-Yo tengo un Orbak, uno muy rápido, y la siguiente carrera será dentro de dos días— planteo Sasuke, disimulando su propia emoción al respecto, —si yo compito, tal vez usted pueda hacer un trueque con Yahiko para que cambie los repuestos por las ganancias de la carrera— no solo era un buen plan, sino que no existía otra posibilidad.

-Sasuke, Yahiko no te dejara competir— protesto Mikoto, incapaz de ocultar su preocupación.

-Yahiko no sabe que tengo un Orbak, Minato puede decirle que es suyo y que me patrocinara como piloto— replico él, buscando una solución tan rápido como le fue posible.

-No quiero que compitas, es horrible, sufro cundo Yahiko te obliga a hacerlo— se quejó ella, porque no estaba dispuesta a tolerar que su hijo arriesgara su vida de nuevo.

-Pero me encanta, mamá— recordó Sasuke, y esa era tal vez su única alegría en su vida como esclavo. —El premio puede pagar por los repuestos que necesitan— apremio en un intento por convencer a su madre, y porque sabía que ayudarlos era lo correcto.

-¡Sasuke!— suspiro la Uchiha, aun sin ser capaz de enfadarse con él, ¿Cómo podría?

-Tu madre tiene razón, Sasuke, puede ser demasiado peligroso— intervino Minato, no deseando ser la razón de una pelea entre una madre y su hijo. —¿Hay algún simpatizante de la República que pueda ayudarnos?— consulto para liberarlos de la carga que representaba asistirlos.

-No…— negó ella, lamentando ser quien diera aquella respuesta y levantándose para recoger la mesa con una triste expresión en el rostro, pero en el proceso su hijo sostuvo una de sus manos, encontrando su mirada con la suya.

-Mamá, tu siempre dices que el problema del universo es que nadie se ayuda entre sí— recordó Sasuke, porque si querían generar un cambio no lo harían quedándose sentados sino actuando, y él quería hacerlo.

-Señora, no es nuestra intención arriesgar la vida de su hijo— medio Sakura para ayudarla, no queriendo ser un problema para nadie. —Encontraremos otra alternativa— prefería ser prisionera de la Federación de Comercio a arriesgar a esta bondadosa familia que los había ayudado tan noble y desinteresadamente.

-Pero no la hay— protesto Mikoto al voltear a verla, agradeciendo su amabilidad más sabiendo que no podría vivir tranquila al quedarse sin hacer nada. —Tal vez no me guste, pero es su deber; su destino será ayudarlos— era así, lo sentía en su corazón.

Odiaba que su hijo corriera peligro, pero siempre había sentido que Sasuke estaba destinado a algo más grande que solo ser un esclavo, y no podía seguir aferrándolo a su lado, tenía que dejar que fuera libre incluso si para eso debía alejarse de ella. Esforzándose lo más posible por contener su emoción, Sasuke sostuvo las manos de su madre entre las suyas, agradeciéndole por este pequeño gusto, este pequeño permiso para arriesgarlo todo aunque no ganara otra cosa que su propia libertad, para él eso valía más que cualquier cosa en el mundo. Con una mano apoyada contra el mentón, Minato observo al muchacho, meditabundo sobre quien era realmente y más que dispuesto a descubrir su extraña conexión con la fuerza.

Averiguaría a que estaba destinado Sasuke Uchiha, era una promesa.


Tras la cena, el acogedor hogar de la familia Uchiha se había sumido en el silencio mientras todos se separaban y preparaban para dormir, Sai compartiría habitación con Naruto, Minato con Metal, Sasuke conservaría su habitación para él solo y Sakura compartiría habitación con Mikoto, las decisiones ya habían sido tomadas y no restaba otra cosa salvo dormir, más Minato se veía imposibilitado a sentir sueño, permaneciendo de brazos cruzados en el umbral trasero de la casa, contemplando la serena noche desde el patio ahora que la tormenta por fin había pasado. La calma y el silencio era perfectos para el Jedi que mantuvo los ojos cerrados, meditando y uniéndose a la Fuerza, pensando en su vida y en lo que iba a suceder desde mañana…sabía lo que el Consejo Jedi decía de él, que era terco, impetuoso y que tomaba decisiones temerarias, pero lo hacía confiando en la Fuerza, como debería hacer cualquier Jedi en su lugar. ¿Tan malo era infringir las reglas cuando su conciencia le susurraba que lo hiciera? La Fuerza era un concepto complejo y difícil, los Jedi siempre trataban de mantener el equilibrio pero disfrutaban tanto del control que olvidaban la importancia de unirse a la Fuerza y olvidaban cuál era su voluntad real, Minato siempre se sentía pleno al seguir lo que la Fuerza le indicaba que hiciera y por ello se sentía ligado al joven Sasuke Uchiha, veía en él una promesa que no podía pasar por alto. Luego de recorrer gran parte de la casa en busca del Maestro Jedi, Sakura llego a la puerta trasera que daba con el desierto y de pie en cuyo umbral encontró al Maestro Minato, completamente ajeno de su presencia.

-Maestro Jedi— llamo Sakura a su espalda, sacándolo de sus propios pensamientos y haciendo que volteara a verla, —hay algo que quiero darle— menciono con una sonrisa.

-¿Sí?— pregunto Minato segundos antes de que la joven extranjera de entre sus ropas un pequeño cofre que abrió, repleto de hermosas joyas y cristales de todos los colores que se pudieran imaginar. —¿Y esto?— inquirió sin saber que decir respecto a este ofrecimiento.

-Son algunas joyas que la reina me obsequio hace tiempo— contesto ella, aunque no era del todo una mentira, —usted sabrá convertirlas en alimento y los recursos que necesitemos durante nuestra estadía— delegó sin menguar en sus deseos.

-No puedes deshacerte de ellas— insistió el Namikaze reprobatoriamente, —además no alcanzaría mucho— se justificó en espera de hacerla cambiar de parecer.

-Lo que no podamos arreglar nosotros, ya la Fuerza podrá hacerlo— repuso la pelirosa con una tenue sonrisa.

Las joyas que le entregó al Maestro Jedi eran las joyas menos valoradas que le habían sido dadas al subir al trono y que por precaución había mantenido consigo en esta travesía, pero nadie tenía porque saber eso; ya era suficiente de la reina hermosa y perfecta, ella no necesitaba de joyas ni nada parecido, pero si podía las usaría para intentar ayudar a su propia gente, o al menos por ahora hasta que encontrara otra salida. Los Jedi no podían tener posesiones valiosas, el apego estaba prohibido y sabiendo esto es que Sakura agradeció que el Maestro Minato comprendiera el valor que algunas cosas materiales si podían tener para ella, más con gusto daría más con tal de liberar a su planeta y a su gente, pero como por ahora no contaba con mayores recursos, esperaba que estas joyas pudieran alcanzar para sustentar a todos, Mikoto, Sasuke y Sai les estaban brindando noble y desinteresadamente su ayuda, y lo mínimo que podían hacer era intentar ayudarlos, no podían solo abusar de su bondad sin más, ellos también debían aportar algo y ella lo haría en nombre de todos. Imposibilitado a hacer cambiar de opinión a la amable y bondadosa joven, el Maestro Jedi asintió en silencio ante la petición de Sakura, recibiendo el pequeño cofre repleto de joyas que se veían muy costosas, y si bien no creía poder obtener mucho al venderlas, lo intentaría de todas formas para hacer lo que ella le pedía. Compartiendo una última mirada, ambos se separaron, Minato regresando a su habitación y Sakura permaneciendo de pie en el umbral del patio, abrazándose a sí misma ante la fría brisa nocturna que la envolvió, aunque no tan fría como la de Naboo.

-¿Cansada?— pregunto una voz a su espalda, haciéndola sobresaltar antes de voltear y encontrarse con Sasuke.

-Me asustaste— se quejó Sakura, ahogando una risa nerviosa mientras se llevaba una mano al centro del pecho.

-Perdón— se disculpó el Uchiha, golpeándose mentalmente debido a su exabrupto. —Ven, quiero mostrarte algo— guio sosteniendo una de las manos de ella.

Con una inevitable sonrisa, Sakura se dejó guiar por Sasuke en medio de las penumbras del patio hacia la bodega, no es como si no pudiera negarse, podía y sabía que tal vez debía hacerlo porque no era apropiado ser tan íntima con un muchacho al que acababa de conocer, pero había algo en Sasuke que lo hacía diferente del resto de los muchachos que había conocido, era inocente, muy sincero y transparente, no había fingimientos en él, y tenía una seguridad abrumadora, siempre parecía saber lo que hacía y la hacía sentir a salvo, era un sentimiento extraño pero Sakura sentía que podía confiar en él, lo había sentido al nada más verlo. Soltando la mano de Sakura por fin, Sasuke abrió la puerta y le indico que entrara primero, mas nada podría haber preparado a Sakura para la vista de aquel Orbak imponente y de oscuro pelaje negro que la observo en silencio…había visto a Orbaks antes, los había en Naboo y al igual que otras especies equinas, pero nunca tan de cerca. Dejando entreabierta la puerta a su espalda, Sasuke cruzo nerviosamente los brazos sobre su pecho, prestando suma atención a las reacciones de Sakura que con duda acaricio la cabeza de Cesar que relincho por lo bajo y se mostró amigable con ella como solo había hecho con él, no sabía que sentir con respecto a Sakura, llevaba menos de un día conociéndola y sin embargo era la primera persona con quien sentía que podía ser sincero y compartirlo todo, ella escuchaba todo lo que tenía que decir con la sonrisa más bella que hubiera visto y que se alegró de ver mientras se acercaba para también acariciar a Cesar que parecía disfrutar ser el centro de atención.

-¿Qué te parece?— pregunto Sasuke, esperando ansiosamente su reacción.

-Es hermoso— contesto Sakura impresionada, —¿es tuyo?— inquirió al volver el rostro sobre su hombro para encontrar su mirada con la de él.

-Podría decirse, lo encontré en medio del desierto o él me encontró a mí— aludió el Uchiha con una sonrisa ladina. —Si todo sale bien, planeo correr con él dentro de unos días— revelo ya que de este amigo suyo dependía para ganar la carrera y ayudarla.

-Pero, dijiste que es peligroso— protesto la Haruno con evidente preocupación. —Si lo es, no querría que te arriesgaras— se habia convertido en un gran amigo para ella y no podría vivir consigo misma al permitir que le pasara algo.

-No es nada, ya lo he hecho antes— tranquilizo él, y no era ninguna mentira porque nunca había corrido demasiado peligro, se había roto un par de huesos pero no más, —además soy el único que puede hacerlo, y ustedes necesitan esos repuestos— recordó ya que se arriesgaría con gusto y más con tal de ayudarla a ella. —Estaré bien, lo prometo— añadió como juramento y sin apartar su mirada de la de ella.

Con cautela y contenida emoción, como si temiera ser rechazado, Sasuke rozo una de sus manos contra de Sakura, temiendo invadir su espacio, más lejos de sentirse ofendida, Sakura correspondió a su cercanía con una sonrisa y entrelazando sus manos como él había temido hacer, alentándolo a ser tan sincero y transparente con ella como quisiera…desde el primer momento en que la había visto lo había pensado, pero ahora estaba convencido: ella realmente era un ángel.


PD: Saludos, queridos míos, aquí me tienen actualizando fielmente otra de mis historias, y pronto lo haré con otras mas, lo prometo, ya trabajo en ello :3 las siguientes historias serán "La Bella & La Bestia" la próxima semana, nuevamente "A Través de las Estrellas" la siguiente y por ultimo "El Emperador Sasuke", por lo que les sugiero mantenerse atentos si alguna de estas historias es de su interés :3 esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader

-Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi

-Minato Namikaze como Qui-Gon Jin

-Naruto Uzumaki como R2D2

-Sai Yamanaka como C-3PO/Kitster Chanchani Banai

-Mikoto Uchiha como Shmi Skywalker

-Danzo Shimura/Kinshiki Otsutsuki como Sheev Palpatine/Darth Sidious

-Pein como Darth Maul

-Madara Uchiha como el Conde Dooku

-Pakura como Sabé

-Ino como Rabé

-Temari como Eirtaé

-Rasa Sabaku como Capitán Panaka

-Metal Lee como Jar Jar Binks

-Raido Namiashi como Sio Bible

-Shisui Uchiha como Ric Olié

-Tenma Izumo como Sebulba

-Yahiko como Watto

Referencias, Detalles y Alusiones: El pensamiento de Sasuke sobre que su madre lo venda y cambie por una rata womp es una referencia a la frase de Lilo y Stich "entonces véndeme y cómprate un conejo", aunque también a una escena eliminada de "A New Hope" ya que son las ratas a las que Luke Skywalker y su amigo Biggs Darklighter disparaban en sus T-16 durante sus dias en Tatooine. La mención de Kakashi recordando una misión pasada en Mandalore y haber dejado al amor de su vida por ser un Jedi es una referencia a la misión que Qui Gon y Obi Wan realizaron durante un año en Mandalore (antes de los eventos de "La Amenaza Fantasma")para ayudar a la duquesa Satine Kryze a recuperar el control del planeta e instaurar un gobierno pacifista, mismo año donde Obi Wan y Satine se enamoraron, e hice la mención a propósito ya que mas adelante representare su relación en esta historia durante el arco de "Clone Wars". La escena de Sakura entregando algunas joyas suyas a Minato para que él las cambie por dinero suficiente para comida u otros recursos esta inspirada en el personaje de Catalina de Aragón, interpretada por Natalia Rodríguez en la serie de RTVE "Isabel". El pensamiento final de Sasuke sobre estar seguro de que Sakura es un ángel es una referencia a las primeras palabras que le dijo Anakin a Padme al conocerla, y por el apodo cariñoso con que él se refiere a ella, "ángel".

Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3