-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Pale" de Within Temptation para Sakura, "Across the Stars" de John Williams para Sasuke & Sakura, y "Legends Are Made" de Sam Tinnesz para Sasuke.


En lo que pareció ser una eternidad para todos o gran pare de los viajeros, finalmente la nave de la reina abandono el hiperespacio y se encontró cara al llamativo planeta conocido como Coruscant, la sede de la República y el centro de todo lo que sucedía en la galaxia. Coruscant era distinto de otros planetas, no proyectaba suaves tonos verdes o azules sino un extraño resplandor plateado que surgía de los reflejos que el sol arrancaba a su superficie metálica, porque toda la superficie era una ciudad hasta donde alcanzaba la vista, no había nada más, ni verdor ni vida natural fuera de quienes poblaban las calles y que parecieron más claras a medida que la nave se acercaba a la superficie. Sentado junto al capitán Shisui, Sasuke se encontraba actuando como copiloto de la nave, contemplando con disimulada sorpresa el planeta que tenía delante de los ojos. El capitán de los pilotos había apreciado su curiosidad sobre el funcionamiento de la nave y le había dado oportunidad de asistirlo en el viaje, primero porque ninguno de los otros pilotos nubianos tenían experiencia suficiente y en segundo lugar por el evidente talento del muchacho que se esforzaba por no dejarse impresionar por la imponente vista, haciendo sonreír a Shisui. Coruscant se veía como una ciudad demasiado ajetreada para su gusto y la interminable sucesión de edificios le parecía atosigante, él nunca podría cambiar su tranquilo modo de vida Naboo donde se escuchaba el cantar de aves y se veía verdor y naturaleza hasta saciarse.

-Bien hecho, Sasuke, puedes volar con nosotros cuando quieras— felicito Shisui con una sonrisa.

-Tal vez acepte alguna vez, capitán— considero el Uchiha con una sonrisa ladina, preparando la nave para el aterrizaje con las instrucciones del capitán. —Así que esto es Coruscant— suspiro con sorpresa, sintiendo que podía perderse en un planeta tan grande.

-Sí, todo el planeta es una ciudad completa— asintió él, conociendo bien la arquitectura "civilizada". —Y esa es la nave del Canciller Asuma, el Senador Shimura nos está esperando— señalo la plataforma de aterrizaje donde aguardaba una pequeña comitiva.

Desde la cabina, ambos maniobraron la nave hacia la lanzadera para aterrizar, atravesando el complicado tráfico aéreo y el laberinto de edificios, reduciendo la velocidad de la nave y dirigiéndola hacia la plataforma de descenso que permanecía suspendida en el aire a varios cientos de niveles por sobre el suelo, y sobre la cual aterrizaron la nave con una leve sacudida. La escotilla de la rapa de descenso se abrió y permitió el descenso de los guardias que custodiaba a la reina quien abandono la nave en compañía del capitán Sabaku de cuyo brazo se asió Pakura con camuflado temor, más solo basto que intercambiara una mirada con Sakura que caminaba a su lado junto a Ino y Temari, para controlar su inquietud. De pie tras la reina la seguían el Maestro Minato, su Padawan y el Uchiha que bajaron la cabeza tan pronto como vieron aproximarse al Senador Danzo Shimura. La primera impresión de Sasuke fue que no parecía ser una mala persona, al menos no en apariencia, tenía corto cabello oscuro elegantemente peinado, ojos serios y una tenue cicatriz en forma de X a la altura del mentón pero sabía cómo parecer amable de alguna forma, vestía un elegante atuendo de inspiración nubiana; camisa azul grisáceo de mangas ceñidas y cuello alto ligeramente dorado en forma de triángulo, por sobre la camisa una chaqueta más clara de cuello en V cerrada por cinco botones gemelos plateados hasta el abdomen, con mangas ceñidas, pantalones de cachemira color negro y botas de cuero a juego, finalmente un abrigo de tafetán azul grisáceo que se cerraba escasamente a la mitad del pecho con hombreras de piel negra y mangas abullonadas.

-Es una alegría verla a salvo, Majestad, el bloqueo de las comunicaciones nos preocupó enormemente— saludo Danzo, dando un paso al frente y dedicándole una amable sonrisa a su reina. —Le presento al Supremo Canciller Asuma Sarutobi— se hizo ligeramente a un lado para que la reina viese al Canciller.

-Bienvenida, Alteza, me honra conocerla en persona— Asuma inclinó la cabeza ante la joven reina con una tenue sonrisa, siempre protocolario.

-Gracias, Canciller— asintió Pakura con una sonrisa, intercambiando una casi imperceptible mirada con Sakura quien le hizo saber que hacer.

-Ha de saber que estamos muy angustiados por la presente situación, solicite una sesión especial del Senado para que exponga su posición— informó el Sarutobi tratando de ayudarla y hacerla sentir lo más cómoda posible.

-Muchas gracias, Canciller, es muy amable— asintió la reina con una pequeña sonrisa, siempre elegante y majestuosa.

El Canciller Asuma parecía imponente en una larga túnica borgoña-marrón de cuello alto y cerrado, con mangas ceñidas y que se cerraba a su cuerpo por un fajín azul zafiro a juego con el amplio abrigo azul claro de terciopelo que usaba y permanecía abierto, con cuello amplio y doblado para parecer hombreras, de mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas. Desde su lugar, Sakura lo juzgo amablemente, tenía ojos marrones, corto cabello negro y barba, era un hombre amable que desde su subida al trono le había manifestado amistad y apoyo en lo que necesitara, y ahora quería creer que podría ayudarla y a Naboo como tanto necesitaban. Dándose cuenta de que Sasuke la estaba viendo en ese momento, Sakura sonrió disimuladamente, sintiendo la misma preocupación y ansiedad que él sobre lo que estaba por venir, tranquilizándolo ahora que él tanto necesitaba de su apoyo. En un gesto tanto formal como aparentemente amable, el Senador Shimura tendió su brazo a la joven reina para guiarla hacia su lanzadera o nave personal para que pudiera ponerse más cómoda en los apartamentos que había destinado tanto para ella como para todos sus acompañantes, algo a ante lo que Pakura no pudo negarse, siendo seguida por sus doncellas así como Metal y Sasuke. Reservados y callados hasta entonces, Minato y Kakashi permanecieron junto al Canciller Sarutobi, ambos deseaban disculparse por el fallido resultado de la misión con la Federación de Comercio, pero el Sarutobi calmo sus temores con un único asentimiento en silencio, sabiendo que ellos habían hecho todo lo posible y más.

-Es una pena que las negociaciones no hayan sido provechosas, pero confió en que podamos extender una propuesta de dialogo cuanto antes— manifestó Asuma, intentando mediar en todo conflicto como buen demócrata.

-Así sea— asintió Minato, completamente de acuerdo. —Canciller, debo hablar con el Consejo Jedi, la situación se volvió mucho más complicada— explico, recibiendo un certero asentimiento en respuesta.

De pronto, como si sintiera que algo andaba mal, Sasuke volvió el rostro por sobre su hombro hacia Minato y Kakashi, no sabiendo si hacia bien al seguir a la reina o si debía seguirlos a ellos, más al intuir sus pensamientos es que el Maestro Jedi asintió en silencio justo cuando Sakura lo llamó para sacarlo de sus divagaciones e invitarlo a sentarse como acabo haciendo. Ya podría pensar en su futuro más adelante…


Gozando de la amable hospitalidad del Senador Danzo y su esposa Takara que en esos momentos la informaban de todo, la reina Hanan se encontraba en sus provisionales aposentos junto al capitán Rasa Sabaku y sus doncellas Ino y Temari mientras Pakura descansaba tras su laboriosa entrega al fingir ser ella. Paseándose con una expresión analítica y pensativa en su rostro, la reina Hanan portaba un sencillo vestido lila grisáceo de cuello bajo en V que cubría holgadamente bajo una exquisita capa suprior de seda y gasa malvada claro de profundo escote en V que se cerraba bajo el busto y se entallaba femeninamente por un grueso fajín mantequilla bordado en plata que colgaba por el frente hasta casi la altura de las rodillas, las mangas se dividían en dos; unas inferiores y holgadas que llegaban a cubrir las manos y unas superiores que se abrían a la altura de los hombros en largos pliegues que rozaban el suelo a imagen de la larga falda que se arremolinaba ante su andar. Su largo cabello pintado en un bello degrade del castaño al naranja estaba peinado en una cascada de rizos que caía tras su espalda entrelazados a una larga trenza media sirena, haciendo destacar la hermosa corona hecha de fina cadenas de plata decoradas por diamantes a imagen de la guirnalda de diamantes alrededor de su cuello. De pie en el umbral de las puertas se encontraban Ino y Temari ataviadas en largos mantos borgoña con velos cubriendo sus cabellos, y bajo los largos mantos lucían holgados vestidos carmesí que se ceñían vagamente a sus figuras por un delicado cinturón dorado.

-Ya no hay civilidad en la política, la República ya no es lo que solía ser, el Senado está lleno de delegados habladores y avariciosos, a nadie le interesa el bien común— se expresó Danzo con un suspiro cansado, observando a su reina que se paseaba delante de él.

-Hablando con franqueza, su Alteza, es muy difícil que el Senado vote en contra de la invasión— añadió Takara en apoyo a su esposo y con un tono aparentemente maternal.

-Sin embargo, el Canciller Asuma no ha perdido la esperanza— señalo Sakura, esforzándose por mantenerse optimista, porque su pueblo la necesitaba fuerte.

-Disculpe, Alteza, pero el Canciller no tiene ningún poder, le imputan absurdas e incoherentes acusaciones de corrupción— repuso el Shimura con tono apesadumbrado.

-Los burócratas están a cargo ahora— asintió la pelinaranja, acostumbrada a acompañar su esposo en el Senado y ver la verdadera cara de los políticos.

Muchos podían pensar que el Senador Danzo Shimura era un hombre solitario y concentrado por completo en su vida política, pero ese era un craso error, era un hombre felizmente casado con lady Takara Otogakure, quien desde su ascenso al poder como Senador de Naboo se desempeñaba como su asistente administrativa y asesora personal, y juntos tenían un hijo que habían criado al margen de la escena pública. La bella dama se encontraba sentada sobre uno de los divanes, junto a sus esposo que elegía permanecer de pie e informando a su reina quien mantenía una expresión severa y pensativa. Portaba una elegante bata de tafetán y terciopelo rubí bordada en hilo de diamante y cristales rojos, de falda interior de seda rosa brillante y mangas ceñidas a las muñecas. Su rostro lozano no aparentaba más de treinta años, poseía brillantes ojos azul oscuro y largo cabello naranja recogido elegantemente tras su nuca en una larga coleta, haciendo resaltar la brillante diadema de oro decorada por cristales rojos a imagen de los largos pendientes de diamante en forma de lagrima con un cristal rojo en el centro, a juego con el dije de la cadena de diamantes alrededor de su cuello. Sakura intentó pensar en una solución mientras intercalaba su mirada entre el Senador Shimura y su esposa, intentando no decepcionarse de la verdad; creía en la democracia con todo su corazón y siempre lo haría, pero una de las deficiencias del libre albedrio y la libertad de opinión era la discusión, la democracia siempre era un debate continuo y muchas veces los poderosos y adinerados—no era su caso, desde luego—imponían su propia opinión callando la de los demás.

-¿Qué opciones tenemos?— cuestiono Sakura, llevándose una mano al mentón en un gesto pensativo.

-Lo más recomendable seria buscar la elección de un Canciller Supremo más fuerte, alguien que controle a los burócratas y nos haga justicia— confesó Danzo seriamente, con las manos tras su espalda en una postura altanera pero segura.

-Usted, Alteza, podría presentar un voto de no confianza contra el Canciller Sarutobi— sugirió Takara compartiendo la opinión de su esposo, y sus planes.

-No, él siempre ha sido nuestro apoyo— protesto la Haruno sin dudarlo, volviendo el rostro hacia el Senador, —¿no hay otra manera?— pregunto en un suspiro, intentando evitar considerar esa posibilidad.

-Entonces, la única otra opción es hacer una petición a las Cortes— replanteo el Senador para decepción de la joven soberana.

-Las Cortes se demoraran aún más en sus decisiones que el Senado— jadeo la pelirosa con un deje de ira. —Nuestro pueblo está muriendo, Senador, debemos hacer algo si queremos detener a la Federación— no podía perder el tiempo, no ahora.

-Siendo realistas, Alteza, creo que tendremos que aceptar que la Federación nos controle por el momento— considero el Shimura en voz alta y con una expresión sombría, viendo la derrota que ella no quería ver.

-Yo no puedo hacer eso, no puedo abandonar a mi pueblo y no lo haré— negó Sakura, volteando a enfrentarlo como haría con cualquiera que sopesara esa posibilidad.

Serenando la tormenta de ideas que daban mil vueltas en su mente, Sakura inspiro aire profundamente, sintiéndose más tranquila al saber a Sasuke a salvo y a los dos Jedi informando al Consejo de todo lo sucedido durante la misión. Ellos ya habían hecho su parte y ahora era su turno de hacer lo propio, debía convencer al Senado de que la ayudara, y si no, debía luchar por sí misma, pero no se callaría. Había sido elegida por su pueblo para defender la integridad de la democracia, para proteger y representar a quienes no tenían voz, no por los poderosos sin por la gente normal, como sus padres y que tanto la necesitaban, y eso haría.


A diferencia de otros edificios de la vasta aglomeración urbana de Coruscant, el Templo de los Jedi no estaba rodeado de otras estructuras, se trataba de una colosal pirámide coronada por múltiples pináculos y que conectaba con voluminosas torres, albergando en su interior a los Caballeros Jedi y sus Padawans, era un hogar y un lugar de continua reflexión y entrenamiento para quienes estaban unidos a la Fuerza. Los doce Grandes Maestros Jedi se encontraban reunidos en la sala del Consejo, una solemne sala de ventanales amplios y que albergaba doce escaños donde hombres y mujeres por igual permanecían sentados escuchando con gran atención lo que el Maestro Minato Namikaze y su Padawan Kakashi Hatake tenían que informar tras su misiva a Naboo, de pie en el centro de la sala. Mientras relataba todo lo sucedido en la última semana, Minato estudió los rostros de sus oyentes y de entre los que resaltaba el Gran Maestro Onoki, un anciano de muy baja estatura, con una larga barba y bigote blanco, gran nariz roja, cejas gruesas y cabeza completamente calva, podía no parecer gran cosa pero era el más sabio de todos los Jedi con novecientos años. A su derecha se encontraba el Maestro A, un hombre de piel oscura y cabello rubio platinado peinado hacia atrás, con un corto bigote y barba que acompañaba su permanente expresión severa, y a su izquierda el Maestro Jiraiya de largo cabello blanco que le llegaba hasta la espalda con dos mechones más cortos cayendo sobre sus hombros, con su rostro marcado por dos líneas gemelas que iban desde sus ojos hasta la barbilla como símbolo de su planeta natal, Cerea.

-Conocía las artes de los Jedi, mi única conclusión es que el atacante era un lord Sith— concluyó Minato tras considerar mucho esa posibilidad.

-Imposible, los Sith se extinguieron hace más de un milenio— objeto Jiraiya en nombre de muchos de sus compañeros presentes.

-Parece imposible que los Sith hayan vuelto sin que nosotros los supiéramos— considero A volviendo el rostro hacia el Gran Maestro.

-Es difícil ver el lado oscuro— suspiro Onoki apretándose las manos con preocupación, —necesitamos indagar más para obtener una respuesta, pero si los Sith están involucrados…la República estará en peligro— si esto acababa siendo cierto, había sido un milenio de inacción que debían intentar remediar.

-Haremos todo lo posible para despejar este misterio, Minato, descubriremos la identidad de tu agresor, pero hasta entonces permanece junto a la reina Hanan— delegó el Maestro A en nombre de todo el Consejo. —Que la Fuerza te acompañe— despidió y ante lo que Kakashi no dudo en voltear para marcharse, pero para su sorpresa su Maestro no lo hizo.

-Minato, ¿tienes más que decir?— interrogó el Gran Maestro, concediéndole permiso de habla.r

-Con su permiso, Maestro— el Namikaze asintió en silencio, mentalizándose antes de hablar, —encontré una fluctuación en la Fuerza— presentó por fin, bajando la mirada al saber cuál sería la reacción obtenida.

-¿Una fluctuación, dices?— reitero Onoki casi sin aliento, sorprendido por semejante idea.

-¿Centrada en una persona?— se apresuró a preguntar A, sintiendo que le faltaba la respiración ante lo que eso implicaba.

-Un muchacho de once años— aclaró Minato, intercalando su mirada entre todos los presentes, —la Fuerza se intensifica en él como en ninguna otra forma de vida, probablemente fue creado por la misma Fuerza— era cuando menos fantástico asumir aquello, pero era la verdad, él estaba convencido de ello.

Ante aquella polémica posibilidad, los Maestros Jedi solo pudieron observarse entre sí, incrédulos, tras la desaparición de los Sith hace más de un milenio, los propios Jedi se había cuestionado si la profecía del Elegido iba a tener lugar o no, ¿era posible que un individuo nacido de la Fuerza existiera y trajera el equilibrio? Solo a través del sacrificio de muchos Jedi, la Orden limpiará el pecado hecho a los sin nombre. El peligro del pasado no ha pasado, sino que duerme en un nuevo. Cuando el huevo se rompa, amenazará a toda la galaxia. Cuando la propia Fuerza enferme, el pasado y futuro han se separarse y combinarse. El Elegido aparecerá, nacido de ningún padre, y a través de él se recuperará el balance definitivo de la Fuerza. Según la profecía, llegaría el día en que la Orden Jedi se cegaría por su arrogancia y errores, y uno de los Jedi, nacido de la Fuerza y sin padre, traería el balance uniendo el lado oscuro y la luz, purgando a la galaxia de la oscuridad para siempre...por mucho tiempo habían surgido "emisarios" entre la Orden Jedi para traer la paz, individuos a los que la Fuerza había seleccionado para luchar contra la oscuridad, los propios Jedi se consideraban emisarios de la paz, pero esta era la primera vez en que se atrevían a suponer que la profecía del Elegido no era mera ficción sino que una realidad, y no sabían que pensar al respecto. De pie en su lugar, estático, Kakashi observo seriamente a su Maestro, sorprendido porque no le hubiera dicho la verdad sobre quien era Sasuke realmente, pero también confundido sobre si la profecía podía llegar a ser cierta como su Maestro pensaba.

-Hablas de la profecía del ser que le dará el equilibrio a la Fuerza, el Elegido— afirmo A ya que ninguno de los presentes parecía atreverse a hablar. —¿Piensas que este muchacho?— cuestionó, eligiendo sopesar la posibilidad o considerarla al menos.

-No quiero asumir que…— titubeo Minato sin intención de parecer arrogante o soberbio.

-Si lo haces, Minato, ya diste tu opinión— lo irrumpió Onoki, desafiante mientras esbozaba una débil sonrisa.

-Si, Maestro— asintió el Namikaze, disimulando su propio divertimento al saberse descubierto. —Solicito una prueba para el muchacho— declaró finalmente, verbalizando su opinión para sorpresa de muchos de los Maestros.

-¿Quieres que sea entrenado como Jedi?— más bien afirmo el Gran Maestro, arqueando una ceja ante esta petición.

-Encontrarlo fue voluntad de la Fuerza, no me cabe duda— insistió Minato completamente seguro.

-Puedes presentarlo— consintió A ante la unánime curiosidad y escepticismo de todos los presentes.

Satisfecho con esta respuesta, al menos por ahora, Minato esbozo una sonrisa para sí, inclinando respetuosamente la cabeza ante los Maestro del Consejo como también hizo su Padawan quien bajo la mirada, ambos por fin abandonando la sala y dejando a los doce Maestros debatir entre sí, observándose con sorpresa, ¿era posible?, ¿este muchacho podía ser el Elegido? pronto lo descubrirían.


-El muchacho quiere ver a Sakura— informó por el comunicador el guardia que custodiaba la entrada a los apartamentos de la reina.

-Déjalo pasar— contesto una voz femenina por el altavoz mecanizado.

Hasta ahora, Sasuke no podía quejarse de cómo habían resultado las cosas, desde su llegada el Senador Shimura y su esposa habían sido muy amables con él, le habían dado su propia habitación y la ropa más nueva que nada que había usado en su vida, y en verdad el joven Uchiha estaba profundamente agradecido, pero ahora y ante las puertas que daban con los apartamentos de la reina, sentía la necesidad de ver a Sakura, sabía que la reina acudiría a la sesión del Senado y necesitaba ver a la pelirosa al menos una última vez en caso de que Minato y Kakashi acudieran a buscarlo para presentarlo al Consejo Jedi en su ausencia. El Uchiha vestía una cómoda camisa turquesa grisáceo de cuello alto y cerrado, con mangas ceñidas bajo una larga chaqueta de seda verde ceniza plagado de un complejo diseño que él no entendía, cortas mangas hasta los codos y cerrada en el frente por cuatro botones desde la mitad del pecho hasta el abdomen donde se cerraba por un fajín, pantalones gris oscuro y botas negras. Al obtener la aprobación, el guardia se hizo a un lado para permitirle pasar al muchacho justo cuando las puertas se abrieron, y tras ingresar fue recibido por una de las doncellas de la reina, pero para su decepción no era Sakura como había esperado sino Ino, la bella rubia portaba un sencillo vestido rosa de escote cuadrado decorado por una hila de pequeños botones hasta el vientre bajo un manto de encaje y terciopelo negro, con su largo cabello rubio recogido en una coleta latina que caía sobre su hombro izquierdo y decorada por una diadema de cristales de múltiples colores en forma de enredadera.

-Lo siento, Sasuke, pero Sakura no está aquí ahora— se disculpó Ino con una amable sonrisa.

-¿Quién es?— pregunto la solemne y dulce voz de la reina, sorprendida por recibir una visita.

-Sasuke Uchiha, Alteza, vino a ver a Sakura— contesto Ino, apartando la mirada del muchacho y dirigiéndola hacia su soberana.

La reina apareció en la sala desde el umbral de su habitación privada en una imagen que pareció irreal para Sasuke quien hasta ahora solo la había visto una vez, fácilmente parecía igual si es que no más hermosa que Sakura, especialmente porque parecía distante, inalcanzable y majestuosa con su largo cabello pintado en un bello degrade del castaño al naranja, peinado en una larga trenza que caía tras su espalda y dejaba sueltos dos finos rizos que enmarcaban su delicado rostro bajo una bella diadema de cadenas doradas y diamantes que dejaba caer un cristal ámbar sobre su frente, a imagen de la hermosa guirnalda de oro alrededor de su cuello y que replicaba un voluminoso dije en forma del emblema de Naboo. Portaba un hermoso vestido naranja-rojizo bordado en oro y que parecía titilar como fuego ante la luz, de profundo cuello en V y mangas holgadas que le llegaban hasta la muñecas, por sobre el vestido se hallaba una chaqueta granate bordada en hilo rubí, de profundo escote en V que se cerraba a la altura de su vientre por un cinturón dorado decorado por cristales, mangas acampanadas hasta los codos y larga falda abierta para exponer el vestido inferior. Las doncellas de la reina; Pakura y Temari, ingresaron en la habitación detrás de su reina, vestían sencillos vestido azul oscuro bordados en hilo ónix, de mangas ceñidas y cuello alto bajo una chaqueta superior de terciopelo negro y escote redondo, cortas mangas hasta los codos y falda abierta, ceñidos por un cinturón plateado y sus cabelleras peinadas en una larga trenza oculta bajo sobrios velos negros.

-Envié a Sakura a un encargo— contesto la reina seriamente, ocultando su temor e incertidumbre, sin saber si Sasuke sería capaz de reconocerla.

-Entiendo, Alteza— asintió el Uchiha, ocultando su propia decepción. —Voy al Templo de los Jedi, para comenzar a entrenar, espero, no sé si volveré a verla y vine a despedirme de ella— declaró sintiendo que por alguna razón le debía una explicación a la reina.

-Yo se lo diré— confió ella con una débil sonrisa, —sé que su corazón ira contigo— manifestó conteniendo la respiración al no conseguir evitar decir eso.

-Gracias, Alteza— reverencio él con una sonrisa ladina, agradecido por su amabilidad.

Dirigiendo una última mirada a Sasuke quien permanecía ajeno de la verdad sobre quien era en realidad, Sakura regresó en silencio a sus aposentos privados para aguardar la llegada del Senador Shimura, siendo lastimeramente observada por sus doncellas y tratando de ignorar el doloroso vació que surgió en su corazón; Sasuke no había podido reconocerla.


El edificio del Senado Galáctico de la República era una de las arquitecturas más grandes de todo Coruscant, no era particularmente elegante pero si llamativo con su forma de cúpula en el exterior, y albergando en el interior un millar de oficinas estratégicamente separadas para cada Senador de cada sistema estelar. La cámara del Senado donde la reina y su comitiva se encontraban parecía un gigantesco estadio circular y era el área más grande el edificio, un conjunto de decenas de cientos de puertas abiertas que daban con palcos giratorios que albergaban a un numeroso grupo de personas en el interior y que podían ser maniobrados fácilmente para permitir movilidad a quien tuviera la palabra. En el centro de la cámara se alzaba una esbelta columna plateada que sostenía la plataforma independiente del Canciller Supremo, una gran área semicerrada que permitía a Asuma Sarutobi estar de pie o sentado y escuchar a todos los Senadores, acompañado por su vicepresidente y asesora personal. En este lugar tan enigmático la democracia era ley y solo cuando un Senador pedía permiso para hablar y era autorizado por el Canciller es que un debate podía tener lugar, entonces su palco flotaba hasta el centro de la habitación para ser oído y visto por todos hasta concluir su discurso. La enorme habitación se había encontrado en total silencio hasta ahora, cuando el Canciller Asuma se irguió en su lugar para dar inició al importante debate en cuestión.

-Se le sede la palabra al Senador de Naboo— informó el Sarutobi a todos los presentes segundos antes de que el palco de la delegación nubiana avanzara hacia el centro de la habitación.

-Canciller Supremo, delegados del Senado— saludo Danzo respetuosamente, tanto en su nombre como en el de su reina, —ha ocurrido una tragedia iniciada aquí con los impuestos a las rutas comerciales, y ahora nuestro planeta está envuelto en la opresión de esta Confederación— planteo diplomática y serenamente.

-Esto es inaudito, protesto por la declaración del Senador— reprochó de inmediato Kinkaku Kumogakure, Senador de Cato Neimoidia, haciendo que su palco avanzara hacia el del Senador de Naboo.

-La asamblea no escuchara al Senador de la Federación de Comercio en este momento— objeto el Canciller Sarutobi con voz firme.

-Para exponer nuestros argumentos sedo la palabra a la reina Hanan, gobernante de los Naboo, que hablara en nuestra representación— prosiguió el Shimura a pesar de las interrupciones, haciéndose a un lado y delegando la exposición de los argumentos a su reina.

El Senador Shimura se hizo a un lado, regresando a su lugar, sentado junto a su esposa y cediendo su lugar a la joven y hermosa reina Hanan que deslumbro a todos los presentes que sin poder evitarlo jadearon de sorpresa al verla levantarse de su asiento y tomar la palabra, inclinando con respeto la mirada hacia el Canciller Sarutobi. No era la primera ni la última soberana de un planeta que se presentaba en el Senado, pero sin duda era más joven y hermosa que incluso muchas de las Senadoras más bellas que habían pisado la colosal cámara y que quizás podían contarse con dos manos, además de que parecía atraer las miradas con sus extraordinarios y elegantes ropajes que no tenían comparación alguna, de hecho, la reina había elegido su vestuario a propósito para maravillar a los Senadores con la majestuosidad de Naboo, para demostrarle tanto a individuos bondadosos como voluntariosos, corruptos o inicuos que era una soberana capaz y que no era demasiado joven como para no poder luchar sola, más cubriendo vagamente gran parte de su elaborado atuendo con un elegante y pesado abrigo de piel negra que colgaba sobre sus hombros para resaltar sus hombros y rostro. Habiendo recibido lecciones de oratoria desde los once años y sabiendo cómo comportarse en presencia de tan numerosa multitud que parecía juzgarla con ojos críticos, Sakura formo una pared invisible entre ellos y su persona, siendo perfectamente capaz de mantenerse indiferente y actuando con propiedad.

-Honorables representantes de la República— saludo Sakura con voz amable aunque seria, —recurro a ustedes en la peor de las circunstancias, ejércitos de androides invadieron el sistema Naboo y...— deseaba dar más detalles y ser más vehemente, pero por ahora esto habría de ser suficiente.

-¡Objeción, no tiene pruebas!— interrumpió Kinkaku para sorpresa de muchos, pero sin encontrar oposición a su alegato. —Solicitamos que se envié una comisión a Naboo para indagar los hechos— planteo sin aceptar la culpa de su sistema por la invasión a Naboo.

-El congreso de Malastare apoya al honorable delegado de la Federación de Comercio, debe asignarse una comisión— respaldo el Senador Gingaku de Malastare a su aliado neimoidiano, haciendo aparecer su palco en el centro de la cámara.

-Ahí tiene a los burócratas, los reales líderes de la República, y comprados por la Federación de Comercio además— susurró Danzo a la joven reina que parecía temer por el resultado del debate. El Senador señalo con la mirada al vicepresidente y a la asesora del Canciller que le susurraron algo que ella no podía oír desde su lugar. —La fuerza del Canciller Asuma, desaparecerá en un segundo— predijo, regresando a su lugar junto a su esposa que le sonrió al predecir el desenlace de la discusión.

-Reina Hanan— se disculpó Asuma, volviendo a tomar la palabra de la joven soberana, — ¿acepta aplazar la presentación de su situación hasta que una comisión explore la validez de sus acusaciones?— consultó ya que no osaría nunca imponer semejante cosa sin que ella diera su consentimiento.

-No lo acepto, he venido para resolver este ataque hacia nuestra soberanía— protesto Sakura con ira contenida, esforzándose por no desesperarse ante tan decepcionante respuesta. —No fui elegida como reina para ver a mi pueblo sufrir y morir mientras ustedes discuten en un comité, y si la asamblea no es capaz de actuar, la necesidad de otro líder es evidente— alzó la voz a propósito, intercalando su mirada entre todos los Senadores hasta centrarla en el Canciller. —Propongo un voto de no confianza, en la capacidad del Canciller Asuma— sentenció con personal dolor, cerrando los ojos al decir esto último.

Un coro de voces se elevó de inmediato en respuesta a las palabras de la reina de Naboo, algunos Senadores la apoyaban en tanto otros estaban en su contra, muchos no dudaron en levantarse de sus asientos y alzar sus voces en gritos que resonaron en toda la cámara. Sorprendido, enmudecido y profundamente abrumado por la propuesta de la reina, Asuma se tambaleo al dejarse caer sobre su asiento, sin dar crédito a lo que estaba presenciando; desde hace mucho tiempo alguien a quien no conocía había comenzado a lanzar mentiras sobre su imagen, acusándolo de corrupto y sobornable cuando en realidad todo lo que hacía era intentar mantener el Orden en el caótico Senado, más ahora ese alguien parecía haber ganado, porque estaba cansado de acusaciones sin sentido y no creía ser capaz de seguir en su cargo por más tiempo, incluso él sabía cuándo rendirse. El vicepresidente Hanzo finalmente consiguió llamar al orden, calmando brevemente a los delegados que pronto volvieron a alzar sus voces, esta vez exigiendo la elección de un nuevo Canciller y comenzando a nombrar candidatos entre los Senadores presentes. Indiferente a lo que su propuesta había provocado, o al menos eso daba a entender por su serena expresión, Sakura regreso a su asiento, siendo consolada por las débiles sonrisas de sus doncellas y amigas que como siempre la apoyaban cuando más lo necesitaba, más ahora también se unieron a ellas el Senador Shimura y su esposa Takara…pero ella no sabía que pensar, no sabía interpretar si lo que había hecho estaba bien o no, estaba demasiado confundida.

-Elegirán a un Nuevo Canciller, uno con carácter y que no dejara que nuestra tragedia continúe— predijo lady Takara a su lado con un aparente aire maternal mientras intercambiaba una cómplice mirada con su esposo.

Resignada y con un nudo en la garganta, Sakura asintió en silenció, recorriendo con la mirada a todos los Senadores que alzaban estruendosamente sus voces…sabía que estaba haciendo lo correcto para su pueblo, pero entonces, ¿por qué sentía que había cometido el peor error de su vida?


A solas en su habitación, Sasuke se mantuvo de brazos cruzados mientras observaba el cielo de Coruscant a través de los amplios ventanales, no podía mentir, era un escenario que llevaba toda su vida esperando ver, había deseado conocer otros mundos diferentes a Tatooine desde siempre, pero ahora estando solo y sin nadie con quien compartir esa alegría, estaba embargado por una dolorosa nostalgia, extraña a su madre con todo su corazón y temía no volver a verla, extrañaba a Sakura a quien no había vuelto a ver desde su llegada, no sabía que dirían los Jedi cuando lo vieran, no sabía qué pasaría con él a futuro...todo era demasiado complicado, demasiado diferente de todo lo que conocía y no le gustaba que fuera así, no le gustaba no tener el control de lo que sucedía a su alrededor. Las puertas de su habitación se abrieron repentinamente haciéndolo voltear, por inercia su primer pensamiento fue que se trataba de Metal Lee o de Naruto que hasta ahora habían sido muy amables y amigables con él, pero para su sorpresa y alegría no se trataba de ninguno de ellos sino de Sakura que portaba un bello vestido amarillo limón finamente bordado en oro, de escote redondo, larga falda y mangas acampanadas hasta la altura de los codos, ceñído a su cintura por un cinturón dorado decorado con cristales a juego con una guirnalda de oro que replicaba el emblema de Naboo, más gran parte de su atuendo pasaba desapercibido bajo un largo manto amarillo que cubría casi todo su cabello salvo un par de finos rizos que enmarcaban su rostro, se veía tan hermosa que Sasuke casi se olvidó de respirar al verla.

-Me dijeron que te encontraría aquí— menciono Sakura tras nada más ingresar, —¿qué pasa?— la desconcertó la mirada de curiosidad en el rostro del Uchiha.

-¿Dónde estabas?— pregunto Sasuke, ya que había visto a las tres doncellas de la reina y sin embargo no a ella.

-En una misión— contesto la Haruno con una disimulada sonrisa nerviosa, —la reina me pidió que hablara con el senador Nohara que apoya nuestra causa, quería estar segura si era un aliado a tener en cuenta, o no— técnicamente no era una mentira, si había hablado con el Senador Nohara solo que como reina y no fingiéndose doncella.

-¿Y lo era?— curioseo el Uchiha, deseando poder distraerse con lo que ella tenía que decir y que siempre le sacaba una sonrisa.

-Lo es— afirmo ella con una sonrisa. —La reina me dijo que estabas buscándome— obvió con una cómplice mirada.

-Si, creí que no volveríamos a vernos— asintió él, inevitablemente nervioso por su reacción.

-Pero aquí estamos— tranquilizo Sakura, enternecida por su nerviosismo, —además no tenemos por qué dejar de vernos, a menos que quieras que este lejos de ti— planteo con fingida indiferencia pese a conocer la respuesta.

-Claro que no— negó Sasuke de inmediato, con más vehemencia de la que pretendía, haciéndolo sonrosar.

-Entonces, me quedo— rió la pelirosa ante su timidez, besándole castamente la mejilla.

En respuesta y superando su nerviosismo, el Uchiha esbozo una sonrisa ladina al encontrar su mirada con la de la Haruno, viéndola aún más hermosa de ser posible al apreciar el inocente sonrojo que se apropió de ella tras tan sencilla pero significativa expresión de afecto, nunca podría pedirle a Sakura que se alejara de su lado, nunca podría desear estar lejos de ella porque desde que la conocía y más ahora que estaba lejos de su madre es que ella se había convertido en su mejor amiga y en tal vez la única razón que tenía para mantener la calma, además de que ya había asumido que estaba enamorado de ella, que Sakura correspondiera a sus sentimientos era algo completamente diferente y que cuestionaría más adelante, pero por ahora se conformaba con tenerla a su lado, verla y poder hablar con ella. Había creído que Sasuke podría reconocerla bajo los pesados y soberbios ajuares como la reina Hanan, había creído que él podría ver lo que otros no...pero se había equivocado, Sasuke había visto a la reina y no a ella, aunque Sakura no iba a culparlo por ello, al comienzo a sus propios padres les había resultado imposible diferenciar a Pakura y ella estando vestidas igual, pero lo malo de esto es que tendría que ocultarle la verdad al Uchiha por ahora, hacerle saber que en realidad no era una doncella sino que la reina de Naboo podría resultarle peligroso, no solo porque desconocía cual podría ser su reacción sino por lo que sus enemigos pudieran hacer en su contra.

-¿Y qué te pareció la reina?— pregunto Sakura con curiosidad, intentando no parecer interesada.

-Agradable y buena, algo seria y fría, pero muy inteligente— reconoció Sasuke, encogiéndose de hombros distraídamente. —¿Sabes qué? Creo que tú deberías ser la reina— confesó volviendo el rostro hacia ella que lo observo sorprendida.

-¿Yo?— afirmó la Haruno con sorpresa. —¿Por qué piensas eso?— pregunto con una fingida carcajada, sin saber bien cómo reaccionar.

-Te preocupas mucho por los demás, todo el tiempo, piensas en ellos incluso antes que en ti, además eres justa y no discriminas a nadie— obvió el Uchiha naturalmente, nunca había visto a nadie ser tan bondadosa con todo el mundo, y ella lo hacía sinceramente.

-Sí, pero una reina tiene que hacer sacrificios, tiene que estar dispuesta a olvidarse de los sentimientos y hacer lo que sea necesario por el bien de su pueblo…no sé si yo podría hacer eso— protesto ella sin poder evitar diferenciar su vida privada de su vida pública. —No me gustaría ser reina, es una vida solitaria, que alguien tenga el poder no significa que sea feliz— confesó sabiendo que podía ser sincera con Sasuke quien se sorprendió ante su perspectiva. —Prefiero asistir a la reina, ella siempre valora mi opinión y la de las demás doncellas, somos sus amigas y confiamos en ella tanto como ella en nosotras— era reina, pero agradecía más los amigos que había hecho hasta hoy que el poder que tenía. —Todo lo que deseo, por ahora, es volver a casa, extraño a mis padres y mi hermana— suspiro extrañando profundamente a su familia y su planeta.

-Sé cómo se siente— asintió él en voz alta, pudiendo revelar sus miedos como ella hacía.

Viendo el atisbo de triste en los ojos de Sakura, Sasuke entrelazo distraídamente una de sus manos con la de ella, haciéndola sonreír como tanto le gustaba verla, no triste sino que feliz, con ese brillo especial reluciendo en sus ojos esmeralda; extrañaba a su madre con todo su corazón, no Tatooine que en lo personal no tenía casi ningún recuerdo positivo que valorar, pero volvería a su planeta únicamente con tal de ver a su madre otra vez y poder abrazarla, poder hacerla libre y mantenerla a salvo, pero por ahora no podía hacer nada al igual que Sakura estaba imposibilitada a actuar y proteger a sus padres en Naboo, y tristemente ambos tendrían que conformarse con ello hasta que pudieran cambiar las cosas. Como una joven promesa en un mundo de políticos crueles y avariciosos que parecían olvidar los sentimientos, Sakura muchas veces se sentía extraña y diferente, no había muchas personas de su edad con quien poder hablar o compartir salvo sus doncellas, y últimamente pasaba muy poco tiempo con sus padres, pero Sasuke era diferente, lo sentía desde que lo había conocido, y ahí a solas, viéndose a los ojos, Sakura no pudo evitar sentirse maravillosa por no tener que pretender ser quien no era, veía a Sasuke a los ojos y veía su corazón tanto como él veía todo de ella, y era perfecto. Como un distractor, las puertas se abrieron, sacándolos a ambos de su ensueño y haciéndolos voltear para ver a Ino ingresar en la habitación, ligeramente sorprendida ante el romántico intercambio de miradas entre su reina y el joven Uchiha, pero supo disimularlo con una sonrisa y fingiendo no haber visto nada.

-Ino— saludo Sakura alisando nerviosamente parte de su vestido en tanto Sasuke se aclaró tensamente la garganta, —¿qué ocurre?— inquirió sorprendida por su llegada.

-El Senado se encuentra deliberando entre los diferentes postulantes al puesto de Canciller, y la reina nos necesita— contesto la rubia, habiendo sido informada de que pronto el debate llegaría a su fin, y transmitiéndole esa información a su reina. —Pronto regresaremos a Naboo— previó ya que todas deseaban volver con sus familias, especialmente Sakura que asintió agradecida por su información.

-Espero que esta vez no dudes en que volveremos a vernos— obvió la Haruno, regresando su mirada a Sasuke, sabiendo que tendrían que despedirse por ahora.

-No lo haré— asintió el Uchiha con una sonrisa ladina, aceptando esperar para volver a verla, aunque no se le haría fácil.

-Hasta pronto— se disculpó Sakura finalmente con una amable sonrisa, entrelazando distraídamente una de sus manos con la de Sasuke, sosteniéndole la mirada lo más posible.

-Es muy guapo— murmuro Ino tras nada más cruzar el umbral de las puertas, sabiendo que podía ser sincera con su amiga.

-Ino…— regaño la pelirosa, entendiendo lo que quería insinuar. —No tengo tiempo— nunca había tenido novios, tenía mejores cosas en que ocupar su tiempo.

-Eres la reina, no una sacerdotisa— protesto la rubia con una mentalidad más liberal. —Tienes derecho a enamorarte— tenia catorce años y era una gran belleza, no podía despreciar a los que la admiraban, menos a Sasuke quien estaba tan embelesado.

-Cuando mi pueblo y mi familia estén libres, tal vez lo pensare— consintió Sakura para conformarla, aunque sabía que nunca podría anteponer su egoísmo, no de esa forma.

-Todo se arreglara, lo sé— tranquilizo Ino, haciendo que ambas se detuvieran en medio del pasillo, —tengo fe en ello, y en ti— si alguien podía con esto era ella, Ino creía en su reina.

-Gracias, Ino— sonrió ella sinceramente, agradeciendo poder contar con sus amigas en tan difícil trance.

Observándose la una a la otra con sonrisas, como dos niñas, ambas jóvenes se tomaron del brazo y rieron para sí mientras transitaban los pasillos hacia los apartamentos de la reina, a aguardar el veredicto del Senado y saber si mañana por la mañana sería oportuno continuar en Coruscant y esperar indefinidamente o volver a Naboo.


El día había terminado hace muchas horas y ahora sin importar que el alba estuviera a punto de despuntar en cualquier momento, Maestro y Padawan contemplaron larga y serenamente las estrellas aun titilantes en el cielo desde uno de los balcones exteriores del Templo Jedi, aguardando a que los Maestros terminaran de evaluar a Sasuke, en tanto ellos se paseaban en círculos como animales enjaulados por ansiedad y nerviosismo. Aunque intentaba disimularlo, Kakashi estaba sorprendido, sabía que el Uchiha era sensible a la Fuerza, pero…¿el Elegido? Casi lo hería que su Maestro no le hubiera dicho la verdadera identidad del muchacho desde el principio, y al mismo tiempo una parte de él dudaba que fueran a aceptarlo en la Orden solo por ello, si él dudaba que la profecía fuese real, ¿qué pensarían los Maestros del Consejo? Sasuke era demasiado mayor, era casi un adolescente y los Jedi eran entrenados desde su más temprana infancia, no lo aceptarían, no era posible. Por otro lado y cruzando los brazos sobre su pecho, sintiéndose a gusto con la brisa templada de la madrugada, Minato estaba convencido de que Sasuke se convertiría en Jedi a pesar de la evidente discrepancia de su Padawan, porque la Fuerza se lo había hecho ver y estaba empecinado en que si el Consejo Jedi no lo aceptaba él de todas formas lo tomaría como su Padawan ahora que Kakashi estaba capacitado para convertirse en un Jedi, porque estaba dispuesto a defender la causa de los oprimidos protegiendo tanto al muchacho como a la joven reina a quien acompañaría cuando decidiera regresar a Naboo.

-No quiero sonar negativo, Maestro, pero Sasuke no pasara la prueba del Consejo, ya no tiene la edad para eso— intento convencer Kakashi para evitarle una desilusión a su Maestro.

-Sasuke se convertirá en Jedi, te lo prometo— protesto Minato con imperturbable calma, concentrándose en el horizonte tenuemente estrellando.

-Si usted respetara a los otros Maestros, estaría en el Consejo— menciono el Hatake a modo de reprimenda, haciendo que su Maestro entornarse los ojos, —esta vez no estarán de acuerdo con usted— conocía a los Maestros del Consejo y su forma de pensar. —No desafíe de nuevo al Consejo, Maestro— aconsejó por su propio bien.

-Esta es mi misión, Kakashi— negó el Namikaze, empecinado en cumplir con su deber, porque la Fuerza se lo había hecho ver. —Aun tienes mucho por aprender— apreció con amor paternal, situando una de sus manos sobre el hombro de su Padawan.

Entre feliz y decepcionado por la respuesta de su Maestro que seguía viéndolo como a un niño a pesar de que estuviera a cinco años de cumplir treinta, Kakashi simplemente asintió en silencio mientras contemplaba finos tonos anaranjados filtrándose en el firmamento para comenzar a anunciar el nuevo día. A diferencia de Maestro, él siempre había dudado de la veracidad de la profecía del Elegido, existan tantas profecías…pero si Sasuke resultaba ser el Elegido, él estaba sobradamente dispuesto a comerse sus palabras e incluso a entrenarlo. Dentro de la sala del Consejo, los doce sabios Maestros y Maestras Jedi juzgaban con ojos críticos al muchacho de Tatooine, todos sentados en sus respectivos escaños, rodeándolo, impresionados por su sensibilidad a la Fuerza pero sin dejarse aturdir por ello, interrogándolo arduamente y sin pensar en hacerlo sentir cómodo o bienvenido. Todos los Jedi eran identificados y comenzaban a recibir adiestramiento durante los primeros meses de su vida, nunca habían existido excepciones y Sasuke era demasiado mayor como para entrar a la Orden Jedi, tenía once años y una vara emocional que ningún otro Jedi poseía, tenía apegos y eso ultimo no podía permitirse. Sasuke se sentía incómodo ante tantas preguntas y pruebas que realizaba sin problemas, sumadas a las miradas de todos esos desconocidos sobre su persona, todos ellos parecían ver en su interior y no le gustaba esa sensación. De entre todos los presentes, el Maestro A sostenía una pantalla que el muchacho no podía ver y que proyectaba una sucesión de imágenes que él debía identificar.

-Una nave, una copa, una nave, un speeder— reconoció Sasuke al ver las imágenes pasar en un mente, pero no las veía realmente sino que las sentía.

-Muy bien, muchacho— celebró A con una seca sonrisa, reconociendo su potencial.

-¿Cómo te sientes?— pregunto Onoki sin apartar sus ojos del muchacho, intentando descifrar lo que sentía.

-Siento frió, señor— confesó el Uchiha, aun sin acostumbrarse a la diferencia de clima entre Coruscant y Tatooine.

-¿Tienes miedo?— pregunto el anciano con una mano a la altura del mentón, escudriñándolo.

-No, señor— negó el azabache de inmediato, sin estar dispuesto a demostrar debilidad.

-Vemos tu interior— protesto el Gran Maestro, descubriendo su estrategia e impidiéndole mentir.

-Tus pensamientos moran con tu madre— reconoció Jiraiya en voz alta, pudiendo leer sus sentimientos como sus compañeros.

-La extraño— repuso el muchacho con un deje de melancolía, porque no podía negar la verdad, no a sí mismo.

-Tienes miedo de perderla— observo el anciano en voz alta, comprendiendo lo que el muchacho sentía.

-¿Qué tiene que ver eso con ser un Jedi?— pregunto Sasuke a la defensiva, no le gustaba que pudieran leer sus sentimientos con tanta facilidad.

-Es vital, el miedo es el camino al lado oscuro— contesto Onoki severamente, —el miedo lleva la ira, la ira al odio, el odio lleva al sufrimiento— explico como un mantra de gran importancia para todos los Jedi y que el muchacho desconocía. —Un Jedi debe tener el compromiso más profundo, la mente más seria, y siento mucho temor en ti— apreció con preocupación por aceptarlo en la Orden con semejante carga.

Sin saber identificar esta respuesta como una aprobación o negativa a ser entrenado, Sasuke recorrió con su mirada a todos los presentes, sintiéndose expuesto y frágil bajos sus ojos, sintiendo que su destino era más incierto que nunca…


PD: Ya lo sé, no me lo digan, me odian y en verdad lamento no haber podido actualizar como prometí, pero estoy aprovechando la pandemia para afinar detalles sobre un libro que espero publicar cuando todo esto pase y tuve que descuidar las actualizaciones al menos esta semana, pero prometo que la próxima semana tendrán lo que están pidiendo, lo prometo :3 la próxima actualizare "El Siglo Magnifico: Mito, Mei & Mikoto", la siguiente semana "A Través de las Estrellas" y luego "El Conjuro 2 Naruto Style: Enfield" :3 esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a mi nueva amiga Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader

-Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi

-Minato Namikaze como Qui-Gon Jin

-Naruto Uzumaki como R2D2

-Metal Lee como Jar Jar Binks

-Danzo Shimura/ Kinshiki Otsutsuki como Sheev Palpatine/Darth Sidious

-Takara Otogakure como Sly Moore

-A Kumogakure como Mace Windu

-Onoki como Yoda

-Jiraiya como Ki-Adi-Mundi

-Obito Nohara como Bail Organa

-Ino como Rabé

-Asuma Sarutobi como Finis Valorum

-Shisui Uchiha como Ric Olié

Vestuario & Personajes: he de reconocer que este ha sido uno de mis capítulos favoritos, me encanto representar tantos vestuarios o más bien modificarlos, pero he de decir que no tuve la tarea fácil y necesite varios días para replantearme lo que había hecho para quedar satisfecha. El primer vestido que lleva Sakura como la reina Hanan, en tonos malva y lila esta inspirado en la cultura japonesa como fue diseñado por Trisha Briggar, pero también tiene influencias medievales así como el peinado y la diadema que usa, el vestido para al sesión del Senado originalmente era de inspiración china y mongola, cosa que mantuve pero también con inspiración islámica y musulmana. El atuendo de doncella con el manto amarillo es básicamente el mismo que en la película "La Amenaza Fantasma", y para el vestido que usa al decidir volver a Naboo me inspire en el vestido original de la película pero con una inspiración más neoclásica, de cuello alto y mangas acampanadas. Del mismo modo, los atuendos de Sasuke y Metal Lee son de inspiración europea y oriental con detalles otomanos. En este capitulo solo mencione a algunos de los Maestros Jedi que están en el Consejo, pero más adelante en la historia mencionare a muchos más, por lo que si tienen alguna sugerencia de algún personaje que quieran ver, háganla que yo intentare hacerla posible. En la historia original, Sheev Palpatine era un político solitario, sin familia y únicamente centrado en sus ambiciones, pero en esta versión Danzo Shimura no esta solo en sus maquinaciones sino que también tiene a su esposa Takara Otogakure apoyándolo.

Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3