-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Pale" de Within Temptation para Sakura, "Legends Are Made" de Sam Tinnesz para Sasuke, "Perfect" de Kevin & Karla para Sasuke & Sakura, y "Dance of Dragons" de Ramin Djawadi para Kakashi.


Reemplazando al capitán Sabaku que se encontraba acompañando al Senador Shimura en el Senado, Metal Lee se mantuvo con las manos solemnemente detrás de su espalda, acompañando a la reina Hanan quien se encontraba de pie ante los amplios ventanales de sus aposentos y desde se podía apreciar gran parte de Coruscant, era una vista muy bella pero que traía nostalgia al corazón de Metal quien extrañaba su hogar. El gungan vestía una camisa violeta grisáceo de cuello alto y cerrado, mangas ceñidas y por sobre la camisa lucía una chaqueta de tafetán índigo de cuello en V remachada en cuero, de mangas hasta los codos y que se abrían desde los hombros, decoradas en los costados por hebillas de cuero que también cerraban el frente de su atuendo, pantalones azul oscuro y botas negras. A su lado, la reina portaba un magnifico vestido de seda negra decorado con bordados dorados y cuentas zafiro, de cuello alto y cerrando, larga falda y mangas acampanadas que llegaban a cubrirle las manos, por sobre el vestido lucía una capa superior de profundo escote en V que se cerraba bajo el busto, falda que se arremolinaba a su alrededor y mangas abullonadas que se abrían como lienzos a la altura de los codos, con un cinturón dorado ribeteado en diamantes remarcando su figura a juego con un par de largos pendientes de oro en forma de lagrima y que masificaban la gargantilla de oro decorada con tres dijes zafiros que resaltaba de su portentoso atuendo. Su largo cabello pintado en degrade del castaño al naranja estaba peinado en una larga trenza que caía tras su espalda, decorado por una diadema de finas cadenas de oro decoradas por diamantes y que dejaba caer un cristal ámbar sobre su frente.

-¿En qué piensas, Metal?— preguntó Sakura de pronto al ver el sol aparecer en el horizonte anunciando un nuevo día, deseando conocer lo que él pensaba.

-Me pregunto porque los dioses inventaron el dolor— confesó el gungan una tensa sonrisa, extrañando su hogar como sabía que la reina extrañaba el propio.

-Para motivarnos, quizás— contestó la pelirosa con una mirada serena, intentando no desesperarse pues en nada la ayudaría hacerlo.

-Alteza, ¿cree que su pueblo morirá?— se aventuró a preguntar Metal, pudiendo ver el brillo de tristeza en sus ojos y que ella se esforzaba en ocultar.

-No lo sé, pero temo mucho por lo que pasara, por mi pueblo y por los gungan, por todos— declaró Sakura sabiendo que podía ser sincera con él.

-No necesita preocuparse, Alteza, los gungan no morimos sin pelear, somos guerreros, tenemos un gran ejército— sosegó el pelinegro con inevitable orgullo, —creo que por eso no nos llevamos bien— reconoció ya que los nubianos eran pacifistas.

Sin perder su aire melancólico o triste, Sakura contesto a sus palabras con una leve sonrisa, sintiendo la luz del sol iluminar su rostro a través de los ventanales; el tiempo se había acabado, había transcurrido otro día en Coruscant y sin embargo aún no contaba con ayuda para liberar a su pueblo, ¿qué podía hacer? Esa era una pregunta que revoloteaba una y mil veces en su cabeza, pero ahora Metal acababa de darle una idea que se dedicó a considerar muy a fondo aunque no lo pareciera. Desde que había conocido a Metal, Sakura se había dado cuenta de que no era ningún bobo sino que a propósito elegía pasar por alto muchas cosas, procurando disfrutar de la vida sin hacer planes de antemano, pero sabía más de lo que parecía, y ella apreciaba eso. Sin poder evitarlo, Sakura alzo la mirada hacia sus amigas y doncellas Pakura e Ino que permanecían de pie en el umbral de la habitación luciendo los vestidos carmesí, solemnes mantos rojos y velos que cubrían sus cabellos, la estrategia que acababa de venírsele a la mente era arriesgada y mucho teniendo en cuenta la enemistad existente entre Naboo y gungan, pero puede que fuera la única posibilidad existente para liberar su planeta, y en ese caso debía utilizarla. Irrumpiendo en los pensamientos de la reina y su conversación con el gungan, las puertas de la habitación se abrieron, haciendo que la reina volviera su atención hacia el capitán Sabaku y el Senador Shimura que por primera vez desde el día anterior finalmente estaban libres luego de que el Senado hubiera estando debatiendo toda la noche la elección de un nuevo Canciller entre los mismos Senadores.

-¡Alteza!— saludó el capitán Sabaku, inclinando su cabeza ante su reina al igual que hizo el Senador a su lado. —El Senador Shimura fue nominado para quedar en el lugar de Asuma Sarutobi como Canciller Supremo— anunció con contenida emoción.

-Una sorpresa, en verdad, pero bien recibida— sonrió Danzo con cautelosa indiferencia. —Alteza, si me eligen, prometo ponerle fin a la corrupción— se comprometió lealmente.

-¿Quién más fue nominado?— preguntó Sakura, sin ver esta nominación como un triunfo.

-Obito Nohara de Alderaan y Sandayu Fuyikase de Malastare— repuso Rasa seriamente, comprendiendo lo que su reina estaba pensando.

-Confió en que nuestra situación creara una fuerte simpatía hacia nosotros— garantizó el Shimura convencido de que ganaría, tomando asiento en el diván ante su reina. —Seré el nuevo Canciller— proclamó con una sonrisa de contenida arrogancia.

-Temo que cuando pueda controlar a los burócratas, Senador, no quedara nada de nuestro pueblo ni de nuestra forma de vida— discrepó la pelirosa, sin saber si podía confiar realmente en él, un sentimiento que siempre había tenido hacia su persona.

-Entiendo su preocupación, Alteza, pero por desgracia la Federación tiene posesión de nuestro planeta— recordó el Senador, pues no seria oportuno hacer nada hasta no contar con la aprobación del Senado.

Tanto si coincidía con sus planes como si no que la joven reina regresara a Naboo, ya que él de todas formas se convertiría en el nuevo Canciller Supremo, Danzo quería tener a la joven de sobre aviso sobre lo que acabaría sucediéndole, porque si regresaba a su planeta lo primero que haría la Federación de Comercio seria tomarla prisionera y obligarla a firmar el tratado ya sea que ella lo quisiera aceptar o no, aunque no es como si a él le preocupase mucho lo que le sucediera, pero era bueno pretendiendo que sí. Sin dejarse impresionar o amedrentar en lo absoluto ante aquella posibilidad, Sakura volvió el rostro hacia los ventanales por última vez para apreciar la vista de Coruscant, respirando profundamente y cerrando los ojos, luchando por serenarse antes de volver a abrirlos, más decidida que nunca en lo que iba a hacer, aunque se le fuera la vida en ello. A diferencia de como seguramente si sucedía con los Senadores de otros planetas, ella no había sido elegida reina por los poderosos de su planeta ni había deseado llegar a lo más alto por ambición personal, antes de ser reina solo había sido una joven soñadora que había planeado convertirse en historiadora, escritora o bailarina de ballet, pero sus sueños se habían visto reemplazados por su compromiso voluntario a entregar su vida por su gente, sus padres eran civiles cualesquiera de Naboo, no eran nobles ni tenían grandes conexiones, pero gracias a su esfuerzo Sakura había podido entrar a buenas escuelas y desarrollar su potencial, más nunca había olvidado ni olvidaría sus orígenes, y no podía darle la espalda a su pueblo ahora que más la necesitaban.

-Senador, usted haga lo suyo que yo debo regresar a lo mío— contestó Sakura por fin, volteando a verlo. —He decidido volver a Naboo— declaró tanto para el Senador Shimura como para el capitán Sabaku.

-¿Volver?— Danzo palideció de horror ante semejante idea. —Alteza, no puede hacer eso, la obligaran a firmar el tratado— obvió en un intento por hacerla rectificar.

-No firmare ningún tratado, Senador, mi futuro no será diferente al de mi pueblo— repuso la Haruno sin perder su templanza. —Capitán, aliste mi nave— encomendó al Sabaku quien inclino la cabeza ante ella antes de retirarse en silencio.

-Por favor, Alteza, quédese, no se exponga— intentó disuadirla el Shimura, levantándose del diván pese a que parecía no tener caso hacerlo.

-Ahora veo que la República ya no cumple su función— declaró la pelirosa, volteando a ver una última vez al Senador desde el umbral de las puertas, —ruego que usted restablezca la cordura y la compasión en el Senado— encomendó intentando creer que al menos podría hacer eso por ella.

Acompañada por sus doncellas que la seguían en todo momento y por Metal Lee que últimamente se había convertido en un segundo guardaespaldas para ella, la joven reina aparto la mirada del Senador, dirigiéndose hacia su habitación privada para cambiar su elaborado atuendo por ropa más cómoda ya que la aguardaba un largo viaje de regreso a Naboo, y que realizaría con mucho gusto.


El sol finalmente había iluminado la civilizada y moderna superficie de Coruscant, trayendo consigo el día, más no había conseguido eliminar los temores, inquietudes y preocupaciones de Sasuke quien se paseó nerviosamente fuera de la sala del Consejo donde le habían pedido que aguardara en compañía de Kakashi quien permanecía sereno y de brazos cruzados, meditando en silencio o eso intentaba, dándose por vencido y desviando la mirada hacia el Uchiha que a nada estaba de hacer un agujero en el suelo al pasearse como un león enjaulado. La mayoría de los aprendices Padawan de la edad de Sasuke o un poco menores que eran evaluados por el Consejo Jedi se mantenían en alma y en perfecto control de sus emociones, siguiendo el código Jedi…Sasuke claramente no sabía lo que era ser un Jedi, era demasiado voluble, demasiado emocional sin importar que supiera contenerse. La Orden Jedi se basaba en una estricta observancia de los procedimientos establecidos para la educación y el adiestramiento, pero según Minato había dicho todas estas reglas tenían sus excepciones, hasta ahora lo habían juzgado muy severamente pero Sasuke quería creer que a pesar de todo si aceptarían que fuera un Jedi. Estaba asustado sin importar cuanto intentara ocultarlo, sentía miedo por no volver a ver a su madre nunca más, por ser alejado de Sakura ahora que por fin tenia clara la intensidad de sus sentimientos por ella, ¿qué importaba si los Jedi no podían tener apegos? Él ya los tenía y se sentía orgulloso por eso, no sería quien era de no ser por esos apegos, y no tenía pensado cambiar.

-No es fácil esperar, ¿verdad?— más bien afirmo el Hatake, conteniendo una carcajada ante la evidente impaciencia de Sasuke.

-¿Tuviste que hacer esto?, ¿esperar a que te vean?— preguntó el Uchiha, deteniendo su andar y volteando a verlo.

-Todos los aprendices deben hacerlo— obvió Kakashi encogiéndose de hombros para sorpresa de él, —pero a diferencia de ti, se espera que nos sentemos y esperemos en silencio— añadió con una sonrisa falsamente presumida, jactándose de su autocontrol.

-Si paso otra hora esperando, creo que comenzare a escalar las paredes— negó Sasuke para nada de acuerdo con su pasividad.

-Es una agradable perspectiva— asintió el Padawan, realmente divertido por su actitud.

-Sasuke, te verán ahora— habló Minato a espaldas de ambos, sobresaltándolos.

Tan absortos como habían estado en su propia conversación y analizando las diferencias evidentes entre sus personalidades, Kakashi y Sasuke voltearon automáticamente a ver a Minato quien permanecía de pie en el umbral de las puertas del Consejo que se habían abierto sin que ninguno de los dos lo hubiera advertido, más lejos de protestar y aclarándose la garganta al mismo tiempo, ambos siguiendo a Minato en silencio al ingresar en la habitación, Sasuke más nervioso que el Maestro Jedi y su Padawan, porque no sabía que sucedería con su destino desde ahora, y no ayudo que tras nada más entrar los doce Maestros Jedi los observaran con igual interés y severidad que al juzgarlo horas atrás, más solo basto que intercambiara una vaga mirada con Minato para auto infundirse valor. El Consejo Jedi ya había llegado a un consenso sobre qué hacer con Sasuke Uchiha; su madurez y edad planteaban un problema al estar a portas de la pubertad, pero no lo eliminaba automáticamente como candidato al adiestramiento Jedi, de hecho tenía habilidades notables y talentos que esperaban ser perfeccionados, más si era preocupante el conflicto en su interior como consecuencia de los apegos y sentimentalismos que tenía, y que los Jedi no conocían ni permitían en sus filas. Ya era tarde para intentar alterar las convicciones del Uchiha y su forma de pensar, y por lo mismo el muchacho era vulnerable a sus emociones, a la oscuridad titilante en su corazón, un riesgo que ninguno de los Maestros Jedi estaba dispuesto a correr solo para comprobar si era realmente Elegido.

-Hemos concluido nuestro examen al muchacho— declaró Onoki con su voz queda, calmada y anciana.

-La Fuerza es intensa en él— convino Jiraiya genuinamente impresionado por el muchacho y el futuro claramente prometedor que poseía.

-Como en ningún otro ser conocido— asintió A, igual de impresionado pero sin abandonar su característica severidad.

-¿Será entrenado?— más bien afirmó Minato, dando por hecho que había triunfado esta vez.

-No, es demasiado mayor— negó él ciñéndose al estricto código Jedi que no había cambiado en siglos.

-Él es el Elegido, deben sentirlo— insistió el Namikaze con vehemencia, incrédulo por lo que estaba oyendo.

-El muchacho tiene un incierto futuro— secundó Onoki con una expresión pensativa al dejarse guiar por la Fuerza.

Si antes de entrar lo que Sasuke había sentido era miedo e incertidumbre, en ese instante sintió decepción y hasta preocupación, no podía entender ¿qué había de malo con él?, ¿por qué siempre y por alguna razón parecía no encajar en ningún lugar? Ni en Tatooine había conseguido sentirse tranquilo o aceptado, tampoco aquí en Coruscant, ¿es qué tenía acaso un lugar al que pertenecer? Solo Sakura no lo había juzgado hasta ahora, y por desgraciada ella no estaba a su lado para hacer más llevadera la situación….tal vez no debería haber abandonado Tatooine, tal vez no debería haberse alejado de su madre, al menos así no se sentiría tan solo. Disgustado por la decisión del Consejo de rechazar entrenar a Sasuke, Kakashi se mantuvo imperturbable en el exterior, pero inevitablemente desvió la mirada hacia su Maestro a quien sentía a punto de estallar de ira como nunca antes, y no era para menos. Minato usualmente era una persona completamente tranquila, pero nunca antes se había frustrado tanto con el restrictivo parecer del Consejo entre cuyos miembros no encontró compasión hacia Sasuke, solo rechazo, y era una pena porque él de todas formas estaba más que dispuesto a entrenarlo sin importar que para ello tuviera que pasar por sobre lo permitido. Si Sasuke hubiera nacido en la República, los Jedi los habrían identificado en su edad más temprana y se habría convertido en un Jedi, pero desgraciadamente ahora era demasiado mayor, además tenía apegos y vínculos emocionales muy fuertes, pero Minato no iba a darse por vencido, para él Sasuke era el estudiante perfecto.

-Yo lo entrenaré, Sasuke será mi Padawan desde ahora— decidió el Namikaze, situando una de sus manos sobre el hombro del Uchiha y recorriendo con la mirada a los presentes.

-Ya tienes un aprendiz, Minato, es imposible que tengas otro— recordó Onoki con severidad ante su decisión.

-El código lo prohíbe— secundó A igual de inflexible en su posición pese a esta amenaza.

-Estoy listo para la iniciación— intervino Kakashi dando un paso al frente, intentando ser de ayuda al dejar de ser un Padawan.

-El Consejo decidirá cuando alguien esté listo— negó el Gran Maestro ante el ímpetu de su antiguo pupilo.

-Kakashi es testarudo y aún tiene mucho que aprender de la Fuerza, pero es capaz, ya no aprenderá nada de mí— declaró el Namikaze con orgullo paternal, convencido de que su Padawan está más que listo para convertirse en un Caballero Jedi.

-El destino de Uchiha se decidirá más tarde, este no es el momento adecuado para ello— suspiró Onoki con el ceño fruncido. —El Senado elegirá a un nuevo Canciller y la reina Hanan volverá a Naboo, eso presionara a la Federación y podría agravar a la confrontación— explicó para sorpresa de Minato, Kakashi y Sasuke quienes no sabían de la decisión de la reina, hasta ahora.

-Además de revelar al atacante de la reina, que seguramente espera que regrese a su planeta— añadió Jiraiya quien como todos deseaba saber si el individuo era o no un Sith.

-Ve a Naboo con la reina y descubre la identidad de este oscuro guerrero, es lo que necesitamos para descifrar el misterio de los Sith— destinó A, dejando atrás el anterior debate hasta nuevo aviso.

-Sí, Maestros— asintió Minato resignadamente así como Kakashi y Sasuke sin otra opción.

-Que la Fuerza los acompañe— deseó Onoki para dar por terminada la audiencia.

Puede que ninguno de los tres estuviera de acuerdo con la decisión del Consejo y quisiera protestar, pero priorizando la misión a Naboo por encima de todo lo demás, Minato, Kakashi y Sasuke inclinaron respetuosamente la mirada ante los miembros del Consejo antes de abandonar la habitación, porque debían reunirse con la reina cuanto antes. Tan pronto como las puertas se cerraron, los miembros del Consejo se observaron entre sí, muchos estaban algo sorprendidos por la fuerza de los sentimientos del muchacho, pero no podían negar que tenía habilidades inigualables en la Fuerza y eso bien merecía considerarse, tal vez cuando esta misión de Minato y su Padawan a Naboo terminara, Sasuke Uchiha si pudiera ser entrenado como un Jedi, pero hasta entonces su juicio tendría que posponerse.


Aguardando a la llegada de la reina, Minato, Kakashi y Sasuke se pasearon inquietamente sobre la plataforma de descenso a la cual estaba anclada la nave real de Naboo que estaba terminando de ser preparada por la comitiva de guardias y pilotos quienes se mostraban más que dispuestos a regresar a su planeta, tanto que su ánimo contagio un poco a Sasuke quien ayudo a Naruto a cargar lo que hiciera falta, le hacia mucha ilusión conocer Naboo por todo lo que Sakura le había dicho, ella lo había hecho sonar como el planeta más hermoso de la galaxia y esperaba poder verlo con sus propios ojos. Hasta ahora el Uchiha se había mostrado completamente silente respecto de la decisión del Consejo, pero también por la tensión que percibía entre Minato y Kakashi quienes no se habían dirigido la palabra desde que habían abandonado el Templo Jedi, deseaba poder hacer que Maestro y Padawan se reconciliaran por el motivo que fuera que los había enemistado, pero prefería callar que hablar de aquello que no sabía. Usualmente y a diferencia de su temerario Maestro, Kakashi era quien siempre seguía el código Jedi lo más al pie de la letra que le era posible, una consecuencia de haber sido entrenado en su infancia por el Gran Maestro Onoki, pero ahora se encontraba furioso, dividido entre lo que sabía que estaba bien hacer, que era seguir el código, contra lo que sentía que estaba bien, que era proteger a Sasuke, sabía que él necesitaba de su ayuda y la de los Jedi, que debería haber sido entrenado y no rechazado…sin embargo no había nada más que pudieran hacer por él y eso lo enfurecía tanto como a su Maestro, porque no quería ni podía asumir la derrota.

-Sabía que esto sucedería, sabía que no aceptarían a Sasuke— masculló Kakashi con contenida ira, disgustado ante la decisión del Consejo.

-Es su error, no él mío— diferenció Minato sin dejarse abatir por la ceguera del Consejo Jedi.

-¿Eso qué significa?— inquirió el Hatake, volviendo el rostro hacia su Maestro quien eligió guardar silencio, —¿Entrenará a Sasuke a pesar de lo que dijo el Consejo?— comprendió con incredulidad, sabiendo bien lo terco que su Maestro podía ser. —Maestro, ¿merece la pena correr semejante riesgo?, ¿y si se equivoca?, ¿y si Sasuke no es el Elegido?— cuestionó en espera de hacerlo cambiar de opinión y obedecer al Consejo.

-El destino de Sasuke no es claro ahora, pero sé que tarde o temprano el Consejo se dará cuenta que su lugar esta con los Jedi, y tú también deberías aceptarlo— corrigió el Namikaze con voz severa, viendo el temor titilar en los ojos de su Padawan ante su tono, —ahora, aborda— designó sin consentir oírlo discutir.

De entre todos los Jedi de la galaxia, Minato Namikaze siempre había sido un modelo a seguir, mesurado, calmado, paciente…pero cuando entraba en cólera era mejor no enfurecerlo todavía más, y como su Padawan Kakashi no dudo en asentir en silencio y dirigirse al interior de la nave, intercambiando una vaga mirada con Sasuke, quien parecía claramente preocupado por todos los conflictos que se habían desatado desde que él había entrado en sus vidas. Minato no estaba enfadado con su Padawan, o no realmente, estaba furioso por la ineptitud del Consejo Jedi y su escepticismo, ¿Por qué mentiría sobre Sasuke? es cierto que habían existido muchos "emisarios" o representantes de la Fuerza antes que él, guerreros o Jedi que habían intentado traer el equilibrio pero sin éxito porque solo un individuo estaba destinado a ello; el Elegido, Sasuke, más el Consejo insistía en cuestionar si era o no el elegido, ¿por qué Mikoto mentiría sobre la inexistente paternidad del muchacho?, ¿en qué la habría beneficiado eso? Le había prometido que protegería a Sasuke y lo haría, incluso si debía entrenarlo a espaldas del Consejo Jedi. Con cautela y en silencio, Sasuke se aproximó al Maestro Jedi tras la partida de Kakashi, observado por Naruto quien lo alentó a romper el hielo, todo era muy complejo y extraño para él, veía a otros a su alrededor discutir y debatir de cosas que poco y nada entendía, nadie salvo Sakura estaba incondicionalmente para él, además de Minato y Kakashi, y lo último que quería era que ellos se enfadaran por su causa, no quería que nadie se enfadara o discutiera por él.

-Minato, no quiero ser un problema— declaró Sasuke por fin, sintiendo culpa por todo lo que estaba pasando últimamente.

-No lo serás, Sasuke— negó Minato, olvidando por completo su exabrupto con Kakashi, —no me dejan entrenarte, por lo que quiero que escuches, observes y aprendas de todo lo que haga; recuerda que tu concentración determina tu realidad— enseñó viendo asentir inmediatamente al muchacho, —no te alejes de mí y estarás a salvo— lo protegería con su vida de ser preciso, tal y como le había prometido a Mikoto.

-Me preguntaba…— inicio el Uchiha con algo de inseguridad, viendo asentir a Minato quien lo alentó a hablar, —el Maestro Onoki y los otros Jedi hablaban de "el Elegido", ¿qué es eso?— preguntó al ver que, lejos de confundirse con su pregunta, el Jedi no hacia sino sonreír.

-Es una profecía, se trata de un ser destinado a traer la paz en la galaxia y el equilibrio a la Fuerza— contestó el Namikaze, divertido ya que jamás había sostenido una conversación así con alguien tan ajeno a la Fuerza si de conocimiento escrito se trataba.

-¿Creen que soy el Elegido?— preguntó el azabache entre sorprendido y preocupado.

-No creen que lo seas, lo eres— afirmó el Jedi, poniendo al muchacho de cara a la realidad que nadie le había dicho, hasta ahora, —eres un emisario de la Fuerza, distinto a todos los Jedi, porque la Fuerza guía tus pasos, cuando silencies tus miedos y serenes tu mente, escucharas su voz— aseguró, convencido de que con el tiempo se convertiría en el más excepcional de los Jedi, no había duda.

-Todo es demasiado complicado— suspiró Sasuke ante esta carga recién adjudicada, —ni siquiera sé que pasara conmigo, ¿cómo puedo ser el elegido?, ¿y si me equivoco?— preguntó con preocupación de no poder hacer lo que otros esperaban que hiciera.

-Con tiempo y dedicación aprenderás, ya lo verás— tranquilizó Minato con una amistosa sonrisa.

La conversación entre ambos se vio interrumpida ante la llegada de una lanzadera a la plataforma y de la cual descendieron la reina y su pequeño séquito: sus doncellas desde luego, el capitán Sabaku, una escolta de guardias y Metal Lee. La reina portaba un sencillo vestido purpura con detalles en índigo, de cuello alto y cerrado, mangas ceñidas hasta las muñecas y cómoda falda que se arremolinaba ante su andar bajo una capa superior color violeta apagado, de cuello en V cerrado por seis botones hasta la altura del vientre, mangas abullonadas que se abrían a la altura de los codos para exponer el vestido inferior, más ceñido a su cuerpo por un fajín purpura. Su largo cabello, pintado en un degrade del castaño al naranja se encontraba peinado en una larga trenza que caía tras su espalda y de la cual se escapaban dos finos rizos que enmarcaban su rostro bajo un velo violeta claro, únicamente luciendo una diadema en forma de diamante en la frente y de la cual se desprendían finos hilos dorados que se entrelazaban con su cabello bajo el velo, a juego con unos largos pendientes de oro. Tras la reina, sus doncellas vestían sus femeninos atuendos de terciopelo naranja, de mangas acampanadas por sobre otras ceñidas, formando un bello degrade hasta convertirse en amarillo en cadenciosas faldas de velo, ceñido con un fajín naranja oscuro a juego con los velos que cubrían sus cabezas. Regia en su andar y con la frente en alto, la reina se detuvo frente al Maestro Jedi, quien no dudo en reverenciarla al instante al igual que el Uchiha para quien pasó inadvertida la sonrisa que de la joven soberana le dirigió.

-Maestro Minato— saludo Sakura, agradeciendo profundamente poder contar con su presencia.

-Alteza— correspondió el Jedi, invitándola a subir a la nave. —Es un honor servirla y protegerla— declaró al acompañarla al interior, con Sasuke a su espalda.

-Gracias por acompañarme— manifestó la Haruno con sinceridad, —el Canciller teme de que la Federación querrá destruirme— aludió ya que las amenazas a tener en cuenta eran muchas y muy reales.

-No sucederá, no mientras nosotros estemos con usted, se lo prometo— garantizó el Namikaze con voz solemne.

Mucho más tranquila al no saberse sola en esta difícil contienda en que parecía tenerlo todo en contra, Sakura sonrió genuinamente al cruzar el umbral de la rampa de abordaje, sujetándose distraídamente de la falda para no tropezar, volviendo disimuladamente su rostro por sobre su hombro para corroborar que Sasuke los seguía. Deteniéndose en el umbral de la rampa de abordaje, a punto de subir a la nave, Sasuke examino a las doncellas de la reina, reconociendo a Pakura, Ino y Temari, pero nuevamente Sakura no estaba entre ellas y no la había visto llegar antes, ¿dónde estaba? Suspirando con decepción para sí, el Uchiha acompaño a Naruto al interior segundos antes de que la escotilla se cerrara y la nave despegase…


Theed, Naboo

Lejos de Coruscant, en el Borde Medio de la galaxia, la noche había caído sobre el hermoso planeta de Naboo y su capital, Theed, las calles estaban vacías y silentes salvo por la fuerte brisa nocturna y los ocasionales pasos de las patrullas de androides de combate de la Federación de Comercio, y en el palacio real el virrey Homura Mitokado y su esposa se preparaban para dormir con calma, sin remordimientos de ninguna clase, más pronto algo interfirió sus planes; una llamada del lord Sith. Por sobre el pijama, el virrey vestía una abrigadora bata de terciopelo purpura que se anudaba en el frente, y a su lado su esposa vestía un bello camisón esmeralda de escote cuadrado cerrado en el frente por cinco botones dorados, falda larga y mangas holgadas, con falso escote en V hecho de encaje a imagen de la decoración por sobre la mangas y que casi le cubrían las manos, con su largo cabello castaño recogido en un sencillo moño tras su nuca, dos pasos tras su esposo, igual de temerosa que él al holograma del lord Sith Kinshiki Otsutsuki que apareció delante de ellos por obra de uno de los androides de combate de su ejército, siempre cubierto por su infaltable capucha que hacía imposible ver su rostro y saber cuál era su expresión, más siempre se mostraba de lo más amenazador ante ellos, su sola voz y presencia ya eran más intimidante que ninguna otra. Afortunadamente, esta vez no tenían ninguna mala noticia que dar al lord Sith, puede que la reina Hanan aún no hubiera regresado a Naboo y no pudieran firmar el tratado para legalizar su invasión, pero si tenían el control absoluto del planeta en la palma de su mano.

-La reina Hanan se dirige hacia ustedes— advirtió Kinshiki, poniendo de sobre aviso a la pareja, —tan pronto como lleguen, deben obligarla a firmar el tratado— recordó ya que solo entonces estaría realmente satisfecho con lo que habían hecho.

-Así se hará, mi lord— asintió Homura de inmediato, anhelando cuanto antes enfrentarse a esa muchacha arrogante.

-¿El planeta está controlado?— preguntó el lord Sith, dando por hecho que esto era así.

-Nos apoderamos de las últimas civilizaciones primitivas, ahora tenemos el completo control del planeta— aseguró el Mitokado con una satisfactoria sonrisa de triunfo.

-Excelente, haré que las cosas sigan como están en el Senado— asintió el lord Sith con una sonrisa ladina bajo su capucha. —Enviare a mi aprendiz Pein Otsutsuki con ustedes— mencionó sin detenerse a considerar la opinión de ellos.

-Sí, mi lord— contestó el virrey, inclinando la cabeza ante la decisión del lord Sith.

¿De qué iba a servir que protestaran? no podían oponerse a Kinshiki Otsutsuki y su voluntad, solo podían guardar silencio y hacer todo lo que él dijera para sobrevivir, sin importar que no les hiciera mucha ilusión contar con la presencia de su atemorizante aprendiz. Sufriendo un leve temblor a causa de la estática, la transmisión holográfica llegó a su fin, dejando al virrey y a su esposa a solas, observándose, y Koharu solo negando en silencio para si antes de voltearse hacia la cama.

Esto era demasiado peligroso, nada era como habían pensado que sería, y algo les decía a ambos que todo pronto sería mucho peor.


La nave real de Naboo cruzaba velozmente el basto hiperespacio hacia su planeta de origen que estaba bajo el poder de la Federación, pero no por mucho, o al menos eso es lo que esperaba Minato quien abandono la cabina donde Sasuke y él habían estado reunidos con el capitán Shisui, dirigiéndose ahora hacia los aposentos de la reina donde aguardaba Kakashi y el capitán Sabaku. Soberbiamente sobre su trono, la reina Hanan se mantuvo en silencio, siguiendo con la mirada al Maestro Jedi y al Uchiha quienes la reverenciaron al entrar, había reservado su opinión y lo que deseaba hacer de ahora en más hasta tenerlos a todos juntos como ahora. Pakura, Ino y Temari se encontraban de pie tras ella, solicitas a cualquier orden suya así como los guardias que vigilaban las puertas de la habitación, y de pie junto al capitán Sabaku se encontraba Metal Lee quien permanecía silente y observando todo lo que pasaba. Tran pronto como Minato se situo a la diestra de Kakashi, Maestro y Padawan sintieron una corriente eléctrica estremecerlos ante su reciente desacuerdo, más ninguno intento mediar en el conflicto, observando a la reina que inspiro aire profundamente al solo encontrar silencio en la habitación. El Senador Shimura le había advertido que al regresar a Naboo no haría otra cosa que arriesgar su propia vida, le había dicho que no conseguiría liberar a su pueblo, pero lo haría, no estaba dispuesta a arriesgarse por menos, al menos una parte de los ciudadanos de su planeta debían poder gozar de la libertad, aun si implicaba abandonar su mundo, ¿si no para qué era reina? No quería el poder para sí misma sino para ayudar a otros, en eso se basaba su ideal de la política.

-Tan pronto como lleguemos a Naboo, tengo intención de actuar contra la invasión de la Federación— declaró Sakura para alertar a los Jedi y a sus guardias. —Mi pueblo ya ha sufrido bastante— añadió tanto para sí como para sus oyentes, porque no podía ni quería esperar más.

-Al descender, la Federación la arrestara y la obligara a firmar el tratado— protestó el capitán Sabaku, menos esperanzado que su joven soberana a quien deseaba proteger.

-Estoy de acuerdo— respaldó Minato, intrigado y preocupado por el proceder de la reina. —No sé qué espera lograr, Alteza— confesó esperando una explicación.

-Recuperar lo nuestro, desde luego— obvió la Haruno sin perder la calma, cansada de huir como una cobarde, porque no lo era.

-No tenemos ejército, Alteza y no hay suficientes hombres— señaló Rasa en espera de hacerla cambiar de parecer, porque era imposible ganar una guerra así.

-Nosotros solo podemos protegerla, no pelear una guerra por usted— advirtió el Maestro Jedi con buen pacifista ante tan difícil situación.

-Lo sé— asintió la reina, agradecida de todo corazón por su ayuda. —Metal Lee— llamó por fin, centrando su atención en el gungan para sorpresa de todos.

-¿Yo, Alteza?— asintió Metal, casi tartamudeando porque se considerase su opinión.

-Si, necesito que me ayudes— contestó Sakura con una leve y amable sonrisa.

Por un momento a todos los presentes, excepto a Metal desde luego, les pareció que la reina solo pretendía hacer sentir bien al gungan al tomar en cuenta su opinión en esta misión, pero lo que nadie sabía era la razón tras la sonrisa que adorno el rostro de la reina quien procedió a explicar su plan. Metal había dicho que a diferencia de los nubianos que se destacaban por ser pacifistas, los gungan eran una sociedad guerrera y que contaban con un poderoso ejército, pues ahora los nubianos necesitaban un ejército y el apoyo que ni el propio Senado de la República había podido darles, ya era tiempo de acabar con esta fútil enemistad con los gungan, que no habían alentado nunca, y convertirse en uno solo para defender su planeta de la invasión que los oprimía, ella quería que todos pudieran llevarse bien y disfrutar de la paz y la libertad en su planeta, y estaba dispuesta a arrodillarse y rogar apoyo al jefe Might Duy para lograrlo.

Solo juntos podrían enfrentar a su enemigo, solo unidos serían libres.


Sasuke terminó de acomodarse la camisa mientras salia del baño, la nave acababa de llegar a Naboo y había aterrizado en uno de los numerosos pantanos, lejos de la capital para no llamar la atención, en tanto todos se preparaban para comenzar su travesía hacia la ciudad Otoh Gunga. Por primera vez en su vida en mucho tiempo, Sasuke se sintió hasta divertido por tener que volver a cambiarse de ropa en menos de setenta y dos horas, ahora lucía una holgada camisa negro azulado de cuelo en V que se ceñía a la altura de muñecas bajo una corta chaqueta de cuero sin mangas, pantalones gris oscuro y largas botas negras, nadie le había dicho que se libraría una batalla, desde luego que no, pero Sasuke ya podía intuirlo por la actitud de todos. El atemorizante bloqueo de Naboo ya no existía sino que ahora solo una nave de la Federación permanecía en la órbita del planeta para controlar al ejército de androides, un problema menos, en teoría. Las puertas de sala se abrieron en ese momento, permitiendo el ingreso de Sakura quien de inmediato le dirigió una amable sonrisa, vestía un elegante y sencillo traje violeta apagado que se entallaba holgadamente su figura, de cuello alto y abierto en V por sobre el escote, ceñido al cuerpo por un cinturón, de larga cola hasta los tobillos y amplias mangas acampanadas por sobre una camiseta violeta claro con complejos bordados, de mangas ceñidas y escote cuadrado, pantalones violeta oscuro y largas botas marrón claro de un tono muy similar a las lisas hombreras del traje. Su largo cabello rosado estaba peinado en una larga trenza que caía tras su espalda y de la que escapaban dos finos rizos que enmarcaban su rostro.

-Hola…— saludo Sakura, llevándose una mano al centro del pecho, —por poco me da un infarto— jadeo al recuperar el aliento, ahogando una carcajada, —¿qué pasa?— inquirió ante la expresión en el rostro del Uchiha

-¿Puedes explicarme una cosa, Sakura?— preguntó Sasuke, aproximándose a la mesa de la sala, —¿Por qué nunca te veo con la reina?— indagó, sentándose a la mesa y observándola muy atentamente.

-¿Crees que soy una espía?— cuestionó la Haruno, sin dejarse intimidar por su pregunta.

-No, solo me gustaría saber dónde estás— obvió el Uchiha, encogiéndose de hombros despreocupadamente.

-La reina confía mucho en mí, por lo que siempre me encomienda las tareas que nadie más puede hacer como ella desea— explicó la pelirosa con una leve sonrisa, lamentando tener que mentirle, pero era necesario. —Por ejemplo, me pidió que supervisara el orden de todo dentro de la nave y que me encargara de informar a los pilotos que volveríamos a Naboo, así que vine antes a ayudarlos a preparar la nave y el personal— aclaró, satisfaciendo las inquietudes del Uchiha. —¿Y tú qué haces aquí?— preguntó con un deje de mofa.

-Vine con Minato y Kakashi— contestó el azabache, apartando la mirada. —No podre ser un Jedi, dicen que soy demasiado mayor— mencionó con decepción y vergüenza entremezcladas.

-Si, según oí los Jedi son tomados de sus familias cuando solo tienen meses de edad, y su vida es muy estricta— asintió Sakura a modo de reflexión, tomando asiento delante del Uchiha, —pero no dudo que cumplirás tu sueño, estoy segura— garantizó con una sonrisa, consiguiendo animarlo un poco, lo suficiente para esbozar una leve sonrisa. —Sasuke, esto será muy peligroso, la reina ha tenido que tomar una difícil decisión, no quiere pelear pero tendrá que hacerlo, todos tendremos que hacerlo— aludió, diciéndole lo que nadie más le había dicho, que se avecinaba una batalla. —Nuestro planeta es un lugar pacifico, odiamos la guerra— declaró tanto para él como si misma.

-Quiero ayudar— refutó Sasuke al instante, porque si esto era importante para ella, estaba dispuesto a hacer todo lo que pudiera.

-Y no sabes cuánto te lo agradezco— sonrió ella genuinamente, sintiéndose mejor gracias a él.

Sentados uno al lado del otro ante la mesa, Sakura bajo la mirada, entrelazando sus manos con las de Sasuke, sintiéndose infinitamente mejor al saber que no estaba sola en esto como sentía habitualmente, y del mismo modo Sasuke se sentía mucho más tranquilo al contar con la amistad y filial compañía de Sakura quien siempre podía hacer que se olvidara de cualquiera de sus problemas con una de sus sonrisas, ¿Qué importaba si no podía ser un Jedi? Haría que las cosas funcionaran de alguna forma, era mil veces más importante para él poder contar con Sakura que cumplir sus propios sueños, ni siquiera le importaba lo peligrosa que pudiera ser esta batalla ni nada más, si brindándole su ayuda conseguían liberar Naboo, si ella volvía a ver a sus padres y era realmente feliz, a él no le importaría tener que bajar al mismo infierno para ello. En una señal de confianza y vulnerabilidad al mismo tiempo, sin soltar la manos de Sasuke a quien se sentía tan unida desde el primer momento, Sakura apoyo su cabeza contra su hombro, ¿cómo podía sentirse tan cómoda y protegida junto a un muchacho que llevaba conociendo menos de un mes y que encima de todo era cuatro años menor que ella? era un gran misterio para Sakura, pero si algo si sabía es que Sasuke era diferente de cualquier otro muchacho que hubiera conocido, no solo era muy maduro e inteligente sino que también tenía un corazón lleno de bondad que era incapaz de albergar odio hacia nadie. Nunca se había sentido realmente cómoda junto a otras personas, era más bien tímida, su círculo cercano siempre habían sido sus padres, su hermana y sus doncellas al convertirse en reina, pero ahora Sasuke también era parte importante de su vida.

-Me alegra que estés aquí— susurró Sasuke sin alejarse de ella, bajando la mirada para encontrarla con la suya.

-Y a mí me alegra que tú estés aquí— correspondió Sakura, recargándose mejor contra su hombro, sintiéndose a salvo a su lado.

Una guerra se estaba librando, y no solo en Naboo sino que en toda la galaxia y por cosas tan nimias como lo era la natural diferencia de opiniones entre personas, un defecto y virtud de la democracia, pero nada de eso era realmente importante para Sasuke y Sakura, no estando juntos, porque juntos sentían que podía olvidarse de absolutamente todo, porque ya no volvían a sentir que estaban solos.


Como propósito de vida, los Jedi luchaban por traer el equilibrio a la Fuera así como proteger a quienes no podían luchar por si mismos o cuya voz intentaba ser extinguida, y en nada había resultado sorpresivo que el Maestro Minato Namikaze y su Padawan Kakashi Hatake de diecinueve años fueran enviados a Mandalore por el plazo de un año para ayudar a la duquesa Koyuki Kasahana quien era la gobernante del planeta y líder de los demás clanes guerreros a quien muchos de sus propios compatriotas se oponían, a consolidar su régimen que renegaba la guerra y desear para Mandalore un gobierno pacifico, libre de guerra. Kakashi no había sabido que pensar al comienzo de su misión, nunca había estado lejos de Coruscant por tanto tiempo y la duquesa Koyuki solo tenía diecisiete años, no creía que pudiera luchar por el poder que le correspondía por derecho de nacimiento, pero se había equivocado y agradecía que fuera así, nunca antes en su joven vida había conocido a una mujer con un corazón tan noble, amable y lleno de caridad hacia otros, por eso tal vez no había conseguido evitar traicionar el código Jedi y enamorarse locamente de ella, siendo completamente correspondido. Ni siquiera se lo había dicho a su Maestro, pero estaba considerando seriamente la posibilidad de abandonar la Orden Jedi y quedarse a vivir en Mandalore junto a Koyuki. Serenando su mente de toda emoción, Kakashi se aclaró la garganta al ingresar en la sala del trono donde su Maestro Minato aguardaba por él, volteando al verlo al instante, sabía que debían volver a Coruscant dentro de un mes, pero Kakashi dudaba que su Maestro lo hubiera hecho llamar solo por eso.

-¿Quería verme, Maestro?— consultó el Hatake al ingresar en la habitación, cruzando nerviosamente las manos.

-Sí, pasa, Kakashi— invitó el Namikaze, aproximándose a su Padawan y viceversa. —Solo voy a decirte esto una vez, no quiero tener esta conversación pero es mi deber como tu Maestro— aclaró anticipadamente para clara extrañeza de Kakashi. —Si quieres abandonar la Orden Jedi, está bien, no te culpare por eso ni te obligare a quedarte, pero si vas a tomar una decisión, debes hacerlo ya— confió sin apartar sus ojos de los de su Padawan, —puedes terminar con esto y seguir en la Orden Jedi, o puedes renunciar tan pronto como termine la misión y quedarte con Koyuki aquí— sería tonto si no comprendiera lo que su joven aprendiz estaba sintiendo.

-No sé de qué está hablando, Maestro— contestó Kakashi mecánicamente, luchando por no contener el aliento a causa de la sorpresa por su planteamiento.

-Sabes de que hablo, Kakashi— obvió Minato, absteniéndose de entornar los ojos al ver que su Padawan mentía. —Una vez ame a alguien igual que tú ahora amas a Koyuki, y no hay vergüenza en eso— confesó sabiendo que ambos podían ser completamente sinceros entre sí, —pero sabes bien que como Jedi no es posible tener apegos, si fuera posible de alguna forma, te lo permitiría, pero no puedes tener dos vidas; una aquí y otra en Coruscant— intentarlo sería una carga que Kakashi tal vez no podría soportar.

Puede que el código Jedi fuera demasiado estricto, casi inhumano, no parecía contemplar los sentimientos, pero en algún momento de sus vidas todos los Jedi habían tenido sentimientos románticos hacia alguien, incluso entre ellos mismos aunque nadie se atreviera a admitirlo, porque era humano y normal enamorarse, Minato recordaba su lejana adolescencia cuando había compartido tanto con una joven que había sido su compañera de entrenamiento, Padawan del Maestro Onoki…tal vez y si no hubiera muerto hace taños años habría abandonado la Orden Jedi por ella, pero la muerte había llegado para separarlos antes de que armaran planes sobre una vida juntos, y lo que Minato deseaba era evitarle a Kakashi el mismo remordimiento, no lo obligaría a permanecer en la Orden Jedi si no deseaba hacerlo, estaba dispuesto a dejarlo ir. Sorprendido por las palabras de su Maestro así como incomodo sobre su propia resolución, Kakashi se revolvió nerviosamente el cabello, mentiría si dijera que no había pensado en la posibilidad de dejar a los Jedi y establecerse junto a Koyuki…pero ella le había dicho que no necesitaba hacerlo, que su corazón ya le pertenecía y que eso era más importante para ella, y no pensaba pedirle que sacrificara su futuro como Jedi por ella, ¿qué se suponía que hiciera entonces? Quería dejarlo todo por ella, pero ¿y si se arrepentía de su decisión?, ¿y si terminaba culpándola a ella por su premura? Estaba completamente seguro de sus sentimientos por Koyuki y a su vez ella estaba segura de que lo amaba, pero ambos aun eran muy jóvenes, Koyuki tenía su responsabilidad con Mandalore y él con los Jedi.

-No sé qué debo hacer, Maestro— confesó Kakashi en suspiro cansino, —quiero quedarme, pero...¿y si esta no es mi vida?— no dudaba de lo que sentía, pero ser un Jedi era todo lo que conocía y temía fallarle a la mujer que tanto amaba. —Koyuki dijo que no puede pedirme que abandone a los Jedi, ella no puede ser egoísta, ¿cómo puedo serlo yo?— no podían sacrificar lo que los definía, amor no implicaba exigir sacrificio.

-Es una mujer admirable, pese a lo joven que es, y muy sensata— elogio Minato, ratificando sus pensamientos sobre la valiente y joven duquesa. —Como ella ya ha antepuesto el bienestar de su gente por encima de sus sentimientos, la decisión final recae en ti, Kakashi, sé que es duro, pero tienes que decidir— delegó situando una de sus manos sobre el hombro de su Padawan quien solo negó en silencio, sintiéndose incapaz de tomar aquella decisión. —Te quedas y pasas tu vida aquí, o sigues adelante y regresas conmigo a Coruscant cuando esto termine, la decisión es solo tuya— planteó sin obligarlo a decidir ahora, pero recordándole que en un momento dado tendría que hacer una elección.

Agradeciendo enormemente poder contar con su Maestro a quien veía como a un padre, Kakashi asintió en silencio únicamente, sabiendo que la decisión que habría de tomar sería difícil, pero no estaría solo en el proceso, su Maestro no lo abandonaría y eso lo consolaba enormemente. Con aquel nostálgico recuerdo en la mente, Kakashi se aproximó en silencio hasta donde se estaba su Maestro; en nada habían cambiado sus sentimientos por Kyuki en la actualidad sin importar que hubieran pasado seis años desde la última vez en que la había visto, pero tomar una decisión habría sido mucho más difícil e incluso imposible de no contar con su Maestro a quien amaba como a un padre y a quien había hecho enfadar en las últimas horas por su desconfianza hacia Sasuke y a hacia la profecía del Elegido cuando lo que debería haber hecho seria confiar en él y en que sabía lo que hacía. Todos los pasajeros de la nave se encontraban aguardando en el pantano a orillas del lago donde Metal se había sumergido para descender a la ciudad de los gungan e intentar dialogar con su gente, por lo que solo restaba esperar a que regresara. Desde que habían comenzado esta travesía, Kakashi había deseado pedirle perdón a su Maestro, porque sentía vergüenza de sus propia tozudez, sabía que no era la persona más dócil del mundo y se sentía frustrado con el Consejo Jedi por no brindarle protección a Sasuke como merecía, era un muchacho de once años completamente indefenso, ¿por qué nadie podía entender que Sasuke necesitaba protección? Su Maestro y él sí, y su propia ira contra el Consejo los había hecho enemistarse, pero ya no podían continuar dirigiéndose la ley del hielo.

-¿Metal volvió?— preguntó Minato con aparente indiferencia, contemplando el pantano de brazos cruzados.

-Aun no, Maestro— contestó Kakashi de forma solicita, de pie a su lado. —¿Cree que el plan de la reina resulte?— inquirió deseando conocer su opinión como siempre.

-Los gungan no aceptaran en seguida, pero la reina Hanan es una joven muy determinada y de buen corazón, tal vez consiga lo imposible— consideró el Namikaze, admirando el valor de la joven soberana. —No debemos usar nuestros poderes, no a menos que sea necesario— advirtió seriamente, dispuesto a confiar su vida y la de todos a la joven reina.

-Si, Maestro— asintió el Hatake sin protestar, más cansado del tenso silencio que se formaba entre ambos. —Yo…quería disculparme por mi forma de actuar, Maestro, no debí contradecirlo sobre Sasuke— se disculpó por fin, viendo a su Maestro voltear a verlo. —Y le agradezco que me crea listo para intentar la iniciación— confesó con una sonrisa, nunca había creído que Maestro lo defendería ante todo el Consejo y le faltaban las palabras para expresar lo que sentía.

-Eres un gran aprendiz, Kakashi, y eres un hombre más sabio que yo— repuso Minato con una sonrisa cargada de orgullo hacia su aprendiz. —Serás un gran Jedi en el futuro, estoy seguro de eso— vaticino situando una de sus manos sobre el hombro de su Padawan.

Maestro y Padawan se observaron con una inmediata sonrisa, haciendo desaparecer la brecha que tan tontamente los había separado en las últimas horas, comprometiéndose a no volver a enemistarse. A varios pasos de distancia y flanqueada por sus guardias y pilotos se encontraba la reina Hanan a quien Pakura se encontraba sustituyendo en tanto Sakura se camuflaba entre Ino y Temari, vestía un elegante traje de seda rubí de escote corazón, larga cola hasta los tobillos y mangas acampanadas que se abrían a la altura de los codos para exponer la camiseta negra bajo el traje, de cuello alto y cerrado por un broche de oro con un rubí en el centro, creando una abertura hasta la altura del escote, mangas ceñidas y ligera cola hasta las rodillas, pantalones rojo oscuro y largas botas negras, con un fajín de terciopelo negro entallando el traje a su cuerpo, decorado por un cinturón plateado adornado por cuentas rojas y doradas. Su largo cabello pintado en degrade del castaño al naranja se encontraba recogido en una larga trenza que caía tras su espalda, decorado por un cintillo que intercalaba los colores de su traje y largos pendientes de oro que replicaban el emblema de Naboo. Sus doncellas vestidas en atuendos ligeramente más sencillos de color purpura, con largas botas marrón claro y sus cabellos recogidos en una larga trenza que caía tras su espalda se encontraban acompañadas por Naruto y Sasuke quienes fueron los primeros en alzar la mirada al ver aparecer a Metal Lee en medio del lago, volviéndose el centro de atención de todos al sacudirse distraídamente el agua de su atuendo, aproximándose cuanto antes a los dos Jedi y al capitán Sabaku.

-No hay nadie, la ciudad esta desierta— contestó Metal por fin, apartándose el flequillo húmedo del rostro.

-¿Los habrán llevado a los campos de prisioneros?— preguntó Kakashi, intercambiando una vaga mirada con su Maestro.

-Pudieron haberlos eliminado— consideró Rasa sin tantas esperanzas, si los androides habían invadido Theed, perfectamente podían haber invadido Otoh Gunga.

-Eso lo dudo, ni siquiera había señales de resistencia— negó el gungan conociendo bien a su pueblo y su espíritu combativo.

-¿Tienes alguna idea, Metal?— inquirió Minato, confiando en su criterio al igual que la reina.

-En casos como este, solemos trasladarnos al Santuario— contesto el pelinegro, intercalando la mirada entre los presentes, —no está lejos, puedo llevarlos— sugirió centrando su mirada en la reina Hanan y sus doncellas.

-Adelante— asintió Pakura con propiedad, indicándole que dirigiera el camino.

Reverenciando ligeramente a la reina, Metal Lee comenzó a atravesar el pantano, confiando en que lo seguían la reina y sus doncellas, y tras ellas los Jedi, los guardias y pilotos, rodeando el lago e internándose en el enorme bosque...


PD: Saludos mis amores, aquí me tienen actualizando nuevamente por y para ustedes, esperando que esta historia como siempre sea de su agrado :3 la próxima actualizare "El Conjuro 2 Naruto Style: Enfield", la siguiente semana "A Través de las Estrellas" y por último "Más Que Nada en el Mundo" :3 esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a mi nueva amiga Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader

-Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi

-Minato Namikaze como Qui-Gon Jin

-Naruto Uzumaki como R2D2

-Metal Lee como Jar Jar Binks

-Koyuki Kasahana como Satine Kryze

-Danzo Shimura/ Kinshiki Otsutsuki como Sheev Palpatine/Darth Sidious

-A Kumogakure como Mace Windu

-Onoki como Yoda

-Jiraiya como Ki-Adi-Mundi

-Homura Mitokado como Nute Gunray

-Koharu Utatane como Daultay Dofine

Vestuarios & Sentimientos: el vestido de terciopelo negro con detalles en azul y dorado al inicio del capitulo es uno de mis favoritos en la "Amenaza Fantasma", el diseño es muy bello y fue un reto mantener los colores pero creando una estructura completamente nueva, por lo que espero que haya sido de su agrado el cambio, por otro lado el atuendo de batalla es básicamente el mismo que en la película pero con diferencias en el peinado y partes del atuendo, haciéndolo mas femenino y practico al mismo tiempo. En la historia original, Anakin no tiene ningún cambio de vestuario a diferencia de como hice yo con Sasuke, para hacerlo más participe de la historia, y como tal, el atuendo que lleva durante el capitulo esta muy inspirado en atuendos de guerra otomanos, siempre en tonos negro, azulado y gris oscuro que caracterizaran al personaje durante toda la trama. La aludida misión a Mandalor sucedió seis años antes del inicio de la historia, y Kakashi conoció a la joven soberana de Mandalore la duquesa Koyuki Kasahana, alguien a quien desgraciadamente no volverá a ver hasta mas adelante en la historia, pero su pasado con ella le será de gran importancia y lo hará cuestionarse a donde pertenece realmente, si con los Jedi o junto a ella, además, lo hará comprender porque Sasuke será incapaz de seguir el código Jedi al pie de la letra ante sus sentimientos por Sakura.

Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3