-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Pale" de Within Temptation para Sakura, "Legends Are Made" de Sam Tinnesz para Sasuke, y "Perfect" de Kevin & Karla para Sasuke & Sakura.


El camino a través del pantano y cenagal había sido silencio, a excepción del ocasional chasquido del lodo bajo las botas de la comitiva que acompañaba a la reina y que era liderada por Metal Lee, más transcurrieron eternos minutos hasta ver qué y por fin en medio de la maleza del bosque y arbustos sin sentido se alzaba una construcción sencilla y rustica pero digna de comparar con una cuidad, con pronunciadas columnas de roca y portentosas estatuas repletas de enredaderas, y custodiando la entrada se encontraban cuatro gungans armados con lanzas, dagas y escudos. Metal Lee no mentía al decir que su gente estaba habituada a la guerra y sabía muy bien cómo defenderse, pero la reina Hanan quería evitar un conflicto por todos los medios, por lo que tras hablar con los guardias, la comitiva consiguió permiso para ingresar en compañía de un pelotón de guardias que en nada los hubieron incomodado, pues no estaban ahí para emitir quejas. Siguiendo una larga serie de túneles subterráneos, iluminados por antorchas, finalmente llegaron a una sala que albergaba al Jefe Might Duy, sus guardias y su letal consejo de guerra, en tanto el resto de los habitantes gungans se encontraban refugiados en las cuevas aledañas. Sentado sobre un firme trono de roca, inamovible en voluntad a pesar de verse forzado a abandonar su ciudad por este extraño ejército invasor, Might Duy sostuvo la mirada al joven Metal Lee y analizo a la comitiva que ahora se presentaba ante él y entre quienes se encontraban los dos extranjeros que antes habían pedido su ayuda para llegar a la capital, Theed…curioso.

-Metal Lee— reconoció el jefe gungan rompiendo con el silencio, —estoy sorprendido, creí que no volveríamos a ver tu rostro luego de que te marcharas con los extranjeros— comentó fríamente mientras le sostenía la mirada.

-Temo decir, jefe Might Duy, que si volví fue porque alguien quiere pedir su ayuda— se excusó diplomáticamente el joven, desviando su mirada hacia su padre quien se encontraba de pie junto al trono. —Sí, me permite…— solicitó dejando inconclusa la frase, recibiendo únicamente un asentimiento en respuesta. —Su Alteza, la reina Hanan, soberana de Naboo— presentó solemnemente y como era debido.

Cruzando formalmente las manos, con la frente en alto y comportándose tan seriamente como se esperaba que actuara, Metal Lee se hizo a un lado para invitar a la reina Hanan a dar un paso al frente. Los nubianos y los gungan habían estado en silente enemistad desde el primer día en que sus respectivas civilizaciones se habían visto; puede que los nubianos creyeran ser demasiado inteligentes e ingeniosos para convivir con los gungans a quienes consideraban salvajes y carentes de toda inteligencia, pero más allá de toda enemistad, esta era la primera vez en siglos en que los gungan tenían ocasión de tratar con los nubianos tan de cerca, y era la primera vez en que tenían ocasión de ver a la reina de aquella sociedad. Para los estándares gungan, la reina Hanan era insuperablemente hermosa; ni demasiado alta ni demasiado baja, de piel blanca como la leche y rasgos elegantes, femeninos y dulces, con largo cabello de un bello degrade del castaño al naranja, brillantes ojos jade y mejillas sonrosadas, debidamente ataviada en los usares de una reina al dar un paso al frente, y tras ella se encontraban sus doncellas. El jefe Might Duy no supo que decir, la reina se veía más joven de lo que había esperado, y más vulnerable, podía ver su determinación y la del resto de su comitiva, pero no se veía como la persona que había esperado que fuera, no veía maldad en sus ojos ni en los de quienes la acompañaban, no veía representados en ella ninguno de los ideales con los que su pueblo juzgaba a los nubianos, parecía atemporal y bondadosa, ¿cómo podía ser la villana o funesta responsable de los hechos que estaban teniendo lugar? No lo parecía.

-Alteza— saludó Might Duy con un breve asentimiento a modo de reconocimiento.

-Jefe Might Duy— correspondió Pakura con idéntico gesto, —he venido en son de paz— proclamó con absoluta sinceridad.

-Eso dice, Alteza, pero ustedes trajeron los androides, nos obligaron a abandonar nuestra ciudad— protestó el jefe gungan con inequívoca seriedad, —¿qué tiene que decir ante esta amenaza hacia nuestra libertad?— inquirió en espera de obtener una explicación.

-Le aseguró, Jefe Might Duy, que ni mi pueblo ni yo tenemos algo que ver con esta injustificada invasión, es más, nos oponemos a ella— diferenció ella, apretándose las manos con nerviosismo. —Como soberana de Naboo, recurro a su ayuda en estás desafortunadas circunstancias, porque deseo formar una alianza— explicó por fin.

-Gracias, Pakura, pero creo que tendré que encárgame personalmente de esto— frenó Sakura, intercambiando una disimulada sonrisa con su doncella antes de dar un paso al frente. —Señoría— saludó con una breve y cortés reverencia.

-¿Y esto?, ¿quién es ella?— cuestionó Might Duy, confundido ante semejante exabrupto.

-Yo soy la reina Hanan— declaró la Haruno con la frente en alto y la voz cargada de autoridad.

La inmediata reacción de todos los presentes, o casi todos al menos, fue de sorpresa, incluso los mismos gungans no dudaron en observarse con confusión entre sí a imagen de como hicieron los pilotos y guardias que hasta ahora habían creído estar protegiendo a la reina en todo momento, más ahora pudiendo notar la diferencia en el dulce e inocente semblante de la bella pelirosa quien pese a su aparente fragilidad se imponía como la auténtica soberana que era, y esta vez todos podían verlo. Las únicas personas que se exceptuaban de sentir sorpresa eran el capitán Rasa Sabaku así como Pakura, Ino y Temari que actuaban como doncellas, pero incluso Metal Lee se olvidó hasta de respirar por aquella revelación, esbozando una lenta sonrisa para si al comprender muchas cosas. De pie uno junto al otro, Minato volvió lentamente el rostro hacia Kakashi quien únicamente asintió en silencio y esbozando una sonrisa como también hizo él, porque ambos se habían dado cuenta desde el principio de quien era realmente la reina, porque solo la joven Haruno era sensible a la Fuerza y ellos podían sentir eso. Pero, quien estaba más sorprendido que nadie era Sasuke, le costó superar aquella revelación, porque Sakura no había resultado ser simplemente una joven doncella sino que era la reina de Naboo, lo había sido todo el tiempo…se sentía como un tonto, sentía que había sido engañado y al mismo tiempo se sentía decepcionado, sentía que todos los sentimientos que tenía por Sakura no podían ser correspondidos porque ella era inalcanzable para él que hasta hace unos días había sido un esclavo, ¿cómo podría corresponderle? Era imposible.

-Ella es mi señuelo, mi amiga, mi protectora y guardaespaldas leal— Sakura volvió el rostro hacia Pakura, ambas intercambiando una sonrisa entre sí. —Lamento el engaño, pero era necesario que me protegieran— se disculpó con la sinceridad brillando en sus ojos. —Jefe Might Duy, aunque no siempre hemos estado de acuerdo, nuestras dos sociedades siempre han vivido en paz, y lo sabe, pero ahora la Federación de Comercio ha venido a destruir lo que hemos levantado con tanto esfuerzo, sufrimiento y trabajo, y si no actuamos perderemos todo para siempre— declaró en un intento convencerlo y brindarle su ayuda. —Tiene que apoyarnos…le suplico que nos apoye; somos sus humildes servidores, nuestro destino está en sus manos— rogó bajando la cabeza con humildad.

Como soberana elegida por su pueblo, Sakura no tenía reparo alguno en hacer a un lado su dignidad y la autoridad que conllevaba su título, y la mejor forma de demostrarlo en ese momento no fue solo bajar la cabeza, sino que haciendo a un lado la cola de su chaqueta no dudo en dejarse caer de rodillas al suelo, suplicante y penitente, dispuesta a hacer lo que fuera necesario para obtener la ayuda del pueblo gungan, ¿de qué le servía su orgullo estando muerta? Eso no le devolvería a sus padres o a su hermana, y si quería que ellos estuvieran a salvo junto al resto de su gente que había sido injustificadamente encarcelada, estaba dispuesta a caminar por el fuego de ser preciso, nada le parecía poca cosa. Los gungan no habían iniciado esta tonta enemistad sin sentido, lo había hecho su gente, y Sakura quería ponerle fin ahora, porque no quería estar en guerra con nadie y menos con los habitantes de su mismo planeta. Casi al mismo tiempo y uno por uno; Pakura, Ino, Temari, el Capitan Sabaku, Minato, Kakashi, Sasuke, Naruto, Metal Lee y todos quienes acompañaban a la reina no tardaron en hacer lo mismo y arrodillarse suplicantes bajo la sorprendida mirada de la guardia gungan y el jefe Might Duy quienes se observaron entre sí con incredulidad, este sin duda era un día histórico para el pueblo gungan, ya habían visto a la soberana de Naboo y habían escuchado su voz, pero verla arrodillarse y suplicar ayuda, clemencia…aquello era algo que impactó a Might Duy quien tardo en recobrar el habla mientras observaba a la joven reina.

-Aclárame esto, reina Hanan— solicitó el jefe gungan, carraspeando para aclararse la garganta, —¿ustedes no se creen mejores que nosotros, los gungans?— preguntó sencillamente, viendo a la reina negar de forma inmediata, sorprendida por la pregunta, lo cual lo hizo reír fuertemente. —Me alegra saberlo, ser aliados sería mucho mejor, para ambos— decidió en nombre de toda su gente, exultante ante esta aclaración.

Incrédula y claramente abrumada, Sakura únicamente parpadeo de sorpresa en su lugar ante lo que acababa de pasar, al mismo tiempo que una sonrisa se adueñaba lentamente de su rostro. En señal de amistad, el jefe Might Duy se levantó del trono y aproximo a la joven soberana, estrechando sus manos y ayudándola a erguirse, abrazándola efusivamente, algo ante lo que Sakura no pudo evitar corresponder con una luminosa sonrisa y que compartió con su comitiva que aplaudió y vitoreo su triunfo, el de todos.


En alianza con los nubianos tras resolver tan injustificado malentendido que ambas civilizaciones habían sostenido por siglos, el jefe Might Duy había tendido la mano a la reina Hanan y su comitiva, abandonando su guarida y trasladándose a las llanuras abiertas y cubiertas de hierva alta que estaban más alejadas de la capital, Theed, y que no llamaban la atención por sus vastas extensiones. El jefe gungan no quería quedarse sentado esperando un nuevo ataque o invasión de parte de los androides de la Federación de Comercio y la reina Hanan pensaba igual que él, por lo que las fuerzas de ambos bandos estaban unidas custodiando el territorio y asistiendo a sus respectivos líderes en la toma de decisiones sobre que deberían hacer ahora. Temporalmente alejado de la reina Hanan, el jefe Might Duy se encontraba celebrando con evidente alegría los logros del enigmático y contradictorio Metal Lee, quien de ser un proscrito entre los suyos se había convertido en el prodigio más insospechado. La actitud pacifista y hasta desinteresada de su hijo siempre había sido motivo de preocupación para Rock Lee, los gungan eran conocidos por ser consumados guerreros con orgullo intachable y que no se inclinaban ante nadie, pero Metal rompía con todos esos esquemas, y si bien Rock Lee nunca se había sentido decepcionado por ello, siempre había lamentado no haber conseguido ayudarlo a encajar, pero ahora se sentía tranquilo, su hijo estaba encajando a su propia manera, estaba logrando más de lo que ningún otro gungan había logrado en la historia, y él se enorgullecía por ello, aunque no lo exteriorizase mientras servía de escolta.

-Lo hiciste muy bien, Metal— felicitó Might Duy en voz alta, envolviendo uno de sus brazos tras los hombros del muchacho.

-No, Jefe Might Duy— protestó Metal, sonrojándose ante aquella consideración que no creía merecer.

-Metal Lee, nos has unido a los Naboo, lograste lo impensable— reconoció el jefe gungan, orgulloso del muchacho tanto como su propio padre a su lado.

-Oh, no…— insistió el muchacho tímidamente ante semejante reconocimiento.

-Por eso, cuando esta invasión terminé, te nombraré el representante de los gungan en la capital, Theed, y serás general de tu propio batallón— declaró él con una sonrisa, volviendo el rostro hacia el capitán Rock Lee, su hombre de mayor confianza.

-¿¡General!?— exclamó Metal entre horrorizado y terriblemente abrumado.

Sorprendido a más no poder con semejante honor y que ni siquiera su propio padre había recibido, Metal Lee se puso pálido y finalmente se desmayó ante la divertida y atónita mirada del jefe Might Duy quien se alejó emitiendo una sonora carcajada, en tanto su padre solo negó en silencio y se arrodillo a su lado, zarandeándole el hombro e intentando hacerlo reaccionar. Ajeno a la actitud alegre y cargada de esperanza de muchos de los gungan o de los mismos escoltas y doncellas de la reina, Sasuke se había mantenido alejado de todos ante los recientes acontecimientos, y el hecho de que Sakura finalmente estuviera libre de preguntas y atenciones de su propia gente, dirigiéndose hacia él completamente sola no fue precisamente un consuelo, es más, trató de alejarse de ella e internarse en el bosque, incluso perderse de serle posible, cosa que no pasó desapercibida para Sakura quien lo siguió de todas formas. Sasuke no sabía que creer o pensar; ayer, Sakura y él habían estado hablando sobre lo parecidos que eran, sobre la incertidumbre que sentían, ella siendo la doncella de la reina y él un esclavo que apenas y estaba disfrutando de su libertad, ¿todo había sido una mentira?, ¿ella había estado mintiéndole todo el tiempo?, ¿algo había sido verdad? Aún estaba abrumado al descubrir que ella era una reina, alguien inalcanzable para él, pero también molesto porque a diferencia de ella, él había sido honesto desde el principio, ¿qué se suponía que pensara ahora?, ¿qué se suponía que hiciera con los sentimientos que tenía por ella? Ya nada era posible entre ambos y le destrozaba el corazón tener que aceptarlo.

-Sasuke, deja que te lo explique, por favor— rogó Sakura con la voz quebrada, no sabiendo que hacer o decir para disculparse por haberle mentido.

-Me has mentido todo este tiempo— acusó Sasuke, por fin deteniendo su andar y volteando a verla, —porque eres una reina y crees que puedes hacer lo que tú quieras— por una vez estaba furioso con ella, porque lo hería que hubiera sido falsa con él.

-Es todo lo contrario— protestó ella en su defensa al no conseguir aplacar su ira.

-¿Y cómo te llamo ahora?, ¿Alteza?— preguntó él con sarcasmo, dispuesto a reverenciarla y olvidarse de que alguna vez había sentido algo por ella

-Sakura— protestó la Haruno de inmediato, sintiéndose mal por haberlo ofendido.

-¿Majestad?— preguntó el Uchiha nuevamente, ignorando completamente su respuesta.

-¡Sakura está bien!— insistió Sakura alzando la voz al darse cuenta de que no la estaba escuchando.

-No, ya no— diferenció Sasuke ya que ella no quería ver lo que él sí, —¿tienes alguna idea de lo que estoy pensando? Me hiciste sentir como un imbécil— había creído que podía confiar en ella, pero se había equivocado, —¿algo fue real?, ¿Sakura realmente es tu nombre o todo fue mentira?— acortó la distancia entre ambos, viéndola a los ojos e intentando ver si era sincera.

-Claro que es mi nombre, no te mentiría con algo así— contestó ella sabiendo que se merecía su desconfianza. —Lamento no habértelo dicho, Sasuke, pero tenía que mantener el secreto, podrían haberte lastimado si lo descubrían— se disculpó en un intento por merecer su perdón. —Si no hubiera tenido la ocasión de conocerte, no habría podido volver a ser alguien normal y corriente, no habría podido ser yo misma, y eres la primera persona en mucho tiempo a quien no he tenido que mentirle, casi— reconoció para que él supiera la importancia que tenía en su corazón. —Sigo siendo la misma Sakura que conociste, revelar quién soy realmente no significa que mis sentimientos por ti hayan cambiado, soy la misma persona de antes, tanto si soy reina como si no— aseguró con absoluta transparencia y sinceridad.

Sabía lo que Sasuke estaba sintiendo, comprendía el conflicto de emociones que tenía en su corazón, porque ella lo había tenido desde el primer día en que se había convertido en reina, por eso había creado el nombre Hanan, para diferenciar su imagen pública de su imagen real, de la joven de catorce años que seguía siendo y que sentía amor, alegría, dolor, tristeza y que añoraba a su familia, pero la primera persona a quien no había tenido que mentirle, la primera persona a quien había podido mostrarle su auténtico rostro había sido a Sasuke y por ello había tenido que ocultar que también era una reina, le había mentido y le dolía haberlo hecho pero había sido por su bien, porque no podría vivir consigo misma ni perdonarse si lo hubieran lastimado por su causa…solo esperaba que Sasuke pudiera perdonarla, porque no podía ni podría imaginar perder su amistad. Aparentemente indiferente, Sasuke solo suspiro en voz alta mientras observaba a Sakura, pensando en lo mucho que todo había cambiado desde que había abandonado Tatooine, partiendo por el hecho de que ya no tenía a su madre consigo, nada había salido como esperaba y aun no tenía idea de que le sucedería, no sabía si tenía un lugar a donde ir, solo sabía que nada sería igual desde hoy, menos entre Sakura y él, pero y sin importar que deseara que todo siguiera siendo como hasta ayer y Sakura aun fuera una doncella, saber que ella era la reina no cambiaba sus sentimientos, seguía enamorado de ella aunque fuera inalcanzable, le daba igual que fuera una reina, no se había enamorado de ella por eso sino por su corazón cargado de bondad e inocencia.

-Voy a casarme contigo— declaro él de pronto y en un arranque de sinceridad.

-Me temó que no puedo casarme contigo, Sasuke, aun eres muy joven— contestó Sakura conciliadoramente y para no ofenderlo, además de que era imposible.

-Pero no lo seré siempre— replicó él suavemente con una sonrisa ladina y sin apartar sus ojos de ella.

Sakura tuvo el fugaz impulso de reír, pero se contuvo de hacerlo ante la expresión de completa seriedad en el rostro de Sasuke, además y aunque hubiera podido, no habría reído, simplemente estaba abrumada, era la petición de matrimonio más repentina que podría haberse imaginado en su vida y lo peor es que había deseado decir , pero afortunadamente la temprana edad de ambos impedía que tal cosa fuera posible, especialmente porque él era menor que ella, pero Sasuke no lo veía así:

Un día se casaría con Sakura, y no era una idea loca en su mente, sabía que sucedería, se lo decía su corazón.


Theed, capital de Naboo

En la sala del trono del palacio, el virrey, su esposa y lord Pein Otsutsuki quien había llegado al planeta apenas ayer, se encontraban reunidos en torno a la transmisión holográfica del aterrador lord Sith Kinshiki Otsutsuki quien como de costumbre deseaba mantenerse al tanto sobre cada paso que los neimoidianos daban así como por las decisiones de la joven e impredecible reina Hanan. El virrey Homura Mitokado vestía una elegante camisa de seda negra, de cuello alto y cerrado por una serie de pequeños botones de igual color hasta la altura del vientre, con mangas ceñidas a las muñecas, cómodos pantalones de igual color y largas botas marrón oscuro, por sobre la camisa portaba una chaqueta de seda bordada en oro que permanecía abierta, larga hasta los tobillos y de cortas mangas hasta los codos. De pie junto a su esposo, Koharu portaba un femenino vestido de seda mantequilla de escote cuadrado, falda de velo de múltiples capaz y mangas ceñidas que se abrían como lienzos a la altura de los codos para exponer los brazos, por sobre el vestido se encontraba una chaqueta de igual color de cuello en V repleta de finos bordados con incrustaciones de cristales y perlas que replicaban decenas de pequeñas flores a lo largo de la tela, especialmente en el dobladillo de la misma y que se abría bajo el vientre para exponer el vestido inferior. Su largo y encanecido cabello castaño se encontraba recogido tras su nuca para hacer resaltar una diadema de oro decorada por cristales ámbar a juego con unos pendientes en forma de sol. De pie junto a ambos, estoico y atemorizante, Pein observaba en silencio a su Maestro.

-Hemos enviado patrullas y ya localizamos su nave en el pantano, estamos cerca, mi lord— aseguró Homura, dando por hecha la victoria de forma inminente.

-Es inesperado que se comporte así, un tanto agresiva— mencionó Kinshiki en apenas un susurró. —Lord Pein, mucho cuidado, pero deja que ellos actúen primero— aconsejó a su joven e impetuoso aprendiz.

-Sí, Maestro— contestó el pelinaranja con un vago asentimiento antes de que la transmisión terminara.

Los Sith no compartían el poder, su propia paranoia por conservarlo los había hecho destruirse a sí mismos, solo superviviendo un Maestro y un aprendiz que intentaban convivir antes de matarse entre sí en una lucha encarnizada y continua, ¿Pein sobreviviría a esta lucha y acabaría obteniendo el poder absoluto asesinando a su Maestro? Eso estaba por verse.


Ahora que todo estaba aclarado y olvidando cualquier anterior suceso que hubiera podido enemistarlos, Sasuke y Sakura se encontraban en paz consigo mismos, igual de expectantes que Minato y Kakashi al inminente regreso del capitán Rasa Sabaku quien—con el consentimiento de la reina, claro—había partido a internarse secretamente en la capital para efectuar un reconocimiento del terreno y hacerse una idea de que es lo que iban a enfrentar. Apoyando las manos sobre la superficie de la improvisada mesa de reuniones que se había establecido en las llanuras, Sakura suspiro pesadamente para sí a causa del suspenso de lo que estaba por venir, acompañada tanto por los Jedi como por Sasuke, Naruto, Metal, el jefe Might Duy y el capitán Rock Lee, en tanto continuas patrullas de soldados gungan recorrían el pantano montados en kaadus, vigilantes y expectantes a cualquier posible ataque al igual que los vigías en lo alto de las copas de los árboles y que contemplaban el terreno con macrobinoculares. De pie junto a Sakura, Sasuke no se había atrevido a pronunciar palabra alguna, inquietó por lo que ocurriría, preocupado por el desenlace, preocupado si por alguna razón Sakura, Minato o Kakashi…no, no quería pensar en eso, era tentar a la mala suerte. En ese momento e irrumpiendo en los pensamientos, Sasuke divisó movimiento a la distancia, al mismo tiempo que los vigías gungan, pero no cualquier clase de movimiento sino la llegada de una discreta serie de deslizadores que traían consigo a individuos que usaban el emblema de Naboo en sus uniformes, entre ellos el capitán Sabaku.

-Ya están aquí— anunció Sasuke rompiendo con el silencio existente hasta entonces.

-Lo lograron…— suspiró Sakura siéndose infinitamente más tranquila por ello.

Al reconocer al capitán Sabaku, los gungan no tuvieron necesidad de emitir alarma alguna, dejando que la pequeña serie de cuatro deslizadores penetraran en las llanuras y confines del pantano para dejar descender de su interior a una comitiva que integraban guardias, escoltas y policías que siguieron a paso solemne al capitán Sabaku en su camino hacia donde se encontraba la reina y sus protectores. Rompiendo con el severo y adusto protocolo que sostenían todos los guardias, oficiales e individuos que acaban de llegar y que eran tanto hombres como mujeres, dos jóvenes de catorce años se separaron del grupo y corrieron hacia Sakura a quien abrazaron con todas sus fuerzas. Sus atuendos eran sencillas camisetas blancas de escote cuadrado y mangas ceñidas bajo unas ligeras chaquetas gris oscuro de cuello en V y mangas acampanadas que se ceñían a sus cinturas por un cinturón de armas, con largas colas, con pantalones y largas botas negras debajo, con sus largos cabellos recogidos en una trenza. Cerrando los ojos y mordiéndose disimuladamente el labio inferior para no llorar, Sakura rompió lentamente el abrazo, contemplando los rostros de las dos doncellas que había dejado atrás, sus amigas; Maki de ojos esmeralda y cabello castaño, y Naori de ojos oscuros y largo cabello morado, volver a verlas y abrazarlas era una gran alegría para ella, porque al partir a Coruscant había creído que no volvería a verlas otra vez. El alegre intercambio de miradas y sonrisas resultó indudablemente entrañable para todos, especialmente para el capitán Sabaku quien había entrenado a aquellas jóvenes al igual que a su reina.

-Alteza, logramos pasar sin ser detectados— anunció Rasa finalmente, minimizando la ligera sonrisa en su rostro.

-Qué bueno— asintió Sakura, recobrando el control de sus emociones. —¿Cuál es la situación?— consultó en espera de que tuvieran que modificar el plan que habían ideado.

-Casi todos están campos de prisioneros, pero algunos policías, guardias y sus doncellas Maki y Naori crearon una resistencia clandestina, y traje a cuantos líderes pude— aclaró el Sabaku con una mirada de orgullo casi paternal al adular a las jóvenes doncellas. —El ejército de la Federación es más grande de lo que se creía, y más fuerte— difirió con evidente preocupación. —Alteza, es una batalla que, dudo, podamos ganar— la situación era un tanto más complicada de lo que habían considerado hasta ahora.

-No tengo intención de ganarla, capitán, la batalla misma será una distracción de los gungan para alejar a los androides de la ciudad— puntualizó la Haruno con total tranquilidad. —Naruto— asintiendo en silencio, el Uzumaki proyectó sobre la mesa un holograma de la capital, Theed. —Entraremos a la ciudad, por los pasillos secretos de la cascada, al llegar a la entrada principal, el capitán Sabaku creara una distracción, después entraremos al palacio y capturaremos al virrey— explicó mientras trazaba con cuidado un camino de túneles secretos que daban directamente con el palacio. —Sin el virrey se perderán y confundirán, ¿qué piensa, Maestro Minato?— preguntó deseando tener la opinión de todos los involucrados, como siempre.

-El plan es muy ingenioso, Alteza— felicitó Minato anticipadamente, —pero debemos tener en cuenta que el virrey tendrá muchos guardias consigo— consideró para no dejar nada al azar como buen estratega.

-Sera difícil llegar a la sala del trono, pero una vez ahí, no es problema— asintió Rasa, despejando los temores del Jedi.

-Además, con esta distracción, muchos gungan podrían morir— comentó el Namikaze igualmente, desviando la mirada hacia el líder gungan.

-Eso no es preocupante para nosotros, estamos listos para lo que sea— sosegó Might Duy, completamente comprometido con la alianza entablada con la joven reina.

-Tenemos un plan para inmovilizar al ejército de androides; los pilotos neutralizaran la nave de control que está en órbita, eso nos dará tiempo— acotó Sakura, agradecida por el apoyo de todos, y esforzándose por mantener la esperanza.

-Es un astuto plan, y con mucho riesgo, Alteza— equilibró Kakashi, sintiendo que algo iba a pasar, —las armas de sus naves podrían no penetrar el escudo, y si el virrey logra escapar, regresara con otro ejército— no podían dejar cabos sueltos, uno de ellos podría morir o sufrir lo indeseable si lo hacían.

-Por eso es tan importante tener al virrey, todo depende de eso— comparó la joven reina con una expresión tranquila y noble al mismo tiempo.

Su planeta siempre había tenido reyes, reinas y líderes que habían entregado sus vidas a la protección e integridad de la democracia, y Sakura no pensaba romper con la tradición, si a sus cortos catorce años tenía que morir para lograr que su pueblo fuera liberado, iba a hacerlo, pero no iba a escapar de la batalla, iba a enfrentar al virrey en persona y nada ni nadie la haría cambiar de opinión, lo que no pasó desapercibido para los Jedi que asintieron en silencio, dispuestos a seguirla en todo. De brazos cruzados y en silencio, Sasuke desvió ligeramente la mirada hacia Sakura, admirando tanto su coraje como su inteligencia y determinación, porque si ella creía que podían salir de esto y ganar la batalla, lo harían, u él la seguiría a donde fuera.


Theed, capital de Naboo

Los movimientos y decisiones de la joven reina Hanan en colaboración con el pueblo gungan no habían pasado inadvertidas para el virrey neimoidiano, su esposa y el joven aprendiz del lord Sith quienes se encontraban informando nuevamente a Kinshiki Otsuktsuki de las recientes eventualidades para saber que paso dar con tal de acorralar a la joven y molesta soberana. Estaban viviendo una invasión, y no podían descuidarse o más pronto que tarde esa niña arrogante acabaría recobrando el poder y expulsándolos en solo un parpadeo, por lo que había que considerar muy bien cada movimiento. Kinshiki conocía a la reina Hanan y lo inteligente que era, un prodigio incluso entre los políticos más experimentados, una mente excepcionalmente brillante, pero actos como entablar una alianza con los brutales y bárbaros gungans, ¿era esta una prueba de que su inteligencia estaba subestimada? Tal vez, porque por primera vez y a ojos de Kinshiki, la reina Hanan realmente parecía la niña que era. Sobre la superficie de un androide de combate en movimiento, el holograma del lord Sith era observado por el virrey Homura, su esposa y el aprendiz Sith Pein Otsutsuki quienes recorrían los pasillos del casi vacío palacio. Pein se encontraba impaciente por la inminente lucha, deseoso por enfrentarse a los Jedi y marcar su presencia, infundir miedo en sus corazones y luego destazarlos sin importar que su Maestro le insistiera en ser paciente, ¿cómo serlo? Era joven, perfectamente entrenado y tenía ínfulas de grandeza, quería todo para sí mismo y nada lo haría desistir de aquel ímpetu, aunque ahora no era el momento para demostrarlo.

-La reina Hanan me sorprende— murmuró el Otsutsuki con tono pensativo, —es más tonta de lo que creía— sonrió ladinamente bajo su capucha.

-Enviaremos todas las tropas disponibles para que enfrenten el ejercito que se organiza en el pantano, parece estar formado de…salvajes— informó el virrey despectivamente.

-Los Jedi no pueden involucrarse, solo proteger a la reina, eso nos beneficiara— predijo Kinshiki, ya pudiendo saborear el inminente triunfo.

-¿Tengo su permiso para proceder, mi lord?— preguntó Homura únicamente, dando por hecho que la respuesta era sí.

-No esperen más, acábelos— consintió él de forma inmediata, implacable como siempre.

No estaban negociando, estaba librando una guerra contra la reina Hanan, y para ello…debían ser atroces.


A mediodía, con el sol brillando en el cielo y en medio de las existentes penumbras del pantano, el ejército gungan se manifestó lentamente en las llanuras herbazales al sur de Theed la capital de Naboo, todo era silencio salvo por el esquivo trinar de las aves o el zumbido de los insectos. Los gungan tenían un aspecto muy interesante, a simple vista se mostraban robustos, firmes y orgullosos, armados con espadas, ataviados en uniformes militares rojo y violeta oscuro hechos de piel de animales acuáticos que servían como corazas y pronunciadas tocas que servían de casco, a excepción de sus superiores como Rock Lee que vestía enteramente de negro y que montaban sobre kaadus. De pie junto a su padre, Metal Lee vestía de forma más bien ligera con el atuendo de batalla que le había provisto la reina Hanan, pero igual de bien armado que su gente, sujetando en su mano izquierda un escudo que por ahora permanecía cerrado, y una espada en la mano derecha como muchos de sus compatriotas que o portaban espadas o lanzas de energía. De forma paralela, una decena de trasportes militares de proa bulbosa y tanques acorazados de la Federación de Comercio finalmente aparecieron en las llanuras, deslizándose sobre la hierba alta en relucientes oleadas, resultaban atemorizantes para los guerreros más jóvenes, pero no los superaban en número aún, más los números no importaban sino la estrategia y los gungan eran maestros en derrotar a otras civilizaciones. Al frente del ejército junto a su hijo Metal, Rock Lee detuvo el kaadu que montaba y alzó uno de sus brazos al aire a modo de señal.

-¡Alto!— ordenó el capitán sin apartar sus ojos del enemigo. —¡Activen los escudos!— determinó con voz clara y fuerte.

En medio de las infinitas hileras de soldados, los gungan transportaban fambaas, generadores de escudos que al encenderse en ese momento activaron un campo de fuerza en un haz de luz blanca y purpura que se extendió sobre su perímetro para protegerse del armamento de la Federación de Comercio, y también abrieron sus escudos para que proyectaran la misma energía para protegerlos. Como si contemplaran al numeroso ejercito gungan, los transportes militares de la Federación de Comercio también se detuvieron a una larga serie de metros de los gungan, y los tanques que los acompañaban no dudaron en disparar de forma inmediata contra el ejército para poner a prueba el escudo que repelió exitosamente cualquier impacto en las tres oportunidades en que intentaron disparar, pero nadie celebró por ello. Los cañones de las armas de la Federación de Comercio guardaron silencio por varios segundos que parecieron eternos, hasta que las puertas de la bulbosas proas de los transportes se abrieron, revelando un sinfín de androides de combate apagados que se posaron sobre las verdes llanuras, plegados, con las cabezas abajo y completamente inactivos dentro de una serie de grúas que se deslizaron hacia adelante, sostenidos por finos ganchos que los depositaron sobre el suelo de forma sucesiva hasta llenar ese lado de la pradera con miles de pequeñas figuras que por obra de una señal proveniente de la nave de control en la órbita del planeta se activaron, irguieron y comenzaron a funcionar al instante, armados con blasters y desintegradores. La batalla no se veía bien, estaban básicamente parejos si de números se trataba, pero los números no ganaban batallas.

-Tranquilos, tranquilos— sosegó Metal volviendo brevemente el rostro por sobre su hombro.

Por una orden que provenía de un lugar bastante lejano del campo de batalla, el contingente de androides de combate comenzó a avanzar hacia el ejército gungan, cubriendo el prado en forma de relucientes hileras metálicas y traspasando el escudo proyectado por los fambaas que estaban diseñados para detener objetos voluminosos y lentos, de gran densidad y masa, como vehículos artillados o ciertos objetos pequeños y rápidos que generaran un intenso calor, como proyectiles disparados por armas de fuego, pero no a los ligeros y pequeños androides que pese a su aspecto eran tan letales como cualquier ejecito. La primera línea de defensa a la que se enfrentaron los androides para atravesar el escudo fueron los guerreros más robustos y fuertes que pegando sus escudos entre si formando una especie de pared que parecía impenetrable y contra la cual dispararon con sus blasters y desintegradores, viendo los impactos revotar sobre la superficie cristalina idéntica al escudo de energía que les había permitido pasar. La segunda línea de defensa que no dudó en posicionarse tras los escudos como modo de apoyo estaba formada de algunos de los guerreros más habilidosos y agresivos que sin dudar en arriesgar su vida de ser preciso, se abalanzaron contra los androides con lanzas de energías, espadas o mandobles en una serie de maniobras de atacar y replegarse tras los escudos de sus compañeros y que consiguió frenar a los androides de combate el tiempo suficiente como para que sus superiores pudieran decidir qué nueva acción tomar ante la aparente invulnerabilidad de los androides a su escudo de energía.

-¡Fuego!— ordenó Rock Lee de forma inmediata.

Tras los generales que se posicionaron al frente como sacrificio, el ejército activó catapultas y hondas manuales con las que dispararon pequeñas y letales granadas que hacían estallar a los androides, pero debían tener cuidado y no confiarse con este comienzo tan alentador, porque a diferencia de ellos que tenían sangre, emociones y fuego en las venas, aquellos androides y maquinaria eran cascarones vacíos, invulnerables al dolor, desprovistos de emociones y programados para combatir hasta ser destruidos…


Internarse en la ciudad sin ser vistos no había sido complicado, como reina que era, Sakura conocía una serie de túneles secretos que les permitieron deslizarse hasta la plaza principal de la ciudad, ocultos entre las sombras de dos edificios colindantes, a solo un par de metros del hangar. La mayor parte de los androides de combate habían sido enviados a las llanuras para librar la batalla contra el ejército gungan, y los demás androides que aún había en la ciudad se encontraban dispersos realizando labores de patrullaje y vigilancia del perímetro, pero aun así la plaza estaba llena de tanques y un numeroso contingente de androides vigilaban el interior del hangar, más todo parecía ser solo silencio, un silencio que no era roto por nada ni por nadie, la calma antes de la tormenta y que estaba a punto de estallar. La comitiva de la reina se encontraba dividida en dos; el capitán Sabaku se encontraba en la esquina opuesta de la plaza junto a Pakura, Ino, Temari y una serie de guardias, y en el otro extremo, oculta tras una pared, se encontraba Sakura protegida por los Jedi Minato y Kakashi, así como acompañada por Sasuke y Naruto. Al igual que Naruto y a diferencia de los Jedi, Sakura, sus guardias y doncellas, Sasuke no se encontraba armado para protegerse, nadie esperaba que peleara, no se les había pasado por la cabeza que lo hiciera, aunque no creía necesitar de arma alguna para sobrevivir, pero y como si intuyera los pensamientos que el muchacho estaba teniendo, Minato situó una de sus manos sobre el hombro de Sasuke de forma paternal, haciendo que el Uchiha apartara su mirada de Sakura.

-Sasuke, al entrar, busca donde puedas ocultarte— indicó Minato como si hablara con un niño.

-¿Qué?, pero…— intentó protestar el Uchiha incrédulo por lo que le estaba pidiendo.

-No discutas— advirtió el Namikaze sencillamente, ya que ese no era momento para discutir.

-Está bien— contestó el muchacho aunque solo por cumplir y no porque fuera sincero.

No tenía intención se acceder a algo así, puede que fuera solo un muchacho de once años pero no se encontraba completamente indefenso, le había dicho a Sakura que la ayudaría en todo lo que hiciera y no incumpliría esa promesa, incluso si tenía que arriesgar su vida de ser preciso. Desde el otro extremo de la plaza, el capitán Sabaku y sus acompañantes estaban preparados para atrapar a los tanques y androides de combate en un fuego cruzado con la cooperación de su reina y los Jedi. Viendo el silencio como una señal y oportunidad propicia para atacar, Sakura extrajo de uno de los bolsillos de su chaqueta un pequeño comunicador con el cual proyecto una luz azul que hizo parpadear en clave para el capitán Sabaku quien hizo igual, solo que proyectando una luz roja. En cosa de segundos, las armas salieron de sus fundas y los seguros fueron desactivados, abriendo fuego contra los androides de combate, haciendo pedazos sus cuerpos metálicos bajo un diluvio de disparos láser e impactando a los tanques; aunque pacifistas por naturaleza, los Jedi no dudaron en activar sus sables de luz y flanquear a la reina a modo de escudo. En la sala del trono, al interior del palacio y donde creían encontrarse a salvo, el virrey Homura Mitokado y su esposa Koharu contemplaron con palpable miedo la batalla que tenía lugar en el exterior, y pese a lo capaces que eran, sus androides ni siquiera eran capaces de frenar el avance de las fuerzas nubianas, y la presencia de los Jedi en aquel cuadro no hizo sino hervir la sangre del aprendiz Sith Pein Otsutsuki quien se había mantenido de brazos cruzados observándolo todo.

-¿Cómo lograron entrar?— preguntó Koharu en voz baja, completamente horrorizada.

-No lo sé, creí que la batalla estallaría lejos de aquí, pero esto es demasiado cerca.

-Esto es obra de los Jedi— dedujo Pein de forma inmediata. —Esperen aquí hasta que regrese— instruyó sin considerar protesta alguna.

Con un movimiento agresivo que hizo estremecer de temor al virrey y su esposa, Pein tomó de su cinturón su sable de luz y lo encendió para revelar una brillante hoja rojo carmesí mientras abandonaba la sala del trono, directamente rumbo al hangar para enfrentar a los Jedi como tanto había deseado. Sin importar lo capaces que fueran los androides para luchar hasta su destrucción, en nada pudieron frenar el avance de la reina de Naboo y su escolta, intercambiando ráfagas de disparos entre si y que no tardaron en neutralizar a los androides, pero no detenerlos, pronto llegarían muchos más y necesitaban generar una distracción lo suficientemente buena para darle tiempo a todos para cumplir con su papel. Sin cumplir ni incumplir la orden de Minato, Sasuke se deslizó sigilosamente dentro del hangar siendo seguido en todo momento por Naruto, y se trepó velozmente a una de las escaleras de apoyo para abordar uno de los caza estelares, arrastrando consigo al sorprendido astromecánico, ¿creían que iban a quedarse sin hacer nada? era un piloto e iba a participar de la batalla, aunque no les pareciera ni a Minato ni a Kakashi. Al frente de la comitiva real, sosteniendo su desintegrador y con una mirada fiera destellando en sus ojos, Sakura disparó veloz y precisa contra los androides tal y como hicieron Pakura, Ino y Temari a su espalda, y de pie tras la reina los Jedi se encargaron de refractar los impactos de los escasos androides que aún continuaban disparando, deteniendo los haces láser con las hojas de sus sables de luz, convirtiendo en chatarra a los androides que se cruzaban en su camino y que apenas se daban cuenta de lo que ocurría.

-¡Todos a sus naves!— gritó Sakura a los pilotos mientras no cesaba de disparar.

Reina o no, era la primera vez que muchos de los presentes—exceptuando al capitán Sabaku y las doncellas Pakura, Ino y Temari—veían esa faceta de Sakura, ni siquiera habían supuesto que pudiera ser una combatiente temible, ágil y veloz, tan capaz si no es que más, como cualquier luchadora veterana y curtida en mil batallas, y naturalmente los pilotos no dudaron en obedecer sus órdenes, abordando a toda prisa los demás cazas estelares en compañía de una comitiva de astromecánicos a través de la granizada de haces desintegradores. A bordo de las cabinas de sus naves de ataque, los pilotos despegaron del hangar hacia el exterior, directamente hacia la órbita del planeta, todos excepto Sasuke quien eligió cumplir temporalmente la indicación de Minato y esconderse, por ahora. En medio de aquella batalla, los escoltas, guardias y doncellas de la reina tuvieron que agachar sus cabezas sin dejar de combatir cuando los cazas estelares abandonaron el hangar a pleno despegue, pasando casi sobre sus cabezas, todos ellos abandonando el hangar exitosamente, o casi todos ellos ya que una de las naves fue alcanzada por las ráfagas de los tanques en el exterior, se desvió de su curso por el impacto y estalló sobre el suelo de las llanuras como una bola de fuego. Disparando a los androides restantes dentro del hangar, Sakura suspiró en voz alta al saber terminada la batalla, al menos por ahora, sintiéndose más tranquila al ver que casi todos los pilotos habían conseguido abandonar el hangar, estaban un paso más cerca de su objetivo pero aún faltaba lo más importante; capturar al virrey, solo entonces estaría tranquila.

-El virrey debe estar en la sala del trono— decidió Sakura ante este breve cese al fuego.

-¡Grupo rojo, grupo azul!, síganme, por aquí— guió Rasa a la cabeza del pelotón.

-Sasuke, quédate ahí, estarás más seguro— ordenó Minato, indicándole que permaneciera en la nave.

-Pero…— intentó protestar el Uchiha, deseando acompañar a Sakura y a ambos Jedi.

-Quédate en esa nave— insistió el Namikaze, ignorando sus protestas por su propio bien.

Con Naruto sentado en el asiento tras él, Sasuke bufó con frustración mientras se dejaba caer pesadamente sobre el siento, apoyando distraídamente sus manos en los controles mientras seguía con la mirada a Minato, Kakashi, Sakura y los demás que se dirigirán hacia las puertas que conectaban con el palacio, quería formar parte de la acción, quería proteger a Sakura y no podría hacerlo si se quedaba en esa nave sin hacer nada, pero al menos Naruto a su espalda pensaba igual que él. Deteniéndose ante las pesadas puertas de duracero, Sakura reflexionó sobre lo que habría de hacer desde ahora para ganar esta batalla, más todo sus pensamientos y los de quienes la acompañaban fueron interrumpidos cuando las puertas se abrieron ante la presencia de movimiento, pero no solo por ella. Del otro lado de la puerta y bloqueándoles el paso apareció una figura vestida completamente de negro, enfundado en una larga chaqueta que parecía estar hecha de piel de animal con fauces gemelas de una bestia reposando sobre sus hombros a modo de hombreras, tenía corto cabello naranja, una penetrante mirada purpura cargada de rabia, y llevaba un sable de luz carmesí en su mano derecha…era el mismo lord Sith que había atacado a Minato en el desierto de Tatooine. Sin dejarse amedrentar por la posibilidad de un combate mortal, serios y estoicos, Minato y Kakashi sostuvieron la mirada al oscuro guerrero, pasando junto a la reina ante quien se situaron a modo de escudo; la misión era sencilla, proteger a la reina, a Sasuke y a todos, y la cumplirían aun a costa de sus vidas.

-Déjennos con él— decidió Minato finalmente tanto en su nombre como en el de su Padawan.

-¡No!— protestó Sakura de inmediato, negándose a abandonarlos a su suerte sin más.

-Así debe ser, tú tienes tu propia batalla que pelear— murmuró el Namikaze para que solo ella lo escuchase. —Vete— insistió con un tono entre severo y suave.

-Todos, la ruta larga— suspiró la Haruno con resignación, aceptando su voluntad.

Ante aquella orden, las doncellas, y guardias siguieron de inmediato a su reina para dar la vuelta al hangar, querían quedarse y ayudar a los Jedi tanto como ella, pero no podían, no tenían los medios ni servirían de nada, solo estorbarían a pesar de sus buenas intenciones. A solas frente al lord Sith, Minato y Kakashi se despojaron de sus largos y estorbosos abrigos, y activaron sus sables de luz esmeralda y zafiro que tomaron de sus cinturones. A modo de reminiscencia, su atacante también se despojó de su intimidante capa y sostuvo su sable de luz carmesí con una de sus manos, activando el otro extremo para convertirlo en una arma de doble hoja, invitando a los Jedi a dar el primer golpe, y con algo de renuencia tanto Minato como Kakashi colisionaron las hojas de sus sables contra el arma del lord Sith. Del otro lado del hangar y entre giros, bloqueando el paso, tres androides destructores se desplegaron y comenzaron a abrir juego contra la reina y su comitiva que se apresuraron a refugiarse tras uno de los pilares que separaban las naves entre sí, con el impacto de los láseres chocando casi contra sus hombros, acercándose cada vez más y más. Sakura ahogó un jadeo cuando uno de los impactos de los láser abatió a uno de sus guardias, haciéndolo desplomarse inerte y sin vida a su lado…podría haberle sucedido a ella o alguna de sus doncellas, no era ninguna mentira sino una realidad, tenía a la muerte respirándole en la nuca, cada vez más cerca. Desde su lugar a bordo del caza estelar que no despegaba aun, Sasuke era un conflicto de emociones mientras intentaba hacer funcionar la nave para disparar y ayudar a Sakura.

-Qué esperas, haz algo— apremió Naruto al borde de un colapso nervioso, zarandeando los hombros del Uchiha.

-Eso intento, no sé dónde está el gatillo— protestó Sasuke igual de nervioso que él y deseando ayudar a Sakura.

A punta de adivinación, sin otra remedio ya que no disponía de tiempo suficiente por muy habilidoso que fuera para estudiar a fondo la nave que habría de pilotar, Sasuke consiguió encender la nave y acceder al panel de control, y gracias a Naruto quien manejo los controles posteriores desde el asiento a su espalda, la nave lentamente comenzó a despegar, saliendo de su espacio de atraque en dirección a los destructores, más el Uchiha continuaba batallando con los controles, buscando frenéticamente los sistemas de armamento. ¿Cuál, cuál?, se preguntó mentalmente al pasar las manos por sobre los botones, palancas e interruptores sin poder decidirse por ninguno y comenzando a oprimirlos al azar, pero lejos de encontrar una solución tuvo que ahogar un jadeo de frustración cuando no hizo sino acelerar el despegue, cerrando la cabina herméticamente, activando los estabilizadores, y cuando ya estaba por darse por vencido, cerró los ojos y aferró su mano a una de las palancas en que había un botón que oprimió por mero impulso, sin saber que pasaría, más para su sorpresa los cañones láser de la proa abrieron fuego de inmediato, y no dudo en centrar los impactos contra los molestos destructores que cayeron convertidos en humeantes montones de chatarra, un problema menos. Minato dijo que no saliera de esta cabina y eso pienso hacer, se dijo Sasuke con una sonrisa ladina, enfocándose por ahora en despegar y librar su propia batalla. Superando la impresión, Sakura contempló atónita como la nave terminaba de despegar y se alejaba del hangar, y de su rastro de visión, con Sasuke y Naruto dentro.

-¡Andando!— indicó la joven reina a sus doncellas y el resto de soldados que la seguían

Al frente de la comitiva, Sakura se dirigió a pleno trote hacia las puertas del hangar que conducían al palacio, sin voltear ni una sola vez pese a hallarse tentada a hacerlo. Estaba preocupada por Sasuke, no iba a negarlo, pero necesitaba confiar en que él estaría bien, era un gran piloto después de todo, necesitaba confiar en que él ganaría su batalla tal y como ella misma habría de ganar la propia, se verían más tarde, era una promesa.


PD: Saludos mis amores, heme aquí actualizando tal y como les había prometido, esperando que esta historia como siempre sea de su agrado :3 la próxima semana actualizare "Más Que Nada en el Mundo" y la siguiente "A Través de las Estrellas" :3 esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a mi nueva amiga Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader

-Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi

-Minato Namikaze como Qui-Gon Jin

-Naruto Uzumaki como R2D2

-Metal Lee como Jar Jar Binks

-Rock Lee como Ross Tarpals

-Might Duy como Rugor Nass

-Maki como Saché

-Naori como Yané

-Danzo Shimura/ Kinshiki Otsutsuki como Sheev Palpatine/Darth Sidious

-Pein como Darth Maul

-Homura Mitokado como Nute Gunray

-Koharu Utatane como Daultay Dofine

Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.

Fantasia & Viaje entre Épocas: quiero hacer un experimento como el de mi fic "Lady Haruno: Flor de Cerezo" que es una adaptación del anime "La Rosa de Versalles", ¿se animan a una adaptación?-diferente por supuesto-de "Inuyasha"? Estoy planeando escribir un libro inspirado en este anime que marco mi infancia y quería saber si les gustaría que hiciera una adaptación libre a mi estilo, pero solo de fantasia y ficción,con muy poco realismo a diferencia de otras de mis historias, ¿se animan?, ¿les gusta la idea? Estaré esperando ansiosamente sus opiniones como siempre, por lo que sean tan críticos como quieran, eso siempre me ayuda mucho.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3