-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Time of Dying" de Three Days Grace para Sasuke, "Speechless" de Naomi Scott para Sakura, "Mohac" del soundtrack de Muhtesem Yuzyil para los Gungan, y "Duel of the Fates" del soundtrack de Star Wars para Minato, Kakashi y Pein.


-Allá están, Naruto, hacía allá nos lleva el piloto automático— señalo Sasuke, siendo el primero de los dos en superar la impresión.

Tan pronto como los motores se encendieron, la maniobrable y elegante nave nubian se deslizo en silencio desde el interior del hangar hacia el exterior, elevándose hacia la atmosfera sin importar que intentaran hacer Sasuke y Naruto por regresar al hangar; la nave parecía estar en piloto automático y más pronto que tarde los llevo fuera del planeta, a un verdadero campo de batalla compuesto por otras naves nubias que sobrevolaban las voluminosas naves de control de la Federación de Comercio, perseguidos a su vez por otros finos cazas que intentaban dispararles en incesantes graznidos. No había mucho que Sasuke pudiera hacer en esa situación, podía tener todos los conocimientos de pilotaje que pudiera desear pero de nada le servían si el piloto automático no lo dejaba hacer nada, únicamente siguiendo el camino que dejaban las demás naves nubian de los otros pilotos. Removiéndose con desesperación en su asiento detrás de Sasuke, oprimiendo cada uno de los botones que veía, Naruto intentó frenéticamente de dar con alguna forma para apagar el piloto automático, más parecía no haber un sistema de anulación manual. Desesperándose, el Uzumaki abrió con una seca patada el interior de su panel de control, inclinándose hacia el cableado que no tendría otra opción que intervenir para desconectar el piloto automático y recuperar el control de la nave. Ahogando un jadeo de sorpresa, Sasuke agradeció que el piloto automático fuera lo bastante competente como para hacerlo evadir uno de los disparos de los cazas o probablemente su nave se habría hecho pedazos ante el más leve roce.

-Naruto, cancela el piloto automático, nos harán pedazos— aclaró el Uchiha por si su difícil situación no era ya lo bastante obvia.

-Un segundo…¡listo!— se jactó Naruto, inhabilitando el piloto automático y dándole al Uchiha completo control de la nave.

Más lejos de aprovechar aquello y esbozando una sonrisa ladina, como si anticipara su propio triunfo, Sasuke siguió la trayectoria de los demás pilotos y se internó donde la batalla era más intensa, sobresaltando a Naruto que cerró los ojos por inercia y se preparó para recibir un inminente ataque que los hiciera caer, era un astromecánico pero como buen nubiano estaba acostumbrado a un vuelo tranquilo, no a un campo de batalla como en el que se estaba sumergiendo Sasuke. En su elemento, Sasuke no estaba simplemente guiando su nave hacia el peligro, también estaba aprendiendo a familiarizarse con el panel de control de la nave por inercia y exploración, a base de tanteo y errores que le enseñaban más y más de la nave que estaba pilotando. Era un piloto, pero no como los demás nubianos que pilotaban las otras naves, no seguía las reglas que la mayoría seguía, simplemente obedecía a sus instintos y eso fue más que suficiente para que maniobrara su veloz nave en una irrepetible y errática maniobra evasiva entre las enormes naves de la Federación, evadiendo entre giros los letales haces de luces de los cazas que sin éxito intentaban derribarlo. Dándose cuenta de que un caza enemigo lo seguía intentando tenerlo en el visor de aproximación para derribarlo, Sasuke no eligió disparar y solo evadirlo, en colisión directa con otro caza que se acercaba por el frente y al cual solo evadió en el último minuto, haciendo que ambos atacantes se destruyeran al colisionar entre sí, librándolo a él de toda responsabilidad para evidente incredulidad del Uzumaki, quien se olvidó por completo del miedo al estar en la misma nave que él.

-¿No piensas volver?— preguntó Naruto con sarcasmo y fingida curiosidad.

-¿Volver?— repitió Sasuke ahogando una seca carcajada. —Minato dijo que no saliera de esta cabina, y eso pienso hacer— advirtió dejando boquiabierto a su amigo.

Aún estaba preocupado por Minato, Kakashi y Sakura, pero no podía ayudarlos, ni podría hacerlo aunque volviera, en cambio aquí, en este campo de batalla y en su elemento como piloto, podría hacer mucho más a su propia manera, y eso era precisamente lo que iba a hacer. Boqueando en silencio en el asiento detrás del Uchiha, como un pez fuera del agua, Naruto simplemente cerró la boca y permaneció con los ojos muy abiertos; la verdad es que él también quería participar de la batalla, y esta sería una experiencia insuperable, para ambos.


Mientras los pilotos nubianos libraban tan encarnizada batalla en la superficie del planeta, intentando darle tiempo a las fuerzas gungan fuera de la capital, la joven reina y su escolta habían dejado atrás el hangar hace varios minutos, internándose ahora en los pasillos del palacio hacia la sala del trono, más su camino no era ameno en lo absoluto ya que flaqueando cada tramo de los pasillos se encontraba una guarnición de androides de combate de la Federación y que seguramente habían sido enviados por el virrey quien ya debía saber de su presencia. Evitar a los androides también ralentizo su avance ya que se vieron forzados a evadir una ruta más directa en favor de otra para no encontrarse con ellos, y como consecuencia ahora la reina y su séquito estaban atrapados en uno de los pasillos, intentando protegerse de los haces laser de los androides tras las pronunciadas columnas de roca y mármol que les servían de escudo y protegían sus flancos. Blaster en mano, con su sereno rostro en una imagen tanto agresiva y salvaje como hermosa y femenina, Sakura no cesaba de disparar contra los androides, derribando uno tras otro solo para que otro apareciera para sustituirlo, afortunadamente esta vez no había perdido a ninguno de sus guardias, pero intentar evadir los haces de luz con el capitán Sabaku como respaldo a su espalda no alivianaba su carga, a cada paso estaban más cerca de la sala del trono, pero no lo suficientemente cerca, las alarmas ya se habían dado y era más probable que los atraparan antes de tan siquiera lograr su cometido, ¿cómo consolarse así?

-No hay tiempo para esto, capitán— obvió Sakura al volver el rostro y encontrar su mirada con la del Sabaku.

Todos estaban poniendo de su parte; los Jedi enfrentándose a ese desconocido y atemorizante lord Sith, Sasuke participando de la batalla contra las naves de la Federación junto a los demás pilotos pese a no tener obligación a ello, ¿cómo podía ella ser menos? Este era su plan, esta era su lucha, su planeta, tenía que hacer más que solo ocultarse tras una columna y disparar a los androides. Comprendiendo bien lo mucho que apremiaba el tiempo, el capitán Sabaku volvió su baster y disparo hacia uno de los amplios ventanales del pasillo, y que se hizo añicos ante el impacto del haz de luz, sobresaltando a los presentes y que sin embargo no apartaron su atención de la batalla, excepto por la reina quien intercambió una vaga mirada con el capitán Sabaku; no quería huir, pero comprendía que sería de mucha más ayuda ganando la batalla que quedándose a apoyarlos. Tragándose su duda e inseguridad, haciendo caso omiso del fuego cruzado a su espalda, Sakura corrió a toda prisa hacia los amplios ventanales, protegida por el capitán Sabaku y seis de sus guardias que continuaron disparando a los androides para darle tiempo y servirle de escudo. No estaba haciendo nada malo, no estaba abandonando a sus doncellas a su suerte, y Sakura no hizo sino confirmarlo al volver la mirada por sobre su hombro y encontrarla con la de Pakura quien solo asintió en silencio. necesitaba generar una distracción y Pakura se encargaría de hacerse pasar por ella, dándole tiempo para sorprender al virrey, y ella haría lo mismo si se encontraban en una encrucijada, porque ambas eran parte de algo aun más grande.

-¡Ahora!— apremió Rasa tras la reina, corriendo hacia la ventana como hizo una pequeña escolta de guardias que treparon el umbral. —Ganchos de ascensión— indicó a todos menos a su joven soberana.

Tomando de su cinturón una pistola en particular, Sakura empuño el arma y la apunto hacia la planta más alta del palacio; una cornisa cuatro pisos más arriba y a la cual disparo al mismo tiempo que sus escoltas, liberando un garfio en forma de garras de acero que se asió fuertemente a la superficie, sujetando un largo cable que lentamente se retrajo haciendo ascender en el proceso a la reina y su comitiva. Al llegar a lo alto del cuarto piso, Sakura y sus guardias aterrizaron en el umbral exterior de la ventana apoyando la suela de sus botas, y mientras sus escoltas regresaban sus ganchos de ascensión a sus cinturones, Sakura volvió a empuñar su blaster y disparó certeramente contra el cristal de la ventana que se rompió de inmediato, creando una abertura lo suficientemente grande para permitirle pasar y por la cual se lanzó hacia el interior del pasillo, evitando en su camino los trozos de cristal al cruzar el umbral hacia el basto espacio carente de actividad, a pleno trote, seguida muy de cerca por sus guardias y el capitán Sabaku cuyos veloces pasos escuchaba tras de sí mientras corría.

Estaba cerca, cada vez más cerca…


Lejos de los pasillos del palacio, desplazándose a lo largo del hangar hacia uno de los pasillos que conducían al generador de energía que alimentaba a toda la ciudad, Minato y Kakashi se enfrentaron al agresivo lord Sith, chocando velozmente sus sables de luz contra el sable doble del pelinaranja que mantuvo una sonrisa ladina en su rostro, creyendo tener asegurada la victoria ante el irritante chirrido que provocaba el choque de su sable al chocar contra los de los Jedi que tenían que esforzarse para contrarrestar sus intentos por abatirlos. De entre la Orden Jedi, Minato Namikaze era uno de los mejores espadachines que podía existir, sin ser arrogante en lo absoluto, muchos Maestro incluso de mayor experiencia como el mismo Maestro Onoki alababan su habilidad, se había pasado la vida luchando en conflictos de los más diversos por toda la galaxia desde su preadolescencia y se había enfrentado a situaciones desesperadas de las que muchos Jedi nunca habría logrado salir, más él sí, había sobrevivido a todo tipo de batallas y superado cada uno de sus límites con pura fuerza de voluntad y determinación, pero esta vez Minato podía reconocer que se había encontrado con un adversario temible, este lord Sith era incluso mejor que él y el Namikaze no sabía podría salir indemne de este enfrentamiento, y estaba todavía más preocupado por Kakashi. Había adiestrado al Hatake con mesura y paciencia, puliendo cada una de sus habilidades más que las propias para hacer de él alguien fuerte, ¿pero eso sería suficiente?, ¿lo había preparado para enfrentarse a lo impensable, a un lord Sith? Quería creer que sí.

Kakashi sabía reconocer cuando es que estaba en una situación difícil y aquella lo era; su Maestro lo había pulido en el combate de sables de luz y en su forma más agresiva el Djem So, pero este desconocido lord Sith era feroz, lo suficiente para amedrentar—aunque no pensaba demostrarlo—a Kakashi quien se negó a claudicar, chocando una y otra vez su sable de luz contra el suyo. Su Maestro ya no era tan joven ni era precisamente un viejo, puede que estuvieran en desventaja, pero lo que le faltaba de juventud a su Maestro lo tenía en sabiduría y experiencia, por lo que cada uno aportaba algo a la batalla, Kakashi la juventud e imprevisibilidad y Minato la experiencia y conocimiento, no eran dos personas separadas, eran uno y debían vencer. Entre Maestro y Padawan podían mantener a raya al lord Sith y defenderse con éxito, pero no podían atacarlo sin importar cuanto lo intentaran, y tomar la ofensiva contra aquel peligroso adversario era prácticamente imposible. Por su parte, Peín ya auguraba a victoria, sabía que se hallaba en su mejor momento como guerrero por todo el entrenamiento que su Maestro le había impuesto, había alcanzado el apogeo de su poder y quería celebrar la ocasión con la sangre estos dos Jedi, quería tomar sus cabezas y dejar en claro quién era, quería que ellos fueran prueba de su fortaleza y lo serían, se daría ese gusto como tanto se lo merecía, se había pasado la vida entera huyendo de algo que no entendía, viviendo del miedo y refugiándose en la desesperanza, pero después de hoy ya no tendría por qué esconderse, y pronto se desharía de su Maestro para tener el poder solo para sí mismo.

El odio y desdén que Pein sentía hacia los Jedi por las enseñanzas y adiestramiento de su Maestro Kinshiki Otsutsuki lo impulsaba todavía más a desear matar a sus oponentes y contribuía a hacer de él alguien aún más temible de ser posible, porque había dedicado toda su vida a sufrir, aguantar castigos y entrenarse para ese momento, para dejar las sombras y sumir al resto de la galaxia en su miseria, siendo el amo y señor de todo a través de la Fuerza, estaba seguro de su victoria y era incapaz de sentir miedo, o al menos no de los Jedi. Los tres combatientes recorrieron el basto espacio del generador de energía mientras hacían chocar sus sables de luz, recurriendo a todos los trucos y habilidades que habían aprendido en sus respectiva vidas, con los Jedi intentando tomar la ofensiva y volver el combate a su favor, sin éxito, pero no se rendirían por eso, en el exterior podía parecer que Pein se estaba replegando al dejar que la batalla se trasladara a otro terreno, pero lo que en verdad estaba pasando es que el Sith controlaba el combate, girando, saltando y haciendo piruetas con una asombrosa facilidad, atrayendo a los Jedi hacia un lugar elegido por él y que habría de ser su tumba. La agilidad y destreza de Pein le permitía mantener a raya a los Jedi, atacándolos constantemente con su sable de luz doble, contrarrestando todos sus débiles contraataques mientras buscaba una abertura para romper su defensa. Al comienzo, Minato se había lanzado contra el joven Sith con una implacable ofensiva, deseoso por poner fin al combate lo antes posible al reconocer el peligro, pero la batalla no seguía buen rumbo.

Maestro y Padawan se movían como uno solo, atacando y defendiendo su perímetro del agresivo lord Sith, acostumbrados a la forma de moverse del otro, cada uno cumpliendo su propio papel en batalla, ya habían tenido ocasión de luchar juntos anteriormente, pero y si bien Kakashi contaba con la aprobación y elogios de todo el Consejo Jedi por su mesura y paciencia, no contaba con demasiada experiencia en batalla a diferencia de su Maestro, su mayor misiva había sido pasar un año entero en Mandalore como guardaespaldas y protector de la duquesa Koyuki Kasahana, había expuesto su vida en muchas oportunidades pero nunca como lo estaba haciendo ahora, esto era completamente diferente. Pero, por muy determinados que estuvieran los Jedi por atacar, ya habían descubierto que ni sus mejores esfuerzos bastarían para terminar prontamente con el combate, el patrón de lucha que habían adoptado les permitía operar como equipo contra su enemigo, esperando a que bajara su guardia, pero el lord Sith era demasiado astuto para dejarse confundir por eso, lo que solo prolongo todavía más el combate. Entre permanentes roces de sus sables de luz, el lord Sith y los Jedi atravesaron una compleja serie de pasarelas y accesos que se entrecruzaban sobre el pozo del generador, un entorno que vibraba ante el estruendo que producía la propia maquinaria pesada, iluminando cada espacio, proyectando las sombras de los cuerpos de los Jedi y el lord Sith que se enfrentaban ferozmente entre sí, llenando el espacio con el eco de las pisadas de sus botas y el choque de sus sables de luz.

Los sables de luz de los tres combatientes relucían de sus tres distintivos colores; zafiro el de Kakashi, esmeralda el de Minato y carmesí el de Pein, los tres sumergidos en su propia batalla a solas en la central de energía, y ajenos a lo que pudiera estar sucediendo en el interior del palacio, en las praderas o en la superficie del planeta, los tres combatientes continuaron luchando encarnizadamente; sin desvanecer su sonrisa ladina, Pein saltó del puente en que habían estado combatiendo al del nivel interior, ralentizando su aterrizaje con ayuda de la Fuerza, y los Jedi pronto lo siguieron de igual manera, uno detrás del otro, aterrizando detrás de él y moviendo sus sables de luz en su dirección con la esperanza de sorprenderlo, más anticipándose el Sith maniobro ágilmente su sable de luz para bloquear los de ambos. En un escaso descuido, Pein envolvió una de sus piernas tras las rodillas del Hatake, derribándolo y enviándolo en caída hacia dos puentes bajo aquel en que estaban combatiendo, esperando que este cambio en el eje de la batalla le permitiera vencer al otro Jedi, más lejos de dejarse sorprender Minato no hizo sino chocar con más determinación su sable de luz contra el de Pein a quien de igual forma sorprendió con una seca patada en el estómago, haciéndolo caer al puente debajo del que combatían y al cual el Jedi saltó de inmediato para alcanzarlo. Cambiando su hasta entonces sonrisa de anticipado triunfo por un ceño fruncido cargado de frustración, Pein se irguió y corrió a lo largo de aquel puente con toda intención de volver a encontrar ventaja al trasladar el escenario de la batalla.

Salvándose de una segura caída hasta el último piso, Kakashi apoyo ambos brazos en el puente del que había alcanzado a sujetarse, y con un impulso recobró el equilibrio, recuperando su sable de luz que había caído sobre la superficie, alzando la mirada hacia el puente sobre él y por el cual vio correr al lord Sith seguido muy de cerca por su Maestro, lo que de inmediato lo hizo sonreír antes de dar un salto hacia el puente superior con ayuda de la Fuerza, corriendo tan velozmente como se lo permitieron sus piernas, luchando por alcanzarlos y pelear hombro con hombro junto a su Maestro. Sable de luz en mano y determinado a terminar con el combate tan pronto como le fuera posible, Minato siguió los pasos del lord Sith hasta una serie de pequeñas puertas eléctricas que daban con el otro extremo de la central de energía y que se encendían y apagaban de forma intercalada, ansiaba sorprender al Sith y evitar que volviera a tomar la iniciativa, y lo haría mientras aún podía. De pronto, cortando su carrera, una de las traslucidas puertas electromagnéticas se encendió separando a Pein del Maestro Jedi a quien sostuvo la mirada, chocando su sable de luz contra la pared invisible con espera de derribarla para continuar peleando, más aquello no dio resultado. Varios metros detrás, las demás puertas también se activaron, evitando que Kakashi pudiera alcanzar a su Maestro y brindarle apoyo, única y enteramente reservado a esperar a que el sistema de puertas se apagara de forma automática. Kakashi estaba extasiado de adrenalina y preocupado por su Maestro, pero como buen Jedi sereno sus pensamientos y aguardo en silencio.

Igual de resignado que su Padawan, Minato apagó su sable de luz mientras contemplaba en silencio al impaciente lord Sith delante de él, arrodillándose en el suelo y cerrando los ojos para esperar, meditando con completa calma, porque desesperarse no iba a ayudarlo, además…podía ver que su calma enfurecía al lord Sith, por lo que era un punto para él.


Las cosas no iban precisamente mejor para el ejército gungan, que si bien era conocido por su inclemencia, estaba atascado frente a los androides de la Federación de Comercio, y más pronto que tarde tuvieron que hacer retroceder a sus fuerzas para resistir lo mejor posible el implacable ataque de haces de luz que ya había abatido a varios de sus guerreros, y sutiles brechas comenzaban a aparecer aquí y allá en las acosadas líneas defensivas de los fambaas que eran centro de ataque para los androides de combate, y proyectaban los escudos que protegían en su mayoría a los valientes gungan. Los fambaas aún resistían, y si bien también eran flanco de ataque primordial para los androides de la Federación, también eran lugar de refugio para los soldados y generales gungan que intentaban encontrar una manera de reagruparse en tanto otros jóvenes guerreros más temerarios y valientes se rehusaban a claudicar y replegarse, abatiendo y atacando agresivamente a tantos androides como pudieran. Sin rendirse bajo ninguna circunstancia e incluso pareciendo un loco furioso entre algunos de sus compañeros más valientes, Metal Lee luchaba en el centro de aquel torbellino, blandiendo una lanza de energía como si fuera un garrote, abatiendo androides uno tras otro, llevando una cuenta silenciosa en su mente mientras esbozaba una ligera sonrisa. Por visión idealista era un pacifista, detestaba la guerra, pero como gungan la esencia misma de la guerra estaba en su sangre y no podía darle la espalda a su gente, tenía que pelear y eso era precisamente lo que estaba haciendo, para evidente sorpresa de muchos.

-¡Retrocedan!— gritó una voz en medio de la batalla.

Hasta entonces los faambas habían mantenido a raya a los tanques de la Federación de Comercio, pero tras certeros y mortales impactos de los haces de luz de los disparos de los androides de combate, los generadores de escudo se estremecieron sonoramente antes de destruirse y desmoronándose en pequeñas piezas que cayeron al suelo, y el campo de fuerza comenzó a temblar y finalmente se disipo dándole instancia a los tanques de la Federación de avanzar hacia el ejército de gungan que por orden de sus generales no tuvo más opción que replegarse. Intentando pensar, atrapado como estaba entre si continuar peleando o replegarse, Metal agradeció el momento en que un carro cargado de bolas de energía que se usaban en las catapultas paso a su lado, y literalmente se encendió un foco sobre su cabeza, aproximándose a trote a esta para sujetarse del carro, desbloqueando con algo de esfuerzo el cierre de la portilla, haciendo que ésta se abriera de golpe, haciendo caer al suelo las bolas de energía que rebotaron y rodaron para impactar letalmente contra múltiples tanques de la Federación, inhabilitándolos. Metal Lee se preparó para celebrar al ver que su maniobra habría resultado, cuando el carro se tambaleo y lo arrojo al aire, por inercia cerró los ojos hasta chocar contra algo, y cuando volvió a abrirlos se dio cuenta de que había caído sobre uno de los tanques de la Federación que avanzaba por la llanura y al cual se asió desesperadamente para no caer, volviendo el rostro en todas las direcciones, intentando saber qué hacer para frenar el avance de aquellos vehículos.

-¡Metal!— llamó Rock Lee, aproximándose al tanque mientras montaba un kaadu, —usa la bomba— aconsejó sin apartar la mirada de su hijo.

-¡No tengo una bomba!— protestó Metal a todo pulmón, sin soltar su agarre alrededor del cañón del vehículo. Como simple respuesta, su padre le enseño una pequeña granada que no dudo en lanzarle. —Ahora sí— contestó divertido al atrapar la granada.

Con cuidado y esforzándose por mantener el equilibrio, Metal soltó el cañon del tanque y volvió el rostro por sobre su hombro, expectante hasta que la escotilla detrás de él se abrió, rebelando a un androide de combate y hacia cuyo interior arrojó su granada antes de saltar detrás de su padre que aproximo su kaadu lo suficiente, instándolo a ir más rápido y alejarse del tanque que finalmente explotó solo unos segundos después en decenas de piezas. Sobresaltado por el ruido de la explosión, el kaadu en que ambos montaban se irguió asustado sobre sus patas, haciendo que padre e hijo cayeran el suelo, cubriéndose los rostro con los brazos, más cuando alzaron los rostro y pretendieron salir corriendo para reagruparse como intentaban hacer el resto de sus compañeros, se encontraron rodeados por un pelotón de androides que pretendían hacerlos prisioneros tal y como estaban haciendo con el resto de los integrantes de su ejército. No era una visión nada alentadora de contemplar pero era la verdad, el ejército gungan había sido derrotado, salir huyendo no era una opción, era mejor morir como prisionero a vivir con la marca de la cobardía, pero un gungan no aceptaba ser prisionero de nadie, eran libres, preferían quitarse la vida antes que rendirse, por lo que resulto degradante para Rock Lee considerar dar la batalla por perdida y eso Metal lo sabía, conocía bien a su padre y tenía los mismos ideales que él, pero esta batalla era solo una distracción, no buscaban ganar ni perder, tan solo ganar tiempo, y esperaba haberlo hecho para que la reina y los demás pudieran derrotar a la Federación.

-No lo olvides, Metal, un gungan jamás se rinde— declaró Rock Lee con la frente en alto, dispuesto a morir si hacía falta.

-En casos como estos, suelo esperar…y ver qué pasa— contestó Metal alzando los brazos y dando a entender que se rendía, pero solo en apariencia.

-Es un buen plan— consideró él antes de imitarlo, encogiéndose de hombros tras aceptar su perspectiva.

Hasta hoy, Rock Lee siempre se había enorgullecido de seguir con entereza y lealtad los ideales del pueblo gungan, pero nunca había escuchado realmente la opinión que su hijo tenía al respecto de librar una guerra, más en esta ocasión seguiría sus consejeros, ya sea que cayeran o sobrevivieran para disfrutar de la paz que se forjaría en Naboo. Intercambiando una mirada entre sí, como padre e hijo, Rock Lee y Metal simplemente mantuvieron los brazos en alto bajo el intimidatorio fuego de los androides de combate, esperando a que de milagro sucediera algo en la superficie y pusiera fin a esa batalla.

Pero hasta entonces, esperarían.


Con la frente en alto y andar presuroso, a pleno trote, Sakura solo sintió el impoluto silencio siendo roto por el eco de la suela de sus botas contra el piso y el ligero eco de a tela de su traje arremolinándose contra el aire, completamente concentrada en su camino a la sala del trono, porque todo parecía perfecto, no había un solo obstáculo en su camino…casi demasiado perfecto, como si algo fuera a pasar en cualquier momento, y esa sola idea fue suficiente para ser un llamado a la desgracia. Sakura apenas y negó en silencio para si ante esta idea cuando dos androides destructores se deslizaron a lo largo del pasillo frente a ella y su escolta, bloqueándoles el paso al desplegarse, apuntando sus blasters hacia ellos, y naturalmente su primer impulso fue volver por sobre sus pasos y ocultarse, luchar e intentar defenderse, pero tras nada más voltear fueron sorprendidos por un pelotón de androides de combate que les apuntaban directamente, Intercalando su mirada entre los androides de combate y los destructores, Sakura estudio su situación, la única vía de escape sería volver a disparar a las ventanas y bajar a alguna planta, pero podrían ser atrapados en la cornisa, estarían indefensos y podría arriesgar las vidas de sus guardias, algo que no podría perdonarse nunca. No importa que tantas vueltas diera al asunto, no había forma de luchar y escapar con éxito, pero rendirse era otra asunto, no le gustaba la idea más tenía su lado bueno si los androides la llevaban a ella y a su escolta a la sala del trono, ya pensaría en como neutralizar al virrey ahí, pero ese era el único camino plausible para evitar derramar sangre, y elegía tomarlo.

-Bajen sus armas, nos ganaron— ordenó Sakura al capitán Sabaku y el resto de su escolta, dejando su blaster en el suelo e instando a los demás a hacer lo mismo.

No quería rendirse, pero en ocasiones hasta los líderes más fuertes debían bajar la cabeza por el bien de su pueblo, y todo lo que Sakura deseaba es que su plan resultara, porque de otro modo prefería morir bajo el yugo del virrey neimoidiano antes que fallar a su pueblo, su familia y sus amigos. Eligiendo creer en su reina como siempre y confiar en que ella sabía lo que hacía, Rasa Sabaku dejó su blaster sobre el suelo tal y como procedieron a hacer el resto de los guardias que componían la comitiva segundos ante de que los androides se aproximaran para guiarlos hacia la sala del trono.

Estaban cada vez más cerca, aunque no como esperaban.


A esas alturas, el entusiasmo de Sasuke por vivir sus sueños se impuso al sentido común mientras maniobraba su nave a través del centro de la batalla, con todos sus instintos de piloto en alerta permanente y su atención concentrada en el embriagador desafío de vencer, todo era simplemente perfecto y podría haberse pasado el día entero en vuelo, no había sufrido daño alguno y había derribado a varios cazas a la par que hacían el resto de los nubianos. A esas alturas y habiendo superado su miedo inicial, Naruto prácticamente brinco de emoción en su asiento mientras Sasuke evadía a dos cazas que en vano intentaban alcanzarlo a su vexor de aproximación para derribarlo, cosa imposible ya que el Uchiha maniobraba la nave de manera tal alternada e inesperada que los cazas no conseguían dispararle, de hecho fue Sasuke quien dio la vuelta y derribó a dos de ellos al empujar las palcas impulsoras al máximo y como consecuencia el sistema simplemente dejó de funcionar, dándole tiempo a uno de los cazas y que no se daban por vencidos, de acertar un disparo en la cola de la nave y enviando esta en veloz picada sin que Sasuke ni Naruto pudieran hacer nada para maniobrar. Pese a lo joven que era, Sasuke tenía más experiencia que muchos de los pilotos mayores que él y por lo que lucho desesperadamente para recuperar el control de la nave, o por lo menos intentó aterrizar de la forma más segura, aproximándose sin otro remedio a una de las enormes naves de la Federación de Comercio, y que si bien eran el enemigo, su amplio hangar se veía como mejor opción que el frió vacío del espacio.

-Frena, da la vuelta, haz algo— apremió el Uzumaki, sin saber qué hacer ante el seguro rumbo de colisión.

-¡Los controles no responden, no puedo detenerme!— contestó el Uchiha únicamente, intentando aterrizar de la forma más segura.

Ni toda vasta experiencia como piloto podría salvar a cualquier otro individuo, de estar en su lugar, de una colisión segura, más dejándose guiar únicamente por sus agudos instintos que parecían afianzarse a la adrenalina que sentía, permitiéndole anticipar lo que sucedería, Sasuke maniobró manualmente la nave contra la fricción entre el campo de gravedad de la nave de la Federación y el espacio, reduciendo la velocidad con que su nave ingresó en el hangar con ayuda de las palancas impulsoras, convirtiendo su caída en un lento desliz sobre la superficie del hangar, cerrando los ojos ante una posible colisión como también hizo Naruto a su espalda y que se protegió el rostro con los brazos, habiendo pasado de la extrema alegría a la extrema preocupación en cosas de segundos. El impacto que el Uchiha y el Uzumaki temían nunca llegó, ya que tal y como Sasuke había previsto, la nave esquivó exitosamente transportes, cazas, tanques y pilas de suministros hasta frenar por si sola en medio del hangar, sobresaltando a ambos que finalmente abrieron los ojos y suspiraron sonoramente, agradecidos por estar vivos e indemnes, por ahora. Olvidándose del miedo o la preocupación, sabiendo que estaba en territorio enemigo y no podía confiarse, Sasuke intentó acceder al panel de control y reactivar los motores de la nave, más aparentemente los sistemas se habían sobrecalentado y la misma nave se había apagado automáticamente para recuperar energía, ya que el impulsor no funcionaba y los alimentadores habían cortado su comunicación con los conductos de combustible.

-Los comandos se calentaron— aclaró Sasuke para mayor miedo y preocupación de Naruto. —Esto sí que es serio…— murmuró para sí, golpeándose mentalmente la frente.

El Uchiha contempló a través del vidrio de la cabina las inmediaciones del hangar, y se encontró con una docena de androides de combate que se aproximaban en su dirección, blandiendo peligrosamente sus blasters y desintegradores, bloqueando su posible y única ruta de escape. De forma inevitable y con juvenil temor, Naruto se replegó en su asiento detrás de Sasuke, negando en silencio para sí y preparándose para lo peor, sintiéndose menos valiente que su amigo y temiendo lo que pudiera suceder. Sasuke por otro lado no sentía miedo, ¿por qué habría de hacerlo? Okey, estaba en apuros y bien podían hacerlo prisionero o matarlo, pero al menos había hecho lo que nunca había pensado que haría; estaba luchando por aquello en lo que creía con todo su corazón, en Sakura, y con tan solo la esperanza de creer que ella estaría bien, podía morir tranquilo.

Solo deseaba que Sakura estuviera a salvo, nada más.


Alternando la mano con que sostenía su sable de luz, Kakashi respiró profundamente mientras esperaba a que las puertas electromagnéticas se desactivaran automáticamente, centrando su mirada en su Maestro quien se encontraba meditando en espera de que la batalla prosiguiera, en tanto el lord Sith parecía ansioso por continuar la contienda, ¿quién obtendría la victoria?, era un tanto difícil saberlo. Kakashi podía considerarse un buen Jedi, tal vez no el mejor por lo lento que había sido su inicial adiestramiento, pero el Consejo Jedi valoraba enormemente sus habilidades y quería creer que por lo mismo su Maestro y él conseguirían ganar esta batalla, pero el resultado de la misma era incierto, estaban enfrentándose a un enemigo único, más curtido en batallas de índole cruel y aparentemente mejor entrenado que él mismo, pero en el lado oscuro, algo a lo que Kakashi jamás recurriría, si lo hiciera perdería su alma y se convertiría en un esclavo. Midiendo la distancia que lo separaba de su Maestro y del lord Sith, Kakashi se preparó para correr, anticipando a través de la Fuerza que las puertas electromagnéticas estaban a punto de desactivarse, y cuando esto ocurrió corrió tan rápido como le fue posible para ir al encuentro de su Maestro. Hasta entonces arrodillado en el suelo y con los ojos cerrados, meditando, Minato encendió su sable de luz esmeralda, se irguió y abrió sus brillantes ojos azules justo antes de que la puerta eléctrica que lo separaba del lord Sith se desactivara, ambos volvieron a chocar sus sables de luz y se movieron hacia el pozo de fundición, no había otro lugar a donde ir, la batalla debía terminar ahí.

Corriendo lo más rápido que le fue posible, Kakashi llegó a sentir que le ardían los músculos de las piernas, no quería dejar que su Maestro y padre peleara solo, más para su preocupación y frustración las puertas electromagnéticas volvieron a activarse cuando llegó al final del pasillo, dejándolo a solo una puerta de distancia de la batalla que se estaba librando, forzándolo a ser un espectador y contemplar impotente como su Maestro y el lord Sith luchaban sobre la estrecha cornisa que rodeaba el yermo pozo de fundición, solo podía observar, esperar y rezar para que su Maestro saliera victorioso o que aguantara hasta que él pudiera unírsele y apoyarlo. Puede que Minato no fuera tan joven como el lord a quien enfrentaba, pero no era ningún viejo, seguía siendo uno de los mejores Jedi que habían vivido y Kakashi sabía que no existía nadie mejor que su Maestro si de manejar un sable de luz se trataba, y era el idóneo para terminar con esta batalla. Tras haber estado meditando, uniéndose a la Fuerza y encontrando la serenidad suficiente para desapegarse de todo y solo concentrarse en la batalla, Minato había encontrado nuevas reservas de fortaleza a las cuales asirse y por lo que ahora enfrentó ferozmente al lord Sith que increíblemente se vio en la necesidad de retroceder, bloqueando sus agresivos ataques con su sable de luz doble para defenderse y sin poder atacar, aunque esto último no era en lo absoluto una preocupación para Pein, le gustaban los retos y cuanto más difícil fuera de exterminar su oponente, mayor sería su sensación de triunfo cuando la batalla terminara, y eso era lo único que estaba esperando.

Una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kakashi, como si celebrara la fuerza y energía de su Maestro a quien tanto admiraba y que tenía acorralado al lord Sith, dando por hecho que ganaría esa batalla por sí solo, porque era un gran Jedi y nadie podía vencerlo, mucho menos un lord Sith, una legenda de una época que había llegado a su fin y que no volvería. Desde su lugar y forzosamente separado de la batalla por obra de la restante puerta electromagnética que seguía activada, Kakashi anticipó cada movimiento del sable de luz de su Maestro como si fuera el propio. El rostro del Sith no mostraba excesiva confianza como al inicio de la batalla sino que solo ira y frustración, porque ansiaba ver caer a su oponente y porque le llenaba de ira pensar que alguien pudiera superarlo, era un Sith y nadie debía estar a su nivel, por lo que tras tanta espera adoptó una postura defensiva, dispuesto a ponerle fin a la batalla, esbozando una sonrisa ladina cuando el Jedi se abalanzó contra él cubriendo la distancia que los separaba en una fracción de segundo, más Pein ya había comprendido bien su forma de pelear y sabía cuál sería su siguiente movimiento, evadiendo golpe tras golpe en que chocaban sus sables de luz, hasta ver una brecha en su defensa y por la que enterró salvajemente la hoja de su sable contra el abdomen del Maestro Jedi, atravesando la tela, carne y hueso, hiriéndolo de muerte. Ahogando un apenas audible jadeo de dolor, Minato cayó de rodilla, con la mirada desenfocada, y ajeno a la forma en que la sonrisa desapreció del rostro de su Padawan para ser reemplazada por una expresión de completo terror.

-¡No!— gritó Kakashi con todas sus fuerzas, intentando convencerse de que aquel cuadro no era real, no podía serlo.

Paralizado, como si lo hubieran herido a él, Kakashi contempló como su Maestro caía al suelo, incapaz de moverse, aún vivo pero mortalmente herido, la realidad de que su Maestro a quien admiraba y amaba como a un padre no era invencible lo golpeo en el rostro como una bofetada. Un jedi no debía entregarse a la ira, el miedo, o el sufrimiento porque eso eran emociones que conducían al lado oscuro, pero por un momento ningún aspecto del código Jedi fue importante para Kakashi quien respiró profundamente y sin apartar su mirada del lord Sith; deseaba herirlo y terminar al batalla a como diera lugar, deseaba cobrar venganza por su Maestro y extinguir a los Sith de una vez y para siempre. Rodeando el cuerpo del herido Jedi como si fuese algo insignificante y sin valor, Pein se paseó ante la puerta electromagnética que lo separaba del Padawan Jedi, ansioso por tomar su vida. A modo de silente desafió, Pein esbozó una sonrisa burlona, como si le advirtiera que el siguiente en morir sería él.

Pero la silente amenaza no asustó a Kakashi sino que solo aumento el torrente de ira que pedía a gritos ser liberado.


A solas en el salón del trono, el virrey Homura Mitokado su esposa Koharu aguardaron hasta que finalmente un pelotón de diez de sus androides de combate hizo acto de aparición trayendo consigo a un numeroso contingente de prisioneros, entre quienes resaltaba el capitán Rasa Sabaku y una de las doncellas de la reina Hanan. Con las manos cruzadas formalmente tras la espalda, Homura dio un paso al frente, sosteniendo la mirada al furioso capitán Sabaku y luego desviándola hacia la inofensiva joven que lo acompañaba, no pudo determinar su identidad, no recordaba haberla visto, pero si se parecía muchísimo a la reina…no, era ella, tenía la misma mirada desafiante y serena al mismo tiempo, se veía más joven sin el maquillaje ni sus elegantes usares, despojada del poder, pero era ella. Con una ligera sonrisa ladina, sabiéndose victorioso, sin tan siquiera pensárselo dos veces y cargado de ira, Homura volteó el rostro de la joven y bella soberana con una bofetada tan dura que incluso la hizo caer de rodillas, sobresaltando a sus guardias que tuvieron que hacer aplomo de todo su autocontrol para no abalanzarse contra el virrey y devolverle el golpe, más en un llamado a la calma es que Sakura se irguió lentamente tras recuperarse del golpe, manteniendo la frente en alto y una expresión pétrea en su rostro, negándose a claudicar ni a expresar dolor, enfrentándose al virrey neimoidiano, sosteniéndole la mirada en todo momento y haciéndole saber que haría falta mucho más que un simple golpe para derrotarla.

-Su insurrección ha terminado, Alteza— afirmó Homura con la victoria asegurada al tenerla a ella en sus manos. —El ejército de salvajes que envió contra nosotros al sur de la ciudad, ha sido aplastado, los Jedi no están aquí para protegerla y usted es ahora mi prisionera— enumeró con una sonrisa de evidente satisfacción. —Es tiempo de que firme el tratado y termine este absurdo debate en el Senado— insistió sin apartar sus ojos del aparentemente sereno temple de la joven.

-¡Virrey!— llamó una voz femenina desde el pasillo, fuera de la sala del trono, —¡su ocupación ha terminado!— proclamó con una sonrisa de anticipado triunfo.

¿Una visión, un malentendido? Homura y Koharu no supieron explicarlo, parpadeando con sorpresa e incredulidad mientras veían a la reina Hanan fuera de la sala del trono, ataviada en sus solemnes y prácticos usares rojo y negro, con su cabello pintado en degrade del castaño al naranja recogido en una larga trenza que caía tras su espalda, decorado por un cintillo que intercalaba los colores de su traje, y acompañada por una numerosa escolta de guardias entre quienes además estaban dos de sus doncellas que vestían idéntico a la joven que ahora era su prisionera. Blaster en mano y con los ojos brillantes de ira, Pakura apuntó y disparó tan pronto como le fue posible contra dos de los androides de combate que custodiaban a su reina, el capitán Sabaku y los demás guardias, intentando crear una distracción y darles tiempo al volver a pretender ser la reina, aunque fuera por poco tiempo, iniciando una veloz carrera junto a los demás guardias y el resto de sus compañeras doncellas para alejarse de la sala del trono. Estaban muy cerca, el plan debía dar resultado y para ello necesitaban darle tiempo a su reina, solo un poco más de tiempo. Claramente sorprendido, Homura tardó varios segundos en reaccionar, ¿una segunda reina?, ¿era eso posible? De manera brusca, volvió la mirada hacia la joven doncella de cabellos rosados y que parecía perfectamente inofensiva, ella no era la verdadera reina, lo habían engañado, el parecido era muy grande pero la reina Hanan jamás osaría hacerse pasar por una de sus doncellas, no era más que una niña arrogante, no tenía la inteligencia suficiente para tramar algo así.

-Tras ella— ordenó Homura cuanto antes, haciendo que gran parte de su escolta de androides abandonaran la sala para seguir a la reina y su sequito, —esta es un señuelo— mencionó contemplando despectivamente a la joven delante de él.

Sorprendidos por la oportuna aparición de Pakura quien aún vestía como si fuera la reina, los guardias nubianos solo pudieron observarse con alegría y ansiedad entremezclada entre sí, en tanto Sakura y el capitán Sabaku simplemente se observaron en silencio y sin celebrar, aún, aguardando hasta que fuera el momento oportuno. Ante la orden del virrey, cuatro de los ocho restantes androides de combate abandonaron la sala del trono para seguir a "la reina" y sus guardias, dejando al virrey y a su esposa bajo la protección de otros cuatro androides, incapaces de entender cómo es que les habían tendido aquella trampa, pero eso no importaba, no realmente, todo lo que necesitaban era tener en su poder a la reina y entonces su triunfo sería completo, pero por ahora necesitaban deshacerse del capitán Sabaku, aquella doncella y los demás guardias, ya no le eran útiles y sería mejor enviarlos a los campos de prisioneros. Llevándose pensativamente una mano al mentón, Homura les dio la espalda a sus prisioneros, intentando decidir que hacer con ellos, sin saber que a su espalda Sakura se encontraba atenta a cualquier descuidado. La Haruno agradeció el momento en que gran parte de los androides de combate se retiraron de la sala para seguir a Pakura—con quien estaba sumamente agradecida por su oportuna asistencia—, y tan pronto como el virrey neimoidiano le dio la espalda, Sakura se aproximó velozmente al trono, abriendo un compartimento secreto en uno de los apoya brazos y de donde extrajo una series de pequeños blasters.

-¡Capitán!— llamó Sakura de inmediato y tras nada más voltearse.

Volviendo la mirada, Rasa recibió uno de los blasters que le arrojó su joven reina, tal y como hicieron dos de los guardias detrás de él y que no dudaron en liberar a sus compañeros de la custodia de aquellos molestos androides de combate. Con el ceño fruncido de concentración y determinación entrelazadas como una misma cosa, Sakura apuntó inclemente hacia los androides de combate tal y como Pakura había hecho antes al pretender ser ella, disparando y derribándolos de forma inmediata como también hicieron el capitán Sabaku y sus demás guardias, dando rienda suelta a una serie de letales haces laser que hicieron vibrar la sala del trono, aterrando al virrey Homura y a su esposa a quien protegió con su cuerpo como un escudo, demasiado sorprendido por tan confusos acontecimientos como para entender que es lo que estaba pasando. Tan pronto como todos los androides cayeron al suelo, destruidos y completamente inhabilitados, por orden del capitán Sabaku dos guardias se aproximaron hacia las puertas que cerraron con seguro para que nadie pudiera entrar o salir sin permiso. Viendo que toda amenaza había pasado por ahora y volviendo a ceñirse el invisible poder que injustamente le habían quitado semanas atrás, desintegrador en mano y con la frente en alto, dejando de actuar como una niña indefensa, acompañada leal e incondicionalmente por el capitán Rasa Sabaku quien de inmediato se situó a su lado, Sakura se acercó al virrey Homura Mitokado, esbozando una sonrisa ladina ante la evidente sorpresa y confusión impresa en su rostro y en el de su esposa.

-Ahora, virrey, discutiremos un nuevo tratado— planteó la Haruno con un tono tan gélido como el brillo de sus ojos.

Comprendiendo la verdad de a quien tenía delante, nada más que a la auténtica reina Hanan, el virrey neimoidiano apretó tensamente los labios y bajo pesadamente la mirada, derrotado.


Tras aguardar desesperadamente y en silencio, Kakashi agradeció el momento en que la puerta electromagnética se desactivo y le permitió enfrentarse al Sith, hirviendo de rabia y encendiendo su sable de luz zafiro que chocó agresivamente contra el sable doble del pelinaranja que indudablemente se sorprendió ante la fuerte contraofensiva del Jedi a quien había subestimado. Durante sus primeros años como Padawan del gran Maestro Minato Namikaze, Kakashi muchas veces se había sentido frustrado, había anhelado poder aprender del mejor, pero su Maestro había tardado años en enseñarle a luchar con un sable de luz, centrándose en primer unificar su vínculo con la Fuerza, y en consecuencia Kakashi había creído que su gran Maestro no había sido quien creía que era, pero se había equivocado, puede que no hubiera sido entrenado tan rápidamente como otros Jedi sí, pero su calidad de entrenamiento si había sido mejor que la de muchos, y lo demostró al lanzarse salvajemente contra el lord Sith, bloqueando cada intento de su parte por desorientarlo, pudiendo devolverle golpe tras golpe y hacerlo retroceder, furioso como nunca antes se había sentido pero controlado dentro de todo, sabiendo cómo ser un verdadero Jedi, como su Maestro. La seguridad y arrogancia del lord Sith ya no significaba nada para él, consumido por el dolor, la ira y la frustración que empleaba como un catalizador para contestar a cada uno de sus ataques, haciendo que Pein retrocediera sin otra opción, reconociendo que había subestimado a su nuevo adversario.

Claramente sorprendido por la furiosa acometida del Jedi y que superaba todo cuanto había podido esperar, Pein retrocedió lentamente hacia la pared del pozo de fundición donde intentó contener su ataque y recuperar el control de la contienda a la par que hacer amague de marcar las distancias entre ambos para poder defenderse, con los sables de luz de ambos chirriando al entrar en contacto de forma incansable, creando un eco que retumbo en toda la estancia mientras peleaban, más anticipándose a cada golpe que su adversario pudiera dar, Kakashi envolvió su sable de luz en torno al eje del sable del lord Sith, cortándolo en dos, haciendo del imprevisible mandoble un sable de luz común y corriente, restándole cualquier sorpresa. No poseía toda la experiencia que su Maestro Minato sí, pero Kakashi era más rápido y resistente debido a su juventud, y por ahora esto era suficiente para sobrevivir el tiempo que hiciera falta. Para nada agradecido ni de acuerdo por perder su valiosa ventaja, y apretando los dientes con furia, Pein propinó una dura patada en el estómago al Hatake, enviándolo al suelo, pero superando el exabrupto el peligris no dudo en erguirse tan rápido como le fue posible, bloqueando otro ataque que estuvo a solo segundos de cortarle la cabeza pero que si quemo un extremo de su túnica como recordatorio de que no podía bajar la guardia, porque si volvía a hacerlo…no quiso ni pudo volver el rostro hacia el cuerpo de su Maestro pues sabía que si lo hacía le daría al Sith la oportunidad de tomar ventaja de nuevo, pero en palabras simples si no mantenía la guardia y permanecía atento, acabaría igual que su Maestro.

Los sables de luz zafiro y carmesí del Jedi y del Sith giraban de un lado al otro, intentando atacar y defender su espacio a mismo tiempo, intentando quebrar las defensas del otro y poner fin a una batalla que ya se había alargado más de lo necesario, ante lo que Pein pretendió replegarse y soltar su sable de luz para confundir al iracundo Jedi que no dudó en abalanzarse contra él, y con una ligera sonrisa el pelinaranja empujó a Kakashi con un impulso de la Fuerza, haciéndolo tambalear y retroceder precisamente hacia el pozo de fundición, golpe que el Sith no dudo en rematar con una patada en el centro del pecho. Perdiendo el equilibrio, Kakashi soltó su sable de luz y solo alcanzó a evitar su caída al sujetarse de un travesaño metálico justo debajo del borde, lo que lo hizo suspirar en voz alta antes de volver el rostro por sobre su hombro para contemplar la larga caída que lo esperaba si se soltaba. No te concentres en tu ansiedad, Kakashi, que tu concentración este aquí, como debe ser, recordó las palabras de su Maestro y se esforzó por asirse a ellas para serenar su mente y apartar todo pensamiento que pudiera confundirlo, porque lo único que necesitaba hacer ahora era volver a subir y terminar la batalla de una vez por todas. Como si leyera sus pensamientos, Pein se asomó por encima del pozo de fundición con una venenosa sonrisa que a Kakashi se le hizo igual a la de un demonio mientras le sostenía la mirada, y esta idea no hizo sino confirmarse cuando el Sith pateó su sable de luz y lo envió en caída libre por el pozo de fundición del que pendía, como si así quisiera recordarle lo cerca que estaba de la muerte.

Pero no iba a morir, ni iba a perder la batalla, era una promesa.


PD: Hola, mis amores, ¿còmo estan? prometí ausentarme solo una semana y lo cumplo, volviendo para actualizar mis historias y que como siempre espero sean de su agrado : 3 la próxima semana actualizare "El Origen del Clan Uchiha" y la siguiente "Cazadores de Sombras" antes de comenzar una historia nueva que publicare el 26 de Septiembre por mi cumpleaños :3 esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a mi nueva amiga Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader

-Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi

-Minato Namikaze como Qui-Gon Jin

-Naruto Uzumaki como R2D2

-Metal Lee como Jar Jar Binks

-Rock Lee como Ross Tarpals

-Pakura como Sabé

-Pein como Darth Maul

-Homura Mitokado como Nute Gunray

-Koharu Utatane como Daultay Dofine

Referencias & Cambios: la escena de la bofetada de Homura a Sakura es mitad ficción mitad realidad; ya tenia pensado poner una escena así en este punto de la historia, pero la inspiración para ella vino de la serie española "Al Final del Camino" que trata sobre la vida de la Reina Urraca de León, más el resto de los sucesos que tienen lugar en las escenas de Sakura son tomadas textualmente de la novela de la película "Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma". Muchas de las referencias que hago durante la batalla entre los Jedi y el lord Sith, hablando del entrenamiento de Kakashi y de las habilidades de Minato están tomadas de la novela de Star Wars "Master & Apprentice" de Claudia Gray que narra como se forja la relación maestro-aprendiz y padre-hijo entre Qui-Gon Jin y Obi-Wan Kenobi. Para la batalla entre los Gungans y el ejercito de la Federación de Comercio si tome varias referencias a la forma de pelear de los gladiadores romanos, con ciertos detalles de otras culturas que aun perduran como la otomana y egipcia. Como nunca he escrito algo sobre pilotos, tuve unos problemas para encontrar inspiración para las escenas de pilotaje entre Sasuke y Naruto, pero creo que tome un poco de todo lo que he visto y aprendido, teniendo como referencia la actuación de Hayden Christensen en "La Venganza de los Sith".

Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.

Fantasia & Viaje entre Épocas: quiero hacer un experimento como el de mi fic "Lady Haruno: Flor de Cerezo" que es una adaptación del anime "La Rosa de Versalles", ¿se animan a una adaptación?-diferente por supuesto-de "Inuyasha"? Estoy planeando escribir un libro inspirado en este anime que marco mi infancia y quería saber si les gustaría que hiciera una adaptación libre a mi estilo, pero solo de fantasia y ficción,con muy poco realismo a diferencia de otras de mis historias, ¿se animan?, ¿les gusta la idea? Estaré esperando ansiosamente sus opiniones como siempre, por lo que sean tan críticos como quieran, eso siempre me ayuda mucho.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3