-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Victory" de Two Steps From Hell para el contexto del capitulo, "Centuries" de Fall Out Boy para Sasuke, "See What I've Become" de Zack Hemsey para Kakashi, "Marchen" de Oskar Schuster para el encuentro entre Onoki y Sakura, "El Mejor Guerrero" de Christina Aguilera para el reencuentro de Sakura con sus padres y hermana, "Qui-Gon Jinn Funeral" compuesto por John Williams, para el funeral de Minato, y "Across the Stars" para Sasuke y Sakura.
-Ya hay energía— anunció Naruto sorpresivamente, luego de tan larga espera.
El caza estelar del Uchiha estaba rodeado de un pelotón de androides de combate, en tanto en su interior Sasuke y Naruto se esforzaban por recuperar el control de la nave que tras tanta espera se encendió tras su breve proceso de hibernación en que había entrado para recuperar energía, Naruto en particular se abstuvo de chillar de emoción en voz alta, aplaudiendo en silencio para sí mientras accedía al panel de control, corroborando que todo estuviera en orden y finalmente elevando la nave del suelo del hangar tras activar los haces antigravitatorios, alertando a los androides que rodeaban al caza estelar. Mientras Naruto accionaba los interruptores de ignición y estabilizaba los motores del caza, Sasuke alargó una de sus manos a punta de tanteo hasta encontrar el gatillo de los cañones y la otra hacia las palancas de control, listo y dispuesto para disparar ante la menor provocación, ya sea que estuviera bien o mal, el Uchiha no podía evitar sentir como si estuviera tomando parte en una carrera, estaba experimentado una gran alegría, con la sangre inyectada de adrenalina, pero no sabía bien que hacer, ¿era correcto escapar del hangar sin atacar? No quería hacer eso, no quería solo huir, no era ese tipo de persona, solo era un muchacho, pero tenía mucha experiencia trabajando bajo presión, conservando la calma cuando estaba en problemas. El caza estelar se elevó del suelo, estabilizándose contra el aire gracias al apoyo de Naruto, chocando en el proceso contra algunos de los androides que en vano intentaron disparar contra la superficie de la nave, y cuyos haces de luz rebotaron contra los deflectores.
-Activa los escudos— indicó Sasuke únicamente, apuntando los cañones hacia los androides y disparando, más para su preocupación no todos los disparos impactaron contra los androides. —Uy…— se quejó golpeándose mentalmente la frente, sintiéndose como un tonto, —hora de irse— decidió en apenas un suspiró viendo a Naruto asentir desesperadamente, completamente de acuerdo.
Okey, no había salido huyendo sin hacer nada, pero no asestarle a los androides era una vergüenza, ¿cómo había podido fallar? Sin esperar ver a donde había ido a parar el impacto del fuego de los cañones, auxiliado por Naruto, Sasuke viró la nave en dirección hacia la salida del hangar, dándole la espada a lo que sea que fuera a suceder, empujando las palancas impulsoras y acelerando tan pronto como le fue posible para abandonar la nave de la Federación antes de que fuera tarde, en tanto el fuego lanzado por los cañones del caza estelar cruzaban sin problema el largo pasillo, como una especie de sombra, dejando atrás transportes, montones de suministros, androides de combate y todo lo que había en su camino, desapareciendo por un acceso de ventilación hasta colisionar con el puente principal de la nave y hacer explotar todo a su paso, más Sasuke no pudo ver lo que había hecho, mucho más concentrado en lograr que su caza abandonara el hangar de la nave, solo sintiendo una explosión detonar a su espalda y de la cual lucho por alejarse con idéntico ímpetu que Naruto, quien brincó nerviosamente en el asiento a su espalda, murmurando una serie de rezos, más Sasuke intentó no escucharlo, maniobrando frenéticamente su caza hasta abandonar el hangar y encontrarse con el espacio exterior. Fuera de la nave de la Federación, sirviendo como testigos, los pilotos de Naboo jadearon de incredulidad al ver que la nave principal del enemigo sufría una serie de repentinas explosiones en su interior, como si algún torpedo o bomba hubiera detonado, ¿pero por qué o quién?
-¿Qué sucede?, hay explosiones adentro— evidenció una de los pilotos, incrédula ante lo que veía.
-¿Quién lo haría?— preguntó Shisui en un suspiró, sin apartar su mirada de la nave de control.
-Es nuestro, y sale de la zona de carga— señalo otro de los pilotos, reconociendo aquel caza como uno de los suyos.
Sintiendo una tenue capa de sudor frío resbalándole por la nuca, mucho más tranquilo al lograr abandonar el interior del hangar a tiempo para escapar de aquella explosión que encima de todo era culpa suya, Sasuke volvió el rostro por sobre su hombro, observando como enormes fragmentos se desprendían del núcleo de la nave de la Federación y salían despedidos al espacio, y cada una de sus partes se desintegraban por completo ante aquella serie de explosiones que parecían no tener fin. Había disparado al hangar principal, se había metido justo donde le habían dicho que no fuera…¿qué iba a pasarle ahora?, ¿cómo se suponía que explicara aquel desastre? Era imposible de creer para los pilotos de Naboo que uno de sus compañeros hubiera penetrado en los escudos de la nave de control de androides de la Federación y causado una explosión interna, escapando ileso de todo ello, más acallando y olvidando cualquier posible pregunta que tuvieran en la mente, efusivos por la victoria que tanto habían deseado obtener, poniendo todas sus fuerzas y habilidad en ello, los pilotos nubianos gritaron y chillaron de emoción, todos ellos celebrando a través del enlace de sus comunicadores, unidos a pesar de que no pudieran verse, ajenos a que su compañero piloto que había logrado derribar y hacer estallar la nave de la Federación no era quien creían que era y que no tenía su comunicador conectado con el de ellos, ocasión que aprovechó Naruto para gritar como un loco al interior del caza estelar que compartía con Sasuke, celebrando efusivamente como su amigo no estaba haciendo, aun confundido sobre lo que acababa de hacer.
-¡Así es como se termina una batalla, así es como se pilota!— gritó Naruto, sonriendo de oreja a oreja.
Cubriéndose los oídos para no quedar sordo a causas de los efusivos gritos de su amigo astromecánico, Sasuke simplemente negó en silencio, con una sonrisa nerviosa y preguntándose, ¿en qué clase de problema se había metido esta vez?
En las praderas de Naboo, las cosas no iban precisamente bien, el ejército gungan había sido derrotado, pero sus jóvenes y valientes guerreros se negaban a rendirse, después de todo no había nada peor para un gungan que vivir de rodillas, por lo que en nada sorprendió a algunos el difuso eco de los blaster disparando contra aquellos que se resistían a la captura, lo que infundía natural miedo, pero Metal continuó estoico y de pie junto a su padre Rock Lee, ambos con los brazos en alto y esperando que un milagro ocurriera. La mayoría de los gungan ya habían sido hechos prisioneros, afortunadamente unos cuantos habían salido huyendo al pantano sobre los lomos de sus kaadus y otros habían escapado en dirección a las colinas del oeste, pero era solo cosa de tiempo antes de que fueran capturados por los eficientes androides de la Federación y que pronto comenzaron a reunir a los gungan en grupos con el propósito de llevarlos a los campos de prisioneros, algo denigrante. De pronto, cuando los gungan parecían estar resignados a convertirse en prisioneros, todos los androides comenzaron a estremecerse, dando tumbos de un lado a otro, y los tanques se detuvieron, estrellándose contra el suelo, interrumpiendo súbitamente toda la actividad y haciendo que todos los gungan se observaran entre sí con confusión. El ejército de androides se había quedado inmóvil, paralizado bajo la mirada de los prisioneros gungan que los contemplaron en silencio antes de atreverse a moverlos en espera de una reacción, pero tras nada más hacer esto, los androides cayeron sobre la hierba, inertes y sin vida, detonando una serie de murmullos de incertidumbre y desconfianza.
-¿Qué sucedió?— preguntó Rock Lee, sin saber muy bien que hacer ahora que parecían ser libres.
-La nave de control fue destruida— asumió Metal con una inmediata sonrisa, —lo lograron— celebró eufóricamente.
Brincando de emoción en su lugar como si de un niño pequeño se tratara, Metal Lee volvió el rostro en todas direcciones, como si así quisiera asegurarse de que todos sus compatriotas también estaban felices con el resultado de la batalla y así fue, antes de abrazar a su sorprendido padre quien rodó por el suelo junto a él, entre rizas y efusivos vítores. Libres de los molestos androides de combates, que se encontraba repartidos a lo largo de las praderas, completamente inútiles ahora que su nave de control ya no existía, el ejército gungan se libró de sus ataduras y celebró alegremente la victoria los Naboo como si fuera la propia, porque lo era, todos habían contribuido y esta no era la victoria de una sola persona ni de un solo pueblo.
Era la victoria de todos, la liberación de todos.
Contemplando en silencio a Kakashi quien aún colgaba del pozo de fundición, luchando por sobrevivir, Pein se paseó impaciente por el borde del pozo, ferozmente feliz ahora que la batalla había terminado, saboreando el momento y disfrutando de verlo a punto de sucumbir, quería ver el miedo en sus ojos, quería ver emociones oscuras en los ojos de ese arrogante Jedi, y quería verlo muerto. Sin apartar la mirada del lord Sith desde su lugar, al borde de la muerte, Kakashi cerró los ojos y se sumergió en las profundidades de la Fuerza como su Maestro había hecho antes que él, buscando serenidad, buscando sabiduría y fuerza para no sucumbir a las emociones que podrían arrastrarlo al lado oscuro, expulsando la ira y el miedo de su mente, y apaciguando su corazón, buscando refugio en la calma. Con un último impulso y firme determinación, Kakashi se soltó del travesaño metálico y se catapultó con la Fuerza hasta saltar por encima del lord Sith, empleando esa misma Fuerza para llamar el sable de luz de su Maestro y que encendió para atravesarlo con la hoja esmeralda y cortarlo en dos mitades, separando su torso de sus piernas. Parpadeando con una expresión de dolor y sin apartar sus ojos de su adversario, Pein cayó por el vacío del pozo y desapareció de la vista del Jedi como si jamás hubiera estado ahí, con su cuerpo separado en dos mitades, dejando a Kakashi libre para desactivar el sable de luz y correr cuanto antes al lado de su Maestro, junto a quien se arrodilló, acunando su cuerpo entre sus brazos, esperando que no fuera demasiado tarde y que aun estuviera vivo, esperando que aún pudiera hacer algo para salvarlo y así pudieran continuar su camino juntos como Maestro y Padawan.
-Maestro…— llamó Kakashi en apenas un murmulló, aterrado de no recibir respuesta.
-Ya es tarde— contestó Minato en un susurro, abriendo lentamente los ojos para encontrarlos con los suyos.
-No— protestó el Hatake con vehemencia y negándose a aceptar la verdad.
-Kakashi— llamó el Namikaze únicamente, teniendo muy claro lo que iba a decir, —promete que entrenaras a Sasuke— encomendó con sus ultimas fuerzas.
-Sí, Maestro— asintió el peligris, accediendo sin pensar, dispuesto a decir o hacer cualquier cosa que su Maestro le pidiera.
-Él es el Elegido, con él…con él habrá equilibrio— garantizó el rubio, convencido del destino que esperaba a Sasuke y en el cual necesitaría ayuda, —entrénalo— destinó confiando ciegamente en él y en qué cumpliría su última voluntad.
-Lo haré, lo prometo— asintió Kakashi de inmediato y sin apartar los ojos de su Maestro.
No lo decía solo para tranquilizar a su Maestro, lo decía porque era la verdad, claro que en el pasado había dudado de Sasuke al no saber quién era, no había estado seguro de si era correcto proteger a un completo desconocido, pero ahora Kakashi veía a Sasuke como un amigo, un hermano menor que necesitaba protección y no iba a defraudarlo, no importa que pasara, nunca dejaría a Sasuke solo, era una promesa. Orgulloso y esbozando una ligera sonrisa, Minato clavó su mirada en el rostro de Kakashi quien aún era joven, pero él Namizake estaba convencido de que su joven Padawan se convertiría en un hombre mejor que él, era muy sabio e inteligente y tenía un gran corazón a pesar de que se esforzara en ocultarlo, por lo que él podía morir tranquilo sabiendo que Sasuke quedaba en las mejores manos, bajo la protección de un hombre que velaría por él como si fuera su padre, como Minato había cuidado y velado por Kakashi desde el primer día en que lo había tenido bajo su tutela. Sin apartar sus ojos del rostro de su Padawan, Minato de pronto dejó de respirar, y la vida abandono su cuerpo, abrazado por Kakashi quien cuidadosamente le cerró los ojos y lo abrazó contra su pecho, sosteniendo su cuerpo sin vida entre sus brazos y llorando en silencio...
-Voló en el hangar, desde dentro del escudo y disparo en el reactor principal…— enumeró Ena, una de los pilotos, tan pronto como bajo de su caza estelar.
-Fue increíble, eso no lo aprendimos en la academia— secundó Shisui tras nada más salir de la cabina de su nave.
-¿Quién haría algo así?— preguntó Hisui sin palabras, intercalando la mirada entre sus compañeros.
-No lo sé, pero éramos los únicos que estaban sobrevolando la nave, así que si no fuimos nosotros, ¿quién fue?, ¿quién voló esa nave?— preguntó él, sin encontrar explicación a sus dudas.
Los pilotos nubianos estaba completamente confundidos, al menos cinco de ellos acababan de regresar al hangar tras la explosión de la nave de control de androides de la Federación en la órbita de su planeta, dos de sus compañeros habían caído durante la batalla, más extrañamente el responsable de destruir la nave de la Federación aún no regresaba, los pilotos acaban de quitarse los cascos, observando las inmediaciones del hangar, acompañados por sus respectivos copilotos y ayudantes astromecánicos, hechos un manojo de nervios y un cumulo de contradicciones, ¿quién había destruido la nave de la Federación?, ¿quién había ganado la batalla si estaban todos reunidos en el hangar? No lo sabían, pero la respuesta llegó por si sola en cuanto otro caza estelar nubiano ingresó en el hangar, aterrizando perfectamente en uno de los lugares que se encontraban vacantes, con su cabina cerrada e impidiéndoles descubrir la identidad de quien lo pilotaba, todos observándose con incertidumbre entre sí. Tan pronto como el caza estelar aterrizo en el interior del hangar, y dejando pasar varios segundos, intentando espantar su nerviosismo con respecto a la reacción que iba a encontrar, Sasuke asintió en silencio a Naruto quien oprimió el botón para abrir la cabina, irguiéndose con lentitud desde su asiento con el Uzumaki de pie a su espalda como un monito titi pigmeo, ambos volviéndose el completo centro de atención de los pilotos que se encontraban boquiabiertos y observándolos, al igual que los experimentados astromecánicos, ¿aquella era una buena señal? Ni Sasuke ni Naruto podían decirlo.
-Di algo— masculló Naruto para romper la tensión, con una permanente sonrisa y los dientes apretados.
-¿Es tarde para decir lo siento?— preguntó Sasuke únicamente, encogiéndose de hombros con nerviosismo.
No se le ocurría otra cosa que decir, ¿qué se suponía que dijera? Había disfrutado enormemente de la experiencia de pilotar una nave y de estar en una batalla real, Naruto había estado ahí con él y había sido testigo de todo, pero Sasuke no era tonto como para no darse cuenta de la evidente incredulidad en los rostros de los pilotos y ante la cual no supo cómo reaccionar; era un muchacho de once años que había terminado con la batalla sin seguir ninguna orden, rompiendo todo protocolo y únicamente siguiendo las vertiginosas emociones que latían en su corazón, ¿cómo no sentirse al menos un poco amedrentado por la mirada que aquellos profesionales pilotos le dirigían mientras lo observaba en completo silencio y con la boca abierta? En ese momento y acompañada por sus doncellas, un pelotón de guardias y el capitán Rasa Sabaku quien no se separaba de ella, Sakura recorrió las vacías calles en dirección al hangar; había imaginado muchos escenarios en su mente, había considerado decenas de posibilidades en las cuales los pilotos nubianos lograban neutralizar la nave de control de androides y ganar así la batalla, pero fue toda una sorpresa para Sakura descubrir por medio de las computadoras de navegación de las naves que quien había logrado la victoria decisiva en la batalla había sido Sasuke, por lo que cruzó el umbral del hangar y de inmediato esbozó una sonrisa al recorrer el entorno con la mirada, y a los pilotos, hasta dar con Sasuke quien lentamente bajo de su caza como hizo Naruto, ambos los héroes más inesperados que Naboo había podido necesitar, pero quienes eran responsables de su liberación.
-¡Sasuke!— llamó Sakura tras nada más cruzar el umbral e ingresar en el hangar. —Lo lograste— felicitó con una inmediata sonrisa.
Sin importarle la presencia de los pilotos, los guardias que la acompañaban y su séquito de doncellas, además del capitán Sabaku quien se mostraba tan estoico como de costumbre, Sakura abrazó a Sasuke con todas sus fuerzas, sonriendo efusivamente, apoyando a propósito su rostro contra el costado del cuello de él, quien sorprendido por su demostración de afecto en público, correspondió al abrazó de forma más bien mecánica, intercalando disimuladamente la mirada entre los presentes, qué más quisiera que abrazar a Sakura con total libertad, pero no podía, ella era la reina y ambos estaban sujetos a la atención de todos quienes estaban presentes en el hangar, más resultó aún más sorpresivo para el Uchiha que tras nada más romper el abrazo, Sakura lo besara castamente en la mejilla haciéndolo sonrojar mientras contemplaba la dulce y angelical sonrisa de ella. Sonriéndose entre sí, eufóricos y alegres como hacía Naruto quien parecía brincar en su lugar como si estuviera atiborrado de azúcar, el capitán Shisui y todos los demás pilotos aplaudieron en su lugar, sonriendo al Uchiha tal como también procedieron a hacer las doncellas de la reina y sus guardias, además del propio capitán Sabaku, porque esta victoria podía ser de Naboo, era el triunfo de la voluntad sobre la opresión, pero esta victoria no sería posible de no ser por Sasuke.
Se lo debían todo a él.
La batalla de Naboo había terminado, los días habían pasado, y ahora que todos en la galaxia sabían que la reina Hanan había recuperado el trono y la Federación de Comercio había quedado en evidencia como la responsable de todo, había llegado el momento de enviar al virrey Homura Mitokado y su esposa Koharu de regreso a Coruscant para que la suprema corte pudiera juzgar sus actos y decidir cuál habría de ser su castigo. El nuevo Canciller de la República y el alto Consejo Jedi acababan de llegar a la capital, aterrizando sus respectivas naves en el hangar real, para hacerse cargo personalmente del virrey y los suyos, así como para despedir a su fallecido amigo y compañero el Maestro Minato Namikaze. De pie fuera del imponente palacio real de Theed que había ocupado por mucho tiempo, el virrey Homura y su esposa eran custodiados por un numeroso pelotón de guardias reales además del Jedi Kakashi Hatake quien permanecía estoico e imperturbable a la par que Sasuke quien se encontraba a su lado, ambos no tenían ni la más remota idea de que decidiría el Consejo Jedi, más Kakashi ya había decidido de antemano que se haría cargo de Sasuke en memoria de Minato y porque era su propio deseo velar por su seguridad y bienestar. De pronto, irrumpiendo en los coros de murmullos e incertidumbre proferidos por los habitantes de Naboo que ahora circulaban libremente por las calles, las enormes puertas de mármol que separaban el interior del palacio de la plaza principal se abrieron, haciendo que todos quienes estaban en el exterior volvieran el rostro para observar a su hermosa reina.
Respetando a los caídos en batalla, a los inocentes y oprimidos que habían sufrido y muerto durante la invasión, la hermosa reina portaba un elegante vestido de tafetán negro bellamente bordado en oro en los laterales del corpiño y la falda superior, delicadamente acentuado a su figura, de profundo escote en V que dejaba poco a la imaginación y la hacía parecer mayor, de mangas ceñidas hasta las muñecas bordadas en hilo de oro bajo una acampanadas mangas superiores que se abrían a la altura de los codos, cerradas desde los hombros por pequeños botones dorados, con un cinturón dorado remarcando su esbelta cintura. Su largo cabello estaba ceremoniosamente pintado en un bello degrade del castaño al naranja, recogido en una larga trenza que caía tras su espalda, adornada por una corona circular que reposaba sobre su cabeza, la más antigua de Naboo, a juego con unos pendientes de oro en forma de lagrima con un cristal ónix en el centro. Para todos y gran parte de los ahora liberados habitantes de Naboo, volver a contemplar a su reina en toda su magnificencia fue como estar ante una aparición divina, podían ver la majestuosidad en su andar y con las manos cruzadas sobre su vientre, la elegancia con que sujetaba la falda de su vestido para no tropezar al descender por la larga escalera, y la ligera sonrisa en su rostro, amable y poderosa al mismo tiempo. Toda ella era una representación; los días de opresión habían terminado, y al igual que ella se mostraba ante todos como la incuestionable soberana de Naboo, su planeta volvía a ser libre a ojos de todos en la galaxia.
De pie a su lado en todo momento, tan pronto como su reina llegó al final de la escalera el capitán Rasa Sabaku le tendió la mano para ayudarla a descender a pesar de que no lo necesitara, recibiendo a cambio una sonrisa cargada de amabilidad mientras la acompañaba y guiaba hacia donde se encontraba el virrey neimoidiano. Desde su lugar, aparentemente estoico junto a Kakashi, Sasuke esbozó una ligera sonrisa ladina al volver a ver a Sakura, quien paso de pie a su lado, dedicándole una apenas perceptible mirada pero que para él significo tanto como para ella volver a verlo, Kakashi claramente se dio cuenta del intercambio de miradas que había entre ambos, pero prefirió ignorarlo a propósito, no iba a pedirle a Sasuke que olvidara sus sentimientos y se arrancara el corazón, eso no sería justo sin importar que fuera lo que la Orden Jedi le exigiría para unirse a sus filas. Observando a lo lejos como se aproximaba por la calle el ahora Canciller de la Republica y el Consejo Jedi escoltados por un numeroso pelotón de sus guardias reales, Sakura soltó la mano del capitán Sabaku, cruzando ambas manos por sobre su vientre y contemplando fríamente, con visible superioridad, más no arrogancia, al virrey quien solo bajo la mirada al estar en su presencia, no parecía arrepentido en lo absoluto, ni tampoco su esposa, pero eso no era su asunto, muchos pensarían en ejercer justicia por su propia mano de estar en su lugar, pero Sakura prefería entregar al virrey a la Republica para que la democracia decidiera su destino, ella se contentaría con que la Fuerza y el universo supieran de sus errores y obraran en consecuencia.
-Ahora, virrey— suspiró Sakura con una sonrisa de clara superioridad, —tendrá que volver al Senado y explicarlo todo— comentó sin sentir lastima por él y lo que le esperaba.
-Puede despedirse de sus derechos comerciales— secundó el capitán Sabaku, compartiendo completamente la perspectiva de su reina.
Las palabras de su capitán, guardia personal y amigo hicieron sonreír ladinamente a Sakura, más se esforzó por no demostrarlo, tanto porque no sería bien visto como porque no era correcto disfrutar del sufrimiento o desgraciada de otro, ni lo estaba haciendo o no adrede. Sin más que decir, Rasa Sabaku reverenció a su joven soberana como no dudaron en hacer de igual modo Kakashi y Sasuke antes de proceder a escoltar al virrey neimoidiano y su esposa hacia el hangar, encontrando su camino con el del ahora Canciller de la República y su esposa quienes inclinaron respetuosamente la cabeza a su paso, reconociéndolos. Danzo no deseaba ver a Kakashi Hatake como un igual, pero no tenía otra opción, el joven Jedi había derrotado a su alumno a pesar de no estar tan rigurosamente entrenado como Pein si lo había estado, y su valor era digno de cualquier Maestro Jedi, por lo que seguramente la orden no dudaría en promoverlo para darle el debido reconocimiento, y en consecuencia él no tuvo más opción que sonreír falsamente tal y como hizo su esposa a su lado, más su sonrisa si fue sincera al desviar ligeramente la mirada hacia el joven Uchiha. Una joven promesa, destemplado, valiente y determinado, además de envidiablemente joven y cargado de virtudes que hacían de él un prodigio, Danzo tenía sus espías y ya había descubierto quien era realmente este desconocido muchacho…pero hoy no era el momento de acercarse a él, ya le había tendido la mano y brindado ayuda, pero debería esperar a que se forjara bajo las enseñanzas de los Jedi antes de corromper su camino y guiarlo hacia la oscuridad, pero sabría ser paciente hasta entonces.
-Estamos en deuda con usted por su valor, Kakashi Hatake— felicitó Danzo, honrando al Jedi quien bajo la mirada a modo de agradecimiento, —y joven Uchiha…seguiremos tu carrera con gran interés— comentó con una sonrisa, golpeándole amistosamente al hombro al pasar a su lado.
Sasuke no supo cómo sentirse al respecto, últimamente recibía más atención que nunca en su vida, por lo que simplemente sonrió para sí, continuando con su camino tal y como hizo Kakashi a su lado. Coruscant y todos los Senadores que integraban el Senado de la República ya habían decidido quién sería el nuevo Canciller, más resulto un enorme honor para Naboo ver que su antes Senador Danzo Shimura ahora representaba las voces de decenas de cientos de sistemas, ataviado en una elegante túnica de terciopelo negro—bajo una holgada camisa blanca—de cuello cuadrado con un borde dorado, y mangas abiertas desde los hombros para rebelar unas ceñidas mangas de seda burdeo bordadas en oro, pantalones de seda y largas botas de cuero negro. A su lado, su esposa Takara portaba un sencillo vestido de tafetán negro, sin mangas, de escote corazón y falda lisa bajo una bella chaqueta de gasa y encaje plateado ribeteada en finos diamantes, de escote en V que se cerraba bajo el busto por tres botones de diamante y se abría bajo el vientre, con mangas acampanadas hasta la altura de las muñecas. Su largo cabello naranja se encontraba solemnemente recogido tras su nuca, dejando libres un par de rizos que enmarcaban su rostro y hacían resaltar una diadema de plata ribeteada de diamantes a juego con unos largos pendientes en forma de lágrima a imagen de la guirnalda de plata y pequeños diamantes alrededor de su cuello. La ahora poderosa pareja fue recibida por la reina Hanan, quien sonrió sinceramente al volver a verlos reverenciarla cuando sentía que ella misma debía ser quien se inclinara ante ambos.
-Felicidades por su elección, Canciller— pronunció Sakura finalmente, feliz por su nombramiento a pesar de que no hubiera votado por él.
-Su valentía salvo a nuestro pueblo, Alteza, usted merece una felicitación— negó Danzo, reconociendo su valor y fortaleza. —Juntos, lograremos la paz y la prosperidad en la República— deseo con aparente sinceridad, volviendo el rostro hacia su esposa Takara quien sonrió en respuesta, siempre de su lado y apoyando sus decisiones.
Desearía no tener que pronunciar esas palabras, desearía no estar celebrando la victoria de esta niña arrogante, pero Danzo no tenía otra opción, Sakura Haruno había probado ser más peligrosa que cualquier mujer que existiera en la galaxia, su vida era una amenaza a sus ambiciones, pero no era tonto como para deshacerse de ella, la necesitaba viva aunque deseara lo contrario. Dudando como siempre de las intenciones que veía en los ojos de su antes Senador y ahora Canciller de la República, Sakura solo contesto con una ligera sonrisa, porque si no había votado por él es porque no confiaba en sus ideales y visión de futuro, pero tendría que aprender a soportarlo, todos tendrían que aprender a vivir de ahora en más...
Luego de que la reina diera la bienvenida al Canciller Shimura y su esposa, Kakashi inevitablemente había comenzado a hacer una especie de cuenta regresiva en su mente, preparándose para el momento en que el Gran Maestro Onoki o alguno de los otros Maestro de la Orden Jedi lo llamaran para preguntarte como habían sucedido los hechos y como es que Minato había muerto; el primero en acercarse y visitarlo directamente en sus aposentos—destinados por la reina Hanan—había sido el Maestro A, a él le había hecho básicamente un resumen sobre la batalla con el lord Sith y según sabía luego él le había contado dicho resumen a los otros Maestros. Matar a un Sith o tan siquiera salir victorioso de un combate contra uno era motivo de regocijo en la Orden Jedi, poco hablan vivido para lograr una hazaña así, pero Kakashi no se sentía orgulloso, había rozado el lado oscuro, lo había sentido, por lo que ahora se dirigía con andar nervioso y ansioso hacia la sala del trono del palacio y que la reina había destinado para que el Consejo Jedi pudiera reunirse como hacían siempre. Cruzando nerviosamente las manos por sobre su vientre, anticipando tal vez un posible regaño o reprimenda, Kakashi dirigió una distraída mirada al sable de luz esmeralda de su fallecido Maestro Minato y que ahora colgaba de su cinturón, era suyo, un recuerdo de lo que había perdido, de lo cerca que había estado de morir y de lo que aún debía vivir, entrenando a Sasuke tal y como le había prometido a Minato que haría. Sin más dudas y con la frente en alto, Kakashi ingresó en la sala, encontrando al anciano y bajito Maestro Onoki de pie en el centro de la sala, apoyado en su bastón.
-Maestro Onoki— saludó Kakashi con una respetuosa reverencia antes de arrodillarse ante el anciano Maestro.
-El Consejo Jedi te honra con el nombramiento de Caballero Jedi— anunció el Gran Maestro , sorprendiendo a Kakashi quien contuvo lo mejor posible su sonrisa, —pero no estoy de acuerdo en que aceptes a Uchiha como aprendiz Padawan— confesó con un deje de ira y frustración al ver el peligro, pero no lograr que otros lo vieran.
-Minato creyó en él— discrepó el Hatake, confiando completamente en la memoria de su Maestro y estando dispuesto a todo con tal de proteger a Sasuke.
-El muchacho puede ser el Elegido— aceptó Onoki en apenas un suspiro, —pero siento un grave riesgo en su entrenamiento— comentó con evidente temor.
-Maestro Onoki, le di mi palabra a Minato y entrenaré a Sasuke— decidió el peligris sin importar lo atrevido que fuera de su parte, —aún si el Consejo no da su aprobación— añadió para dejar en claro que no cambiaría de parecer.
-Siendo el desafió de Minato en ti, y eso no lo necesitas— regaño él, apartando la mirada de su una vez Padawan. —El Consejo Jedi está de acuerdo contigo, Sasuke Uchiha será tu aprendiz— declaró con interior pesar, más lejos de ello Kakashi no hizo sino asentir con una sonrisa de gratitud. —¿Estás complacido?, ¿tan seguro estas de que es lo correcto?— preguntó con severidad, —el futuro de Uchiha continua nublado, puede que adiestrarlo sea un error— advirtió como si de una premonición se tratase.
-Pero, el Consejo…— intentó protestar Kakashi, sin saber muy bien que pensar al respecto.
-Ha decidido ya, cierto, pero insisto, yo no estoy de acuerdo, no puedo— puntualizó el Gran Maestro, con temor y desconfianza.
-Entiendo, Maestro— asintió el Hatake, agradeciendo y valorando su criterio, —Sasuke será mi Padawan y lo adiestraré lo mejor que pueda, pero no olvidaré lo que me ha dicho, tendré cuidado y recordaré sus advertencias— prometió con voz solemne y cargada de madurez.
-Que la Fuerza te acompañe— deseó Onoki únicamente, confiando en él y creyendo en su palabra.
Contemplando en silencio a Kakashi, quien en su infancia había sido su aprendiz más comprometido y aún lo era, Onoki ya no vio en él al niño que recordaba sino a un hombre, un Gran Jedi y ahora su igual, un Maestro ni más ni menos y en quien debía confiar, y sin más que decir el Gran Maestro volvió el rostro hacia los amplios ventanales que reflejaban el hermoso día que tenía lugar en Naboo y que transmitía total serenidad. Observando la espalda de su una vez Maestro, Kakashi no sabía que decir, estaba claro que el Consejo Jedi no pensaba igual que el Maestro Onoki y eso era muy inusual, él estaba preocupado, no consideraba a Sasuke una amenaza pero tampoco una bendición, después de todo la profecía del Elegido predecía la caída de la Orden Jedi, ¿cómo alegrarse por ello? Fuera lo que fuera que debiera sentir, Kakashi se sentía confundido, estaba feliz no ser más un Padawan, ahora era un Maestro, se sentía libre pero a costa de la vida de su Maestro y eso lo llenaba de melancolía, más tendría que aprender a vivir sin él, esa era voluntad de la Fuerza. Resultó una gran sorpresa para Kakashi, abandonar la sala del tono y encontrar a la majestuosa reina Hanan esperándolo en el pasillo, quien de inmediato le dirigió una amable sonrisa, quería verla por momentos como Sakura Haruno en lugar de la reina de Naboo, porque en el poco tiempo que llevaban conociéndose había aprendido a verla como una amiga y casi hermana menor, pero sabía que debía guardarle el debido respeto y por lo que no dudo en reverenciarla de inmediato a pesar de que estuvieran a solas, sin la presencia de sus doncellas ni de ningún otro testigo.
-Reina Hanan— saludó Kakashi cortésmente, superando su impresión inicial.
-Sakura, por favor— corrigió la Haruno con cercanía y amistad, —entre nosotros son innecesarios tantos formalismos— recordó ya que él no la había conocido como reina.
-Estoy de acuerdo— asintió el Hatake con una ligera sonrisa ladina, mucho más cómodo, —dime, ¿en qué puedo ayudarte?— preguntó esperando poder serle útil.
-Esperaba que pudieras darme tu opinión— mencionó ella, invitándolo a acompañarla en su trayecto hacia sus aposentos, algo a lo que él accedió de inmediato, —estoy en una encrucijada; mi consejo de asesores considera apropiado que se celebre un desfile en honor a la liberación de Naboo y a la derrota sobre la Federación de Comercio, un desfile de la victoria, pero yo no me siento de ánimo para eso, no creo que haya algo que celebrar— discrepó con total sinceridad. —Minato fue un gran Jedi, y si bien no lo conocí como tú sí, es profundamente doloroso para mí haberlo perdido, y Sasuke también lo siente así— los tres estaban de duelo, y no se sentían de ánimo para festividades.
-En muchos sentidos fue un padre, hermano y amigo para todos quienes lo conocían, tanto si fueron Jedi como si no, es comprensible que todos añoremos su presencia, pero hay que dejarlo ir, todo lo que sucede es voluntad de la Fuerza— se sinceró él, extrañando a su Maestro pero sabiendo que debía dejarlo ir. —A Minato nunca le gustaron las celebraciones, era el tipo de persona que se refugiaba en la serenidad, el recogimiento y la meditación, pero comprendía que las celebraciones eran necesarias, y estoy seguro de que aprobaría que esta se realizara— consideró finalmente dándole tranquilidad y serenidad de Sakura. —Naboo ha atravesado por días de dolor, tristeza y angustia, y sus habitantes merecen poder olvidarse de todo, al menos por un momento— en el fondo si había un motivo para realizar una celebración, y él no se oponía a ello.
-Entonces me dejas mucho más tranquila, temía estar siendo injusta con su memoria, pero si él habría estado de acuerdo, entonces yo también lo estoy— suspiró la pelirosa con una ligera sonrisa, más tranquila consigo misma, —y me gustaría que Sasuke, tú y todos los Jedi pudieran estar presentes, después de todo esta no es mi victoria sino de todos— invitó para darles su propio reconocimiento, aunque ambos no quisieran nada para sí mismos.
-Sera un honor, Alteza— aceptó el peligris con aparente galantería, haciéndola sonreír por la particular familiaridad que podían compartir.
-¿Qué pasara contigo ahora, Kakashi?— curioseo la Haruno, viéndolo fruncir el ceño al no entender su pregunta, —Sasuke comentó lo ansioso que estabas por tomar las pruebas— aclaró, esperando no pecar de impertinente.
-No será necesario— negó el Hatake, conteniendo su orgullo y emoción ante su reciente promoción, —el Maestro Onoki acaba de hablar conmigo y decidió que estoy listo, soy un verdadero Jedi de ahora en adelante— en el fondo estaba eufórico y triste al mismo tiempo, pero sabía que Sakura comprendía bien como se sentía.
-¿En serio?— Sakura apenas y podía creerlo salvo por el asentimiento que él realizo, era una maravillosa noticia. —Felicidades, Kakashi, estoy segura de que Minato estaría orgulloso si te viera— Minato quería verlo triunfar como el gran Jedi que era, y en el fondo ella sentía que estaba feliz, allá donde estuviera.
-Y si te viera a ti— correspondió Kakashi, igualmente orgulloso de la reina a quien dejaba sana y salva en su trono, inamovible ante sus enemigos.
A solas en ese pasillo, y sin nadie más que los viera, Kakashi y Sakura se sonrieron distraídamente entre sí, con melancolía, unidos por el dolor pero también por sus respectivas responsabilidades y que eran tan similares como dispares, desde luego que el futuro sería incierto para todos, desde mañana enfrentarían grandes cambios, pero a través de la memoria de Minato, continuarían siendo amigos, siempre.
Los nubianos respetaban la muerte, cuando un héroe moría, era costumbre despedirlo con dolor nacional como ya hacían por todos sus hermanos, amigos, vecinos o compatriotas que habían muerto como consecuencia de la opresión de la ambiciosa Federación de Comercio, por lo que no resulto extraño que todos los habitantes que circulaban por las calles vistieran de negro o gris oscuro, los hombres con sus trajes más elegantes y las mujeres con sus cabellos cubiertos por velos. A ellos se unía Sakura quien recorría las bellas calles carente de actividad, ataviada en un sencillo vestido de seda negra, escote cuadrado y mangas ceñidas a las muñecas, bordado en hilo de plata en el centro del corpiño y la falda interior, y liso en los costados y la falda superior, con su largo cabello rosado plagado de rizos cayendo libremente tras su espalda, oculto por un velo color negro adornado con encaje en los bordes y que se encontraba cruzado sobre su pecho, apenas y haciendo visibles unos diminutos pendientes de diamante en forma de lagrima. Una difusa sonrisa se formó en el rostro de Sakura al vislumbrar el hogar de sus padres, la casa que tanto añoraba día y noche, un edificio sencillo pero elegante, hecho en el exterior de roca sólida, rodeado por enredaderas florecientes y setos cargados de vida, como todos lo que había en Naboo. Se sujetó ligeramente la falda para no tropezar al subir los escalones, chocando sutilmente los nudillos de una de sus manos al llamar a la puerta, cruzando nerviosamente las manos sobre su vientre y suspirando en voz alta, esperando a que la puerta se abriera al cabo de varios segundos.
-Papá— saludó Sakura con una triste sonrisa, sintiendo un nudo en la garganta al volver a contemplar el rostro de su padre.
-Mi princesa— correspondió Kizashi, entrelazando una de sus manos con la de su hija, instándola a pasar mientras cerraba la puerta a su espalda.
-Perdón— musitó la pelirosa en apenas un susurro y con la voz quebrada, —no fui fuerte, no me quede, tuve que irme— había ganado la batalla, Naboo otra vez era libre, pero ella continuaba sintiéndose como una cobarde, —no soy la hija valiente que tanto amas— eso era lo que más le pesaba, sentía que era una cobarde y que le había fallado a su familia.
-Siempre fuiste diferente de otros, inocente, amable, compasiva, y hoy todos pueden ver lo que yo veo, te dije que un día pasaría— negó su padre de inmediato, alzando una de sus manos para secar una silenciosa lagrima que se deslizo por su mejilla. —Nadie podría tener una hija mejor, ni una reina como tú, estoy más orgulloso que nunca de que seas mi hija— proclamó acunando delicadamente el rostro de su hija entre sus manos.
Su padre usualmente alegre y espontaneo vestía de riguroso luto al igual que todos los habitantes de Naboo, con una elegante chaqueta de terciopelo negro, de cuello alto y cerrado, y mangas ceñidas, escasamente decorada por bordados de oro en el cuello, el centro del pecho hasta la caída de la misma y en las gruesas muñequeras, con una larga cola a su espalda, pantalones de seda y botas de cuero negro. Honrada, conmovida y sintiéndose insignificante al mismo tiempo, Sakura contesto a las palabras de su padre con un efusivo abrazo al cual él correspondió de inmediato, porque se sentía mucho más tranquila al ver que él no estaba decepcionado de sus acciones. En ese momento otra persona se presentó en la sala, su madre Mebuki, quien portaba un elegante vestido negro de escote cuadrado, falda lisa y mangas ceñidas a las muñecas, adornadas en los bordes por pasamanería dorada a imagen del contorno de su escote, y por sobre el vestido se encontraba una chaqueta superior de cuello alto y cerrado, adornado con un fino contorno dorado, y que se abría en un escote en A para revelar su vestido inferior, de mangas acampanadas que se abrían a la altura de los codos y escote redondo, ceñido a su cuerpo por un fajín de seda negra adornado por un pronunciado dije dorado en forma de flor de cerezo. Su largo cabello rubio castaño se encontraba recogido en una sencilla coleta ladina que caía sobre su hombro derecho, adornado en su coronilla por una diadema de cuentas y cristales ónix en forma de flores de cerezo que sostenía un largo velo negro, a juego con unos pendientes de oro en forma de lagrima con un cristal ónix en el centro.
-Sakura— suspiró Mebuki antes de abrazar a su hija con todas sus fuerzas, sintiendo que le volvía el alma al cuerpo al volver a tenerla en sus brazos.
-Mamá— sonrió Sakura en medio del abrazo, volviendo a sentirse una niña ahora que volvía a estar en casa.
Pero Mebuki y Kizashi no eran los únicos que se encontraban en la casa y que deseaban tener el egoísta placer de abrazar a Sakura como no habían podido hacer en mucho tiempo, y eso lo supo Sakura en cuanto en medio del abrazo alzó la mirada por encima del hombro de su madre, viendo a alguien a quien con total seguridad había extrañado tanto como a sus padres. Su hermana Yuna era cinco años mayor que ella, una belleza de 19 años, de largos cabellos castaños almendrados pulcramente recogidos tras su nuca a excepción de un fino par de rizos que enmarcaban su rostro, escapando de la sencilla diadema de oro y ónix que sostenía un largo velo gris oscuro que caía tras su espalda. Portaba un sencillo vestido negro de escote corazón, con corpiño y mangas ceñidas hasta las muñecas, y falda lisa bajo una chaqueta de tafetán gris azulado plagada de bordados negros en forma de flores de cerezo, de escote redondo cerrado por cinco botones de diamante, y mangas abiertas a la altura de los hombros en forma de lienzos a imagen de la falda que se abría bajo el vientre. Separándose del afectuoso abrazo de su madre, Sakura observó en silencio a su hermana mayor acercarse con pasos lentos y una sonrisa radiante en el rostro, aunque con claras lágrimas en los ojos, antes de correr y abrazarla como si su vida dependiera de ello, y viceversa, ambas ahogando silenciosas lágrimas en el proceso. Volver a ver a su hermana era toda una alegría y sorpresa para Sakura, había creído que Yuna aún estaba en la universidad, en Coruscant, y ni siquiera había tenido ocasión de visitarla durante su estadía, pero era maravilloso por fin volver a verla.
-Creí que no volvería a verte— habló Yuna por fin, rompiendo lentamente el abrazo para contemplar los ojos y el rostro de su hermosa hermana menor.
-Pero aquí estoy— tranquilizó Sakura con lágrimas en los ojos y una radiante sonrisa, encogiéndose de hombros.
-Tengo tantas preguntas que quiero hacerte— fue todo lo que la pelicastaña pudo decir, aun con un nudo en la garganta a causa de la emoción.
-Primero cuéntame de ti— desestimó la pelirosa, mucho más interesada en saber de su hermana mayor que de hablar de sí misma.
-Ya tengo novio— soltó Yuna, casi chillando como una niña al poder decírselo a su hermanita.
-¿Y cómo es?— inquirió Sakura con genuino interés, después de todo su hermana tenía muy buen ojo para los chicos.
-Muy guapo, pero también tímido— contestó ella a pesar de lo contradictorio que sonaba, —sé que vas a adorarlo— aseveró conociendo bien a su hermana menor.
Con una radiante sonrisa en el rostro, una sonrisa que no se sentía capaz de mostrar con nadie más que con su familia, a excepción de Sasuke, Sakura entornó disimuladamente los ojos ante la declaración de su hermana, pero no la pondría en duda en lo absoluto, después de todo su hermana tenía la increíble habilidad de leer en los ojos y el corazón de las personas, y nunca se enamoraría de alguien que no mereciera su corazón. Lo importante es que volvía a estar en casa, su pueblo era libre y su familia estaba a salvo, simplemente no podía pedir nada más, porque a pesar de todo lo malo que había vivido en el último tiempo, por fin era feliz…
En paz y mucho más tranquila luego de la espontanea visita que le había hecho a sus padres, Sakura regresó al palacio real para retomar su papel de reina, Pakura la había suplido excepcionalmente en su ausencia como siempre, pero luego de todos los acontecimientos que habían sucedido, Sakura no se sentía con el derecho de pedirle algo a su amiga, había arriesgado su vida en demasía por su causa y todo lo que quería era que Pakura descansara y se olvidara de complots y batallas, al menos hasta nuevo aviso. Con sus amigas y doncellas Maki y Naori a su espalda, aun vistiendo como Sakura Haruno y no como la reina Hanan, la joven soberana de Naboo cruzó los largos pasillos en dirección a sus aposentos para cambiarse, caminando serenamente y con los brazos a cada lado de su cuerpo, más tan pronto como se detuvo ante las puertas, una serie de cortos pasos acompañados por el distintivo eco de un bastón apoyándose contra el suelo lleno los pasillos de mármol y roca, segundos antes de que el Maestro Jedi Onoki apareciera, pequeño, anciano y frágil pero sin embargo el más fuerte y sabio de la admirada Orden Jedi. Sakura lo conocía desde que era pequeña y a su vez el anciano Maestro la conocía a ella, se tenían mucho afecto y respeto entre sí, por lo que en nada extraño a Maki y Naori que su soberana bajara la cabeza ante el Maestro Jedi, ejecutando una respetuosa reverencia, con una ligera sonrisa adornando su rostro, similar a la sonrisa que apareció en el rostro del sabio Maestro quien la observo de arriba abajo, la niña que él recordaba había desaparecido y en su lugar se encontraba una soberana justa y admirada por todos.
-Reina Hanan— saludó el Gran Maestro Jedi, bajando la cabeza ante la presencia de la joven soberana. —Quisiera tener una pequeña conversación con usted, si no es problema— solicitó amablemente y sin apartar sus ojos de ella.
-Claro, Maestro Onoki, sería un honor para mí— asintió Sakura de inmediato. —Déjennos a solas, por favor, les haré saber si necesitamos algo— indicó al volver el rostro a sus amigas y doncellas que asintieron en silencio.
Con una respetuosa reverencia y ligeras sonrisas para su reina y amiga, Maki y Naori se retiraron en silencio, dejando a solas a Sakura quien abrió las puertas e invitó a pasar a su habitación al anciano Maestro Onoki, siguiendo sus lentos pasos hacia el interior, cerrando la puerta tras de sí e invitando al Maestro Jedi a tomar asiento ante la pequeña sala en sus aposentos, ambos frente a frente. Sakura no era una Jedi, pero sabía bien lo que implicaba vivir en pro de un sacrificio mayor, por eso era reina, ese era su propio sacrificio, sentía que no podía ser egoísta si había gente en su propio mundo y fuera de él que la necesitaban, ¿qué sentido tenía vivir para uno mismo? Esa era una forma egoísta de vivir, pero Sakura no le exigía a nadie que hiciera lo mismo, todos pensaban diferente y tenían derecho a seguir su propia ideología, esa era una virtud de la democracia, además, prefería sacrificarse a dejar que otros lo hicieran en su lugar, sentía que ese era el propósito de su vida. Onoki había recorrido gran parte de la galaxia a lo largo de su vida, tenía 900 años y no en vano, había conocido a muchas personas, pero ninguna tan singularmente confiable ni carente de egoísmos como Sakura Haruno a quien ahora tenía delante, una reina en esencia, poder, título y nobleza, pero que nunca olvidaba sus orígenes, incluso había destinado el imponente salón del trono para que el Consejo Jedi pudiera reunirse como harían en Coruscant, y había tomado todas las medidas para garantizar su comodidad absoluta, algo que él agradecía profundamente, más teniendo en cuenta el particular vinculo que la Haruno tenía con la Orden Jedi.
-La felicito, reina Hanan, ¿o debería llamarla Sakura Haruno?— habló Onoki finalmente, viendo sonreír a la joven en respuesta. —Pocos soberanos en la galaxia tienen el coraje que usted posee para enfrentar a sus enemigos abiertamente— celebró reconociendo su valor pese a lo joven que aún era, más joven que muchos soberanos o políticos.
-No me considero excepcional, Maestro, hice lo que tenía que hacer— desestimó Sakura, sin poder adjudicarse egoístamente ningún triunfo, —si yo no sigo las reglas ni doy el ejemplo a mi pueblo, ¿cómo puedo pedirles a ellos que me sigan?— las leyes y limites existían por una razón, y debía respetarlas para que sus súbditos y amigos también lo hicieran. —Quería disculparme personalmente con usted, Maestro, por la muerte del Maestro Minato, es una perdida dolorosa para todos, y también para mí— la muerte del Maestro Jedi aún pensaba sobre su conciencia, sentía que era culpa suya que Minato hubiera muerto.
-Era un gran Jedi, uno de los mejores, pero murió de manera honorable y se entregó a la Fuerza, ese era su destino— sosegó el Gran Maestro calmadamente, situando una de sus manos sobre la de la joven soberana. —Entre los Jedi tenemos una forma de vivir; hay que aprender a dejar ir, no se puede extrañar ni llorar, de hacerlo no se entendería el sacrificio— la Fuerza era la creadora, dadora de vida, y ella decidía sobre todo y todos.
-Un sabio proverbio, Maestro Onoki— coincidió la Haruno completamente de acuerdo, más tranquila con sus palabras, como siempre. —Han pasado muchos años desde que nos vimos la última vez, personalmente me refiero— mencionó interiormente divertida al ver que él en nada había cambiado desde su último encuentro.
-Cuando nos conocimos, usted era una niña de apenas cuatro años, y muy sensible a la Fuerza— rememoró él, conmovido y sorprendido de que esa niña fuera la misma joven que hoy tenía delante, —lo sigue siendo— podía sentirlo, la Fuerza estaba con ella, guiaba sus pasos y sus acciones, como haría con un Jedi.
-Quien sabe cuál sería mi destino si mis padres hubieran querido entregarme a la Orden Jedi, tal vez sería su Padawan— declaró Sakura con total libertad, sabiendo que podía ser sincera con él. —Todos tenemos un destino, Maestro Onoki, el mío no era ser una Jedi, pero tiene mi palabra de que esta no será la última vez que nos veamos, si el universo y la Fuerza saben lo que hacen, y creo que es así, pronto nuestros destinos volverán a cruzarse, porque la causa de los Jedi es la mía— prometió con inquebrantable fe y compromiso hacia los Jedi y hacia la Fuerza misma.
-Me alegra saberlo, Majestad— sonrió Onoki con total sinceridad, haciendo sonreír a Sakura todavía más.
Su destino se había escrito hace ya muchos años atrás, cuando apenas y había sido una niña de cuatro años, había sido y aún era muy sensible a la Fuerza, tanto que el propio Maestro Onoki había viajado desde Coruscant para hablar con sus padres con intención de entrenarla, claro que sus padres habían decidido darle una vida normal en lugar de dejar que se convirtiera en una Jedi, pero desde siempre Sakura había sentido una fuerte conexión con la Fuerza, sabía que de alguna forma la vida que estaba viviendo no era suya, que debía hacer algo aún más importante, ¿el qué? Aún no tenía ni la más remota idea, pero un día lo sabría, estaba segura y esta certeza tranquilizaba al Maestro Onoki quien la apreciaba tanto como ella a él.
No era una Jedi, pero la causa de los Jedi era la suya.
Como no se había visto en mucho tiempo, la capilla privada del palacio de Theed albergaba a un gran número de personas en su interior, todos ellos reunidos para despedir al Maestro Jedi Minato Namikaze, cuyo cuerpo ardía y se consumía en el centro de la capilla en una pira funeraria que era observada por todos los presentes. Algo que los nubianos tenían en común con los Jedi era su forma de despedir a sus muertos, se solía incinerarlos en una pira funeraria ya que no era apropiado que su cuerpo permaneciera atado a la tierra por demasiado tiempo, era parte de la Fuerza que componía al universo y debía volver a ella para que su alma pudiera descansar en paz y volverse uno con la Fuerza misma. En la primera fila de la solemne capilla y en completo silencio se encontraban la reina Hanan sentada junto al Canciller Danzo Shimura, su esposa lady Takara, el gobernador Raido Namiashi y el Jefe Might Duy a su izquierda, además de Naruto, Metal y su padre el capitán Rock Lee, mientras que a su derecha se encontraban Sasuke y Kakashi, y en la fila detrás de ellos su séquito de doncellas junto al capitán Rasa Sabaku y sus guardias, además de los Maestros del Consejo Jedi. Tras la hermosa reina, sus doncellas portaban sencillos vestidos gris azulados de mangas ceñidas a las muñecas bajo una chaqueta de satín negro ribeteada en encaje en el borde del escote cuadrado, cerrado por seis botones negros a lo largo del corpiño gris claro, y mangas acampanadas que se abrían a la altura de los codos, con sus largos cabellos suelto y cayendo sobre sus hombros bajo solemnes velos de color negro.
La reina Hanan portaba un vestido de tafetán negro, de escote corazón calzado a su figura por un estrecho corpiño que la hacía ver mayor, de amplias mangas acampanadas bajo unas superiores y abullonadas a los largo de los brazos, abriéndose como lienzos a la altura de los codos, y sobre sus hombros descansaba una bufanda de piel blanca que enmarcaba sus hombros. Su largo cabello estaba pintado en el protocolario degrade del castaño al naranja, cayendo libremente tras su espalda como una cascada de rizos bajo un fino velo de encaje negro que pendía de una diadema de oro en forma de espinas que en su cima estaba decorada por perlas a imagen de los largos pendientes con una lagrima al final, como el dije del collar de oro alrededor de su cuello. No dejes que vean tu dolor, no importa lo grande que sea, se repitió Sakura a cada momento, parpadeando como única señal de que estaba viva, sin apartar su mirada esmeralda de las llamas que consumían el cuerpo del Maestro Jedi, al igual que hacía Sasuke sentado a su lado, serio y estoico, como si la muerte de Minato no le significase nada, pero si lo hacía, era una dolorosa herida en su corazón y que nunca iba a sanar, él lo sabía bien. El Uchiha portaba un sencillo traje de cuero negro bajo una camisa de cuello redondo de igual color, compuesto por una chaqueta de mangas holgadas que se ceñían desde los codos a las muñecas por gruesas muñequeras de cuero, de cuello alto y cerrado en el frente por una serie de hebillas a juego con un grueso cinturón bajo el que se abría una larga cola que eclipsaba unos pantalones negros y botas de cuero a juego, no era un Jedi aún ni vestía como si lo fuera.
-¿Qué pasara conmigo ahora?— preguntó Sasuke en un esquivo susurró, con camuflada incertidumbre.
-El Consejo me dio permiso de entrenarte— contestó Kakashi en un murmullo para que nadie más pudiera escucharlos, —te convertirás en Jedi, lo prometo— aseguró con una mirada afectuosa, comprometido a ser su familia desde ahora.
Es cierto que hasta hace poco había considerado que su Maestro había errado por creer en la profecía del Elegido, pero de ahora en adelante Kakashi se comprometía a creer en ello con todas sus fuerzas, iba a tomar a Sasuke bajo su tutela como si fuese su hermano, su hijo, iba a ser lo mismo que Minato había sido para él o iba a intentarlo lo mejor posible y se lo dejo en claro a Sasuke, situando una de sus manos contra su hombro, dándole aliento y viéndolo esbozar una ligera sonrisa ladina a modo de silente aceptación. Sasuke volvió el rostro hacia la pira funeraria, pensando en cómo todo había cambiado, porque estaba solo en este inmenso universo, contaba con el apoyo de Kakashi, pero ambos aún eran completos desconocidos entre sí, ¿qué le esperaba a futuro? En ese momento, Sakura a su lado entrelazó una de sus manos contra la suya, haciendo que volviera el rostro en su dirección, aferrando con fuerza su mano contra la suya…no estaba solo, Sakura parecía haber leído sus pensamientos y le hacía sentir que en tanto ella estuviera en su corazón, nunca estaría solo. Sentados en la segunda fila y desde donde contemplaban en silencio el funeral, tanto el Maestro Onoki como el Maestro A observaron pensativamente las espaldas de Kakashi y Sasuke Uchiha, quien a partir de mañana se convertiría en un Jedi, parte de la Orden, porque era demasiado peligroso dejar que estuviera por su cuenta, tanto si era el Elegido como si no. Kakashi era un Jedi excepcional, completamente comprometido con el código y la voluntad de la Fuerza, y ambos estaban convencidos de que Sasuke aprendería a forjarse como Jedi bajo su tutela.
-Una vida termina y otra empieza en la Orden Jedi— murmuró A tanto para sí como para el Gran Maestro a su lado.
-No estoy tan seguro de que esto sea correcto como Minato pensaba, el futuro del muchacho está envuelto en sombras y difíciles alternativas— confesó Onoki, como si vaticinara lo que estaba por venir.
-Kakashi hará un buen trabajo con él, Minato tenía razón, está preparado, será un gran Jedi— asintió él, confiando en que todos sabrían moldear a Uchiha para convertirlo en el Jedi que debía ser. —No hay duda, el misterioso guerrero era un Sith— añadió aún visiblemente sorprendido por lo que había sucedido.
-Siempre dos ha de haber, ni menos ni más; un Maestro y un Aprendiz— asintió el Gran Maestro, conociendo las ambiciones en el corazón de los Sith.
-¿Pero quién fue destruido, el Maestro o el aprendiz?— cuestionó A únicamente, no sabiendo si era oportuno bajar la guardia ahora.
Ambos Maestros Jedi se observaron en completo silencio, sin conseguir encontrar una respuesta para su pregunta, regresando al cabo de varios segundos su mirada hacia el cuerpo de su fallecido amigo y que era consumido por las llamas. En su lugar y sentado junto a la reina, Danzo Shimura reflexionó profundamente en la pérdida de su discípulo, había invertido años de adiestramiento en preparar a Pein para que se convirtiera en un lord Sith, había hecho de él alguien superior a los Caballeros Jedi con los que se había enfrentado, debería haber podido derrotarlos con facilidad, más no lo había hecho, su muerte había sido fruto del azar y la mala suerte, una combinación que a veces ni siquiera el poder del lado oscuro podía manejar a su antojo. La muerte de Pein era algo lamentable, tendría que ser sustituido, Danzo debería encontrar y adiestrar a otro discípulo, lo cual no le resultaría nada fácil, pero ya tenía a un candidato; Sasuke Uchiha, más necesitaba ganar tiempo hasta que este adolescente se convirtiera en un hombre.
Danzo esbozó una invisible sonrisa ladina que solo su esposa Takara percibió, sabría esperar y aguardar a que llegara el momento, pero mientras tanto haría todos los preparativos necesarios.
Otro hermoso día reinaba en la hermosa capital de Naboo, Theed, algo usual desde la derrota de la Federación de Comercio y que parecía significar que los días de paz y alegría habían regresado, y eran una singular oportunidad para Sasuke de contemplar este mundo que le atraía tanto y que le resultaba tan curioso mientras recorría silenciosamente los pasillos del palacio, recorriendo todo lo que veía con la mirada e intentando no perderse en base a las anteriores indicaciones que Naruto le había dado durante el tiempo que pasaban juntos, pero hoy no estaba disponible, ¿la razón? No tenía idea, pero tal vez estuviera ayudando con los preparativos para el desfile de mañana. El Uchiha portaba un sencillo atuendo compuesto por una holgada camisa negra bajo una chaqueta superior de tafetán negro, de mangas ceñidas a las muñecas, con cuello alto y cerrado por ocho botones dorados en caída vertical hasta la altura del abdomen, a juego con los bordados en las marcadas hombreras del traje, con una larga cola a su espalda, pantalones azul oscuro y botas de cuero, ya había perdido la cuenta de cuantas veces se había cambiado de ropa en los últimos días, más que en toda su vida, pero sabía que pronto habría de dejar de tener este tipo de privilegios, se convertiría en un Jedi y entonces su vida sería más austera. Deteniéndose ante las que sabía o creía eran las puertas de los aposentos de Sakura, Sasuke se aclaró ligeramente la garganta a causa de los nervios, observando en silencio por los guardias que custodiaban las puertas y que luego de varios segundos finalmente llamaron a las puertas en su nombre.
-Adelante— contestó una voz femenina del interior, pero que no era de Sakura, tal vez debía ser de alguna de sus doncellas.
En respuesta, los guardias abrieron las puertas, permitiendo el ingreso de Sasuke, quien aún se sentía un tanto turbado y sorprendido por todo el ceremonial y elegancia que existía en el palacio real y donde se estaba quedando desde que la batalla contra la Federación había terminado, por especial deseo de Sakura quien lo había hecho sentir bienvenido desde el primer día. Hoy era un día tranquilo, no había reuniones de ninguna clase y Sakura podía mostrarse como era realmente en lugar de como la reina, sentada en silencio en la sala de sus aposentos y revisando los últimos informes que el gobernador Raido Namiashi le había hecho llegar, antes del desfile de mañana. Portaba un sencillo vestido de seda esmeralda de escote corazón, con un ligero escote inferior en V hecho de encaje, con mangas ajustadas hasta los codos y que se transformaban en traslucidas mangas acampanadas de gasa que llegaban a cubrirle las manos, sobre el corpiño se hallaban cinco botones de diamante en caída vertical hasta la altura del vientre, y desde donde se abría una capa superior de la falda, de igual color y material. Su largo cabello rosado caía libremente tras su espalda, decorado por una diadema de tipo cintillo decorada con broches de plata y esmeraldas, a juego con un par de pendientes en forma de flor de cerezo con un diamante en el centro, con el collar que Sasuke le había obsequiado alrededor de su cuello. Acompañada por sus doncellas, Sakura sonrió de inmediato al encontrar su mirada con la de Sasuke, quien bajo la cabeza y la reverenció respetuosamente, a pesar de que ella ya le hubiera dicho de antemano que no era necesario que lo hiciera.
-Sakura, me dijeron que querías verme— mencionó Sasuke, ligeramente incómodo con la presencia de sus doncellas.
-Pueden dejarnos a solas— despidió Sakura a Ino y Temari que asintieron y se retiraron en silencio, para clara sorpresa de Sasuke. Con una radiante sonrisa, Sakura invitó al Uchiha a sentarse delante de ella, invitación que él no pudo rechazar. —Tú eres el único que me llama Sakura, unos me llaman Alteza, otros Hanan, a veces incluso olvido como me llamo— por eso era completamente sincera con Sasuke, porque eran amigos y porque él la veía como persona antes que como reina.
-Pero tu nombre es muy bonito— declaró el Uchiha, apartando brevemente la mirada al decir esto, —aunque no sé qué significa— debía ser algo hermoso, porque no imaginaba un solo aspecto de ella que no lo fuera.
-Mi padre me nombro así por una flor de la villa donde nací, y que florece solo en la primavera— reveló la Haruno con nostalgia, viéndolo asentir en silencio.
-Ahora tengo mayores razones para me guste tu nombre— obvió el con aparente seguridad, haciéndola sonreír aún más.
Enternecida y ligeramente sonrojada por el halago, Sakura inevitablemente bajo la mirada ante las palabras de Sasuke; siempre le había gustado su nombre a pesar de la curiosa coincidencia que hacía con su apellido y su color de cabello, pero en el último tiempo pocos la llamaban por su nombre, claro, sus doncellas lo hacían, al igual que sus padres, pero el resto de las personas la subestimaban por su juventud o los mismos políticos la llamaban todo el tiempo "Alteza", le quitaban su individualidad y le hacían perder el valor de quien era, pero Sasuke era la excepción, desde el comienzo la había tuteado y le gustaba que lo hiciera, la hacía sentir una persona completamente normal y ella a su vez lo veía a él como una persona completamente normal aunque él aún estaba aprendiendo a disfrutar de su libertad tras tantos años de ser injustificadamente un esclavo. Acallando la voz de su corazón con todas sus fuerzas, Sasuke se contuvo para no decirle a Sakura todo lo que sentía con ella, era tentador que ambos pudieran despedirse diciendo lo que sentían el uno por el otro, pero interiormente Sasuke tenía miedo de que Sakura dijera que no sentía lo mismo que él y que solo lo veía como un amigo, por lo que prefería callar, lo importante para él era que Sakura estaba a salvo, estaba de vuelta en el trono y su planeta estaba en paz, había prometido que la ayudaría y lo había cumplido, no podía ser egoísta anteponiendo sus propios sentimientos, no ahora que iba a convertirse en un Jedi, Kakashi le había dado la noticia esa mañana, por fin cumpliría su sueño, pero para hacerlo debía despedirse de Sakura.
-Los Jedi al fin decidieron que pasara conmigo— confesó Sasuke apartando la mirada de Sakura, temiendo no poder hablar si la veía a los ojos, —Kakashi fue nombrado caballero y desde mañana seré su aprendiz— estaba feliz por eso, pero no quería tener que abandonarla a ella, más era necesario.
-Es una maravillosa noticia, Sasuke— felicitó Sakura de inmediato, entrelazando una de sus manos con la de él, compartiendo su alegría, más pronto se dio cuenta de que algo le impedía ser completamente feliz. —¿Qué pasa?— preguntó con evidente preocupación.
-Tengo que irme mañana— contestó el Uchiha, alzando la mirada para encontrarla con la de ella, —el Consejo Jedi regresará a Coruscant y tengo que acompañar a Kakashi, tengo que conocer el templo, las costumbres, y comenzar a entrenar— en el fondo estaba entusiasmado y emocionado, pero no quería perder su vínculo con ella para alcanzar su sueño. —No sé cuándo volveremos a vernos, o si volveremos a vernos alguna vez— Coruscant estaba demasiado lejos de Naboo, no podría visitarla hasta que fuera un verdadero Jedi, y pasarían años antes de eso.
-Claro que volveremos a vernos— discrepó la Haruno, convencida de que así sería, —me pediste matrimonio, ¿lo olvidas?— recordó en un intento por animarlo.
-No me lo recuerdes— negó él, ligeramente avergonzado por su anterior declaración, —¿en qué estaba pensando?— se preguntó masajeándose distraídamente las sienes.
-Me ofendes, hasta te estaba tomando en serio— regaño ella, apartando la mirada con fingido desdén, haciéndolo reír y a ella misma. —Vivimos una gran aventura, ¿verdad?— preguntó con una sonrisa, encontrando su mirada con la suya.
-La mejor, y la recordaremos siempre, o hasta que vivamos otra— asintió él a modo de promesa, porque esperaba que sus caminos volvieran a encontrarse. —Adiós, Alteza— se despidió sin apartar sus ojos de los de ella.
-Adiós, piloto— correspondió Sakura con idéntica tristeza, conteniendo un suspiro en el proceso.
No le gustaba decir adiós, de hecho detestaba completamente las despedidas, no quería imaginar el futuro a partir de mañana y que Sasuke ya no estuviera en su vida, en poco tiempo se había convertido en alguien muy importante para ella…pero tenía que dejarlo ir, ambos deberían vivir sus propias vidas a partir de mañana, ella continuaría siendo la reina de Naboo y Sasuke se convertiría en un Jedi, y debía estar feliz por eso. Levantándose en silencio, Sasuke observó en todo momento a Sakura, despidiéndose respetuosamente de ella con una reverencia que los hizo sonreír a ambos, más en ese momento y contemplando el inocente rostro de Sakura, una idea comenzó a revolotear en la mente de Sasuke; deseaba besarla, lo había hecho desde la primera vez en que la había visto hacía ya tantas semanas, más solo ahora sentía tener el valor suficiente para ello ante el temor que sentía por pensar en no volver a verla otra vez, ¿pero qué sucedería si lo hacía?, ¿Sakura le correspondería o lo alejaría? Nunca había besado a nadie antes y tampoco lo había contemplado, pero sentía mil y un cosas que nunca había sentido desde que conocía a Sakura, y no deseaba contenerse, no esta vez, simplemente deseaba ser honesto y transparente con ella. Antes de que su mente siguiera debatiendo de forma extenuante, Sasuke simplemente se inclinó más cerca de Sakura hasta encontrar sus labios con los de ella en un mero roce pero que lo hizo sentir más que feliz de lo que nunca antes se hubiera sentido en su vida, cerrando los ojos y disfrutando de aquella sensación tanto desconocida como adictiva.
Sobresaltada por esta inesperada acción, Sakura inicialmente no supo que pensar, no era la primera vez que besaba a alguien, pero se sentía como si lo fuera, tanto que fue incapaz de corresponder a los labios de Sasuke, demasiado sorprendida, simplemente cerrando los ojos y entregándose al placido sentir por los efímeros segundos que duro el contacto entre sus labios, disfrutando de la cálida sensación como si fuera lo más maravilloso del mundo y lo sentía así. Lentamente, temblando por la impresión de aquella acción que había llevado a cabo sin el consentimiento de Sakura, Sasuke abrió los ojos para encontrar sus ojos con los de ella, intentó leer la emociones que veía en sus ojos, pero él temor y la incertidumbre se lo impidieron, a lo que esbozó una aparentemente confiada sonrisa ladina antes de darle la espalda y abandonar la habitación, sin ver que en cuanto las puertas se cerraron a su espalda, Sakura se llevó una mano al centro del pecho y la otra a los labios, suspirando sonoramente, sin poder emitir ni media palabra. ¿Qué acababa de suceder? Sakura estaba demasiado confundida, Sasuke ciertamente era su amigo y un chico muy agradable, guapo y amable con ella, más que cualquier chico a quien hubiera conocido, ¿pero estaba enamorada de él? No lo sabía, estaba muy confundida, y este beso no había hecho sino confundirla más. Fuera de la habitación, con las puertas cerrándose a su espalda, Sasuke enterró el rostro entre sus manos, reprendiéndose mentalmente por su exabrupto, por haber besado a Sakura sin su consentimiento, más una irrefrenable sonrisa permaneció en su rostro a pesar de todo.
Había sido un error, pero el mejor error de su vida.
Tras décadas, siglos de enemistad fútil y que no se sabía a ciencia cierta cómo habían comenzado, resulto una gran alegría para el pueblo nubiano que se agolpaba en las calles, ver al pueblo gungan cruzar las calles de la ciudad en una gran procesión, con su banda de guerra anunciando su presencia mientras se dirigían hacia el palacio real, con hombres, mujeres y niños de todo Naboo dándoles la bienvenida, arrojando pétalos y listones de colores al aire; su reina había logrado eso, había reunido a dos civilizaciones que se habían considerado enemigas durante siglos y los había unido en un solo pueblo, un solo corazón. Al frente de la procesión se encontraba el Jefe Might Duy montado sobre un kaadu, saludando con la mirada a la gente que veía a su paso, elegante en un portentoso traje rojo brillante, compuesto por una camisa de cuello alto y cerrado por una infinita serie de botones hasta la altura del abdomen, mangas ceñidas a las muñecas, fajín de seda y cinturón dorado, pantalones marrón oscuro y botas a juego, con un abrigo de lo que parecía ser piel marrón rojiza, estampada en el emblema del pueblo gungan, sin mangas y que colgaba abierta sobre sus hombros, con un turbante carmesí sobre su cabeza y adornado por un broche dorado con un rubí en el centro. A su lado, el capitán Rock Lee vestía un traje de seda y cuero azul oscuro que replicaba los tradicionales uniformes gungan, con una coraza superior de color índigo, cerrada por una compleja serie de hebillas hasta la altura del abdomen y fajín de cuero azul oscuro a juego con las muñequeras que lucía, pantalones azul claro y botas de cuero negro, con una daga colgando de su fajín.
Pero el ejército gungan y todos los habitantes de su pueblo no eran los únicos que llenaban de alegría la celebración, también lo hacían los pilotos de Naboo comandados por el capitán Shisui y que cruzaban los cielos en remolinos de aire que aumentaban cada vez más la euforia de los nubianos de ser posible. En lo alto de las enorme serie de escaleras que conectaban el palacio real con la plaza principal se encontraba una numerosa comitiva de guardias, nobles, políticos, artistas, el alto Consejo Jedi, el Canciller Danzo Shimura y su esposa lady Takara, el gobernador Raido Namiashi, la Reina Hanan junto a sus guardias y doncellas, Metal Lee que ahora era embajador entre los gungan y los nubianos y los condecorados astromecánicos entre los que resaltaba Naruto Uzumaki, además del ahora Maestro Jedi Kakashi Hatake y su Padawan Sasuke Uchiha. Ahora parte de la Orden Jedi, el Uchiha vestía una camisa marrón claro de cuello alto bajo una túnica de terciopelo crema que se ceñía a su cuerpo por un fajín de la misma tela, y sobre esta un cinturón de cuero marrón claro, pantalones de cachemira beige claro y botas de cuero marrón oscuro, el mismo color del largo abrigo que reposaba sobre sus hombros, parecía un verdadero Jedi...excepto por la fina y corta trenza que colgaba sobre su hombro derecho y que dejaba en claro que era un Padawan, de pie a su lado se encontraba Kakashi, vistiendo de forma muy parecida, solo que sus botas y abrigo eran de color marrón rojizo y ya no poseía trenza alguna que colgara de su cabello, porque ahora era un Maestro Jedi y se conducía con la dignidad que se esperaba de él.
Al frente de la comitiva nubiana, la hermosa reina Hanan portaba un sencillo vestido de gasa blanca que se amoldaba femeninamente a su cuerpo, de recatado escote redondo y sin mangas, con el dobladillo y largo de la falda teñido en un bello degrade del blanco al crema, con una especie de holgado fajín difusamente anudado sobre su vientre y decorado con el emblema de Naboo en color crema, sobre el vestido llevaba un elegante y largo manto hasta el suelo, compuesto por cientos de finos pétalos de seda blanca, amarilla y rosada que emulaban la etapa más prospera del planeta, la primavera y a las flores de cerezo a quien Sakura debía su nombre. En la espalda, tras su cuello, se encontraba un complejo ornamento de velo y encaje blanco de forma redondeada que magnificaba aún más su presencia, con su largo cabello pintado en un bello degrade del castaño al naranja cayendo libremente sobre sus hombros y tras su espalda como una cascada de rizos, adornado por una diadema de plata en forma de hilos engarzados con diamantes, con un cristal de mayor tamaño cayendo sobre su frente, a juego con una delicada guirnalda alrededor de su cuello. A su espalda, sus doncellas Pakura, Ino, Temari, Maki y Naori portaban sencillos vestidos gris claro de cuello alto—con una guirnalda de diamantes alrededor del cuello—y que se ceñían a sus cuerpos por un corpiño y falda superior de color blanco adornadas por cinturones plateados, bajo largos mantos de seda gris oscuro que cubrían sus cabellos y gran parte de sus cuerpos, sonriendo ante la visión que representaba el alegre desfile, al igual que hacia el capitán Rasa Sabaku, enfundado en su uniforme más nuevo y con todas sus condecoraciones adornándole el pecho.
El desfile finalmente llegó a las voluminosas escaleras del palacio, y tanto el jefe Might Duy como su escolta, entre ellos el capitán Rock Lee, descendieron magistralmente de sus kaadus, sonriendo a todos los presentes que aplaudían a su paso…parecía increíble que jamás hubiera existido enemistad alguna entre ambas culturas y que sin embargo solo ahora pudieran conocerse y verse como iguales entre sí. Al llegar a lo alto de la escalera, el jefe gungan fue recibido por la reina Hanan, y con una radiante sonrisa iluminando su rostro, Sakura apartó majestuosamente la larga cola de su abrigo, dando un paso al frente y reverenciando al Jefe Migh Duy quien sonrió en respuesta y bajo la cabeza ante su presencia, ambos viéndose como amigos e iguales tras esta victoria que había sellado el vínculo indiscutible entre sus dos civilizaciones, y a modo de representación de este nuevo vinculo es que Sakura se volvió hacia el gobernador Raido Namiashi que le tendió un presente especial para la ocasión; un diamante muy particular y extraño que había pertenecido durante siglos a la caza real de Naboo, enorme pero extrañamente no pesado, que representaba luces de toda clase de colores en su interior y que le tendió personalmente al jefe gungan, sonriendo en todo momento. Profundamente honrado con este incalculable presente y que significaba más que solo algo material, Might Duy inclinó la cabeza a modo de agradecimiento hacia la reina Hanan, recibiendo gustoso tan hermoso diamante y que alzó entre sus manos por encima de su cabeza para que todos quienes asistían a la celebración pudieran verlo.
-¡Paz!— proclamó Might Duy para todos quienes observaban la celebración, completamente eufórico.
Los vítores no hicieron sino tornarse aún mayores tras esta palabra que representaba tan bien lo que Naboo predicaba y deseaba para sí, y para toda su gente; paz, libertad, igualdad y amor, palabras que iban de la mano una con la otra y que su reina tanto se esforzaba por implementar desde que había subido al trono, porque Naboo estaba seguro de que habría paz y seguridad para todos en tanto ella continuase siendo la reina y los representara. Todos estaban concentrados en la celebración en sí, en disfrutar de la victoria por la que habían sacrificado mucho, pero para Sasuke no existía nada más importante que contemplar a Sakura tanto como pudiera sin importar que ella estuviera de espaldas en ese momento, ya que incluso el tocado de velo en su espalda la hacía ver como un ángel, algo etéreo e irreal para el embelesado Uchiha. Ya sea que se hubiera sentido observada o no, Sakura volvió el rostro por sobre su hombro en dirección a Sasuke, con una amable sonrisa en su rostro y que motivo al Uchiha a dedicarle una mirada de falsa arrogancia y superioridad antes de realizar un sutil giño que la hizo reír en medio de los vítores y aplausos que proferían todos los demás, esa sonrisa era más importante para él que muchas otras cosas en el mundo, y la llevaría en su memoria el tiempo que hiciera falta, hasta que volvieran a verse. Con una sonrisa ladina al contemplar distraídamente este intercambio de miradas, Kakashi apartó a propósito la mirada de Sasuke y Sakura, fingiendo que no sucedía absolutamente nada, eligiendo disfrutar de la celebración como hacían todos los demás.
No era un hasta siempre, era solo un hasta pronto.
PD: Saludos, mis amores, ¿cómo están todos? prometí actualizar esta semana y lo cumplo, antes de lo previsto por una lluvia de ideas, esperando como siempre que sean de su agrado : 3 la próxima semana, el 26 de Septiembre y por mis cumpleaños iniciare la nueva historia "La Reina de los Vampiros", luego volveré a actualizar "Cazadores de Sombras" y la siguiente "El Rey de Konoha":3 esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a mi queridisima amiga Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño) y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader
-Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie
-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi
-Minato Namikaze como Qui-Gon Jin
-Naruto Uzumaki como R2D2
-Metal Lee como Jar Jar Binks
-Rock Lee como Ross Tarpals
-Might Duy como Jefe Nass
-Pein como Darth Maul
-Danzo Shimura/Kinshiki Otsutsuki como Sheev Palpatine/Darth Sidious
-Homura Mitokado como Nute Gunray
-Koharu Utatane como Daultay Dofine
Inspiraciones & Futuro: muchos detalles de este capitulo están tomados casi textualmente de la novela "La Amenaza Fantasma" que relata los eventos del Episodio I de Star Wars, pero también tome inspiración de otras series y películas, por ejemplo el vestido de Sakura al recibir al Canciller Shimura y su esposa esta tomado de la serie "El Final del Camino" y de la reina Urraca de León, pero el ajuar de luto de Sakura durante el funeral de Minato esta tomado de la serie The Tudors, fue diseñado por Joan Bergin y usado por Natalie Dormer como Ana Bolena, y también gran parte de los trajes de Sasuke tienen inspiración otomana y del siglo XVI. Además, la escena del primer beso entre Sasuke y Sakura esta tomada de la película "A Royal Night Out", así como de un antiguo fic que había leído sobre Padme y Anakin. Se la pregunta que muchos se están haciendo, ¿qué pasara ahora? Minato esta muerto, Kakashi es un Maestro, Sasuke esta entrenando para ser un Jedi y Sakura es la reina de Naboo, pero esta realidad solo durara unos años más, pronto las cosas comenzaran a cambiar y la historia tomara un curso completamente nuevo, sumergiendo a nuestros protagonistas en una nueva guerra, porque la amenaza aún no ha pasado. Dejare de actualizar esta historia durante algún tiempo ya que como prometí iniciare una nueva historia la próxima semana y tengo planeado iniciar otra nueva en octubre, además de que tengo muchas otras que actualizar, pero la retomare más pronto de lo que imaginan.
Fantasia & Viaje entre Épocas: quiero hacer un experimento como el de mi fic "Lady Haruno: Flor de Cerezo" que es una adaptación del anime "La Rosa de Versalles", ¿se animan a una adaptación?-diferente por supuesto-de "Inuyasha"? Estoy planeando escribir un libro inspirado en este anime que marco mi infancia y quería saber si les gustaría que hiciera una adaptación libre a mi estilo, pero solo de fantasia y ficción,con muy poco realismo a diferencia de otras de mis historias, ¿se animan?, ¿les gusta la idea? Estaré esperando ansiosamente sus opiniones como siempre, por lo que sean tan críticos como quieran, eso siempre me ayuda mucho.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
