-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Rockabye" de Clean Bandit & Sean Paul para Mikoto y Fugaku, "The Lonely" de Christina Perri para Sakura, "Wherever You Will Go" de The Calling para Sasuke, y "Higher" de The Score para Kakashi.
Cinco años después/Tatooine, Borde Exterior
Sin importar todo el tiempo que pasara, Tatooine no cambiaba ni un poco, no lo había hecho en los últimos cinco años y eso Fugaku Uchiwa podía afirmarlo sin problema, sin miedo ni titubeos, paseando por las calles y dando un vistazo a las frutas que exhibían los comerciantes como cada día, no porque estuviera realmente interesado, sino porque se encontraba esperando a su hijo Itachi, habían acordado visitar Mos Eisley en busca de piezas para reparar uno de sus evaporadores de humedad, pero él solo había apartado la vista de su hijo un minuto y literalmente lo había perdido. El padre de la familia, vestía una sencilla camisa blanca de cuello alto y V con el cuello desabrochado, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas bajo un chaleco de cuero sin mangas, que permanecía abierto, fajín gris azulado en la cintura, pantalón marrón oscuro y botas de cuero de igual color, con corto cabello castaño oscuro que enmarcaba los lados de su rostro. Recorriendo apresuradamente las calles, volviendo el rostro por sobre su hombro con una ligera sonrisa que lo hacía parecer enamoradizo ante la chica que había conocido, tras chocar con ella por accidente, y que lo había cautivado con una sola mirada, mas Itachi se sintió un tanto más tranquilo, aclarándose la garganta mientras se situaba a la diestra de su padre, como si nunca se hubiera alejado de él, vestía una holgada camisa blanca de cuello en V cerrada por botones seis blancos, bajo un chaleco de cuero gris azulado, sin mangas y que permanecía abierto, pantalones negros y botas de cuero, con su largo cabello ébano recogido en una coleta que caía tras su espalda, con un flequillo enmarcando los lados de su rostro.
—¿Dónde estabas, Itachi?— cuestionó Fugaku al advertir la presencia de su hijo. —Sabes que no me gusta que te alejes, es peligroso en un lugar así— recordó ante los gánster que siempre estaban rondando.
—Solo fui a recorrer las calles— contestó Itachi, sabiendo que era una mentira, —esperaba encontrar algo que pudiera ayudarnos con los condensadores, pero no había nada— se apresuró en justificar ante la estoica mirada de su padre.
—Sera la próxima vez— sosegó él para olvidar el asunto, viéndolo asentir en silencio.
—Amigos, las bellezas que están mirando han sido elegidas para ustedes, desde todos los rincones de la galaxia— hasta ellos llegó la voz de uno de los habituales mercaderes de esclavos, y que los hizo volver la mirada hacia su dirección. —Todas son saludables, hermosas y habilidosas, recibirán lo que merecen si pagan su precio, un ejemplo es esta bella dama, mírenla, por favor, es como un ángel caído del cielo, hace las labores de la casa en la mañana, y en la noche hará lo suyo en su cama— comento picaramente ante la evidente atención del público. —Nunca podrían encontrar mujeres tan bellas y habilidosas en ningún otro rincón del universo, y trae consigo a un chico que puede ser su sirviente— promociono por un mismo precio.
Escuchar a los comerciantes de esclavos o a cualquiera que tuviera uno y quisiera venderlo no era cosa rara, después de todo la esclavitud era pan de cada día en Tatooine, el mismísimo rey Sasori hacia alarde de sus nuevas esclavas en eventos públicos, como inspirando a la población a imitarlo, pero Fugaku y su hijo Itachi eran de aquellos que estaban en contra de la esclavitud, normalmente seguían con su camino al tocarse con ese espectáculo, pero ahora el patriarca Uchiwa no pudo hacerlo, fijando su mirada en la bella mujer que era promocionada por el toydariano pelinaranja. Se trataba de una mujer joven, no debía tener más de cuarenta años, no aparentaba siquiera tener treinta, con su rostro lozano y algo pálido, ojos oscuros como dos ónix y largos cabellos azabaches con reflejos azulados que caían sobre sus hombros, ligeramente despeinados, y portaba un sencillo vestido azul claro de escote redondo, holgado sobre su cuerpo, larga falda hasta los tobillos, mangas abullonadas y con muñequeras azul oscuro, a su lado se encontraba un chico de catorce o quince años, de corto cabello oscuro, ojos negros, piel muy pálida y que vestía una holgada camisa beige de cuello en V, mangas holgadas y que se ceñía a su cintura por un fajín, pantalones gris claro y botas crema. Mikoto se mantuvo cabizbaja, deseando estar en cualquier lugar menos en ese, no le gustaba la sensación de ser un objeto, pero en nada importaba su voluntad, era propiedad de alguien más y, le gustara o no, tenía que aceptarlo, envolviendo protectoramente uno de sus brazos alrededor de Sai, quien si bien no era un esclavo, iba a donde sea que ella fuera, cumpliendo la promesa que le había hecho a Sasuke de protegerla en su ausencia.
—¿Cuál es su precio?— preguntó Fugaku, directamente y sin pensarlo demasiado.
—Padre...¿qué haces?— cuestionó Itachi por lo bajo, incrédulo ante la decisión de su padre.
—Confía en mí— contestó él simplemente, viéndolo asentir en silencio. —¿Y bien?, sea cual sea, pagare el doble— estableció, enfrentándose al vendedor, que lo observo estoico antes recibir el dinero en efectivo, sellando el trato. —Tranquila, no te haré daño— aclaró con voz suave, desviando su mirada hacia la temerosa mujer. —¿Me entiendes?— preguntó en caso de que ella no hablara su idioma, mas afortunadamente ella asintió como prueba de que lo entendía. —No mereces estar aquí, solo quiero ayudarte— tranquilizó sin apartar sus ojos de los de ella. —¿Cuál es tu nombre?— indagó para mayor familiaridad.
—Mikoto— contestó la Uchiha con casi un hilo de voz, nerviosa y sin saber que iba a pasarle.
—¿Quieres venir conmigo, Mikoto?— planteó Fugaku tendiéndole su mano, deseando que ella decidiera si seguirlo o no. —Tranquila, todo estará bien— sosegó ante el evidente temor e incertidumbre que ella sentía.
De pie tras su padre, Itachi no sabía que pensar, si, él le había enseñado que nadie valía nada en el mundo si no tenía caridad, ahora lo estaba demostrando dando dinero que probablemente podrían necesitar para comprar alimento, en liberar a una pobre mujer y a un chico de la esclavitud, ¿pero ellos aceptarían? Desviando la mirada a su diestra y a su derecha, Mikoto espero a que alguien la sujetara por detrás y se la llevara, haciéndole sentir que toda bondad había acabado y que no existía otro destino para ella más que el sufrimiento, pero nada de eso sucedió, sino que al encontrar sus ojos con los orbes ónix del hombre ante ella, Mikoto solo vio su mano extendida, instándola a aceptar, a salir de ese mundo de esclavitud y sufrimiento, dándole mil y un posibilidades que nadie nunca le había dado, y a las que ella no pudo negarse, entrelazando su mano con la suya, con Sai abrazado de su cintura e igual de desconfiado con respecto a este hombre y el joven que lo acompañaba.
Eso era un nuevo principio.
La familia Uchiwa se trasladó a lo largo de kilómetros y kilómetros de yermo desierto, sobre dos speeder bike, trayendo tras de sí a sus nuevos huéspedes, Mikoto sentada detrás de Fugaku, aferrada a su espalda, y de forma paralela Sai detrás de Itachi, no había una imponente vista de la cual entretenerse durante el viaje, o no hasta que a lo lejos comenzó a divisarse un pequeño edificio con forma de cúpula, que crecía a medida que se acercaban a su destino, una granja de humedad. La granja había pertenecido a la familia de Fugaku durante tres generaciones, y se encontraba emplazada en la Gran Llanura Salada de Chott, en las Eriales de Jundland, cerca de Anchorhead, y lo suficientemente cerca de Mos Eisley, dos ciudades y puertos importantes del planeta, fuera del pequeño edificio se hallaban más de sesenta vaporizadores de humedad, dispositivos diseñado para obtener el vapor de agua del aire seco del desierto para convertirlo en agua, su más preciado recurso y razón de trabajo diario. Deteniendo su speeder bike fuera de la granja, como de costumbre, Fugaku bajó y le tendió la mano a Mikoto, quien aceptó sin vacilación, sujetándose la falda del vestido para no trastabillar, volviendo la mirada por sobre su hombro hacia Sai quien asintió en silencio al bajar el speeder bike de Itachi, igual de impresionado por la vista de su nueva residencia, temporal o no. Como muchas viviendas en Tatooine, la mayoría del área habitable se encontraba bajo el suelo, en un enorme hueco al costado del pequeño edificio, y a cuyo interior descendieron por las escaleras bajo la cúpula, escapando del abrazador calor de los dos soles.
—Padre, ¿estás seguro de esto?— preguntó Itachi en un apenas un susurro, solo para que su padre lo escuchara.
—No pensaba dejarlos en ese asqueroso mercado— aclaró Fugaku, inamovible en su decisión, —tenemos un poco de libertad en este infierno, no es malo compartirla con otros— recordó ya que la granja era lo suficientemente espaciosa para todos.
—¿Y qué piensas hacer con ellos?— volvió a preguntar él, ya que quizás ofenderían a sus huéspedes si no les daban una labor, dado su pasado.
—Solo quiero acogerlos y ayudarlos, cuando quieran irse, pueden hacerlo— determinó el pelicastaño, satisfaciendo la curiosidad de su hijo con esa respuesta. —Itachi, llévalos a sus habitaciones— indicó por fin, alzando la voz para que sus nuevos huéspedes los escucharan. —Yo volveré a la ciudad, comprare ropa para ellos, y lo que haga falta— añadió para excusarse y encontrar todo lo necesario.
—Sí, padre— asintió Itachi, de acuerdo con su decisión y más que dispuesto a encargarse de todo en su ausencia.
—No te preocupes, Mikoto, están a salvo aquí— garantizó Fugaku, volteando a ver a la Uchiha y al chico que la acompañaba.
—¿Quién eres tú?— inquirió ella sin poder evitarlo, dado que ni siquiera sabía cuál era su nombre.
—Mi nombre es Fugaku Uchiwa— se presentó él, —soy un amigo, si quieres verme así— agregó para no presionarla.
Deseaba que ella pudiera confiar en su persona, pero Fugaku sabía que no podía pedirle eso a Mikoto de la noche a la mañana, no cuando ni siquiera era capaz de imaginar todo por lo que ella debía haber pasado en los años anteriores, antes de conocerlo, además él continuaba siendo un desconocido en su vida, solo sabía su nombre y eso no era precisamente alentador, por lo que el Uchiwa simplemente se conformó con su silencio, regresando por sobre sus pasos hacia el exterior, para volver a subir a su speeder bike y regresar a Mos Eisley por un par de cosas, principalmente ropa nueva para Sai y Mikoto, quienes permanecieron en su lugar, recorriendo con la mirada todo cuanto veían, intentando parecer discretos, pero era difícil serlo dado el ruinoso estilo de vida que habían llevado en los últimos años, lo que no pasó desapercibido para Itachi, quien sonrió ligeramente mientras los observaba. No era intención de Itachi parecer receloso ni desconfiado, estaba de acuerdo con la decisión de su padre y poder tenderle la mano a aquellos que no tenían nada o muy poco, que incluso tenían que someterse a ser esclavos, pero en un lugar como Tatooine y que era un infierno en la tierra, la esperanza se destruía con facilidad, estaba de acuerdo y deseaba ayudar a Mikoto y Sai, pero había pasado tanto tiempo desde que habían tenido a un muchacho tan joven y una mujer en casa—dado que su madre había muerto hace muchos años y él no tenía una hermana, ni mucho menos una novia—, que él tenía algo de miedo de meter la pata y decir algo que los hiciera sentir mal, de ahí su actitud distante, mas sabía que necesitaba hacer algo al respecto, después de todo iban a vivir bajo el mismo techo y lo ideal era que se llevaran bien.
—No tengan miedo, pueden confiar en mi padre, es una buena persona y solo quiere ayudarlos, solo queremos ayudarlos— garantizó Itachi, dedicándoles una ligera sonrisa a ambos. —No tenemos mucho, pero todo lo que tenemos también es suyo— no era ninguna mentira, lo decía de todo corazón. —Síganme, les mostraré sus habitaciones— indicó para que conocieran su nuevo hogar.
Dicho esto, Itachi se internó en los pasillos de la casa, seguido muy de cerca y en silencio por Sai, quien intento no quedarse boquiabierto ante todo lo que veía, dejándose llevar por su entusiasmo para así comenzar a sentirse a gusto bajo ese techo, dada la amable actitud de la familia Uchiwa. Aún muy abrumada por los reciente acontecimientos y la drástica forma en que había cambiado su vida en menos de un día, Mikoto observó las paredes y pasillos de la granja en silencio, siguiendo lentamente los pasos de Sai, no sabiendo si comenzar a llamar a este nuevo lugar su hogar…
Theed, capital de Naboo
Para cualquiera que hubiera visto la miseria de la galaxia, Naboo era indudablemente un refugio, no había esclavitud en la gloriosa ciudad de Theed, ni maldad, o de haberla al menos no conseguía contaminar la vida de las demás personas, la mezcla entre el verdor de la naturaleza y la civilización moderna creaban una armonía absolutamente perfecta y que hizo sonreír a Pakura tan pronto como bajo del transporte de refugiados en que había viajado desde el borde exterior, lo habría hecho en su propia nave, pero de hacerlo no habría conseguido pasar desapercibida. Vestía una sencilla camiseta gris oscuro, pantalones negros y botines de cuero, con una chaqueta superior de color azul que se ceñía a su torso, pero que dejaba el vientre expuesto, con los lados del cuello doblados, mangas ceñidas y ligeras hombreras, con una mochila de cuero marrón oscuro colgada a su espalda y un cinturón de herramientas en torno a sus caderas, incluyendo un blaster, por seguridad, y su largo cabello verde se encontraba peinado en una larga trenza que caía tras su espalda, con un par de finos rizos enmarcando su rostro. Ahora, de vuelta en casa, Pakura podía sentirse tranquila, sonriendo mientras cruzaba el umbral del hermoso palacio de Theed, para una audiencia con la reina Hanan, con quien tenía el deber de reportarse, y a quien saludo con una inmediata reverencia al ingresar en el salón del trono, escoltada por el capitán Rasa Sabaku. La aún reina Sakura Haruno, bajo el nombre honorifico de Hanan, continuaba siendo la reina de Naboo con ya diecinueve años, en su segundo periodo, y continuaba siendo la mayor beldad a ojos del generoso pueblo que se desvivía en alabanzas sobre su bondad, buen juicio e inteligencia.
—Pakura, me alegra volver a verte— saludó la reina con el tono de voz más estoico que le fue posible.
—También a mí, majestad— garantizó ella con una sonrisa igualmente estoica, por protocolo.
—Pueden dejarnos, gracias— despidió al capitán Sabaku y los demás soldados, sonriendo ligeramente.
Sin dudar ante la orden de su soberana, el capitán Sabaku esbozó una ligera sonrisa mientras se retiraba de la estancia, dejando a solas a ambas jóvenes, que al saberse en completa intimidad, no dudaron en abrazase efusivamente, entre risas y suspiros de satisfacción por todo el tiempo transcurrido desde la última vez en que se habían visto. Cuando el abrazo se rompió, ambas mujeres tomaron asiento sobre los escaños de la habitación, observándose entre sí, la reina portaba un elegante vestido de seda bermellón, de escote cuadrado y mangas acampanadas que se abrían a lo largo de los brazos en pequeñas aberturas, hasta abrirse completamente a la altura de los codos, con falda de dos capas, una inferior color dorado apagado y la superior de igual color rojo; el grueso borde del escote, los laterales, las hombreras y el contorno de las mangas a lo largo de los brazos y el contorno de la falda superior eran de color salmón, con pequeños diamantes bordados para hacer brillar la tela, y bajo el vestido se encontraba una especie de blusa de gasa blanca, con cuello alto y cerrado que formaba una abertura hasta la altura del escote, y mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas. Su largo cabello rosado se encontraba pulcramente peinado, recogido tras su nuca y adornado por una sencilla diadema de oro con granates engarzados, con una perla en forma de lagrima sobre su coronilla, a juego con un par de pendientes y un largo collar de perlas que formaba una M invertida a la altura de escote, con el dije en forma del emblema de Naboo, prendido del corpiño como un broche, el tiempo parecía no pasar por ella, estaba más deslumbrante que nunca, de ser posible.
—Gracias— sonrió Pakura cuando Sakura le sirvió una taza de té, para que pudieran hablar más amenamente. —Té de jazmín, no sabes cómo extrañaba esto— confesó saboreando el sereno sabor de aquel dulce elixir.
—Puedo hacerme una idea— asintió Sakura con una divertida sonrisa. —No quiero sonar directa, Pakura, pero ¿tienes algo nuevo que reportar?— preguntó con el mayor autocontrol posible. —No he sabido nada de ti en el último año— añadió para no parecer desesperada.
—Lo siento, mucho, Sakura, pero temo decepcionarte— contestó ella, dejando libre un suspiro de auténtico pesar. —No pude encontrarla— añadió, viendo la decepción en los ojos de Sakura, aunque su expresión dijera que no sentía nada. —No creo que debas perder la esperanza, no hay registros de que haya muerto, hasta donde sé, y en un mundo de esclavos como lo es Tatooine, eso es bueno— comentó, esperando poder infundirle ánimo, o eso intento.
—No entiendo, no me cabe en la cabeza— negó la Haruno, apartando la mirada, —¿cómo puede una persona, esclava o no, desaparecer así sin más?— cuestionó en voz alta, sabiendo que no obtendría respuesta alguna.
—Yo tuve la culpa, cometimos errores en el momento en que llegamos, el toydariano había desaparecido, y pasé demasiado tiempo intentando hablar con sus compinches— se culpó Pakura, no queriendo que ella se dejara abrumar por errores que no eran los suyos. —Hay seres en Tatooine que se oponen a la esclavitud, pero no confiaban lo suficiente en mí, porque hablé con la escoria de la ciudad antes que con ellos— obvió, sintiéndose peor. —Francamente no los culpo— añadió con evidente pesar y algo de sarcasmo.
Debería haber sido más cautelosa, podría haberlo hecho, pero Tatooine había sido un terreno completamente desconocido para Pakura al incursionar para buscar a Mikoto Uchiha, una pobre esclava a quien su reina deseaba liberar, pero había sido como si se la hubiera tragado la tierra, Pakura había logrado liberar a muchos esclavos, ¿pero merecía la pena? Cada vez que liberaba a un esclavo, parece que conseguían encontrar otro que lo reemplazara, era horrible. Como reina desde los catorce años, forzada a callarse muchas cosas en pro del bien común, Sakura era una especialista en ocultar sus emociones, incluso sentada frente a su amiga, apretando disimuladamente las manos contra el dobladillo de su falda mientras mantenía la mirada al frente, enfocada en la nada para mantenerse estoica, pero le era difícil; desde que Sasuke y ella se habían separado, ambos solo se habían mantenido en contacto por cartas que parecían cruzar cientos de miles de millas en la galaxia, Sakura sabía que su entrenamiento era muy difícil y que se le exigía dejar atrás su pasado, cosa que él claramente no podía hacer, y en pro de brindarle una alegría, Sakura llevaba todos estos años buscando a su madre para liberarla, darle un hogar en Naboo y un trabajo, pero más que nada para devolverle la ayuda que ella una vez le había brindado, sin éxito, ya que tras una nueva incursión de un año a Naboo, Pakura volvía sin resultados, ¿frustrada? Claro que se sentía así, sentía que en cierto modo le había fallado a Sasuke, tenía tan poco tiempo en su deber como reina…pero cada vez que tenía un momento libre, no podía dejar de pensar en él, ¿qué pensaría él si sabía que había fracasado? Prefería no contarle nada, le evitaría un disgusto y a ella un dolor inmenso.
—Aprecio muchísimo lo que hiciste, Pakura, en verdad, y tu logro al sacar a tantas personas y trasladarlas a sistemas libres, donde pudieran volver a empezar— habló Sakura tras largos segundos de silencio. —Sé que lo intentaste— sonrió ligeramente para animarla.
—Pero eso no significa nada, si te decepcione— negó ella, sin poder sentir el peso de sus actos, no sabiendo triste a su amiga. —Sé que el toydariano la perdió, no sé si en una estúpida apuesta, o si en realidad la vendió, pero sé que no le pertenece más, desgraciadamente no sé dónde pueda estar— no había encontrado pistas que pudieran ayudarla, ni una sola.
—Takara, lo intentaste, lo intentaste cuando yo no podía— diferenció la Haruno al ver que su amiga no se daba cuenta del enorme bien que había hecho a otros, —tal vez eso no te signifique mucho, pero significa mucho para mí— aclaró con una sincera sonrisa, aunque fuera pequeña.
—Gracias— asintió Pakura, sintiéndose un poco mejor ante sus palabras, que sabía eran sinceras. —¿Has sabido de él?— preguntó con genuino interés.
—No mucho, Sasuke y yo nos escribimos cartas…personales— al decir esto, Sakura no pudo evitar sonrojarse lo más disimuladamente que le fue posible, —me ha mantenido al tanto de los avances de su entrenamiento, va muy bien encaminado para convertirse en un gran Jedi, o eso me da a entender— los logros de Sasuke eran infinitos, pero su sufrimiento emocional también lo era y eso la preocupaba, por eso intentaba escribirle muy seguido para animarlo. —Esperaba poder proporcionarle una alegría, liberando a su madre, parece que no podré hacerlo— se levantó de su lugar para acercarse a los ventanales, apesadumbrada.
El deber de todo nubiano, que creyera en la democracia, era traer paz, estabilidad y libertad a todos quienes pudieran, era un pecado ser libre y tener tanto, sin compartirlo con nadie, y había sido satisfactorio para Pakura poder liberar a hombres, mujeres, niños y ancianos de todo tipo de sistemas en la galaxia de la esclavitud en Tatooine, pero se sentía desdichada y sentía que había fallado como amiga, observando en silencio la espalda de Sakura, desando poder decirle algo para servirle de consuelo, mas no era así, y Sakura no era la misma desde que ese chico llamado Sasuke había dejado Naboo, era como si sintiera que no podía ser honesta ni transparente con nadie, no como con él sí. Acercándose a los amplios ventanales, Sakura se dejó arrastrar por sus pensamientos, hacía donde sea que se encontrara Sasuke, sabía que ser un Jedi era la razón de su vida, había nacido para serlo, era el Elegido después de todo, sin embargo en cada carta que le enviaba le decía lo desdichado que se sentía, solo, abandonado por los Jedi que parecían cuestionar y criticar sus apegos, su vínculo con su madre…pero no sabían del vínculo que ambos tenían, no sabían de las innumerables confesiones y secretos que guardaban entre sí, y Sakura esperaba que nunca lo supieran. Sasuke ya tenía mucho en que pensar en su día a día, lidiando con sus propias frustraciones debido al ostracismo de los Jedi, y lo último que necesitaba era que ella le escribiera una carta, confesándole que no tenía ni la más remota idea de donde estaba su madre, ¿cómo hacerlo? Le rompería el corazón, no podría soportarlo, ni ella tampoco.
Por ahora guardaría el secreto, pero en el fondo de su corazón esperaba que Mikoto estuviera en un buen lugar.
Templo Jedi, Coruscant
La vida no había cambiado mucho en el templo Jedi, en la capital de los sistemas estelares y donde la política tenía tanta incidencia, puede que quizás el único gran cambio a tener en cuenta fuera la inclusión del joven Sasuke Uchiha a sus filas desde hace cinco años, era el Jedi mas distintivo de todos, batallando en la sala de entrenamiento junto a otros de sus compañeros, enfrentándose a hologramas de lo más realistas y que cambiaban de forma de momento en momento para aumentar el reto de toparse con lo desconocido, todos ellos observados desde una de las galerías superiores por el severo Maestro A, y el Canciller Danzo Shimura. Para nadie era una sorpresa que el Supremo Canciller de la República estaba interesado en el entrenamiento del Padawan Uchiha, no era para menos, a decir verdad cada persona que viera la holonet y tuviera presente lo anómala que era su presencia en la orden tenía algo que decir, era un Jedi distinto, con pasado, con sentimientos, con orígenes, algunos más fantasiosos que otros para el imaginario colectivo, y eso solo parecía ayudar a hacerlo aún más interesante, mas no era lo mismo que pensaban sus compañeros Jedi, de su misma edad o mayores que él. De pie junto al poderoso Maestro A, el Canciller Shimura vestía una elegante pero sobria túnica violeta purpureo, de cuello alto y cerrado, con el pecho cargado de bordados en tonos negro y azulado, mangas abullonadas desde los hombros a los codos donde se tonaban ceñidas, la larga caída de la tela llegaba hasta los tobillos, ocultando la ropa bajo esta, salvo las botas de cuero, y por sobre la túnica una larga chaqueta de terciopelo azul oscuro, casi negro, que permanecía abierta, sin mangas y que era igualmente larga que la túnica.
—Impresionante, el joven Uchiha progresa velozmente en su entrenamiento— apreció Danzo con una sonrisa, admirando al joven Padawan.
—Así es Canciller, pero continúa siendo impredecible— discernió A, mucho más severo y crítico. —Bien hecho, Uchiha, puedes tomar un descanso— consintió, alzando la voz para ser oído desde donde estaba.
Asintiendo en silencio bajo la mirada del Maestro A, Sasuke hizo girar hábilmente su sable de luz en su mano derecha, apagando la hoja zafiro y regresándolo a su cinturón, bufando por lo bajo, al menos el entrenamiento conseguía distraerlo de sus turbulentos pensamientos, por lo que servía a su propósito. Los años habían pasado, y como tal Sasuke Uchiha ya no era ningún niño, a sus dieciséis años era una de las mayores promesas de su generación, digno de admirar y envidiar por quienes lo conocían, por su habilidades y talento natural así como por su indudable atractivo, con su característico y rebelde cabello azabache azulado, con un flequillo enmarcando los lados de su rostro de ojos oscuros, y sobre su hombro reposaba una fina y corta trenza, prueba de que aún no era un Jedi sino un Padawan. Vestía una camisa gris claro de cuello en V bajo una túnica de terciopelo marrón oscuro que se ceñía a su cuerpo por un fajín de la misma tela, y sobre esta un cinturón de cuero negro donde reposaba su sable de luz, a juego con la chaqueta o capa superior de la túnica igualmente hecha de cuero, pantalones de cachemira marrón y botas de cuero de igual color, la mayoría de los Jedi acostumbraban a vestir de colores claros, era la representación misma de su vínculo con el lado luminoso de la Fuerza, sin embargo Sasuke Uchiha era la excepción, era tal vez de los pocos Jedi, ya fueran masculinos o femeninos, que vestía prácticamente de negro, pero a nadie parecía extrañarle tanto este hecho. Mas, que lo admiraran o envidiaran no requería necesariamente que los comentarios que se hicieran sobre su persona fueran positivos, y Sasuke tuvo que volver a enfrentarse a ello mientras abandonaba el campo de entrenamiento, hacia las gradas.
—Es muy bueno con el sable de luz, pero no lo veo siendo un buen Jedi— opinó uno de los jóvenes Padawan.
—Es un bicho raro— asintió otro, menospreciando despreocupadamente al Uchiha.
—Después de todo es solo un esclavo, sus emociones son obvias— obvió otro emitiendo una seca carcajada.
—No encaja aquí— respaldó otro de los muchachos, creyendo que no era escuchado.
Apretando disimuladamente los puños con frustración, Sasuke dio todo de sí mismo en calmar la tormenta en su interior y que pedía estallar, había perdido la cuenta de todas las veces en que había escuchado que mas de algún Jedi de su edad o mayor hablaban despectivamente de él, llamándolo esclavo, menospreciando su pasado, si, ser un Jedi había era su mayor sueño y disfrutaba pudiendo ayudar a otros al usar su sensibilidad en la Fuerza y su talento con el sable de luz para destruir a los opresores y liberar a las víctimas, ¿pero por qué todos lo veían como algo malo? Desde que había llegado a Coruscant hace cinco años, acompañado por Minato y Kakashi, lo habían visto como una amenaza, Sasuke sabía que el Consejo Jedi continuaba viéndolo como algo entre negativo y positivo, incierto, y ser tratado o visto de ese forma era terriblemente doloroso para el Uchiha, cada maldito día. El grupo de Padawans que estaban bromeando y hablando despectivamente del Uchiha vieron interrumpida su conversación cuando sus sables de su flotaron de sus cinturones hasta situarse frente a sus rostros, y las hojas de distintos colores se encendieron frente a sus ojos, sobresaltándolos y asustándolos, sin entender que lo había provocado, hasta que Sasuke se acercó lentamente hasta donde estaban, manteniendo una mano alzada en el aire, manipulando los sables de luz con facilidad. Había llegado a su límite, no soportaba que lo llamaran esclavo, ese era su pasado pero no su presente, y no iba a permanecer impasible mientras hablaban mal y se burlaban de él, ya lo había hecho durante toda su infancia, y no volvería a hacerlo, ahora era un hombre libre, no un esclavo, nunca volvería a serlo.
—¿Sorprendente para un esclavo?— cuestionó Sasuke con indiferencia, viendo a los Padawan tragar saliva a causa del miedo mientras lo observaban, —¿qué emoción están sintiendo en este momento?— inquirió sin un ápice de humor, mas ellos ni siquiera fueron capaces de hablar.
—Sasuke— llamó una voz, sacándolo de su frustración y regresándolo a la realidad. Volviendo la mirada por sobre su hombro, Sasuke se encontró con Kakashi en el umbral de la sala, observándolo seriamente. —Vamos a meditar— indicó a modo de orden para que él no pudiera oponerse.
—Sí, Maestro— asintió el Uchiha, usando su conexión en la Fuerza para regresar los sables de luz a los respectivos Padawan. —Lo siento, me sobrepase— se disculpó, sabiendo lo errado de sus acciones.
No era ninguna mentira, lo sentía de verdad, sabía que la mejor forma de liberar su ira y frustración no era esa, por lo que tras decir esa disculpa, Sasuke se apresuró en tomar su abrigo marrón oscuro de las gradas y alcanzar a su Maestro, quien aguardo por él para abandonar la sala de entrenamiento, dirigiéndose hacia el pasillo que los llevaría hacia la sala de meditación. Los años habían pasado maravillosamente por Kakashi Hatake, seguía siendo uno de los Jedi más guapos de su generación, pero también de los más enigmáticos ya que ahora ocultaba su gallardo y carismático rostro con una máscara que lo cubría desde la nariz al cuello, resaltando sus ojos oscuros y su rebelde cabello grisáceo, vestía una camisa de cuello alto marrón claro bajo una túnica de terciopelo crema que se ceñía a su cuerpo por un fajín de la misma tela, y sobre esta un cinturón de cuero marrón rojizo donde reposaba su sable de luz, pantalones de cachemira beige y botas de cuero marrón rojizo, el mismo color del largo abrigo que colgaba sobre sus hombros. Con las manos a cada lado de su cuerpo, Kakashi se mantuvo tan estoico y sereno como siempre, dirigiéndole únicamente una silente mirada de reprobación a Sasuke, no deseaba regañarlo como haría con un niño, sabía que el Uchiha detestaba eso, pero tenía que decirle algo, ambos eran quizás el dúo más curioso de Maestro y Padawan que pudiera existir en el Templo Jedi, se trataban como iguales en privado, se llamaban por sus nombres y no títulos de Maestro y Padawan, además sus misiones y aventuras, y la forma en que terminaban—sin cuestionar sus logros y habilidad—los hacían muy populares en los medios comunicacionales, pero en ese momento necesitaban poder ser objetivos y hablar de este nuevo problema.
—No deberías ser tan arrogante— recordó Kakashi, sin intención de regañarlo, pero debía decirle algo, era su responsabilidad.
—Me llamaron esclavo, Kakashi— se defendió Sasuke, acomodando su abrigo por sobre sus hombros, —sabes cuánto detesto esa palabra— odiaba esa palabra y la sensación persecutoria que le provocaba.
—Créeme, lo sé— respaldó el Hatake de inmediato, porque conocía su pasado y el dolor que cargaba, —pero la respuesta a la agresión no puede ser más agresión, debes ser paciente— aconsejó deteniéndose en la mitad del pasillo, situando una de sus manos sobre el hombro del Uchiha. —Vamos, meditar nos ayudara a los dos— sugirió con una sonrisa bajo la máscara.
Como Maestro y padre para Sasuke en cierto modo, Kakashi sabía que no podía pedirle no tener sentimientos, conocía el pasado de Sasuke y todo lo que había tenido que vivir, oprimido por otros, ahora era libre y merecía poder vivir como tal, después de todo la orden Jedi era el símbolo del auxilio a los desvalidos, la representación de la libertad...pero en ocasiones todos debían ceder, todos debían soportar ciertas cosas y, cuando llegara el momento, Kakashi esperaba que Sasuke pudiera entenderlo. Sin otro remedio, Sasuke asintió en silencio para tranquilizar a Kakashi, continuando con su camino hacia la sala de meditación, aunque por dentro sintiera todo menos tranquilidad o entendimiento, todo aquello con lo que soñaba cuando Minato lo había liberado de Tatooine se había hecho realidad, debería ser feliz y sentirse realizado, satisfecho, pero su felicidad se veía constantemente enturbiada por su tristeza, no tenía a nadie que lo quisiera realmente, su madre estaba demasiado lejos, Minato había muerto, y no veía a Sakura desde hace cinco años, Kakashi era grandioso, de parecerle un hermano mayor ahora se había convertido en una especie de padre, el padre que nunca había tenido, pero era una figura distante, no sabía si podía contarle todos los temores y angustias que constantemente sentía, se sentía muy solo, triste y perdido. Nadie podía comprenderlo, nadie podía siquiera alcanzar a entender lo que sentía, ni aún el mismo Kakashi, solo en los momentos libres en que podía escribirle cartas a Sakura sentía que era escuchado y comprendido, ella experimentaba el amor de su familia y le daba amor a su pueblo, no tenía problema con demostrar sus sentimientos, solo ella podía entenderlo de maneras que nadie más podía.
Pero, desgraciadamente, no podían verse hasta nuevo aviso, sus estilos de vida lo hacían imposible.
Granja de Humedad de la familia Uchiwa, Tatooine
Tatooine era un planeta pobre, pero tenía los recursos suficientes para que sus habitantes pudieran sobrevivir, y no había sido tan difícil para Fugaku poder comprar las prendas de ropa suficiente para que sus nuevos huéspedes pudieran vestir con comodidad y dignidad, por lo que regreso a casa sintiéndose mejor consigo mismo, encontrando a su hijo Itachi en la cocina, preparando el almuerzo como de costumbre solo que ahora con ayuda de Sai, por lo que él se dirigió a la habitación de Mikoto para entregarle lo que había comprado para ella, deteniéndose en el umbral antes de entrar. La Uchiha vestía un sencillo camisón de muselina azul claro, de escote alto y en V, anudado en el borde del escote, ceñido bajo el busto y con mangas holgadas que se ceñían en los codos, con finos listones de la misma tela oscilando a lo largo de la piel expuesta de los brazos, con su largo cabello ligeramente húmedo, prueba de que se había bañado, y peinado en un simple recogido que hacia caer sus largas ondas azabaches tras su espada, o no debería decir vestía sino que se estaba visitiendo, ajena a la presencia del Uchiwa en el umbral de la habitación, al menos hasta que Fugaku no pudo más con la incomodidad y tuvo que carraspear ligeramente para hacer evidente su presencia. Mikoto se sobresaltó, tanto por vergüenza como su propio despiste, después de todo estaba en una casa que no era suya, y era una extraña, debería estar más atenta si alguien entraba en su "espacio personal" por así decirlo, por lo que se apresuró en acomodarse en camisón lo mejor posible.
—Lo siento, debí tocar antes de entrar— se disculpó Fugaku, sin entablar contacto visual con ella, sabiendo que debía sentirse incomoda.
—Yo lo siento, señor, fue imprudente de mi parte— negó Mikoto, lamentando dar una mala impresión, volteando a ver a su nuevo señor. —Ya puede voltear— tranquilizó, viéndolo de espaldas a ella, dándole privacidad suficiente, hasta que ella lo dejo voltear.
—Te traje ropa nueva— comunicó el Uchiwa, tendiéndole el paquete que traía consigo, y que ella recibió con una ligera sonrisa.
—Gracias, señor— agradeció la Uchiha sinceramente, porque el camisón no era la vestimenta apropiada para el día a día.
—No necesitas llamarme señor— aclaró él, ya que no era su dueño ni deseaba serlo de ninguna forma.
—Pero usted es mi dueño— obvió ella, frunciendo ligeramente el ceño, intentando entenderlo.
—No lo soy— insistió Fugaku, pudiendo ver su desconcierto, —sí, te compre, pero para que fueras libre— diferenció, dándose cuenta de que ella se sentía sorprendida y abrumada por la palabras. —No te traje a aquí para que seas una esclava ni una sirvienta, te traje aquí para que tengas un techo, alimento y todo lo que necesites— Mikoto bajo la mirada, sin saber cómo sentirse ante todo lo que él le estaba ofreciendo, —puedes irte cuando quieras, y si necesitas algo, no dudes en pedírmelo— ofreció con la sincera intención de ayudarla en todo cuanto pudiera.
Desde el primer momento en que la había visto, con ropas viejas y claramente indignas de su persona, Fugaku había sabido que no podía abandonarla, sin una sola palabra parecía haber estado gritando por ayuda, no era digno que la esclavitud continuara existiendo, era normal en Tatooine, pero Fugaku era de aquellos que estaban en contra, su hijo tendía a ser más dócil que él en su forma de proceder, pero sin importar que involucrara gastar una gran suma de dinero, Fugaku no se lo había planteado dos veces antes de pagar el precio y comprar a Mikoto, tenía un hogar lo suficientemente estable, y estaba más que dispuesto a compartirlo con ella, durante el tiempo que ella eligiera aceptar. Decirse desconcertada sería un eufemismo para Mikoto, cuando Yahiko había decidido venderla al mejor postor al estar sumido en la quiebra y no poder pagar su mantención ni nada que la vinculara, el mejor prospecto que podría haber esperado era convertirse en una esclava típica, abusada o ultrajada por el hombre que eligiera comprarla, porque si bien su intención era no ser vanidosa, era plenamente consciente de que seguía siendo joven y bella, sería tonto de su parte que la compraran para solo ser una sirvienta común, pero Fugaku era una persona completamente diferente de todas las que había conocido y su buen corazón le sorprendía enormemente, ¿realmente solo la había comprado para darle su libertad?, ¿no estaba soñando? Sonaba demasiado bueno para ser verdad, pero en el fondo y al encontrar su mirada con la suya sabía que él le estaba diciendo la verdad y eso la abrumaba, tenía un único deseo, pero bajando la mirada y sentándose sobre la cama, la Uchiha sabía que era irrealizable.
—Señor...Fugaku— se corrigió Mikoto, ahogando una carcajada ante su propio error, viendo al Uchiwa sentarse a su lado, sin apartar sus ojos de ella. —Estoy profundamente agradecida, de verdad, pero lo que quiero es imposible— aclaró, cabizbaja dado el eje de sus pensamientos.
—¿Por qué?— cuestionó el Uchiwa, intentando entender que podía ser imposible para ella.
—Tengo un hijo, se llama Sasuke— confesó la Uchiha, mas Fugaku no pareció sorprenderse por ello, y no era para menos dado que había aceptado a Sai junto a ella, —se lo entregue a los Jedi hace cinco años, para que entrenara con ellos, para que fuera libre y viviera lejos de este infierno, y aunque lo extraño con cada fibra de mi ser, quiero que pueda empezar de cero en Coruscant, y no podrá hacerlo conmigo en su vida— sería egoísta de su parte, deseaba que Sasuke fuera feliz, incluso si no podía volver a verlo.
—Es muy noble de tu parte, pero terminaras sufriendo— obvió Fugaku, preocupado por su estado emocional, mas sabía que no le competía. —No es egoísta desear estar con tu hijo, pero si es lo que tú quieres, está bien— aceptó, acatando sus deseos.
—Por ahora todo lo que quiero, es buscar un trabajo y devolver la amabilidad que me has mostrado— confesó Mikoto con una ligera sonrisa, —aunque no tengo a donde ir, porque no quiero ser una carga— siempre se había enorgullecido de ser autosuficiente, y no deseaba ser un problema para nadie, pasara lo que pasara.
—No eres una carga— corrigió él de inmediato, sorprendiéndola nuevamente. —Mi casa es tu casa, siempre que lo quieras— aclaró, sin apartar sus ojos de los de ella.
En cierto modo sería beneficioso tanto para él mismo como para Itachi tener una presencia femenina en casa otra vez, su esposa había muerto hacía ya diez años, e Itachi y él solo se tenían el uno al otro, y si lo que Mikoto quería era permanecer en Tatooine o bien marcharse a algún otro sistema, él la ayudaría en todo cuanto pudiera, si ella se lo permitía, claro, porque no iba a dejarla sola. Sonriendo de alegría pura, como no había hecho en básicamente ningún momento en los últimos años, desde que había visto a Sasuke por última vez y pese a tener a Sai a su lado en todo momento, Mikoto se sintió verdaderamente feliz, aún no tenía claro que quería hacer, pero era la primera vez que podía experimentar la maravillosa bondad de ser humano, y se sentía profundamente conmovida.
Al menos tenía una certeza; que de ahora en adelante todo sería diferente.
Palacio de Theed, Naboo
Los días pasaban eternos para Sakura en el palacio de Theed, aunque lo quisiera no podía salir y escapar de sus deberes, la Galaxia estaba viviendo tiempos difíciles, algunos sistemas estaban separándose de la República por considerar que sus voces no eran escuchadas y estaban formando un bando independiente, algo que Sakura en cierto modo entendía, pero este proceder de otros sistemas también afectaba a su régimen, y todas sus energías ahora estaban volcadas en mantener a su pueblo unido, a solas en la sala del trono y observando por los ventanales como la lluvia de primavera caía en el exterior. Portaba un espléndido vestido de seda gris claro y escote cuadrado, adornado por encaje en el borde y en las mangas, que eran ligeramente holgadas y ceñidas en las muñecas, el corpiño se ceñía entalladamente a su cuerpo, gracias al corsé, y la falda amplia acentuaba sus caderas y le daba un aire majestuoso, cosa que ya de por si hacia el elaborado cuello alto que enmarcaba los lados de su rostro, además el frente del corpiño y la falda inferior del vestido estaban bordados en hilo dorado y plateado que replicaba el emblema de Naboo, y su largo cabello estaba pintado en el ceremonial degrade del castaño al naranja, peinado en una cascada de rizos que caía sobre sus hombros, elaboradamente recogido para resaltar una pequeña diadema de plata y diamantes, a juego con un par de pendientes en forma de lagrima y una guirnalda alrededor de su cuello. Todos sus días eran iguales, audiencias, firmas de documentos, eventos públicos, soledad...añoraba a Sasuke más que nunca, estaba segura de que él podría hacerla reír con una mirada, pero ambos estaban demasiado lejos, y muy ocupados hasta nuevo aviso.
—¿Hay alguna otra audiencia para hoy?— preguntó Sakura, volviendo la mirada por sobre su hombro.
—Sí, Alteza, el Senador Kimimaro Otogakure de Scipio— comunicó el capitán Sabaku con solemnidad.
—Que entre— permitió ella, deseando quedar libre de compromisos cuanto antes, hoy no tenía ánimo para nada.
Con una respetuosa reverencia, el capitán Sabaku abandonó la habitación, mientras Sakura se alejaba de la serena vista de los ventanales, alisándose la falda y recordándose parecer inalcanzable cuando el Senador cruzó el umbral y se encontró en su presencia. Scipio era un planeta situado en los Territorios del Borde Exterior de la Galaxia, en el sistema Albarrio, era un planeta relativamente importante para la República Galáctica por los contactos que tenían con el Clan Bancario InterGaláctico, y en este momento Sakura necesitaba dinero para financiar la liberación de tantos esclavos como pudiera, y no solo de Tatooine sino que de cualquier sistema que estuviera a su alcance, claro que para ello no quería usar los fondos de Naboo, sino que estaba más que dispuesta a endeudarse personalmente. Kimimaro Otogakure era un hombre de gran reputación, y su apariencia estaba más que a la altura de lo que se esperaba de él, para ser un Senador era muy joven, debía tener su misma edad o un año más, muy guapo, de piel blanca y ojos verdes, con dos puntos rojos en la frente, y largo cabello blanco dividido por la mitad para enmarcar su rostro, y el resto estaba recogido en dos coletas que caían tras su espalda. Vestía una camisa color crema bajo una túnica de seda ámbar con bordados ocre y cobrizo, de cuello redondo, larga hasta la altura de los muslos, y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, pantalones verde oscuro, botas de cuero marrón verdoso y una larga chaqueta de tafetán verde claro con los bordes de color mantequilla, muy elegante. Con una sonrisa ladina ante la abrumadora imagen de la hermosa reina de Naboo, Kimimaro no dudo en reverenciarla al estar frente a ella.
—Alteza— saludó el Otogakure con máxime galantería ante una mujer tan hermosa como ella.
—Lord Kimimaro— correspondió Sakura, alargando una de sus manos al Senador, —es un honor conocerlo finalmente— admitió sinceramente y con amabilidad.
—El honor es mío, Ateza, mi alma tiembla de emoción— correspondió él con una sonrisa ladina, estrechando la mano de ella entre las suyas, inclinándose para besar el dorso de esta. —Es más hermosa de lo que se cuenta— admiró con gran veneración.
Hasta el Senado de Coruscant habían llegado rumores de la gran belleza de la reina de Naboo, no es que estuviera mal o fuera extraño que una reina fuera hermosa, de hecho era el ideal de muchos ante tan glorioso título, y Kimimaro debía confesar—al menos para sí mismo—que estaba gratamente sorprendido de que la reina Hanan fuera tan joven e incluso más hermosa de lo que había oído que era, como muchos había oído de su inteligencia y de cómo había logrado convencer al Senado hace cinco años para que votara a favor de la destitución del ex canciller Asuma Sarutobi, pero su belleza superaba todo lo que él pudiera haber previsto, y si todo seguía ese rumbo, él estaba muy seguro de que todo iría muy bien entre ambos, no podría ser de otra forma. Sin recordar cuantas veces había oído eso y conteniéndose para no entornar los ojos y suspirar con frustración, todo lo que Sakura pudo hacer ante el cumplido del Senador de Scipio fue esbozar una ligera sonrisa y que para nada era sincera; la mayoría de la gente solía decirle que era bella o hermosa cuando la conocían, a veces sinceramente y otras solo para halagarla, pero era en parte verdad, mas a Sakura no había cosa que le desagradara más que ser rotulada por su aspecto físico, ¿es que eso era todo lo que la gente se grababa de ella?, ¿qué había de su inteligencia?, ¿dónde estaban sus méritos políticos, sus logros como un prodigio?, ¿toda su carta de presentación era su aspecto físico?, ¿era tan importante que fuera hermosa?, era increíble lo vacío que podía ser el mundo, pero afortunadamente no todo el mundo pensaba así, eso la hacía sentir un tanto mejor, y la forzaba a ser amable, aunque solo fuera por educación o cortesía.
—Creo que lo importante ahora es la política, ¿le parece?— planteó Sakura, indicándole que tomaran asiento, lo que él no dudo en aceptar. —Tengo entendido que posee una amistad solida con los Neimoidianos y muchos otros sistemas estelares— comentó, sujetándose elegantemente la falda del vestido al tomar asiento sobre su trono.
—No puedo quejarme, Alteza, soy un hombre muy sociable— contestó Kimimaro con inevitable divertimento.
—Una gran virtud, en mi opinión— apreció la Haruno con una ligera sonrisa, aunque no era precisamente su punto fuerte, —y si no es un problema, quería solicitar su ayuda— añadió, viendo al Senador fruncir el ceño con desconcierto. —Como ya se habrá dado cuenta, Naboo no es un mundo de grandes riquezas, gozamos de la paz y odiamos la guerra, pero en ciertos momentos todos precisamos de amigos— aclaró ya que la opulencia del palacio no era para nada lo que parecía. —Le ruego que, en mi nombre, solicite un préstamo al clan bancario— encomendó, permitiéndose una mirada suplicante.
—Majestad, sería un honor poder ayudarla...en todo lo que desee— garantizó el peliblanco, sin apartar sus ojos de ella, dispuesto a todo cuanto la reina le pidiera.
—Me alegra que podamos ser amigos, mi lord— contestó ella, con una ligera sonrisa de lo más sincera.
—Kimimaro, por favor— pidió él, deseando que fueran más familiares entre sí, realmente lo deseaba.
—Sí, le place— aceptó la pelirosa, no teniendo problema si eso facilitaba su trato y comunicación.
Como una mujer en un mundo de políticos, habiéndose encontrado con todo tipo de individuos a lo largo de su vida, Sakura prefirió ignorar lo embelesado que claramente estaba el Senador con ella, contestando a su intensa mirada con una fingida sonrisa amable, desviando su mirada hacia su escritorio, donde proyecto un análisis que había hecho anteriormente de la cantidad de recursos que deseaba solicitar al clan Bancario, por intercesión del Senador Otogakure a quien procedió a explicar la situación, no sabiendo si agradecer o no la atención que le dirigía, sin apartar su mirada de ella, aunque una parte de ella le decía que a su belleza y no tanto a las palabras que salían de su boca...vaya novedad.
En momentos así, Sakura extrañaba a Sasuke más que nunca, y no dejaba de preguntarse, ¿qué estaría haciendo?
Carnelion IV
Para variar, el dúo Hatake-Uchiha había sido enviado al planeta Carnelion IV, para una misión de reconocimiento de un sistema que se creía destruido o más bien abandonado desde hace generaciones, tras una devastadora guerra, pero lejos de una tranquila misión y como de costumbre, se habían visto involucrados en una especie de rebelión organizada por dos facciones, los Cerrados y los Abiertos, que se disputaban el control mismo del planeta, habían sido hechos rehenes, y de no haber sido por la oportuna llegada de los refuerzos enviados por el Maestro Onoki en el momento oportuno, seguramente habrían sido asesinados, un día más en la vida de Maestro y Padawan, que pronto se alejaron del grupo de Jedi que estaban arrestando a los revolucionarios, no solo porque necesitaran espacio para sí mismos, sino porque Sasuke le pidió a su Maestro que hablaran a solas, que necesitaba decirle algo, pero nada podría haber preparado a Kakashi para lo que iba a escuchar; Sasuke deseaba dejar la Orden Jedi. Pasaron varios segundos de sorpresa e incredulidad antes de que Kakashi se diera cuenta de que Sasuke no estaba bromeando ni nada parecido, observándolo seriamente y con mayor madurez de la que se esperaba de un joven de dieciséis años, inquebrantable en sus declaraciones, era abrumador para Kakashi encontrarse en esta situación, llevándose una mano a las sienes y que lentamente deslizó por su mentón, sobrepasado y sin saber bien que hacer o contestar, ¿debía respaldar los deseos de Sasuke y apoyarlo, o negarse? Él también había deseado dejar la Orden Jedi una vez, pero había sido mayor que Sasuke y había tenido más experiencia del mundo, Sasuke aún era un niño en muchos sentidos, no estaba preparado para algo así.
—Déjame ver si entiendo, Sasuke, ¿estás diciéndome que quieres dejar la Orden Jedi?— preguntó Kakashi, tras superar su impresión, a lo que el Uchiha asintió en silencio, —¿puedes decirme por qué?— inquirió, mas Sasuke solo aparto la mirada, como si su silencio fuera una respuesta. —Sasuke, esta es una decisión extremadamente seria, no puedes tomarla a la ligera, a tu edad resultaran aún más significativas las consecuencias— recordó sin intención de parecer severo o carente de sentimientos.
—Lo sé, Kakashi, pero soy un extraño en el templo Jedi, hasta tú puedes verlo, jamás me han aceptado realmente, y jamás lo harán— contestó Sasuke, alzando la voz en el proceso a causa de la frustración. —Me hacen sentir que tengo alguna especie de defecto, que está mal ser como soy, y ya no puedo tolerarlo más— solo los Jedi lo trataban así, nadie más, y lo hería sentir que había algo malo consigo mismo.
—Sasuke, si es lo por lo que sucedió en el templo...— intentó dialogar el Hatake, para que Sasuke no tomara una decisión de la cual pudiera arrepentirse.
—No me refiero solo a eso, Kakashi— interrumpió el Uchiha, porque su problema no era ese, era todo cuanto había estado viviendo todos estos años, —hablan a mis espaldas cuando creen que no los escucho, se burlan de mí, me juzgan, ¿y por qué?, ¿por recordar mi pasado?, ¿por recordar el afecto de mi madre?, ¿es tan malo haber crecido siendo normal que tienen que restregármelo en la cara?— cuestionó enumerando hecho por hecho para no ser pasado por un niño tonto o alarmista. —Sé que mi entrenamiento está incompleto, aún tengo mucho por aprender, y sé que tanto tú como otros Jedi podrían enseñarme muchas cosas, pero no estoy seguro de que querer intentarlo— confesó con sinceridad, sintiendo que estaba llegando a su límite.
Todo era demasiado difícil para él, no tenía una forma de escapar de la presión que sentía se acumulaba sobre su persona, básicamente atrapado en el templo Jedi las veinticuatro horas del día. sin saber dónde estaba su madre o como estaba, si estaba pasando privaciones...era una sensación horrible, su único contacto del mundo fuera del templo Jedi o de Coruscant eran las cartas que recibía de Sakura, y sabía que llegaría el momento en que no soportaría mas esta realidad, además, en cualquier caso tenía a donde ir, Sakura le había ofrecido un hogar en Naboo si elegía dejarlo todo, no estaba solo, ella nunca lo dejaría solo y era esa sensación lo único que lo reconfortaba y ayudaba a dormir por las noches, lo que tenía con ella era que nadie más en la galaxia podía darle, era inocencia y afecto sincero, algo único. Las palabras de Sasuke tomaron por sorpresa a Kakashi, había tenido presente que Sasuke se sentía solo entre los Jedi, no había un solo Padawan o Jedi que se pareciera a él y pudiera entender lo que sentía, ni siquiera él mismo, pero se esforzaba por entenderlo y darle un respiro, de ahí su forma particular de realizar misiones o terminarlas más bien, mas ahora Kakashi se sentía profundamente dolido, no con Sasuke sino consigo mismo, sentía que había fallado, que le había fallado a Sasuke, como hermano mayor y ahora como padre, sentía que no había podido convertirse en su vía de escape, en su amigo, en alguien a quien pudiera contarle todo lo que sentía, como él había podido hacer en su día con Minato, ¿a qué extremo había descuidado a Sasuke que él deseaba renunciar a la Orden Jedi?, ¿cómo no se había dado cuenta antes de su sufrimiento? Se sentía como un fracaso, pero no podía dejarse cegar por ello.
—Sasuke, ser un Jedi implica traer la paz, sacrificarse y correr riesgos para proteger y ayudar a otros, por eso servimos a la República— recordó Kakashi con tono suave y comprensivo, —claro que son ideales, todos tenemos opiniones diferentes, pero si queremos cambiar el universo, necesitamos aprender a pensar más allá— no le estaba pidiendo que recapacitara, sino que comprendiera mejor las cosas. —Sé que ser un Jedi es difícil, no es solo una cuestión de poder ni de sables de luz, ni saber usar la Fuerza, es una conexión, ser algo más grande, porque los Jedi son fuertes por separado, pero juntos son la fuerza que protege la galaxia— explicó detalladamente. —Cuando Minato murió, tome el compromiso de hacerme cargo de ti, Sasuke— acotó sin olvidar aquella promesa.
—Porque Minato iba a entrenarme, lo sé, le hiciste una promesa— completó el Uchiha, sabiendo todo al respecto.
—No, no te tome bajo mi tutela solo porque Minato me lo pidiera— aclaró el Hatake, viéndolo fruncir el ceño, —cuando nos conocimos, te veía como un hermano menor, pero ahora te veo como a un hijo— diferenció para evidente sorpresa del Uchiha ante su confesión, —y si tu elijes renunciar a la Orden Jedi, no estarás solo, yo te seguiré— prometió de forma inquebrantable, porque no iba a abandonarlo.
—¿Me seguirás?— repitió Sasuke, casi con un hilo de voz a causa de la impresión. —Pero, Kakashi...— intentó protestar ya lo que lo último que deseaba era alejarlo de su prometedor futuro como Maestro Jedi.
—Es decisión tomada, no intentes disuadirme— acalló el peligris, sin ceder y esbozando una ligera sonrisa ante su propia tozudez. —Nunca te dejare solo, Sasuke, es una promesa— reiteró igualmente inquebrantable. —Cuando me convertí en Jedi, tome una decisión; convertirme en ejemplo, proteger la fuerza, eso necesitan los demás, admitir errores le abre la puerta a la incertidumbre, pero no admitirlos hizo que sintieras que no podía entenderte— reflexionó en voz alta, conectando con los sentimientos del Uchiha. —Lo siento, Sasuke— se disculpó sinceramente.
—No eres el único que comete errores— intentó alentar el azabache a modo de ánimo. —Me porte como un niño tonto, solo pensaba en mí mismo...lo siento, eso es todo lo que puedo decir— bajo la cabeza, avergonzado por su egoísmo.
—Te perdono— asintió Kakashi, dando por olvidado el asunto si eso es lo que él deseaba.
En su día, él había hecho lo mismo, había deseado ser egoísta y abandonar a los Jedi, una historia que esperaba poder contarle a Sasuke en el futuro para que él pudiera tomar sus propias decisiones, aunque sus razones habían sido distintas, había sido mayor y sus motivaciones habían sido otras, pero en lo bueno y en lo malo Minato lo había apoyado, lo mismo que él pensaba hacer con Sasuke, mas cuando fuera un hombre y no un adolescente, cuando pudiera valerse por sí mismo. En un impulso, pese a no ser alguien afectuoso ni que tendía a demostrar lo que sentía, Sasuke abrazó a Kakashi con todas sus fuerzas, sorprendiendo al Hatake, quien paso un par de segundos estático, sin saber cómo contestar, los abrazos no eran habituales entre los Jedi ni tampoco las demostraciones de afecto, de hecho Kakashi no había recibido un abrazo en cinco años, la última persona que lo había abrazado había sido Minato, pero con lentitud hizo a un lado su sorpresa y correspondió al abrazo, sintiéndose mejor al igual que Sasuke, sintiendo que no estaban solos en este viaje, sintiendo que estaban juntos y que tenían a una persona que siempre escucharía sus miedos y sus dudas. Sintiéndose como un tonto por este quiebre emocional, Sasuke rompió el abrazo, esbozando una sonrisa nerviosa, mas Kakashi no pareció incomodo cuando encontró su mirada con la suya, de hecho pudo apostar que ambos se quitaron un peso de encima con ese abrazo, como si la carga que tenían sobre los hombros hubiera desaparecido y estuvieran transitando un mismo camino, era la sensación más parecida al amor paternal que Sasuke hubiera experimentado en su vida, y lo hacía sentir mejor saber que no estaba solo, que alguien aparte de Sakura se preocupaba por él y estaba ahí para escucharlo.
—¿Y bien?, ¿aún quieres dejar la Orden Jedi?— cuestionó el Hatake con divertimento, —porque te advierto que tendrás que soportarme— obvió como si fuera una especie de sentencia de muerte.
—Si me tienes paciencia, creo que quiero seguir intentándolo— contestó el Uchiha con mofa, dispuesto a enfrentar más nuevos desafíos.
Sonriendo bajo su máscara, ahogando una risa por lo bajo, Kakashi situó una de sus manos sobre el hombro de Sasuke, quien sonrió ladinamente mientras le sostenía la mirada con ese aire desafiante y aventurero que era tan afín al suyo, Kakashi no había hablado desde su egoísmo, ni desde su "obligación" moral por cumplir la promesa hecha a Minato de entrenar a Sasuke, deseaba ver al Uchiha convertido en un Jedi, deseaba que fuera un Maestro y llegara tan lejos como se lo merecía, quería que este chico se convirtiera en el prodigio que él sabía que era y que la galaxia merecía conocer, quería que todos estuvieran tan orgullosos de él como él mismo, y lo estarían, estaba seguro. La verdad, Sasuke no estaba del todo seguro de que su decisión fuera la correcta, respecto a permanecer en la Orden Jedi, sabía que las cosas no iban a cambiar, los Maestros continuarían viéndolo como un prodigio y una Amenaza, los Padawan continuaran criticando su actuar, menospreciándolo o ninguneándolo, pero al menos ahora sentía que no estaba solo, Kakashi estaba de su lado como lo había estado cuando Minato había muerto, no como una figura sombría y lejana sino como el padre que tanto necesitaba y que no iba a dejarlo solo, sabía que el futuro al que se enfrentaría en días venideros no sería sencillo, pero eso era lo que más le gustaba, los desafíos
Seguirían intentándolo, juntos, apoyándose como padre e hijo.
PD: Hola, hola mis amores, prometí actualizar esta semana y lo cumplo, agradeciendo su apoyo y deseando que cada nueva actualización sea de su agrado :3 se que dije que descansaría la próxima semana, pero me lo estoy replanteando al tener mas animo e inspiración para escribir, por lo que las próximas actualizaciones serán "Kóraka: La Sombra del Cuervo" la próxima semana, "Más Que Nada en el Mundo" y "Reina de los Vampiros", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a carlos29 (agradeciendo sus palabras y poder contar con su aprobación), a "ktdestiny" (agradeciendo su apoyo y dedicándole cada capitulo), a Guest, (agradeciendo sus palabras y aportes, como los de todos), y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Eventos Canónicos y Modificaciones: para contar lo que sucede en el espacio temporal que existe entre el Episodio I y el Episodio II, decidí crear este interludio de varios capítulos, antes de comenzar con la adaptación del resto de la historia, para representar eventos canónicos de Star Wars que no se han explicado actualmente fuera de comics o historias que no han sido llevadas a la pantalla. La misión de Sasuke y Kakashi a Carnelion IV es un hecho de los comics de Star Wars, cuando Anakin tiene 12 años y decide dejar la Orden Jedi por sentir que no encaja, de hecho los diálogos son transcripciones originales con cambios de mi autoria, incluyendo la escena de entrenamiento. La conversación entre Sakura y Pakura sobre encontrar y liberar a Mikoto es un hecho de la novela "La Sombra de la Reina" de E.K. Johnston, que relata la vida de Padme Amidala tras el Episodio I, y la escena entre Sakura y el Senador Kimimaro es para explicar eventos que tendrán lugar tras el episodio II, y que involucraran a Sasuke. Según se estableció en el canon de Star Wars, aunque no se vio, el granjero de Humedad Cliegg Lars y su hijo Owen compraron a Shmi, la madre de Anakin, cuando fue vendida por su anterior dueño, Watto, quien estaba en quiebra tras la partida de Sasuke, y en las películas se deja en claro que la compro para liberarla y no para hacerla su sirvienta. Ya que Sai no es un esclavo, podría haber dejado a Mikoto, pero esta junto a ella para cumplir la promesa hecha a Sasuke de protegerla en su ausencia, por eso siempre la sigue a donde sea que ella va.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
