-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír ""Arcade" de Duncan Laurence para Sasuke, "Live Like Leyends" de Ruelle para Sakura, "Listen To Your Heart" de Roxette para Mikoto, y "My Escape" de Ravenscode para el contexto del capitulo.


Dos años y medio después/Tattooine

La paz o la laboriosidad se habían asentado en la vida de la familia Uchiwa, en Tatooine, y aunque inicialmente Itachi había desconfiado o cuestionado la decisión de su padre al liberar a dos antiguos esclavos y volverlos parte de su familia, hoy en día no podía sentirse más feliz, porque a su propio modo los cuatro—su padre, él, Mikoto y Sai—habían aprendido a convivir como una familia en poco tiempo, Mikoto se había vuelto una especie de madre para él, pero quizás lo que más alegrara el día a día de Itachi fuera su novia, Izumi. La bella pelicastaña se encontraba a su lado, entrelazando distraídamente su mano contra la suya, ataviada en un sencillo y holgado vestido gris verdoso de escote corazón, falda larga y mangas acampanadas hasta las muñecas, ligeramente traslucidas, debajo de una chaqueta superior sin mangas, de escote corazón con un bordado amarillo en el contorno, cerrado en el frente por diez pequeños botones, y falda lisa, con su largo cabello castaño peinado en una serie de trenzas envueltas entre sí para caer sobre sus hombros y tras su espalda, resaltando la cadena de plata alrededor de su cuello, con un dije en forma de abanico, que él le había obsequiado. Había conocido a Izumi hace ya casi tres años, el mismo día en que su padre había liberado a Mikoto y Sai, y aunque su relación se había desarrollado con lentitud, Itachi estaba cada vez más seguro de lo que sentía por ella, y solo necesitaba un poco más de valor para pedirle que se casara con él, sabía que en un planeta tan yermo como Tatooine, ella quizás sería su único motivo para sonreír, y la quería en su vida.

—¿Te parece si paso por ti, mañana a medio día?— consultó Itachi, acompañando a su novia por las pasillos de la casa, hacia la salida.

—Me encantaría— asintió Izumi con una dulce sonrisa, aprovechando una distracción de su novio para aproximar su rostro al suyo. —Hasta entonces, Itachi— se despidió, besándolo en la mejilla, sujetándose la falda del vestido al dirigirse hacia las escaleras al verlo paralizado tras su acción.

—¡Espera, yo te llevo!— llamó el Uchiwa, sacudiendo la cabeza a superar su impresión.

Saliendo de su estupor, fascinado como siempre por la dulce presencia de su novia, desde gestos tan sencillos como la sonrisa de Izumi al calor que generaba en su corazón un solo y casto beso suyo, el Uchiwa se apresuró en alcanzar a la pelicastaña, porque de ninguna forma la dejaría regresar sola a casa, subiendo velozmente las escaleras hacia el exterior, siguiendo el escaso vistazo de la falda del vestido de ella. Silente, eligiendo permanecer oculto en el umbral de la sala, como un espectador, Fugaku sonrió ladinamente ante el comportamiento de su muy enamorado hijo, sonrisa que Mikoto no pudo evitar imitar, cruzando el umbral de la cocina, portando un sencillo vestido violeta opaco, de escote corazón, cerrado por doce pequeños botones de igual color y ceñido por un fino cinturón plateado, falda larga de dos capas—una inferior ligeramente más clara, y una superior más opaca—y mangas ceñidas que se tornaban acampanadas y traslucidas hasta casi cubrir las manos, y encima un bolero gris violáceo con líneas verticales, que permanecía abiertos, con mangas que se abrían desde los codos, y su lago cabello azabache con reflejos azulados recogido sobre su hombro derecho en una trenza, destacando el dije del collar de plata alrededor de su cuello, una flor nativa de Tatooine, un amuleto de buena suerte. Siempre era encantador poder presenciar un romance tan tierno como el de Itachi e Izumi, que estaban a portas de formalizar su relación con un matrimonio.

—Itachi parece estar muy enamorado— comentó Mikoto, sonriendo satisfactoriamente.

—Sí, nunca antes lo había visto así— asintió Fugaku interiormente feliz por su hijo, —es algo solitario— anteriormente le había preocupado que se aislara por lo mismo, pero era una suerte que no fuese así, gracias a Izumi.

—Lo parece, pero tiene un gran corazón— diferenció la Uchiha, encantada con la actitud de Itachi, a quien amaba como a un hijo. —Eres afortunado por ser su padre— obvió, pues cualquier padre desearía tener un hijo así.

—Lo sé— aseveró el Uchiwa, completamente de acuerdo, —y soy aún más afortunado por tenerte a ti para recordármelo— añadió, reconociéndola de igual forma.

—Soy la voz de la conciencia...de muchas personas— se jacto ella, con falsa arrogancia.

No era su intención ser altiva, pero si de algo podía enorgullecerse Mikoto es que, ya fuera de forma positiva o negativa, sus amos, dueños o propietarios siempre habían encontrado en ella una mente hábil y un juicio imparcial por quien asesorarse, a diferencia de la mayoría de las esclavas que eran meros trofeos, Mikoto había podido manifestar su opinión en múltiples ocasiones, y eso en nada cambiaba ahora siendo la mujer más importante—no habiendo ninguna otra fémina en la casa—en la familia Uchiwa, Fugaku naturalmente siempre confiaba en ella, e Itachi le pedía consejos cada vez que se sentía perdido o temía fallar en su relación con Izumi, lo que ella no permitiría, lo conocía desde hace casi tres años, pero ya lo amaba como si fuera su hijo, y él al respetaba como si fuera su madre. Pudiendo percibir el falso tinte de arrogancia en la voz de Mikoto, Fugaku pretendió seguirle la corriente en su broma, pero tan pronto como volvió el rostro en su dirección, no encontró las palabras suficientes para hablar, atrapado por la expresión serena en su rostro, por la alegría que iluminaba su sonrisa y hacia destellar sus ojos, veía esa sonrisa casi todos los días desde que la conocía y cada día era más y más difícil para él resistirse, porque sabía que estaba enamorado de tan maravillosa mujer, claro que no sabía si ella correspondía a sus sentimientos, pero cavilando en la insólita perfección de ella, consideró que este era un buen momento para manifestarle sus sentimientos.

—Mikoto— llamó él, haciendo que ella volcara totalmente su atención hacia él, —hay algo que he querido preguntarte desde hace tiempo, y no sé cómo hacerlo— inició, conteniendo el aliento.

—Pues solo dilo— sugirió ella, sin ver porque dudaba en decirle algo, siendo que nunca se habían tenido secretos.

—¿Te casarías conmigo?— preguntó Fugaku de golpe, viéndola palidecer de inmediato.

—¿Es una broma?— cuestionó Mikoto, tragando saliva sonoramente, —porque es de pésimo gusto— obvió, esbozando una seca carcajada e intentando convencerse de ello.

—No es ninguna broma, jamás he hablado tan en serio en toda mi vida— aclaró el Uchiwa, haciendo que la sonrisa de ella desapareciera y fuera reemplazada por un gesto de total incredulidad. —Sé que es algo precipitado, pero tengo muy claro lo que siento por ti— añadió, viéndola negar para sí misma.

—¿Por mí?— reiteró la Uchiha, sintiendo como si fuera a desmayarse en cualquier momento ante lo que eso significaba. —Pero, yo...habiendo tantas buenas mujeres, ¿por qué yo, que soy nada?— inquirió, sintiéndose poca cosa, mas para alguien como él.

—Lo eres todo, para mí— corrigió él, ella era una mujer libre, no una esclava, y aunque lo fuera, él la amaría de igual manera. —Pero entiendo si quieres negarte, y esperaré a que quieras darme tu respuesta, sea cual sea— aclaró, entendiendo que no se podía obligar a nadie a enamorarse, —y te prometo que eso no cambiara nada entre nosotros, te doy mi palabra— se comprometió seriamente.

Después de la muerte de su esposa, hacía ya tantos años, Fugaku se había resignado al hecho de que, quizás, pasaría el resto de su vida como un resignado viudo, en compañía de su único hijo, llevando una existencia humilde, no había tratado de rehacer su vida pese a que Itachi lo hubiera alentado a ello muchas veces, y solo había cambiado de parecer cuando Mikoto había entrado en su vida, alguien que había sufrido igual e incluso más que él, y que pese a todo se aferraba a la esperanza, ella había podido dejar su doloroso pasado atrás y mirar hacia adelante, y Fugaku admiraba profundamente su fortaleza y entereza, ambos habían perdido el eje de sus vidas, no sabían a donde iban, pero desde que se conocían habían aprendido a hacerse compañía el uno al otro, y eso era invaluable. Tragando saliva con un deje de nerviosismo, Mikoto descendió la mirada hacia las manos de Fugaku, entrelazadas espontáneamente contra las suyas…¿merecía tener la ocasión de vivir aquello que toda mujer anhelaba desde siempre?, ¿casarse y llevar una vida normal? Había sido muy joven cuando había tenido a Sasuke, ni siquiera lo había pedido, solo había sucedido de la noche a la mañana, y aunque Mikoto anhelara de todo corazón volver a ver a su hijo, sabía que su destino no estaba fuera de Tatooine, habían pasado años desde que había dejado de ser una esclava, ahora era mujer libre, y sin embargo no tenía intención de dejar su nuevo hogar, porque aquí era feliz, era feliz con Sai e Itachi como sus hijos, y era muy feliz al lado de Fugaku, ¿por qué no darse la oportunidad? El problema es que no creía merecer ser feliz…


Palacio de Theed, Naboo

Mientras que la mayoría de las jóvenes de veintiún años pensaban en sus carreras profesionales, en sus estudios o en sus novios, Sakura se encontraba cavilando en cual habría de ser su futuro de ahora en más, transitando calmantemente por los pasillos del palacio de Theed, su segundo mandato como reina de Naboo estaba a una semana de terminar y el pueblo estaba intentado hacer que las elites políticas modificaran la constitución para que fuera reina vitalicia del planeta, pero en lugar de aferrarse al poder, Sakura elegía hacerse a un lado y seguir la ley, amaba demasiado la democracia como para hacer lo contrario, y no anhelaba el poder. La hermosa reina portaba un vestido de seda jade que se amoldaba a su cuerpo como un guante, de escote alto y cuadrado, bordado en pasamanería cobre brillante, con mangas ceñidas y decoradas por la misma pasamanería en las muñecas, por sobre el vestido lucía una chaqueta superior escasamente cerrada a la altura del vientre, bordada en hilo cobrizo para emular hojas que brillaban al movimiento, con la misma pasamanería en el contorno en V del profundo escote y en el dobladillo de la tela, con largas mangas que se abrían desde los hombros como lienzos para exponer las mangas inferiores, y sobre su cabeza reposaba una corona de oro de forma cónica que replicaba hojas y flores, recubierta de finos diamantes que brillaban a la luz del sol, con sus largos rizos tinturados en el ceremonial degrade del castaño al naranja y que caían tras su espalda, resaltando unos pequeños pendientes de diamante en forma de lagrima.

—¿Ya asistió a votar, lady Mei?— consultó Sakura, volviendo la mirada hacia su leal confidente.

—Sí, Alteza, fui la primera a las siete en punto— contestó Mei con una divertida sonrisa. —¿Qué esperanza tiene respecto a las elecciones?— curioseó, observando atentamente a su amiga y reina.

—¿Tiene caso que tenga esperanzas?— cuestionó la Haruno, ahogando una carcajada y encogiéndose de hombros.

Lady Mei Terumi era una amiga muy querida para Sakura, había sido su profesora favorita, y sus habilidades como política eran tales que ella se había convertido en su asesora al momento de subir al trono, hasta el día de hoy había sido su mano derecha en todo, siempre le había dado seguridad, y cuando ella dejara el trono, Mei también renunciaría a su cargo, ya se lo había hecho saber, aunque Sakura le dijera que no necesitaba hacer tal cosa. La dama portaba un sencillo vestido de seda azul claro ligeramente grisáceo que se ajustaba a cada curva de su cuerpo, de escote redondo y cerrado por cinco botones de diamante hasta la altura del vientre, con un escote falso en V debajo, cortas hombreras, mangas ceñidas hasta los codos que se abrían en lienzos, y falda de gasa de múltiples capas, encima una chaqueta transparente escasamente cerrada a la altura del vientre y sin mangas, con finos bordados de oro en forma de alas de mariposa en el dobladillo y a lo largo de la tela, sobre sus largos rizos castaños rojizos reposaba una corona de oro y cristales azules, resaltando unos finos pendientes de oro y zafiro en forma de lagrima y una guirnalda a juego alrededor de su cuello, de la cual pendían múltiples dijes. Mei había conocido a Sakura a los doce años, como una aspirante en el mundo de la política, y se había fascinado con la magnífica reina en que se había convertido, sacrificando su libertad por la felicidad de su pueblo, y habiendo visto todo aquello, estaba convencida de que nadie más podría hacer lo mismo, por eso renunciaría a su cargo.

—Perdón, olvidaba que, al ser reina, no se le permite votar— recordó ella en voz alta, esbozando una ligera sonrisa.

—Cuando deje de ser reina, será lo único que no extrañare— confesó Sakura, añorando aquellas responsabilidades de la vida diaria. —Me da ilusión poder volver a ejercer mi deber cívico, y poder ser parcial— lo primero que se le había quitado, al convertirse en reina, era su opinión individual y su derecho a votar. —Pero, según me han comentado, Konan Akatsuki tiene grandes posibilidades— aludió, viéndola como una digna sucesora, por su experiencia política y fuertes convicciones.

—Eso dicen— asintió Mei, sin dejarse impresionar por una estrella en auge, —aunque a decir verdad, este mundo ya está en riesgo de perder mucho de lo bueno que tiene, con la modernización y cambios— para ella, Naboo no necesitaba cambiar, Sakura había creado un gobierno fuerte y lleno de bondad, que ojala y nadie pudiera opacar. —Pero dudo que haya otra reina como usted en la historia de Naboo— obvió, viendo a su pupila entornar los ojos al escucharla. —¿Ha pensado en lo que hará, tras dejar el trono?— inquirió, ya que hasta ahora los planes de Sakura le eran un absoluto misterio.

—Mis padres tienen la ilusión que me case y forme una familia— contestó la Haruno sencillamente, —yo también lo quiero, pero no he encontrado al indicado— la sociedad de Naboo era tradicional, y los romances eran cortos antes de que se celebrara un matrimonio, pero ella aún no había encontrado a nadie a quien un día pudiera llamar su esposo. —Mi posición de reina no atrae más que caza fortunas y aduladores— obvió, no sabiendo si sentirse agradecida por ello o no. —Ya veré a donde me lleva el destino— decidió, intentando convencerse a sí misma de que, a futuro, todo estaría bien.

A decir verdad, no sabía que esperar del futuro, ¿qué se suponía que hiciera de ahora en más? Cuando había subido al trono, había sido una inocente adolescente de catorce años, ávida de ayudar a otros, pero ahora y si bien aún era muy ingenua respecto al mundo, era una mujer de veintiún años, apenas y sabía del mundo, mientras otras jóvenes de su edad iban a fiestas y hacían amigos, novios o admiradores, ella apenas y había tenido un novio, algunos políticos le habían propuesto matrimonio estando en el trono, pero el brillo de la corona solo atraía a caza fortunas y tontos avariciosos,…después de Sasuke Uchiha, con quien aún mantenía una activa correspondencia, no había conocido a nadie que se interesara por conocerla por quien era realmente, nadie había intentado llegar a su corazón, salvo sus doncellas, y Naruto que ahora era su escolta personal. El mundo en que se despertaría el día en que dejara el trono, dentro de solo una semana, le sería ajeno, se había ausentado de él por largo tiempo, pero esperaba poder acostumbrarse a este cambio, e intercambiando una mirada con su sonriente amiga y mentora, lady Mei, Sakura se aferró a la esperanza, la esperanza era su única luz en este mundo cada vez más dominado por la corrupción y la incertidumbre, suspirando profundamente ante sus propias cavilaciones mientras lady Mei y ella continuaban paseando por los pasillos del palacio, había sido reina por tanto tiempo, que incluso se había olvidado de lo que era ser una mujer normal, se había privado de ello desde hace siete largos años.

Y ya era momento de volver a serlo.


Templo Jedi, Coruscant

Habiendo participado en todo tipo de batallas pese a solo tener dieciocho años, y habiéndose acostumbrado a sesiones de entrenamiento que lo extenuaban hasta el punto de casi no poder levantarse por las mañanas, Sasuke no recordaba haberse sentido tan mal como esa mañana, la luz que entraba por las persianas de las ventanas de su habitación pareció quemarle los ojos, mientras se cubría con las sabanas, y hasta el más ligero eco de actividad en los pasillos le retumbaba en la cabeza...un minuto, ¿estaba en su habitación? Le tomó un par de segundos confirmarlo, sentándose lentamente sobre la cama y observando las paredes yermas, cubiertas con una que otra fotografía de los lugares en que había estado, realizando misiones, y planos de naves que había modificado o diseñado personalmente, si, esa era su habitación, ¿pero cómo diablos había llegado ahí? Lo último que recordaba, de la noche anterior, era haber hecho preguntas a ciertas personas con tal de obtener información sobre determinado caza recompensas, que había perseguido a través de casi todo Coruscant tras localizarlo, pero el resto de la noche estaba en blanco en su mente. Tras reunirse con los demás miembros del Consejo Jedi e informar del excelso desempeño de su Padawan en la misión, capturando al caza recompensas sin ayuda de nadie, Kakashi abrió la puerta de la habitación de Sasuke, esbozando una ligera sonrisa debajo de la máscara al encontrarse con su despierto Padawan, por su semblante podía afirmar que anoche había sido la primera vez que se embriagaba, alguien había deslizado algo en su bebida—probablemente el mismo caza recompensas, para distraerlo—, mas pese a eso había concluido con la misión, airoso.

—Buenos días— saludó Kakashi, teniendo cuidado con su tono de voz ante la evidente resaca de su Padawan.

—Buenos días— correspondió Sasuke, carraspeando para aclararse la garganta, —¿cómo llegue aquí?— preguntó, no sabiendo si quería escuchar la respuesta.

—No me dijiste y prefiero no saberlo— contestó el Hatake, acercándose a la cama y sentándose frente a su Padawan, —llegaste tarde y completamente ebrio, pero ebrio gracioso— añadió, viendo a Sasuke avergonzarse por esto. —Debo reconocer que me impresiono mucho tu desempeño durante la misión, superaste lo que esperaba de ti—confesó, absolutamente orgulloso por cada uno de sus logros.

—Gracias, Maestro— apreció el Uchiha ante el palpable orgullo en las palabras del Hatake.

Usualmente, Kakashi siempre lo reñía o regañaba por su forma de proceder, pues transgredía el actuar moralista y respetuoso de los Jedi, y muchas veces simplemente se dejaba guiar por sus impulsos, creando sus propias estrategias para atrapar al objetivo en cuestión, o para pilotar una nave, algo que había aprendido de los pilotos de Naboo—entre ellos, principalmente el capitán Shisui—, pero esa era su válvula de escape, era todo lo que tenía para expresar quien era y lo que pensaba, era su forma de ser libre, y aunque se esperaba que Kakashi fuera un Maestro, le inculcara el buen camino y lo alejara del malo, para Sasuke era más un padre, que lo apoyaba siempre que lo necesitaba y que lo acompañaba en todo, como nadie más, felicitándolo ahora por su desempeño en una misión que no recordaba, habiéndola llevado a cabo completamente ebrio, o drogado en el peor de los casos, lo que para otros sería motivo de vergüenza. Viendo a Sasuke como si fuera su hijo, Kakashi no tenía problema con que, por accidente o con intención, su Padawan se embriagara, estaba en su derecho el desear algo de libertad y normalidad del restrictivo código Jedi, eso lo sabía él por experiencia propia, habiendo cometido sus propias locuras, pero lo ocurrido la noche anterior ponía al Hatake en un contexto que había ignorado hasta ahora; Sasuke tenía dieciocho años, para los estándares de la gente normal ya era un adulto, y pese a eso vivía alejado de muchas cosas, reservado a seguir lo que establecida el código Jedi, siendo un ejemplo, un héroe, pero muy ingenuo respecto a muchos temas que Kakashi no había hablado con él hasta el día de hoy.

—Sasuke, como sabes, la disciplina es lo más importante en la vida de un Jedi— comentó el Hatake tras un prolongado silencio, viéndolo asentir en respuesta, —pero también hay momentos en los que tenemos que satisfacer otras necesidades...— decir que la situación era incomoda sería un eufemismo, —te das cuenta de que estoy hablando de mujeres, ¿no?— preguntó, esperando que lo hubiera entendido

—Por supuesto— asintió el Uchiha, sorprendido interiormente porque su Maestro decidiera hablar de ese tema con él.

—Bien— intentó tranquilizarse Kakashi, para proseguir. —Las mujeres son extremadamente intoxicantes, pueden ejercer mucho poder sobre un hombre, especialmente cuando dicen que hagamos algo, decir que no es difícil para cualquier hombre— procedió a explicar, asegurándose de que Sasuke le prestara atención. —Cuando se trata de mujeres, es difícil ser disciplinado, así que de vez en cuando podrías sentir la necesidad de...sucumbir a sus encantos— lo decía, no solo porque su Padawan ahora era mayor de edad, sino porque sabía lo que sentía por cierta mujer. —Por favor, dime que entiendes lo que te estoy diciendo— solicitó, avergonzado a mas no poder.

—Sí, claro que entiendo— tranquilizó Sasuke, absteniéndose de reír por tan incómoda situación, —pero nunca pensé que...supongo que nunca pensé que tú me animarías a...ya sabes— obvió, sonriendo nerviosamente.

—No diría que te estoy animando, solo digo que es perfectamente normal que sientas deseo por una mujer— aclaró el Hatake, diferenciando las cosas, —de hecho estoy sorprendido de que nunca hayas querido hablar de esto antes— normalmente muchos Padawan mostraban atracción por el sexo opuesto siendo más jóvenes.

—Tal vez una razón sea que evado a las mujeres— contestó el Uchiha, sin decir ninguna mentira, ya que tendía ser más bien solitario. —Kakashi, tu sabes bien lo que siento por Sakura— obvió, sabiendo que podía ser sincero con él.

—Y preferiría que no lo sintieras, pero en ocasiones ni siquiera los Jedi podemos ir en contra de lo que dice nuestro corazón— comentó el Hatake, pues los sentimientos que su Padawan tenía por la bella Haruno eran un imposible. —Yo lo aprendí hace mucho tiempo, tenía más o menos tu edad y conocí a alguien, una Duquesa— confesó, teniendo un pasado muy parecido al suyo, si de amor se trataba.

—¿Y qué sucedió?— preguntó Sasuke, sorprendido por aquella confesión.

—Nada, ese es el punto— contestó el peligris, carente de humor. —El amor es algo imperativo en la vida de cada ser en el mundo, pero en ocasiones simplemente no es posible, y en este caso Sakura es un imposible para ti— aclaró, no porque no pudieran violar el código y luchar por el amor a pesar de todo, sino porque un día habría que elegir, y hacerlo sería muy difícil, —no lo digo porque ella haya sido una reina, sino porque eres un Jedi— Sasuke estaba al tanto de que Sakura había dejado su cargo recientemente.

—Lo sé— aseveró el azabache, bajando la mirada, forzado a aceptar la dura realidad.

—Pero también quiero que tengas claro que el apego y el deseo son dos cosas diferentes— aclaró el peligris, para que entendiera bien las cosas, —si alguna vez sientes la necesidad de estar con alguien, entonces está bien actuar en consecuencia, pero asegúrate de no cruzar la línea— era el único estilo de vida que no era imposible para un Jedi y que no los comprometía.

—Hablas de prostitutas— afirmó Sasuke en voz alta, comprendiendo sus palabras.

—Sí, haz lo que tengas que hacer y sigue adelante— confirmó Kakashi, porque era el unico camino que no lo implicaría tanto emocionalmente.

—¿Terminamos la charla sexual? necesito ducharme— mencionó el Uchiha relajadamente, tanto porque lo necesitaba como para eludir aquel tema.

—Claro, y Sasuke...— llamó el Hatake, viendo a su alumno encontrar su mirada con la suya, —te espero para meditar— recordó, pues la resaca no sería una excusa.

Viendo a su Padawan asentir como única respuesta, Kakashi permaneció en la habitación por un par de segundos, siguiendo con la mirada a Sasuke desde que se levantó de la cama, un tanto tambaleante por la resaca, hasta que se dirigió al baño, por cuyo umbral lo vio desaparecer, sonriendo debajo de su máscara para sí mismo al ver que el niño que había quedado a su cargo hace siete años, ya casi se había convertido en un adulto, y se sentía pleno por poder presenciarlo, apartando la mirada y procediendo a abandonar la habitación, tanto para darle privacidad a su Padawan, como para esperarlo en la sala de entrenamiento como cada mañana. A solas en el baño y despojándose de la ropa, Sasuke encendió la ducha e ingreso en esta, dejando que el agua calmara la resaca que sentía, pero también que sosegara sus inquietudes y pensamientos; ya sea que quisiera asumirlo o no, nunca podría tener algo con Sakura, nunca podrían compartir nada más allá de los recuerdos de ese efímero beso que él revivía una y otra vez en su mente, porque el código Jedi prohibía que la amara con la libertad con que cualquier hombre amaría a la mujer que se había adueñado de su corazón, y lo peor de todo es que él estaba orgulloso de ser un Jedi o de serlo cuando terminara su entrenamiento...además, aunque le confesara a Sakura lo que sentía, ¿eso cambiaria las cosas? Sakura probablemente ya tenía a alguien en su vida. No, él no tenía ni jamás tendría un lugar en su vida, solo podía estar incondicionalmente para ella, de la misma forma en que ella siempre estaba ahí para él…


Palacio de Theed, Naboo

Habiendo sido reina de Naboo durante siete años, había pasado tanto tiempo para Sakura desde la última vez en que había podido vestirse y arreglarse por su cuenta, que hasta se le hizo raro volver a hacerlo, luego de que se realizara la ceremonia de traspaso de poder, en que abandonaba para siempre su título de reina Hanan y se le daba el poder a sus asesores, para acompañar de ahora en más a la nueva soberana, elegida democráticamente. Como reina, Sakura había superado todas las adversidades a su paso y se había mostrado como una soberana capaz, pese a su juventud, había reinado bien, y ahora su mandato llegaba a su fin, abriendo las puertas de su vieja habitación, hacia su nueva vida, encontrándose con Naruto esperándola fielmente, sonriendo al verla aparecer. La Haruno portaba un sencillo vestido de seda negro, de escote cuadrado adornado por diminutas perlas en el contorno—debajo un cuello falso de gasa blanca en V—, mangas holgadas que se ceñían para formar muñequeras de aspecto restrictivo con detalles color cobre, con falda lisa que se arremolinaba ante su andar, y sus largos rizos rosados caían sobre su hombro derecho y tras su espalda, peinados en una trenza de tipo cintillo sobre su cabeza, y usando unos sencillos pendientes de oro en forma de corazón, decorado por perlas en forma de lagrima, era un vestido tanto solemne como al mismo tiempo discreto, lo que se esperaba de una reina que dejaba el trono con el amor de su pueblo envolviéndola en todo momento. No parecía triste ni estaba triste por dejar el poder, pues no lo había aceptado por vanidad ni ambiciones personales.

—¿Lista?— consultó el Uzumaki, dispuesto a acompañarla a donde fuera.

—Lista— asintió la Haruno, inspirando aire profundamente y dejándose guiar por él, para salir del palacio.

Si bien continuaba siendo un astromecánico comprometido al trabajo de su vida, Naruto también había tomado un nuevo rumbo ahora que Sakura había abandonado el trono, había decidido convertirse en su escolta y guardaespaldas personal, tanto por su amistad como porque sería una vida mucho más tranquila, así preocuparía menos a su madre Kushina, que estaba intentando buscarle novia, pese a su negativa. El Uzumaki, vestía una corta chaqueta azul oscuro con desgastados detalles plateados, de cuello alto y cerrado, sin mangas y ceñida a su torso, debajo una camisa azul de cuello redondo y mangas ceñidas a las muecas, pantalones de igual color, con un faldón hasta las rodillas y abierto en el frente para formar una cola, y botas negras, con su exuberante cabello rubio tan rebelde como siempre. En su camino por los vacíos pasillos del palacio, en completo silencio, resultó una sorpresa para ambos encontrarse con el capitán Rasa Sabaku, escoltando a una bella mujer que debía tener la misma edad que Sakura, de rizos azules peinados por una diadema de plata con cristales azules en forma de enredadera casi a la altura de la frente, ataviada en un vestido azul con bordados de oro en el borde del escote corazón y a la altura de la cintura, con falda de dos capas—una superior azul y otra inferior celeste claro—, con mangas traslucidas celeste claro, y alrededor de su cuello una cadena de plata de la que pendía un medallón dorado con un zafiro oval en el centro; la escena inevitablemente trajo muchos recuerdos a Sakura, del día en que había subido al trono, pues sabía que tenía delante a su sucesora, lady Konan Akatsuki.

—Mi lady— reverenció Rasa, deteniendo su andar ante su anterior soberana. —Permítame presentarle a la ahora reina Konan; Alteza, le presento a su predecesora en el cargo de reina, lady Sakura Haruno— aclaró a una sorprendida peliazul.

—Es un honor conocernos finalmente, mi lady— saludó Konan con una sincera sonrisa.

—El honor es mío, Alteza— correspondió Sakura, realizando una reverencia que Naruto no dudó en imitar. —Capitán, dejo a la nueva reina a su servició, sé que podrá ayudarla y brindarle la magnífica guía que me brindo a mí, confió ciegamente en ello— delegó con una discreta y amable sonrisa. —Le deseo la mayor de las suertes en su primer mandato, Alteza— manifestó, regresando su atención a su sucesora.

—Muchas gracias— agradeció la Akatsuki, profundamente honrada por su aprobación. —Quería pedirle un favor, si no es mucha molestia, lady Sakura— comentó dubitativa, mas sosegando sus inquietudes al verla asentir. —Soy mayor que usted, bien lo sabe, pero este cargo me resulta abrumador, y antes de ser coronada, quiero que sepa que admiro profundamente su legado, y espero que pueda convertirse en una asesora y confidente para alguien como yo, que espera poder emular sus grandes logros— el peso del trono nunca había sido tan grande como ahora, más teniendo semejante predecesora.

—Desde ahora, puede verme como tal, Alteza— consintió la Haruno sin problema alguno, —y no dude en llamarme, que yo acudiré de inmediato— era su deber, como ex reina.

—Muchas gracias— sonrió la peliazul, conteniéndose para no abrazarla en un arrebato de emoción. —Hasta pronto— se despidió, con una sonrisa diplomática y conciliadora.

Sonriendo ligeramente en respuesta, empatizando con lo difícil que era contener sus emociones, en un cargo como el de reina, que sublimaba las emociones y exigía mucha frialdad emocional, Sakura se despidió de su ahora reina con una profunda reverencia como símbolo de respeto, aunque ella no hubiera sido coronada aún, siendo imitada por Naruto, y solo entonces continuando con su camino en tanto la reina Konan y el capitán Sabaku seguían el propio, en la dirección contraria. Interiormente, Sakura se maldijo por ser incapaz de decir que no, se suponía que hoy comenzaría su nueva vida, se desligaría de la política y trataría de llevar la vida normal de cualquier joven mujer de veintiún años, sus padres se lo agradecerían tras estar gravemente preocupados durante la Invasión de la Federación de Comercio hace siete años. Caminando junto a Sakura, en silencio y aunque se sorprendió por las palabras de ella, particularmente por la promesa de ayudar incondicionalmente a la ahora reina Konan en su mandato, no lo demostró, no tenía porque, ese no era su asunto, después de todo nadie, ni siquiera Naruto, se había atrevido a preguntar a Sakura cuáles eran sus planes de vida una vez dejara el trono, ahora y por primera vez ella realmente era libre, podía ser egoísta, soñar y perseguir los sueños que deseara, nadie la culparía por ello, pero pensando precisamente en su derecho de ser libre, resultó confuso para Naruto que su amiga pretendiera volver a ceñirse la soga al cuello—por así decirlo—y convertirse una especie de asesora o mentora para la nueva reina, que naturalmente querría tener su ayuda y apoyo en su mandato.

—¿No dijiste que planeabas retirarte?— preguntó Naruto, intentando entenderla.

—No presiones, Naruto— contestó Sakura en un suspiro, teniendo el mismo problema.

Recibiendo aquella respuesta, Naruto solo asintió en silencio, encogiéndose de hombros y sabiendo que, pasara lo que pasara, Sakura tomaría la mejor decisión, fuera cual fuera el caso, él confiaba en ella y estaba seguro de que nadie podría pensar tan seria y sabiamente las cosas como ella, además y de cualquier modo, él estaría a su lado en todo lo que hiciera. Abandonar la política era quizás lo que querían sus padres y su hermana mayor, quizás era lo que debería hacer tras haber expuesto su vida, siendo tan joven, pero no podía hacerlo, no tan de golpe, ¿cómo? Había pasado casi la mitad de su vida involucrada con la política, necesitaba más tiempo, tanto para mentalizarse como para tomar un nuevo curso de acción, y por ahora al menos necesitaba pensar más profundamente que es lo que haría con su vida, y este se convertiría en su nuevo camino, aunque fuera temporalmente. Hasta entonces, necesitaba descubrirse a sí misma para saber qué camino tomar, había mucho de su verdadero yo que aún no conocía ni entendía, en sus cartas Sasuke siempre elogiaba lo autentica que era, compasiva y amable con todos, pero para Sakura estos eran simplemente sus propios valores, siempre había seguido los principios que le habían enseñado sus padres, y para poder comenzar su nueva vida, necesitaría tener claro quién era en realidad, y lo que quería en la vida.

Necesitaba saber quién era realmente.


Tattoine

Tras la confesión de Fugaku, Mikoto había pasado alrededor de una semana en un profundo estado de introspección, su trato en nada había cambiado, ella seguía siendo la figura femenina de la familia, una madre para Itachi y una compañera de labores para Fugaku, pero sus conversaciones con él habían sido más bien escuetas, esenciales, nada más ni nada menos, y le había tomado mucho tiempo llegar a un consenso respecto a sus sentimientos, aprovechando el día de hoy, en que Itachi estaba visitando a Izumi, y Sai estaba trabajando en los evaporadores. En honor al caluroso ambiente de Tatooine, portaba un vestido de tipo túnica color rosa claro, de escote cuadrado y falda lisa, con mangas ceñidas hasta los codos y que encima tenía una holgada capa superior, de escote redondo y ligeramente más bajo, ceñido bajo el busto y de mangas holgadas hasta los codos, donde se abrían como lienzos, falda abierta bajo el vientre, y su largo cabello azabache estaba peinado en dos largas trenzas que reposaban sobre sus hombros, adornado por un cintillo dorado cobrizo, del mismo color que el cinturón que ceñía la túnica a su cuerpo. A solas en su habitación, revisando los registros sobre los nuevos repuestos que tenía pensado comprar, tan pronto como fuera a la ciudad de Mos Eisley o Mos Espa, Fugaku se sorprendió al escuchar que la puerta se abría, alzando la mirada para encontrar sus ojos con el rostro de Mikoto, no era intención de Fugaku pensar que todo giraba a su alrededor y que Mikoto estaba ahí con él, para hablar de sus sentimientos, pero su presencia no lo dejo interpretar otra razón.

—Fugaku— saludó ella, esbozando una nerviosa sonrisa, ingresando lentamente en la habitación, viéndolo levantarse de la cama. —Quería hablar contigo, sobre tu confesión— declaró finalmente, estando en igualdad de condiciones.

—¿Ya decidiste algo?— preguntó él, casi con un hilo de voz, no sabiendo cuál sería su respuesta.

—No tengo nada que decidir— obvió Mikoto, haciendo que él bajara la mirada con interior decepción, —¿qué puedo decir?, ¿cómo puedo negarme?— preguntó al aire, sorprendiéndolo, y viendo como reemplazaba su decepción por una ligera sonrisa ladina, a la que ella no dudo en corresponder. —La gente no volverá a mirarte igual, no nos miraran del mismo modo…— advirtió, dándole la oportunidad de cambiar de parecer.

—Tú serás mi esposa, y yo tu esposo, solo eso deben saber— protestó Fugaku, completamente seguro de sus sentimientos por ella.

Pese a lo soñadoras que sonasen sus palabras, Fugaku no era ningún tonto, sabía que quizás algunos no verían con buenos ojos que eligiera tomar por esposa a una antigua esclava, puede que la esclavitud estuviera demasiado normalizada en Tatooine, pero muchos aún no creían que fuera correcto tener a una esclava como una compañía más cercana que como una amante, y Fugaku no quería que nadie viera a Mikoto de esa forma, si había mujer más virtuosa, amable o dulce que ella, no la conocía, y para mantener el honor de ella intacto, tras haberla liberado de su anterior calvario, deseaba que fuera su esposa, su compañera de vida, en toda regla. Para Mikoto, habiendo sido hecha esclava a una edad temprana, ni siquiera recordando su lugar de origen o el amor de una familia, la felicidad había sido con certeza el deseo más irrealizable en su vida, había experimentado tanto maldad como bondad de aquellos que habían sido sus dueños, y solo había encontrado el amor y la alegría cuando su hijo Sasuke había nacido, había encontrado una razón para vivir al criarlo e instarlo a cumplir sus sueños, anhelando la libertad a través de él, y había vivido el dolor más profundo por haberlo dejado ir para que él tuviera una vida mejor, lejos de Tatooine, aunque ella sufriera en el proceso, pero ahora—sonriendo al encontrar su mirada con la de Fugaku, sintiéndose absolutamente plena—la alegría realmente había llegado a su vida, tenía la irrealizable oportunidad de ser feliz, y no importa que pasara, no iba a desperdiciarla...


Palacio de Theed, Naboo

Solo habían transcurrido un par de semanas desde que había abandonado el palacio de Theed, tras ser relevada en el trono por la actual reina Konan, y ahora se encontraba regresando como invitada, porque su Alteza deseaba verla para recibir su consejo respecto a cierto asunto, y noble de sentimientos como era, Sakura no había podido negarse, además, le había prometido a la reina que siempre estaría cerca en caso de que la necesitara, mas no había esperado que lo hiciera tan pronto. Portaba un espléndido vestido azul zafiro perfectamente ceñido a su figura, con cuello alto y recogido en la parte posterior, de escote en V, mangas holgadas que se abrían a la altura de los codos y falda de múltiples capas, debajo de una chaqueta superior azul grisáceo con flores de cerezo estampadas en encaje cobrizo, de escote en V cerrado bajo el busto hasta la altura del vientre por cuatro botones de diamante—como el vestido debajo—, y mangas que se abrían desde los hombros como lienzos, con sus largos rizos rosados recogidos en una desordenada coleta que caía tras su espalda, resaltando la diadema de oro en forma de flores de jazmín sobre su cabeza, pendientes de oro y diamante en forma de lagrima, y alrededor de su cuello una guirnalda con cristales en forma de lagrima. Escoltada por el ahora capitán Gaara Sabaku, hijo del capitán Rasa y su sucesor a cargo de la seguridad de la nueva reina, la Haruno se dejó guiar al salón del trono, donde la ahora reina esperaba por ella, solemnemente sentada sobre su trono y acompañada por sus doncellas.

—Alteza— reverenció Sakura, bajando respetuosamente la cabeza ante su soberana.

—Lady Sakura— saludó Konan, sonriendo desde su trono, —me alegra que haya encontrado un momento para venir— para ella significaba mucho su presencia.

—No habría sido de otro modo— correspondió la Haruno sinceramente. —Dígame, Alteza, ¿en qué puedo ayudar?— consultó, yendo directo al punto.

Volviendo la mirada hacia los guardias que permanecían en la puerta de la estancia, Konan les ordenó en silencio que las dejaran a solas, lo que no dudaron en llevar a cabo, al igual que las propias doncellas de la reina, aunque estas se quedarían fuera de la habitación, aguardando a ser solicitadas en cualquier momento, mientras la reina invitaba a su huésped a tomar asiento frente a ella. En comparación con Sakura, que había sido una reina joven—de solo catorce años—al momento de subir al trono, Konan era una reina un tanto más madura, tenía veintitrés años, y como tal su estilo de vestir era más maduro, ataviada en un espléndido vestido rojo de escote corazón, favorecedoramente entallado a su figura, de mangas ceñidas hasta los codos, que se tornaban acampanadas y traslucidas hasta casi cubrir las manos, y falda de múltiples capas, encima una chaqueta de encaje ribeteada en diamantes, sin mangas y escasamente cerrada a la altura del vientre, su largo cabello azul—tinturado en el ceremonial degrade del castaño al naranja—caía como una cascada de rizos tras su espalda y sobre su hombro derecho, resaltando la corona de oro, rubíes y granates en forma de lirios sobre su cabeza, con unos pendientes de cuna de plata con un rubí en forma lagrima en el centro, a juego con los dijes de la guirnalda alrededor de su cuello. Sonriendo ligeramente, Sakura se sujetó la falda del vestido al sentarse frente a su reina, divertida por la facilidad para dar órdenes en aquel palacio.

—Gracias a usted, mi lady, Naboo goza de su primera y más genuina paz desde hace siglos; estamos en paz con la galaxia y con los gungans, y nos hemos recuperado completamente de la invasión de la Federación de Comercio— felicitó Konan, admirando todo cuanto su predecesora había logrado. —Pero, el ascenso del Senador Shimura como Canciller representa un problema que aún no podemos solucionar— recordó, ya que ningún Senador duraba mucho tiempo en el cargo, desde entonces. —No hay muchos políticos actualmente capaces de representar a Naboo en el Senado— había políticos capaces, pero no a ese nivel.

—Puedo hablar con algunos de mis contactos y ofrecerle varias sugerencias, si me lo permite— intentó ayudar Sakura, si con ello aligeraba la carga de su reina.

—Y se lo agradezco, pero no puedo confiar tan importante labor a alguien al azar— obvió la reina, sin dudar de los conocidos de la Haruno, mas ya teniendo a alguien más en mente. —Mi lady, el pueblo esta con usted, incluso la venera…y estoy convencida de que sería lo mejor para todos, que usted aceptara el cargo y nos representara en el Senado— manifestó por fin, siendo absolutamente sincera.

Como soberana y pensando objetivamente, Konan había discutió largamente el tema con sus asesores tras su subida al trono, Naboo había quedado sin representante en el Senado, el Senador Akitoki había hecho presente su renuncia recientemente, era intolerable que la democracia no siguiera su curso y no hubiera un rostro visible de Naboo en la bélica lucha política de Coruscant, y Konan solo conocía a una persona capaz de actuar con diplomacia, ecuanimidad, tolerancia y justicia, solo conocía a una persona capaz de velar por Naboo y por la democracia en su máxima expresión, a la mujer que tenía delante, pero también comprendería si ella se negaba, cualquiera lo haría de estar en su lugar. La petición de su reina tomó completamente desprevenida a Sakura, cierto es que había seguido muy de cerca la carrera política de cada nuevo Senador que era enviado a representar a Naboo en el Senado de la Republica, en Coruscant, todos ellos acababan renunciando porque sentían no poder lidiar con la responsabilidad, y no es que Sakura se sintiera asustada al respecto, pero…mentiría si dijera que no se le hacía un nudo en el estómago solo pensarlo, ¿podía con algo así? Había sido reina hasta hace solo unas semanas, había anhelado la esperanza de deshacerse del cargo de reina y aprender a vivir su propia vida, aprender a conocerse a sí misma, ¿y ahora debía volver a sumergirse en la política?, ¿estaba a la altura siquiera?, ¿no era demasiado joven o muy poca cosa? No se sentía capaz, el cargo le resultaba inmenso y absolutamente apabullante.

—Alteza, es un honor, y agradezco su confianza— contestó Sakura finalmente, ocultando sus emociones lo mejor posible, —pero necesito considerar seriamente el asunto, antes de aceptar— añadió diplomáticamente, para ganar tiempo.

—Por supuesto, disponga de todo el tiempo que necesite— aceptó Konan de inmediato, no deseando presionarla de ninguna forma.

Más que satisfecha con la respuesta de la Haruno, Konan sonrió ligeramente, sabiendo que su predecesora tomaría la mejor decisión, no solo para ella sino también para Naboo—ella sabía que no podría ser de otra forma—, instándola a tomar uno de los bocadillos que yacían servidos sobre la mesa, mientras ella servía el té para ambas, ese había sido solo uno de los asuntos que deseaba discutir con ella, Sakura había sido reina de Naboo en—quizás—el periodo más difícil que había vivido el planeta, en siglos, y había salido airosa como una especie de deidad, Naboo veneraba por completo a Sakura, y Konan la necesitaba para poder darle a su pueblo lo que necesitaba, por eso deseaba dejarse asesorar por ella. Sonriendo, Sakura recibió encantada la taza de té, que se llevó lentamente a los labios, camuflando su incertidumbre y nerviosismo, ser la asesora política de la reina era una tarea sencilla y que no se plantearía dos veces en llevar a cabo, pero ser Senadora de Naboo era un cargo demasiado grande, no creía estar a la altura ni ser capaz de aquel honor, era demasiado insignificante, no tenía ambiciones personales, cierto es que había deseado formar parte de la política de Naboo pese a haber dejado el trono sin arrepentimientos, porque pensar en su gente era algo innato de su persona, por ello amaba la política y la democracia, pero se había encontrado con un muro y no creía poder llegar más allá.

Necesitaba pensarlo.


Tras su reunión con la reina, en que habían discutido amenamente los planes que ella tenía para el futuro, Sakura había regresado a casa de sus padres, aún vivía con ellos al no haber encontrado una casa propia que satisficiera sus ideales, y para encontrarse rodeada del afecto de ellos, y de su hermana Yuna que estaba de visita, junto a sus dos hijas; Shina y Naomi de cinco y tres años, y su esposo Arsen, todos reunidos en la sala en torno a una muy angustiada Sakura, con Naruto entado sobre la alfombra, intercalando su mirada entre todos los presentes. Sentada a la diestra de su hermana menor, Yuna portaba un sencillo vestido celeste de escote cuadrado, falda de múltiples capas y mangas ceñidas que se tornaban acampanadas y traslucidas, encima una corta chaqueta azul oscuro hasta los muslos, estampada en finas plumas color café, sin mangas y de escote redondo, ligeramente más bajo y cerrada hasta la altura del vientre, decorada por un cinturón de cadenas de plata, y sus largos rizos castaños almendrados caían sobre sus hombros, adornados por una diadema de tipo cintillo que formaba una corona de rozas azules hechas de cristal, con finas cadenas a la altura de su frente, alrededor de su cuello un collar de plata con un dije idéntico, y un par de pendientes a juego. Para ella, la reina había tomado una sabia decisión, su hermanita era la política más capaz que había en Naboo, nadie le llegaba a los talones, vivía desinteresadamente y luchaba por los más vulnerables, los oprimidos, ¿qué soberano no querría tener a alguien así?

—La solicitud de la reina es razonable— concluyó Mebuki, al cabo de tan prolongado silencio.

—Lo sé— asintió Sakura, apoyando su espalda en el diván, —aunque no había pensado en convertirme en Senadora, en absoluto— había tenido pensado alejarse de la política, no seguir formando parte de ella.

—Creo que deberías pensarlo, Sakura— opinó Yuna, encontrando su mirada con la de su hermana, —es lo que siempre has querido, formaras parte importante de las negociaciones, pero tendrás una vida más relajada de la que ya has llevado— siendo Senadora tendría todas las libertades que una mujer normal merecía, sería una reina pero sin el título y sin tantos sacrificios. —Y en cierto modo facilita mucho más las cosas— obvió con una sonrisa, viendo el lado positivo de las cosas.

—Si, además, no estaré mucho tiempo en Coruscant, pero no puedo estar segura— discutió la pelirosa, sin saber bien que hacer, —¿y si me equivoco?, ¿y si fallo?— preguntó finalmente, necesitando la opinión de su familia.

El inmediato impulso de Mebuki, como madre, fue situar sus manos por sobre las de su pequeña hija, ataviada en un vestido celeste, de recatado escote cuadrado y falda lisa, que pasaba desapercibido debajo de una chaqueta de igual color—con finos bordados en forma de rosa—pero más brillante, de cuello alto y cerrado que daba paso a un profundo escote cerrado bajo el busto, de mangas ceñidas y que se tornaban acampanadas y abiertas a la altura de los codos, con falda abierta bajo el vientre, ceñido a su cuerpo por un fajín de la misma tela, y su cabello rubio castaño caía tras su espalda en una cascada de rizos, adornado por una compleja diadema que recreaba margaritas hechas de oro y decoradas con perlas, con pendientes a juego, y un broche a la altura de su vientre, en el frente del fajín de su vestido. Su esposo Kizashi portaba una camisa azul oscuro de cuello alto y cerrado por botones de plata y mangas ceñidas, de aspecto desgastado, encima una chaqueta superior de idéntico aspecto pero ligeramente más oscura, de cuello en V cerrado a la mitad del pecho, cortas mangas por encima de los codos y faldón hasta las rodillas, abierto bajo el vientre para exponer unos pantalones negros y botas de cuero. Ambos habían estado ahí para su hija en todo momento, la habían visto pasar de una inocente y muy integra joven a una mujer fuerte y de corazón bondadoso, que siempre velaba por lo mejor para su pueblo, pensando en ellos antes que en ella misma, en cada respiro, ¿quién más sino ella podría con la tarea?

—Sakura, fuiste reina por siete años— recordó Mebuki a su hija, sosteniéndole la mirada, —¿en serio crees que no podrás hacer esto?— solo ella podría

—Yo estoy convencida de que mi hermanita podrá hacer lo que se proponga— respaldó Yuna con una sonrisa, —pero esta vez tienes que ser un poco egoísta, y confiar en nosotros— añadió, involucrando a toda la familia, pues todos estaban con ella.

Sonriendo ligeramente, envalentonada o alentada por las palabras de su familia, por el apoyo incondicional de todos, incluido su cuñado Arsen que le sonrió al encontrar su mirada con la suya, Sakura asintió en silencio, sintiéndose más segura, porque era cierto, deseaba seguir siendo pare de la política de Naboo, ¿de qué otra forma seguiría velando por su pueblo? La vida de su gente y la preservación de la justicia eran su mayor deseo, deseaba entregar su vida a otros, siempre lo había hecho, ese era el camino que tenía en común con los Jedi, de los que podría haber formado parte un día. Luego de una profunda reflexión que tomó varias horas, ya bien entrada la noche, Sakura envió un comunicado al capitán Gaara Sabaku, y que tuvo a bien presentarse en su casa a la mayor brevedad posible. La situación le trajo muchos recuerdos a Sakura, aun reunida en la sala de su hogar, junto a sus padres y su hermana—Arsen se había retirado al segundo piso para hacer dormir a sus hijas—, como el día en que hace siete años atrás se había convertido en reina, esta vez la situación era un paralelismo, con el capitán Gaara reverenciándola respetuosamente y acompañado por dos oficiales como testigos o escolta, esta vez no sería necesario que la llevaran a al palacio, solo que ella diera su veredicto a la propuesta que la reina Konan le había hecho horas atrás, sin grandes ceremonias.

—Gracias por acudir tan pronto a mi llamado, capitán— agradeció Sakura, con una ligera sonrisa.

—De nada, mi lady— correspondió Gaara con actitud solemne, esperando su veredicto.

—Puede informar a la reina que he decidido aceptar su petición, y servir como representante de Naboo en el Senado de la República— declaró la Haruno finalmente, no deseando que él ni ninguno de los presentes perdiera su tiempo.

Estaba hecho, y de ipso facto, con esa sola decisión, sintió nuevamente un gran peso sobre sus hombros, mas no era como el peso de la corona de Naboo, no sentía que fuera a cortarle la respiración, de hecho se sentía libre, sentía que el cargo de Senadora era solo un título, no más, nada tan engorroso y que fuera a pedirle que sacrificara su vida, solo una responsabilidad, una que realizaría con honor y entregando toda su voluntad y energía en ello. Pero, una pregunta inevitablemente rondo la mente de Sakura; ¿quién era ahora que ya no era la reina? Había entrado en la política a una edad tan temprana y se había dedicado tanto a luchar por su gente, que ahora no creía tener otra identidad fuera de la de reina Hanan, pero ese título y nombre ya no era suyo ni lo sería otra vez. Tendría que aprendedor a desarrollar su propia identidad, y ser quien era; Sakura Haruno


PD: Hola, hola mis amores, prometí actualizar esta semana y lo cumplo, agradeciendo su apoyo y deseando que cada nueva actualización sea de su agrado :3 les recuerdo que, por mis clases y estudios, solo actualizare una historia por semana, por lo que ténganme paciencia :3 las próximas actualizaciones serán "Kóraka: La Sombra del Cuervo" la próxima semana, "La Reina Olvidada" la siguiente y por último "Más"Más Que Nada en el Mundo", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a carlos29 (agradeciendo sus palabras y poder contar con su aprobación), a "ktdestiny" (agradeciendo su apoyo y dedicándole cada capitulo), a Guest, (agradeciendo sus palabras y aportes, como los de todos), y a todos que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Cronología & Cambios: los eventos que suceden en el capitulo tienen lugar dos años y medio después que el capitulo anterior, por ello Sasuke tiene dieciocho y Sakura tiene veintiuno, y Naruto tiene veinte años. Muchas de las escenas concernientes a Sakura y sus sentimientos, pasando de reina de Naboo a Senadora están inspiradas en la Novela de E. K. Johnston, "La Sombra de la Reina", que narra la vida de Padme Amidala tras los eventos de "Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma", pero los vestuarios son de mi autoría y están inspirados en la moda turca, francesa y española. Konan viene a representar a la reina Jamilla en esta adaptación, reina de Naboo tras Padme Amidala en los eventos canónicos. Las escenas de Mikoto y su vida en Tatooine están inspiradas en las primeras escena de la novela de "Star Wars Episodio II: El Ataque de los Clones", en que Shmi Skywalker menciona que ve a su hijastro Owen Lars como si fuera su propio hijo, por ello lo aludí a lo largo de todo el capitulo.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3