-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "I Was Here" de Beyonce para Sakura, "Nothing I've Ever Know" de Bryan Adams para Sasuke y "A Dangerous Mind" de Within Temptation para el contexto del capitulo.
En medio del incesante ajetreo que era Coruscant, una nave Nubian 327J cruzó la monótona rutina de todos los otros trasportes, dirigiéndose hacia una lanzadera en particular que yacía reparada para recibir a la notable personalidad que llevaba a bordo, y que era ansiosamente esperada mientras la nave aterrizaba casi sin emitir sonido y su rampa se abría para dejar paso a la ahora Senadora de Naboo. Debido al frio aire se los suburbios de Coruscant, la Senadora vestía una largo abrigo de terciopelo negro que cubría por completo sus ropajes, entallado a su esbelta figura, largo hasta los tobillos y con mangas ceñidas hasta los codos donde se tornaban acampanadas, con cuello en V forrado en piel y un tocado de tipo torre forrado en seda gris oscuro con bordados plateados y largo velo, con sus largos rizos rosados cayendo sobre su hombro derecho y tras su espalda, haciendo resaltar un par de finos pendientes de diamante en forma oval. Puede que ya no fuera reina, pero era difícil pensar que no lo era, acompañada por el jefe de seguridad de la reina Konan, el ahora capitán Gaara Sabaku, así como por un sequito de guardias y dos doncellas; Pavlin y Matsuri, que habían sido parte de las candidatas al trono Nubiano hacía ya tantos años y que ahora no dudaban en estar a su servicio y asistirla en todo, compartiendo una vieja amistad. Sujetándose la falda del vestido para no tropezar, el rostro de Sakura fue adornado por una inmediata sonrisa al ver el rostro familiar que estaba esperándola:
—Me alegra verla nuevamente, Senadora— saludó el Maestro Onoki con una sonrisa.
—Maestro Onoki— correspondió Sakura, inclinando respetuosamente la cabeza ante el Maestro Jedi.
Habían pasado ocho años desde la última vez que la ahora Senadora de Naboo había visto al Gran Maestro Jedi, que podría haber sido su mentor si se hubiera unido a la orden siendo solo una niña y a quien guardaba un profundo respeto por su inmensa bondad, ecuanimidad y generosidad para con otros, de ahí que lo reverenciara como solo haría con su soberana la reina Konan, pero tras dejar pasar un instante y rodeada de la mirada de personas de su entera confianza, la Haruno cruzó los pasos de distancia que los separaban y se arrodillo ante el Maestro Jedi, envolviendo sus brazos alrededor de él en un afectuoso abrazo. El último en bajar de la nave, atento a todo, fue Naruto quien vestía un uniforme impoluto hecho de cuero y seda azul oscuro, conformado por una chaqueta de cuello alto y cerrado por cinco botones de plata, con bordados plateados casi opacos, hombreras de cuero negro, cortas mangas hasta los codos—debajo las mangas ceñidas de una camisa azul grisáceo—, ceñida a su cuerpo por un fajín negro con un broche que representaba el emblema de Naboo y continuaba en una larga caída hasta las rodillas, pantalones azul oscuro y botas de cuero negro. El Uzumaki sonrió ligeramente ante el afectuoso intercambio entre su amiga y Senadora con el Maestro Onoki, para Sakura había sido difícil pasar todos estos años separada de los amigos que había hecho en Coruscant hace casi una década, por lo que este regreso a la capital política era bien recibido, por todos.
—Confieso que no esperaba este recibimiento, pero es más bienvenido que ningún otro— apreció Sakura sin hacer desaparecer su sonrisa e irguiéndose lentamente del suelo. —Lo extrañe mucho— declaró sinceramente y sin poder contenerse.
—Cuando me dijeron que había sido elegida Senadora, tenía que venir, y felicitarla personalmente— correspondió Onoki, conmovido por su aprecio hacía él. —Felicidades— celebró, sabiendo que en ella tenía a una sincera y única amiga.
—Muchas gracias— agradeció la Haruno. —Espero de todo corazón, poder marcar una diferencia estando aquí, y espero poder contar con el apoyo de los Jedi en mis decisiones— puede que no fuera Jedi, pero si compartía su camino y preceptos.
—Lo tendrá, eso simboliza mi presencia— garantizó el Maestro Jedi, sin titubeos. —Hoy en día, son pocos los políticos en quienes podemos confiar, por no decir ninguno— la Senadora asintió al escucharlo, compartiendo su opinión. —Los Jedi y el Senado son dos mundos separados, pero que no tienen por qué enfrentarse— ambos mundos debían velar por el bien de la Republica, y no podían distanciarse entre sí.
—Pienso igual— asintió Sakura, profundamente honrada porque él la considerase tanto, —por ello vengo con una agenda de propuestas para el Senado, evitando todo conflicto con los separatistas, el dialogo ha de mantenerse— la guerra no era su camino ni el de los Jedi.
—La Fuerza sabe que los Jedi no queremos una guerra— aseveró Onoki, hablando en nombre de todo el Consejo y la Orden Jedi.
—Ni mi mundo, ni yo— respaldó la Haruno tanto sincera como diplomáticamente. —Tengo el presentimiento de que lo pasaremos muy bien— vaticinó con mofa.
Habitualmente sereno, estoico e imperturbable para todos quienes lo vieran, el Gran Maestro Jedi rió por lo bajo, una acción que muy pocas veces se veía de él, pero poder ver a una persona tan agradable y amena de tatar como lo era Sakura Haruno, antes reina y ahora Senadora de Naboo, era algo que conseguía alegrar a cualquiera y más a él, confiaba a ciegas de que ella traería nuevos aires a la tensa política y lo más importante, defendería la paz por encima de cualquier otra cosa, que es lo mismo que buscaban los Jedi, porque nadie quería librar una guerra con los Separatistas. Más feliz de lo que se había sentido en mucho tiempo, Sakura se mordió el labio inferior para no estallar en carcajadas, lo que replicaron sus doncellas Pavlin y Matsuri que la conocían tan bien, así como su pasado en cuanto a los Jedi se refería, aunque quizás no tan bien como Naruto que aprovecho la ocasión para situarse a la diestra de la Haruno, como su mano derecha y el principal encargado de su seguridad, así como su amigo. Y hablando de amigos…Sakura no pudo evitar que su corazón latiera un más rápido ante la sola idea de volver a ver a Sasuke, todos estos años separados y solo pudiendo permanecer en contacto por mensajes o cartas había hecho que el anhelo de volver a verse apenas y pudiera ser contenido, como los extraños sentimientos que tenía y que sobrepasaban el cariño que dos amigos deberían de tener, pero que ella no sobrepasaría, porque no era posible que hubiera algo más.
Ella era una Senadora y él un Jedi.
Sabiendo bien a donde se dirigía, habiendo estado en el Senado con anterioridad, Sakura mantuvo la frente en alto mientras las puertas de la oficina del Canciller Danzo Shimura se abrían a su paso, acompañada por un reducido sequito de guardias, Naruto y sus doncellas, manteniéndose estoica e imperturbable cuando el rostro de su antes embajador quedo a su vista, sentado delante de su escritorio como Canciller, no le había inspirado confianza entonces y eso en nada cambiaba ahora. La ahora Senadora de Naboo vestía unos elegantes usares de color azul, compuestos por un sobrio vestido azul oscuro de escote cuadrado y mangas abullonadas a la altura de los hombros, que se tornaban ajustadas y cortas hasta los codos, abierto a la altura del vientre para exponer la falda del vestido inferior, que solo era visible mediante las mangas abiertas como lienzos frontalmente en los codos para exponer los brazos, de cuello alto y abierto en caída en V, llevando alrededor de su cuello una delicada guirnalda de plata decorada por cristales con un dije en forma de flor con un cristal en forma de lagrima en el centro—el collar que Sasuke le había obsequiado, que ahora podía usar con gusto—, y que se complementaba con un par de pendientes de plata y cristal en forma de lagrima, y sobre sus largos rizos rosados que caían tras su espalda se encontraba un magnifico tocado de plata, diamantes, topacios y zafiros, ligeramente alto y de tipo torre, sosteniendo un largo velo azul oscuro.
—Canciller— saludó Sakura con el debido respeto, inclinando la cabeza al detenerse ante el escritorio.
—Senadora Haruno, bienvenida— correspondió el Canciller Shimura de inmediato.
Ya fuera por respeto o amistad sincera—esto podía ser interpretado a voluntad—, el Canciller se levantó de su escritorio y se dirigió hacia la Senadora, a la que beso en la mejilla, más cercano de lo que con seguridad se habría mostrado si ella aun fuera la reina, pero ya no lo era, lo que hacía que Danzo se sintiera más poderoso, sabiendo que mal que mal, ella estaba por debajo de él ahora, como todos en la galaxia, lo que hizo que el Shimura sonriera ladinamente por un instante antes de encontrar su mirada con la de la ahora Senadora de Naboo. De pie junto a Danzo permanecía lady Takara, la esposa del poderoso Canciller y la dama más importante de la ciudadela, portando un elegante pero modesto vestido de seda azul oscuro, con mangas ceñidas a los codos y que continuaban en lienzos abiertos para exponer los brazos, escote en V y falda de múltiples capas, teniendo encima una chaqueta de tafetán purpura con bordados ébano y marrón que recreaban tulipanes, de cuello alto en la parte posterior y abierto en el frente, sin mangas y con falda en A abierta bajo el vientre, destacando por su brillante cabello naranja que mantenía recogido tras su nuca, adornado por una diadema de plata compuesta de escamas, diamantes y perlas, con pendientes ovales de zafiro y un collar de plata con un dije a juego. Sakura no podía decir que deseaba este encuentro, pero no le quedaba más remedio que soportarlo, esbozando una sonrisa enteramente cordial pero perfectamente convincente.
—Me complace mucho que haya aceptado el nombramiento de la reina Konan— declaró el Canciller Danzo, feliz de ver a su reina otra vez o eso daba a entender.
—No podría haberme negado, es un gran honor servir a Naboo y a la República— contestó Sakura sencillamente, no sintiendo que mereciera tal elogio.
—Le daremos un concejo, Senadora; tómese las cosas con calma a partir de esta tarde— manifestó lady Takara, tanto en su nombre como en el de su esposo. —La política puede ser implacable como ya lo sabe, pero Coruscant no es Naboo, aquí las cosas se hacen de manera muy diferente— sonó autoritariamente maternal, y no en el mejor sentido, pero Sakura supo no demostrar si se ofendió o molesto por ello.
—Y como viejos amigos, todo lo que queremos es que usted se mantenga tan integra y maravillosa como la recordamos— respaldo el Canciller Shimura con una sonrisa amable.
Sonriendo ligeramente en respuesta, nuevamente por cumplir, Sakura aceptó los consejos que le brindaron el Canciller Shimura y lady Takara, pero en el fondo sintió como si volviera a ser una joven aprendiz legislativa en el mundo político, teniendo que tolerar que otros la menospreciaran o trataran como a una niña, y ya no lo era, tenía veintidós años—Naruto únicamente permaneció en silencio, pero pensaba lo mismo que ella, al igual que sus doncellas Pavlin y Matsuri—, pero prefirió permanecer en silencio, expectante en torno a todo lo que la rodeaba, porque si pensaban que era solo una niña insulsa y tonta, iba a cerrarles la boca a todos y servir debidamente a Naboo y la democracia...
La reunión que había tenido con el Canciller Shimura no había dejado precisamente más tranquila a Sakura, quien apenas y comprendía realmente en qué consistía su papel de Senadora, ¿tenía algún poder real para influir en el bienestar y la protección de su mundo o era simplemente un elemento decorativo?, dado el poder del Canciller—sin importar que fuera el "líder de la Democracia"—parecía ser más lo último que lo primero. Los aposentos que le habían sido asignados en el bulevar de la Republica 500—un complejo de apartamentos para algunos Senadores—eran de su entero agrado, elegante y amplios pero también muy sobrios y sencillos con tapiz violeta suave ligeramente azulado, divanes amplios, una sala maravillosa para recibir invitados, y su habitación era igualmente cómoda, con un armario lo bastante grande como para albergar todos los vestidos y la ropa que traía consigo, además de una terraza simplemente incomparable. Pero, en ese momento la atención de Sakura estaba en el balcón contiguo a la sala, con sus manos apoyadas en el barandal y observando a lo lejos el Templo Jedi, que se encontraba en su rango directo de visión, impidiéndole alejar su atención de cierta persona; Sasuke. ¿Él también podría ver su apartamento desde el templo Jedi?, ¿también estaría pensando en ella como Sakura pensaba en él?, ¿también estaría tan confundido o superado por los mismos sentimientos que ella tenía?, ¿estaría enamorado de ella como ella lo estaba de él?
—Mi lady— llamó Pavlin, acercándose a ella con una carta, —un mensaje— tendió a su amiga.
—¿De quién?— indagó Sakura, dado que el sobre no tenía remitente.
—El Senador Obito Nohara de Alderaan— contestó Matsuri, que había recibido el sobre, ante lo que su amiga no dudo en abrirlo y leer la carta que tenía dentro.
—Puedes hacer todas las lecturas que quieras, creer en todas las verdades que consideres que la galaxia tiene por ofrecer, pero el trabajo real del Senado se hace en fiestas— leyó la Haruno, siendo oída por sus dos amigas así como por Naruto que se acercó cuanto antes. —Un voto de conciencia es algo maravilloso, pero los aliados son mucho mejores— una apenas perceptible sonrisa se adueñó de los labios de Sakura, al comprender el mensaje de la carta. —Las palabras de un viejo amigo y admirador— concluyó, doblando con sumo cuidado tan apreciable documento.
Apenas y llevaba medio día o poco menos en Coruscant y alguien ya había entrado en contacto con ella, encargado de su seguridad Naruto naturalmente frunció el ceño y dudo en la sinceridad de aquel mensaje, ¿de que hablaba exactamente con eso de que el trabajo real no se hacía en el Senado sino en las fiestas y reuniones sociales?, teniendo que estar alerta de todo lo que sucediera en el entorno de Sakura, el Uzumaki intento ver el lado más sórdido y sospechoso de las cosas, pero no supo si hacerlo ya que Sakura no parecía sorprendida por el contenido del mensaje, sino más bien profundamente agradecida, como si hubiera recibido una importante lección. Sakura conocía el nombre de Obito Nohara desde hace ocho años atrás, cuando había propuesto la moción para que el entonces Canciller Asuma Sarutobi fuera relevado de su cargo y reemplazado por alguien más capaz; el primer Senador en votar a favor y apoyar las reclamaciones de Naboo al Senado había sido el Senador de Alderaan Obito Nohara, esposo de la reina Rin, y que además había sido considerado para relevar a Asuma Sarutobi como Canciller. Como una participante activa de la Democracia, Sakura había seguido de cerca la carrera de múltiples Senadores de la Republica, y uno de ellos era Obito Nohara, conocido por su feroz retorica así como por su indisoluble lealtad para con los principios de la Democracia, alguien a quien admiraba profundamente y con quien no dudaba en admitir que simpatizaba.
—Bueno, cuento con un amigo, eso me deja mucho más tranquila— suspiró Sakura con una sonrisa.
—Es un gran aliado, mi lady, el Senador Nohara compartía su opinión durante la invasión de Naboo, e intento sensibilizar al Senado— recordó Pavlin, viendo en él a un aliado para su amiga.
—Además fue postulante para suceder al Canciller Sarutobi— consideró Naruto en voz alta, dándole al Nohara un voto de confianza si Sakura confiaba en él.
—No esperaba recibir un consejo tan útil de nadie, para ser honesta— confesó la pelirosa, realmente sorprendida aunque no lo demostrase.
Una cosa era formar parte de la política real y más cruda por primera vez en su joven vida, pero otra era esperar ser recibida cálidamente por ello, mas agradecía saber que no estaba sola y que había gente que estaba dispuesto a acogerla, mismo parecer de sus doncellas que procedieron a retirarse en silencio para continuar desempacando las pertenencias de Sakura y preparar la ropa que usaría en su primera sesión como parte del Senado dentro de ya varias horas, dejando a Sakura a solas en el balcón, nuevamente sumergida en sus pensamientos y que la llevaban al Templo Jedi perfectamente visible en la distancia. Tan cerca y tan lejos, pensó Sakura al observar el templo Jedi, no sabiendo siquiera si Sasuke estaba ahí o si se le permitiría hablar a solas con él por un momento, sin poder abrazarlo y decirle lo mucho que lo había extraño todos estos años, lo mucho que le significaba su amistad, ¿pero él sentiría lo mismo?, era hasta burlesco para Sakura que estuviera enamorada como una adolescente de alguien a quien había dejado de ver hace ocho años, pero que por medio de cartas se había ganado su corazón desde ese beso compartido en el Palacio de Theed, antes de que se separaran hasta hoy. Con las manos cruzadas tras su espalda, Naruto permaneció de pie tras Sakura, observándola en silencio y acercando sus pasos al balcón para situarse a su diestra, siguiendo su rango de visión, sabiendo donde estaban sus pensamientos, pero no queriendo hacerse una idea equivocada.
—¿Una moneda por tus pensamientos?— curioseó Naruto sin poder evitarlo.
—Me pregunto si él está ahí— contestó Sakura en un suspiro, pero que él escucho.
—Puedes verlo cuando quieras— intentó animar el Uzumaki, no queriendo verla triste.
—Ojala todo fuera tan sencillo, Naruto— negó la Haruno, teniendo que ser realista.
Cuando Sasuke y ella se habían despedido, ambos habían sido demasiado jóvenes y entonces habían tenido menos responsabilidades de las que hoy tenían, Sasuke había comenzado con su entrenamiento y ella había continuado en la política en un mandato ahora seguro como reina, pero las cosas se habían complicado más y más con los años, Sasuke estaba cada vez más ocupado realizando misiones junto a Kakashi—lo sabía porque él se lo había contado en sus cartas—, oprimido y hasta al borde de la desesperación en medio de los Jedi que tanto admiraba y veneraba pero que le exigían sublimar sus emociones, y Sakura por otro lado había estado igualmente o más ocupada manteniendo a su mundo Naboo neutral en medio del actual conflicto con los Separatistas, sistemas que buscaban romper con sus alianzas con la Republica. El tiempo debería haber cambiado las cosas para mejor, Sasuke y ella ahora eran adultos y mayores de edad, podían decidir qué pasaría con ambos, en teoría, pero él era un Jedi que debía mantenerse alejado del mundo al que ella pertenecía, y que a su vez no podía implicarse con alguien como él, sus carreras eran incompatibles. Sonriendo tristemente, conociendo mejor que nadie los sentimientos de Sakura, y siendo su más viejo amigo en este regreso a la política, Naruto envolvió uno de sus brazos alrededor de los hombros de la Haruno, que apoyo su cabeza contra su hombro, sin apartar su mirada del Templo Jedi, y sin dejar de pensar en Sasuke.
Sin dejar de preguntarse si él pensaba en ella.
El templo Jedi estaba en calma, los Padawan más jóvenes estaban entrenando en la sala de hologramas bajo la vigilancia de sus Maestros, y a su vez los Maestros que integraban el Consejo Jedi estaban reunidos debatiendo sobre su futura estrategia para lidiar con el conflicto con los Separatistas ahora que sabían que la nueva Senadora de Naboo estaba plenamente de su lado, y que defendería sus ideales, la gran mayoría de los miembros del Consejo estaban profundamente agradecidos y confiaban en la Senadora Haruno, porque había tenido relación con los Jedi desde su más temprana infancia, aunque claramente existían aquellos que desconfiaban de ella solo por ostentar un cargo político. Kakashi había formado parte de la reunión por petición del Maestro Onoki, pero ahora libre de responsabilidades al menos por lo que quedaba de la tarde, el Hatake transito los casi vacíos pasillos en dirección a la habitación de su Padawan, llamando a la puerta pero ingresando de todos modos al no encontrar impedimento. Sentado sobre un improvisado sofá junto a las ventanas, cuyas persianas permanecían abiertas, Sasuke se entretuvo ojeando un manual que él mismo había hecho desde hace casi ocho años, con sus propias ideas sobre informática y robótica para con el templo Jedi, algo que apreciaba mucho lady Koharu Utatane la encargada de los registros del templo, así como las cuidadoras de la guardería.
—Sasuke, podrías aprovechar este tiempo para socializar con los otros Padawan, no encerrándote en tu habitación— recordó Kakashi, ya perdiendo la cuenta de la cantidad de veces que le había dicho lo mismo.
—Ya pase ese punto, Kakashi— protestó Sasuke, cambiando la página del manual, —es mejor que nos toleremos en silencio, intercambiando el menor número de palabras posibles— él lo sabía y los demás también, era mejor que siguieran así.
—¿Lo mejor para quién?— cuestionó el Hatake ante aquella disparatada afirmación.
—Para todos— contestó el Uchiha, alzando brevemente en la mirada y regresándola a su lectura.
Con ya diecinueve años, Sasuke había perdido toda ilusa idea de que algún día fuera a encajar entre los Jedi de su generación, el Maestro Onoki era amable con él como con todos, el Maestro Jiraiya y el Maestro A eran su inspiración, realmente los admiraba tanto como admiraba al fallecido Minato Namikaze que lo había liberado de la esclavitud, pero los Padawan no eran precisamente agradables con él, era novedad que pudieran sostener una breve conversación entre si y Sasuke no iba a pedir más, porque estaba claro que no podía hacer amigos en ese mundo y se había rendido a continuar intentándolo. Kakashi agradeció que la máscara que usaba cubriera la parte inferior de su rostro para no dar a entender a Sasuke lo decepcionado y apesadumbrado que se sentía, porque por muy solitario que él hubiera sido a su edad, siempre había podido hacer amigos entre los Padawan de la orden, porque todo Jedi olvidaba a su familia y solo encontraba un sustituto entre sus compañeros, pero Sasuke no había logrado hacerlo, y sí que lo había intentado, Kakashi había sido testigo de ello desde hace ya ocho años, y solo podía compadecer a su Padawan así como marcar su presencia como su amigo, hermano y casi hasta padre, así como informarle de la llegada de una persona muy inesperada a Coruscant y que sin lugar a dudas lo proveería de una gran alegría.
—Vine a darte una buena noticia— anunció el Hatake finalmente, captando la atención de su Padawan, —pero creo que ya no será tan buena, si continuas con esa actitud— considero con un falso gesto pensativo.
—¿De qué se trata?— interrogó el Uchiha, dejando el manual sobre la repisa a su diestra.
—Una buena amiga tuya ha regresado a Coruscant— informó Kakashi con una sonrisa debajo de su máscara, desconcertando a su Padawan, —y aunque no tendrás tiempo de verla, supuse que te alegraría saberlo— advirtió para que él lo tuviera presente.
—¿Una buena amiga?— repitió Sasuke, como si no alcanzara a entender aquello de lo que le hablaba, —¿Sakura?— comprendió finalmente, casi sin aliento.
—La nueva reina de Naboo la designo como Senadora, y claramente ella no pudo negarse— aclaró el peligris, dado el estado de incredulidad de su Padawan. —Hable con el Maestro Onoki, la Senadora Haruno garantizo su lealtad para con los principios de los Jedi, siempre que estos sigan la democracia— dudaba que a Sasuke le interesase la política, pero era necesario que estuviera igualmente al tanto de ello.
—Necesito ir a verla— decidió el azabache de inmediato, levantándose de su lugar.
—Sasuke…— detuvo Kakashi, cruzándose en su camino y sujetándolo de los hombros.
—Serán solo unos minutos, nadie lo sabrá— intentó convencer Sasuke, necesitando volver a ver a Sakura.
—Ahora no es reina, cierto, pero tiene una agenda muy ocupada y el Senado está en cesión— estableció él, acallando sus ruegos. —Son sus primeros días en su cargo, no tendrá tiempo para nada— intento hacerle entender, porque era imposible que ambos se vieran, al menos por ahora.
Como amigo, hermano y casi padre, Kakashi había acudido a informar a Sasuke de la llegada de Sakura a la capital como ahora Senadora de Naboo, porque significaba que por muy ahogado y presionado que se sintiera, tendría cerca a alguien que le era inconmensurablemente importante...pero eso no quería decir que pudiera verla ahora si ese era su deseo, Sasuke estaba más presionado que la mayoría de los Padawan talentosos, porque era el mejor con el uso de la Fuerza, con sus capacidades de combate, su manejo del sable de luz y en general en casi todo lo que implicaba ser un Jedi, se estaba considerando que realizase las pruebas para convertirse en Jedi desde hace ya varios meses, y honrando la promesa hecha a su Maestro al momento de morir, Kakashi no podía dejar que Sasuke se distrajera, y cuanto menos escándalos crease a su alrededor—dada su temeridad, y del que él de uno u otro modo formaba parte—, mejor sería para su futuro como un verdadero Jedi. El primer impulso de Sasuke fue cerrar los ojos como frustración y volverse hacia la ventana, revolviéndose el cabello por inercia, negando para sí y preguntándose una vez más en estos largos ocho años; ¿cuánto más habría de esperar?, ocho años eran suficientes, ¿por qué no podía ver a Sakura?, ¿por qué no podía abrazarla como tanto deseaba?, ¿ella lo habría olvidado?, ¿seguiría apreciándolo como amigo?, ¿recordaba ese primer beso tanto como lo hacía él mismo?, porque no dejaba de pensar en ella desde entonces.
—Está más cerca que nunca de mí en ocho años, y no puedo verla— suspiró Sasuke, haciéndole saber al Hatake lo irrisorio y difícil que era someterse a aquello.
—Lo harás, con el tiempo— sosegó Kakashi lo mejor posible, comprendiendo sus sentimientos, —pero por ahora concéntrate en tu deber, y ella lo hará en el suyo— ambos llevaban cargas demasiado grandes y tenían responsabilidades que atender.
Hablando humanamente, Kakashi sabía que lo que le estaba pidiendo a Sasuke era inhumano, básicamente era lo mismo que los demás Maestros Jedi le pedían a diario; que sublimase sus emociones, que esperara, que callara, que aguardara, aun sabiendo que ello podía implicar romper o perder un vínculo con una persona que podía no entender su actuar, pero conociendo a Sakura y su sentido del deber, Kakashi quiso creer y se aferró a la idea de que ella comprendería y lo apreciaría, porque después de todo ella misma ahora tenía una dura y ajetreada jornada con la cual lidiar. Por primera vez en ocho años, Sakura y él estaban más cerca que nunca, él sabía dónde estaría ella cada día trabajando y relacionándose con otras personas, muchas otras personas, pero él no calificaba entre ellas, ¿cuánto más habría de esperar?, no se lo decía a Kakashi a quien amaba como a un hermano y más como una figura paterna, pero se sentía muy solo todo el tiempo y más cuando no podía relacionarse con los demás Padawan de su edad, estaba ansioso por ser sometido a las pruebas para convertirse realmente en un Jedi porque los Maestros del Consejo le habían impuesto esa meta para poder abandonar Coruscant a voluntad y visitar al menos una vez a su madre, a quien no veía desde hace ocho años, y fuera de las cartas que le escribía a Sakura, siempre se sentía solo, y ahora que la tenía tan cerca, no podía verla, abrazarla, ni besarla. Tendría que esperar por volver a verla…
Tres meses después
—Ahora procederemos a discutir el próximo tema de la agenda; la posibilidad de establecer la creación de un ejército armado para la República, en respuesta al actuar de los Separatistas— planteó solemnemente el canciller Danzo, escuchando un coro de murmullos. —Se da la palabra a la Senadora de Naboo— anunció dado que el palco de la Senadora nubiana fue el primer en avanzar hacia el centro de la habitación.
Habían pasado tres meses, y en medio de continuos debates que pudieran ser o no importantes, finalmente había llegado el momento que Sakura tanto había temido; el Senado estaba planteándose entrar en guerra con los Separatistas, un conjunto de sistemas que estaban abandonando la República, y naturalmente la primera en oponerse al conflicto fue la Senadora de Naboo, cuyo palco avanzó hacia el centro de la colosal sala del Senado, observado por todos los presentes. De entre todas sus colegas féminas del Senado, la Senadora de Naboo era conocida por su exquisito gusto a la hora de vestir, siempre presentable, encantadora, amable y muy bella, quizás la más bella de sus colegas y una de las Senadoras más jóvenes con solo veintidós años y un prometedor futuro por delante, ataviada en un bello pero sencillo vestido blanco de escote corazón con un escote falso en V, ceñido bajo el busto, con acampanadas mangas transparentes y falda de múltiples capas, pero que pasaba desapercibido bajo una chaqueta de seda oliva con bordados dorados, de profundo escote en V ligeramente redondeado hasta debajo del busto, de cuello alto y que permanecía abierto, abierta bajo el vientre y con cortas mangas acampanadas hasta los codos, con sus largos rizos rosados cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, peinados para hacer resaltar un diadema de plata decorada por siete broches de diamante con una esmeralda en el centro y largos pendientes a juego, hermosa y desafiante.
—Mis colegas Senadores, soy pacifista por naturaleza y puedo asegurarles que Naboo jamás estará a favor de guerra alguna— inició Sakura con voz clara y fuerte, hablando en nombre de su mundo—, por ello seré la primera en oponerme a la creación de un ejército para la República, sin importar que tan crítica sea la situación que vivamos, porque ello va contra todo lo que creo— para ella el dialogo siempre sería posible, si se tenía voluntad para ello. —La acciones de los Separatistas son inexcusables, pero no podemos golpear la mesa en respuesta, debemos insistir en el dialogo, no respondiendo su violencia con violencia— ya habían golpeado la mesa demasiadas veces, ahora era momento de sentarse y hablar, no de llamar a las armas.
—Secundo la moción de la Senadora Haruno— respaldó de inmediato Obito, Senador de Alderaan.
Que Obito estuviera de su lado no sorprendía a Sakura, al fin y al cabo había quedado claro para ella desde el principio que ambos compartían los mismo ideales en cuanto a la democracia, pero estos tres meses como colegas junto a otros prominentes políticos como la Senadora de Chandrila Kurenai Yuhi, los había convertido en grandes amigos, y en muchos sentidos Obito se había convertido en una figura paternal para ella, protegiéndola de algunos idiotas sin cerebro que habían intentado seducirla o enamorarla para tener cinco minutos de fama, algo normal. De entre los cientos de Senadores presentes en la enorme habitación, la mitad estaba del lado de la Senadora de Naboo, no era un secreto que el Senado siempre se dividía en dos en cuanto a la guerra se refería, y del mismo modo la otra mitad estaban en su contra, en favor de iniciar un conflicto bélico real contra los Separatistas con la creación de un ejército armado para la República. La sala del Senado se llenó de alegatos entre los cientos de diversos Senadores, que defendían sus propias posturas sobre la guerra y la moción en cuestión, algunos con voz mesurada y paciente, pero otros con mayor agresividad y vehemencia, sin importarles alzar la voz hasta sonar como auténticos gritos y que solo hicieron que los de sus colegas fueran idénticos en respuesta, el dialogo o debate entre los políticos presentes era intenso y parecía incansable, por lo que pronto se presentó la ocasión perfecta para que el Canciller Shimura pospusiera la moción:
—En base a la reacción de los presentes y no logrando llegar a una conclusión, se pospone la votación— determinó el canciller Shimura, dado el enfrentamiento entre los Senadores.
Era ventajoso para Danzo que la guerra continuase, era su guerra después de todo, él la había orquestado junto a su esposa lady Takara que esbozó una apenas perceptible sonrisa ladina, claro que nadie sabía eso, para todos en el Senado el Canciller era una figura amable y pacifista, que se oponía a todo conflicto y que viniera directamente de Naboo que era un mudo que se oponía a la guerra solo reafirmaba la creencia de que era el mejor líder posible, al menos para la gran mayoría de los Senadores, y eso continuaría así. Decepcionada, Sakura retrocedió sus pasos para desplomarse sobre el diván al interior de su palco, observada en silencio por sus doncellas y amigas Matsuri y Pavlin, esta no era la primera ni la última vez que una moción importante en el Senado se sometía a debate y permanecía inconclusa durante un tiempo, pero esta vez la situación en si era totalmente diferente, la guerra era cada día una posibilidad más real para todos, una posibilidad para Naboo que era un mundo pacifista y que Sakura tenía el deber de proteger, habiendo sido reina y ahora Senadora, tenía un deber para con la democracia junto con todos sus colegas Senadores, pero que no podría llevar a cabo solo desde su lugar privilegiado en un palco y en los debates del Senado, necesitaba volver a Naboo y hablar con su soberana la reina Konan así como a su consejo de asesores y conocer su opinión respecto a una posible guerra con los Separatistas, era vital para oponerse al acta de creación militar.
Necesitaba hablar con su reina.
Bufando por lo bajo, masajeándose las sienes como tendía a hacer cada vez que se veía superada por el trabajo que la reina Konan le había brindado y la carga que llevaba sobre sus hombros, Sakura abandonó el palco en que se había encontrado en la sala de reuniones del Senado, cruzando el umbral que conectaba este con el pasillo que daba con las oficinas que los diversos políticos tenían en el mismo edificio, acompañada por Pavlin y Matsuri que la siguieron en silencio. Los meses habían transcurrido en una sesión inmutable de días y semanas, siempre iguales casi en su totalidad, de hecho su momento más emocionante había sido hace casi dos meses, cuando un idiota que trabajaba con Obito había intentado salir con ella, pero el Nohara lo había despedido tras descubrir que quería colgarse de la carrera política de la Haruno para ascender o comenzar su propia carrera, había sido el último roce de Sakura con el romance y no pensaba volver a intentarlo, prefería volcarse a su trabajo que era lo que llenaba sus días, dirigiéndose hacia su oficina con nada más en la mente que la moción de crear un ejército armado para la Republica, ¿qué punto había en tener una constitución que defendiera la democracia si estaban tan dispuestos a ir a la guerra solo por una diferencia de opinión con los Separatistas? Cuando Sakura distinguió la puerta de su oficina, abrió el seguro de esta y cruzo el umbral, no sabiendo si sonreír o entornar los ojos al ver a Obito esperándola de pie junto a su escritorio,
—¿Qué te pareció la votación?— preguntó el Nohara con una amigable sonrisa
—¿Puedo decir algo?— cuestionó la Haruno encogiéndose de hombros mientras rodeaba su escritorio. —Amo mi trabajo, amo mi trabajo...— se repitió incansablemente, masajeándose las sienes.
—Todos los que simpatizamos con los verdaderos ideales de la democracia pensamos igual— garantizó Obito, conteniendo una sonrisa. —La votación se pospondrá por varios días, una semana, varios somos los que debemos regresar a nuestros planetas y consultar a nuestros gobernantes sobre el acta de creación militar— lo máximo a considerar sería una semana, pero no más.
—Suerte que tú esposa es la reina de Alderaan— bromeó Sakura secamente y sin poder evitarlo.
—No suerte, eso complica más las cosas— diferenció el Nohara, nostálgico de su hogar y de su encantadora esposa. —Pero me ama, así que si, en teoría— se defendió, viendo a Sakura entornar los ojos. —¿Regresaras a Naboo?— supuso, sin estar seguro.
—Tengo que, la reina Konan y yo compartimos ideales y visión en cuanto a la democracia se refiere— obvió la pelirosa, examinando una archivo que había dejado sobre su escritorio, —pero necesito su consentimiento si voy a oponerme a la creación de un ejército militar— era un formalismo pero necesario.
—¿Y si ella está de acuerdo?— planteó el pelinegro, temiendo cual fuera su respuesta.
—Pondré mi cargo a su disposición, porque no acepte ser Senadora solo para formar parte en una guerra— contestó Sakura sin dudarlo, tendiéndole el archivo que revisaba a Matsuri, para llevarlo en su viaje a Naboo. —¿Es idealista desear que todo esto se resuelva a través del dialogo?— preguntó con sincera incertidumbre.
—No es idealista— protestó Obito, acercando sus pasos hacia la Haruno, observándola con el cariño de un padre, —la democracia no está fundamentada en la guerra sino en el debate de ideas, eso ha enriquecido esta sociedad desde hace siglos, así debería ser— eso era lo que distinguía a la democracia de otros sistemas políticos.
—¿Entonces por qué no sucede?— interrogó la Haruno, absteniéndose de estampar sus manos contra la mesa ante la frustración que sentía, —es cierto que muchos de los actos de los Separatistas son reprochables, pero tengo amigos entre ellos, y no puedo verlos por culpa de este enfrentamiento ideológico que es...absurdo— cada día los acercaba a la guerra, y se convertía en un puñal en su corazón.
—Lo sé, pero creo que todo lo que debemos hacer por ahora es, aferrarnos a nuestro deber como Senadores, defender la democracia, y no perder la fe— sugirió el Nohara, ya que no se veía otra opción a la vista. —Eso es todo cuanto podemos hacer— estaban atados de manos en cuanto a lo que estaba más allá de su poder.
La política eran sucia, corrupta y nada amigable, eso bien lo sabía Obito que había tomado a Sakura bajo su ala desde su llegada al Senado hace tres meses, cuidando de enseñarle las artes de la negociación y la diplomacia en su estado real, y en casos como este sobre la moción de crear un ejército para la Republica, todo lo que ellos podían hacer era usar su influencia y convencer a tantos de sus colegas Senadores como pudieran para votar contra esa moción, y esperar que al final la democracia siguiera el cauce para el cual había sido concebida. A lo largo de estos tres meses en Coruscant, y tras aclimatarse a la despiadada política del Senado y su rutina, Sakura había esperado ansiosamente por una ventana de tiempo—por más breve que fuera—para solicitar al templo Jedi la presencia de Sasuke o de Kakashi, ambos eran un equipo al fin y al cabo, pero sus ocupaciones habían sido tantas que se la pasaba del trabajo a su apartamento y de regreso, no tenía tiempo para ella y la única vez que había preguntado al Maestro Onoki por el Uchiha, él le había dicho que estaba de misión con Kakashi en otro sistema y que no regresaría hasta dentro de varias semanas, y eso había sido hace más de un mes. Apoyando sus manos en su escritorio y negando para sí, dando a entender que la política era su única preocupación—pero sabiendo la verdad en su corazón—, Sakura se hizo a la idea de regresar a Naboo para solucionar este despropósito, y que no vería a Sasuke hasta que regresara, si es que lo hacía…
El templo Jedi era penumbras y pasillos básicamente vacíos en ese momento, de noche y con las ocasionales luces eléctricas iluminando parte de lo que se encontraba a su paso, pero no había nadie despierto cerca o a la vista que pudiera apreciarlo, a esa hora los grandes Maestros Jedi y sus Padawan se encontraban durmiendo profundamente, era tarde y todos querían recuperar energías antes de retornar a sus actividades cotidianas tan pronto como saliera el sol, que era lo acostumbrado, pero en contrariedad y removiéndose inquieto sobre la cama, incapaz de conciliar el sueño, Sasuke bufo para sí, cruzando sus brazos tras su nuca y observando el techo de su habitación, no importa cuántas vueltas diera sobre la cama, no podía dormir, no sentía sueño. Que se encontrase despierto fue todo un acierto y que le permitió darse cuenta del ligero silbido que se escuchó contra el aire cuando la puerta de su habitación se abrió desde el exterior, algo que solo podía hacer quien supiera el cerrojo, lo que hizo que contuviera la respiración con sospecha, volviendo la mirada hacia su mesa de noche donde yacía su sable de luz, preparado y previendo lo peor, observando a la silueta que ingreso en penumbras, vistiendo una capa oscura—no pudo determinar el color ante la oscuridad de la noche, solo ayudado por la luz de la ciudadela que se filtraba a través de las persianas—que lo o la cubría por completo, junto a una amplia capucha que ocultaba su rostro de su vista.
—¿Quién anda ahí?— cuestionó Sasuke firmemente, rompiendo con su silencio.
—Tranquilo, Sasuke, soy yo— sosegó una voz familiar para el Uchiha, dulce y melodiosa.
Apartando la capucha de la capa que la cubría, Sakura esbozo una luminosa sonrisa que resulto avasalladora para Sasuke, no había nada más maravilloso que volver a verla y casi no pudo creer que fuera real, irguiéndose lentamente sobre la cama, ¿realmente era ella?, ¿no se estaba imaginando nada? Durante todos estos años no había cesado de tenerla siempre presente en su mente, trataba de pensar en otra cosa, pero siempre ella era el eje central en su mentalidad, lo quisiera o no, mas ahora simplemente no podía saber si estaba viendo la realidad o estaba soñando, contemplando sus brillantes orbes esmeralda, sus mejillas sonrosadas, sus labios rojos y su piel de marfil que brillaba con la luz que se filtraba a través de las persianas. Sin hacer desaparecer su sonrisa y sin apartar la mirada de la de Sasuke, Sakura abrió el broche que cerraba la capa a su cuerpo, dejando que cayera al suelo mientras avanzaba hacia la cama, portando un sencillo vestido de gasa violeta, quizás el más sencillo que Sasuke la había visto usar en su vida—en relación a los pesados usares de reina que había vestido cuando se habían conocido—, de escote corazón y bajo, entallado a su esbelta figura como un corsé y que dejaba en evidencia su inocente escote, de falda de múltiples capas ligeramente traslucidas, aunque no tanto como las mangas, holgadas hasta los codos donde se abrían como lienzos, y sus largos rizos rosados caían tras su espalda como una cascada, dejando expuestos un fino par de pendientes de diamante en forma de lagrima.
—Sakura…— reconoció el Uchiha, incrédulo de lo que sus ojos estaban viendo.
—¿Esperabas a alguien más?— curioseo la Haruno ante la reacción del Uchiha.
—No, solo…— se apresuró en aclarar Sasuke, superando su reacción, —¿cómo entraste?— preguntó por fin, enormemente feliz.
—Tengo mis secretos, igual que tú los tuyos— contestó Sakura, ahogando una carcajada mientras se acercaba a la cama. —Te extrañaba muchísimo, tenía que venir, no podía seguir esperando— aclaró por fin, con total sinceridad.
—También te he extrañado— confesó él con idéntica transparencia.
Se había callado esas palabras por demasiado tiempo, no había dejado de pensar en ella, y ahora simplemente no le molestaba reconocerlo en voz alta mientras veía a Sakura sentarse frente a él sobre la cama, embelesado por su dulce sonrisa, sus ojos brillantes de alegría y sus labios rojos, tan embelesado que se diera cuenta o no, acercó su rostro al de Sakura, que al advertir como desaparecía toda distancia entre ambos, sonrió discretamente, acercando en respuesta su rostro hacia el de Sasuke, cerrando los ojos y entreabriendo los labios para encontrarlos con los del Uchiha. Envolviendo sus brazos alrededor de la estrecha cintura de Sakura, Sasuke gimió ante el roce de sus labios contra los de la Haruno, dulces y que parecían encajar a la perfección contra los suyos mientras la sentía envolver sus brazos alrededor de su cuello, ambos cada vez más cerca, sintiendo un calor muy particular crecer en sus bocas y extenderse a lo largo de sus cuerpos, exigiéndoles profundizar el beso, buscando más, pero no sabiendo bien que…frunciendo el ceño, escuchando como golpeaban a su puerta de forma seguida, Sasuke abrió los ojos, confundido mientras alzaba la cabeza de la almohada, ¿había sido solo un sueño?; molesto consigo mismo, Sasuke se reprendió por no ser capaz de dejar de pensar en la ahora Senadora de Naboo, ambos estaban demasiado sobrecargados con responsabilidades, así había sido durante ya tres meses, mas a pesar de no poder verse, la correspondencia se había mantenido.
—Sasuke— llamó Kakashi del otro lado de la puerta, al no escuchar respuesta a sus golpes. —Sasuke, ¿estás despierto?— insistió, casi pegando la oreja a la puerta.
—Un minuto— contestó el Uchiha, haciendo a un lado su confusión y apresurándose en levantarse de la cama y abrir la puerta. —¿Qué pasa?— preguntó tan pronto la puerta se abrió y se encontró cara a cara con su Maestro.
—¿Lo olvidaste?— cuestionó el Hatake, pasando junto a su Padawan e ingresando en la habitación. —Tenemos que partir a Ansion, vístete rápido— apremió con el tono de un hermano mayor o bien de un padre autoritario.
Como todas las mañanas, dispuesto, serio y con cierto halito perezoso que lo caracterizaba, Kakashi ingresó en la habitación de su Padawan como si fuese la propia, con su abrigo de Jedi cubriendo la mayor parte de su vestimenta, y volviendo la mirada hacia las ventanas, cuyas persianas se encargó de abrir para que el lugar no estuviera tan oscuro. Aun aletargado y desconcertado por el sueño que había tenido, Sasuke asintió en silencio, volviéndose hacia la parte de atrás de su cama y donde tomó su ropa que había dejado lista la noche anterior, y con la cual se dirigió al baño para vestirse cuanto antes, pues su maestro ya estaba más que preparado para partir. El Consejo Jedi les había asignado recientemente la misión de viajar a Ansion para solucionar una disputa entre los habitantes, junto a la Maestra Jedi Mito Uzumaki y su Padawan Tayuya Otogakure, justo cuando Sasuke había creído que podría tener la oportunidad de visitar a Sakura y hablar como los amigos que eran, ¿por qué la vida parecía empeñada en ponerle trabas cuando más lo necesitaba?, sin saber porque y tan pronto como cruzo el umbral del baño, el Uchiha sintió un extraño escalofrió en la nuca, un presentimiento, como si estuviera a punto de pasar algo que él no lo acababa de entender, y no era la primera vez que lo sentía en el último tiempo.
Quizás, a su regreso, finalmente Sakura y él pudieran verse.
Tan pronto como le había sido posible, la Senadora de Naboo reunió gran parte de sus pertenencias más indispensables con ayuda de sus doncellas y sin demora al día siguiente de la polémica sesión del Senado se dirigió a abordar su nave para regresar a su mundo y presentarle la situación a la reina Konan, porque por mucho que ambas fueran partidarias del dialogo por encima de cualquier otra cosa, lo que estaba en cuestión era el bienestar y el futuro de Naboo, no la integridad de sus ideales. Escoltada por el capitán Gaara Sabaku, así como por un pequeño contingente de guardias y su amigo Naruto, acompañada por Pavlin y Matsuri, mucho del flamante vestido color rojo con bordados dorados que la Senadora portaba se veía opacado por una sobria capa color borgoña que se cerraba a la altura el cuello, con aberturas en los lados para sus brazos, con bordados dorados en el contorno y dobladillo, pero dejando ver la elegancia de su atuendo, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda, y sobre su cabeza una diadema de oro que replicaba hojas de laurel decorada por rubíes, sosteniendo un largo velo que caía tras su espalda, y pendientes de rubí en forma oval decorado por perlas en forma de lagrima. Tras abandonar el speeder que los había llevado a la lanzadera, y dirigiéndose hacia su nave, la expresión pétrea en el rostro de Sakura fue reemplazada por una sonrisa al darse cuenta de quien estaba esperándola.
—No esperaba esta despedida— declaró la Haruno con una radiante sonrisa.
—Sentí que tenía que verte otra vez— se defendió Obito correspondiendo a su sonrisa, —en caso de que uno de los dos no vuelva— añadió en voz baja y para que solo ella lo escuchase.
—Que dramático eres, son solo unos días— intentó alivianar Sakura, comprendiendo a que se refería.
—En tu caso, en el mío dos o cuando mucho tres, Alderaan está más cerca— recordó El Nohara, no sabiendo si agradecerlo o maldecirlo, porque extrañaba mucho su hogar.
—Y por eso te detesto— se mofó la Haruno antes de abrazarlo afectuosamente, deseando que a su regreso pudieran continuar hablando de todo como los grandes amigos que eran. —Trataré de volver cuanto antes— prometió, siempre enfocada en su deber.
—Lo sé, pero no te apresures, y cuídate las espaldas— susurró Obito con suma cautela, —por experiencia sé que votaciones como estas no dejan de estar cubiertas de sangre, toda precaución es poca— habrían quienes tratarían de sofocar su opinión o desaparecerlos en el peor de los casos.
Tres meses en el Senado, para una experta como ella en las ardides de la corte y los palacios había ido suficiente para darse cuenta de cómo funcionaba la política, que todo eran sobornos, engaños y maquinaciones maliciosas, que pocas veces realmente importaba la integridad o los valores morales que a ella la distinguían, y más que nada que cuando alguien no podía ser comprado por quienes estaba más arriba, era muy fácil hacerlo desaparecer con un presunto accidente o por el motivo que fuese, y ser quien más se opusiera a la creación de un ejército militar para la República inevitablemente traería sus consecuencias, de hecho los guardias que acompañaban a Sakura traían armas cargadas no para paralizar a quien se acercara peligrosamente, sino para matar a un posible atacante. Como reina, Sakura había visto peligrar su vida en muchas ocasiones, desde los catorce años, pero ahora como Senadora era aún más vulnerable, porque ahora no había un trono protegiéndola, Obito en teoría tenía más suerte que ella, era el esposo de la reina de Alderaan y no era prescindible…pero rompiendo el abrazo y esbozando una discreta sonrisa al encontrar su mirada con la de Obito, Sakura sabía que eso no se aplicaba a ella, había sido reina, pero ya no lo era, y su vida podía ser tomada con facilidad, es más, apostaba lo que fuera que si ahora partía en paz, probablemente su vida sin duda peligraría a su regreso, su opinión era demasiado amenazante para algunas personas sin rostro.
—No tema, Senador Nohara, la Senadora estará bien protegida— sosegó Naruto en nombre de la escolta de la Haruno. —Todos quienes le servimos cumpliremos con nuestro deber— el capitán Sabaku y él estarían al frente de todo.
—Estoy seguro, en ello puedo creer— asintió Obito, confiando ciegamente en aquellos que protegían a la Senadora de Naboo. —Cuídate mucho, Sakura— deseó nuevamente, besándole la frente y pidiéndole que se mantuviera a salvo.
—Y tú, Obito— asintió Sakura, igualmente preocupada por él. —Hasta pronto— se despidió con una luminosa sonrisa.
Debido a la diferencia de altura, Sakura se irguió de puntillas y deposito un afectuoso beso en la mejilla del Nohara, rompiendo todo contacto y siguiendo con su camino hacia la nave Nubian 327J que la esperaba, y por cuya rampa ascendió hacia el interior, sujetándose la falda del vestido para no tropezar, con el pequeño destacamento de soldados al frente para protegerla, así como sus doncellas que cargaban con su equipaje, y el capitán Gaara Sabaku y Naruto detrás. En un momento de debilidad, de pie en lo alto de la rampa, casi por entrar en la nave como procedieron a hacer sus doncellas y la gran mayoría de la escolta—salvo por Naruto que permaneció de pie a su lado, esperando porque ella ingresara—, Sakura volvió la mirada por sobre su hombro, no solo hacia Obito a quien dirigiendo una última sonrisa y mirada como despedida, sino al casco de la imponente ciudad de Coruscant, no alcanzó a divisar el templo Jedi pero pudo sentirlo, deseando haber podido ver a Sasuke en todos estos meses, no solo escribirle cartas para hacerle saber cómo estaba y que habían sido breves debido a su ajetreado trabajo. No habían podido verse en este tiempo, pero se prometía a su regreso—y si su vida no peligraba—, que nada la detendría para verlo, y con ese pensamiento volvió la mirada hacia el interior de la nave, ingresando y escuchando como la rampa se cerraba tras de sí…
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Les recuerdo que por ahora solo puedo actualizar una historia por semana, por mis estudios y el escaso tiempo de que dispongo, pero no dejare inconclusa ninguna de mis historias, lo prometo :3 las próximas actualizaciones serán "Kóraka: La Sombra del Cuervo" , nuevamente la "La Reina Olvidada" y "Queen: The Show Must Go On", lo prometo :3esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a carlos29 (agradeciendo sus palabras y poder contar con su aprobación), a "ktdestiny" (agradeciendo su apoyo y dedicándole cada capitulo), a Guest, (agradeciendo sus palabras y aportes, como los de todos), y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader -Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie
-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi -Naruto Uzumaki como R2D2 -Onoki como Yoda
-Danzo Shimura/ Kinshiki Otsutsuki como Sheev Palpatine/Darth Sidious -Takara Otogakure como Sly Moore
-Mito Uzumaki como Luminara Unduli -Tayuya Otogakure como Barriss Offee
-Obito Nohara como Bail Organa -Rin Nohara como Breha Organa
-Pavlin como Cordé -Matsuri como Dormé -Gaara Sabaku como Capitán Typho
Contexto & Reinicio: Al inicio del capitulo, Sakura regresa a Coruscant tras ocho años desde su primera visita, cuando fue destituido el Canciller Sarutobi, siendo recibida por el Gran Maestro Jedi Onoki, esto es un guiño constante al hecho de que ella podría haber sido una Jedi y sigue el camino de estos en su vida cotidiana, algo muy importante y por lo que mas adelante los Jedi confiaran ciegamente en ella a lo largo de la trama. La participación e influencia política de Sakura en el capitulo no es solo obra mía sino que sigue el canon de Star Wars, ya que al inicio del Episodio II los créditos iniciales dicen que la Senadora de Naboo regresaba a Coruscant, oponiéndose férreamente al acta de creación militar, lo que fue retratado en una escena eliminada, siendo junto con Bail Organa de Alderaan el miembro del Senado que mas se oponía a la guerra con los Separatistas, junto al Consejo Jedi. A lo largo del capitulo, se desarrolla el hecho de que por sus rutinas atareadas, ni Sasuke ni Sakura pueden verse durante los tres meses en que ella esta en Coruscant, lo que puede parecer inverosímil, pero de hecho en la trama de Star Wars, Anakin y Padme estuvieron mas de un año en el mismo planeta y no pudieron verse ni hablarse, pero esto cambiara cuando Sakura regrese a Coruscant e inicie la trama del Episdio II: El Ataque de los Clones.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
