-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Across The Stars" de John Williams y "Un Mundo Ideal" de Zayn Malik & Becky G para el contexto del capitulo entre Sasuke y Sakura.


Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana...

Episodio II: El Ataque de los Clones

En el Senado Galáctico reina la inquietud. Varios miles de sistemas han declarado su intención de abandonar la República. Este movimiento Separatista, liderado por el misterioso conde Madara, ha provocado que al limitado número de Caballeros Jedi les resulte difícil mantener la paz y el orden en la galaxia. La Senadora Haruno, antigua reina de Naboo, regresa al Senado Galáctico para dar su voto en la crítica cuestión de crear un Ejército para la República, que ayude a los desbordados Jedi…


Una gran nave Nubian 327-J sobrevoló los grandes rascacielos de la ciudad de Coruscant, cruzando la atmosfera hacia la lanzadera destinada para la ilustre Senadora que viajaba en su interior y que fue informada del inminente descenso mientras dos cazas de menos de la mitad del tamaño de la nave la flanqueaban y se anticipaban a aterrizar en su lugar en la lanzadera. El capitán Sabaku bajo de una de las dos naves que habían escoltado la Nubian 327-J de la Senadora de Naboo, ataviado como un piloto normal para despistar cualquier posible atentado como también hizo una joven de aproximadamente veinte años que había pilotado la otra nave y que descendió en compañía de Naruto—quien portaba su uniforme de astromecánico—, ella vistiendo una versión femenina del uniforme de los pilotos nubianos; una camiseta marrón oscuro de cuello alto y cerrado con mangas ceñidas bajo un rígido chaleco de cuero negro de cuello redondo y sin mangas, ceñido a su cuerpo por un cinturón utilitario con hebilla plateada en el frente para replicar el emblema real de Naboo, con muñequeras que continuaban en guantes marrón, pantalones rojo opaco y largas botas negras. La joven pasaba inadvertida gracias a su casco que se dejó puesto, solo haciendo visibles sus ojos esmeralda y su largo cabello peinado en cinco pequeñas coletas que se ceñían a lo largo por cuatro anillos de plata para despejar su rostro.

Finalmente la nave real descendió sobre la lanzadera y su rampa se abrió para dejar que sus pasajeros abandonasen el interior lentamente; la Senadora de Naboo portaba un elegante abrigo de terciopelo gris perla con mangas acampanadas, de cuello alto y cerrado hasta la altura del vientre por delicados broches plateados adornados por perlas, abierto bajo el vientre para exponer parte de la falda del vestido que usaba debajo, y por sobre el abrigo llevaba una corta capa de piel gris claro de cuello alto en V hasta la altura de las caderas ante el clima frio de la ciudad, con su largo cabello rosado peinado en una cascada de rizos que caía tras su espalda, casi oculto por un largo velo gris claro que era sostenido por una diadema de escamas de plata y lágrimas de perlas a juego con unos largos pendientes de perlas en forma de lagrima que le rozaban los lados del cuello. El capitán Sabaku, Naruto y la joven a su lado observaron el descenso de la Senadora dejando libre un suspiro, era sabido por todos que la Senadora Haruno volvía al Senado para votar contra la creación de un ejército que ayudase a los sobrecargados Jedi en su misión contra el creciente antagonismo del movimiento separatista, y había muchas facciones que se oponían a su voto y gente que desde su época como reina buscaba acabar con su vida, lo que era motivo de temor para su guardia personal que cuidaba celosamente de su vida.

—Lo hicimos— suspiró Gaara, mucho más tranquilo ante el sereno pasar de los segundos. —Me equivoque, no había ningún riesgo— reconoció, volviendo la mirada hacia la joven a su lado y que solo lo observo en silencio.

El plan acordado por el capitán Sabaku consistía en que todo el grupo y pelotón de guardias descendiera por completo de la nave y subiera a un vehículo de transporte lo más rápidamente que fuera posible, pero solo hizo falta que el grupo encabezado por la Senadora pisara el suelo de la lanzadera para que todo se desvaneciera en una abrupta explosión que envió a Gaara, Naruto y la joven piloto al suelo mientras que los pasajeros de la nave nubiana eran enviados en todas direcciones, todos los sobrevivientes o heridos cegados momentáneamente por el brillante fogonazo de la explosión y que les hizo una odisea la labor de erguirse del suelo. Sintiendo como sus piernas temblaban, la joven piloto se irguió del suelo con ayuda de Naruto quien extrajo su blaster de su cinturón mientras la protegía espalda con espalda, como no dudo en hacer el capitán Sabaku, pero lejos de pensar en su seguridad la joven no hizo sino correr hacia donde se había encontrado la Senadora, y que ahora se hallaba tumbada en el suelo, con su hermoso abrigo gris claro y pieles manchados de sangre, su largo cabello rosado despeinado y sus joyas carentes de brillo, en un charco de su propia sangre. Sin precisar de mantener la farsa por más tiempo, Sakura se quitó el casco de piloto revelando su largo cabello rosado mientras se arrodillaba junto a su leal amiga y doncella, a quien despojo de su peluca, acunando su rostro.

—Pavlin— llamó la Haruno, haciendo que su amiga lentamente abriera los ojos.

—Mi lady, perdón— se lamentó la rubia con la voz quebrada. —Le falle, Senadora— moría cumpliendo con su deber, peor desearía poder sobrevivir y servirle más.

—No…— protestó Sakura sin dudarlo con una triste sonrisa, a ella nunca le fallaría.

La pelirosa ni siquiera pudo terminar de hablar, ya que articulando una ligera sonrisa, feliz por haber cumplido con su deber y protegido a su Senadora y amiga para que luchara por otros un día más aunque fuera, Pavlin dejó libre un suspiró y su cabeza cayó pesadamente, con los ojos abiertos mas Sakura se encargó de cerrárselos lentamente, uniendo sus manos contra las suyas; su amistad había sido corta, pero invaluable para Sakura que se prometía no olvidarla nunca, así recordaría porque seguía viva y aquello por lo que luchaba. Apuntando su blaster en todas direcciones como también hizo Naruto a su diestra, Gaara se apresuró en situarse junto a la Senadora Haruno; la estrategia de cambiar de lugar con una de sus doncellas no había sido suya sino de su padre Rasa cuando la Senadora había sido reina, todo para proteger su vida, pero sin duda que nadie había querido tener que llegar a las últimas consecuencias por ello. Desgraciadamente, y no podían olvidarlo, el peligro no había pasado, el eco de las bocinas y alarmas rasgó el aire, aullando sonoramente, mas nada hizo que Saura se moviera de su lugar junto al cadáver de Pavlin, sosteniendo su mano y contemplando su rostro sereno, con una ligera sonrisa, parecía haber muerto tranquila al saber por sus labios que no le había fallado…pero desearía haber podido hacer más, desearía que ella no hubiera tenido que morir para que ella siguiera viviendo, ¿en que era mejor su vida a la de su querida amiga ahora fallecida?

—Mi lady, aun corre riesgo aquí— recordó Gaara, regresando a la Haruno a la realidad.

—No debí volver— murmuró Sakura dolida, sintiendo que su vida no valía tanto.

—Su voto es muy importante— determinó el Sabaku, tratando de asirla a su deber, —cumplió con su deber; Pavlin con el suyo— comparó pese a lo frio que sonaba, mas Sakura no se movió de su lugar en absoluto, sin apartar la mirada de Pavlin. —Senadora Haruno, por favor— insistió, pues no podían seguir sin ella.

La muerte no era algo ajeno para el capitán Gaara, su padre había sido un guerrero veterano y él un militar consumado, había participado en múltiples combates y visto a mucha gente morir con violencia, por lo que supo mantener a raya sus emociones y mostrarse indiferente, pensando únicamente en el bien de la Senadora como también hizo Naruto, que trato de no apartar la mirada de Sakura, mucho menos curtido en la guerra y en el derramamiento de sangre, como la propia Haruno. La nave Nubian de la Senadora con su fuselaje y casco blindado como un crucero de guerra había sobrevivido indemne a la explosión, así como las naves cazas en que Gaara, Naruto y Sakura habían aterrizado, listas para volver a usarse, pero eso sucedería a futuro; la Fuerza así lo quiera, pensó Sakura mientras soltaba la mano de Pavlin a regañadientes y se levantaba del suelo, no queriendo separarse del cuerpo de su amiga hasta asegurarse que recibiera los ritos funerarios apropiados para alguien proveniente de Naboo, pero no teniendo otra opción que dejarse guiar por el capitán Sabaku hacia el speeder ya preparado y que la llevaría a su apartamento en la republica 500 donde su sobreviviente doncella y amiga Matsuri estaba esperándola para prepararse para la sesión del Senado y a la que no podía faltar. Fracasar no era una opción, no habiendo tanto en juego ni arriesgando a tantas personas que eran importantes para ella.

Ahora más que nunca tenía que seguir peleando, por Pavlin, por todos.


Como de costumbre, el interior de la sala de reuniones del Senado era un absoluto pandemónium, la sesión acababa de comenzar y ya habían toda clase de disputas con motivo de la posible aprobación del acta que permitirá la creación de un ejército para la República con tal de enfrentar a los Separatistas, a lo que la mitad se oponía y la otra mitad celebraba con idéntica vehemencia, la importante votación ya había estado programada desde hace una semana y en nada extraño que las paredes de la sala hicieran eco de los centenares y centenares de voces que hablaban a la vez, expresando ira, pesar y determinación. Una de las personalidades que brillaban por su ausencia y para extrañeza de todos era la Senadora Sakura Haruno de Naboo, que según tenían entendido debía regresar ese mismo día, ¿dónde podía encontrarse, ella que tanto se oponía a aquella moción por considerarla arbitraria e innecesaria? Siempre solemne y elegantemente vestido en su podio privado en el centro del salón, acompañado por su esposa lady Takara, el Canciller Danzo Shimura volvió la mirada ante la llegada de su secretario y mano derecha Torifu Akimichi, que se acercó para susurrarle algo discretamente, ante lo que el político apoyó ambas manos en el borde del podio, pareciendo abatido y bajando la cabeza, haciendo que los Senadores presentes se observaran entre sí con extrañeza, ¿acaso había ocurrido algo?

—Estimados colegas, disculpen— llamó el Canciller, logrando que se hiciera el silencio. —Acabo de recibir noticias trágicas y dolorosas: la Senadora Sakura Haruno de Naboo...ha sido asesinada— informó, haciendo que todos los presentes jadearan de pavor e incredulidad. —Este golpe es especialmente doloroso para mí, antes de convertirme en Canciller fui Senador y le serví en su primer periodo como reina, era una gran líder que luchaba por la justicia, y era tan querida por su gente que podría haber sido elegida reina de por vida, pero ella creía en los límites de su mandato y en la democracia— proclamó con aparente sentimiento. —Su muerte es una gran pérdida para todos nosotros y la lloraremos como una profunda defensora de la libertad, y una querida amiga— se lamentó, observando a los presentes.

—Mis nobles colegas— contrario una voz femenina cargada de autoridad desde el palco Senatorial de Naboo, llamando la atención de todos, —no necesitan llorar aun, pues este ataque lejos de intimidarme no ha hecho sino hacer que mi voluntad sea más fuerte que nunca, porque estoy convencida de que nadie de los aquí presentes quiere una guerra, y defenderé esa moción con mi vida— declaró con firmeza la Senadora de Naboo, sorprendiendo a todos los presentes. —Canciller— saludó inclinando con respeto la cabeza ante el Canciller, solo por las apariencias.

Lejos de ser una ser etéreo e irreal, la Senadora Haruno se encontraba viva, indemne y más fuerte que nunca, hermosamente ataviada en un vestido de seda negra estampado en bordados dorados de la casa real de Naboo, de cuello alto y cerrado, con falda de una sala capa y mangas ceñidas hasta las muñecas, aunque solo el cuello y las mangas eran visibles bajo una capa superior de terciopelo azul oscuro—casi negro—con reflejos violáceos, de profundo escote en V que se ceñía bajo el busto a su esbelta figura, con mangas abullonadas desde los hombros a los codos, continuando en mangas holgadas que se abrían a la altura de los codos, y falda que se arremolinaba a su andar, decorada con escamas de oro en forma de corazón con un diamante en el centro, formando un fajín que enmarcaba sus caderas, su largo cabello rosado estaba peinado en una coleta alta que dejaba caer sus rizos a la altura de su nuca, destacando una diadema de oro decorada por gemas ámbar y amatistas a juego con unos largos pendientes con una lagrima al final y alrededor de su cuello reposaba una guirnalda de oro y amatistas que se ceñían a su cuello y caía sobre su escote. Superando su impresión inicial, el Senador Obito de Alderaan y la Senadora Kurenai de Chandrila, además de muchos otros no tardaron en estallar en vítores al saberla a salvo.

—Es una gran sorpresa y alegría verla, Senadora— recibió Danzo con una ligera sonrisa, aunque solo para el público. —Se reconoce la palabra de la Senadora Haruno de Naboo— consintió dejándola hablar, ya que todos querían escucharla.

—Gracias— asintió Sakura, regresando su mirada a los demás presentes. —Hace menos de una hora tuvo lugar un intento de asesinato contra mi persona; una de mis doncellas y seis de mis guardias fueron asesinados despiadada e injustificadamente— informó, pasando su mirada por los Senadores, intentando ver duda o concupiscencia en los ojos de alguien. —Yo era el objetivo, porque he liderado a la oposición para construir un ejército, pero hay alguien que no se detendrá ante nada para callarme, y déjenme decirle a ese alguien que eso no sucederá jamás— advirtió, dirigiéndose sin dar nombres al responsable de aquel atentado.

A Sakura no le importo escuchar jadeos de sorpresa e indignación ante su acusación, ¿qué habría de detenerla ahora que había estado tan cerca de la muerte? No iba a esconderse ni temblar otra vez, si iba a morir iba a ver a su enemigo a la cara sin importar el precio, era una promesa. El motivo por el que múltiples senadores querían que se creara un ejército propio para defender la República de los Separatistas se debía a que creían que los Jedi no daban abasto con tantas amenazas, pero Sakura estaba en contra de aquella idea, conocía a Jedi realmente poderosos como el Gran Maestro Onoki que había estado a punto de entrenarla a ella si se hubiera unido a la Orden en su infancia, a Minato Namikaze que ahora era uno con la Fuerza tras su muerte y a Kakashi Hatake que ahora era un Maestro Jedi, entre tantos otros, ¡claro que darían a basto con tantas amenazas si confiaran en ellos y trataran de aprobar decisiones que los ayudaran en lugar de ralentizar o imposibilitar su labor! El objetivo del Senado, y en ese punto Sakura hablaba por sí misma, era lograr mantener la paz, no hacer la guerra con los Separatistas, había enemigos entre ellos pero también amigos muy queridos a quienes debían volver a la luz de la democracia y no insistir en la disidencia, lo que el conde Madara—líder de los Separatistas—aprovechaba para convencer a más y más sistemas a unirse a su causa y abandonar la República.

—Les advierto que si votan para crear este ejército, lo que seguirá será la guerra. He experimentado la miseria de la guerra de primera mano y no deseo volver a hacerlo— declaró Sakura, sin claudicar en su postura. —¡Despierten Senadores, por favor! Si les ofrecemos violencia a los Separatistas, solo violencia es lo que nos devolverán, muchos perderán sus vidas y todos perderán su libertad— no quería vivir para ver como la galaxia que conocía se volvía un campo de guerra, enfrentando a hermanos con hermanos. —Esta decisión podría destruir los cimientos de la República, por favor, no dejen que el miedo los empuje a una decisión desastrosa, nadie quiere librar una guerra— la democracia en que creían iba contra todo aquello y no podían olvidarlo.

Sin arrepentirse por su declaraciones, Sakura paseó su mirada esmeralda por la vasta sala circular, sintiéndose plena al volver a ver los rostros de grandes amigos suyos como lo eran Obito y Kurenai, pero tragándose su disgusto al saber que otros estaba completamente en su contra…y quizás hubieran llegado a intentar matarla por ello, ¿estaba segura? Claro que no, en política nunca se podía estar seguro de nada, sabía que sus palabras podían ser consideradas como un insulto por muchos, mas no las había dicho por ello sino porque tenía una corazonada muy clara de quién era el responsable y no podía callarse. Sabía que las personas que más deseaban silenciarla eran aquellas a favor de crear un ejército armado para la República, pero por alguna razón que no conseguía determinar, tal vez por algún conocimiento subconsciente o solo porque así lo sentía en su corazón, estaba convencida de que quien buscaba silenciarla era precisamente quien no debía desear su muerte, y había muchos a los que tener en cuenta. Ante las palabras de la Senadora Haruno, el clamor y los gritos no tardaron en manifestarse y con mayor fuerza que antes, casi como si pretendieran—así podía interpretarse—posponer la votación con su insistencia y Sakura comenzó a pensar que tal posibilidad no era lejana ahora que ella estaba presente.

—¡Orden!, ¡orden!— llamó Torifu Akimichi, mano derecha del Canciller, sin éxito dado que el debate de los Senadores a ese punto era incontrolable.

—En vista de la hora y la seriedad de esta moción, abordaremos este asunto mañana— decidió el Canciller Shimura ante semejante caos, —hasta entonces, el Senado levanta la sesión— eso beneficiaba al conflicto, y por supuesto lo beneficiaba a él.

Sentada al interior del palco junto al capitán Gaara Sabaku, Naruto y el representante Gungan Metal Lee, se encontraba Matsuri la ahora única doncella de la Senadora, portando un vestido de escote redondo hecho de seda índigo con detalles ónix, ceñido bajo el busto por un fajín lila oscuro, con mangas acampanadas y falda de una sola capa, sencillo bajo un largo manto purpura que la cubría casi por completo, con una capucha que enmarcaba su rostro, con su largo cabello castaño almendrado peinado en una trenza, resaltando una pequeña guirnalda de oro alrededor de su cuello con un diamante en el centro, alzando con tristeza la mirada hacia la Senadora, presta a sus reacciones ante la decisión del Canciller. Sabiéndose apoyada por los suyos como siempre pero reservada a esperar como el resto de los Senadores presentes y que se oponían a la moción de tolerar la creación de un ejército militar, Sakura apoyó ambas manos en el borde del palco, apretándolas hasta sentir que sus nudillos se tornaban blancos, bajando la mirada con frustración, no porque pretendiera rendirse ni trastabillar ante este obstáculo en su camino sino sintiendo como su corazón la impulsaba a aferrarse con mayor fuerza a sus creencias, lista para seguir luchando hasta las últimas consecuencias y arriesgar su vida de ser preciso, por Pavlin y por su gente, por su mundo. La decisión se pospondría, pero ella seguiría luchando…


Uno por uno, todos los Senadores presentes en la sala de debate del Senado hicieron abandono de sus palcos y se retiraron en silencio a sus oficinas, pero Sakura permaneció en su lugar por varios minutos, meditando en silencio cuál sería su plan de acción de ahora en más, porque había regresado a Coruscant arriesgando su vida y la de los suyos—el personal que le servía y protegía—para que se desechara la propuesta de crear un ejército para la República, pues de lo contrario solo se acrecentaría el conflicto con los Separatistas. Necesitando regresar a su apartamento, pues allí en el Senado y ya habiendo finalizado la sesión sabía que no conseguiría nada, por lo que se levantó de su lugar y procedió a abandonar el palco en compañía de su doncella Matsuri, el capitán Gaara, Naruto y Metal Lee. Pese al poco tiempo que llevaba como Senadora, Sakura Haruno se había revelado como uno de los defensores más leales y poderosos de la República, una legisladora decidida a mejorar el sistema dentro de los confines de la constitución, era una mujer que creía fervientemente que la auténtica belleza del sistema de gobierno radicaba en la capacidad interna para automejorar, y nada la haría cambiar de opinión. Al abandonar su palco y salir al pasillo, Sakura se sorprendió al encontrar a su amigo el Senador Obito Nohara esperándola, así como varios rostros conocidos del alto Consejo Jedi, que inclinaron la cabeza al verla.

—Senadora Haruno— saludó el Maestro Onoki al frente del grupo de Jedi, —en cuanto me enteré de su tragedia en la plataforma de aterrizaje sabía que tenía que venir— manifestó para justificar su presencia, —me provoca una enorme felicidad verla a salvo—declaró con una sonrisa, pleno al saber que un atentado no la haría claudicar.

—Gracias, Maestro Onoki, también me alegra verlo— correspondió Sakura, inclinando la cabeza ante el Gran Maestro Jedi con una ligera sonrisa. —¿Tienen idea de quien planeo este ataque?— consultó a los demás Maestros presentes.

—Sospechamos de unos mineros de especias inconformes, en las lunas de Naboo— contestó el Maestro A, serio aunque respetuoso hacia la Senadora.

—Quizás sea precipitado, pero creo que el Conde Madara puede ser el responsable— consideró la Haruno en voz alta, habiéndolo cavilado largamente.

—Disculpe que objetemos, Senadora, pero el Conde Madara es un político idealista, no un homicida— diferenció el Maestro Jiraiya, no queriendo creer que quien una vez había sido un Jedi pudiera cometer semejantes actos.

—Llámelo sentido Jedi si quiere, Maestro Jiraiya, pero solo es un presentimiento— asoció Sakura únicamente con una tenue sonrisa ante lo burdo que sonaba.

—Buena Jedi seria, Senadora— sospechó Onoki con aire bromista pero para alabar sus instintos al mismo tiempo.

En su día, y Onoki siempre lo recordaba con nostalgia, había pensado en encargarse personalmente de entrenar y recibir en la Orden Jedi a la ahora joven Senadora de Naboo, su recuento midicloriano en relación a su sensibilidad a la Fuerza no era excelso—estaba dentro del promedio de cualquier Jedi—, pero sus sentidos eran muy agudos desde su más temprana infancia y esta situación lo demostraba; un Jedi debía dejar que la Fuerza lo guiara, que le susurrara lo que debía hacer, y pocos Jedi eran tan prestos como la Senadora en seguir sus instintos cuando estos le hablaban, sin dudar. Como todos, Sakura sabia del asunto de los mineros de especias desconformes en las lunas de Naboo sobre las contrataciones, mas ello involucraba a la reina Konan ¿por qué la atacarán a ella que representaba a su planeta en el Senado? No tenía sentido, pero lo que Sakura si creía era que el conde Madara—antes Maestro Jedi—estaba aliado con los Separatistas y recientemente vinculado al Virrey Homura Mitokado y la Federación de Comercio…y él sí que tenía razones para quererla muerta, mal que mal llevaba años en los tribunales de la Suprema Corte por su intento de apoderarse de Naboo y matarla hace ocho años. Invitando a los Maestros Jedi a acompañarla, así como al Senador Obito, Sakura continuo con su camino, conduciéndose a la par que el Maestro Onoki quien camino a su lado, siempre apoyándose en su bastón.

—Usted sabe que el Conde Madara fue un Jedi, Senadora— recordó el Maestro A, a la izquierda de la pelirosa, —nunca asesinaría a nadie, no lo tiene en la sangre— cierto es que el conde había abandonado la orden pero por asuntos de política en su mundo, no porque hubiera traicionado lo que los Jedi representaban.

—Pero lo que sí es seguro, Senadora, es que usted está en grave peligro— obvió el Maestro Onoki, deteniendo su andar y haciendo que la Senadora hiciera igual.

—Maestros— llamó el Canciller Shimura, conduciéndose por el pasillo hacia ellos en compañía de su esposa Takara y su mano derecha Torifu, —yo sugiero que la Senadora sea puesta bajo la protección de los Jedi— manifestó pese a saber que aquello iba contra las reglas, ya que la política no podía vincularse a la Orden Jedi.

—¿Cree que sea prudente en estos tiempos difíciles?— se aventuró a cuestionar Obito, pues los Jedi tenía labores más importantes, sin menospreciar a su amiga.

—Si me lo permite, Canciller, no me parece que la situación...— protestó Sakura, abogando precisamente por los Jedi en cada una de sus mociones en el Senado.

—¿Sea tan seria?— interrumpió Danzo con aparente indignación ante aquella idea. —Yo creo que sí, Senadora, estoy consciente de que una seguridad adicional podría parecerle molesta...pero tal vez alguien que le sea familiar podría ayudar— meditó, buscando su bien o eso parecía, —un antiguo amigo; el Maestro Hatake— sugirió en voz alta, sabiendo que él y su Padawan la habían protegido en años pasados.

—Es posible, él y su Padawan acaban de regresar de una misión en Ansion— reconoció el Maestro A en voz alta ya que eran de los Jedi más capaces.

Como Senadora de la República, Sakura estaba continuamente ocupada pero a lo largo de los años y durante sus dos periodos como reina había encontrado tiempo de enviarle cartas y mensajes a Sasuke, ambos se habían mantenido en contacto por correspondencia, seguían siendo amigos y en el fondo Sakura estaba feliz por poder volver a verlo aunque fuera de esta forma, ansiosa a decir verdad por poder verlo y abrazarlo como tanto había deseado hacer durante estos ocho años, pero en ese momento se mantuvo seria a indiferente porque no necesitaba más seguridad ni era correcto habiendo tanto que los Jedi podrían hacer en lugar de protegerla a ella, mas poco parecía importar lo que ella tuviera que decir, frunciendo el ceño al encontrar su mirada con la del Canciller. Sakura no podía decir si las intenciones de ese hombre eran buenas o malas, pero no sabía si podía confiar en él, era un instinto pero que siempre seguía. De pie junto a la Senadora Haruno, pequeño por su estatura y apoyado en su bastón, el Gran Maestro Onoki observó en silencio al Canciller Shimura; era el deber de los Jedi estar al servicio de la República pero mentiría si no dijera que sus instintos le decían que algo no estaba bien, él ya de por si deseaba proteger y asistir a la Senadora—a quien consideraba una más de la Orden Jedi, dado su pasado—pese a saber que no era apropiado, ¿por qué hacerlo por una imposición del Canciller?

—Senadora, hágalo por mí, se lo suplico— rogó Danzo observando a la joven Senadora, —la idea de perderla es insoportable— declaró pareciendo mortalmente preocupado por ella…quizás demasiado, pensó la pelirosa con ojos críticos.

—Está bien, Canciller— aceptó Sakura sin otro remedio aunque con un suspiro de frustración.

—Kakashi se reportará con usted cuando antes— prometió el Maestro A en nombre de la Orden Jedi.

—Gracias Maestro A— agradeció la Haruno con una ligera sonrisa, no pudiendo pedir más.

Aunque por dentro Sakura quisiera correr de regreso a su apartamento, darse un baño, cambiarse de vestido y lucir mucho menos rígida que como se veía en el Senado, esperar a que Sasuke apareciera y abrazarlo como tanto había deseado hacer…no podía olvidar que estaban al borde de una guerra, hoy o mañana estallaría definitivamente el conflicto entre la República y los Separatistas que ella tanto buscaba impedir o ralentizar a través del dialogo, pero quizás interiormente supiera de antemano que aquello era inevitable y por ello precisamente buscaba que los Jedi se encontrasen libres de responsabilidades inútiles, porque vaya que serían necesarios en dicha guerra. Leyendo las ideas que daban vueltas por la mente de la joven Senadora como si viera a través de un estanque, Onoki sonrió muy discretamente, halando de una de las mangas de su vestido, ante lo que Sakura bajo la mirada en respuesta, inclinándose a la altura del Gran Maestro Jedi que le susurró—para que solo ella pudiera oírlas—unas sencillas pero precisas palabras y que la hicieron reflexionar: Se preocupa demasiado poco por usted, Senadora, y en exceso por la política. Cuidado con el peligro, acepte nuestra ayuda…aunque sea por ahora. De haber sido por Onoki, la habría ayudado de forma privada y sin necesidad de que el Canciller actuara de intermediario, mas no había opción, por lo que Sakura asintió en silencio.

Obedecería, pero solo porque la Fuerza le decía que era lo correcto.


Tras despedir a la Senadora Haruno, que procedió a retirarse rumbo a su apartamento en la Republica 500 acompañada por su doncella, su encargado de seguridad, su astromecánico, su delegado y un pelotón de guardias que se encargaría de custodiar su residencia; los miembros del alto Consejo Jedi que habían acudido a recibirla y mostrar su respeto y sosiego—al saberla a salvo pese a tan serio atentado— fueron convocados momentos después por el Canciller Shimura a su despacho para hablar de la problemática porque atravesaba la República. El Canciller Danzo Shimura se encontraba sentado ante su escritorio en su elegante despacho, con su esposa lady Takara de pie a su diestra y su mano derecha Torifu a su izquierda, con un gran ventanal rectangular a su espalda que permia contemplar el agitado tráfico de Coruscant y el cielo azul ligeramente grisáceo ante la contaminación y los remanentes del atentado a la Senadora Haruno que aún continuaba en el aire, con los enormes edificios y torres elevándose como una acrópolis encantadora y llamativa para los miembros del Consejo Jedi sentados sobre los divanes frente al escritorio del Canciller a quien escuchaba muy seria y atentamente. En la entrada del despacho se encontraban dos guardias vestidos de rojo oscuro, como dos figuras imponentes y poderosas, con sus grandes cascos curvos y largas capas que casi rozaban el suelo.

—No sé cuánto tiempo más podre posponer la votación, cada vez se unen más sistemas estelares a los Separatistas— recordó Danzo en voz alta, desviando la mirada hacia su esposa de pie a su lado.

—Si logran su cometido…— puntualizó el Maestro A o eso intento, tratando de mantener el dialogo lo más posible ya que eso que lo que buscaban los Jedi.

—No permitiré que esta República, que se mantiene en pie desde hace mil años, se divida en dos— discutió el Shimura, siempre pareciendo el líder más idóneo para la democracia. —Mis negociaciones, no fallaran— declaró con convicción fuerte.

—Si fallan, debe entender que no hay suficientes Jedi para proteger la República— aclaró A, sin ánimo de dudar de las capacidades del Canciller. —Velamos por la paz, no la guerra— pero cada vez comenzaba a parecer as que ambas líneas convergían.

Los Jedi se contaban por cientos, miles, pero eso era Coruscant donde cientos de seres sensibles a la Fuerza se reunían y convergían en pro de una misma causa, claro que había otros Jedi en otras partes de la galaxia pero ellos actuaban en solitario y no unidos como uno que era lo que predicaba la Orden, y en cualquier caso más de un Jedi considerablemente fuerte había desertado o abandonado la Orden por distintos motivos en los últimos años o habían muerto como había sido el caso de Minato. Además, los Padawan y futuros Jedi más jóvenes se sentían demasiado seguros de sus capacidades pese a no haber enfrentado nunca un campo de batalla real o una guerra, ¿cómo aceptar así el inminente conflicto que cada día se tornaba más y más próximo? Cerrando los ojos un momento, meditando la problemática e intentando acercarse a la Fuerza para saber qué decisión tomar, el Gran Maestro Onoki pensó en Sasuke Uchiha…joven pero sin duda el Padawan más capaz de su generación y que a diferencia de los demás jóvenes arrogantes—él mismo también era arrogante, aunque no sin justa razón—si sabía de la crueldad, de la guerra y la muerte desde su infancia, su pasado de esclavo le facilitaba aquello y también haber participado en la liberación de Naboo durante el bloqueo, era joven y muy temerario pero era de los pocos Jedi capacitados para lo que tarde o temprano ocurriría, ¿lo estarían los demás?

—Maestro Onoki— llamó el Canciller Shimura, haciendo que el Maestro Jedi volviera la mirada hacia él, —¿cree que esto termine en guerra?— consultó con incertidumbre.

—El lado oscuro crea mucha confusión— suspiró Onoki con pesar, —me temo que es imposible ver el futuro— había una nube de penumbras nublando su juicio.

Los Jedi se aferraban al reglamento dejado por sus predecesores en el caso de aquellos más jóvenes mientras que los más veteranos y sabios como el Maestro Onoki se asían a los principios solidos que habían fundado la Orden en su día…pero era difícil saber qué hacer, su sensibilidad a la Fuerza era primordial pero muchos confundían la arrogancia y temeridad con el instinto, arriesgando sus vidas y muriendo irremediablemente, el lado oscuro de la Fuerza estaba más y más presente con el tiempo, era como si la amenaza Sith a la cual se habían enfrentado hace ocho años—matando al presunto Sith que a su vez había tomado la vida de Minato—no hubiera desaparecido, ¿sería posible que no hubieran resuelto realmente el problema?, ¿realmente no habían matado al Maestro sino al Aprendiz? Aquella era la regla de los lores Sith; siempre dos había de haber, un Maestro que transmitía el conocimiento y un aprendiz que se nutría de ello hasta volverse más fuerte y matar a su Maestro, ¿por qué sino los Jedi verían tan nublado su juicio y poder de decisión? Fuera cual fuera la verdad, tendrían que tratar de evitar la guerra a toda costa…


La misión de Kakashi y Sasuke en Ansion había terminado la noche anterior cuando habían iniciado su regreso a Coruscant, llegando en la madrugada, cuando el sol todavía no había emergido del horizonte, reportando todo lo sucedido al Consejo Jedi junto a la Maestra Mito Uzumaki y su Padawan Tayuya, ¿Sasuke había podido siquiera dormir un poco? En el camino de regreso a Coruscant, porque la hora a la que se habían reportado al Consejo era el horario normal para que todo Jedi comenzara con su jornada diaria de entrenamiento. En el centro de la sala de meditación se encontraba el Uchiha, sentado en el suelo y con los ojos cerrados, flotando ligeramente ante su latente conexión con la Fuerza; detestaba meditar, no porque fuera aburrido sino porque lo obligaba a mirar en su interior e intentar encontrar la paz que se alejaba cuando estaba a su alcance, nunca había sido capaz de encontrar paz interior debido a sus miedos y las emociones beligerantes que latían en su interior, pero ahí estaba, intentando. A varios metros de distancia estaba Kakashi observándolo en silencio, vistiendo su típico atuendo de Jedi; una camisa de cuello alto marrón claro bajo una túnica de terciopelo crema que se ceñía a su cuerpo por un fajín de la misma tela y sobre esta un cinturón de cuero marrón rojizo donde reposaba su sable de luz, pantalones de cachemira beige y botas de cuero marrón rojizo como su largo abrigo.

—Vengan a mí, vengan a mí...— murmuró Sasuke, esforzándose por hallar paz a través de la meditación…sin éxito, —no vienen a mí— suspiró, abriendo los ojos y aterrizando en el suelo al cesar en su meditación.

—Como siempre, haces un pobre trabajo de meditación, Sasuke— criticó Kakashi, acercándose a su Padawan, —tienes que aislar tu mente consiente de la realidad y conectarte con la Fuerza— recordó, ante lo que el azabache entorno los ojos.

—Eso intento, pero hacerlo no es tan fácil como parece— obvió el Uchiha, dirigiéndose a las gradas y de donde tomo su abrigo. —No lo sé, Kakashi, creo que la meditación no es lo mío— consideró en voz alta, acomodándose el abrigo sobre los hombros.

—Sasuke...— suspiró el Hatake únicamente no sabiendo que más decir para animarlo.

—Harías bien en escuchar a tu Maestro, joven Uchiha— intervino una voz sumamente familiar.

Escuchando suficiente de la conversación, el Gran Maestro Onoki en compañía del Maestro A ingresaron en la sala de meditación, encontrando a Maestro y Padawan en uno de sus permanentes tira y afloja; Kakashi era uno de los mejores Jedi de su generación, sabio, prudente y muy inteligente además de mesurado pero su área era el diálogo y la diplomacia mientras que su Padawan era astuto, ágil, determinado y un experto en la estrategia de la guerra, hasta su forma de usar el sable de luz era la clásica para un enfrentamiento y estas diferencias tan complementarias entre si eran lo que nutria su relación y los hacia chocar al mismo tiempo. Sonriendo para sí bajo la máscara, Kakashi inclinó la cabeza como señal de respeto ante los Maestros Jedi como también hizo Sasuke a su lado, sin importar que el Hatake siguiera tan estrictamente el Código Jedi en cada aspecto de su vida, había roto la regla de no tener apegos hace mucho tiempo con Sasuke a quien amaba como a un hijo, lo que hacía que su relación fuera tan única, cómplice y especial. Deteniéndose ante el dúo Hatake-Uchiha como muchos llamaban a tan singulares Maestro y Padawan, Onoki sonrió ligeramente, de solo profundizar más en su introspección y meditación estaba convencido de que Sasuke Uchiha seria promovido a Caballero Jedi en ese preciso momento, pues sabiduría, arrojo y sensibilidad con la Fuerza eran algo que tenía en demasía.

—Sí, Maestro Onoki— fue todo lo que Sasuke pudo decir, comprometido a seguir intentando.

—Pero por ahora hay algo más importante en que pensar— aclaró el Maestro A con tono serio. —Se ha presentado una encomienda al Consejo Jedi, el Canciller Shimura pide su asistencia— comunicó, no estando totalmente de acuerdo con ello.

—Perdone que pregunte, Maestro, ¿pero por qué?— inquirió Kakashi, hablando tanto en su nombre como en el de su Padawan.

—La Senadora Haruno sufrió un atentado con motivo del acta de creación militar que se está discutiendo en el Senado, intentaron matarla— reveló el Maestro A, sorprendiendo tanto a Maestro como a Padawan, —y por su propia seguridad es que el Consejo Jedi tiene la labor de velar porque no sufra ningún daño— los Jedi habrían decidido aquello por su cuenta, pero el Canciller había insistido en intervenir.

Bajando la mirada, Sasuke se esforzó por permanecer imperturbablemente tranquilo y no permitir que sus sentimientos lo traicionaran, pues los Maestros Jedi podrían sentirlo, pero en su corazón agradeció que Sakura estuviera a salvo, no se perdonaría que algo le pasara y él ni siquiera hubiera podido volver a verla, ¿quién podía atreverse a lastimar al ser más puro de la galaxia? Desde la distancia, Sasuke había seguido con admiración la carrera política de Sakura pese a su deprecio por la política del Senado, maravillado al presenciar desde lejos como la chica que había conocido no había cambiado, seguía luchando por los que no tenían voz y eso hacía que la amara aún más. Era un sueño egoísta desear volver a verla y lo sabía, pero anhelaba sentir al aroma floral de su cabello, ver el brillo de la inteligencia y pasión en sus ojos esmeralda, o escuchar su dulce voz…¿era tan egoísta por querer verla otra vez más que cualquier otra cosa? Meditando la situación, llevándose una mano al mentón por encima de la máscara, Kakashi se contuvo de desviar la mirada había Sasuke, quien sin duda estaba feliz por tan inesperada asignación; Kakashi había aprendido de su fallecido Maestro Minato a no confiar en los políticos sin importar lo amables que parecieran, y Sakura no era una excepción sin importar que la recordara con cariño.

—Entiendo— suspiró el Hatake finalmente, —¿y la Senadora está de acuerdo?— preguntó pese a intuir cual sería la respuesta.

—Ni nosotros lo estamos— aclaró el Maestro Onoki, estando de acuerdo en proteger a la Senadora mas en no en la forma, —podríamos haberla ayudado si ella lo hubiera pedido, pero el Canciller determino que lo mejor para ella sería estar bajo nuestra protección— los Jedi tenían su modo de hacer las cosas, sin intermediarios.

—La Senadora es el único político en que podemos confiar y debemos protegerla— recordó al Maestro A, —pero por ahora no deberán investigar la identidad del asesino, solo protegerla— necesitaban que ocurriera algo más para actuar en consecuencia.

—Eso haremos, Maestros— asintió Kakashi sin dudarlo, —partiremos en seguida— anunció formalmente.

—Que la Fuerza este con ustedes— deseó el Maestro Onoki, confiándoles la seguridad de la Senadora.

Inclinando la cabeza con respeto, Kakashi y Sasuke se retiraron en silencio para cumplir con la encomienda del Consejo Jedi cuanto antes, hablando objetivamente—y Kakashi lo sabía—había mucho que hacer; reunirse con la Senadora Haruno en su apartamento en la República 500, estudiar el terreno en sí y remediar cualquier posible oportunidad que pudiere encontrar el o la asesina implicado en el asunto con el fin de proteger mejor a la Senadora…pero no más, los Jedi no tenían permitido hacer una investigación hasta que no sucediera nada más preocupante o que volviera a poner en peligro la vida de la Senadora, no por su cuenta y no habiendo recibido aquella orden, y Kakashi no iría contra el Código Jedi. Caminando a la diestra de Kakashi, perdido en sus propios pensamientos mientras abandonaban el templo Jedi, Sasuke tuvo en impulso de querer regresar a su habitación, darse una ducha—lo que ni siquiera había podido hacer esa mañana—, cambiarse de ropa o tan siquiera verse ante el espejo a fin de verse más presentable, conteniendo el tratar de acomodarse el abrigo o alisar su rebelde cabello azabache. Sakura había dejado de ser la reina de Naboo hace tiempo, cuando la viera no tendría que cuidar hasta el más mínimo de sus movimientos en presencia de otros…pero era muy importante para él y llevaba ocho años sin verla.

Los nervios lo estaban devorando.


El sol comenzaba a cruzar el cielo y dirigirse al otro extremo del horizonte para ocultarse cuando el dúo Hatake-Uchiha abordo el ascensor que los llevaría hacia el apartamento de la Senadora Haruno, ambos en completo silencio y meditando temas muy opuestos entre sí; Kakashi observó los rascacielos que comenzaban a parecer gigantescos monolitos naturales, como todas las grandes construcciones que adornaban la ciudad, solo entonces deteniéndose a considerar cuál sería la opinión de la Senadora Haruno sobre su presencia para velar por su seguridad como había ordenado el Consejo, a diferencia de su joven Padawan a quien sabia y sentía profundamente nervioso a su lado. La mayor parte del tiempo—y Kakashi se enorgullecía por ello—Sasuke mantenía en control sus emociones, excepto esta vez. La holonet y los medios alababan continuamente a Sasuke Uchiha, y no era para menos, su singular atractivo, arrojo y carisma personal era incuestionables, pero al futuro Jedi no le importaba nada de ello ni creía lo que se comentaba de su persona, prueba de ello fue la forma en que durante su breve trayecto a bordo del ascensor—y cada vez que sentía que su Maestro no lo veía—trato de peinar su rebelde cabello azabache, acomodar su abrigo o túnica y lucir presentable de mil y un formas que se le ocurrieran, resultando casi irrisorio para el Hatake que se hizo el desentendido.

—Pareces nervioso— comentó Kakashi, desviando la mirada hacia su Padawan.

—No lo estoy— contestó Sasuke de forma como convincente, terminando de acomodarse el abrigo.

—No te veía tan nervioso desde que caímos en ese nido de gundarks— rememoró el Hatake en voz alta con el fin de distraerlo.

—Tú caíste en esa pesadilla, Kakashi, y yo te rescate— aclaró el Uchiha con una sonrisa ladina, —¿lo olvidaste?— Kakashi tenía mucho talento para tergiversar sus aventuras.

—Ah, sí, es cierto— aceptó el peligris en voz baja, saliendo mal parado de aquel relato.

Por alguna razón que Sasuke no entendía pero que le resultaba divertida y curiosa, Kakashi y él tenían la costumbre de llevar una cuenta de todas las veces en que se habían salvado el uno al otro durante sus misiones a fin de cobrar un favor la próxima vez que regresaban a Coruscant, ya fuera esto invitarle el almuerzo o hacer un esfuerzo extra en el entrenamiento o simplemente pilotar un speeder en plena noche—pese al odio que Kakashi le tenía a volar por un evento ocurrido en sus días de Padawan—a fin de olvidarse de todo, pero lo verdaderamente divertido para Sasuke es que al recordar sus misiones y aventuras juntos, Kakashi siempre parecía recordar que salía airoso y que él arriesgaba su vida y debía ser salvado cuando sucedía justo lo contrario. Aunque vergonzoso de recordar por su parte, Kakashi no pudo evitar reír por lo bajo, contagiando a Sasuke, justo lo que buscaba lograr para eliminar la tensión existente en el ambiente, mas eso solo sirvió por un par de segundos ya que cuando la distracción paso, Sasuke volvió a mostrarse tan tenso como antes y Kakashi sabía bien porque; porque estaba enamorado e iba a volver a ver a la chica que le había robado el corazón y se había adueñado de su alma a los once años…Kakashi también había estado enamorado en su juventud y sabía perfectamente lo que Sasuke sentía.

—Estas sudando— suspiró Kakashi, absteniéndose de reír. —Relájate, respira hondo— aconsejó, no queriendo que su Padawan se desmayara a causa de los nervios.

—No la he visto en ocho años— obvió Sasuke a fin de justificar su sentir y no era para menos.

—Tranquilízate, Sasuke, recuerda que ya no es la reina— comentó el Hatake a fin de aligera el ambiente, sin éxito.

—No es por eso que estoy nervioso— murmuró el Uchiha, pero su Maestro no pudo escucharlo.

¿De qué manera Sasuke podía expresar el nudo que sentía en el estómago y la garganta? Llevaba ocho años sin ver a Sakura, no recurría a medios como la holonet y televisión para contemplar su imagen, sonaba lastimero, por lo que llevaba ocho años imaginando la bella mujer en que se habría convertido la chica que recordaba, ¿y si él no estaba a la altura de sus expectativas? Compartir cartas era una cosa pero verse tantos años era otra, más teniendo el peso de tantos momentos juntos a sus espaldas, y el peso de un sentimiento que día con día crecía, ¿Sakura sentiría lo mismo? Sasuke negó en silencio, tratando de no pensar en ello o perdería la razón. Era anecdótico para Kakashi, quien sonrió ladinamente bajo su máscara, en su día—cuando había tenido alrededor de la edad de Sasuke o un poco mayor—él también había sentido unos nervios atroces de solo imaginar estar a solas con cierta Duquesa a quien llevaba en sus pensamientos hasta el día de hoy aunque ya fuera como un recuerdo de lo que podría haber sido su vida de haber abandonado la Orden Jedi, el amor era algo primordial en la vida de cada ser humano, conducía a un propósito y dirigía el ritmo de la vida, pero los Jedi no tenían permitido enamorarse, o eso decía el Código…


Tras una espera que pareció interminable, el ascensor se detuvo en el piso en que se encontraba el apartamento de la Senadora, permitiendo a los Jedi familiarizarse con el terreno del pasillo que los llevo a una puertas dobles a la que—siempre educado—Kakashi llamó, esperando por breves segundos hasta que estas se abrieron, revelando a un rostro ligeramente familiar para Kakashi y Sasuke que fruncieron el ceño con curiosidad. Lejos del joven pacifista—aunque seguía siéndolo con fervor—que había ascendido a una posición de poder gracias al aprecio del Jefe Might Duy, Metal Lee a sus más de veinte años era el representante Gungan de Naboo en el Senado de la República y mano derecha de Sakura en sus decisiones, vistiendo una elegante túnica de seda zafiro de cuello alto y redondo—debajo una camisa azul de cuello alto y cerrado, con un grueso margen azul claro que comenzaba en los hombros y formaba una línea vertical hasta el final de la tela, con nueve botones planteados que cerraban su traje desde el cuello al abdomen, mangas ceñidas y muñequeras azul claro, pantalones azul oscuro y botas de cuero negro, con un elegante turbante sobre su corto cabello negro. Al abrir el cerrojo electromagnético que mantenía cerrados los apartamentos de la Senadora, con el permiso de los guardias que flanqueaban la entrada, Metal se sorprendió gratamente ante tan ilustres visitas.

—Kakashi— reconoció Metal, conteniéndose para no abrazar al peligris, tendiéndole la mano en su lugar, —me alegra verte— ocho años era demasiado tiempo.

—Y a mí, Metal Lee— correspondió el Hatake estrechándole la mano, sorprendido de volver a verlo. —Te ves muy bien— sabía que el chico que recordaba seguía ahí.

—Gracias— sonrió el Gungan, honrado. —También es bueno verte otra vez, Sasuke— obvió, volviendo la mirada hacia el Uchiha, observando con admiración el hombre en que se había convertido. —Acompáñenme, a Sakura le encantara verlos— invitó con aire cómplice, haciendo sonreír a ambos Jedi mientras ingresaban en el apartamento. —Senadora Haruno, los Jedi llegaron— anunció al cruzar el umbral de la sala.

Mientras esperaba la inminente llegada de los Jedi, Sakura se había encontrado en el balcón de la sala, contemplando desde aquel lugar de honor la bella puesta de sol en compañía de su leal amiga Matsuri quien se notaba tan apesadumbrada como ella por la muerte de Pavlin, resignada a realizar su deber para que ella no hubiera muerto en vano; acompañada además por el capitán Gaara Sabaku y por Naruto que nunca se separaba de ella. Sakura volvió la mirada al escuchar la voz de Metal Lee, sintiendo que su corazón latía más rápido a causa de la emoción, sujetando la falda de su vestido al volverse hacia la sala, sabiendo que Matsuri estaría a su lado en todo momento para infundirle valor y estabilidad. Al ver a Sakura, Kakashi no sonrió ligeramente bajo su máscara, la chica que recordaba no había cambiado y que siguiera en la política era prueba de ello así como su temple siempre elegante al caminar con la frente en alto, la única diferencia es que ahora lucia genuina, sin precisar de los usares de reina como hace ocho años…oh, y ahora ya no era una adolescente sino una mujer, y muy admirada por todos. Viendo a Kakashi bajar la cabeza con respeto y reverenciarla de igual forma que hace años atrás hizo que Sakura sonriera de nostalgia mientras se detenía frente a él, Kakashi tampoco había cambiado mucho en estos años, pero prestarle atención fue lo que le impidió notar que alguien la observaba

Sakura portaba un exquisito vestido de seda índigo con detalles ónix, de profundo escote redondo que se entallaba a su esbelta figura, con larga falda hasta el suelo, mangas lisas y acampanadas, y por sobre el vestido portaba una chaqueta superior de seda más pesada, adornada en pedrería malva que hacían brillar la tela a la luz como una lluvia de estrellas, de profundo escote en V que se cerraba escasamente a la altura del vientre por un cinturón de placas de oro con gemas ámbar en el centro, bajo el cual se abría para revelar la falda del vestido y largas mangas abiertas a la altura de los hombros y que rozaban el suelo. Su largo cabello rosado estaba peinado en una coleta alta que dejaba caer sus rizos a la altura de su nuca, resaltando una bella diadema de hilos de oro que enmarcaba los lados de su rostro y dejaba caer un diamante en forma de lagrima sobre su frente, a juego con unos largos pendientes ovales de oro y alrededor de su cuello una guirnalda de oro de la que pendía un dije en forma de la casa real de Naboo. Al verla, Sasuke se sintió demasiado abrumado como para reverenciarla apropiadamente; la inocente niña de catorce años que recordaba se había convertido en una mujer de belleza sin igual, rebosante de elegancia y gracia, etérea en tan exquisito ajuar que se entallaba a su delicada figura…no habría podido reconocerla de no ser por sus ojos esmeralda y su inconfundible cabello rosado.

—Es un placer verla de nuevo, mi lady— saludó Kakashi con caballerosidad, acercándose para tomar la mano de la Senadora y besar el dorso de esta.

—El placer es mío, Maestro Hatake, me alegra mucho volver a verlo— correspondió Sakura, inclinando la cabeza con respeto. Finalmente y curiosa, la pelirosa desvió la mirada hacia el Padawan junto a Kakashi, abriendo los ojos con sorpresa. —¿Sasuke?— recordó sonriendo como no había hecho en mucho tiempo. —No puedo creerlo— se cubrió los labios para no reír, absolutamente superada al tenerlo delante.

—¿Me reconoces?— inquirió Sasuke con un deje de superioridad, no habiendo esperado esa reacción de su parte.

—Sí, aunque has cambiado muchísimo— asintió la Haruno, olvidándose de los formalismos por completo y abrazándolo cuanto antes, sin hacer desaparecer su sonrisa. —Te extrañe mucho— suspiró para que solo él la escuchase, rompiendo lentamente con el abrazo y encontrando su mirada con la suya.

—También me alegra volver a verte— asintió el Uchiha, sonriendo ladinamente y sin apartar sus ojos de ella…sus sueños no le habían hecho justicia a tanta belleza.

—Tenemos mucho de qué hablar— concluyó la pelirosa finalmente, decida a que ambos se sentaran a hablar cuando todo pasara. —Siéntense, por favor— invitó, volviendo su mirada a Kakashi aunque regresándola a Sasuke al instante.

Con la sonrisa más deslumbrante que cualquiera de sus cercanos había visto en ella, Sakura se sujetó la falda del vestido e invitó a sus visitas a tomar asiento en los divanes de la sala a la par que ella, tratando de no apartar la mirada de Sasuke…el Uchiha vestía una camisa gris claro de cuello en V bajo una túnica de terciopelo marrón oscuro que se ceñía a su cuerpo por un fajín de la misma tela y sobre esta un cinturón de cuero negro donde reposaba su sable de luz, a juego con la chaqueta o capa superior de la túnica igualmente hecha de cuero, pantalones de cachemira marrón, botas de cuero negro y sobre sus hombros colgaba un abrigo marrón oscuro. En sus recuerdos aún seguía el inocente y tierno chico de once años que había conquistado su corazón, pero el atractivo y estoico hombre ante ella la sorprendía y desconcertaba a niveles insospechados, y deseaba poder conocerlo mejor. Aunque tomó asiento a la diestra de Kakashi, Sasuke continuó contemplando con fascinación y admiración a Sakura, observando cada movimiento suyo, recordaba a una chica idealista, inocente y tímida pero en su lugar había una mujer elegante, inteligente y segura de sí misma, absolutamente irresistible con aquellos vivaces ojos esmeralda que brillaron al encontrar su mirada, haciéndolo bajar la mirada, sin duda que—como Sakura había dicho tantas veces en sus cartas—ambos estaban felices de verse.

—Soy el capitán Gaara Sabaku de la seguridad de su Majestad, la reina Konan está al tanto de su encomienda— comunicó Gaara presentándose a los Jedi que asintieron en señal de reconocimiento. —Me alegra que este aquí, Maestro Jedi, la Senadora corre peligro aunque no lo quiera aceptar— comentó, observando a la pelirosa.

—Han intentado matarme desde que me uní a la esfera pública— recordó Sakura para quitarle algo de peso al asunto. —No quiero más seguridad, solo soluciones, y encontrar a quien quiere asesinarme, quiero respuestas— llevaba más de ocho años en política y ataques como este eran normales, pero quería justicia para los suyos.

—Lo lamento, mi lady, pero estamos aquí para protegerla, no para iniciar una investigación— se apresuró en diferenciar Kakashi para no darle falsas esperanzas.

—No hay razón por la que no podamos hacer ambas cosas— desestimó Sasuke con la máxime educación posible. —Encontraremos a quien quiere asesinarte, Sakura, te lo prometo— garantizó con voz seria, viendo a Sakura sonreír ligeramente.

—Tendremos que ceñirnos a lo que ordeno el Consejo— recordó Kakashi a Sasuke, aunque también para que lo supieran la Senadora y los suyos, —pero intentaremos ser de ayuda como destino el Canciller— como Jedi tenían su palabra de ello.

—En ese caso, espero que con la presencia de ambos aquí, el misterio de este ataque se pueda aclarar— consideró Sakura en voz alta, siempre diplomática y sintiéndose más tranquila con ambos presentes. —Si me disculpan, este día fue muy largo y difícil, y quisiera descansar— se excusó, deseando darse un baño e irse a dormir.

—Por supuesto, mi lady— asintió Kakashi, levantándose junto con Sasuke a la par que ella.

—Sasuke— llamó la Haruno antes de retirarse, —espero que podamos hablar más tarde— acotó dirigiéndole una luminosa sonrisa como invitación.

Asintiendo en silencio como única respuesta, Sasuke se golpeó mentalmente, ¿no debería decirle algo más a Sakura tras ocho años sin verse? Por supuesto que sí, pero no podía olvidar que aunque su primer arrebato fuera arrojarse y besarla, no era posible y además Kakashi estaba a su lado como recordatorio permanente de que tenía un código que seguir como Jedi pese a sus propias reservas; afortunadamente Sakura se retiró en silencio en compañía de su leal doncella Matsuri así como de Naruto, que sonrió al encontrar su mirada con la de Sasuke que hizo igual, feliz de verlo y recordar viejos tiempo. En la entrada de su habitación privada, Sakura volvió la mirada por sobre su hombro hacia Sasuke, sonriendo para si al ver que él había vuelto la mirada en su dirección, articulando una palabra con los labios y sabiendo que él la entendería; luego, su reencuentro no podía quedarse solo en un saludo por las apariencias y en presencia de otros, quería que tuvieran la oportunidad de hablar como los viejos amigos que eran tan pronto les fuese posible, a solas. Sin desvanecer la sonrisa ladina de su rostro, Sasuke respiró mucho más tranquilo, volviendo a parecer sereno e imperturbable a la diestra de Kakashi, teniendo ahora la importante labor de asegurarse de que el apartamento de la Senadora fuera lo suficientemente seguro como para no tener que tomar medidas en las próximas horas.

—Está feliz de vernos, eso es bueno, facilitara nuestro trabajo— suspiró Kakashi, asintiendo ante Metal Lee que pidió permiso para retirarse.

—Pues yo si me alegro que estén aquí, en estos momentos toda seguridad es poca para la Senadora— reconoció el capitán Sabaku a solas con los Jedi. —El Consejo Jedi creían que los mineros desconformes en Naboo estaban implicados, pero yo no estoy de acuerdo con ello—confesó ya que la Senadora Haruno tampoco lo creía.

—¿Ha descubierto algo? Estaremos mejor preparados para proteger a la Senadora si tenemos idea de a qué nos enfrentamos— señaló Sasuke con voz pétrea

—No mucho; la Senadora Haruno lidera la oposición a que se cree un Ejército de la República, y se cree que los atentados son para disuadirla de su postura— contestó Gaara, solo pudiendo hacer conjeturas al respecto como la propia Sakura. —Pondré un hombre en cada piso, y yo estaré en el centro de mando, un piso más abajo— informó, retirándose con el respeto de los Jedi que asintieron en respuesta.

—Quédate aquí, Sasuke comprobaré la seguridad— destinó el Hatake confiando en su Padawan, —infórmame si sucede algo— mencionó volviendo la mirada hacia él.

—Sí, Maestro— acató el Uchiha, más que pleno interiormente ante aquella misión.

Confiando en las capacidades de su Padawan como siempre, aunque siempre tuviera muchas críticas que hacer al respecto—buscando el mejor futuro posible para Sasuke, viéndolo como si fuera su propio hijo—, Kakashi se retiró en silencio tras los pasos del capitán Gaara Sabaku, queriendo estar seguro del terreno en que su Padawan y él se encontraban, en especial Sasuke quien se notaba deslumbrado por la hermosa Senadora, mas—tratando de confiar en él como había hecho en tantas oportunidades a lo largo de los años—Kakashi quiso creer que la inmadurez de Sasuke no afloraría por primera vez en tantos años. Intentando honrar la confianza de su Maestro, Sasuke obró igual que haría Kakashi de encontrarse en su lugar; se paseó por la sala de forma lenta y pausada, observando cada rincón antes de aproximarse al balcón, estudiando el cerrojo que bajaba la ventana y el cristal en caso de un ataque, pero aunque todo en él lo llamase a ser objetivo y pensar hasta en el más mínimo detalle, el Uchiha no pudo evitar volver la mirada hacia la puerta de la habitación de Sakura a donde tanto quería ir para hablar con ella. En ese punto Sasuke estaba seguro de dos cosas; que Sakura se había convertido en la mujer más hermosa que hubiera podido imaginar, y en que estaba ansioso por volver a estar junto a ella, aún más enamorado de ser posible.

Tenía nuevos horizontes que perseguir y contemplar junto a Sakura.


Como futuro Jedi, desde que se había unido a la Orden Sasuke se había enorgullecido en ver a través de lo imprevisible y estar alerta, su pasado en Tatooine—la cloaca de la galaxia, por decirlo de algún modo al estar en el Borde Exterior—lo había preparado para ello, por lo que se tomó muy enserio el reunirse con Sakura en su habitación y no para hablar de cuanto la había extrañado a lo largo de estos ocho años sino para estudiar que su habitación fuera segura…y escuchar el que por lejos le parecía el plan más arriesgado que hubiera escuchado en su vida, y decía escuchado porque a él se le habían ocurrido otros peores; Sakura quería actuar como carnada, su habitación en si era perfectamente segura pero sería tonto por parte de Sasuke no imaginar que un caza recompensas o asesino entrenado no hallaría una fisura por la cual actuar y la Haruno tenía pensado que él se aprovechase de ello para actuar de ser preciso. Con la chaqueta superior de su vestido desabrochada, desprovista de sus joyas y con su elegante peinado desecho para que sus largos rizos rosados cayeran sobre sus hombros, Sakura observó atentamente como Sasuke se paseaba por su habitación; Matsuri estaba acomodando algo en su armario en busca de un camisón sencillo para dormir—en caso de que sucediera un nuevo ataque—y Naruto se encontraba de pie junto a la entrada custodiando su seguridad con el ánimo de serio de una gárgola.

—No estoy de acuerdo con esto— bufó Sasuke, temiendo que ella saliera lastimada.

—Espero que el asesino o asesina no piense igual, o no funcionara— bromeó Sakura acercándose a él junto a los ventanales. —Es a prueba de blaster— mencionó para que él lo supiera y dejara de estar tan nervioso.

—Es probable que el asesino lo sepa— acotó el Uchiha, volteando a verla. —No lo sé, Sakura, esto me parece demasiado peligroso— confesó, pensando objetivamente.

—De eso se trata, Sasuke— obvió la Haruno, dando un paso más cerca de él. —Sé que es peligroso, pero lo mejor para atraer a un depredador es con un señuelo, y yo estoy dispuesta a serlo— había arriesgado su vida de formas incluso peores y él había sido testigo de ello. —Confió en ti y en Kakashi, estoy segura de que podrán con lo que sea— aquello estaba fuera de discusión para ella, —solo lamento que tengas que aburrirte vigilándome— dudaba que protegerla fuera divertido o emocionante.

—No hay otro lugar en toda la galaxia donde quisiera estar— protestó él sin dudarlo, observándola intensamente.

Cierto es que ser un guardia para un político no era el mejor panorama que se le podría ocurrir, pero Sasuke no cambiaría el volver a verla y estar tan cerca suyo ni por todas las riquezas o aventuras del mundo…a lo largo de todos estos años mil preguntas se habían juntado en su corazón, haciendo que desde el principio se cuestionara que es lo que realmente sentía por Sakura, había hecho falta que el tiempo pasara, él creciera y madurara para darse cuenta de que aquello era amor, pero había sido preciso volver a tenerla delante para saber que su futuro y destino tenía un rostro y su realidad un único nombre; Sakura Haruno. En vano, Sakura llevaba los últimos ocho años en la política tratando de convencerse de que lo que sentía por Sasuke era un recuerdo, el halito nostálgico de una adolescente de catorce años embelesada por un chico tierno y dulce que la comprendía…¿ahora sería digna de tener un lugar en su corazón? Sakura no pudo evitar ruborizarse, queriendo apartar la mirada de los ojos de Sasuke ante aquel pensamiento pero sus ojos no le respondieron, permaneciendo fijos en los de Sasuke quien a su vez no dejaba de observarla, él había dejado de ser un niño hace mucho tiempo y ella misma tampoco era una niña, ¿sería posible…? La pelirosa reaccionó al advertir movimiento por parte de Matsuri quien finalmente abandonó el armario con el camisón que buscaba.

—Sasuke— llamó la Haruno en voz baja, sin poder apartar sus ojos de él.

—¿Si?— asintió el Uchiha, igualmente hipnotizado por aquellos pozos esmeralda.

—Tengo que cambiarme— recordó Sakura en apenas un susurró, señalando a Matsuri con la cabeza.

—Claro— suspiró Sasuke, sintiéndose como un tonto al no haber pensado en ello.

Dicho esto Sasuke se marchó en silencio, mas en un arrebato quiso detenerse en la entrada de la habitación, quiso quedarse y volver la mirada hacia Sakura...pero se reprendió mentalmente por pensar así, siguiendo con su camino, decidido a permanecer en la sala—durante las próximas horas—y tratar de meditar como no había hecho en todos estos años para mantenerse conectado a la Fuerza y anticipar toda amenaza para proteger a Sakura, hasta incluso sentir su respiración cuando se encontrase dormida, protegerla iba a ser su deber más sagrado esa noche y estaría a la altura de la confianza que Sakura depositaba en él. Retirándose en silencio para darle privacidad a su amiga, Naruto cerró la puerta de la habitación tras de sí, conteniendo una sonrisa al darse cuenta del intercambio de miradas entre Sasuke y Sakura, pero no diría una sola palabra al respecto. Tan pronto como se encontró a solas en la habitación y salvo por Matsuri que se aproximó a su tocador para preparar todo y sanear su cabello, Sakura se dejó caer pesadamente sobre la cama emitiendo un profundo suspiro y llevándose una mano al centro del pecho, mordiéndose el labio inferior y sin dejar de sonreír, sintiendo su corazón latir desesperadamente mientras revivía una y mil veces el rostro de Sasuke y la intensidad de su mirada, había pasado los últimos ocho años sin poder sacarlo de su mente, y ahora que volvía a verlo sentía que no podía respirar…


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, como siempre agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado, recordándoles siempre que no abandonare ninguna de mis historias, se los prometo :3las próximas actualizaciones serán la segunda parte de "Kóraka", luego "La Reina Olvidada", y por último (y esta vez sin falta) "Reina de los Vampiros" y "Más Que Nada en el Mundo", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a carlos29 (agradeciendo sus palabras y poder contar con su aprobación), a "ktdestiny" (agradeciendo su apoyo y dedicándole cada capitulo), a Guest, (agradeciendo sus palabras y aportes, como los de todos), a SASUSAKU is canon (agradeciendo su apoyo a esta historia y dedicandole la misma, esperando que todos los futuros acontecimientos sean de su agrado), y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader -Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi -Naruto Uzumaki como R2D2 -Onoki como Yoda

-A Kumogakure como Mace Windu -Jiraiya como Ki-Adi-Mundi -Metal Lee como Jar Jar Binks

-Danzo Shimura/ Kinshiki Otsutsuki como Sheev Palpatine/Darth Sidious -Takara Otogakure como Sly Moore

-Torifu Akimichi como Mas Amedda -Obito Nohara como Bail Organa

-Mito Uzumaki como Luminara Unduli -Tayuya Otogakure como Barriss Offee

-Pavlin como Cordé -Matsuri como Dormé -Gaara Sabaku como Capitán Typho

Reencuentro & Amor: por fin, tras tan larga espera continuamos adaptando las películas del universo Star Wars, siguiendo ahora con el Episodio II: El Ataque de los Clones, que es junto con "Episodio III: La Venganza de los Sith" una de mis películas favoritas de la saga, pero ya que muchos criticaron las películas diciendo que fueron un fiasco, yo modifique múltiples diálogos o escenas en base a lo que creo que debió ser la obra original, que no es mala por cierto, solo quiero aclarar. Y las escenas de Sasuke y Sakura, por Dios…destilan dulzura y amor absoluto, la verdad las escribí con suma rapidez, solo tenia que leer los diálogos y todo fluía, porque es un amor muy inocente aun pero que como habrán notado comenzara a ser mas apasionado e intenso porque ya no son niños; al comienzo de la historia Sasuke tenia once años y Sakura catorce, pero ahora èl tiene diecinueve y ella veintidos. Debo confesar que los vestuarios de Sakura en este capitulo son de mis favoritos en toda la trama, están basados en los atuendos originales de Trisha Biggar en Star Wars Episodio II por supuesto, pero con modificaciones de mi autoría, por ello hay tantos detalles para marcar las diferencias.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3