-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Numb" de Linkin Park para Sasuke, "Suerte" de Shakira para Sakura y "Silence" de Marshmello & Khalid para Kakashi.


Las calles más bajas de Coruscant estaba atestadas de gente cuando en uno de las aceras aterrizó un pequeño transporte lo suficientemente grande para llevar a más de tres personas, y algo elegante para pertenecer a ese lugar en concreto pero que no llamó mayormente la atención ni quienes a bordo se encontraban. La primera en levantarse de su asiento fue Sakura ahora despojada de cualquier atuendo lujoso propio de su cargo de Senadora, vistiendo una holgada blusa verde jade con cuello de tortuga y mangas ceñidas hasta las m8ñecas, por sobre la blusa una larga chaqueta jade más claro y larga hasta los muslos, de cuello redondo que se ceñía bajo el busto y con cortas mangas acampanadas hasta los codos, debajo cómodos pantalones gris claro y botas negras con la punta y la suela de color gris, y sus rizos rosados estaban peinados en dos trenzas que caían sobre sus hombros con una diadema de plata que recogía su cabello y dejaba caer un cristal plateado sobre su frente. Matsuri se levantó casi al mismo tiempo al estar sentada a su lado, portando un apenas visible vestido rojo oscuro de seda, con cuello alto color carmín y cerrado por un broche color granate, vistiendo encima un pesado manto marrón carmesí con capucha, de cuello en V que se cerraba por un broche de palta que recreaba el emblema de Naboo, largo hasta los muslos con caída V y mangas acampanadas hasta las muñecas.

—Tenga cuidado, mi lady— deseó Gaara levantándose tras los pasos de Matsuri.

—Gracias, Gaara— sonrió Sakura enternecida, —cuida bien a Matsuri, ambos corren un gran riesgo— acotó pues su doncella se quedaría para fingir ser ella.

—Nos cuidaremos el uno al otro— sosegó Matsuri coquetamente, volviendo la mirada hacia Gaara.

—Lo sé— asintió la Haruno, prefiriendo no comentar que sabía de su relación secreta, —estoy segura de que con tus dotes de actriz no tendrás problema en hacerte pasar por mí— añadió para tapar su alusión. La sonrisa se Matsuri trastabillo mientras la veía a los ojos, temiendo que fuera la última vez que se vieran. —Todo estará bien, me ausentare por poco tiempo— tranquilizó entrelazando sus manos con las de su amiga.

—No tengo miedo por mí, Sakura, me preocupas tú— diferenció la pelicastaña, recordando el fin de su amiga Pavlin, —¿y si se enteran que dejas la capital?— nunca se era demasiado precavido.

—Bueno, entonces mi protector tendrá que demostrar que es un Jedi— comentó Sakura volviendo brevemente la mirada hacia Sasuke a quien sintió tras suyo.

Como buen protector Jedi, apenas Sakura se había levantado de su asiento Sasuke no había dudado en hacer lo mismo, tan cerca de ella como para parecer su sombra en el mejor de los sentidos al igual que Naruto quien estaba apenas un paso tras el Uchiha. Teniendo la labor de pasar inadvertido, Sasuke había reemplazado sus vestiduras de Jedi por una holgada camisa negra bajo una chaqueta de cuero de igual color de aspecto desgastado y cerrada por una serie de hebillas, de cuello alto y con mangas ceñidas bajo unas superiores y cortas hasta los codos, pantalones negros y botas de cuero, con una bufanda alrededor de su cuello y su cabello oculto por un turbante de igual color. Sasuke prefirió no comentar nada, sonriendo ladinamente ante el halago de Sakura, puede que esta fuera su primera misión oficial en solitario—ya que Kakashi tendría otras responsabilidades—pero el Uchiha se sabía sobradamente capacitado para proteger a la Senadora, además Naboo era un planeta pacífico y donde nadie osaría lastimarla, por así decirlo iban al lugar más seguro en la galaxia, más cualquier precaución podía ser poca por lo que estaría alerta en todo momento. En ese momento, Kakashi se situó a la diestra de Sasuke y lo sujetó del hombro para llamar su atención, observándolo más severamente de lo usual.

—Sasuke, no lo olvides, no tomes ninguna decisión de volver sin consultármelo antes o al Consejo— acotó el Hatake, temiendo que su Padawan se llevase en exceso por sus sentimientos en tanto estuvieran separados.

—Lo sé, Maestro— asintió el Uchiha absteniéndose de entornar los ojos al sentirse reprendido como un niño.

—Debe estar tranquila, mi lady— aseguró Kakashi volviendo su atención hacia la Senadora de Naboo, —llegaré al fondo de este complot con presteza, estará de regreso en poco tiempo, lo prometo— daría todo de si por garantizar su seguridad.

—Eso espero, Maestro Hatake— asintió Sakura con una sonrisa, confiando en su palabra, —y tenga cuidado por favor— acotó sin desear que corriera peligro alguno.

—Lo haré— asintió el peligris, agradecido por su preocupación. —Sasuke, que la Fuerza te acompañe— deseó, confiando en que su Padawan llevaría a cabo su misión superando lo que se esperaba de él.

—Que la Fuerza te acompañe también, Kakashi— secundó Sasuke, deseándole éxito a su Maestro en su propia misiva y que sabía llevaría a cabo rápidamente.

Como de costumbre Kakashi sintió una punzada en el centro del pecho, deseó despedirse más afectuosamente de Sasuke, quizás con un abrazo y desearle la mayor de las suertes, como haría un padre con su hijo…pero el Código Jedi prohibía muestras de afecto exageradas, además Sasuke era el mejor Padawan que existía—no lo decía él, lo decía el Consejo Jedi—, no necesitaba de sentimentalismos sino solo que confiara en él y lo hacía. Cuando Sakura pretendía tomar su equipaje—envuelto en desgastados morrales de lona para no parecer importantes—y abandonar el transporte, se sorprendió cuando Sasuke se lo impidió y cargo con sus valijas en su lugar al igual que Naruto, haciéndola sonrojar por tomarse ese detalle, pequeño pero importante para ella. Bajando del transporte junto a Sasuke y con Naruto apenas un paso tras ellos, Sakura cruzó la acera hacia el otro extremo de la calle donde se veía a una nave de refugiados que sabía iba con destino a Naboo y que ellos debían abordar para llegar a su destino; a la mente de la Haruno vino la muerte de su amiga y doncella Pavlin, sabía que debería quedarse y luchar por darle sentido a su muerte, no huir, pero también sabía que de exponerse más acabaría muerta sin lograr marcar una diferencia, era preciso que se alejara de la escena pública al menos por ahora pero eso no quería decir que Sasuke no se diera cuenta de sus miedos, porque los sentía.

—Siento temor— confesó Sakura casi con un hilo de voz, no pudiendo callar su miedo.

—Si te hace sentir mejor, también yo, es mi primera misión solo, por así decirlo— declaró Sasuke para hacerla sentir mejor, pero temiendo su reacción. Se sintió mucho más tranquilo al ver que Sakura sonreía agradecida por su intento de animarla, prueba que no dudaba de sus capacidades por su confesión. —No te preocupes, tenemos a Naruto— mencionó como si la presencia del rubio solucionara todo.

—Estoy armado, así que no me fastidien— advirtió el Uzumaki en un tono falsamente serio, señalando el blíster que mantenía en su cinturón.

De pie tras ellos, casi entre ambos a decir verdad se hallaba Naruto quien caminaba con aquella seguridad característica, como si se pavoneara, habiendo reemplazado su uniforme de astromecánico por una camisa esmeralda opaco de cuello alto y mangas ceñidas en las muñecas bajo un abrigo verde oscuro de aspecto desgastado, de cuello alto con bolsillos en los lados del pecho con bordes de cuero al igual que las cortas mangas hasta los codos, con el centro del pecho cerrado por siete botones gris oscuro hasta la altura del vientre, debajo pantalones esmeralda opaco y cómodas botas de cuero marrón oscuro, con su rebelde cabello rubio ligeramente despeinado como de costumbre, enérgico y divertido para Sasuke y Sakura que no pudieron evitar reír ante su broma, sintiendo como inmediatamente se aligeraba el ambiente. Me preocupa que afloje su inmadurez, consideró Kakashi desde su lugar en la puerta del transporte, siguiendo con la mirada a Sasuke, Sakura y Naruto en su camino hacia la nave de refugiados que abordarían, no sabiendo si su Padawan estaba preparado para esto, solo tenía diecinueve años y demasiadas fracturas emocionales…pero reprendiéndose por pensar así, Kakashi se recordó que debía creer en él ahora.

Sasuke podría con su misión, y él debía llevar a cabo la propia.


Prudente como era, Kakashi condujo su speeder por las ajetreadas calles de Coruscant hacia los barrios más bajos, aterrizando junto a la acera, bajando del vehículo y caminando con tranquilidad entre el bullicio de la gente, confiado por aquellas zonas en que reunían personajes de mala catadura, matones que matarían sólo por divertirse pero Kakashi no sentía inquietud o temor, era un Caballero Jedi e incluso en lugares como aquel ello lo protegía de todo peligro y le daba una autoridad única. El Hatake se dirigió hacia un edificio pequeño de fachada metálica pintada de forma chillona y que en su entrada tenía un letrero en que se leía; "Restaurante de Genma". Aquel no era un lugar extraño para Kakashi quien cruzó el umbral con familiaridad, de hecho Sasuke y él siempre iba comer allí cuando regresaban de sus misiones y conocían perfectamente al dueño y chef. El interior del local era típico de los establecimientos del nivel inferior, con asiento enmarcando los lados interiores y junto a las ventanas, con muchas mesas circulares rodeadas de altos taburetes iguales a los que coronaban el mostrador siempre repleto y que era atendido por una bella mujer de piel blanca y corto cabello azabache que enmarcaba su rostro, Shizune la esposa del dueño y su mano derecha quien vestía el uniforme de mesera y cargaba una bandeja en cada mano con gran maestría, y que sonrió nada más ver ingresar al Hatake.

—Alguien quiere verte, bombón, parece que es un Jedi— comentó Shizune con sorna, volviendo la mirada hacia el umbral de la cocina.

—¡Kakashi!— reconoció Genma desde su lugar de trabajo, sonriendo al ver a su amigo.

—Hola, Genma— saludó el Hatake sonriendo bajo su máscara, contagiado por su buen humor.

—Siéntate, estás en tu casa— invitó el Shiranui de inmediato. —Dame un minuto y estoy contigo— agregó para poder salir de la cocina.

—¿Desea algo de beber?— consultó Shizune mientras atendía las otras mesas.

—Una taza de ardees, por favor— contestó Kakashi, siempre agradecido de ser bien recibido.

Aprovechando que una pareja se levantaba de su lugar para pagar por la comida en el mostrador, Kakashi se sentó ante la mesa ahora vacía mientras esperaba a que su amigo Genma abandonara su lugar de trabajo; lo cierto es que Genma tenía dinero suficiente como para contratar a un cocinero, pero amaba tanto lo que hacía y su ritmo de vida que pedirle gozar de las fortunas y quedarse sentado no era algo para él, y eso lo sabían tanto Sasuke como Kakashi. Pero el Hatake no estaba ahí solo por una visita de cortesía sino por información, Genma conocía a todos en Coruscant y los sistemas del Borde Exterior, sabia cosas que otros solo oían como rumores, había sido parte de varios proyectos de química en su planeta natal que se había destruido hace mucho, y era la persona indicada ahora para decirle de donde venía el dardo toxico que Sasuke y él habían encontrado. Apenas unos instantes después, cruzando el umbral de la cocina apareció Genma rodeando el mostrador hasta donde se encontraba sentado Kakashi, era un hombre casi de su misma altura, con cabello castaño que le enmarcaba el rostro y tenía una actitud y conducta bastante sofisticada pero también seca y franca, lo que Kakashi admiraba de él pues nunca mentía, vestía una sencilla camiseta blanca con mangas arremangas hasta los codos—encima un mandil gris anudado tras la espalda—y pantalones gris oscuro con cómodas botas.

—¡Viejo amigo!— saludó Genma con un amistoso abrazo y al que Kakashi no dudo en corresponder. —Dime, ¿Qué te trae por aquí?— preguntó, rompiendo el abrazo y ambos sentándose ante la mesa para hablar como caballeros.

—Me gustaría decirte que algo bueno, pero no— anticipó Kakashi con una ligera sonrisa bajo su máscara, —me preguntaba si sabes qué es esto— confió tendiéndole el dardo toxico que llevaba y viendo a su amigo examinarlo con sorpresa y fascinación.

—Vaya…no veía uno así desde que trabajaba en Subterrel, más allá del Borde Exterior— reflexionó el Shiranui en voz alta. —Aquí tienes una verdadera maravilla de la química, es un sable-dardo, kaminiano— contestó tras superar su impresión. —Aquí tiene una serie de marcas que lo delatan— justificó dejando el dardo sobre la mesa y señalando las marcas distintivas en el contorno.

—¿Por qué no lo encontramos en nuestros archivos?— se preguntó el Hatake en voz alta, ya que los droides del templo Jedi eran en extremo eficientes.

—Los droides de análisis solo detectan símbolos— diferenció el pelicastaño con simpleza. —Cualquiera diría que un Jedi como tu sabría la diferencia entre conocimiento y sabiduría— comentó burlonamente y con falsa superioridad.

Prefiriendo no ahondar en aquel tema, Kakashi solo sonrió pícaramente al observar a su amigo; se suponía que los Jedi deberían poder diferenciar entre conocimiento y sabiduría pero al igual que el ingenio o la demencia, era increíble la forma en que ambos conceptos se entremezclaban o entrelazaban para muchos, alguien de la edad de Kakashi podía ver la diferencia, ¿Pero alguien de la edad de Sasuke? Eso ya era un tanto más difícil pero aquel no era el caso de su Padawan. Tras haber terminado de atender temporalmente las otras mesas, Shizune se presentó con dos tazas de ardees tanto para el Caballero Jedi como para su propio esposo como siempre con su mejor sonrisa, retirándose en silencio para continuar trabajando en tanto Genma y Kakashi discutían la situación sin que ninguno de los demás clientes o presentes interfiriera. Era bien sabido que aquel que era amigo de Genma debía ser amigo de todos, el hombre era de buen corazón pero tenía grandes contactos en el mundo criminal así como una fuerza digna de temer como era el caso de su bella esposa a quien nadie osaría siquiera coquetearle si valoraba su vida. Genma Shiranui no era un ser corrupto pero tampoco un santo, simplemente encontraba balance entre lucrar y ayudar a otros, protegiendo a sus amigos con el alma y sus mejores intenciones, prosperando económicamente pero sin dañar a otros en forma alguna.

—Si los droides razonaran no estaríamos aquí, ¿o sí?— bromeó Kakashi siguiéndole el juego a Genma que no pudo evitar reír. —Kamino…no me suena familiar, ¿está en la República?— consultó dándole un satisfactorio trago a su bebida.

—Kamino está más allá del Borde Exterior, más o menos a doce parsecs del Laberinto Rishi— informó Genma, conociendo bien aquellos parajes. —Es fácil de encontrar, aun para los droides de tus archivos— aclaró con un deje de broma, confiando en que los Jedi tendrían la información precisa al respecto. —Los kaminianos son clonadores, verdaderamente excepcionales y eficientes clonadores— agregó para que su amigo tuviera claro a donde iba y que clase de lugar era.

—¿Son amistosos?— preguntó el Hatake, prefiriendo dialogar antes que pelear.

—Depende— contestó el Shiranui encogiéndose de hombros con una disimulada sonrisa.

—¿Depende de qué, Genma?— curioseó el peligris con una divertida sonrisa ante su tono.

—De tus modales, y del capital que tus bolsillos lleven— aclaró el pelicastaño sonriendo pícaramente a modo de única advertencia.

Sonriendo bajo su máscara, Kakashi sabía muy bien a que se refería Genma con eso del capital que llevasen sus bolsillos o que tan amplios fueran…los Jedi vivían con un salario generoso por parte de la Republica, ¿Pero para costear la información que los kaminianos pudieran darle? Kakashi bajo la mirada hacia sus manos, examinando el sable-dardo que Genma lo había ayudado a identificar. Kakashi no recordaba haber oído nunca del sistema Kamino, claro que creía en ello si su amigo se lo decía pero también lo hacía preguntarse una cosa, ¿Qué tan extendido estaba esto?, ¿Hacia dónde los estaba llevando esto?, ¿Clonadores, intentos de asesinato, los Separatistas, una guerra? La tensión se sentía en el aire y nadie sabía cuándo estallaría…


La sala más grande del Templo Jedi era sin duda la sala de archivos, repleta de paneles iluminados que formaban largas líneas de partículas azules en las paredes, alejándose tanto que una persona que mirase desde un extremo de la sala vería cómo convergían en el otro extremo, y a lo largo de toda la estancia se veían imágenes de los Jedi del pasado y del presente en bustos esculpidos en piedra por los mejores artesanos de Coruscant. Kakashi se hallaba de pie precisamente ante uno de esos bustos y que representaba al Maestro de su fallecido Maestro; el Conde Madara de Serenno a quien en silencio estudiaba y trataba de comprender, sintiendo una figura apersonarse a su lado. Se trataba de lady Toka Senju, la archivista del Templo Jedi y que debía solo un par de años más que Kakashi, una figura respetada y muy querida entre los Jedi por la sabiduría que almacenaba para las generaciones presentes y futuras de los Jedi. La sabia mujer portaba un vestido violeta de escote redondo—con un cuello inferior de gasa negra que formaba un corte en O por sobre su escote—y entallado a su figura, con mangas ceñidas a las muñecas y falda doble, teniendo estampado en el frente del corpiño, las muñecas y la falda superior el emblema de los Jedi que la caracterizaba como guardiana y bibliotecaria del conocimiento, con su largo cabello castaño oscuro recogido en un moño sobre su cabeza, dejando caer un mechón a la altura de su nuca y otro que hacía de flequillo enmarcando el lado izquierdo de su rostro.

—Fue uno de los Jedi más brillantes que he tenido el privilegio de conocer— comentó Toka, sin necesidad de interrumpir los pensamientos del Hatake.

—Nunca comprendí porque se fue— suspiró Kakashi cruzando ambos brazos por sobre su pecho, —solo veinte Jedi han dejado la Orden— todos lo sabían y recordaban.

—Los Veinte Caídos— afirmó le pelicastaña con pesar, como todos. —Y el Conde Madara es el más reciente y doloroso— porque dirigía a los Separatistas. —A nadie le gusta hablar de ello pues fue una gran pérdida para la Orden— un Jedi como lord Madara no se veía seguido, en el mejor de los sentidos.

—¿Se sabe que sucedió?— curioseó el peliblanco pues su fallecido Maestro había tratado de evitar hablarle al respecto.

—Digamos que, al igual que su Padawan, estaba algo en descuerdo con las decisiones del Consejo— se atrevió a comparar ella, sin intención de incomodarlo. —En muchos sentidos eran muy similares, individualistas y con ideas propias. El Conde Madara quería ser el mejor y ya lo era en su manejo del sable de luz, solo el Maestro Onoki lo igualaba al igual que en su control de la Fuerza— como digno Padawan del Maestro Onoki después de todo. —Creo que, como muchos, al final se fue porque perdió la fe en la República, creía que los políticos eran corruptos y que los Jedi se traicionaban al servirles— no eran pocos los Jedi que pensaban así, para bien o para mal.

Aunque Kakashi había estado pensando en ello, lo estremeció interiormente la forma en que se podía pintar a su fallecido Maestro Minato Namikaze con una luz mucho más rebelde de lo que él había imaginado, pero porque lo había sido lo quisiera asumir él o no, los Jedi según su concepto vivían encerrados en una burbuja y no corrían riesgos, no trataban de mejorar…una visión bastante rupturista y bohemia para alguien como Kakashi y la mayoría de los Jedi. Kakashi creía que los Jedi erraban, pero no creía que estuviera bien modificar su código, cambiar sus costumbres y romper con tradiciones milenarias solo para dejar huella, algo en lo que a menudo discrepaba con Sasuke, mas temerario, valiente, decidido y más enérgico que él mismo en su juventud. Siguiendo esa línea, de hecho el Conde Madara se parecía mucho a Sasuke, siempre concentrado en toda clase de asuntos, muy decidido y determinado pero a extremos peligrosos y por ello había renunciado a la Orden Jedi. A menudo Kakashi sentía miedo aunque no se lo contaba a nadie, temía que Sasuke un día pudiera seguir los pasos de ese individuo, porque sus capacidades escapaban de lo que se creía, Sasuke era diferente, tenía ideas propias, hacia las cosas a su modo y sin importarle ir contra lo que decía el Consejo…pero quizás se debiera a que era demasiado joven.

—Y ahora ha reaparecido como líder del movimiento Separatista— comentó Kakashi dándole otra mirada analítica al busto de piedra. —Es una pena, me habría gustado conocer al mentor de mi Maestro, pero la Fuerza sabe porque será así— quizás fuera mejor desligarse de una figura tan compleja, en cierto modo.

—Eso debemos creer— asintió Toka, respaldando su sabiduría. —Bueno, estoy segura de que no fue por esta conversación que estas aquí, ¿Tienes problemas, Kakashi?— preguntó con voz amable pues su conversación había sido muy ilustrativa.

—La verdad, sí— el Hatake no pudo evitar sonreír bajo su máscara. —Estoy buscando un sistema planetario llamado Kamino, no aparece en los mapas archivados— informó esperando que ella tuviera información al respecto.

—Kamino…sígueme— indicó la pelicastaña como si hablara con un niño, aproximándose hasta uno de los ordenadores y tecleando el nombre que Kakashi le había dado. —No es un sistema que me sea familiar, ¿estás seguro de tener las coordenadas correctas?— inquirió pues no aparecía nada solo por nombre.

—Según mi información, debe estar al sur del Laberinto Rishi— contestó el peligris, viéndola arquear una ceja con duda.

—Perdón, pero sin las coordenadas exactas suena al tipo de indicación que daría un rufián callejero, un minero o un comerciante firbog— se atrevió a juzgar Toka, no sabiendo si tomar como válida dicha información.

—Es un poco de todo— aceptó Kakashi absteniéndose de reír. —Pero creo en su palabra, es confiable— Genma nunca daba información errada.

—Estoy haciendo un sondeo gravitatorio, pero no encuentro el planeta, hay inconsistencias— concluyó ella tras varios intentos infructuosos. —Quizás se haya destruido— era una posibilidad aunque remota la verdad.

—¿No aparecería en los archivos?— consideró él, sorprendido de que ella no lo supiera.

—No si es muy reciente— barruntó Toka, aunque la verdad ella misma dudaba de ello. —Créeme, los archivos se actualizan con la mayor regularidad y yo me encargo de ello— era realmente extraña esta inconsistencia. —Si llego a enterarme de cualquier cosa, o tú lo haces, hemos de informarnos para actualizar cualquier información, por favor— pidió preocupada por esta falla en su almacenamiento de información.

—Así se hará— asintió Kakashi al instante. —Gracias por todo, Toka— apreció intercambiando una última mirada con ella. —Creo que sé a quién consultar al respecto— meditó en voz alta, más para sí que para ella.

Levantándose de su asiento, Kakashi apreció toda la ayuda que Toka le había brindado, retirándose en silencio y agradeciendo que tras su partida un joven Padawan en entrenamiento se presentara para requerir la ayuda de la archivista de los Jedi pues no desearía que ella se angustiara con algo que quizás escapaba de su control. Esto podía parecer un problema sin solución teniendo en cuenta que nadie tenía información más fiable en toda la galaxia que Genma Shiranui, exceptuando a lady Toka, pero había alguien más que podía dar respuesta a sus problemas; siempre estaba ahí para cualquiera que quisiera hacer preguntas u obtener información, ayudaba a los Padawan más jóvenes en sus entrenamientos y era básicamente el rostro visible y más longevo de la Orden Jedi en su historia. Si, el Maestro Onoki, pues era cosa rara que él no supiera dar respuesta a todo lo que sucedía en la galaxia y de no saberlo meditaba en ello. Al abandonar la sala de los archivos, Kakashi no pudo evitar dirigir una última mirada al busto de roca del Conde Madara, sintiendo un escalofrió y pensando en Sasuke, ¿Qué estaría haciendo?, ¿Sakura y él ya habrían llegado a Naboo?

Esperaba de todo corazón que Sasuke estuviera bien.


Transporte de Refugiados, Camino al Sistema Naboo

El carguero que transportaba a los refugiados de Coruscant a Naboo estaba repleto, todas las habitaciones disponibles estaban habitadas y el espacio que escaseaba era llenado con uno que otro pasajero que dormía en los pasillos, los comedores y bahías de carga en un cuadro que hizo que a Sakura se le encogiera el corazón por tener una habitación y cama confortable en tanto otros no…pero prefirió no discutir ya que Naruto y Sasuke si se merecían dormir con tranquilidad durante su travesía. La habitación era sencillamente amueblada por una litera con una cama aledaña contra la pared contigua, un lavabo en el espacio vacío entre ambas camas y un armario muy cerca de la puerta; la cama superior de la litera era de Naruto, la inferior de Sasuke quien se encontraba tomando una siesta a la cual ella lo había obligado al verlo cansado, y Sakura estaba sentada en la cama aledaña, sumergida en sus propios pensamientos y reflexiones. No era intención de Sakura disfrutar del viaje, pero debía reconocer que el anonimato le resultaba irresistible, claro que su deber y lugar estaba en Coruscant y representando a su planeta en el Senado Galáctico pero en ese momento se sentía relajada y libre, como si no necesitase pensar en nada. Sakura salió de sus pensamientos al escuchar murmullos, volviendo la mirada hacia Sasuke que se removió incomodo sobre la cama a unos pasos de ella, temblando y sudando.

—No...no— protestó el Uchiha entre sueños, visiblemente asustado, —mamá...— llamó cada vez más agitado.

—Sasuke— llamó la Haruno, levantándose y sentándose a su lado, zarandeándole el hombro ligeramente, sin éxito, —Sasuke, despierta— los orbes ónix del Uchiha se abrieron, y observó con confusión a su alrededor, antes de concentrarse en Sakura, logrando tranquilizarse. —Perdón, tenías una pesadilla— se disculpó en caso de haber cometido un error. —Ten— ofreció tendiéndole una botella de agua.

—Gracias— asintió Sasuke bebiendo un trago de agua, sintiéndose un tanto más calmado al tenerla cerca.

—¿Estás seguro de que estás bien?— consultó Sakura, no queriendo ser paranoica pero sintiéndose inevitablemente preocupada.

—Sí, fue solo un sueño— sosegó el azabache tratando de convencerse de ello.

—Sobre tu madre— señaló la pelirosa pues lo había escuchado nombrarla mientras dormía. —La extrañas mucho, ¿verdad?— asumió haciendo que el Uchiha alzara la mirada hacia ella, a ella no podía ocultarle lo que sentía

—Más de lo que soy capaz de expresar— suspiró él negando para sí, sabiendo que Kakashi reprobaría que dejara fluir sus sentimientos de esa forma.

A diario y desde que había dejado Tatooine, Sasuke sentía una culpa atroz creyendo que de haberse quedado junto a su madre podría haber hecho más por ella o algo a la larga, quizás habría podido liberarla de la esclavitud algo que ahora no podía hacer como Padawan, forzado a permanecer el Coruscant cuando no era enviado en misiones, obligado a sublimar sus sentimientos pues hasta Kakashi lo instaba a ello y a seguir el Código Jedi para ser un ejemplo como él…pero junto a Sakura—como hace ocho años—todo era diferente, ella no le pedía que callara lo que sentía, ella lo comprendía y así lo manifestó alagando una de sus manos para entrelazarla con la suya como si en silencio y sin necesidad de palabras le dijera; está bien estar triste, está bien llorar, yo estoy aquí. Sentada frente a Sasuke y sosteniendo su mano contra la suya, Sakura le dio una mirada profunda; no era muy diferente de ella, arrojado al mundo de la guerra y el sacrificio siendo demasiado joven, solo tenía diecinueve años y a pesar de lo arrogante, altivo y seguro que parecía, ella ahora podía ver que sus años bajo la tutela de los Jedi habían quebrado su espíritu, alejarse de Tatooine y su madre lo habían afectado muchísimo, por ello es que el Uchiha seguía los dictados de su corazón por encima de cualquier pragmatismo o decoro.

—No te lo había preguntado hasta ahora, pero...— consideró Sakura, dudando en si hacerle aquella pregunta no queriendo importunarlo, —¿volviste a verla en estos años?— no habían tratado ese tema en su correspondencia privada.

—No, el Consejo no lo cree apropiado— negó Sasuke, comprendiendo su pregunta, —pero coincidieron en que podría verla cuando deje de ser un Padawan, es la razón de que quiera ascender tan pronto— podía parecer arrogante y apresurado pero no sin buenas razones. —Puede que haya dejado Tatooine hace mucho tiempo pero siempre pienso en esa, y últimamente estoy teniendo pesadillas demasiado extrañas— no conseguía entender de dónde venían estos sueños. —Supongo que solo estoy preocupado por ella— afirmó en voz alta, tratando de convencerse de ello.

—Es tu madre, es normal que pienses en ella— obvió la Haruno, discrepando con aquella forma tan restrictiva de pensar de los Jedi. —Nunca he vuelto a conocer a alguien como Mikoto Uchiha en mi vida, es una mujer maravillosa, con un carácter muy fuerte y un corazón lleno de bondad— elogió con una ligera sonrisa, guardando los mejores recuerdos de tan destacable mujer.

—Desearía no haberla abandonado— confesó el Uchiha en voz baja, pudiendo ser honesto con ella.

—No lo hiciste— protestó Sakura de inmediato, —la elección de tu madre fue dejarte ir, porque ella deseaba que fueras feliz y cumplieras tu sueño de ser un Jedi— ella lo sabía bien, Minato se lo había dicho. —La mayor felicidad de una madre es que sus hijos sean felices, si tú eras libre, ella también, si tu cumplías tu sueño, ella también— nada igualaba al amor de una madre por sus hijos. —Por favor, no te culpes— rogó alzando una de sus manos para acariciarle el rostro, no queriendo que estuviera triste.

Hablando objetivamente, Sakura no podía juzgar los sentimientos de Mikoto Uchiha como madre pero si sabía que de encontrarse en una situación remotamente parecida, abriría sus brazos para que cualquier hijo que tuviera corriera para alcanzar sus sueños, no podría pedirle que se quedara a su lado ni traicionara sus ideales, porque una madre era feliz viviendo a través de los sueños de sus hijos, eso es lo que su madre Mebuki le había enseñado desde que era pequeña, y estaba segura de que Mikoto pensaba igual. Suspirando sonoramente, no pudiendo llevarle la contraria a Sakura aunque lo quisiera, Sasuke asintió ante sus palabras, estrechando su mano contra la suya y deseando creer desesperadamente en lo que ella creía, deseando creer que cuando su entrenamiento terminara y visitara Tatooine, su madre estaría a salvo y esperándolo, y que sus sueños solo eran eso, sueños. Enfocados el uno en el otro y observándose a los ojos, ambos no se dieron cuenta de que la puerta de la habitación se abría y que Naruto cruzaba el umbral hasta escucharlo silbar cantarinamente mientras ingresaba cargando una bandeja repleta de comida.

—Pipip, aquí viene la cena— se anunció el Uzumaki atrayendo la atención de los dos y dejando la bandeja entre ambos. —Buen provecho— deseó dirigiéndoles una sonrisa a ambos, —yo iré a coquetear con las enfermeras— agregó con un susurró cómplice, retirándose con rapidez en busca de las bellísimas voluntarias.

—Gracias, Naruto— despidió Sakura riendo por lo bajo, moviendo la bandeja para que un extremo estuviera frente a ambos. —Come. Sasuke— instruyó, sin esperar protesta alguna de su parte, tomando un pequeño plato de sopa de la bandeja.

—Estoy ansioso por volver a Naboo— confesó Sasuke cambiando de tema, tomando el otro plato de sopa, —he pensado en ese lugar desde la última vez que lo vi hace ocho años, es por lejos el planeta más hermoso que he visto jamás— se expresó sin dejar de observarla pues ella estaba incluida en esa declaración.

—Puede que no sea como lo recuerdas, a veces el tiempo cambia la percepción de las cosas— diferenció la pelirosa, habiendo notado su alusión.

—A veces, pero otras veces las mejora— puntualizó el azabache sin cambiar de parecer.

Toda ella, su belleza, su inocencia, su bondad y la correspondencia que habían mantenido a lo largo de los años habían sido todo a lo que Sasuke había podido aferrarse para no sentirse absolutamente solo en estos ocho años, a su mente venia aquella ocasión en que le había dicho que se casaría con ella, entonces había sido solo un chico de once años que poco y nada sabía de la vida pero hoy ella era un pilar fundamental de su vida, simplemente no se veía llevando una existencia futura en que ella no estuviera y no alcanzaba a comprender como había vivido estos ocho años sin tenerla cerca, se sentía vivo a su lado pero sin ella solo sobrevivía. Arqueando una ceja ante las palabras de Sasuke, Sakura solo sonrió para sí, bajando su mirada a su plato de sopa y llevándose una nueva cucharada a los labios casi a la par que Sasuke, sintiendo el silencio tornarse tenso pero no en un mal sentido sino como si buscara atraerlos el uno hacia el otro como imanes, ¿O era su imaginación? Quería creer que sí, porque no podía ser posible que penas transcurridos tres días de su reencuentro desease besarlo cuando hace ocho años atrás jamás se lo había figurado, ¿No se supone que eran amigos? Alzando la mirada hacia Sasuke, deseando percibir si él sentía lo mismo que ella, Sakura siguió su trayectoria de visión hacia donde estaban sus valijas empotradas contra el armario cerrado, imaginando que es lo que estaba pensando:

—Debes pensar que tengo demasiada ropa— asumió Sakura sin necesidad que él dijera nada.

—No sabría decirlo— negó Sasuke, fingiendo que el asunto no le divertía, —¿es una cantidad normal para una persona promedio?— él era mucho mas practico.

—Para alguien con mi trabajo, sí; para otros, no tanto— asintió ella, recordando su armario en sus días de reina. —Imagino que los Jedi no tienen un guardarropa tan amplio del que elegir— obvió señalando su ropa y que si bien no era propia de un Jedi sino para pasar desapercibido, se notaba desgastada por el uso.

—No, solo tenemos lo que necesitamos, todo se trata de sobrevivir a través de la Fuerza— respaldó él, siendo bastante minimalista en su forma de vestir. —Las posesiones están prohibidas, en su mayoría, creo que lo único que nos permiten poseer son los sables de luz— sonrió ladinamente pensando en cuantos había perdido.

—Debe ser difícil jurar lealtad a los Jedi— consideró la Haruno en voz alta, tratando de entender lo que él sentía a diario, —no puedes visitar los lugares que quieres, no puedes hacer lo que quieres…— esas eran libertades que todos deberían tener.

—Ni puedo estar con las personas que amo— agregó el Uchiha sonriendo ladinamente y sin dejar de observarla.

—¿Te dejan amar?, ¿No está prohibido a los Jedi?— cuestionó Sakura pícaramente, siguiéndole la corriente.

—El apego está prohibido, la posesión está prohibida— aceptó Sasuke bajando la mirada un momento, para estar seguro de lo que iba a decir, —pero la compasión, que es mi definición de amor incondicional, es central en la vida de un Jedi— eso era lo que él pensaba y en especial si se trataba de ella, —así que se podría decir que nos incitan a amar— aprovechaba los quiebres del código a su favor, debía confesarlo.

—Cuanto has cambiado…— notó ella con gran admiración, aceptando que ya no tenía delante a un chico sino a un hombre.

—Tú no has cambiado nada— contrarió él sorprendiéndola con su afirmación, —solo en que eres más hermosa y te admiro más que cuando nos despedimos— añadió sonriendo ladinamente, convencido de sus sentimientos por ella. —Dudo que Naboo haya cambiado— agregó, incluyéndola a ella en esa declaración.

—No lo ha hecho, no mucho— asintió la pelirosa sonriendo muy ligeramente para sí.

Debería delimitar las distancia entre ambos y Sakura lo sabía, sabía que dejar que Sasuke se acercara tanto a su corazón—siendo que ya lo amaba—era peligroso pues no podía ni podría haber nada entre ambos, él era un Jedi y los Jedi no podían…bajando la mirada hacia su plato, Sakura trato de convencerse de que lo que su corazón quería era imposible, lo que ella deseaba de cara al futuro era un día alejarse de la política y vivir en paz en Naboo, tener una familia y poder ver la vida pasar con tranquilidad, algo que Sasuke nunca podría hacer aunque lo deseara, él siempre seria parte de los Jedi y aunque por alguna idea descabellada pudieran intentarlo, solo la Fuerza sabía cómo acabaría todo. En un arrebato de sinceridad, Sasuke deseó decirle a Sakura que no solo era más hermosa, maravillosa e inteligente de lo que recordaba sino que además sus sueños en todos estos años no le habían hecho justicia, pero supuso que sonaría demasiado vehemente o invasivo por lo que prefirió callar, dirigiéndole una última mirada antes de regresar su atención a su plato. Todo era demasiado complicado, los hombres de su edad no deberían tener tantos problemas para decirle a una mujer lo que sentían, y él desearía poder hacerlo; realmente esperaba que todo se desarrollara mejor entre ambos apenas llegaran a Naboo, porque no sabía si podría callar sus sentimientos por más tiempo…


Templo Jedi, Coruscant

Más tarde ese mismo día y luego de haber consultado todo tipo de fuentes de información, incluida la Fuerza que no le daba más que atisbos del futuro como si se trataran de reflejos, Kakashi opto por recurrir a aquel en quien más confiaba, el Maestro Onoki, que según sabía a esa hora se encontraba ayudando a veinte jóvenes Padawan en su entrenamiento al ser tan pequeños y no haber sido elegidos por un Maestro Jedi aun. Se trataba de niños de sólo cuatro o cinco años que se enfrentaban con sables láser en miniatura a flotantes droides de entrenamiento, una práctica habitual pero que algunos muy prodigiosos como Sasuke se habían saltado al comenzar su entrenamiento siendo mayor y teniendo más agudeza de sentidos. Para su entrenamiento, los niños llevaban cascos protectores con visores que les cubrían los ojos, mas era fácil imaginar las emociones que debían estar sintiendo; el entrenamiento podía resultar humillante pero también estimulante, porque los fracasos iban parejos a los éxitos, y cada uno aumentaba la confianza de todo futuro Jedi, cada fracaso ayudaba a conectar con la constante belleza que de la Fuerza, aumentando esa conexión que distinguía a un Jedi. Poder ver entrenar a los niños que un día conformarían la próxima generación era admirable y muy tierno.

—Concéntrense, sientan la Fuerza a su alrededor, deben usar sus instintos— instruyó el Gran Maestro con voz comprensiva, sonriendo para si al advertir la llegada de Kakashi. —Jóvenes, ¡jóvenes! Tenemos un visitante— señaló aplaudiendo con ambas manos para sacar a los pequeños de su sesión de entrenamiento.

—Hola Maestro Kakashi— saludaron todos los niños al unísono, quitándose sus cascos y sonriendo al Maestro Hatake.

—Hola— correspondió el peligris al ingresar en la sala, sonriendo bajo su máscara.

—¿En qué puedo ayudarte, Kakashi?— consultó Onoki, acercándose a su antiguo Padawan con andar corto y apoyándose en su bastón.

—Lamento molestarlo, Maestro— se disculpó el Hatake de antemano pero viendo sonreír a su antiguo menor, —buscó un planeta que me describió un amigo, le creó pero el sistema no aparece en los mapas de los archivos— explicó no pudiendo hallar por su cuenta una respuesta para semejante incógnita.

—¿El Maestro Kakashi perdió un planeta?— preguntó el Gran Maestro en voz alta. —Es una vergüenza, una gran vergüenza— negó para si con un deje de burla y escuchando reír a los niños. —Liu, la luz— indicó a una de los niños presentes y que se acercó a la puerta para apagar la iluminación y cerrar las persianas de las ventanas. —Reúnanse alrededor del mapa, despejen sus mentes y encontraremos el planeta misterioso que busca el Maestro Hatake— indicó haciendo flotar con ayuda de la Fuerza un hologlobo con un mapa estelar que siempre llevaba consigo.

En lo alto del techo y como en cada sala destinada al entrenamiento de los niños se encontraba un dispositivo semejante a un proyecto y hasta el cual el Maestro Onoki movió el hologlobo con ayuda de la Fuerza mientras en la habitación entera se proyectaba un mapa estelar de la galaxia con cientos de estrellas iluminando el ambiente oscurecido por las luces apagadas y las persianas cerradas. Inicialmente, Kakashi se había preguntado si era sensato quedarse y pedir la ayuda del Maestro Onoki mientras él entrenaba a los niños, pues eso los involucraría de una u otra forma, ¿Era ese el lugar y momento más adecuado para pedir ayuda a su antiguo mentor siendo que aquella misión era su responsabilidad? Pero ahora olvido cualquier duda, paseándose por la habitación tratando de identificar el sistema estelar que buscaba; Siguiendo el rastro de estrellas en lo que debería ser el laberinto Rishi, Kakashi recordó el mapa que había visto en el ordenador de la sala de archivos, localizando el eje de gravedad del planeta llamado Kamino o donde debería estar pues había rastros de polvo y estrellas pero ningún planeta en el lugar. Lady Toka había tenido razón, a ojos de cualquiera se podría concluir que él planeta se había destruido, pero no había rocas suficientes que lo indicaran y la gravedad del planeta seguía intacta.

—Debería estar aquí— señaló Kakashi enfocándose en un cúmulo de pequeñas estrellas, —la gravedad mueve todas las estrellas hasta este punto— como debería ser.

—El rastro de gravedad sigue ahí, pero desaparecieron los planetas y la estrella— notó el Maestro Onoki en voz alta. —¿Qué pudo pasar?, ¿Alguna idea?, ¿Nadie?— preguntó a los niños en caso de que ellos tuvieran alguna idea.

—Maestro— llamó uno de los niño, Hiro, levantando la mano, —quizás alguien lo borró de la memoria de los archivos— él lo veía posible aunque sabía que era una mala acción.

—Que maravillosa es la mente de un niño, excelente deducción— celebró el Gran Maestro, encantado. —Debes encontrar el centro de atracción gravitacional, Kakashi, así encontraras el planeta que buscas— aconsejó, guiando a su antiguo Padawan fuera de la sala. —Debieron borrar la información— concluyó en voz baja para que los niños no escucharan.

—Pero, ¿Quién pudo hacerlo, Maestro?— cuestionó Kakashi sorprendido a mas no poder. —Es imposible— nadie podía interferir con el templo, solo los propios Jedi.

—Por lo visto no— replicó Onoki frunciendo el ceño. —Esto es inquietante y preocupante, pues solo un Jedi pudo hacerlo— impensable debería ser, mas no lo era. —¿Quién?, y ¿Por qué? Eso debemos investigar— él lo haría en especial.

Cierto es que veinte Jedi habían abandonado la Orden en los últimos años, pero ninguno había osado atentar contra la Orden o el Templo sino que todos ellos se habían mantenido al margen, incluso el Conde Madara que si bien dirigía el conflicto Separatista, no daba señales de querer iniciar una guerra fuera del ámbito político. Fuera cual fuera la verdad y la intención tras eso, no dejaba de ser una amenaza o casi atentado contra los Jedi que se mantenían al margen de todo, pero aparentemente ya no podían seguir siendo neutrales. Intercambiando una mirada seria pero con una sonrisa para mantener la calma, el Maestro Onoki se despidió de Kakashi y regresó a la sala donde los entusiasmados y curiosos niños lo esperaban para continuar su entrenamiento. Llevándose una mano al mentón de forma pensativa mientras daba completamente la espalda a la sala de entrenamiento y recorría los pasillos hacia su habitación para prepararse y partir a su misión ahora que por fin sabía a donde ir. Un millar de preguntas pasaron por la mente de Kakashi, en su camino repleto de compañeros y compañeras Jedi como lady Tenten Namiashi que le sonrió amablemente, pues pese a toda la falsa sensación de seguridad que los Jedi se empeñaban en mostrar, ahora quedaba en claro que sus enemigos tenían más poder de lo que pensaban, el suficiente como para intervenir en el templo Jedi.

Debían tener más cuidado que nunca.


Theed, Capital de Naboo

El resto del camino a bordo del transporte de refugiados hasta Naboo fue sereno y ameno, mas Sasuke se esforzó por no dormir buscando huir de aquellas pesadillas, y aunque Sakura deseó que hubiera podido dormir algo prefirió no insistir. El transporte de refugiados aterrizó en el hangar abierto que se encontraba en el centro de la capital, Theed, la hermosa ciudad rodeada de vegetación y en que abundaba el equilibrio con la naturaleza hasta más allá de donde alcanzaba a la vista; en nada era de extrañar que todos los refugiados a bordo del transporte abandonaran toda melancolía y desesperanza apenas bajaron del carguero y vieron el lugar que esperaban de ahora en más fuera su nuevo hogar. Al detenerse en el umbral del transporte y bajar de la rampa, Sasuke se tomó un momento para analizar la enorme ciudad, tan avanzada como Coruscant pero con un encanto propio, muy delicada y de una belleza fascinante, como Sakura hacia quien se volvió caballeroso en todo momento, tendiéndole la mano a la hermosa pelirosa para ayudarla a bajar y recibiendo una deslumbrante sonrisa a cambio, volviéndose además hacia Naruto para ayudarlo a cargar dos de las valijas con el equipaje de la Senadora en tanto el Uzumaki se encargaba de las otras dos, siguiendo sus pasos. Tan pronto puso un pie en el suelo, Sakura inspiró aire profundamente, sintiéndose plena al volver a su mundo.

—Ahora, ¿a dónde?— preguntó Sasuke, dejando que ella guiara su camino.

—Al palacio— contestó Sakura, señalando la calle principal que los haría salir del hangar, —tengo que informar a la reina sobre lo ocurrido en Coruscant y sobre nuestra estadía aquí— agregó quitándole al Uchiha una de sus valijas.

Estaba realmente agradecida con Sasuke, hacía mucho tiempo que nadie la trataba verdaderamente como una dama, tomándose el tiempo de saludarla atentamente, ayudarla a bajar dándole la mano, cargando su equipaje por ella y demás, pero por muy tocada emocionalmente que se sintiera no era una princesita primorosa y notaba a leguas que Sasuke estaba cansado, tenía sus propias cargas que llevar y ella no quería convertirse en otra, logrando quitarle al menos una de sus valijas y con la que él cargaba, queriendo caminar como iguales y ante lo que él no pudo protestar, entornando los ojos y asintiendo, indicándole que abriera el camino. Sonriendo para sí, siguiendo los pasos de Sakura y Sasuke, Naruto religió callar y no comentar nada, solo observar el intercambio de mirada entre esos dos mientras abandonaban el hangar y cruzaban las calles hacia el palacio real, en especial la gran plaza que estaba rodeada de árboles y vegetación. Desde que había conocido Naboo por primera vez hace ocho años, Sasuke siempre se había fascinado por la insólita belleza del planeta, era muy diferente de Tatooine en todos los sentidos, la gente era feliz y libre de formas que no se podía imaginar, nadie bajaba la vista o intentaba ocultarse, todo era diverso, colorido, alegre...no era de extrañar para él que Sakura fuera tan amable y encantadora viviendo en un planeta así, todos se veían muy amables de hecho.

—Me sentía solo cuando empecé mi entrenamiento Jedi, pero me sentía mejor cada vez que pensaba en Naboo— confesó Sasuke incapaz de no sentirse fascinado por aquel mundo de belleza sin par, como ella, —en el palacio, en la forma en que brilla el sol...— enumeró tratando de no parecer tan embelesado con ella e incomodarla.

—En el aroma de las flores y en el suave sonido de las cataratas— completó Sakura volviendo la mira hacia él, leyéndole el pensamiento. —Era muy pequeña cuando vi la capital por primera vez, mis padres provenían de una villa humilde en el campo y decidieron mudarse para que mi hermana y yo pudiéramos entrar a las mejores escuelas— comentó sabiendo que podía hablar de todo con él. —Nunca antes había visto una catarata y me parecieron hermosas, aun lo hacen— rió para sí, enternecida por tener la completa atención del Uchiha. —Nunca imaginé que viviría en el palacio algún día, aun me parece que fue un sueño— un sueño realmente único.

—Dime, ¿soñabas con el poder y la política cuando eras niña?— se interesó el Uchiha ya que ella siempre obtenía puestos de importancia en donde sea.

—¡No!— rió la Haruno, incrédula por semejante idea. —Eso era lo último en lo que pensaba, pero a medida que fui estudiando historia me di cuenta de las cosas que pueden hacer los buenos políticos, y desde entonces me dedique a entregar todas mis energías a mi gente, a ayudarlos y representarlos— la política era sucia si no se tenían escrúpulos y valores, pero ella los tenia y anteponía a todo. —No fui la reina más joven de la historia, pero ahora que lo pienso creo que no tenía la edad suficiente, tal vez no estaba lista— reflexionó, siempre autocrítica hacia sí misma.

—El pueblo que gobernaste estaba satisfecho— recordó él, convencido de que ella era y siempre sería la mejor líder posible, —incluso intentaron cambiar la constitución para que siguieras al frente— lo sabía al haber seguido su carrera política a la distancia.

—Deje el trono cuando llego el momento y no habría podido seguir siendo reina aunque me lo hubieran pedido— dejó en claro ella, agradeciendo el alto concepto que tenia de su persona, —no está en mí desear el poder sino el ayudar a otros— no podría anhelar algo para sí, no a costa de otros. —La democracia no es solo darle al pueblo lo que quiere, sino lo que necesita— diferenció pues muchas veces se confundían dichas visiones y eran muy distintas en realidad.

La primera lección importante que Sakura había aprendido como aprendiz legislativa a los ocho años era que la democracia y el populismo eran cosas distintas; la democracia se centraba en un gobierno en que la gente pudiera dar su opinión y llegar a un consenso en tanto eso fuera bueno para la mayoría y no dañara o que afectase mínimamente al menor grupo de personas posibles; en tanto el populismo era acatar las voces de la gente satisfaciendo sus exigencias desmedidamente, solo para acatar la voz de la mayoría y sin pensar si ello era correcto. No tenía ambiciones políticas, su vida estaba entregada al servicio por los suyos y que agradecía fuera apreciado, prueba de ello fueron las sonrisas y saludos de las personas en su camino y que la reconocieron con facilidad, agradeciendo su servicio en el Senado. Con cuidado y adelantándose para ayudar a Sakura, Sasuke subió las escaleras al final de la plaza y que daban con una avenida que se conectaba a las puertas del palacio, una entrada exclusiva para políticos según le susurró Sakura cuando cruzaron el umbral custodiado por los característicos soldados que inclinaron la cabeza al verlos, sabiendo de su llegada. Tratando de no ser embelesado por la bella estructura, el Uchiha no dejo de prestar atención a Sakura y su conversación mientras subían el resto de las escaleras que conducían a la sala del trono donde los esperaba la reina Konan.

—Fue un alivio cuando acabaron mis dos periodos como reina, y también para mis padres, estaban desesperados por saberme a salvo durante el bloqueo y pudieron respirar tranquilos cuando deje de ser reina— continuó Sakura, hablando por primera vez de su familia para gran interés de Sasuke. —Si alguien hubiera pedido mi opinión, me habría alejado de la escena pública por completo y habría formado una familia, siempre he deseado hacerlo— confesó con franqueza, albergando el deseo de poder ser madre algún día. —Mi hermana mayor tiene dos niñas preciosas y siempre he estado un poco celosa de ella— adoraba a sus pequeñas sobrinas. —Pero cuando la reina me pidió que fuera Senadora...no pude rechazar el cargo, no puedo explicar porque solo sentí que tenía que aceptar— era un sentimiento muy particular.

—Estoy de acuerdo con ella, la República te necesita— respaldo Sasuke, pensando igual que ella. —Me alegra que accedieras— agregó sonriendo ladinamente y viéndola sonreírle en respuesta. —Creo que van a pasar cosas en nuestra generación que cambiaran la galaxia profundamente— las cosas estaban cambiado, lo sentía.

—Yo también lo creo— secundó ella, habiendo aceptado ser Senadora por ese sentir.

No se trataba solo de la guerra con los Separatistas o el ambiente bélico que se sentía en el aire, era algo más, era como si el universo entero se estuviera moviendo en una dirección y dándole tiempo a todos los indecisos o inseguros a subirse al carrusel que sería este nuevo viaje, por eso Sakura se había unido al Senado, por eso Sasuke estaba empeñado en ser promovido a Caballero Jedi, ¿De qué se trataba este sentimiento? Ninguno lo sabía realmente, no aún. Apartando ligeramente la mirada, Sasuke no pudo olvidar ni dejar de pensar en lo que Sakura había dicho, sobre como deseaba formar una familia; sabía que era egoísta, no debería desear que Sakura postergara su vida solo porque él llevaba años amándola a la distancia, además como Jedi cualquier relación seria entre ambos era imposible…pero no le importaba, quería compartir todos estos sueños que ella tenía, una vida tranquila, juntos, una familia y tal vez incluso más. Imitando a Sasuke, Sakura sintió como se le subía el color a las mejillas, reprendiéndose por ser tan sincera, pero no pudo evitar seguir observándolo por el rabillo del ojo, ¿Había errado al decir aquello? Usualmente se callaba su opiniones personales pues sabía que no eran de mayor interés, sin embargo sentía que a Sasuke podía contarle todo, ¿Qué era lo que él pensaba?, Sakura negó mentalmente y trató de no darle más vueltas al asunto mientras llegaban al segundo piso…


Siguiendo con lo esperado, Sakura fue recibida en la sala del trono por su soberana y colega la reina Konan así como por su viejo amigo el gobernador Raido Namiashi que continuaba en su cargo por su servicio a su planeta, y que se hallaba reunido con la reina discutiendo la difícil situación política de la República en relación a los Separatistas, una conversación a la que Sakura no dudo en unirse, tomando asiento sobre uno de los escaños más próximo al trono de la reina, con Sasuke de pie a su lado. La reina Konan era muy distinta de lo que había sido Sakura como soberana, un par de años mayor pero igualmente solemne, ataviada en un holgado vestido turquesa opaco de escote en V que se ceñía bajo el busto, con falda de múltiples capas y mangas holgadas y acampanadas hasta las muñecas, encima una chaqueta de tafetán azul oscuro sin mangas, de escote en V cerrado bajo el busto y abierta bajo el vientre, con un grueso dobladillo plateado en el contorno de la tela y el emblema real de Naboo estampado a lo largo del contorno. Su largo cabello pintando en el tradicional degrade del castaño al naranja caía tras su espalda para resaltar una corona de plata de gran tamaño hecha de escamas plateadas, diamantes y zafiros que sostenía un velo turquesa que caía tras su espalda, haciendo resaltar unos largos pendientes de diamante a juego con la guirnalda alrededor de su cuello.

—Si el Senado vota a favor de un ejército, provocara una guerra civil— aseguró Sakura, habiendo presenciado el ambiente reinante en Coruscant.

—Eso es impensable— jadeó Raido, creyendo en sus palabras pero no queriendo aceptar la guerra que se sentía inminente, —no hemos tenido una guerra formal desde la creación de la República— desde la época oscura de los Sith.

—Senadora— llamó la reina Konan, volviendo la mirada hacia su predecesora, —¿cree que a través de la negociación podamos hacer que los Separatistas vuelvan a la República?— Naboo era un sistema más parcial que podría intervenir en el conflicto.

—No si se sienten amenazados— negó la Haruno con seguridad. —De hacerlo, recurrirían a la Federación de Comercio o a los Gremios de Comerciantes— además de al Clan Bancario que se rumoraba ya financiaba a los Separatistas.

—Es inaudito que después de cuatro audiencias en la Suprema Corte, Homura Mitokado aun sea el Virrey de la federación de Comercio— consideró el Namiashi observando a su antes reina, recordando todo cuanto ella y su planeta habían sufrido. —El Senado no tiene el poder para resolver esta crisis— nadie sentía lo contrario.

—Mas debemos confiar en la República— suspiró la reina Konan esbozando una triste pero alentadora sonrisa, decida a no perder la esperanza.

En momentos de desesperación como aquel, no eran quizás las palabras correctas pero eran lo único en lo que podían creer como habitantes de Naboo, una civilización que detestaba las guerras por encima de todo, Sakura en especial por haber vivido un conflicto en su juventud y sabiendo que estos eran de dudosas consecuencias; no es que Sakura tuviera resentimiento por sus antiguos enemigos la Federación de Comercio, prefería ser objetiva al respecto mas como todos sabía que lo único que habían conseguido las audiencias en la suprema corte era restar el número del ejercito de la Federación. Dando por cerrado el asunto, al menos por ahora, la reina Konan se levantó de su trono y rodeó su escritorio, dirigiendo sus pasos hacia su colega y amiga así como predecesora, entrelazando su brazo con el suyo mientras se disponía a que abandonaran el salón, sintiendo los pasos del gobernador Raido Namiashi, de su protector Jedi y de Naruto Uzumaki tras ellas, así como de sus propias doncellas. Konan no podía pedirle más a su Senadora y amiga, que arriesgara tanto su vida era prueba de su inquebrantable servicio a su planeta, pero no quería ser la causante de su muerte, por lo que le daba la bienvenida a su hogar por el tiempo que ella considerase oportuno, invitándola en silencio a quedarse cuanto gustara.

—Cuando dejemos de creer que la democracia funciona, ese día la perderemos— consideró Konan en voz alta, volviendo la mirada hacia su predecesora.

—Esperemos que jamás suceda, Alteza— suspiró Sakura, orando porque su plegaría fuera escuchada.

—Pero por ahora lo importante es su seguridad— sosegó la reina, sonriendo y señalando con su mirada a su protector Jedi.

—¿Qué opina usted, Maestro Jedi?, ¿Cómo cree que se deba proceder en este caso?— preguntó el gobernador Raido, sintiéndose mejor al tener un Jedi cerca.

—Sasuke no es un Jedi aun, es un aprendiz Padawan, gobernador— corrigió la Haruno, no queriendo que presionaran al Uchiha, —creo que lo mejor será que nos quedemos en la región de los lagos, ahí hay muchos lugares aislados y que pocos conocen, no sabrían dónde buscar, es un lugar tranquilo y seguro— sugirió deteniendo su andar y volviendo su mirada hacia su reina, informándola y pidiendo su permiso.

—Me parece perfecto— asintió Konan, completamente de acuerdo con su plan. —Sé que han de encontrarse cansados por el viaje, por lo que mis doncellas los guiaran a una habitación donde podrán cambiarse, si gustan— sugirió volteando a ver a dos de sus doncellas y que dieron un paso al frente de inmediato.

—Lo apreciaríamos muchísimo, gracias— asintió la pelirosa, profundamente agradecida, bajando la cabeza ante su reina. —Vamos, Sasuke— indicó en voz baja al Uchiha, pero no necesitando decir nada a Naruto quien los siguió de inmediato.

Cabizbajo, Sasuke no protestó sino que siguió a Sakura fuera de la sala del trono, ayudando a Naruto con las valijas que cargaban, mordiéndose el labio inferior al internarse en los pasillos con la bella Senadora; Sasuke se mantuvo en silencio, sabía que ese no era el momento para discutir, pero al escuchar a Sakura referirse a él como solo "un aprendiz Padawan" sintió como si su corazón se hubiera hundido, podían catalogarlo de arrogante, orgulloso o lo que fuera, pero esta era en concreto su primera misión en solitario, su primera oportunidad de demostrar de que era capaz pero cada vez que intentaba dar un paso hacia adelante Sakura parecía recordarle que era el mismo chico de once años y ella la reina, no sabía si era su intención hacerlo sentir así o no, pero lo último que Sasuke deseaba era tener que guardar las distancias con ella. Cuando tras unos segundos de andar por las pasillos las doncellas se detuvieron ante las puertas de una habitación, Naruto fue el primero en ingresar con una sonrisa, agradeciendo poder descuidar el equipaje por unos momentos, dirigiéndose hacia una de las habitaciones de aquellos enormes aposentos—designados para visitas de estado—para poder cambiarse de ropa en tanto Sasuke y Sakura ingresaban tras él, mucho más calmados. Esbozando una sonrisa al respirar aire puro y pensando en su familia, Sakura se volvió hacia las doncellas de la reina, agradeciendo sus servicios pero no necesitando más de ellos.

—Gracias— despidió la Haruno con un asentimiento, viendo a ambas jóvenes reverenciarla y proceder a retirarse cerrando las puertas tras de sí. —Puedes volver a usar las túnicas Jedi, sé que no te gusta la ropa de civil— comentó con naturalidad, quitándole una de sus valijas y dirigiéndose hacia una de las habitaciones.

—No es que no me guste, es solo que no estoy acostumbrado— aclaró el Uchiha con voz tensa, sorprendiéndola. —¿Era necesario que me desacreditaras de esa forma?— cuestionó sin poder evitarlo ahora que estaban a solas. —Por si no lo olvidas estoy a cargo de tu seguridad, me habría gustado al menos dar una opinión sobre qué haríamos— ella había decidido todo, absolutamente todo sin considerarlo a él.

—Lo siento, Sasuke, no era mi intención ofenderte— se disculpó Sakura, no habiéndose dado cuenta de que lo había ofendido, —pero lo quieras asumir o no, este es mi mundo y lo conozco bien— agregó en su defensa pero no como justificación, —creo que ambos podríamos aprender mucho el uno del otro y en este plano tengo muchos conocimientos de la zona, es todo— él no conocía bien Naboo y mucho menos tras tantos años en Coruscant.

—No, yo lo siento, no debí pensar así— protestó Sasuke, sintiéndose como un tonto por no poder pensar con la cabeza fría.

Comprendiendo cómo es que Sasuke se sentía, habituado a recibir reprimendas y ordenes por parte del Consejo Jedi, Sakura esbozó una ligera sonrisa y se acercó para darle un beso en la mejilla a modo de disculpa, retirándose a una de las habitaciones para cambiarse de ropa pero sin notar el efecto que su actuar había dejado en el Uchiha que no tardo en imitarla. Sakura confiaba en Sasuke con su vida, no habría dejado que la acompañara de otro modo, pero ciertamente nunca se preocupaba de su propia seguridad, dispuesta a hacer todos los sacrificios posibles en pro de la causa por la que creía. Cerrando tras de sí la puerta de la habitación para cambiarse de ropa, mucho más tranquilo por la aclaración de Sakura, Sasuke no pudo evitar repetir una y otra vez una pregunta en su mente que lo perseguía desde que había vuelto a ver a la hermosa Senadora, ¿Acaso Sakura seguía viéndolo como un niño?, ¿Era por eso que por más que él intentase acercarse y dejarle en claro lo que sentía ella retrocedía y evadía el tema? Ya estaban en Naboo, se suponía que todo debería ser más fácil, así había sido hace ocho años atrás…pero quizás no era el lugar en que estaban sino ellos mismos, quizás el tiempo los había cambiado demasiado, pero de ser ese el caso se encargaría de demostrarle a tan hermosa mujer la fuerza de sus sentimientos.

No podría vivir tranquilo de otro modo.


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo al pie de la letra por y para ustedes :3 como siempre agradezco su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "El Siglo Magnifico: El Sultan & la Sultana", y nuevamente "Kóraka: El Desafío de Eros", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a carlos29 (agradeciendo sus palabras y poder contar con su aprobación), a "ktdestiny" (agradeciendo su apoyo y dedicándole cada capitulo), a Guest, (agradeciendo sus palabras y aportes, como los de todos), a SASUSAKU is canon (agradeciendo su apoyo a esta historia y dedicandole la misma, esperando que todos los futuros acontecimientos sean de su agrado), y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader -Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi -Onoki como Yoda -Naruto Uzumaki como R2D2

-Matsuri como Dormé -Gaara Sabaku como Capitán Typho

-Toka Senju como lady Jocasta Nu -Konan Amegakure como Reina Jamillia -Raido Namiashi como Sio Bible

-Tenten Namiashi como Aayla Secura -Madara Uchiha/Momoshiki Otsutsuki como Conde Dooku/Darth Tairanus

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3