-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Boulevard of Broken Dreams" de Green Day para Sasuke, "Counting Stars" de Chrissy Costanza, Alex Goot & KHS para Sakura, "In Cold Blood" de Alt-J para Kakashi, y "Across the Stars" de John Williams para el contexto del capitulo.


Las calles de Naboo eran hermosas al paso del Padawan Jedi, la bella Senadora y el excéntrico astromecánico, todo era belleza, edificios de piedra rodeados de enredaderas, helechos, flores y todo tipo de vegetación, y había gente feliz en todos lados, desde niños jugando hasta parejas paseando o charlando amenamente, todos disfrutando de la hermosa vista, claro que escenas como aquellas eran normales de ver en Naboo pero eran toda una novedad para el Uchiha quien no pudo evitar sonreír ladinamente. Sasuke vestía nuevamente su atuendo de Jedi color negro que pasaba desapercibido en su mayoría por el abrigo marrón oscuro que colgaba sobre sus hombros y a su lado Sakura vestía una larga capa con capucha de terciopelo gris perla de escote en V anudado en el frente del pecho por un broche en forma de flor de cerezo y la tela estaba estampada a lo largo de su caída por bordados azul oscuro que replicaban la misma flor del broche, y sus largos rizos rosados caían tras su espalda, peinados por una diadema de tipo cintillo que despejaba su rostro y peinaba sus cabellos aparentando una coleta. Habían abandonado el palacio real de Naboo hacia solo unos minutos atrás, aparentemente para dirigirse hacia la nombrada Región de los Lagos que es donde se quedarían, y Sasuke decía "aparentemente" porque Sakura era quien conocía bien Naboo para guiar el camino.

—¿A dónde vamos exactamente?— preguntó Sasuke finalmente, no sintiendo que estuvieran abandonando la ciudad.

—Quiero hacerle una pequeña visita a mis padres, será breve, lo prometo— contestó Sakura volviendo la mirada con una sonrisa a modo de súplica y ante la que él no pudo protestar, siguiéndola con gusto. —Es aquí— anunció cuando su casa quedo a la vista.

—¡Tía Sakura!— gritaron dos voces infantiles de pie en el umbral de la casa.

—Naomi, Shina— sonrió Sakura corriendo hacia la entrada de su casa al ver a sus sobrinas.

Las dos niñas que estaban jugando en la entrada de la casa no dudaron en baja velozmente los escalones ante la puerta y correr hacia su tía a quien abrazaron efusivamente y Sakura por su parte no dudo en corresponder al abrazo, sin notar la sonrisa ladina de Sasuke quien tuvo que admitir que la escena era enternecedora. La mayor era Naomi, con cabello castaño como su padre que caía en perfectos rizos sobre sus hombros peinados por un cintillo de cuentas plateadas y portaba un vestido rosa pálido de escote cuadrado con mangas ceñidas que se abrían como lienzos a la altura de los codos para exponer los brazos, con falda de múltiples capas y encima una chaqueta verde claro con opacos bordados plateados, de escote en V, cortas mangas hasta los codos y falda abierta en A bajo el vientre. Y la menor era Shina con sus largos rizos rubios castaños como los de su abuela Mebuki y que peinaba con una diadema dorada en forma de cintillo y que portaba un femenino vestido rosa claro de escote alto y cuadrado con falda de una sola capa y acampanadas mangas traslucidas que llegaban a cubrirle las manos bajo una chaqueta superior fucsia con bordados más claros, de escote redondo y mangas ceñidas hasta los codos, con falda abierta en A bajo el vientre. Al ver a Naruto, las niñas de seis y cuatro años rompieron el abrazo y corrieron a abrazarlo y perseguirlo en un juego al que él se unió de inmediato.

—Lo siento— se disculpó Sakura con una sonrisa al volverse hacia el Uchiha, —quería presentarte, pero adoran a Naruto— nunca podía alejar a sus sobrinas del Uzumaki cada vez que lo traía de visita.

—La historia de mi vida— sosegó Sasuke con una burlona sonrisa ladina, resignado.

Dejando a las niñas jugar con Naruto quien se comportó como un infante, Sakura y Sasuke subieron los escalones e ingresaron en la casa ante lo que la Haruno no dudo en despojarse de su capa que colgó en el perchero, haciendo que Sasuke se quedara sin aliento; la pelirosa portaba un bello vestido azul pastel con cuello alto y cerrado, con largas mangas ceñidas hasta los codos, el corpiño finalizaba bajo el busto y dejaba expuesto su vientre y casi toda su espalda donde el corpiño se unía a la falda a la altura de las caderas en la parte posterior, y la larga falda que se arremolinaba a su andar tenía un corte en el lado derecho para exponer el costado de sus piernas. Escuchando que se abría la puerta principal y creyendo que se trataba de sus nietas, Kizashi se dirigió hacia la entrada, llevándose una grata sorpresa al ver a su hija que terminó de colgar su capa en la entrada y que corrió a abrazarla nada más verlo, a lo que el patriarca Haruno no dudo en cargarla en brazos como si fuera una niña. El Haruno vestía una camisa azul oscuro de cuello alto y cerrado con mangas ceñidas bajo una chaqueta de igual color con bordados en tonos más claros y oscuros que representaba el emblema de Naboo, con un cuello con dobladillo de seda como el borde de las cortas mangas hasta los codos y el fajín que cerraba la tela—además de cuatro botones plateados—, debajo vestía pantalones azul oscuro y botas de cuero.

—Sakura…— suspiró Kizashi, dejando a su hija lentamente en el suelo y rompiendo el abrazo, —te extrañamos mucho— su separación había sido corta pero cargada de preocupación como de costumbre.

—Y yo a ustedes, mucho más— asintió la pelirosa con su más luminosa sonrisa, parándose de puntillas para besar la mejilla de su padre. —¿Dónde está mamá?— preguntó, deseando abrazar a su madre cuanto antes.

—Está en la cocina con Yuna— contestó el Haruno, ante lo que su hija casi corrió hacia la cocina dejando a ambos hombres a solas. —Kizashi Haruno— se presentó tendiéndole la mano al acompañante de su hija.

—Sasuke Uchiha— correspondió él Uchiha estrechándole la mano y tratando de no ponerse aún más nervioso de lo que ya de por si estaba.

—Bienvenido, muchacho— tranquilizó Kizashi con una sonrisa y golpeándole amistosamente el hombro, —siéntete como en tu casa— cualquier amigo de Sakura siempre era bien recibido en su casa.

Un tanto nervioso—y no era para menos si estaba delante del padre de la mujer de la cual estaba enamorado—Sasuke se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero antes de seguir a Kizashi hacia la sala justo para ver a Sakura correr y abrazar a una mujer que el Uchiha no pudo identificar en absoluto. Terminando de servir la mesa, Yuna alzó la mirada al ver a alguien cruzar el umbral y esbozó una inmediata sonrisa, corriendo para abrazar a su hermana con todas sus fuerzas; la Haruno portaba un femenino vestido violeta de escote corazón estallado a su figura con falda de múltiples capas y mangas ceñidas, cerrado desde el escote hasta la altura del vientre por seis botones y por sobre el vestido se hallaba una chaqueta sin mangas de igual color bordada en encaje cobrizo que se cerraba escasamente a la altura del vientre, con sus largos rizos castaños dorados cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, peinados por una diadema de oro decorada por amatistas y cristales violeta. Trayendo una bandeja repleta de comida, Mebuki sonrió al ver a su hija otra vez; la matriarca Haruno portaba un vestido beige suave escote en V ceñido bajo el busto, con mangas ceñidas hasta los codos y que se abrían en lienzos de gasa, con falda oliva y su largo cabello rubio castaño estaba peinado en una coleta sobre su hombro izquierdo por un broche en forma de hojas de laurel como la guirnalda de diamantes alrededor de su cuello.

—Estábamos tan preocupados— regañó Yuna rompiendo el abrazo y observando a su hermana quien para variar estaba tan hermosa como siempre.

—Pero como ves estoy en una sola pieza— protestó Sakura no queriendo oír reclamos ni regaños. —Mamá— sonrió, deseando abrazar a su madre pero la bandeja que ella sostenía se lo impidió por lo que se reservó a besarla en la mejilla.

—¿Trajiste a un invitado sin decirnos, hermanita?— curioseó su hermana pícaramente al ver a un individuo muy guapo cruzar el umbral en compañía de su padre.

—No exactamente— susurró la pelirosa antes de voltear a ver al Uchiha. —Sasuke, ella es mi hermana, Yuna; y ella es mi madre, Mebuki— presentó con una sonrisa, feliz de poder presentarle a su familia como él a ella en el pasado.

—Bienvenido— sonrió Mebuki, encantada de tener a un amigo de su hija de visita. —Llegaron justo a tiempo para almorzar, espero tengas hambre, Sasuke— era una suerte que siempre hiciera comida de más, así todos podrían disfrutar.

—Un poco— contestó el Uchiha, tratando de acallar los gruñidos de su estómago.

—Está siendo educado, mamá, nos morimos de hambre— aseguró Sakura acercándose a la mesa y corriendo su silla para tomar asiento como también hizo su hermana y Sasuke.

—Entonces vinieron al lugar indicado a la hora indicada, a comer— invitó Kizashi, sentándose en la cabecera de mesa y tomando los cubiertos…pero cuando vio a su familia reunida; su esposa y sus hijas, sintió que había mucho por lo que agradecer. —No sabes cuánto me alegro de verte sana y salva, hija, estábamos muy preocupados— confesó a Sakura quien dejo libre un suspiró al escuchar aquellas palabras.

—Kizashi...— reprendió Mebuki a su esposo, confiando en que Sakura sabía lo que hacía y los riesgos que corría en su profesión como Senadora.

—Lo sé, pero ya lo dije— aceptó el Haruno, no queriendo discutir con su esposa.

Como hombre, Kizashi le tenía un respeto infinito a su esposa Mebuki quien era capaz de hacerlo temblar como una hoja con una sola mirada, un sentir que no dudaba Sasuke—sentado a su diestra—también debía haber experimentado si conocía a su hija que había heredado aquel mismo carácter y lo corroboró al intercambiar una mirada con el Uchiha que únicamente sonrió ladinamente y fingió no entender la señal. Tras aquellas palabras se extendió un silencio muy cómodo, con todos los presentes pasándose la bandeja entre si y serviendo sus respectivos platos antes de comenzar a comer, algo que a Sakura le encantaba porque en su propia casa no solo se sentía a salvo sino porque sabía podía que olvidarse de los formalismos, gimiendo de satisfacción apenas probó un bocado de la comida—cocina como la de su madre no encontraba en ningún otro lugar de la galaxia—, elogiando a su madre por lo bajo y viéndola sonreír satisfecha. Por su parte, Sasuke tuvo que reconocer que el silencio reinante en la mesa era muy acogedor, no había necesidad de iniciar una conversación, todo fluía de manera simplemente perfecta y que lo hacía sentir bienvenido desde que había cruzado la puerta principal, un sentir que ni siquiera había experimentado entre los Jedi sino que solo con Sakura. Tomando un trago de su vaso, Yuna—sentada frente a Sakura—volvió la mirada hacia el atractivo Uchiha:

—Espero que te sientas bienvenido, Sasuke, nadie se ha ido hambriento de esta casa nunca— bromeó la Haruno siempre bromista. —¿Sabes que eres el primer novio que mi hermana trae a casa?— preguntó observando a su hermana por el rabillo del ojo.

—Sasuke no es mi novio, somos amigos, nos conocemos desde hace años— protestó Sakura, nada cómoda con sus bromas y no notando la decepción de Sasuke quien bajo la mirada. —Vino como un Jedi asignado por el Senado para protegerme— agregó, no acostumbrando guardarles secretos a sus padres.

—¿Para protegerte?— repitió Mebuki, palideciendo de preocupación. —Sakura, nos dijeron que no era tan serio— no consentiría que su hija expusiera su vida.

—Y no lo es, no corro ningún peligro— suspiró la pelirosa, sabiendo bien lo que hacía pero no queriendo que su familia se preocupara en exceso por su trabajo.

—¿Corre peligro?— preguntó Kizashi al Uchiha directamente, confiando en que él no mentiría.

—Temo que sí— contestó Sasuke en voz baja y sin volver la mirada hacia la pelirosa.

—Espero que no demasiado, solo eso puedo decir— agregó Sakura, entendiendo sus razones para decir la verdad.

—Sakura— nombró Yuna con voz preocupada. —¿Crees que la guerra alcanzara Naboo?— preguntó, temiendo por sus hijas pequeñas y su esposo de ser el caso.

—Es difícil saber qué pasaría si estallara la guerra, pero parece inevitable que eso suceda a futuro— confesó Sakura, pasando por la mirada por todos los miembros de su familia, —por ello he estado haciendo todo lo posible en el Senado para asegurarme de que nadie salga perjudicado— y si debía arriesgar su vida por ello, sea.

—Confiamos en ti, siempre lo hacemos— aseveró Kizashi, creyendo siempre que lo que su hija hacía era lo mejor para su mundo.

Muchos padres a diario sentían preocupación por lo que hacían sus hijos, confiar en su crianza y los valores inculcados era algo que no todos podían hacer pero a diferencia de todos esos padres Kizashi siempre sabía que dejaba a la galaxia y el destino de su mundo en las mejores manos, las de su hija que antes de pensar en su propia felicidad—por ello es que a sus veintidós años no estaba casada, cuando a su edad muchas jóvenes de Naboo ya tenían hijos—preferiría perder la vida con tal de impedir que cualquier desastre o conflicto acaeciera sobre su mundo, misma admiración que compartía Mebuki que trato de acallar su sentir de madre y confiar en su hija que quizás era la más fuerte de toda la familia y quien más obligaciones tenia pese a ser la más joven. Sonriendo ligeramente, Yuna alargó una de sus manos por sobre la mesa para entrelazarla con la de su hermana, que ella corriera tantos peligros por evitar una guerra le era invaluable, porque Yuna no podría vivir tranquila de saber que sus hijas corrían peligro por una galaxia en guerra, un sentir que no conocía y todo gracias a su hermanita. Sasuke prefirió no decir cuanto lo angustiaba que Sakura saliera lastimada por un nuevo atentado pero estar ahí sentado a la mesa y rodeado de la familia de ella le permitió entenderla mejor y comprender porque para Sakura valía la pena morir por lo que creía y por los que amaba. Ahora podía entenderla mejor…


Aunque en el hogar de la familia Haruno existía la misma tecnología que en Coruscant para hacerse cargo de lavar los trastos sucios, en aquella casa y como en todo Naboo se enorgullecían por vivir con sencillez, por lo que mientras Sakura servía agua caliente en las tazas sobre la mesita de la sala de la cocina, su madre y hermana traían los platos sucios y los dejaban en el lavavajillas; en el hogar de la familia Haruno las responsabilidades siempre se repartían de manera equitativa, Yuna vivía en otra casa junto a su esposo Arsen y sus hijas pero cuando estaba de visita o cocinaba o ayudaba a recoger la mesa, y en ausencia suya y de Sakura es que su madre cocinaba y su padre lavaba los platos como le tocaba el día de hoy y lo haría, cuando regresara de su paseo por el jardín con Sasuke, quien quería conocer según sus propias palabras. Sentándose a la mesita como no tardaron en hacer su madre y hermana tras dejar los platos en el lavavajillas, Sakura trató de ignorar la tensión en el ambiente fruto de la preocupación que ambas sentían—por no mencionar a su padre en el jardín—por ella, y con el fin de evitarse un disgusto es que Sakura pretendió iniciar una conversación con Yuna que siempre era más comprensiva…pero se dio cuenta de que ello sería un error ante la chispa de curiosidad que veía en los orbes esmeralda de su hermana.

—¿Por qué no nos hablaste de él?— cuestionó Yuna como si hubiera cometido un crimen.

—Ya lo había hecho, Yuna, ¿recuerdas?— replicó Sakura disimulando un suspiro para infundirse paciencia, —ayudo a liberar Naboo durante el bloqueo— en el pasado les había hablado a su familia de Sasuke tras su despedida.

—Sí, pero hablabas de un muchacho heroico e inocente, y ahora...— rió su hermana, mordiéndose el labio inferior para no decir una estupidez, —si yo fuera unos años menor— en momentos así se arrepentía de estar casada.

—Y soltera, recuerda que tienes hijas— agregó la pelirosa, sin saber porque pero sintiendo celos.

—Sigo olvidando esa parte— rió Yuna fingiendo decepción antes de reír. —Es broma, amo demasiado a Arsen como para tener una aventura, y no es como si estuviera insatisfecha— su matrimonio era extremadamente satisfactorio.

—Yuna...— suspiró Sakura, reprendiéndose por sentir celos y disimulándolo al fingirse enojada con su hermana. —Sasuke y yo solo somos amigos— insistió tratando de no escuchar a la voz en su cabeza que le susurraba; eso no es lo que sientes realmente.

—¿Solo amigos?, ¿Has visto cómo te mira?— inquirió ella para nada convencida con sus mentiras. —Está claro que siente algo por ti— agregó como justificación.

Como una mujer casada y con dos hijas, Yuna estaba familiarizada con ciertos sentimientos que su inocente hermanita—aun virgen, puesto que en Naboo eran muy tradicionalistas y esperar al matrimonio o a estar prometidos era habitual—como lo eran la pasión, la lujuria y la veneración en su estado puro, emociones que su hermana no había experimentado pero que Yuna por su parte había visto en los ojos del Uchiha y también los veía ahora en los ojos de Sakura quien parecía no entenderlo o trataba de acallarlo, una pena porque al final se acabaría desatando ese torrente pues con veintidós años era un milagro que no hubiera ocurrido antes y quizás se debía a que Sasuke era el indicado porque Sakura no había dejado de hablar ni pensar en él desde que se habían separado hace ocho años, no lo sabría ella. Consternada como siempre pues no le agradaba escuchar insinuaciones de la satisfactoria—así lo mencionaba Yuna siempre que podía—vida sexual de su hermana mayor, Sakura apartó la mirada y de inmediato se arrepintió de ello pues la mesa ante la que su madre, su hermana y ella estaban sentadas se hallaba junto a los ventanales y podía ver a Sasuke y su padre paseando por el jardín mientras hablaban...la pelirosa estuvo a punto de sonreír y olvidarse de todo por solo ver al Uchiha, pero recordó el eje de la conversación y mantuvo su ceño fruncido al regresar la mirada hacia su hermana.

—¿Y qué si siente algo por mi o si yo siento algo por él?— preguntó Sakura al aire y sin esperar respuesta. —No es posible que exista nada, es un Jedi y yo una Senadora, no hay futuro para ninguno de los dos, no es posible— sí, amaba a Sasuke pero no había realidad posible en que pudiera haber algo entre ambos sin pagar un precio.

—Por lo menos lo has pensado— mencionó Yuna en voz baja, escuchando a su hermana bufar por lo bajo, —no me crucifiques por eso— rió por tenía derecho a pensar en lo que quisiera, ese era su libre albedrio.

—Yuna solo está interesada, como todos— defendió Mebuki, más que a gusto con la idea de que su hija por fin sentara cabeza o accediera a enamorarse.

—Mamá, lo que hago es importante, no tengo tiempo para enamorarme— protestó la pelirosa, repitiendo lo que tanto se había dicho a lo largo de los años.

—Has dicho eso desde los catorce años, Sakura— acalló su madre, teniendo suficiente de ese discurso. —Ya no eres la reina, mereces ser egoísta— valoraba que su hija fuera tan desinteresada, pero no era un pecado querer enamorarse y sentir como mujer. —Cuando algo tiene que ser; es, el amor encuentra la forma, pase lo que pase— si Sasuke era el indicado, pasaría ya sea que ambos lo quisieran o no.

Emitiendo un suspiro al no encontrar en su madre y su hermana la comprensión que esperaba—palabras como "tienes razón" o "haz lo que creas correcto"—sino insistencias continúas de por fin sentar cabeza, casarse y formar una familia además de entregarse a servir a su mundo como política; Sakura apartó la mirada que volvió hacia los ventanales de la cocina, siguiendo con su mirada cada movimiento de Sasuke desde donde estaba…no quería aceptarlo pero su madre y su hermana tenían razón, en el fondo todo cuanto deseaba estar a solas con Sasuke, besarlo y poder sentir como una mujer normal y sin pensar en nada, pero la voz de la razón en su cabeza le decía que todo acabaría mal pues ella como Senadora y él como Jedi nunca podría estar juntos. Había tratado de enamorarse en estos ocho años, de conocer a alguien y convencerse de que su sentir por Sasuke era mera amistad, pero nada había pasado, jamás había concretado nada con nadie como si sintiera que traicionaba a Sasuke, y ahora que estaban juntos otra vez todo cuanto quería era descubrir todos esos sentimientos junto a él. Enamorarse era demasiado complicado, las chicas de su edad solo pensaban en comportarse, encontrar el amor, formar una familia o prosperar en sus trabajos.

Quizás el amor no era para ella.


Cuando Sasuke creía que el hogar de Sakura no podía ser más hermoso de lo que ya le parecía, su padre lo invitó a dar un paseo por el jardín en tanto "las mujeres hablaban" como lo definió él, un término nuevo para Sasuke quien ni tenia contacto suficiente con el sexo opuesto para saber lo que significaba ni conocía tanto a Sakura para intentar entenderlo, pero aceptó la invitación y siguió los pasos de Kizashi para internarse en el hermoso jardín repleto de helechos, arbustos y todo tipo de flores que adornaban el basto espacio en cuyo centro se hallaba un estanque de agua cristalina. Decirse sorprendido era poco para Sasuke quien no dejaba de admirar como todo en Naboo era tan diferente de Tatooine donde la gente era huraña, solitaria y cínica; aquí no había nada de eso, solo familiaridad y amabilidad…por un momento deseó que su madre estuviera ahí para contemplar tanta belleza, un mundo completamente diferente del que había conocido, y se prometió que un día la traería a ver todo aquello y le daría la vida que ella tanto se merecía. La conversación fue más que satisfactoria para Sasuke quien si bien no participaba mucho en política—por causa de Kakashi quien tendía a sobreprotegerlo como si aún fuera un niño—, gracias a su educación en el templo Jedi sabía lo suficiente para entender que Kizashi Haruno era un gran hombre y que era su vocación lo que más había heredado Sakura de él.

—A veces desearía haber viajado más y conocido otros mundos de la galaxia— admitió Kizashi finalizando con su relato, —pero debo decir que estoy feliz aquí, no cambiaría nada de mi vida en la actualidad— su vida junto a su familia era todo para él.

—Sakura dijo que daba clases en la universidad— mencionó Sasuke, admirando su carrera.

—Sí, y antes de eso fui constructor— asintió el Haruno, agradecido por el elogio, —también trabajé para el Movimiento de Ayuda para Refugiados, cuando era joven— a menudo se preguntaba si era por ello que Sakura se había dedicado a la política.

—Su hija me habló mucho de usted, lo ve como un héroe— aseveró el Uchiha, pues Sakura siempre le había hablado de su familia en términos muy elogiosos.

—Me siento honrado— sonrió Kizashi, enternecido. —Se sinceró conmigo, Sasuke— pidió finalmente, deteniendo su andar y volteando a verlo, —¿qué tan serio es?, ¿mi hija corre un peligro real?— no podía ocultar su preocupación

—En solo una semana han sucedido dos intentos de asesinato, pero si tuvieran más oportunidad de seguro habría más— confesó Sasuke seriamente. —Mi Maestro está siguiendo la pista del responsable y estoy seguro de que esta situación no durara mucho, tiene mi palabra— por ello estaba ahí protegiendo a Sakura.

—Me tranquiliza oírlo, no quiero que le pase nada— agradeció el Haruno, sintiéndose mejor ante sus palabras pero no pudiendo evitar preocuparse.

—Tampoco yo— aseguró el Uchiha con idéntico énfasis y preocupación.

No solo como amigo de Sakura sino también como Jedi, ni aunque quisiera Sasuke no podía mentirle al padre de la bella Senadora, reconocía la preocupación más grande y sincera en los ojos de Kizashi, era evidente que aquel hombre amaba mucho a su hija y se merecía su honestidad, además él mismo no se sentía ni veía capaz de articular una mentira lo bastante convincente para tranquilizarlo. Unas carcajadas infantiles interrumpieron en el jardín mientras Shina y Naomi aparecían corriendo tras Naruto, ocasión que Kizashi tomó para excusarse ante el Uchiha y liberar al Uzumaki que merecía disfrutar de su regreso a Naboo en lugar de tener que actuar como una niñera. Cómodo e intercambiando una sonrisa con Kizashi que lo reemplazó en el cuidado de las dos pequeñas niñas cuya energía resultaba tanto contagiosa como extenuante, Naruto finalmente se acercó a Sasuke; el Uzumaki vestía una holgada camisa de seda marrón rojizo con bordados cobrizos de cuello redondo y mangas holgadas que se ceñían desde los codos a las muñecas y finalizaban en holanes blancos, y encima una chaqueta marrón oscuro sin mangas cerrada en V a la altura del vientre y que continuaba en una cola hasta las rodillas, ceñida a su cuerpo por un cinturón cobrizo, pantalones negros y botas de cuero marrón oscuro, con su rebelde cabello rubio más despeinado tras jugar con las pequeñas niñas.

—No es por ser cruel pero esas niñas son como sanguijuelas, te succionan la energía— mencionó el Uzumaki con tono bromista al situarse a la diestra del Uchiha. Sin embargo, la sonrisa despareció del rostro del Uzumaki al ver la expresión ligeramente angustiada del Uchiha. —¿Qué pasa, Sasuke?— preguntó, preocupado por su amigo.

—Nada— contestó el Uchiha no querido molestar pero Naruto insistió con una mirada seria que casi lo hizo reír, casi. —Supongo que esperaba que si Sakura y yo volvíamos a vernos las cosas serían diferentes entre nosotros, pero…creo que llevo años imaginando algo que nunca existió— sabía que podía ser sincero con él.

—Estás enamorado de ella, hay que ser tonto para no verlo— comprendió Naruto haciendo que el azabache volteara a verlo con sorpresa. —Le gustas, no sé si está enamorada, pero eres muy importante para ella, siempre habla de ti desde que te uniste a los Jedi, nunca te olvido y yo soy testigo de eso— aseguró únicamente, sin darle esperanzas concretas pues no recaían en él. —Solo te diré que Sakura es una mujer difícil, rehúye de tener alguna relación con el sexo opuesto porque es muy desconfiada— él había estado a su lado durante estos ocho años y visto todo de ella. —Tus sentimientos por ella te llevaron a la puerta a su corazón, pero tu amor la tiene que abrir— estar ahí en Naboo era su oportunidad para intentar tener algo.

—Gracias, Naruto— suspiró Sasuke, no sabiendo que más decir para agradecerle realmente por decir aquello. —Espero que tengas razón— lo intentaría con todo su corazón porque no podría vivir tranquilo de no hacerlo.

Aunque Naruto deseaba decirle a Sasuke que Sakura si estaba enamorada de él y así darle esperanzas de que un día pudieran estar juntos o al menos intentarlo, no podía, no estaba en su derecho aunque llevara ocho años junto a Sakura y habiéndola visto en sus mejores y peores momentos, además no es como si ella hubiera dicho algo concreto mas estaba claro lo que sentía, al menos para él, e infundirle ánimos era todo cuanto podía hacer de amigo a amigo. Agradeciendo que Naruto tratara de animarlo con palabras y hechos reales—él que tanto había estado junto a Sakura durante estos ocho largos años—, Sasuke volvió la mirada hacia los ventanales de la cocina y a través de los cuales incluso desde donde estaba podía ver a Sakura; era como si el tiempo la hubiera vuelto aún más hermosa de lo que recordaba, no podía dejar de admirarla, anhelaba grabar su imagen en su mente en caso de que se separaran y no volviera a verla. Si cuando todo acabara Sakura le decía que no correspondía a sus sentimientos, él lo entendería y mantendría su amistad pasara lo que pasara como había ocurrido a lo largo de estos ocho años, solo quería decirle lo que sentía antes que la guerra que estaba a punto de estallar volviera a separarlos, su amor por ella no era mero deseo ni pasión sino veneración y respeto, con solo saberla feliz él también lo era...


—Terminare de empacar un par de cosas y podremos irnos— aseguró Sakura ingresando en su habitación con una radiante sonrisa.

El día en el hogar de Sakura estaba resultando ser absolutamente perfecto para Sasuke quien recorrió los pasillos de la casa en una habitual rutina de revisar que todo fuera seguro en tanto Yuna, Mebuki y Kizashi charlaban en la sala, Naruto volvía a jugar con las niñas en el jardín y Sakura revisaba su armario en busca de vestidos que llevar a su refugio en la Región de los Lagos. El interior de la casa era sencillo pero también maravilloso, repleto de colores neutros y suaves, no había luces brillantes, consolas ni tecnología en exceso, pantallas de ordenador ni nada como en Coruscant, todo era confortable y cómodo con alfombras mullidas cubriendo el suelo y las paredes estaban repletas de hologramas de recuerdos familiares, era imposible no sentirse a gusto en esa casa. Sabiendo que tenía el permiso de Sakura, Sasuke cruzó el umbral de la habitación mientras veía a la pelirosa ir y venir desde su cama—sobre la que se encontraban abiertas sus valijas que terminaba de llenar con ropa, aunque no demasiada—al armario junto a la pared contigua y que permanecía abierto para que ella seleccionara que ropa llevar y cual no. Sonriendo ligeramente para sí, Sakura se vio tentada a preguntarle a Sasuke si pensaba que llevaba demasiada ropa consigo para solo unos días en la Región de los Lagos, pero la verdad es que también quería dejar algunas piezas de ropa allá en caso de que fuera a necesitarlas.

—No creí que aun vivieras con tus padres— comentó Sasuke mientras observaba la habitación, sin malas intenciones detrás de su tono.

—No tengo tiempo para tener mi propia casa, viajo mucho, nunca he visto sentido en ello, y las residencias oficiales son muy frías— justificó Sakura cerrando una de sus valijas y volcándose a terminar de organizar la otra. —Aquí me siento en casa— no solo por las paredes y lo que había dentro sino por su vínculo con sus padres.

—En eso nos parecemos, aunque nunca he tenido un hogar propio, no desde que deje Tatooine— comparó el azabache sin poder evitar pensar en su madre. —¿Eres tú?— preguntó acercándose a uno de los hologramas que veía en las paredes.

A menudo Sasuke se había preguntado cómo era Sakura antes de que él la conociera—no podía olvidar que ella era tres años mayor que él, además de más seria y madura que cualquier chica o mujer que hubiera conocido—, es decir en aquel tiempo en que había sido una niña pequeña y libre de preocupaciones, seguramente risueña y aún más inocente de lo que hoy era, un auténtico manojo de ternura y lo corroboró al desviar la mirada hacia los hologramas que adornaban las paredes, cuadros familiares con breves fragmentos de tiempo que representaban momentos de su vida. En la mayoría de los hologramas que había visto en la sala y en uno que otro de los que adornaban la habitación se veía sonriente y tranquila en compañía de su familia, pero en aquel holograma en que enfocó su vista se mostraba sonriente y rodeada de otros niños un poco menores que ella pero igualmente alegres mientras ella los rodeaba con sus brazos, con su largo cabello rosado peinado en dos coletas que caían sobre sus hombros y la hacían ver muy infantil, seguramente debía tener unos siete u ocho años, no más. Escuchando a Sasuke mientras tomaba un vestido del interior de su armario, Sakura se aproximó hasta donde estaba él y sonrió ante la sola visión de aquel holograma que si bien a veces la ponía melancólica por pensar en ese tiempo, era uno de sus favoritos por los recuerdos que tenía.

—Es de cuando trabajaba para un grupo de Ayuda de Refugiados— confirmó Sakura intercambiando una mirada con el Uchiha, —su sol hacía implosión y su planeta moría. Me encargaba de ayudar a trasladar a los todos niños— dirigiendo una última mirada a aquel holograma pero no queriendo pensar melancólicamente en el pasado, Sakura se volvió hacia su cama para guardar el vestido que sostenía. —Todos ellos estaban llenos de vida...— mencionó en voz baja más para sí que para el Uchiha.

—¿Estaban?— repitió Sasuke con confusión y sin dejar de observar el holograma.

—Todos ellos murieron, nunca lograron adaptarse a un mundo lejos de su planeta— explicó ella sombría al recordar cuanto la había afectado aquello. Sakura estaba de espaldas guardando el vestido en su valija, por lo que no vio la mirada sorprendida de Sasuke. —Ese es de mi primer día como aprendiz legisladora— agregó señalando con la mirada el holograma junto a su cama antes de que Sasuke se sintiera incomodo, —¿notas la diferencia?— preguntó bromista, volviéndose hacia el armario.

Entendiendo que aquel tema era sensible para Sakura—¿cómo no si entonces solo había sido una niña pequeña?—, Sasuke se acercó a la pared junto a la cama y observar mejor el holograma que ella había señalado y en que aparecía una Sakura más familiar para él; debía tener unos diez u once años y ya vestía más regia y elegantemente aunque no como la reina que había conocido, pero ya en su rostro estaba aquella mascara de inalterabilidad que él tanto conocía, claro que la mujer que era ahora sonreía con más facilidad que la chica en el holograma que era acompañada por sus maestros. Según Kizashi le había dicho, Naboo vivía para ser un planeta generoso, tenían mucha riqueza natural y vivían de ello, la comida era abundante, el clima confortable y el paisaje hermoso; vivían de compartir los beneficios que tenían, no sabían ser egoístas, justamente todo cuanto Sakura era; la fortuna no debía darse por hecha sino que se debía compartir y ayudar a otros, lo mismo en que creían los Jedi, por ello respetaban tanto a Sakura. Sasuke se volvió hacia Sakura como si quisiera saber que el tema que acababan de hablar no la había afectado, y ella fingió severidad manteniendo perfectamente inalterable su rostro solo para ser incapaz de sostener la farsa y sonreír cuando lo vio preocupado, justo lo que ella quería lograr y haciéndolo reír.

Ya habían sido demasiado serios, no tenían que serlo más.


Una nave Delta-7 salió del hiperespacio entre haces fulgurantes de estrellas antes de aparecer en la órbita del planeta Kamino, que estaba justo donde el centro de atracción gravitacional había predicho para satisfacción de Kakashi que sonrió ligeramente bajo su máscara. Pero el Hatake no hacia su viaje solo como se podría pensar sino que en el compartimiento aledaño de su nave se hallaba el asiento del astromecánico en que viajaba su muy querido amigo Maito Gai quien actuaba de copiloto por seguridad y como ayuda logística de ser preciso, vistiendo su impecable uniforme azul grisáceo—debajo una camisa azul opaco de cuello redondo y mangas ceñidas hasta las muñecas—de cuello alto y cerrado con un recorte azul desde el cuello a los hombros, cortas mangas hasta los codos, cerrado por seis botones plateados entrelazados con hebillas, fajín azul opaco donde la tela se abría en A, pantalones azul oscuro y botas negras. En su rol de astromecánico, Gai desconectó el anillo hiperespacial, una banda que rodeaba la parte central del caza y que contaba con un potente hiperimpulsor; y condujo con suavidad la nave hacia el planeta cuya superficie examinó con sus escáneres y dio los datos a Kakashi—pidiendo autorización en la superficie para aterrizar—quien asintió con satisfacción al ver que se trataba de un mundo en que predominaba el agua, sin masas de tierra visibles.

—Justo donde debía estar; el planeta perdido Kamino— mencionó Kakashi, no sabiendo que pensar sobre porque habían borrado los datos sobre el planeta.

—Al final si alteraron los archivos— mentó Gai encargándose de los controles. —¿Alguna idea, Kakashi?— preguntó en caso de que su amigo tuviera una hipótesis.

—No sé quién pudo hacerlo, Gai— negó el peligris, no viendo sentido en hacer conjeturas anticipadas, —pero puede que ahí encontremos una explicación— en eso podía o quería creer al menos.

Eligiendo creer en lo mismo que Kakashi con quien llevaba años viajando y siendo grandes amigos—trabajaba como su astromecánico desde que había sido ascendido a Caballero Jedi y tomado a Sasuke bajo su tutela—, Gai introdujo las coordenadas en el ordenador de navegación e hizo que la nave caza descendiera a la superficie del planeta, atravesando la atmosfera repleta de nubes muy voluminosas y revelando el aspecto del planeta cubierto de mares con olas rugientes y una lluvia que no cesaba de caer. Copiloto experimentado, Gai tuvo que equilibrar la nave con ayuda de Kakashi para cruzar la atmosfera y tratar de hallar el hangar o puerto donde aterrizar dados los fuertes vientos que dificultaban cualquiera de sus maniobras; la sede del planeta era la Ciudad de Tipoca, una serie de cúpulas brillantes y muros semejantes a los de Coruscant y edificada sobre gigantescos pilares que se alzaban entre las olas y resistían de forma majestuosa. Finalmente, Jedi y astromecánico localizaron la plataforma de aterrizaje y sobrevolaron la ciudad hasta encontrar un ángulo apropiado y hacer que el caza aterrizara lentamente, ante lo que Gai dejo libre un suspiro. Kakashi por su parte observo la ciudad desde el interior a través del ventanal de su nave, ¿Qué encontraría al cruzar la puerta que se veía a lo largo del camino desde la plataforma?

—Bueno, ya vinimos, ya vimos; ya vamos— concluyó Gai, no gustándole nada el lugar.

—Hay mucho que ver aún, Gai— frenó Kakashi, conteniéndose para no reír ante su actitud infantil. —Tranquilo, puedes quedarte en la nave— designó, prometiendo llamarlo en caso de ser necesario.

Dicho esto, Kakashi oprimió el botón que abría la carlinga o escotilla que cerraba la nave y abandonó está cubriéndose la cabeza con la capucha de su abrigo—mientras Gai negaba para sí diciendo algo como "Jedi tozudo"—, luchando contra la intensa lluvia y viento que imperaba en el ambiente, dirigiendo sus pasos a lo largo del camino casi delimitado que daba con la torre situada al otro lado de la plataforma de aterrizaje y cuya puerta se abrió cuando estaba a unos pasos del umbral, lo cual agradeció. Quitándose la capucha del abrigo y sintiendo el cabello empapado de todas formas—y que se revolvió ligeramente—, Kakashi observó con fascinación el interior de la torre y cuyas paredes parecían ser de mármol o diamante ante el brillo que proyectaban. Avanzando hacia las puertas que el peligris acababa de cruz se dirigía una bella y alta mujer ataviada en un bello vestido blanco de escote corazón con mangas ceñidas hasta los codos y que se tornaban acampanadas, con falda de múltiples capas y encima una chaqueta burdeo de seda con reflejos más oscuros, sin mangas y de profundo escote redondo cerrado bajo el busto—enmarcando su figura por un cinturón de cadenas plateadas—y abierta en A bajo el vientre, de brillantes ojos azules y largo cabello rojizo ondulado que capia tras su espalda, peinado por una diadema de cuentas de plata que sostenía un velo y a juego con el color alrededor de su cuello.

—Bienvenido Maestro Jedi, me alegra verlo— recibió la pelirroja con una amable sonrisa. —Soy Fuka Asakawa— se presentó inclinando respetuosamente la cabeza. —Si gusta acompañarme, el Primer Ministro lo está esperando— comunicó, esperando contar con su aprobación para guiarlo a su presencia.

—¿Me esperaban? —preguntó Kakashi, tratando de disimular su incredulidad.

—Por supuesto, está impaciente por verlo— contestó Fuka como si fuera lo más natural del mundo, —Después de tantos años, empezábamos a creer que nadie vendría— comentó con una divertida sonrisa. —Sígame, por favor— indicó volviéndose para guiarlo.

No teniendo razones para desconfiar ni tampoco para negarse, Kakashi asintió y dispuso seguir a la bella mujer de nombre Fuka—y que no parecía tener malas intenciones—, pero por encima del hombro volvió la mirada hacia las puertas que acababa de cruzar para volverse hacia Gai que desde el interior de su nave articulaba un ineludible "ten cuidado", a lo que el Hatake respondió con un asentimiento, siguiendo sin demora los pasos de la solemne y bella pelirroja que caminó un paso delante de él. Caminando con elegancia, con las manos cruzadas sobre su vientre y la frente en alto, Fuka guio los pasos del Maestro Jedi desde la sencilla sala de recepción—si así podía catalogarse—hacia los amplios e igualmente luminosos pasillos hacia el despacho del Primer Ministro que ansiaba hablar con el Maestro Jedi enviado por el Consejo de Coruscant. Aunque se mantuvo perfectamente tranquilo, revolviéndose o acomodándose el cabello para no deslucir ante aquel con quien fuera a encontrarse, pero por dentro se formulaba una si es que no millones de preguntas, ¿Cómo es que esta mujer llamada Fuka y los habitantes de Kamino en si podían haber estado esperando por su llegada?, ¿Cómo sabían que vendría a Kamino si los Jedi no tenían registro de su planeta en sus archivos? Todo era muy sospechoso. Necesitaba saber que tan extendido estaba esto y quienes estaban involucrados...


Habituado a los sobrios pasillos del edificio del Senado de Coruscant o el elegante aunque igualmente austero Templo Jedi, Kakashi casi se quedó boquiabierto ante los brillantes pasillos iluminados por los que transitaba antes de que una puerta lateral que se movió para permitirles el paso a medida que Fuka—quien lo guidaba, y el peligris lo agradecía o fácilmente podría perderse—y él se acercaban, revelando lo que parecía una gran sala o más bien despacho con amplios ventanales que daban una vista de los agitados océanos de Kamino. La sala o despacho era igualmente reluciente y no contaba un inmobiliario salvo dos sillas de forma ovoide que parecían flotar estáticas en el aire, una de ellas era ocupada por el Primer Ministro que se puso de pie al verlo ingresar, y la otra a su diestra se hallaba vacía. El Primer Ministro era un hombre alto, con ojos y cabello negro alborotado, vestía una larga túnica de terciopelo ébano de mangas ceñidas hasta las muñecas, cuello alto y cerrado hasta la altura del abdomen por seis botones de oro entrelazados con cadenas a los lados y ceñida a su cuerpo por un fajín de seda, debajo botas de cuero negro y por sobre la túnica una chaqueta de seda ónix sin mangas y que permanecía abierta pero estampada en complejos bordados dorados y cuya riqueza era evidente. Kakashi por poco y se sintió humilde en sus sencillas pero portentosas vestiduras de Jedi.

—Le presento a Fudo Imaruoka, Primer Ministro de Kamino— presentó Fuka solemnemente, volviéndose luego hacia el mandatario. —Y él es el Maestro Jedi…— dejo en manos de su visitante la presentación puesto que no sabía su nombre

—Kakashi Hatake— completó el peligris, inclinando la cabeza ante el Primer Ministro.

—Espero que disfrute de su estancia aquí, Maestro Jedi, nos alegra que viniera— manifestó Fudo, complacido por la llegada del Jedi. —Por favor…- invitó, señalando la silla a su diestra y sentándose en la que se hallaba tras él.

—Hacen que me sienta muy bienvenido— comentó bromista el Hatake al sentarse, aunque por dentro sabía que aquello no era ninguna broma.

Demasiado bienvenido, se dijo Kakashi no olvidando mantener sus buenos modales como su amigo Genma le había aconsejado hacer; era sospechosa la forma en que estos individuos, los kaminianos, parecía estar enterados de su llegada cuando los propios Jedi no habían sabido de su existencia o no todos puesto que la ubicación de su mundo había sido borrada de los archivos, y nuevamente la pregunta resonó en la mente de Kakashi, ¿Por qué?, ¿Qué había en aquel mundo que era tan peligroso y debía ser ocultado? Fuka se situó de pie a la diestra del Hatake que trato de no apartar su mirada Primer Ministro, pero ello no evitó que el peligris se sintiera acorralado o podría haberlo hecho de no ser porque la puerta de la sala no se cerró, dejándole una vía de escape de ser preciso, porque saltar por los ventanales no era una opción, el mar estaba demasiado agitado como para intentar nadar y no sabía con qué podría encontrarse. Teniendo cubiertas todas sus opciones y situando una de sus manos sobre su rodilla para aparentar normalidad mientras mantenía la otra en su regazo—muy cerca de su sable de luz en caso de que debiera actuar—, Kakashi aguardó a que el Primer Ministro comenzara la conversación y le diera a saber finalmente con que estaba tratando e informar al Consejo Jedi en Coruscant:

—Hablemos de negocios, ¿le parece?— sugirió Fudo, recibiendo un asentimiento de parte del Jedi. —Le alegrará saber que todo va según lo previsto; doscientas mil unidas están listas y un millón más en producción— notifico en un tono muy político y practico, sin embargo el Hatake no tenía idea de a qué se refería.

—Que gran noticia— Kakashi sonrió bajo su máscara, aparentando normalidad.

—Nos alegra que este complacido— asintió el Primero Ministro con satisfacción. —Dígale a su Maestro Hiruzen Sarutobi que tendremos listo su pedido en la fecha acordada— solicitó, lo que hizo que Kakashi frunciera el ceño con desconcierto. —Espero que se encuentre bien— agregó con suma cortesía.

—Perdón, ¿El Maestro…?— tartamudeó el Hatake, rogando haber escuchado mal.

—Sí, el Maestro Hiruzen Sarutobi— reafirmó Fudo en caso de haber una confusión—Sigue siendo parte del Consejo Jedi, ¿no?— supuso de no ser ese el caso.

—Lamento decirlo, pero el Maestro Sarutobi fue asesinado hace casi diez años— contrarió el peligris finalmente, hablando con propiedad.

—Oh, siento oír eso— se sorprendió el kaminiano. —Pero estoy seguro de que se habría sentido orgulloso del ejército que creamos para él— declaró, siempre pragmático y apegado a su rol como mandatario de Kamino.

—¿Ejército?— repitió Kakashi, cada vez más desconcertado con lo que oía.

—Sí, un ejército de clones, y uno de los mejores que hemos creado— aseguró Fudo intercambiando una mirada con su leal secretaria y asistente Fuka.

Lo único con lo que Kakashi contaba hasta ahora al aparentar normalidad—o el estar enterado de cuando menos la mitad de las cosas que los kaminianos le decían—era que el Primer Ministro Fudo continuara hablando, pues ello le proporcionaría más información que era potencialmente valiosa, eso es lo que le indicaban sus instintos. Si Kakashi había llegado a Kamino repleto de dudas, ahora sus dudas no se habían resuelto en lo absoluto sino que tenía aún mayores cuestionamientos de ser posibles, ¿Qué demonios tenía que ver el fallecido Maestro Hiruzen Sarutobi en todo esto? Kakashi lo había conocido y hablado con él como con la Mayoría de Maestros Jedi durante sus días de Padawan y sabía que había sido bastante criticado por sus compañeros Maestros Jedi por su creencia de que la República Galáctica necesitaba un ejército permanente en caso de conflictos. Si bien el peligris no tenía todos los detalles, se contaba que el Maestro Hiruzen había muerto hace casi diez años—antes de que Kakashi tomara a Sasuke bajo su tutela y antes que Minato muriera—luego que la nave caza en que viajaba cayera sobre Oba Diah. Si el Maestro Hiruzen había sido responsable de encargar un ejército de clones, ¿Cómo era posible que el Maestro Onoki no hubiera estado enterado al ser la cabeza del Consejo Jedi?, ¿Y los demás Maestros? De no ser así, ¿Por qué había actuado por su cuenta?

—Perdoné mi desconcierto, Primer Ministro— inició Kakashi, manteniendo un perfecto control de sus emociones, —cuando mi Maestro se puso en contacto con ustedes y pidió este ejército, ¿dijo para qué era?— inquirió manteniendo su personaje.

—Por supuesto— contestó Fudo, sin sospechar de las actitudes del Jedi, —el ejército es para la República— afirmó ajeno a los pensamientos del peligris.

—Debe estar deseoso por ver personalmente las unidades— comentó Fuka de pie a la diestra del Maestro Jedi que volteó a verla.

—Por eso estoy aquí— respondió Kakashi sonriendo bajo su máscara y volviendo la mirada hacia el Primer Ministro.

Un Maestro no solo Jedi sino en el control de sus emociones como también lo era Sasuke, Kakashi extendió su carisma habitual para ocultar la palidez que por poco y se adueñó de su rostro a causa de la sorpresa, exclamando por dentro: ¡La República! Hasta sintió que un sudor frío le corría por la espalda, y solo pudo ocultar el impacto que lo que acababa de escuchar tuvo en él gracias a su soterrada disciplina y autocontrol emocional, aunque por dentro sintiera como una tormenta de pensamientos rugía con la misma fuerza que la que se veía en el exterior a través de los amplios ventanales. ¿Qué tan extendido estaba aquello? Kakashi volvió a temer por Sasuke quien ya debía hallarse en Naboo junto a la Senadora Haruno a quien estaba protegiendo, ¿Quién estaba detrás de esto?, ¿Cómo es que todo esto había ocurrido desde hace casi una década sin que los Jedi tuvieran conocimiento de ello? Un ejército de clones para la República y encargado por un Maestro Jedi, ¿El Senado había estado al tanto de ello?, ¿Lo estaba el Maestro Onoki o algún otro de sus compañeros Jedi? Decidido a investigar tanto como pudiera, Kakashi sonrió bajo su máscara en todo momento y se levantó de su silla a la par que hizo el Primer Ministro Fudo en una invitación de mostrarle sus instalaciones y el ejército que ahora pertenecía a la Republica.

Aunque quizás nadie en Coruscant lo sabía.


Tras un viaje en un speeder acuático en que abandonaron la ciudad de Theed mientras atardecía, Sakura, Sasuke y Naruto llegaron a la Región de los Lagos y fueron recibidos por el personal que trabajaba en la residencia de la familia Haruno y que Sakura había financiado por sus propios recursos durante su primer periodo como reina para reconvertir lo que había sido una casa de campo que databa de su infancia y que estaba repleta de recuerdos. Ya que llegaron al atardecer y se dedicaron a desempacar, acomodarse en sus habitaciones, y se fueron a dormir temprano para descansar del agotador viaje, Sasuke no pudo llevar a cabo un análisis del lugar para comprobar si era seguro o no hasta la mañana siguiente y en que se levantó muy temprano para explorar la residencia como también hizo Naruto, aunque el Uzumaki lo hizo para familiarizarse y coquetear con las doncellas Hana y Leiko, que claramente no mostraban interés en nada salvo cumplir con su trabajo y atender a Sakura, pues eran antiguas compañeras de universidad y amigas suyas. La Región de los Lagos era un lugar hermosamente irresistible, más para alguien como Sasuke que había crecido en Tatooine donde casi no había agua, y ver tanta…era asombroso, era maravilloso el ver como las montañas y el cielo se reflejaban en el agua como un espejo.

Tras un extenso recorrido por la residencia y que fácilmente podía compararse con el más hermoso de los palacios, Sasuke llamó a la habitación de Sakura e ingresó al no oír respuesta, hallando abiertas las puertas de la terraza y moviendo el cortinaje que adornaba el umbral, a lo que él cruzó el umbral en busca de la bella Senadora, a la terraza que en realidad era un enorme balcón que—anoche había dejado abierta la puerta de la terraza para dejar que circulara el aire—estaba conectado a su habitación, y donde se encontraba Sakura observando la vista del lago con las manos apoyadas en el barandal. La Haruno portaba un hermoso vestido de gasa y seda pintada a mano y que iba desde el amarillo en un degrade al naranja, rosa y al lila hasta el final de la tela, largo hasta el suelo y terminando en una elegante cola, holgado sobre su figura y de cuello alto que se cerraba con una placa de metal a modo de collar en V a juego con dos placas por encima de los codos y que formaban las mangas acampanadas que se fusionaban en un drapeado que se anudaba bajo la altura de las rodillas; lo más sorprendente es que el vestido dejaba completamente expuestos los hombros y la espalda de la pelirosa, formando distintos pliegues donde terminaba la espalda, y su largo cabello rosado se hallaba recogido gracias a siete anillos morados para recrear una concha marina. Tratando de no perder el aliento, cada vez más fascinado con ella y su apabullante belleza, Sasuke se acercó lentamente hasta donde estaba.

—No deberías estar afuera, podría ser peligroso— aconsejó Sasuke recorriendo con la mirada la impresionante vista del gran lago que reflejaba el cielo y las montañas.

—Tranquilo, este lugar es muy seguro— sosegó Sakura sin moverse de donde estaba, esperando a que el Uchiha se situara a su diestra. —Solíamos venir aquí en los retiros de la escuela, nadábamos a esa isla todos los días, nos tumbábamos sobre la arena y dejábamos que el sol nos secara mientras adivinábamos el canto de las aves que escuchábamos— adoraba aquel lugar, se sentía libre siempre que estaba allí. —Me encanta el agua— aquí podía ser ella misma, no la Senadora de Naboo.

—También a mí, supongo que es una consecuencia de crecer en un planeta desértico— aceptando la invitación de Sakura, el Uchiha se acercó al barandal y se situó a su lado, —la arena es…seca, áspera y rugosa, nunca te la puedes quitar— detestaba Tatooine por lo mismo, aunque hubiera crecido allí.

—No te preocupes, la arena de aquí no es como la de Tatooine— sonrió la Haruno, comprendiendo su disgusto y volviendo su rostro hacia el suyo.

—Te creo— asintió él, sonriendo ladinamente, —aquí todo es liso, y suave— tuvo que hacer acopio y no desear acariciar la sedosa piel de la espalda y hombros de ella.

Hablando objetivamente y por experiencia, Sasuke no podía saber si Sakura era la mujer más hermosa que existía pero si sabía que para él era un ángel con forma humana, era irreal, a menudo tenía que tratar de no pellizcarse para creer que ella no iba a desaparecer, como ahora y en que toda su belleza se hallaba más clara que nunca, hermosamente vestida y siendo ella misma, expuesta en el mejor sentido, sin exhibir ninguna de las pretensiones que debía representar en el Senado de Coruscant, esta era ella realmente. No queriendo parecer tan encandilado con la belleza de Sakura y no hacerla sentir incomoda, Sasuke bajo la mirada hacia el barandal del balcón y que estaba repleto de enredaderas de la que brotaban flores rojas semejantes a rosas y sin mayores miramientos cortó una de esas flores y se la tendió a Sakura. Sonriendo, enternecida ante aquel gesto y siendo los claveles sus flores predilectas, Sakura se mordió ligeramente el labio inferior al tratar de no sonrojarse. Quizás no había elegido el vestido más apropiado pues se suponía que Sasuke y ella eran amigos…pero esa mañana se había despertado de muy buen humor y deseando verse muy bella, lo cual era curioso ya que no solía hacerlo pues no tenía a nadie a quien impresionar, pero quería hacer de su tiempo con Sasuke lo mejor de su vida.

—¿Está bien tu habitación?— preguntó Sakura, esperando que hubiera dormido bien.

—Es más lujo del que creo haber visto en mi vida— asintió Sasuke, absteniéndose de entornar los ojos al no haber recordado dormir tan bien en toda su vida.

—Oh, me siento honrada, eso significa que mi sentido de la decoración no es malo— agradeció la pelirosa llevándose una mano al centro del pecho en un gesto dramático que lo hizo sonreír ladinamente. —Tu habitación esta frente a la mía— mencionó pues ambos se habían ido a dormir temprano anoche y no habían podido hablar, —si necesitas algo no dudes en hablar conmigo, ¿sí?— sabía que sus preocupaciones eran grandes y que tenía problemas para dormir por sus pesadillas.

—¿No estamos hablando?— cuestionó el azabache arqueando una ceja con presunción.

—Eres terrible, no sé cómo Kakashi te tolera— regañó la Haruno, riendo por lo bajo y cubriéndose los labios para controlar su reacción. —Sasuke— nombró ante lo que él asintió como prueba de que la estaba escuchando, —hablaba en serio cuando te dije eso en Coruscant, días atrás; sé que viniste para protegerme, pero realmente me alegra que estés aquí— se sentía segura a su lado y como no haría con nadie más.

—Te lo dije antes y te lo repito ahora; no desearía estar en ningún otro lugar— aseveró el Uchiha sin apartar la mirada de sus hermosos orbes esmeralda. Una voz en su mente le dijo; es ahora o nunca. —Sakura…— nombró casi sin aliento y muy nervioso.

—¿Qué pasa?— preguntó ella, extrañada por su reacción y dando un paso más cerca de él.

—Hay que algo que he deseado hacer desde hace mucho tiempo— advirtió él, a lo que la pelirosa asintió como si le diera permiso.

Incapaz de soportar la gran tentación que era la belleza de ella, Sasuke inclinó su rostro más cerca del de Sakura quien cerró los ojos al anticipar lo que haría y no protestó cuando él rozó sus labios delicadamente como había hecho ocho años atrás en su primer beso, sonriendo contra los labios de la pelirosa y sintiendo que su corazón latía más rápido al sentirla corresponder, Sasuke acunó el rostro de ella entre sus manos y degustó el dulce sabor de sus labios como tanto había anhelado hacer durante todos estos años. Demasiado aturdida para pensar en lo que estaban haciendo y si estaba bien o mal, Sakura inclinó el cuello y correspondió gustosamente al beso de Sasuke, rodeando el cuello del Uchiha con sus brazos para acercarse a él y temblando placenteramente cuando Sasuke lentamente deslizó sus manos de sus mejillas a su cintura, profundizando el beso al separar sus labios con su lengua, haciéndola gemir en medio del beso...sus labios se buscaban desesperadamente y con pasión exacerbada, buscando algo que ninguno de los dos era capaz de identificar mientras sentían la temperatura subir. El beso podría haber continuado para siempre, Sasuke lo sintió así al igual que Sakura, solo que ella finalmente se recordó que ambos no deberían estar haciendo aquello y rompió el beso al sentir el barandal chocar con la parte posterior de su espalda dada la intensidad del beso al que ella puso fin.

—Perdón— jadeó Sakura, separándose de Sasuke y volviéndose hacia el barandal, —esto no está bien— se dijo en voz alta, cubriéndose los labios con una de sus manos.

—No, yo lo siento— protestó Sasuke recuperando el aliento, —creo que me deje llevar— era una excusa pobre, pero ambos sabían bien que no deberían ser tan íntimos entre si aunque en el fondo lo desearan desesperadamente.

—Tienes razón— suspiró la pelirosa recobrando su autocontrol, —es mejor volver adentro— decidió sin voltear a verlo o solo querría volver a besarlo.

Estaba mal y por la Fuerza que Sakura lo sabía, pero llevándose distraídamente una mano a los labios no dudo en abandonar el balcón tan rápido como se lo permitieron sus pies, haciendo a un lado la larga falda de su vestido para caminar, sintiendo como su corazón latía velozmente dentro de su pecho y como sus pies deseaban dar la vuelta y regresar junto a Sasuke, sujetarlo del cuello de su túnica y volver a besarlo como si su vida dependiera de ello. Eso es lo que le decía la voz de su corazón que no paraba de latir vertiginosamente y revivir lo que los labios de Sasuke habían provocado en ella, pero la vida no podía ser tan sencilla y ella bien sabía que no serviría intentar tener algo. A solas en el balcón y siguiendo a Sakura con la mirada hasta perderla de vista, Sasuke dejo libre un profundo suspiro y enterró el rostro entre sus manos, ¿En qué diablos había estado pensando? Si, estaba locamente enamorado de Sakura y llevaba los últimos ocho años deseando besarla pero la forma no era esa...aunque tampoco podía negar que la atmosfera antes y durante el beso había sido puro fuego, como si ambos fueran atraídos el uno hacia el otro, él ni siquiera había pensado solo actuado y podía apostar que Sakura igual. Si tan solo pudieran dejar de pensar en el resto del mundo y concentrarse solo en ellos, él podría decirle lo que sentía y ella corresponderle o negarse pero sin tener que pensar en nada más...


PD: Saludos mis amores, prometi que actualizarìa esta semana y lo cumplo :3 como siempre agradezco su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "La Reina Olvidada", "Kóraka: El Desafío de Eros", y por último "Queen: The Show Must Go On", lo prometo :3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a carlos29 (agradeciendo sus palabras y poder contar con su aprobación), a "ktdestiny" (agradeciendo su apoyo y dedicándole cada capitulo), a Guest, (agradeciendo sus palabras y aportes, como los de todos), a SASUSAKU is canon (agradeciendo su apoyo a esta historia y dedicandole la misma, esperando que todos los futuros acontecimientos sean de su agrado), y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader -Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi -Onoki como Yoda -Naruto Uzumaki como R2D2 -Maito Gai como R4-P17

-Hiruzen Sarutobi como Sifo Dyas -Fuka Asakawa como Taun We -Fudo Imaruoka como Lama Su

-Kizashi Haruno como Ruwe Naberrie -Mebuki Haruno como Jobal Naberrie -Yuna Haruno como Sola Naberrie

-Naomi como Ryoo Naberrie -Shina como Pooja Naberrie

Escenas Eliminadas & Contexto Emocional: las primeras escenas no son de mi autoría sino que formaban parte de la trama original de Star Wars, pues reflejan la vida de Padme Amidala y su vida familiar, tanto que replique el vestido que el personaje llevaba originalmente pero cambie unos sutiles detalles. También mantuve el rol de Naruto en la escena, quien es muy cercano a las sobrinas de la Senadora de Naboo según se ve, e igualmente las conversaciones "familiares" entre Sakura, su madre y su hermana, y la conversación de Kizashi y Sasuke son transcripciones de la obra original. El desenvolvimiento de Sasuke y Sakura en la Region de los Lagos sigue lo que se vio en el "Episodio II: El Ataque de los Clones", solo que modifique ligeramente los diálogos y el lenguaje corporal de ambos personajes, por ello el beso es menos inocente. Por cierto, y en lo referente a Kakashi, su astromecánico Maito Gai viene a representar a R-4 P17, el androide de Obi-Wan Kenobi en el universo de Star Wars.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3