-Esta historia es una adaptación del universo de Star Wars creado por George Lucas, y esta orientada a interpretar la unión de las cuatro generaciones: República, Imperio, Nueva República y Primera Orden, tomando como base los personajes originales que George Lucas tenía en mente desde su concepción de la trilogía original y las precuelas. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Play With Fire" de Sam Tinnesz para Kakashi, "Lay All Your Love On Me" de Amanda Seyfriend & Dominic Cooper para Sasuke y Sakura, y "Across The Stars" de John Williams para el contexto del capitulo.


Tras aquella charla introductoria en que Kakashi se había presentado, y a su vez el Primer Ministro Fudo le había dado una especie de reporte sobre la situación, el Hatake continuó pretendiendo que todo estaba bien y que estaba en Kamino por la razón que ellos creían y no para llevar a cabo una investigación sobre el verdadero responsable tras los intentos de asesinato contra la Senadora Haruno, pero ahora también por mucho más; por entender quien había estado tras la orden de crear un Ejército para la República Galáctica. Con las manos cruzadas tras la espalda y la mirada curiosa de un niño, Kakashi dejo que el Primer Ministro Fudo y la señorita Fuka le dieran un recorrido por las instalaciones de clonación y le mostraran las unidades que estaban terminadas y listas para entrar en servicio. A través de amplios ventanales se tenía la vista de diferentes salas mientras sus espectadores se hallaban en lo alto de una galería que actuaba como una especie de palco; grandes hileras de esferas de cristal se perdían en la inmensa sala hasta donde alcanzaba la vista y cada esfera contenía un embrión suspendido en fluidos, seres humanos en constante desarrollo según sentía a través de la Fuerza. Doscientas mil unidades preparadas, y uno millón más en producción, pensó Kakashi recordando las palabras anteriormente dichas por el Primer Ministro, pero no tomándole un peso real hasta ver las instalaciones.

—Impresionante— celebró Kakashi, incapaz de apartar la mirada de todo cuanto veía.

—Me alegra que este complacido— sonrió el Primer Ministro, volviendo la mirada hacia el Jedi. —La incubación es la primera fase, evidentemente— señaló de forma muy profesional y pasando su mirada por las instalaciones. —Nuestros clones son los mejores de toda la galaxia, piensan creativamente, son inmensamente superiores a los droides y su coeficiente es superior al promedio por sus capacidades para planear y que están altamente desarrolladas— pese a estar ceñidos a ordenes por los chips inhibidores en sus cabezas, los clones eran únicos en toda regla.

—¿Cuántos hay?— preguntó el Hatake con curiosidad, —aquí, quiero decir—agregó en caso de que su pregunta hubiera generado confusión.

—Tenemos incubadoras por toda la ciudad para que la producción suceda simultáneamente; apenas creamos una unidad ya comenzamos a producir la siguiente— respondió Fuka en nombre del Primer Ministro y por estar más involucrada en el proceso de creación de los clones. —El estimado de fiabilidad de nuestras unidades es del 90%, y el 10% no tan viable cuenta no con falencias sino capacidades concentradas y resaltan en áreas específicas— agregó con un tono muy profesional pero muy claro a su vez. —Su crecimiento acelerado se detiene apenas alcanzan la adultez y su expectativa de vida es comparable al de cualquier humano promedio dependiendo de las condiciones de vida que lleven— excelencia pura.

Los clones tenían un crecimiento acelerado hasta que alcanzaban la madurez pero luego su desarrollo se detenía y discurría con la perfecta normalidad de cualquier otro ser, eso garantizaba una expectativa de vida larga y los hacían aún más eficientes de lo que ya por si eran con sus habilidades de combate. Todo era asombrosamente frio y preciso—por no decir perfecto, aunque con implicaciones abrumadoras—a ojos de Kakashi, Kamino era un centro de producción de lo más eficiente y que era capaz de producir una cantidad constante de guerreros soberbiamente entrenados y condicionados. Continuando con el recorrido a lo largo de la galería, observando las salas de entrenamiento del complejo a través de los amplios ventanales, la siguiente etapa era una enorme sala que abarcaba a alrededor de cien alumnos de la misma edad, diez años aparentemente, y había otras salas o aulas aledañas que obraban de igual forma, con pupitres en filas pulcras y ordenadas, Todos los niños vestían igual, todos llevaban el mismo corte de cabello color ébano y ojos oscuros, todos tenían los mismos rasgos, postura y expresión. Que disciplinados, observó Kakashi con genuina impresión, esos chicos eran mucho más atentos y obedientes que cualquier niño promedio, todos estaban enfrascados en sus tareas y apenas dedicaron algún vistazo a sus espectadores a tal punto que parecían una ilusión óptica.

—Mencionaron un crecimiento acelerado— rememoró Kakashi mientras observaba a los niños, cuya atención y concentración era admirable y hasta envidiable.

—Oh, sí, es esencial, de otro modo un clon requeriría toda una vida para madurar— aseveró el Primer Ministro. —Ahora podemos hacerlo en la mitad de tiempo, como esta unidad y que fue creada hace unos ocho años— aclaró, volviéndose hacia el ventanal opuesto al ala de los niños en que se hallaban reunidos unos adolescentes de unos dieseis o dieciocho años aparentemente.

A imagen de los chicos de diez años que habían estado en sus aulas de clases, en aquella sala que obraba como comedor se reunían jóvenes que parecían tener entre dieseis y dieciocho años, si no es que un poco más, todos charlando entre si de una forma bastante menos ordenada y pulcra que como Kakashi había visto actuar a los niños en las aulas de clases, pero seguían siendo disciplinados y obedientes, ninguno era particularmente arisco o agresivo, todos actuaban casi de la misma forma, pero como señalaban los kaminianos eran creativos y tenían ideas propias, seres individuales aunque se vieran idénticos. Pero fue la insensibilidad de las palabras y la situación lo que verdaderamente afecto al Hatake; unidades, producto final, estaban hablando de seres vivos, seres que respiraban y pensaban, seres que merecían ser considerados sus iguales porque eran iguales, pero que en ese momento era reducidos a meras ratas de laboratorio, criaturas bajo el lente de un microscopio o que carecían de valor…los kaminianos creaban a esos seres pero también les robaban la mitad de su infancia por el bien de la eficiencia, atacaban el concepto del bien y el mal en que los Jedi creían, y si embargo Kakashi no dijo nada porque lo quisiera aceptar o no, no estaba ahí por los clones realmente, aunque ahora también ello le atañía.

—Descubrirá que son completamente obedientes— mencionó Fuka a modo de explicación para aquel grupo tan prolijo en su comportamiento, —eso es gracias a que modificamos su estructura genética para hacerlos menos independientes que el modelo original— su funcionalidad y obediencia los hacia básicamente perfectos.

—¿Quién es el modelo original?— preguntó Kakashi aunque apenas y dándose cuenta de su pregunta al observar a los clones muy atentamente.

—Un cazarrecompensas llamado Isshiki Kara— contestó el Primer Ministro sin dudarlo, —fue elegido personalmente por el Maestro Hiruzen Sarutobi— agregó cuando el peligris volteó a verlo con sorpresa.

—¿Dónde está ese cazarrecompensas?— inquirió el Hatake, tratando de disimular su sorpresa haciéndola pasar por puro interés bélico.

—Vive aquí, para que podamos tener muestras suficientes de su ADN para crear las unidades de clones— respondió Fuka en nombre del Primer Ministro, —pero es libre de ir y venir según le apetezca y cuenta con un pago por sus servicios— no era ningún prisionero después de todo sino más bien un colaborador.

—La decisión de quedarse fue del propio Isshiki— aclaró Fudo, no queriendo que se pensara que retenían a alguien pues no era así. —Además de su pago, que es considerable, Kara solo pidió algo para colaborar cuanto se le pidiera; un clon inalterado solo para él, algo muy curioso— reveló para extrañeza del Jedi a su lado.

—¿Inalterado?— repitió el peligris, extrañado y nada familiarizado con el termino

—Una réplica genéticamente pura, sin ningún cambio estructural para hacerlo más dócil y sin un crecimiento acelerado— dilucidó el Primer Ministro, igualmente extrañado por aquella decisión de parte del cazarrecompensas.

—Si no es problema, me gustaría conocer a ese Isshiki Kara— solicitó el Hatake con un tono muy educado y respetuoso.

—Por supuesto, será un honor cumplir sus deseos— asintió Fuka con una amable sonrisa. —¿Desea inspeccionar el producto final? Para tener su aprobación, por supuesto— consultó, pues era por ello que el Maestro Jedi estaba ahí.

—No me hagan esperar— bromeó el peligris sonriendo bajo su máscara y haciendo reír tanto al Primer Ministro como a su bella asistente.

La mención de un cazarrecompensas encendió las luces de alarma en la mente de Kakashi, porque mal que mal había venido a Kamino en busca de un individuo que lucraba de dicha manera y que usaba tecnología kaminiana según le había asegurado su amigo Genma Shiranui, ¿Se trataría del mismo caazarrecompensas? Solo hay una manera de saberlo, se dijo Kakashi decidido a conocerlo y sonriendo bajo su máscara ante la amabilidad de la señorita Fuka que no tuvo problema en organizar un encuentro entre él y el cazarrecompensas…solo entonces podría informar debidamente al Consejo Jedi de todo lo que había descubierto en Kamino. Sonriendo amablemente e inclinando la cabeza, la señorita Fuka procedió a retirarse mientras el Primer Ministro Fudo guiaba al Maestro Jedi hasta el final de su recorrido, una especie de balcón que daba una vista completa de un hangar repleto de naves de ataque y en que se reunían clones ya adultos de entre veintidós y veinticinco años, desfilando con sus blasters apoyados contra sus hombros derechos, todos moviéndose igual y con la precisión de los mejores droides, vistiendo armaduras blancas y llevando cascos que les cubrían la cara, todos ellos desfilando en formaciones enteras, cada una de ellas compuestas por centenares de soldados que se movían como uno.

—Magníficos, ¿no es así?— estudió Fudo, volviendo su mirada hacia el Maestro Jedi.

—Verdaderamente lo son— respaldó Kakashi, absolutamente impactado en ambos sentidos. —Gracias, Primer Ministro— era su deber cerrar el acuerdo aunque no hubiera llegado ahí por ello, pero quizás esto fuera tanto una sorpresa como una bendición dependiendo como se juzgara.

El Primer Ministro asintió en silencio, pleno de que se valorara el trabajo de todos los habitantes de su mundo y que formaban parte de aquellas instalaciones, y contra todo lo que Kakashi estuviera condicionado a creer, en Kamino no había dilema ético posible, quizá por eso sus habitantes eran tan buenos clonando, su conciencia nunca se interponía en su camino y así cualquier desarrollo era posible, ¿Pero a costa de qué? Todos aquellos soldados eran magníficos en su eficiencia y comportamiento impecable, no era nada difícil imaginar la brutal eficiencia que demostrarían en combate, en el terreno para el que se les había creado. Sin embargo, un estremecimiento recorrió la espalda de Kakashi mientras observaba desfilar a aquellos soldados, no sentía miedo de ellos en lo absoluto, lo más aterrador y verdaderamente tétrico para Kakashi era que un Maestro Jedi—el fallecido Maestro Hiruzen Sarutobi—hubiera comenzado todo y sin informar al Consejo aparentemente, era demasiado difícil de comprender por no decir imposible, pero Kakashi también comprendió que debía contener lo más posible su necesidad de obtener una respuesta inmediata o directa a ello, debía limitarse a escuchar, observar y recabar toda la información que pudiera, o seria descubierto y hasta ahora llevaba una impecable actuación.

Aunque la única consecuencia ineludible fuera la guerra.


Tras varios días de silencio y en que Sakura se la había pasado leyendo en su habitación, se sintió como una estúpida por tratar de estar lejos de Sasuke, ¿Es que acaso tenía cinco años?, ¿Por qué su valiosa e irremplazable amistad debía destruirse por la atracción que sentían el uno por el otro? Si una persona sentía atracción por otra eso no podía cambiarse, el sentimiento siempre estaría ahí pero no tenía por qué ser tan primordial si ellos no lo querían así. Por lo que esa mañana Sakura se levantó de la cama, se arregló, pidió a sus doncellas y amigas Nyoko y Tami que seleccionaran la mejor fruta de la cocina y se apersonó en la puerta de la habitación del Uchiha sosteniendo una canasta de picnic. Cuando Sasuke abrió la puerta y vio a Sakura, creyó estar viendo a un ángel con forma humana y no pudo negarse a su invitación porque guardar las distancias era lo último que deseaba hacer y por lo que, despidiéndose de Naruto, el Padawan Jedi y la bella Senadora emprendieron rumbo hacia una colina próxima a la residencia de Varykino y donde podrían estar solos. Sakura había ideado el picnic al recordar unas palabras que su hermana Yuna le había dicho antes de despedirse días atrás; tú piensas más como un Jedi que él, y no deberías…quizás estuviera mal, pero ese día al menos ella quería olvidarse de responsabilidades y ser solo una mujer que estaba junto a quien le era muy querido.

El Padawan Jedi y la bella Senadora se encontraban a campo abierto, en una pradera de gran belleza, sentados sobre la hierba salpicada de flores de todas las formas y colores, con unas enormes cascadas a sus espaldas y que desembocaban en un amplio lago cristalino. Sentada frente él y tomando una fresa del plato entre ambos, disfrutando de la increíble vista, Sakura debía lucir el vestido más hermoso que Sasuke la había visto llevar en su vida; hecho de gasa dorada ligeramente anaranjada y repleta de delicados bordados de flores moradas con pequeñas hojas verde oliva, con hombros caídos que exponían su piel salvo por dos finos tirantes, ceñido a su cuerpo por un corsé de seda estampado en flores lila y rosa con ramas doradas, de escote cuadrado y que finalizaba a la altura de sus caderas bajo un delicado chal que obraba como mangas superiores, y las holgadas mangas del vestido se ceñían a las muñecas por una serie de cintas de múltiples colores y la falda era larga hasta los tobillos, mas plana en bordados salvo por diminutas flores blancas. Sus largos rizos rosados estaban peinados por cintas de múltiples colores en una coleta que caía tras su espalda, y una pequeña cinta de tela estampada en flores iguales a las del vestido hacía de diadema sobre su frente…el Uchiha no creía que pudiera verse aún más hermosa.

—No lo sé— respondió Sakura finalmente, no sabiendo que responder a la pregunta del Uchiha.

—Claro que lo sabes, pero no quieres decirme— contrarió Sasuke, suponiendo cual era la verdad.

—¿Usaras uno de tus trucos mentales conmigo?— inquirió la pelirosa con aire juguetón.

—Solo funcionan con los débiles de mente— negó el azabache, no necesitando leer su mente para saber lo que pensaba y ella también podía leer la suya de igual modo.

—Está bien— se rindió la Haruno pues no tenía caso mentirle. —Tenía doce años, él se llamaba Darven, estábamos juntos en el programa legislativo y era mayor que yo, muy lindo— una ligera sonrisa no pudo evitar adueñarse de sus labios por pensar en su lejano primer amor, —de cabello castaño, hermosos ojos...— había visto a Darven hace un par de años y seguía siendo muy guapo, pero no más que Sasuke.

—No seas tan específica— interrumpió el Uchiha, arrepentido de indagar sobre su vida romántica. Nació en su corazón el temor que ella nunca pudiera verlo a él como algo más que un amigo. —¿Qué paso con él?— preguntó esta vez, realmente interesado.

—Me nombraron reina, y él se convirtió en artista— replicó Sakura, tomando otra fresa del plato y encogiéndose de hombros pues aquello era parte del pasado.

—Parece que fue más listo— suspiró Sasuke con fingida suficiencia lo que hizo reír a la Haruno.

—No te agradan los políticos, Sasuke— obvió ella y era normal por parte de los Jedi.

—Me agradan dos o tres— difirió él pues no pensaba igual que Kakashi, —pero no estoy seguro sobre cierta Senadora— agregó arqueando una ceja al observarla.

Dándole una mordida a la fresa que sostenía, Sakura tuvo que cubrirse los labios para no ahogarse al tragar ante la broma de Sasuke quien sonrió ladinamente como si se burlara de ella aunque Sakura sabía que él nunca haría tal cosa; le encantaba la forma en que Sasuke reaccionaba o se comportaba en su mundo, en Naboo, su sencilla alegría—maravillosa de contemplar ante su habitual estoicismo o seriedad—era absolutamente contagiosa para ella que llevaba comportándose de la misma forma desde hacía casi una década, y ahora no podía hacerlo más, la voz de la razón caía al fondo de un pozo en su mente y todo lo quería era estar con Sasuke, ver las cosas desde su perspectiva y disfrutar de su tiempo juntos tanto como le fuera posible. ¿Era una mala persona por eso? La opinión sobre que los políticos de la República Galáctica no eran de confianza era cosa de Kakashi, no suya, Sasuke de hecho conocía a varios políticos de confianza partiendo por el Supremo Canciller Danzo Shimura y su esposa lady Takara, pero la cúspide de su confianza en la política era Sakura pues aunque ambos tuvieran respectivas muy diferentes de lo que era mejor para la República—Sakura creía en la democracia y él en un gobierno más autoritario—todo lo que querían era hacer su trabajo y ayudar a tantas personas como pudieran con el poder o los beneficios de que disponían, por decirlo de alguna forma.

—No creo que el sistema funcione— consideró Sasuke finalmente y en voz alta para interés de la Haruno, —el Senado tarda demasiado en aprobar decisiones imperativas, como sucedió durante el bloqueo, no actúan cuando se necesita— no era un secreto que no creía en la democracia como una forma del todo viable de gobierno.

—Es un defecto de la democracia— asintió Sakura compartiendo su opinión, —nos sentamos a discutir lo que le conviene a la gente pero diferimos en opinión y no conseguimos llegar a un acuerdo, es muy frustrante— pero sin democracia la gente no tendría ocasión de decidir o cambiar las cosas debidamente.

—Pues alguien debería obligarlos— espetó el Uchiha familiarizado con un gobierno más autoritario de su infancia en Tatooine aunque no fueran buenos recuerdos.

—Si eso sucediera ya no sería una democracia, eso suena más como una dictadura— discrepó la Haruno pero entendiendo su perspectiva, —¿estás a favor de eso?— sabía cuál era la respuesta pues Sasuke aun resentía su pasado de esclavo.

—No, pero cuando Minato me liberó no pidió el permiso de nadie, ni tampoco para empezar a entrenarme, solo estaba dispuesto a hacer lo correcto— puntualizó el azabache notando el sentido de su pregunta. —Una persona buena y sabia puede ayudar a otros sin tener que debatir si es correcto o no— eso no era política sino simple sentido común y era su creencia desde siempre. —¿Acaso no ignoraste al Senado para liberar Naboo?, ¿Es tan malo querer ayudar a los que te importan?— cuestionó habiéndola apoyado en ese entonces al igual que ahora.

—Tienes razón— aceptó la pelirosa no pudiendo discutir con él en ese aspecto, —pero a veces tenemos que esperar y aceptar la opinión de la mayoría, porque si no hay ley ni orden el mundo no puede funcionar— rebatió con sentido común ante lo que el Uchiha entornó los ojos incapaz de llevarle la contraria, —nadie debería obligar a alguien estar de acuerdo con un punto de vista, esa no puede ser la solución— la libertad en la galaxia acabaría una vez se impusiera semejante idea.

—Bueno, tú tienes tu opinión y yo tengo la mía— concluyó Sasuke ya que no conseguirían llegar a un punto en concreto, —puedo vivir con eso— su vínculo se nutría partiendo por el hecho de que tenían que aprender o escuchar del otro.

En ocasiones le frustraba que Sakura estuviera del lado de la democracia pero cuando iba a pensar así se recordaba que ella era tremendamente autocritica con respecto a la forma de gobierno, para ella ayudar a otros era primordial y—tras haber conocido a su familia y entender más a fondo porque era como era—Sasuke estaba seguro de que la democracia no era su forma de gobierno porque tuviera algo en común con ello sino porque creía en el dialogo y la forma de gobierno que pudiera darle voz a la gente era aquello en lo que ella podía creer de la misma forma en que él creía que la autoridad debía ser sabia, justa y poderosa para gobernar la galaxia. No era la primera ni probablemente la última vez que ambos tenían una conversación así aunque si era la primera vez que lo hacían en persona pues a lo largo de los años había sido a través de cartas y mensajes, en cierto modo Sakura podía entender la forma de pensar de Sasuke, él creía que para gobernar o liderar se debía ser poderoso y en parte tenía razón, sin influencia o apoyo no se lograba nada solo que él lo veía desde una perspectiva más bélica y dictatorial, y ella desde el dialogo y la diplomacia pero eran sus diferencias lo que fomentaba sus debates y conversaciones más profundas, así había sido a lo largo de los años y probablemente así sería siempre. Carraspeando para aclararse la garganta, Sakura decidió retomar su anterior conversación.

—Bueno, ya fue suficiente de mí— suspiró Sakura para extrañeza del Uchiha quien frunció el ceño, —¿Qué hay de ti?, ¿Ha habido alguien en tu vida?— curioseó pícaramente pues los Jedi no eran célibes, hasta donde sabia.

—Pues, tal vez...— contestó Sasuke vagamente, tomando una fruta de la canasta y encogiéndose de hombros.

—No te burles de mí— advirtió la pelirosa a modo de falsa amenaza pues ella había respondido a sus preguntas.

—No, no me burlaría nunca de una Senadora— negó el azabache apartando la mira con fingido temor y haciendo reír a la pelirosa.

Contestar a su pregunta era complicado para Sasuke, por supuesto que los Jedi no eran célibes y había obtenido esa respuesta hace ya varios años cuando Kakashi en cierto modo lo había…alentado a tener una aventura si es lo que deseaba hacer, además sabía que su Maestro frecuentaba cierto lugar de Coruscant al regreso de cada misión pero eso no eso quería decir que Sasuke fuera a hacer lo mismo aunque otros Padawan de su edad si lo hicieran, sentía que de hacerlo estaría traicionando los sentimientos que tenía por Sakura pero tampoco se sentía muy orgulloso por no tener nada de experiencia con el sexo opuesto pues estaba seguro de que quizás ella si la tenía, debía haber habido alguien en su vida al menos una vez. Por su parte Sakura estaba probablemente en la mayor encrucijada de su vida, claro que había tenido grandes triunfos y alegrías como reina de Naboo y ahora como Senadora, pero hablando objetivamente y como mujer sus alegrías habían sido pocas, había rehuido del amor y el contacto con el sexo opuesto por estar volcada hacia su trabajo, la única persona a quien había dejado entrar en su vida era Sasuke y ahora no sabía como enfrentar los sentimientos que estaba teniendo por él y que no eran para nada inocentes, ¿Por qué si no deseaba en ese momento halarlo del cuello de su túnica y besarlo hasta olvidarse de todo lo demás? Lo peor es que sabía que Sasuke le correspondería y que quizás entonces no podrían detenerse…


No sentirse pleno en tan hermoso ambiente era imposible, los temas de conversación fluían uno tras otro sin que ambos pudieran impedirlo, sonriéndose entre sí y observando el paisaje o las semillas de las flores que flotaban en el aire por la cálida brisa igual que las esponjosas nubes que se arrastraban por el luminoso cielo azul. Naboo era un lugar lleno de vida y amor, lleno de calor y suavidad, para Sasuke al menos era un lugar que reflejaba a Sakura Haruno a la perfección, o casi porque ese mundo de gran belleza no podía encandilarlo tanto como la hermosa Senadora que sonreía a su lado. Escuchando pasos acercarse, Sakura y Sasuke volvieron la mirada por sobre su hombro para ver acercarse una manada de Orbaks de pelajes en tonos miel, blanco y avena que pastaban cerca de allí e ignorando a la pareja. Sonriendo ladinamente, Sasuke recordó esos días pasados, cuando Sakura y él se habían conocido y más precisamente en una situación no muy distinta a la presente, en que también había un Orbak de por medio aunque no estaban en Naboo en ese entonces sino en Tatooine, pero queriendo maximizar la alegría que veía en el rostro de Sakura desde que estaban en su mundo, el Uchiha se levantó de su lugar y lentamente procedió a acercarse a la apacible manada de Orbaks para extrañeza de Sakura que solo lo siguió con la mirada, intentando entender o prever en que estaba pensando.

—Sasuke, ¿qué haces?— preguntó la pelirosa en voz baja, conteniéndose de reír ante su sigilo al caminar.

—No hagas ruido, necesito concentrarme— acalló el azabache observándola por el rabillo del ojo.

No era solo para hacer reír a Sakura y por recordar viejos tiempos, también era una prueba personal para Sasuke ya que habían pasado ocho años—casi una década—desde que había tenido ocasión de montar un Orbak, su carrera como Jedi le exigía ser piloto y mecánico casi de tiempo completo—al crear sables de luz nuevos por cada uno que perdía—, y ahora no iba a desperdiciar la oportunidad que tenía delante. Claro que el Orbak al que el Uchiha se acercó notó sus intenciones y relinchó antes de alejarse de él a ligero trote. Pero ello no detuvo a Sasuke quien insistió en acercarse, a lo que el Orbak normalmente pasivo lanzó un bufido y trató en vano de rehuir al Uchiha que buscaba la oportunidad de subir a su lomo, la verdad es que estaba algo fuera de practica pero nada iba a detener su empeño de montar a ese ser. Levantándose de su lugar tras los pasos de Sasuke pero a una distancia prudente, Sakura se sostuvo el estómago de dolor mientras reía sonoramente, si le había tenido tanto respeto a César—el Orbak con que Sasuke había participado en la carrera hacia ocho años atrás—era porque conocía la naturaleza de esos animales desde su infancia y que tenían mucha personalidad a la hora de tratar con los humanos. Era adorable para Sakura contemplar tanta espontaneidad, le era refrescante, nunca antes había podido estar a solas con alguien así y sin pensar en nada, solo con Sasuke.

—¿En serio creíste que serían tan fácil?— cuestionó Sakura con fingido aire severo al observar al Uchiha.

—Más fácil que esto, sí— obvió Sasuke, admitiendo que ella tenía razón. —Creo que estoy falto de práctica— suspiró antes de ver su oportunidad servida en bandeja. —Corre— indicó a Sakura únicamente, prometiendo tener éxito esta vez.

Inicialmente Sakura frunció el ceño y simplemente no supo si Sasuke estaba presumiendo o que, hasta que vio al Uchiha rodear al Orbak y subir a una roca que se encontraba cerca, con la que saltó al lomo del animal con un ágil movimiento; entre impresionada y divertida, Sakura recordó lo que él acababa de decirle y sin dudarlo se volvió sujetándose la falda del vestido y corriendo lo más rápidamente que le fue posible, escuchando los pasos del animal tornarse ligeramente veloces a su espalda pero en ningún momento se atrevió a voltear en aquel juego por demás divertido y que la hizo reír como nunca antes recordaba haberlo hecho. Ambos deberían sentirse culpables por esta ahí jugando sin ningún objetivo en mente, mientras otros se esforzaban en luchar contra el Acta de Creación Militar o mientras Kakashi exploraba la galaxia buscando a quienes deseaban matarla, pero no, estaban ahí disfrutando de estar juntos. Con esos pensamientos en mente, Sakura se detuvo y volvió hacia Sasuke, contemplando con terror como el Orbak se alzaba sobre sus patas traseras en busca de quitarse al jinete que llevaba sobre su lomo y haciendo cabriolas hasta que el Uchiha finalmente cayó al suelo, y permaneció inmóvil para pánico de Sakura quien se cubrió los labios para ahogar un jadeo, corriendo hasta él y apartándose la falda del vestido en el proceso, rogando porque no le hubiera ocurrido algo malo.

—¡Sasuke!— gritó Sakura al llegar a su lado, sacudiéndole la espalda pero sin obtener respuesta. —Sasuke ¿estás bien?— insistió, usando su fuerza para darlo vuelta y tratar de despertarlo pero llevándose una sorpresa única.

Riendo, apenas y pudiendo creer que Sakura fuera tan inocente para pensar que un Orbak lo lastimaría por arrojarlo de su lomo o que podría arrojarlo siquiera, ¿Acaso olvidaba que era Jinete desde su más temprana infancia? Sasuke no dejo de burlarse de ella que en vano trató de golpearlo ante su broma de muy mal gusto, ¿Qué habría hecho ella si realmente se hubiera lastimado?, ¿Le tenía tan poca consideración? Forcejeando uno contra el otro, Sakura intentando golpearlo y Sasuke tratando de impedírselo, ambos rodaron sobre la hierba luchando el uno contra el otro hasta que la pelirosa logró quedar encima del Uchiha, a horcajadas sobre su regazo y apoyando su peso en sus brazos, dirigiéndole una luminosa sonrisa que hizo que Sasuke creyera haber muerto y llegado al cielo, ¿No eran acaso los ángeles lo seres más hermosos de la creación? Para él Sakura era todo eso y más, era perfecta. La Haruno desvaneció lentamente su sonrisa al notar la presión de su cuerpo contra el del Uchiha y que sin embargo no dejo de observarla, y de la misma forma en que había ocurrido en el balcón de Varykino, Sakura deslizó sus manos sobre la hierba para apoyarlas sobre el pecho de Sasuke y se recostó lentamente sobre él que ni siquiera se atrevió a moverse por temor a romper con tan maravilloso momento, que se sentía tan perfecto y absolutamente único, no quería ser responsable de semejante error.

Sin pedir permiso del otro pues hasta sentían que no hacía falta, Sakura inclinó su rostro sobre el de Sasuke, rozando su nariz contra la suya y encontrando suavemente sus labios, era un beso más inocente en comparación con el que habían compartido en la terraza días atrás, más similar a su primer beso pero que lentamente fue subiendo de tono, haciendo que ambos perdieran toda consciencia de sí mismos y enfocándose enteramente el uno en el otro, porque nada más importaba. En medio del beso, Sasuke deslizó sus manos a través de la tela del vestido de Sakura hacia su espalda y luego a sus caderas que por simple inercia se movieron contras las suyas haciéndolos gemir a ambos en medio del beso y haciendo que la situación subiera más de tono sin que ninguno de los dos pudiera o quisiera evitarlo. Sorprendida por el giro que estaban tomando los acontecimientos, Sakura jadeó de sorpresa y placer entremezclados ante el roce de su cuerpo contra el del Uchiha, pero no se atrevió a decirle a Sasuke que se detuviera sino que ella misma movió su cuerpo contra el suyo en busca de fricción, lo que solo aumento su placer y de él, ¿Cómo hacerlo si nunca había sentido que algo se sintiera tan malditamente bien? Sasuke gimió roncamente y cerró los ojos, recordando el sueño que había tenido con Sakura antes de su misión a Ansion y en que la había besado buscando algo sin saber muy bien que era eso exactamente.

Pero ahora lo sabía, sujetando las caderas de Sakura y marcando el acompasado ritmo del roce de su cuerpo contra el de ella; llevaba ocho años con la Orden Jedi y no teniendo claro qué camino seguir, pero ahora entendía que solo encontraría la paz con ella, no existía futuro posible para él en que ella no estuviera, y sabía que no soportaría mucho tiempo callando sus sentimientos, tenía que decirle lo que realmente sentía, ¿Pero cómo hacerlo correctamente? A medida que pasaban los segundos y el roce del uno contra el otro no hacía más que volverlos más sensibles uno contra el otro, ambos jadeaban, gemían y gruñían en medio del beso, sintiendo la tensión aumentar exponencialmente ante cada roce pero sin atreverse a invadir más el espacio del otro, rompiendo ocasionalmente el beso para pegar sus frentes a la del otro pero solo para volver a unirse con sus respiraciones cada vez más agitadas y pesadas. Sería tonto por parte de Sakura decir que no tenía idea de lo que estaba pasando, era mayor que Sasuke y tenía algo—algo, no completa del todo pero si—de experiencia en comparación con el Uchiha, pero nunca había experimentado nada como lo que su cuerpo sentía en ese momento, nunca había imaginado compartir aquella pasión y vorágine con Sasuke pero tampoco habría deseado experimentarla con nadie más.

Por su parte, Sasuke trato de frenar lo más posible la cúspide del placer que estaba sintiendo porque, ¿Era correcto? Sí, Sakura le resultaba irresistiblemente hermosa y estaba locamente enamorado de ella pero nunca había tratado de asociar ningún aspecto de su persona con aquel tipo de intimidad, hasta ahora y temía estar cruzando la línea de lo impropio para ofender a Sakura sin desearlo, pero tampoco podía evitar pensar en ella de esa forma. En medio de estos pensamientos, Sasuke sintió a Sakura tensarse encima suyo y sujetarse firmemente de sus hombros mientras gemía contra el costado de su cuello, y envolviendo sus brazos alrededor de la estrecha cintura de ella, Sasuke no pudo evitar compartir su sentir, alcanzando la misma cumbre de placer que ella acababa de experimentar con solo el roce de su cuerpo; sentirla experimentar placer le daba placer a él. Respirando agitadamente pero recuperando lentamente el control, volviendo a apoyar sus manos a cada lado del rostro de Sasuke, Sakura encontró su mirada con la suya pero aunque entreabrió los labios y deseó decirle al Uchiha que lo que acababa de pasar era un error como el beso que habían compartido anteriormente, nada salió de su boca, y aunque el propio Sasuke supiera que estaba mal seguir sus impulsos y desearla aún más a cada momento, estaban jugando un juego que se volvía más peligroso a cada momento y ambos lo sabían.

Ambos lo estaban haciendo muy difícil.


En compañía de la señorita Fuka Asakawa, el Maestro Jedi Kakashi Hatake recorrió los pasillos de la enorme ciudadela de Tipoca hasta el apartamento o residencia que era propiedad de Isshiki Kara, el cazarrecompensas que era objeto de su investigación aunque quizás ya lo sabía. Tras días de revisar minuciosamente a los soldados que integrarían las legiones o destacamentos que servirían a la República, Kakashi se encontraría con la verdadera razón que lo había traído a este planeta, y esa razón estaba del otro lado de la puerta a la que se detuvieron y llamaron. La señorita Fuka a su lado portaba un sencillo vestido lila que pasaba desapercibido bajo una chaqueta superior de tafetán violeta estampado en intrincados bordados que parecían replicar un emblema desconocido para él en un tono más oscuro y brillante, de escote en V y cerrado hasta la altura del vientre donde se abría en A, con mangas acampanadas que llegaban a cubrirle las manos y su largo cabello rojo caía sobre sus hombros peinado por una diadema plateada en forma de cintillo que dejaba caer sobre su frente un cristal rojo a juego con unos largos pendientes. Kakashi se encontraba sumergido en sus pensamientos cuando la puerta corrediza que cerraba el apartamento se abrió revelando a un niño de diez años, una copia de Isshiki Kara como los clones que había visto hasta ahora, solo que este era muy diferente a los demás.

—Jigen— saludó Fuka con familiaridad. —¿Está tu padre en casa?— preguntó educadamente.

—Sí —dijo el niño tras observar atentamente al Maestro Jedi de pie junto a la kaminiana.

—¿Podemos verlo?— consultó la pelirroja, no queriendo importunarlos.

—Claro— respondió Jigen esta vez, haciéndose a un lado para que pudieran pasar y siguiéndolos hacia el interior del apartamento. —¡Papá, Fuka está aquí!— gritó acostumbrado a comunicarse de esa forma con su progenitor.

Escuchando como la puerta se cerraba tras de sí, Kakashi siguió los pasos de la señorita Fuka hacia la sala del apartamento, sintiendo curiosidad o ironía ante el título que el niño usaba para referirse al cazarrecompensas pues era su clon y no su hijo realmente, por lo que podía inferir que había una relación personal entre ambos y a lo que él tomó nota en un intento por entender el motivo de Isshiki Kara para solicitar una réplica exacta de él mismo. De una de las habitaciones del apartamento apareció el hombre conocido como Isshiki Kara, era fácil de reconocer por su parecido con los clones que él había visto pero era ligeramente mayor, con el rostro marcado por el paso del tiempo, con rasgos toscos y cabello negro recortado, imponente y con la misma altura que Kakashi, vestía pantalones negros azulados, botas gris pétreo y una holgada camisa azul de cuello en V y mangas ligeramente arremangadas hasta los codos pero que acomodó para que le cubrieran los brazos, solo que Kakashi pudo reconocer los tatuajes que llevaba en los antebrazos; era un mandaloriano, pero sí lo era realmente seguía de forma deplorable los ideales de tan nobles guerreros, enemigos de los Jedi desde hacía siglos. Ambos hombres se observaron el uno al otro como dos leones, estudiándose y con sospecha, tensos y Kakashi en particular supo identificar de inmediato que el hombre delante de él era peligroso.

—Es bueno verte, Isshiki— sonrió Fuka habiendo sido notificada de su regreso al planeta. —¿Fue productivo tu viaje?— inquirió siempre cordial e inquisitiva.

—Bastante —comentó el mandaloriano casualmente y sin apartar la mirada del Jedi.

—Esplendido— asintió la pelirroja, satisfecha con su escueta respuesta. —Este es el Maestro Jedi Kakashi Hatake— presentó volviéndose hacia el Jedi a su diestra, —ha venido a inspeccionar nuestras unidades— mencionó teniendo al mandaloriano muy al tanto de todo lo que se hacía con su ADN.

—Es un placer— saludó Isshiki, bajando la mirada en señal de aparente respeto.

—Sus clones son asombrosos, debe estar muy orgulloso— comentó Kakashi sonriendo ligeramente bajo su máscara aunque solo por las apariencias.

—Solo soy un hombre humilde que se busca la vida en el universo— minimizó el Kara encogiéndose de hombros con aparente sencillez.

Humildad, pensó Kakashi conteniéndose para no comentarlo en voz alta y con marcado sarcasmo…la mayoría de los mandalorianos eran tan diferentes de su amada Koyuki Kasahana, la Duquesa de Mandalore y cuyos ideales pacifistas intentaban liberar al planeta de su herencia guerrera para traer dialogo, diplomacia y equidad a su sociedad, lo que Kakashi respetaba y admiraba profundamente pero desde la distancia sabía que Koyuki no tenía un trabajo fácil pues los mandalorianos creían que abandonar su herencia guerrera implicaba ir contra sus tradiciones y se resistían a los cambios que ella trataba de introducir en su mundo. El Hatake sonrió bajo su máscara al confirmar que el hombre delante de él era un mandaloriano, ¿Cómo lo sabía? Desde su lugar podía ver una armadura corporal completa tras el sofá, era de color plateada con detalles azules con un casco en forma de balde que cubría completamente la cabeza, como la mayoría de las armaduras mandalorianas, además de poseer el mismo estilo disponía de un aerocohete y que era un arma capaz de disparar el dardo tóxico que había traído al Hatake a Kamino. Claro que Kakashi no dio a entender que ello hubiera llamado su atención, aparentando que no ocurría nada.

—¿No lo somos todos?— repuso Kakashi sin apartar la mirada de él, sabiendo que no podía confiar en su palabra. —Dígame, ¿Alguna vez se ha buscado la vida en el interior de Coruscant?— preguntó, investigando aquello que lo había traído a Kamino.

—Una o dos veces— contestó Isshiki vagamente, no teniendo porque dar detalles.

—¿Hace poco?— inquirió esta vez el peligris, tensando su voz para dejar claro que eso era un interrogatorio.

—Es posible— aceptó el Kara, entendiendo el rumbo que estaba tomando el Jedi.

—Entonces debe conocer al Maestro Hiruzen Sarutobi— comentó el Hatake, calibrando la reacción del hombre ante él.

—¿El Maestro qué?— preguntó el mandaloriano, extrañado o eso aparento.

—Hiruzen Sarutobi— repitió Kakashi con un tono neutral. —¿No es el Jedi que lo contrató para este trabajo?— eso es lo que le habían dicho después de todo.

—Nunca oí hablar de él— replicó Isshiki, sinceramente ya que Kakashi no pudo detectar lo contrario. —Me contrató un hombre llamado Momoshiki en una de las lunas de Bogden— explicó para que no hubiera dudas al respecto.

—Curioso…— murmuró el peligris y más para sí que para el cazarrecompensas.

Realmente curioso ya que los propios kaminianos—más específicamente el Primer Ministro Fudo Imaruoka y su asistente presente a su lado, Fuka Asakawa—afirmaban que el fallecido Maestro Jedi Hiruzen Sarutobi habría seleccionado a Isshiki Otsutsuki personalmente como modelo para la creación del ejercito de clones, no era un asunto menor, mas lo que Isshiki le estaba diciendo contradecía todo ello, ¿Había sido contratado en las lunas de Bogden por un hombre llamado Momoshiki? Curioso nombre además, provenía del lenguaje de los Sith y nuevamente hizo que Kakashi se formulara una pregunta; ¿Qué tan extendido estaba todo esto?, ¿Quién realmente deseaba ver muerta a la Senadora Haruno? Cada pista parecía llevarlo a algo más cada vez, y Kakashi en lo personal empezaba a hartarse, deseaba obtener la respuesta definitiva y ya. Pero poniendo en práctica el mismo estoicismo que le había inculcado a Sasuke, Kakashi eligió no hacer preguntas a la señorita Fuka y no dio a demostrar sus pensamientos en absoluto sino que en todo momento sostuvo la mirada a Isshiki Kara quien hizo igual, dando un paso al frente para estar más cerca suyo en un movimiento perfectamente normal para cualquiera que lo viera de buenas a primeras, pero el Hatake sabía que ese simple gesto era una amenaza y un intento por adivinar sus intenciones, en sujetos de su clase no podía significar otra cosa.

—¿Le gusta su ejército?— preguntó Isshiki, cambiando de tema y guardando las apariencias en presencia de Fuka.

—Estoy impaciente por verlos en acción— asintió Kakashi y no mentía al afirmarlo.

—Harán su trabajo, se lo garantizo— aseveró el Kara, pues eran una copia suya en casi todos los aspectos.

—Gracias por su tiempo, Isshiki— repuso el Hatake, sonriendo bajo su máscara pero solo por educación.

—Siempre es un placer conocer a un Jedi— respondió el mandaloriano aunque como una bien disimulada amenaza.

Asintiendo en silencio, como si apreciara aquella frase para terminar su primer encuentro, Kakashi se volvió hacia la señorita Fuka que amablemente lo acompañó fuera de la habitación como su guía en la enorme ciudad kaminiana; los Jedi no eran seres inmortales, la muerte era pan de cada día en su orden que lentamente—dependiendo como se mirara, por supuesto—comenzaba a menguar con pérdidas significativas de Jedi poderosos que o habían desertado o estaban muertos, e Isshiki pareció recalcárselo a propósito o así lo sintió Kakashi. Resultaba evidente para el Hatake que Isshiki Kara era un hombre peligroso, astuto y lleno de recursos—un cazarrecompensas siempre tenía contactos y estos pertenecían al mundo criminal por lo que había que mantenerse lejos de sus círculos—, y probablemente mejor que muchos con un arma en la mano. Kakashi agradeció cuando la puerta corrediza se abrió para dejarlo abandonar la habitación y se cerró tras de sí cuando la señorita Fuka abandonó el apartamento un paso tras él; su deber por ahora no era hacer inferencias más allá de toda duda razonable sino que informar al Consejo Jedi todo lo que había descubierto partiendo por el ejército de clones y que no causaría menor asombro. ¿Era Isshiki Kara el asesino que estaban buscando? Sus instintos le decían que si…


Tan pronto como la puerta se cerró con un ligero silbido, Isshiki dejo libre un sonoro suspiro, sosteniéndose el mentón con la mano derecha y volviéndose hacia los ventanales de la sala, todo bajo la atenta mirada de su hijo Jigen quien se mantuvo sereno mientras seguía el andar de su padre—comparable al de un león enjaulado—alrededor de la sala. Isshiki sabía que había sido descuidado, había confiado demasiado en la amable e infranqueable hospitalidad de los kaminianos, no había escondido su armadura en su habitación o donde no fuera visible a los ojos de cualquiera, pero en ese momento y apoyada contra la parte trasera del sofá era un objetivo obvio para cualquiera que se presentase ahí por primera vez o incluso si ya había estado ahí antes. ¡Diablos! Maldijo Isshiki, tratando de pensar en una forma de escape, en algo que pudiera salvarlos a su hijo y él de cualquier molesto enredo, porque la presencia de un Jedi en Kamino no podía significar otra cosa, lo reconocía y sabía que ese mismo Jedi había estado presente cuando le había disparado el dardo toxico a Alfa, y al ver su armadura ese Jedi conocido como Kakashi Hatake seguramente había llegado a la conclusión de que se trataba de la misma persona. Solo había una salida y para ello tendrían que abandonar su hasta ahora acomodado estilo de vida.

—¿Qué pasa, papá?— curioseo Jigen ante el tenso silencio que se había formado.

—Empaca tus cosas, nos iremos— ordenó Isshiki únicamente, pero su hijo no se movió de su lugar sino que pensó en replicar. —Ahora— insistió y sin pensar en escucharlo.

Sabiendo que no conseguiría nada discutiendo con su padre—pues sería como pelear consigo mismo, literalmente—, Jigen simplemente asintió y gruñendo por lo bajo se dirigió velozmente hacia su habitación para hacer su equipaje y pronto sintió que su padre hacia igual, ¿Por qué? Jigen se lo preguntó a cada momento y sin poder hallar una respuesta mientras buscaba sus posesiones valiosas en su habitación y las guardaba una tras otra en un morral, le importaban más los recuerdos que la ropa u otros bienes. De igual manera que su hijo, Isshiki abrió una valija sobre la cama de su habitación y metió dentro la mayor cantidad de cosas preciadas por él además de la ropa suficiente que pudiera necesitar; no por primera vez Isshiki se cuestionó el aceptar la misión encomendada por Momoshiki Otsutsuki y la Federación de Comercio de acabar con la vida de la influyente Senadora Sakura Haruno de Naboo, y maldijo su capacidad para ver cualquier encomienda de asesinato como un trabajo normal y ya—una oferta demasiado lucrativa como para rechazarla—, pero ese era su estilo de vida y no podía cambiarlo a esas alturas, el camino así es, se dijo mentalmente recordando el credo mandaloriano. A entender del cazarrecompensas mandaloriano el contrato había llegado a un punto de inflexión pues para Isshiki el límite era el bienestar de su hijo, y no permitiría que se convirtiera en el objetivo de ataque de nadie.

Necesitaba explicaciones de sus superiores.


De forma muy similar a como había ocurrido tras el beso en la terraza días atrás, a aquel picnic subido de tono le siguió un tenso silencio si así podía definirse, Sasuke y Sakura no tenían muy claro cómo actuar o tratarse el uno hacia el otro pero esta vez ambos dejaron que la tensión flotara en el ambiente, no pudiendo alejarse y tratando de actuar con "normalidad" entre sí a medida que pasaban los días como esta tarde y en que disfrutaron de una amena charla sentados uno frente al otro en la sala de la hermosa residencia. Sakura portaba un vestido compuesto por un estrecho corsé negro de escote cuadrado ligeramente bajo y que continuaba en una falda de seda negra de tipo sirena con elegantes drapeados plateados, con largos guantes sin dedos y que disponía además de un largo collar de cuentas ónix que caía hasta la altura de su vientre; era un vestido que Sakura nunca había usado, obsequio de su hermana Yuna cuando había cumplido dieciocho y no recordaba haberlo empacado por lo que si estaba en su equipaje era obra de Matsuri, pero extrañamente Sakura decidió usarlo para la cena de esa noche pese a la voz de alarma en su cabeza, y no queriendo dar un mensaje inapropiado uso encima un chal de plumas negras que dejaba expuesto sus hombros, con su largo cabello rosado recogido en una trenza que caía tras sus espalda y usaba una diadema metálica de dos bandas que cubría su frente.

Haciendo a un lado su incomodidad o sus silenciosos deseos de matar a su hermana y a su amiga Matsuri por empacar ese vestido—y regañándose a sí misma por usarlo, aunque no se mostraba muy arrepentida que digamos—, Sakura escuchó atentamente a Sasuke, absolutamente fascinada por el don que él tenía para la narración ya que podía imaginarse fácilmente todo lo que le estaba relatando, historias que le había contado en sus cartas pero que cobraban vida a través de su voz. Tratando por su parte de no lucir demasiado embelesado, creyendo que Sakura no hacía sino volverse aún más hermosa cada vez que la veía—de alguna forma cada vestido, ropa o penda que usaba la hacía ver más bella—, Sasuke frenó su impulso de hablar sobre lo que había ocurrido en la pradera durante el picnic días atrás, deseando poder decirle lo que sentía por ella y saber si Sakura le correspondía…pero cada vez que quería formular aquella pregunta decidía continuar con su relato, demasiado nervioso y temiendo ser rechazado. Sumergidos en su propia conversación, con el Padawan Jedi contándole a la bella Senadora algunas de sus aventuras o desventuras entrenando y viajando con Kakashi, Sasuke y Sakura no pudiendo evitar sorprenderse cuando Nyoko y Tami—doncellas y amigas de la pelirosa, que se encargaban de administrar y cuidar la residencia—ingresaron y procedieron a servir la mesa y sus platos.

—Cuando nos vimos rodeados entramos en "negociaciones hostiles"— agregó Sasuke, volviendo la mirada hacia Nyoko. —Gracias— apreció, ante lo que la pelicastaña asintió antes de proceder a retirarse junto a Tami.

—¿"Negociaciones hostiles"?— repitió Sakura, no recordando haber oído antes ese término. —¿Qué es eso?— su mente no hallaba explicación lógica a la palabra.

—Cuando los convences con el sable de luz— contestó él sonriendo irónicamente.

Para no impactar a Sakura con relatos más escabrosos o sangrientos—trabajo de Jedi, después de todo—, Sasuke minimizó lo que realmente quería decir "negociaciones hostiles", sabía que Sakura era una mujer que sabía de la guerra pese a ser una pacifista y no tenía por qué tener cuidado con su forma de hablar pues además por la diferencia de edad ente ambos era seguro que no habían mucha cosas que pudieran sorprenderla, pero si estaban en Naboo era para alejarse de los problemas bélicos y tratar de hacer de su estadía la más amena posible, al menos él trataría de hacerlo o no provocar ningún roce emocional que pudiera desatar una confrontación, en el mejor de los sentidos. Mordiéndose el labio inferior para no reír sonoramente ante la implicancia de aquel termino, Sakura solo negó en silencio para sí mientras observaba a Sasuke, divertida por imaginar a su tan serio y arrogante amigo en una de esas historias que le relataba, salvando a Kakashi o el Hatake salvándolo a él en ese tira y afloja de contabilidad amistosas que tenían según decía. Bajando la mirada, Sakura estudio el postre ante ella; pastel de shuura, su favorito, y junto a su plato yacía un cuenco con una manzana fresca que decidió partir primero pero, para su confusión y sorpresa, tan pronto movió su mano hacia la manzana, esta lentamente se elevó y floto delante de ella para comenzar a alejarse en dirección al Uchiha.

—Oye, eso es mío— regañó Sakura, tratando de mantenerse seria y conteniéndose para no reír ante su actitud.

—Espera— sosegó Sasuke encontrando su mirada con la suya. —Si Kakashi me viera haciendo esto, se molestaría mucho— admitió aunque no parecía muy arrepentido.

Usando la Fuerza, Sasuke hizo que la manzana flotara en el aire hasta aterrizar apenas y emitiendo un sonido en su plato, ante lo que el Uchiha procedió a pelarla para incredulidad de Sakura quien se golpeó mentalmente la frente, ¿No debería haber supuesto que Sasuke haría algo así si hasta ahora no había hecho sino comportarse como todo un caballero con ella y todos a quienes conocía? Esa virtud ya era suya desde la primera vez que lo había conocido pero aparentemente su tiempo con los Jedi no había hecho sino pulir sus modales lo que a punto estuvo de hacerla sonrojar porque nunca nadie había sido tan atento con ella antes. Tras pelar y partir la manzana, Sasuke hizo que uno de los trozos flotara lentamente hacia Sakura quien sin dejar de sonreír y muy impresionada alzó su tenedor para atrapar el trozo de fruta, llevándoselo a los labios y tratando de no apartar su mirada de la del Uchiha. La Fuerza no debe usarse por motivaciones personales, Sasuke recordó las palabras que Kakashi y los propios Maestros Onoki y A le habían dicho desde que se había unido a la orden pero en ese momento y observando la angelical sonrisa de Sakura decidió que estaban equivocados, además no estaba usando su conexión con la Fuerza por razones egoístas sino que solo para hacer sonreír a la hermosa mujer que tenía delante, porque su sola presencia le daba la serenidad que tanto necesitaba…


La cena había proseguido amenamente y con ambos continuando su conversación, hablando sobre todo lo que habían vivido durante sus ocho años separados, lo que habían aprendido, aquello que los había impresionado y por último la opinión que tenían el uno del otro ahora porque no podían olvidar que ya no eran ningunos niños sino que un hombre y una mujer en toda regla, que sentían mucha atracción el uno por el otro cabe mencionar. Recordándose conscientemente que debía respirar, Sakura agradeció cuando Sasuke movió su silla y le tendió la mano para levantarse, luego se dirigieron hacia el pequeño balcón aledaño a la sala y desde donde podía verse el lago por completo así como la magnífica puesta de sol—un cuadro bastante romántico, aunque sin saberlo ambos trataron de no pensar en ello—, y cuando el sol hubo desaparecido en el horizonte, ambos decidieron que era momento de retirarse a sus habitaciones, juntos pues literalmente estas se encontraban una frente a la otra. Caminando a solas por el pasillo iluminado tenuemente en lo alto por las luces solares, Sasuke y Sakura se observaron por el rabillo del ojo al detenerse frente a las puertas de sus habitaciones y voltear a verse, sintiendo como la tensión existente hasta entonces no hacía sino crecer, ¿Pero qué era exactamente lo que debían hacer en base a ello?, ¿Qué se suponía que dijeran? Sasuke en particular se sintió como un tonto.

—Fue un día maravilloso— apreció Sakura, tratando de no concentrarse en el momento presente pero le fue muy difícil, —espero que mañana sea igual— agregó, siempre feliz de poder tenerlo cerca y poder pasar días enteros juntos.

—También yo— asintió Sasuke, ligeramente nervioso pero esforzándose por mantener una conversación fluida.

—Buenas noches— eligió despedirse la pelirosa, deseando pedirle al Uchiha que la besara pero sabiendo que era una completa locura.

Deberían haberse despedido ahí y seguir con la noche de forma calmada para verse a la mañana siguiente pero eso no sucedió sino que sintiendo la tensión en el ambiente y en cosa de segundos ambos se encontraron en un apasionado beso que los sorprendió por la naturalidad con que ocurrió, como dos imanes que acercaban de forma inevitable. Jadeando a causa de la misma sorpresa, Sakura entreabrió los labios, lo que se convirtió en la oportunidad perfecta para Sasuke de profundizar el beso, encontrando su legua con la suya y ante lo que la pelirosa desestimó completamente de lo que fuera correcto o no, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Sasuke y olvidándose de respirar en el proceso. Rompiendo el beso para recuperar el aliento, el Uchiha deslizó sus labios por el costado del cuello de Sakura quien se arqueó contra él, deslizando sus manos para delinear su estrecha cintura y acercar sus caderas hacia las suyas haciendo que el contacto entre ambos no hiciera más que aumentar a cada momento... echando la cabeza hacia atrás, sintiendo la pared a su espalda, Sakura se mordió el labio inferior al sentir los labios de Sasuke contra sus hombros, pero entonces se recordó el peso de aquello que estaban haciendo, por lo que trato de romper el contacto. En ese momento Sasuke acercó su rostro hacia el suyo, precisamente para un nuevo beso y ante lo que ella tuvo que apartar la mirada.

—Sasuke…— suspiró la Haruno como reprimenda, tratando de pensar con cordura.

—Desde la primera que te vi, hace todos esos años…no he podido dejar de pensar en ti ni un solo segundo— confesó el Uchiha, cansado de callar lo que sentía, —y ahora que estamos juntos…cuanto más cerca estoy de ti, peor me siento, me es un tormento pensar que no puedo estar contigo— lo estaba matando imaginar que podían volver a separarse y no verse otra vez. —Me tortura ese beso que nunca debí darte, y mi corazón late con la esperanza de que no se convierta en cicatriz— Sakura encontró su mirada con la suya, ambos a escasos centímetros el distancia el uno del otro. —Si sufres como yo, por favor, dímelo— así ambos podrían actuar en consecuencia.

—No importa lo que yo sienta— contrarió Sakura, no pudiendo pensar en si misma ni en lo que su corazón tanto deseaba —no puede haber nada entre nosotros, Sasuke, no es posible— trató de convencerse a sí misma de ello.

—Claro que es posible, Sakura…— replicó Sasuke, sosteniendo sus manos y aproximando su rostro al de ella.

—No, escúchame— acalló la pelirosa, apartando sus manos de las suyas, —vivimos en un mundo real y tienes que volver a él— ambos debían hacerlo pero él en especial. —Tú vas a ser un Jedi y yo soy una Senadora, no importa lo que sintamos el uno por el otro, no llegaríamos a nada, no es posible— las realidades de que formaban parte tarde o temprano los separarían y destruirían a ambos, lo sabía.

—Entonces sientes algo por mí— concluyó el azabache pues eso le daban a entender sus palabras.

—Eso no viene al caso— protestó ella, no pudiendo darle esperanzas cuando ni podía dárselas a sí misma. —No dejaré que abandones tu futuro por mí, no vale la pena— no sentía ser tan importante para pedirle semejante cosa. —No podría vivir conmigo misma si te alejaras de todo por mí— se lo reprocharía toda la vida de hacerlo.

Llevaba bastante tiempo tratando de hacerse a la idea de ello, inicialmente no había podido dejar de pensar en ese primer beso que Sasuke y ella habían compartido hacía ocho años, luego con el paso del tiempo no había podido dejar de pensar en ello hasta que al comenzar su segundo mandato como reina había comprendido que se estaba enamorando de él y ya para el momento de asumir como Senadora tenía claro que lo amaba, hacía meses atrás pero que lo amara no significaba que necesitara que él le correspondiera, además él era un Jedi talentoso como ningún otro, el Elegido de la Fuerza, ¿Qué derecho tenía ella de desear que tuvieran algo si él tenía tan glorioso futuro por delante? Sería demasiado arriesgado y sería una relación que para bien o para mal no tendría futuro. Pero Sasuke no veía las cosas desde esa perspectiva, por poco y sintió que su corazón se detenía pues a pesar de su negativa a intentar que surgiera lo que surgiera entre ambos, Sakura no había dicho en ningún momento que no sintiera lo mismo que él pero—para su frustración—tampoco lo había afirmado, todo porque él como Jedi estaba incapacitado para formar una relación romántica con alguien, ¿Y qué si era así? Estaba dispuesto a ir contra el Código Jedi, estaba dispuesto a ir contra la Orden y abandonarlo todo si Sakura así se lo pedía, porque solo estando con ella se sentía en paz, sentía que no tenía que fingir y podía ser él mismo.

—Me estas pidiendo que sea racional, y sé que eso es algo que no puedo hacer— replicó Sasuke, muy seguro de lo que sentía y sabiendo que no podría callarlo. —El código Jedi establece que no podemos enamorarnos o formar apegos emocionales, pero yo ya lo hice desde la primera vez que te vi, no puedo no sentir— la amaba desde antes de ser un Jedi, llevaba años entendiendo eso. —Créeme, me gustaría poder desintegrar mis sentimientos, pero no puedo, negar lo que siento por ti solo me hace sentir miserable— no podía callar a su corazón. —Esto no tiene por qué ser así, Sakura, podemos vernos en secreto— sugirió, intentando buscar una salida para ambos.

—¿Cómo si fuera tu amante?, ¿Es así como me ves?— Sakura se sintió herida por esa idea. Sasuke le dio la espalda y enterró el rostro entre sus manos, no quería ofenderla pero no tenía idea de que hacer, solo deseaba estar con ella. —¿En verdad eres tan ingenuo para creer que será tan fácil mantener el secreto? Mire por donde se mire, estaríamos viviendo un engaño que se descubriría tarde o temprano— ser amantes sería peor para ambos. —No, Sasuke, tú te mereces más que eso, te mereces amar a alguien y poder demostrarlo— el primer amor debía ser libre, honesto. —No cederé a esto, Sasuke, lo haré por ambos y espero que tú también lo hagas— declaró inamovible en su postura. —Buenas noches— espetó sin esperar respuesta.

Tan rápidamente como le fue posible, Sakura abrió la puerta de su habitación a su espalda y la cerró velozmente tras de sí, apoyándose en ella en el proceso e inhalando aire profundamente para tratar de calmarse y no romper en llanto. No quería olvidar el primer beso que Sasuke le había robado, quería estar con él, volver a rodar por la hierba como días atrás en el picnic, volver a corresponder a un beso suyo como en la terraza y esta vez quería decirle que lo amaba, quería ser egoísta y corresponder a su amor...pero no era posible, como Jedi él nunca podría corresponder plenamente a su amor o nunca sería más que una aventura, nunca podrían formar una vida juntos ni nada, y si lo mantenían en secreto eso crearía un escándalo para sus reputaciones cuando se descubriera, era imposible que existiera algo entre ambos sin importar cuanto lo quisieran. Fuera de la habitación, apoyando su espalda contra la pared tras de sí, Sasuke suspiró pesadamente y sintiéndose como un tonto, no podía pedirle a Sakura que viviera una mentira por él, ella era demasiado importante y preciada en su vida como para pedírselo, además ¿Qué podía ofrecerle? Ni siquiera era un Jedi aun, solo un Padawan...ya sea que su corazón lo entendiera o no, respetaría su decisión y se mantendría alejado de ella por el bien de ambos pero en especial el suyo, la amaría desde lejos sin importar que su corazón sufriera por ello.

Si la amaba se contentaría con ello.


PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo :3 como siempre agradezco su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 las próximas actualizaciones serán "Queen: The Show Must Go On", seguidamente "El Clan Uchiha" y por último nuevamente "Kóraka: El Desafío de Eros" lo prometo :3esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a carlos29 (agradeciendo sus palabras y poder contar con su aprobación), a "ktdestiny" (agradeciendo su apoyo y dedicándole cada capitulo), a Guest, (agradeciendo sus palabras y aportes, como los de todos), a SASUSAKU is canon (agradeciendo su apoyo a esta historia y dedicándole la misma, esperando que todos los futuros acontecimientos sean de su agrado), y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes:

-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader -Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie

-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi -Onoki como Yoda -Naruto Uzumaki como R2D2 -Maito Gai como R4-P17

-Hiruzen Sarutobi como Sifo Dyas -Fuka Asakawa como Taun We -Fudo Imaruoka como Lama Su

-Isshiki Kara como Jango Fett -Jigen Kara como Boba Fett -Tami como Teckla -Nyoko como Nandi

Cambios & Reinterpretación: el cambio más significativo que implemente en este fic, en relación a otros fue pulir muchos de los diálogos originales creados por George Lucas basándome en la novela del episodio II "El Ataque de los Clones", no significa que haya reescrito todo porque no es así, sino que les di unos ligeros retoques, en especial en las escenas de Kakashi y añadiendo pensamientos sobre su lejano amor la Duquesa de Mandalore Koyuki Kasahana que aparecerá en el arco de "La Guerra de los Clones". En cuanto se refiere a reinterpretación, esto lo aplique en las escenas de Sasuke y Sakura, modificando parte de los diálogos de la escena del picnic y añadiendo una escena bastante subida de todo inspirándome en los muchos fics que hay sobre esa escena aunque estos son más explícitos al respecto. Volví también a modificar parte de los diálogos sobre la escena de la confesión de Sasuke a Sakura, restando parte del aire shakespiriano que había originalmente en la escena entre Anakin y Padme. En cuanto a los vestuarios, mantuve los mismos que parecen en Star Wars Episodio II, solo que en el vestido del picnic que lleva Sakura elimine los rodetes en el cabello y en el vestido negro de la cena, mantuve el abrigo de plumas porque le da un aire más sofisticado y elegante.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3