Capítulo 10
Pasaron dos semanas desde que su hermana había dado a luz a una hermosa y sana niña, para asombro de su mamá, Kikyo y su marido decidieron llamarla igual que su madre, algo que sin duda la marquesa viuda no paraba de gozo.
A pesar de que aún no discutía con Inuyasha sobre la fecha de la boda, tanto Irasue como Megan la llevaron con la modista para tomarle medidas y que de una vez comenzara a confección el vestido. Según la duquesa, cuanto antes mejor.
Habían llegado a tiempo, pero poco a poco se le fue acumulando su clientela, a tal grado de únicamente aceptar a cuatro señoritas con sus respectivas madres. El resto de las señoras observaba desde el fondo de la salita como tomaban medidas a sus hijas.
Kagome se sentía incomoda, únicamente estaba expuesta con un corsé y una crinolina. Aunque madame Bernadette sabía perfectamente las medidas de cada cliente, siempre había una que o bien, podría perder peso o ganarlo.
Pero las tres señoritas que tenía a su lado la miraban con suma envidia. Ella se permitió darles un vistazo, dos rubias y una pelirroja.
— Es demasiado delgada ¿No creen? – susurró la pelirroja – Se rumora que habla francés con mucha fluides ¿Será verdad?
Kagome se mordió el labio ante aquel estúpido comentario. Desde luego que, si lo hacía, pero no les iba a dar una demostración. Esa pelirroja comenzaba a desagradarle en todos los niveles de su existencia.
— Además es demasiado vieja como para que su madre la tenga como debutante. Debería hacerse a un lado y darle la oportunidad a las más jóvenes que nosotras, que, en cambio, nos hemos preparado toda la vida. No sé qué vio el duque de Lexington en ella. Es una dama muy simple.
Los rumores de la próxima boda entre ella y el duque habían corrido como pólvora. Cuando pasaba por las calles acompañada de su familia, la sociedad no dejaba de verla como la joven que cometió el desliz antes de su debut en sociedad.
— Se hubiera quedado en Francia – arremetió la dama rubia de en medio – Esta temporada tenía expectativas altas de atrapar a ese lord.
Esos murmuras llegaron a oídos de la marquesa viuda, quien dispuesta defender a su hija se levantó de su asiento para ir a su encuentro, pero la duquesa le puso un pie para evitar que lo hiciera.
— No vayas.
— ¡Están insultando a mi hija!
— Si – asintió ella – Pero toda duquesa Lexington ha sido capaz de defenderse por sí misma, de lo contrario jamás podrá cargar con el peso del título. Deja que ella lo resuelva.
Megan incluso era la más molesta, porque a pesar de que el resto de las señoritas hablaran de ese modo de su hija, el resto de las madres no hacía nada por detenerlo. Incluso fingían no escuchar absolutamente nada.
Kagome apretó los nudillos de sus dedos, no solo por el modo tan despectivo que hablaban de ella ni sobre todo cuando la miraban con aire de superioridad, como si el título de su difunto padre y hermano fuese el más bajo. Compartió una mirada con la modista y ella le regaló una sonrisa.
— ¿Puede darme unos segundos, madame Bernadette?
La modista se apartó, le obsequió una sonrisa.
— Por supuesto, milady.
Giró sobre sus talones y bajó de la tarima para detenerse delante de aquellas jovencitas. Las miró con un poco de ternura, porque sin duda eran tan ingenuas y estúpidas.
— Primer punto – observó a la pelirroja y levantó un dedo – Hablo francés mucho mejor como lo que usted sabe de tejido. – se agachó un poco más – Puedo darle clases sin ningún costo. Le haría un favor en dado caso que quiera lucirse con un Lord y no quedé en la completa ignorancia.
Si la duquesa viuda pudiera aplaudir, lo habría hecho en ese momento. Pero en cambio, tuvo que fingirla mientras tomaba té.
— Segundo punto –levantó el segundo dedo y ahora le tocaba a la rubia del otro lado – Son demasiado jóvenes, eso no me queda duda – se inclinó ante ellas – Pero podría incluso apostar que solo una de ustedes lograra comprometerse al finalizar la temporada. Mientras que la segunda esperara un poco menos de cinco temporadas. Y la tercera – miró a cada una – Bueno, quizás se quede soltera.
Las tres señoritas iban encogiéndose en sus respectivos lugares a medida que ella iba hablando. Es que era tanto su derroche de seguridad que eso las fue intimidando.
— Tercer punto y el más importante— apareció el tercer dedo e inclinó la cabeza hacia abajo para estar a la altura de esas niñas – Conozco al duque como la palma de mi mando. Incluso cuando era un bastardo. Por lo que les aseguro que odia tanto la sociedad como yo. Así que dudo mucho que les hubiera perdido matrimonio a una de ustedes.
Aquellas damas se sobresaltaron de pavor al escuchar la palabra bastardo. Kagome se puso derecha y antes de volver a su lugar para que le siguieran tomando las medidas, miró por último a las jóvenes debutantes.
— El cuarto punto viene extra – mostró el cuarto y último dedo, esbozando una sonrisa de júbilo fue como finalizó su catedra – Y va no solo para ustedes, sino para el resto. Ladies: ¡Ese duque es mío!
Tanto Megan como Irasue esbozaron una sonrisa con la sentencia final. Pero al parecer a quienes no les había agradado el modo de hablar de la futura duquesa de Lexington era al resto de madres. Estaban demasiado ofendidas ante la manera que les habló Kagome a sus hijas.
— ¿Le gusta hacer pero que no le hagan, Lady Sussex? – preguntó Megan, mientras alzaba una ceja. — Ellas comenzaron primero con los insultos hacia mi hija sin una reprimenda de su parte.
La baronesa ignoró por completo a Megan y en su lugar se dirigió a Irasue.
— No comprendo cómo pudo permitir que el duque le propusiera matrimonio a una…
— Tenga cuidad baronesa – Interrumpió la duquesa– Recuerde que está hablando de la hija y hermana de un marques, además una futura duquesa. Hay niveles y debe respetarlo, no cometa el error de creer que el título de su marido es superior al nuestro. Y si me permite mi opinión, ninguna de esas jóvenes es digna de ceder mi título de duquesa. Solo la que está en esa tarima.
Las tres madres se habían levantado al mismo tiempo que la duquesa y la marquesa.
— Para finalizar y que este mal entendido termine. Yo no le digo al duque que hacer, él es un adulto que toma sus propias decisiones. No soy su madre, soy solo la duquesa.
Indignada las madres de las tres jovencitas, tomaron a sus hijas para salir del local, azotando la puerta.
— Lo siento madame Bernadette – se disculpó la duquesa – La recompensaremos con un bono extra por este altercado.
— No se preocupe. – entonces la modista terminó a reír y miró a Kagome – No sé qué parte me dio más gracia milady. Si el darle clases de francés o el "Ladies, ese duque es mío".
Aunque claro, no iba admitir delante de sus clientes que fue muy cómico el ver tanto a madres como a hijas discutir entre ellas de ese modo.
De regreso de con la modista, la madre de Kagome invitó a la duquesa a comer con ellas, por lo que ahora iban de camino a casa. Ambas mujeres conversaban de otro tema que no fuese el de la boda. Para ellas había quedado lejos el incidente.
Kagome no había dejado de meditar sobre el altercado de esa mañana. Su reacción fue genuina y tal parece que su mente se apoderó de su boca para decir lo que pensaba en esos instantes. Le molestaba en gran medida que solo vieran a Inuyasha como un excelente partido que solo podía ofrecerles comodidad y protección, además, de prestigio por el título. Ni siquiera se tomaban la oportunidad ver al hombre que era.
¿En realidad lo consideraba como algo de ella?
Pero al ver a esas jóvenes debutantes, no dejaba de imaginarse a ella en el lugar de ellas. Probablemente se hubiese visto presionada por desempeñar un buen papel durante su debut y tal vez, conociendo su temperamento habría quedado soltera. Ahora que maduró veía las cosas desde otra perspectiva y solo podía agradecer por aquel incidente durante el baile de presentación de Kikyo. El destino jugó a su favor, porque seguramente a estas alturas estaría casada con un marido al que no amaría. Estaba agradecida porque estaría a lado del hombre que amaba.
Cuando llegaron, fueron recibidas por el mayordomo, pero él anunció que el duque estaba de visita y que esperaba a Kagome.
Las tres entraron a la salita e Inuyasha se sorprendió al ver a Irasue con ellas.
— Inuyasha – saludó la duquesa — ¡Justo a ti te queríamos ver!
Él frunció el cejo, de hecho, fue con la intención de habal en privado con su prometida, por lo que no esperaba verla a ella también. Sorprendido aún más por la forma en que lo tomaba del brazo y prácticamente lo arrastraba a un sillón, para luego indicarle a Kagome que tomara asiento a un lado él.
Inuyasha le sonrió y ella le devolvió esa sonrisa.
Ambas madres hicieron lo propio sentándose frente a ellos.
— Debemos hablar de cosas serias – empezó a decir Megan – Y me refiero con serias como elegir fecha de boda.
— El vestido ya fue mandado a confeccionarse – le explicó Irasue a Inuyasha – Pero debemos saber que fecha, cuantos invitados.
Kagome no intervino ya que no era necesario, a ella no le importaba si la boda fuese en ocho meses o en un mes. Así como no tener invitados. Después de todo, odiaba la sociedad por su mera hipocresía.
Ambas señoras se miraron una a la otra, la indignación se reflejaba en sus ojos. Se levantaron al mismo tiempo.
— ¡De ninguna manera! – dijo Irasue.
— Puedo tolerar que la boda sea en tres meses – la mirada de Megan iba de su hija a Inuyasha – Pero que no haya invitados en una boda. Eso sería completamente inaudito. No me pidan eso, porque no puedo acceder a la petición.
Kagome vio a Inuyasha y se veía completamente incomodo, era como si no supiera que decir en esos momentos. La verdad es que ambas mujeres podían resultar ser muy intimidantes. En especial la duquesa.
— Estoy de acuerdo con Inuyasha.
Buscó su mano para darle su apoyo, ambos no eran muy partidarios de la sociedad y entre menos gente acudiera o en este caso, que no acudiera ninguno sería perfecto.
Ese gesto no pasó desapercibido por él, sonrió y el pulso se aceleró con el contacto de su piel.
— Pero…
— Creo ya entendimos, hijo – interrumpió Megan a Irasue – Si es lo que desean, está bien.
Le regaló una sonrisa a su hija, pues había entendido a la perfección la indirecta. Kagome se sentiría incomoda con toda esa gente que ni siquiera conocía. Además, ya le dieron una demostración de lo que pueden llegar a ser capaz. En dos ocasiones. Una antes de su debut y la otra en casa de madame Bernadette.
— Pero yo sigo pensando que unos cuantos invitados no vendría mal – siguió protestando Irasue – Los primos lejanos.
— No son mis primos – se apresuró a decir Inuyasha – Eran de Sesshomaru. No míos.
Ahora la que entendía la indirecta era precisamente la duquesa y sin levantar más protestas, retomó su lugar en el sofá, todo en completo silencio. Inuyasha quiso reír, pues sabía lo difícil que era para ella permanecer callada.
— Ahora, si les parece ¿Puedo hablar con mi prometida? – les preguntó a ambas mujeres – En privado.
Ellas simplemente asintieron, levantándose al mismo tiempo para salir de ahí. Pero él las detuvo, sabía que si hablaban en esa salita era evidente que ambas se ocultarían en un rincón y no les darían la privacidad que él deseaba.
— No se molesten.
Inuyasha se levantó y extendió un brazo hacia Kagome, ella lo miró y sin dudarlo tomó su mano y él la ayudó a levantarse.
— Hablaremos en el jardín.
Tanto Irasue como Megan siguieron en trayecto de la pareja hasta salir por un balcón que conectaba con los jardines. De inmediato abandonaron sus asientos para observar a la pareja. La duquesa sonrió al ver como Inuyasha conducía a Kagome por jardines, estaba muy cerca de los limites apropiados.
— ¿Por qué sonríes? – le cuestionó la marquesa.
— Estoy casi segura de que después de la boda no tardaremos mucho en ser abuelas. – respondió con una sonrisa.
Aquella sonrisa de Irasue contagió a Megan. Ella ya lo era por parte de Kikyo y Miroku. Sin embargo, para la duquesa sería completamente nuevo, si tan solo su primogénito no hubiese fallecido de esa manera tan terrible, probablemente ya lo hubiera sido hace tiempo. Por lo que sin duda la más emocionada era ella.
La guio hasta una pequeña banqueta, un hermoso sauce les brindó una refrescante sombra.
— ¿Siguen observando por la ventana? – preguntó él.
Inuyasha estaba de espaldas a la casa por lo que era imposible saber si aquel par de mujeres estuviese espiando. Kagome miró más allá, en busca de alguna actividad.
— Ya no lo hacen – respondió.
— Bien.
Tomó asiento junto a ella, pero lo cierto era que no sabía cómo empezar. Había estudiado mucho lo que tenía que decirle. Incluso también tenía el propósito de formalizar con ella el compromiso. No era lo mismo hablarlo con Miroku hermano a con ella.
— Hace un buen clima ¿No crees?
Kagome observó al cielo, era un día cálido, pero aquellas pocas nubes a lo lejos podían anunciar una lluvia. Parpadeó ¿En serio le hablaba de clima? En el pasado siempre tenía algo que decir, incluso se lo demostró hace unos momentos con su madre y la duquesa.
Esbozó una sonrisa.
— ¿En serio me estas preguntando por el clima? – se mordió un poco el labio inferior para evitar reír.
— No – él negó con total franqueza – Solo que no sabía cómo iniciar la conversación.
Listo, no pudo seguirlo conteniendo, lo miró y soltó esa risa que había estado conteniendo.
No recordaba cuando fue la última vez que había escuchado su risa. Kagome ya no era la niña que corría por los jardines persiguiendo a su hermana con una tarta de cereza en mano para embarrarla, o aquella pequeña niña que se había acercado a él primer día que cruzó las puertas de Wimsey House. Si bien no tenía intenciones de sentir algo, pues en un principio solo la veía como una hermana más. No tenía pensado… no tenía pensado en enamorarse, pero era solo una niña de catorce años, él un hombre de veintidós.
Para empezar, no debía pensar de ese modo de la hija de un marques y que estuviese a punto de debutar, aunque debía admitir que en el fondo estaba feliz de que Kagome hubiese sido imprudente el día del baile de su hermana ya que eso los llevó hasta este punto de la vida.
Ahora tenía a lado suyo a una mujer que había crecido en todos los aspectos, tal vez algún día hablarían sobre esos ochos años que estuvieron lejos, después de todo, iban a tener toda una vida juntos. Y tan solo con imaginar esa vida, quiso que en ese instante pasaran de una vez esos tres meses para que ella estuviera unida a su vida de por vida.
Pero aún quedaba una cosa pendiente para sellar o más bien formalizar ese compromiso.
— No sabía cómo iniciar una conversación.
— Me queda claro. – respondió un poco más tranquila – Aunque si fuiste capaz de hacerlo hace unos momentos en la sala.
Había llegado el momento de ponerse serios, se levantó de aquella banca y nervioso sacó una cajita del interior del bolsillo de su saco. Se inclinó delante de ella, mirándola directamente a los ojos, logrando que Kagome no perdiera contacto visual, pues deseaba que escuchara todo lo que tenía que decirle.
— ¿Me permites tu mano?
El humor de Kagome cambió rápido, si hace un instante estaba riendo, ahora estaba completamente muda y con sus nervios a flor de piel. Debía calmarse si no quería que las ronchas aparecieran a causa de eso.
Posó la palma de su mano en la de él y siguió cada uno de sus movimientos. Dejó una caja de terciopelo azul. Lo miró y con un simple gesto, le indicó que lo abriera. Lo hizo y en su interior descubrió un hermoso anillo de plata, con un discreto zafiro.
Era hermoso.
— Era de mi madre – explicó –Es el único recuerdo que tengo de ella.
No sabía que él pudiera tener algo de su madre. Desde que llegó a su familia siendo un niño huérfano siempre se mostraba distante. Poco a poco todos se habían ganado su confianza, pero aun así guardaba las cosas personales para él y solo para él. Esa joya representaba algo que un simple material, sino representaba un valor sentimental. El recuerdo de una madre que dejó a su hijo desamparado ante el mundo.
Tuvo ese impulso de querer llorar, pero contuvo las lágrimas que amenazaban con salir.
— Sé que no es la gran joya – Se apresuró a decir algo, antes de que ella hablara — Pero si lo prefieres, podría tomar una de las joyas de la familia y…
— No – ella negó rápidamente, mirando el anillo – Es perfecto.
Es cierto, no necesitaba de un gran diamante para hacerle saber a la sociedad que ese duque iba a ser de ella. Además, no concebía a ese anillo en algún dedo de las damas con quien se cruzó esa mañana.
Pero a pesar de que sabía tan poco de su madre, en algún momento, cuando estuviesen juntos tal vez le preguntaría por ella.
— ¿Me permites?
Él le indicó si podía ponerle el anillo y ella asintió.
— Si.
Inuyasha suspiró al ver como el anillo de su difunta madre le quedaba a la perfección. Era algo que siempre había guardado con mucho recelo y sabía que ella lo cuidaría muy bien, pues sabía el gran significado que tenía para él. La verdad no se lo imaginaba en otra mano que no fuese en la mujer que tenía delante suyo.
Su vida comenzaba a ver un pequeño rayo de sol, pues iba a estar a su lado siempre.
— Es muy bonito.
Asintió, sin dejar de mirarla. Únicamente pensaba en besarla.
— ¿Puedo besarte?
Kagome echó rápidamente un vistazo hacia la ventana, para ver si no había ningún movimiento que le hiciera saber que tanto la duquesa como su madre estuvieran observando desde la ventana. O que algún empleado de servicio pasara en ese momento, tal vez Miroku, dado que últimamente pasaba de visita. Sabía que no era correcto, estaban solos en el jardín, pero a eso quien le iba a importar. Estaban comprometidos y se casarían en tres meses.
— Si – asintió con una sonrisa – Si puedes.
Mas tarde y en su habitación, revivía los acontecimientos de aquel día. Sonrió al ver el anillo sobre su dedo. Desde luego que tenía intenciones de cuidarlo, porque era una parte de la vida de Inuyasha.
Con cada hora que pasaba la iba acercando aún más a esos tres meses.
Mientras se cepillaba el cabello, llamaron a la puerta y de inmediato apareció su madre. Pero frunció el cejo al verla desde el espejo. Llevaba una botella de vino y dos copas. Cerró la puerta con llave antes de entrar de lleno.
— Tú y yo vamos a tener una conversación de madre a hija – explicó, llenando ambas copas de vino.
Ambas tomaron asiento en la cama, la habitación estaba iluminada por unas cuantas velas, lo que daba al entrono un espacio íntimo. De hecho, no estaba nerviosa, esa misma conversación la había mantenido con Kikyo meses antes de que se casara. Cuando se casó, se juró así misma que prepararía a sus hijas antes de su noche de bodas, no el mismo día o faltando uno para el matrimonio.
— ¿Cómo estás? – preguntó ella, antes de ir por el plato fuerte.
— Bien – asintió – Aunque un poco nerviosa. Me da un poco de pavor lo que piense la sociedad.
— La sociedad siempre va a ser un asco, que te quede claro eso. Desde el primer día que seas duquesa lo entenderás, pues su hipocresía es lo que te va a rodear.
Kagome asintió y ambas bebieron al mismo tiempo el vino.
— Pero no vine a hablar de lo ridícula o hipócrita que es la alta sociedad. – su madre la miró – Si no de la noche de bodas que te va a esperar.
En ese momento se atraganto con el vino que bebía.
— Mamá…— la boca se le secó de inmediato — ¿No crees que aún hay tiempo?
— No – ella negó – Siempre me dije, el día que tuviera una niña le hablaría de esto.
Miró a su hija y sonrió, acariciando su larga melena azabache, agradeciendo a la vida por tenerla de regreso tras ocho años de ausencia. Pero poco le había durado el gusto tenerla, pronto ella se iba a ir a escribir su propia historia de amor.
— Cuando me casé con tu papá, mi madre tuvo esta conversación conmigo – suspiró y bebió más vino – Y debo decir que lo odié. Utilizó las expresiones "dejar", "someterse".
Kagome se sonrojó, esa conversación la había escuchado con las maestras del instituto, pero cuando iban a llegar a esa parte, decidió salir de ahí.
— El amor no es eso hija. La unión entre un hombre y una mujer puede ser tan plena para ambos y no solo para una persona.
— ¿No crees que esta conversación es un poco inapropiada?
— Desde luego que no – Megan negó, estaba lista para hablar con su hija – Con Kikyo no tuve ese privilegio.
Bueno, sí, tenía muchas dudas sobre lo que pasaba en el dormitorio y que mejor su madre para que se lo explicara.
— Solo te diré que no dejes que él haga todo el trabajo, puedes hacerlo incluso tu misma.
— ¿Cómo sabré que hacer?
— Aquí es donde quería llegar.
El tono de su piel iba cambiando a media que su madre le explicaba lo que pasaba, lo que él hacía, lo que ella hacia o podía hacer.
— ¡Basta mamá! – la detuvo – Es mucha información.
— Lo sé – asintió – Y ojalá, mi madre me hubiera dicho esto antes de….— mejor guardó silencio y bebió vino.
Pues si lo recordaba, tuvieron que pedir licencia para su boda.
— Creo que ya es tarde. Mañana debemos ir a ordenar el pastel, banquete. Afortunadamente solo vamos a ser nosotros.
Le dio un beso y salió de la habitación, dejando a una Kagome completamente pensativa.
Se levantó de la cama y camino un poco mareada por el vino hasta el balcón. Preguntándose si sería capaz de hacer todo eso lo que su madre le había dicho.
Hola, espero les haya gustado.
Con respecto a la conversación, sabemos que en ese tiempo tocar la sexualidad era como si uno se fuese al infierno, como si fuese vergonzoso. Esto no es historia, es un fic y me vale, me gusta este tipo de conversaciones en donde la futura novia no va de ingenua a su noche de bodas.
Sin más que añadir, espero les haya gustado.
Nos vemos.
Andamos en una preparación de una nueva historia, pero primero quiero terminar "Ese duque es mío" y el de "Porque eres mía".
De ante mano si les puedo dar el título:
"Delirium: Un placer sin escala"
Besos
BPB.otro capítulo.
