Capítulo 11

Miroku caminaba de un lado a otro, de vez en cuando se detenía para mirar hacia las escaleras con la esperanza de que su madre y hermana bajaran. Sango, su esposa trataba de atrapar a una de las gemelas y arreglarle su vestido blanco, mientras que Kikyo la ayudaba colocando una diadema de rosas blancas a la otra gemela, pues ambas gemelas serían pajes.

Su cuñado, Naraku, era el más tranquilo de todos, pues entretenía a su primogénito y de vez en cuando supervisaba a su pequeña hija, la cual estaba dormida en su carrito.

Un día previo al enlace se habían quedado a dormir en casa de su madre para así, partir todos juntos a la iglesia. Lo que no le agradaba era que Inuyasha se llevaría a Kagome por unos días a Cornualles por algún tiempo, así no iba a poder supervisar si él cuidaría de ella tal y como se lo prometió.

― Deja de caminar de un lado a otro. Alteras mis nervios – lo interrumpió Kikyo, observando el peinado de su sobrina –Tal parece que eres tú el que se va a casar.

― ¿Ya viste la hora que es? – preguntó él, avanzando hacia ella – Tenemos media hora para llegar a la iglesia.

Kikyo se encogió de hombros.

― Además no habrá más invitados que nosotros – explicó Sango, un poco agitada por la carrera que le hizo dar su hija.

Eso era verdad, cuando su madre le anunció que los novios acordaron que no invitarían a ningún membro de la sociedad casi pegaba el grito en el cielo. Incluso estuvo tentado en convencer a su hermana que cambiara de opinión, pero su madre se lo prohibido alegando que era decisión de Kagome e Inuyasha.

― Y no será la primer y ultima novia que acuda tarde el día de su boda.

― Recuerdo una novia que no fue puntual el día de su boda – comentó Naraku, esbozando una sonrisa juguetona. ― Pensaba que se había arrepentido.

― Amor, no ayudas ¿Sabes?

Pero él simplemente volvió a sonreír y le envió un beso al aire a su amada esposa, haciendo que ella se sonrojara y retomara el peinado a su sobrina.

XXX

Irasue llamó a la habitación de Inuyasha y aguardó para que le diera autorización de entrar. Cuando lo hizo, lo vio frente al espejo tratando de hacerle un nudo a su corbata― listón. Su cabello aún estaba desaliñado y sus puntas le caían en la frente. Esbozó una sonrisa con ternura y se acercó a él dispuesta a ayudarle.

Él sonrió al verla con un elegante vestido en color verde.

― Tal parece que es la primera vez que te atas un nudo – comentó con una sonrisa burlona.

― No estoy nervioso – se encogió de hombros y dejó que la mujer le ayudara.

― ¿Por qué no dejas que tu cámara de ayuda lo haga? – preguntó – Para eso es.

― No soy un inútil.

― Lo sé – lo miró y asintió – Pero en estos momentos tienes manos de mantequilla.

La verdad es que, si estaba nervioso, pero no quería reconocerlo frente a la duquesa. Sus pensamientos tenían ocupada su mente, pues no dejaba de imaginarse como se vería Kagome con su vestido de novia. Irasue no quiso darle ningún detalle, solo recordaba que utilizó frases como "elegante y sutil".

Desde luego que le pegaron un bono extra a la modista para que cerrara su local y solo estuviese concentrada en la confección del vestido de la futura duquesa.

Miró el reloj de pie que estaba a un lado del espejo, faltaba casi quince minutos para salir de casa y aun no podía terminar de acomodarse una simple corbata.

― Si sigues moviéndote de esa manera no terminaré a tiempo – dijo Irasue, atenta a la tela de satén que tenía entre sus manos.

― Lo siento – respondió – No todos los días uno se casa.

Ella sonrió y asintió.

― Es verdad y menos un duque tan apuesto como tú hijo.

Solo por esa ocasión ella se quedó en casa, ya que no vivía ahí desde hace un mes, pues había dejado la casa para que la nueva duquesa hiciera y deshiciera con la finalidad de que se sintiera cómoda en su nuevo hogar.

― No me gustaría que te fueras.

― Es la ley de la vida, Inuyasha. Podré venir a supervisar las cosas mientras tú y Kagome permanecen en Cornualles – explicó – No es correcto que permanezca aquí si están recién casado. Además, ya tengo mis planes. Megan y yo nos unimos a un grupo de lectura, por lo que estaremos muy ocupadas.

Él la miró y no pudo evitar sonreír. Pues sabía que ahora ya no tenía la presión de lo que implicaba el título. A partir de ahora era solo la duquesa viuda.

― ¿Qué clase de lectura?

Irasue se encogió de hombros, fingiendo demencia.

― Solo es un grupo de lectura – le dio una palmadita a la corbata y se apartó de él – Ya estas listo. Te espero abajo.

La tomó de las manos y depositó tiernamente un beso, como el de un hijo hacia una madre. Después de ocho años juntos, ahora él se iba a formar una nueva vida. Quiso llorar, por el sentimiento que le causaba. Era un excelente hombre, sin duda Megan y su difunto marido habían hecho un excelente trabajo.

― No me gustaría que te fueras.

― Es la ley de la vida, Inuyasha. Podré venir a supervisar las cosas mientras tú y Kagome permanecen en Cornualles – explicó – No es correcto que permanezca aquí si están recién casado. Además, ya tengo mis planes. Megan y yo nos unimos a un grupo de lectura, por lo que estaremos muy ocupadas.

Él la miró y no pudo evitar sonreír. Pues sabía que ahora ya no tenía la presión de lo que implicaba el título. A partir de ahora era solo la duquesa viuda.

― Te voy a extrañar – confesó.

― No creo – ella sonrió – Estarás muy ocupado en… ― lo vio alzar una ceja y tuvo que contener una risa – En tu nueva vida de casado.

XXX

Suficiente, había esperado mucho tiempo a su madre y Kagome. Si no subía y las apuraba llegarían tarde. Así que detuvo sus movimientos y salió de la sala, pero se detuvo al ver a la mujer que estaba frente a ella.

Abrió la boca, pero la cerró de inmediato, no encontraba las palabras adecuadas para definir lo que estaba delante de él. Atrás de él apareció Kikyo y su esposa. Sus hijas se asomaron atrás de él.

― Te….― no pudo decir nada.

― Qué bonita te vez tía – dijo una de sus hijas.

― Madame Bernadette nunca perderá su estilo. Tiene un toque único – explicó Kikyo – Es hermoso.

Kagome sonrió y les guiñó un ojo a todos.

Sango, Kikyo y sus hijas lo dejaron atrás y se deshicieron en halagos hacia Kagome. Su mamá se detuvo a su lado con una sonrisa.

― Relájate – posó una mano en su hombro – La novia tiene derecho a llegar tarde el día de su boda.

― No, no lo tiene – negó y alzando la voz puso en orden a toda la familia – Así que ya es hora de partir a la iglesia. Hemos esperado mucho.

― ¡Amargado! ― Kikyo le sacó la lengua.

Entonces Miroku miró a Naraku para que calmara a su condesa, pero en cambio sonrió, tomó a su esposa por la cintura y se la llevó junto con su familia hacia el carruaje.

En el trayecto Miroku no dejaba de ver a su hermana, un silencio reinaba el interior. Debía decirle algo, sabía que debía hacerlo. Estaría seguro de que su padre lo haría.

― Si, te vez hermosa.

Kagome levantó la mirada, asintió y sonrió.

― Gracias.

Miroku se inclinó, le pidió sus manos y Kagome las posó sobre las de su hermano.

― Si por un leve instante, tan solo por un leve instante no te sientes segura con tu matrimonio solo búscame.

Ese comentario basto para que ella se sintiera segura de que, si algún día lo necesitaba, él saldría en su ayuda.

― Perdona si hice mal las cosas – era más difícil para él admitirlo, pero con la única que lo haría sería delante de ella― Solo pensaba en tu bien, en el de la familia. No es fácil cargar con una presión como esta.

Kagome puso una mano en su mejilla.

― Sé porque lo hacías – su tono era comprensivo – Pero para ser sincera, fuste demasiado insoportable.

Él soltó una pequeña risa y asintió, pero de un momento a otro cambió de semblante. Estaba a punto de entregar a su hermana más pequeña al hombre que había destruido las expectativas de un debut. Pero no tenía que adjudicarle todo a Inuyasha, en parte Kagome también tuvo la culpa y eso, eso si no lo iba admitir delante de nadie, más que de él mismo.

― Solo quiero que tengas la plena confianza en decirme si no te hace feliz. No dudes en hacerlo y yo con gusto voy por ti – su comentario era una advertencia hacia Inuyasha y antes de entregársela en el altar le recordaría su promesa – Claro no sin antes de vérselas conmigo.

Golpeaba el piso ligeramente, mientras aguardaba a que la novia apareciera por la puerta. A un lado de él estaba el párroco, conversando tranquilamente. Como la iglesia estaba completamente vacía, tal como Kagome y él lo acordaron, se podía escuchar con claridad de lo que hablaban.

Se pasó los dedos por el cabello, luego miró su reloj de bolsillo.

La novia iba retrasada por diez minutos.

Exhaló y volvió a guardar el reloj y de manera nerviosa comenzó a caminar de un lado a otro como si con eso pudiera controlar los nervios que sentía. Claro, eso no pasó por desapercibido tanto como para Irasue y el párroco.

― Tal vez se arrepintió – bromeó la duquesa.

― Irasue – irrumpió el párroco – No juegue así con los nervios del duque.

La duquesa viuda esbozó una sonrisa y se encogió de hombros.

― Solo fue un comentario. Todo está entre las posibilidades y él lo sabe bien.

Pero desde luego que le agradaba jugar así con los nervios de su pobre hijo, sabía que por dentro lo estaban consumiendo y si fuese por él, saldría de la iglesia, iría a casa de la marquesa viuda y traería él mismo a la novia.

Se detuvo al escuchar unos murmullos que provenían desde la entrada, juntó sus brazos por atrás de su espalda y lo primerio que vio fue a la condesa acompañada de su marido, seguida de la marquesa Sango y atrás de ella, lady Megan, la marquesa viuda.

― Disculpen la demora – se disculpó ella, ocupando junto a su familia el lugar que le correspondía. – Excelencia, se ve atractivo el día de hoy.

Inuyasha inclinó la cabeza en forma de agradecimiento.

Entonces, al voltear de nueva cuenta a la entrada, abrió de manera involuntaria al ver a la mujer que estaba ahí. Avanzando lentamente hacia él, ni siquiera prestaba atención a las gemelas que iban dejando pétalos de rosas a su paso, ni al estúpido marques. No, sus ojos dorados se atrevieron a recorrer lentamente aquel deseado cuerpo que iba envuelto en ese magnifico vestido.

La tela del vestido era de color hueso. Era de mangas largas, con escote en forma de hombros caídos y lo demás era encaje que llegaba a mitad del cuello. El corsé resaltaba su linda figura. Una hermosa caída de sirena que abarcaba casi los dos metros y en la cintura un moño. Había pequeños diamantes incrustadas en los bordados de éste. Para complementar el ajuar de novia, un velo bordado a mano e igual que el vestido, también llevaba pequeños diamantes incrustados.

Podía notarse a simple vista un arduo trabajo por parte de la modista. No había nada austero en él, pues así lo decidió Megan junto con Irasue.

Para el asombro de Kagome era completamente perfecto.

Ella también se permitió verlo a través de su velo. Lucia demasiado atractivo que incluso sintió que el pulso se le había detenido por un breve lapso. Incluso la respiración le empezó a faltar.

Con cada paso que daba pensaba que era uno menos para estar a su lado. Todos aquellos recuerdos de niña, en los que probablemente se imaginaba una vida a su lado, aunque en ese momento no le era permitido por la condición de bastado, se harían realidad. De pronto se podía ver a sí misma siguiéndolo por todos lados, sin que él se mostrara enfadado. Nunca supo en qué momento esa niña creció y se enamoró por completo de él. Jurándose así misma que algún día sería suyo.

Él extendió una mano para tomarla cuando ya estaba a centímetros de ella. Pero antes de hacerlo, Miroku no lo permitió, volviendo a lanzar su advertencia.

― Recuerda lo que te dije – lo miró a los ojos.

Por un momento el párroco sintió pavor de que se desatara algo ahí dentro.

Inuyasha asintió y le respondió de la misma manera.

― Y recuerda lo que te respondí.

Miroku miró a su madre y ésta le indicó que soltara la mano de Kagome para que pudieran iniciar con la ceremonia.

― Te entregó lo más preciado de mis padres. Cuídala.

A regañadientes tuvo que hacerlo y ocupó su lugar junto a su madre y como cabecera de la familia. Desde luego se llevó un reclamó por parte de su madre, pues había quedado en evidencia delante de todos las advertencias que le había dado al duque.

― Te vez hermosa – no pudo evitarlo decir.

Por instante Kagome se sonrojó y una sonrisa se dibujó en su rostro.

― Lo mismo digo.

El párroco se aclaró la garganta con más fuerza para que ambos novios respondieran a la pregunta que les había hecho. Solo en ese instante se percataron que ignoraron por completo en donde estaban.

Megan e Irasue contemplaban a los recién esposos bailar su primer vals. A pesar de que solamente eran ellos, unos pocos meseros y una variedad de comida, les hizo darse cuenta de que no necesitaban de la sociedad para divertirse. Sonrieron mientras veían como ambas gemelas corrían alrededor de los novios, una de ellas se había ciado de sentón y la otra volteó a contemplar la escena, señalando a su hermana y burlándose completamente de ella y de sus pies torpes. Claro, Sango y Miroku tratando de atrapar a cada una.

Pero quien no se animó hacerlo fue Kikyo, ya que prefirió cuidar a su pequeña hija de ya tres meses y a lado de ella estaba su marido.

Después del baile de los novios, le tocó el turno de a Irasue, ya que el marques le había pedido que lo hiciera con ella. Mientras que Inuyasha hacía lo propio con su ahora suegra.

― ¿Sabes? – preguntó la marquesa viuda a Inuyasha – Algo me decía que siempre formarías parte de esta familia cuando tu padre te dejó con nosotros.

Inuyasha sonrió y miró a Kagome, que estaba bailando con ambas gemelas.

― Le prometo que la voy a cuidar.

Megan negó.

― A mí no, sino a ella. Es a ella a quien debes demostrárselo.

Irasue contemplaba con ternura como Sango cargaba a una de sus hijas, la pequeña se había cansado de tanto correr y descansaba su pequeña cabeza en el hombro de su madre. Era como si se sintiese segura en sus brazos.

― ¿Todo bien?

Ella negó, a pesar de ser una mujer fuerte, en aquella ocasión se mostraba vulnerable.

― Me hubiera gustado que tan solo Sesshomaru hubiese dejado un hijo. Aunque fuese fuera del matrimonio, así no me sentiría sola. Incluso le pediría a Inuyasha que lo reconociera.

Megan colocó una mano en su hombro.

― Estoy segura de que, si eso hubiese pasado, no dudes que él lo haría.

Era verdad, Inuyasha en el fondo era un hombre demasiado noble. Solo alguien como Kagome se lo merecía.

Era la hora de despedir a los novios, ni siquiera Kagome se había quitado el vestido de novia para no perder más tiempo. El cochero ya había subido las maletas de ambos al carruaje y solo esperaba la orden por parte de Inuyasha para partir hacia Cornualles.

― ¿Nerviosa? – preguntó él.

― No – Kagome negó. ― ¿Me repites a dónde vamos?

― Vamos hacia Cornualles – respondió – A parte de pasar ahí nuestra luna de miel debo supervisar la construcción de un orfanato.

Eso no lo sabía, bueno, de hecho, no había tenido tiempo de preguntarle el día a día.

― Mi padre tenía una propiedad en esas tierras así que decidí donarla al párroco de la localidad. Todo con la finalidad de construir una casa hogar y una escuela.

Una sonrisa de admiración dibujó su rostro. Sin duda él era un hombre digno de admiración, solo él sabía lo que un huérfano pasaba y ella también quiso ayudar.

― Si ocupar tomar algo de la dote que te dio Miroku….

― No – irrumpió él – Ya te he dicho que eso es solo tuyo. Puedes darle el uso que desees, pero no dejaré que lo uses para ello.

Entonces si no podía ayudar en la construcción de la escuela, podía hacerlo como maestra. Al fin y cuentas, había tenido muy buenas docentes en Francia.

― Entonces podría ayudarte como profesora.

No había pensado en contratar a docentes, de hecho, únicamente estaba sumergido en la construcción pues lo demás ya era un valor agregado.

― Kagome no puedo permitirt…

― Si no quieres usar mi dote para ayudar en la construcción de la casa hogar y la escuela. Mínimo déjame ayudarte dando clases a los niños.

Él sonrió, si la sociedad se enterara que la nueva duquesa de Lexington deseaba ser profesora para niños huérfanos, seguramente se desmayarían unas cuantas damas. Pero ¿Desde cuándo a ellos les importaba lo que dirían? Total, habían sido siempre los rezagados hasta que la suerte de él cambió.

― Lo pensaré.

― No lo vas a pensar – ella negó – Seré profesora y tú no me lo vas a impedir.

No quería entrar en discusión con su nueva esposa. Lo cierto es que Kagome siempre había sido así desde niña, cuando una idea se le cruzaba por la mente no había tormenta que arrasara con ese pensamiento. Siempre peleaba porque ella creía que era lo correcto y siempre la admiró por ello, incluso era una parte que amaba de su mujer.

― Será mejor que duermas un poco. Nos detendremos en un lugar donde podamos descansar.

Ella asintió y así lo hizo. Se acorrucó en la ventana y la contempló dormir.

¿Maestra?

Sería la primer mujer en la historia de Lexington que se atrevía a ser profesora para niños sin hogar. Aunque su idea lo había enternecido, si Kagome fuese una mujer distinta probablemente lo cuestionaría el por qué se tomaba tantas atenciones con esos niños, pero ella era una en un millón. No cabía duda de que haberla esperado durante esos largos años fueron sin duda una buena decisión. Porque sabía que tarde o temprano ella volvería y lo hizo.

Luego de un viaje agotador, se detuvieron en una posada para que ella descansara. Inuyasha se quedó abajo hablando con su cochero mientras una empleada la guiaba a lo que sería la habitación que ocuparían aquella noche.

Aquella estancia era reconfortante, en el centro reinaba una chimenea apagada, la verdad no se requería pues el amiente era cálido, incluso podía sentir calor. Fue hasta la ventana y abrió un poco la ventana para dejar entrar la brisa de la noche, abajo reinaba un agradable ambiente. Caballeros y Laides también habían hecho una parada en esa posada. Observó a la mucama que arreglaba en silencio la amplía cama y mientras lo hacía, no pudo evitar dejar de pensar en los consejos que su madre le dio unos meses atrás antes de la noche de bodas, porque esa podía ser su noche de bodas.

Flashback.

― Podrías hacer que él haga todo el trabajo – dijo su madre, sirviéndose otra copa de vino – Que normalmente los hombres siempre lo hacen.

Kagome únicamente le dio un pequeño trago a su copa de vino de hecho era la primera, ya que la que había bebido más de las dos era precisamente su madre.

― O podrías tomar tú la iniciativa. – agitó el cristal, observando el color del vino.

― ¿Cómo iniciativa? – preguntó curiosa.

― No sé – ella se encogió de hombros – Un besito, una caricia. Podrías usar tu imaginación, los hombres son los primeros en encenderse.

Fin flashback.

― ¿Desea que le ayude con su vestido, excelencia?

La mucama rompió sus pensamientos y estuvo obligada a parpadear dos veces.

― ¿Perdón? – preguntó sin entender que era lo que le había dicho.

― Si desea que le ayude con su vestido de novia.

Entonces observó su vestido, no se lo había quitado al salir de Londres, pues Inuyasha quería partir cuanto antes y no le dio tiempo de hacerlo.

― Así estoy bien. asintió con una sonrisa – Gracias, eso sería todo.

La mujer salió de ahí dejándola completamente sola. Abrió la única maleta que bajó del coche y abrió la boca al ver el conjunto que estaba ahí. Tomó la fina tela entre sus manos, pues no había visto el conjunto que pidió su madre a madame Bernadette, según ella debía ser una sorpresa y no debía abrirla hasta la noche de bodas.

― ¿Esto es un camisón?

¡Era más transparente que su alma!

Justo en ese momento mientras examinaba el camisón la puerta se abrió de golpe y solo se quedó con la tele al aire contemplando los ojos dorados de su marido.


Hola

Iba a prometerles "Un viernes de lemon" pero se iba a ser muuuuuuuuy largo el capítulo. La noche de bodas de los duques merece un capítulo propio.

Así que ¿Les parece el próximo?

Nos vemos el lunes primeramente.

Cuídense, tengan un bonito y estupendo fin de semana.

Muchas gracias por seguir cada una de mis locas ideas, la verdad a lo largo de estos años me han motivado mucho a seguir adelante y todo se los debo a ustedes y el gran apoyo que me han dado.

Lxs quiero mucho.

Besos y abrazos.

BPB.