Atención:
En este capítulo, uní tres escenarios. Por lo que si ven letras curvas es lo que el narrador esta relatando. En este caso, Kagura será la encargada de hacerlo. Si ven letras normales entre la narración es lo que esta pasando en ese momento ya sea ahí con ella o en otro punto.
¿Si me explique bien?
Bueno, comencemos.
Capítulo 15
LA VERDAD DE LORD SESSOMARU
Recorrió toda la habitación con la intención de encontrar a Kagome, pero no se encontraba en ningún rincón. Escuchó ruidos provenientes del cuarto de baño, abrió lentamente la puerta y ahí estaba, recargada de espaldas a la tina con los ojos cerrados, se veía relajada. Se llevó una mano a la mejilla, aun recordaba la bofetada que le había dado. Lo acusaba de algo del cual era totalmente inocente.
Ella le debía una disculpa dado que era el más inocente en esta historia y si se rehusaba, bueno, tenía un método eficaz para hacerlo. Con una sonrisa traviesa se arremangó las mangas de su camisa hasta los codos, sin perderla de vista. Cerró la puerta a sus espaldas al ingresar por completo en la reducida habitación.
Kagome se sobresaltó al sentir unos labios en la curva se su cuello. Abrió los ojos y se encontró con la mirada dorada de su marido y esa sonrisa que quería decir algo más.
―Usted me debe una disculpa, duquesa.
Frunció el cejo y desvió la mirada al frente. Si, debía admitir que debía disculparse con él por la bofetada que le dio en la biblioteca. Pero simplemente no puedo evitarlo ya que todas las evidencias marchaban en su contra. De no haber sido por aquella visita poco imprudente o debía decir "demasiado imprudente" es que pudo atar cabos.
―No sé a qué se refiere, duque.
― ¿No sabe o no quiere recordarlo?
―Probablemente lo segundo.
Él sonrió y con la punta de uno de sus dedos recorrió todo el brazo húmedo de su duquesa. Dejando su piel desnuda de gallina a la vez que repetía esa misma caricia.
― ¿Segura que no recuerda? – la vio negar – Yo podría hacer que lo haga con facilidad.
Kagome entreabrió los labios y luego los cerró.
―Me has acusado de algo que nunca he hecho – prosiguió él.
La marca de la palma de su mano se había borrado de sus mejillas, por lo que únicamente quedaba su orgullo herido de haberlo juzgado por algo que era completamente inocente. Fue ahí cuando ella se sintió avergonzada de haber actuado de esa forma tan irracional. Su culpabilidad se reflejó en sus ojos chocolate, debió tener un poco más de confianza en él. Pero simplemente Inuyasha no había ayudado.
― ¿Cómo quieres que reaccionara? Todas las pruebas estaban en tu contra.
Inuyasha recargó todo su peso en la bañera e inclinó un poco más la cabeza para estar lo suficientemente cerca de Kagome.
―Creo que anteriormente he dejado claro el por cual no pude tenido hijos– agitaba una mano al aire como parte de su explicación.
Kagome bajó la mirada y comenzó a formar remolinos en el agua. Solo había una respuesta a todo y esa se la había dado su visita imprudente. Tenía información valiosa que podría ser de utilidad para Inuyasha.
― ¿Crees que Sesshomaru sea el padre?
No hacía falta que mencionara a esas niñas, pues él sabía a quiénes se refería. Con un suspiró tomó una esponja que había en una pequeña mesita, dispuesto a frotar la espalda de Kagome. Ella inclinó el cuerpo, permitiendo que lo hiciera.
―Podría existir una pequeña posibilidad que lo sea. Pero no quiero que te preocupes por eso. Es algo de lo que me estoy encargando.
―Podrían ser de…
―Kagome – interrumpió él, retirando el exceso de espuma con un pequeño chorro de agua – Ya te dije que yo me encargo. Mañana tengo que ver a una…
Hizo una pausa, pues no sabía a ciencia cierta cuál sería su reacción al enterarse que visitaría un burdel, en especial a una prostituta que tuvo una relación con su hermano.
― ¿A una? – alentó ella.
―A una prostituta – soltó de golpe y antes de que se pusiera furiosa, añadió rápido – Que tuvo una relación con él. Estoy seguro de que ella sabe cómo sucedieron las cosas.
Bueno, no la escandalizó al escuchar la palabra "prostituta" si era con la finalidad de buscar información, incluso podría acompañarlo. Podría resultar peligroso si acudía solo. Además, tenía curiosidad por conocer a una mujer de profesión y, sobre todo, ver el lugar donde trabajaba.
―Puedo ir contigo.
Él arqueó una ceja y negó rápido.
―Ah no duquesa. Usted se queda aquí.
―Podría ser peligroso – insistió.
Su manera de preocuparse por él lo enterneció. Si, ella tenía razón, podría resultar peligroso, pero no iba a estar tranquilo, por un lado, escuchando lo que esa mujer tenía que decirle mientras estaba al pendiente por la seguridad de su mujer.
―Es peligroso, si – asintió – Es por eso por lo que no puedo permitir que me acompañes – la vio abrir los labios, dispuesta a protestar – Puede ser peligroso para ti. Sin olvidar que le prometí al imbécil de tu hermano protegerte. No creo que vea con buenos ojos que llevo a su hermana a un burdel para visitar a una prostituta. Así que no admito peros.
Estiró un brazo para tomar una toalla y la ayudó a secarse.
Kagome no podía conciliar el sueño, mientras veía a su marido dormir, dibujaba círculos en su abdomen. Sentía miedo, al salir del baño le había hecho el amor con urgencia, como si fuese la última vez que lo harían. Se habían quedado largo rato platicando acerca de lo que le había dicho el detective ese día.
¿Y si en realidad el hombre con quien se enfrentó en duelo no había muerto?
¿Si era una trampa de la prostituta y él para atraer al nuevo duque?
Si, pero ¿Con que propósito?
Inuyasha no tenía nada que ver con ellos ni con ningún circulo que había rodeado a Sesshomaru. Únicamente estaba Irasue.
Todos esos pensamientos cansaron mucho su mente, sus ojos se hicieron más pesados y de poco una espesa niebla la envolvió.
Estiró una mano para tocar a su compañero, pero ahí no había nadie. El lado de su cama estaba vacío, pero aún se conservaba tibio. Se levantó rápido para vestirse y en ese preciso momento Inuyasha salió del vestidor, completamente vestido, su cabello perfectamente acomodado.
Él le obsequió una espléndida sonrisa, avanzó unos cuantos pasos para estar cerca de ella. La abrazó, le dio un tierno beso en la frente.
―Aún es temprano, vuelve a la cama.
Se apartó un poco de ella, dispuesto a salir de la habitación, pero Kagome fue más rápida y lo sostuvo del brazo.
― ¿A dónde vas?
―Ya te lo he dicho. Debo ver a esa mujer, no iré solo. El detective a cargo de la investigación ira conmigo.
Tenía un mal presentimiento, algo malo estaba a punto de pasar. Se lo decían los nervios que sentía a flor de piel. No debía dejarlo ir, tenía que buscar una excusa barata para obligarlo a quedarse. Lo cierto es que estaba preocupada.
― ¿No puede esperar hasta el viernes? – preguntó – Lo que pasa es que Lady Peterson nos invitó hoy a comer a su casa.
Por supuesto que era mentira y si accedía a acompañarla, le enviara una nota urgente a la mujer para que la ayudara a respaldar su mentira.
―Sabes muy bien que no me gusta moverme en sociedad.
―Lo sé, pero no conocemos a nadie de aquí y creí que….
― ¡Basta! – la detuvo – No quiero nada que tenga que ver con esa clase de personas. Si tú te sientes cómoda, adelante. Ve y siéntate con esas mujeres a beber té mientras te alagan por el título de duquesa. Yo no le debo nada a la esa clase de personas.
¿En realidad estaban discutiendo por algo tan absurdo como lo era el título y la sociedad?
― ¿Es eso lo que piensas? ¿Qué utilizo el título de duquesa para moverme en sociedad?
―No sé – se encogió de hombros – Tal vez estas cambiando de parecer al ser visitada por dos mujeres. Incluso llego a pensar que por eso te casaste conmigo.
Algo se quebró en ella, no podía creer que la estaba juzgando de haberse casado con él solo por un absurdo título. Eso sí que no lo había visto venir. Se apartó varios pasos para estar lo más alejada posible de Inuyasha. Ahora la que estaba molesta era ella.
― ¿Tan seguro estas de que me casé contigo por el titulo?
La única respuesta que tuvo fue haberlo visto encogerse de hombros, como si le estuviera respondiendo que sí. Esa había sido la peor respuesta. Un nudo se formó en su garganta y una gruesa lagrima amenazaba por salir, pero en cambio, se vio obligada a aguantar todo lo humanamente posible. No quería que la viera llorar delante de él.
―Bien – asintió, aún más dolida que al principio – No puedo cambiar tu modo de pensar. Así como te repites contantemente que odias la sociedad, yo te repito a ti que, me habría casado contigo aun si hubieras sido un bastardo. Porque te amaba, pero no puedo hacer nada si sigues sumergiéndote en tu autocompasión.
Inuyasha por un momento reflexionó lo que le había dicho, pero ya era muy tarde para remendar sus acciones. Lo único que deseaba fue que no lo cuestionara sobre su visita al burdel, que lo encarara una vez más para que lo acompañara. Él deseaba que se quedara ahí por su propia seguridad, en cambio, la había herido y eso era difícil de soportar.
―Kagome… ― intentó acercarse, pero se dijo que no, que era mejor dejar las cosas así – Nos vemos más tarde.
Cerró la puerta a sus espaldas y permaneció un momento así, maldiciéndose, odiándose en cada dos segundos. Lo único que deseaba era volver, tomarla en sus brazos y besarla hasta el cansancio y decirle que no había querido decir esas cosas. Pero sería un completo error. Con eso ella no insistió en querer acompañarlo.
Al salir de la casa echó una última mirada hacia arriba, para ver si ella estuviese observando en la ventana de su habitación. Pero no, las cortinas estaban recorridas por lo que no sabía con exactitud si ella estívese ahí.
―Milord.
Llamó el detective, él agachó la cabeza y se encontró con la vista cansada de aquel hombre. asintió y juntos subieron al mismo tiempo a sus caballos y partieron con destino a aquel burdel. Que para su asombro quedaba un poco retirado de la localidad, no hacían más que treinta minutos al trote de los animales.
Llegaron a un pequeño pueblo que era todo lo contrario a los barrios elegantes de la alta sociedad. Claramente se podía ver la precaria vida de la gente que habitaba ese inhóspito lugar. Si hacia algo por un orfanato, tal vez pudiera hacer algo por ellos. Pero eso tendría que esperar, su prioridad principal era hablar con aquella mujer.
Detuvieron los caballos frente a una casa de dos pisos, las paredes de madera estaban recubiertas por pintura blanca y la puerta principal en color azul.
―Es aquí, milord.
Inuyasha asintió y llamó a la puerta. No esperaron ni cinco segundos cunado un hombre alto y corpulento abrió la puerta. Su cabello era largo e iba sujeto por una trenza.
―No estamos en servicio – respondió con una voz gruesa.
―No vengo a eso – Inuyasha negó – Quiero ver a Kagura. Dígale que Inuyasha Taisho, duque de Lexington desea hablar con ella.
Había utilizado el titulo con la finalidad de que esa mujer lo reconociera y así, fuese más fácil a que ella accediera hablar con él.
El hombre frunció el cejo al escuchar el nombre de la mujer.
―Espere aquí.
Inuyasha asintió y ahí permaneció con el detective, mirando de vez en cuando a la puerta o compartiendo algún comentario con el hombre que tenía a su lado. Pasaron alrededor de diez minutos cuando de nueva cuenta, ese sujeto abría la puerta.
―Usted – señaló a Inuyasha – Puede pasar – después al detective – Solo.
El interior del burdel estaba adornado en su mayoría por mesas de juego, al fondo una enrome cantina, el interior estaba alumbrado con poca luz, dando un aspecto misterioso. En la segunda planta había dos mujeres con una ropa demasiado provocadora, al verlo le guiñaron un ojo y le hicieron ademan para que se uniera a ellas. Cosa que ignoró por completo.
El golpe de un objeto contra algo le llamó la atención. En un rincón, donde reinaba la oscuridad, se encontraba una figura femenina. Al acercarse vio a una mujer que llevaba un tarro de cerveza en la mano. Probablemente eso utilizó para llamar su atención.
―Siéntese, lord Taisho.
Sin dudar tomó asiento y por primera vez se dispuso a contemplar aquella dama. Llevaba puesto un camisón blanco muy escotado y alrededor de su cintura y un corsé de cuero, lo que resaltaba sus generosos pechos. Su cabello largo y negro como la noche. La luz de una vela que estaba reposada sobre esa mesa contrastaba con sus grandes y ojos rojos brillantes. Pero lo que resaltaba más de ese rostro pálido por el maquillaje blanco, era un lunar postizo colocado estratégicamente sobre una mejilla.
―Solo puedo ofrecerle cerveza. El whisky se vende exclusivamente por las noches.
―No vengo a beber cerveza, ni whisky.
― ¿En serio? – ella sonrió, apoyó sus brazos en la mesa y recargó todo su peso en ellos, sus senos de inmediato salieron a relucir un poco más ― ¿Ha venido por un favor? Podría ser una excepción con usted y mostrarle algunas de mis chicas ya que el servicio también se da en las…
―He venido hablar sobre mi hermano – interrumpió él.
Ella sonrió, puesto que sabía perfectamente para que había acudido. En cuanto Menumaru le mencionó que el nuevo duque de Lexington, Lord Taisho deseaba verlo, sabía que el detective había accedido a su petición. Lo que tendría que decir, se lo diría solamente a él y con eso, todo ese peso que llevaba años guardando se liberaría por fin de él.
― ¿Cómo pudo ser capaz de dejar a sus hijas en aquel orfanato? – la acusó – Las hijas de él y de usted. Si me hubiera contactado, tenga por seguro que me hubiese hecho cargo de ellas.
Kagura esbozó una sonrisa por el borde del tarro de cerveza antes de darle un trago.
― ¿No sabe cómo ocurrieron realmente las cosas verdad?
Aguardó a que él le respondiera, pero no lo hizo. Al final, únicamente lo vio negar con la cabeza.
―Muy pocos conocieron realmente como era Sesshomaru. Y me refiero pocos, porque solo hubo dos personas, una dama la cual no mencionaré por respeto y yo.
― ¿Cómo murió realmente?
―Todo ocurrió hace ocho veranos…
FlashBack
Sesshomaru era un hombre que muy pocas veces podía demostrar sus sentimientos. Algunas personas podrían pensar que era serio, arrogante o incluso altivo, después de todo estaba por heredar el título de su padre.
Pero lo que ocurre con la mayoría de los hombres, un día se enamoró.
― ¿De quién? – preguntó Inuyasha.
―No le diré el nombre de la mujer si eso quiere – respondió Kagura – Ahora, deje continuar.
Si, conoció a una dama de refinada cuna, como le digo, su nombre no será revelado porque no solo se lo prometí a él, sino a la familia de ella. Era tan grande el amor que sentía por esa joven dama que la pasión pudo más, así es señor Taisho, se entregaron una noche. Cabe decir que para él y por sus palabras, fue la noche más dulce y placentera que jamás había tenido. En ese instante había dado por terminado nuestros encuentros, me atrevo a decir que incluso de haber conocido a esta joven dama.
Inuyasha prestaba atención en todo momento ante el relato.
Kagura hizo una pausa mientras bebía un poco de cerveza, recordar aquello le dolía mucho. Era la primera vez que se lo contaba a alguien.
Pero las cosas no siempre son miel sobre hojuelas de maíz. Pues un tercero había sido testigo de aquel encuentro. Si, un tanto enfermo me atrevería a decir. Así que utilizó eso a su favor y comenzó a extorsionarlo.
―Que idiota – volvió a interrumpirla Inuyasha― Debió haber pedido una licencia especial y casarse con la dama.
―Así es – asintió Kagura – Pero no lo hizo.
No señor Taisho, no lo hizo. Ni siquiera sus padres sabían que estaba enamorado, una porque no le tenía la suficiente confianza a su padre para decirlo. Sesshomaru era más bien de los hombres que actuaban.
Una noche de tormenta, entró al burdel, arrojando mesas y sillas por todas direcciones y se encontró, con el hombre que lo chantajeaba.
―Busca un arma y elije tus testigos. Te veo al amanecer ¿O eres lo suficientemente cobarde como para enfrentarte conmigo a duelo?
De inmediato corrí hacia él, con la intención de hacerlo recapacitar, pero no, estaba más cegado por la ira y el odio que sentía en esos momentos.
―Piensa en ella – fue mi única carta a jugar.
―Es por eso por lo que lo hago. Si le pago a ese malnacido seguirá chantajeándome por el resto de mi vida. Incluso esparcirá el rumor de como Rin (aquí se omite el nombre) y yo nos hemos casado. Eso mi querida Kagura, no puedo permitirlo.
―Pero un duelo no es la solución. Podría matarte.
―Ese es un riesgo que debo tomar – me miró, con aquellos ojos dorados tan destellantes ― ¿Quieres ser mi testigo?
En ese punto yo solo era un mar de lágrimas, no solo había sido mi amante, sino que también era mi amigo. Alguien a quién apreciaba mucho y que no deseaba que nada malo le pasara. Solo le rogaba al cielo que su rival saliera el más afectado en ese duelo.
Aquel hombre no se negó, todos lo miraban serio, lo verían como un cobarde si se rehusaba y eso mi querido duque, le había herido en su orgullo.
Así que ahí estábamos, a medianoche, él, un médico y yo. Esperando en una fría noche, con unas cuantas gotas de lluvia a que ese hombre apareciera. Pero el muy descarado únicamente había acudido solo.
Era la segunda vez que los dos se miraban de frente, mientras el doctor sacaba un cofre con dos pistolas. Cada uno tomó la suya y bueno, lo que pasó después ya se lo debe estar imaginando.
Inuyasha asintió, pensando en los últimos diez pasos que su hermano daba, en lo que probablemente estaba pensando, era sin duda proteger a la mujer que amaba. En ese sentido, ambos tenían algo en común. Proteger lo que más amaban.
Vio como las lágrimas surcaban por los ojos de aquella mujer, que tomó un pañuelo y se las retiró de un solo movimiento.
―Perdón, me es difícil hablar de esto.
― ¿Qué pasó luego de que ambos dispararan?
―Lo que pasó después que…
Ambos cuerpos cayeron las mismo tiempo. Sesshomaru había acertado en el corazón de aquel hombre, provocándole una muerte instantánea, mientras que, a él, la bala le había perforado un pulmón. El doctor no pudo hacer nada y únicamente dijo que le quedaban pocos segundos de vida. La cual aprovechó para decir sus últimas palabras.
―No me queda tiempo…
―Te pondrás bien. – le decía un desesperación ― ¡Eres un estúpido! Me hubieras hecho caso desde un principio.
―Ya está hecho todo, no puedes arreglarlo. Escucha, estas son mis últimas palabras.
―Te vas a reponer. Ya lo veras.
―Kagura – hizo una mueca de dolor – No em queda tiempo. Si alguien pregunta que pasó esta noche aquí, di que fue por ti la pelea. Di que el duelo se hizo al calor del juego y de ti.
―Sabes que no es así.
―Lo sé, pero es para proteger a Rin (se omite nombre)
El silencio había reinado un poco y Kagura pidió otra ronda de cerveza, esta vez Inuyasha la acompañaba en su relato.
―Esa noche, tal y como se lo prometí. Esparcí el rumor que el futuro duque se había enfrentado a duelo con un nombre a causa del juego y una prostituta.
― ¿Y las niñas?
Ella alzó la cabeza, esa era una parte de la historia que aún faltaba por contar.
― ¿Son tuyas realmente?
―No – negó – No lo son.
Una vez que Sesshomaru hubo muerto, a los nueve meses me contactó el padre de la dama en cuestión. Era una noche de tormenta, casualmente todas las tragedias son cuando hay mucha lluvia qué ironía, ¿no?
Solo le diré que cuando entré por primera vez a la casa de ese Lord, todo dentro era un caos. Había un desfile de varias empleadas que subían mantas limpias a la segunda planta, otra, que bajaba con sabanas manchadas en sangre.
Kagome se asomó por la venta, el día estaba nublado y había indicios de que una lluvia se avecinaba. Cuando a lo lejos distinguió humo provenir de la casa hogar. Escuchó que uno de sus empelados entraba corriendo a la casa y buscaba al mayordomo.
―El orfanato, se está incendiando.
― ¿Qué has dicho? – salió de la sala de estar.
El hombre se quedó callado ante la pregunta de la duquesa, sin saber que responder.
―Nada milady – negó el mayordomo – Vuelva a la salita. Le pediré que le lleven algo.
―No – ella negó y miró a su jardinero – Has dicho que el orfanato se está incendiando.
El jardinero y el mayordomo se miraron mutuamente y no tuvo más remedio que asentir.
―Si.
―Pues vamos – ella lo apuró – No sé qué hacemos aquí.
Kagome estaba más preocupada por los niños y sobre todo por aquellas gemelas, debía ir hasta allá y saber que se encontraban con bien.
El padre de la joven dama se acercó a mí, realmente era un hombre que a simple vista odiarías con solo ver sus facciones. Era alto y llevaba un puro en la mano, no se veía realmente preocupado. Sino todo lo contrario.
― ¿Tu eres la puta de Lord Sesshomaru?
Si, aunque no lo creas me sentí ofendida por el modo tan despectivo que se refirió a mí.
―Si.
―Bien, tengo un regalo que darte.
Lo que recuerdo fue haber visto a esas mismas empleadas que hace unos instantes estaban como locas, bajas de la segunda planta. Cada una de ellas llevaba un bulto. Mi corazón se apretujó cuando ellas me entregaron a dos recién nacidas.
―Son las hijas bastardas de tu amante.
―Pero…
―Si Sesshomaru hubiera estado vivo, créeme que lo mataría yo mismo por haber mancillado a mi hija. Ahora, llévate a ese par de engendros.
En el corazón de ese hombre no había amor, sino más bien odio.
― ¿Qué espera que haga con ellas?
No tenía nada digno que ofrecerles ¿Qué podían esperar ellas de una prostituta? Si tan solo Sesshomaru hubiera sabido que el encuentro de aquella tuvo consecuencias, estoy segura de que no se habría enfrentado a duelo.
En ese momento Inuyasha vio reflejada a su madre en Kagura. La misma desesperación al saber que haría con dos bebés.
―No sé – ese hombre se encogió de hombros – Ahógalas en un río. Asfixia a cada una con una almohada. Lo que quieras hacer con ellas, pero aléjalas de mi vida y de mi familia. No quiero saber de su existencia jamás.
Lo único que supe de ese hombre, fue que vendió todas sus propiedades y se marchó junto con su familia a otro país. Muchos rumoran que se fue a Italia, supuestamente porque a su hija le vendría un cambio de aire debido a la enfermedad que había padecido hace nueve meses atrás.
Desde luego que no tuve corazón para hacer semejante cosa. Lo mejor y más prudente que hice fue dejarlas en un orfanato.
Inuyasha levanto la cabeza al atar los cabos sueltos.
―Si ― asintió Kagura ― Las lleve a Rothen House. Por tu expresión me doy cuenta de que has visto a las hijas bastardas de tu hermano.
Kagome buscaba casi con desesperación entre los heridos a ambas gemelas, pero ahí entre ellos no se encontraban las pequeñas. Se acercó a la madre superiora y le preguntó por ambas niñas.
― ¿Dónde están?
―No lo sé – respondió confundida – La última vez que las vi corrieron hacia la cocina.
Ni siquiera los gritos de la madre superiora ni de los otras personas, la obligaron a quedarse a ahí esperando a que alguien más acudiera al encuentro de ambas niñas. Como pudo, localizó la cocina, al intentar abrir la puerta no pudo hacerlo, era como la puerta estuviese atrancada. Dio varios golpes, tres, cinco.
Había humo por todos lados, pero eso no la desalentó, debía salvar a esas dos pequeñas. Al sexto intento, venció la puerta, había llamas por todas las esquinas del lugar.
Las llamó por sus nombres, no obtuvo respuesta.
Volvió a gritar y esta vez con más fuerza, hasta que ambas salieron por debajo de una mesa. Rompió la tela de su vestido y lo metió en una pequeña tina de agua, esta estaba tibia a causa de la temperatura. Cubrió su boca y nariz con ellas.
―Salgan – cada vez se le dificultaba respirar.
―No la vamos a dejar – negó Towa.
―Sal y pide ayuda. Que vengan por mí.
Ambas niñas asintieron y salieron corriendo de ahí.
Kagome se tuvo que sostener con algo, cada vez que respiraba sus fosas nasales se cerraban.
―Salgan…
Todo se nubló antes de caer desmayada al suelo.
Hola,
Espero no haberlas confundido con el relato y que haya sido de fácil lectura.. Confieso que al ir escribiendo se me ocurrió hacerlo así, que mientras Kagura relataba el pasado, todo se compaginara alternativamente,
Las quiero mucho!
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BPB.
