Finalmente el cuarto capitulo ¡yay!
Advertencia: hago mención de sustancias y violencia, no es nada muy fuerte, pero por si las dudas...
DISCLAIMER: Blah blah blah, ya lo saben.
Here We Go...
Rápidamente, Ray comenzó a buscar en los archivos cualquier información disponible sobre él, mientras que a su lado, Henry se quedó mirando enfurecido la foto del acosador de su novia y a la vez sorprendido por su demacrado aspecto.
Era una sombra de lo que había sido todos esos años atrás. Su una vez cabello grueso y abundante estaba cortado, como uno de esos típicos peinados de cárcel, y portaba una barba incipiente, además lucia descuidado y con pinta de haber consumido ciertas sustancias. Tenía pequeñas cicatrices alrededor de la cara, como cortes, delgadas y perceptibles incluso en su piel blanca como la ceniza que lo hacían verse más intimidante de lo que lo recordaba.
Tampoco llevaba ya sus gafas, así que sus ojos verdes, fríos y vacíos, resaltaban de manera enfermiza por las bolsas oscuras debajo de ellos.
Lucia como un auténtico demente.
¿Cómo había terminado así?
Aunque, lo más importante en ese momento era...
¿Por qué había apuntado a Charlotte?
Una idea aterradora floreció en su mente, y una sensación fría comenzó a subir por su cuerpo, congelando su sangre. No quería creerlo, pero... era la única explicación razonable para todo eso.
Porque, ¿cuáles eran las probabilidades de que apuntara a acechar a su novia entre las miles de mujeres de la ciudad?
—Salió de la cárcel el año pasado —le informó Ray, leyendo los registros policiales, ajeno a su creciente ansiedad.
—Después de haber pasado unos años en un correccional debido a esos incidentes en Swellview's Got Talent, su reputación sufrió un golpe bajo, fue despreciado por su familia y amigos por intentar hacerte daño, y se entregó a la bebida... y las drogas... —continuó Ray, su voz esfumándose mientras seguía leyendo en su mente.
Miró los informes con una expresión sombría y triste. Ese chico tenía la edad de Henry en ese momento, con un talento inusual, tan joven y tan lleno de vida. Pero también, lleno de malicia.
Era una lástima para él ver a veces a jóvenes como su amigo rubio caer tan bajo en desgracia, darse a vicios como la bebida y las drogas y acabar arruinando sus vidas. Y era una pena para él saber que no podía ayudarlos o salvarlos de sus propios demonios, incluso teniendo superpoderes.
Esta ciudad era indulgente con los criminales pero también despiadada con los que se desviaban de la justicia. El muchacho había tratado de enderezar su vida varias veces, consiguiendo trabajos honestos aquí y allá, pero su problema con la bebida y las drogas le habían acarreado problemas en los lugares de empleo, y a menudo se metía en peleas en bares turbios que frecuentaba más de lo debido y demás.
Había sido arrestado por la policía de Swellview varias veces bajo cargos de perturbación de la paz, y una de esas veces, había sido por herir de gravedad a otro hombre con su talento para lanzar cuchillos. Ese hombre había resultado gravemente herido y había presentado cargos contra él. Y debido a su larga lista de antecedentes penales, había recibido una dura sentencia.
Y como era de esperar con pesar, dentro de la prisión, su pasado tratando de matar a Kid Danger y atreverse a enfrentar al Capitán Man lo convirtió en una especie de celebridad, pero también en un objetivo. Se metió en peleas tras las rejas, lastimó a varios compañeros de prisión, se unió a una de las pandillas que solían crearse dentro de la cárcel y participó en varios motines, lo que lo volvió más frío y feroz, su talento también le fue útil para ganarse un poco de respeto para sí mismo. Dejó que la vida tras las rejas lo convirtiera en un villano real y aterrador.
Y dejó a un lado cualquier intención de volver a ser un miembro productivo de la sociedad.
A medida que se acercaba la fecha de su liberación, había moderado su comportamiento violento, para ser liberado sin discusión, claramente.
Algo de lo que la policía no se había dado cuenta o no le había importado comprobar en absoluto, deseosos de quitárselo de encima de seguro. De verdad, esos bastardos perezosos le estaban dejando todo el trabajo. El joven había sido liberado y había desaparecido de Swellview unos meses después. ¿Dónde había estado ese lapso de tiempo? Nadie lo sabía, y no había más nada acerca de él.
A su lado, su joven socio estaba tratando de armar el rompecabezas en su cabeza, cada vez más preocupado. Cuanto más pensaba en su teoría, más todo se volvía peor de lo que había pensado. Pero, no había ninguna razón detrás de sus acciones, si lo que quería era venganza ... ¿por qué no había ido directamente por él?
Porque quiere que sufras, le dijo su mente. Quiere hacerte daño a través de ella.
Aún así, la había estado atormentando durante semanas, había tenido mucho tiempo para hacer algo con cualquiera de los dos, pero no había hecho más que enviar cosas y tarjetas. ¿Cuál era su objetivo en todo esto?
—¡Henry!
Al oír su nombre, sacudió la cabeza y miró a su lado a su amigo. Ray lo miró con preocupación.
—¿A dónde se fue tu mente? Te llamé como cuatro veces.
—Lo siento, estaba pensando... —se detuvo, se mordió el labio y explicó su temor— creo... creo que él conoce nuestras identidades secretas.
—¿Como puedes estar seguro? —preguntó su amigo.
Henry resopló como ofendido por esa pregunta.
—¿Para qué más haría todo esto? —respondió—. Su vida entera se fue al infierno después de ese incidente, obviamente me culpa, y está tratando de vengarse de mí a través de ella ¿por qué sino, de todas las mujeres en Swellview, la atacó? ¿no es un poco extraño para ti?
—Me dijiste que ha estado enviándole cosas y acechándola durante semanas... ¿por qué no les haría algo a ustedes dos en ese lapso de tiempo?
La expresión de enfado de Henry se suavizó a una de incertidumbre.
—Yo me he estado preguntando lo mismo —confesó—. Es solo que... esa teoría tiene sentido, sin embargo, no puedo entender las razones detrás de sus acciones, y ha tenido muchas oportunidades para hacernos daño, a menos que no sepa cómo derrotarnos.
—En ese caso, aún conocería nuestras identidades, podría hacer cualquier cosa con ellas, pero ni siquiera se lo ha dicho a nadie, o nos habríamos dado cuenta de algo antes —señaló el mayor.
Henry suspiró, asintió con la cabeza ante su explicación y puso sus ojos en la nada mientras pensaba.
¿Podría ser solo eso, una coincidencia? ¿Una loca y amarga coincidencia el que su novia estuviese siendo acosada por uno de los enemigos de su alter ego? ¿solo por pura mala suerte? Él de verdad lo esperaba, o no solo ella, sino también el resto de su familia y amigos podrían estar en peligro. Quién sabía de lo que este tipo era capaz por puro despecho...
De repente, recordó algo y saltó de su asiento rápidamente para caminar unos metros, sacando su teléfono con manos temblorosas, desplazándose por la pantalla como si buscara algo.
—¿Henry? —preguntó Ray preocupado.
Podía imaginar lo furioso y al mismo tiempo asustado que estaba por el bienestar de su novia, pero si permitía que sus miedos abrumaran sus sentidos, podría ser contraproducente.
—Ya sabemos quién es —le recordó a su joven amigo como una forma de calmarlo—, lo único que tenemos que hacer es rastrear sus movimientos y podremos localizarlo, lo atraparemos.
Pero el joven no lo estaba escuchando. Había encontrado el contacto que estaba buscando y pulsó el icono "llamar".
Esperó con impaciencia y creciente desesperación y pavor que le respondiera a quien había llamado, pero su angustia también creció cuando solo escuchó el contestador automático con el mensaje pregrabado. Lo intentó de nuevo, más veces, incluso con los otros dos números, pero obtuvo el mismo resultado.
—¡Maldición! —masculló, apretando los dientes.
Después de eso, guardó su teléfono en el bolsillo y se dirigió rápidamente al ascensor. Ray, cada vez más preocupado y confundido por su extraño comportamiento, también saltó de su asiento.
—¡Henry! —llamó, yendo tras él—, ¿a dónde vas?
Henry había estado a punto de presionar el botón para abrir las puertas, pero se detuvo en medio de la acción cuando lo escuchó llamarlo, dándose cuenta de que había ignorado por completo a su mentor. Así de profundamente afectado estaba por todo este asunto. Se había olvidado de explicar qué había encontrado que lo había dejado tan conmocionado y aturdido.
—Lo siento... es solo que... los padres de Charlotte no atienden sus teléfonos —mencionó, tragando saliva con nerviosismo—. Intenté llamarlos, a los dos, e incluso al de línea, pero no obtuve nada —soltó un suspiro tembloroso—. Siempre dejan sus teléfonos encendidos, pero esta vez, cuando los llamé, me envió directamente al contestador automático... él sabía cosas de ella... de su familia... ¿y si les pasó algo? —preguntó, alborotando su cabello, la desesperación creciendo con cada segundo que pasaba—. Han pasado horas desde que nos persiguió con el auto... ¡¿y si fue tras ellos en nuestro lugar como venganza?!
A través de su diatraba, Ray se había acercado a él, y poniendo sus manos sobre sus hombros, logró que dejara de moverse inquieto y lo mirara, con el rostro pálido de terror.
—¡Henry, cálmate! —le ordenó—. No lograrás nada si no te controlas. Sé que estás preocupado por ellos, pero ir solo en su búsqueda sin ningún plan solo los pondrá a todos en más problemas.
—¡¿Qué se supone que debo hacer entonces?! —escupió, de asustado a enfadado, apretando los puños.
No eran muchas las veces que le hablaba así, con tanta furia que chispeaban sus ojos, pero Ray lo pasó por alto. Entendía que su joven amigo estaba asustado por lo que pudiera ocurrirle a la familia de su novia más que enojado por su falta de acción.
—Piensa en un plan —le aconsejó Ray, soltándolo y dando un paso atrás—. ¿Qué pasa si te diriges allí y caes en una trampa que te han tendido?
Henry apretó los labios, pero su mirada dura se suavizó ante ese argumento.
Ray tenía razón, al ir allí por su cuenta, podría exponerlos a más dificultades de las que ya estaban. Exhaló profundamente, inquieto.
—¿Qué hacemos entonces? Alguien tiene que ir a su casa y comprobar cómo están, y yo no puedo quedarme aquí sin hacer nada.
—No, tienes razón —concordó Ray—, pero puedes quedarte aquí y ayudar a Schwoz a localizarlo... Yo iré a la casa de los padres de Charlotte para echar un vistazo, lo lamento, pero no estas en condiciones para ir allí con la cabeza fría —agregó antes de que el chico pudiera objetar en contra.
—Además, ¿no creés que ella te necesitará aquí para que la consueles cuando se despierte y descubra que algo les pasó a sus padres y crea que es por su culpa?
Ese fue un argumento suficiente para convencer a Henry de que se quedara y dejara que Ray se encargara de ello.
—Llamaré si encuentro algo, ¿de acuerdo? —prometió.
—Está bien —asintió su joven socio, un poco reacio.
Henry dio un paso atrás mientras su mentor tomaba un chicle y lo masticaba, haciendo una burbuja y transformándose en su alter ego y marcharse a través de los tubos.
Por su parte, Henry, con una enardecida mirada a la foto policial de su sospechoso, salió en busca de Schwoz.
Ray estacionó la Man-Van a una cuadra de distancia para no levantar sospechas en caso de que algo hubiera sucedido y Steven todavía estuviera al acecho, y se abrió paso entre las sombras hacia la casa de Charlotte. Había estado allí unas cuantas veces y sabía que el Señor Page había puesto más seguridad a lo largo de los años debido a la creciente inseguridad en la ciudad.
Su casa estaba bien asegurada, con cámaras, alarmas y todo, y desde fuera, todo parecía impecable y tranquilo. Aunque si uno supiera lo suficiente, se daría cuenta de que la bombilla del patio trasero que siempre dejaban encendida por la noche estaba apagada, y no había ni rastro de su aterrador bulldog, algo que despertó una pequeña alarma en su cabeza.
Pasó por la parte de atrás, caminando a través de la oscuridad y entrecerrando los ojos para ver. Así fue como encontró al perro de la familia tirado en el suelo, cerca de sus platos de comida y agua. Se arrodilló junto a él, respirando aliviado cuando puso la palma de la mano sobre su cuerpo inmóvil y se dio cuenta de que el animal estaba vivo aunque inconsciente. Quizás lo habían drogado con algo.
Esta era una mala señal.
Allí dejó al perro, volvería a buscarlo y ayudarlo una vez que descubriera lo sucedido. Con una frialdad creciente en la boca del estómago, se dirigió hacia la puerta trasera. Alguien había forzado la cerradura y había dejado la puerta entreabierta. Habían cortado la electricidad también, pues el interruptor de la luz no funcionaba, y eso explicaba porque las alarmas no se habían encendido. Y la cámara en la parte superior de la puerta estaba rota.
Un cuchillo afilado y reluciente estaba atravesando el lente.
Eso era todo lo que necesitaba para saber que el miedo de Henry se había hecho realidad.
Con creciente temor a lo que fuera a encontrar, entró en la casa.
Una vez dentro, encendió una linterna y caminó con cautela hacia la sala de estar, iluminando su camino. Todo parecía estar bien dentro de la casa, nada roto o tirado al suelo...excepto por un rastro de sangre ya seca que parecía venir de arriba y dirigirse a la puerta por la cual el había entrado, por lo que decidió seguirlo hasta su fuente y subió hacia el dormitorio de la pareja.
Como había pensado, la sangre venía de allí, y en su interior distinguió algunos signos de pelea, como jarrones rotos, un espejo roto y rastros de al menos tres tipos diferentes de pisadas sobre las salpicaduras de sangre. Pero estaba vacío, la cama deshecha como si alguien hubiera estado durmiendo pero se hubiera despertado y se hubiera ido rápidamente. En el suelo, con las pantallas rotas, encontró los teléfonos de la pareja, apagados.
A diferencia del señor Hart, Aaron Page era un hombre corpulento, y con un temperamento. Por lo tanto, estaba seguro de que el hombre no caería sin pelear a menos que lo hubieran obligado a no hacerlo o lo hubieran abatido por otros medios.
No necesitaba revisar mucho más porque no necesitaba más pruebas de que estaban en peligro, así que salió del dormitorio y bajó las escaleras hacia el patio trasero mientras llamaba a su joven socio.
Henry estaba ayudando a Schwoz a revisar las pruebas que tenían junto a Jasper, a quien Ray había llamado después de marcharse de la Capi Cueva para explicarle la situación y pedirle que fuera para estar al lado de su amigo y aunque sea echarle un ojo para avisarle si se le daba por hacer algo arriesgado en su desesperación.
Estaban revisando las cámaras que habían estado cerca del área donde habían tenido ese accidente con su perseguidor, para ver si podía detectar a dónde había ido después de eso, porque obviamente no había podido ir detrás de ellos, encontrando imágenes del vehículo circulando cerca del vecindario de los padres de su novia. Mientras tanto, el joven héroe se estaba maldiciendo a sí mismo por dentro, sintiéndose culpable porque no había elegido quedarse a pelear en lugar de huir de él. Si hubiera salido del vehículo y lo hubiera enfrentado, habría podido atraparlo antes de que hiciera algo como... como lo que fuera que pudiera haberles hecho a los padres de Charlotte.
Todo era culpa suya, porque no había querido exponer su identidad secreta activando su traje. Y ahora, sus suegros estaban pagando por su egoísmo.
Para nada, porque tal vez este chico ya lo sabía...
¿Cómo iba a ser capaz de ver a su novia a la cara sabiendo que había puesto a su familia en un peligro mayor?
Casi saltó del taburete cuando sintió que una mano se posaba en su espalda.
—¡Tranquilo, solo soy yo! —Jasper apartó la mano y alzó ambas en el aire para demostrar que estaba a salvo de él.
Notando como el estado de ánimo de su amigo iba decayendo, había tratado de darle consuelo y hacerle saber que él estaba allí para brindarle la ayuda que necesitara, pero claramente ese no había sido el mejor movimiento.
—Lo siento, todo esto me está enervando —se disculpó Henry con su amigo—, Ray ya debe haber llegado hace rato y aún no ha llamado...
—¿No te dijo que llamaría cuando supiera algo? —le recordó Jasper.
—Eso es lo que me preocupa, si todo estuviera bien, ya habría llamado para decírnoslo, pero sigue sin dar señales.
Justo entonces, su teléfono vibró de repente con una llamada entrante, y viendo que se trataba de Ray, respondió de inmediato.
—¡¿Ray?! ¿Cómo va todo ahí? ¿Están bien el señor y la señora Page? —preguntó desesperado.
Hubo silencio durante unos instantes que le hicieron retorcer el estómago de la incertidumbre y hacer que el mal presentimiento que sentía se hiciera más fuerte.
—Lo siento Henry, no los encontré aquí —explicó con pesar—, y hay evidencia de que alguien cortó la electricidad, irrumpió en su casa y se los llevó... su perro fue drogado aparentemente, me lo llevaré a la cueva para ver si podemos ayudarlo.
El mundo de Henry se derrumbó con esas noticias, sintió como si hubiera recibido un puñetazo en el estómago. El Señor Page lo había tolerado como amigo de su hija cuando era más joven, pero una vez que comenzó a salir con ella, su relación se tensó un poco. No le había gustado Henry como yerno -por alguna razón-, así que se había esforzado mucho para estar en sus buenas gracias, cualquier cosa por su novia. Con la ayuda de la Señora Page -Caroline, como le había pedido que la llamara- que lo amaba y le había dicho que no podía pensar en alguien mejor para su hija, había logrado obtener su aceptación y su confianza luego de varios intentos.
Ahora se sentía fatal, como si les hubiera fallado. No tenía sentido porque él no tenía poder sobre las decisiones de ese demente, pero se sentía así de todos modos. Sintió lágrimas de desesperación acumularse en sus ojos, pero las contuvo. No era el momento de acobardarse, tenía que ser útil y ayudar a sus amigos a encontrar a la pareja. Tenía que mantenerse fuerte por su novia, que iba a estar devastada cuando se enterase de la terrible noticia.
El repentino tono de llamada y vibración del teléfono de Charlotte en su bolsillo despertó a la joven de su profundo sueño. Súbitamente abrió los ojos, encontrando todo oscuro a su alrededor y se sentó con la espalda recta en el sofá, la chaqueta que la había mantenido caliente se deslizó y cayó sobre su regazo. Por un momento, se olvidó de todo y entró en pánico, preguntándose qué estaría haciendo allí, pero segundos después, a su mente afloraron recuerdos de lo que había sucedido unas horas antes. Se frotó los ojos y sacó el teléfono del bolsillo, pensando que podría ser una de sus amigas pidiéndole más detalles sobre el supuesto problema de insectos. Sin embargo, al encender la pantalla y desbloquearla, descubrió que no se trataba de ninguna de sus amigas, sino más bien de un número desconocido que le había había enviado un archivo de imagen.
Un gran peso se le instaló en la boca del estómago al verlo y dudó si debía comprobar qué era. ¿Debería ir a buscar a Henry para que estuviera a su lado mientras lo hacía? Su teléfono vibró de nuevo con otro mensaje, y se reprendió, decidiendo que tenía que dejar de comportarse como una cobarde. ¿Qué ayuda sería para sus amigos si siguiera escondiéndose de sus problemas? Eso no había servido de nada antes, solo había hecho que todo empeorase.
Así que con decisión, abrió la aplicación de mensajes y revisó la imagen que había recibido, jadeando de horror y casi soltando el dispositivo mientras sus ojos asustados se fijaban en el contenido de lo que había recibido. Su estómago dio un vuelco doloroso y quiso vomitar por el miedo que sintió en ese momento, toda la audacia que había sentido, disolviéndose. Se tapó la boca, los ojos se llenaron de lágrimas de terror y un miedo frío se extendió por su cuerpo.
Pero eso no le impidió levantarse con las piernas temblorosas y correr desesperada a través de la oscuridad hacia la sala principal donde sabía que estaría Henry.
Henry seguía hablando por teléfono con Ray cuando escuchó pasos fuertes que se acercaban. Se dio la vuelta, con los ojos muy abiertos por la sorpresa y la preocupación cuando vio a su novia correr hacia él con una expresión de horror.
—¿Charlotte?
La joven se detuvo antes de llegar a su lado, con lágrimas ya rodando por sus mejillas y todo su cuerpo temblando visiblemente, mirándolo sin decir ni hacer nada más que extender la mano que sostenía el teléfono hacia él como en estado catatónico. Henry lo tomó, y sintió como si le hubieran quitado todo el aire cuando vio lo que la había puesto en tan mal estado.
Una foto. De sus padres. Ambos amarrados y amordazados, sentados en el suelo de una especie de edificio antiguo. Había sangre que parecía brotar de alguna herida. Y un mensaje debajo.
"Me obligaste a hacerlo"
—¡¿Kid?! —llegó la voz de Ray a través del teléfono cuando el joven no le respondió—. ¿Sigues ahí? ¿Qué esta pasando?
La poca compostura que Charlotte aún conservaba se rompió, y un sollozo de absoluta angustia brotó de su interior. Desesperada, se aferró a la fuente de consuelo más cercana en esos momentos, y se arrojó de nuevo a los brazos de su novio, abrazándolo con fuerza y dejando toda la desesperación y el dolor que sentía fluir a través de más lágrimas. Esta era la peor forma posible de que esta pesadilla podría haber terminado.
Si solo hubiera estado en riesgo su seguridad, podría haberlo manejado como cualquier otra emergencia como las que tuvieron que enfrentar antes. Pero esto estaba más allá de sus peores pesadillas.
Se había convertido en uno de sus miedos profundamente enterrado en su interior y más aterrador desde que todo esto había comenzado. Que fuera por sus seres queridos.
—¡¿Henry?! —gritó Ray, desesperado al no recibir respuesta.
Había escuchado el llanto angustiado de la joven, por lo que imaginó que algo peor tenía que haber sucedido aparte de ella enterándose de la desaparición de sus padres.
Henry lo estaba escuchando, pero su atención estaba puesta en la pantalla de su teléfono, en ese miserable número desconocido, su mano cerrándose con fuerza alrededor del dispositivo, casi rompiéndolo en una repentina ola de rabia que lo inundó de súbito, eliminando y aplastando el miedo y la culpa.
—Él los tiene —fue todo lo que alcanzó a responder a su mentor, con una voz apagada.
Ray no necesitó que el joven le aclarara quien tenía a quien, era una conclusión a la que ya había llegado, pero si quería saber como habían ellos llegado a esa conclusión, y antes de que siquiera hiciera la pregunta que estaba en la punta de su lengua, el chico prosiguió.
—Envió una foto de ellos...amordazados y amarrados...al teléfono de Charlotte...
A medida que relataba aquello, la voz de Henry iba aumentando en dureza, sus palabras salieron como veneno, amargas y llenas de rabia e impotencia, Ray podía imaginarse como su joven amigo apretaba los puños hasta volver sus nudillos blancos. Y él mismo sintió la ira quemando su interior, a este sujeto no le había sido suficiente con acecharla y perseguirla, sino que -viéndose rechazado- había ido tras sus padres.
—Escucha —Ray tragó saliva, sintiendo que de repente se le secaba la garganta—, sé que esto debe ser terrible para los dos, y también sé que debes sentir la necesidad de salir y buscar a ese bastardo por ti mismo, pero necesito que mantengas la cabeza despejada, Kid, ya estoy en camino allí, una vez que esté allí, nosotros...
El repentino tono de llamada del teléfono de Charlotte interrumpió a Ray en medio del habla, haciendo que el adulto se callara y que el joven suavizara el agarre del dispositivo y que la muchacha de cabello rizado detuviera sus sollozos silenciosos para mirar con temor a la pantalla. Sus ojos hinchados se agrandaron cuando vio lo que era.
—Me está llamando...— exhaló, sorprendida, asustada y enojada al mismo tiempo.
—¡¿Qué?! —preguntó Ray desde el otro lado del teléfono, habiéndola escuchado.
—Steven... —aclaró Henry, mirando el número desconocido—, está llamando a Charlotte ahora mismo...
Su novia lo miró perpleja.
—¿Steven? ¿De qué me perdí?
—¡No le contestes! —les advirtió Ray, ignorando la pregunta de la joven.
Charlotte había sufrido bastante por una noche, no necesitaba ser atormentada por teléfono también.
—¡No! —Schwoz intervino por primera vez desde su asiento frente a la consola—. Debes responder.
Henry se dio la vuelta para mirar inquisitivamente al inventor mientras su teléfono sonaba de nuevo.
—¿Henry? ¿Qué esta pasando? —cuestionó Ray.
Debido al tráfico, no podía oír correctamente.
—Schwoz dice que tiene que responderle —informó el joven.
—No, ese tipo está tratando de asustarla más de lo que ya lo está, no necesitamos eso —se opuso su mentor.
—Si ella le responde, podríamos rastrear su ubicación a través de triangulación —explicó el genio, ya empezando a trabajar en ello.
Henry se sintió en conflicto, por un lado, entendió que podría ser útil, por el otro, la idea de que este chico hablara con su novia después de todo lo que le hizo le enfermó. Pero no era su elección.
El teléfono seguía sonando en su mano y se lo entregó.
—Haz lo que creas que es correcto.
Ella tomó el dispositivo y lo observó detenidamente, la pantalla destellando al ritmo de la canción que señalaba una llamada entrante.
Había alcanzado a ver la imagen del sujeto en los monitores y decir que no era acogedora era un eufemismo. Tan solo su mirada fría le daba escalofríos, así que la sola idea de oír la voz de su acosador y secuestrador de sus padres le repugnaba -y aterraba-, pero si Schwoz conseguía rastrearlo, tal vez podrían hallar a sus padres antes de que fuera tarde.
Tomando una honda respiración, se secó las lágrimas y se obligó a detenerlas antes de armarse de valor y aceptar la llamada, acercando el teléfono a su oído.
Los presentes quedaron en completo silencio, incluso aguantando la respiración, sólo se oía el teclear de Schwoz y el murmullo del motor de la súper computadora trabajando.
Del otro lado de la línea, todo lo que Charlotte alcanzó a oír por unos segundos fue la acompasada y suave respiración de aquel pervertido, y antes de que ella pudiera pensar en algo para romper el hielo de aquella incómoda situación, él se le adelantó.
—¿No me dirás hola, querida?
Su voz era baja y ronca, como si tuviera la garganta desgarrada, haciéndola temblar hasta los huesos, y Henry dio un paso hacia ella ante su malestar, preocupado por lo que había oído. Pero su novia levantó una mano temblorosa para detenerlo, pidiendo con una sola mirada que la dejara manejar esto. Estaba aterrorizada, pero eso ya no la detendría.
Encendió los altavoces para que los demás también pudieran oírlo.
—¿Quién eres? ¿Qué quieres? Por favor, no hagas daño a mis padres, son inocentes —suplicó ella.
Ya había visto su nombre en la pantalla y recordado todo lo concerniente a él, pero no iba a dejárselo saber.
—Sabes lo que quiero —respondió el criminal con ese tono de voz enfermizo, sonando enfurecido e ignorando la parte de sus padres—, te he sido claro desde hace semanas, pero sigues ignorándome —añadió, sonando herido.
Ella le dio la espalda a los otros tres, sintiéndose extraña de tener esta conversación con este sujeto con ellos escuchándola. Al menos le gustaría evitar sus miradas.
—Sabes que ya tengo novio —le recordó ella, tratando de controlar su propia rabia.
Sus padres todavía estaban en riesgo.
—Y te dije que podrías estar más feliz conmigo, pero sigues alejándome.
—Ni siquiera sé quién eres —exclamó con desesperación, apretando los dientes.
—Oh, pero lo sabrás —prometió el desconocido, un tono amenazante entrelazó su voz.
—Mis padres no tienen nada que ver con esto, por favor déjalos ir —suplicó de nuevo, aunque sabía que sería un esfuerzo infructuoso.
Sin embargo, aunque a ella le gustaría, su objetivo en ese momento no era conseguir que él dejara ir a sus padres. El objetivo era darle tiempo a Schwoz para triangular su ubicación a través de su teléfono.
Echó una mirada rápida sobre su hombro hacia la consola, y Jasper que estaba asistiendo a Schwoz le indicó con un gesto de la mano que siguiera. Tenía que mantenerlo hablando solo un poco más.
—Lo siento, Charlotte, pero esta era la única manera de que me tomaras en serio —respondió, luego suavizó la voz—. No me hubiera gustado llegar a estos extremos, pero cuando decidiste huir con tu novio —escupió la palabra como si le dejara un sabor asqueroso en la lengua—, me rompiste el corazón, no me dejaste más elección que tomar medidas.
Se sintió enferma de lo genuinamente arrepentido que sonaba él por sus propias acciones, como si realmente lamentara todo lo que le estaba haciendo pasar. Como si estuviera honestamente herido por todo esto.
Pero lo que más la indignó fue que quisiera hacerla sentir culpable de todo lo que le estaba pasando.
Eso hizo que su miedo a él se convirtiera en odio.
Ella había sido la que sufrió durante semanas, buscando monstruos invisibles en rincones oscuros, sintiendo ojos mirándola a diario... ¿y él quería ser la víctima aquí?
Su mano se cerró con fuerza alrededor de su teléfono mientras endurecía la mirada y su respiración se aceleraba, signos de que estaba a punto de explotar, pero una mano cálida y cariñosa fue puesta sobre su hombro. Miró a un lado, encontrando la mirada suave de su novio, el hombre que la amaba de verdad. Él negó con la cabeza, indicándole que tenía que mantener la calma. Henry también estaba enfurecido y no quería nada más que estrangular a ese bastardo con sus propias manos, pero rendirse a sus deseos o hacerlo enfadar más no lograría nada, era un sujeto inestable, dar un paso en falso solo pondría a sus padres en un riesgo mayor.
Su intercambio silencioso duró una fracción de segundo, pero fue suficiente para ayudarla a controlarse de nuevo.
Tuvo que tragarse su rabia y orgullo para seguir hablando.
Debía convencerlo de que estaba arrepentida si quería salvar a sus padres.
—Lo siento —susurró ella, sintiéndose fatal por tener que recurrir a eso para evitar que lastimara a sus padres—. Lo siento mucho —siguió disculpándose, con las entrañas retorciéndose de disgusto—, si hay algo que pueda hacer para... para... arreglar todo de nuevo entre nosotros, por favor... dímelo.
Se maravilló de lo sincera que sonaba cuando todo lo que quería hacer era romperle los dientes con un fuerte puñetazo
Se hizo un silencio durante unos segundos después de que dijera aquello, en los que pudo escuchar su propia sangre latiendo en sus oídos y sentir la mirada de los demás en su espalda, expectantes.
Entonces, una risotada de su parte los sobresaltó.
—Claro que hay algo que puedes hacer... —el criminal se detuvo por un poco de dramatismo, y ella contuvo la respiración—. Mis acciones tienen un objetivo ¿sabes? Si no me aceptas por las buenas...tendrás que hacerlo por las malas.
Ella tragó saliva, insegura de si le gustaría el camino que estaba tomando la conversación, pero no podía dar marcha atrás.
—¡Te tengo! —llegó la susurrada exclamación de Schwoz.
Ambos jóvenes se volvieron para mirar al científico, sorprendidos e intrigados. Pero la mirada de logro que les envió mientras también apuntaba a las pantallas envió una ola de alivio a través de ellos.
En una de ellas, había un mapa de una parte de Swellview, con un triángulo que incluía varias manzanas.
Estaban cerca de atraparlo.
—Schwoz logró triangular su ubicación —anunció Henry en voz baja a Ray, quien aún estaba al teléfono.
El adulto sintió como si pudiera respirar de nuevo.
—Bueno... dile que me mande la dirección, voy a ir a ver —pidió, listo para cambiar de rumbo.
Henry estaba a punto de volverse rápidamente hacia Schwoz para darle el mensaje cuando la voz de Steven los cortó en mitad de la acción.
—Quiero un intercambio.
Henry miró a su novia desconcertado y preocupado, no le gustó nada como se oía ello, pero no se atrevió a interrumpir la conversación que mantenían por temor a empeorar todo.
—Continúa —pidió ella, temerosa de lo que iba a oír.
—Dejaré ir a tus padres con la condición de que tú tomes su lugar y vengas conmigo —concluyó.
Henry estuvo a punto de saltar para negarse por completo a la idea, pero ella se anticipó a su novio, y lo detuvo volviéndose hacia él y dándole una mirada firme que le indicó que debía dejarla continuar con la negociación.
—De acuerdo —aceptó Charlotte, para el desconcierto de Henry, quien solo podía presenciar todo sin entender nada.
Este tipo llevaba semanas atormentándola, y ahora ¿iba a entregarse en bandeja de plata? Sí, la vida de sus padres estaba pendiendo de un hilo muy delgado, pero nada hacia creer que podía confiar en que cumpliría su palabra.
Sin embargo, ella volvió a mirarlo con ese brillo en sus ojos que indicaba que tenía ya un plan a seguir, y articuló un silencioso "confía en mí" hacia su desconcertado novio.
Pero Ray no había podido ver esa mirada en ella.
—¡¿En qué está pensando?! —exclamó con creciente preocupación y desesperado al escuchar su respuesta—. ¡¿Está loca?!
Esa idea tampoco le atraía a Henry, pero Charlotte era inteligente, no haría un movimiento como ese sin pensarlo detenidamente y asegurarse de que su idea terminaría siendo un éxito. Por lo cual estaba dispuesto a seguirle el juego en esto.
—Tiene un plan —le susurró a Ray.
—¡¿Qué plan?! ¡¿Ser secuestrada por ese loco?!
Pero Henry lo ignoró, concentrado en escuchar la respuesta de Steven.
—Eso fue muy fácil, querida —mencionó con sospecha—, me has estado rechazando y evitando por semanas, y ahora de la nada ¿estás dispuesta a dejar atrás a tu noviecito y venir conmigo así como así?
Su tono de voz envió otra ola de escalofríos a través de ella que la sacudió, pero no permitió que su miedo latente burbujeara a la superficie mientras respondía.
—La vida de mis padres me importa mucho más que mi seguridad o mi propia felicidad, se llama altruismo ¿sabes? —respondió de forma honesta—, además ¿tengo más opción que esa? Era fácil ignorarte cuando ninguno de mis seres queridos corría peligro inmediato, pero ahora tienes todo a tu favor —reconoció con amargura.
Steven hizo un sonido con la garganta, como si estuviera pensando su respuesta, hasta que llegó a una decisión.
—Estas en lo cierto...está bien, me convenciste —aceptó finalmente—, tenemos un trato.
Charlotte cerró los ojos mientras exhalaba silenciosamente.
Por su parte, Henry había llegado a la conclusión de que Steven no sabía que trabajaran junto al Capitán Man, de lo contrario, no sonaría tan tranquilo y dispuesto a hacer un trato con ella, ¿verdad? Tampoco había hecho mención de ellos, es más, hablaba de él como si solo fuera una persona más del montón. Sin embargo, todavía no entendía por qué se había obsesionado con ella exactamente...
—Te enviaré una dirección —continuó el sujeto—, y vendrás sola, si me doy cuenta de que traes a la policía o a tu querido novio junto a ti, le clavaré un cuchillo en el corazón de cada uno de tus padres ¿me escuchaste?
La amenaza no se oyó vacía, y el miedo la sacudió de nuevo, haciendo que por un momento dudara de la viabilidad de su plan, pero no había vuelta atrás.
—Entendido —aceptó con determinación.
—Ya te mando la dirección —avisó el acosador—, tienes media hora después de ello para encontrarme allí, si tardas un minuto más o encuentro algo sospechoso...
Dejó la amenaza colgando, su voz se volvió fría.
—Allí estaré —prometió la joven, y luego añadió—: pero antes...quiero una prueba de que están a salvo, de que no les has hecho nada grave.
—De acuerdo.
Oyeron pasos que hacían eco y roces, entonces una puerta abriéndose con un chirrido que indicaba lo vieja y oxidada que estaba y finalmente, sonidos de voces amortiguadas por algo.
El corazón de Charlotte dio un salto, sabía que era aquello.
Se escuchó como sonido de forcejeo y la voz de su padre insultando a su secuestrador.
Entonces, el ruido de una fuerte bofetada que hizo a su padre morderse la lengua.
—Habla de más y la próxima le hago un corte en la cara ¿entendiste? —amenazó.
Charlotte jadeó, sintiendo como su corazón se apretaba de dolor. Había alcanzado a oír a su madre sollozando, debido a que ella había sido quien hubo recibido la bofetada. Su padre no se habría acobardado por algo tan simple, pero cuando se trataba de la vida de su esposa o su hija, no podía más que ceder.
—Tu pequeña esta al teléfono —le informó Steven—, dile que tú y tu esposa están bien y no acotes nada más o me veré obligado a cumplir mi amenaza ¿está claro?
—De acuerdo —llegó la profunda voz de su padre, reacia pero resignada—. ¿Charly?
Sintió lágrimas acumularse en sus ojos ante aquel cariñoso nombre que su padre usaba con ella, él era el único que lo hacia ya que el resto la llamaba Char.
—Papá... —susurró.
—Cariño...tu madre y yo...estamos bien —Aaron hizo una pausa—. Y no creas lo que este...lo que te haya dicho, esto no es tu culpa, sé muy bien que esto no puede ser tu culpa ¿me entendiste?
No sabía que mentiras Steven pudo haberles dicho a sus padres, pero eso no era lo importante. Lo importante era que sus padres estaban aún en una pieza.
—Lo sé papá, pero aún así lo siento, yo...
—Suficiente —espetó Steven, interrumpiéndola.
Hubo más sonidos de forcejeo, y oyeron la puerta cerrarse otra vez antes de oírlo volver a hablar.
—Ya ves que tus padres siguen con vida, eso es todo por ahora... hasta luego, querida.
Y la conexión se cortó antes de que pudiera decir algo más.
Bajó el brazo con el que había sostenido el teléfono, temblando y aturdida, con la respiración entrecortada y la desesperación por la salud de sus padres abrumándola.
Sus vidas estaban ahora en sus manos, cualquier error podría llevarlos a un desenlace trágico.
De inmediato, Henry le pasó el teléfono a Jasper descuidadamente -quien se encargó de decirle la dirección a Ray- y fue hacia su novia.
La abrazó con fuerza, tratando de ofrecerle todo el apoyo que podía en ese momento, y la sintió temblar bajo sus brazos.
—Todo saldrá bien —le susurró al oído—, los encontraremos y los pondremos a salvo.
Ella asintió con la cabeza, incapaz de usar su propia voz por temor a romperse y colapsar. Solo lo dejó reconfortarla con susurros tranquilizadores y suaves caricias.
Después de un par de minutos, él se separó de ella y colocó sus manos sobre sus hombros para mirarla a sus ojos cansados e hinchados.
—¿Cómo te sientes?
—Exhausta, nerviosa, asustada —respondió ella con sinceridad—, pero no hay otra opción —exhaló resignada—. Tengo que ir a donde él quiere que vaya o no los dejará ir.
—No vas a ir ahí sola —decidió Henry.
Ella alzó la mirada hacia él y resopló.
—Claro que no lo estaba planeando —confirmó—. Está loco, no voy a caer directamente en su trampa.
—¿Así que, cuál es el plan? —preguntó Jasper volviéndose hacia ellos—. Ray está preguntando —explicó levantando el teléfono.
El teléfono de Charlotte sonó con un nuevo mensaje del mismo número. Henry la soltó y ella lo revisó, después levantó la mirada hacia sus tres amigos expectantes.
Inhalando y exhalando profundamente, ella encuadró los hombros y endureció la mirada. Era hora de dejar el miedo y las lágrimas a un lado.
—Una emboscada...Schwoz ¿tienes algún rastreador discreto?
Charlotte tiene un plan ¿qué será?
Espero que Charlotte no haya quedado como muy llorosa, secuestraron a sus padres, eso desespera a cualquiera...
En fin, gracias por leer.
See Ya!
H. C.
