Hey hey! Se que dije que iban a ser pocos capítulos y que iba a explicar como es que sabia de Charlotte, pero a veces simplemente me dejo llevar por las ideas que surgen je je. Tuve que dividir este en dos para no alargarlo, el próximo es la otra mitad de este que esta en etapa de edición n_n y que probablemente este en un par de semanas y donde se explicará todo (esperemos :3)
Disclaimer: Blah blah ya lo saben
Advertencia: Violencia leve y armas de fuego.
Here We Go...
Se negó a que la acercaran en el Man-Cóptero por temor a que el ruido de las hélices alertara a Steven y lo llevaran a tomar medidas drásticas, además de que gracias a la información recabada, sabían que había hecho amigos en el bajo mundo que bien podrían estar vigilando esta zona. Y con el auto de Henry con los neumáticos cortados y la camioneta de Ray fuera de cuestión, no tuvo más remedio que tomar un taxi para llegar a la dirección que Steven le había enviado.
De todos modos, dudaba que hubiera podido conducir correctamente con el estado de ánimo que sentía en ese momento.
A pesar de que tenía confianza en su plan y confiaba en sus amigos para hacer todo bien dada la gravedad de la situación, el miedo y la incertidumbre aún se acumulaban en lo profundo de su estómago, y no podía dejar de retorcer sus manos en su regazo con nerviosismo mientras el coche amarillo se acercaba a su destino, con todas las cosas que podían salir mal con el más mínimo error atormentando sus pensamientos.
La vista que la acompañaba tampoco hizo nada para mejorar su estado de ánimo. En cualquier caso, hizo todo peor.
Con cada calle que pasaba, su entorno se volvía más solitario y sombrío.
A través de la ventana, podía ver cómo las farolas se atenuaban en cantidad, cómo los edificios pasaban de ser prístinos e iluminados a viejos y abandonados.
Ventanas rotas, paredes llenas de grafitis, personas sin hogar reunidas alrededor de una fogata dentro de un tanque, personajes sombríos con los que no se atrevía a hacer contacto visual ni siquiera desde lejos...
El vehículo la estaba alejando del lado más seguro de la ciudad hacia un lugar frecuentado por todo tipo de criminales y pervertidos en busca de su próxima víctima.
—Aquí está bien —le dijo al conductor para que se detuviera.
Este redujo la velocidad pero miró a su alrededor con cierta duda y sospecha, luego la miró a través del espejo retrovisor de su taxi.
—¿Está segura, señorita? —preguntó, sonando preocupado y un poco asustado—. Esta parte de la ciudad es un poco peligrosa.
Un poco era un eufemismo, ella sabría, después de todo, en la cueva tenía acceso a todo tipo de datos sobre crímenes cometidos a lo largo y ancho de la ciudad. A veces, crímenes que no alcanzaban a detener a tiempo y que les habían quitado el sueño noches enteras.
Este lugar en particular tenía una alta gama de delitos, lamentablemente.
—No te preocupes, puedo cuidarme sola —le aseguró ella, enviándole una sonrisa segura y tranquilizadora, que logró hacer lucir natural.
Incluso cuando se sentía de todo menos tranquila.
La mirada que le envió el conductor indicó que su respuesta no lo convenció en absoluto, pero asintió de todos modos y se detuvo a un lado de la calle, bajo la débil luz de una bombilla parpadeante.
Su trabajo solo era conducir a la gente donde querían.
Sacó algo de dinero del bolsillo de su chaqueta y se lo entregó al conductor con un rápido 'gracias' antes de desabrocharse el cinturón de seguridad y abrir la puerta para bajar del auto.
Cerró la puerta detrás de ella y vio como el taxi giraba y se alejaba, dejándola sola.
Esperó hasta que se perdiera de vista para comenzar a caminar hacia el punto de encuentro.
Por razones de seguridad, había hecho que el auto la dejara a un par de calles de la dirección.
No sabía cómo reaccionaría Steven si la veía bajar del auto, podría hacerle mucho daño al inocente taxista solo para evitar que pudiera hablar sobre lo que pudo haber visto.
Tenía suficiente culpa sobre su cabeza por lo que sus padres estaban sufriendo por su propia culpa como para sumar el destino de un taxista desconocido.
Se subió la capucha de su chaqueta negra para esconderse bajo ella y metió las manos dentro de los bolsillos, comenzando a caminar por la acera, tratando de pasar desapercibida mientras mantenía sus oídos alerta y sus ojos enfocados a cualquier sonido o movimiento que pudiera detectar a su alrededor.
Después de todo, Steven no era el único tipo peligroso rondando en esta parte de la ciudad y no disfrutaba del lujo de llevar algo con que defenderse.
Después de unos minutos de caminar con solo el sonido de sus pasos haciéndola compañía y el miedo de que algún loco saltara de la oscuridad para arrebatarla, llegó al lugar donde se suponía que debía encontrarse con él.
Se trataba de un antiguo conjunto de edificios abandonados que perteneció a una fábrica, con sus ventanas taponadas con tablas de madera clavadas o paneles agrietados, sus paredes exponiendo una gran cantidad de graffitis acumulados a lo largo de los años.
Estaba rodeado por una valla de alambre alta que había sido cortada con tenazas por vándalos y tenía muchos agujeros por donde pasar.
Fácilmente, encontró uno y lo atravesó, llegando al otro lado.
Una vez dentro del recinto, dio unos pasos hacia adelante y se bajó la capucha, mostrando su cabello rizado atado, buscando... cualquier cosa.
Steven no le había aclarado qué se suponía que debía buscar o esperar exactamente. Solo le había enviado la dirección y eso había sido todo, ella no sabía cómo proceder ni qué esperar.
Así que caminó mientras miraba a su alrededor, un poco impaciente, ansiosa a que llegara la hora pactada.
—Llegaste un par de minutos temprano.
Esa voz masculina ronca detrás de ella la tomó por sorpresa y la hizo detenerse en seco.
Su cuerpo se congeló mientras apretaba los puños alrededor de un puñado de tela dentro de sus bolsillos.
El miedo y el odio por él lucharon en su interior por dominarla, pero decidió conformarse con una rabia hirviente, que mantuvo bien controlada en lo más profundo de su mente, por el momento.
No se atrevió a darse la vuelta para mirarlo, todavía no, temiendo que él pudiera ver lo que ella sentía por él en su mirada y se enojara más, pero escuchó sus pasos pesados dirigiéndose en su dirección, lentos y mesurados.
—¿Estás ansiosa por conocerme finalmente? —preguntó con un toque de diversión en su voz.
Sus pasos se detuvieron antes de llegar a ella, pudo sentir sus ojos fijos en ella, observándola, haciendo que los pelos de su cuello se erizaran.
Sabía que no podía seguir dándole la espalda, tenía que enfrentarlo si quería que esto siguiera sin problemas.
Respiró hondo en silencio, relajó las manos y las sacó de los bolsillos, levantándolas en el aire sobre su cabeza para demostrarle que no tenía intención de hacerle daño.
—Vine sola, como me pediste —dijo ella, ignorando su comentario de antes.
Lentamente, se dio la vuelta, pensando que no debía jadear de miedo o apretar los dientes de rabia al verlo.
Él se había mantenido a unos metros de ella, todavía en la oscuridad, pero cuando ella se dio la vuelta para mirarlo, salió al descubierto.
La luna estaba en cuarto creciente esa noche, y la débil luz que bañaba el lugar lo iluminaba, permitiéndole ver bien a su acosador mientras acortaba la distancia entre ellos.
Daba más miedo que la imagen que había visto de él, nada que ver con el chico que recordaba de esa época. De la altura de Henry, claramente parecía más ancho y fuerte que ella. Llevaba ropa oscura poco llamativa y una gorra de lana negra cubría su cabeza, resaltando la palidez de su rostro y sus ojeras.
En sus manos enguantadas llevaba una pistola y cinta adhesiva industrial.
No le gustó la vista de aquellos objetos, pero se mantuvo en silencio, sin traicionar nada de lo que sentía.
Tampoco le gustó la mirada espeluznante que le enviaron sus ojos verdes, cómo la miraron lentamente de arriba abajo como si la estuvieran evaluando.
Trató de no pensar en que este sujeto la había visto con menos ropa gracias a los dispositivos que había colocado en su habitación, y probablemente estaba trayendo esas imágenes a la mente para imaginar cómo se veía debajo de sus pantalones y chaqueta.
Pero ese destello codicioso en su mirada lo hizo imposible, y ella no pudo reprimir el estremecimiento que sacudió su cuerpo.
Al darse cuenta de lo que su mirada provocó en ella, puso una sonrisa aguda y arrogante y volvió a mirarla a los ojos.
Ella mantuvo su mirada, en un acto de desafío, para mostrarle que no le tenía miedo y que la experiencia no la había afectado, pero su mirada era tan intensa y profunda que tuvo que rendirse al final y apartar los ojos, completamente incómoda con todo el intercambio.
Ella miró hacia arriba con los labios fruncidos y los ojos entrecerrados cuando escuchó su profunda risa de diversión ante su reacción.
Y tuvo que reprimir un comentario sarcástico.
Solo se mantuvo en silencio, mirando con cautela e insegura mientras caminaba hasta estar a centímetros de ella.
Lentamente, probablemente para no asustarla con movimientos repentinos y habiendo notado su evidente disgusto por él, levantó una mano.
Sacándose el guante, la colocó sobre su mejilla, su piel estaba caliente incluso cuando desplegaba frialdad a través de sus ojos, y su pulgar acarició sus labios con algo parecido a cariño que a ella le repugnaba.
Sus ojos se posaron en sus labios al sentir su suavidad, y se inclinó levemente sobre ella.
Su interior se retorció dolorosamente con tortuosa expectación, sus ojos aguándose con impotencia, creyendo que sabía exactamente que seguía y a pesar de disgustarle, se hallaba impotente para evitarlo.
Sus delgados labios se estiraron en una sonrisa de tiburón ante su reacción, y la miró de nuevo, con malicia y astucia, sabiendo exactamente lo que ella pensaba que iba a suceder y deleitándose con su incomodidad e incapacidad para detenerlo por temor a sus acciones.
—Tengo que revisarte —anunció de repente el criminal, dejando ir su rostro y dando un paso atrás, dejándola respirar tranquilamente.
Ella exhaló temblorosamente, tragando saliva, y le envió una mirada enfadada mientras apretaba los dientes, a lo que él respondió con una risa sofocada seca y burlona.
Estaba jugando con ella, utilizando el miedo por el bienestar de sus padres para hacerla sentir inútil y desprotegida...si tan solo pudiera ponerle las manos encima...
—Con tu permiso...—pidió con sarcasmo.
Ella asintió a regañadientes, sabiendo que no podía escapar de eso y que debía soportarlo.
Se había mentalizado a sí misma que él haría algo así, pero eso no le impidió pensar que tener sus manos tocándola –incluso por encima de su ropa– sería una experiencia horrible y degradante.
Trató de mirar todo menos a él cuando sintió que él la palmeaba de la cabeza a los pies, metiendo las manos en los bolsillos y debajo de su chaqueta.
Tenía ganas de gritar, ser palpada como si fuera una criminal en lugar de la víctima, por la persona que había hecho de su vida un infierno, que había irrumpido en un lugar que ella consideraba su hogar para instalar dispositivos de espionaje, que la había espiado por quién sabe cuánto tiempo...
Era exasperante y frustrante.
Pero sobre todo, humillante.
Afortunadamente, Steven parecía estar haciéndolo todo de una manera un tanto profesional, sin estar insinuando algo fuera de lugar o parecido a sus cartas, lo que le dio un respiro.
Encontró su teléfono y dio un paso atrás, con su arma apuntándola mientras sus ojos miraban hacia la pantalla bloqueada.
Esperó con atención, dispuesta a actuar si él reaccionaba de alguna forma peligrosa al ver la imagen de fondo que tenía de ella y de Henry, abrazándose con las mejillas apretadas y enormes sonrisas.
Se había olvidado de eso, esa imagen había estado allí desde hacia rato. No había pensado en borrarla en absoluto, teniendo otras cosas más apremiantes en su cabeza en ese momento.
Sus ojos parecían querer envolverlo en llamas mientras lo contemplaba en silencio, hasta que parpadeó y lo arrojó al suelo para pisarlo con un pie hasta hacerlo pedazos.
Su rostro se torció levemente de dolor por la pérdida de su dispositivo, pero ya no se podía hacer nada al respecto.
Luego se inclinó y tomó los restos para arrojarlos sobre la cerca de alambre hacia la oscuridad.
Sus ojos volvieron a ella.
—Date la vuelta con las manos tras la espalda —ordenó con voz quieta.
Hizo lo que le dijo, sintiendo el chirrido de la cinta al ser estirada, cortaba y presionaba alrededor de sus muñecas para atarla fuertemente. Luego, la tomó por su antebrazo, presionando con fuerza suficiente para dejar una marca, la giró y comenzó a caminar hacia una de las puertas viejas que daban al interior del edificio.
Dejó que él la llevara, apenas quejándose mientras la arrastraba por los pasillos oscuros hacia donde esperaba que sus padres estuvieran retenidos.
Caminaba siempre un paso detrás de ella, con la punta del arma presionada contra su espalda baja como recordatorio de quién estaba a cargo allí.
Finalmente, llegaron a una vieja puerta de metal, que estaba cerrada por fuera con gruesos pasadores.
Sin dejar de apuntarle con el arma, Steven logró desbloquearla y abrirla.
Esta hizo un sonido chirriante y él la empujó hacia adentro.
La habitación que la recibió estaba tenuemente iluminada por una bombilla vieja, su luz amarillo pálido brillaba sobre las paredes y pisos de cemento frío y húmedo.
Y sobre la pareja de piel oscura de mediana edad, sentados juntos en un rincón contra la pared.
Charlotte jadeó de angustia ante la vista.
Ambos estaban atados y amordazados, como en la foto.
Su padre tenía un corte en su brazo sin tratar, del que todavía brotaba sangre, y su mamá tenía una mancha morada que comenzaba a rodear uno de sus ojos, que estaban hinchados y rojos, señalando que había recibido un fuerte golpe, probablemente un puñetazo de parte de su captor.
Sintió que su rabia aumentaba y apretó los puños.
Al oír el sonido de la puerta abrirse, Aaron se puso frente a su esposa de manera protectora, creyendo que se trataba de su captor regresando para seguir torturándolos, pero al ver a su hija allí, perdió toda apariencia de valentía que podría haber estado ejerciendo.
—¡Mamá, papá! —exclamó la joven.
Charlotte hizo el intento inconsciente de correr hacia sus padres para consolarlos, pero la mano de Steven era como una garra de hierro alrededor de su brazo.
Lo apretó, casi lastimándola, impidiéndole acercarse más a ellos y tirando de ella hacia atrás con violencia.
Su padre recuperó su fuego de lucha al ver cómo trataba a su hija, y trató de atacarle con los ojos entrecerrados de ira.
Pero Steven apuntó con el arma a la mujer que lloraba en silencio, un suave clic resonó en la habitación y todos se quedaron paralizados, conteniendo la respiración con expectación y miedo.
El captor chasqueó la lengua, sacudiendo la cabeza como decepcionado por sus acciones.
—Pensé que ese puñetazo había sido suficiente —comentó con falsa voz de lamento—. ¿Tengo que repetir mi amenaza?
Aaron apretó los dientes detrás de la mordaza, pero negó con la cabeza sin dejar de mirar al arma que apuntaba a su esposa y regresó a su lugar a regañadientes.
—Por favor —le suplicó la joven—. Estoy aquí ahora, eso es lo que querías, ¿verdad? déjalos ir...
Aaron abrió mucho los ojos y sacudió la cabeza desesperadamente hacia ella.
Pero Charlotte ignoró los deseos de su padre.
—Cálmate, querida —dijo, sonando dulce y cariñoso, acariciando su mejilla con el dorso de la mano que sostenía el arma.
Su tono de voz envió escalofríos por su cuerpo, y su toque la hizo sentir enferma.
—Te di mi palabra, la cumpliré —prometió, mirándola con ojos suaves que, lejos de calmarla, empeoraron sus nervios.
Entonces, su rostro se volvió frío y duro de nuevo.
—Pero, no puedo dejarlos ir así.
Ella lo miró desconcertada.
—Son mi garantía —explicó—. Verás, estás haciendo todo esto por ellos, ¿verdad?
Ella asintió en silencio.
—Bueno, mientras estén conmigo te portarás como una buena chica, no tratarás de huir de mi lado... Así que me los quedaré un poco más.
—Eso no es lo que acordamos —objetó ella.
—No, no lo es —reconoció Steven—, pero es una medida necesaria que tengo que tomar, no te preocupes, los dejaré ir... eventualmente.
Charlotte apretó los dientes con molestia, pero era poco lo que podía hacer en ese momento, salvo seguir adelante con sus planes.
Ella todavía tenía la ventaja, incluso cuando él pensaba lo contrario.
—Ahora —continuó, ignorando su evidente malestar—, por razones de seguridad, no podemos quedarnos mucho más aquí, pero ya había pensado en eso con anticipación.
Rompió otro trozo de cinta y se lo puso en la boca para evitar que pidiera ayuda o algo.
Luego la tomó y la empujó contra sus padres, y hubiera caído de bruces al suelo si no fuera porque su padre se levantó y amortiguó su caída para evitar que se lastimase. Mientras tanto, Steven se inclinó para tomar a su madre en lugar de ella, quien, aterrorizada, trató de contraatacar con pánico.
Lo que le valió otra bofetada dura que resonó en la habitación.
Los ojos de Caroline derramaron lágrimas y sollozó, sintiéndose demasiado débil para seguir luchando, lo que le permitió tomarla del brazo y levantarla.
Aaron sintió la necesidad de saltar al rescate de su esposa entonces, pero su hija lo detuvo.
A Charlotte le dolía el corazón por el sufrimiento por el que estaba pasando su madre, pero este tipo había probado ser inestable y violento.
Si ofrecían resistencia, podría volverse peor de lo que ya estaba y arruinar todo lo que habían planeado.
Tenían que soportar un poquito más.
Ella negó con la cabeza a su furioso padre, rogándole con su mirada que se calmara y confiara en ella.
Aarón cedió, no sin antes enviar una mirada fulminante a su captor.
Steven, ignorando el intercambio entre padre e hija, tomó a su madre del brazo y la puso frente a él, apoyando la punta de su arma en su cuello.
—Ustedes dos, levántense —ordenó.
Ambos obedecieron, levantándose del suelo con cautela.
Steven señaló la puerta rápidamente con la pistola.
—Empiecen a caminar —ordenó de nuevo con dureza—, si alguno de ustedes hace algo gracioso... Le disparo —amenazó— ¿lo tenemos claro?
Ellos asintieron.
Satisfecho, Steven endureció su agarre sobre su madre.
—Vamos.
Hicieron el camino a través del edificio oscuro, siguiendo sus indicaciones.
Ella notó que los llevó hacia otro camino, que los condujo hacia una puerta trasera y un solitario y abandonado estacionamiento al otro lado del recinto.
Había una camioneta negra esperando allí, con un hombre igualmente vestido de oscuro, en el asiento del conductor. Cuando este los vio, abrió la puerta y se bajó, llevando también una pistola consigo y las llaves de la camioneta.
Se acercó a ellos y le arrojó las llaves al secuestrador, que hábilmente las agarró en el aire.
—Aquí está tu recompensa —dijo Steven una vez que tuvo las llaves en su poder.
Metió la mano en un bolsillo interior y sacó un fajo de billetes que arrojó al hombre, quien lo tomó al aire, con una sonrisa satisfecha.
Con solamente un asentimiento de cabeza, se fue de allí, sin apenas prestar atención a la familia secuestrada.
Charlotte trató de memorizar las características del extraño lo mejor que pudo, él no se saldría con la suya con el secuestro una vez que ella estuviera fuera de peligro.
Steven luego caminó hacia las puertas traseras del vehículo, las abrió y le indicó a Aaron que se acercara.
—Entra.
El hombre hizo lo que se le ordenó, subiendo al vehículo. Luego, Steven empujó a Caroline a la camioneta también, junto a su esposo. Ella se arrastró dentro, gimiendo suavemente de miedo y se acurrucó contra su esposo, que la recibió de inmediato, y el captor cerró las puertas, echándoles llave.
Luego la apuntó con el arma.
—Viajas conmigo, querida.
Le abrió la puerta del copiloto y se hizo a un lado para permitirle entrar en el vehículo, haciendo una pequeña reverencia como si estuviera siendo un caballero.
Apretando los dientes, ella subió a la camioneta y él cerró la puerta detrás de ella con fuerza, casi haciéndola saltar de sorpresa.
Dio la vuelta a la camioneta y se acomodó en su asiento, cerrando su propia puerta y poniendo en marcha el motor.
Pero antes de empezar a conducir, subió las ventanillas polarizadas.
Entonces, nadie se daría cuenta de que tenía cinta adhesiva cubriendo su boca y estaba atada.
Lentamente, el vehículo fue conducido hacia la salida, una vieja valla de hierro que había sido dejado abierta, y por el espejito lateral vio como el edificio quedaba cada vez más atrás hasta perderse en la oscuridad.
Henry estaba sentado al lado de Ray dentro de la Man-Van, viendo el movimiento de Charlotte a través de un mapa GPS que tenía instalado en una tableta.
La habían estado vigilando a través de ese dispositivo, desde el momento en que salió de la tienda en ese taxi.
Habiendo predicho que Steven le quitaría su teléfono para cortar su conexión con el mundo exterior e impedirle buscar ayuda y no queriendo dejar a sus amigos adivinando a dónde la llevaría o sentirse sola, le había pedido a Schwoz uno de los rastreadores que Ray y Henry usaban en sus trajes.
Eran pequeños y discretos, fáciles de esconder en lugares pequeños, como uno de sus pendientes, Steven nunca sospecharía que tenía uno en su lóbulo derecho para que sus amigos supieran a dónde ir, o que también tenía un pequeño micrófono inalámbrico escondido en el collar que colgaba de su cuello.
Así que también los habían estado escuchando todo el tiempo, y sabían que él había faltado a su palabra y se había llevado a sus padres con él con la idea de dejarlos ir más tarde de lo que les hubiera gustado.
Si es que pensaba hacerlo realmente, a esas alturas ya no estaban seguros de cuan confiable era en realidad la persona a la que se estaban enfrentando.
Henry había sentido el desprecio que sentía por este chico aumentando al escuchar cómo hablaba con su novia y trataba a sus suegros, su agarre en la tableta se fortaleció tanto que Ray pensó que podía romper el dispositivo si quisiera.
Quería tanto enfrentarse a este tipo, le enseñaría a meterse con alguien que igualara su fuerza y resistencia... No se contendría, se aseguraría de dejarlo con un recordatorio de no volver a amenazar a sus seres queridos, a los de nadie.
La cálida mano de Ray se posó suavemente en su hombro, y este le dio un apretón para recordarle sin necesidad de palabras que debía tranquilizarse, que no estaba solo en esto y que lo necesitaban con la mente clara.
Suavizó su agarre en el dispositivo y respiró hondo, calmándose. No podía permitir que su furia se apoderara de él. Su novia contaba con ellos, con él, para rescatarla, tenía que mantener el foco en la misión que tenían.
Que era en ese momento seguirlos desde una distancia segura para no levantar sospechas usando el GPS para saber a dónde ir.
—Se están alejando del complejo —anunció al notar que el punto rojo que indicaba la posición de Charlotte se alejaba del lugar.
—¿En qué dirección? —preguntó Ray mientras encendía el motor.
—Hacia el oeste —comentó el joven héroe, con los ojos pegados a la pantalla.
—Probablemente trate de evitar pasar donde pudiera encontrarse con algún tipo de control de la policía, por lo que imagino que las carreteras están fuera de cuestión —comentó la voz de Jasper a través de un comunicador.
Su relación con Ray había mejorado después de años de tener que trabajar juntos. El muchacho le había demostrado que podía ser digno de confianza y útil cuando surgía la necesidad y sus amigos estaban en riesgo, y Ray se había encariñado un poco con el chico también, después de todo, había pasado tiempo teniendo que lidiar con su presencia por el bien de Henry, y la animosidad que sentía había disminuido.
Todavía era duro con él en ocasiones, pero para hacerlo mejorar con la esperanza de que sirviera de apoyo para Henry cuando este decidiera seguir su propio camino.
Él y Schwoz viajaban en la camioneta de Ray, también siguiendo la pista de su amiga secuestrada.
Habían decidido participar antes de que ella partiera para este viaje, como respaldo, además, tuvieron que llevar a Henry a donde Ray había estado esperando por él, y Schwoz había revisado al perro de los Page, dándoles la noticia de que el perro estaría bien, pero que deberían atarlo porque parecía un animal bastante agresivo y podía ser un problema si se despertaba en medio de la misión.
Su principal objetivo sería examinar a los padres de Charlotte. Si Steven los dejaba lejos de cualquier lugar civilizado, necesitarían un viaje de regreso y atención médica si uno de ellos había resultado herido, lo que a juzgar por la sangre de la que había hablado Ray, era una posibilidad. Podían recogerlos y llevarlos a un lugar seguro mientras el dúo de Swellview se ocupaba de su secuestrador y de su hija.
—El bosque está en esa dirección, debe estar planeando abandonar la ciudad por ahí —opinó Henry.
Estaba sumamente preocupado por Charlotte, pero mientras ese punto rojo parpadeara, sabía donde ubicarla si surgía algo inesperado. Este sujeto estaba loco si creía que alejándola de él lo iba a vencer o hacerlo bajar los brazos.
—Tendrán que ser cuidadosos, a esta hora no habrá nadie en esas carreteras, mucho menos si es una de las que casi ya no se utilizan, estará más alerta a cualquier potencial peligro, no sabemos como puede reaccionar si llega a ver las farolas de la van a través del espejo retrovisor y cree que esta siendo seguido —advirtió Jasper.
—De acuerdo, entonces una vez estar seguros de que los dejó ir, iremos tras él activando el protocolo de seguridad —indicó Ray—, mientras tanto nos mantendremos a una distancia segura.
Con eso decidido, continuaron el viaje en silencio a excepción de cuando Henry debía darle alguna indicación a Ray para que tomara cierta calle.
El viaje estaba siendo silencioso, los únicos sonidos que podía oír eran el suave rugido del motor y las llantas deslizándose sobre la carretera de grava. Estaban a las afueras de Swellview, eso dedujo por lo poco que pudo distinguir en el camino a través de las ventanillas, y al parecer Steven había utilizado un camino casi abandonado o usado por muy pocos conductores, pues estaba lleno de baches y no había ningún tipo de cartel que indicara adonde llevaba exactamente, además de que no había visto a ningún otro vehículo en lo que llevaban recorriéndolo.
Aunque lo había intentado, no había podido memorizar el trayecto que el secuestrador había tomado, debido a que había hecho demasiados giros y vueltas en un intrincado patrón que terminó mareándola, haciéndole casi imposible que pudiera ubicarse en algún punto en especial. Lo único que podía imaginarse por el paisaje que apenas distinguía bajo la débil luz de la luna era que se estaban adentrando más y más en el espeso bosque a las afueras de la ciudad.
Una mirada de soslayo al silencioso conductor le hizo ver que sus ojos seguían fijos en la solitaria carretera adelante. Desde que hubieron dejado aquel complejo de edificios, Steven no le había vuelto a dirigir la palabra o vuelto a mirar en su dirección, lo habría sabido, era casi imposible ignorar esos fríos ojos puestos en ella, provocando una reacción casi inconsciente en su cuerpo de erizarle los cabellos y hacer que se estremeciera. Y contrario a lo que se esperaría, ese comportamiento distante de su parte, luego de la intensidad que había demostrado poseer, lejos de tranquilizarla, le resultaba enervante.
Su rostro estaba en blanco, como de piedra, sin ninguna emoción, ni buena ni mala, no podía adivinar en qué estaría pensando, y eso la estaba hundiendo en la desesperación, pues había demostrado ser demasiado inestable e impredecible de muchas maneras, y eso la había hecho comenzar a dudar de sus planes.
Todo lo que habían planeado había sido apresurado y basado en lo poco que podían deducir de él con sus acciones y demandas.
La quería a toda costa, había ido muy lejos para conseguir lo que deseaba, pero... ¿Cuánto más estaba dispuesto a llegar para alcanzar sus metas? La incertidumbre de lo que podría llegarle a hacer a sus padres o a ella con el fin de conservarla la llenó de inquietud, y la espera hasta que él decidiera hacer su próximo movimiento era asfixiante.
De repente, el joven giró el vehículo cambiando de dirección, saliendo de la carretera y conduciendo por los terrenos irregulares del bosque.
Trató de mirar hacia afuera para ver si podía detectar algo útil, pero solo podían ver las oscuras siluetas de las arboles, todo estaba escondido en un velo de oscuridad.
Sin embargo, Steven parecía conocer perfectamente el camino, conduciendo sin complicaciones como si tuviera memorizada la ruta que debía seguir.
¿A dónde la estaba llevando?
A medida que se adentraban más y más en la espesura del bosque, Charlotte sintió que su interior se agitaba con un pavor creciente.
A ella no le gustó el hecho de que los llevaran tan profundo al centro del bosque, ¿estaba planeando dejarlos allí solos? Ya los había alejado de la carretera principal que llevaba de regreso a la ciudad, eso debería ser suficiente para él, sin embargo, seguía conduciéndolos por entre los arboles.
¿Cuál era su objetivo exactamente?
Estaba revisando todas las posibilidades que podían ocurrírsele en su mente cuando el vehículo comenzó a desacelerar después de haber viajado unos kilómetros por el terreno solitario.
Se detuvo y apagó el motor, guardándose las llaves en el bolsillo antes de abrir la puerta y bajar.
Observó con cautela mientras él caminaba alrededor del vehículo y se dirigía a su lado, abriendo su puerta para tomarla del brazo y sacarla de allí sin palabras ni nada. Su mano se cerró con fuerza alrededor de su brazo, casi dolorosamente, pero ella se abstuvo de quejarse o forcejear, optando en cambio por dejarse llevar para no empeorar la situación para sus padres.
Él la llevó hasta la parte trasera de la furgoneta, allí abrió las puertas revelando al aterrado matrimonio acurrucados juntos contra un rincón en la oscuridad. Steven sacó su linterna y los apuntó, cegándolos momentáneamente con la luz.
—Salgan —ordenó con esa voz rasposa.
Aaron fue él primero en bajar para después ayudar a su esposa como pudo a pesar de tener las manos atadas. Caroline seguía temblando de miedo, y ser recibida por el paisaje en el que se encontraban no hizo más que acrecentar su temor, y se pegó al lado de su esposo.
Entonces, Steven apuntó a una dirección entre los gruesos árboles y miró a sus padres.
—Caminen.
Aaron apretó los dientes detrás de la mordaza pero asintió y se giró para comenzar a caminar hacia la poco atractiva oscuridad, con su esposa tras él, sollozando suavemente.
Cuando hubieron dado unos pasos, él la sujetó del brazo con la mano libre y alzó la mano que sostenía la pistola.
Allí, ella lo entendió todo y se vio obligada a tomar una decisión en una fracción de segundo.
Sin pensárselo mucho, se arrojó sobre él con todas sus fuerzas, tirándolo al suelo.
Steven cayó con un ruido sordo y un gruñido, logrando apretar el gatillo de todos modos, pero la bala erró el blanco y fue a dar al tronco de un árbol.
Sus padres se volvieron ante la repentina conmoción, con el corazón en la garganta ante el sonido del disparo y la vista de su hija peleando con su secuestrador en el suelo.
Por instinto Aaron trató de ir al lado de su hija y ayudarla, pero después de que él dio unos pasos hacia ella, ella levantó la cabeza y la sacudió desesperadamente, con lágrimas amenazando con caer de nuevo. Él vaciló, dividido entre ir a ayudarla u obedecerla y escapar. Ella era su hija, no podía abandonarla, su pecho se apretó de dolor ante el solo pensamiento. Pero su captor lo obligó a que eligiera la opción menos atractiva cuando volvió a levantar su arma y comenzó a disparar, luchando por apuntar correctamente debido a que la mujer encima de él trataba de dominarlo lo suficiente como para que sus padres huyeran de allí.
Sus amigos debieron haber escuchado la lucha y estaba segura de que vendrían a rescatarlos. Solo tenía que sobrevivir el tiempo suficiente para que pudieran alcanzarlos aún con vida.
Con una última mirada de impotencia y dolor, su padre se dio la vuelta y desapareció entre la espesa oscuridad, sus pasos se disolvieron en la nada.
Trató de mantener a Steven en el suelo para evitar que él fuera detrás de ellos, pero se distrajo y un codazo en el estómago la hizo detener su lucha y doblarse de dolor, debilitándola. Él se aprovechó de eso y la apartó a un lado con un fuerte empujón, rápidamente se puso de pie con la idea de ir a perseguir a sus rehenes, no sin antes volverse hacia ella y conectar una fuerte patada a sus costillas que la hizo derramar lágrimas y retorcerse de dolor. Aun así, lo soportó y trató de ponerse de pie de nuevo, solo para ser empujada hacia el suelo por un pie presionado contra su pecho.
Una vez más, recordó su fuerza superior contra la de ella, fue capaz de mantenerla contra la tierra compacta incluso cuando ella luchó, mirándola con lo que parecía dolor y rabia, sus ojos verdes ardiendo.
—¿Sabes? Habrían vivido —dijo con desprecio—, yo sabía que si les hacía daño fatal, me odiarías para siempre, así que solo iba a lastimar a tu padre lo suficiente como para que no pudiera seguirnos ni llegar a la carretera más rápido y darnos tiempo para huir... —sus fosas nasales llamearon—, ¿de verdad pensaste que los mataría? Te amo, te lo dije una y otra vez, pero sigues viéndome como un monstruo, ¿no es así? —Se rió amarga y oscuramente—, bueno, será mejor que esté a la altura de tus expectativas, ¿no?
Ella lo miró con ojos suplicantes, pero no por él, sino por que Henry o Ray o quienquiera, apareciera y detuviera a este psicópata.
Confundiendo su mirada, Steven le envió una sonrisa enferma y continuó.
—¿Qué tan lejos crees que puedan ir gente de su edad con las manos atadas en la oscuridad, eh? —preguntó burlonamente.
Luego sacó un cargador de municiones de su bolsillo y cargó el arma.
—Los voy a matar —declaró con frialdad.
Y eso fue lo último que le oyó decir antes de que otra patada en la cabeza la hiciera perder el conocimiento.
Gracias por leer.
See Ya!
H. C.
