Sí, lo siento, sé que dije dos semanas y ya pasaron casi seis meses pero los planes nunca salen como uno quiere, pero finalmente aquí esta el siguiente capítulo, y la historia va a ser un poco más larga de lo que había pensado en un principio porque que se me van ocurriendo cosas para agregar, igual voy a tratar de no dilatar tanto las cosas y no dejar tanto espacio entre actualizaciones.

Sin más que decir...

Here We Go...

El bosque era enorme, varias personas se perdían allí cada año, algunas de ellas para no volver a ser encontradas con vida, o encontradas de plano, lamentablemente.

Los árboles eran tan altos y tupidos que sus gruesas copas no permitían que la luz de la luna se filtrara a través de ellos. Todo estaba envuelto en tinieblas.

Y no quería dar a conocer su presencia por miedo a poner más nervioso a Steven y que terminara haciendo algo desesperado. Entonces, una linterna que fácilmente podría ser vista no era una opción. Pero su traje tenía instaladas gafas de visión nocturna que podía ponerse y activar desde un comando de su reloj de pulsera. Este tenía un alcance de veinte metros y lo ayudaría a atravesar el bosque.

Corría a través de los árboles, respirando entrecortadamente, con el corazón latiéndole en los oídos, la sangre ardiendo en sus venas, alimentando la sensación de rabia y empujándolo a ir más rápido.

Después de que la camioneta donde estaba Charlotte tomara ese giro repentino con intenciones de internarse en lo profundo del bosque, tuvo la terrible sensación de que todo iba a salir mal y presionó a Ray para que acelerara, olvidándose por completo del protocolo de seguridad.

Cuando llegaron al punto por donde había pasado el otro vehículo, descubrieron que el suyo era un poco más ancho para conducirlo entre el sendero que atravesaba los árboles, por lo que para su impotencia, deberían de seguirlos a pie.

Siendo más joven y estando más en forma que Ray, y cada vez más impaciente por la incertidumbre de lo que les esperaba, pudo avanzar con más velocidad, dejando a su mentor atrás.

Sin embargo se vio en la necesidad de acelerar el paso cuando un disparo desgarrador se escuchó a través del micrófono y el bosque, rompiendo la quietud que reinaba en los alrededores y haciendo que una bandada de aves saliera aleteando en diversas direcciones. Sus pies vacilaron por una fracción de segundo casi haciéndolo tropezar sobre el terreno desparejo mientras sus ojos se abrían con pavor y su corazón se detenía solo para arremeter contra su pecho con más fuerza, antes de retomar el ritmo y continuar con más decisión.

Más disparos le siguieron al primero, y su corazón se hundió hasta su estómago, apretándose y retorciéndose.

A través del transmisor, oyó el forcejeo entre ellos, los ahogados gemidos de dolor de Charlotte y las crueles palabras de Steven, mientras prometía terminar con la vida de sus suegros, para finalmente escuchar sólo sonidos amortiguados hasta que todo se quedara en un inquietante silencio.

La ausencia de cualquier otro sonido lo puso más nervioso, y por su mente empezaron a pasar todo tipo de escenarios posibles a cada cual más insoportable que el otro, que trató de enterrar en el fondo de su mente para no dejar que la desesperación lo ahogara y lo distrajera.

Halló algo de tranquilidad recordando que Steven estaba profundamente obsesionado con su novia, así que no la dañaría fatalmente.

No era un pensamiento particularmente agradable y dejaba un amargo sabor en su garganta, pero mantuvo vivas sus esperanzas y eso bastaba.

Con un salto, alcanzó un área abierta donde encontró la pequeña camioneta negra abandonada, pero nada más a su alrededor. Sin embargo, una rápida revisión de la tableta le hizo saber que su novia estaba allí todavía, dentro de la camioneta.

Trató de abrir las puertas traseras, pero al intentarlo no cedieron ya que estaban cerradas con llave, así que sin más, tomó la pistola láser de su cinturón de herramientas y disparó un par de veces al ojo de la cerradura, haciendo un agujero que hizo que las puertas se abrieran por sí solas.


Charlotte había despertado hacia un par de minutos, algo desorientada y con un terrible dolor en la sien, de la que notó que algo húmedo se deslizaba lentamente. Al principio no pudo recordar donde estaba y que había ocurrido, porque todo estaba tan oscuro, y al tratar de moverse, casi entró en pánico al encontrarse con que no podía. Entonces los hechos ocurridos volvieron a su mente, y con desesperación empezó a retorcerse en el considerablemente amplio espacio en un intento por liberarse de sus restricciones.

¿Cuánto tiempo llevaba allí encerrada? ¿Donde estaba? ¿Qué había ocurrido? ¿Cuanto tiempo había pasado?

Siguió forcejeando hasta cansarse, en vano ya que sus intentos no parecían rendir fruto. Solo consiguió voltearse y embarrarse las mejillas con la sangre que había brotado de su herida en la sien. Solo se detuvo cuando oyó los disparos y vio como las puertas se abrían.

Su estómago se apretó de dolor al pensar que era Steven de regreso, porque eso significaría que ya se había encargado de sus padres, pero su cuerpo se relajó cuando la luz de una linterna encontró su rostro y distinguió la figura afuera de la camioneta.

Los ojos de Henry se abrieron con preocupación cuando vio a su novia acostada allí, con cinta adhesiva cubriendo su boca, atando sus tobillos y muñecas y sangre goteando por su sien y bañando parte de su rostro, pero una ola de alivio lo llenó cuando se dio cuenta de que estaba consciente, inclinándose sobre ella y rápidamente cortando la cinta adhesiva, liberándola para terminar de quitarse la cinta de la boca.

Se arrojaron a los brazos del otro entonces, fundiéndose en un fuerte abrazo mientras Henry susurraba palabras de consuelo y alivio sobre su cabellera rizada.

Pero rápidamente ella se separó y lo miró desesperada.

—¡Mis padres! ¡Steven fue detrás de ellos! —exclamó con los ojos grandes y aguados.

—Shhh, tranquila, lo escuché todo —dijo, tomando sus manos entre las suyas en un gesto tranquilizador—. No te preocupes, iré a buscarlos.

—Iré contigo.

Saltó de la parte trasera del vehículo y, aún con la sien palpitando, una ola de mareo se apoderó de ella y se tambaleó hacia adelante.

—Creo que no estás en condiciones de hacerlo —señaló con suavidad su novio, dándole una mano para que se enderezara, sosteniéndola contra él hasta que su estado de vértigo pasó.

—Además necesitas que revisen esas heridas —agregó Henry, señalando su sien magullada y ensangrentada.

Sintió la necesidad de insistir, pero se lo pensó mejor. Él tenía razón, aún le dolía la cabeza y no podía concentrarse en nada sin sentir que la cabeza le daba vueltas.

Si iba con él, sería un estorbo y un retraso para él, se interpondría en su camino.

—Ray venía detrás de mí, lo llamaré.

Ella asintió con la cabeza mientras él la ayudaba a tomar asiento en la parte trasera del vehículo nuevamente, luego se enderezó y se giró para llamar a Ray y actualizarlo sobre sus hallazgos.

A él le hubiera gustado cuidar de ella él mismo, pero sus padres seguían desaparecidos, a merced de su secuestrador.

Tenía que localizarlos antes de que Steven los encontrara primero.

O localizarlo antes de que hiciera algo.

—¡Kid! —su mentor sonaba sin aliento pero los sonidos de pies golpeando y el crujir de hojas y ramas indicaban que seguía corriendo—, ¿dónde estás? ¿Encontraste algo?

Cuando lo hubo dejado atrás, se había llevado consigo el transmisor que les permitía escuchar lo que estaba sucediendo y rastrearla.

—Encontré a Charlotte, pero ni rastro de sus padres ni de Steven —informó rápidamente—, parece estar mayormente bien pero herida, te enviaré mi ubicación —lo hizo en un segundo.

—¿Puedes cuidar de ella? —preguntó Henry—. Iré a buscarlos, no pueden estar lejos.

—Cuenta conmigo, Kid, me estoy acercando al lugar, yo me encargaré de ella —prometió su mentor—. Solo ten cuidado, está loco, no podemos predecir cómo reaccionará.

—Lo tendré, gracias.

Luego de aquello, colgó y se volvió hacia su novia.

—No alcancé a ver por donde se fue, pero mis padres corrieron en esa dirección —informó señalando al sitio que se perdía entre la oscuridad de los arboles.

—Esta bien, toma esto.

En su cinturón traía una pistola láser cilíndrica de repuesto que le tendió para que la tomara.

—Está configurada para aturdir solamente, con suerte Ray estará aquí pronto y no la necesitarás.

—Está bien, ten cuidado, por favor, Steven es muy inestable y esta realmente enfadado.

—Lo tendré —le aseguró, sonriéndole de forma consoladora.

Entonces le dio la espalda y aquella sonrisa se borró para ser reemplazada por un semblante serio y decidido, y el joven salió corriendo hacia el cumulo de arboles, adentrándose en la oscuridad.


Aaron tropezó y cayó de rodillas al suelo con un gruñido y un siseo de dolor. Su esposa se detuvo en seco y arrodilló a su lado, preocupada y asustada.

—¿Qué sucede?

Habían logrado quitarse la cinta adhesiva de la boca, pero aún tenían las manos atadas.

—Creo que me torcí el tobillo —se quejó el hombre, tratando de levantarse para volver a caer cuando un dolor agudo atravesó su pierna al querer pisar con ella.

Apretó los dientes, levantándose de nuevo con cuidado, su esposa le dio apoyo con su cuerpo para que pudieran avanzar.

No sabían a dónde iban, apenas veían entre la oscuridad, tal vez se estaban adentrando más en el bosque, algo poco recomendable, pero su única opción, solo sabían que tenían que alejarse de su captor.

Su hija había arriesgado su vida por ellos, tenían que sobrevivir.

Pero esa herida que sufrió ralentizó mucho su marcha, y habían dejado un montón de huellas en su camino que podrían usarse para seguirlos, y pronto, escucharon pasos pesados apresurados detrás de ellos, acercándose rápidamente.

Aaron trató de acelerar su paso para ganar distancia, pero el dolor lo hacía muy difícil, a ese paso, serían alcanzados facilmente y probablemente asesinados a sangre fría. Estaba siendo un estorbo y solo conseguiría que los atraparan a ambos.

Tropezó con algo en el suelo de nuevo, casi cayéndose si no fuera por Caroline, quien lo sostuvo y lo ayudó a permanecer en pie y seguir avanzando tan rápido como podían, pero los pasos detrás de ellos no se estaban alejando.

La pobre Caroline no sabía adónde lo llevaba, pero estaba haciendo todo lo posible para alejarlo del peligro. Se sintió agradecido por su lealtad pero no quería ser la causa de su muerte, así que con el corazón apesadumbrado, tomó una decisión.

—Déjame —pidió.

Caroline se detuvo en medio de la acción de ayudarlo a ponerse de pie de nuevo luego de otro tropezón mientras se apoyaba en el tronco de un árbol, respirando entrecortadamente. No se estaba volviendo más joven, esa carrera estaba pasando factura a su cuerpo cansado.

Ella lo miró con desconcierto.

—¿Qué quieres decir?

—Te estoy retrasando —explicó entre jadeos por aire—, si seguimos así, nos atrapará a los dos ... pero estás mayormente bien, tienes oportunidad de escapar ilesa.

Ella negó con la cabeza con vehemencia.

—¡No te voy a dejar atrás! —Insistió, de asustada a decidida—. Nuestra hija hizo eso por los dos, ¡los dos vamos a sobrevivir a esto!

Trató de ayudarlo a caminar de nuevo, obstinadamente decidida a salvarlo, pero...

—¡Cuidado!

Aaron saltó sobre ella y la tiró a un lado, justo a tiempo para ser el que recibiera el impacto de la bala disparada en su dirección, gruñendo mientras caía de rodillas, sus brazos atados dirigiéndose a cubrir su sección media donde fue herido.

Caroline soltó un grito desgarrador, los ojos se llenaron de lágrimas frescas y las manos atadas cubrieron su boca con desesperación y horror al ver a su esposo caer en un montón al suelo, la sangre brotando de su herida y acumulándose debajo de él en el suelo.

Ella trató de correr a su lado, pero como si adivinara sus intenciones, él levantó la cabeza y le gritó que corriera.

Por un segundo se quedó allí, paralizada del miedo a la figura oscurecida que tenía la culpa del estado de su marido, con la pistola en la mano, listo para volver a apretar el gatillo hacia ella.

Pero la chispa de supervivencia se disparó a través de ella y como si se hubiera encendido un interruptor dentro de ella, Caroline le dio una última mirada anhelante y herida a su esposo y huyó de la escena, corriendo hacia lo desconocido.

Aaron sintió que la figura amenazadora pasaba cerca de él, corriendo hacia su esposa, pero aún le quedaba la fuerza suficiente para levantarse un poco y arrojarse sobre las piernas de la figura, llevándolos a ambos al suelo.

El hombre se lo quitó fácilmente de encima, con una fuerte patada en la cara, pero esperaba que ese retraso fuera suficiente para que Caroline sobreviviera un poco más y, con suerte, escapara de aquel bosque y pudiera buscar ayuda.

Aaron estaba acostado de espaldas en el suelo frío, sintiendo como su fuerza lo abandonaba lentamente, el dolor lo abrumaba. Entre parpadeos lentos, logró divisar la punta del arma apuntando a su cabeza, en la mano del monstruo de ojos verdes con la mirada fría, y cerró los ojos, el miedo lo recorría por dentro y lágrimas brotaron de sus ojos, pero aceptó que aquel era su amargo destino, despidiéndose de su esposa e hija, rogando que al menos ellas salieran ilesas.

El disparo nunca impactó en él.

Sí escuchó el sonido de un disparo lejos, pero cuando entreabrió los ojos para observar, lo que vio fue una figura emergiendo de entre el velo de la oscuridad que gritó algo que en su estado debilitado no pudo entender, y sin poder distinguir nada, su cabeza cayó y volvió a cerrar los ojos, demasiado exhausto para que le importara.


El sonido de un disparo seguido de aquel grito desgarrador lo hizo acelerar el paso y seguir la dirección en la que había escuchado el sonido, divisando tres figuras un poco lejos cuando activó la mira térmica para ubicarlos mejor.

Sabía lo que eso significaba, pero hizo a un lado esos pensamientos y se concentró en llegar allí antes de que sucediera algo peor.

Una de las figuras logró escapar, pudo divisarla alejándose, pero la otra quedó a merced de su captor, y Henry supo qué destino le esperaba en esas manos despiadadas.

Aún lejos de ellos, se llevó las manos al cinturón y, sin mirar, agarró su pistola láser y apuntó al borrón rojo y naranja que estaba parado a unos metros, disparando.

El sonido alertó a Steven, quien logró esquivar el disparo a tiempo, aunque este alcanzó a impactar en su mano y lo hizo dar un paso atrás mientras se giraba forzando la vista para detectar la fuente de los disparos láser.

—¡Suelta el arma y levanta las manos! —ordenó una voz masculina, una que hacía mucho tiempo no escuchaba.

De la oscuridad, vio emerger la figura del culpable de todas sus desgracias, el que lo había llevado al punto sin retorno.

Ya no usaba esas ropas coloridas como su mentor y socio continuaba haciendo, pero ahora su traje estaba en tonos más oscuros y condicionado para ser más sigiloso, pero podía reconocer su voz y su porte en cualquier lugar.

Y todavía sentía ese odio ardiente por él quemando profundamente dentro de su ser, que no solo había apartado al amor de su vida de su lado, sino que también había arruinado su vida, su futuro.

Si no fuera por él, ahora tendría una vida diferente, no habría ido a la cárcel, no habría sido rechazado por su propia familia, no se habría convertido en escoria de la sociedad.

Sin embargo, de alguna manera, era como si estuviera en deuda con él ¿o no? Seguro, había sido su propio odio y desprecio por el héroe lo que lo había llevado a convertirse en el artífice de su propia caída en desgracia. Pero también lo había ayudado a convertirse en el hombre que era ahora, lo había ayudado a ganar la experiencia necesaria para navegar ese oscuro mundo que habitaba ahora.

Su antigua, monótona y aburrida vida había sido dejada atrás, aplastada y convertida en polvo para ser reemplazada por una nueva, una llena de odio y rabia, pero también con adrenalina y emoción.

Aveces extrañaba la vida fácil y aparentemente feliz que la mayoría de la gente anhelaba disfrutar y que una vez el también deseó para sí mismo, ser capaz de caminar por la ciudad sin tener que esconderse de todos, sin que la gente lo reconociera, apuntándole con sus dedos y susurrando a su paso, aterrados o despectivos.

Sin embargo, ahora él tenía algo que no supo que había deseado tener hasta que lo tuvo.

Respeto. Respeto y temor tanto de las personas comunes como de otros criminales. Había personas allá afuera que estaban profundamente temerosas de él, personas que habían visto de lo que era capaz, cuan fuerte y habilidoso era. Había hecho un nombre para sí mismo, había dejado su marca a su paso, una imborrable.

Ahora ocupaba un lugar entre los más buscados de Swellview, y llevaba esa marca con orgullo.

Lo había hecho todo por sí mismo...bueno, había sido empujado tanto por los héroes como por la sociedad, pero habría podido dejar ir la oportunidad, permanecer escondido y miserable el resto de su vida, lamentándose y siendo el hazmerreír de la ciudad. Pero no, lejos de sentir lástima y dejarse consumir por ello, había optado por dejar que aquella experiencia lo moldeara para convertirse en lo que era ahora.

—¡Suelta el arma, manos arriba y detrás de la cabeza, ahora! —ordenó Henry de nuevo, empezando a incomodarse con su postura silenciosa.

Sus ojos se posaron brevemente en la figura tendida en el suelo, ahora inconsciente y perdiendo rápidamente calor corporal. Habría corrido directamente hacia el herido, pero el criminal estaba trás él aún portando el arma.

Estaba anormalmente quieto y en silencio, mirándolo con esos ojos ahora vidriosos que le enviaban escalofríos de inquietud.

¿Qué podría estar pasando por esa demente cabeza suya?

Steven parecía haber olvidado la herida en su mano, ocupado evaluando al héroe con una mirada aguda y calculada, enfocándose en su figura. Muchos héroes de todo el mundo solían subestimar las habilidades de observación de algunos criminales, una habilidad que él había dominado mientras estaba en prisión y que había demostrado ser bastante útil a la hora de saber cuando continuar o escapar de un enfrentamiento.

Formando parte de una pandilla tras las rejas, había compartido su sed de venganza con sus socios, lo que lo había llevado a tener conversaciones interesantes con otros presos sobre los héroes, las fortalezas de las que debían cuidarse y las debilidades que podían explotar en caso de enfrentarlos, principalmente el amado dúo de Swellview. Habían compartido suposiciones y teorías sobre ellos, también cualquier información relevante que pudieran tener. Así fue como se enteró de la tienda en la que se solía divisar al Capitán Man.

Una de las teorías en Internet, aportada por uno de los reclusos que entró en prisión después de él, era que el héroe tenía que tener su base secreta cerca de allí.

Almacenó toda la información que fuera apareciendo de diferentes fuentes y, una vez libre, lo primero que hizo Steven en su lista mental de "cosas por hacer" fue dejar la ciudad por un tiempo para reunir recursos y prepararse para vengarse. Pasó semanas haciendo planes y maquinando para alcanzar sus metas, recurriendo a sus contactos para prepararlo todo, y luego de eso, regresó de forma anónima a la ciudad, donde buscó un lugar apartado para poner su guarida y explorar discretamente la zona de interés.

Y fue en el primer día de exploración cuando la vio por primera vez.

Estaba sentado dentro de un automóvil discreto al otro lado de la calle, los cristales de las ventanas estaban teñidos de negro para ocultarlo de miradas indiscretas. Había pasado la mitad del día esperando con la esperanza de captar un parpadeo del héroe, pero estaba empezando a aburrirse después de horas sin ningún resultado cuando la visión de una mujer joven que llegaba a la tienda llamó su atención de inmediato. Ella era bonita, con cabello castaño rizado que se mecía a cada paso y piel negra, con curvas suaves y los ojos más brillantes que jamás hubiera visto. Se sintió apegado a ella de inmediato, todos los pensamientos sobre los héroes y su esperada venganza fueron momentáneamente olvidados a favor de los pensamientos sobre aquella hermosa mujer que sus ojos habían visto.

La observó a través de sus binoculares, como entraba en la tienda y saludaba al joven detrás del mostrador, a quien había visto llegar antes, y se sintió molesto por la dulce sonrisa que le regaló al extraño. Por lo que logró notar a través de su interacción juntos, se conocían, y los celos ardieron dentro de él como un fuego que lo consumía ante la idea de que esta hermosa mujer se sintiera tan a gusto con el joven, cuyo intelecto, condición física y apariencia obviamente no se podían comparar con las suyas. Los espió con atención, sorprendido y encantado cuando ella se dirigió detrás del mostrador hacia una puerta trasera y se dio cuenta de que ella era una empleada de la tienda también.

Esas fueron noticias fantásticas para él, porque incluso si no lograba avanzar en su investigación sobre el dúo, al menos podría entretener sus ojos todos los días viéndola llegar a su lugar de trabajo.

Pero la curiosidad y el anhelo pronto dieron paso a la obsesión, observarla dejó de ser suficiente, necesitó más, y pocas semanas después, por medio de seguimiento, espionaje y allanamiento, había logrado descubrir suficiente información sobre ella para estar seguro y orgulloso de decir que la conocía mejor que nadie... lamentablemente, eso incluyó el conocimiento de que el joven rubio que había visto acompañarla a casa después del trabajo por la noche era su novio. Ese lo lastimó profundamente, casi rompiéndole el corazón, pero en lugar de hacerlo rendirse, le dio una razón para insistir, empujándolo a actuar y hacer que ella lo notara, comenzando con los pequeños obsequios y notas de amor. Se había sentido seguro de que ella se daría cuenta de que estaba siendo honesto con sus sentimientos, pero sintió una decepción total y desgarradora cuando ella rechazó sus intentos de ganarse su corazón una y otra vez.

Así que se encontró en la necesidad de descubrir más sobre ella, sobre su vida, saber qué le gustaba para complacerla más y despertar su interés en él. Entonces las cámaras y los micrófonos entraron en acción. Aun así, ella siguió rechazándolo y él tuvo que llevar las cosas más allá.

Sabía que sus movimientos desesperados y amenazas veladas la estaban haciendo temer y desconfiar de él cuando no quería nada más que su amor y admiración, pero no importaba porque si ella le tenía miedo, haría cualquier cosa para complacerlo si él la amenazaba, llegaría tan lejos como para entregarse a él.

Pero la chica de sus sueños era testaruda e inflexible, incluso cuando estaba claramente asustada de su "admirador secreto". Eso era algo que le gustaba de ella, pero era problemático para sus planes porque estaba haciendo las cosas difíciles entre ellos porque ella no se rendía a sus demandas. Todavía estaba saliendo con ese estúpido rubio que había sido amigo de ella desde la infancia, aún lo ocultaba a él de todos, aún actuaba como si no existiera en absoluto. Debía hacer algo lo suficientemente impactante como para que ella lo tomara en serio. Pero su plan cuidadosamente elaborado fracasó porque ella estaba con su novio actual cuando encontró su nota. Habían hablado en voz baja y ella le había revelado todo, y él había visto con disgusto cómo compartían su amor a través de besos, besos que ella debería compartir con él. Eso lo llevó a cortar las ruedas del auto de Henry, a enviar un mensaje a su rival, a hacerle saber que no se rendiría tan fácilmente. Y cuando los vio escapar juntos, pensó que la perdería y perdió la cabeza. En su rabia, arrojó a la basura el cuidado y la cautela y los persiguió, sin idea de lo que haría con ellos, pero fantaseando con disparar una bala en la cabeza de Henry y llevarse a Charlotte con él por cualquier medio.

Luego los perdió y, como último recurso, se fue detrás de lo que sabía que la lastimaría más.

Por un momento, el miedo de que ella fuera a presentar cargos en su contra casi lo hizo dudar, pero no había forma de que ella supiera quién era, no lo habían visto, no tenían idea de quién era, de qué era capaz. Así que tomó medidas desesperadas. Cubrió sus huellas, le pidió a su gente que vigilara los alrededores de su guarida secreta para advertirle si veía a uno de los héroes o incluso a un oficial de policía. La hizo venir sola a él, se aseguró de que ella hubiera cumplido la partede su trato. Destruyó su teléfono para que no los rastrearan, tomó un camino laberíntico para desorientarla. No había forma alguna de que Kid Danger supiera sobre sus padres y pudiera seguirlos hacia lo profundo del bosque.

¿Cómo podía ser entonces que Kid Danger estuviera allí, entre la espesura de los árboles y la oscuridad, con una pistola paralizante apuntando hacia él? ¿Cómo había podido encontrarlo? Su mente trabajó rápido, pensando en todas las posibilidades de cómo el héroe lo habría descubierto. Pero luego notó su postura, su altura, la forma de su cuerpo, los hombros y los pocos mechones de cabello rubio que se podían ver caer de su capucha...

La realización lo golpeó y contuvo el aliento, sus ojos se abrieron levemente ante el sobresalto. Ahora todo tenía sentido. La tienda, las vistas del Capitán Man, la extraña forma en que se le escaparon, la repentina aparición de Kid Danger allí...

¿Cómo no lo notó antes? ¿Tan obsesionado con la joven se había vuelto que ni siquiera fue capaz de distinguir que Henry Hart era la identidad de su enemigo mortal? ¿En que momento había perdido de vista sus prioridades?

—Esta es mí última advertencia, suelta el arma —repitió Henry, con la voz baja y cortada, impaciente por su aparente inacción.

Steven por fin se movió, tan rápido que tomó por sorpresa al héroe y no le dio tiempo a reaccionar más que rodar a un lado para esquivar el disparo del arma. Sus instintos se afloraron entonces y apenas volver a estar sobre sus pies alzó su propia arma para responder pero se detuvo en seco al ver que aquello no fue sino una distracción.

El criminal aprovechó esos valiosos segundos de distracción para huir de la escena perdiéndose entre el cúmulo de árboles y oscuridad. Para cuando Henry dirigió su mirada adónde lo hubo visto por última vez, solo alcanzó a distinguir sus pasos desvaneciéndose.

El héroe maldijo por lo bajo, bajando su arma y enderezándose, activando su vista térmica para ver si podía aún detectarlo pero era ágil y veloz, ya no podía ubicarlo. Después de chequear sus alrededores en una vuelta, se rindió a seguirlo y en cambio se dirigió junto al cuerpo tendido del Señor Page quien se había convertido en su prioridad.

Se arrodilló a su lado y revisó sus signos vitales, descubriendo que estaba vivo pero débil y que debía de ser atendido con urgencia si querían mantenerlo sano y salvo, así que guardándose su arma, Henry tomó al hombre inconsciente en sus brazos y lo alzó, dándose la vuelta y corriendo de nuevo hacia donde había dejado a Charlotte con la van.

Steven acaba de deducir que su rival en el amor es el mismo Kid Danger, la Señora Page está perdida, el Señor Page inconsciente y el plan inicial se fue por el drenaje... ¿Cómo resolverá el desastre la pandilla?

See Ya!

H. C.