DISCLAIMER: Los personajes de la caricatura original no son nuestros pero la descendencia y algunos otros secundarios sí. Idilios Nocturnos es un proyecto para el entretenimiento de los fans y para expresar el cariño que las autoras involucradas tienen hacía la serie. Lenore's Tears y Domina Mortem son las responsables de traer a ustedes estas recopilaciones familiares de su headcanon compartido.

ACLARACIONES IMPORTANTES

Yo, Mortem, soy la encargada de abrir la historia de Desirée, la tercera y última hija de Butch y Buttercup. En este fic verán relatos donde ella será la protagonista, los hechos en cada capítulo publicado no seguirán un orden cronológico pero se les indicará en qué línea temporal se ubican antes de iniciar (infancia, adolescencia o adultez), así como las letras de cuya mano leerán (ya sea mía, de Lenore o ambas a la vez).

En este one-shot:

Desirée tiene 9 años y papá Butch tiene 44 (mas se ve eternamente joven y bien conservado el desgraciado (?)).

Disculpen las erratas que puedan encontrar.

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Saltos de ánimo y fe

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Mi hija mantenía una expresión inmutable, concentrada en su próximo salto que acompañaba la rutina que llevaba practicando las últimas dos semanas desde que se le avisó participaría en el próximo campeonato a nivel estatal. Sería una competencia importante de eliminatorias, de su equipo solo escogerían a una y ella estaba decidida a representarlas. Para eso, tendría que convencer no sólo a su entrenador sino también a los jueces que la evaluarían que era la mejor de todas.

Me detuve a analizar su postura, Desirée seguía a la perfección cada pose, cada giro y cada punto de equilibrio con una gracia que sin duda, la hacía distinguirse. Yo conocía a la perfección su rutina, se había empeñado a practicar incluso después de sus clases con el resto de sus compañeras y extendía sus entrenamientos por al menos dos horas más. Además, muchas veces la vi repasar en casa los vídeos de antiguas competidoras olímpicas con el fin de estudiar sus puntos de apoyo y técnicas.

Se tomaba muy en serio el patinaje artístico sobre hielo, su pasión. Dos años atrás, cuando tan solo tenía siete, se vio motivada por la destreza de las patinadoras que observó por casualidad una vez que su hermano mayor pasaba por su etapa indecisa de no saber qué deporte practicar durante las vacaciones de verano. Recuerdo haberlos traído a este mismo gimnasio donde ahora me encuentro esperando y observando la rutina de mi hija, en esa ocasión, vinimos con el fin de que Carter decidiera si quería entrar al equipo de Hockey, por supuesto, la única interesada en los programas de inscripción que ofrecían fue mi pequeña, quien por ser ella, no dudé en darle el gusto. Aquello que no acababa de entender todavía pero que, en definitiva la había embelesado, se convirtió en lo suyo.

Me recargué sobre una de las butacas, ajeno y separado del resto de los padres que esperaban a las demás niñas. Desirée era la última en mostrar su rutina a pedido suyo y el entrenador se lo permitía porque así éste podía darle sus comentarios finales sin la prisa de pasar a otra alumna que le insistiera su atención.

—No va a lograrlo sin sus poderes—Escuché como una soltaba para sí y la bola de niñas que la rodeaban sin tener ni idea de que su comentario había llegado hasta mis oídos aún cuando me encontraba al otro extremo de la pista.

Busqué con la mirada a la responsable y me fijé en un par de ojos que observaban a Desirée con desdén. La reconocí de inmediato y no pude evitar juntar el entrecejo levemente por la confusión y molestia que me embargaba. Hasta hace dos días, esa mocosa era supuestamente amiga de mi hija, ¿qué clase de amistad le había ofrecido si se atrevía a hacer ese tipo de comentarios cargados de envidia?

Entonces, cuando mi pequeña patinadora estaba a punto de dar un Axel para acabar así su coreografía, todo rastro de cálculo y concentración se vio alterado cuando apoyó mal y perdió el equilibrio de sus patines, cayendo y raspándose las manos por tratar de amortiguar la caída. Instintivamente me levanté y me acerqué a la puerta para que al alzar su cabeza pudiera verme. Aún así, mantenía su vista baja y su entrenador tuvo que acercarse para comprobar que estuviera bien.

Por supuesto que estaba bien... pero no así su estado de ánimo. Algo le había ocurrido en la clase de hoy, no era común que tuviera un error justo al casi acabar.

Segundos después de ponerse de pie sin presentar lesión alguna, patinó hacía la orilla para salir seguida de los comentarios de su entrenador que seguramente ya le decía con precisión en dónde había fallado. Claro, por la postura de mi nena, intuí que ni siquiera lo estaba escuchando, pues su mente estaría atareada de otros pensamientos, unos que podía adelantarme a saber que se trataban de aquella mocosa que solo había reído por lo bajo con su bola de seguidoras.

Caminé rodeando la pista hasta encontrarme con ella, quien ya se estaba quitando sus patines. No iba a quedarse a escuchar las observaciones generales de su profesor, pero lo más seguro es que no quería estar frente a la supuesta amiga que tenía. Tan ensimismada estaba en su cabeza que no se había dado cuenta que me tenía al frente hasta que me hinqué y quedé a su altura. Así, sus ojos se toparon con los míos e instintivamente me sonrió emocionada.

Era su padre aquel que tanto necesitaba ver para olvidar cualquier momento amargo. Yo le sonreí de vuelta.

—¿Ya vas a salir? —Le pregunté afable, no me importaba esperar las dos horas extra que había tomado de un tiempo para acá, pero que estuviera alistándose para marcharse, me decía que hoy había un cambio de planes.

—Sí, hoy no me quiero quedar a entrenar, terminé muy cansada—mentía, pero no iba a cuestionarle, simplemente asentí entendiendo y me dispuse a ayudarla a desatar las agujetas del patín que no se había quitado.

—¿Le agregaste un giro a tu salto final? —Quería hacer un tema de conversación, pero más quería que ella entrara en confianza para que me contara su verdadera preocupación.

—El entrenador me dijo que estaba bien siempre y cuando mantuviera mi eje—entonces jaló su pie para liberarlo del patín y se lo tendía para que lo pusiera enseguida del otro—, pero tal vez debería quedarme con ese salto doble.

—¿Por qué? Si te ves muy mona dando muchas vueltas en el aire—le expreso como un padre enternecido haría cuando demuestra lo maravillado que lo pone su criatura—. Seguro te saldrá si lo sigues practicando.

—Sí, pero... —no terminó de decir la frase, se calló luego de voltear sobre sus hombros y observar a la que era su amiga, regodeándose por los halagos que recibía de todos. Al parecer, aquel día había sido uno bueno para ella pero no así para mi "pequeño pepinillo" como dulcemente le decíamos en casa—. Papá, ¿podemos irnos ya?

Su pedido inmediatamente hace que me quiera poner protector con ella. Sí, algo había pasado y algo le habían dicho para que de repente se encontrara tan decaída. La ayudé a cargar su mochila y le puse mi mano en su hombro para dirigirnos a la salida una vez se despidiera con la mano de su entrenador y la recepcionista.

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Su escuela de patinaje estaba en las afueras de la ciudad, hacia por lo menos una hora de camino en auto hasta la casa pero era un tiempo que no nos molestaba ocupar. Le gustaba sentarse en el asiento del copiloto para hacerme compañía durante el viaje, hablándome de cualquier cosa, generalmente de cómo le había ido en su clase o de una tontería que habían hecho sus hermanos y que la hizo reír.

Sin embargo, estaba muy callada. Pensativa y perdiéndose en el paisaje de la carretera. La miré por el rabillo del ojo, apenas volteando de vez en cuando para verla bien.

—¿No le vas a contar a tu papá lo que pasó hoy? —Rompí el silencio una vez las luces de un auto que venía en la otra calle y de sentido contrario nos dejó de iluminar. Ya comenzaba a atardecer.

—Son cosas sin importancia—se encogió de hombros sin saber cómo empezar.

—No te creo—canturrié—, ¿a quién debo matar?

—Papá —me llamó con un deje de seriedad para no mostrar la diversión que ocultaba con ella.

—Bueno, golpear...

—...

—Está bien... intimidar—corregí fingiendo condescendencia, su risa me hizo saber que iba por buen camino, al menos ya estaba menos tensa.

—Se trata de Jean—confesó—. Ya no quiere ser mi amiga. Dice que soy una tramposa y que no sería tan buena patinando de no ser por mis poderes.

Como lo sospechaba, esa arpía envidiosa de once años...

—¿Eso te dijo? Pero si hasta ayer eran muy unidas.

—También pensaba eso pero siempre le caí mal. Hasta ayer que el entrenador le dijo que podía pasar como una de las finalistas de la ronda infantil decidió que ya no era necesario seguir siendo mi amiga.

Me lo contaba con un tono casual pero sabía que en el fondo le ponía triste saber que había sido usada. Por supuesto, aquello comenzaba a irritarme, pues haría cualquier cosa por mis hijos, especialmente por mi nena. ¿Quién se creía esa niñata sin talento?

—Mmm, pues yo solo digo que los accidentes pasan y tal vez no pueda ni siquiera presentarse a las eliminatorias...

—Creo que sería muy obvio, a su mamá no le caes muy bien y te culparía aunque no tuviera pruebas.

Por supuesto que no le caía bien a esa mujer con exceso de botox en los labios... no me la quise coger cuando se me insinuó apenas nos tuvimos que presentar en las reinscripciones de esta temporada. Es decir, no la culpo por desearme porque soy condenadamente sensual y jodidamente ardiente, pero, ¿quién querría estar con ella? Era fea, tenía solo 35 pero se veía mayor que yo... aunque, bueno, incluso los humanos de mi edad se veían mayor que yo siempre. De todos modos, ¿cómo conformarme con esa cosa si en mi cama tenía a mi maldita, salvaje y apasionada esposa? No soy idiota.

Obviamente, todo eso lo desconocía Desirée.

—Yo le caigo mal a todo mundo pero que eso no nos detenga—otra carcajada que ya no pudo disimular y yo pude sentirme más aliviado.

—¡Pero me podrían descalificar a mí también! —Mas que reclamo, era un comentario siguiéndome el juego.

—Ah, demonios, es cierto—suelto con falso fastidio—. Bueno, pero no importa cuanto me desprecie esa señora, no hará que su hija aprenda a ser un Loop sin caer de culo.

La alegría en el rostro de mi hija nos acompañó hasta que por fin llegamos a casa. Me estacioné en la cochera y justo antes de salir del auto una vez apagué el motor, ella me abrazó con fuerza no sin antes de agradecerme.

—Te quiero mucho, papá—expresa y una cálida sensación me inunda. Entonces, la tomo de los cachetes para dejarle un fuerte y sonoro beso en la frente que disfruta y se queja a la vez por la sensación de mi barba picándole.

—Pues yo te quiero más.

Mi preciosa nena adorada, ni te imaginas cuánto lo hago yo.

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*Axel y Loop: En el patinaje artístico, son saltos de filo donde el peso del patinador se sitúa en la pierna de despegue y sobre la que aterrizará luego de dar los giros. Siendo el primero (Axel) más complicado que el otro. Les recomiendo buscarlos por YouTube para que tengan un mejor apoyo visual.

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¿Qué tal queridos? Ahora tocó un poco de ternura pues la nena menor lo amerita, su padre se derrite por ella así que yo, la mente detrás del personaje, no podía desaprovechar la oportunidad. Me gustó escribir este one-shot, de hecho, es refrescante explorar esas facetas en mis versiones de los Ruffs donde estoy muy impuesta a llevarlos como unos malditos hijos de puta, jaja. Tienen su lado amigable y dulce, pero obviamente se reservan para sus seres amados.

En fin, ha sido genial por fin haberles traído la apertura a los fanfics individuales de cada niño porque pensamos que así sería una mejor forma para que los conocieran y, desde luego, vieran lo organizado que tenemos el proyecto. De todos modos, esto apenas comienza, ya nos leerán por estos rumbos siempre y cuando el tiempo, las circunstancias y nuestros ánimos nos lo permitan.

Gracias por haber leído cada uno de los fics que hemos publicado en esta última semana, esperamos seguir contando con el apoyo de los lectores a futuro. Amamos sus comentarios y lo pendientes que están de nuestros movimientos, que, por cierto, pueden seguirlo haciendo en Instagram donde nos encuentran como Idilios Nocturnos.

Yo me retiro por ahora, ¡nos estaremos leyendo pronto!

Mortem