Este fic es una versión REEDITADA de "Amor firmado". Esto significa lo siguiente: la trama es la misma, los sucesos son los mismos, y las escenas en su mayor parte han sido conservadas. Algunas las he quitado porque no me convencían, y he añadido otras.

Empecé con la idea de modificar sólo la escritura. ¿Por qué? Pues porque han pasado muchos años, y mi forma de escribir se ha visto modificada. Mi léxico ha mejorado con el tiempo. Así que esta era la idea inicial: reescribir lo que me pareció infumable hace unos meses cuando quise retomar la historia.

Y entonces me encontré con otro problema, y es que no sólo era mi escritura la que había evolucionado…sino también mi forma de pensar, de ver el amor. Empecé a ver irreales los pensamientos de los personajes y sus formas de actuar: cursis, empalagosos, absurdos. Un amor idealizado, fantasioso, en el que creía la adolescente que empezó con la historia. He crecido, he madurado, y con ello he intentado plasmar un poco más de realismo sin perder la belleza del romance. Espero haberlo conseguido.

Y por último, he cambiado hasta el nombre del fic. Poner la palabra "Amor" en el título me parece previsible, dulzón y poco original. "Ángel" es un nombre significativo que tiene una razón de ser en esta historia. Si quieres descubrir cuál es, te invito a leer para averiguarlo.

Con todos mis deseos, y la ilusión que he vertido durante más de medio año trabajando en esta historia antes de verla lista para enseñársela al mundo de nuevo…Espero que te guste.

Bss^^

Dubbhe

PD: Este fic tendrá unos 30 capítulos y están escritos hasta el 24. Riesgo de que se quede a medias: bajo. Los iré dosificando por eso, ¿eh? ;) ¡Que quiero mis reviews! jejeje

CAPÍTULO I- PRÓLOGO

El joven actor se pasó una mano por la frente. Sus ojos dorados se cerraron en un intento de acarrear más paciencia y su perfecta boca trató de simular una sonrisa de interés. Pero tenía un problema, y era que su interlocutora le estaba poniendo de los nervios. La chica dejó de decir sandeces, y entonces él pudo proseguir con la siguiente pregunta de la entrevista.

-¿Has sido asistente personal antes?

La rubia soltó una risita tonta, sin dejar de mirarlo embelesada como si fuera un dios. Se pasó la mano por el pelo y contestó mirándose las uñas, intentando aparentar calma con bastante poco éxito, en opinión del profesional que tenía delante. Pestañeaba demasiado rápido.

-Lo cierto es que no.

-Ya… ¿Cuál fue tu último empleo? – le preguntó él, sintiendo que le dolían las comisuras de tanto fingir la sonrisa. Y eso que aparentar emociones era su trabajo.

-Pues soy personal shopper – él levantó una ceja como si esperara vagamente más detalles, y ella se los dio con total entusiasmo- Tengo un gran gusto para la moda y no dude usted de que podría encargarme sus compras a mí. Sé que eso es importante en una figura pública, ya sabe, cuidar la imagen personal.

-Ajá. ¿Has hecho algún curso relacionado con el trabajo que solicitas? – atajó intentando recortar tiempo, pues a esas alturas ya sabía que esa entrevista tampoco fructificaría y estaba deseando terminarla.

-¡Sí! Hice un cursillo de tanatopraxia hace un par de meses.

"Miroku, me las vas a pagar…"

-¿Tanatopraxia? – le preguntó, básicamente por educación. Estuvo a punto de poner los ojos en blanco, pero se retuvo a tiempo - ¿Serías tan amable de explicarme en qué me puede beneficiar que me maquilles el día que ya esté muerto? Tengo curiosidad.

-Eh…

Tras medio minuto de silencio en que las cavilaciones de la muchacha no parecían dar con una respuesta apropiada a la última pregunta que le habían hecho, Inuyasha se puso en pie y le tendió la mano.

-Muchas gracias, señorita, hemos terminado.

Fue un error ese gesto, porque la chica estuvo reteniendo su mano durante por lo menos diez Mississippi. Necesitó cerca de un cuarto de hora y tuvo que firmar una veintena de autógrafos a la mujer, no todos sobre papel, para lograr que se fuera de su despacho. Inuyasha salió tras ella para despedirla en la puerta de su moderno chalé. Nada más cerrarla en cuanto ella salió jurando que era su fan número uno y pidiéndole que la llamara para lo que fuera, no sólo por el trabajo, Inuyasha resopló y soltó un par de palabrotas, liberando tensión con la frente apoyada en la madera.

-Ésta me gustaba - dijo la voz burlona de otro hombre asomándose desde la cocina, en la que se había puesto a tomarse un café después de cederle el despacho para la entrevista - Se la veía muy dispuesta a darlo todo - rompió en carcajadas.

- Vete a la mierda, Miroku. Esto es todo culpa tuya – masculló de mala gana.

-¿Mía?

- Todas las candidatas que me has mandado eran inadecuadas, y me he cansado de que las estés eligiendo con la entrepierna en vez de con el cerebro, ¿tú sabes el tiempo perdido que llevo ya con esta mierda?

El actor salió al gran jardín y se dirigió a la piscina, con su mánager siguiéndole los pasos.

-¡Vamos, no te pongas así! Tienes que reconocer que la situación es graciosa.

-¿Ah, sí? Pues a partir de ahora las entrevistas las haces tú, y ojo con a quién me metes en casa – le espetó con la frente muy arrugada por el enfado creciente, pues además de que el hombre que tenía delante era el total culpable de su frustración, encima tenía las agallas de reírse de él. Se quitó la camiseta y se la arrojó a la cara cual proyectil furioso - No sé si esta chica era la duodécima a la que he entrevistado o la enésima, ¡pero todas buscan lo mismo! No hay intención profesional alguna, nunca.

-A ver…-el hombre de la coleta se sentó en una hamaca mientras su jefe se deshacía ahora de los zapatos - ¿Qué crees tú que buscan?

Inuyasha levantó la vista de su posición en cuclillas para quedárselo mirando con hastío, como si la respuesta fuera obvia.

-¿No lo sabes? – gruñó. Una vez liberó sus pies, se puso en pie para quitarse los pantalones y quedarse en bóxeres.

-¿Sexo? – inquirió, con esa cara de pervertido que se le ponía automáticamente cada vez que se mencionaba ese tema que casi le obsesionaba.

-Eso por descontado, una batallita con un famoso que contar a las pijas de sus amigas. Me siento como un trozo de carne - hizo una mueca y se dejó caer en la piscina, soltando un suspiro de alivio en cuanto la temperatura del agua contrastó con la del exterior, determinada por el asfixiante sol de medianos de julio.

-¿Y eso es malo? – le dijo solo para molestarle, en cuanto Inuyasha volvió a salir a la superficie y apoyó sus antebrazos en el borde.

-Tengo novia, así que sí lo es.

-¿Esa novia con la que has roto y vuelto mil veces?

-¡Keh! No hemos roto nunca, no seas exagerado. Han sido regañinas.

El mánager sonrió divertido y negó con la cabeza. Su cliente era uno de los actores de tendencia del semestre, había hecho películas con otros actores famosísimos y su juventud, su belleza y su talento en el arte dramático le habían posibilitado un acceso fácil a la fama mundial. Eso le había dado acceso a una liga de mujeres de revista, entre las cuales estaba incluida su actual pareja. Esa modelo con la que había tenido "regañinas" por lo menos cinco veces, y parecía que aun así no eran capaces de dejarse ir el uno al otro. De hecho, sospechaba que Inuyasha insistía en querer a una asistente mujer sólo para fastidiar a su celosa novia. Kikyo tenía la mala costumbre de coquetear con todo el mundo, y todo apuntaba a que esa era la forma en la que Inuyasha le hacía pagar lo herido que se sentía al respecto. La procesión iba por dentro.

Miroku no había conocido jamás un amor más tóxico y enfermizo que el que su jefe tenía en su vida. Claro que aquello no era de su incumbencia. O no lo sería, si no hubiese sido porque ya eran amigos antes de trabajar juntos.

-Lo que tú digas. Pero volviendo al tema, estás buscando a la asistente perfecta y es normal que no la encuentres. Tienes que bajar el listón, estás rechazando a las candidatas que te mando una tras otra…

-Empieza a darle un poco de importancia al contenido del currículum y menos a la foto, y quizá te sorprendas. Y si no hay nada más, ya puedes esfumarte.

Miroku puso los ojos en blanco ante el mal humor que estaba teniendo que aguantar, pero reprimió una sonrisa de culpabilidad. Las mujeres bonitas eran su debilidad y reconocía que últimamente se había dejado influenciar demasiado por eso. En su rutina laboral, tenía que pasar mucho tiempo trabajando codo con codo con la asistente personal de Inuyasha, y no había podido evitar asegurarse de que las vistas serían alegres durante el proceso.

No obstante, sí había algo nuevo que tenía que comentar con él antes de irse, pero había que tener agallas siempre para sacarle precisamente ese tema.

-Ahora que lo dices, sí hay una cosa que tenemos que hablar – hizo una pausa dramática mientras se preparaba para cualquier reacción - Ha llamado tu hermano.

Todo el cuerpo atlético del actor se tensó, y éste hizo una mueca.

-Yo no tengo hermanos – refunfuñó con voz plana.

Miroku rodó los ojos.

-Quiero decir que ha llamado Sesshomaru.

-¿Y ése que quiere?

-Ha renunciado a ser el director de Shikon no Tama.

Se hizo un silencio cargante, durante el cual Inuyasha frunció los labios y arrugó el entrecejo, pero no dijo nada.

-Los fans del juego te han votado a ti para interpretar al protagonista, y dejaste tan claro que nunca trabajarías con él, que Sesshomaru se ha quitado de en medio por el bien de la audiencia. El director será al final Renkotsu Tanaka, y quiere saber si ahora aceptarás el papel.

Inuyasha se apartó el borde de la piscina para poder hundir medio rostro en el agua, señal de que estaba empezando a reflexionar. A Miroku le fascinaba ese modo en el que parecía tan tranquilo siempre que tomaba decisiones de ese tipo. Los actores famosos decidían si coger o no un proyecto de millones de yenes del mismo modo que él elegía un queso en vez de otro cuando hacía la compra semanal. No había nada como ser rico, pensó con envidia. Y eso que él no podía quejarse para nada de sus honorarios, pues trabajaba para iconos de la televisión muy relevantes que le pagaban muy bien por sus servicios.

-Sí, lo cojo – sentenció Inuyasha con un murmullo. Se impulsó con un pie contra la pared y se deslizó por el agua bocarriba con los brazos extendidos – Dile a Tanaka que me mande el guion en cuanto lo tenga.

-Perfecto, concretaré una cita en mi oficina para la firma entonces. Y eso nos lleva a otro tema… ¿Te acuerdas del concurso para elegir a un niño que interprete a uno de los personajes?

-¿Te refieres a esa estupidez que fue idea de Sesshomaru? ¿Se va a seguir haciendo? – le preguntó con los ojos cerrados, flotando cual nenúfar.

-Sí, porque a Tanaka no le pareció una estupidez y ha decidido seguir adelante con eso. En fin, dice que ya están listas las bases del concurso, y que empezarás a recibir las fotos de los niños mañana por la mañana, seguramente.

Inuyasha se incorporó de golpe, causando un chapoteo a su alrededor y clavándole una mirada malhumorada de incredulidad.

-¿Qué mierda dices?

-¿No te acuerdas? El actor principal es el que va a tener el honor de escoger al niño en cuestión – se burló usando un tono de voz solemne.

-Ésta me las pagará – soltó una palabrota y salió de la piscina con un humor de perros, peor al que tenía antes de bañarse cuando había intentado acabar precisamente con eso - Está bien, pásame las malditas fotos. O mejor, encuentra de una vez a una condenada asistente y que me las pase ella – farfulló mientras desaparecía de nuevo en el interior de la casa, dejando un rastro de agua a su paso.

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La joven introdujo la llave en la cerradura y entró en la estancia. Luego, en vez de dejar la llave en el pequeño cesto de la entrada junto a las otras, volvió a guardársela en el bolsillo. Sonrió, sintiéndose mayor. Ella ya vivía sola y ese pequeño dúplex ya no era su casa. Caminó por el pasillo y el sonido de unos dibujos animados empezó a oírse a su alrededor, proveniente de la sala de estar. Tarareando una canción, entró en la habitación y enseguida tuvo una pequeña figurita abrazándose a sus piernas.

-¡Hermanita!- se trataba de su hermano Sota, con el que se llevaba más de diez años, y para el que siempre había sido un ejemplo a seguir.

-¿Cómo estás, campeón? -sonriendo, la muchacha lo cogió en brazos y giró sobre sí misma, provocando las risas infantiles del niño. Volvió a dejarlo en el suelo instantes después y miró a su alrededor - ¿Dónde está mamá?

-Ha ido al médico a buscar una receta de pastillas para la tos – le explicó rápidamente, dejando en evidencia que ese tema no era de su interés - Mira, ¡ya he estrenado el videojuego que me regalaste por mi cumple! ¡Estaba esperando a que llegaras para enseñártelo!

Tironeó de su mano y prácticamente la arrastró hacia el sofá, obligándola a sentarse, para luego empezar a bombardearla con información entusiasta mientras empezaba a poner en marcha la consola.

-Está situada en la edad medieval y va de un mediodemonio y una chica del futuro que cae en un pozo y rompe una joya muy importante que concede poderes a quien sea…

-Suena muy interesante, renacuajo- rió ella, prefiriendo no decirle que ya lo sabía para no aguarle la alegría. Más que nada, porque lo había comprado ella. Su hermano estaba tan emocionado que hablaba sin respirar casi, de forma apresurada. El sonido de la puerta principal al abrirse atrajo la atención de ambos

-Ya estoy en casa - anunció una voz femenina, con una alegría parcial que sonó forzada.

Kagome se levantó como si el sofá quemara.

-¿Hermanita? - preguntó Sota, confundido y sin poder ocultar su decepción- ¿No íbamos a jugar?

-Mira un poco más la televisión, ahora vuelvo y te machaco.

Kagome corrió hacia la cocina, encontrando a su madre sentada en una silla, con los ojos llorosos. Sus dedos apretaron el marco de la puerta, pues ya la expresión de la mujer no anunciaba precisamente buenas noticias.

-Mamá, ¿qué te han dicho? - preguntó, angustiada por una respuesta.

Ujiko la miró unos instantes, para luego volver a bajar la vista con los ojos enrojecidos y acuosos, señal de que había estado llorando.

-Tu hermano tiene leucemia – murmuró con la voz rota.

Kagome sintió que le faltaban fuerzas y tuvo que apoyarse en la mesa para poder mantenerse en pie. Sus ojos también se llenaron de lágrimas. Se dejó caer en otra silla, ocultando el rostro con sus manos. Por Kami, era un niño, sólo tenía nueve años…Era el ser más puro e inocente que había en su vida, un angelito que no había hecho más que traer luz a su familia…¿Qué había hecho para merecer esto?

-¿Qué se puede hacer? – preguntó con un hilo de voz, como si le diera miedo saber la respuesta.

Ujiko cogió aire por la nariz de forma entrecortada, pues estaba intentando luchar contra los sollozos. Sabía que su pequeño podía aparecer por la puerta en cualquier momento y no podía permitirse derrumbarse, tenía que estar lista para rehacerse enseguida si fuera necesario.

-Quimioterapia, pero no hay mucha garantía de éxito sólo con eso. Existe una intervención también, el trasplante de médula ósea…Células madre. Pero eso no está disponible en el sistema público todavía. Sólo está en el privado.

-¿En el privado? Y… ¿cuánto…?

Con la mirada perdida, la mujer pronunció una cifra como un autómata. Kagome pensó que se desmayaría en cuanto oyó esa cantidad de dinero.

-Es imposible, jamás reuniremos…todo ese dinero.

De repente, oyeron un grito de Sota. Ambas mujeres corrieron al salón, sensibilizadas por su tema de conversación. Al llegar al lugar, encontraron al niño embobado mirando un anuncio de televisión. Las dos suspiraron de alivio al unísono y miraron la pantalla del aparato, en el cual un famoso director de cine con la cabeza afeitada hacía su aparición en un ambiente que parecía un campo de batalla del Japón antiguo.

"…Así es, niños! ¡Enviad vuestra carta y presentad vuestra solicitud! ¡Voy a repetir la información para aquellos padres que habrán aparecido ahora en el salón atraídos por los encantadores chillidos de emoción de sus hijos…!"

Tanto Kagome como Ujiko encontraron la manera de sonreír por el chiste. La universitaria se quedó apoyada en el marco de la puerta, queriendo escuchar ese anuncio que tanto parecía ilusionar a su hermanito, mientras su madre volvía a la cocina para preparar la comida.

"¡Se va a realizar la película del videojuego "Shikon no Tama Adventure", teniendo en el papel de protagonista ni nada más ni nada menos que al mismísimo Inuyasha Taisho!

Cambió el ambiente de la grabación para dar paso durante unos segundos a la imagen de un hombre que debería estar más cerca de los treinta que de los veinte, de largo cabello negro azabache y unos curiosos y penetrantes ojos dorados. Kagome no era una gran fan del cine, era más de hundir la nariz en un libro bien grueso, pero aun así era lo suficientemente famoso como para que le sonara ese actor tan guapo.

"¡Todos los papeles están ya distribuidos, menos el del pequeño demonio zorro Shippo, que será el premio de un concurso! Cada niño que quiera participar en la película con este papel deberá enviar una carta con su foto a nuestro querido mediodemonio, que ha aceptado encantado el honor de elegir a nuestro afortunado Shippo!"

La imagen del actor principal desapareció y volvió a salir el director, hablándole a la cámara.

"Recordad que Shippo no está sólo en ese pequeño disco que gira en el interior de vuestra consola, sino que hay un pequeño demonio zorro en el interior de cada niño. ¿Quién se anima a darlo a conocer al mundo entero? ¿Tú? ¡Sabía que no me decepcionarías, campeón!

El anuncio terminó, dando lugar a otro de pizzas artesanales.

-¡¿Lo has visto hermanita?! Lo has visto?!- exclamó Sota, abrazando el mando de la televisión y dando botes por todo el salón- Ese juego me encanta, ¡participar en la película sería la bomba!

Ella sonrió con tristeza y por un momento estuvo a punto de decir algo para abrirle los ojos. Que le tocara participar en esa película era casi improbable, pero fue incapaz de borrarle esa ilusión. No podía, y todavía menos en sus circunstancias. Hizo de tripas corazón y se oyó pronunciar:

- Si quieres participar, yo te ayudaré.

- ¿De verdad? - los ojos del niño brillaron de la emoción.

-Trae la cámara, enano – le propuso, guiñándole un ojo.

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Inuyasha se dejó caer en uno de los fríos y duros asientos soltando una exhalación de fastidio. Nunca le habían gustado demasiado los aeropuertos, le gustaba viajar pero odiaba las esperas, las colas, y el desquiciante tiempo que había que invertir para hacer el simple desplazamiento de un lugar a otro. Que si la facturación de maletas más de una hora antes, que si el control de seguridad, otra cola para embarcar…Y eso que él no podía quejarse, pues era de los que se subía al avión primero.

La gente le miró un poco raro por ir con las gafas de sol puestas aun estando en ambiente de interior, pero le dio igual. Prefería mil veces que se le quedaran mirando por eso, a que se formara un corrillo de acosadores a su alrededor observándole como si fuese un mono de feria. Eran unas gafas relativamente grandes, no habrían sido suficientes para ocultar su identidad para alguien que estuviese acostumbrado a convivir con él y a verle de cerca, pero para su propósito de discreción ya le servían. No podía decir que le disgustara la fama, era humano y algo avaricioso como todo el mundo, pero la falta de intimidad podía llegar a ser desquiciante cuando uno no estaba de humor. No podía dejar de pensar en su fracaso buscando asistente y en cómo su vida estaba más patas arriba y se volvía más caótica cada día que pasaba gracias a eso. Y ahora encima tenía que revisar centenares o miles de fotos para elegir a un mocoso que al final se la traía sin cuidado. Acabaría escogiendo a dedo y lo sabía.

Intentando romper ese bucle de pensamientos negativos que sabía que al final sólo le perjudicaba a él, sacó un pequeño cuadernillo de la mochila que llevaba encima y lo abrió para echarle un ojo. ¿Cuánto hacía que no actuaba en una serie? Por lo menos cinco años. Una vez que uno pasaba a la pantalla grande, eso solía ser una señal de que ya no haría falta volver a la pequeña. Maldito Miroku…Aunque iba a ser sólo una aparición, volar a Pekín para aparecer en sólo un capítulo le daba una pereza de campeonato.

Sonó un teléfono móvil detrás de él, pero eso no rompió la concentración con la que estaba estudiando el guion. La chica que tenía sentada justo detrás lo atendió, y pronto la musiquilla dejó de romper el silencio, siendo ésta sustituida por su voz.

-¿Diga?...¿Tsukumo?...Espera, si me gritas no puedo entenderte – su voz se alejó un poco, e Inuyasha supuso que ella se había inclinado un poco hacia adelante – Pues estoy en el aeropuerto…Porque me cogí tres días libres…Sí que te lo dije…Porque me los debías de hace más de un año… - la oyó levantarse, y el sonido de unas ruedecitas contra el suelo le revelaron que se estaba alejando, llevándose su maleta consigo – Cálmate, no estoy insinuando nada.

Aburrido por lo empalagoso y estúpido que era el contenido de lo que estaba leyendo, Inuyasha se desconcentró adrede cuando miró disimuladamente en su dirección, sintiendo curiosidad por cómo sería la propietaria de esa voz tan dulce. Vio de espaldas a una larga melena azabache casi lisa pero con alguna ondulación en las puntas, y a un vestido verde con flores hawaianas blancas, alejándose sobre unas sandalias de cuña de esparto en dirección al baño, posiblemente intentando evitar molestar a los otros usuarios con su conversación. Muy poca gente tenía esa delicadeza.

Se volvió a hacer el silencio en la zona de espera de su vuelo cuando ella desapareció. Pasaron varios minutos, y finalmente un par de señoritas vestidas de azafata empezaron a abrir el mostrador de embarque. Una de ellas anunció por megafonía que ya podían empezar a embarcar los pasajeros de clase preferente, y el actor guardó el cuadernillo con parsimonia, levantándose después para acudir a la llamada.

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-¡Como te atrevas a coger ese avión, estás despedida! – la amenazó esa despiadada voz al otro lado de la línea, prácticamente gritándole.

Claro que Kagome no se quedó atrás, pues llevaba ya tanto tiempo aguantando la explotación de ese energúmeno que el pollo que le estaba montando la había sacado de sus casillas como nunca antes nadie había conseguido.

-¡Un imbécil como tú no me va a despedir! ¡Vete a la mierda, estoy harta de ti, me voy yo! – exclamó airada, sintiendo los ojos arder.

-¡Piérdete, descarada! ¡No quiero volver a verte en mi vida, y olvídate del finiquito!

Iba a contestarle con algo peor, pero varios pitidos intermitentes le informaron de que su ahora exjefe le había colgado. Se quedó quieta, sentada encima de la tapa del retrete con el móvil en la mano, de repente muy callada y con la mirada perdida. No pasó mucho tiempo antes de que se inclinara hacia adelante y se agarrara del pelo con desesperación. ¿Qué había hecho? Su familia no podía permitirse perder ese trabajo. No podrían vivir los tres sólo con la pensión de viudedad de su madre. Como no sucediera un milagro y al final su progenitora consiguiera que le dieran un empleo…Y encima Sota, con una enfermedad mortal y ellas sin poder costear el remedio…

Las lágrimas de miedo, tristeza y angustia afloraron y le mojaron las mejillas. Sollozó tan en silencio como pudo, pues aunque estuviera dentro de un compartimento, le daba vergüenza hacer el espectáculo de llorar en un lugar público.

No había podido evitarlo, ese hombre la había sacado de sus casillas durante meses y años, hasta hacerla estallar. Había perdido el control incluso tratándose de ella, que nunca se peleaba con nadie y era demasiado buena como para no tratar siempre de evitar a toda costa cualquier confrontación. Siempre había querido ser más valiente y reivindicativa, luchar más por sus derechos, pero…¿tenía que haberse estrenado con algo tan vital como eso? Estúpida…

Oyó por megafonía la última llamada para embarcar. Por un momento quiso abandonarlo todo y volver a su casa, pero sabía que eso no solucionaría nada. Sólo haría que ese gasto de dinero invertido en su billete hubiese sido en vano. Y estar con Ayame le iría bien para desconectar. Salió del compartimento, se lavó la cara agradeciendo que ese día no le hubiese apetecido maquillarse, y cuando se sintió con fuerzas de disimular ante el mundo que no había pasado nada, salió otra vez fuera del baño arrastrando la maleta de cabina tras de sí.

Cuando llegó al mostrador, la chica que estaba delante de la pantalla la miró con sorpresa, pues estaban ya haciendo los trámites para cerrar la puerta.

-Hola señorita, ¿va usted en este vuelo?

-Sí – respondió intentando sonreír, y puso su billete y su documento de identidad nacional sobre el mostrador.

La empleada le echó un ojo a la documentación, tecleó alguna cosa en el ordenador y luego frunció el ceño. Le llamó la atención a su compañera y hablaron en susurros entre ellas.

-¿Algo va mal? – preguntó Kagome, empezando a ponerse nerviosa.

Su interlocutora tecleó un poco más y respondió sin mirarla, concentrada:

-Ha habido un problema con su billete. Por un error su asiento se adjudicó dos veces y la otra persona que lo tenía reservado ya ha entrado y lo ha ocupado.

-Pero…¿Qué significa eso? – cuestionó sintiendo que la tierra se abría bajo sus pies. ¿Es que todo el universo se había confabulado contra ella ese día? Ya sólo le faltaba eso, quedarse en tierra - ¿Voy a perder el billete?

-Pues… - le echó otro ojo a la pantalla, y luego su expresión se relajó para finalmente volverse sonriente – No, porque hay un asiento libre en primera clase.

-Oh…Pero… - "Yo no puedo permitirme pagar eso" - ¿Cuánto cuesta eso? – le preguntó solo para no ceder tan rápido a la humillación de rechazarlo de plano.

-Nada, ha sido error de la compañía así que corremos nosotros con el gasto – la muchacha le imprimió un billete nuevo que era un poco más grande y de color dorado, y se lo tendió con una sonrisa – Disculpe las molestias. Que tenga un buen vuelo.

En fin, por lo menos algo bueno le pasaba ese día.

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Inuyasha suspiró mientras dejaba que su cuerpo se hundiera encima de ese mullido asiento. Eso no estaba mal, pero no había nada como un jet. No le salía muy a cuento comprarse uno, ya que tampoco viajaba tanto como para amortizarlo, no era como si fuese un cantante que se hartara a hacer giras. Pero tenía que acostumbrarse a hacer las cosas con más previsión, la próxima vez tendría que acordarse de alquilar uno. Ahora no podía dejar de oír todos esos idiomas mezclados, los gritos y lloriqueos de los niños, y las molestias del resto de la humanidad en general. El móvil le vibró en la mano y vio que tenía un mensaje de Kikyo preguntándole dónde estaba. Hizo una mueca y apagó el móvil, de repente sintiéndose con muchas ganas de cumplir con la normativa de vuelo como un angelito. Le había contado lo de ese viaje por lo menos tres veces, pensó irritado.

Un movimiento a su izquierda llamó su atención, y al llevar sus ojos instintivamente hacia esa dirección, se encontró con una tela verde y blanca enmarcando una silueta femenina esbelta, perteneciente a una persona que estaba colocando su maleta en el armarito de encima del asiento. La reconoció enseguida, era la misma mujer a la que había visto hablar por teléfono antes de embarcar, y parecía que estaba teniendo problemas. Se levantó por instinto. Podían decirle que era un gruñón, pero jamás que no era un caballero.

-¿Puedo ayudarla?

Unos grandes y expresivos ojos castaños le miraron, para luego abrirse pasmados. Sólo entonces él cayó en la cuenta de que ya se había quitado las gafas de sol, pues la primera clase estaba en la entrada del avión y todo el mundo había embarcado ya. Se había sentido libre de desproteger su identidad, y por eso era que ahora esa chica lo miraba con esa cara de haber visto un espejismo.

-Sí, bueno, es que…La otra maleta está mal colocada, creo.

Inuyasha echó un vistazo al compartimento y comprobó que ella tenía razón. Algún maleducado había colocado su equipaje mal, ocupando más espacio del necesario. Coló sus brazos entre los de ella, que sujetaban su propia maleta para que no cayera, y se apresuró en hacerle sitio antes de que el peso fuera demasiado para ella. Una vez estuvo la maleta bien acomodada, ella le sonrió cordialmente.

-Muchas gracias.

-No hay de qué…¿Este es tu asiento?

-Eh, sí… - dijo después de comprobar su billete- Fila dos, pasillo.

"Ojos rojos", no pudo evitar darse cuenta Inuyasha en lo que la observó mientras le hablaba. Rojos y húmedos. Aunque la chica le hubiese sonreído, su expresión no había acompañado su sonrisa, pero eso no impidió que él se la correspondiera. No podía soportar ver a una mujer llorar. Le estaba bastando con saber que su acompañante lo había hecho en algún momento, para sentir una tremenda compasión y amabilidad.

Una vez estuvieron los dos acomodados, uno al lado del otro en silencio, Inuyasha no pudo evitar darse cuenta de que ella le estaba mirando de reojo. Era lo de siempre, y estaba acostumbrado. Pero aun así, le sorprendió lo pronto que la muchacha pareció perder el interés, ya que enseguida su mirada se perdió en la nada en algún momento. Se quedó sumida en sus reflexiones, parecía extremadamente afligida. En todo caso no era de su incumbencia, así que Inuyasha desconectó.

El tiempo pasó, les dieron la charla de seguridad con la correspondiente demostración por parte de la tripulación, y entonces el avión empezó a moverse. Inuyasha cerró los ojos y acomodó su cabeza en el asiento, les esperaban ocho horas de vuelo y eran las cinco de la tarde, pensaba echar una cabezadita antes de que les sirvieran la cena pero entonces oyó un profundo suspiro a su lado.

Abrió un ojo con disimulo y vio que la chica estaba en la misma postura, pero a diferencia de él, sus párpados no estaban relajados sino cerrados con fuerza, la frente la tenía arrugada y los labios estaban fruncidos. Aun viéndola en ese posado tan rígido no quiso meterse en sus asuntos, pero a medida que se acercaban a la pista de despegue y los nudillos femeninos se ponían cada vez más blancos con la fuerza con la que apretaban el brazo del asiento, Inuyasha terminó cediendo ante el curioso impulso de protección que estaba empezando a embargarle.

-Perdona…- murmuró casi, como si temiera asustarla o molestarla por su intervención - ¿Estás bien?

Ella abrió sus ojos y le miró, primero algo turbada, pero después intentando sonreírle.

-Sí, gracias. Es sólo que es la primera vez que… - carraspeó incómoda, como si le diera vergüenza terminar la frase.

-¡Oh! – sus ojos dorados se abrieron con sorpresa- ¿Nunca has volado?

-No.

-¿Tienes miedo?

-No…No es tanto como esto, pero…Me da un poco de respeto. Estoy nerviosa– se sinceró con ese apuesto hombre que, aun habiéndole reconocido por haberle visto en pantalla hacía unas horas, seguía siendo un perfecto desconocido.

-Entiendo… - Inuyasha miró por la ventanilla con aire pensativo durante unos instantes, para justo después volver la vista a ella con determinación – Cámbiame el sitio, ponte tú en la ventana.

-¿Eh? Pero… - quiso rechazar la oferta, no habría sabido decir si por orgullo o por timidez, pero él ya se había quitado el cinturón y levantado.

-Vamos, te gustará.

La cálida sonrisa masculina le inspiró confianza, y terminó rindiéndose con un suspiro. Se movieron como pudieron en el poco espacio que tenían, incluso tratándose de butacas de primera clase. En ese momento, a Inuyasha le vino a la nariz un embriagador olor a lavanda que le encantó a alguna parte de su ser. Se sentó distraído todavía pensando en eso, justo cuando una azafata hacía ademán de acercarse a reñirle por haberse desabrochado y levantado cuando estaban a punto de despegar. Lo evitó por los pelos cuando la ignoró y volvió a ponerse el cinturón al igual que su acompañante, y entonces la azafata decidió hacer la vista gorda y finalmente no decirles nada.

El avión se colocó en la pista de despegue y empezó a darse la vuelta para encararse a ella.

-Ya estamos en la pista…nos estamos colocando bien – empezó a explicarle a la chica desconocida, mientras ella parecía que de repente no podía dejar de mirar por la ventana como si fuera estuviese pasando algo muy malo. En cuanto la maniobra terminó, Inuyasha prosiguió – Están preparando los motores…Enseguida empezarás a oírlos – hizo una pausa – Ahora, ¿los oyes?

Ella asintió al escuchar el correspondiente rumor.

-Ahora empezará a acelerar.

Nada más haberlo dicho, el avión actuó como si siguiera sus órdenes. Rompió su quietud para empezar a coger velocidad de repente, y ella exhaló el aire por la nariz agitadamente cuando la cabeza se le pegó al asiento por la fuerza de la inercia.

-¿Ya estamos volando? – preguntó a los pocos segundos, nerviosa.

Inuyasha sonrió con ternura.

-No, todavía no. Lo notarás. Es una sensación de ingravidez…Y nos inclinaremos.

Y efectivamente así fue. Los ojos de la joven se abrieron de la impresión a medida que veían el suelo alejarse y su respiración se aceleró. Él se dio cuenta de ese detalle, y no se dio cuenta de cuando le puso una mano suavemente sobre el antebrazo.

-Tranquila, todo está yendo bien.

Se sintió inseguro de su gesto reflejo en cuando fue consciente de lo que había hecho. No se conocían de nada y quizá se había tomado demasiadas confianzas, pero ella no movió ni un músculo, solo miraba el paisaje fascinada. Lo hizo durante todo el trayecto hacia arriba, en silencio, y una vez subieron por encima de las nubes y más allá, un susurro se escapó de sus labios. Inuyasha no supo si le hablaba a él o a sí misma.

-Es precioso…

Cuando finalmente el avión se estabilizó y se quedó de nuevo en horizontal, planeando los cielos, Inuyasha tuvo la delicadeza de soltarla.

-Superado. ¿Estás bien? – volvió a preguntarle.

Ella se giró para verle, y le sonrió feliz. Eso le complació, parecía que esa primera experiencia la había distraído de lo que fuera que la atormentara, y se sintió orgulloso de haber contribuido a ello.

-Sí, muchas gracias por tu comprensión. Y perdona.

Inuyasha la miró pasmado por su modestia.

-¿Por qué? No ha sido nada, de verdad. Me alegro de haber ayudado – se la quedó mirando unos instantes, y luego pareció caer en algo. Le tendió la mano – Soy Inuyasha, por cierto.

-Lo sé – contestó por instinto. Inmediatamente se puso roja y él tuvo que reprimir una sonrisa divertida – Quiero decir…Encantada, me llamo Kagome – se presentó, acercando su mano para corresponderle al gesto.

Continuará…

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¿Qué os ha parecido para empezar? Estoy más orgullosa de la segunda parte del capítulo que de la primera, sobretodo porque la segunda es escrita 100% de novo (antes Inu y Kag se conocían de otra forma) y la primera es reciclada con sus correspondientes modificaciones.

¡Nos leemos!

Dubbhe

PD: El capítulo 4 de Burned está en el horno y casi terminado. En nada estará colgado. Será cortito esta vez. Sorry.