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CAPÍTULO X – SÓLO UN MINUTO
-Yo jamás me he cortado con un cuchillo porque me he puesto nerviosa al tener a mi jefe cerca.
¿Había oído bien? Kagome pestañeó una, dos, tres veces, y durante esos breves instantes tuvo que resistir la compulsión de pedirle que le repitiera la frase sólo para ganar tiempo, porque eso la habría hecho quedar todavía más en evidencia. Mientras sentía como se le calentaba la cara y quería morirse de vergüenza al recordar ese comprometido desliz en su cocina del que al parecer Inuyasha había sido plenamente consciente, se dio cuenta de cómo la estaba observando. Una sonrisa torcida cargada de sorna había hecho acto de presencia.
-¿Se te ha comido la lengua el gato?
El tono fanfarrón de su voz la hizo reaccionar, porque justo en ese momento una bombilla se encendió en su cabeza, haciendo que se diese cuenta de que aquella no era la primera vez que veía ese tipo de mirada en los ojos dorados. La turbación se esfumó al ser desplazada por la rabia cuando cayó en que así era cómo Inuyasha miraba a sus ligues, a esas chicas que besaban por donde pisaba. ¿Quién diablos se había creído que era para mbeterla en el mismo saco que cierto tipo de gente que evolutivamente sólo existía porque en la naturaleza tenía que haber un poco de todo? Se sintió tremendamente humillada por estar recibiendo ese trato tan superficial de quien no sólo le había dicho que la consideraba una valiosa amiga, sino con quien había compartido ciertos momentos de ternura que le habían dado a entender que entre ellos había un vínculo especial. Sus puños se apretaron manifestando esa injusticia y su propia decepción.
Inuyasha fue consciente del cambio de expresión en la cara de Kagome: había pasado de parecer una gatita acorralada, a una leona cabreada. Lo fulminaba como si la hubiera retado, después de haberle dicho algo que la hubiese ofendido. Si bien esa no había sido su intención, le alegró ver que al final sí había conseguido picarla. La joven cogió la botella de awamori, se sirvió un chupito, y después de dedicarle una mirada que le prometía una muerte lenta y dolorosa, se lo tragó con la clase de una reina. Cuando volvió a bajar la cabeza, el actor seguía con los ojos posados en ella y ahora parecía el doble de satisfecho por lo que ella había admitido al asumir el trago.
Pero Inuyasha olvidaba que ella no era una de las tontas del bote con las que se entretenía los fines de semana. Si él se había propuesto buscarla, la encontraría. Porque ese gallito que ahora se comportaba como si se lo tuviese muy creído, no era el único que se había dado cuenta de cosas.
-Así que esas tenemos - espetó la chica, clavándole un combo de mirada y sonrisa afiladas. Se inclinó un poco hacia adelante para enfatizar el desafío implícito en sus palabras, logrando no tambalearse por su creciente embriaguez.
-Voy con todo, nena - respondió, imitándola con gracia y posando sus ojos a la altura de los de ella.
- Muy bien. Tú lo has querido – se mordió un poco el labio para contener la irritación que le estaba provocando esa sonrisa pedante que ahí seguía, pensando que borrársela de su estúpida cara usando el ingenio la ayudaría más a recuperar su dignidad que hacerlo con un merecido guantazo - Yo jamás he aprovechado la mínima ocasión para olisquear a mi asistente.
Inuyasha era tan buen actor que no le supuso ningún reto profesional mantener el tipo, pero Kagome sonrió internamente porque, sólo gracias a que le conocía bien y a todo el tiempo que pasaban juntos, había visto el desconcierto cruzar rápido como un rayo por sus ojos. Sólo le delató el parpadeo, al igual que le había sucedido a ella. Claro que él no se quedó clavado e inmóvil, mirándola como un imbécil. No, a él le pagaban fortunas indecentes por tener bien entrenado el arte de la improvisación. Inuyasha retuvo una sonrisa condescendiente en sus labios, como intentando aparentar que se esperaba algo como eso.
-¿Estás segura de que quieres ir por ahí?
-Has empezado tú. ¿Vas a beber o no? Pregunta retórica, por supuesto – con la misma altanería con la que había sido tratada dos minutos antes, ella misma cogió la botella y sirvió bebida en el vaso que había frente a él, terminando de acercárselo con el dedo índice - No querrás quedar como un mentiroso, ¿verdad?
Inuyasha siguió con la vista fija en ella, pensando en Dios-sabe-qué, y no la despegó cuando cogió el vaso.
-Esto es la guerra, guapa – sentenció, justo antes de tragárselo.
Kagome frunció los labios para no sonreír en exceso, pues tampoco era conveniente que se mostrara demasiado ilusionada por lo que acababa de ver confirmado. Una cosa era aceptar que Inuyasha se hubiese dado cuenta de que él le hacía gracia – cosa que al parecer no le incomodaba, por suerte - y la otra delatar que había sentimientos más allá poniendo caras demasiado reveladoras. No, tenía que custodiar cuidadosamente esa información porque dicha bomba sí que podría cargárselo todo entre ellos, pero si jugaba bien sus cartas y andaba con pies de plomo, podía permitirse alargar ese experimento tan gratificante unas cuantas rondas más. Algo en su interior estaba vibrando: adrenalina, pura y dura.
-Es lavanda, por cierto - comentó con socarrona inocencia como si nada cuando él terminó de mandar el destilado garganta abajo. Quería aparentar seguridad para compensar que se notaba las pulsaciones en el cuello.
-Créeme que lo sé.
-Oh, ¿sí?
-Es de mis favoritos. Me pone mucho - confesó, guiñándole un ojo con coquetería. No le pasó por alto el cómo ella apretó un poco las piernas que tenía cruzadas al oírle decir aquello, cosa que le hizo tragar saliva, tomando conciencia de él no era el único en quien estaba empezando a calar el morbo, y fue esa pista la que le convenció de arriesgarse a subir el listón - Casi tanto como saber que…Yo jamás he mojado las bragas cuando mi jefe me ha chupado el dedo.
Contemplando con suma diversión cómo la profunda ruborización volvía a las mejillas femeninas, sirvió un chupito y se lo pasó con gesto burlón, tal y como ella había hecho con anterioridad. Kagome se había sentido considerablemente turbada por esa afirmación, pero al estar envalentonada por el alcohol que con el paso de los minutos estaba haciéndole cada vez más efecto, sus facciones mantuvieron la compostura y sólo bebió con simpleza, no queriendo darle tiempo a que se recreara demasiado en su mofa. Esa última había sido de nivel avanzado, pero aquello no había hecho más que darle permiso para ser igual de atrevida, por lo que contraatacó enseguida.
-Yo jamás he tenido una erección abrazando a mi asistente.
Todavía no había terminado de hablar y ya estaba llenándole el vaso a su contrincante. Esta vez fue él quien se puso rojo, sus labios se entreabrieron por la sorpresa y luego se fruncieron, pero tras desviar la mirada incómoda hacia un lado durante unos segundos, terminó sonriendo de puro bochorno, sacudiendo la cabeza y admitiendo la pérdida de ese asalto al beberse su penitencia.
Ambos ya se habían dado cuenta de que aquello hacía rato que ya no era un simple juego, sino que estaban flirteando descaradamente. El anticiparse a rellenar el vaso antes de que el otro contestara dejaba en evidencia que sólo se estaban tirando en cara cosas que ya sabían, y aun sin saber a dónde pretendían llegar con ese reto cada vez más comprometido y peligroso, aquello se había convertido en una batalla de insaciable orgullo y regocijo.
-Yo jamás me he quedado babeando viendo a mi jefe salir de la piscina y luego he fingido que acababa de llegar.
Chupito hacia un lado de la mesa. Trago.
-Yo jamás he salido de la piscina justo cuando sabía que mi asistente llegaba para pavonearme en bañador delante de ella.
Chupito hacia el otro lado de la mesa. Trago.
-Yo jamás me he puesto cachonda cuando mi jefe me ha hablado de sus cinco contra uno.
Chupito arriba.
-Yo jamás he estado mirándole sin parar el escote a mi asistente desde que hemos empezado a decirnos burradas.
Chupito abajo.
-Yo jamás me he tocado pensando en mi jefe.
Nada más oírle, Kagome le dedicó una muy amplia sonrisa de borracha y le rebotó el mismo vaso que él acababa de arrastrar hacia ella, rechazándolo con un movimiento de cabeza que le indicó que no era a ella a quien le tocaba beber. Inuyasha abrió la boca y soltó una carcajada incrédula.
-No me puedo creer que tengas el descaro de ponerte a mentir ahora. Venga, no seas mal perdedora…
-No miento, ya te he dicho antes que yo no hago eso – celebró ese punto que su rival le había regalado con una risita ganadora - ¿Tan torcido vas ya?
-¡Mierda! – ladró indignado consigo mismo y con su propia estupidez.
Esta vez fue una más que contentilla Kagome la que le guiñó un ojo mientras le veía beber. Volvió a reír cuando le echó un vistazo a la botella y entonces apoyó la frente en su mano, tratando de estabilizar su propiocepción y esa sensación de desrealización que ahora nublaba su mente de esa forma tan chistosa.
-Tengo alguna más, pero es que ya nos hemos acabado la botella… - anunció, señalándola con un dedo como si se estuviese riendo de una persona.
Inuyasha se carcajeó tanto como ella, incorporándose para coger la botella y ponerla bocabajo como si quisiera asegurarse de esa realidad. Apenas un par de gotas mojaron la mesa, y después de habérselas quedado mirando como si fuera un apasionante experimento científico, volvieron a troncharse como un par de idiotas.
-Madre mía, qué graciosa te pones cuando vas pedo…Te daré de beber en horas laborales para invocar a tu alter ego borracho, me cae mejor que el sobrio.
-Eres idiota – masculló golpeándole en la cara con una almohada, sin ser capaz de contener la risa - Que conste que no estoy tan pedo.
-¡Keh! Lo estás bastante más que yo, no te hagas la digna.
-El que no tiene que hacerse el digno eres tú, teniendo en cuenta que has perdido – ante la mirada acusadora y en desacuerdo de Inuyasha, se encogió de hombros y atajó antes de que protestara – Has perdido dos rondas y yo ninguna.
El actor bufó, pero ese cálculo era demasiado simple e inequívoco, incluso para su mente embriagada. No encontró argumentos para salvar su hombría y después de soltar una maldición que dejó claro que el mal perdedor era él, volvió a hablar con un cierto enfurruñamiento.
-Está bien, pequeña tirana…¿Qué quieres que haga? - se resignó a regañadientes. Apoyó el codo en el respaldo del sofá y la cabeza en su mano para mirarla inquisitivamente y a la vez para anclar su dudoso equilibrio en alguna superficie sólida.
Kagome cerró los ojos y gesticuló con las manos como si le diese suma pereza responder a esa pregunta en esos momentos.
-Yo que sé, ¿me ves cara de poder pensar ahora? Me guardo el comodín para otro momento.
-¡Y una mierda! O lo dices ahora, o pierdes la oportunidad.
Kagome alzó la vista y la sonrisita tonta se esfumó paulatinamente cuando lo vio de tan cerca. No había sido consciente de lo próximos que habían quedado sus cuerpos cuando se habían recostado en el sofá una vez terminado el juego. Un largo silencio se estableció en la habitación mientras ella intentaba hilar algún pensamiento coherente, con tal de poder ordenarle que hiciera cualquier memez y no obligar a trabajar a esas neuronas que ahora estaban de fiesta. Sin embargo, esa pronunciada cercanía física no estaba ayudando en nada a su concentración, y su inconsciente la traicionó cuando se fijó en los labios entreabiertos que tenía frente a ella.
"Si te pidiera lo que realmente quiero…". Pero ni estando tan bebida era capaz de dar ese paso, ni siquiera con toda la cantidad de confesiones subidas de tono que se habían lanzado durante el juego, y que tendrían que haberle dado una mínima esperanza respecto a sus posibilidades. Vencida por sus propias inseguridades y reprendiéndose por haberlo pensado siquiera, acabó por desviar la mirada hacia el suelo.
-Me conformo con que lo limpies todo tú.
Después de pronunciar su inofensivo veredicto y de darle un par de palmaditas casuales en el muslo, Kagome se dispuso a levantarse del sofá pero entonces la mano conciliadora que acababa de abandonar la tela vaquera fue retenida a la altura de la muñeca por otra más grande y fuerte. Inuyasha no solo impidió que se pusiera en pie, sino que tiró del agarre hacia él para dejarla casi pegada a su lado. La sujetó tremendamente cerca de su cuerpo, tanto que Kagome no pudo evitar ponerse nerviosa, incluso teniendo en cuenta la desinhibición del alcohol.
-¿Qué haces? – le preguntó desconcentrada, intentando no tartamudear.
Él no contestó inmediatamente. Le puso la mano libre en el mentón y la obligó a alzar esa mirada tímida que se mantenía esquiva, para después clavar sus preciosos ojos en los de ella. Con el pulgar le acarició la mandíbula y después el labio inferior.
-¿Qué estás haciendo? - insistió la chica. Luchó por controlar esa delatadora respiración que cada segundo que pasaba se aceleraba más, rezando para que él no lo notara.
-Voy a besarte…
Y el corazón dejó de latir.Las erráticas y rápidas exhalaciones e inhalaciones se detuvieron en seco. Los dedos que él todavía estaba sujetando se crisparon. La mente de Kagome se bloqueó y la abandonó a su suerte, lanzándola al azar y a lo que tuviese que pasar. Y fue imposible que la voz no le temblara esta vez.
-Po…¿Por qué?
-Porque es lo que me has pedido – contestó como si fuera obvio, sin dejar de mirarle fijamente la boca como quien había fichado a un apetecible manjar.
-Yo no he dicho…
-No, no lo has dicho - la interrumpió, empezando a cubrir los primeros centímetros que les separaban - Pero he visto como me lo pedías.
Cuando pronunció las últimas palabras ya le estaba rozando la nariz con la suya, y antes de que ella pudiese replicar para defender su orgullo, los labios de él la callaron con un muy ligero y superficial contacto. Kagome se quedó petrificada, con los párpados cerrados y tan temblorosos como sus labios. Sentía sus propios latidos casi en las sienes, cosa que no era rara teniendo en cuenta que ahora el músculo cardíaco bombeaba tan fuerte que el pecho le incomodaba. El olor de la colonia varonil la envolvía en una nube rosa, tanto como ver ese oro líquido de tan cerca, atravesándola como un haz de luz por la intensidad con la que él escrutaba su mirada, como si buscara en ella una última señal de conformidad.
-¿Por qué tiemblas tanto? - preguntó Inuyasha en un susurro, rozándole la boca con cada palabra. La mano con la que le había sujetado la barbilla bajó a su cintura, posándola ahí con cariñosa confianza.
-P-porque…esto no está bien.
No, no lo estaba, pero aun así ese argumento sólo era el oficial. Le mintió ocultándole el real porque no podía decirle la verdad. No podía decirle que estaba a punto de darle una crisis de ansiedad de las ganas que tenía de volver a sentir sus besos. No podía decirle que había fantaseado con ese momento cada día desde hacía meses. No podía decirle que le amaba.
-Quizá no, pero…¿y qué? – inquirió, con los ojos sólo entreabiertos y asomando un destello ambarino de expectación - Sólo es un beso, Kagome.
-Yo… - titubeó alterada, todavía sin poder creerse la situación en la que estaba. Podía entender que con la vida social que él llevaba últimamente, un beso le pareciera algo insignificante, pero no sería lo mismo para ella. No solo porque hacía años que no besaba a nadie más, sino porque el arrasador entusiasmo que le estaba haciendo rallar la histeria era una señal de que su loco corazón ya estaba sacando las cosas de quicio por adelantado. No podía permitirse hacerse ilusiones de ese modo. Porque no podía…¿verdad?
-¿Lo dejamos correr, entonces? – le oyó pronunciar, bien bajito como si temiera agobiarla.
Y es que era más que evidente que ella estaba muy por fuera de su zona de confort, de modo que Inuyasha liberó su muñeca con delicadeza pero cuando fue a quitarle también la otra mano del costado, la de ella se posó encima instintivamente, impidiendo su retirada por automático. En vistas de ese visible desacuerdo, él se quedó quieto a la espera de la siguiente reacción. Cuando la vio entrecerrar los párpados supo que de momento no era necesario que apartara la cara y no lo hizo, aguardando la respuesta a la definitiva pregunta que le había formulado.
Kagome estaba ahora en una especie de trance. ¿Dejarlo correr? Cómo encontrar el valor para estar de acuerdo con eso, cuando lo quería todo de él y estaba cansada de negárselo. Estaba harta de esperar a que una oportunidad así se presentara. Aquello no era lo que ella había fantaseado, no podía evitar darse cuenta de que Inuyasha siempre estaba borracho cuando quería besarla. No era el escenario ideal. ¿Sería de cobarde aprovecharse de la situación?
"¿Y qué más da si lo es? Sé tú la sinvergüenza por una vez, Kagome. A la mierda con todo".
-No…
Después de su breve pero concisa contestación sólo pudo esperar, sintiéndose al borde de un abismo durante los pocos segundos que tardó Inuyasha en procesar la información y consolidarla. Se inclinó poco a poco sobre esos labios dispuestos para él como un banquete, y cuando al fin se encajaron con los suyos un escalofrío eléctrico tuvo origen en ambos cuerpos. Las ansias ocultas que había sentido por robarle un beso a su asistente fueron evidentes por el ímpetu con el que tomó la iniciativa, pero eso no le cohibió. A esas alturas ya sabía que no era el único que se sentía así.
Él la besó y ella le besó, saliendo poco a poco de su papel como pasiva y habiendo olvidado sus conflictos morales desde el primer segundo. Su mano libre se encontró subiendo a la nuca de Inuyasha de forma totalmente inconsciente, reteniéndole desde ahí como si temiera que fuese una ilusión que pudiera desvanecerse, y él respondió afianzando el agarre en su cintura, acercándose más el uno hacia el otro y profundizando el beso de forma tácita. Un pequeño gemido nació en la garganta femenina y murió en la masculina, catapultando la motivación del hombre hacia el cielo.
Los minutos fueron pasando y ellos seguían absorbidos, pendientes sólo de la boca del otro. Con delicadeza y sin delicadeza. Con lengua y sin lengua. Apasionado. Dulce. Cariñoso. Sediento. Si había mil formas distintas de besarse, ellos las exploraron todas. El "Sólo un beso" había quedado desterrado y en la nada, incapaz de satisfacer todas esas ganas contenidas por ambas partes durante lo que les había parecido una eternidad. La inercia del momento les llevó a acomodar el cuerpo de la chica en el regazo masculino, buscando un acercamiento todavía más pronunciado. Fue tan fluido y espontáneo que ni siquiera tuvieron que separar sus rostros para maniobrarlo. Kagome ahogó un suspiro de sorpresa en el beso cuando el cambio de postura le permitió notar algo duro presionándose contra su muslo, y sólo entonces dejó entrar una pequeña dosis de realidad dentro de su cabecita embriagada: habían bebido, se habían provocado sin filtro, se estaban devorando como si no hubiese un mañana, y él estaba visiblemente excitado. De acuerdo, para ser justos, los dos lo estaban, sólo que a ella no se le notaba tanto. Y eso sólo podía acabar de una forma.
Aquella estaba siendo la primera vez en su vida que realmente le apetecía hacer eso con un hombre. Nunca había deseado a nadie como en esos momentos deseaba a Inuyasha. ¿Era así como supuestamente tenían que funcionar esas cosas? El cuerpo se lo estaba pidiendo a gritos, pero a la vez unas crueles dudas empezaron a asaltarla. Él debió notar su distracción y la pérdida de receptividad, porque enseguida la liberó y acercó la boca a su oído.
-¿Qué ocurre? - preguntó en un susurro, dejando un espontáneo beso en su cuello, justo debajo de su oreja. Kagome sintió su cuerpo entero arder con ese simple gesto y percibió su ropa interior humedecerse aún más de lo que ya estaba. ¿Se sentirían así todas las mujeres que pasaban por sus brazos?
Ese pensamiento masoquista le cayó encima como un balde de agua fría.
-¿Qué estamos haciendo..? – cuestionó sintiéndose de repente abrumada por esa dura realidad, por la embriaguez, por el ejército de mariposas que tenía enloquecido en el estómago y por el cálido hormigueo remanente en sus labios después de tanto usarlos. Todo a la vez. Las manos que había colocado sobre el pecho de Inuyasha en un patético intento de apartarle, ahora las tenía cerradas, apretando la tela de su camisa como si le retuvieran, contradiciéndose al cien por cien. Acomodó su frente en el hombro de él, sintiendo que todo le daba vueltas.
-No lo sé…Lo que sí sé es qué premio reclamaría yo ahora, de haber ganado el juego… – le contestó él, con un tono de voz casi zen que delató lo muy ensimismado que estaba.
Inuyasha enredó los dedos que la sostenían de la cintura en las puntas onduladas de la suave melena azabache, como distrayéndose en lo que respetaba esa pausa que ella parecía necesitar tanto, y apoyando la otra mano en su muslo. Lo suficientemente abajo como para no parecer un cerdo, pero lo suficientemente arriba como para dejar claro que no era una caricia de amigos.
-No sé si quiero saberlo…
La Kagome sobria que tenía encerrada dentro de sí aprobó su descarada mentira, pero la ebria, que tenía en esos momentos el control y además se había compinchado con la Kagome enamorada, estaba exigiéndole a la anterior que se muriera. Era difícil no sentirse tentada por la idea del carpe diem con la nariz enterrada en la camisa del Inuyasha y emborrachándose de toda esa información sensorial que tenía que ver con él. Cuando lo sintió sonreír contra su piel supo que no la había creído. Y no sólo eso, notó también cómo él le olía el pelo cercano a su oreja, justo antes de murmurar ronco:
-Me pediría… tu primer orgasmo.
"¿Qué coño acaba de decir?". Si Kagome no hubiese estado tan borracha, sin duda habría vuelto a quedarse tiesa como una estatua, completamente escandalizada al oírle pronunciar esa locura tan gratuita. O incluso se habría desmayado, de haberla pillado con las defensas muy bajas. Y de haber estado de mal humor, le habría ladrado por volver a sacarle ese dichoso tema. Pero como resultaba que sí estaba como una cuba, liberó la risa tonta correspondiente a ese chiste absurdo y negó con la cabeza sin separarla de su malditamente acogedor escondite.
-Estás como una jodida cabra…Y aunque no lo estuvieras, dijimos que nada de sexo.
Inuyasha usó un par de dedos para sujetarle el mentón y obligarla a separar la cara de su apoyo. Pegó su frente a la de ella y la atravesó con tal mirada que estuvo segura de que si no hubiese estado sentada, se le habrían caído las bragas al suelo. Un notable escalofrío fue recorriéndole la espina dorsal a medida que fue apreciando esa expresión de depredador que ahora adornaba las bellas facciones que tenía delante, tan cerca de su propio rostro.
-No necesito llegar a eso…¿Qué me das si lo consigo?
El mundo entero podía irse a la mierda en ese momento y ella ni cuenta se daría. ¿Es que acaso ese hombre hablaba en serio? "Oh, Dios mío, mátame o despiértame, pero decídete ya". Congelada por la incredulidad, Kagome titubeó sin poder creerse lo que oía, con los ojos entrecerrados por la proximidad de los dorados y de nuevo rozándose las narices y los labios. Si Inuyasha hubiese sido una persona que no la volviera ni la mitad de loca, ella ya se habría levantado de sus piernas y le habría llamado de pervertido para arriba, y sin embargo ahí estaba, mirándole la boca otra vez, muriéndose por volver a degustarla y alargando al máximo el momento de separarse de él, pasando por alto sus ocurrencias indecentes que la tenían al borde del colapso y que todavía no tenía claro si estaban siendo o no una broma pesada. Su perfume amaderado seguía envolviéndola como un hechizo endiabladamente atrayente y su tentadora cercanía la llamaba como una droga a la que ya era adicta. Como más le deseaba, menos descabellada le iba pareciendo la loca idea que se había lanzado al aire, pero aun así eso sería tan…¿Tan qué?
-Yo…yo… - balbuceó completamente bloqueada.
-Piénsatelo. Y ahora…¿por dónde íbamos?
Un suspiro salió de entre los labios de la muchacha cuando éstos volvieron a ser capturados, dando por finalizado el receso. Los ojos castaños se cerraron automáticamente cuando ella correspondió rendida, aportando su lengua cuando él la buscó. Estaba claro que besarse era más fácil que tener esa conversación tan surrealista, y Kagome se encontró rodeándole el cuello con los brazos cuando fue tendida sobre el sofá, mostrando plena disposición por el cambio de postura si ésta podía llevarla a seguir disfrutando de él de una forma más plena.
Le pararía. En algún momento volvería a decidir que detenerse era lo mejor, y sabía que Inuyasha no la presionaría cuando decidiera hacerlo. Pero…
"Sólo un minuto más…", le pidió su corazón. Sólo un minuto, y luego le alejaría.
Pasaron cinco, diez minutos, y nadie dijo ni mu. El tiempo avanzaba y mientras eso sucedía, a los besos se añadían caricias y a la temperatura de sus cuerpos se sumaba algún que otro grado. En cuanto Kagome quiso darse cuenta, los labios de Inuyasha se habían deslizado por su mandíbula y estaban explorando sobre su cuello, ahora más expuesto por un escote más desabotonado que al inicio, besando y succionando, alterando todavía más su respiración y su ritmo cardíaco. Después de haberle pedido permiso con una mirada, las grandes manos le acariciaban el vientre y la cintura por debajo de la blusa, dejando la piel ardiendo a su paso. Las de Kagome tampoco se estaban quietas, ya que después de una tímida tentativa, habían sido bien recibidas bajo la camisa con un complacido gruñido que casi pareció un ronroneo. La chica se deleitaba acariciando y delineando esos fuertes abdominales que tantas veces se había quedado mirando embobada, mientras no dejaba de suspirar debajo de él por los continuados estremecimientos que sus atenciones le estaban provocando.
Inuyasha no recordaba haber estado nunca en una situación que le hubiese calentado de esa manera, y eso que apenas podía considerarse que habían pasado de la primera base. Sentía que estaba perdiendo la cordura sólo por el mero hecho de poder saciarse de su boca de esa forma tan desmedida y acariciar ese cuerpo que desde el primer día le había parecido tan bonito, en medio de ese paréntesis que se habían concedido y que había dejado fuera todo pensamiento acerca de qué límites no les convenía sobrepasar.
-¿Vas a dejar que lo intente? – le preguntó cerca de su oreja en el momento en que se sintió colocado de hormonas hasta el delirio, dentro de ese torbellino de rostros rojos, labios hinchados y respiraciones aceleradas.
Kagome se mordió el labio cuando ese tono de voz tan alterado delató que Inuyasha se estaba excitando tanto como ella con ese prolongado achuchón. Le tenía encima y entre las piernas, su obvia erección ya hacía rato que se iba rozando contra ella al mínimo movimiento y por primera vez eso no le estaba generando intimidación, sino una cómoda complacencia que resultaba natural y sublime. Notaba su ropa interior empapada, algo insólito en ella y en sus antecedentes, y las insistentes palpitaciones en su intimidad empezaban a ser agobiantes. Aun no habiéndose sentido así de encendida jamás, de un modo innato y primitivo supo perfectamente qué era lo que el cuerpo le estaba pidiendo. ¿Intentarlo? En esos momentos Inuyasha hubiese podido hacer lo que le diera en gana con ella.
-Tienes…diez minutos… - dijo entrecortadamente entre besos que habían vuelto a sus labios.
-Me basta con cinco…
Kagome notó su sonrisa arrogante contra la boca y luego una mano posándose en una de sus rodillas, empezando a deslizarse por debajo de la falda y arrastrándose por la parte interna de su muslo de un modo íntimo que le erizó el vello de todo el cuerpo. No pudo evitar tensarse, tanto por la intensidad de esa reacción, como por los recuerdos tóxicos que acudieron a alarmarla, y ese cambio le fue transmitido a él a través del tacto.
– Si algo va mal…sólo dilo y me detendré de inmediato - el tono tierno, comprensivo y tranquilizador que Inuyasha usó consiguió calmarla y a los pocos segundos todo su cuerpo se estremeció cuando la mano invasora empezó a quitarle la prenda íntima. Justo antes de eso, un dedo curioso se rozó contra la tela y ella siseó. Volvió a acercarse a su oído en lo que se la bajaba – Estás muy húmeda, Kagome…De momento aquí no hay nada que no funcione.
La chica exhaló alterada cuando oyó esas palabras con esa voz tan enronquecida por la pasión, y también lo hizo cuando sintió que la prenda era finalmente alejada de su cuerpo. Un candente beso la tomó desprevenida pero lo devolvió con la misma fuerza, concentrándose tanto en éste que cuando sintió las yemas de los dedos rozando su sexo dio un respingo.
-¿Te he hecho daño? – preguntó Inuyasha entre sus labios. Ella gimió un "No" apenas entendible y acto seguido dio otro saltito y se le escapó un jadeo, cosa que le arrancó a él una sonrisa triunfal.
"Ya te tengo…". El dedo pulgar que había encontrado cierto punto de la anatomía de la mujer empezó a hacer movimientos circulares de forma muy cuidadosa, siendo plenamente conocedor de la sensibilidad de esa zona. En pocos minutos, Kagome buscó liberarse del beso con los párpados fuertemente cerrados, soltando una sonora exhalación de placer. No era la primera vez que la acariciaban ahí pero jamás se había sentido así. La receptividad que estaba teniendo ese gesto era asombrosa, tanto que la sensación se expandía por toda la zona hasta su bajo vientre. Se encontró pensando en que lo único que necesitaba ahora era que fuera cada vez a más. En algún momento llevó las manos a los hombros de Inuyasha, aferrándose a éstos.
-¿Bien? – inquirió él al verse agarrado con ese grado de desesperación, en medio de todos esos besos en el cuello con los que estaba complementando sus atenciones.
-Sí…
Como si aquel monosílabo hubiese sido una señal positiva, él aumentó la velocidad de la caricia para probarla. Kagome jadeó y le agarró la mano que tenía en su intimidad por instinto, como si quisiera alejarle de ella, casi asustada por lo que estaba sintiendo. Inuyasha no se inmutó y no quiso permitir que ella lo hiciera tampoco. Juntó sus frentes y le acarició el cabello con la mano libre, queriendo confortarla con el abrigo de su cercanía.
-Tranquila, es así…Sólo siéntelo, no pienses en nada…
Kagome inspiró hondo, sintiendo la necesidad de ser ella quien buscara ahora el complemento del mimo en sus labios y éste le fue entregado de buen grado. Sintiéndose más confiada, le soltó la mano lentamente, dejándole vía libre para continuar. Él retomó la tarea y después de unos instantes más haciéndola jadear y retorcerse, sabiendo que iba por buen camino, y sin que su pulgar dejara de acariciarla, Inuyasha se arriesgó a hundir los dedos índice y corazón en el interior de la mujer, tal y como desearía hacer con la tremenda erección que estaba soportando. Kagome se exclamó ante eso, pero enseguida sus caderas se levantaron instintivamente buscando su mano, notando como entraba y salía de ella y cómo el origen del placer se trasladaba de repente ahí, alrededor de esos dedos. Gimoteó desfallecida, abriendo más sus piernas, dándole acceso completo con tal de poder sentir todavía más.
-Eso es, pequeña…Déjate llevar...
En ningún momento habían dejado de besarse con auténtico vicio: en la boca, en el cuello, en el valle de los pechos…Se mordían el labio el uno al otro, los suspiros se mezclaban, las lenguas se enredaban. Y mientras toda esa fogosidad se producía, el interior de Kagome se contraía amenazante.
La chica casi sollozó cuando sintió que los dedos que tenía en su interior se curvaban, rozando varias veces su pared anterior como si pretendieran acariciarla. Haciendo que el estómago se contrajera. Que sus caderas se movieran espasmódicamente. Que sus dedos aferraran con fuerza los cojines del sofá. Sentía su interior tan tenso que parecía que iba a colapsar, tenía la certeza innata de que algo en algún momento estallaría. El cuerpo empezó a temblarle y el modo en que sus gemidos agónicos se detuvieron de repente, quedándose ahogados en su garganta mientras echaba la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados anunciaba una única cosa. En cuanto empezó a notar como la carne que rodeaba sus dedos se los presionaba de forma intermitente, Inuyasha sonrió victorioso y le preguntó como si no supiera la respuesta:
-¿Llegas, Kagome?
-Ah…
No fue capaz de montar la frase porque el orgasmo ya la estaba arrollando sin piedad. Kagome notó las intensas contracciones en su intimidad, sumiéndola en un estado de trance en el que no era capaz de sentir otra cosa que no fuera esa gloriosa explosión, esa descarga de placer que la desconectó del mundo. Su espalda se arqueó en un vano intento de contenerla, como si fuese demasiado como para soportarla. Apenas fue consciente del par de gritos que afloraron de su garganta y que resonaron en la sala mientras ella se perdía en ese mar de sensaciones, como tampoco se dio cuenta de cómo los ojos dorados de quien le había provocado todo aquello contemplaban el espectáculo, devorándola, llevando su excitación a límites estratosféricos.
Cuando todo terminó, Kagome se sintió flácida contra el mullido sofá. Sus músculos se habían quedado completamente relajados y su mente estaba atontada. Bajo sus pestañas vio miles de luces de colores, por lo que tardó un poco en poder levantarlas y cuando lo hizo, fue a la vez que se dio cuenta de cómo estaba jadeando en busca de aire. Una fina capa de sudor le cubría la piel y le estaba humedeciendo la ropa que llevaba puesta. Sintió una caricia en su frente, unos dedos que le acomodaban el pelo de su flequillo, y una voz grave le habló de cerca.
-¿Estás bien? – al oír esa pregunta que le pareció tan irónica, soltó una carcajada eufórica - ¿Kagome?
Al oír su nombre reaccionó. Enfocó la vista en él, sintiéndose intimidada por el tipo de mirada que se encontró. Nunca había visto ese brillo en los ojos de Inuyasha, tenía la cara roja y él también respiraba con algo de dificultad. Estaba alterado y ella no era tan inocente como para no saber por qué.
-Estoy bien. Estoy muy bien - pronunció apenas, sintiendo como todavía le temblaban las piernas. Estaba mejor que nunca, física y emocionalmente. Inuyasha tenía razón: no había nada que estuviese mal en su cuerpo, y un reconfortante sentimiento de reconciliación parcial consigo misma le llenó el pecho de calidez - No sabía que podía ser así...
-Puede ser mucho más que eso…
Kagome sintió que se le cortaba la respiración cuando comprendió la propuesta implícita en esa afirmación. Aun habiendo conseguido ya su liberación, la maquinaria seguía cien por cien encendida, y la mirada hambrienta imposible de disimular que Inuyasha le estaba dedicando lo estaba propiciando. Nunca se había sentido tan deseada. ¿Se atrevería a hacerlo? ¿Iba a hacer el amor con Inuyasha? Su intimidad reaccionó al pensamiento enviándole un sugerente cosquilleo, dejándole claro que todavía no había tenido suficiente. Inspiró hondo y sus puños agarraron la tela del sofá para darse valor, arrinconando sus traumas, desterrándolos con tal de que no sabotearan esa experiencia que en esos momentos se moría por vivir.
-¿A qué estás esperando entonces…? - susurró expectante, después de abrir lentamente sus piernas como si de una sugerencia subliminal se tratara.
Inuyasha soltó el aire de golpe en una exhalación pesada de incredulidad, pero no necesitó que se lo repitiera dos veces. Con una torpeza impropia de él, se desabotonó el pantalón - haciendo una mueca por el contacto ya doloroso con su dureza - y se lo fue bajando junto con la ropa interior sólo lo suficiente, mientras se iba acomodando encima de la chica que yacía debajo de él quieta y completamente sumisa, mordiéndose el labio con inquietud notable. Kagome se sobresaltó un poco cuando notó el roce de sus sexos por debajo de la falda.
-¿Estás segura? - le susurró él al percibir ese repentino nerviosismo que le sorprendió. No sabía a qué venían esos notorios temores, pero lo que sí sabía era que quería ser él quien se los quitara y que para ello tenía que estar cien por cien convencida.
-Sí… - contestó sin dudarlo ni un segundo.
Kagome apretó los párpados, escondiendo el rostro en el hombro masculino nada más notar como empezaba a hundirse entre sus piernas, percibiendo la caliente y rígida carne llenando la suya con una compasiva lentitud. Jadeó fascinada mientras sus nudillos se ponían blancos con la fuerza con la que estaba aferrando los cojines. Era la primera vez que una penetración no le estaba siendo incómoda, pues Inuyasha prácticamente estaba resbalando dentro de ella. Podía percibirle, grande, duro y firme en su interior, sentía la presión que ejercía contra sus paredes, invadiéndola y aportándole una sensación primitiva de satisfacción.
-Oh…Oh… - no pudo más que balbucear, una vez le tuvo completamente dentro. Sintió los labios de él apoyándose sobre su frente y su agitada respiración chocar contra su piel.
-¿Te ha dolido? – le preguntó Inuyasha en un susurro tembloroso. Estaba haciendo un tremendo esfuerzo por controlarse porque le preocupaba el aspecto emocional que aquello estaría implicando para su asistente, pero el deseo le corroía de tal forma que si de él dependiera, ya estaría embistiéndola como un salvaje.
-No, no, es que…Oh… - pronunció ella apenas, aferrándose a su camisa.
Inuyasha sonrió, comprendiendo. Una vez estuvo seguro de que ella estaba relajada y de que estaba disfrutando tanto como él, salió de su cuerpo para volver a entrar con un poco más de premura. Kagome soltó otro jadeo y su lumbar se curvó un poco, asimilando la acometida. A la tercera, su amante pudo percibir sus uñas clavarse a través de la camisa, gruñendo excitado. A medida que pasaba el rato y la invasión se repetía, volviéndose fluida y rítmica, las exhalaciones conmovidas de la chica se fueron metamorfoseando en gemidos de placer que resonaban en los oídos de Inuyasha, hasta que llegó un punto en que tuvo que detenerse abruptamente soltando un resoplido.
-Joder… - masculló, reposando la cabeza en el hueco del cuello de la muchacha y cerrando los ojos con fuerza.
-¿Qué pasa? - preguntó frustrada por esa pausa, pero sus manos aflojaron el agarre en la camisa y acariciaron la tela. Su rostro se ensombreció, temerosa de no estar a la altura de las expectativas, de que él pudiera no estar disfrutando tanto como ella - ¿Algo no va bien?
-No…Algo va demasiado bien. Dame un momento.
Kagome le entendió enseguida, y al instante las repentinas preocupaciones se esfumaron tan rápido como habían venido. Al mismo tiempo, su autoestima subió varios puntos.
-¿Ya? ¿Ibas a…?
-Sí.
-Oh.
Porque Inuyasha llevaba demasiado tiempo esperando en lo más profundo de su ser que aquello ocurriera. Porque había permitido que, poco a poco y bajo una sensación de autoengaño y falso control, su asistente se convirtiera en el blanco de sus deseos. Porque como más intentaba contener la atracción que sentía por ella, más se le desbordaba y se le escapaba de las manos. Había hecho eso con Kagome tantas veces antes, en sus sueños húmedos, que había perdido la cuenta. Pero esta vez no estaba siendo un sueño, ni una fantasía a la que recurrir en sus sesiones privadas en la ducha. Era real y cien veces más increíble y sentido. ¿Cómo se suponía que iba a sobrellevar eso?
-No te contengas… - murmuró la joven, acariciándole la cara. Él se mordió el labio y gruñó en desacuerdo - Inuyasha…- insistió, levantando las caderas. Incitándole, provocándole. Lo logró, aunque sólo una vez. La estocada recibida hizo que esta vez fuera ella la que se mordiera el labio, cerrara los ojos y echara la cabeza hacia atrás. "Sí…".
-Ah… - siseó Inuyasha entre dientes, por lo que sintió en su cuerpo por ese simple movimiento - No sabes lo que me estás haciendo…
Sintiéndose sorprendentemente segura de repente, como si ahora tuviese ella el control de la situación, Kagome le metió las manos por debajo de la ropa y le acarició espalda hacia arriba. Volvió a hacer una tentativa con la pelvis y él se movió de nuevo, exhalando sonoramente.
-Pues enséñamelo… - le susurró ella al oído. No quería más caballerosidad. No era otro orgasmo lo que necesitaba ahora, sino ver a Inuyasha perdiendo la cabeza por ella, absolutamente entregado entre sus brazos y a su merced.
Perteneciéndole en su totalidad, completamente suyo.
Él soltó un profundo gruñido al oír esa petición tan provocativa y cuando ella volvió a incitarle, no solo cedió sino que ya no fue capaz de detenerse, embargado por un frenesí progresivo pero brutal que le impulsó a poseerla hasta el desvarío. Los ojos dorados se entreabrieron para contemplar la sensual expresión abandonada de la mujer mientras sentía el húmedo y glorioso roce procedente de su repetitiva unión. Sus gemidos se mezclaron con los de ella. El modo en que Kagome balbuceaba su nombre sonaba tan terriblemente erótico que multiplicaba por mil la percepción de sus sensaciones. La aferró con fuerza de los muslos para acercarla más hacia él, buscando llegar más profundo, que el íntimo encuentro fuera más intenso. Estaba muriéndose de placer. No había otra forma de decirlo.
Como tampoco había otra forma de acabarlo. Creyó que moriría cuando empezó a derramarse dentro de ella, tan fuerte que los testículos le dolieron y las caderas se sacudieron erráticamente. El nombre de la chica quiso escapar de sus labios pero fue interrumpido por un abrupto alarido salido de lo más profundo de su garganta. Kagome presenció maravillada esa hermosa visión: los ojos cerrados con fuerza, el sudor corriendo a mares por su rostro, la boca entreabierta sin poder controlar los sonidos que salían de ella, todo el cuerpo masculino temblando extasiado.
"Te quiero. Te quiero, te quiero, te quiero…". Kagome tuvo que morderse la lengua para contener esa arrolladora verdad y no pronunciarla en voz alta, quedándose estrangulada en manos de la cautela y de su propia inseguridad.
Hasta que no terminó, Inuyasha no fue consciente de que había gritado. Se dejó caer rendido sobre ella y descansó con la cara escondida en la curvatura de su cuello, envuelto por ese femenino aroma que ahora parecía potenciado. Y esa postura fue la que le impidió ver la sonrisa de felicidad que se había dibujado en el rostro de su asistente.
Continuará...
En fin, ya está. Aquí lo tenéis, pequeñas viciosillas: primer lemon entregado. Lamento el spoiler que haya podido suponer el disclaimer del principio. Qué pena que para que unas pocas no monten un pollo, muchas otras tengamos que fastidiarnos…
Sí, os dije que la cosa evolucionaría lentamente y esto se ve como artillería pesada caída de golpe, pero recordad que una cosa es el sexo y la otra el amor. Por ello puede parecer que esta primera vez ha sido quizá más carnal que romántica, pero…paciencia. MÁS paciencia. De todos modos, no podréis decir que no os he dado una buena tregua, ¿eh? ;)
AVISO: estamos a las puertas de la parte dramática del fic y se hará LARGA (no, ya os digo que hasta ahora no era drama). Hagan sus apuestas, señoritas…
¡Besos a todas!
Dubbhe
PD: al final se me complicó todavía más el finde y como ya había empezado a repasar el capítulo dije "a la mierda, termino ya y lo dejo colgado". De todos modos, por temas personales ya no podré actualizar los domingos y a partir de ahora será un poco random (cosa que NO significa que lo vaya a hacer con menos frecuencia).
