Os presento mi capítulo favorito de todo el fic. Lo tengo desgastado de tanto leérmelo (y perfeccionarlo). Por ello os lo muestro con todo mi corazón, y esperando que lo améis también :)

CAPÍTULO XXIII – ESA CLASE DE NOVIO

Los rayos de sol empezaban a llenar el dormitorio, aprovechando que la noche anterior nadie había estado por la labor de bajar las persianas. Unos ojos castaños se abrieron poco a poco en cuanto se hubo acumulado un mínimo de luz en la habitación que les indujo a la vigilia. Nada más tomar conciencia de estar despierta, Kagome reconoció las sábanas y supo que estaba en casa. Al instante se le vino a la cabeza el temor de que todo hubiese sido un sueño, pues no sería la primera vez que su inconsciente le gastaba ese tipo de broma cruel. Pero enseguida descartó la idea al sentir su espalda pegada a un pecho cálido y una respiración regular cosquilleándole en la nuca. Cuando cayó en la realidad, se puso roja y sus labios se curvaron en una sonrisa muy tonta.

El íntimo abrazo de Inuyasha era del material que estaban hechos los sueños, a la vez que posesivo. La aferraba de la cintura como si temiera que pudiese volver a huir de su vida. Kagome dejó pasar el tiempo sin mover un músculo, sintiéndose a rebosar de felicidad e incredulidad a partes iguales. ¿Cuántas veces habría fantaseado con estar así con él? Le daba la sensación de que si se concentraba, todavía podía sentirlos: las caricias grabadas a fuego en su piel, los besos hormigueándole en los labios. Repasó todas y cada una de las palabras que se habían dicho, y mientras su corazón seguía latiendo con brío, eufórico.

Quería darse la vuelta. Se moría por verle la cara, por quedarse embobada con lo guapo que era mientras velaba su sueño…pero antes loca que arriesgarse a despertarle y romper el cuadro. Tampoco estaba dispuesta a perder esa postura tan amorosa. No obstante, el universo pareció no estar de acuerdo con su decisión, ya que a los pocos minutos escuchó un sutil gruñido y notó que él se le arrimaba más, intensificando el abrazo. Al parecer ya no era la única que estaba despierta, y la varonil voz que sonó cerca de su oído se lo confirmó:

-Buenos días – le oyó murmurar con cierto matiz adormilado pero alegre, sonando tan a gusto que dio la sensación de que en cualquier momento se pondría a ronronear como un gato.

-Hola – respondió con una repentina e inexplicable timidez, sintiéndose estúpida. Lo que tardaría en acostumbrarse a eso…Soltó una breve risita cuando se percató de la profunda inspiración que Inuyasha tomó mientras le fregaba la nuca con la nariz - ¿Olisqueando ya de buena mañana? – sintió contra su piel cómo él ensanchaba su sonrisa al verse descubierto.

-Es que siempre hueles tan bien… – confesó, oliéndola otra vez como dando peso a sus palabras y depositando un beso en el nacimiento de sus cabellos. Sus labios se arrastraron para dejar otro debajo de la oreja, antes de susurrar - ¿Has dormido bien?

-De maravilla…

La compulsión de Kagome por darse la vuelta era más potente ahora que él ya estaba despierto y no quería seguir dándole la espalda, por lo que se removió sutilmente y él enseguida comprendió sus intenciones. Inuyasha aflojó el abrazo para permitir que se colocara bocarriba, dejándole un antebrazo cruzado sobre el vientre y subiendo el otro para pasárselo por detrás del cuello, ofreciéndoselo de almohada. Se quedó medio incorporado sobre ella y Kagome sintió sus latidos dispararse cuando al fin sus ojos conectaron con esas lagunas doradas entreabiertas, así como con la mirada de pura adoración que transmitían, como si estuviesen contemplando algo muy hermoso.

- ¿Tú has descansado? ¿Alguna pesadilla? – preguntó con marcada turbación ante el modo ensimismado en que él la observaba.

Su intensa ruborización reforzó la tierna sonrisa en el rostro de Inuyasha. Estaba de muy buen humor, y no sólo porque el tener al fin a esa persona tan especial entre sus brazos lo tuviese subido en el séptimo cielo. Tenía la sensación de haber dormido muchas horas, como hacía muchos meses que no lo conseguía, y de que no sólo su cuerpo había descansado, sino también su espíritu.

-Como un bebé… - contestó ronco, inclinando la cabeza para darle un pausado beso en los labios – Y cero pesadillas – otro beso – Será que tienes poderes… - añadió con una sonrisa pícara.

Ella sonrió de la misma forma cuando volvió a besarla, esta vez más largamente mientras la acorralaba contra el colchón. Kagome le puso las manos en la nuca y le sujetó contra ella, devolviéndole el beso con la misma actitud juguetona. La forma en que se sintió agarrado le motivó y le arrancó un gruñido.

-Cuidado…O te convertirás en mi desayuno…- le advirtió Inuyasha con deje seductor contra su boca. Los dedos de ella atraparon su cabello y se enredaron ahí, mostrando así lo buena idea que le había parecido la propuesta.

-O tú en el mío…– usó una entonación provocadora, justo antes de lamerle con lentitud el labio superior.

Los ojos de Inuyasha se abrieron para atravesarla con una mirada felina. Esa mujer y su manía de desafiarle siempre… Era una de las cosas que le había cautivado de Kagome desde el primer día, ella no era como todas las demás que pretendían complacerle por quién era. Jamás lo admitiría, pero eso le volvía loco.

-Oh, ¿estás segura de que quieres poner eso a prueba?

Su mano bajó arrastrándose por el cuerpo femenino hasta posarse en el muslo y abarcarlo con toda la palma, expresando una posesividad que en ese contexto a Kagome le pareció muy, muy sexy. Deseoso de seguir haciéndole arrumacos durante horas, el hombre volvió a capturar sus labios con vicio. Ahora que sabía que contaba con ese privilegio, no podía saciarse de ellos. Los párpados de Kagome se entreabrieron cuando se acordó de algo importante y ladeó el rostro, rompiendo el beso a su pesar para echarle un vistazo al reloj digital de la mesita. Él lo aprovechó para llevar su boca a atender ese cuello expuesto. Su cuerpo estaba despertando y reclamando el de la mujer con quien estaba compartiendo esa preciada intimidad.

-Mierda… - se lamentó ella, pero sus ojos volvieron a cerrarse y se le escapó un suspiro ante las corrientes eléctricas que Inuyasha estaba creando con ese ejército de besos sobre su piel – Tengo que ir al trabajo…

-No… – gruñó terminando de cubrirla con su cuerpo desnudo, como si ese fuera su dulce modo de secuestrarla.

Le mordió el cuello y ella exhaló pesadamente, le lamió la oreja como tanto le gustaba hacerle y ella gimoteó y se retorció debajo de él. Kagome se mordió el labio cuando notó las manos varoniles encima de sus pechos, provocando el endurecimiento de sus pezones. El cuerpo le ardía y la tentación era insoportable. Ese hombre era un íncubo en la cama, tal y como siempre había sospechado.

-Sí… - susurró con un hilo de voz, sin saber muy bien si aquello había sido una contestación o una expresión de gozo – Debo irme…

-Mmm…No lo creo…

Inuyasha sonrió maquiavélicamente cuando la notó empezar a frotarse contra su cuerpo. Kagome se estaba contradiciendo entre lo que decía y lo que hacía, su conflicto era evidente y al paso que iba no le costaría nada inclinar esa balanza hacia sus intereses. Imitó sus movimientos para que sintiera su caliente dureza contra el vientre y la vio relamerse el labio inferior antes de apretar los párpados con fuerza. No había duda de que tenía tantas ganas como él.

-Llegaré tarde…

-¿Y qué? – preguntó con la boca ya encima de una areola. Oyó un gemido por encima de su cabeza cuando trazó un lametón ahí, seguido de una succión estremecedora – Dios, eres tan deliciosa…

-Inuyasha… - murmuró desfallecida en lo que él se entretenía con su pecho, aumentando la generosa humedad entre sus piernas – La jefa me va a reñir…

-Quizá. Pero es que tu otro jefe… se muere por echarte un polvo.

Kagome no pudo contener una sonora carcajada ante esa contestación tan bruta y por ello tan propia de él. Inuyasha la calló con un beso apasionado, hundiendo la lengua en su boca hasta hacerla gemir. Le sujetó las muñecas contra el colchón, cada una con una mano, y tanteó entre las piernas con su virilidad para asegurarse de que estaba bien mojada. Ella soltó varios suspiros de impaciencia al percibirle ahí y entreabrió los ojos, mostrándole la delatadora dilatación de sus pupilas.

-¿Sí..? – cuestionó él rozándole los labios. La veía más que dispuesta aun a pesar de ese jueguecito de estarse resistiendo, pero necesitaba asegurarse de que realmente no la estaba obligando a nada.

-Por favor…

El modo en que ella enroscó las piernas en su cintura y se arqueó contra él le dejó claro que lo que le estaba suplicando no era precisamente que la liberara. La chica notó una sonrisa triunfal contra su boca, antes de sentir ese miembro duro y grande enterrarse en su carne con un movimiento de cadera y pocas contemplaciones. Se le escapó una exclamación de pura satisfacción, y tras un par de estocadas que le sacaron sonidos parecidos, Inuyasha le habló al oído con la respiración acelerada:

- Sigue gritando así y no tardaré en correrme… - masculló apurado, con los dientes apretados – Maldita sea, empiezo a preocuparme…

Reírse mientras gemía era complicado pero a Kagome no le quedó otro remedio. Ese comentario le había hecho mucha gracia y al mismo tiempo él no dejaba de moverse, arrancándole a su garganta profundas expresiones de placer que a él le enloquecían pero que al mismo tiempo no le ayudaban en nada. Hacer el amor con Kagome era más de lo que su mente y su cuerpo podían soportar, y aprender a lidiar con ese exagerado entusiasmo iba a ser todo un reto. Jamás nadie había tenido un efecto tan potente en su libido.

-A mí ya me gusta que te corras… - contestó la chica con una sonrisa traviesa, articulando las palabras a duras penas mientras le notaba hundirse en ella una y otra vez. El tener las manos inmovilizadas de esa forma tan excitante le impedía acariciarle, de modo que lo único que podía hacer era abrir más sus piernas, aumentando la sensibilidad de la invasión y con ello el volumen de sus gemidos.

-Y a mí, no te jode… - replicó sonriendo por la ironía, volviendo a apreciar una risita entrecortada entre sus labios. Lo siguiente que oyó fue un desprevenido jadeo, cuando empezó a adaptar el movimiento para frotarse estratégicamente contra cierto punto de la anatomía de su amante - Pero las damas primero…

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Inuyasha despertó por segunda vez esa mañana cuando notó que el pequeño cuerpo que había estado acurrucado en su pecho, ahora se liberaba de sus brazos con celeridad. Entreabrió los ojos, parpadeando molesto porque ahora la luz que entraba en la habitación era bastante más cegadora. Se sorprendió de haber vuelto a quedarse dormido después de la de horas de sueño nocturno que se había pegado. Definitivamente, algo se había arreglado en su subconsciente.

-¿Kagome? – cuestionó medio grogui. El sol ya había salido del todo y eso le había permitido ver a su anfitriona correteando por el dormitorio. - ¿Qué…?

-¡Nos hemos dormido! ¡Ahora sí que voy tardísimo! – explicó estresada, girándose a mirarle en cuanto se dio cuenta de que él estaba despierto, aunque apenas fue medio segundo. Se puso la bata que había llevado la noche anterior con un aspaviento y luego se precipitó sobre el armario, agarrando la primera muda de ropa que encontró.

Inuyasha sonrió quietamente, comprendiendo, y no pudo evitar reparar en su última acción.

-¿Cuándo vas a dejar de cubrirte delante de mí? – la picó burlón. Se quedó de lado en la cama, medio tapado con las sábanas y la observó desde su posición, con la cabeza apoyada en un codo y sin ninguna prisa en su caso que le impidiera quedársela mirando embelesado, feliz y orgulloso de que fuera suya.

-Ahora no tengo tiempo para tus comentarios de pervertido, me voy a la ducha – aun a pesar del agobio, Kagome le lanzó una mirada cómplice antes de abrir rápidamente una puerta dentro de la habitación, delatando la existencia de un baño que Inuyasha no sabía que estaba ahí.

-¿A qué hora entras? – le preguntó alzando un poco la voz para que ella pudiese oírle desde dentro, y manteniendo una sonrisa ladeada por la pulla que acababan de soltarle.

-¡Hace veinte minutos!

-¿Y te puedes permitir una ducha...?

Kagome volvió a salir envuelta en una toalla, bufando fastidiada como si se hubiese olvidado de algo, y hurgó de nuevo en el armario al mismo tiempo que le daba su respuesta:

-Lo que sí que no me puedo permitir es presentarme en la oficina con estas pintas de recién follada – miró hacia abajo como haciendo una comprobación rápida y rodó los ojos – Además que tengo los muslos llenos de…

-Lo capto, lo capto… - la interrumpió divertido por no necesitar ese nivel de detalles. Alzó una ceja cuando una sudadera azul pastel y unos vaqueros desgastados aterrizaron en el colchón junto a él.

-Tus pantalones siguen húmedos, ponte esto. Vete a saber de quién era, pero quiero creer que está limpio – le indicó antes de desaparecer de nuevo dentro del baño – Ahora sí, voy a ducharme.

-Yo también tendría que hacerlo, la verdad – comentó distraídamente, para después adoptar una entonación picarona que se reflejó en su sonrisa torcida - ¿Quieres compañía? Me suena que te debo una ducha…

-¿Tendrías las manos quietas y sin distraerme? – en la voz de Kagome se apreciaba ahora un leve eco, probablemente por estar rodeada de azulejos y por el efecto de una mampara.

-Lo dudo mucho.

-Pues ya te la cobraré cuando tenga tiempo de sacarle provecho a tu ninfomanía – y acto seguido empezó a oírse el agua, impidiendo que ella escuchara el sonido de esa risa masculina que tanto la cautivaba.

Diez minutos después, Kagome salía por el pasillo saltando a la pata coja porque estaba intentando ponerse unas botas de polipiel ceñidas con tacón grueso mientras caminaba. Estuvo a punto de caerse hacia un lado pero se apoyó en la pared a tiempo, resoplando por el susto. Luego se incorporó, atusándose el cabello húmedo, y estaba a punto de coger la chaqueta del colgador cuando oyó la voz de Inuyasha llamándola desde la cocina, pues aunque se trataba de un espacio abierto, con las prisas no le había ni visto.

-¡Eh, señorita! ¿A dónde vas? Deberías comer algo, y más teniendo en cuenta que ayer no cenamos – la regañó, caminando hacia ella para retenerla.

-No tengo tiempo – contestó atropelladamente. No había tenido intención de marcharse sin despedirse de él, pero sí pensaba hacerlo después de estar lista del todo y habiéndose asegurado de que no se dejaba nada.

-Ya vas tarde – le recordó, encogiéndose de hombros - ¿Qué más da un poco más? Además, la jefa es tu prima, dudo mucho que haya consecuencias. Venga, por lo menos un café – negoció tendiéndole una mano con una expresión firme en la cara que no admitía réplica. Ella se le quedó mirando, debatiéndose, aunque pronto dejó de hacerlo porque quedó prendada de las vistas. Inuyasha se había puesto los vaqueros que le había prestado pero llevaba el tronco superior descubierto y todavía no se había peinado ni lavado la cara. Si ya de por sí era atractivo a más no poder, no pudo evitar pensar que ahora lucía más deseable que nunca. Él sí que tenía un irresistible aspecto de recién… - ¿Qué estás mirando, pervertida? – interrumpió sus pensamientos esbozando una sonrisa arrogante.

Kagome enrojeció al haberse visto descubierta, pero intentó mantener el tipo e hizo como si suspirara, aceptando al fin el razonamiento del hombre y sus dedos alcanzaron la mano que se le había ofrecido. Triunfal, Inuyasha ensanchó su sonrisa y la arrastró consigo hasta la isla de la cocina. Cogió una taza humeante que les estaba esperando y se la tendió. Ella la miró sorprendida, cosa que le hizo gracia.

-Sí, soy de esa clase de novio. Del que te prepara el café por las mañanas.

Kagome sintió que el corazón le daba un vuelco al oír esa palabra que resonó en su cabeza. Novio. Aun habiéndose confesado el uno con el otro, haber tenido esa noche de pasión siendo plenamente conscientes de que estaban enamorados, y aunque la nueva relación que tenían debería poder darse por sentada, había creído necesario hablarlo con él por miedo a llevarse otra decepción. Pero que Inuyasha se hubiese etiquetado a sí mismo como su novio dejaba en evidencia que eso ya no haría falta.

-¿En qué piensas? – la cuestionó con inocencia mientras la veía dar un largo y apresurado sorbo a su café con leche - ¿He dicho algo raro?

No era idiota como para no darse cuenta de cómo la había conmovido lo que le había dicho, pero por el modo en el que se le habían coloreado las mejillas, le habían brillado los ojos y había escondido su sonrisa detrás de la taza, supo que no había metido la pata.

-No – contestó ella con simpleza cuando dejó de beber y fingió como si meditara, mirándole socarrona– Sólo me preguntaba qué otras cosas hace esa clase de novio – volvió a beber de su café pero no le quitó los ojos desafiantes de encima.

-Hace muchas, muchas cosas – soltó en un murmullo insinuante, observándola exactamente de la misma manera. Diablos, cómo le gustaban esos jueguecitos de tira y afloja…

Kagome podría haberle dado una buena respuesta con las mismas connotaciones sexuales, pero sabía que cuando entraban en bucle con Inuyasha podían estar así todo el día y no disponía de ese tiempo, de modo que decidió ser ella la interruptora. Le guiño un ojo con coquetería, dejó la taza ya vacía sobre el mármol e hizo ademán de irse. No se dio cuenta de que le habían quedado restos de bebida encima del labio superior pero él sí, de modo que se apresuró en cogerla de la muñeca para volver a atraerla en su dirección.

-Otra de las cosas que hace…Es impedir que salgas a la calle con un sexy bigote blanco – se burló maliciosamente.

Kagome enrojeció al tener noticia de la decoración que adornaba su cara, pero enseguida se le pasó cuando Inuyasha la sujetó de la nuca e inclinó el rostro para pasarle la lengua a lo largo de la espuma muy, muy lentamente, siendo casi tortuoso. No terminar besándose fue imposible. Sus labios se encontraron y se disfrutaron, cada vez con más frenesí hasta que el cuerpo femenino acabó acorralado por el masculino contra la isla.

-Tengo que…irme - intentó decir entre beso y beso. Inuyasha gruñó en señal de desacuerdo y se arrapó más, por medio de posarle las manos en las nalgas y atraerla hacia él desde ese punto, a la vez que le mordía el labio inferior. Ella exhaló alterada al sentir la respuesta de su propio cuerpo. Había tenido relaciones más que satisfactorias con él hacía apenas una hora y aun así ya estaba volviendo a encenderse…Qué locura. Y pensar que hubo una época en su vida en que había evitado el sexo a toda costa – En serio, es muy tarde…

Inuyasha captó el cambio de entonación en la voz de la mujer, parecía de nuevo preocupada y no deseó presionarla ni hacerla sentir incómoda. Ya se la había camelado una vez, no podía hacerlo de nuevo sin arriesgarse a ponerse intenso, y tampoco quería ser egoísta. Kagome no tenía por qué dejarlo todo de lado y corriendo porque a él le hubiese picado por plantarse ahí. Apoyó la frente contra la de ella y murmuró:

-Te libras. Pero sólo porque es culpa mía.

-Oh, sí, en eso estamos de acuerdo – contestó, guasona. Le robó un beso corto de despedida y se separó, apresurándose a ponerse la chaqueta y colgarse el bolso del hombro – Desayuna lo que encuentres, estás en tu casa.

Inuyasha la observó en silencio mientras ella se preparaba para irse. Kagome le miró de reojo, pensando que en ese momento parecía más que nunca un cachorrillo desvalido. Contuvo la risa y cuando cogió sus llaves de la cestita que había junto a la puerta, se quedó pensando unos segundos antes de voltear a verle.

-¿Qué planes tienes para hoy? ¿Te dejo las llaves?

-Bueno…Pasaré por el hotel a cambiarme y así te devuelvo la ropa – comentó distraídamente, cruzando los brazos y cambiando su peso de una pierna a otra – Luego creo que haré turismo, he estado varias veces en Nueva York pero siempre por trabajo, nunca he tenido tiempo de disfrutar de la ciudad.

-Oh…¿pero hasta cuando tienes la habitación en el hotel? No es necesario que estés ahí pagando tontamente, si quieres…puedes quedarte aquí.

Inuyasha sonrió al verla sonrojarse y desviar la mirada hacia el suelo, visiblemente insegura de repente. Aunque opinaba que ella no debería tener motivos a esas alturas para sentirse así, no pudo evitar pensar que la visión de esa inocencia era adorable.

-Ya estaba empezando a temer que te irías sin proponerlo - ella levantó sus ojos del parqué y sus comisuras empezaron a curvarse - Iré a por mis cosas, hay mucho tiempo perdido que recuperar…

Otra vez su tono de voz era sugerente y Kagome rodó los ojos, soltando una risita complacida y relajándose al fin, feliz e ilusionada.

-Necesitarás esto entonces - le lanzó las llaves y él las cogió al vuelo - Disfruta del día, sólo procura llegar antes de las tres y media para abrirme. Nos vemos luego.

-Kagome – volvió a clamar cuando la vio abrir la puerta, y ella se giró – Te quiero.

Se lo dijo con el rostro sereno, como si quisiera recordarle el verdadero motivo por el que estaba ahí, por encima de toda esa fogosidad que había predominado en su conversación y sus acciones desde que se habían despertado. Y sobre todo, para que no volviera a dudar de lo mucho que deseaba pasar tanto tiempo con ella como fuese posible.

-Yo también te quiero - le contestó la chica, con mirada brillante de enamorada.

Sólo cuando Kagome ya estuvo en el descansillo y puso la mano en el pomo de fuera para cerrar la puerta tras ella, Inuyasha exclamó:

-¡Dale recuerdos a Jakotsu de mi parte! – él pudo ver la graciosa cara de confusión de la mujer antes de que la puerta se le cerrara en las narices por la inercia de su propio gesto, y se rio a carcajada limpia.

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Quince minutos después, Kagome cruzaba la puerta de entrada de la agencia resoplando y casi desmayada por el hambre voraz que le había despertado en el taxi. Inuyasha tenía razón cuando le había advertido de que tenía que comer, llevaba muchas horas sin hacerlo. Concretamente, desde el almuerzo del día anterior, y sabía que los dos cafés que se había tomado desde entonces eran una miseria de alimento. Nada más poner un pie dentro del local, su vista se nubló y por generosidad del destino, unas manos la sujetaron de los brazos antes de que trastabillara.

-Madre mía, bombón, ¿qué te ha pasado hoy? – la interrogó Jakotsu, mirándola sorprendido e intrigado – Llegas tan tarde y encima con esa cara de desmayo…

-¿Ibas a comprar el desayuno? – atajó mareada, mirando esperanzada la cartera rosa con lentejuelas que él llevaba en la mano - ¿Podrías traerme algo?

-Claro, cariño, ¿qué quieres?

-Pues…Un sándwich de pollo - miró hacia el techo y frunció los labios, considerando sus elecciones - No, mejor dos. Ah, y una muffin. Y un smoothie de fresa…

-Piano, piano, piano… - le pidió agobiado, a sabiendas de que no podría cargar con todo eso. Luego pareció caer en algo y entrecerró los ojos, escrutándola con sospecha – ¿Por qué de repente vienes con esa hambre de leona, si tú sueles comer como un canario?

-Ayer no cené – se excusó encogiéndose de hombros.

-No cenaste comida, querrás decir. Tienes cara de sexo – a Kagome se le escapó la risa por debajo de la nariz e intentó escurrirse por su lado pero fue agarrada por el brazo y arrastrada de nuevo hacia atrás – Ayer aparece ese adonis buscándote y hoy te presentas tarde y con un hambre voraz – otra vez no recibió respuesta, Kagome sólo miró hacia un lado y su rostro se iluminó con una sonrisa muy boba – ¿Algo que confesar?

-Sí. Que Inuyasha te manda recuerdos – le sonrió enigmáticamente y le guiñó un ojo.

-¡¿A mí?! ¿Y ha dicho mi nombre? – se puso las manos en la cara histérico y empezó a dar saltitos, empezando a llamar la atención de varios compañeros - ¡Qué fuerte, se acuerda de mí! ¿Crees que le gusté?

-Oye, no te pases ni un pelo, que ahora tengo derecho a ponerme celosa – le picó dándole toquecitos teatrales en el pecho con un dedo acusador, aun sabiendo de sobras que estaba bromeando.

-¿Lo tienes? Decidido, te vienes conmigo a desayunar, tienes mucho que desembuchar – sentenció, cogiéndola del brazo otra vez y llevándola con él hacia fuera. Kagome de inmediato dejó de reír y puso cara de consecuencia.

-Eh, que he llegado tarde, no puedo largarme ahora así como así… - se excusó, aunque la oferta era realmente tentadora. Cada vez tenía más hambre y menos fuerzas, y por otro lado sentía que si no le explicaba a un amigo todo lo nuevo e increíble que le había pasado, tarde o temprano estallaría.

-Kaguya no ha llegado todavía, tenía una reunión a primera hora yo que sé dónde, así que no se ha enterado – argumentó perfectamente preparado – Y ya sabes que mis labios están sellados, pero hoy eso tiene un precio.

-¿No sabes dónde está? ¿No se supone que te paga para eso? – se carcajeó, negando con la cabeza – No tienes remedio.

-Deja de joder, y andando.

Después de haber devorado toda la comida que le había propuesto en un inicio a su compañero, y de haberse puesto de todos los colores por el nivel de detalles que Jakotsu había exigido saber, se apresuró en llegar a su mesa de trabajo y empezar a producir. O por lo menos lo intentó. Cuando Kaguya llegó a la agencia, lo primero que hizo fue buscarla porque la noche anterior se había quedado todo en el aire y estaba preocupada. Se la encontró con la mirada perdida, como observando el infinito, y sonriendo como una estúpida. Cuando Kagome se dio cuenta de su presencia, salió de sus ensoñaciones avergonzada y en cuanto le vio la cara, cerró los ojos con hastío.

"Ahí vamos otra vez…", pensó cuando la mujer cerró la puerta del despacho y se encerró con ella, dando lugar a media hora de interrogatorio. Jakotsu se acopló, ansioso por volver a oír la misma historia por segunda vez, y aprovechando para preguntar alguna obscenidad más que se le había olvidado la vez anterior, haciendo caso omiso de los reproches de su jefa.

-¿Se bajó al pilón?

-¡Jakotsu! – exclamaron las dos mujeres a la vez, reprendiéndole escandalizadas.

-¿Lo hizo o no? – Kagome se cubrió la cara con una mano, roja como un tomate, y asintió muy sutilmente - ¿Y tú? – ella negó con la cabeza y él aplaudió, entusiasmado - ¡Esa es mi chica!

-Estás enfermo… - masculló Kaguya, negando con la cabeza.

A Kaguya no le había hecho mucha gracia que, desde su punto de vista, Kagome hubiera vuelto a caer en las redes de ese hombre. Pero a medida que iba oyendo la explicación, se fue relajando y decidió darle a Inuyasha el beneficio de la duda. Finalmente se alegró sinceramente por ella, pues tenía que reconocer que la actitud de Kagome había cambiado literalmente de un día para otro. Se la veía más que feliz, estaba resplandeciente. Había llegado a estar tan preocupada por ella que se limitó a aceptar lo ocurrido como un cambio para bien, al menos provisionalmente.

Pero todo ese tiempo de cháchara tuvo su precio cuando se dieron cuenta del trabajo atrasado que se les había acumulado. Y encima, el día empezó a complicarse a partir de las doce. Empezaron a recibir llamadas importantes, encargos urgentes y surgieron reuniones imprevistas. El estrés llegó a un punto en que todo el mundo en la agencia se movía estresado arriba y abajo, de un despacho a otro, y hasta Kagome se agobió tanto que acabó bajando de su nube rosa y consiguió concentrarse por pura supervivencia. Pasadas las tres, su teórica hora de salida, suspiró resignada y encontró un momento para revisar su móvil. Sonrió cuando leyó un mensaje que decía "Mudanza completada. Te echo de menos", recibido a media mañana. Pobrecito, y no le había ni contestado…

-Perdona, está siendo un día de locos…Todavía tenemos para rato, me van a pagar horas extra hasta las siete. Traeré algo de cena. Lo siento, yo también te echo de menos : (

Resopló, enfadada con el mundo. Desde que había vuelto a Nueva York, había hecho horas extra voluntariamente cada día sin necesidad, y hoy que era el primer día en que estaba deseando salir a su hora para reencontrarse con Inuyasha, se alineaban los astros y no podía hacerlo. Bloqueó el móvil y lo dejó a un lado mientras volvía a coger el lápiz y lo acercaba al papel, pero el aparatito vibró a los pocos segundos y le fue imposible resistirse a volver a consultarlo.

-No te preocupes, haz lo que tengas que hacer. La cena vas a ser tú, así que no te molestes en traer nada. Aquí te espero ;)

Se le escapó la risa, pero antes de que pudiese contestarle, Jakotsu apareció por la puerta hecho un basilisco por el estrés, exigiéndole textualmente que dejara de calentarle la bragueta al novio y le ayudara a gestionar un asunto muy chungo. Kagome gimió desesperada y volvió a ponerse manos a la obra.

Cuatro horas después, ya con la chaqueta puesta, se abrazaba con su amigo mientras él se disculpaba por el trato de ese día y por cómo le había hablado. Terminó diciéndole que había sido un día excepcional, que Kaguya le había dicho que estaba muy orgullosa de ella por cómo había manejado las situaciones, y que se fuera a celebrarlo con una bien merecida sesión de sexo que durara hasta el día siguiente. Después de bromear un rato, se despidió de él y salió por la puerta con los ojos fijos en el móvil. Sin levantar la mirada de la pantalla para ver si tenía más mensajes melosos, echó a andar pero a los pocos pasos oyó esa voz que siempre le agitaba el corazón cuando la pillaba desprevenida:

-Hey, guapa, ¿a dónde vas tan sola?

Se dio la vuelta automáticamente y su cara se iluminó al ver al objeto de sus pensamientos frente a ella, con la espalda apoyada en una furgoneta que había aparcada justo delante de la agencia. Inuyasha se había puesto una chupa negra que llevaba abierta y mostraba la camisa azul marino que tenía debajo, conjuntada con unos vaqueros gris oscuro. Kagome le devolvió la sonrisa mientras se dirigía hacia él a paso rápido, y al llegar a su lado fue tomada de la cintura y recibida con un dulce beso en los labios que revoloteó a las mariposas en su estómago. En ese momento se dio cuenta de que él se había puesto ese perfume de hombre que la volvía loca.

-¿Qué haces aquí? No te esperaba – confesó encantada, rodeándole las caderas con los brazos – Y tan guapo – añadió, oliéndole la fragancia del cuello con vicio.

-Recogerte para ir a cenar, claro.

-¡Oh! ¿A cenar? – preguntó con alegría, gratamente sorprendida y luego coqueta - ¿Acaso es una cita?

-Por supuesto que es una cita – declaró como si fuera obvio y sonrió al ver que las mejillas de Kagome se coloreaban. Esa reacción le pareció encantadora e hizo una pausa para darle un beso corto – Nuestra primera cita, que ya va siendo hora de tenerla – por un momento pareció que iba a darle otro beso, pero cuando estaba a escasos centímetros de su boca, frunció el ceño y miró un punto detrás de ella – Ese tío tiene un problema, ¿verdad?

Kagome se dio la vuelta con curiosidad, para encontrarse a Jakotsu con la cara y las manos empotrados en el cristal desde dentro de la agencia, observando la escena con fascinación descarada. Rompió a carcajadas contra el pecho del actor, para después abrazarle al cuello y ponerse en puntillas con tal de poder acercar la boca a su oído.

-Guíñale un ojo.

-¿Estás loca? – masculló horrorizado.

-Por favor. Si lo haces te querré mucho… - le suplicó, aguantándose las ganas de volver a reír.

Inuyasha suspiró, se tragó su orgullo y después de reconocerse a sí mismo que era un calzonazos, clavó sus ojos dorados en el afeminado hombre y cerró uno, mientras le lanzaba su mejor sonrisa ensayada de playboy. No pudo evitar carcajearse cuando le vio saltar histérico y desaparecer corriendo dentro del local. Kagome se dio la vuelta enseguida, tuvo tiempo de ver una parte de la escenita y todavía se estaba riendo junto a él cuando empezaron a caminar calle abajo. Inuyasha la miró confundido cuando fue a tomarle una mano pero ella la apartó, poniendo una cara teatralmente escandalizada.

-¿Qué haces, atrevido? Yo no cojo de la mano en la primera cita…¡Ay! – se quejó risueña cuando su provocación le fue devuelta en forma de azote discreto pero potente en el trasero.

-¿Vas a estar así de graciosilla toda la noche?

-De algún modo habrá que amenizarla, porque hasta la tercera cita las buenas chicas no se acuestan con nadie.

-¿Y quiénes son esas?

Inuyasha se carcajeó cuando ella soltó enseguida los dedos que acababa de entrelazar conciliadoramente con los de él, golpeándole enfurruñada en el brazo. Se lo pasó por los hombros y la apretujó contra él mientras caminaban, como si pretendiera así calmar a la fiera. Supo que lo había conseguido cuando ella dejó de fingir estar ofendida y le devolvió el abrazo alrededor de su cintura.

Continuará…

Madre mía, qué empalago…Espero no estar abusando de meloso, aunque me resulta inevitable. A estas alturas amo a mis personajes y quiero verles felices, tanto como sea posible. Se lo merecen, ¿no creéis?

Aviso que la semana que viene NO HABRÁ ACTUALIZACIÓN. Me voy a tomar un descanso, que para algo aquí es verano. Necesito desconectar un poco de mi parcela de autora y volver con las pilas cargadas. Os los dejo bien contentos y emparejados, sin cabos sueltos. Tomáoslo como un mid-season jejeje Si puedo, en un par de semanas volvemos a la carga.

¡Gracias por leer!^^

Dubbhe