CAPÍTULO XXXI – GUERRA DE SECRETOS
Los suspiros eran todo lo que se oía en esa habitación que poco a poco empezaba a ser bañada por la luz del alba. Los labios masculinos a ratos rozaban los femeninos, y a otros liberaban gemidos ahogados contra el cuello níveo, suaves pero desesperados a esas alturas del encuentro.
Las caricias habían empezado buscando desear Buenos días al otro en silencio. Habían sido de consuelo, de reconciliación. Ni siquiera habían abierto los ojos cuando sus labios empezaron a buscarse progresivamente, primero besando porciones aleatorias de piel, y luego encontrándose con la sutileza de una pluma. Todo había procedido tan suave, tan lento, y el abrazo era tan estrecho, que cuando finalmente se dio, la unión pareció producirse casi por casualidad.
El cuerpo del hombre que estaba entre sus brazos empezó a temblar, y Kagome se mordió los labios al notarlo, perdida en la advertencia de sus propias sensaciones. Escondió el rostro en su hombro con los ojos cerrados, concentrándose en sentirle dentro, consciente de que aquello empezaba a ser una cuenta atrás. Cuando su interior colapsó, sus labios liberaron un largo gemido que se arrastró tanto tiempo como duró su final, y sus dedos se crisparon sobre esas caderas varoniles que empezaban con los espasmos. Inuyasha exhaló de puro placer, rendido, cuando su propia agonía también llegó a su fin, vertiendo su esencia dentro de ese cuerpo al que acababa de amar con abandono.
Cuando salió de dentro de ella, se quedó tumbado de lado en silencio, mirándola con los ojos entrecerrados mientras sus respiraciones poco a poco volvían a acompasarse. Kagome abrió los suyos, volviendo a la realidad. En cuanto se dio cuenta de que estaba siendo observada, ladeó el rostro para encontrarse ese dorado ahora tan brillante, reflejando los primeros rayos de sol. Recibió al instante la caricia del hombre en su mentón, arrastrándose por su mandíbula y su rostro. Inuyasha dejó posada ahí la mano y ella se la tomó a la altura de la muñeca, dejando reposar ahí sus dedos. Ella también giró el cuerpo para quedarse frente a frente, estudiándose el uno al otro sin decir nada hasta que un susurro decidió escapar de los labios masculinos.
-Hola – pronunció suave, como si temiera asustarla. Algo irónico teniendo en cuenta lo que acababan de hacer.
-Hola.
Ambos se miraron con cierta complicidad, entendiendo lo paradójico de haber hecho el amor y solo después saludarse.
-¿Cómo estás? – preguntó él. No se le había pasado desapercibido que aquella era la primera vez en días que la veía con un amago de sonrisa. Sus comisuras estaban levemente curvadas, mostrando que al menos, ella estaba a gusto ahí y ahora.
-Bien.
Y no era ninguna mentira. Kagome sentía su espíritu profundamente aliviado respecto al día anterior, y no solo por lo bien que le había sentado llorar hasta agotarse: había tocado fondo, y no sólo con ella misma. Sus pensamientos habían tomado un cambio de dirección brusco, para asegurarse de que no volvían a llevarse por delante al hombre que estaba junto a ella. Lo de la noche anterior no podía volver a repetirse. Ya no más retroalimentación, no más toxicidad, ni para ella ni para nadie que la quisiera. No podía permitir que sus traumas le quitaran más valor a su vida. Tenía que dejar de flagelarse por haber caído al suelo y centrarse en levantarse, aunque fuera tan progresivamente como necesitara. Sabía que Inuyasha estaría ahí para tomar su mano y ayudarla, pero la fuerza tenía que encontrarla en su propio interior.
-Creo que voy a salir a correr.
Los ojos de Inuyasha se abrieron un poco más al escucharla. El tema del deporte, que con tanta ilusión había aflorado en los planes de futuro de su chica, había quedado aparcado el mismo día en que se había hablado de ello en la cocina. Su iniciativa nunca llegó a Sango, sino que permaneció en el olvido, como si fuera algo inapropiado ahora que parecía que medio mundo estuviese esperando a que Kagome pusiera un pie en la calle para saltar a juzgarla por su pasado.
-¿Estás segura? – murmuró, ronco.
Ella asintió y sus dedos le acariciaron el mentón.
-Si sigo escondiéndome…siempre ganarán ellos – tragó saliva antes de añadir.
Inuyasha parpadeó varias veces, como si estuviera decidiendo si su propuesta era o no adecuada, pero pronto se dio cuenta de que lo que él pensara al respecto era irrelevante. Lo que sí era crucial era que la apoyara en su decisión.
- Empezaré poco a poco. No voy a ir a clase de momento, y…creo que no es buena idea que vaya al estreno – prosiguió Kagome con un nudo en la garganta, sin romper el calmo e íntimo contacto visual que habían establecido.
Las cejas del hombre se arquearon un poco, en lo que él digería esa agria decisión. La nuez se agitó con disgusto en su garganta, pero en cambio, cuando sus labios se entreabrieron no expresaron otra cosa que empatía y compasión.
-Haz lo que creas necesario, ángel… Lo entiendo - suspiró, llevando su mano a su cabello, acariciándoselo con mimo, con las yemas de los dedos - No te preocupes, habrá otros estrenos.
Kagome negó con la cabeza y al fin el contacto visual se rompió cuando bajó su mirada, sintiéndose incapaz de mantenerlo después de haber leído la desilusión imposible de disimular en los orbes ambarinos.
-Siento mucho decepcionarte con esto…Me da mucha rabia. Iba a ser nuestro momento. Por esa película empezó todo, de alguna manera. Te juro que quería ir…quiero ir – se corrigió – Pero…siento que no puedo, yo…
Cerró los ojos porque volvía a sentir el húmedo ardor en ellos. Ahora eran la impotencia y la frustración las causantes. Había reaccionado tan rápido que sólo un brillo húmedo se había paseado entre sus tupidas pestañas, pero al parecer esa velocidad no había sido suficiente para esconder su pena.
-No…Por favor, amor…Ya no llores más – imploró Inuyasha, secándole el agua que se había asomado con el pulgar. Su tono de voz fue tan suplicante que Kagome sintió que se le encogía el corazón y se esforzó por volver a mirarle, aguantando las lágrimas – Hagas lo que hagas y decidas lo que decidas…me parecerá bien, si hace que no tenga que volver a verte llorar.
Kagome se esforzó por regalarle una pequeña sonrisa, por diminuta que fuera, ante sus desesperadas palabras. Podía entender perfectamente que a él le dolieran en lo más profundo sus lágrimas, porque el par de veces en que ella había visto las suyas, el alma se le había partido en dos.
-No más lágrimas – le prometió, acercándose hasta tocar los frentes y cerrar los ojos junto a él – No pienso regalarles ni una más.
A pesar de haberle dicho que se iría a correr, Kagome volvió a quedarse dormida. A Inuyasha no le pareció nada raro, teniendo en cuenta que eran las seis de la mañana. Tenía todo el día para hacerlo. Él mismo se estuvo una hora viéndola dormir, con la cabeza apoyada en un codo, dándole vueltas a lo que tenía dentro de ésta. Como más contemplaba a su más preciado tesoro, más firmeza iban tomando esas ideas que había trazado la noche anterior, hasta que terminó por levantarse de la cama, dispuesto a jugarse el todo por el todo.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Cuatro horas después, un camarero de mediana edad dejaba delante de él un café con leche que empezó a agitar distraídamente con la cucharilla, pues estaba demasiado caliente. Miró a su alrededor y no vio al objeto de su interés, luego le echó un vistazo a su reloj de pulsera y aceptó que todavía faltaban diez minutos. Era él quien había llegado demasiado temprano, así que bufó y se limitó a seguir esperando. Había estado tan ensimismado en sus maquinaciones que ni se le había pasado por la cabeza el coger las gafas de sol, pero por suerte a ese montón de camioneros que desayunaban en ese bar de carretera les traía sin cuidado quién era. Tal vez ni siquiera lo supieran, de hecho no tenían pinta de ser aficionados precisamente al cine. En los locales del centro de la ciudad era donde solía tener más problemas.
La campanilla de la puerta sonó cuando ésta se abrió, y la figura de un hombre de pelo castaño se acercó rápidamente a él en cuanto le vio. Nada más percatarse de su presencia, Inuyasha sacó de su interior al actor que llevaba dentro por dos motivos: en primer lugar, porque necesitaba aparentar serenidad y firmeza; y en segundo lugar, porque si pretendía que aquello fuera un encuentro civilizado, tenía que meterse en la piel de algún personaje que no le debiera un puñetazo en la cara.
-Más vale que sea importante – masculló Hojo, sentándose delante de él y mirando a su alrededor con cierto recelo – Estoy en el punto de mira de gente muy chunga, me la estoy jugando…
-¿Y ese es mi problema porque…? – replicó Inuyasha, mordaz pero esbozando una media sonrisa sarcástica. Cuando el otro resopló humillado, añadió – Adivina quién más está en el punto de mira ahora mismo.
-¡Que yo no fui! Maldita sea, se lo dije a esa zorra mil veces…
El actor alzó una ceja, conservando un semblante de piedra que contenía una mirada letal.
-Vuelve a llamarla así y no solo te tiraré este café ardiendo en la puta cara, sino que este encuentro tan indeseado habrá terminado. No hace falta que te explique lo siguiente que pasará, ¿verdad? – amenazó con una calma temible, reflejada en unos ojos dorados que echaron chispas por un momento
Hojo tomó aire, hundiendo el rostro en sus manos y luchando por recuperar la compostura. No pidió disculpas, sólo soltó un sonoro suspiro de fastidio antes de volver a dirigirle la palabra.
-De acuerdo, pero os repito por enésima vez que no lo filtré yo. Maldición, si esa mierda de publicación me dejaba como un indeseable, no tiene ninguna lógica que…
-Deja de parlotear, ya sabemos que no fuiste tú – le cortó haciendo una mueca, como si escucharle le estuviese haciendo perder el tiempo.
El otro hombre se le quedó mirando, bloqueado por esa afirmación. El desconcierto que le embargaba era evidente.
-¿Entonces qué diablos hago aquí? – masculló, irritado por no estar entendiendo nada.
Inuyasha frunció los labios y apoyó los codos sobre la mesa, volviendo a darle vueltas a su café con una calma desquiciante que no hacía más que aumentar el nerviosismo de su acompañante.
- He estado investigando un poco sobre ti. Me ha sorprendido ver que tu penoso intento de chantaje no se fomentaba encima de un farol. Parece que algo útil sí has aportado a la humanidad, realmente Internet está lleno de artículos tuyos. Eres un periodista bastante destacado, sí señor… - reconoció, con un matiz burlón que dejaba claro que alabarle era la última de sus intenciones.
-¿Qué quieres de mí, Taisho? – interrumpió Hojo de mala gana, con impaciencia palpable.
-Quiero a un periodista al que encargarle un par de misiones. Y teniendo en cuenta que tú necesitas mi silencio para poder seguir manteniendo tu tapadera de niño bueno que nunca ha roto un plato, me has parecido la opción más fácil. Tómatelo como un intercambio de favores.
Hojo le observó con cautela, haciendo una pausa pensativa antes de contestar.
-Suponiendo que hiciera lo que sea que vayas a pedirme… ¿Qué garantía tengo de que no vas a seguir agarrándome de los huevos cada vez que te plazca utilizarme para tus fines?
-La misma que yo tenía de que tú no ibas a volver a pedirme más dinero. O sea, ninguna. Pero… ¿vas a correr el riesgo?
Hojo masculló una palabrota, se mordió el labio alternativamente un par o tres de veces y después de quedarse taciturno durante medio minuto, barajando sus posibilidades, se dejó caer sobre su silla con los brazos cruzados. Cuando al fin volvió a mirarle, lo hizo con resignación.
-¿Qué tengo que hacer?
Inuyasha celebró su disposición con un fruncimiento aprobatorio y picarón de su nariz que pretendía mofarse de la bajada de pantalones que acababa de hacer su interlocutor, antes de disponerse a exponer lo que tenía en mente.
-El secretito de Kagome se filtró porque alguien nos puso un micrófono de escucha en casa, y luego le facilitó las grabaciones a un contacto dentro de la prensa – después de esa breve explicación, le sonrió mostrando sus blancos y perfectos dientes como un tiburón – Tú eres la prensa, y vas a recuperarlas para mí.
Un sonido incrédulo salió de la boca de Hojo.
-¿Yo? No me jodas, vete a saber quién las tiene – espetó, indignado y reivindicativo - La prensa rosa ni siquiera es mi especialidad.
-Pues tira de tus tan cacareados contactos, pero no me cuentes tu vida. Me trae sin cuidado cómo lo hagas, solo consíguemelas. Y lo necesito todo, desde el primer momento en que el dichoso aparato se puso a grabar, no solo la conversación polémica.
Hojo se puso una mano en la frente. Se le veía que se estaba agobiando de sólo pensar en todo lo que tendría que hacer para cumplir con los deseos de a quien le convenía tener calladito.
-¿Y qué pretendes hacer con eso? – cuestionó, con tono de voz cansado y derrotado - El mal ya está hecho.
-Eso no es de tu incumbencia – contestó Inuyasha con simpleza - Y en segundo lugar, vas a escribir un bonito artículo para mí.
Hojo alzó la mirada, observándole con el ceño fruncido.
-¿Un artículo sobre qué?
-Sobre todo lo que ahora te voy a contar – dejó reposar su espalda en la silla y levantó su taza de café para empezar a tomarlo, no sin antes añadir – Y te aconsejo que tomes nota, porque la cosa tiene chicha.
::::::::::::::::::::::::::::::::::
Tres días pasaron y cuando quiso darse cuenta, el gran día había llegado. Había estado tan sumido en sus problemas personales, y totalmente desconectado de los asuntos profesionales gracias a sus largas vacaciones de final de grabación, que de repente ya estaba ahí delante del espejo, arreglándose la corbata. O al menos, intentando hacerlo. Tendría que pedirle a Kaede que no deshiciera los nudos aunque las lavara, porque luego nunca sabía volver a atarlos.
Sus dedos dejaron de pelearse con la dichosa prenda y decidió que ese último intento era el menos desastroso de todos, de modo que así se quedaría el maldito nudo. Su irritación delataba que estaba nervioso. Siempre lo estaba en un estreno importante, cuando iba como actor principal. El pánico escénico había quedado atrás hacía muchos años, pero era el peso de la responsabilidad lo que ahora le tenía inquieto. No había visto la película. Ni él, ni nadie. Su contenido había sido estrictamente confidencial para todo el mundo. Lo que opinara el público de ese proyecto tan grande y de su trabajo, sobre todo los entendidos en la materia, sería de crucial importancia para su futuro.
Oyó el timbre de la casa y a Kagome correteando sobre el parqué para ir a atender la puerta. Incluso estando en el piso de arriba, fue capaz de oír la voz de trueno de Sango, que había llegado puntual a la cita. Iban a ver juntas el estreno por la tele, y la idea lo hizo suspirar. Él había fantaseado con que Kagome lo viviera en directo, tomada de su mano, pero…Ya que no iba a hacerlo, por lo menos no la dejaba sola.
Después de echarle un último vistazo a su reflejo, ya que aquella sería la última vez que podría cerciorarse de que no se había dejado ningún detalle ridículo en el esmoquin negro antes de hacer su aparición ante las cámaras, apretó los puños para darse fuerzas y luego bajó al piso inferior. Sus manos se colaron en los bolsillos de la chaqueta, asegurándose de que no se dejaba nada mientras bajaba las escaleras. Enseguida oyó las voces de las dos amigas trasteando en la cocina y ahí se asomó.
-Hola, bombones.
Sango le saludó con una sonrisa despreocupada, pero Kagome se le quedó mirando embobada y el hombre tuvo que reprimir una sonrisa. Adoraba ese efecto que tenía en ella, y no pudo evitar acercarse a dejar un enternecido beso en su frente.
-¡Oh! Qué mono estás con el traje de pingüino – se mofó la entrenadora, manipulando la botella de vino que tenía en las manos para quitarle el corcho – Pareces un niño bueno.
-Es que soy un niño bueno, no como tú que caíste del infierno para atormentarme – replicó lanzándole una de sus miraditas burlonas y desafiantes.
Intentó coger una minipizza de las que al parecer habían salido del horno hacía poco, pero Sango se lo impidió de un manotazo.
-Ni se te ocurra, majo. Este pecado no estaba pactado – le sermoneó, alzando su dedo índice en señal de advertencia.
-¡Ella también se está comiendo una y no le dices nada! – se quejó Inuyasha, señalando a Kagome con un movimiento de cabeza. Ésta le estaba sonriendo con mofa provocona y la boca llena – Te recuerdo que ahora también es tu clienta.
-A ella no le pagan por estar buena.
-¡Oye…! – se quejaron los dos componentes de la pareja, cada uno ofendido por la parte que les tocaba.
Después de unos pocos minutos de conversación casual en la que no faltaron las pullas, volvió a sonar el timbre, señal de que la limusina alquilada había llegado. Kagome se excusó con su amiga para ir a la puerta a acompañarle. Cuando estuvieron solos en el recibidor, la chica posó su mano en el antebrazo del actor para llamar su atención.
-Espera, guapo – cuando él se giró para complacerla, ella le sonrió divertida y llevó las manos a su corbata – Este nudo que llevas es un desastre.
-¿Sabes hacer nudos? – cuestionó alzando una ceja, para luego dibujarse una sonrisa lasciva en su cara – Habrá que explotar ese talento en otra parte…
Kagome puso los ojos en blanco pero rió y negó con la cabeza, mientras sus dedos seguían maniobrando. Inuyasha celebró esa reacción mirándola complacido.
Estaban bien. Y sobre todo, ella estaba bien. Su estado de ánimo no había hecho más que venirse arriba en esos tres días. Kagome estaba resurgiendo de sus propias cenizas, se había propuesto dejar de esconderse y lo estaba haciendo con creces. No había faltado a correr ni una sola mañana desde que había empezado a hacerlo, y el último día laboral de la semana hasta había vuelto a la universidad, enfrentándose con la dignidad de una reina a toda burla o desprecio de la comunidad. Era imposible no admirarla. ¿Cómo resignarse a no poder presumir de ella esa noche? La vida era injusta. Si solo hubiesen pasado dos semanas más, ella se habría acabado atreviendo a acompañarle. Estaba seguro.
-Azul.
-¿Eh? – balbuceó, saliendo de su ensimismamiento.
-La corbata – aclaró Kagome, acomodándosela sobre el pecho y dentro de la chaqueta una vez anudada – Es del mismo color que el vestido.
-Claro que lo es. Ir a conjunto con tu pareja no sólo es elegante…significa unidad – explicó con cautela, eligiendo muy bien las palabras para que no pareciera que le estaba reprochando nada.
La reacción de Kagome fue agarrarle de la corbata y tirar hacia ella para robarle un beso que le aceleró el corazón por lo mucho que le había pillado desprevenido. Sus labios se acariciaron despidiéndose, e Inuyasha pudo notar cómo ella sonreía cuando apenas se separó un par de centímetros.
-Unidad es lo que nos ha sobrado siempre, boss – murmuró contra su boca. Estaban tocándose de frente ahora, y él le devolvió no solo la sonrisa, sino también la misma mirada enamorada de la que estaba siendo recibidor.
-Madre mía, qué melosos sois… - se quejó Sango, que en esos momentos cruzaba el vestíbulo para empezar a llevar comida de la cocina al salón - Taisho, ¿por qué no te la llevas, se lo haces en la limusina y luego ya si eso que vuelva a entrar?
-No me des ideas, que luego me llaman pervertido – farfulló como quien no quiere la cosa, pero con las mejillas ardiendo por haber sido sorprendido en un momento tan íntimo. Puso la mano en el pomo de la puerta y la abrió, sin que se le pasara por alto que Kagome estaba mirando divertida su sonrojo traicionero. Justo antes de salir, recordó algo y se dio la vuelta de nuevo – ¿Oye, al final te hiciste la analítica esta mañana?
Kagome puso los ojos en blanco, sintiéndose como una niña llevada entre algodones, pero sonriendo enternecida por la preocupación de su novio.
-Sí, pero que conste que sólo lo he hecho para que te quedaras tranquilo. No va a salir nada raro, me he encontrado así de mal en otros brotes de ansiedad.
-Será verdad, pero no cuesta nada asegurarnos de que no estás anémica o algo por el estilo. Has estado comiendo muy poco y…
-Claro, pero estaré bien. Tú solo piensa en tu gran noche, y vívela.
Él sólo le guiñó un ojo, antes de cerrar la puerta tras de sí. Kagome suspiró en cuanto le tuvo lejos de su vista. Aquella iba a ser la primera noche en que se dormiría en esa casa sin Inuyasha, pero tampoco había que hacer un drama de eso. Estaba Sango con ella, y él tarde o temprano volvería, así que ya era hora de dejar el papelito de mujercita dependiente de su hombre y entregarse a esa noche de chicas que tanta falta le hacía.
Ayudó a Sango a llevar el resto de las cosas y en diez minutos ya estaban sentadas en el sofá, engullendo minipizzas y tragando vino blanco. El evento no empezaría hasta dentro de media hora, pero dejaron el canal puesto para tenerlo ya listo desde un inicio.
Sango dejó de masticar de la manera distraída en la que lo estaba haciendo, y su copa de vino se quedó sostenida en el aire por una mano paralizada, cuando el programa de televisión empezó con su área de prensa rosa y acto seguido un montón de fotos de la chica que tenía al lado se pusieron en pantalla. Los periodistas se pusieron a hablar otra vez de ese dichoso tema y a especular como si tuvieran algún derecho a juzgarla por lo que se decía de ella. Miró de reojo a Kagome y la vio con la vista fija en el televisor, pero bebiendo de su copa sin parecer hecha un manojo de nervios. Aun así, Sango se abalanzó sobre el comando a distancia.
-Tranquila, por mí no lo cambies. No pasa nada – dijo la morena, encogiéndose de hombros después de adivinar sus intenciones.
-No digas tonterías, no tienes por qué tragarte a esa panda de hienas echando bilis acerca de ti – replicó como si hubiese dicho una tontería.
-En realidad tengo curiosidad por saber lo que dicen hoy. Déjalo, no importa.
Sango se quedó mirando a su amiga con recelo, sin poder terminar de creerse lo que oía, pero Kagome se lo había dicho con tanta seguridad que casi había parecido una imposición, así que obedeció y soltó el comando.
-"…Se dice que Kagome podría haber estado embarazada de su exnovio el crápula, y haber perdido a su bebé debido a su deteriorado estado nutricional…"
Kagome soltó un par de buenas carcajadas.
-Madre mía, la del bombo es nueva – escuchó unos segundos más, y volvió a reírse cuando el periodista dijo que no se conocía la opinión de Inuyasha al respecto – Por favor, espero estar delante cuando se lo preguntéis.
Sango abandonó poco a poco su estado de tensión para comenzar a esbozar una sincera sonrisa al ver cómo su amiga se esforzaba por tomarse con humor toda esa mierda que soltaban acerca de ella. Era, sin duda, la postura emocionalmente más sana que podía tomar, y además de sentirse feliz por ella y sus progresos, se enorgulleció de su fortaleza.
Los presentadores hablaron de Kagome durante menos de cinco minutos, y luego anunciaron que les acababa de llegar una exclusiva, fruto de un artículo que al parecer había sido publicado en una revista de chismorreos esa misma mañana. Las imágenes de la chica dejaron de protagonizar los espacios para cambiarse por las de otra mujer, y éstas hicieron que ambas amigas se precipitaran hacia adelante en el sofá al mismo tiempo.
-¿Esa es Kikyo? No veo bien sin gafas – preguntó Sango, agudizando la mirada por intentar discernir con detalle las facciones de la nueva víctima del programa - ¿Qué pone abajo en las letras?
-Sí, es Kikyo – confirmó Kagome, mirando atentamente la pantalla con los ojos bien abiertos. La modelo nunca había sido tan famosa como para salir en televisión, era más bien una wannabe que un personaje público como tal, y su aparición estaba siendo del todo inesperada – Pone "Descubierto el escándalo amoroso de la reciente esposa de Naraku Thai" – dejó caer la espalda en el sofá de nuevo, encogiéndose de hombros – Vaya, no sabía que se habían casado.
Sango no contestó porque estaba concentrada escuchando los cotilleos sobre esa mujer a la que siempre había deseado contraer todas las enfermedades del mundo, totalmente receptiva a enterarse de más trapos sucios acerca de ella. Kagome sonrió divertida al darse cuenta y la imitó. No iba a mentir, ella también tenía curiosidad. Era la exnovia psicópata de su Inuyasha, al fin y al cabo.
-"…Era tan celosa que el sólo ver a Taisho sacándole un mosquito del ojo a su asistente ya la ponía como un basilisco. Algo que resulta paradójico, teniendo en cuenta que ella misma rompió el corazón al actor, dejándole por el que es su actual marido desde hace sólo unos días. Ella misma reconoció en el momento de la ruptura que ésta fue debida a intereses personales, pero también de conveniencia, profesional y económica. Más paradojas se añaden a las cuestionables decisiones de la modelo, pues la fuente afirma que la víspera de su boda, a menos de una semana del gran enlace, Kikyo acudió a casa de su ex para intentar volver con él. Sólo cuando Inuyasha la rechazó a favor de su exasistente, parece que se resignó a contraer nupcias con la que se habría vuelto su segunda opción, nuestro querido director. Eso es todo lo que sabemos hasta ahora, y volvemos después de la publicidad."
Las dos mujeres se quedaron mudas, inmóviles, sin decirse nada durante por lo menos medio minuto. Fue Sango quien al fin rompió el silencio, empezando a partirse de la risa en un arranque repentino.
-¡Sí señor! ¡El puto karma no falla, joder! – celebró cuando se calmó un poco, levantando las manos al aire con los puños victoriosos. Bajó una para darle unas palmaditas en el muslo a su acompañante – Ahí tienes la justicia del universo, esa zorra acaba de pagar por lo que te hizo. Me parece hasta simbólico que os hayan sacado a las dos seguidas. Madre mía, ojalá supiera quien lo ha filtrado para poder regalarle un abono de un año de entrenamiento gratis…
Siguió riéndose ella sola, pero Kagome no podía reaccionar. Fruncía los labios y parpadeaba confundida, procesando todo lo que acababa de oír. Las manos le sudaban. Su mente trabajaba a toda velocidad. No, había algo ahí que…
-Perdona, tengo que hacer una llamada.
Cogió el móvil y se apresuró en ir hasta la cocina. Marcó un número de la memoria y se lo puso en la oreja.
-Cógelo… - murmuraba caminando de un lado hacia otro, dándose toquecitos nerviosos en los labios con los dedos - Vamos, cógelo…¡Mierda!
La línea estaba ocupada.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Kikyo conducía su Mercedes por la carretera, bajando del lujoso barrio en el que vivía con su ahora marido, a la ciudad. Los sábados siempre iban a cenar juntos a un buen restaurante, pero la mitad de ellos él ya estaba en el centro porque las reuniones urgentes en fin de semana eran habituales. La modelo llevaba la radio puesta para hacerse compañía, pero la música bajó automáticamente de volumen cuando el manos libres le anunció una llamada entrante. Ella miró fugazmente la pantalla del salpicadero para no distraerse demasiado de la conducción, pero aquello fue suficiente para leer de quién se trataba. Su corazón latió con fuerza y se puso más nerviosa de lo que era apropiado para cualquiera que acabara de casarse con otra persona, pero intentó hacer caso omiso de esas comprometedoras reacciones.
Sonrió ampliamente para asegurarse de que su voz sonaría despreocupada y apretó el botón de descolgar en el volante.
-¿A qué debo el placer de esta llamada, amor mío?
La voz grave y masculina de su exnovio le contestó exactamente con el mismo tonito sarcástico que ella había usado.
-A lo mismo que debí yo el placer de tu última visita, querida. Siempre supe que eras una controladora obsesiva, pero tanto como para ponerme un micrófono en casa…Reconozco que te has superado.
-¿Qué micrófono…?
-Corta el rollo, el maldito chisme tiene tus huellas – replicó Inuyasha de mala gana.
Los dedos de la mujer se crisparon sobre el volante al sentirse descubierta. Sabía que podía caerle una buena denuncia por lo que había hecho, pero luego recordó en quién se había convertido gracias a la alianza que llevaba en el dedo y que ahora era intocable, por lo que enseguida se asomó otra sonrisa serena a sus labios pintados de rojo.
-Oh… ¿y cómo has demostrado que eran mías? – preguntó con curiosidad - Creía que habrías quemado todas mis cosas la primera noche.
-En realidad, fue en la segunda. La primera la pasé adoptado en casa de Kagome por el ciego que me metí después de tu cabronada.
-¿La primera noche ya? – su faceta de mujer comprometida la abandonó, siendo reemplazada por la de exnovia que todavía no había superado la pérdida, y eso se manifestó cuando sus dientes se serraron con rabia - Siempre supe que estabas deseando follártela, pero por lo menos esperaba un poquito de luto por tu parte.
-Nah, esa noche sólo la besé – comentó con despreocupación fingida - Cuando sí que le hice alguna que otra cosa más fue después de que ella me contara lo de su trastorno, mientras tú tenías la oreja puesta. Ay, pillina, esa faceta pervertida de ti no la conocía. Qué morbosilla…
El tonito socarrón con el que Inuyasha se burlaba de ella no hizo más que empeorar el intenso malestar que se le despertó en el cuerpo el evocar ese doloroso recuerdo. Reconocer el sonido de los gemidos roncos del que fue su amante, mezclados con las expresiones de placer de su odiada rival le había provocado ganas de gritar y llorar en su momento, superada y llevada al límite de los celos, y ahora su estómago seguía retorciéndose de sólo pensarlo. Aun así, mantuvo la compostura como una dama y logró sonar inalterable, sin mostrar ni un atisbo de vulnerabilidad.
-Como mujer te digo que aunque reconozco que no se te da mal el oral, ella estaba fingiendo – espetó con voz plana.
-Claro, claro… - supo que Inuyasha estaba sonriendo porque le conocía bien, y ver que había pasado olímpicamente de su denigrante comentario la irritó más - Te veo muy subidita. Parece que te sienta bien que ahora seas tú de quién se está chismorreando en todas partes. Siempre te ha encantado que hablaran de ti.
Kikyo soltó una carcajada irónica.
-¿Te crees que no sé que has sido tú? Por mí te puedes ir a la mierda, porque no te ha servido de nada: Naraku no se lo ha creído. Es la palabra de ese anónimo cobarde contra la mía.
-Por supuesto, no esperaba otra cosa de un calzonazos como él, pero… ¿seguirá creyéndote después de oír esto?
Kikyo sintió que se le helaba la sangre en las venas cuando empezó a escucharse a sí misma por los altavoces. Se oyó reconociendo su imperdonable error. Confesando sus sentimientos. Expresando sus anhelos. Suplicando una nueva oportunidad. Y poniendo a su reciente matrimonio como una alternativa a tomar sólo en caso de que el hombre de su preferencia la rechazara.
-Debiste elegir uno de los que se puede activar a distancia cuando te conviene – se mofó Inuyasha, una vez terminó de oírse el audio de esa situación tan comprometedora que terminaría de derrumbar la confianza tambaleante que en esos momentos Naraku tenía en ella - Por desgracia para ti, se grabó todo desde el momento cero. Me sorprende que no pensaras en eso, eres una bruja astuta pero esta vez patinaste. ¿Se te subió el veneno a la cabeza?
"No creí que pudieran llegar a tus manos", quiso decir la modelo, pero se mordió el labio y las palabras se quedaron retenidas en su garganta, aumentando la intensidad del nudo que sentía ahí. No reconocería nada que pudiera hundir más su dignidad.
- Está bien. Tú ganas. Yo la he jodido a ella y ahora tú puedes joderme a mí. ¿Me has llamado para torturarme? ¿Por qué no me rematas de una vez? – masculló arrastrando las palabras por la furia contenida. Se sentía tan impotente que tenía ganas de gritar.
Inuyasha suspiró, y por primera vez desde que había empezado la conversación, dejó de sonar mordaz e hiriente.
-Hoy no lo voy a hacer…porque no quiero ganar, Kikyo. Lo que quiero es que dejes a Kagome en paz, y si seguimos lanzándonos mierda a través de la prensa, eso no pasará nunca.
-Qué romántico – canturreó dramáticamente, para acto seguido adoptar un tono seco y amargo - Voy a vomitar. Ah, no espera…que eso es lo suyo.
-Tan graciosa como siempre. Puedes reírte todo lo que quieras en la intimidad de tu puta casa con el crápula de tu marido, si es que todavía os habláis. Pero el día en que vuelva a ver una sola lágrima de la mujer que amo por tu culpa, ya podrás decir adiós a tu braguetazo, matrimonio de pega o como quieras llamarle. Lo mismo pasará si de repente un día a Kagome la atropella un coche misteriosamente. Si me entero de que se le rompe una uña…
-Es suficiente, Inuyasha – interrumpió, derrotada, después de haber estado escuchando en silencio cada una de las palabras que conformaban esa amenaza tan bien jugada. Su sonrisa se había ido borrando con el paso de los segundos, para dar lugar a un estado de ánimo cada vez más abatido y a una sensación de humillación lacerante - Lo he entendido.
Por supuesto que lo había entendido. Él no iba a terminar de hundirla, sólo la había dejado en el punto de mira y con la credibilidad colgando de un hilo. No le había clavado el cuchillo: se lo había dejado cerca, apuntándola como una advertencia para que se estuviese quietecita. Sintió las lágrimas acumularse en sus ojos, reflejando todo el popurrí de sentimientos que le estaban recurriendo el alma en esos momentos: rabia, frustración, impotencia…y el ardor del amor no correspondido.
-Estupendo, sabía que lo captarías rápido.
-Inuyasha – le llamó cuando le pareció que él iba a colgar. Se hizo un silencio en el coche y no se escuchó ningún sonido que pudiera relacionarse con una llamada cortada, por lo que Kikyo supo que la estaba escuchando incluso sin que le hubiese contestado – Quiero que sepas que todo lo que he hecho…ha sido por nosotros.
-Por supuesto. Cuídate, Kikyo. Pero asegúrate de hacerlo en silencio. Chao.
Y entonces sí se escuchó el pitido que anunciaba el fin de la conversación. Las comisuras de la modelo se curvaron levemente, esbozando una triste sonrisa de rendición. Los párpados se cerraron, y de ahí brotaron dos lagrimones que descendieron por sus mejillas. Había perdido. Le había perdido. Pero no lo había hecho ahora, sino hacía meses.
"Cuídate tú también, amor".
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Kagome marcó por tercera vez en cinco minutos el número de su novio, a esas alturas ya con poca fe. ¿Con quién diablos estaría hablando tanto rato? Cuando él descolgó y se oyó su voz, la chica exclamó su nombre y se incorporó tan de golpe en el sofá por haber sido pillada por sorpresa, que Sango se asustó a su lado. La morena se levantó para salir al vestíbulo, y dejó a su amiga mascullando que aquello era como tener una fiesta de pijamas con un gato.
-¿Kagome? – pronunció Inuyasha - ¿Qué ocurre? ¿Estáis bien?
-Sí, sí – contestó apresuradamente, gesticulando para ella misma, canalizando sus nervios – Siento llamarte ahora pero… ¿podemos hablar?
Se hizo una pequeña pausa, y ella casi pudo ver la cara de preocupación y extrañeza del actor como si lo tuviera delante.
-Claro... Sigo en la limusina, ya estoy llegando pero…Dime, ¿qué pasa?
Kagome tomó una profunda inhalación, cogiendo fuerzas para compartir a carrerilla los últimos sucesos que la habían dejado anonadada.
- Acaba de salir Kikyo por la tele con todo su cajón de mierda narrado en detalle. Han contado vuestra historia. No se han dejado nada, ha quedado como una bruja manipuladora y una interesada delante de todo el país.
Hubo una breve pausa.
-Lo sé. He visto el artículo original hace unas horas.
Por su tono de voz medio ahogado, Kagome supo que él había contenido el aire por un momento. Esa vez fue ella quien suspiró cuando se confirmaron sus sospechas, dado lo poco normal que había sido esa reacción en su novio.
-Inuyasha…nadie más estaba en el jardín el día que me quitaste ese mosquito del ojo.
Él no dijo nada, sólo se le oyó chasquear la lengua.
-Amor… - insistió Kagome, con dulzura pero con firmeza – Te conozco. No puede ser que no hayas venido a contármelo tú antes si ya lo habías visto. Has sido tú…¿verdad?
Inuyasha exhaló con fuerza, y Kagome supo que tenía los ojos cerrados cuando le oyó confesar:
-Sí.
La chica retuvo el aire en sus pulmones. Se lo había olido, pero una cosa era tener una teoría, y la otra era que él se la corroborara.
-¿Por qué? – preguntó, con un hilo de voz - ¿Qué pretendías?
-Lo único que puedo decirte, es que ya no volverá a hacerte daño. Me he encargado de ello.
-Pero…Todo lo que se ha dicho también te humilla a ti. Has expuesto tus intimidades, tu privacidad…
-Tú también lo has hecho desde que estamos juntos. Kagome…todo lo que te ha pasado, al final ha sido porque estás conmigo. Es mi mundo el que te ha hecho tanto daño. No puedo hacer más para protegerte de la loca de mi ex aparte de hacer que desaparezca del mapa, pero en cuanto a la sociedad… - lo oyó suspirar – Lo que ha pasado es la prueba de que mientras este siga siendo mi trabajo, el mundo nunca va a dejarnos tranquilos. Siempre va a haber demasiada presión como para que podamos estar bien juntos.
-¿Qué quieres decirme con eso? – demandó saber, con voz temblorosa. Sintió un nudo en la garganta y el suelo pareció abrirse a sus pies - No puede ser que la única solución sea romper. Podemos hace que funcione, ya se nos ocurrirá algo…
-No estoy hablando de romper, Kagome – interrumpió, manteniendo el tono calmado.
Se hizo un silencio tenso, durante el tiempo que ella tardó en procesar la contestación de Inuyasha y notó las pulsaciones volver a estabilizársele. Respiró hondo, terminando de recuperarse del susto que ella misma se había dado, antes de hablar.
-¿Entonces?
Inuyasha hizo una pequeña pausa al otro lado de la línea.
-Mi trabajo no es compatible con una relación contigo en la que estés en paz. Una de las dos cosas tiene que desaparecer de la ecuación. Ya te dije una vez que nunca podría dejarte ir, y eso no ha cambiado. Eso solo nos deja una opción.
-¿Pero qué estás diciendo? – nada más cuestionarlo, abrió los ojos como platos y cayó en su propia pregunta – Inuyasha…
- Deja la tele puesta y dentro de un rato lo entenderás.
-¡Inuyasha, no hagas ninguna tontería…!
- Te quiero.
- ¡Inuyasha! ¡Inuyasha!
Pero solo oyó un pitido intermitente, pues el actor había colgado. Cuando se dio cuenta de que le estaba gritando al teléfono sin éxito, se dejó caer sentada en los escalones y se agarró el pelo con las manos. En ese momento, se había sentido más conectada con Inuyasha que nunca, posiblemente por lo crítico de la situación y por como su estrecho vínculo con él estaba siendo puesto a prueba. Por ello, y por las pistas que él le había dado, supo exactamente qué era lo que se disponía a hacer. Y supo también que jamás podría permitir que él hiciese eso por ella. Oyó como Sango la llamaba desde el salón, preguntándole si estaba bien, pero la ignoró y volvió a marcar el número de su pareja con urgencia. Le saltó el contestador y bufó, tremendamente agobiada.
-¡Kagome! ¿A qué vienen esos gritos?- exclamó Sango, llegando como una exhalación junto a ella - ¿Qué le pasa a Inuyasha?
Su amiga la miró desde la escalera, con los ojos brillantes por la congoja.
-Que va a renunciar a su carrera de actor por mí.
Continuará…
Como siempre, me disculpo por tardar tanto en actualizar. Están siendo unos meses terribles en el trabajo, pero ya veo la luz al final del túnel jejjeje por suerte todo periodo intenso de tareas suele tener un deadline.
Dedico este capítulo a mi reina Iseul, cuyos dedicados y amorosos reviews de hace unos días me dieron fuerzas y motivación para actualizar. A Daikra, mi hermana en Fanfiction, por estar siempre ahí aunque pasen semanas sin saber nada una de la otra. Y a CrisUL, a quien tuve el enorme placer de conocer en persona hace unos días y es la diosa que siempre supe que era, con un corazón enorme.
¡El siguiente capítulo es el ÚLTIMO! Nos leemos, espero que más pronto que tarde^^
Dubbhe
