Sin Ki
(KiBlind)
Un fic de Sholio
Traducción por Apolonia
Capítulo Cinco: En otro lugar...
Como es lógico, Piccolo había estado ocupado en su actividad favorita — la meditación — cuando todo comenzó a salir mal. Al punto que disfrutaba cualquier cosa, disfrutaba meditando. En la meditación estaba la paz, y en la paz, libertad de las exigencias del mundo. Cuando meditaba, le gustaba equilibrarse entre las fuerzas naturales del mundo: entre el cielo y la tierra, el viento y el agua.
Esto quería decir que estaba meditando sobre una cascada cuando de repente perdió su habilidad de volar. En completo silencio, sin cambiar de posición o descruzar sus piernas, cayó en picada. Kami, pensó cansadamente, esto no está marcando un buen ritmo en el día.
Hubo un tremendo ruido de algo al caer al agua, enviando a los pájaros cercanos a volar por los árboles. Piccolo se cayó por la cascada con una mirada resignada en su rostro y se zambulló en la piscina debajo. Después de un momento, salió a la superficie y miró alrededor para asegurarse que nadie hubiera atestiguado eso. Por suerte, nadie lo había hecho.
Por lo menos no había estado meditando sobre un volcán activo esta vez.
Piccolo se zambulló hacia la orilla y descubrió algo inesperado mientras salía del agua: apenas podía ponerse de pie. El peso en sus turbantes y hombreras se sentían como si hubieran incrementado diez veces. Qué carajo... pensó, cayendo sobre sus rodillas en sorpresa. No había estado así de débil en incontables años. Trató de convocar un poco de ki para aumentar su fuerza, y luego hizo el siguiente desconcertante descubrimiento del día.
Esto es malo. Muy, muy malo.
Piccolo se encogió de hombros para sacarse su traje. Al menos ahora se podía mover sin peso, pero todavía no tenía idea qué estaba sucediendo. Sería mejor encontrar a Gohan y a Goku, pensó con gravedad.
"Oh, Gohan..."
Gohan amaba la forma en que su voz se enroscaba alrededor de su nombre — pero más que eso, la forma en que sus brazos serpenteaban alrededor de su cuerpo, sus labios alrededor de los suyos. Una parte de su cerebro, la del pequeño estudiante de buen comportamiento todavía enterrada dentro de él, estaba gritando en cómo su madre iba a matarlo por esto, pero la mayor parte de su mente lo alejó: por primera vez, su mitad animalística Saiyajin y su más suave mitad humana estaban en perfecto acuerdo. Ambas querían a esta hermosa y dispuesta mujer enroscada en sus brazos.
"Videl..."
Se quitó su camiseta, de alguna manera logrando sacarla sin quitar sus brazos de ella, y la dejó volar en la brisa, aleteando hacia el suelo a unos ochenta o noventa metros debajo de ellos. Luego comenzó a trabajar en quitarle a ella su camiseta. Estaba concentrado en esta actividad cuando, de repente, ya no estaban volando.
El jadeo de placer de Videl se convirtió en un alarido de terror y eso fue lo último que Gohan escuchó antes de que su mundo se volviera negro con un ruido sordo de huesos chocando.
Luchó lentamente para volver a la consciencia y al sonido de la temerosa voz de Videl.
"Gohan... Gohan, por favor abre tus ojos. Por favor, por favor no estés muerto. Oh, Gohan, por favor..."
Gohan parpadeó. Al principio todo lo que vio fue una inundación de brillante luz en sus retinas, pero lentamente se resolvió en un cielo de entrada tarde y el rostro de Videl entrando en foco, mirándolo con su oscuro cabello cayendo salvajemente sobre su frente y sus enormes ojos llenos de lágrimas.
"¿Gohan?" la visión de hermosura dijo, parpadeando para quitarse las lágrimas. "¿Estás bien?"
"Uh... eso creo..."
"¿Cuántos dedos estoy levantando?"
Él miró. "¿Uno...? Videl, ¿dónde aprendiste a hacer ESE gesto...?"
"¡No es asunto tuyo! ¿En qué estabas pensando, dejándonos caer? ¡Idiota! ¿Por qué no nos sostuviste?"
"Huh... ¿qué?" Todavía estaba teniendo un poco de problema para pensar. "Tú también puedes volar, Videl."
"¡Tú eres el poderoso! Tú eres el Guerrero Dorado, el Super Saiyajin. ¿Qué sucedió?"
Gohan se preguntó eso también. "Es como si de repente yo ya no pudiera juntar más ki. ¿Es eso lo que tú también sentiste?"
Videl asintió.
Gohan se sentó rígido. Todo dolía, pero nada parecía seriamente lastimado. "Wow... no puedo creer que estemos bien después de esa caída.."
"Tú puedes estar bien," Videl espetó. "Porque caíste sobre mí, imbécil."
"¿De... verdad?"
Se dio cuenta tardíamente que ella estaba muy pálida, sus mejillas manchadas de lágrimas, y sosteniendo un brazo de forma protectora contra su pecho.
"Videl, ¿estás lastimada?"
"¡Sí! ¡Gracias por preguntar! Creo que me rompí el brazo. El brazo sobre el que te caíste."
"Realmente lo siento, Videl." Se acercó a su brazo pero ella se alejó, e hizo un leve sonido de dolor.
"No, ¡no lo toques! Estaré bien hasta que consiga atención médica. Estamos a poca distancia caminando de la carretera; vamos."
Se levantó temblorosa. Gohan la ayudó. De repente su cabeza se levantó. Videl lo miró con confusión, luego siguió su mirada hacia arriba en el cielo.
"¿Es una lluvia de meteoros?"
"Eso espero. Realmente eso espero." Pero una parte de él sabía que eso no podía ser posiblemente una lluvia de meteoros normal. Nunca lo era.
"¡HAAAAAAA!" *crack*
"Wow, ¡eso es muy bueno!" Krillin dijo, entusiasmado.
"¡Presta atención a tu propia pelea, idiota!" #18 espetó, destruyendo otro cuerpo de araña desde sus patas con una rápida patada.
La isla de Kame-sennin estaba repleta de criaturas porque todas las que habían caído en el océano cercano se habían arrastrado a la tierra para salir del agua. Desafortunadamente no parecían particularmente afectadas por el agua en ningún aspecto — ninguna de ellas cayó o hizo cortocircuito. En cambio, se orientaron hacia los varios humanos y no tan humanos en la isla — ninguno de los cuales se habían dado cuenta que algo andaba mal hasta que comenzaron a incrementar su poder para luchar y descubrieron que no podían.
De todos ellos, #18 fue la menos afectada, por lejos. Ella nunca había confiado demasiado en el ki de todos modos. Su cuerpo era inhumanamente resistente y rápido, prácticamente imposible de dañar con armas convencionales, mucho menos destruir. Acunó a Marron contra su pecho en un brazo, sin atreverse a bajar a la pequeña niña con tantos monstruos de metal alrededor, y diezmó uno tras de otro.
A los otros no les estaba yendo tan bien. Krillin y Yamcha alguna vez habían estado entre los humanos más poderosos del planeta, pero ahora estaban fuera de forma por los años de entrenamiento inadecuado. Oolong y Pu'ar nunca habían sido realmente capaces de pelear de todos modos; el cerdo se estaba escondiendo debajo de una mesa, gritando en pánico mientras las patas de una araña pinchaban viciosamente a través de la madera, haciéndola astillas en un dibujo mortífero — y todo lo que Pu'ar podía hacer era flotar sobre la cabeza de Yamcha, gritándole mientras él intentaba evitar los ataques de las arañas.
El Maestro Roshi se había desvanecido por completo.
"¿Dónde está el viejo?" Yamcha le gritó a Krillin, esquivando otra araña. Ambos lograron sobrevivir hasta ahora sólo por esquivar más que por atacar.
Krillin no tenía aliento para responder. Ambos recibieron su respuesta, sin embargo, cuando una lancha apareció en el lado lejano de la isla, ejecutando un rápido giro en las curvas olas.
"¡Suban!" les gritó el Maestro Roshi, saludando frenéticamente. La tortuga de mar se reverenciaba junto al bote.
#18 agarró el brazo de Krillin e hizo un poderoso salto hacia el bote, arrastrando a su esposo e hija junto con ella. Pu'ar se transformó, brevemente, en un análogo flotante de Yamcha, confundiendo por un momento a las arañas mientras que Yamcha hacía su propia escapada hacia el bote.
"¡Oolong!" Krillin gritó. "¡Corre!"
"¿Corre por QUÉ?" el cerdo gritó, prácticamente desapareciendo mientras esquivaba a las arañas, que por suerte para él no estaban intentando con mucho esfuerzo atraparlo. Parecían inciertas sobre qué hacer con él.
"Uno de nosotros va a tener que ir a buscarlo," Yamcha dijo a regañadientes.
Todos se miraron entre sí. Varias arañas estaban tratando de subir al bote, dando una breve distracción mientras tenían que patear a las criaturas fuera y hacia el agua.
"Oh, vamos, es nuestro amigo y necesita nuestra ayuda", Krillin dijo, y se levantó en el bote, preparándose para saltar a la costa.
Una mano en su pecho lo detuvo. Sin decir palabra, #18 arrojó a Marron en los brazos de su esposo y saltó a la costa. Un minuto más tarde, reapareció, saltando en la parte de atrás de las arañas como si fueran piedras, con Oolong agarrado de las orejas en en una mano. "Ow ow ow ow -" estaba gritando. #18 lo arrojó en el bote y luego saltó ella, y el Maestro Roshi lo arrancó, a toda velocidad, enviándolos disparados hacia el mar abierto.
"¡Mis orejas!" Oolong gimió, frotándose los apéndices lastimados. "¿Qué piensas que son, manijas?"
"Estás vivo, ¿verdad?" #18 replicó, quitando una sollozante Marron de Krillin.
Yamcha codeó ligeramente a su pequeño amigo. "Hombre, Krillin... he dicho esto antes, pero lo diré de nuevo: estoy contento que esté de nuestro lado."
"...ahora," añadió el Maestro Roshi, mirando sobre su hombro desde el timón del bote.
"Escuché eso," #18 rechinó, acunando a la niñita.
"¿Cómo está Goten, mamá?" Bulma preguntó sin alzar la vista de su mesa de trabajo.
La Sra. Briefs se sentó junto a su hija. "El pobre niño todavía está dormido. Le di otro calmante."
"Quiero ver a Goten, mamá," Trunks protestó.
"No. Ahora no. La abuela está cuidando a Goten y tú tienes un trabajo que hacer."
Desde que ambos Bulma y su padre no podían estar alejados de su trabajo, Bulma había puesto a Trunks a cargo de las comunicaciones. Estaba revisando los canales de televisión, encontrando los que funcionaban y manteniéndolos informados sobre los eventos fuera del laboratorio. Afuera había oscurecido, y los destellos que Bulma recibía de la pantalla de televisión se veía como una zona de guerra: escabrosos destellos de luz roja y azul con escenas de escombros y devastación.
"¡Sí! ¡Golpéalos!" Trunks gritó, golpeando al aire. Bulma escuchó una serie de explosiones desde la televisión. "Oye, mamá, parece que esta vez el ejército realmente es bueno para algo. Acaban de aniquilar un puñado de ésas espeluznantes cosas de un tiro."
Bulma se giró con media oreja sobre el anunciador de televisión, que estaba diciendo que el ejército había sido capaz de proteger la mayoría de las ciudades y los pueblos más grandes hasta ahora. Eso eran buenas noticias, y Trunks tenía razón; parecía que comparado a la mayoría de las cosas contra las que habían luchado, las arañas de metal no eran mucho peligro. El problema era que eran demasiadas. El ejército no podía estar en todos lados. Se preguntó desesperadamente dónde estaban todos. Vegeta, Goku, Gohan, Krillin... Kami, esperaba que nadie estuviera muerto.
"Intenta con el comunicador de emergencia de nuevo," le dijo a Trunks.
"Está bien, mamá."
Años atrás, después de los Juegos de Cell, Bulma había dejado dispositivos de comunicación de emergencia en ambos la casa Tortuga y el hogar Son, haciéndoles prometer que lo usarían si algo ocurría que interfiriera o interrumpiera las frecuencias de radio. Los comunicadores usaban un satélite privado de enlace ascendente y a menos que algo estuviera sobre él, debería poder ser usado incluso si todas las comunicaciones en la Tierra no funcionaban. Hasta ahora no habían sido capaces de obtener una respuesta de ningún lugar.
"Todavía sin respuesta, mamá."
"Sigue intentando," dijo Bulma. Estaba más preocupada por Chi-Chi que por nadie más. La casa Tortuga no tenía escasez de defensores, pero Chi-Chi estaría completamente sola a menos que Gohan estuviera con ella, y tan ruda como era Chi-Chi, ¿cómo se defendería contra criaturas que se movían tan rápido que ningún humano normal podía verlas?
"¿Cómo va todo por allá, papá?" le dijo a su padre.
"Hmmm," fue la única respuesta.
Bulma suspiró y volvió a su trabajo. Ella y su padre habían dividido las tareas. El trabajo de Bulma era inventar defensas personales contra las arañas. Hasta ahora, había creado una versión modificada de la armadura Saiyajin que había hecho para sus amigos durante los Juegos de Cell; en lugar de especializarse en repeler disparos de ki, era resistente y flexible para soportar pinchazos. No protegía los brazos y las piernas, pero al menos las zonas vitales del cuerpo estarían cubiertas, incluyendo la cabeza y podía hacer que alguno usara un casco. (Los Saiyajin, había descubierto, odiaban cubrirse sus cabezas; era una aversión casi tan fuerte como el odio de un gato por el agua. Sospechaba que tenía que ver con la necesidad de tener sus sentidos afilados sin cargas.)
Una vez que hubo terminado el diseño de la armadura, automatizó el proceso de hacerla y esperó tener suficiente para sus amigos en aproximadamente una hora. Ahora se dedicó a las armas personales. Esto era un poco más difícil, porque no habían logrado dañar una araña y no estaban seguros que podía lastimarlas. Por lo visto en las noticias, pudieron ver que las armas de concusión, como las bazukas y las granadas, eran muy efectivas, así que se focalizó en esa clase de cosas. No tenía necesidad de desperdiciar su tiempo en construir láseres si estaban protegidos contra láseres, lo que parecía ser al menos un grado limitado.
De vez en cuando echaba un vistazo sobre su hombro a su padre. Su trabajo era mucho más difícil que el de ella; todo lo que podía hacer era analizar la apariencia de las arañas e intentar descifrar cuáles podrían ser sus debilidades. Parecía por las noticias que no les pasaba nada con la lluvia, el lodo, o varias formas de radiación. Los militares habían intentado golpearlas con pulsos electromagnéticos y ni siquiera las habían ralentizado. Demasiado mal; eso había sido lo primero que Bulma hubiera intentado.
"Wow mamá," Trunks dijo de repente. "Santo cielo. Mira esto."
Bulma bajó sus herramientas y miró sobre su hombro. Su madre y su hijo estaban ambos agarrados contra la televisión en embelesada fascinación; incluso su padre había tomado un descanso para mirar. Podía escuchar que la voz del anunciador había cambiado, de agitada y emocionada a suave con... ¿miedo?
"Oye, no puedo ver," Bulma protestó. Se levantó y se acercó para hacer su camino entre sus padres.
La pantalla de la televisión mostraba un cielo nocturno, moteado con los ahora familiares sensores de las arañas de brillo rojo. Y contra las estrellas había una gran figura oscura. No tenía ni idea de la escala de la televisión, pero tenía que ser gigante.
"Es una nave espacial", susurró.
"Supongo que tuvieron que llegar aquí de alguna forma", dijo su padre.
Mientras Bulma miraba, un destacamento de aviones militares apareció en la esquina de la pantalla. Se veían diminutos contra la masa de la nave, y los veía achicarse y achicarse hasta que estuvieron invisibles - maldición, ¿cuán grande era esa cosa? De repente la luz roja parpadeó cerca de un extremo de la nave. Un momento más tarde, todos pudieron ver el ardiente rastro de pedazos cayendo del cielo.
"No se pueden acercar," dijo el Dr. Briefs. "Las arañas no parecen tener armas de energía, pero la nave debe tenerlas."
"Las arañas son sólo una clase de guardia avanzada, entonces," dijo Bulma. "Lo que sea que esté en la nave es lo que realmente..." Se detuvo, recordando que su hijo estaba escuchando. Su hijo era, sin embargo, mitad Saiyajin (mitad Vegeta, en tal caso) y en lugar de miedo en sus azules ojos, vio emoción.
Bulma sí tenía miedo - miedo por ella misma, por su familia, por sus amigos, por su mundo. Pero el miedo no se alzaba y se convertía en pánico. Una gélida calma la había envuelto cuando se dio cuenta por primera vez que no podía depender de los Saiyajin para ganar esta lucha, y todavía la sostenía en su agarre. Ella no era una guerrera, pero no era la fuerza lo que ganaría esta batalla; sino la inteligencia. Y en eso, Bulma sobresalía.
Ahora mismo tenían dos problemas grandes, pensó. Uno era encontrar a sus amigos y juntarlos a todos en un solo lugar. El otro era derrotar a las arañas - cosa que, sospechaba ahora, necesitaría involucrar meterse a esa nave. No tenía idea de cómo hacer la segunda parte. Pero en cuanto a la primera... estaba teniendo los destellos de un plan.
Mientras tanto, el pequeño grupo en la lancha del Maestro Roshi había hecho un desagradable descubrimiento propio: las arañas podían volar. No tan rápido, comparado a lo fenomenalmente rápido que se movían en la tierra, pero definitivamente eran capaces de volar.
"¡Esto no es bueno!" Krillin gritó, saltando y pateando una araña fuera del cielo y al agua. Estaba comenzando a oscurecer; con suerte las luces rojas en las arañas los convertían en blancos fáciles. Por el momento los humanos tenían la ventaja, porque las arañas no podían mantenerse a ritmo con el bote y tampoco eran muy buenas atacando en la fuga. Pero todos se estaban cansando, excepto #18, y ella estaba cargando a Marron. Krillin había sugerido que le diera a la niña, o a alguien que no fuera un combatiente como Oolong (casi recibió una nariz rota por esa sugerencia, por ambas partes), pero #18 quería mantener a Marron con ella, ya que ella era la más capaz de proteger a su hija.
"Está bien, cambiemos de tácticas," murmuró el Maestro Roshi. "Las manos dentro del vehículo, ¡todos!"
Todos rápidamente se juntaron en medio de la lancha, inseguros de lo que estaba a punto de suceder, pero no muy confiados de que fuera a estar seguro en alguna forma. Roshi apretó un botón y un recinto cerrado se desplegó sobre la parte superior del bote, sellándolos dentro en cuestión de segundos.
"¿Por qué no hizo eso antes?" Yamcha espetó.
"Es hermético," respondió el viejo, sin perturbarse. "Con todos nosotros aquí, sólo tenemos aire suficiente para un par de horas a menos que lo abramos cada tanto, podemos hacer esto..."
Jaló el control del bote hacia adelante y hacia abajo, y se hundió como un submarino. Las sorprendidas arañas se juntaron en el aire y desaparecieron de la vista desde arriba del agua.
Marron rió de alegría mientras se hundían a través de la oscura agua, desparramando confundidos bancos de peces y alguna ocasional anguila.
"¿Qué si las arañas pueden nadar?" Krillin dijo después de un momento.
"Probablemente puedan, al menos un poco," dijo el Maestro Roshi. "Pero con esas patas con las formas que tienen, tendrán incluso más problemas maniobrando en el agua que en el aire. Deberíamos poder evitarlas fácilmente."
Todos se miraron uno al otro en la oscurecida cabina del bote, una tácita pregunta colgó en el aire. Claro, podían evitar las arañas, pero sólo por cuanto tiempo. De alguna manera tenían que lidiar con la amenaza. ¿Pero cómo?
A medio mundo de distancia, el cielo todavía estaba brillante, el sol estaba casi por el mediodía - lo que era una suerte para los dos humanos que podían tomar ventaja de la luz para evitar a sus perseguidores.
"Tien, ¡hay demasiadas!"
"Lo sé, lo sé," Tienshinhan gruñó, saltando para evitar una perforadora garra. Levantó a Chaotzu en un poderoso brazo y se dirigió hacia la ladera, pero las arañas no vacilaron: se alzaron en el aire, y volaron.
Tienshinhan estaba contento ahora porque siempre había preferido confiar en su propio cuerpo en lugar de la seductora promesa del ki. Se había entrenado en técnicas de ki por el poder que proveían, pero en general, su vida con Chaotzu en los bosques lo habían dejado con fuerza y agilidad que era posiblemente, en ese momento, insuperable para cualquiera en la Tierra.
Había matado a la primera araña que aterrizó cerca de él en un subrepticio ataque, y las otras dos en trampas. Esto los había llevado a estimar una amenaza y comenzar una cacería a escala completa.
Afortunadamente, también estaba muy, muy familiarizado con esta zona, un hecho que le permitía hacer trampas o eludir a sus perseguidores por ahora. Esta particular montaña había sido una vez un campo minado, y estaba plagado con pozos minados. Tienshinhan localizó la apertura más cercana y saltó dentro, luego jaló la madera rota que sostenía la entrada hasta que colapsó en una lluvia de rocas y polvo, enterrando a las más rápidas de las arañas en el proceso.
"¿Estamos atrapados?" Chaotzu preguntó, tosiendo en el polvo.
Tienshinhan comenzó a negar con su cabeza en la oscuridad, luego recordó que su pequeño amigo no podía verlo. "No," dijo. "Hay docenas de caminos para salir de aquí. Es posible que algunas de esas cosas los encuentren y los usen como entradas, pero para ese momento, ya nos habremos ido. Tenemos que encontrar a Goku y averiguar qué está pasado. Si alguien sabe, seguro será él."
Y de vuelta en el lado nocturno del mundo, una pequeña fogata brillaba contra la oscuridad, tratando y fallando en alejar el frío del aire...
El temblor de Goku finalmente se había detenido, pero no de una manera particularmente buena. Había conducido una clase de estupor y no había respondido a los intentos de Vegeta de despertarlo. La herida en su hombro estaba manando sangre de nuevo, y había una vibración en su respiración que a Vegeta no le gustaba ni un poco.
Vegeta se agachó sobre el pequeño fuego, alimentándolo con pedazos de madera seca. Pero no era suficiente, no era suficiente. El calor apenas llegaba a unos pocos pasos de la llama mientras la fría noche de montaña se precipitaba sobre ellos. Se sintió temblar de nuevo. Ambos estaban en problemas, Goku por su insano heroísmo y Vgeta por dejarse caer en la misma trampa.
"La próxima vez que se te ocurran estúpidas ideas de salvar mi vida, sólo ahórranos todo el problema y no lo hagas, ¿está bien?" espetó a su compañero inconsciente.
Se sentó junto a Goku y sintió un débil revoloteo en el pulso del otro Saiyajin. Era más débil de lo que le hubiera gustado, y apenas podía sentir el ki de Goku en lo más mínimo.
"Vamos, Kakarotto. ¿Recuerdas como tu mocoso siguió adelante cuando moriste durante la lucha contra Cell? Imagina cuánto ruido los dos harán si mueres aquí."
No hubo respuesta. Vegeta suspiró y se sentó contra la pared. Tratando de recordar a Goku su familia, para sacarlo de su casi estado de coma, en cambio le había recordado a Vegeta de la suya. Había estado a mitad de camino de tener éxito, hasta ahora, en mantener su mente lejos de Bulma y Trunks, pero ahora pensamientos de ellos se alzaban con una venganza.
Estaban bien. Tenían que estarlo. Bulma era inteligente y tenía todos los recursos de la Corporación Cápsula a su disposición. Demonios, esa loca onna podría terminar salvando al mundo, ¿quién sabía?
"Mantente a salvo, mujer," susurró, tratando de enviar sus pensamientos a ellos a través de los kilómetros. "Tú también, mocoso."
Sus ojos comenzaron a cerrarse despacio y luego se abrieron rápidamente. Pensó que había escuchado una rama romperse fuera de la cueva.
Vegeta se levantó lentamente, sus ojos se fijaron en la oscuridad iluminada por el plata de las estrellas en la boca de la cueva. Comenzó a dar un paso hacia allá, cuando de repente una luz roja apareció en la entrada.
Vegeta se congeló, sabiendo que estaba acorralado contra el fuego. Otra luz apareció junto a la primera. Luego otra. Otra.
Habían sido encontrados.
Vegeta se corrió hacia atrás hacia Goku mientras las arañas acechaban en la cueva. Parecían estar precavidas de él; debían saber que dos de sus compañeras habían sido destruidas por los dos Saiyajin. Pero eran demasiadas. Muchas. Las brillantes luces rojas fuera de la cueva parecía innumerable. Al menos diez o veinte de ellas, suponía, y posiblemente más que él no podía ver.
Voy a morir, pensó.
Bajó la vista a Goku. La idea de intentar escapar entró en su mente, pero no perduró. No, el Príncipe de los Saiyajin no huiría. No escaparía de un enemigo y no dejaría a un indefenso ami— un indefenso compañero ser asesinado.
"No quiero que seas la última persona que vea cuando muera, Kakarotto," Vegeta murmuró, una sonrisa retorciéndose en sus labios. "Hubiera esperado que la onna fuera la última."
La onna... Pensó en Bulma una última vez, enviándole a ella y a Trunks un silencioso adiós. Y adiós para ti también, Kakarotto; espero que nos encontremos de nuevo en el otro mundo, aunque no tengo verdaderas esperanzas de ello.
Se agazapó mientras la primera araña saltaba. No podía ganar — pero se llevaría a un par de ellas con él.
A kilómetros de distancia, Bulma levantó su cabeza de su mesa de trabajo, casi dejando caer las delicadas herramientas en sus manos.
"¿Estás bien, mamá?" Trunks preguntó, alejándose de la pantalla de televisión y sofocando un bostezo.
"Sí. Estoy bien." Bulma miró sobre su hombro. Pensó que había escuchado a Vegeta susurrar su nombre; y más que eso, incluso había sentido su presencia como si estuviera parado junto a ella, su respiración sacudiendo los pequeños cabellos de la parte de atrás de su nuca.
Bulma sacudió su cabeza. Dondequiera que estés, por favor que estés a salvo, amor mío, pensó, y volvió a su trabajo.
Continuará...
