Polidrama - Capítulo 2
—¡Dennis! ¿Qué rayos pasó?
Millie se acercaba corriendo por el blanco pasillo del hospital. Había recibido la llamada del mejor amigo de su hermano apenas estaba saliendo del trabajo. No le había dado más detalles, salvo que Coop estaba en el hospital. Se le escuchaba bastante afligido, cosa que la preocupó. Temía el pesar que tendría su padre al enterarse que su hijo estaba gravemente enfermo o herido.
—¡Millie! ¡Qué bueno que estás aquí! —el muchacho finalmente pudo respirar.
—¿Pero qué pasó? —la chica insistió finalmente de pie frente a él.
—Lo que pasa es que… —en ese instante Dennis vio salir a Yin desde la habitación de Coop junto con el doctor. Al verla, automáticamente quedó en blanco, preso del terror. Simplemente no podía evitar sentirse así luego de lo que vio.
Había sido testigo ocular de la golpiza que le acababa de dar a su amigo. Fue algo digno de la lucha libre. Cuando finalmente lo inhabilitó en el suelo, él se acercó tímidamente para revisar el estado de salud de su amigo. Le pidió disculpas a Yin en reiteradas ocasiones por el actuar de Coop, cargado con los nervios de que pudiera repetir la golpiza con él. La chica no parecía mantener su enojo, pero sí su seriedad. Le consiguieron una ambulancia, y acompañaron al herido en todo momento. La chica se quedó con el doctor explicando los detalles del suceso. Coop se mantuvo inconsciente todo el tiempo. Hacía pocos minutos había escuchado que acababa de despertar. Había oído del médico que Coop tenía un daño irreversible en la espalda.
—¿Qué pasa? —insistió Millie frunciendo el ceño.
—Este… —Dennis palideció al percatarse que la mirada de Yin se dirigía a él mientras el doctor emprendía la retirada. Aunque no era una mirada amenazante, él no se sentía en confianza con ella cerca. No desde que vio lo que era capaz de hacer.
—¿Me vas a decir o no? —Millie comenzaba a perder la paciencia.
Dennis tragó saliva. Debía enfrentar la situación a como diera lugar. Si no hablaba, sería Millie quien se desquitaría con él.
—Bueno, Coop tuvo un… incidente —describió con voz temblorosa y sin quitar la vista de Yin—. Quedó muy mal. Tal parece que no va a volver a caminar o algo así.
—¡¿Qué?! —el semblante de Millie cambió a sorpresa, mientras arqueaba una ceja—. Pep-pero ¿cómo pasó?
—Este… —el chico sintió que un sudor helado comenzaba a brotar de su frente. Para colmo de males, Yin se aproximaba a ellos.
—¡Yin! —de pronto, Yang se acercó corriendo desde el fondo del pasillo. Aún traía su karategi. La chica se volteó hacia el origen de la voz, y pudo ver a su hermano.
—¿Estás bien? Cuando llegué había una multitud en el lugar —le explicó con rapidez una vez junto a Yin—. Me dijeron que hubo una pelea y que salió una ambulancia del centro comercial.
—Estoy bien —contestó Yin—. No así el idiota que vino a buscar pelea a la academia —agregó apuntando hacia la puerta de la que acababa de salir.
—Espera, ¿estás hablando de mi hermano? —Millie, tras reconocer la voz de Yang, se acercó hacia los conejos. Dennis seguía la conversación a su justa distancia.
—¿Era tu hermano? —Yin se volteó a la chica cruzándose de brazos y arqueando una ceja.
—Sí —respondió Millie con las manos en la cintura y una mirada amenazante—. ¿Qué demonios le hiciste?
—¡Ese idiota entró a mi academia de forma muy agresiva! —respondió Yin aquella mirada con una mirada aún más hostil—. ¡Revolvió mi oficina! ¡Rompió mi taza favorita! ¡Si no fuera porque soy maestra Woo Foo quizás qué me hubiera hecho él a mí!
—¡Eso no te da derecho a romperle la espalda y dejarlo parapléjico! —alegó Millie de vuelta.
—¡Ese imbécil venía como una bestia! —se defendió Yin—. ¡Era lo único que me quedaba por hacer!
—¡A ver! ¡Basta! ¡Basta! —intervino Yang logrando separar a ambas chicas, quienes estaban en una cruenta lucha de miradas—. Así no vamos a arreglar nada. Primero, tenemos que averiguar por qué él llegó tan molesto a la academia.
—¡Ese tipo llegó como fiera buscándote a ti! —exclamó Yin esta vez apuntando a su hermano.
—¿A mí? —preguntó el conejo extrañado.
—Yang, ¡¿en qué clase de problemas te metiste?! —le gritó su hermana.
—¡No lo sé! —se defendió Yang encogiéndose de hombros—. ¡Ni siquiera conozco a ese sujeto!
De improviso, todas las ideas se conectaron en la mente de la coneja. Como una revelación iluminadora, la impactaron como una bala de cañón en el estómago.
—Ahora lo entiendo —dijo palmeándose la frente—. ¡Yang! ¡Sabía que esa estupidez del poliamor te traería problemas! —agregó recriminando al conejo.
—¿Qué? —exclamó Yang aún sin comprender del todo lo que estaba ocurriendo.
—¿Por qué razón el hermano de ella vendría tan furioso a la academia a buscarte precisamente a ti? —preguntó Yin con voz cortante apuntando a Millie.
Millie quedó atrapada por la sorpresa. Todo impulso causada por su enojo se fue a sus pies. El repentino cambio al terror llegó la mareó. El tema del poliamor era aún bastante delicado para ella como para lanzarlo sobre la mesa de manera tan repentina. Aún no se acostumbraba, y era de esperarse. ¡Era tan poco tiempo! Ni en sus peores pesadillas se hubiera imaginado que los problemas llegarían tan rápido y tan violentamente.
—Millie, ¿acaso le dijiste a ese tipo? —le cuestionó Yang apuntando con su pulgar hacia la puerta entreabierta de la habitación.
La aludida lo miró desconcertada. Aún se sentía atrapada en la desazón. Se hallaba vulnerable, especialmente frente a quien la había desafiado tan fervorosamente. Yin la miraba con el ceño fruncido y los brazos cruzados. No tenía por donde defenderse. Ni siquiera podía defender a Coop. Aparte que no le nacía, lo conocía lo suficiente como para saber lo impulsivo que podía llegar a ser. Sin embargo, jamás ha sido violento, o al menos al nivel que le estaban contando. Tal vez era una exageración de la coneja. Todo eso le molestaba.
—Yo… yo no le he dicho nada a Coop —se defendió Millie cruzándose de brazos en un intento de recuperar fuerza.
—Entonces… ¿cómo? —balbuceó Yang con confusión.
—Por algún lado se debió enterar, ¿no? —alegó Yin.
—También pudo haber sido por otra razón, ¿no? —propuso Millie. No quería que su relación siguiera siendo el tema de discusión. Esperaba que la actitud de Coop fuera provocada por otra causa ajena al tema.
—¿Y por cuál? —cuestionó Yang con preocupación—. ¡Ni siquiera lo conozco!
—¿Por qué no le preguntamos? —propuso Millie invitando a los conejos hacia la habitación.
—Sigo insistiendo que es por lo del poliamor —intervino Yin con una voz ya más tranquila—. Porque veamos, ¿estás segura que no le dijiste a nadie? —agregó dirigiéndose a Millie.
—Ya te dije que no le dije nada a Coop —insistió Millie—. Solo se lo dije a un amigo en la tía Pía durante el almuerzo, y ese amigo no tiene contacto con él.
—¡¿En la tía Pía?! —replicó Yin—. ¡Prácticamente toda la ciudad almuerza ahí! ¡Ahí debió escucharte!
—Ese lugar se llena muy fácilmente —agregó Yang.
—Bueno, estaba muy lleno hoy —observó Millie nuevamente atrapada por la duda—, pero no. A Coop no le gusta almorzar ahí precisamente por lo mismo —agregó más dispuesta.
—Pudo haberlo oído un amigo y él fue con el cuento —comentó Yang.
En ese minuto Millie se acordó de la existencia de Dennis.
—Dennis, ¿cómo se enteró Coop? —la chica se volteó a preguntarle con el ceño fruncido.
Nuevamente el sudor frío regresó. El chico se sentía ya a salvo del tormento cuando fue nuevamente empujado al mar de problemas.
—Buenas tarde señorita, estoy buscando a Cooper Davies Burtonberguer —un hombre de unos cincuenta años se dirigía a la secretaria del mostrador de informaciones del hospital.
Era alto, delgado, de tez clara, con el cabello corto y castaño con una gruesa línea canosa cruzando los costados de su cabeza. Tenía unos enormes lentes cuadrados de marco grueso oscuro que ocultaban sus patas de gallo. Usaba un sombrero apolillado que amenazaba con hacerse polvo sobre su cabeza. Vestía una chaqueta de cuero castaño sobre su camisa celeste. Traía pantalones oscuros de tela y un par de mocasines. Mientras la secretaria buscaba los datos a través de su computadora, el hombre golpeteaba el mesón con sus dedos mientras observaba distraídamente todo lo que había en el techo. También mecía nerviosamente uno de sus pies a la espera de una respuesta.
—Sí, fue ingresado hace aproximadamente una hora —contestó la secretaria—. Puede encontrarlo en la Unidad de Cuidados Intermedios, segundo piso, mano derecha, habitación 205.
—Muchas gracias —contestó el señor antes de despedirse y dirigirse rumbo a las escaleras.
Leni venía justo detrás de él. Había recibido la llamada de Yang sobre una emergencia o algo así. Solo sabía que debían reunirse en el hospital. Se sentía ansiosa, puesto que el lugar no era sinónimo de buenas noticias. Observó alejarse a aquel hombre al tiempo que se percató de un maletín color café oscuro sobre el mostrador.
—¿Esto es suyo? —le preguntó a la secretaria levantando el objeto de la manija.
—No, debe ser del señor que se acaba de ir —respondió la secretaria apuntando hacia el hombre de chaqueta, lentes y sombrero.
—¡Espere señor! —exclamó Leni de pronto corriendo hacia el caballero con el maletín en la mano—. ¡Señor!
Cuando oyó aquella voz casi a su lado, aquel hombre se volteó hacia su origen.
—¿Es esta su maleta? —le preguntó la chica mostrándole el objeto.
—¡Oh! La había olvidado —exclamó alegre—. Muchas gracias, jovencita.
—De nada —respondió la chica con una sonrisa mientras le entregaba el maletín.
El hombre le regaló un saludo con el sombrero antes de retomar su camino.
—Es agradable —comentó ella para sí misma.
Posterior a aquel evento, regresó con tranquilidad hacia el mostrador.
—Hola —saludó a la secretaria.
—¿Sí? ¿Qué necesita? —le preguntó la aludida con una sonrisa amable.
Leni le sonrió de vuelta mientras su cabeza intentaba averiguar qué debía hacer ahora.
—Estoy buscando a alguien —respondió.
—¿Está internado en este hospital? —le preguntó la secretaria.
—Este —la confusión se posó en el rostro de la chica—… La verdad no lo sé.
—Pues si no conoce el nombre del paciente al que viene a visitar, no creo poder ayudarla —le explicó la secretaria.
—Si Yang me llamó hasta acá, es por algo —comentó Leni mientras se rascaba el mentón.
—Podría ser él el internado —comentó la secretaria en un intento de ayudar a la chica.
—¡Oh cielos no! —exclamó con pesar.
—Deme su nombre —le pidió la secretaria lista para teclear.
—Leni Loud —contestó la chica.
La secretaria tecleó el nombre, para luego revisar en su pantalla.
—Lo siento, Leni Loud no está internada en este hospital —respondió.
—¡No puedo estar hospitalizada! Yo estoy aquí —comentó con confusión.
—Le pedí el nombre del amigo que le pidió que viniera, no de usted —aclaró la secretaria regalándole una mirada de impaciencia.
—¡Aaaaaah! —exclamó comprendiendo la situación—. Pues mi amigo se llama Yang Chad.
La secretaria nuevamente tecleó aquel nombre, pero sin resultados.
—Lo lamento, Yang Chad tampoco está internado —le informó.
—Pues ese es un alivio —comentó Leni tras un suspiro.
La secretaria lanzó una corta risita.
—Pues si Yang me pidió que viniera, y él no es quien está hospitalizado, entonces, ¿para qué me llamó? —continuó Leni pensativa.
—¿Y por qué no lo llama de nuevo? —le propuso la secretaria—. Así podría averiguar para qué la llamó.
Leni la observó meditando aquellas palabras, mientras la secretaria comenzaba a sentirse incómoda.
—¡Eso es! —exclamó triunfante—. Lo llamaré ahora mismo.
En ese preciso momento comenzó a hurguetear en su bolso de gamuza blanco. Su semblante despreocupado cambió rápidamente a la consternación. Empezó a sacar cosas de su cartera. Desde un espejo de bolsillo, labiales, un encrespador de pestañas, pinturas, un peine, esmalte de uñas, hasta una navaja suiza, una libreta y un encendedor.
—¡Rayos! ¡Se me quedó el teléfono en el trabajo! —exclamó con pesar.
La secretaria luchó con toda su fuerza de voluntad para evitar palmear su cara.
Leni le regaló una sonrisa nerviosa mientras seguía registrando el fondo ya vacío de su bolso.
—Lo lamento mucho —le dijo la secretaria en una forma por romper el silencio.
—¿No podría prestarme su teléfono? —le rogó Leni apuntando hacia un teléfono fijo color blanco que tenía sobre su escritorio.
—Lo siento, este teléfono es solo para llamadas corporativas —respondió la secretaria—, aunque… —agregó al ver la mirada suplicante que le daba la chica.
—¡Por favor! —rogó Leni juntando sus palmas.
—Está bien, pero que sea rápido —aceptó la secretaria mientras le aproximaba el aparato y le echaba un rápido vistazo a su entorno.
La chica de inmediato agarró el teléfono. Colocó el fono en su oreja, y se detuvo en seco frente al teclado.
—¿Qué ocurre? —preguntó la secretaria.
Leni la miró con pesar. Su mirada de auxilio comenzó a preocupar a la pobre secretaria, quien se esperaba una de las más terribles noticias.
—¡No me sé su número de teléfono! —comenzó a lloriquear.
La secretaria no pudo evitar darse una palmada en la frente.
—¡Fue Harley! —confesó Dennis finalmente con un grito desesperado—. ¡Él llegó con el cuento! ¡Luego de eso Coop se puso como idiota y fue a donde trabajaba tu novio! ¡Intenté todo para detenerlo! Pero no pude.
El chico jadeaba nerviosamente en una explosión desesperada. No aguantaba más la presión tanto de Millie como de Yin. Solo le bastaron un par de miradas asesinas para soltarlo todo. El temor por lo que ellas dos podrían hacerle fue más fuerte.
—¿Harley? ¿Y cómo rayos se enteró? —cuestionó Millie con las manos en la cintura.
—No lo sé —respondió Dennis en posición defensiva—. Tal vez te escuchó donde la tía Pía. Sé que a Lorn le gusta ir ahí —agregó con voz temblorosa.
Millie suspiró. No sacaba nada con molestarse con los presentes. Ni siquiera sacaba nada con molestarse con Harley, total, la leche estaba derramada. En el fondo, sabía del peligro de conversar un tema tan delicado en un lugar tan concurrido, pero no tenía opción. El sitio más confidencial que tendría disponible junto con Franco era aquel restaurante. Necesitaba desahogarse con alguien. Estaba dispuesta a correr el riesgo.
Todo tenía más sentido ahora. La teoría del poliamor cobraba más fuerza. Apretó los puños. La reacción de su familia era de esperarse. Por esta razón era que no quería contarles en un inicio. Mucho menos quería que se enteraran de la manera en que lo hicieron. Todo era culpa de Coop. A pesar de que esperaba que se molestara de alguna forma, jamás imaginó esa reacción. ¿Por qué? Parecía como si el propósito de la existencia de su hermano fuera atormentarla. Siempre lo había dicho, estaría mejor sin hermanos. Esta vez debía hacerle frente. Nunca había permitido que él la pasara a llevar y esta tampoco sería la ocasión. Aunque esto significara la guerra, la iba a enfrentar sin piedad.
—¡Millie!
Aquella voz aplacó su ira.
—¡Papá!
Al voltearse, pudo ver a su viejo padre transitar con velocidad hacia ella. Aunque los años, sumado a su gusto por las antigüedades, habían hecho lo suyo, aún conservaba el carisma de toda su vida. Era algo que amaba de su padre. Era bastante alegre y optimista. Siempre podía encontrar un rayo de sol en él en medio de los nubarrones de su vida. Raras veces se enojaba, y si ocurría, solía ser culpa de Coop. Otro motivo más para argumentar que su hermano sobraba en la ecuación familiar.
Ella se fue corriendo hacia su padre para acortar el camino, y le dio un gran abrazo. Sentía que lo necesitaba. No quería perder su apoyo. Se le partía el alma de tan solo imaginar su rechazo. Eso la obligaba a retroceder frente a la idea de contarle respecto a su nueva decisión. Aunque solía tener una buena relación con su padre, aquella decisión la llenaba de dudas. No quería arriesgarse.
—¿Tu hermano está bien? —fue lo primero que le preguntó a su hija apenas finalizó el abrazo.
—Está en la sala de ahí —respondió su hija apuntando hacia la puerta entreabierta.
—¡Vamos a verlo! —anunció antes de dirigirse a grandes zancadas hacia el lugar.
La secretaria ya no sabía de dónde sacar más paciencia. Leni paseaba por el lugar de un lado hacia el otro. Los ojos de quienes pasaban se desviaban hacia ella. Estaba cargada de una ansiedad que le transmitía con cada paso. La veía hablar consigo misma, ideando quizás qué cosa que probablemente no saldría bien. Pasaba de un estado en donde se rascaba el mentón, a uno en que se sujetaba la cabeza con desesperación, y otro en donde se cruzaba de brazos mirando al suelo.
—Señorita —llamó su atención agitando su mano—, ¿por qué no va a donde usted trabaja? Es probable que alcance a recuperar su teléfono.
—No puedo —le respondió con pesar—. Yo no tengo la llave, y no puedo llamar a mis amigos.
Prosiguió con su andar desesperado, a la espera de un milagro.
—A menos que —Leni se detuvo de súbito y dijo en un tono que la secretaria pudo oírle—… ¡sé dónde vive Max! ¡Podría pedirle la llave!
Antes que la secretaria pudiera reaccionar, la chica emprendió la retirada.
Leni alcanzó a detenerse justo a tiempo en la entrada del edificio, antes de chocar con un panda anciano que venía entrando. Ella abrió la puerta de vidrio, dejándolo pasar.
—Adelante, caballero —le dijo.
—Muchas gracias —respondió con una sonrisa.
Se hubiera quedado conversando de su extraño y grueso cinturón verde, si no fuera porque llevaba prisa.
La secretaria vio alejarse a Leni, al tiempo en que vio acercarse al panda. En un pequeño desvío de la mirada se percató que la cartera de gamuza de la chica estaba sobre el mostrador, con todas sus cosas esparcidas. Parecía que no se podría deshacer de aquella chica.
—¡Hay no! —exclamó al tiempo en que echaba todo lo esparcido a la cartera—. ¡Señorita!
—¿Eso es de esa chica? —inquirió el panda al ver la reacción de la secretaria.
—¡Sí! —exclamó—. Se le acaba de quedar.
—Permítame —respondió el panda extendiendo su mano—, se la iré a dejar.
Al mismo tiempo, la secretaria se topó con algo que llamó su atención. Al sacarlo, se percató que se trataba de un Samsung Galaxy S21. Al encender la pantalla, se encontró con una imagen de la rubia en una selfie.
—¿Señorita? —el panda interrumpió su meditación frente a la pantalla.
—Maldita hija de… —alcanzó a soltar.
PD: revisen nuestro blog. Publicamos un artículo que presenta el «calendario de parones», con las fechas en que no podremos actualizar como una forma de evitar parones repentinos. Cuento corto, no actualizaremos este fic durante cada segundo fin de semana de cada mes, pero habrá compensaciones. Más detalles, visiten nuestro blog en Wordpress.
