Capítulo 15

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La conversación con Theodore había arruinado mi mañana, ya que sus palabras me martillaban la cabeza, llenándome de dudas, a lo cual se sumaban otras interrogantes que solo harían explotar mi cerebro si no lograba centrarme.

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Enfócate, Draco.

Tan solo enfócate.

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Fui a desayunar de mala gana ignorando las insistentes miradas de mis compañeros por el "incidente Granger", tal como le había denominado el propio Theodore unos minutos atrás. Tan pronto me senté, con mi mejor cara de perro les prohibí hablar al respecto a quienes me rodeaban, pero no había tiempo suficiente para amenazar a toda la extensión de la mesa.

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Ni a las mesas de las otras casas.

Por primera vez, unidas en el conventilleo.

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Tuve que aguantar el impulso de echar un vistazo a la mesa de Gryffindor para ver cómo ella lo estaba llevando, aunque era probable que estuviera en las mismas condiciones que yo: siendo observados como un puto animal de zoológico.

Suspiré. Mi tolerancia a ese tipo de situaciones nunca fue buena cuando joven, y ahora de adulto, mi mal talante podía terminar arrasando con quien tuviera la mala idea de cruzarse en mi camino.

Una vez que terminé de engullir, salí del Gran Salón con inconmensurables ganas de faltar a la clase de Transformaciones, pero en el camino presencié algo que no pude obviar, aunque lo intenté, debo admitir.

Ahí, a mi izquierda, estaba Granger rodeada por un grupo de alumnas, y no era precisamente una reunión amigable entre compañeras. No. Ella tenía la nariz empinada para no dejarse amedrentar en un gesto altanero, aunque sostenía sus manuales de magia fuertemente apretados contra el pecho, a la defensiva.

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¿Intercedía o era para peor?

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Yo sabía que Granger podía defenderse sola, de hecho, mejor que yo probablemente, pero la diferencia de número era inmoral. No obstante, la respuesta a mi dilema existencial vino repentinamente al ver como una Ravenclaw de cabellos rojos le dio un manotazo en los brazos haciendo volar sus libros, arrastrándose uno por el suelo hasta quedar cerca de mío, como si fuese una señal. Lo recogí mientras las hienas se desternillaban por alguna pachotada que esta pendeja le soltó a Granger.

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Nadie me había visto aún, pero estaban a punto de experimentar el veneno que se estaba acumulando en mi ser. Esas imbéciles serían las depositarias de mi frustración. Había encontrado mi desquite.

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Gracias Salazar por el favor concedido.

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Saqué mi varita y ejecutando un hechizo no verbal, invoqué cuerdas invisibles para inmovilizarlas, quedando estáticas, clavadas en su sitio.

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Hermoso. Pude ver el momento exacto en que sus risas se transformaron en muecas de espanto.

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Falseé un carraspeo para llamar la atención de todas y me acerqué a ellas con lentitud premeditada. Granger me miraba confundida, pues no era capaz de ver el hechizo que estaba conteniendo a sus victimarias y tampoco parecía comprender porqué yo me estaba involucrando en el asunto.

–¿Interrumpo algo? –expresé sarcástico, enarcando una ceja con desdén.

–Ma... Malfoy, nosotras no queríamos... –comenzó a tartamudear una de ellas.

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Pero rápidamente se calló, paralizada por la mirada gélida que le regalé.

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–Perdona, ¿creíste que hablaba con ustedes? Lo lamento, pero no suelo interactuar con idiotas, de seguro se pega –espeté mordaz, para luego mirar a Granger–. Te estaba buscando, cariño. ¿Estás lista? –añadí, entregándole el libro.

Ella lo recibió pasmada, observándome desorientada, de seguro preguntándose si me había pegado otra bludger en la cabeza. Así que le guiñé el ojo irradiando sensualidad y me acerqué para enlazar mi mano a la de ella, percibiendo cómo las mandíbulas de nuestras acompañantes se daban un porrazo contra el piso. Con la mano libre, empuñé la varita al suelo haciendo que las cuerdas las llevasen de rodillas, haciendo una reverencia ante las pisadas Granger. Ella se sonrojó al comprender lo que estaba ocurriendo.

Sin embargo, era lógico que a pesar de haber obrado como un real héroe de novela, ahora viniera su objeción, aunque probablemente seríamuy "lady" de su parte. En vez de putearme -como de seguro lo merecía- probablemente ocuparía alguna expresión rebuscada para llamarme al orden.

–¿Me puedes explicar qué diantres pretendes? –bingo–. ¿Qué estabas pensando? Podía defenderme sola.

–Lo sé –reconocí–, pero la diferencia numérica era intolerable, cariño.

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Ella gruñó.

Yo me reí.

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–Para con eso. Ya me perturbó demasiado la primera vez –reclamó entre dientes, pero la muy descarada seguía campante caminando de mi mano–. ¿Acaso vamos a interpretar el argumento trillado del falso novio?

Como había gente en los pasillos que nos tenían bajo radar, me detuve para enfrentarla y me acerqué hasta su oído, pudiendo reparar en el respingo que dio frente a mi proximidad. Sin embargo, no se alejó, llenando mis fosas nasales de su olor a vainilla.

–Trillado pero efectivo –argumenté, tratando de no distraerme con su aroma–. Además, tú sabes que quedan pocos días para que finalice el año escolar, ¿estamos a junio, no? puedo aparentar hasta entonces que me atrapaste y luego decimos que terminamos durante las vacaciones. Conste que, para mis biógrafos, yo seré el que te dejó.

–¿Para qué quieres fingir siquiera? –me cuestionó bajito, sin darme bola por mi excelente sentido del humor.

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¿Que para qué?

Mierda. Ni siquiera me lo había preguntado.

Por eso ella era la inteligente.

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–La verdad, para tener la consciencia tranquila –improvisé, ya que si bien a veces me faltaban neuronas, era más astuto que un zorro–. Mira que una situación como la de hoy puede volver a ocurrir y si creen que salimos, las matonas lo pensarán antes de tratar de lastimarte.

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Ahora fue ella la que rio.

Pero no fue una risa sincera, más bien parecía escéptica.

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–¿Por qué te preocupa lo que me vaya a pasar, Malfoy?

–Debo procurar que mi investigadora personal no se distraiga evitando ataques sorpresivos –argumenté, otra improvisación brillante si me permiten opinar–. Me interesa que estés centrada en seguir estudiando lo que te encargué.

¿En realidad necesitaba que siguiera investigando? La verdad que no, ya tenía la información que necesitaba de su parte. ¿Tenía que saberlo ella? Tampoco. Primero, porque ahora era la excusa perfecta para mi comportamiento y segundo, porque en realidad, ni yo sabía qué carajo buscaba protegiéndola. Asumo que debe ser mi instinto paternal o algo así, aunque estas hormonas adolescentes me hacían la vida cuesta arriba.

–Por qué no me sorprende... –murmuró, con esa entonación de "no me extraña"–. Perfecto. Finjamos, pero diré que terminamos de mutuo acuerdo. Diferencias irreconciliables.

–Creíble. Parejas más estables han invocado esa causal.

–¿Y qué incluye este falso noviazgo?

Me separé porque llevábamos mucho tiempo cerca y ya se veía extraño, así que reanudé la marcha con ella y le planteé mis demandas en el tono más bajo que pude.

–Te diré lo que no incluye. No más besos, no se permite intimidad y no te puedes enamorar de mí, que no puedo corresponderte –la escuché lanzar una exclamación, incrédula–. El resto es conversable. Tomaré tu mano, te diré algún apodo cursi de tanto en tanto. Ahora podremos conversar tranquilamente sobre tus avances sin que les parezca raro vernos juntos.

–Tendremos que ser pareja en la fiesta de fin de curso –constató de inmediato, cuando en el camino se cruzó un lienzo del evento.

–Bueno, puedo darte el placer de bailar conmigo otra vez.

Con su mano desocupada, me pegó un puñetazo de intensidad media en el brazo. No me dolió, y la verdad sea dicha, su arranque fue bastante juguetón, ya que luego de enfurruñarse fabricó una suave sonrisa en el rostro.

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La que pronto se apagó al percatarse que, unos metros más allá, se encontraban sus mejores amigos...

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N/A: Lamento no haber respondido los reviews del capítulo pasado. Estaba demasiado muerta. Pero mañana sin falta lo hago. Un abrazote.